Hierro Sabina

Es la más pequeña de las islas Canarias, la más joven y la que se encuentra más al oeste del archipiélago. También es el punto más al sur de Europa. Una isla que de punta a punta tiene apenas treinta kilómetros, plagada de montañas y barrancos engullidos por la lava solidificada. Un paraíso en miniatura que se mantuvo absolutamente ajeno al mundo exterior durante milenios y cuyos habitantes, los bimbaches, no conocieron ese hierro que da nombre a la isla hasta que lo trajeron consigo los colonizadores españoles. Una isla que, a día de hoy, apenas recibe a unos cuantos de miles de turistas anuales, convirtiéndonos en unos privilegiados a los que hemos tenido la fortuna de conocerla.

 

Cómo llegar a El Hierro

Debido a sus escasas dimensiones, El Hierro no cuenta con vuelos directos a la península, por lo que la única manera de llegar hasta aquí es en ferry o avión desde otras islas canarias. Te damos los detalles de las dos opciones para que decidas cuál es la que te conviene.

Ferry

La única compañía marítima que opera la ruta a El Hierro es Naviera de Armas. Sale desde el puerto de los Cristianos, al sur de Tenerife, y llega dos horas más tarde al puerto de La Estaca, a las afueras de Valverde. Normalmente el trayecto El Hierro-Tenerife sale a las 14:00 (domingo 15:30) y el de Tenerife-El Hierro a las 17:30 (domingo 19:30). Como veis, no hay trayectos los sábados y sólo hay una ruta diaria, por lo que los horarios son más limitados. La ventaja es que puedes llevar tu propio vehículo si lo has alquilado en Tenerife. El precio, coche incluido, suele ser de unos 130 euros por persona (ida y vuelta).

Avión

En este momento, sólo dos aerolíneas operan vuelos desde otras islas: Canaryfly y Binter. Comparamos precios y horarios y vimos que nos interesaba más volar con Binter. Yo ya había volado con ellos hacía 30 años, la primera vez que fui a Canarias, en un trayecto Lanzarote-Tenerife. En otros países como Tailandia o Suecia también había probado los aviones de hélice y es toda una experiencia. Aunque puedan dar un poco de miedo por su pequeño tamaño y porque son bastante ruidosos.

Quitaos de la cabeza esa leyenda urbana de que son aparatos menos seguros ya que no es así. Simplemente, este tipo de motores es más eficiente en trayectos cortos, de menos de 500 kilómetros, ya que se vuela a menor altura, y también operan mejor en pistas más cortas o en peores condiciones. Por eso suelen ser los favoritos para rutas regionales.

Nuestra experiencia con Binter

Los aviones de Binter, los ATR 72, son pequeñitos (tienen capacidad para 70 pasajeros) pero cumplen de sobra con su cometido. Como vuelan a baja altura, si tienes suerte de que te toque un día despejado, podrás ver desde el cielo La Gomera de camino a El Hierro. En cualquier caso, los 35 minutos de trayecto se pasan volando (nunca mejor dicho): diez minutos para despegar, quince de travesía y otros diez para aterrizar.

Tened en cuenta que los vuelos directos desde Tenerife operan desde el aeropuerto de Tenerife Norte, no desde el Reina Sofía (el del sur). Nosotros lo que hicimos fue volar el día anterior a Tenerife y dormimos en San Cristóbal de la Laguna, una ciudad que ya conocíamos de otros viajes y que nos encanta. Además, está muy cerca del aeropuerto, apenas 10 minutos de trayecto (y diez euros de taxi). Como al día siguiente teníamos cuatro vuelos para poder escoger, decidimos reservar el de las 14:00 para aprovechar la mañana paseando por La Laguna y su bellísimo casco histórico, con esas preciosas casas de colores de hace cuatro siglos que tan bien se han merecido el título de Patrimonio de la Humanidad.

Binter Avion

Es prácticamente necesaria la facturación ya que al ser aviones tan pequeñitos, en cabina sólo permiten llevar un bulto que no supere los seis kilos. Sin embargo, facturada podíamos llevar una maleta de hasta 20 kilos cada uno. Me hizo gracia el comentario de la azafata, ya que al darnos las tarjetas de embarque, nos dio también las del trayecto de vuelta y a mi, que siempre me gusta llevarlas también en formato electrónico, se me ocurrió preguntarle que qué ocurría si se nos estropeaban o las perdíamos. Riéndose, nos dijo «¡os las imprimimos las veces que haga falta… y gratis!¡Que aquí no somos como otras compañías eh!». Por cierto, que no lo he dicho, el precio del billete fue 108 euros por persona ida y vuelta.

Como veis aquí abajo, el aeropuerto de El Hierro (al que se conoce como Los Cangrejos) parece de juguete. Una única pista de poco más de un kilómetro de longitud pegadita al mar que sólo acoge vuelos regionales. La terminal es muy pequeñita pero con lo necesario: un cajero, una cafetería, una tienda de souvenirs, un puesto de información turística y otro par de alquiler de coches de las empresas Bamir y Cicar. En el caso de que no alquiles coche (o lo hagas en otra oficina, ya que hay más en Valverde, el puerto o La Frontera) hay un autobús que lleva a la capital, Valverde, o puedes ir en taxi, el precio es unos 14 euros.

Aeropuerto Hierro

 

Alquiler de coche

Al ser El Hierro una isla tan pequeña, es más que necesario hacer la reserva del alquiler de coche con bastante antelación. Nosotros fuimos a principios de Septiembre y estaba tan complicado lo de encontrar coche que muchos particulares estaban alquilando los suyos propios a los viajeros. Como hombre precavido vale por dos, hicimos la reserva un par de meses antes con Cicar. El precio fueron 160 euros por seis días un Seat Arona. Intentad que os den un coche con algo de potencia para no quedaros tirados en las carreteras de la isla, bastante empinadas.

Cicar Hierro

Aviso: Vimos algunos coches que habían venido de otras islas en ferry (se les identifica porque llevan en el chasis una pegatina con su lugar de origen, Tenerife, Fuerteventura, La Gomera…) Por lo que sabemos, Cicar es la única compañía que permite expresamente trasladar el coche entre islas en barco; aún así, hay que avisarlo en la agencia y suelen retener 150 euros por si lo dejas tirado y tienen que ocuparse ellos del transporte posterior. Si alquiláis el coche en otra agencia, y aunque mucha gente se lo pase por el forro, recordad que está prohibido sacarlo de la isla correspondiente y en caso de avería la broma se os puede poner en una cantidad considerable.

 

Conducir en El Hierro

Lo primero y más importante: en El Hierro sólo hay tres gasolineras, pertenecientes a la empresa DISA. Una en El Pinar, otra en Frontera y la tercera en Valverde. La de El Pinar cierra a mediodía y las tres están cerradas a partir de las diez de la noche. Tenlo en cuenta para no quedarte tirado sin gasolina en medio de la nada, que no sería el primero al que le ocurre.

El El Hierro puede ser muy fácil conducir… o muy difícil. A favor tiene que la isla es pequeña. Tanto como para que en toda la isla sólo exista un solo semáforo. Nada de autopistas ni de atascos de tráfico ni de quebraderos de cabeza para aparcar, incluso en pleno centro de la capital. Pero también hay inconvenientes. El mal estado de las carreteras (que en algunos casos pasan a convertirse en caminos de tierra). La peligrosidad de algunos tramos, como la mayor parte de la H-500, en mi opinión la peor carretera de El Hierro, tanto en la ida hacia el Santuario de Nuestra Señora de los Reyes como en los precipicios de bajada a Frontera, de auténtico vértigo. Añade a ello la posibilidad de que se crucen animales en la vía: nosotros diez minutos después de haber salido del aeropuerto ya nos habíamos encontrado dos veces con cabras en mitad de la carretera; tampoco parecían inmutarse ante la presencia de coches. Desaconsejaría también conducir de noche en estas carreteras, no sólo por las curvas sino porque casi ninguna está iluminada. Y, sobre todo, hacer los cálculos de tiempo siempre por lo alto ya que aquí recorrer diez kilómetros, en ciertos puntos, puede suponerte treinta minutos.

 

Transporte público

Rarísimo es el viajero que llega aquí y no alquila coche, sobre todo teniendo en cuenta que hay muchos rincones de la isla, los que más, donde prácticamente es imposible llegar en transporte público. Pero si es tu caso y vas a moverte en guagua (que es como conocen los canarios a los autobuses), puedes echar un ojo a la web de Transhierro , la compañía municipal de transportes. Una docena de líneas cubren las conexiones entre los núcleos de población (el viaje cuesta 1,18 euros). ¿El problema? La frecuencia. Entre que pasa un autobús y el siguiente pueden transcurrir tres horas fácilmente.

 

Dónde alojarse 

Con el tema alojamiento ocurre como con los coches: toda previsión es poca. El alojamiento es escaso en El Hierro (insisto, una isla con 11.000 habitantes), los hoteles, poquísimos y la mejor opción, en mi opinión, son las casas de particulares. Nosotros después de mucho indagar dimos con el lugar perfecto: Casa Viges . No exagero si digo que es una de las mejores casas rurales donde hemos estado nunca (y conocemos unas cuantas).

La ubicación es ideal, en el pueblo de El Pinar, ya que queríamos estar justo en mitad de la isla. Mucha gente se aloja en Valverde (en el norte) o La Restinga (en el sur) pero esto significa situarse en los extremos de El Hierro y tener que atravesarla para ir a muchos sitios. Nosotros nos encontrábamos a media hora de coche de ambos pueblos, justo en el punto medio. Tampoco es que en El Pinar haya mucho que hacer, aparte de acercarse al mirador de Tanajara o dar un paseo al anochecer por unas calles prácticamente desiertas. Pero precisamente por eso nos encantó El Pinar, porque se respiraba la más absoluta tranquilidad. Alguna noche nos juntamos con los lugareños, de lo más hospitalarios, en el Bar Chachi, que parecía ser el punto de encuentro nocturno de los locales y donde preparaban unas arepas y unos perritos caseros espectaculares y súper baratos (cenábamos los dos por menos de 15 euros).

La casa no sólo nos salió estupendamente de precio (396 euros por seis noches) sino que era preciosa, decorada con mucho gusto y con todo tipo de comodidades. Barbacoa exterior, un baño enorme, lavadora, wifi que iba de maravilla… todo extraordinario. Además, Mili, la dueña, estuvo durante toda nuestra estancia pendiente de todo y enviándonos whatssaps con sugerencias de restaurantes o lugares para visitar. Hasta tuvo el detalle, sabiendo que llegábamos un sábado después de comer, de dejarnos unas cuantas cositas para el desayuno en la nevera. Incluida una cuña de queso herreño (a Juan no le gusta el queso pero yo, que soy quesera empedernida, disfruté lo que no está en los escritos de esta delicia artesanal). Una anfitriona encantadora. A la altura de la preciosa casa.

 

La ruta televisiva de la serie «Hierro»

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Antes de comenzar a recorrer la isla, creo que es justo rendir un pequeño homenaje a la mejor promotora turística que ha tenido nunca el archipiélago: la serie «Hierro», cuyas dos temporadas emitió Movistar hace unos meses. Nosotros llevábamos muchos años queriendo venir a conocer a la más pequeña de las hermanas canarias y «Hierro» supuso el empujón final. No sólo la serie es realmente buena a nivel interpretativo (Candela Peña y Darío Grandinetti están magistrales); además, ha sabido acercarnos a los no-isleños los paisajes de una isla francamente singular. Cuando cada noche nos plantábamos en el sofá delante del capítulo correspondiente, siguiendo los casos a los que se enfrentaba la jueza Candela Montes, al acabar nos mirábamos y siempre decíamos lo mismo: «¡hay que ir al Hierro!»

Hierro

Se suele decir que «es de bien nacidos ser agradecidos». Y el Cabildo de El Hierro ha sabido agradecer a la serie dicha promoción creando una ruta turística que comenzó a funcionar a principios del pasado mes de Junio, la  primera ruta oficial de localizaciones de cine de Canarias. Por diferentes puntos de la isla te irás encontrando con carteles con su código QR para que puedas poner en el mapa las diferentes localizaciones de los escenarios de la serie. También se pueden encontrar folletos en el propio aeropuerto, en los centros de interpretación o en la oficina de turismo de Valverde que puedes encontrar en la calle Doctor Quintero. 

Hierro Serie

 

Comer en El Hierro

Bien sabéis, amados lectores, que para nosotros el tema gastronómico es importantísimo cuando viajamos a otros lugares. En dicho sentido, Canarias es nuestro paraíso particular ¡qué bien que comemos siempre que viajamos allí! Nos sigue sorprendiendo que la gastronomía canaria continúe siendo una desconocida para mucha gente en la península. Por eso escribimos en su día el artículo Vuelta gastronómica a Canarias en diez platos irresistibles (imprescindible leerlo antes de un primer viaje a las islas). El caso es que si en Canarias se come de maravilla en general, ni os cuento en El Hierro en particular.

Aquí no hay franquicias que valgan, ni Burger Kings ni Pizza Huts ni fast food de dudosa procedencia, por lo que en cualquier restaurante que entres vas a tener la absoluta seguridad de que la comida es casera cien por cien. Sinceramente, creo que has de tener muy mala suerte para llegar a un restaurante de donde vayas a salir descontento. 

El Hierro, como buena isla que es, tiene en su haber una gran variedad de pescado autóctono, de ese que rara vez vas a encontrar en las pescaderías de la península. Vieja, peto, bocinegro, catalufas, alfonsiño, pámpano… Aprovecha para probar las especies locales, que están muy buenas y las preparan de mil y una maneras. Siempre acompañadas por una buena ración de papas con mojo. Eso que no falte. En mi opinión, el mejor sitio para comer pescado es el pueblecito de La Restinga. Insuperable.

Lapas
Lapas: uno de los platos típicos de El Hierro

Recuerda ¡no lo olvides! que la mejor forma de rematar la comida es tomando un barraquito, una especie de café bombón que aunque es originario de Tenerife, es bastante popular en el resto de las islas. Aunque existen varias versiones de este café, la más común es la que mezcla en diferentes capas café, leche condensada, Licor 43 (o Tía María), leche normal, canela y limón. Juan se ha hecho adicto.

Barraquito

 

Quesadillas

Comentábamos antes lo mucho que a los herreños les gusta el queso. No extraña entonces que a partir de dicho producto crearan el que por derecho propio se ha convertido, con todo el derecho del mundo, en el producto estrella de la isla: la quesadilla. Este dulce lo inventó hace un siglo la familia de Adrián Gutiérrez, cuya fábrica se encuentra en Valverde y está abierta al público. Otras empresas familiares como Guarazoca o La Herreña las elaboran y distribuyen por toda la isla, por lo que no te será difícil encontrarlas. Cuestan una media de 2 euros la unidad y están riquísimas (pero llenan un montón ¡aviso!)

 

 

restaurantes recomendados

 

Casa Juan

En nuestra opinión, el mejor restaurante en el que comimos en El Hierro. Su éxito es tal que no admiten reserva, por lo que si quieres asegurarte el coger hueco, has de presentarte en cuanto abren a las 13,30 (aunque nosotros pasamos a las 13,00 , nos asomamos por la puerta y pudimos encontrar mesa para las 14,30). ¿Merece la pena el esfuerzo? Absolutamente. En nuestro caso optamos por los camarones fritos con limón, las croquetas caseras variadas (las de bacon y plátano las mejores, muy originales) y un pescado local, el alfonsiño (también conocido como fula): nos gustó tanto que acabamos buscándolo también unos días después en Tenerife. Es algo más caro que otros restaurantes de la zona (unos 32 euros por persona, bebidas y postres incluidos) pero la ocasión lo merece. Una gozada.

Asador Artero

En el pequeño pueblo de Tigaday, en el municipio de Frontera, encontramos por casualidad este restaurante en el que comimos al aire libre, con el océano Atlántico a un lado y las montañas herreñas al otro. Restaurante canario-canario, especializado en carne a la brasa: su carne fiesta, de las mejorcitas que hemos catado en las islas. Muy buena la garbanzada (otro de nuestros platos isleños favoritos) y el postre típico de la vecina isla de La Palma, la tarta Príncipe Alberto, que «inventó» una repostera de allí coincidiendo con una visita del príncipe Alberto de Mónaco.

La Restingolita

Llegamos aquí aconsejados por nuestra casera, quien nos comentó que hacían el mejor arroz caldoso de la isla. Y no nos engañó. ¡Creo que es la primera vez en mi vida que veo a Juan engullir tres platos seguidos, así del tirón! Arroz de marisco espectacular (¡con mucho marisco, como tiene que ser!) y el detalle de hacer como en tierras asturianas: traerte la cazuela y dejarla sobre la mesa hasta que la acabes. Además, cuentan con otras dos cositas a tener en cuenta: sus postres caseros (bárbaro el mousse de mango) y su terracita estratégica junto al mar.

La Restingolita

Aprovechamos también para probar la morena frita, un pescado que en la península no tiene repercusión ninguna pero que en Canarias se consume todo el año: no obstante, en las aguas de sus costas se pueden encontrar diez especies diferentes de morena. La morena, un pez de un metro de piel gelatinosa y dientes afilados, muy popular entre los antiguos romanos (quienes sentenciaban a muerte a los esclavos rebeldes lanzándoles a una piscina llena de morenas, que les devoraban vivos), puede tener un feo aspecto pero a cambio brinda un sabor sabrosísimo.

El Encuentro

En Valverde entramos en una tienda de deportes a comprarme unas zapatillas (tuve la mala suerte de que se rompieron las mías al par de días de llegar a la isla) y hablando con la dependienta, nos recomendó este pequeño restaurante al que, según ella, «sólo iban a comer herreños». Cierto era ya que cuando nos sentamos en la terraza éramos los únicos con «acento de fuera». Veníamos principalmente a probar las lapas, un molusco que en la península, a excepción de Asturias, no es muy común en los menús pero que sin embargo en Canarias (y muy especialmente en El Hierro) se come habitualmente. Se dicen de ellas que son «las hermanas pobres de las ostras» pero a nosotros nos encantaron. Completamos el «menú canario» con una buena ración de carne mechada de lo más tierna, chocos a la plancha y otro postre canario que nos vuelve locos, el quesillo (flan isleño). El precio, irrisorio: 32 euros (¡los dos!)

Pizzería Las Vetas

Uno de los mejores restaurantes italianos de El Hierro. Tenían tal cantidad de gente que se permitían abrir sólo los fines de semana. El caso es que acudimos sin reserva a la hora de cenar y nos encontramos con que no cabía ni un alfiler. Pero a grandes males, grandes remedios. Como teníamos la suerte de que estuviera a diez minutos andando de casa, pedimos que nos pusieran para llevar las dos pizzas (espectaculares ambas, especialmente una llamada «Amo mi isla» con chorizo herreño que le daba un toque picante buenísimo). A destacar también el tiramisú casero: pura crema. 

Casa Goyo

San Andrés es un pueblo minúsculo, prácticamente una calle, pero merece la pena llegar hasta aquí sólo para darse un buen homenaje culinario en Casa Goyo. Eso sí: no se te ocurra venir sin reserva. Cuando salíamos de comer, nos encontramos con bastante gente haciendo cola esperando mesa. Comprensible después de haber comprobado cómo se come aquí: de fábula (y por poquísimo dinero, 43 euros los dos). La especialidad es la pechuga de pollo empanada con queso herreño (llena muchísimo pero es un auténtico manjar). Nosotros la acompañamos de garbanzada y otro plato típico canario, el bacalao encebollado.

Puedes encontrar estos restaurantes en el mapa que adjuntamos ahí abajo «Qué ver en El Hierro»

La cerveza artesanal de El Hierro

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Sólo hay una cerveza artesanal en la isla, Kuf Kuf, y no quisimos irnos sin probar sus dos variedades: la que lleva el propio nombre de la marca y Doña Pasión, en homenaje a la dueña del local donde se elaboró la birra. Lo curioso de esta cerveza (independientemente del mérito que tiene fabricar cerveza en un lugar tan pequeño y aislado, donde todo el material ha de venir de fuera) es que está elaborada con cofe-cofe, una planta originaria del Hierro también conocida como barrillera y que ya utilizaban antiguamente los aborígenes para elaborar gofio con sus semillas, especialmente en épocas de sequía, cuando escaseaban otros cereales como el trigo. Además, con las cenizas podían elaborar jabón.

Cerveza Kuf Kuf

El caso es que Renán y Raquel, una pareja herreña, decidieron llevar a cabo el proyecto tras visitar una fábrica de Quilmes en Argentina y elaboraron la primera cerveza artesanal de El Hierro, a la que los lugareños tienen mucho cariño y que podrás encontrar en varios locales de la isla. Sin embargo, es difícil poder comprarla fuera de aquí, a excepción de en un par de puntos en Tenerife, por lo que te animamos a que colabores con el negocio local y te animes a probarla.

 

 

 

Qué ver en El Hierro

 

 

 

A nivel naturaleza, El Hierro es un lugar único, incluso dentro de un archipiélago tan peculiar como son las propias islas Canarias. Declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera, sin una micra de contaminación, ofreciendo al visitante cielos despejados donde cada noche podrás contemplar miles de estrellas, El Hierro se enorgullece de ser una isla sostenible y alimentada por energías renovables. Buena culpa la tiene la central hidroeólica Gorona del Viento, quien ha demostrado ser capaz ella solita de abastecer de energía eléctrica a la totalidad de habitantes herreños. Un ejemplo de a dónde debería ir encaminado este mundo en el que vivimos: hacia la dependencia de las energías limpias (apúntense el dato aquellos que en un país tan luminoso como el nuestro ponen trabas a que la población use paneles solares).

El Hierro, a excepción de playas de arena blanca, lo tiene todo. Montañas donde hacer senderismo, con cientos de kilómetros de rutas, piscinas naturales en las aguas frías del Atlántico, bosques donde apenas llega la luz del sol, una flora autóctona sorprendente en la que destacan los dragos, las sabinas o las palmas canarias… Pese a sus escasas dimensiones de la isla, El Hierro da mucho juego, cada día aquí ofrece una sorpresa diferente.

 

 

Valverde

La única de las capitales canarias que no se halla pegadita al mar. Pero esa no es la única de sus particularidades. La más reseñable es su pequeñísimo tamaño. Y es que aquí apenas viven mil personas, por lo que cuesta verla como una capital, incluso como una ciudad. Recomendaría que comenzarais vuestro viaje por El Hierro justamente por aquí, ya que representa bastante bien lo diferente que es la isla de sus otras hermanas canarias. Nada de grandes hoteles ni centros comerciales ni discotecas ni vallas publicitarias ni autocares con turistas. Si la propia capital parece (y es) un minúsculo pueblecito en el que todo el mundo se conoce, imagínate el resto.

Casa de Las Quinteras

Valverde (que en realidad se llama Santa María de Valverde y cuyo nombre hace referencia al verdor de la isla) se encuentra al norte del archipiélago, por lo que a nivel geográfico también supone un buen comienzo. Te sorprenderá descubrir que su aspecto es bastante curioso: más que un pueblo que crece alrededor de un casco histórico (que, aunque pequeñito, lo tiene) es esta una mini-villa conformada por múltiples casas de colores abrazadas a las laderas de las montañas. Aquí desconocen el significado de la palabra «ascensor»: ninguna vivienda supera las tres plantas de altura. Balcones mirando al horizonte del Atlántico, calles empinadas y sinuosas, semáforos inexistentes, estrés cero.

La iglesia de Nuestra Señora de la Concepción hasta hace no muchos años era la única parroquia de El Hierro: hoy en día, aún así, continúa siendo la más importante de la isla. 

Valverde Hierro

En la capital se concentran los edificios administrativos más relevantes, como el ayuntamiento, el Cabildo canario, los juzgados o la delegación de Hacienda. El ayuntamiento presume de esa preciosa arquitectura típica canaria que tanto nos gusta.

Valverde Hierro

Como os comentaba, en El Hierro no hay centros comerciales, ni siquiera cadenas de supermercados rollo Mercadona o Carrefour. Aquí el sheriff a nivel comercial (Juan y yo nos reíamos mucho con lo de que «¡Terencio aquí es el puto amo!») es la cadena Terencio, que tiene cinco o seis supermercados pequeñitos en los lugares más importantes (Valverde, La Restinga, Taibique, San Andrés, Mocanal…) A nosotros nos hicieron un apaño para comprar las cosas más básicas de desayuno o picoteo pero ten en cuenta que los precios son más elevados que en la península (a fin de cuentas, aquí todo llega de fuera) y que cierran los domingos. Aparte de ello, puedes encontrar algunas tiendas pequeñitas de alimentación pero es recomendable que las tengas localizadas y controles horarios. 

Terencio Hierro
Terencio: el Alcampo herreño

 

Centro Casa de Las Quinteras

El Hierro no se caracteriza por tener demasiados museos, por lo tanto, esta es una buenísima oportunidad para adentrarse en la antigua vida herreña, que ha sido de todo menos fácil. El Centro Etnográfico se ha situado, muy acertadamente, en una casa típica de piedra. Abre de lunes a sábado de 10:00 a 18:00 y la entrada apenas cuesta 4 euros por persona. Es cierto que la visita es cortita, de aproximadamente media hora, pero sirve para entender cómo era la vida en un lugar donde las sequías podían complicar mucho la existencia de los habitantes, que debían ingeniárselas con lo poco que podían encontrar, cultivar y fabricar en un lugar tan pequeño y aislado.

Casa de Las Quinteras

 

 

El Pinar de El Hierro

Como os contábamos ahí arriba, fue el pueblo que elegimos como base de operaciones. Y si alguna vez volvemos a la isla, fijo que lo escogeríamos de nuevo. Encontrar un lugar con bullicio en El Hierro es imposible pero es en El Pinar donde el término «tranquilidad» puede disfrutarse en su sentido más absoluto. El Pinar, donde viven poco más de 1000 personas, consta de un puñado de casas de campo diseminadas por las montañas y rodeadas de pinos, protegidas por dos aldeas, Las Casas y Taibique, donde aún se puede respirar el modo de vida herreño tradicional. Situado a 800 metros sobre el nivel del mar, el motor del pueblo es la ganadería: es aquí donde se concentran mayor número de ovejas y vacas, que puedes ver pastando a menudo en las lindes de los caminos.

El Pinar Del Hierro

En El Pinar cierto es que hay poco que hacer, a excepción de senderismo al aire libre entre sus pinares (que ya es mucho), acampar en la Hoya del Morcillo, ascender hasta el Pico Malpaso (que con sus 1500 metros es la cumbre más elevada de la isla) o pasear por la carretera que atraviesa el pueblo, desde la que se obtienen estupendas vistas del Mar de las Calmas, que hace honor a su nombre: raro era el día que divisábamos grandes olas.

El Pinar Del Hierro

 

El Sabinar

Es la imagen más característica de El Hierro, la que ha dado a la isla fama mundial. Esa misma que protagonizó la portada de un disco en solitario, «Another World», de Brian May, guitarrista de Queen, quien se enamoró de estos extraordinarios árboles, únicos en el mundo. Aunque estas sabinas pueden encontrarse en pequeñas poblaciones en La Palma, La Gomera y Tenerife, es en El Hierro, acaso por la ausencia de turismo masivo y deforestación, donde han podido sobrevivir en mayor número. 

Llegar a El Sabinar, donde se halla la sabina más famosa de la isla, con una edad aproximada de 500 años (se dice de las sabinas que son los árboles más viejos de nuestro país), no es fácil. Hay que conducir por una carretera de montaña estrechísima, rebasar el santuario de Nuestra Señora de los Reyes (del que os hablamos ahí abajo) y llegar hasta una carretera de tierra. Aconsejo al llegar aquí dejar el coche aparcado, que no lo hace casi nadie y te arriesgas a joder los bajos en un camino de cabras (ojo que las agencias de alquiler te avisan, con insistencia, de que en caso de avería del coche en camino de tierra, el pago lo cubres tú). Nosotros pasamos de complicarnos, así que aparcamos y aprovechamos la oportunidad para ir andando: una hora de ida y otra de vuelta. Por cierto, al llegar al inicio del camino, verás una cancela: no pasa nada, la abres y la vuelves a cerrar. Es para que no se escapen los animales, que pasearás entre un montón de vacas y toros (son muy mansos y están a su bola completamente, no les toques ni les molestes ¿eh?)

El Hierro

En La Dehesa, donde encontramos las sabinas, los vientos alisios (que tampoco son tan feroces, suelen tener una velocidad de unos 20 kilómetros por hora) han modelado a estos árboles, que pueden llegar a medir cerca de ocho metros de altura y que, sin embargo, arrastran sus copas a ras de suelo. Aunque el sabinar ocupa sólo un 2% del terreno de El Hierro, acoge sin duda a sus árboles más queridos y de los que los herreños más orgullosos se sienten.

Hierro Sabina

 

Santuario de Nuestra Señora de los Reyes

Antes de llegar al sabinar, es casi obligación hacer una breve parada en la ermita de Nuestra Señora de los Reyes, la patrona de la isla. Comprobarás que el templo en sí no es gran cosa a nivel arquitectónico pero tiene mucho encanto, me recordaba muchísimo a las romerías donde me llevaba mi abuelo Tomás cuando era niña, en su pequeño pueblo de Segovia. Y es que los herreños también son unos romeros de pura cepa. Cada cuatro años realizan la bajada de la virgen, una virgen (su imagen más bien) que llegó hasta los pastores herreños un 6 de Enero (de ahí su nombre, Señora de los Reyes), de mano de los españoles que junto a la colonización correspondiente, traían con ellos sus ritos religiosos. 

Santuario Nuestra Señora Reyes

Aunque en mi caso soy una atea empedernida, reconozco que a nivel histórico y cultural este tipo de eventos me parecen de lo más interesante. Porque en El Hierro es el suceso más importante que puede vivir la isla, cuando cada cuatro años, el primer sábado de Julio más concretamente, la virgen de los Reyes sale de su santuario y va camino a Valverde, pasando por unos cuantos pueblos de la isla durante su recorrido, que se alarga generalmente un mes. Es entonces cuando miles de herreños la acompañan, bailando y tocando música con sus trajes populares, en una fiesta de hermandad multitudinaria. Por cierto, recordarte que esa cultura blanca tan curiosa que se ve a la entrada a Valverde, obra del artista herreño Rubén Armiche, es un homenaje muy particular a la bajada, hecho con material reciclado.

 

La Restinga

Este pequeñísimo pueblo de pescadores, situado en la punta sur de la isla y que tiene el honor de ser el municipio más meridional de España, nos enamoró completamente. Y eso que es chiquitito y no veníamos a bucear, que es la principal razón de peregrinación de los visitantes. Es un pueblo joven, nacido en los años 60 al cobijo de un grupo de pescadores, y hoy está considerado uno de los grandes paraísos mundiales del buceo.

Sus aguas cristalinas y la variedad de la fauna marina (que incluye tortugas, barracudas, delfines e incluso alguna vez tiburones ballena) que se acumula en estas costas ya eran suficiente reclamo hace unos años. Pero hubo un hecho que propició que la belleza de este paisaje subacuático aumentara aún más: la erupción que parió a un cono submarino, el volcán Tagoro, en el año 2011. El nombre se le puso en homenaje a los tagoros, los recintos donde se reunían los aborígenes de las Canarias para debatir temas importantes para la comunidad o simplemente para conversar.

El Hierro
Vista de la erupción submarina de El Hierro / © Getty Images

Durante cinco meses, los habitantes de La Restinga debieron abandonar sus casas en varias ocasiones debido a la ferocidad de los seísmos submarinos y la peligrosidad que estos conllevaban. Hubo días en los que llegaron a registrarse más de un centenar de movimientos de tierra. Sin embargo, tras casi medio año de angustia, la erupción cesó, dejó un nuevo volcán bajo las aguas de El Hierro y curiosamente, creó nuevos hábitats. La visibilidad bajo el agua, que alcanza los 50 metros, y la benigna temperatura del agua (rara vez se baja de los 18 grados, incluso en invierno, convirtiendo a las costas de El Hierro en lugares mucho más calurosos que los de otras islas hermanas) han conseguido que los centros de buceo vuelvan a revivir. Además, los submarinistas saben que al ser esta una isla en la que el turismo es tan escaso y el respeto al medio ambiente tan enorme, la experiencia puede ser única.

La Restinga

El mero Pancho, que se dice llegó a alcanzar los 40 años de edad, fue todo un símbolo en La Restinga. Con sus cerca de 40 kilos de peso y su metro y medio de longitud, era un pez bonachón y afable al que le encantaba nadar entre los submarinistas en la zona conocida como El Desierto, un abismo de cerca de cuarenta metros plagado de cuevas donde se esconden anguilas y rayas. Cuando murió Pancho, muchos de los restaurantes de La Restinga dejaron de servir mero en sus menús como homenaje. Actualmente se le recuerda con esta escultura en el paseo marítimo, símbolo del respeto de El Hierro a la vida que existe en las aguas que la rodean.

Mero Pancho

 

Charco Azul

Para llegar al Charco Azul, hemos de venirnos hasta el municipio de Frontera, seguir por la carretera que va de Tigaday a Los Llanillos, enfilar hacia la costa, dejar el coche en un pequeño aparcamiento y bajar con cuidado la empinadísima escalera que lleva hasta esta piscina natural. Aquí se encuentra, en la costa de El Golfo, uno de los enclaves más fascinantes de El Hierro, una pequeña piscina natural de aguas color turquesa dentro de una cueva.

Avisar que pese a que se han acondicionado las escaleras e incluso un pequeño solarium de madera cerca, el acceso en sí no es fácil ya que hay que trepar por rocas (vamos, que si echas en la mochila un par de cangrejeras, mejor que mejor).

Charco Azul 

 

Faro de Orchilla

Al Faro de Orchilla se le conocía cariñosamente como «el fin del mundo», aunque curiosamente era el primer lugar que divisaban los navegantes cuando venían del Atlántico. Situado en la punta del mismo nombre, aquí se ubicó el Meridiano Cero hasta que años después se «trasladaría» a Greenwich en Inglaterra. Con sus 130 metros de altura, está considerado el edificio civil más importante de la isla. Su construcción no estuvo exenta de dificultades, ya que la piedra que se utilizó debió trasladarse desde la cantera de Arucas en Gran Canaria. Se dice que aquí se ven los mejores atardeceres de El Hierro.

 

La Caleta

Comentábamos antes que El Hierro no responde en absoluto a esa idea de isla con playas de arena blanca y plagadas de cocoteros que muchos se imaginan cuando escuchan las palabras «vacaciones». Sin embargo, eso no significa que los herreños no disfruten del mar y aprovechan cualquier pequeño hueco que la naturaleza les permita para dejarse acariciar por las olas. En la isla hay una buena cantidad de piscinas naturales como La Maceta, Charco Manso o el Charco de los Sargos. Pero en nuestra opinión las más chulas son las de La Caleta.  

Antes de venir a La Caleta, aconsejo acercarse a Tamaduste, ya que coge de camino, el pequeño pueblecito donde podrás echar la toalla en una chiquita playa de arena negra custodiada por minúsculos muelles. La cala apenas tiene 20 metros de ancha pero en una costa tan escarpada como la herreña, para los locales es lo más cercano al paraíso.

Ante la falta de playas para bañarse, que viva el ingenio. Con mucho gusto se ha escogido la ubicación para construir las piscinas de La Caleta, totalmente mimetizadas con el ambiente, cual camaleón. Debo decir que nos encantaron y nos parecieron bastante bien preparadas, quizás las mejores de la isla. Son de agua salada, bien fresquita, y como podéis observar en la foto, pegadas al mar, por lo que cuando te bañas tienes esa sensación de «piscina infinita» que tanto se estila en los hoteles de lujo. Es uno de los pocos lugares donde hay espacio para poder dejar la toalla y además unos pequeños puentes y plataformas naturales permiten bañarse en pleno Atlántico.

La Caleta El Hierro

 

La Llanía

Aunque cuando llegas en avión y la divisas desde el aire El Hierro pueda dar una primera impresión equivocada de ser una isla árida y pedregosa, nada más lejos de la realidad. Especialmente en el interior, la vegetación se convierte en ama y señora del terreno y descubrirás paisajes tan deslumbrantes como el de La Llanía, en mi opinión el mejor lugar para hacer senderismo. Conviene que madrugues un poco no sólo para evitar las horas de más calor sino también porque el parking donde se inician los senderos es pequeñito y enseguida se llena. Aún así, comprobarás con gusto que durante todo el recorrido apenas te cruzarás con cinco o seis personas. Es lo bueno de El Hierro, que casi siempre tienes esa bendita sensación de estar solo/a.

Aunque parezca increíble, en El Hierro hay más kilómetros de senderos que carreteras asfaltadas, lo cual es un gustazo para los que nos encanta eso de caminar al aire libre. De hecho, hay gente que no alquila coche y se dedica a recorrer la isla andando, algo que es perfectamente posible si no vas ajustado de días. Para los que no optéis por esa alternativa, venir a echar una jornada en La Llanía es un plan de lo más sugerente. Es una ruta bastante asequible que se divide en tres niveles dependiendo del grado de dificultad: verde (4,2 kilómetros, 2 horas), naranja (5,6 kilómetros, 3 horas) y azul (7,4 kilómetros, 4 horas). Durante todo el sendero verás flechas que te van indicando qué camino seguir, por lo que no hay peligro de extraviarse. Añadir que no está de más echar una chaqueta ya que el bosque es muy húmedo.

Llania Hierro

El camino comienza en un lugar mágico, el bosque del Brezal. ¡Te sentirás como en «El Señor de los Anillos»! Los helechos y la laurisilva cubren el camino, creando preciosos arcos naturales y permitiendo a duras penas entrar algún rayo de sol. Cada poco nos íbamos parando para admirarnos de las formas maravillosas que eran capaces de crear las ramas de los árboles. Sed conscientes de que estáis en un lugar único, ya que los bosques atlánticos que pueblan islas como las Azores o Madeira están empezando a estar amenazados por la escasez de lluvia.

La Llania

Continuamos caminando hasta llegar a la fuente del Lomo, un antiguo aljibe de los años 40. La falta de agua siempre ha sido un problema en El Hierro y este era uno de los rincones donde los pastores traían al ganado a beber, aunque también había un segundo bebedero destinado a los humanos.

Aquí abajo nos encontramos con la Hoya de Fireba, un cráter cubierto casi siempre de niebla, una niebla que le da un aspecto espectral. Es uno de los puntos más elevados del Hierro, a más de 1300 metros de altura, y uno de los más espectaculares a nivel paisajístico.

Llania Hierro

Aquí abajo llegamos al Bailadero de las Brujas, uno de los lugares más misteriosos de El Hierro. La brujería estuvo muy arraigada en estas islas durante siglos, sobre todo teniendo en cuenta que los primeros pobladores eran aborígenes que llevaban a cabo diferentes cultos paganos. Curiosamente, estos aborígenes eran acusados en pocas ocasiones de seguir practicando sus ritos en clandestinidad y las condenadas eran mayoritariamente mujeres de origen africano o morisco. Sin embargo, en la isla del Hierro, al haber tan poca población y estar ésta tan dispersa, se cree que este tipo de prácticas se mantuvo de un modo más acentuado.

Los «bailaderos» canarios parecen tener dos orígenes diferentes. El primero, ser «lugares de baile», donde los aborígenes danzaban homenajeando a sus dioses. El segundo proviene de los «baladeros», lugares donde los pastores llevaban a las ovejas, privadas de alimento, para que estas balaran protestando por el hambre y sus balidos atrajeran la atención de los dioses. En este caso, se cree que los pastores además cruzaban por aquí llevando sus rebaños hacia el valle del Golfo o la Dehesa y que estos comenzaron a rehuir este lugar porque había «algo» que les daba miedo. De ahí nació el mito.

Llania Hierro

 

Terrero Ramón Méndez

Nos quedamos con las ganas de visitar el terrero Ramón Méndez, al pie del monte Joapira, porque justo se encontraba cerrado, no sabemos si porque aún no había comenzado la temporada (empezaba en Octubre en otras islas como Tenerife) pero es otro de los lugares más curiosos de El Hierro. Este recinto circular es donde se lleva a cabo el deporte del que más orgullosos se sienten los isleños: la lucha canaria. Se cree que ya la practicaban los primeros habitantes de las islas hace más de 500 años y en El Hierro es tan popular que es el segundo deporte más practicado por los locales, sólo superado por el buceo. 

 

Miradores

Montaña y mar. Cocktail perfecto para que El Hierro pueda jactarse de contar con algunos de los miradores más espectaculares de las Canarias. Otra cosa es que tengas suerte de tener el cielo despejado, ya que en muchas ocasiones las nubes se encuentran tan bajas que lo único que podrás contemplar es un manto blanquísimo.

El más conocido  de dichos miradores es el de la Peña, que creó César Manrique y donde se encuentra uno de los restaurantes más prestigiosos de la isla. Pero no es el único. A nosotros el que nos pillaba más cercano es el de Isora, que ofrece inmejorables vistas del Golfo. Puedes ir también a ver el de Tanajara, el de Bascos (desde donde en días despejados se divisa en la lejanía la isla de La Palma), el de Jinama o el del Lomo Negro, al que sólo se puede llegar a pie en su último tramo.

Miradores Hierro

 

hoteles únicos

El hotel Punta Grande fue considerado hasta hace no mucho el hotel más pequeño del mundo, con sólo cuatro habitaciones dobles situadas en un antiguo almacén rehabilitado. Se encuentra en un paraje único, en el municipio de Frontera, azotado por las fieras olas del Atlántico. Ha pasado de ser una rareza a convertirse en uno de los hoteles boutique más exclusivos de las Canarias: el precio medio es de 330 euros la noche.  

Punta Grande

Si lo tuyo son los hoteles curiosos, también es recomendable el hotel-balneario Pozo de la Salud, cerca del pueblo de Sabinosa y la playa del Verodal y con precios bastante más asequibles, unos 75 euros la noche. El hotel es conocido por las propiedades beneficiosas de las aguas medicinales del Pozo de la Salud. Por último, tenemos el prestigioso Parador del Hierro, en el área de Las Playas y en un entorno privilegiado.

 

Pozo de las Calcosas

Se quejan muchos isleños de que el Pozo de las Calcosas debería estar mucho mejor cuidado por las autoridades. No obstante, es uno de los lugares más especiales de El Hierro y cuya belleza se aprecia aún mejor desde las alturas. Este pueblito minúsculo (mucho he exagerado yo tildándole de «pueblo») lo construyeron los vecinos del Monacal, que hicieron aquí sus «casas de verano» junto a las piscinas naturales. La aldea se ubicó sobre una lengua de lava solidificada que se adentraba en el mar.

Calcosas

 

Playa de Tacorón

Las playas de Tacorón están consideradas de las mejores de Canarias. Hay que tener en cuenta, eso sí, que su valor reside en la espectacularidad del paisaje que las rodea, la naturaleza en su estado más salvaje. Se llega a  Tacorón viniendo de La Restinga, atravesando un paraje casi marciano y descendiendo por una carretera estrechísima y llena de curvas.

Abajo nos esperan minúsculas calas resguardadas de los vientos alisios y las mareas, piscinas naturales donde el único servicio son un chiringuito desangelado, un pequeño parking, unos merenderos de madera y un par de plataformas donde tumbarse a tomar el sol. Hay, eso sí, servicio de socorristas para vigilar a los que se atreven a bañarse pues las aguas son pendencieras.

Tacoron

 

Parque Cultural El JulÁn

Para conocer la antiquísima historia de El Hierro a nivel natural pero también humano, qué mejor lugar que el valle de El Julán. Un valle casi desértico, situado al sur de la isla, donde se pueden encontrar unas de las poquísimas huellas que dejaron como herencia los primeros pobladores de El Hierro, los bimbaches, de los que os hablo aquí abajo, en la reseña del libro «Garoé». Estas huellas nos llegaron en forma de petroglifos, símbolos grabados en las paredes de lava de los que a día de hoy desconocemos su significado.

Las rutas guiadas (la única forma de poder acceder a El Julán) tienen una duración de  cuatro horas  y cuestan 20 euros. Las visitas se hacen bastante temprano porque es una zona donde suele hacer muchísimo calor y se intenta evitar las horas más complicadas del día, tenlo en cuenta para madrugar si estás algo alejado de esta zona. La mayoría de la gente suele elegir la ruta combinada de ida a pie (unos cinco kilómetros de caminata) y regreso cuesta arriba en un coche todoterreno.

Horario

Abierto martes a domingo de 10:00 a 18:00

Visita zona arqueológica: Obligatorio hacer reserva al menos un día antes de la visita, a través del correo eljulan@gmail.com o por teléfono al 922 558 423 (de martes a domingos de 10:00 a 18:00)

   Horario de rutas

Ida y Vuelta a pie . Todos los días a las 08:00 horas. Grupo máximo de 15 personas
Ruta en coche. Todos los días a las 09:00. Grupo máximo de 8 personas

 

Lectura imprescindible:

«Garoé» de Alberto Vázquez-Figueroa

 

Garoe

 

Siempre que viajo a algún destino nuevo, me gusta empaparme a nivel literario del contexto histórico del lugar que visito. En el caso de El Hierro se unía además el interés que siempre he mostrado por las culturas aborígenes que poblaron las islas canarias y a las que dediqué el artículo Guanches: así eran (y así vivían) los altísimos aborígenes de Canarias . En aquella ocasión centré el reportaje en los aborígenes tinerfeños y amplié mis conocimientos con un libro maravilloso, «Búscame donde nacen los dragos» de Emma Lira (por cierto, de esta misma autora os recomiendo también el libro «Ponte en mi piel», que narra la historia real del guanche Guancancha, «el hombre-lobo canario», quien padecía hipertricosis y acabó viviendo en la Corte de Francia ¡qué maravilla de novela!)

El caso es que se me echaba el viaje encima y no era capaz de dar con una novela que me acercara a los bimbaches, los primeros aborígenes de El Hierro. Hasta que por casualidad encontré esta fabulosa novela de Alberto Vázquez-Figueroa, ese tinerfeño, incansable viajero, que ya me había llevado a otros confines del mundo con libros apasionantes como «Bora Bora» o «Tuareg». Se trata de «Garoé», fabulosa novela histórica que relata la llegada de una expedición de soldados españoles a la isla con una doble intención: por un lado, abolir la esclavitud, fomentada por normandos y piratas del mar que secuestraban a los indígenas para venderlos en tierras lejanas, y por otro, conseguir toneladas de orchilla, ese preciado liquen con el que se conseguía tinte púrpura, una rareza para la época.

Debo reconocer que devoré «Garoé» en apenas dos días (y me encantó leerlo en la propia isla, para sentirme más cercana a aquellos bimbaches que se maravillaban ante la visión de un espejo, un cuchillo o una armadura). Recordemos que las Canarias fueron el único archipiélago de la Macaronesia (al que pertenecen también Cabo Verde, las Azores o Madeira) en ser habitado antes de que llegaran los colonizadores europeos. Sin embargo, esto no significaba que los aborígenes de una isla «saltaran» de una a otra con facilidad; de hecho, los 90 kilómetros que separaban a El Hierro de La Gomera eran prácticamente insalvables y aunque se divisaba la isla en la distancia (al igual que La Palma), para los bimbaches era casi imposible llegar a aquellas costas lejanas, debido a lo traicioneras que eran las mareas.

La historia de amor entre el general Gonzalo Baeza y una indígena llamada Guarazoca es la excusa para acercarnos a las costumbres de aquellos primeros pobladores que no sólo luchaban contra el aislamiento sino también contra la escasa fauna autóctona, lo que limitaba enormemente la caza, y las inclemencias del clima, que dejaban largos periodos de sequía en los que los bimbaches, ganaderos experimentados, se veían obligados a dejar morir de sed a las reses más débiles para que a cambio sobrevivieran otras con el poco agua que podían conservar.

Precisamente de estas épocas de sequía viene la leyenda del Garoé, mítico árbol sagrado al que veneraban los bimbaches y que según cuenta la leyenda, lograba recoger con sus cientos de ramas la humedad de las nubes y convertirla en ese agua que tanto necesitaban aquel medio millar de indígenas y sus animales. En el siglo XVII lo derribó un huracán y no sería hasta 1949 cuando se plantó un tilo (especie a la que se cree que pertenecía el Garoé) en el lugar exacto, cerca de San Andrés, donde los bimbaches ubicaban aquel árbol santo. Un árbol que es todo un símbolo para los herreños, hasta el punto de que aparece retratado en el escudo oficial de la isla.

 

 

 

1 comentario

  1. Desconocida y Preciosa isla, espero que pueda conservar ese encanto por mucho tiempo.
    Muchas gracias por compartir.

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