Merlu Zamora

Le llaman Zamora pero yo prefiero referirme a ella como Samurah, que es como la conocían los árabes que por aquí pasaron: no me negaréis que el nombre es precioso. La «ciudad turquesa» que se eleva orgullosa sobre una colina a orillas del Duero, a apenas cincuenta kilómetros de Portugal, y que sorprende por atesorar tanta belleza acumulada en tan exiguo terreno. Esa fue la sensación que nos llevábamos al despedirnos de ella… ¿cómo puede ser tan bonita una ciudad tan pequeña y esconder tantas sorpresas en su interior? ¿cómo habíamos podido esperar tanto tiempo para venir a conocerla?

Zamora

Nuestra primera intención era haber venido en coche, ya que son poco más de 280 kilómetros los que separan Zamora de Madrid, lo que hacen de ella destino ideal para escapada de fin de semana. Pero resultó que hace unos meses se inauguraba, ya por fin, la línea de AVE a Galicia, que casualmente pasa por Zamora. Así que conseguimos enganchar un par de billetes de la promoción de RENFE (lo que os aseguro que no es moco de pavo, ya que suele haber tal demanda que la web se queda colgada a menudo) y nos salió irnos en tren por 25 euros ida y vuelta (en temporada alta en fin de semana lo habitual es que cueste el triple). Además, el tren nos salía desde la estación Chamartín, que nos coge al lado de casa. En definitiva, que una gozada presentarte en Zamora en apenas una hora. La estación de tren se encuentra a unos quince o veinte minutos andando del centro, por lo que a no ser que lleguéis con muchas maletas o cansados, no merece la pena gastar el dinero en un taxi. 

Zamora

Zamora, al ser una ciudad tan pequeña, no es excesivamente barata a la hora de buscar hoteles ya que hay pocos. Sin embargo, si no os importa ir a la aventura, remarco que en el centro hay bastantes hostales y pensiones, de esos que generalmente no cuentan ni con página web, llegas y lo reservas si tienen habitaciones libres (vamos, como viajábamos a menudo hace años).

En nuestro caso, encontramos por medio de Booking un alojamiento encantador, La Casa de Zamora.  Fue todo un acierto ya que íbamos buscando algo más «casero» y nos gustó muchísimo. Es un piso enorme que han reformado para convertirlo en un pequeño hotel boutique de sólo tres habitaciones. A nosotros nos tocó la Suite Viriato que podéis ver aquí abajo. Acogedora al máximo, con baño amplio y una salita común con nevera, cafetera y hasta unas magdalenas por si te apetecía tomar un tentempié al levantarte. El precio fue de 55 euros por noche.

Los anfitriones fueron majísimos. Nada más llegar nos dieron mapas y un montón de recomendaciones de lugares para visitar, tabernas y restaurantes. Como el domingo nuestro tren no salía hasta las 17,30, se ofrecieron a guardarnos las maletas para que pudiéramos pasear tranquilos, lo que también fue de agradecer. Por cierto, recomendación para desayunar el Café Havana, en la calle San Torcuato (que los zamoranos conocen como «la calle de las zapaterías»), que encuentras al girar la esquina y preparan unas tostadas con pan de pueblo, tomate y jamón serrano que están fetén.

La Casa de Zamora se halla en pleno centro, en la Plaza de Santiago, justo detrás de la iglesia de Santiago del Burgo. Y cuando digo detrás, es literal: cuando nos asomábamos a la ventana, teníamos a apenas dos metros los muros de una iglesia románica del siglo XI ¡casi la podías tocar con la mano! Era una sensación alucinante despertarse por la mañana y que la primera imagen fuera esa.

Iglesia Santiago Burgo Zamora

 

 

Dónde y qué comer en Zamora

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Arroz a la zamorana

Es difícil ser objetiva con un plato como este cuando eres una arrocera de pura cepa. Que me pasa como con las ensaladas, que podría comer arroz todos los días. Así que basta que llegue a un lugar donde el arroz es el protagonista y ahí me tenéis preparada tenedor en mano.

El arroz a la zamorana es un plato de origen humilde que tomaban los campesinos y labradores para enfrentar esas largas jornadas de trabajo. Era duro trabajar el campo en invierno por lo que la mejor forma de acompañar el arroz era con carne, proteínas que aportaran la energía necesaria para afrontar el día. Manitas de cerdo, oreja, morcilla, chorizo, jamón, bacon… todo tiene cabida en este plato muy, muy contundente en el que el pimentón da el toque final. Mira que he comido arroces en España. Pero os aseguro que pocos me han gustado tanto como este. ¡Espectacular!

Arroz zamorana

Cachuelas

En Zamora gusta bastante la casquería y buena prueba de ello son las mollejas de pollo, que aquí se conocen como cachuelas y suelen servirse en muchos bares. Hay mil formas de prepararlas, aunque dos son las más populares: a la plancha o en salsa. Recuerda que son bastante fuertes, tanto de sabor como de digestión, así que mejor para comer que para cenar. 

Cachuelas Zamora

Bacalao a la tranca

A los zamoranos, emulando a sus vecinos portugueses, les encanta el bacalao (como a nosotros). Es algo más que evidente cuando das un par de voltios por la ciudad y ojeas las cartas de los exteriores de bares y restaurantes. Siempre hay un hueco para este pescado, preparado de mil y una formas. Aunque la más popular, y consumida hasta la extenuación en Semana Santa, es «a la tranca». Ajo, pimentón, aceite de oliva y pimientos son los simples pero efectivos compañeros de un bacalao de matrícula de honor.

Cocido zamorano

A los madrileños nos encanta decir eso de que «como nuestro cocido, ninguno» pero lo cierto es que a lo largo y ancho de España hay un montón de versiones regionales del cocido, a cuál más apetitosa. El puchero andaluz, la escudella catalana, el cocido maragato, la olla gitana, el cocido montañés… qué ricos están todos. Poco tiene que envidiarles el cocido zamorano, con garbanzos de la tierra y el famoso chorizo local, de los mejorcitos de España.

Judiones de Sanabria

Judiones o habones, tanto monta, monta tanto. Para el amante de la legumbre, el habón de Sanabria es una exquisitez por su sabor suave y textura mantecosa. Suelen acompañarse por guarniciones contundentes (morro, oreja, chorizo, ) y son un plato ideal para el invierno.

Sopa de ajo

Aunque las sopas de ajo, por su carácter humilde, se comen en prácticamente cualquier lugar de España, en Zamora tienen una importancia máxima en los menús. Nosotros, que somos soperos a tope, las recomendamos con ahínco. Aunque vengas en pleno verano. Siempre sientan bien.

Dos y pingada

Diréis que qué cosa más simple un par de huevos fritos con la carne magra del jamón (aunque a veces se cambia por chorizo, panceta o morcilla y se acompaña de patatas). Pero en la sencillez radica su encanto y este es un potente desayuno que los zamoranos consumen mucho, en especial el Domingo de Resurreción, cuando acaba la cuaresma y se vuelve a permitir el consumo de carne.

Pulpo a la sanabresa

Zamora no es tierra de mar pero su cercanía a Galicia ha influido en la presencia común del pulpo en la gastronomía local. Se hace de diferentes maneras pero en Puebla de Sanabria elaboran una receta exquisita, parecida a la gallega, en la que se le añade ajo y cebolla, el omnipresente pimentón y se le da un hervor. Y a chuparse los dedos.

Postres

Para los postres vamos a optar por varios dulces. Los más conocidos son los rebojos, unos bizcochos parecidos a las magdalenas pero menos esponjosos y sin tanta grasa (por lo tanto, mucho más sanos). Se dice de ellos que su capacidad de absorción es casi la de una toalla, que si lo mojas en una taza de leche, ha de llevarse consigo la mitad del líquido.

Durante tus paseos por Zamora, comprobarás que es constante la presencia de pastelerías y confiterías ofreciendo sus dulces artesanales en los escaparates. Desde cañas zamoranas rellenas de crema a aceitadas, feos, bollo Coscarón (a base de chicharrones), flores de carnaval o amarguillos.

Postre Zamora

 

 

De tapeo

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La calle Alfonso de Castro es un animado callejón que hay que visitar sí o sí y que se encuentra hasta arriba de gente, especialmente cuando cae el calor y llega la noche. Al ser fin de semana, nosotros encontramos mesa libre en la terraza casi de casualidad, ya que los huecos estaban de lo más cotizados. No nos extraña porque aquí se congregan algunos de los bares más afamados de Zamora para tapear y hay una competición por ver quién consigue tapas más chulonas. La competencia es atroz; los beneficiados, nosotros, los afortunados clientes.

Bar Bambú: Los «culpables» de que las tapas zamoranas tengan nombre y apellidos. En este caso, perdices (sardinas rebozadas con puré de patata y tomate) y tiberios, unos potentes mejillones aderezados con salsa picante.

El Lobo: ¡Dos que sí, uno que no! Así gritan las comandas los camareros del Lobo, aludiendo si el cliente desea sus famosos pinchos morunos con brío o sin él, es decir, picantes o no picantes. 

El Abuelo: Aquí los pinchos se preparan con aceite, ajo y perejil y la gran especialidad son los montaditos de chorizo a la brasa.

La Casa de los Pinchitos: Otro clásico cuyos pinchos están de tirar cohetes (nosotros nos quedamos con los que pican) y hacen unos huevos rotos de los mejores que hemos catado nunca (y os aseguramos que en huevos rotos somos expertos).

La Casa de los Pinchitos

Por la zona de la Plaza Mayor y alrededores  hay un montón de barecitos y restaurantes donde tomarse una tapa se convierte en un deber. Los más interesantes son:

Mesón Los Herreros: Increíble la pasión que le ponen las chicas que regentan este bar escondido en la calle del mismo nombre que parte de la Plaza Mayor. La especialidad son las croquetas de jalapeños (una delicia) pero nada que envidiar las tostas de bacalao con aceite y pimentón o las mollejas de pollo, tiernísimas.

Bar Bayadoliz: Justo al lado de Los Herreros, otro de los clásicos zamoranos. Aquí el plato estrella son los cuadrados (sandwiches mixtos) pero no hay que dejar de lado otras tapas como la morcilla o los champiñones.

El Chori: Si lo tuyo es el chorizo, aquí lo preparan de vicio. A la brasa y calentito. Y con olor a leña.

El Colmado: Aquí la especialidad son las tostas. Recomendable sobre todo la de gambas con alioli.

Los Caprichos de Meneses: Está siempre a tope así que si vienes en fin de semana, preferible reservar. Tapas la mar de originales.

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Restaurantes

 

El Horno: Nuestra recomendación para meterse entre pecho y espalda un buen arroz a la zamorana. Lo preparan de maravilla y con una cazuela para dos tenéis más que de sobra. No dejéis hueco para segundos platos ni postres porque os aseguro que no os van a entrar. Nos encantó su ambiente de casa de comidas de las de toda la vida, con un salón en la planta superior que le suma intimidad a la comida. Ojito a sus suculentas tablas (gigantescas) de verduras, carne o marisco.

La Baraka: Aquí se puede venir de raciones o de menú pero lo ideal es pedir a la carta y dejarse asesorar por los camareros. Se especializan en arroz a la zamorana, solomillo al roquefort y las croquetas de bacalao.

La Cueva de la Marina: A las afueras del centro histórico (a diez minutos caminando). El plato estrella es la carne (entrecot, churrasco) y las croquetas caseras.

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Para los cerveceros: tomad nota de la Cervecería CR, en el número 1 de la Plaza Cristo Rey. Llegamos cuando casi estaban cerrando pero nos  atendieron súper bien y nos pusieron unas cervezas artesanales para llevar. Tienen una selección de craft beer bastante potente para lo chiquita que es Zamora. Y ya que estás por aquí cerca, para rematar la noche, acércate a La Valenciana: hacen unos helados espectaculares.

 

 

Iglesias románicas

Aquí donde la veis, tan minúscula ella, esta es la ciudad del mundo con más iglesias románicas y la mayor concentración románica en Europa por metro cuadrado. Veintidós iglesias, nada más y nada menos. En el pasado llegó a haber setenta y cuatro.

Entre las más destacables, recordaremos la iglesia de San Pedro y San Ildefonso. Comenzó a construirse en 1260 (en honor a San Pedro) y fue cuando se encontraron las reliquias de San Ildefonso: ahí surge la duda entonces ¿a quién dedicamos el templo? Así que, para no enfadar a ninguno de los dos santos, se le dedicó a ambos.

Esta de aquí abajo es la iglesia de San Cipriano, a cuya izquierda se encuentra uno de los mejores miradores del casco antiguo.

Iglesia Zamora

Mi favorita, sin embargo, fue la de Santa María Magdalena. Y no sólo por su exterior (en el que en su fachada sur se representa el cielo, el infierno y el purgatorio) sino aún más por su interior, que me pareció magnífico pese a la sobriedad que suele caracterizar al románico. Esperamos a que se largara el numeroso grupo de jubilados que estaba visitando el templo para disfrutar a solas de esta única nave en la que destaca ese sepulcro románico dedicado a una dama desconocida (se cree que es doña Urraca la que yace aquí). En él prevalecen figuras fantásticas de influencia oriental que entrelazan sus cuellos en posturas imposibles y escenas que retratan el traslado del alma al paraíso.

Sepulcro Santa Maria Magdalena Zamora

 

Catedral

Su cimborrio bizantino puede admirarse desde muchísimos puntos de Zamora, rivalizando con esa torre maciza cuadrada que le acompaña. La catedral de Zamora sobresale con holgura entre los tejados, en un casco antiguo donde las viviendas rara vez superan las tres o cuatro plantas. La cúpula, dividida por gajos de naranja de piedra, es una de las bóvedas más impresionantes de Castilla-León.

Además, esta es una catedral que combina estilos diferentes, pues aunque comenzó a construirse fiel al románico, después se le añadieron elementos góticos y barrocos. Aunque cuenta con una decoración básica, propia del primer románico, al mismo tiempo sorprende con elementos tan particulares como los rollos zamoranos, unos arcos de herradura muy pronunciados en forma de rollo de papel y cuya influencia se cree que trajeron consigo los sirios.

Catedral de Zamora

 

La entrada a la catedral cuesta 5 euros (3 euros a estudiantes, pensionistas, personas con discapacidad, desempleados y familias numerosas). Los menores de 12 años no pagan y el acceso es gratuito los domingos por la tarde. De Abril a Octubre abre ininterrumpidamente de 10:00 a 20:00, el resto del año de 10:00 a 14:00 y de 16:30 a 19:00.

 

 

Castillo

¿Conoces el dicho de «Zamora no se tomó en una hora«? Pues nos va a servir de ideal introducción para presentarte a uno de los orgullos zamoranos, su castillo del siglo XI. Como bien nos narra el romancero zamorano, el rey Fernando I, antes de fallecer, dividió su reino entre sus hijos. A Sancho le dejó Castilla, a Alfonso Asturias, León y Sanabria y a García Galicia y Portugal (este pasaje se relata estupendamente en la serie «El Cid» que podéis ver en Amazon).

Las dos hijas, Elvira y Urraca, se quedaban sin su parte del pastel por lo de siempre: ser mujeres. Urraca, famosa por su soberbia y mal carácter, no acepta de buena gana el trato y amenaza con ofrecerse, más en cuerpo que en alma, a cualquiera que desee disfrutar de los placeres terrenales. El rey Fernando, escandalizado, decide entonces cederle como compensación la ciudad de Zamora. A partir de entonces, Sancho comienza a guerrear contra sus hermanos, intentando recuperar el reino al completo: considera que le pertenece por ser el hermano mayor. Urraca, que era una mujer de armas tomar y educada para llegar a ser reina, fue la que le plantó cara con más fiereza. A Sancho y a su «asalariado», el Cid Campeador; ambos cercaron la ciudad durante siete meses. Siete meses larguísimos, durante los que la población sufrió todo tipo de penurias. Y de ahí el dicho de «Zamora no se tomó en una hora».

El castillo se levanta en la parte más occidental del casco antiguo, en una colina rodeada por el Duero y el extinto cauce del río Valderaduey, que acabó desapareciendo por la falta de caudal. Este era un castillo-fortaleza formado por varios círculos concéntricos que hoy en día puede visitarse de manera gratuita. En el interior podrás disfrutar de esculturas de Baltasar Lobo como «Gran Desnudo Recostado», otras están expuestas en el antiguo patio de armas, hoy convertido en un jardín. Lobo fue el artista zamorano más famoso del siglo XX y en 1986 donó estas esculturas de bronce que hoy pueden admirarse en este museo al aire libre. También hay un pequeño museo cerrado, con más de treinta esculturas del autor y varios dibujos y bocetos, que abarcan medio siglo de la carrera de Baltasar Lobo.

La obra más conocida de Lobo es «La Maternidad», que se encuentra en la céntrica calle Santa Clara, con el precioso Palacio de los Momos de fondo. El artista se inspiró en una escena real para plasmar en piedra la idea del ser madre.

La Maternidad Baltasar Lobo

Complementando al castillo, aún podemos encontrar algún recuerdo de lo que fue aquel primer recinto amurallado, como la Puerta de Doña Urraca, la Puerta del Obispo o la Puerta de la Lealtad (que los zamoranos conocen como el Portillo de la Traición, ya que esta puerta sirvió como excusa para alejar al rey Sancho de sus soldados, buscando un lugar por donde atravesar la muralla, y que le asesinara el gallego Vellido Dolfos clavándole una daga).  

Zamora
Calles de Zamora

 

Los murales de Zamora

 

Una de las cosas que más nos gustó de Zamora era ese contraste que se palpaba al pasear por sus calles, con casonas antiquísimas que convivían con muestras contemporáneas de arte urbano. Esta pequeña ciudad castellana ha sabido conjugar extraordinariamente ambos mundos, dejando un hueco más que merecido a estas creaciones artísticas en muros y fachadas.

El proyecto, llamado Zamora Variopinta, está promovido por el propio Ayuntamiento (no obstante, este mural de temática steampunk ante el que se fotografió Juan se encuentra en la parte trasera de la casa consistorial). Es una bonita forma de descubrir Zamora, dejando que estos murales nos sirvan de guía. Algunos de ellos incluso gozan de iluminación durante la noche para que los disfrutes de un modo diferente cuando se pone el sol.

Murales Zamora

Hay cerca de 60 murales repartidos por la ciudad, lo que es un récord teniendo en cuenta las dimensiones de Zamora. La variedad es inmensa. Los hay dedicados a personajes célebres de Zamora como Ángel Bariego, un conocido activista defensor de los derechos sociales, el pintor Antonio Pedrero o el escultor Ramón Abrantes, a la literatura zamorana, a Ángel Nieto, a Marlene Dietrich, a los trampantojos, los zapateros ¡hasta a las cintas de cassette! Es alucinante la amplitud de miras de los artistas zamoranos. Ole por ellos. 

;ural Doña Urraca Zamora
Mural homenaje a doña Urraca

 

Plaza Mayor

Aquí abajo tenemos a la coqueta Plaza Mayor, pequeñita, proporcional a la ciudad, casi de estar por casa, lo que hace de ella un lugar acogedor y cálido. Es aquí donde zamoranos y turistas se reúnen en las terrazas a tomar el aperitivo y a resguardarse en sus soportales del ardiente sol del verano. Destacan en ella el Ayuntamiento y la iglesia de San Juan Bautista. 

Plaza Mayor de Zamora

 

Calle  Balborraz

La calle Balborraz, si no es la más bonita (y la más fotogénica) de Zamora, poco le falta. Y no lo decimos nosotros sino el Portal de Turismo de España, que la ha elegido entre las doce calles más bonitas de nuestro país. Es con diferencia el lugar más retratado por los pintores zamoranos, ya que en ella reside el auténtico alma de la ciudad. Sus fachadas de colores, bajando en cuesta, y en la lejanía el Duero y las tierras castellanas bañadas por el sol, hacen de ella una avenida única.

Calle Balborraz

 

Parador de Zamora

Sabéis de sobra lo defensores que somos en este blog de la red de Paradores, a la que dedicamos el artículo Paradores de España: hoteles que son pura magia . Por eso, aunque no te alojes en ellos, animamos a que cuando visites una ciudad y te coja un parador cerca, aproveches para irte a tomar un café y así lo ves por dentro.

En ese aspecto, el Parador de Zamora merece mucho la pena porque está situado en un esplendoroso palacio del siglo XV, en cuyo interior se ha mantenido buena parte del mobiliario de antaño (armaduras, camas con dosel, alfombras y tapices).

Parador de Zamora

 

Mercado de Abastos

Uno de los primeros lugares que piso cada vez que llego por primera vez a una ciudad es su mercado principal. En este caso lo teníamos fácil ya que el Mercado de Abastos apenas estaba a cinco minutos andando de nuestro alojamiento. El edificio, de estilo modernista (una corriente que impera en la ciudad, como os detallamos ahí abajo), va a ver en breve una profunda restauración, ya que este siglo de vida le ha castigado mucho. De hecho, nos sorprendió constatar que las quejas de muchos zamoranos tenían fundamento: se están cerrando infinidad de puestos y el mercado necesita con urgencia una remodelación no sólo arquitectónica sino a nivel económico. Esperamos que la consiga.

Mercado de Abastos Zamora

 

El río Duero

La mejor forma de disfrutar del río Duero es desde esa pequeña plazoleta que es el Mirador del Troncoso, sobre las peñas de Santa Marta, a unos veinte metros de altura. A los zamoranos (y a los que no lo son) les encanta venir aquí a ver atardecer. Y es que en una ciudad sin mar y donde tanto calor hace en verano, reconforta ver el caudal del Duero con sus frescas aguas.

Aquí abajo tenemos las aceñas, unas curiosas construcciones de piedra y ladrillo, con forma de barco. Molinos acuáticos que aprovechaban la fuerza del agua para mover sus grandísimas palas. Estas en concreto, las aceñas de Olivares, son de las más antiguas de España: estuvieron en funcionamiento durante más de mil años, que se dice pronto. Se pueden visitar ya que en su interior se ha construido el Centro de Interpretación de las Industrias Tradicionales del Agua. En Zamora aún se conservan otros dos conjuntos de aceñas más, las de Cabañales y las de Pinilla, estas últimas convertidas en restaurante.

Aceñas Zamora

El río Duero y sus más de 200 metros de anchura a su paso por Zamora dejan estampas como esta, la del Puente de Piedra. 

Duero Zamora

Cuando baja el calor, os aconsejo cruzar a la otra orilla y dar un paseo por Los Pelambres. Allí se encuentra una pequeña playa fluvial (las aguas del Duero son aptas para el baño, al menos en este tramo) y constituye un respiro para los zamoranos en las épocas más calurosas del duro verano castellano. De hecho, los locales lo conocen cariñosamente como «el Benidorm de Zamora». Si no deseas bañarte, tampoco pasa nada: tienes un merendero enorme donde preparan unos mojitos estupendos.

 

La tradición de la Semana Santa

En Zamora la Semana Santa se vive durante todo el año. Probablemente sea esta una de las ciudades de España donde con más fervor se siente la religión, con tanta iglesia aquí y allá. Y ojo, aquí no están de adorno, como en otros lugares; entramos en varias de ellas para verlas por dentro y estaban petadas de gente asistiendo a misa. El eslogan del cartel que veis aquí no engaña: «vive la pasión todo el año». Aquí la Semana Santa está presente los 365 días.

Zamora no sólo se enorgullece de contar con una de las celebraciones de Semana Santa más antiguas de Europa (casi 900 años) sino que además es la única ciudad de nuestro país que cuenta con un museo dedicado a esta festividad. El Museo de la Semana Santa, el más visitado de Zamora, se encarga de conservar los pasos procesionales que cada año se pasean por la ciudad, más de una treintena. 

Zamora

El Museo de la Semana Santa se encuentra en la Plaza de Santa María la Nueva. La entrada general cuesta 4 euros. Abre de martes a sábado de 10,00 a 14,00 y de 17,00 a 20,00 (los domingos sólo de mañana).

 

Monumento al Merlú

Hay un monumento que representa a Zamora más que ningún otro. Y este es, no os quepa duda, el Merlú, que son estos dos hermanos encapuchados (qué siniestro me ha parecido siempre eso de las capuchas en Semana Santa), encargados de llamar al resto de los cofrades. En realidad no son dos hermanos sino doce, repartidos en seis parejas, los que durante el Viernes Santo van por toda la ciudad llamando a los cofrades a golpe de tambor y corneta.

Merlu Zamora

 

Teatro Ramos Carrión

Este teatro, el más importante de Zamora, está dedicado al humorista Miguel Ramos Carrión, cuyo busto preside la entrada al edificio. Suele tener una animada agenda cultural: a los zamoranos les encanta el teatro y es común encontrarte a un montón de gente los sábados por la noche esperando a ver los estrenos. Además, no sólo se representan obras de teatro sino que también se organizan monólogos y conciertos. Por aquí han pasado artistas como José Mercé, Jorge Sanz, la gente de Mongolia, el Ballet de San Petersburgo, Rosana, Luis Piedrahita o Goyo Jiménez. 

Teatro Ramos Carrion

 

La ruta del modernismo

Al igual que cuando estuvimos de viaje por Teruel nos sorprendió que una ciudad tan pequeñita fuera capital mundial del mudéjar, en Zamora ocurre algo similar con el modernismo (y pasa lo mismo en Melilla, que después de Barcelona es la ciudad con más edificios modernistas de España). Llama la atención que en Zamora en tan sólo unas cuantas calles pueda acumularse tal cantidad de construcciones modernistas. Y todas tan bonitas.

Zamora a mediados del siglo XIX se vio modernizada como nunca en toda su historia. Comenzaban a instalarse las primeras fábricas, llegaba el tan ansiado ferrocarril y en la ciudad empezaban a construirse edificios de fachadas innovadoras que rompían las cadenas que unían a Zamora con la estética medieval de antaño. La importancia de dicha arquitectura es tal que desde el año 2010 a Zamora se le incluye en la Ruta Europea del Modernismo.

Arquitectos como Miguel Mathet y Francesc Ferriol fueron los principales responsables de esta revolución artística que cambió de por vida el aspecto de las calles zamoranas. Como herencia quedaron las casas de Juan Gato, Gregorio Prada, Norberto Macho o Crisanto Aguiar, maravillosas residencias que combinaban la piedra, el vidrio, los motivos vegetales y unos bellísimos balcones que permitían contemplar lo que ocurría en las calles unos metros más abajo. 

Modernismo Zamora
Casa de las Cariátides

La calle modernista por excelencia es Santa Clara, una calle peatonal en la que precisamente residió Ferriol, que durante varios años fue el arquitecto municipal (pese a que en muchas ocasiones tuvo encontronazos con el clero y los sectores más conservadores de la ciudad, que no veían con buenos ojos los profundos cambios artísticos que estaba viviendo Zamora).Aquí se encuentra la casa de Valentín Guerra, la de Félix Galarza, la de Valentín Matilla, la de Francisco Antón y el Casino.

Una de las obras cumbres del modernismo zamorano es el Casino de Zamora. Se inauguró en el año 1910, durante muchos años languideció cerrado pese a haber acogido las reuniones de la clase media-alta zamorana y aquí se encuentra el que está considerado el café más elegante de la ciudad.

Casino Zamora

 

El héroe de Zamora: Viriato

Como casi todas las ciudades, Zamora cuenta con su propio héroe local. Este no es otro que Viriato, el famoso combatiente lusitano que se enfrentó a las tropas romanas y a quien hace unos años se le dedicó una serie de televisión que seguramente conozcas, «Hispania». La mayoría de los zamoranos te dirán que Viriato de lusitano nada, que era de Zamora, pero lo cierto es que casi todos los historiadores sitúan su nacimiento en Portugal.

Este pastor de orígenes humildes acabó convirtiéndose en un quebradero de cabeza para las legiones romanas durante ocho largos años. Fue una pesadilla especialmente para el gobernador de la época, Galba, que vio cómo se sublevaban los lusitanos, hartos de tanta represión, comandados por este hombre que comenzó ejerciendo de bandolero para acabar como uno de los estrategas militares más valorados de toda la Historia. 

Viriato Zamora

Viriato consiguió poner en pie de guerra no sólo a lusitanos sino también a bastetanos y vacceos. Todos unieron sus fuerzas contra un enemigo común, Roma. Y lo hicieron en un planteamiento bélico que era una novedad para la época, la guerra de guerrillas. Día tras día, los soldados romanos morían masacrados en emboscadas en valles y desfiladeros. Las bajas se contaban por miles y a Roma no le quedó más remedio que claudicar y aceptar muchas de las condiciones impuestas por Viriato y su ejército. Al final, el general Viriato murió asesinado por tres de sus colaboradores más cercanos, quienes solicitaron una posterior recompensa a Roma… y de ahí viene el dicho «Roma no paga traidores», porque fue lo que les contestaron (no literalmente pues la frase se inventó con posterioridad) y, además, les condenaron a muerte. Por cabrones.

Así que actualmente Viriato cuenta en Zamora con una plaza en su honor y, dentro de ella, esta escultura tan original que ves aquí arriba y que llegó a estar expuesta durante veinte años en la Academia de Bellas Artes de Madrid. Está custodiada por multitud de plataneros, el Hospital de la Encarnación (donde se encuentra la Diputación Provincial) y el propio Parador de Turismo. 

2 comentarios

  1. Author

    Pues anímate ¡es una preciosidad!

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