Hallstatt, St. Gilgen y St. Wolfgang: tres pueblos de cuento en Austria

Hallstatt Austria

Ruta por Hallstatt, St. Gilgen y St. Wolfgang

La región de los lagos de Aus­tria, cono­ci­da como Salzkam­mergut, es uno de esos lugares que pare­cen dis­eña­dos para enam­orar al via­jero. Mon­tañas alpinas, lagos de aguas trans­par­entes y pueb­los llenos de encan­to for­man un paisaje que parece saca­do de una postal. Den­tro de esta zona hay tres pueb­los boni­tos cer­ca de Salzbur­go que desta­can espe­cial­mente: Hall­statt, St. Gilgen y St. Wolf­gang. Tres pueb­los de cuen­to que se pueden recor­rer fácil­mente en una mis­ma ruta por los lagos de Aus­tria.

Muchos via­jeros des­cubren estos lugares durante una excur­sión des­de Salzbur­go, ya que las dis­tan­cias son rel­a­ti­va­mente cor­tas y las car­reteras atraviesan algunos de los paisajes más boni­tos de Aus­tria. Sin embar­go, lo ide­al es tomarse el tiem­po nece­sario para dis­fru­tar de cada para­da, pasear por sus calles y deten­erse a con­tem­plar los lagos que dan carác­ter a esta región.

La ruta más habit­u­al comien­za en St. Gilgen, un pequeño pueblo situ­a­do a oril­las del lago Wolf­gangsee. Des­de allí se puede con­tin­uar has­ta St. Wolf­gang, que se encuen­tra en el mis­mo lago y tiene un ambi­ente algo más ani­ma­do. El recor­ri­do ter­mi­na en Hall­statt, posi­ble­mente el pueblo más famoso de Aus­tria, cuya ima­gen refle­ja­da en el lago se ha con­ver­tido en uno de los iconos del país.

Además de los pueb­los en sí, lo que hace espe­cial esta ruta es el pro­pio trayec­to. Las car­reteras bor­dean lagos alpinos, atraviesan bosques y ofre­cen miradores espec­tac­u­lares en prác­ti­ca­mente cada cur­va. En algunos pun­tos inclu­so es posi­ble hac­er parte del recor­ri­do en bar­co por el lago Wolf­gangsee, una expe­ri­en­cia muy recomend­able si se quiere dis­fru­tar del paisaje des­de otra per­spec­ti­va.

Recor­rer Hall­statt, St. Gilgen y St. Wolf­gang es una for­ma per­fec­ta de des­cubrir la esen­cia del Salzkam­mergut: nat­u­raleza, pueb­los con encan­to y un ambi­ente tran­qui­lo que con­trasta con el rit­mo de las grandes ciu­dades. Es una ruta breve en kilómet­ros, pero llena de lugares que invi­tan a deten­erse una y otra vez para con­tem­plar el paisaje.

Es indud­able­mente uno de los via­jes más boni­tos que hemos hecho por Europa. Incluimos esta eta­pa, que se puede hac­er sin prob­le­ma en un solo día, en un via­je que real­izamos por el país un mes de Octubre. Otoño es una época ide­al para recor­rer tier­ras aus­tri­a­cas pues aún no han lle­ga­do las bajas tem­per­at­uras del invier­no (de hecho a nosotros nos hizo un tiem­po estu­pen­do) pero te evi­tas encon­trarte esas marabun­tas de tur­is­tas que lle­gan a estas tier­ras en ver­a­no. Aún así, pese a que Sankt Gilgen y Sankt Wolf­gang esta­ban más tran­qui­los, Hall­statt esta­ba ates­ta­do de chi­nos cámara en mano. No me imag­i­no la locu­ra que debe supon­er vis­i­tar el pueblo en época esti­val.

Lo ide­al es moverse entre las tres local­i­dades en coche, aunque des­de Salzbur­go (a sólo 50 kilómet­ros) y Viena (220 kilómet­ros) son muchas las agen­cias que ofre­cen excur­siones de un día. Nosotros, no obstante, ya sabéis que somos de ir por libre y como con­tábamos con coche de alquil­er, esto nos daba may­or inde­pen­den­cia.

Vista del lago Hallstättersee con las montañas del Salzkammergut cubiertas de bosque otoñal en Austria.

St. Gilgen, el tranquilo pueblo del lago Wolfgangsee

Comen­zaríamos la jor­na­da en el coque­to Sankt Gilgen, situ­a­do jun­to al lago Wolf­gang (o Wolf­gangsee, como lo cono­cen los aus­tri­a­cos). Aus­tria tiene lagos bel­lísi­mos pero este prob­a­ble­mente sea el más boni­to del país: sus aguas cristali­nas lo han con­ver­tido en uno de los resorts veranie­gos más deman­da­dos por via­jeros de toda Europa. Hel­mut Kohl, el can­ciller alemán, y su esposa Han­nelore todos los años venían aquí de vaca­ciones. Ton­tos no eran: el lugar es el paraí­so para los amantes de la nat­u­raleza, el aire puro y las rutas de senderis­mo por verdes valles. Mucha gente opta por tomar alguno de los bar­cos que conectan los pueb­los de St. Wolf­gang, Strobl y St. Gilgen. El recor­ri­do dura una hora por trayec­to y el pre­cio es de 22 euros ida y vuelta.

Pareja en lago Hallstättersee con las montañas del Salzkammergut cubiertas de bosque otoñal en Austria.

Estos pueb­los han podi­do con­ser­var tan inmac­u­la­da su arqui­tec­tura orig­i­nal ya que durante muchísi­mos años se man­tu­vieron prác­ti­ca­mente ais­la­dos y pro­te­gi­dos por mon­tañas que alcan­zan los 3.000 met­ros de alti­tud. Has­ta que el emper­ador Fran­cis­co José no fundó el pueblo de Bad Ischl (bad en alemán sig­nifi­ca spa), hacién­do­lo su res­i­den­cia ofi­cial de ver­a­no, no comen­zarían a lle­gar tur­is­tas a la zona. Des­de entonces, es una de las regiones favoritas de los aus­tri­a­cos para venir a rela­jarse, coger la bici­cle­ta o darse largas cam­i­natas. El área de Salzkam­mergut está pla­ga­do de boni­tos hote­les alpinos (nada baratos, eso sí), restau­rantes típi­cos y tien­das de sou­venirs que han sabido respetar total­mente la fisionomía de estos pueblecitos de cuen­to de hadas.

St. Gilgen insiste en pro­mo­cionarse como “el pueblo de Mozart”, pese a que el céle­bre com­pos­i­tor nun­ca llegó a vis­i­tar­lo. Pero sí es cier­to que aquí nació la madre de Mozart, Anna, que su abue­lo tra­ba­jó en el pueblo durante parte de su vida y que su propia her­mana Nan­nerl se mudó a vivir aquí después de casarse y vivió en St. Gilgen durante 17 años. Vamos, que los vín­cu­los famil­iares del entorno de Mozart con St. Gilgen son bas­tante pro­fun­dos y se les per­dona la men­tir­i­jil­la.

St. Gilgen comen­zó a destacar como des­ti­no turís­ti­co a finales del siglo XIX, cuan­do muchos viene­ses deci­dieron con­stru­irse en los alrede­dores sus segun­das res­i­den­cias. Aún así, es un pueblo muchísi­mo menos turís­ti­co que St. Wolf­gang (sigu­iente para­da), inclu­so en tem­po­ra­da alta. Al ser Octubre, estu­vi­mos deam­bu­lan­do por allí com­ple­ta­mente solos, nos cruzamos con algún veci­no despis­ta­do y poco más. Por ello, si quieres dormir por la zona, es bue­na opción, ya que hay mul­ti­tud de Bed & Break­fast boni­tos y baratos para lo que es Aus­tria (unos 70 euros la doble). Sólo tienes que bus­car el cartelito “Zim­mer Frei” (habita­ciones libres).

El cen­tro del pueblo reside en la Mozart­platz, donde en invier­no se insta­lan los mer­cadil­los navideños.

St Gilgen Mozartplatz

Como veis, Mozart con­tinúa sien­do el hijo pródi­go de St. Gilgen, pese a que nun­ca pis­ara el pueblo. De hecho en mitad de la plaza se encuen­tra una estat­ua de Mozart de joven tocan­do el vio­lín. Y St. Gilgen saca rendimien­to al tema con­vir­tien­do en casa de cul­tura a la casa natal de la madre del com­pos­i­tor. Así, en la Mozarthaus, donde Anna Maria Pertl nació el día de Navi­dad en 1720, se cel­e­bran con­fer­en­cias, concier­tos, obras de teatro y todo tipo de even­tos.

Estatua Mozart St Gilgen

St. Gilgen es un pueblo bas­tante pequeño que se recorre en ape­nas una hora. Las tran­quilas calles empe­dradas, las casitas de col­ores con sus bal­cones llenos de mac­etas y su situación a oril­las del lago hacen de St. Gilgen un lugar idíli­co.

amigos en Rathaus (Ayuntamiento) de St. Gilgen
Rathaus (Ayun­tamien­to) de St. Gilgen

St Gilgen

St Gilgen

St Gilgen

El cemente­rio de St. Gilgen se merece que le dediques un buen rato. Se encuen­tra anexo a la igle­sia ded­i­ca­da a San Gil y es un rincón lleno de col­ori­do, pese a que sea donde reposen los restos de la may­oría de los habi­tantes de St. Gilgen. La primera ermi­ta del san­to se con­struyó en el año 1300.

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St Gilgen Cementerio

Una de las grandes atrac­ciones de St. Gilgen es el tele­féri­co, el Zwolfer­horn Cable Car, que sube has­ta la cima de la mon­taña del mis­mo nom­bre.

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Si queréis obten­er inmejorables vis­tas panorámi­cas, os recomien­do que al salir de St. Gilgen, hagáis una para­da en el mirador del restau­rante Mühlradl: este es el resul­ta­do.

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St. Wolfgang, un pueblo de cuento en plena naturaleza austriaca

La sigu­iente para­da sería Sant Wolf­gang, lla­ma­da así en hom­e­na­je al san­to que en el siglo X buscó refu­gio en estas tier­ras. Dejamos el coche en un park­ing a la entra­da del pueblo que, curiosa­mente, pertenecía a una casa par­tic­u­lar y nos cobraron 3 euros. Como veis, aquí el que no corre, vuela a la hora de sacar un ben­efi­cio turís­ti­co.

St Wolfgang Austria

Una for­ma difer­ente de cono­cer St. Wolf­gang es por medio del Schaf­berg­Bahn, el tren cre­mallera más famoso de Aus­tria (y tam­bién el que asciende a may­or altura). El pre­cio no es bara­to (40 euros ida y vuelta) pero la expe­ri­en­cia es incom­pa­ra­ble. En fun­cionamien­to des­de 1893, aunque aho­ra con trenes mod­er­nos en vez de con máquinas de vapor, sube has­ta la cima de la mon­taña Schaf­berg: 40 min­u­tos de via­je para recor­rer los 1700 met­ros de ascen­so a la cum­bre, rega­lan­do pre­ciosas vis­tas de los paisajes aus­tri­a­cos. En días despe­ja­dos ten­drás la suerte de divis­ar var­ios lagos de la región. Arri­ba nos espera el Schaf­bergspitze, el hotel de mon­taña más antiguo del país, abier­to en 1862.

St. Wolf­gang fue pop­u­lar­iza­da en el pasa­do por la opere­ta “Im Weiben Robl”, basa­da en una his­to­ria real ocur­ri­da en una pequeña posa­da de la zona que narra­ba el corte­jo de un camarero a su jefa viu­da. Esta come­dia musi­cal fue la excusa per­fec­ta para ridi­culizar a los nuevos ricos que venían a la región de los lagos de vaca­ciones pero a la vez se con­vir­tió en la may­or pro­mo­ción turís­ti­ca que St. Wolf­gang pudiera imag­i­nar. De hecho, el hotel más exclu­si­vo de la ciu­dad, cuyas habita­ciones cues­tan una media de 300 euros la noche, es el Gasthof im Weis­sen Rössl, es la antigua posa­da donde se desar­rol­la­ba la opere­ta y cuya pop­u­lar­i­dad lo ha con­ver­tido en un hotel de lujo.

St. Wolfgang

En su parte trasera cuen­tan con esta pisci­na con vis­tas al lago: aho­ra entien­des por qué cues­ta un ojo de la cara el alo­jamien­to.

St Wolfgang

Pero si por algo era pop­u­lar ante­ri­or­mente St. Wolf­gang es por la fama que le con­cedió el san­to del siglo X que da nom­bre al pro­pio pueblo. Según cuen­ta la leyen­da, este obis­po lanzó un hacha al sue­lo, dejan­do al azar la elec­ción del lugar que vería la con­struc­ción de una futu­ra igle­sia. Y aquí, a oril­las del lago, se lev­an­tó este san­tu­ario que pasó a con­ver­tirse en uno de los pun­tos de pere­gri­nación más impor­tantes de Aus­tria. La Pfar­rkirche St. Wolf­gang desta­ca más por su inte­ri­or que por su exte­ri­or. Y es que al entrar, te encuen­tras con un altar espec­tac­u­lar, obra de Michael Pach­er, un arte­sano tirolés cuya obra maes­tra es esta, la “Coro­nación de la Vir­gen”. 

Pacher Altar St Wolfgang

Para com­er en St. Wolf­gang lo vas a ten­er fácil ya que el pueblo es tan turís­ti­co que si de algo están sobra­dos es de restau­rantes. Nosotros opta­mos por el restau­rante de uno de los hote­les más boni­tos del pueblo, el Gasthof Weiss­er. Allí decidi­mos pro­bar uno de los platos típi­cos aus­tri­a­cos, que como veis en la foto, no tiene mucho mis­te­rio: el esca­lope vienés o Wiener Schnitzel.

Supon­go que a lo largo de nues­tra vida hemos comi­do tan­tos filetes empana­dos (en Argenti­na des­cubrí que tam­bién eran muy comunes, las milane­sas) que nos pare­ció un pla­to de tan­tos. ¿Que esta­ba muy rico? Sí. ¿Que en Aus­tria tienen la par­tic­u­lar­i­dad de que son gigantes y con uno comen dos? Tam­bién. ¿Que ese par­tic­u­lar toque grasien­to es debido a que se frien con man­te­qui­l­la y no con aceite? Otro pun­to a su favor. Pero que tam­poco se comen mucho la cabeza en su elab­o­ración, cier­to es.

Escalope Austria

Cuan­do ven­gais a St. Wolf­gang, si tenéis un rati­to os acon­se­jo hac­er una para­da en la cafetería Kaf­feew­erk­statt: como veis, es encan­ta­do­ra ¡no le fal­ta detalle!

Kaffeewerkstatt St Wolfgang Austria

Como podéis com­pro­bar, St. Wolf­gang es una autén­ti­ca pre­ciosi­dad. No nos extraña que muchas famil­ias acau­dal­adas lo esco­jan como su refu­gio para las vaca­ciones.

St. Wolfgang

St. Wolfgang

Casas de colores en el pueblo de St. Wolfgang junto al lago Wolfgangsee en Austria.

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St Wolfgang

 

Krampus: el demonio navideño de las montañas

Krampus tradicional austríaco con grandes cuernos y piel oscura en un pueblo alpino nevado durante el invierno.

Aunque nosotros visi­ta­mos la región en otoño, venir en invier­no tam­bién tiene su encan­to. Espe­cial­mente por dos motivos. El primero, la can­ti­dad de mer­cadil­los navideños que se orga­ni­zan en los pueb­los y donde podrás hin­charte a beber Glüh­wein (ese vino caliente espe­ci­a­do que tan­to gus­ta a aus­tri­a­cos y ale­manes), catar las gal­letas de jen­gi­bre o com­prar adornos navideños. Puedes atre­verte con otras vian­das típi­cas locales como el stollen (pas­tel de espe­cias), las vanillekipferl (gal­letas de nuez) o las spatznl (albóndi­gas) El mer­cadil­lo de St. Wolf­gang es el más impor­tante: se insta­la un can­dil gigante en mitad del lago y un Belén a tamaño nat­ur­al que hace las deli­cias de los vis­i­tantes.

Pero es el segun­do moti­vo para venir aquí en Navi­dad el que nos parece más curioso y atrac­ti­vo: el mito del Kram­pus, ese mon­struo de ros­tro dia­bóli­co, con cuer­nos y patas de cabra, que viene a por los niños traviesos que no se por­tan bien. Si no conocías la leyen­da, seguro que aho­ra te sue­na un poco más, ya que en los últi­mos años se han estre­na­do varias pelícu­las de ter­ror basadas en su figu­ra, has­ta el pun­to de que en muchas ciu­dades de Esta­dos Unidos como Port­land, San Fran­cis­co, Chica­go o Los Ange­les ya cel­e­bran cada Diciem­bre su pro­pio Kram­pus­fest.

El mito del Kram­pus se remon­ta a los orí­genes de sus veci­nos ger­manos (kram­p­en en alemán sig­nifi­ca gar­ra). Antigua­mente, en las frías noches de invier­no, en los pueb­los de Baviera los lugareños se dis­fraz­a­ban con pieles y hue­sos de ani­males, se teñían la cara con car­bón y bail­a­ban en torno a las hogueras con la inten­ción de espan­tar a los demo­ni­os de los bosques. Durante años esta tradi­ción pagana fue persegui­da por la igle­sia, a la que le gus­tan poco las tradi­ciones aje­nas a su juris­dic­ción, has­ta que hicieron caso a ese dicho que reza “si no puedes con el ene­mi­go, únete a él” y deci­dieron cris­tianizar los fes­te­jos, con­vir­tien­do a San­ta Claus en el líder del des­file de los Kram­pus y el que les informa­ba de los niños que no hacían caso a sus padres.

La noche del 5 de Diciem­bre, la Kram­pus­nacht, miles de hom­bres en toda Aus­tria se dis­frazan del Kram­pus y ater­ror­izan a niños y may­ores, arras­tran­do sus cade­nas y cencer­ros. Estos des­files, cono­ci­dos como Pässe, recuer­dan un poco a los car­navales de Tener­ife, en el aspec­to de que los miem­bros de cada aso­ciación pasan var­ios meses con­fec­cio­nan­do los tra­jes que lle­varán esa noche y que cada año super­an en cal­i­dad y drama­tismo a los del ante­ri­or. Ojo si estás en las primeras filas pres­en­cian­do el espec­tácu­lo, pues lo Kram­pus no dudarán un momen­to el fusti­garte con las ramas de abedul con las que van arma­dos. Esa ha sido siem­pre su mis­ión: cas­ti­gar a los rebeldes, enca­denar­los y llevárse­los con­si­go a las puer­tas del infier­no.

 

Hallstatt, el pueblo más famoso de los lagos de Austria

El día lo íbamos a acabar en el que está con­sid­er­a­do el pueblo más boni­to de Aus­tria (y en aña­didu­ra del mun­do). Hall­statt. Lo habíamos vis­to mil veces en fotos y es espec­tac­u­lar. Quizás por ese moti­vo, por lo mucho que se ha pub­lic­i­ta­do des­de la apari­ción de inter­net, fue en el que encon­tramos, con difer­en­cia, un may­or número de tur­is­tas. Tan­tos que a veces se hacía difí­cil andar por esos calle­jones pequeñi­tos. No obstante, Hall­statt está con­sid­er­a­do uno de los pueb­los más boni­tos de Aus­tria y uno de los des­ti­nos más vis­i­ta­dos de la región del Salzkam­mergut.

La may­oría de ellos eran tur­is­tas core­anos que, de muy malas man­eras, empu­ja­ban al resto de transeúntes, obse­sion­a­dos con encon­trar la foto per­fec­ta, y se apiña­ban a las puer­tas de las tien­das de sou­venirs. Habían des­cu­bier­to Hall­statt a raíz del roda­je aquí de un cule­brón core­ano y aho­ra se ha con­ver­tido en un lugar de pere­gri­nación tele­vi­si­vo para ellos. Sus veci­nos, los chi­nos, tam­bién están obse­sion­a­dos con el pueblo, has­ta el pun­to que con­struyeron una répli­ca de Hall­statt en su pro­pio país. Ya lo comen­ta­mos en el artícu­lo Des­ti­nos soña­dos que al final no son para tan­to : hay lugares que pier­den todo el encan­to cuan­do la aflu­en­cia de gente es exager­a­da y masi­va. Hall­statt corre el ries­go de con­ver­tirse en uno de esos des­ti­nos.

Casas tradicionales del pueblo de Hallstatt junto al lago Hallstättersee en Austria.

En cualquier caso, y sien­do obje­tivos, Hall­statt es Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO y bien que merece el priv­i­le­gio. No sólo porque sea una vil­la bel­lísi­ma, que tam­bién, sino porque tiene el hon­or de ser el pueblo más antiguo aún habita­do de Europa. Sus orí­genes se remon­tan a la Edad de Hier­ro, has­ta el pun­to de que da nom­bre a una cul­tura arque­ológ­i­ca, la de Hall­statt, mar­ca­da por la agri­cul­tura, el tra­ba­jo con met­ales, el inter­cam­bio com­er­cial con otras cul­turas mediter­ráneas y la apari­ción de una nue­va clase social priv­i­le­gia­da: la élite.

Hall­statt además fue de los primeros pueb­los del mun­do en con­tar con una mina de sal, que tan­ta for­tu­na ha traí­do a la región. Des­de la pre­his­to­ria la sal ha sido con­sid­er­a­da un artícu­lo de lujo, ya que en una época en la que no existía la refrig­eración arti­fi­cial, era la her­ramien­ta ide­al para con­ser­var en buen esta­do los ali­men­tos. Actual­mente las minas están abier­tas al tur­is­mo y se pueden vis­i­tar. Aunque adver­ti­mos que el pre­cio de la entra­da no es bara­to: 34 euros.

Hoy en día Hall­statt bebe del tur­is­mo como prin­ci­pal fuente de ingre­sos. Igno­ramos si los pocos veci­nos que no vivan de vender sou­venirs, alo­jar hués­pedes o dar­les de com­er están has­ta los mis­mos de tan­ta bas­ca con cámara de foto al cuel­lo. El resto des­de luego que saca un rendimien­to bru­tal a lo boni­to que es su pueblo: aparcar cues­ta la módi­ca can­ti­dad de 7 euros e inclu­so en tem­po­ra­da baja, es difí­cil encon­trar aquí una habitación doble por menos de 120 euros. Tam­poco creas que en los pueb­los cer­canos baja de pre­cio mucho la cosa: esta zona en gen­er­al es bas­tante cara a la hora de bus­car hotel. Quizás por ello nosotros hici­mos bien en gas­tar el día recor­rien­do la región pero pos­te­ri­or­mente irnos a dormir a Viena, que sería nues­tra sigu­iente eta­pa en el via­je y que se encuen­tra a algo más de 3 horas en coche.

Aunque Hall­statt se ve fácil­mente en una hora y lo com­pro­barás en este artícu­lo sobre qué ver en Hall­statt en un día (ape­nas hay un kilómetro de extremo a extremo), tómate­lo con cal­ma para dis­fru­tar­lo. Lo primero es tomar la mejor fotografía, como la que ves ahí arri­ba: para ello cam­i­na hacia el norte del pueblo, deja atrás la estación donde atra­ca el fer­ry y cuan­do el camino se escore, date la vuelta y obser­va qué panorámi­ca más increíble. Tam­bién hay insta­l­a­do un mirador, el 5 Fin­gers, a 350 met­ros de altura sobre las casas de Hall­statt si bus­cas otras vis­tas difer­entes (además es gra­tu­ito). O inclu­so en la parte sur, a sólo unos pasos de la Ofic­i­na de Infor­ma­ción Turís­ti­ca.

Esta de aquí aba­jo es la con­cur­ri­da Mark­t­platz, es decir, la plaza prin­ci­pal. Real­mente boni­ta, con la fuente, la estat­ua de la San­tísi­ma Trinidad y sus casitas de col­ores desta­can­do frente a las mon­tañas Dachstein Salzkam­mergut. Aquí es donde se insta­la cada invier­no el mer­cadil­lo de navi­dad pero tam­bién es sede de otros muchos even­tos: concier­tos. fies­tas del Cor­pus Christi o las del Kram­pus de las que os hablé ahí arri­ba.

Calle del pueblo de Hallstatt con casas tradicionales austríacas.

La calle prin­ci­pal, la Seestrabe (o Calle del Lago), está siem­pre has­ta arri­ba de vis­i­tantes. Para­lela a ella se encuen­tra el lago, al que parece abrazarse Hall­statt, donde son muchos los tur­is­tas que alquilan un bar­co a ped­ales con for­ma de cisne.

Calle del pueblo de Hallstatt con casas tradicionales austríacas.

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Otro de los lugares más intere­santes para vis­i­tar en Hall­statt es el trío con­for­ma­do por la igle­sia, el cemente­rio y el osario. Espe­cial­mente curioso es el osario, el Bein­haus, en la capil­la de San Miguel, aledaño a la igle­sia católi­ca, la Pfar­rkirche. Debido a la sat­u­ración del cemente­rio cer­cano, aquí se alma­ce­nan más de 1.200 crá­neos dec­o­ra­dos, refle­jo de una tradi­ción de la zona antiquísi­ma que con­siste en pin­tar (o maquil­lar más bien) las calav­eras de antepasa­dos. Algu­nas de ellas lle­van coro­nas: cuan­to más oxi­dadas están dichas coro­nas, más antigu­os son los restos de las calav­eras. Otras lucen cruces negras en la frente, flo­res o hojas de roble.

Hallstatt

Cómo visitar Hallstatt, St. Gilgen y St. Wolfgang desde Salzburgo

Una de las mejores opciones es des­cubrir estos pueb­los durante una excur­sión des­de Salzbur­go, una ciu­dad que nos encan­tó. Salzbur­go está a menos de una hora de St. Gilgen y a poco más de una hora de Hall­statt, lo que hace que esta ruta sea per­fec­ta para una escapa­da de un día. Si no tienes coche, tam­bién tienes la opción de con­tratar una excur­sión orga­ni­za­da

Si dispones de coche, la ruta más habit­u­al es:

Salzbur­go → St. Gilgen → St. Wolf­gang → Hall­statt.

El recor­ri­do atraviesa la espec­tac­u­lar región del Salzkam­mergut, una zona de lagos alpinos y mon­tañas que for­ma algunos de los paisajes más boni­tos de Aus­tria.

Otra opción muy pop­u­lar es hac­er el trayec­to en bar­co por el lago Wolf­gangsee, conectan­do St. Gilgen con St. Wolf­gang mien­tras dis­fru­tas de las vis­tas del lago y de los pueb­los que se aso­man a sus oril­las.

 

Recor­rer Hall­statt, St. Gilgen y St. Wolf­gang es una de las expe­ri­en­cias más boni­tas que se pueden vivir en Aus­tria. Estos tres pueb­los, situ­a­dos en la espec­tac­u­lar región del Salzkam­mergut, com­bi­nan paisajes alpinos, lagos cristal­i­nos y una arqui­tec­tura tradi­cional que parece saca­da de un cuen­to. Cada uno tiene su pro­pio carác­ter. St. Gilgen desta­ca por su tran­quil­i­dad y su relación con Mozart, St. Wolf­gang por su ambi­ente ani­ma­do jun­to al lago Wolf­gangsee y Hall­statt por su ima­gen icóni­ca, que se ha con­ver­tido en uno de los paisajes más famosos de Europa.

Más allá de los pueb­los en sí, lo que real­mente hace espe­cial esta ruta es el entorno. Los lagos, las mon­tañas y los pequeños caminos que conectan estas local­i­dades cre­an un paisaje que invi­ta a deten­erse con­stan­te­mente para con­tem­plar­lo. Es uno de esos lugares donde el via­je no se mide en kilómet­ros, sino en momen­tos. Si estás plane­an­do un via­je a Aus­tria y quieres des­cubrir algunos de los pueb­los más boni­tos del país, dedicar tiem­po a explo­rar Hall­statt, St. Gilgen y St. Wolf­gang es una apues­ta segu­ra. Tres lugares que demues­tran por qué la región de los lagos aus­tría­cos es uno de los rin­cones más mági­cos de Europa.


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