A solo media hora de Tokio existe una ciudad que muchos viajeros visitamos sin saber muy bien qué esperar de ella. Yokohama no tiene la fama de Kioto ni la intensidad de Osaka ni el magnetismo caótico de Tokio pero basta pasar unas horas allí para darse cuenta de que es un lugar completamente distinto a cualquier otra gran ciudad japonesa.
Quizá porque nació mirando al mar y al mundo exterior, Yokohama tiene un carácter más abierto que otras ciudades del país. Durante más de dos siglos Japón permaneció prácticamente aislado del resto del mundo pero cuando el país se abrió al comercio internacional en el siglo XIX, Yokohama se convirtió en uno de los primeros puertos donde se establecieron comerciantes extranjeros. Por aquí entraron productos desconocidos, nuevas tecnologías y costumbres que poco a poco transformarían Japón. Todavía hoy se nota esa herencia. Yokohama tiene algo ligeramente cosmopolita que resulta difícil de explicar con palabras. Es una ciudad japonesa pero con espacios más amplios, paseos marítimos donde se puede caminar sin prisas y barrios donde la influencia extranjera sigue aún presente más de un siglo después.
Yokohama merece al menos una jornada completa. Es un destino perfecto para caminar tranquilamente mezclando arquitectura futurista con barrios históricos, museos curiosos con parques junto al mar y zonas comerciales con templos escondidos. Además, Yokohama permite ver una cara diferente de Japón. Aquí el país parece un poco más relajado, menos intenso y más accesible. Después de varios días en Tokio, la sensación de espacio y tranquilidad resulta casi sorprendente.

Cómo llegar a Yokohama desde Tokio
Una de las grandes ventajas de Yokohama es lo fácil que resulta visitarla desde Tokio. El trayecto en tren dura entre 25 y 40 minutos dependiendo de la línea utilizada, lo que convierte la ciudad en una excursión perfecta incluso para quienes tienen pocos días en Japón.
Las líneas JR conectan varias estaciones importantes de Tokio con Yokohama de forma frecuente durante todo el día. Desde estaciones como Shinjuku, Shibuya o Tokyo Station salen trenes cada pocos minutos, por lo que no hace falta planificar demasiado el viaje. Si se dispone del Japan Rail Pass o de cualquier pase regional, el trayecto suele estar incluido, lo que hace que la excursión resulte todavía más cómoda y económica.
El viaje en sí ya ofrece una pequeña transición interesante. Poco a poco los barrios densos de Tokio van dando paso a zonas más abiertas hasta que finalmente aparece el puerto de Yokohama. La ciudad transmite desde el primer momento una sensación distinta, menos apretada y algo más luminosa. La estación de Yokohama es enorme y muy animada pero basta avanzar unos minutos en metro o tren urbano para llegar a la zona del puerto, que es donde se concentran la mayoría de los lugares interesantes.
Minato Mirai: el Yokohama del futuro junto al mar
Si hay un lugar que define el Yokohama moderno, ese es Minato Mirai, un distrito futurista levantado literalmente sobre terrenos ganados al mar. Su nombre significa Puerto del Futuro y, cuando uno pasea por aquí al caer la tarde, entiende perfectamente por qué. Rascacielos brillando sobre la bahía, paseos marítimos impecables, parques urbanos y una noria gigantesca que parece sacada de una postal de ciencia ficción.
Pero lo más curioso es que todo esto es relativamente reciente. Hasta los años ochenta esta zona no tenía nada que ver con la imagen actual. Era un área industrial llena de astilleros, almacenes y muelles. Yokohama decidió reinventarse y creó uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de Japón: transformar el antiguo puerto en un barrio moderno donde convivieran oficinas, ocio, cultura y turismo.
El edificio más famoso del distrito es el Landmark Tower, que durante años fue el rascacielos más alto de Japón. Sus 296 metros dominan todo el skyline de la ciudad y se ven incluso desde muchos puntos de Tokio. Subir a su mirador es una de las experiencias más recomendables de Yokohama. El ascensor que te lleva arriba es uno de los más rápidos del país y en apenas unos segundos estás en lo alto contemplando la bahía. En días claros incluso se puede ver el monte Fuji en la distancia, algo que convierte la visita en un momento bastante especial. Dentro del complejo también hay centros comerciales, restaurantes y hoteles, por lo que siempre hay ambiente a cualquier hora del día.

Si hay una imagen icónica de Minato Mirai es la Cosmo Clock 21, una enorme noria situada en el parque de atracciones Cosmo World. De noche se ilumina con miles de luces LED que forman un reloj gigante, visible desde buena parte de la bahía. Durante años fue una de las norias más grandes del mundo, y aún hoy sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad. Subir a una de sus cabinas es una forma tranquila de contemplar el skyline. Desde arriba se ven los rascacielos de Minato Mirai, el puerto, los barcos que entran en la bahía y, en la distancia, la silueta de Tokio.
Siguiendo el paseo junto al mar se llega también al parque costero de Yamashita, uno de los espacios verdes más agradables de Yokohama, con jardines, bancos frente a la bahía y un ambiente tranquilo que invita a sentarse un rato a contemplar el puerto. Muy cerca se encuentran además los embarcaderos desde los que salen pequeños cruceros por la bahía, una forma diferente de ver el skyline de Minato Mirai y la ciudad desde el agua.
Chinatown: el barrio chino más grande de Japón
Ya sabéis lo que me encantan los barrios chinos. He conocido y disfrutado muchos a lo largo y ancho del mundo pero pocos son tan de verdad como el de Yokohama. Basta cruzar una de sus monumentales puertas decoradas con dragones y farolillos rojos para sentir que, de repente, has entrado en otro mundo. Carteles en chino, aromas de dim sum recién hechos, templos escondidos entre restaurantes y calles siempre animadas.
Se trata del barrio chino más grande de Japón y uno de los más extensos del mundo. Su historia está directamente ligada al nacimiento de Yokohama como ciudad portuaria internacional. Cuando Japón abrió sus puertos al comercio exterior en el siglo XIX, muchos comerciantes chinos se instalaron aquí atraídos por las oportunidades económicas. Con el tiempo la comunidad fue creciendo hasta formar un barrio propio lleno de tiendas, templos y restaurantes. Hoy Chinatown es uno de los lugares más visitados de Yokohama, por no decir el que más. Caminar por sus calles es toda una experiencia para los sentidos.
A cada paso aparecen escaparates llenos de bollos al vapor, dumplings, patos laqueados colgando en vitrinas y dulces tradicionales chinos. Muchos restaurantes tienen mostradores en la calle donde se pueden comprar pequeñas especialidades para comer mientras se pasea. Fue la primera vez en mi vida que conseguí probar comida china no occidentalizada. Y aunque al principio costaba acostumbrarse a sabores y texturas (¿lenguas de pato?¿sopa de medusa?), después me pareció una experiencia increíble.

Además de la gastronomía, uno de los grandes atractivos del barrio son sus coloridas puertas ceremoniales. Chinatown tiene varias entradas monumentales, cada una orientada a un punto cardinal y decorada con figuras tradicionales de la cultura china. La más conocida es probablemente la puerta Zenrinmon, situada en la entrada principal del barrio y considerada la más espectacular.
Entre restaurantes y tiendas también aparece un pequeño lugar muy especial: el templo Kanteibyo, dedicado al general chino Guan Yu, una figura histórica que con el tiempo se convirtió en una deidad venerada por comerciantes y empresarios. El templo destaca por su intensa decoración roja y dorada, con dragones tallados, farolillos y un interior lleno de incienso.
Aunque Chinatown es animado durante todo el día, el barrio tiene un encanto particular al caer la noche. Los farolillos rojos se iluminan, los restaurantes se llenan de gente y el ambiente se vuelve todavía más vibrante. Más que un simple barrio turístico, Chinatown es un recordatorio de que Yokohama siempre ha sido una ciudad abierta al mundo.
El Museo del Ramen
El Museo del Ramen de Yokohama es uno de los lugares más curiosos que puedes visitar en Japón si te gusta la gastronomía o simplemente la cultura japonesa. No es un museo tradicional lleno de vitrinas y paneles aburridos. En realidad, es una mezcla muy peculiar de museo, parque temático y patio gastronómico, dedicado al plato más popular del país. Se encuentra en el barrio de Shin-Yokohama, dentro de la ciudad de Yokohama, a unos 30 minutos de Tokyo, y es uno de esos lugares que sorprenden incluso a quienes ya hemos viajado varias veces a Japón.
El ramen, aunque hoy es uno de los símbolos culinarios de Japón, en realidad tiene origen chino. Las primeras versiones llegaron al país a finales del siglo XIX pero fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando el plato se popularizó enormemente. Era barato, contundente y fácil de preparar, algo fundamental en una época de escasez. Rápidamente se popularizó y aparecieron nuevas variantes. El museo nació en 1994 precisamente para celebrar esa diversidad regional.

Lo más llamativo del museo es que, al bajar a la planta inferior, parece que entras en una máquina del tiempo. Todo el espacio está recreado como una calle japonesa de 1958, el año en que el ramen instantáneo fue inventado por Momofuku Ando, fundador de la empresa Nissin Foods. La iluminación simula un atardecer permanente, hay farolas antiguas, carteles publicitarios de época y pequeños callejones que recuerdan al Japón de la posguerra. El efecto es tan inmersivo que por momentos olvidas que estás dentro de un edificio moderno.
El museo reúne varios restaurantes famosos de ramen procedentes de distintas regiones del país. Los visitantes podemos ir probando distintos tipos de ramen en pequeñas raciones, lo que permite comparar sabores sin tener que comer un bol enorme en cada sitio. Cada uno representa un estilo diferente, así que puedes probar en un mismo lugar recetas que normalmente obligarían a viajar cientos de kilómetros. El ambiente resulta curioso porque mezcla turistas extranjeros con japoneses que vienen simplemente a comer. A pesar de ser un museo, funciona también como un pequeño centro gastronómico. Es probablemente una de las visitas más originales que se pueden hacer en Yokohama.
Templo Sojiji
El templo Sōjiji es uno de los lugares más interesantes que ver en Yokohama si te interesa el Japón tradicional y el budismo zen. Situado en el barrio de Tsurumi, a unos minutos en tren del centro, este gran complejo religioso sorprende porque parece completamente apartado de la ciudad moderna que lo rodea. Basta cruzar sus puertas para entrar en un espacio silencioso, lleno de árboles, edificios de madera y caminos tranquilos que transmiten una sensación inmediata de calma.
Sōjiji es uno de los dos templos principales de la escuela zen Sōtō, una de las ramas más importantes del budismo japonés. El templo original fue fundado en el siglo XIV en la península de Noto pero tras un incendio devastador a finales del siglo XIX, la comunidad decidió trasladarlo a Yokohama. El complejo actual se inauguró oficialmente en 1911 y desde entonces funciona como centro espiritual y lugar de formación para monjes zen.
A diferencia de muchos templos japoneses que se visitan rápidamente, Sōjiji es enorme. En realidad se trata de una pequeña ciudad religiosa formada por numerosos edificios conectados por senderos y patios. Caminar por el recinto permite descubrir salas de meditación, pabellones ceremoniales, jardines tranquilos y espacios donde los monjes siguen su vida cotidiana.

Uno de los elementos más llamativos es la gran puerta de entrada, conocida como Sanmon, una estructura de madera de dos pisos con un tejado curvado de color verde que marca el paso simbólico entre el mundo exterior y el espacio espiritual del templo. Es una de las zonas más fotogénicas del complejo y suele impresionar por su tamaño y su elegancia. El edificio principal es el Butsuden, o sala de Buda, donde se realizan ceremonias religiosas. El interior es solemne y sencillo, siguiendo la estética del budismo zen, donde la decoración es mínima y el ambiente invita a la concentración y al silencio. Cerca de allí se encuentra el Hatto, o sala de conferencias, donde tradicionalmente los maestros zen enseñan a los monjes.
El templo también es conocido por su atmósfera especialmente tranquila, incluso comparado con otros templos japoneses. Al no ser un lugar tan famoso entre los turistas internacionales, muchas veces se puede pasear por el recinto sin apenas encontrar visitantes. Otro aspecto interesante de Sōjiji es que sigue siendo un centro activo de práctica zen. No es un museo ni un templo puramente histórico, sino un lugar donde viven y se forman monjes. En algunos momentos del día pueden verse grupos de aprendices desplazándose en silencio o participando en ceremonias.
Alrededor de los edificios principales hay varios cementerios y monumentos conmemorativos, que reflejan la relación tradicional entre los templos budistas y la memoria familiar en Japón. Muchas familias mantienen vínculos con el templo desde hace generaciones. En determinadas épocas del año, especialmente en primavera y otoño, el recinto adquiere un atractivo adicional. Los cerezos en flor aportan un toque delicado al paisaje primaveral, mientras que los colores rojizos y dorados del otoño transforman los senderos en escenarios especialmente fotogénicos.
Sankeien Garden
El Sankei-en Garden es uno de los lugares más tranquilos y elegantes que ver en Yokohama, un gran jardín tradicional japonés donde la naturaleza y la arquitectura histórica se combinan de una forma muy armoniosa. Situado en la zona sur de la ciudad, lejos de los rascacielos de Minato Mirai y del ambiente urbano del puerto, este parque ofrece una experiencia completamente distinta, más cercana al Japón clásico que a la imagen moderna que suele asociarse con Yokohama.
El jardín fue creado a comienzos del siglo XX por Tomitaro Hara, un rico comerciante de seda que utilizó parte de su fortuna para diseñar un espacio donde preservar edificios históricos y crear un paisaje inspirado en la estética tradicional japonesa. Hara no solo concibió el jardín como un lugar privado de descanso, sino también como un espacio cultural abierto a visitantes, algo poco habitual en su época. Tras su muerte, el terreno pasó a ser gestionado por una fundación y hoy está abierto al público como uno de los parques más interesantes de la región de Tokio.
Sankei-en es un jardín bastante grande, con amplias zonas verdes, estanques y colinas suaves que permiten pasear durante horas sin repetir el mismo camino. El recorrido no está diseñado como una visita rápida, sino como una experiencia pausada donde cada rincón invita a detenerse. Los senderos de grava, los puentes de madera y los miradores crean un paisaje cuidadosamente planificado que cambia ligeramente a cada paso.

Uno de los elementos más llamativos del jardín es la presencia de edificios históricos trasladados desde distintas partes de Japón. En total hay más de una decena de construcciones tradicionales, algunas de varios siglos de antigüedad. Entre ellas se encuentran antiguas casas de comerciantes, salones ceremoniales y pequeños templos que han sido restaurados con gran cuidado. La construcción más visible es la pagoda de tres pisos, situada sobre una colina que domina el paisaje. Procede originalmente de Kioto y data del siglo XV. Desde distintos puntos del jardín se puede ver su silueta sobresaliendo entre los árboles.
El gran estanque central es otro de los elementos que definen Sankei-en. En sus aguas se reflejan los edificios y la vegetación, creando escenas muy fotogénicas en cualquier época del año. Alrededor del estanque hay caminos que permiten recorrer el jardín lentamente mientras se observan los detalles del paisaje. El jardín también cuenta con una pequeña casa de té tradicional, donde se puede tomar té japonés acompañado de dulces mientras se contempla el paisaje.
Red Brick Warehouse: el pasado industrial de Yokohama
Uno de los rincones más agradables de Yokohama para pasear es el complejo conocido como Red Brick Warehouse, un conjunto de antiguos almacenes portuarios construidos a principios del siglo XX cuando la ciudad era uno de los principales centros comerciales de Japón. Los edificios, de ladrillo rojo oscuro, tienen un aspecto sólido y ligeramente europeo que recuerda el pasado internacional de Yokohama. Durante décadas funcionaron como almacenes donde se guardaban mercancías procedentes de todo el mundo pero hoy han sido transformados en espacios comerciales y culturales.
En el interior hay tiendas, cafeterías y pequeños restaurantes pero el interés del lugar no está tanto en lo que hay dentro como en el ambiente general de la zona. Los espacios abiertos frente al mar son amplios y tranquilos, algo poco habitual en Japón, y resultan perfectos para sentarse un rato a descansar.

Pasear junto al puerto
Si hay algo que define Yokohama más que ningún monumento concreto es su relación con el mar. A diferencia de muchas ciudades japonesas donde el espacio es escaso, aquí existen largos paseos marítimos donde se puede caminar sin prisas durante horas.
El parque Yamashita es uno de los mejores lugares para hacerlo. Se extiende junto al puerto y ofrece vistas abiertas al agua y a los barcos que entran y salen lentamente. Es un lugar sencillo, sin grandes atracciones, pero muy agradable para descansar después de recorrer la ciudad. Es habitual ver pescadores sentados en silencio o personas mayores observando el mar desde los bancos. El ambiente tiene algo casi mediterráneo que resulta inesperado en Japón.
Desde el parque se puede ver el Hikawa Maru, un antiguo transatlántico convertido en museo que recuerda la época en que Yokohama era una de las principales puertas de entrada al país.

Curiosidades de Yokohama
Yokohama fue la puerta de entrada de Japón al mundo moderno. Durante más de dos siglos, el país vivió prácticamente aislado del exterior bajo el sistema del sakoku, una política que restringía severamente el comercio y la entrada de extranjeros. Sin embargo, cuando Japón se vio obligado a abrir sus puertos al comercio internacional en 1859, Yokohama fue uno de los lugares elegidos. Lo curioso es que en aquel momento no era una gran ciudad, sino apenas un pequeño pueblo de pescadores. En pocos años se transformó en uno de los puertos más cosmopolitas de Asia.
En 1923 la ciudad quedó prácticamente destruida por el Gran terremoto de Kantō, uno de los desastres naturales más devastadores de la historia de Japón. El puerto, los barrios comerciales y buena parte de las viviendas quedaron arrasados. Y cuando la ciudad todavía se estaba recuperando, volvió a sufrir enormes daños durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. El skyline moderno que vemos hoy es en gran parte el resultado de la reconstrucción posterior.
Aquí se elaboró por primera vez cerveza al estilo occidental en Japón y también fue uno de los primeros lugares donde se popularizaron alimentos extranjeros como el pan o el helado.
Si hoy Yokohama parece una ciudad ultramoderna, gran parte de esa imagen se debe a Minato Mirai, un ambicioso proyecto urbano que comenzó en los años ochenta. Antes de convertirse en la zona futurista de rascacielos, centros comerciales y hoteles que vemos ahora, el área estaba ocupada por antiguos muelles y zonas industriales. La transformación fue tan radical que muchos visitantes no imaginan que ese paisaje brillante junto al mar nació de la reconversión de viejos terrenos portuarios.
El béisbol profesional japonés tiene una de sus aficiones más apasionadas aquí. El equipo local, los Yokohama DeNA BayStars, juega en el estadio Yokohama Stadium, y los partidos suelen tener un ambiente festivo que mezcla música, comida callejera y una energía muy distinta a la que uno imaginaría en un estadio europeo.
Una curiosidad poco conocida es que Yokohama fue el lugar donde nació la prensa moderna japonesa. En el siglo XIX, cuando el puerto se abrió al comercio internacional, comenzaron a instalarse numerosos extranjeros en la ciudad. Entre ellos había periodistas, comerciantes y diplomáticos que querían información sobre lo que ocurría en Japón. Así apareció en 1861 el Japan Herald, considerado uno de los primeros periódicos modernos publicados en el país.
Otra historia curiosa tiene que ver con el origen del helado en Japón. Aunque hoy es un postre muy popular, durante siglos no formó parte de la gastronomía japonesa. El primer helado al estilo occidental se vendió en Yokohama en 1869, en una pequeña tienda llamada Fujiya. Aquella novedad exótica se convirtió rápidamente en un símbolo de modernidad y de influencia extranjera.
Yokohama también fue pionera en algo que hoy nos parece completamente normal: la introducción del pan en la dieta japonesa moderna. Durante el periodo Edo el pan apenas se consumía pero cuando los extranjeros empezaron a instalarse en el puerto surgieron las primeras panaderías occidentales. Con el tiempo, Japón adaptó el pan a su propio gusto y hoy existen variedades muy curiosas como el famoso anpan, relleno de pasta de judía roja dulce.
Y por último, otra de las curiosidades más llamativas de la ciudad es que, al igual que Kobe, Yokohama tuvo durante décadas un barrio entero reservado para extranjeros. Cuando Japón abrió sus puertos al comercio internacional, el gobierno decidió concentrar a los comerciantes occidentales en una zona específica para controlar mejor las relaciones con ellos. Ese barrio estaba separado de la ciudad japonesa y tenía sus propias casas, iglesias, consulados y comercios.
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