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¿Destinos soñados que al final no son para tanto?

Cuando una lleva un blog de viajes, puede caer en el error de mitificar a menudo los destinos con los que ha soñado toda la vida. Razones no nos faltan ya que te has tirado un montón de años imaginando cómo sería ese glorioso momento en el que por fin te verías allí y queriendo obviar cualquier inconveniente que se te cruzara por el camino. Yo he de reconocer que además, a la hora de viajar, me siento una persona enormemente positiva y trato siempre de quitar hierro a esos contratiempos de los que nadie logramos librarnos. Pero a veces viajar supone también comenzar a desterrar mitos, asumir que no somos los únicos habitantes de la Tierra y que, como nosotros, millones de personas también suspiran por visitar lugares únicos.

Las fantasías viajeras, en muchas ocasiones, poco tienen que ver con la realidad y rincones que se nos prometían idílicos, apenas se asemejan a esa postal que llevamos en el bolsillo. ¿Significa esto que hoy tenemos por delante un artículo llamémosle “negativo” acerca de lo que a veces supone viajar? En absoluto. Simplemente queremos abrir los ojos a los que aún creen en la utopía de esperarse una Roma sin un solo turista o sueñan con tumbarse en una playa paradisíaca sin pelearse por conseguir un pedazo de arena. Claro que hay multitud de lugares casi desiertos esperando que los descubras. Pero no nos engañemos: no tienen la relevancia turística de esos otros que se convierten en “visitas imprescindibles”. Y quizás ahí radique su encanto (de los lugares menos publicitados, aclaro) y por eso cada vez los busco con más ahínco.

¿Deberías dejar de visitar esos destinos soñados sólo por el miedo a que te decepcionen? Rotundamente no. Al menos esa es mi máxima. Se debe viajar con la mente abierta, con mucha paciencia y sobre todo con mucho humor. Con ese mismo humor irónico con el que vamos a embadurnar este artículo. Porque la decepción que conlleve visitar estos lugares tan masificados recae en uno mismo. En mi caso, volvería a visitarlos una y mil veces, lo que no quita la cara de poker que se te queda cuando vas por primera vez.

Mona Lisa Louvre Paris

Qué mejor foto para comenzar nuestro reportaje que esa instantánea que veis ahí arriba de la Mona Lisa (o La Gioconda) en el museo parisino del Louvre. La primera vez que salí de España tenía diecisiete años y fue en un viaje del instituto en el que recorrimos en autocar Francia, Bélgica y Holanda. Tengo buenísimos recuerdos de aquel primer viaje al extranjero porque acarreaba los desenfrenos de la adolescencia (los profesores estuvieron a punto de pedir la baja por depresión al volver), porque lo realicé con la que veinte años después sigue siendo una de mis mejores amigas, Blanca, y porque mis padres, en un arranque de generosidad, me dieron cien mil pelas de la época para que me gastara pese a que iba ya con todos los gastos pagados: en la vida me había visto con tanto dinero en el bolsillo, recuerdo que mi madre hasta me fabricó una bolsita casera que se ataba bajo la ropa “para que no me lo robaran ¡y nada de dejarlo en la habitación!”. Qué tiempos.

El caso es que al llegar a París, tras un montón de horas de autobús y carretera (y botellas de vodka escondidas en la mochila que nos bebíamos a escondidas en la parte de atrás del autocar), uno de los primeros lugares que queríamos ir a visitar era el Museo de Louvre. Yo ya por entonces era una enamorada del arte y pensar en ver de cerca la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, el Escriba Sentado egipcio o “La Libertad guiando al pueblo” de Delacroix (probablemente el cuadro del que más orgullosa ha de sentirse la sociedad francesa), me ponía los pelos de punta. Pero si hay una obra que me moría por ver era La Gioconda de Da Vinci. Y no, no era la única que pensaba lo mismo.

La fascinación que sigue provocando la Mona Lisa varios siglos después de su creación es comprensible: es uno de los cuadros más misteriosos del mundo. Actualmente ni siquiera tenemos una prueba fehaciente y concreta de quién era realmente esta enigmática dama italiana, aunque se baraje que fuera Lisa Gherardini. Hasta los más osados creen que era un propio autorretrato del gran Leonardo disfrazado de mujer: como veis, las teorías son infinitas. La ausencia de cejas sugiere que pudiera ser una prostituta de la época, su sonrisa varía según la posición en que la observes (¿por qué sonreía?¿acaso porque sus manos sobre el vientre dan indicios de un posible embarazo?) y prestigiosos restauradores aseguran que bajo esa primera capa de pintura se esconde La Gioconda verdadera, otra muy distinta a la que hoy conocemos.

El caso es que no sabemos si debido a sus secretos o a la fama que la precede, la Mona Lisa es con diferencia el cuadro más codiciado en el Museo del Louvre. Y eso que cuando nos plantamos por primera vez delante de ella nos decepciona un poco su tamaño ya que es bastante pequeña: 77 centímetros de alto y 53 de ancho. Más de ocho millones de visitantes llegan al Louvre cada año y todos, absolutamente todos, aspiran a ver La Gioconda. Probablemente no puedas estar delante de ella más de quince o veinte segundos y tendrás que dar unos cuantos codazos y esquivar miles de teléfonos móviles que aspiran a fotografiarla. Pero al menos a mí me mereció la pena la espera.

Tal vez no piensen lo mismo muchos viajeros, especialmente japoneses, que han sufrido lo que se conoce como síndrome de París. La capital francesa ha sido tan idealizada, la tenemos tan mitificada como destino perfecto, que muchos sienten ataques de ansiedad cuando confirman que no es la ciudad perfecta, que es sucia, azotada por los constantes atascos de tráfico y que los niveles de delincuencia son altamente preocupantes. Esto provoca a algunas personas una patología en la que se sienten perseguidos y sufren taquicardias. Una sensación totalmente contraria a lo que aspiraban vivir cuando se montaron en el avión con la cabeza llena de sueños. Algo parecido les ocurre anualmente a unas cien personas cuando al viajar a Israel sufren el síndrome de Jerusalén, aunque en este caso la ansiedad se traduce en alucinaciones psicóticas y la paranoia de creerse un enviado divino. Como veis, a veces el destino elegido puede jugarte una mala pasada si te emocionas demasiado con el viaje y no andas muy centrado mentalmente.

De París, una ciudad en la que apenas podrás andar debido a la cantidad de gente en sitios como la Torre Eiffel, la Basílica del Sagrado Corazón o el bohemio barrio de Montmartre, nos vamos a la otra ciudad del amor: Venecia. Ya en el artículo Lugares del mundo que están hasta el gorro de turistas os contábamos la locura que es recorrer sus canales. La saturación de gente ha llegado a tal nivel que se han comenzado a instalar tornos para regular el tráfico no de coches (que en la isla principal no tienen permitido el acceso) sino de turistas. Sí, sí, habéis leído bien. Cada día, casi 100.000 personas, muchos de ellos cruceristas, se las ven y se las desean para encontrar algún callejón vacío: nosotros, con mucha paciencia, lo logramos. El secreto radica en intentar huir de los puntos más masificados, caso del Puente Rialto o la Plaza de San Marcos, y perderse por las callejuelas más recónditas.

Venecia carnaval

El problema de Venecia es que se ha querido explotar tanto que los propios venecianos han salido huyendo y la UNESCO se plantea retirarle el título de Patrimonio de la Humanidad si el gobierno italiano no toma medidas (y no parece estar por la labor, qué mala es la avaricia). Todos quieren sacar tajada de la gallina de los huevos de oro. Por dicho motivo, Venecia se ha convertido en una de las ciudades más caras del mundo. Los hoteles tienen precios desorbitados (por eso nosotros decidimos alojarnos en el cercano barrio de Mestre), los paseos en góndola rondan los 100 euros por apenas media hora y te cobran 15 eurazos por un plato de pasta. Romanticismo a precio de oro.

Y como de romanticismo va la cosa, vayámonos a Bali, una de las islas más bonitas que hemos visitado nunca. ¿Y por qué conseguimos disfrutarla tanto? Porque nos negamos a alojarnos en la zona de Kuta, donde se hacinan la mayoría de turistas, buena parte de ellos australianos, que eligen Bali como destino de vacaciones. Pese a que hace años se redujo el turismo debido al atentado que se cobró decenas de vidas, este repuntó con la llegada de la película “Come, reza, ama”. Y hay puntos de la isla tan colapsados y contaminados que cuesta creer que éste sea considerado un paraíso. Huye de ellos.

Mi recomendación es que intentéis alojaros en Ubud, en el centro de Bali, e insistáis en hacer el mayor número de excursiones posibles por el interior de la isla. Aún así, no por ello debéis dejar de lado los templos más conocidos pero tened en cuenta que ir a ver el Pura Tanah Lot cuando anochece no es la experiencia idílica que esperábais: está petadísimo de turistas y vendedores de souvenirs. Pongo como ejemplo que cuando estábamos allí, escuchamos a un grupo de españoles comentar “nosotros estamos en un resort de cinco estrellas y esta es la única excursión que hemos hecho (y que vamos a hacer)”. Ese es el tipo de turismo que predomina en la isla. El que avisa no es traidor.

Tanah Lot Bali

Lo de Barcelona en los últimos años es de locos. La ciudad más visitada de España (y, por tanto, del mundo) ha visto cómo las Ramblas se han convertido en un hervidero de turistas a la caza de souvenirs (y en el reducto de los carteristas) y las colas para acceder a la Sagrada Familia son kilométricas. Mi consejo, si ya has visitado la ciudad antes, es evitar lugares masificados como el Barrio Gótico o el Parque Güell e irte a lugares donde verás más barceloneses que extranjeros. ¿Que quieres parques? Vete al de la Ciutadella, que es bien bonito. No pienses que los únicos edificios modernistas son los de Gaudí, tienes maravillas como el Hospital de Sant Pau, en el que no hay tantas multitudes. Y si quieres degustar sus mercados ¿por qué emperrarte en ir a La Boquería, que cada vez está más orientado al turismo, si en barrios como Sant Antoni o Gracia hay mercados locales mucho más auténticos? Y un consejo más: visita el Pueblo Español. Es uno de mis rincones favoritos en Barcelona y aunque cueste creerlo, la última vez que fuimos, quizás porque era un día de diario a mediodía, lo recorrimos practicamente solos.

Atenas es una ciudad que a muchos turistas decepciona. Se quejan de que está sucísima, los atascos de tráfico son continuos y apenas queda nada para ver. Tal vez tengan algo de razón pero yo fue una ciudad a la que encontré mucho encanto. Acaso porque decidimos ir en pleno invierno y sí, conseguimos disfrutar de la Acrópolis casi solos: debo ser de las pocas personas del mundo que tiene una foto frente al Partenón completamente sola. Cuando visites la Acrópolis, la mejor opción es irse a la cercana Colina Filapappou, a la que apenas van turistas y que proporciona inmejorables vistas. En el barrio de Thisseio también hay un montón de tabernas, menos congestionadas que en Plaka, y las copas nocturnas te las puedes tomar en la zona de Pagrati. Ve a lugares donde se concentren los atenienses, que ellos sí que saben donde refugiarse de tanto turista.

Atenas Partenon Acropolis

Así está el Partenón en pleno verano: hasta las trancas.

¿Qué me decís de los Museos de Cera? La mayoría de ellos, no nos engañemos, son horripilantes. Empezando por el de Madrid, al que me llevaron de niña por primera vez mis abuelos y me quedé traumatizada con la galería de los asesinos en serie, que parecían cedidos por un parque de atracciones barato. Si quieres recomendarle una visita a tu peor enemigo, ya sabes, al Museo de Cera: fijo que luego no duerme acordándose de las horrorosas réplicas de Fernando Alonso o el Papa Ratzinger: este último parece haberse escapado de un combate a muerte en el Campeonato Mundial de Boxeo Peso Mosca.

Pese a que Escocia fue un lugar que me encantó, he de confesar que me decepcionaron muchos de sus castillos (o más bien las ruinas que han conseguido llegar hasta nuestros días). Hay algunos magníficos, como el de Edimburgo, el de Stirling o el de Eilean Donan. Pero por ejemplo el Castillo de Urquhart, a orillas del Lago Ness (mucho más bonito el paisaje que el castillo), es de esos lugares que te da vergüenza ajena que se cobre una entrada por pasar. Es el gran problema de los castillos escoceses: la gran mayoría pertenecen a clanes, por lo que son de propiedad privada, y todos quieren cobrar aunque sea sólo por enseñar cuatro piedras. Creéme: en España puedes encontrar cientos de castillos en pueblos perdidos mucho mejores que la mayoría de los escoceses. Y encima son gratuitos y van a verlos cuatro gatos.

Castillo Urquhart Escocia Ruinas

Esto es lo que queda del Castillo de Urquhart: practicamente nada

Vamos a hablar de Las Vegas no porque a mí me haya decepcionado a nivel lúdico (me lo pasé bomba) pero sí porque conozco a mucha gente que ha salido de allí corriendo. Un destino controvertido, para qué negarlo: lo amas o lo odias. Una ciudad que parece un parque de atracciones, donde los únicos “monumentos” a visitar son hoteles mastodónticos con sus correspondientes casinos. En mi caso, he de confesar que la decepción vino a nivel humano. Aunque Las Vegas siempre esté llena de gente (no obstante es el tercer destino más visitado de Estados Unidos), en cuanto llevas unas horas allí, te das cuenta que es la ciudad de la soledad: miles de ludópatas han abandonado sus vidas para venirse a vivir a la capital del juego y tirarse dieciocho horas diarias sentados frente a una máquina tragaperras. Se me partía el corazón al ver a octogenarias en bata y zapatillas con la mirada perdida echando una moneda tras otra.

Por otro lado, Las Vegas tiene un lado oscuro que a menudo dejan de lado muchos turistas. Prostitución (aunque en la práctica esta es ilegal, igual que jugar a la lotería), inseguridad, estafas, vagabundos malviviendo en los kilómetros de túneles subterráneos que transitan bajo las animadas calles… No todo es alegría y diversión en la ciudad del pecado. Lo mismo ocurre con Hollywood, con diferencia el lugar que más me ha decepcionado en Estados Unidos. El Paseo de La Fama es en realidad una calle donde el glamour brilla por su ausencia, con raperos cantando y unos cuantos espabilados disfrazados de Spiderman o Darth Vader (todos intentando ganarse unos dólares) y un montón de tiendas de souvenirs regentadas por pakistaníes. El Hollywood que te venden en las películas dista bastante del real.

Las Vegas

Las Vegas no es tan glamourosa si se ve a la luz del día…

¿Habéis ido alguna vez a algún lugar que os enamoró la primera vez que lo visitasteis y cuando habéis vuelto años después os entraban ganas de llorar? Supongo que sí. A mí me ocurrió en las islas Phi Phi en Tailandia. Cuando fui por primera vez, no podía creer lo que veían mis ojos: era el paraíso. Aguas cristalinas, playas de arena albina, cocoteros, cocktails en una hamaca a pie de playa. Pero igual que el cine ha conseguido que destinos desconocidos atrajeran visitantes, a veces este fenómeno se va de las manos. Y esto ocurrió cuando en la bellísima playa de Maya Bay se grabó la película “La Playa”, protagonizada por Leonardo DiCaprio, y millones de personas comenzaron a recluirse en estas dos minúsculas islas asiáticas.

Ahora las Phi Phi sufren tal nivel de saturación que apenas se ve el agua debido a la cantidad de barcos y yates; se han abierto un montón de bares y discotecas donde los hooligans vociferan hasta bien entrada la madrugada y la basura se acumula por doquier. A tal punto se ha llegado que al gobierno tailandés no le ha quedado más remedio que cerrarla temporalmente y avisar que en el futuro, sólo se permitirán 2.000 visitantes diarios y estos deberán acceder por los muelles opuestos a Maya Bay. En Filipinas, más concretamente en Boracay, se ha tomado una medida similar: otro destino paradisíaco que ha acabado convertido en una cloaca.

Maya Bai Islas Phi Phi Tailandia

Maya Bay ya no se parece a la idílica imagen que veis aquí: ahora es un vertedero

¿Qué hay de algunos de los monumentos más visitados del mundo? ¿Realmente responden a nuestras expectativas? No son pocos los viajeros que regresan desilusionados a casa tras comprobar que muchos de sus destinos soñados se han acabado convirtiendo en atracciones de feria. Este es el caso del Taj Mahal, que pese a su incuestionable belleza no sólo está sufriendo la invasión abusiva de turistas sino también los estragos de la contaminación, la basura que se acumula en los alrededores y los miles de vendedores de souvenirs que no dejan ni respirar a los visitantes. Algo parecido ocurre en la Gran Muralla de China, que ya comienza a sentir en sus carnes de piedra lo que conlleva la visita de millones de turistas (la mayoría de ellos chinos). O en Pompeya, donde los restauradores se las ven y se las desean para mantener intactas las ruinas (hace no mucho saltó la desagradable noticia de un hombre al que le entró un apretón y no se le ocurrió mejor lugar para dejar su “recuerdo” que en una villa romana).

Para el final he querido dejar el premio gordo: Benidorm. Creo que no hay una ciudad en el mundo a la que odie más. La última vez que estuvimos allí fue en invierno y casi es más deprimente que en verano. Venían unos amigos de Estados Unidos a tocar en un festival y subimos a verles: por la noche acabamos con ellos en un bareto con taburetes cuyas patas eran cabezas de cocodrilo de plasticurri y rodeados de jubilados ingleses borrachísimos cantando en el karaoke. En el pub de al lado tocaba un grupo tributo a New Kids on the Block.

Benidorm representa todo lo que detesto en un viaje: playas abarrotadas donde no cabe un alfiler, guiris borrachos llenando todo de mierda, explotación urbanística a tope (Benidorm es la ciudad europea con mayor número de rascacielos, con lo bonito que era el casco antiguo y en lo que han convertido la ciudad), chiringuitos domingueros y, sobre todo, mucha caspa. Porque no nos engañemos: Benidorm es la ciudad de los cuñaos, tanto de los españoles como de los extranjeros. Catetos a los que les pirra hacinarse en verano en un mismo sitio y que encima luego salen en el telediario “quejándose de la gente que hay”. Pero ahí les tienes, todos los años regresando al mismo estercolero.

Benidorm Rascacielos

Benidorm: esa ciudad que nos encantaría que se tragara un tsunami

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34 replies »

  1. jjajaja, me he reído muchísimo con lo de Benidorm y estoy muy de acuerdo . Menos mal que a la mayoría de la gente le gusta el turismo de playa y no moverse de ahí porque no me quiero imaginar como estarían el resto de sitios si también fueran a ellos.
    Nosotros tenemos unos recuerdos preciosos de Goreme, en Capadocia, y nos da miedo volver y ver como ha cambiado porque ya entonces estaban construyendo muchos hoteles.

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  2. Genial, como siempre das en el clavo con tus percepciones, estoy super de acuerdo contigo.
    Y este verano volveré a experimentar la sensación de ser “masa”, ” muchedumbre ahogada de calor”….. pero no tengo otra opción para poder viajar en family.
    Y en Agosto nos vamos a conocer Atenas !!!!! y otros cuantos sitios más ( tomo nota de tus consejos) con mentalización total y preparados para el agobiante barullo, pensando en lo malo lo peor a lo mejor no nos parece tanto( igual que cuando pensamos en lo bueno lo mejor después tampoco nos parece tanto). Bueno si sobrevivo a la insolación ya os contaré. Saludos

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  3. hahaha Concuerdo, en especial con Venecia.
    Mi Barcelona me parece que en los últimos años es una locura como la han invadido de guiris…el problema es cuando vives ahí y tienes que pasar a fuerzas por las ramblas y ya no puedes por tantos turistas! Es hermosa y mi ciudad favorita en el mundo pero aún así no puede creer las horas de turistas que van ahí todo el año!
    Y Benidorm…hahaha y yo que planeaba ir ahí! siempre dicen que es un paraíso de fiesta pero ya creo que no haha
    Saludos!

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  4. Calcetines Viajeros, me alegro que te hayas reído con lo de Benidorm (yo también me reí mucho escribiéndolo). Nosotros la Capadocia la visitamos en pleno invierno y estuvimos prácticamente solos, creo que el problema viene en verano…

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  5. Muy de acuerdo contigo. ¡Déjales que se hacinen en Benidorm, así no colapsan otros sitios realmente interesantes!
    Nosotras estuvimos en Venecia esta Semana Santa (antes de los tornos, por suerte) y, aunque había mucha gente, ésta se concentraba en los lugares más turísticos. Logramos estar practicamente solas en cuanto nos alejábamos dos calles, por ejemplo en Cannaregio, hacia los Ghettos Vecchio y Nuovo, vivimos una ciudad auténticamente veneciana, con los locales por las calles y tiendas. Pero claro, si te quedas en San Marco y no vas más allá…
    Un saludo!

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  6. Un Mundo Infinito: tenéis mucha razón con lo de Venecia. Como comento en el artículo, nosotros estuvimos en zonas (el Barrio Judío sin ir más lejos) donde apenas había gente porque todo el mundo se empeña en quedarse en San Marcos y alrededores. Y son lugares con un montón de encanto. ¡Un abrazo!

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  7. Mmmnn a mi por ejemplo, la primera vez de Venecia me resultó mágica y la segunda me pareció como estar en un mercadillo sos días completos…un horror.
    Cuando me entusiasma una cala, la siguiente vez el agua ya no es tan cristalina…jajaja
    Buscaré la entrada a ver si cambio de opinión:)

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  8. cuánta razón hay en tu entrada!!!
    muchos son los lugares que has soñado porque has visto fotos (retocadas) por internet o revistas que parecen un paraíso (urbano, natural o monumental) y luego llegas a allí, y toma chasco!
    añadiría a tu lista el Palacio Real de Bangkok… estuvimos literalmente 30 minutos de reloj y después de ser “atropellados” por hordas de turistas y no conseguir hacer ni una foto digna, salimos huyendo de allí ¬¬’

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  9. El turismo en Tailandia ha crecido de una forma exagerada… A nosotros nos ocurrió algo parecido la última vez que estuvimos en Bangkok pero sin embargo el Palacio Real me sigue pareciendo maravilloso. Aunque entiendo perfectamente cómo te sentiste!

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  10. Interesante post! Me encantó! Agregaría Roma! Lleno pero lleno de turistas y la ciudad demasiado sucia. No me gustó para nada. Si vuelvo, volvería en invierno para evitar el calor jejejej! Estoy en este momento viajando con mi polola (novia… le decimos polola en Chile) y estamos en este momento en Santa Lucía di Piave, muy cerca de Venecia! Así que nos vino de pelos este post para considerar y tomar en cuenta lo que nos cuentan sobre Venecia que aún no vamos !

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  11. Gracias Beño! A nosotros Roma nos encantó pero sí, efectivamente tiene el inconveniente de que apenas puedes andar por la cantidad de turistas (y, como tú, regresaría en invierno). Espero que os sirva el relato de Venecia, como habréis leido, uno de los lugares más interesantes es el Palazzo Dario, de lo más enigmático… ¡un abrazo!

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  12. Barcelona ya era un asco cuando yo vivía allí, aunque durante la temporada baja todavía podías pasear por Las Ramblas tranquilamente. A mediados de marzo se empezaba a llenar de gente y ya no paraba hasta que empezaba el curso de nuevo. Entonces era una “ciudad escaparate”; ahora, ni te cuento.

    Y aquí hay un lugar curioso que me sorprendió: Benidorm. Lo visitamos un día tonto a principios de diciembre, por el puente de la Constitución. Estuvimos de pasada y sin más pretensión que ver qué era eso de Benidorm. Pues resulta que no nos desagradó. Me explico: como no esperábamos nada, lo poco que vimos nos pareció hasta gracioso. Ahora bien, no voy allí en temporada alta ni harta de vino…

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