Chiang Mai: guía de la ciudad más bonita de Tailandia

En mi primer via­je a Tai­lan­dia, hace ya once años, dejamos un ter­cio del via­je, una sem­ana más conc­re­ta­mente, para el norte del país. No volví a ir en mis otros dos via­jes pos­te­ri­ores y era algo que tenía muy en mente hac­er aho­ra que plan­i­fi­ca­ba este cuar­to via­je tai­landés. Con difer­en­cia, el norte era lo que más me había gus­ta­do del país y tenía muchas ganas de volver a dis­fru­tar­lo.  Además, esto me per­mi­tiría incluir en el itin­er­ario la zona de Chi­ang Rai y el Trián­gu­lo de Oro, que me había queda­do pen­di­ente en ante­ri­ores vis­i­tas. En cuan­to a Chi­ang Mai, me dejó tan enam­ora­da la primera vez que estuve que no veía la hora de regre­sar.

Veníamos de Cam­boya con Air Asia, pre­via escala en Bangkok. Si vue­las des­de la cap­i­tal, comen­tarte que cogién­do­lo con tiem­po, puedes encon­trar bil­letes por unos 70 euros ida y vuelta y te ahor­ras el pal­izón de un mon­tón de horas de auto­bús. En mi primer via­je yo no tomé ese vue­lo direc­to ya que fui en tren has­ta Ayut­thaya, donde estu­vi­mos vis­i­tan­do las antiguas ruinas y dormi­mos allí, luego fui en auto­bús a Sukhothai y des­de allí cogi­mos un vue­lo con Bangkok Air­ways. Pero si tu inten­ción es ir des­de Bangkok a Chi­ang Mai, como te digo la mejor opción es con Air Asia (y además la más económi­ca): en poco más de una hora estás allí.

Chiang Mai

En esta ocasión el hotel que habíamos reser­va­do nos incluía la recogi­da gra­tui­ta en el aerop­uer­to, por lo que cuan­do lleg­amos, ya nos esta­ban esperan­do con la fur­gone­ta. Buenísi­ma elec­ción  el Opi­um Hotel : 38 euros la habitación doble con desayuno buf­fet inclu­i­do. Habitación grandísi­ma, pisci­na, aire acondi­ciona­do y per­son­al muy amable. Aunque está algo reti­ra­do del cen­tro, para mover­nos por Chi­ang Mai uti­lizábamos los songth­aews rojos, unas fur­gone­tas con las que apal­abras donde quieres que te lleven. El pre­cio ofi­cial por trayec­to son 30 baths: no pagues ni uno más. Lo comen­to porque  a nosotros, al ver que éramos extran­jeros, siem­pre pre­tendían cobrarnos el triple. La solu­ción es tan sen­cil­la como que digas que has­ta luego, que te bus­cas otra: al min­u­to te dicen que subas y que pagues los mis­mos 30 baths que pagan los tai­lan­deses.

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Chi­ang Mai es una ciu­dad bas­tante pequeña (nada que ver con Bankok pese a que sea la segun­da ciu­dad más impor­tante de Tai­lan­dia) pero que esto no te engañe a la hora de plan­i­ficar tus vis­i­tas ya que cuen­ta con más de 300 tem­p­los. La Ciu­dad Vie­ja, total­mente amu­rul­la­da y rodea­da por un foso, es la que acoge la may­or parte de los edi­fi­cios históri­cos. Tam­poco te con­fíes con lo de que Chi­ang Mai esté al norte respec­to a lo que cli­ma se refiere: en pleno Diciem­bre hacía un calor que sobrepasa­ba los 35 gra­dos. Pese a ello, acon­se­jo cono­cer la ciu­dad cam­i­nan­do y cuan­do veas que no puedes más y nece­si­tas una para­da, te sien­tas a tomarte un refres­cante bati­do de fru­tas, que son baratísi­mos (20 baths) y están de fábu­la.

Antes de entrar en el cas­co históri­co, déjate lle­var por las oril­las del río: estás a sólo diez min­u­tos del cen­tro y es una deli­cia pasear por la rib­era al atarde­cer. Son muchos los restau­rantes que preparan las ter­razas para poder cenar al aire libre y no pocos los bar­cos que ofre­cen cenas mien­tras nave­gas tran­quil­a­mente. Antes de ello puedes darte una vuelta por el mer­ca­do de Waro­rot (o como lo cono­cen los locales, Kad Luang) y donde prin­ci­pal­mente venden pro­duc­tos fres­cos.

Mer­cadil­los de Chi­ang Mai: toda una expe­ri­en­cia

Chiang Mai

La mejor for­ma de acced­er a la Old City es por el este, a través de la Tha Pae Gate, la puer­ta prin­ci­pal de la mural­la que aún pro­tege al cas­co antiguo y que en el pasa­do sirvió para repel­er los ataques del impe­rio mogol. Este es el rincón con más vida de Chi­ang Mai, ya que no sólo se con­cen­tran en sus alrede­dores la may­or parte de los hote­les y guest­hous­es, por lo que es un trasiego con­tin­uo de tur­is­tas, sino que si vienes un sába­do por la tarde, verás que siem­pre hay un grupo tocan­do en direc­to. La zona se llena de puestos de comi­da impro­visa­dos y puedes traer tus bebidas des­de los bares cer­canos: la mejor for­ma de gas­tar aquí el fin de sem­ana.

Escoger un puña­do de tem­p­los entre todos los que visi­ta­mos es tarea ard­ua. Podemos comen­zar nues­tra visi­ta por el tem­p­lo Wat Che­di Luang, que a mí par­tic­u­lar­mente es uno de los que más me gus­ta. Con­stru­i­do a finales del siglo XIV durante el reina­do de Saen Muang Ma, fue en su momen­to el hog­ar del Buda Esmer­al­da que hoy se exhibe en el Wat Phra Kaew de Bangkok, con­sid­er­a­do el más sagra­do del país: aho­ra lo que aquí se expone es una répli­ca de jade, jus­ta­mente para con­mem­o­rar los 600 años que ha cumpli­do el tem­p­lo.

Wat Chedi Luang

En la antigüedad segu­ra­mente fue la may­or con­struc­ción reli­giosa de Chi­ang Mai y tenía una altura que sobrepasa­ba los 80 met­ros. Seri­amente daña­do por un ter­re­mo­to en 1545, fue restau­ra­do gra­cias a la finan­ciación de la UNESCO y el gob­ier­no de Japón. Su ubi­cación cor­re­spondía a lo que en el pasa­do se entendía como el cen­tro del uni­ver­so (es decir, del impe­rio dom­i­nante entonces, el Lan­na). La leyen­da cuen­ta que si algu­na vez se der­rum­ba el árbol que pro­tege el edi­fi­cio prin­ci­pal, esto con­ll­e­vará mul­ti­tud de catástro­fes para la ciu­dad.

Wat Chedi Luang

Wat Phabong

Wat Phabong

Wat Phabong

Wat Phra Singh, del siglo XIV, es con difer­en­cia el tem­p­lo más vis­i­ta­do de todo Chi­ang Mai. Cono­ci­do tam­bién como el Tem­p­lo del Buda León, tiene una activi­dad con­stante, no sólo por la aflu­en­cia de tur­is­tas y creyentes sino tam­bién porque son cien­tos los mon­jes y novi­cios que viv­en aquí. Fue uno de los tem­p­los más impor­tantes en la época en que Chi­ang Mai era cap­i­tal del impe­rio Lan­na y esta rel­e­van­cia se ha man­tenido has­ta nue­stros días.

Wat Phra SinghEl ele­men­to más antiguo del com­ple­jo data de 1345 y es el che­di donde el rey Pha Yu guardó las cenizas de su padre. Los chedis, tam­bién lla­ma­dos estu­pas, son estruc­turas donde antigua­mente se con­serv­a­ban reliquias de Buda y pos­te­ri­or­mente los restos de monar­cas o mon­jes impor­tantes: la estu­pa más grande del mun­do, la de Phra Path­om , con 127 met­ros de altura, se encuen­tra pre­cisa­mente en Tai­lan­dia, en la provin­cia de Nath­om Path­om.

Otra de las piezas impre­scindibles en los com­ple­jos reli­giosos tai­lan­deses es el viharn: puede haber más de uno en un mis­mo recin­to y durante los primeros tiem­pos del bud­is­mo nacieron para dar cobi­jo a los mon­jes que esta­ban de via­je. Aho­ra son usa­dos para cel­e­brar cer­e­mo­nias reli­giosas y que los fieles se acerquen a orar. Gen­eral­mente están rodea­d­os por una galería con varias imá­genes de Buda. Uno de los viharn del Wat Phra Singh es el Lai Kham y se cree que el Buda que se hal­la en su inte­ri­or fue traí­do de Sri Lan­ka. En el mes de Abril, durante el fes­ti­val de Songkran (cono­ci­do mundial­mente porque los ciu­dadanos de Chi­ang Mai se lan­zan cubos de agua), la ima­gen es saca­da en pro­ce­sión por las calles de la ciu­dad. Pero el viharn más impor­tante es el de Luang (que fue recon­stru­i­do a prin­ci­p­ios del siglo XX) y que acoge un gigan­tesco Buda de oro.

Wat Phra Singh

El Wat Pan Waen es uno de los tem­p­los escon­di­dos donde ape­nas encon­trarás tur­is­tas y donde se dan algunos de los mejores masajes del norte del país

Wat Pan Waen

Wat Chi­ang Man es el tem­p­lo más antiguo de Chi­ang Mai (1296): el rey Men­grai lo uti­lizó para super­vis­ar la con­struc­ción de la nue­va ciu­dad. El Chang Lom Che­di es sus­ten­ta­do por 15 ele­fantes de piedra. El Wat Prasat tiene la par­tic­u­lar­i­dad de con­tar con un pequeño túnel que conec­ta el viharn con el che­di mien­tras que el Wat Suan Dok (el Tem­p­lo del Jardín de Flo­res) no sólo fue en el pasa­do el jardín de los monar­cas sino tam­bién uno de los tem­p­los con un may­or número de chedis: a prin­ci­p­ios del siglo XX, a peti­ción de la prince­sa Dara Ras­mi, fueron aquí trasladadas las cenizas de var­ios miem­bros de la famil­ia real.

Wat Fon Soi

Wat Fon Soi

Wat Jet Yod, con sus siete chedis en la cima, recuer­da vaga­mente a los tem­p­los hin­duis­tas: se cree que se inspiró en el tem­p­lo Maha­bod­hi de Bodh Gaya (India). El Wat Inthakin luce mucho más boni­to de noche que de día, el Wat Phuak Huong tiene una curiosa estu­pa cir­cu­lar y el Wat Lok Molee ha sabido con­ser­var esa paz en su inte­ri­or que le aís­la del trá­fi­co cer­cano. Y estos son sólo una breve mues­tra de los tem­p­los que visi­ta­mos: como os comen­to, el pat­ri­mo­nio artís­ti­co y reli­gioso de Chi­ang Mai en lo que a tem­p­los se refiere parece no acabarse nun­ca.

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Una de las vis­i­tas impre­scindibles en Chi­ang Mai, en real­i­dad la más impor­tante de todas, es la del Doi Suthep, que se encuen­tra a las afueras de la ciu­dad. Ni se os ocur­ra coger una excur­sión orga­ni­za­da, podéis hac­er­la per­fec­ta­mente por vues­tra cuen­ta. Hablam­os con uno de los con­duc­tores de las fur­gone­tas rojas para cer­rar un pre­cio pero como nos falta­ban pasajeros y escuchamos a unos chicos hablar en español, les pre­gun­ta­mos si se venían con nosotros. Eran dos pare­jas de Mála­ga, sim­pa­tiquísi­mos, y como era su primera vez en Tai­lan­dia, les estu­vi­mos dan­do un mon­tón de con­se­jos. Al final regateamos con el con­duc­tor y nos dejó el acer­carnos en coche a unos 200 baths por cabeza. Tenien­do en cuen­ta que aunque se encuen­tra a sólo 15 kilómet­ros de Chi­ang Mai, la subi­da a la mon­taña se hace inter­minable y que entre unas cosas y otras gas­tas unas cua­tro horas, habíamos queda­do más que sat­is­fe­chos con el tra­to.

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Ya que íbamos a ver el Doi Suthep, aprovechamos antes para entrar en el Bub­hing Palace, el pala­cio donde la famil­ia real se escapa en el ver­a­no huyen­do de los calores abrasadores de Bangkok y donde se alo­ja a las per­son­al­i­dades extran­jeras que vis­i­tan el norte del país. Recuer­da que has de vestir apropi­ada­mente para que te dejen entrar, es decir, nada de hom­bros des­cu­bier­tos ni pier­nas al aire.

PC101268_Easy-Resize.comDen­tro del recin­to, que es grandísi­mo y está escon­di­do entre la fron­dosa veg­etación  de las mon­tañas, podremos encon­trar difer­entes edi­fi­cios como el Ruen Peek Mai, donde se alo­ja la prince­sa Chu­la­b­horn, el Ruen Rab Rong, des­ti­na­do a los man­datar­ios de otros país­es y donde se cel­e­bran las cenas de gala, , el pro­pio Bub­hing Palace (que se con­struyó en sólo cin­co meses y cuyos primeros hués­pedes fueron los reyes de Dina­mar­ca), el Pha Mon Pavil­ion, tan sim­i­lar a las cabañas de madera de teca de las aldeas cer­canas, la man­sión Ohrues­ka Wisuthikhun y el Suan Suwa­ree, un bel­lísi­mo jardín de rosas. Los monar­cas tam­bién cuen­tan con un tem­p­lo de uso par­tic­u­lar, el Hor Phra.

PC101258_Easy-Resize.comTodo el entorno que rodea al tem­p­lo Doi Suthep es tan boni­to que des­de el año 1981 está con­sid­er­a­do Par­que Nacional. Son casi 300 kilómet­ros cuadra­dos de nat­u­raleza en esta­do puro a los que no logra restar ni un gramo de encan­to la can­ti­dad de tur­is­tas que aquí se con­gre­gan. El bosque, coro­n­a­do por el monte Doi Pui y pla­ga­do de bel­las cas­cadas como las Mae Sa o las Mon­thathan, alber­ga en su inte­ri­or uno de los tem­p­los más vis­i­ta­dos de Tai­lan­dia: el Doi Suthep. Y no sólo por los tur­is­tas, tam­bién por miles de pere­gri­nos que lle­gan aquí des­de todas las partes del país, espe­cial­mente durante las fes­tivi­dades de Makha Bucha en Febrero.

Doi SuthepPre­si­di­do por una gigan­tesca estu­pa dora­da de 24 met­ros de altur, el tem­p­lo bril­la en lo alto de la mon­taña como si fuera un dia­mante. Quizás su ais­lamien­to ha aumen­ta­do la sen­sación de mis­te­rio que uno exper­i­men­ta cuan­do sube esas emp­inadas escaleras de más de 300 pel­daños y se ve rodea­do de gru­pos de fieles que se descalzan para ofre­cer sus ple­garias. Con­sid­er­a­do uno de los lugares más sagra­dos del bud­is­mo, su ori­gen se expli­ca en una reliquia, un hue­so que según cuen­ta la leyen­da pertenecía a un hom­bro de Buda. El hue­so se con­vir­tió en dos cuan­do se tra­jo a esta zona y un ele­fante blan­co eligió el lugar donde debería con­stru­irse el Doi Suthep. En hom­e­na­je a dicho ele­fante hay una estat­ua que ven­er­an miles de bud­is­tas.

Doi Suthep

La parte supe­ri­or del tem­p­lo, la ter­raza des­de donde se obtienen las mejores vis­tas de Chi­ang Mai y el valle de Ping, está cubier­ta de árboles que incre­men­tan la sen­sación de fres­cor (¡y cómo se agradece!). Es cos­tum­bre que los niños pre­sen­ten sus respetos al dragón-guardián al que se conoce como “mamá”. Ya en lo alto, las som­bril­las de oro sim­bolizan la inde­pen­den­cia del reino Thai y su desligamien­to de Bir­ma­nia.

El com­ple­jo está lleno de pago­das, pabel­lones y estat­uas. El edi­fi­cio más impor­tante es el Phra Ubosot, donde se orde­na a los mon­jes y donde una serie de pequeñas camas inten­tan atraer a la bue­na suerte. En los murales podremos ir vien­do, como si de un cuen­to se tratara, el rela­to de la vida de Buda antes de con­ver­tirse en un dios y en un pequeño museo se expo­nen reliquias, fotografías y se repasa la his­to­ria de estos casi 700 años de vida del Doi Suthep. Tam­bién hay un pequeño pabel­lón ded­i­ca­do para la med­itación y que pueden usar tan­to tai­lan­deses como extran­jeros.

Doi Suthep

Si hay un lugar en Tai­lan­dia donde merece la pena dejarse el dinero en com­pras, no sólo por la var­iedad de los pro­duc­tos sino por lo bajos que están los pre­cios, este es Chi­ang Mai. Sus mer­ca­dos son con difer­en­cia los mejores del país, tenien­do en cuen­ta que además vienen muchos vende­dores de las tribus de las mon­tañas a expon­er sus pro­duc­tos arte­sanales. El más impor­tante de estos mer­cadil­los es en Night Bazaar, el Mer­ca­do Noc­turno, que se cel­e­bra a diario en la interesec­ción de Chang Khlan y Loi Khro a par­tir de las seis de la tarde (los vende­dores sue­len aguan­tar has­ta las doce de la noche). Ropa, jabones, bisutería, seda tai­lan­desa, sou­venirs de todo tipo, cuadros, male­tas… cualquier cosa que busques, la vas a encon­trar aquí. El rega­teo se hace impre­scindible: no com­pres nada has­ta que hayas dado unas cuan­tas vueltas y hayas com­para­do pre­cios entre unos puestos y otros (ya te dimos unas cuan­tas recomen­da­ciones para las com­pras en Asia en el artícu­lo Cómo dis­fru­tar los mer­ca­dos asiáti­cos como si fueras un local).

En la vida he vis­to unas chan­clas más hor­ri­bles que las que veis aquí aba­jo: las nove­dosas san­dalias-pesca­do. Sin pal­abras.

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Si puedes da un paseo por Kalare Night Bazaar, una pequeña calle cubier­ta al final del mer­ca­do donde artis­tas locales exhiben su obra. Al lado está Hilal Town, la esquina donde se agru­pan los puestos musul­manes (tam­bién hay una mezqui­ta, la Masjid Hiday­at­ul) y donde se espe­cial­izan en coci­na árabe. En el cen­tro com­er­cial Pan­tip Plaza están espe­cial­iza­dos en elec­tróni­ca si quieres echar un ojo. Tam­bién hay mucha gente que se acer­ca a los cabarets cer­canos para ver los espec­tácu­los de tran­sex­u­ales, muy pop­u­lares en esta zona (¡ojo! son tran­sex­u­ales, no pros­ti­tu­tas, que todavía hay mucho tur­ista gañán que les fal­ta el respeto).

Ya que estás en el Night Bazaar, te acon­se­jo que aprovech­es para cenar aquí. Puedes tirar de los puestos calle­jeros pero es mejor ir al Anusarn Mar­ket, donde cada noche dece­nas de ten­deretes de comi­da de todo el mun­do (halal, chi­na, japone­sa, tur­ca… ¡todo lo que imag­ines!) ofre­cen sus menús por pre­cios bajísi­mos. Nosotros aprovechamos para com­er­nos unas bro­chetas de carne de coco­dri­lo sabrosísi­mas. Además, hay mesas para que te sientes y cenes tran­quil­a­mente.

Pero este no es el úni­co mer­ca­do calle­jero que podrás dis­fru­tar en Chi­ang Mai. Es más, te ani­mo a que des­cubras otros mucho menos turís­ti­cos, como el que cada sába­do se orga­ni­za en la calle Walai, cuan­do esta se con­vierte en zona peaton­al: suele comen­zar sobre las cin­co y cer­rar a las once de la noche. Hay mucho local y poco tur­ista: aquí ape­nas encon­trarás stands con camise­tas con el logo “I love Thai­land” y sí mucho pro­duc­to arte­sanal, por eso insis­to en que este mer­cadil­lo es mucho más autén­ti­co. Hay tam­bién muchísi­mos puestos de comi­da espe­cial­iza­dos en coci­na del norte de Tai­lan­dia, por lo que tam­bién es bue­na idea quedarse a cenar. Bue­na ocasión para catar uno de los platos típi­cos de Chi­ang Mai: el khao soi.

En aña­didu­ra, aquí tienes el pre­cioso Wat Sri Suphan, el Tem­p­lo de Pla­ta, para mí uno de los más boni­tos de toda Tai­lan­dia

Wat Sri Suphan

Otra zona que a veces pare­cen olvi­dar los tur­is­tas (casi mejor para ti) es la de Nim­man Road, donde se encuen­tra el tem­p­lo Wat Suan Dok y donde se codean los cen­tros com­er­ciales más fash­ion como el Maya Mall con mer­cadil­los low-cost como el Kad Na Mor, el Mer­ca­do de los Estu­di­antes.

Como yo he esta­do más de diez años prac­ti­can­do artes mar­ciales, para mí lo del muay thai es un impre­scindible cada vez que ven­go a Tai­lan­dia. El mejor lugar para ver com­bat­es es Chi­ang Mai (más inclu­so que Bangkok), con mucha may­or tradi­ción y gim­na­sios por doquier: viene gente de todo el mun­do a prac­ticar (y pres­en­ciar) un deporte úni­co. En Chi­ang Mai hay com­bat­es en difer­entes partes de la ciu­dad todas las noches: nosotros escogi­mos el Chi­ang Mai Box­ing Sta­di­um. Reser­va­mos las entradas en el mis­mo hotel y además nos venían a recoger y luego nos traían de vuelta (pre­cio 600 baths por per­sona).

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Asi­s­tir a un com­bate de muay thai, el box­eo tai­landés, es toda una expe­ri­en­cia ya que para los thais no es sólo un deporte sino una for­ma de vida y el may­or orgul­lo nacional. Hablam­os de un deporte con más de 2.000 años de vida, que prac­ti­ca­ban los mon­jes en la antigüedad y que a día de hoy ha con­ver­tido en autén­ti­cos héroes a los box­eadores. Los niños tai­lan­deses no quieren ser como Mes­si, quieren emu­lar a esos campe­ones nacionales que ape­nas miden metro y medio. De hecho, la noche que fuimos al esta­dio los primeros com­bat­es eran pro­tag­on­i­za­dos por chavales de doce o trece años (luego ya iban lle­gan­do los de los adul­tos).

Habrá gente que diga “¡qué bar­bari­dad!”, prob­a­ble­mente los que no han prac­ti­ca­do un arte mar­cial en su vida. En una déca­da hacien­do artes mar­ciales (ya os he comen­ta­do algu­na vez que ten­go el cin­turón negro de karate shotokan), sólo tuve una lesión, cuan­do me rompí un dedo, y ni siquiera fue durante un com­bate. Los luchadores (y luchado­ras) de cualquier arte mar­cial siem­pre vamos muy pro­te­gi­dos, con rodilleras, pro­tec­tores bucales o en el caso de las chi­cas petos para el pecho. Son deportes de con­tac­to, no de agre­sión sin con­trol (que, de hecho, es penal­iza­da) y des­de fuera pare­cen mucho más vio­len­tos que lo que real­mente son. Al con­trario que en otros deportes, en las artes mar­ciales se da una impor­tan­cia extrema, más inclu­so que a la parte físi­ca, al lado espir­i­tu­al, anteponien­do ante todo el respeto al con­trin­cante y descar­tan­do el abu­so. Por ello, antes de criticar, mucha gente debería cono­cer la filosofía y éti­ca que hay detrás de las artes mar­ciales, un mun­do apa­sio­n­ante.

Hay que recono­cer, eso sí, que los com­bat­es de muay thai en Tai­lan­dia tienen un aire bas­tante sór­di­do, con mucha gente gri­tan­do mien­tras hacen sus apues­tas y agi­tan­do fajos de bil­letes a la vista de todo el mun­do. Pero creo que pre­cisa­mente ahí rad­i­ca parte del encan­to de este tipo de espec­tácu­los, por no hablar de los bailes cer­e­mo­ni­ales que hacen los luchadores cuan­do suben al ring. Lo más gra­cioso de todo es que antes del com­bate se les hace entre­ga de unos col­lares de flo­res y uno de los respon­s­ables del even­to, al ver que éramos extran­jeros, nos ofre­ció subir a la lona a entregárse­los nosotros. Menu­da esce­na más sur­re­al­ista, nosotros siem­pre nos volve­mos a casa con un mon­tón de anéc­do­tas de estas que dices “¿en serio?”. Pero si no nue­stros via­jes no serían así de espe­ciales… ¡y eso nos encan­ta!

 

 

 


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  1. Muy buen artícu­lo. Y oye, las chan­clas-pesca­do son super frikies, ¡no están tan mal!!
    Iré a Tai­lan­dia en 2019, tomo nota de todo.

  2. Estu­pen­do el artícu­lo, nos viene de per­las para nues­tra visi­ta de este ver­a­no (estare­mos dos días y medio). Y me encan­tan las chan­clas-pesca­do, creo que ya ten­go rega­lo para la famil­ia.…

  3. Silvia

    at

    Que mar­avil­la ! Me acabo de leer todas tus entradas de Thai­lan­dia y me encan­ta !! Otro via­je que me apun­to …

  4. Me ale­gro que te haya servi­do, tienes en el blog un mon­tón de artícu­los ded­i­ca­dos a Tai­lan­dia ¡fijo que te inspi­ran!

  5. Eran hor­ri­bles, nosotros no nos atre­vi­mos a com­prar­las jaja­ja­ja! Os va a gus­tar mucho el norte, para mí lo más boni­to del país.

  6. Qué bien Sil­via! Es un via­je que recomien­do hac­er algu­na vez en la vida ¡es un país úni­co!

  7. Hemos esta­do hace unos meses en Viet­nam y Tai­lan­dia caerá en otro momen­to, seguro. Tomamos nota. Gra­cias!!

  8. Ay con lo cerqui­ta que habéis esta­do! No lo dejéis… sobre todo el norte es una mar­avil­la!

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