Cómo preparar un viaje por libre a Uzbekistán

Acabamos de regre­sar de un mar­avil­loso via­je por Uzbek­istán en el que nos ha sor­pren­di­do mucho com­pro­bar cómo los via­jeros que vis­itábamos por libre éramos minoría. La may­oría de los extran­jeros con los que nos cruzábamos iban detrás de un guía, todos en grupo. Y hablam­os de un país donde los via­jes orga­ni­za­dos pueden ser cualquier cosa menos baratos. De hecho, al regre­so, en el aerop­uer­to de Samar­can­da, coin­cidi­mos con un grupo de valen­cianas (majísi­mas, por cier­to) que nos comen­taron que su via­je les había costa­do a cada una 3000 euros. Es decir, más del triple de lo que habíamos gas­ta­do nosotros hacién­do­lo por nues­tra cuen­ta.

Por dicho moti­vo, antes de comen­zar con los artícu­los ded­i­ca­dos al via­je en sí, he queri­do escribir uno bien amplio ded­i­ca­do a la plan­i­fi­cación del via­je. Porque es cier­to que Uzbek­istán puede ten­er cier­tas par­tic­u­lar­i­dades que quizás requier­an una may­or preparación pero no tan­ta como para dejar tu via­je soña­do en manos de otros. Sien­to decir­lo pero ten­go aler­gia a los via­jes orga­ni­za­dos; de hecho, ten­go pen­di­ente escribir otro artícu­lo reflex­io­nan­do acer­ca de por qué soy inca­paz de pagar porque nadie me lleve de la mano a ningún sitio, me impon­gan horar­ios, com­pañeros de via­je que yo no he elegi­do y mucho menos me digan lo que ten­go que vis­i­tar y durante cuan­to tiem­po. 

Así que sí, puedes via­jar a Uzbek­istán por libre sin prob­le­ma ninguno. Y por mucho menos dinero del que te crees.

Cuándo viajar

Si hay algo que puede mar­car com­ple­ta­mente tu expe­ri­en­cia en Uzbek­istán —para bien o para mal— no es tan­to la ruta que eli­jas ni los hote­les que reserves, sino el momen­to en el que deci­das ir. Este país, que sobre el mapa parece un des­ti­no exóti­co más, en la prác­ti­ca tiene un cli­ma bas­tante extremo y muy con­ti­nen­tal, de esos que no entien­den de medias tin­tas: o hace mucho calor o hace muchísi­mo frío. Y entre esos dos extremos están, pre­cisa­mente, los momen­tos en los que via­jar se con­vierte en una expe­ri­en­cia espec­tac­u­lar.

Uzbek­istán es seco, muy seco, con cie­los limpios, pocas llu­vias y una ampli­tud tér­mi­ca impor­tante. Eso, tra­duci­do a lengua­je via­jero, sig­nifi­ca días solea­d­os casi ase­gu­ra­dos pero tam­bién tem­per­at­uras que pueden jugarte una mala pasa­da si no eliges bien las fechas. Por eso, más que pre­gun­tarte “cuán­do puedo ir”, aquí la pre­gun­ta cor­rec­ta es “cuán­do quiero dis­fru­tar­lo de ver­dad”.

La pri­mav­era es, sin duda, uno de los momen­tos estrel­la para via­jar a Uzbek­istán. Nosotros via­jamos a prin­ci­p­ios del mes de Abril y nos hizo un tiem­po fan­tás­ti­co. Entre Mar­zo y Mayo, el país vive una especie de equi­lib­rio per­fec­to que parece hecho a medi­da del via­jero. Las tem­per­at­uras son suaves, los días son lar­gos y todo resul­ta mucho más agrad­able que en cualquier otra época del año. Es ese tipo de cli­ma en el que puedes cam­i­nar horas por Samar­can­da o Bukhara sin acabar der­reti­da ni con­ge­la­da, algo que, créeme, no ocurre siem­pre en este país. Además, los cam­pos —aunque no esperes paisajes verdes tipo Europa— tienen cier­to pun­to más vivo y hay una sen­sación gen­er­al de que todo está en su mejor momen­to.

Y luego está la luz. Las ciu­dades uzbekas, con sus cúpu­las azules, sus mosaicos y sus madrasas, ganan muchísi­mo con una luz más dora­da, más suave. Las fotos salen espec­tac­u­lares sin necesi­dad de fil­tros y pasear al atarde­cer por lugares como Khi­va se con­vierte en una expe­ri­en­cia casi hip­nóti­ca. Si eres de los que dis­fru­tan hacien­do fotos o sim­ple­mente te gus­ta recrearte en los detalles, esta época es una autén­ti­ca joya.

Aho­ra bien, la pri­mav­era tam­bién tiene su letra pequeña. Es tem­po­ra­da alta. Eso sig­nifi­ca que vas a com­par­tir los mon­u­men­tos con más via­jeros, que los pre­cios pueden subir un poco y, sobre todo, que los trenes —que son clave en cualquier ruta por Uzbek­istán— se llenan con bas­tante facil­i­dad. Si tienes pen­sa­do via­jar en Abril o Mayo, no es bue­na idea dejar la orga­ni­zación para el últi­mo momen­to. 

Muy cer­ca en el rank­ing, y para muchos inclu­so mejor que la pri­mav­era, está el otoño. Sep­tiem­bre, Octubre e inclu­so prin­ci­p­ios de Noviem­bre son meses mar­avil­losos para des­cubrir Uzbek­istán. El calor del ver­a­no ya ha desa­pare­ci­do, las tem­per­at­uras vuel­ven a ser suaves y el ambi­ente es mucho más tran­qui­lo que en pri­mav­era. Es ese momen­to en el que puedes dis­fru­tar de los lugares con más cal­ma, sin esa sen­sación de estar en ple­na tem­po­ra­da turís­ti­ca.

Luego está el ver­a­no, y aquí es donde hay que ser muy clara: Uzbek­istán en ver­a­no puede ser duro. Muy duro. Espe­cial­mente en ciu­dades como Bujará o Jiva, donde el calor no solo es inten­so, sino que además se acu­mu­la entre las pare­des de adobe y piedra, cre­an­do una sen­sación bas­tante ago­b­iante. Esta­mos hablan­do de tem­per­at­uras que pueden super­ar fácil­mente los 40 gra­dos, con un sol que cae sin piedad y muy poca som­bra donde refu­gia­rse.

¿Se puede via­jar en ver­a­no? Sí, claro. Hay gente que lo hace y dis­fru­ta del via­je. Pero hay que ir prepara­da men­tal­mente y adap­tar el rit­mo. Eso sig­nifi­ca madru­gar mucho, hac­er las vis­i­tas a primera hora, des­cansar al mediodía y volver a salir al atarde­cer.  Además, el calor puede afec­tar más de lo que crees: te cansas antes, pierdes ganas de explo­rar y acabas vien­do menos de lo que habías planea­do. Eso sí, el ver­a­no tam­bién tiene algu­na ven­ta­ja. Al ser tem­po­ra­da baja para cier­tos via­jeros, puedes encon­trar mejores pre­cios en alo­jamien­tos y menos gente en algunos lugares. Pero sin­ce­ra­mente, es uno de esos des­ti­nos en los que ahor­rar un poco no com­pen­sa si el cli­ma te impi­de dis­fru­tar.

Y luego está el invier­no, la gran incóg­ni­ta. Uzbek­istán en invier­no es un des­ti­no com­ple­ta­mente difer­ente. Las tem­per­at­uras bajan bas­tante, espe­cial­mente en enero y febrero, y aunque no es Siberia, sí que puedes encon­trarte con frío serio, inclu­so bajo cero en algu­nas zonas. La nieve no es con­stante pero puede apare­cer, y cuan­do lo hace, cam­bia com­ple­ta­mente el paisaje. Via­jar en invier­no tiene un encan­to espe­cial, sobre todo si bus­cas algo dis­tin­to. Las ciu­dades históri­c­as, casi vacías, tienen una atmós­fera muy difer­ente, más tran­quila, más autén­ti­ca. Hay menos tur­is­tas, los pre­cios bajan y puedes dis­fru­tar de los mon­u­men­tos con una cal­ma que en otras épocas es impens­able. Pero tam­bién hay incon­ve­nientes: días más cor­tos, menos ser­vi­cios turís­ti­cos activos y un cli­ma que puede hac­er que cier­tas vis­i­tas no sean tan agrad­ables.

Resum­ien­do: la mejor época para via­jar a Uzbek­istán es pri­mav­era y otoño. Si quieres apos­tar sobre seguro, apun­ta a abril, mayo, sep­tiem­bre u octubre. Son meses en los que el país está en su pun­to más equi­li­bra­do, donde puedes recor­rerlo sin sufrir el cli­ma y dis­fru­tar real­mente de todo lo que tiene que ofre­cer.

Visados y requisitos de entrada

Uno de los grandes aliv­ios cuan­do empiezas a orga­ni­zar un via­je a Uzbek­istán —y casi sor­prende, porque no es lo habit­u­al en des­ti­nos que sue­nan lejanos o poco turís­ti­cos— es que el tema del visa­do es, a día de hoy, increíble­mente sen­cil­lo. De hecho, para muchas per­sonas, entre ellas los españoles, direc­ta­mente no existe. Y esto, créeme, cam­bia mucho las cosas. Porque pasar de ten­er que pelearte con for­mu­la­rios, citas, pagos y tiem­pos de espera a sim­ple­mente coger un avión y entrar en el país con tu pas­aporte es una difer­en­cia enorme.

Si tienes pas­aporte español, puedes entrar en Uzbek­istán sin necesi­dad de visa­do para estancias turís­ti­cas de has­ta 30 días. Así de fácil. No nece­si­tas solic­i­tar nada antes del via­je, ni pagar tasas, ni rel­lenar doc­u­men­tos pre­vios online. Lle­gas, pasas el con­trol de inmi­gración y ya estás den­tro.  Aho­ra bien, que no haya visa­do no sig­nifi­ca que puedas ir sin ten­er en cuen­ta algunos req­ui­si­tos bási­cos. El primero, y más impor­tante, es el pas­aporte. Tiene que estar en vig­or durante toda tu estancia y, como nor­ma gen­er­al, se recomien­da que ten­ga una validez mín­i­ma de seis meses des­de la fecha de entra­da al país. Esto es bas­tante están­dar pero con­viene revis­ar­lo con tiem­po porque es el típi­co detalle que puede fas­tidiarte el via­je si lo dejas para últi­ma hora.

Otro pun­to impor­tante, aunque aquí ya entramos más en el ter­reno de lo recomend­able que de lo oblig­a­to­rio, es el seguro de via­je. Uzbek­istán no exige de for­ma estric­ta que lleves uno para entrar pero, sin­ce­ra­mente, via­jar sin seguro a un des­ti­no así no tiene ningún sen­ti­do. No porque sea peli­groso sino porque cualquier prob­le­ma médi­co, por pequeño que sea, puede com­pli­carse bas­tante más de lo que te imag­i­nas. Y además, es un país donde la infraestruc­tura san­i­taria no es com­pa­ra­ble a la de Europa. Ten­er un buen seguro no es un capri­cho, es una tran­quil­i­dad enorme.

Uno de los aspec­tos más curiosos —y que mucha gente desconoce has­ta que empieza a inves­ti­gar— es el sis­tema de reg­istro en el país. Uzbek­istán tiene una nor­ma­ti­va según la cual los via­jeros deben estar reg­istra­dos durante su estancia. Pero antes de que te asustes, te expli­co cómo fun­ciona en la prác­ti­ca: si te alo­jas en hote­les, guest­hous­es o alo­jamien­tos turís­ti­cos, ellos se encar­gan abso­lu­ta­mente de todo. Te reg­is­tran automáti­ca­mente y te dan un jus­ti­f­i­cante, nor­mal­mente en papel o dig­i­tal.

¿Y esto para qué sirve? Bási­ca­mente, para demostrar que has esta­do alo­ja­da de for­ma legal durante tu via­je. En algunos casos, al salir del país pueden pedirte esos reg­istros, aunque cada vez es menos habit­u­al. Aun así, lo más recomend­able es guardar­los, aunque sea en el móvil, por si aca­so. Es un gesto sen­cil­lo que te puede evi­tar algún momen­to incó­mo­do en el aerop­uer­to.

El prob­le­ma podría venir si decides alo­jarte en casas pri­vadas o a través de platafor­mas menos reg­u­ladas, donde no siem­pre hacen ese reg­istro. En ese caso, sí que ten­drías que pre­ocu­parte un poco más por cumplir con la nor­ma­ti­va, pero sien­do real­is­tas, si orga­ni­zas tu via­je de for­ma están­dar —hote­les, guest­hous­es— no vas a ten­er que pen­sar en ello en ningún momen­to. 

Vuelos: cómo llegar desde España

Lo primero que debes ten­er claro es que Uzbek­istán no está tan “lejos” como parece. Sí, sue­na a Asia Cen­tral, a Ruta de la Seda, a algo remo­to… pero en real­i­dad, des­de España estás hablan­do de unas 6–7 horas de vue­lo direc­to. El prob­le­ma es que los vue­los direc­tos no abun­dan. Actual­mente, la opción más cómo­da son los vue­los direc­tos entre Madrid y Tashkent. El prob­le­ma es que sólo los opera una com­pañía (la nacvion­al, Uzbek­istan Air­ways) y la fre­cuen­cia es de uno por sem­ana, por no con­tar que sue­len ser bas­tante caros. Así que a no ser que vayas en un via­je orga­ni­za­do que incluya vue­lo char­ter, entonces toca jugar con las escalas. Y aquí hay varias rutas bas­tante intere­santes que fun­cio­nan muy bien.

Una de las más comunes es volar vía Estam­bul, que fue la que nosotros hici­mos. La conex­ión con Turquía es muy bue­na des­de España, con múlti­ples vue­los diar­ios des­de ciu­dades como Madrid o Barcelona, y des­de allí tienes enlaces fre­cuentes a Tashkent, Samar­can­da y otras ciu­dades uzbekas. Estam­bul es, de hecho, una de las mejores opciones para hac­er escala. Los tiem­pos de conex­ión sue­len ser razon­ables, el aerop­uer­to fun­ciona muy bien (es mod­ernísi­mo) y no es raro encon­trar com­bi­na­ciones bas­tante equi­li­bradas en pre­cio y duración. Además, si te orga­ni­zas bien, inclu­so podrías plantearte una escala larga y aprovechar para pasar unas horas o un día en la ciu­dad: Turk­ish Air­lines ofrece la opción de stopover gra­tu­ito en el que te regalan noches de hotel.

Hablan­do de la Turk­ish, nosotros habíamos vola­do hace años con ellos pre­cisa­mente en el via­je que hici­mos a Turquía pero es un gus­ta­zo com­pro­bar como a día de hoy se han erigi­do como la mejor com­pañía de Europa con difer­en­cia. Inclu­so en los vue­los de media dis­tan­cia, es de las pocas com­pañías que sigue ofre­cien­do comi­da a bor­do y además los aviones son una goza­da: asien­tos amplios, pun­tuales, con pan­tallas indi­vid­uales con un mon­tón de pelícu­las y has­ta el detalle de que te regalen un antifaz y unos cal­cetines pre­ciosos en la ruta Estam­bul-Samar­can­da.

Otra ruta bas­tante habit­u­al es a través de país­es del Gol­fo, como Emi­ratos Árabes Unidos o Qatar. Volar con escala en Dubái o Doha suele ser cómo­do, con aerolíneas de buen niv­el y aviones bas­tante con­fort­a­bles. El prob­le­ma aquí es que, aunque la expe­ri­en­cia suele ser mejor, el pre­cio tam­bién tiende a subir. Y además, en algunos casos, las escalas pueden ser largas si no eliges bien los horar­ios.

Tam­bién existe la opción de volar vía Moscú o país­es de Europa del Este, aunque esta alter­na­ti­va ha per­di­do fuerza en los últi­mos años y aho­ra muchísi­mo menos, ya que por la guer­ra Rusia-Ucra­nia no hay vue­los direc­tos des­de Europa a las ciu­dades rusas, a excep­ción de Turquía. Hoy en día, lo más prác­ti­co suele ser moverse entre Turquía, el Gol­fo o algu­na cap­i­tal euro­pea bien conec­ta­da.

Un pun­to impor­tante que mucha gente pasa por alto es el aerop­uer­to de lle­ga­da. Cuan­do pien­sas en Uzbek­istán, lo nor­mal es que te ven­ga a la cabeza Tashkent, la cap­i­tal, y sí, es el prin­ci­pal pun­to de entra­da. Pero no es el úni­co. Depen­di­en­do de tu ruta, puedes encon­trar vue­los que lle­gan direc­ta­mente a Samar­can­da o inclu­so a Urgench, que es la puer­ta de entra­da a Khi­va.

Esto puede cam­biar com­ple­ta­mente tu itin­er­ario. Por ejem­p­lo, si con­sigues un vue­lo que entra por Urgench y sales por Samar­can­da (o al revés), puedes ahor­rarte trayec­tos inter­nos y opti­mizar muchísi­mo el via­je. Es lo que se conoce como vue­lo mul­ti­des­ti­no u open jaw, y aunque a veces sale un poco más caro, en otros casos inclu­so com­pen­sa económi­ca­mente si te evi­ta trenes o desplaza­mien­tos lar­gos den­tro del país. 

En cuan­to a pre­cios, Uzbek­istán no es un des­ti­no ultra­bara­to en vue­los pero tam­poco es pro­hibiti­vo. Si bus­cas con tiem­po, puedes encon­trar bil­letes entre 500 y 700 euros des­de España, lo cual, para la dis­tan­cia y el tipo de des­ti­no, está bas­tante bien. Eso sí, en fechas muy conc­re­tas —como Sem­ana San­ta o puentes— los pre­cios suben con facil­i­dad y aquí sí que se nota bas­tante la difer­en­cia entre reser­var con antelación o dejar­lo para el últi­mo momen­to. Nosotros volam­os en Sem­ana San­ta y cogién­do­lo con bas­tantes meses de antelación, nos sal­ió 600 euros ida y vuelta Madrid-Samar­can­da.

Otro detalle impor­tante es el horario de lle­ga­da. Muchos vue­los inter­na­cionales ater­rizan en Uzbek­istán de madru­ga­da, espe­cial­mente en Tashkent. Esto, que al prin­ci­pio puede pare­cer un incon­ve­niente, en real­i­dad no lo es tan­to. Los aerop­uer­tos fun­cio­nan bien a esas horas (nosotros lleg­amos pasadas las cua­tro de la mañana y esta­ba todo abier­to), los trámites sue­len ser rápi­dos y puedes orga­ni­zar un trasla­do al cen­tro sin prob­le­ma. Pero con­viene ten­er­lo en cuen­ta para no lle­varte la sor­pre­sa de lle­gar a las cin­co de la mañana sin plan claro.

Cómo moverse por Uzbekistán

Moverse por Uzbek­istán es, prob­a­ble­mente, una de las partes del via­je que más dudas gen­era al prin­ci­pio y que luego más sor­prende para bien. Porque sí, estás en Asia Cen­tral pero la real­i­dad es que desplazarse entre sus prin­ci­pales ciu­dades es bas­tante más fácil, cómo­do y orga­ni­za­do de lo que imag­i­nas. Eso sí, hay que enten­der cómo fun­ciona el sis­tema y, sobre todo, no impro­vis­ar demasi­a­do, porque aquí los detalles impor­tan.

La colum­na ver­te­bral del trans­porte en Uzbek­istán es el tren. Y no un tren cualquiera: hablam­os de una red fer­roviaria bas­tante efi­ciente que conec­ta las prin­ci­pales ciu­dades turís­ti­cas —Tashkent, Samar­can­da, Bukhara y Khi­va— de for­ma cómo­da, rel­a­ti­va­mente ráp­i­da y, en muchos casos, sor­pren­den­te­mente mod­er­na. Si hay algo que tienes que ten­er claro des­de el min­u­to uno es que tu via­je por Uzbek­istán va a girar en torno al tren.

Uno de nue­stros via­jes en tren-cama

Den­tro de esta red, hay var­ios tipos de trenes. Por un lado, están los trenes rápi­dos, tipo Afrosiy­ob, que son la joya de la coro­na. Son trenes mod­er­nos, cómo­d­os, con asien­tos asig­na­dos, aire acondi­ciona­do y una expe­ri­en­cia bas­tante sim­i­lar a un AVE europeo; de hecho, están fab­ri­ca­dos por la empre­sa españo­la Tal­go, asi que te recor­darán bas­tante a los que hay en nue­stro país. Conectan ciu­dades como Tashkent, Samar­can­da y Bukhara en pocas horas ya que son de alta veloci­dad.

Luego están los trenes más lentos o noc­turnos, que sue­len uti­lizarse para trayec­tos más lar­gos, como el que conec­ta Bukhara con Khi­va. Nosotros cogi­mos uno inclu­so más largo (Khi­va-Samar­can­da, un trayec­to de diez horas que no se nos hizo nada pesa­do). Aquí la expe­ri­en­cia cam­bia com­ple­ta­mente. Ya no es un tren rápi­do, sino más bien un via­je pau­sa­do, con com­par­ti­men­tos, lit­eras y ese pun­to más aven­tu­ra que a muchos via­jeros nos encan­ta. Puedes ele­gir entre difer­entes clases, des­de com­par­ti­men­tos com­par­tidos has­ta opciones más pri­vadas tipo camarote, donde via­jas con más como­di­dad. Dedi­caré un artícu­lo com­ple­to al tema de com­prar los bil­letes, clases, itin­er­ar­ios y cómo moverte en gen­er­al en tren por Uzbek­istán.

Si por lo que sea no con­sigues bil­letes de tren, tam­poco es el fin del mun­do. Uzbek­istán tiene alter­na­ti­vas. Una de las más uti­lizadas es el taxi com­par­tido o pri­va­do. Entre ciu­dades como Samar­can­da y Bukhara, por ejem­p­lo, es bas­tante común encon­trar coches que hacen el trayec­to en unas cua­tro o cin­co horas. No es tan cómo­do como el tren pero fun­ciona, es rel­a­ti­va­mente económi­co y te da flex­i­bil­i­dad si has tenido prob­le­mas con los horar­ios.

Tam­bién exis­ten vue­los inter­nos, aunque no son la opción más habit­u­al. Pueden ser útiles en trayec­tos lar­gos o si vas muy jus­to de tiem­po pero entre con­troles, tiem­pos de espera y desplaza­mien­tos al aerop­uer­to, muchas veces no com­pen­san frente al tren. Aun así, es una alter­na­ti­va a ten­er en cuen­ta si nece­si­tas reor­ga­ni­zar el via­je sobre la mar­cha. Pero tam­bién te digo que no es tan fácil encon­trar­los inclu­so con antelación porque hay muy pocos.

Yandex Go: el Uber uzbeko

Si hay una her­ramien­ta que te va a sal­var el via­je en Uzbek­istán —y no exagero nada— es Yan­dex.  Porque una cosa es plan­i­ficar trenes entre ciu­dades y otra muy dis­tin­ta es moverte en el día a día, salir del aerop­uer­to, ir a cenar o no der­re­tirte cam­i­nan­do media hora por las calles uzbekas. Ahí es donde Yan­dex entra en juego y te cam­bia com­ple­ta­mente la expe­ri­en­cia. Tam­bién puedes usar taxis tradi­cionales pero en ese caso sí ten­drás que nego­ciar el pre­cio y no siem­pre es tan trans­par­ente. No es peli­groso ni prob­lemáti­co pero com­para­do con la como­di­dad de una app, se que­da un poco atrás. Por eso, siem­pre que puedas, mejor optar por Yan­dex.

Para enten­der­lo rápi­do, Yan­dex es el equiv­a­lente a Uber en Uzbek­istán (y en bue­na parte de Asia Cen­tral). Fun­ciona prác­ti­ca­mente igual: intro­duces ori­gen y des­ti­no, ves el pre­cio antes de acep­tar, eliges tipo de vehícu­lo y en pocos min­u­tos tienes un coche esperán­dote. La difer­en­cia es que aquí todo es mucho más bara­to, más direc­to y, curiosa­mente, muchas veces más fiable que en Europa.

Una de las grandes ven­ta­jas de Yan­dex es que elim­i­na de golpe uno de los may­ores miedos al via­jar a este tipo de des­ti­nos: ten­er que nego­ciar pre­cios con taxis­tas. Si has via­ja­do por otros país­es donde esto es habit­u­al, sabrás lo incó­mo­do que puede ser no saber cuán­to deberías pagar, si te están cobran­do de más o si sim­ple­mente estás per­di­en­do el tiem­po en dis­cu­siones absur­das. De hecho, era muy ago­b­iante salir de las esta­ciones o del pro­pio aerop­uer­to y que se te echa­ran enci­ma un mon­tón de taxis­tas que no te deja­ban ni andar. Con Yan­dex, eso desa­parece. El pre­cio es cer­ra­do, lo ves antes de con­fir­mar y no hay sor­pre­sas.

Y cuan­do digo que es bara­to, es bara­to de ver­dad. Trayec­tos que en Europa te costarían 10 o 15 euros tiran­do por lo bajo, allí pueden salirte por 1 o 2 euros;  nosotros en la prác­ti­ca nun­ca lleg­amos a pagar más de 3, inclu­so en trayec­tos a las afueras de las ciu­dades. Ir del aerop­uer­to al cen­tro de Samar­can­da, por ejem­p­lo, puede costarte menos que un café en Madrid. Eso hace que, sin darte cuen­ta, acabes usan­do coche para casi todo, inclu­so para trayec­tos que en otras cir­cun­stan­cias harías andan­do.

El pro­ce­so es muy sen­cil­lo. Eso sí, antes de nada, comen­tar que debes ten­er una tar­je­ta SIM local ya que nece­si­tas un número uzbeko para que te envíen la ver­i­fi­cación, así que si via­jas con eSIM no lo vas a poder usar. Un poco más aba­jo te cuen­to cómo hac­erte con una tar­je­ta uzbe­ka para ten­er intenet.

Abres la app, acti­vas la ubi­cación (o intro­duces la direc­ción man­ual­mente), eliges des­ti­no y automáti­ca­mente te cal­cu­la la ruta y el pre­cio. Puedes ver difer­entes opciones de vehícu­lo, aunque en la prác­ti­ca, la opción bási­ca suele ser más que sufi­ciente. No nece­si­tas coches pre­mi­um ni his­to­rias raras porque inclu­so el ser­vi­cio están­dar es per­fec­ta­mente váli­do para el tipo de trayec­tos que vas a hac­er.

Un pun­to impor­tante es el tema del idioma. Muchos con­duc­tores no hablan inglés pero esto no suele ser un prob­le­ma. La app hace de inter­me­di­aria, el des­ti­no está mar­ca­do y no nece­si­tas explicar nada. Subes al coche, te sien­tas y lis­to. Es una de esas situa­ciones en las que la tec­nología real­mente sim­pli­fi­ca las cosas. En cuan­to al pago, Yan­dex per­mite pagar tan­to en efec­ti­vo como con tar­je­ta pero aquí hay un matiz impor­tante. Aunque puedes vin­cu­lar tu tar­je­ta, en algunos casos el pago en efec­ti­vo sigue sien­do lo más prác­ti­co, sobre todo si la app da algún prob­le­ma o si el con­duc­tor lo pre­fiere. Lo ide­al es lle­var siem­pre algo de dinero local y no depen­der al cien por cien de la tar­je­ta, aunque en gen­er­al el sis­tema fun­ciona bien. Nosotros en la prác­ti­ca siem­pre pudi­mos pagar con tar­je­ta.

Otro detalle prác­ti­co que con­viene saber es que las direc­ciones en Uzbek­istán no siem­pre fun­cio­nan como en Europa. A veces los nom­bres de calles cam­bian, los mapas no están per­fec­ta­mente actu­al­iza­dos o cier­tos pun­tos no apare­cen bien ubi­ca­dos. En esos casos, lo mejor es fijarte en el mapa den­tro de la app y colo­car el pun­to man­ual­mente. Es mucho más fiable que escribir direc­ciones largas que pueden no coin­cidir exac­ta­mente.

Tam­bién es intere­sante saber que Yan­dex no solo sirve para trayec­tos cor­tos den­tro de la ciu­dad. Nosotros lo usamos para desplaza­mien­tos más lar­gos: por ejem­p­lo, para ir des­de Bukhara al com­ple­jo de Chor Bakr o al Pala­cio Sitorai Mohi Hosa, que están a las afueras. En lugar de nego­ciar un taxi o bus­car trans­porte públi­co (los bus­es pasan cuan­do quieren o cuan­do pueden), sim­ple­mente pides un coche y lis­to. Eso sí, para trayec­tos entre grandes ciu­dades no es lo habit­u­al usar Yan­dex, porque ahí el tren sigue sien­do la mejor opción. Pero para todo lo demás, es la her­ramien­ta que más vas a usar durante el via­je a Uzbek­istán.

Nuestra ruta por el país

Si hay algo que ten­go claro después de ver cómo se orga­ni­za la may­oría de la gente un via­je a Uzbek­istán es esto: incluir Tashkent, la cap­i­tal, en el itin­er­ario no es en abso­lu­to nece­sario. Uzbek­istán no se recuer­da por su cap­i­tal, se recuer­da por sus ciu­dades de la Ruta de la Seda, por esos lugares que pare­cen saca­dos de un dec­o­ra­do imposi­ble. Y si tienes pocos días, cen­trarte en lo esen­cial no solo es más inteligente, es lo que va a hac­er que el via­je te impacte de ver­dad. Así que vamos a lo impor­tante: una ruta sin Tashkent, opti­miza­da, lóg­i­ca y pen­sa­da para dis­fru­tar, no para cor­rer.

Nosotros prefe­r­i­mos añadir algún día más a la Ruta de la Seda para dis­fru­tar­la con más cal­ma y a cam­bio pasar de la cap­i­tal. Además, Tashkent se encuen­tra en la otra pun­ta del país y eso nos oblig­a­ba a perder bas­tante tiem­po en desplaza­mien­tos, tiem­po que prefer­íamos aprovechar en ver mon­u­men­tos más intere­santes. Por lo tan­to, nues­tra ruta fue Samar­can­da — Bukhara — Khi­va — Samar­can­da. Y en ese sen­ti­do, empezar y ter­mi­nar en Samar­can­da tiene bas­tante más sen­ti­do del que parece.

Lo primero, porque Samar­can­da es, jun­to a la cap­i­tal, uno de los pun­tos mejor conec­ta­dos del país. Es mucho más fácil encon­trar vue­los de entra­da y sal­i­da des­de aquí que des­de otros lugares como Khi­va (el aerop­uer­to más cer­cano es Urgench), que está bas­tante más ais­la­da. Así que, aunque sobre el mapa parez­ca que das un rodeo, en la prác­ti­ca estás sim­pli­f­i­can­do el via­je.

Lo segun­do, porque dividir Samar­can­da en dos partes fun­ciona sor­pren­den­te­mente bien. En lugar de ver­lo todo de golpe, lle­gas, tienes un primer con­tac­to, ves lo impre­scindible y luego, al final del via­je, vuelves con otra per­spec­ti­va. Y aquí pasa algo curioso: Samar­can­da cam­bia mucho cuan­do ya has vis­to Bukhara y Khi­va. Porque al prin­ci­pio todo es impacto visu­al: el Reg­is­tan, las cúpu­las, los mosaicos. Pero después de haber pasa­do por Bukhara, con su ambi­ente más autén­ti­co, y por Khivaa, que es casi un dec­o­ra­do per­fec­to, vuelves a Samar­can­da con otro rit­mo, con otra mira­da. Ya no vas cor­rien­do a ver­lo todo. Vas a dis­fru­tar­lo. Y eso, en un via­je así, es un lujo.

Además, esta ruta tiene otra ven­ta­ja impor­tante: te per­mite adap­tarte mejor a los trenes. Puedes hac­er como nosotros: Samar­can­da – Bukhara en tren rápi­do, luego ir hacia Khi­va y final­mente volver a Samar­can­da, estos dos últi­mos trayec­tos en tren-cama. No depen­des de un úni­co trayec­to críti­co que, si fal­la, te rompe todo el itin­er­ario.

Y sobre todo, tiene algo que otras rutas no tienen: te per­mite cer­rar el via­je por todo lo alto. Porque ter­mi­nar en Samar­can­da, después de haber recor­ri­do el resto del país, es como volver al gran esce­nario final. Os ase­guro que la últi­ma noche Juan tenía que tirar de mí porque me costa­ba hor­rores des­pedirme de esa mar­avil­la que es la plaza de Reg­is­tan.

Internet: hacerte con una SIM

Ten­er inter­net en Uzbek­istán es una necesi­dad. Y no porque vayas a estar subi­en­do fotos con­stan­te­mente, sino porque todo lo prác­ti­co del via­je depende de ello: moverte con Yan­dex, bus­car direc­ciones, tra­ducir, ubi­carte…  Sin conex­ión, el país se vuelve mucho más incó­mo­do. Y aquí viene la bue­na noti­cia: ten­er inter­net en Uzbek­istán es fácil, bara­to y bas­tante fiable. Pero hay var­ios mat­ices que con­viene enten­der antes de lle­gar porque no todo es tan automáti­co como en Europa.

Podrías pen­sar que con el WiFi de hote­les y cafeterías es sufi­ciente pero no lo es. El WiFi en Uzbek­istán es irreg­u­lar, a veces lento y, sobre todo, inex­is­tente cuan­do real­mente lo nece­si­tas: en la calle. Sin datos no puedes usar Yan­dex, y sin Yan­dex te toca nego­ciar taxis, perder tiem­po, no saber si te están cobran­do de más y moverte con mucha menos lib­er­tad. Por eso, aquí la regla es clara: nece­si­tas una SIM local des­de el primer momen­to.

La mejor opción, sin dar­le demasi­adas vueltas, es com­prar una SIM físi­ca nada más lle­gar. Es bara­ta, fun­ciona bien y te qui­ta de prob­le­mas des­de el ini­cio. Esta­mos hablan­do de unos 5 euros (70000 soms) por una SIM con 140 GB . Es uno de esos casos en los que no merece la pena com­pli­carse ni inten­tar ahor­rar más porque el ben­efi­cio que te da es enorme com­para­do con el coste.

El lugar más cómo­do para com­prar­la es el aerop­uer­to, espe­cial­mente si lle­gas a Samar­can­da o a la cap­i­tal. Nada más salir, encon­trarás puestos de com­pañías tele­fóni­cas donde te venden la SIM (nosotros usamos la com­pañía Ucell, fue la que ofrecía mejor cal­i­dad-pre­cio) y te la dejan fun­cio­nan­do en el momen­to. Esto es clave, porque sales del aerop­uer­to con inter­net ya acti­vo, puedes pedir un Yan­dex, ubicar tu alo­jamien­to y empezar el via­je sin estrés. Puede que pagues uno o dos euros más que en la ciu­dad pero, sin­ce­ra­mente, com­pen­sa muchísi­mo. Si lle­gas de madru­ga­da, que es bas­tante habit­u­al en Uzbek­istán, las tien­das del aerop­uer­to sue­len estar abier­tas.

La cober­tu­ra es muy bue­na en ciu­dades grandes, más que sufi­ciente durante los trayec­tos y solo puede fal­lar en zonas muy remo­tas, es decir, en el trayec­to en tren entre Bukhara y Khi­va, donde inter­net iba a rachas. 

Sobre las eSIM tipo Holafly, aquí con­viene ser real­ista. Yo ni me la plantearía para venir a Uzbek­istán. Es carísi­ma en com­para­ción y enci­ma, como decía antes, no puedes usar Yan­dex. Si tienes opción de ele­gir, la SIM local físi­ca sigue sien­do la alter­na­ti­va más sen­cil­la y efi­caz.

Dinero 

Hablar de dinero en Uzbek­istán es hablar de uno de los aspec­tos que más sor­pren­den —para bien— cuan­do via­jas allí. Te encuen­tras con un des­ti­no donde vivir el día a día es sor­pren­den­te­mente bara­to. Pero, como siem­pre, hay mat­ices impor­tantes que con­viene enten­der para no meter la pata.

La mon­e­da ofi­cial es el som uzbeko y aquí viene uno de esos detalles curiosos: vas a mane­jar cifras bas­tante altas. No porque todo sea caro, que no lo es, sino porque la mon­e­da tiene un val­or muy bajo frente al euro. Cuan­do estu­vi­mos, el cam­bio era de 1 euro=12000 soms. Es com­ple­ta­mente nor­mal pagar con bil­letes de miles de soms para cosas muy bási­cas y al prin­ci­pio puede resul­tar un poco con­fu­so, sobre todo porque vas a lle­var un mon­tón de bil­letes en el bol­sil­lo. Pero te acos­tum­bras rápi­do. Al final, lo impor­tante no es la cifra, sino lo que real­mente estás pagan­do, y ahí es donde Uzbek­istán es una peri­ta en dulce.

Durante años, cam­biar dinero en Uzbek­istán era un pequeño caos. Había un mer­ca­do negro que todavía existe (se nos acer­ca­ba mucha gente por la calle ofre­cien­do cam­bio) pero eso ha cam­bi­a­do muchísi­mo respec­to a antaño. Hoy en día puedes cam­biar dinero de for­ma total­mente legal, sen­cil­la y sin com­pli­ca­ciones. Puedes hac­er­lo en ban­cos, casas de cam­bio o inclu­so en hote­les. El tipo de cam­bio suele ser bas­tante sim­i­lar en todos los sitios, así que no tienes que obse­sion­arte con bus­car el mejor lugar.

Otra opción muy prác­ti­ca es sacar dinero direc­ta­mente en cajeros automáti­cos, que nosotros era lo que más hacíamos. Cada vez hay más cajeros en las ciu­dades y muchos acep­tan tar­je­tas inter­na­cionales sin prob­le­ma. Eso sí, aquí hay que ten­er en cuen­ta dos cosas: no todos fun­cio­nan siem­pre y algunos tienen límites de reti­ra­da rel­a­ti­va­mente bajos (lo nor­mal era que te dejaran sacar, como mucho, 200 euros al cam­bio). Por eso, lo ide­al es no con­fi­ar en un solo cajero y si encuen­tras uno que fun­ciona, aprovechar para sacar una can­ti­dad razon­able.

Y aquí entramos en otro de los pun­tos clave del via­je: efec­ti­vo o tar­je­ta. Aunque el uso de tar­je­ta ha cre­ci­do bas­tante, Uzbek­istán sigue sien­do, en gran parte, un país de efec­ti­vo. En hote­les grandes y restau­rantes más turís­ti­cos podrás pagar con tar­je­ta pero en mer­ca­dos, pequeños restau­rantes, taxis o tien­das locales, lo nor­mal es pagar en efec­ti­vo. Esto no sig­nifi­ca que no puedas usar tar­je­ta sino que no debes depen­der exclu­si­va­mente de ella. Lo ide­al es com­bi­nar ambas cosas: lle­var algo de efec­ti­vo siem­pre enci­ma y usar la tar­je­ta cuan­do real­mente te com­pense. Es impor­tante lle­var siem­pre dinero en bil­letes pequeños o medi­anos. A veces pagar con bil­letes grandes puede ser incó­mo­do porque no siem­pre tienen cam­bio, espe­cial­mente en pequeños com­er­cios o taxis. 

Uno de las grandes ven­ta­jas de Uzbek­istán es que el dinero cunde muchísi­mo. Com­er en un buen restau­rante puede costarte entre 5 y 10 euros por per­sona, y no hablam­os de comi­da bási­ca, sino de platos bien elab­o­ra­dos y en lugares con mucho encan­to. Tomarte un té o una bebi­da es casi sim­bóli­co en pre­cio y moverte en taxi por la ciu­dad puede costarte menos de lo que pagarías por un café en España.

El alo­jamien­to tam­bién es bas­tante ase­quible. Puedes encon­trar guest­hous­es pre­ciosas por pre­cios muy razon­ables y hote­les bien situ­a­dos sin necesi­dad de pagar grandes can­ti­dades. Esto hace que el pre­supuesto gen­er­al del via­je sea bas­tante con­tenido, inclu­so incluyen­do trenes, entradas y capri­chos.

Eso sí, hay que ten­er en cuen­ta que no todo es ultra­bara­to. Los trenes de alta veloci­dad, por ejem­p­lo, pueden ten­er pre­cios más ele­va­dos en com­para­ción con el resto del país, aunque siguen sien­do ase­quibles si los com­paras con están­dares europeos. Y en zonas muy turís­ti­cas, algunos pre­cios pueden estar lig­era­mente infla­dos, aunque nada exager­a­do. Sobre todo si lo com­paras con los pre­cios europeos.

Dónde alojarse 

Ele­gir bien dónde alo­jarte en Uzbek­istán es una de esas deci­siones que pueden cam­biar com­ple­ta­mente tu expe­ri­en­cia. No porque haya hote­les mal­os — al con­trario, el niv­el gen­er­al es bas­tante alto — sino porque aquí la ubi­cación lo es todo. Más inclu­so que el hotel en sí. 

Uzbek­istán no es un des­ti­no de grandes cade­nas inter­na­cionales (aunque algu­na hay), sino de guest­hous­es famil­iares, pequeños hote­les bou­tique y alo­jamien­tos con mucho encan­to local. Y sin­ce­ra­mente, eso es parte de la magia. Son sitios más autén­ti­cos, más cer­canos y, muchas veces, donde mejor vas a sen­tir el país.

En Samar­can­da hay una regla de oro: qué­date cer­ca del Reg­is­tan o del eje prin­ci­pal que conec­ta con él. Esa zona es donde está todo: mon­u­men­tos prin­ci­pales, restau­rantes y el mejor ambi­ente. Si te ale­jas demasi­a­do, depen­derás con­stan­te­mente del taxi (aunque sea bara­to).

Dormir en una madrasa es una expe­ri­en­cia inolvid­able

En Bukhara es todavía más fácil: tienes que dormir den­tro del cas­co históri­co. Aquí no hay dis­cusión. La zona clave es alrede­dor del Lyabi Hauz. Porque Bukhara es para vivir­la: pasear de noche, sen­tarte en una ter­raza y perderte sin rum­bo. Si te alo­jas fuera, pierdes gran parte de la expe­ri­en­cia.

En Khi­va el secre­to es el mis­mo: dormir den­tro de las mural­las (Itchan Kala). Sales del hotel y estás den­tro del “esce­nario” y puedes pasear de noche sin tur­is­tas (os ase­guro que de noche, con los mon­u­men­tos ilu­mi­na­dos y las calles vacías, es aún más boni­ta). Los alo­jamien­tos aquí sue­len ser pequeños, con muchísi­mo encan­to. Nosotros estu­vi­mos dur­mien­do en una antigua madrasa espec­tac­u­lar, prob­a­ble­mente uno de los hote­les más encan­ta­dores donde hayamos esta­do nun­ca.

Cultura y costumbres

Via­jar a Uzbek­istán no es solo cam­biar de país, es cam­biar de con­tex­to. Y esto es algo que se nota des­de el primer momen­to, no de for­ma brus­ca, pero sí con­stante. No estás en Europa, aunque a veces lo parez­ca en cier­tos aspec­tos. Estás en un país con una iden­ti­dad muy mar­ca­da, donde la cul­tura, la religión y las cos­tum­bres tienen un peso impor­tante en el día a día. Y enten­der esto no solo te ayu­da a evi­tar situa­ciones incó­modas, sino que hace que el via­je ten­ga mucho más sen­ti­do.

Lo primero que con­viene saber es que Uzbek­istán es un país de may­oría musul­mana pero bas­tante mod­er­a­do. No es un des­ti­no restric­ti­vo ni espe­cial­mente con­ser­vador en com­para­ción con otros país­es islámi­cos pero eso no sig­nifi­ca que todo val­ga. Hay un equi­lib­rio curioso entre tradi­ción y mod­ernidad, y como via­jera, lo ide­al es adap­tarte a ese pun­to inter­me­dio.

Uno de los temas que más dudas gen­era es la for­ma de vestir. No nece­si­tas cubrirte como en otros país­es más estric­tos, ni lle­var pañue­lo, ni cam­biar com­ple­ta­mente tu esti­lo. Pero sí es recomend­able vestir con cier­ta dis­cre­ción, espe­cial­mente en lugares reli­giosos. Evi­tar escotes muy pro­nun­ci­a­dos, pan­talones exce­si­va­mente cor­tos o ropa demasi­a­do lla­ma­ti­va es, más que una obligación, una for­ma de respeto. En ciu­dades como Samar­can­da o Bukhara la gente es algo más mod­er­na (aún así, a años luz de los están­dares europeos) pero en gen­er­al, cuan­to más te adaptes al entorno, más cómo­da estarás.

En los espa­cios reli­giosos, como mezquitas o com­ple­jos históri­cos, sí con­viene ten­er un poco más de cuida­do. No es nece­sario cubrirse com­ple­ta­mente pero sí evi­tar ropa muy cor­ta o inapropi­a­da. En algunos lugares pueden pedirte que te cubras los hom­bros o las pier­nas, aunque no es lo habit­u­al. Aun así, lle­var un pañue­lo o algo ligero en la mochi­la puede sacarte de un apuro. Yo era lo que hacía, aunque en más de una mezqui­ta había pañue­los disponibles a la entra­da.

Otro aspec­to impor­tante es el tra­to con la gente local. Uzbek­istán es un país muy hos­pi­ta­lario y esto no es un cliché. La gente suele ser amable, curiosa y bas­tante cer­cana con los via­jeros. Es habit­u­al que te salu­den, que quier­an hablar con­ti­go o inclu­so que te pidan fotos. En nue­stro caso, con el rol­lo de ir tat­u­a­dos, Juan con pelo largo y yo con el pelo rosa, lo de pedirnos fotos famil­ias enteras era algo que nos sucedía como unas cuarenta veces al día, sin exager­ar. Y nos las hacíamos encan­ta­dos. Otra cosa es que las con­ver­sa­ciones eran cor­tas porque casi nadie habla inglés. Un sim­ple gesto, una son­risa o inten­tar decir algu­na pal­abra en ruso o uzbeko mar­ca la difer­en­cia. No hace fal­ta hablar el idioma pero mostrar interés siem­pre se val­o­ra mucho.

A los uzbekos les encan­ta fotografi­arse con los extran­jeros…

En cuan­to a la religión, aunque está pre­sente, no condi­ciona el via­je de for­ma direc­ta. No vas a notar restric­ciones en tu día a día, ni cam­bios drás­ti­cos en horar­ios o activi­dades. Pero sí hay una base cul­tur­al que influye en la for­ma de vivir. Por ejem­p­lo, el alco­hol está per­mi­ti­do y se con­sume pero no es algo tan vis­i­ble como en Europa. Verás bares y restau­rantes donde se sirve pero no es el cen­tro de la vida social.

La comi­da tam­bién tiene su pro­pio con­tex­to cul­tur­al. Com­er en Uzbek­istán no es solo ali­men­ta­rse, es un acto social. Los platos sue­len com­par­tirse, las raciones son abun­dantes y el rit­mo es tran­qui­lo. Nadie tiene prisa. Sen­tarte a com­er impli­ca tiem­po, con­ver­sación y dis­fru­tar del momen­to. Inten­tar com­er rápi­do y mar­charte rompe un poco esa dinámi­ca, aunque obvi­a­mente puedes hac­er­lo.

En cuan­to a nor­mas sociales, hay cier­tos gestos que con­viene ten­er en cuen­ta. Por ejem­p­lo, el con­tac­to físi­co no es tan habit­u­al como en España, espe­cial­mente entre per­sonas que no se cono­cen. Ser demasi­a­do efu­si­vo puede resul­tar extraño. Del mis­mo modo, lev­an­tar la voz o mostrarse impa­ciente no suele ser bien vis­to. Aquí el rit­mo es otro, más pau­sa­do, más cal­ma­do.

Consejos prácticos

Si hay algo que mar­ca la difer­en­cia en un via­je a Uzbek­istán no es solo la ruta o el pre­supuesto, sino esos pequeños detalles que no apare­cen en las guías y que, cuan­do los cono­ces, hacen que todo fluya. Porque Uzbek­istán es fácil pero no automáti­co. Tiene sus reglas, su rit­mo y sus pequeñas curiosi­dades. Y aquí es donde entran los con­se­jos que de ver­dad te sal­van el via­je.

Lo primero que nadie te dice clara­mente: Uzbek­istán fun­ciona mejor cuan­do dejas de inten­tar que fun­cione como Europa. Si vas con men­tal­i­dad de horar­ios per­fec­tos, apps impeca­bles y todo bajo con­trol, te vas a frus­trar. Aquí los trenes pueden ir bien (o no tan­to), las apps a veces fal­lan y hay momen­tos en los que sim­ple­mente tienes que adap­tarte. Y cuan­do haces ese cam­bio men­tal, todo empieza a enca­jar mucho mejor.

Otro pun­to impor­tante que suele pil­lar despre­veni­da a la gente es el calor. No es el típi­co calor de ver­a­no al que estás acos­tum­bra­da. Es seco, inten­so y con­stante. Inclu­so via­jan­do a prin­ci­p­ios de Abril, en Khi­va tuvi­mos tem­per­at­uras de más de 30 gra­dos: aquí el ver­a­no lle­ga mucho más pron­to que en España. Si via­jas en meses calurosos y no adap­tas el rit­mo —madru­gar, parar al mediodía, salir al atarde­cer— te vas a cansar mucho más de lo que esperas. Y eso hace que dis­frutes menos, aunque no te des cuen­ta al prin­ci­pio.

Otro con­se­jo muy impor­tante: no intentes ver demasi­a­do en poco tiem­po. Uzbek­istán no es un país para hac­er una lista inter­minable de lugares. Es para ver pocos sitios pero bien. Muchas per­sonas inten­tan añadir más ciu­dades, excur­siones o trayec­tos y aca­ban pasan­do más tiem­po movién­dose que dis­fru­tan­do. Y eso, en un via­je así, es un error.

Tam­bién con­viene ten­er en cuen­ta los horar­ios. En algu­nas ciu­dades, espe­cial­mente en Bukhara o Khi­va, la vida tiene un rit­mo muy con­cre­to. Hay momen­tos del día en los que todo parece para­do, espe­cial­mente con el calor, y otros en los que todo cobra vida, sobre todo al atarde­cer y por la noche. Adap­tarte a ese rit­mo hace que el via­je sea mucho más agrad­able.

En cuan­to a las fotos, aquí va otro tru­co: madru­ga. Mucho. Los lugares más espec­tac­u­lares, como el Reg­is­tan o las calles de Khi­va, cam­bian com­ple­ta­mente a primera hora. Menos gente, mejor luz y una sen­sación mucho más autén­ti­ca. Si esperas a media mañana, ya no es lo mis­mo.

Otro con­se­jo que puede pare­cer obvio pero que mucha gente no sigue: deja mar­gen en tu itin­er­ario. Uzbek­istán no es un país donde todo sal­ga exac­ta­mente como lo planeas. Puede haber pequeños cam­bios, retra­sos o impre­vis­tos. Y si tu via­je está demasi­a­do ajus­ta­do, cualquier cosa te afec­ta. Ten­er un poco de flex­i­bil­i­dad te da tran­quil­i­dad.

Y luego está algo que no se dice tan­to: Uzbek­istán es un país muy seguro pero eso no sig­nifi­ca que ten­gas que desconec­tar com­ple­ta­mente. Como en cualquier des­ti­no, hay que ten­er sen­ti­do común. Cuidar tus cosas, no con­fi­arte demasi­a­do y estar aten­tos en zonas con­cur­ri­das. Nada exager­a­do pero sí lo bási­co.

Mi últi­mo con­se­jo es que en el pro­pio Uzbek­istán vas a poder con­tratar un mon­tón de activi­dades que puedes ir reser­van­do sobre la mar­cha, free tours inclu­i­dos: tienes toda la infor­ma­ción aquí

Presupuesto

Hablar de cuán­to cues­ta via­jar a Uzbek­istán es una de las partes más agrade­ci­das del via­je porque aquí pasa algo que ya no es tan habit­u­al: tu dinero cunde muchísi­mo. Pero, como siem­pre, hay que pon­er con­tex­to, porque no es lo mis­mo via­jar en plan mochilero que hac­er­lo con cier­ta como­di­dad. Aun así, inclu­so via­jan­do bien (que nosotros lo hici­mos), Uzbek­istán sigue sien­do un des­ti­no muy ase­quible.

Via­jar a Uzbek­istán es, en gen­er­al, mucho más bara­to de lo que imag­i­nas, espe­cial­mente si lo com­paras con Europa. Es uno de esos des­ti­nos donde puedes per­mi­tirte cosas que en otros país­es ni te plantearías, como dormir en hote­les con encan­to por muy poco dinero y en pleno cen­tro, com­er muy, muy bien todos los días o moverte con­stan­te­mente en taxi sin que tu pre­supuesto se dis­pare. Aun así, el coste total depende mucho de cómo via­jes pero hay una base bas­tante clara para hac­erse una idea real­ista.

El may­or gas­to del via­je suele ser el vue­lo. Des­de España, lo nor­mal es pagar entre 500 y 800 euros ida y vuelta si reser­vas con cier­ta antelación. Puede subir en fechas como Sem­ana San­ta o ver­a­no pero tam­bién puedes encon­trar bue­nas ofer­tas si eres flex­i­ble. Una vez superas ese gas­to ini­cial, todo lo demás es bas­tante con­tenido.

El alo­jamien­to en Uzbek­istán es uno de los pun­tos fuertes del pre­supuesto. Puedes dormir en guest­hous­es o pequeños hote­les muy bien ubi­ca­dos por unos 30 a 60 euros la noche, muchas veces con desayuno inclu­i­do. Si vas en plan más económi­co, inclu­so puedes encon­trar opciones des­de unos 15–20 euros, y si quieres darte un capri­cho, los hote­les más boni­tos  y lujosos­rara vez super­an los 80–100 euros. Esto hace que puedas dormir bien sin sen­tir que estás gas­tan­do demasi­a­do, algo que en otros des­ti­nos ya no es tan fácil.

El trans­porte den­tro del país tam­bién es muy ase­quible. Los trenes entre ciu­dades impor­tantes sue­len costar entre 5 y 20 euros depen­di­en­do del tipo de tren y la dis­tan­cia . Y luego está el trans­porte urbano, que es casi sim­bóli­co: moverte en taxi den­tro de una ciu­dad suele costarte entre 1 y 3 euros. Esto hace que no ten­gas que pen­sar si coges un coche o no, sim­ple­mente lo haces.

La comi­da es otro de los grandes pun­tos a favor. Com­er en Uzbek­istán es bara­to y además se come bien. Puedes com­er en un restau­rante local por unos 5–10 euros, y si te vas a algo más turís­ti­co o cuida­do, quizá suba a 10–15 euros . Inclu­so los platos más típi­cos en sitios locales pueden costarte ape­nas 2 o 3 euros . Esto per­mite que com­er fuera todos los días no sea un prob­le­ma para el pre­supuesto.

A esto hay que añadir las entradas a mon­u­men­tos, que sue­len ser bas­tante económi­cas. Lo habit­u­al es pagar entre 3 y 10 euros por sitio, y en muchos casos inclu­so menos. Puedes ver lugares espec­tac­u­lares por pre­cios muy bajos, algo que tam­bién influye mucho en el coste glob­al del via­je.

Si jun­ta­mos todo esto, el gas­to diario en Uzbek­istán puede vari­ar bas­tante según tu esti­lo. En plan económi­co, puedes moverte en unos 25–40 euros al día, incluyen­do alo­jamien­to, comi­da y trans­porte . Si subes un poco el niv­el y via­jas con cier­ta como­di­dad —hote­les boni­tos, restau­rantes, trenes rápi­dos— estarías más bien entre 50 y 100 euros al día . Y aun así, sigue sien­do bara­to para lo que estás vivien­do. Nue­stro gas­to medio por per­sona / día fue de unos 26 euros. Comieb­n­do, cenan­do, bebi­en­do y sin pri­varnos de nada.

Para que te hagas una idea más clara, nosotros nos gas­ta­mos por per­sona en un via­je de 8 días:

  • Vue­lo Madrid-Samar­can­da con Turk­ish Air­lines: 600 €
  • Alo­jamien­to: 200 €
  • Trans­porte inter­no (trenes): 65 €
  • Seguro médi­co: 34 €
  • Gas­tos gen­erales (comi­das, entradas, com­pras): 160 euros

👉 Total: 1069 euros por per­sona. Bas­tante lejos de los 3000 euros del via­je orga­ni­za­do que te con­ta­ba al prin­ci­pio de este artícu­lo y que demues­tra cómo via­jar a Uzbek­istán por libre es la mejor de las ideas.

⭐ Puedes escuchar el pro­gra­ma en nue­stro pod­cast:


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