El Hierro: la más salvaje de las islas Canarias

Hierro Sabina

Es la más pequeña de las islas Canarias, la más joven y la que se encuen­tra más al oeste del archip­iéla­go. Tam­bién es el pun­to más al sur de Europa. Una isla que de pun­ta a pun­ta tiene ape­nas trein­ta kilómet­ros, pla­ga­da de mon­tañas y bar­ran­cos engul­li­dos por la lava solid­i­fi­ca­da. Un paraí­so en miniatu­ra que se man­tu­vo abso­lu­ta­mente ajeno al mun­do exte­ri­or durante mile­nios y cuyos habi­tantes, los bim­bach­es, no conocieron ese hier­ro que da nom­bre a la isla has­ta que lo tra­jeron con­si­go los col­o­nizadores españoles. Una isla que, a día de hoy, ape­nas recibe a unos cuan­tos de miles de tur­is­tas anuales, con­vir­tién­donos en unos priv­i­le­gia­dos a los que hemos tenido la for­tu­na de cono­cer­la.

 

Cómo lle­gar a El Hier­ro

Debido a sus escasas dimen­siones, El Hier­ro no cuen­ta con vue­los direc­tos a la penín­su­la, por lo que la úni­ca man­era de lle­gar has­ta aquí es en fer­ry o avión des­de otras islas canarias. Te damos los detalles de las dos opciones para que deci­das cuál es la que te con­viene.

Fer­ry

La úni­ca com­pañía marí­ti­ma que opera la ruta a El Hier­ro es Naviera de Armas. Sale des­de el puer­to de los Cris­tianos, al sur de Tener­ife, y lle­ga dos horas más tarde al puer­to de La Esta­ca, a las afueras de Valverde. Nor­mal­mente el trayec­to El Hier­ro-Tener­ife sale a las 14:00 (domin­go 15:30) y el de Tener­ife-El Hier­ro a las 17:30 (domin­go 19:30). Como veis, no hay trayec­tos los sába­dos y sólo hay una ruta diaria, por lo que los horar­ios son más lim­i­ta­dos. La ven­ta­ja es que puedes lle­var tu pro­pio vehícu­lo si lo has alquila­do en Tener­ife. El pre­cio, coche inclu­i­do, suele ser de unos 130 euros por per­sona (ida y vuelta).

Avión

En este momen­to, sólo dos aerolíneas oper­an vue­los des­de otras islas: Canaryfly y Bin­ter. Com­para­mos pre­cios y horar­ios y vimos que nos interesa­ba más volar con Bin­ter. Yo ya había vola­do con ellos hacía 30 años, la primera vez que fui a Canarias, en un trayec­to Lan­zarote-Tener­ife. En otros país­es como Tai­lan­dia o Sue­cia tam­bién había proba­do los aviones de hélice y es toda una expe­ri­en­cia. Aunque puedan dar un poco de miedo por su pequeño tamaño y porque son bas­tante rui­dosos.

Quitaos de la cabeza esa leyen­da urbana de que son aparatos menos seguros ya que no es así. Sim­ple­mente, este tipo de motores es más efi­ciente en trayec­tos cor­tos, de menos de 500 kilómet­ros, ya que se vuela a menor altura, y tam­bién oper­an mejor en pis­tas más cor­tas o en peo­res condi­ciones. Por eso sue­len ser los favoritos para rutas regionales.

Nues­tra expe­ri­en­cia con Bin­ter

Los aviones de Bin­ter, los ATR 72, son pequeñi­tos (tienen capaci­dad para 70 pasajeros) pero cumplen de sobra con su cometi­do. Como vue­lan a baja altura, si tienes suerte de que te toque un día despe­ja­do, podrás ver des­de el cielo La Gomera de camino a El Hier­ro. En cualquier caso, los 35 min­u­tos de trayec­to se pasan volan­do (nun­ca mejor dicho): diez min­u­tos para despe­gar, quince de trav­es­ía y otros diez para ater­rizar.

Tened en cuen­ta que los vue­los direc­tos des­de Tener­ife oper­an des­de el aerop­uer­to de Tener­ife Norte, no des­de el Reina Sofía (el del sur). Nosotros lo que hici­mos fue volar el día ante­ri­or a Tener­ife y dormi­mos en San Cristóbal de la Lagu­na, una ciu­dad que ya conocíamos de otros via­jes y que nos encan­ta. Además, está muy cer­ca del aerop­uer­to, ape­nas 10 min­u­tos de trayec­to (y diez euros de taxi). Como al día sigu­iente teníamos cua­tro vue­los para poder escoger, decidi­mos reser­var el de las 14:00 para aprovechar la mañana pase­an­do por La Lagu­na y su bel­lísi­mo cas­co históri­co, con esas pre­ciosas casas de col­ores de hace cua­tro sig­los que tan bien se han mere­ci­do el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad.

Binter Avion

Es prác­ti­ca­mente nece­saria la fac­turación ya que al ser aviones tan pequeñi­tos, en cab­i­na sólo per­miten lle­var un bul­to que no supere los seis kilos. Sin embar­go, fac­tura­da podíamos lle­var una male­ta de has­ta 20 kilos cada uno. Me hizo gra­cia el comen­tario de la azafa­ta, ya que al darnos las tar­je­tas de embar­que, nos dio tam­bién las del trayec­to de vuelta y a mi, que siem­pre me gus­ta lle­var­las tam­bién en for­ma­to elec­tróni­co, se me ocur­rió pre­gun­tar­le que qué ocur­ría si se nos estro­pea­ban o las perdíamos. Rién­dose, nos dijo “¡os las imprim­i­mos las veces que haga fal­ta… y gratis!¡Que aquí no somos como otras com­pañías eh!”. Por cier­to, que no lo he dicho, el pre­cio del bil­lete fue 108 euros por per­sona ida y vuelta.

Como veis aquí aba­jo, el aerop­uer­to de El Hier­ro (al que se conoce como Los Can­gre­jos) parece de juguete. Una úni­ca pista de poco más de un kilómetro de lon­gi­tud pega­di­ta al mar que sólo acoge vue­los regionales. La ter­mi­nal es muy pequeñi­ta pero con lo nece­sario: un cajero, una cafetería, una tien­da de sou­venirs, un puesto de infor­ma­ción turís­ti­ca y otro par de alquil­er de coches de las empre­sas Bamir y Cicar. En el caso de que no alquiles coche (o lo hagas en otra ofic­i­na, ya que hay más en Valverde, el puer­to o La Fron­tera) hay un auto­bús que lle­va a la cap­i­tal, Valverde, o puedes ir en taxi, el pre­cio es unos 14 euros.

Aeropuerto Hierro

 

Alquil­er de coche

Al ser El Hier­ro una isla tan pequeña, es más que nece­sario hac­er la reser­va del alquil­er de coche con bas­tante antelación. Nosotros fuimos a prin­ci­p­ios de Sep­tiem­bre y esta­ba tan com­pli­ca­do lo de encon­trar coche que muchos par­tic­u­lares esta­ban alqui­lan­do los suyos pro­pios a los via­jeros. Como hom­bre pre­cavi­do vale por dos, hici­mos la reser­va un par de meses antes con Cicar. El pre­cio fueron 160 euros por seis días un Seat Arona. Inten­tad que os den un coche con algo de poten­cia para no quedaros tira­dos en las car­reteras de la isla, bas­tante emp­inadas.

Cicar Hierro

Avi­so: Vimos algunos coches que habían venido de otras islas en fer­ry (se les iden­ti­fi­ca porque lle­van en el cha­sis una pegati­na con su lugar de ori­gen, Tener­ife, Fuerteven­tu­ra, La Gomera…) Por lo que sabe­mos, Cicar es la úni­ca com­pañía que per­mite expre­sa­mente trasladar el coche entre islas en bar­co; aún así, hay que avis­ar­lo en la agen­cia y sue­len reten­er 150 euros por si lo dejas tira­do y tienen que ocu­parse ellos del trans­porte pos­te­ri­or. Si alquiláis el coche en otra agen­cia, y aunque mucha gente se lo pase por el for­ro, recor­dad que está pro­hibido sacar­lo de la isla cor­re­spon­di­ente y en caso de avería la bro­ma se os puede pon­er en una can­ti­dad con­sid­er­able.

 

Con­ducir en El Hier­ro

Lo primero y más impor­tante: en El Hier­ro sólo hay tres gaso­lin­eras, pertenecientes a la empre­sa DISA. Una en El Pinar, otra en Fron­tera y la ter­cera en Valverde. La de El Pinar cier­ra a mediodía y las tres están cer­radas a par­tir de las diez de la noche. Ten­lo en cuen­ta para no quedarte tira­do sin gasoli­na en medio de la nada, que no sería el primero al que le ocurre.

El El Hier­ro puede ser muy fácil con­ducir… o muy difí­cil. A favor tiene que la isla es pequeña. Tan­to como para que en toda la isla sólo exista un solo semá­foro. Nada de autopis­tas ni de atas­cos de trá­fi­co ni de que­braderos de cabeza para aparcar, inclu­so en pleno cen­tro de la cap­i­tal. Pero tam­bién hay incon­ve­nientes. El mal esta­do de las car­reteras (que en algunos casos pasan a con­ver­tirse en caminos de tier­ra). La peli­grosi­dad de algunos tramos, como la may­or parte de la H‑500, en mi opinión la peor car­retera de El Hier­ro, tan­to en la ida hacia el San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de los Reyes como en los precipi­cios de baja­da a Fron­tera, de autén­ti­co vér­ti­go. Añade a ello la posi­bil­i­dad de que se cru­cen ani­males en la vía: nosotros diez min­u­tos después de haber sali­do del aerop­uer­to ya nos habíamos encon­tra­do dos veces con cabras en mitad de la car­retera; tam­poco parecían inmu­tarse ante la pres­en­cia de coches. Desacon­se­jaría tam­bién con­ducir de noche en estas car­reteras, no sólo por las cur­vas sino porque casi ningu­na está ilu­mi­na­da. Y, sobre todo, hac­er los cál­cu­los de tiem­po siem­pre por lo alto ya que aquí recor­rer diez kilómet­ros, en cier­tos pun­tos, puede supon­erte trein­ta min­u­tos.

 

Trans­porte públi­co

Rarísi­mo es el via­jero que lle­ga aquí y no alquila coche, sobre todo tenien­do en cuen­ta que hay muchos rin­cones de la isla, los que más, donde prác­ti­ca­mente es imposi­ble lle­gar en trans­porte públi­co. Pero si es tu caso y vas a moverte en guagua (que es como cono­cen los canarios a los auto­bus­es), puedes echar un ojo a la web de Tran­shier­ro , la com­pañía munic­i­pal de trans­portes. Una doce­na de líneas cubren las conex­iones entre los núcleos de población (el via­je cues­ta 1,18 euros). ¿El prob­le­ma? La fre­cuen­cia. Entre que pasa un auto­bús y el sigu­iente pueden tran­scur­rir tres horas fácil­mente.

 

Dónde alo­jarse 

Con el tema alo­jamien­to ocurre como con los coches: toda pre­visión es poca. El alo­jamien­to es esca­so en El Hier­ro (insis­to, una isla con 11.000 habi­tantes), los hote­les, poquísi­mos y la mejor opción, en mi opinión, son las casas de par­tic­u­lares. Nosotros después de mucho inda­gar dimos con el lugar per­fec­to: Casa Viges . No exagero si digo que es una de las mejores casas rurales donde hemos esta­do nun­ca (y cono­ce­mos unas cuan­tas).

La ubi­cación es ide­al, en el pueblo de El Pinar, ya que queríamos estar jus­to en mitad de la isla. Mucha gente se alo­ja en Valverde (en el norte) o La Restin­ga (en el sur) pero esto sig­nifi­ca situ­arse en los extremos de El Hier­ro y ten­er que atrav­es­ar­la para ir a muchos sitios. Nosotros nos encon­trábamos a media hora de coche de ambos pueb­los, jus­to en el pun­to medio. Tam­poco es que en El Pinar haya mucho que hac­er, aparte de acer­carse al mirador de Tana­jara o dar un paseo al anochecer por unas calles prác­ti­ca­mente desier­tas. Pero pre­cisa­mente por eso nos encan­tó El Pinar, porque se res­pira­ba la más abso­lu­ta tran­quil­i­dad. Algu­na noche nos jun­ta­mos con los lugareños, de lo más hos­pi­ta­lar­ios, en el Bar Chachi, que parecía ser el pun­to de encuen­tro noc­turno de los locales y donde prepara­ban unas arepas y unos per­ri­tos caseros espec­tac­u­lares y súper baratos (cenábamos los dos por menos de 15 euros).

La casa no sólo nos sal­ió estu­pen­da­mente de pre­cio (396 euros por seis noches) sino que era pre­ciosa, dec­o­ra­da con mucho gus­to y con todo tipo de como­di­dades. Bar­ba­coa exte­ri­or, un baño enorme, lavado­ra, wifi que iba de mar­avil­la… todo extra­or­di­nario. Además, Mili, la dueña, estu­vo durante toda nues­tra estancia pen­di­ente de todo y envián­donos whatss­aps con sug­eren­cias de restau­rantes o lugares para vis­i­tar. Has­ta tuvo el detalle, sabi­en­do que llegábamos un sába­do después de com­er, de dejarnos unas cuan­tas cosi­tas para el desayuno en la nev­era. Inclu­i­da una cuña de que­so her­reño (a Juan no le gus­ta el que­so pero yo, que soy que­sera emped­erni­da, dis­fruté lo que no está en los escritos de esta deli­cia arte­sanal). Una anfitri­ona encan­ta­do­ra. A la altura de la pre­ciosa casa.

 

La ruta tele­vi­si­va de la serie “Hier­ro”

Google (Android 11.0)

 

Antes de comen­zar a recor­rer la isla, creo que es jus­to rendir un pequeño hom­e­na­je a la mejor pro­mo­to­ra turís­ti­ca que ha tenido nun­ca el archip­iéla­go: la serie “Hier­ro”, cuyas dos tem­po­radas emi­tió Movis­tar hace unos meses. Nosotros llevábamos muchos años que­rien­do venir a cono­cer a la más pequeña de las her­manas canarias y “Hier­ro” supu­so el empu­jón final. No sólo la serie es real­mente bue­na a niv­el inter­pre­ta­ti­vo (Can­dela Peña y Darío Grandinet­ti están magis­trales); además, ha sabido acer­carnos a los no-isleños los paisajes de una isla fran­ca­mente sin­gu­lar. Cuan­do cada noche nos plan­tábamos en el sofá delante del capí­tu­lo cor­re­spon­di­ente, sigu­ien­do los casos a los que se enfrenta­ba la jueza Can­dela Montes, al acabar nos mirábamos y siem­pre decíamos lo mis­mo: “¡hay que ir al Hier­ro!”

Hierro

Se suele decir que “es de bien naci­dos ser agrade­ci­dos”. Y el Cabil­do de El Hier­ro ha sabido agrade­cer a la serie dicha pro­mo­ción cre­an­do una ruta turís­ti­ca que comen­zó a fun­cionar a prin­ci­p­ios del pasa­do mes de Junio, la  primera ruta ofi­cial de local­iza­ciones de cine de Canarias. Por difer­entes pun­tos de la isla te irás encon­tran­do con carte­les con su códi­go QR para que puedas pon­er en el mapa las difer­entes local­iza­ciones de los esce­nar­ios de la serie. Tam­bién se pueden encon­trar fol­letos en el pro­pio aerop­uer­to, en los cen­tros de inter­pretación o en la ofic­i­na de tur­is­mo de Valverde que puedes encon­trar en la calle Doc­tor Quin­tero. 

Hierro Serie

 

Com­er en El Hier­ro

Bien sabéis, ama­dos lec­tores, que para nosotros el tema gas­tronómi­co es impor­tan­tísi­mo cuan­do via­jamos a otros lugares. En dicho sen­ti­do, Canarias es nue­stro paraí­so par­tic­u­lar ¡qué bien que comem­os siem­pre que via­jamos allí! Nos sigue sor­pren­di­en­do que la gas­tronomía canaria con­tinúe sien­do una descono­ci­da para mucha gente en la penín­su­la. Por eso escribi­mos en su día el artícu­lo Vuelta gas­tronómi­ca a Canarias en diez platos irre­sistibles (impre­scindible leer­lo antes de un primer via­je a las islas). El caso es que si en Canarias se come de mar­avil­la en gen­er­al, ni os cuen­to en El Hier­ro en par­tic­u­lar.

Aquí no hay fran­qui­cias que val­gan, ni Burg­er Kings ni Piz­za Huts ni fast food de dudosa proce­den­cia, por lo que en cualquier restau­rante que entres vas a ten­er la abso­lu­ta seguri­dad de que la comi­da es casera cien por cien. Sin­ce­ra­mente, creo que has de ten­er muy mala suerte para lle­gar a un restau­rante de donde vayas a salir descon­tento. 

El Hier­ro, como bue­na isla que es, tiene en su haber una gran var­iedad de pesca­do autóctono, de ese que rara vez vas a encon­trar en las pescaderías de la penín­su­la. Vie­ja, peto, bocine­gro, catal­u­fas, alfon­siño, pám­pano… Aprovecha para pro­bar las especies locales, que están muy bue­nas y las preparan de mil y una man­eras. Siem­pre acom­pañadas por una bue­na ración de papas con mojo. Eso que no falte. En mi opinión, el mejor sitio para com­er pesca­do es el pueblecito de La Restin­ga. Insu­per­a­ble.

Lapas
Lapas: uno de los platos típi­cos de El Hier­ro

Recuer­da ¡no lo olvides! que la mejor for­ma de rematar la comi­da es toman­do un bar­raquito, una especie de café bom­bón que aunque es orig­i­nario de Tener­ife, es bas­tante pop­u­lar en el resto de las islas. Aunque exis­ten varias ver­siones de este café, la más común es la que mez­cla en difer­entes capas café, leche con­den­sa­da, Licor 43 (o Tía María), leche nor­mal, canela y limón. Juan se ha hecho adic­to.

Barraquito

 

Que­sadil­las

Comen­tábamos antes lo mucho que a los her­reños les gus­ta el que­so. No extraña entonces que a par­tir de dicho pro­duc­to crear­an el que por dere­cho pro­pio se ha con­ver­tido, con todo el dere­cho del mun­do, en el pro­duc­to estrel­la de la isla: la que­sadil­la. Este dulce lo inven­tó hace un siglo la famil­ia de Adrián Gutiér­rez, cuya fábri­ca se encuen­tra en Valverde y está abier­ta al públi­co. Otras empre­sas famil­iares como Guara­zo­ca o La Her­reña las elab­o­ran y dis­tribuyen por toda la isla, por lo que no te será difí­cil encon­trar­las. Cues­tan una media de 2 euros la unidad y están riquísi­mas (pero llenan un mon­tón ¡avi­so!)

 

 

restau­rantes recomen­da­dos

 

Casa Juan

En nues­tra opinión, el mejor restau­rante en el que comi­mos en El Hier­ro. Su éxi­to es tal que no admiten reser­va, por lo que si quieres ase­gu­rarte el coger hue­co, has de pre­sen­tarte en cuan­to abren a las 13,30 (aunque nosotros pasamos a las 13,00 , nos aso­mamos por la puer­ta y pudi­mos encon­trar mesa para las 14,30). ¿Merece la pena el esfuer­zo? Abso­lu­ta­mente. En nue­stro caso opta­mos por los camarones fritos con limón, las cro­que­tas caseras vari­adas (las de bacon y plá­tano las mejores, muy orig­i­nales) y un pesca­do local, el alfon­siño (tam­bién cono­ci­do como fula): nos gustó tan­to que acabamos buscán­do­lo tam­bién unos días después en Tener­ife. Es algo más caro que otros restau­rantes de la zona (unos 32 euros por per­sona, bebidas y postres inclu­i­dos) pero la ocasión lo merece. Una goza­da.

Asador Artero

En el pequeño pueblo de Tiga­day, en el munici­pio de Fron­tera, encon­tramos por casu­al­i­dad este restau­rante en el que comi­mos al aire libre, con el océano Atlán­ti­co a un lado y las mon­tañas her­reñas al otro. Restau­rante canario-canario, espe­cial­iza­do en carne a la brasa: su carne fies­ta, de las mejorci­tas que hemos cata­do en las islas. Muy bue­na la gar­ban­za­da (otro de nue­stros platos isleños favoritos) y el postre típi­co de la veci­na isla de La Pal­ma, la tar­ta Príncipe Alber­to, que “inven­tó” una repostera de allí coin­ci­di­en­do con una visi­ta del príncipe Alber­to de Móna­co.

La Restin­goli­ta

Lleg­amos aquí acon­se­ja­dos por nues­tra casera, quien nos comen­tó que hacían el mejor arroz cal­doso de la isla. Y no nos engañó. ¡Creo que es la primera vez en mi vida que veo a Juan engul­lir tres platos segui­dos, así del tirón! Arroz de marisco espec­tac­u­lar (¡con mucho marisco, como tiene que ser!) y el detalle de hac­er como en tier­ras asturi­anas: traerte la cazuela y dejar­la sobre la mesa has­ta que la acabes. Además, cuen­tan con otras dos cosi­tas a ten­er en cuen­ta: sus postres caseros (bár­baro el mousse de man­go) y su ter­raci­ta estratég­i­ca jun­to al mar.

La Restingolita

Aprovechamos tam­bién para pro­bar la more­na fri­ta, un pesca­do que en la penín­su­la no tiene reper­cusión ningu­na pero que en Canarias se con­sume todo el año: no obstante, en las aguas de sus costas se pueden encon­trar diez especies difer­entes de more­na. La more­na, un pez de un metro de piel gelati­nosa y dientes afi­la­dos, muy pop­u­lar entre los antigu­os romanos (quienes sen­ten­cia­ban a muerte a los esclavos rebeldes lanzán­doles a una pisci­na llena de more­nas, que les devor­a­ban vivos), puede ten­er un feo aspec­to pero a cam­bio brin­da un sabor sabrosísi­mo.

El Encuen­tro

En Valverde entramos en una tien­da de deportes a com­prarme unas zap­atil­las (tuve la mala suerte de que se rompieron las mías al par de días de lle­gar a la isla) y hablan­do con la depen­di­en­ta, nos recomendó este pequeño restau­rante al que, según ella, “sólo iban a com­er her­reños”. Cier­to era ya que cuan­do nos sen­ta­mos en la ter­raza éramos los úni­cos con “acen­to de fuera”. Veníamos prin­ci­pal­mente a pro­bar las lapas, un molus­co que en la penín­su­la, a excep­ción de Asturias, no es muy común en los menús pero que sin embar­go en Canarias (y muy espe­cial­mente en El Hier­ro) se come habit­ual­mente. Se dicen de ellas que son “las her­manas pobres de las ostras” pero a nosotros nos encan­taron. Com­ple­ta­mos el “menú canario” con una bue­na ración de carne mecha­da de lo más tier­na, chocos a la plan­cha y otro postre canario que nos vuelve locos, el que­sil­lo (flan isleño). El pre­cio, irriso­rio: 32 euros (¡los dos!)

Pizzería Las Vetas

Uno de los mejores restau­rantes ital­ianos de El Hier­ro. Tenían tal can­ti­dad de gente que se per­mitían abrir sólo los fines de sem­ana. El caso es que acud­i­mos sin reser­va a la hora de cenar y nos encon­tramos con que no cabía ni un alfil­er. Pero a grandes males, grandes reme­dios. Como teníamos la suerte de que estu­viera a diez min­u­tos andan­do de casa, ped­i­mos que nos pusier­an para lle­var las dos piz­zas (espec­tac­u­lares ambas, espe­cial­mente una lla­ma­da “Amo mi isla” con chori­zo her­reño que le daba un toque picante buenísi­mo). A destacar tam­bién el tiramisú casero: pura cre­ma. 

Casa Goyo

San Andrés es un pueblo minús­cu­lo, prác­ti­ca­mente una calle, pero merece la pena lle­gar has­ta aquí sólo para darse un buen hom­e­na­je culi­nario en Casa Goyo. Eso sí: no se te ocur­ra venir sin reser­va. Cuan­do salíamos de com­er, nos encon­tramos con bas­tante gente hacien­do cola esperan­do mesa. Com­pren­si­ble después de haber com­pro­ba­do cómo se come aquí: de fábu­la (y por poquísi­mo dinero, 43 euros los dos). La espe­cial­i­dad es la pechuga de pol­lo empana­da con que­so her­reño (llena muchísi­mo pero es un autén­ti­co man­jar). Nosotros la acom­pañamos de gar­ban­za­da y otro pla­to típi­co canario, el bacalao ence­bol­la­do.

Puedes encon­trar estos restau­rantes en el mapa que adjun­ta­mos ahí aba­jo “Qué ver en El Hier­ro”

La cerveza arte­sanal de El Hier­ro

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Sólo hay una cerveza arte­sanal en la isla, Kuf Kuf, y no quisi­mos irnos sin pro­bar sus dos var­iedades: la que lle­va el pro­pio nom­bre de la mar­ca y Doña Pasión, en hom­e­na­je a la dueña del local donde se elaboró la bir­ra. Lo curioso de esta cerveza (inde­pen­di­en­te­mente del méri­to que tiene fab­ricar cerveza en un lugar tan pequeño y ais­la­do, donde todo el mate­r­i­al ha de venir de fuera) es que está elab­o­ra­da con cofe-cofe, una plan­ta orig­i­nar­ia del Hier­ro tam­bién cono­ci­da como bar­rillera y que ya uti­liz­a­ban antigua­mente los aborí­genes para elab­o­rar gofio con sus semi­l­las, espe­cial­mente en épocas de sequía, cuan­do escasea­ban otros cereales como el tri­go. Además, con las cenizas podían elab­o­rar jabón.

Cerveza Kuf Kuf

El caso es que Renán y Raquel, una pare­ja her­reña, deci­dieron lle­var a cabo el proyec­to tras vis­i­tar una fábri­ca de Quilmes en Argenti­na y elab­o­raron la primera cerveza arte­sanal de El Hier­ro, a la que los lugareños tienen mucho car­iño y que podrás encon­trar en var­ios locales de la isla. Sin embar­go, es difí­cil poder com­prar­la fuera de aquí, a excep­ción de en un par de pun­tos en Tener­ife, por lo que te ani­mamos a que cola­bores con el nego­cio local y te ani­mes a pro­bar­la.

 

 

 

Qué ver en El Hier­ro

 

 

 

A niv­el nat­u­raleza, El Hier­ro es un lugar úni­co, inclu­so den­tro de un archip­iéla­go tan pecu­liar como son las propias islas Canarias. Declar­a­da por la UNESCO Reser­va de la Bios­fera, sin una micra de con­t­a­m­i­nación, ofre­cien­do al vis­i­tante cie­los despe­ja­dos donde cada noche podrás con­tem­plar miles de estrel­las, El Hier­ro se enorgul­lece de ser una isla sostenible y ali­men­ta­da por energías ren­ov­ables. Bue­na cul­pa la tiene la cen­tral hidroeóli­ca Gorona del Vien­to, quien ha demostra­do ser capaz ella soli­ta de abaste­cer de energía eléc­tri­ca a la total­i­dad de habi­tantes her­reños. Un ejem­p­lo de a dónde debería ir encam­i­na­do este mun­do en el que vivi­mos: hacia la depen­den­cia de las energías limpias (apún­tense el dato aque­l­los que en un país tan lumi­noso como el nue­stro ponen tra­bas a que la población use pan­e­les solares).

El Hier­ro, a excep­ción de playas de are­na blan­ca, lo tiene todo. Mon­tañas donde hac­er senderis­mo, con cien­tos de kilómet­ros de rutas, pisci­nas nat­u­rales en las aguas frías del Atlán­ti­co, bosques donde ape­nas lle­ga la luz del sol, una flo­ra autóc­tona sor­pren­dente en la que desta­can los dra­gos, las sabi­nas o las pal­mas canarias… Pese a sus escasas dimen­siones de la isla, El Hier­ro da mucho juego, cada día aquí ofrece una sor­pre­sa difer­ente.

 

 

Valverde

La úni­ca de las cap­i­tales canarias que no se hal­la pega­di­ta al mar. Pero esa no es la úni­ca de sus par­tic­u­lar­i­dades. La más reseñable es su pequeñísi­mo tamaño. Y es que aquí ape­nas viv­en mil per­sonas, por lo que cues­ta ver­la como una cap­i­tal, inclu­so como una ciu­dad. Recomen­daría que comen­zarais vue­stro via­je por El Hier­ro jus­ta­mente por aquí, ya que rep­re­sen­ta bas­tante bien lo difer­ente que es la isla de sus otras her­manas canarias. Nada de grandes hote­les ni cen­tros com­er­ciales ni dis­cote­cas ni val­las pub­lic­i­tarias ni auto­cares con tur­is­tas. Si la propia cap­i­tal parece (y es) un minús­cu­lo pueblecito en el que todo el mun­do se conoce, imagí­nate el resto.

Casa de Las Quinteras

Valverde (que en real­i­dad se lla­ma San­ta María de Valverde y cuyo nom­bre hace ref­er­en­cia al ver­dor de la isla) se encuen­tra al norte del archip­iéla­go, por lo que a niv­el geográ­fi­co tam­bién supone un buen comien­zo. Te sor­pren­derá des­cubrir que su aspec­to es bas­tante curioso: más que un pueblo que crece alrede­dor de un cas­co históri­co (que, aunque pequeñi­to, lo tiene) es esta una mini-vil­la con­for­ma­da por múlti­ples casas de col­ores abrazadas a las laderas de las mon­tañas. Aquí descono­cen el sig­nifi­ca­do de la pal­abra “ascen­sor”: ningu­na vivien­da supera las tres plan­tas de altura. Bal­cones miran­do al hor­i­zonte del Atlán­ti­co, calles emp­inadas y sin­u­osas, semá­foros inex­is­tentes, estrés cero.

La igle­sia de Nues­tra Seño­ra de la Con­cep­ción has­ta hace no muchos años era la úni­ca par­ro­quia de El Hier­ro: hoy en día, aún así, con­tinúa sien­do la más impor­tante de la isla. 

Valverde Hierro

En la cap­i­tal se con­cen­tran los edi­fi­cios admin­is­tra­tivos más rel­e­vantes, como el ayun­tamien­to, el Cabil­do canario, los juz­ga­dos o la del­e­gación de Hacien­da. El ayun­tamien­to pre­sume de esa pre­ciosa arqui­tec­tura típi­ca canaria que tan­to nos gus­ta.

Valverde Hierro

Como os comenta­ba, en El Hier­ro no hay cen­tros com­er­ciales, ni siquiera cade­nas de super­me­r­ca­dos rol­lo Mer­cadona o Car­refour. Aquí el sher­iff a niv­el com­er­cial (Juan y yo nos reíamos mucho con lo de que “¡Teren­cio aquí es el puto amo!”) es la cade­na Teren­cio, que tiene cin­co o seis super­me­r­ca­dos pequeñi­tos en los lugares más impor­tantes (Valverde, La Restin­ga, Taibique, San Andrés, Mocanal…) A nosotros nos hicieron un apaño para com­prar las cosas más bási­cas de desayuno o pico­teo pero ten en cuen­ta que los pre­cios son más ele­va­dos que en la penín­su­la (a fin de cuen­tas, aquí todo lle­ga de fuera) y que cier­ran los domin­gos. Aparte de ello, puedes encon­trar algu­nas tien­das pequeñi­tas de ali­mentación pero es recomend­able que las ten­gas local­izadas y con­troles horar­ios. 

Terencio Hierro
Teren­cio: el Alcam­po her­reño

 

Centro Casa de Las Quinteras

El Hier­ro no se car­ac­ter­i­za por ten­er demasi­a­dos museos, por lo tan­to, esta es una buenísi­ma opor­tu­nidad para aden­trarse en la antigua vida her­reña, que ha sido de todo menos fácil. El Cen­tro Etno­grá­fi­co se ha situ­a­do, muy acer­tada­mente, en una casa típi­ca de piedra. Abre de lunes a sába­do de 10:00 a 18:00 y la entra­da ape­nas cues­ta 4 euros por per­sona. Es cier­to que la visi­ta es cor­ti­ta, de aprox­i­mada­mente media hora, pero sirve para enten­der cómo era la vida en un lugar donde las sequías podían com­plicar mucho la exis­ten­cia de los habi­tantes, que debían ingeniárse­las con lo poco que podían encon­trar, cul­ti­var y fab­ricar en un lugar tan pequeño y ais­la­do.

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El Pinar de El Hier­ro

Como os con­tábamos ahí arri­ba, fue el pueblo que elegi­mos como base de opera­ciones. Y si algu­na vez volve­mos a la isla, fijo que lo escogeríamos de nue­vo. Encon­trar un lugar con bul­li­cio en El Hier­ro es imposi­ble pero es en El Pinar donde el tér­mi­no “tran­quil­i­dad” puede dis­fru­tarse en su sen­ti­do más abso­lu­to. El Pinar, donde viv­en poco más de 1000 per­sonas, con­s­ta de un puña­do de casas de cam­po dis­em­i­nadas por las mon­tañas y rodeadas de pinos, pro­te­gi­das por dos aldeas, Las Casas y Taibique, donde aún se puede res­pi­rar el modo de vida her­reño tradi­cional. Situ­a­do a 800 met­ros sobre el niv­el del mar, el motor del pueblo es la ganadería: es aquí donde se con­cen­tran may­or número de ove­jas y vacas, que puedes ver pas­tan­do a menudo en las lin­des de los caminos.

El Pinar Del Hierro

En El Pinar cier­to es que hay poco que hac­er, a excep­ción de senderis­mo al aire libre entre sus pinares (que ya es mucho), acam­par en la Hoya del Mor­cil­lo, ascen­der has­ta el Pico Mal­pa­so (que con sus 1500 met­ros es la cum­bre más ele­va­da de la isla) o pasear por la car­retera que atraviesa el pueblo, des­de la que se obtienen estu­pen­das vis­tas del Mar de las Cal­mas, que hace hon­or a su nom­bre: raro era el día que divisábamos grandes olas.

El Pinar Del Hierro

 

El Sabi­nar

Es la ima­gen más car­ac­terís­ti­ca de El Hier­ro, la que ha dado a la isla fama mundi­al. Esa mis­ma que pro­tag­o­nizó la por­ta­da de un dis­co en soli­tario, “Anoth­er World”, de Bri­an May, gui­tar­rista de Queen, quien se enam­oró de estos extra­or­di­nar­ios árboles, úni­cos en el mun­do. Aunque estas sabi­nas pueden encon­trarse en pequeñas pobla­ciones en La Pal­ma, La Gomera y Tener­ife, es en El Hier­ro, aca­so por la ausen­cia de tur­is­mo masi­vo y defor­estación, donde han podi­do sobre­vivir en may­or número. 

Lle­gar a El Sabi­nar, donde se hal­la la sabi­na más famosa de la isla, con una edad aprox­i­ma­da de 500 años (se dice de las sabi­nas que son los árboles más viejos de nue­stro país), no es fácil. Hay que con­ducir por una car­retera de mon­taña estrechísi­ma, rebasar el san­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de los Reyes (del que os hablam­os ahí aba­jo) y lle­gar has­ta una car­retera de tier­ra. Acon­se­jo al lle­gar aquí dejar el coche aparca­do, que no lo hace casi nadie y te arries­gas a joder los bajos en un camino de cabras (ojo que las agen­cias de alquil­er te avisan, con insis­ten­cia, de que en caso de avería del coche en camino de tier­ra, el pago lo cubres tú). Nosotros pasamos de com­pli­carnos, así que aparcamos y aprovechamos la opor­tu­nidad para ir andan­do: una hora de ida y otra de vuelta. Por cier­to, al lle­gar al ini­cio del camino, verás una can­cela: no pasa nada, la abres y la vuelves a cer­rar. Es para que no se escapen los ani­males, que pasearás entre un mon­tón de vacas y toros (son muy man­sos y están a su bola com­ple­ta­mente, no les toques ni les molestes ¿eh?)

El Hierro

En La Dehe­sa, donde encon­tramos las sabi­nas, los vien­tos ali­sios (que tam­poco son tan fero­ces, sue­len ten­er una veloci­dad de unos 20 kilómet­ros por hora) han mod­e­la­do a estos árboles, que pueden lle­gar a medir cer­ca de ocho met­ros de altura y que, sin embar­go, arras­tran sus copas a ras de sue­lo. Aunque el sabi­nar ocu­pa sólo un 2% del ter­reno de El Hier­ro, acoge sin duda a sus árboles más queri­dos y de los que los her­reños más orgul­losos se sien­ten.

Hierro Sabina

 

San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de los Reyes

Antes de lle­gar al sabi­nar, es casi obligación hac­er una breve para­da en la ermi­ta de Nues­tra Seño­ra de los Reyes, la patrona de la isla. Com­pro­barás que el tem­p­lo en sí no es gran cosa a niv­el arqui­tec­tóni­co pero tiene mucho encan­to, me record­a­ba muchísi­mo a las romerías donde me llev­a­ba mi abue­lo Tomás cuan­do era niña, en su pequeño pueblo de Segovia. Y es que los her­reños tam­bién son unos romeros de pura cepa. Cada cua­tro años real­izan la baja­da de la vir­gen, una vir­gen (su ima­gen más bien) que llegó has­ta los pas­tores her­reños un 6 de Enero (de ahí su nom­bre, Seño­ra de los Reyes), de mano de los españoles que jun­to a la col­o­nización cor­re­spon­di­ente, traían con ellos sus ritos reli­giosos. 

Santuario Nuestra Señora Reyes

Aunque en mi caso soy una atea emped­erni­da, reconoz­co que a niv­el históri­co y cul­tur­al este tipo de even­tos me pare­cen de lo más intere­sante. Porque en El Hier­ro es el suce­so más impor­tante que puede vivir la isla, cuan­do cada cua­tro años, el primer sába­do de Julio más conc­re­ta­mente, la vir­gen de los Reyes sale de su san­tu­ario y va camino a Valverde, pasan­do por unos cuan­tos pueb­los de la isla durante su recor­ri­do, que se alarga gen­eral­mente un mes. Es entonces cuan­do miles de her­reños la acom­pañan, bai­lan­do y tocan­do músi­ca con sus tra­jes pop­u­lares, en una fies­ta de her­man­dad mul­ti­tu­di­nar­ia. Por cier­to, recor­darte que esa cul­tura blan­ca tan curiosa que se ve a la entra­da a Valverde, obra del artista her­reño Rubén Armiche, es un hom­e­na­je muy par­tic­u­lar a la baja­da, hecho con mate­r­i­al reci­cla­do.

 

La Restin­ga

Este pequeñísi­mo pueblo de pescadores, situ­a­do en la pun­ta sur de la isla y que tiene el hon­or de ser el munici­pio más merid­ion­al de España, nos enam­oró com­ple­ta­mente. Y eso que es chiq­ui­ti­to y no veníamos a bucear, que es la prin­ci­pal razón de pere­gri­nación de los vis­i­tantes. Es un pueblo joven, naci­do en los años 60 al cobi­jo de un grupo de pescadores, y hoy está con­sid­er­a­do uno de los grandes paraí­sos mundi­ales del buceo.

Sus aguas cristali­nas y la var­iedad de la fau­na mari­na (que incluye tor­tu­gas, bar­racu­d­as, delfines e inclu­so algu­na vez tiburones bal­lena) que se acu­mu­la en estas costas ya eran sufi­ciente reclamo hace unos años. Pero hubo un hecho que prop­i­ció que la belleza de este paisaje sub­acuáti­co aumen­tara aún más: la erup­ción que par­ió a un cono sub­mari­no, el vol­cán Tagoro, en el año 2011. El nom­bre se le puso en hom­e­na­je a los tagoros, los recin­tos donde se reunían los aborí­genes de las Canarias para debatir temas impor­tantes para la comu­nidad o sim­ple­mente para con­ver­sar.

El Hierro
Vista de la erup­ción sub­ma­ri­na de El Hier­ro / © Get­ty Images

Durante cin­co meses, los habi­tantes de La Restin­ga debieron aban­donar sus casas en varias oca­siones debido a la fero­ci­dad de los seís­mos sub­mari­nos y la peli­grosi­dad que estos con­ll­ev­a­ban. Hubo días en los que lle­garon a reg­is­trarse más de un cen­te­nar de movimien­tos de tier­ra. Sin embar­go, tras casi medio año de angus­tia, la erup­ción cesó, dejó un nue­vo vol­cán bajo las aguas de El Hier­ro y curiosa­mente, creó nuevos hábi­tats. La vis­i­bil­i­dad bajo el agua, que alcan­za los 50 met­ros, y la benigna tem­per­atu­ra del agua (rara vez se baja de los 18 gra­dos, inclu­so en invier­no, con­vir­tien­do a las costas de El Hier­ro en lugares mucho más calurosos que los de otras islas her­manas) han con­segui­do que los cen­tros de buceo vuel­van a revivir. Además, los sub­marin­istas saben que al ser esta una isla en la que el tur­is­mo es tan esca­so y el respeto al medio ambi­ente tan enorme, la expe­ri­en­cia puede ser úni­ca.

La Restinga

El mero Pan­cho, que se dice llegó a alcan­zar los 40 años de edad, fue todo un sím­bo­lo en La Restin­ga. Con sus cer­ca de 40 kilos de peso y su metro y medio de lon­gi­tud, era un pez bonachón y afa­ble al que le encanta­ba nadar entre los sub­marin­istas en la zona cono­ci­da como El Desier­to, un abis­mo de cer­ca de cuarenta met­ros pla­ga­do de cuevas donde se escon­den anguilas y rayas. Cuan­do murió Pan­cho, muchos de los restau­rantes de La Restin­ga dejaron de servir mero en sus menús como hom­e­na­je. Actual­mente se le recuer­da con esta escul­tura en el paseo marí­ti­mo, sím­bo­lo del respeto de El Hier­ro a la vida que existe en las aguas que la rodean.

Mero Pancho

 

Char­co Azul

Para lle­gar al Char­co Azul, hemos de venirnos has­ta el munici­pio de Fron­tera, seguir por la car­retera que va de Tiga­day a Los Llanil­los, enfi­lar hacia la cos­ta, dejar el coche en un pequeño aparcamien­to y bajar con cuida­do la emp­inadísi­ma escalera que lle­va has­ta esta pisci­na nat­ur­al. Aquí se encuen­tra, en la cos­ta de El Gol­fo, uno de los enclaves más fasci­nantes de El Hier­ro, una pequeña pisci­na nat­ur­al de aguas col­or turque­sa den­tro de una cue­va.

Avis­ar que pese a que se han acondi­ciona­do las escaleras e inclu­so un pequeño solar­i­um de madera cer­ca, el acce­so en sí no es fácil ya que hay que trepar por rocas (vamos, que si echas en la mochi­la un par de can­gre­jeras, mejor que mejor).

Charco Azul 

 

Faro de Orchilla

Al Faro de Orchilla se le conocía car­iñosa­mente como “el fin del mun­do”, aunque curiosa­mente era el primer lugar que divis­a­ban los nave­g­antes cuan­do venían del Atlán­ti­co. Situ­a­do en la pun­ta del mis­mo nom­bre, aquí se ubicó el Merid­i­ano Cero has­ta que años después se “trasladaría” a Green­wich en Inglater­ra. Con sus 130 met­ros de altura, está con­sid­er­a­do el edi­fi­cio civ­il más impor­tante de la isla. Su con­struc­ción no estu­vo exen­ta de difi­cul­tades, ya que la piedra que se uti­lizó debió trasladarse des­de la can­tera de Aru­cas en Gran Canaria. Se dice que aquí se ven los mejores atarde­ceres de El Hier­ro.

 

La Cale­ta

Comen­tábamos antes que El Hier­ro no responde en abso­lu­to a esa idea de isla con playas de are­na blan­ca y pla­gadas de cocoteros que muchos se imag­i­nan cuan­do escuchan las pal­abras “vaca­ciones”. Sin embar­go, eso no sig­nifi­ca que los her­reños no dis­fruten del mar y aprovechan cualquier pequeño hue­co que la nat­u­raleza les per­mi­ta para dejarse acari­ciar por las olas. En la isla hay una bue­na can­ti­dad de pisci­nas nat­u­rales como La Mac­eta, Char­co Man­so o el Char­co de los Sar­gos. Pero en nues­tra opinión las más chu­las son las de La Cale­ta.  

Antes de venir a La Cale­ta, acon­se­jo acer­carse a Tamaduste, ya que coge de camino, el pequeño pueblecito donde podrás echar la toal­la en una chiq­ui­ta playa de are­na negra cus­to­di­a­da por minús­cu­los muelles. La cala ape­nas tiene 20 met­ros de ancha pero en una cos­ta tan escarpa­da como la her­reña, para los locales es lo más cer­cano al paraí­so.

Ante la fal­ta de playas para bañarse, que viva el inge­nio. Con mucho gus­to se ha escogi­do la ubi­cación para con­stru­ir las pisci­nas de La Cale­ta, total­mente mime­ti­zadas con el ambi­ente, cual camaleón. Debo decir que nos encan­taron y nos parecieron bas­tante bien preparadas, quizás las mejores de la isla. Son de agua sal­a­da, bien fresqui­ta, y como podéis obser­var en la foto, pegadas al mar, por lo que cuan­do te bañas tienes esa sen­sación de “pisci­na infini­ta” que tan­to se esti­la en los hote­les de lujo. Es uno de los pocos lugares donde hay espa­cio para poder dejar la toal­la y además unos pequeños puentes y platafor­mas nat­u­rales per­miten bañarse en pleno Atlán­ti­co.

La Caleta El Hierro

 

La Llanía

Aunque cuan­do lle­gas en avión y la divisas des­de el aire El Hier­ro pue­da dar una primera impre­sión equiv­o­ca­da de ser una isla ári­da y pedregosa, nada más lejos de la real­i­dad. Espe­cial­mente en el inte­ri­or, la veg­etación se con­vierte en ama y seño­ra del ter­reno y des­cubrirás paisajes tan deslum­brantes como el de La Llanía, en mi opinión el mejor lugar para hac­er senderis­mo. Con­viene que madrugues un poco no sólo para evi­tar las horas de más calor sino tam­bién porque el park­ing donde se ini­cian los senderos es pequeñi­to y ensegui­da se llena. Aún así, com­pro­barás con gus­to que durante todo el recor­ri­do ape­nas te cruzarás con cin­co o seis per­sonas. Es lo bueno de El Hier­ro, que casi siem­pre tienes esa ben­di­ta sen­sación de estar solo/a.

Aunque parez­ca increíble, en El Hier­ro hay más kilómet­ros de senderos que car­reteras asfal­tadas, lo cual es un gus­ta­zo para los que nos encan­ta eso de cam­i­nar al aire libre. De hecho, hay gente que no alquila coche y se ded­i­ca a recor­rer la isla andan­do, algo que es per­fec­ta­mente posi­ble si no vas ajus­ta­do de días. Para los que no optéis por esa alter­na­ti­va, venir a echar una jor­na­da en La Llanía es un plan de lo más sug­er­ente. Es una ruta bas­tante ase­quible que se divide en tres nive­les depen­di­en­do del gra­do de difi­cul­tad: verde (4,2 kilómet­ros, 2 horas), naran­ja (5,6 kilómet­ros, 3 horas) y azul (7,4 kilómet­ros, 4 horas). Durante todo el sendero verás fle­chas que te van indi­can­do qué camino seguir, por lo que no hay peli­gro de extraviarse. Añadir que no está de más echar una cha­que­ta ya que el bosque es muy húme­do.

Llania Hierro

El camino comien­za en un lugar mági­co, el bosque del Brezal. ¡Te sen­tirás como en “El Señor de los Anil­los”! Los hele­chos y la lau­risil­va cubren el camino, cre­an­do pre­ciosos arcos nat­u­rales y per­mi­tien­do a duras penas entrar algún rayo de sol. Cada poco nos íbamos paran­do para admi­rarnos de las for­mas mar­avil­losas que eran capaces de crear las ramas de los árboles. Sed con­scientes de que estáis en un lugar úni­co, ya que los bosques atlán­ti­cos que pueblan islas como las Azores o Madeira están empezan­do a estar ame­naza­dos por la escasez de llu­via.

La Llania

Con­tin­u­amos cam­i­nan­do has­ta lle­gar a la fuente del Lomo, un antiguo aljibe de los años 40. La fal­ta de agua siem­pre ha sido un prob­le­ma en El Hier­ro y este era uno de los rin­cones donde los pas­tores traían al gana­do a beber, aunque tam­bién había un segun­do bebedero des­ti­na­do a los humanos.

Aquí aba­jo nos encon­tramos con la Hoya de Fire­ba, un cráter cubier­to casi siem­pre de niebla, una niebla que le da un aspec­to espec­tral. Es uno de los pun­tos más ele­va­dos del Hier­ro, a más de 1300 met­ros de altura, y uno de los más espec­tac­u­lares a niv­el paisajís­ti­co.

Llania Hierro

Aquí aba­jo lleg­amos al Bailadero de las Bru­jas, uno de los lugares más mis­te­riosos de El Hier­ro. La bru­jería estu­vo muy arraiga­da en estas islas durante sig­los, sobre todo tenien­do en cuen­ta que los primeros pobladores eran aborí­genes que llev­a­ban a cabo difer­entes cul­tos paganos. Curiosa­mente, estos aborí­genes eran acu­sa­dos en pocas oca­siones de seguir prac­ti­can­do sus ritos en clan­des­tinidad y las con­de­nadas eran may­ori­tari­a­mente mujeres de ori­gen africano o morisco. Sin embar­go, en la isla del Hier­ro, al haber tan poca población y estar ésta tan dis­per­sa, se cree que este tipo de prác­ti­cas se man­tu­vo de un modo más acen­tu­a­do.

Los “bailaderos” canarios pare­cen ten­er dos orí­genes difer­entes. El primero, ser “lugares de baile”, donde los aborí­genes dan­z­a­ban hom­e­na­je­an­do a sus dios­es. El segun­do proviene de los “baladeros”, lugares donde los pas­tores llev­a­ban a las ove­jas, pri­vadas de ali­men­to, para que estas balaran prote­s­tando por el ham­bre y sus bali­dos atra­jer­an la aten­ción de los dios­es. En este caso, se cree que los pas­tores además cruz­a­ban por aquí lle­van­do sus rebaños hacia el valle del Gol­fo o la Dehe­sa y que estos comen­zaron a rehuir este lugar porque había “algo” que les daba miedo. De ahí nació el mito.

Llania Hierro

 

Ter­rero Ramón Mén­dez

Nos quedamos con las ganas de vis­i­tar el ter­rero Ramón Mén­dez, al pie del monte Joapi­ra, porque jus­to se encon­tra­ba cer­ra­do, no sabe­mos si porque aún no había comen­za­do la tem­po­ra­da (empez­a­ba en Octubre en otras islas como Tener­ife) pero es otro de los lugares más curiosos de El Hier­ro. Este recin­to cir­cu­lar es donde se lle­va a cabo el deporte del que más orgul­losos se sien­ten los isleños: la lucha canaria. Se cree que ya la prac­ti­ca­ban los primeros habi­tantes de las islas hace más de 500 años y en El Hier­ro es tan pop­u­lar que es el segun­do deporte más prac­ti­ca­do por los locales, sólo super­a­do por el buceo. 

 

Miradores

Mon­taña y mar. Cock­tail per­fec­to para que El Hier­ro pue­da jac­tarse de con­tar con algunos de los miradores más espec­tac­u­lares de las Canarias. Otra cosa es que ten­gas suerte de ten­er el cielo despe­ja­do, ya que en muchas oca­siones las nubes se encuen­tran tan bajas que lo úni­co que podrás con­tem­plar es un man­to blan­quísi­mo.

El más cono­ci­do  de dichos miradores es el de la Peña, que creó César Man­rique y donde se encuen­tra uno de los restau­rantes más pres­ti­giosos de la isla. Pero no es el úni­co. A nosotros el que nos pil­l­a­ba más cer­cano es el de Iso­ra, que ofrece inmejorables vis­tas del Gol­fo. Puedes ir tam­bién a ver el de Tana­jara, el de Bas­cos (des­de donde en días despe­ja­dos se divisa en la lejanía la isla de La Pal­ma), el de Jina­ma o el del Lomo Negro, al que sólo se puede lle­gar a pie en su últi­mo tramo.

Miradores Hierro

 

hote­les úni­cos

El hotel Pun­ta Grande fue con­sid­er­a­do has­ta hace no mucho el hotel más pequeño del mun­do, con sólo cua­tro habita­ciones dobles situ­adas en un antiguo almacén reha­bil­i­ta­do. Se encuen­tra en un para­je úni­co, en el munici­pio de Fron­tera, azo­ta­do por las fieras olas del Atlán­ti­co. Ha pasa­do de ser una rareza a con­ver­tirse en uno de los hote­les bou­tique más exclu­sivos de las Canarias: el pre­cio medio es de 330 euros la noche.  

Punta Grande

Si lo tuyo son los hote­les curiosos, tam­bién es recomend­able el hotel-bal­n­eario Pozo de la Salud, cer­ca del pueblo de Sabi­nosa y la playa del Vero­dal y con pre­cios bas­tante más ase­quibles, unos 75 euros la noche. El hotel es cono­ci­do por las propiedades ben­efi­ciosas de las aguas med­i­c­i­nales del Pozo de la Salud. Por últi­mo, ten­emos el pres­ti­gioso Parador del Hier­ro, en el área de Las Playas y en un entorno priv­i­le­gia­do.

 

Pozo de las Cal­cosas

Se que­jan muchos isleños de que el Pozo de las Cal­cosas debería estar mucho mejor cuida­do por las autori­dades. No obstante, es uno de los lugares más espe­ciales de El Hier­ro y cuya belleza se apre­cia aún mejor des­de las alturas. Este puebli­to minús­cu­lo (mucho he exager­a­do yo tildán­dole de “pueblo”) lo con­struyeron los veci­nos del Monacal, que hicieron aquí sus “casas de ver­a­no” jun­to a las pisci­nas nat­u­rales. La aldea se ubicó sobre una lengua de lava solid­i­fi­ca­da que se aden­tra­ba en el mar.

Calcosas

 

Playa de Tacorón

Las playas de Tacorón están con­sid­er­adas de las mejores de Canarias. Hay que ten­er en cuen­ta, eso sí, que su val­or reside en la espec­tac­u­lar­i­dad del paisaje que las rodea, la nat­u­raleza en su esta­do más sal­va­je. Se lle­ga a  Tacorón vinien­do de La Restin­ga, atrav­es­an­do un para­je casi mar­ciano y descen­di­en­do por una car­retera estrechísi­ma y llena de cur­vas.

Aba­jo nos esper­an minús­cu­las calas res­guardadas de los vien­tos ali­sios y las mar­eas, pisci­nas nat­u­rales donde el úni­co ser­vi­cio son un chirin­gui­to desan­ge­la­do, un pequeño park­ing, unos meren­deros de madera y un par de platafor­mas donde tum­barse a tomar el sol. Hay, eso sí, ser­vi­cio de socor­ris­tas para vig­i­lar a los que se atreven a bañarse pues las aguas son pen­dencieras.

Tacoron

 

Par­que Cul­tur­al El JulÁn

Para cono­cer la antiquísi­ma his­to­ria de El Hier­ro a niv­el nat­ur­al pero tam­bién humano, qué mejor lugar que el valle de El Julán. Un valle casi desér­ti­co, situ­a­do al sur de la isla, donde se pueden encon­trar unas de las poquísi­mas huel­las que dejaron como heren­cia los primeros pobladores de El Hier­ro, los bim­bach­es, de los que os hablo aquí aba­jo, en la reseña del libro “Garoé”. Estas huel­las nos lle­garon en for­ma de pet­rogli­fos, sím­bo­los graba­dos en las pare­des de lava de los que a día de hoy descono­ce­mos su sig­nifi­ca­do.

Las rutas guiadas (la úni­ca for­ma de poder acced­er a El Julán) tienen una duración de  cua­tro horas  y cues­tan 20 euros. Las vis­i­tas se hacen bas­tante tem­pra­no porque es una zona donde suele hac­er muchísi­mo calor y se inten­ta evi­tar las horas más com­pli­cadas del día, ten­lo en cuen­ta para madru­gar si estás algo ale­ja­do de esta zona. La may­oría de la gente suele ele­gir la ruta com­bi­na­da de ida a pie (unos cin­co kilómet­ros de cam­i­na­ta) y regre­so cues­ta arri­ba en un coche todoter­reno.

Horario

Abier­to martes a domin­go de 10:00 a 18:00

Visi­ta zona arque­ológ­i­ca: Oblig­a­to­rio hac­er reser­va al menos un día antes de la visi­ta, a través del correo eljulan@gmail.com o por telé­fono al 922 558 423 (de martes a domin­gos de 10:00 a 18:00)

   Horario de rutas

Ida y Vuelta a pie . Todos los días a las 08:00 horas. Grupo máx­i­mo de 15 per­sonas
Ruta en coche. Todos los días a las 09:00. Grupo máx­i­mo de 8 per­sonas

 

Lec­tura impre­scindible:

“Garoé” de Alber­to Vázquez-Figueroa

 

Garoe

 

Siem­pre que via­jo a algún des­ti­no nue­vo, me gus­ta empa­parme a niv­el lit­er­ario del con­tex­to históri­co del lugar que vis­i­to. En el caso de El Hier­ro se unía además el interés que siem­pre he mostra­do por las cul­turas aborí­genes que poblaron las islas canarias y a las que dediqué el artícu­lo Guanch­es: así eran (y así vivían) los altísi­mos aborí­genes de Canarias . En aque­l­la ocasión cen­tré el repor­ta­je en los aborí­genes tin­er­feños y amplié mis conocimien­tos con un libro mar­avil­loso, “Bús­came donde nacen los dra­gos” de Emma Lira (por cier­to, de esta mis­ma auto­ra os recomien­do tam­bién el libro “Ponte en mi piel”, que nar­ra la his­to­ria real del guanche Guan­can­cha, “el hom­bre-lobo canario”, quien padecía hiper­tri­co­sis y acabó vivien­do en la Corte de Fran­cia ¡qué mar­avil­la de nov­ela!)

El caso es que se me ech­a­ba el via­je enci­ma y no era capaz de dar con una nov­ela que me acer­cara a los bim­bach­es, los primeros aborí­genes de El Hier­ro. Has­ta que por casu­al­i­dad encon­tré esta fab­u­losa nov­ela de Alber­to Vázquez-Figueroa, ese tin­er­feño, incans­able via­jero, que ya me había lle­va­do a otros con­fines del mun­do con libros apa­sio­n­antes como “Bora Bora” o “Tuareg”. Se tra­ta de “Garoé”, fab­u­losa nov­ela históri­ca que rela­ta la lle­ga­da de una expe­di­ción de sol­da­dos españoles a la isla con una doble inten­ción: por un lado, abolir la esclav­i­tud, fomen­ta­da por nor­man­dos y piratas del mar que secues­tra­ban a los indí­ge­nas para vender­los en tier­ras lejanas, y por otro, con­seguir toneladas de orchilla, ese pre­ci­a­do liquen con el que se con­seguía tinte púr­pu­ra, una rareza para la época.

Debo recono­cer que devoré “Garoé” en ape­nas dos días (y me encan­tó leer­lo en la propia isla, para sen­tirme más cer­cana a aque­l­los bim­bach­es que se mar­avil­l­a­ban ante la visión de un espe­jo, un cuchil­lo o una armadu­ra). Recordemos que las Canarias fueron el úni­co archip­iéla­go de la Mac­arone­sia (al que pertenecen tam­bién Cabo Verde, las Azores o Madeira) en ser habita­do antes de que lle­garan los col­o­nizadores europeos. Sin embar­go, esto no sig­nifi­ca­ba que los aborí­genes de una isla “saltaran” de una a otra con facil­i­dad; de hecho, los 90 kilómet­ros que sep­a­ra­ban a El Hier­ro de La Gomera eran prác­ti­ca­mente insalv­ables y aunque se divis­a­ba la isla en la dis­tan­cia (al igual que La Pal­ma), para los bim­bach­es era casi imposi­ble lle­gar a aque­l­las costas lejanas, debido a lo traicioneras que eran las mar­eas.

La his­to­ria de amor entre el gen­er­al Gon­za­lo Baeza y una indí­ge­na lla­ma­da Guara­zo­ca es la excusa para acer­carnos a las cos­tum­bres de aque­l­los primeros pobladores que no sólo lucha­ban con­tra el ais­lamien­to sino tam­bién con­tra la escasa fau­na autóc­tona, lo que lim­ita­ba enorme­mente la caza, y las inclemen­cias del cli­ma, que deja­ban lar­gos peri­o­dos de sequía en los que los bim­bach­es, ganaderos exper­i­men­ta­dos, se veían oblig­a­dos a dejar morir de sed a las reses más débiles para que a cam­bio sobre­vivier­an otras con el poco agua que podían con­ser­var.

Pre­cisa­mente de estas épocas de sequía viene la leyen­da del Garoé, míti­co árbol sagra­do al que ven­er­a­ban los bim­bach­es y que según cuen­ta la leyen­da, logra­ba recoger con sus cien­tos de ramas la humedad de las nubes y con­ver­tir­la en ese agua que tan­to nece­sita­ban aquel medio mil­lar de indí­ge­nas y sus ani­males. En el siglo XVII lo der­ribó un huracán y no sería has­ta 1949 cuan­do se plan­tó un tilo (especie a la que se cree que pertenecía el Garoé) en el lugar exac­to, cer­ca de San Andrés, donde los bim­bach­es ubi­ca­ban aquel árbol san­to. Un árbol que es todo un sím­bo­lo para los her­reños, has­ta el pun­to de que aparece retrata­do en el escu­do ofi­cial de la isla.

 

 

 


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2 Comments

  1. joshua67

    at

    Descono­ci­da y Pre­ciosa isla, espero que pue­da con­ser­var ese encan­to por mucho tiem­po.
    Muchas gra­cias por com­par­tir.

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Lo impor­tante es sal­va­guardar todo ese entorno incom­pa­ra­ble y creo que en ese sen­ti­do lo están hacien­do muy bien. ¡Un salu­do!

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