¿Destinos soñados que al final no son para tanto?

Mona Lisa Louvre Paris

Cuan­do una lle­va un blog de via­jes, puede caer en el error de miti­ficar a menudo los des­ti­nos con los que ha soña­do toda la vida. Razones no nos fal­tan ya que te has tira­do un mon­tón de años imag­i­nan­do cómo sería ese glo­rioso momen­to en el que por fin te verías allí y que­rien­do obviar cualquier incon­ve­niente que se te cruzara por el camino. Yo he de recono­cer que además, a la hora de via­jar, me sien­to una per­sona enorme­mente pos­i­ti­va y tra­to siem­pre de quitar hier­ro a esos con­tratiem­pos de los que nadie logramos librarnos. Pero a veces via­jar supone tam­bién comen­zar a dester­rar mitos, asumir que no somos los úni­cos habi­tantes de la Tier­ra y que, como nosotros, mil­lones de per­sonas tam­bién sus­pi­ran por vis­i­tar lugares úni­cos.

Las fan­tasías via­jeras, en muchas oca­siones, poco tienen que ver con la real­i­dad y rin­cones que se nos prometían idíli­cos, ape­nas se ase­me­jan a esa postal que lle­va­mos en el bol­sil­lo. ¿Sig­nifi­ca esto que hoy ten­emos por delante un artícu­lo llamé­mosle “neg­a­ti­vo” acer­ca de lo que a veces supone via­jar? En abso­lu­to. Sim­ple­mente quer­e­mos abrir los ojos a los que aún creen en la utopía de esper­arse una Roma sin un solo tur­ista o sueñan con tum­barse en una playa par­adis­ía­ca sin pelearse por con­seguir un peda­zo de are­na. Claro que hay mul­ti­tud de lugares casi desier­tos esperan­do que los des­cubras. Pero no nos engañe­mos: no tienen la rel­e­van­cia turís­ti­ca de esos otros que se con­vierten en “vis­i­tas impre­scindibles”. Y quizás ahí radique su encan­to (de los lugares menos pub­lic­i­ta­dos, aclaro) y por eso cada vez los bus­co con más ahín­co.

Blue and Orange Travel Packing List

¿Deberías dejar de vis­i­tar esos des­ti­nos soña­dos sólo por el miedo a que te decep­cio­nen? Rotun­da­mente no. Al menos esa es mi máx­i­ma. Se debe via­jar con la mente abier­ta, con mucha pacien­cia y sobre todo con mucho humor. Con ese mis­mo humor iróni­co con el que vamos a embadurnar este artícu­lo. Porque la decep­ción que con­lleve vis­i­tar estos lugares tan masi­fi­ca­dos recae en uno mis­mo. En mi caso, volvería a vis­i­tar­los una y mil veces, lo que no qui­ta la cara de pok­er que se te que­da cuan­do vas por primera vez.

Mona Lisa Louvre Paris

Qué mejor foto para comen­zar nue­stro repor­ta­je que esa instan­tánea que veis ahí arri­ba de la Mona Lisa (o La Gio­con­da) en el museo parisi­no del Lou­vre. La primera vez que salí de España tenía diecisi­ete años y fue en un via­je del insti­tu­to en el que recor­ri­mos en auto­car Fran­cia, Bél­gi­ca y Holan­da. Ten­go buenísi­mos recuer­dos de aquel primer via­je al extran­jero porque acar­rea­ba los desen­frenos de la ado­les­cen­cia (los pro­fe­sores estu­vieron a pun­to de pedir la baja por depre­sión al volver), porque lo real­icé con la que veinte años después sigue sien­do una de mis mejores ami­gas, Blan­ca, y porque mis padres, en un arranque de gen­erosi­dad, me dieron cien mil pelas de la época para que me gas­tara pese a que iba ya con todos los gas­tos paga­dos: en la vida me había vis­to con tan­to dinero en el bol­sil­lo, recuer­do que mi madre has­ta me fab­ricó una bol­si­ta casera que se ata­ba bajo la ropa “para que no me lo robaran ¡y nada de dejar­lo en la habitación!”. Qué tiem­pos.

El caso es que al lle­gar a París, tras un mon­tón de horas de auto­bús y car­retera (y botel­las de vod­ka escon­di­das en la mochi­la que nos bebíamos a escon­di­das en la parte de atrás del auto­car), uno de los primeros lugares que queríamos ir a vis­i­tar era el Museo de Lou­vre. Yo ya por entonces era una enam­ora­da del arte y pen­sar en ver de cer­ca la Venus de Milo, la Vic­to­ria de Samo­tra­cia, el Escri­ba Sen­ta­do egip­cio o “La Lib­er­tad guian­do al pueblo” de Delacroix (prob­a­ble­mente el cuadro del que más orgul­losa ha de sen­tirse la sociedad france­sa), me ponía los pelos de pun­ta. Pero si hay una obra que me moría por ver era La Gio­con­da de Da Vin­ci. Y no, no era la úni­ca que pens­a­ba lo mis­mo.

La fasci­nación que sigue provo­can­do la Mona Lisa var­ios sig­los después de su creación es com­pren­si­ble: es uno de los cuadros más mis­te­riosos del mun­do. Actual­mente ni siquiera ten­emos una prue­ba feha­ciente y conc­re­ta de quién era real­mente esta enig­máti­ca dama ital­iana, aunque se bara­je que fuera Lisa Gher­ar­di­ni. Has­ta los más osa­dos creen que era un pro­pio autor­re­tra­to del gran Leonar­do dis­fraza­do de mujer: como veis, las teorías son infini­tas. La ausen­cia de cejas sug­iere que pudiera ser una pros­ti­tu­ta de la época, su son­risa varía según la posi­ción en que la observes (¿por qué sonreía?¿acaso porque sus manos sobre el vien­tre dan indi­cios de un posi­ble embara­zo?) y pres­ti­giosos restau­radores ase­gu­ran que bajo esa primera capa de pin­tu­ra se esconde La Gio­con­da ver­dadera, otra muy dis­tin­ta a la que hoy cono­ce­mos.

El caso es que no sabe­mos si debido a sus secre­tos o a la fama que la pre­cede, la Mona Lisa es con difer­en­cia el cuadro más cod­i­ci­a­do en el Museo del Lou­vre. Y eso que cuan­do nos plan­ta­mos por primera vez delante de ella nos decep­ciona un poco su tamaño ya que es bas­tante pequeña: 77 cen­tímet­ros de alto y 53 de ancho. Más de ocho mil­lones de vis­i­tantes lle­gan al Lou­vre cada año y todos, abso­lu­ta­mente todos, aspi­ran a ver La Gio­con­da. Prob­a­ble­mente no puedas estar delante de ella más de quince o veinte segun­dos y ten­drás que dar unos cuan­tos coda­zos y esqui­var miles de telé­fonos móviles que aspi­ran a fotografi­ar­la. Pero al menos a mí me mere­ció la pena la espera.

Tal vez no piensen lo mis­mo muchos via­jeros, espe­cial­mente japone­ses, que han sufri­do lo que se conoce como sín­drome de París. La cap­i­tal france­sa ha sido tan ide­al­iza­da, la ten­emos tan miti­fi­ca­da como des­ti­no per­fec­to, que muchos sien­ten ataques de ansiedad cuan­do con­fir­man que no es la ciu­dad per­fec­ta, que es sucia, azo­ta­da por los con­stantes atas­cos de trá­fi­co y que los nive­les de delin­cuen­cia son alta­mente pre­ocu­pantes. Esto provo­ca a algu­nas per­sonas una patología en la que se sien­ten persegui­dos y sufren taquicar­dias. Una sen­sación total­mente con­traria a lo que aspira­ban vivir cuan­do se mon­taron en el avión con la cabeza llena de sueños. Algo pare­ci­do les ocurre anual­mente a unas cien per­sonas cuan­do al via­jar a Israel sufren el sín­drome de Jerusalén, aunque en este caso la ansiedad se tra­duce en alu­ci­na­ciones psicóti­cas y la para­noia de creerse un envi­a­do divi­no. Como veis, a veces el des­ti­no elegi­do puede jugarte una mala pasa­da si te emo­cionas demasi­a­do con el via­je y no andas muy cen­tra­do men­tal­mente.

De París, una ciu­dad en la que ape­nas podrás andar debido a la can­ti­dad de gente en sitios como la Torre Eif­fel, la Basíli­ca del Sagra­do Corazón o el bohemio bar­rio de Mont­martre, nos vamos a la otra ciu­dad del amor: Vene­cia. Ya en el artícu­lo Lugares del mun­do que están has­ta el gor­ro de tur­is­tas os con­tábamos la locu­ra que es recor­rer sus canales. La sat­u­ración de gente ha lle­ga­do a tal niv­el que se han comen­za­do a insta­lar tornos para reg­u­lar el trá­fi­co no de coches (que en la isla prin­ci­pal no tienen per­mi­ti­do el acce­so) sino de tur­is­tas. Sí, sí, habéis leí­do bien. Cada día, casi 100.000 per­sonas, muchos de ellos cruceris­tas, se las ven y se las desean para encon­trar algún calle­jón vacío: nosotros, con mucha pacien­cia, lo logramos. El secre­to rad­i­ca en inten­tar huir de los pun­tos más masi­fi­ca­dos, caso del Puente Rial­to o la Plaza de San Mar­cos, y perder­se por las calle­jue­las más recón­di­tas.

Venecia carnaval

El prob­le­ma de Vene­cia es que se ha queri­do explotar tan­to que los pro­pios vene­cianos han sali­do huyen­do y la UNESCO se plantea reti­rar­le el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad si el gob­ier­no ital­iano no toma medi­das (y no parece estar por la labor, qué mala es la avari­cia). Todos quieren sacar taja­da de la gal­li­na de los huevos de oro. Por dicho moti­vo, Vene­cia se ha con­ver­tido en una de las ciu­dades más caras del mun­do. Los hote­les tienen pre­cios des­or­bita­dos (por eso nosotros decidi­mos alo­jarnos en el cer­cano bar­rio de Mestre), los paseos en gón­dola ron­dan los 100 euros por ape­nas media hora y te cobran 15 eura­zos por un pla­to de pas­ta. Roman­ti­cis­mo a pre­cio de oro.

Y como de roman­ti­cis­mo va la cosa, vayá­monos a Bali, una de las islas más boni­tas que hemos vis­i­ta­do nun­ca. ¿Y por qué con­seguimos dis­fru­tar­la tan­to? Porque nos neg­amos a alo­jarnos en la zona de Kuta, donde se haci­nan la may­oría de tur­is­tas, bue­na parte de ellos aus­tralianos, que eli­gen Bali como des­ti­no de vaca­ciones. Pese a que hace años se redu­jo el tur­is­mo debido al aten­ta­do que se cobró dece­nas de vidas, este repun­tó con la lle­ga­da de la pelícu­la “Come, reza, ama”. Y hay pun­tos de la isla tan colap­sa­dos y con­t­a­m­i­na­dos que cues­ta creer que éste sea con­sid­er­a­do un paraí­so. Huye de ellos.

Mi recomen­dación es que inten­téis alo­jaros en Ubud, en el cen­tro de Bali, e insistáis en hac­er el may­or número de excur­siones posi­bles por el inte­ri­or de la isla. Aún así, no por ello debéis dejar de lado los tem­p­los más cono­ci­dos pero tened en cuen­ta que ir a ver el Pura Tanah Lot cuan­do anochece no es la expe­ri­en­cia idíli­ca que esperábais: está petadísi­mo de tur­is­tas y vende­dores de sou­venirs. Pon­go como ejem­p­lo que cuan­do estábamos allí, escuchamos a un grupo de españoles comen­tar “nosotros esta­mos en un resort de cin­co estrel­las y esta es la úni­ca excur­sión que hemos hecho (y que vamos a hac­er)”. Ese es el tipo de tur­is­mo que pre­dom­i­na en la isla. El que avisa no es traidor.

Tanah Lot Bali

Lo de Barcelona en los últi­mos años es de locos. La ciu­dad más vis­i­ta­da de España (y, por tan­to, del mun­do) ha vis­to cómo las Ram­blas se han con­ver­tido en un hervidero de tur­is­tas a la caza de sou­venirs (y en el reduc­to de los car­ter­is­tas) y las colas para acced­er a la Sagra­da Famil­ia son kilo­métri­c­as. Mi con­se­jo, si ya has vis­i­ta­do la ciu­dad antes, es evi­tar lugares masi­fi­ca­dos como el Bar­rio Góti­co o el Par­que Güell e irte a lugares donde verás más barcelone­ses que extran­jeros. ¿Que quieres par­ques? Vete al de la Ciu­tadel­la, que es bien boni­to. No piens­es que los úni­cos edi­fi­cios mod­ernistas son los de Gaudí, tienes mar­avil­las como el Hos­pi­tal de Sant Pau, en el que no hay tan­tas mul­ti­tudes. Y si quieres degus­tar sus mer­ca­dos ¿por qué emper­rarte en ir a La Boquería, que cada vez está más ori­en­ta­do al tur­is­mo, si en bar­rios como Sant Antoni o Gra­cia hay mer­ca­dos locales mucho más autén­ti­cos? Y un con­se­jo más: visi­ta el Pueblo Español. Es uno de mis rin­cones favoritos en Barcelona y aunque cueste creer­lo, la últi­ma vez que fuimos, quizás porque era un día de diario a mediodía, lo recor­ri­mos prac­ti­ca­mente solos.

Ate­nas es una ciu­dad que a muchos tur­is­tas decep­ciona. Se que­jan de que está sucísi­ma, los atas­cos de trá­fi­co son con­tin­u­os y ape­nas que­da nada para ver. Tal vez ten­gan algo de razón pero yo fue una ciu­dad a la que encon­tré mucho encan­to. Aca­so porque decidi­mos ir en pleno invier­no y sí, con­seguimos dis­fru­tar de la Acrópo­lis casi solos: debo ser de las pocas per­sonas del mun­do que tiene una foto frente al Partenón com­ple­ta­mente sola. Cuan­do vis­ites la Acrópo­lis, la mejor opción es irse a la cer­cana Col­i­na Fila­pap­pou, a la que ape­nas van tur­is­tas y que pro­por­ciona inmejorables vis­tas. En el bar­rio de This­seio tam­bién hay un mon­tón de taber­nas, menos con­ges­tion­adas que en Pla­ka, y las copas noc­tur­nas te las puedes tomar en la zona de Pagrati. Ve a lugares donde se con­cen­tren los ate­niens­es, que ellos sí que saben donde refu­gia­rse de tan­to tur­ista.

Atenas Partenon Acropolis
Así está el Partenón en pleno ver­a­no: has­ta las tran­cas.

¿Qué me decís de los Museos de Cera? La may­oría de ellos, no nos engañe­mos, son hor­rip­i­lantes. Empezan­do por el de Madrid, al que me lle­varon de niña por primera vez mis abue­los y me quedé trauma­ti­za­da con la galería de los asesinos en serie, que parecían cedi­dos por un par­que de atrac­ciones bara­to. Si quieres recomen­dar­le una visi­ta a tu peor ene­mi­go, ya sabes, al Museo de Cera: fijo que luego no duerme acordán­dose de las hor­ro­rosas répli­cas de Fer­nan­do Alon­so o el Papa Ratzinger: este últi­mo parece haberse escapa­do de un com­bate a muerte en el Campe­ona­to Mundi­al de Box­eo Peso Mosca.

Pese a que Esco­cia fue un lugar que me encan­tó, he de con­fe­sar que me decep­cionaron muchos de sus castil­los (o más bien las ruinas que han con­segui­do lle­gar has­ta nue­stros días). Hay algunos mag­ní­fi­cos, como el de Edim­bur­go, el de Stir­ling o el de Eilean Donan. Pero por ejem­p­lo el Castil­lo de Urquhart, a oril­las del Lago Ness (mucho más boni­to el paisaje que el castil­lo), es de esos lugares que te da vergüen­za aje­na que se cobre una entra­da por pasar. Es el gran prob­le­ma de los castil­los esco­ce­ses: la gran may­oría pertenecen a clanes, por lo que son de propiedad pri­va­da, y todos quieren cobrar aunque sea sólo por enseñar cua­tro piedras. Creéme: en España puedes encon­trar cien­tos de castil­los en pueb­los per­di­dos mucho mejores que la may­oría de los esco­ce­ses. Y enci­ma son gra­tu­itos y van a ver­los cua­tro gatos.

Castillo Urquhart Escocia Ruinas
Esto es lo que que­da del Castil­lo de Urquhart: prac­ti­ca­mente nada

Vamos a hablar de Las Vegas no porque a mí me haya decep­ciona­do a niv­el lúdi­co (me lo pasé bom­ba) pero sí porque conoz­co a mucha gente que ha sali­do de allí cor­rien­do. Un des­ti­no con­tro­ver­tido, para qué negar­lo: lo amas o lo odias. Una ciu­dad que parece un par­que de atrac­ciones, donde los úni­cos “mon­u­men­tos” a vis­i­tar son hote­les mas­todón­ti­cos con sus cor­re­spon­di­entes casi­nos. En mi caso, he de con­fe­sar que la decep­ción vino a niv­el humano. Aunque Las Vegas siem­pre esté llena de gente (no obstante es el ter­cer des­ti­no más vis­i­ta­do de Esta­dos Unidos), en cuan­to llevas unas horas allí, te das cuen­ta que es la ciu­dad de la soledad: miles de ludó­patas han aban­don­a­do sus vidas para venirse a vivir a la cap­i­tal del juego y tirarse diecio­cho horas diarias sen­ta­dos frente a una máquina tra­gaper­ras. Se me partía el corazón al ver a octo­ge­nar­ias en bata y zap­atil­las con la mira­da per­di­da echan­do una mon­e­da tras otra.

Por otro lado, Las Vegas tiene un lado oscuro que a menudo dejan de lado muchos tur­is­tas. Pros­ti­tu­ción (aunque en la prác­ti­ca esta es ile­gal, igual que jugar a la lotería), inse­guri­dad, estafas, vagabun­dos mal­vivien­do en los kilómet­ros de túne­les sub­ter­rá­neos que tran­si­tan bajo las ani­madas calles… No todo es ale­gría y diver­sión en la ciu­dad del peca­do. Lo mis­mo ocurre con Hol­ly­wood, con difer­en­cia el lugar que más me ha decep­ciona­do en Esta­dos Unidos. El Paseo de La Fama es en real­i­dad una calle donde el glam­our bril­la por su ausen­cia, con rap­er­os can­tan­do y unos cuan­tos espa­bi­la­dos dis­fraza­dos de Spi­der­man o Darth Vad­er (todos inten­tan­do ganarse unos dólares) y un mon­tón de tien­das de sou­venirs regen­tadas por pak­istaníes. El Hol­ly­wood que te venden en las pelícu­las dista bas­tante del real.

Las Vegas
Las Vegas no es tan glam­ourosa si se ve a la luz del día…

¿Habéis ido algu­na vez a algún lugar que os enam­oró la primera vez que lo vis­i­tasteis y cuan­do habéis vuel­to años después os entra­ban ganas de llo­rar? Supon­go que sí. A mí me ocur­rió en las islas Phi Phi en Tai­lan­dia. Cuan­do fui por primera vez, no podía creer lo que veían mis ojos: era el paraí­so. Aguas cristali­nas, playas de are­na albi­na, cocoteros, cock­tails en una hamaca a pie de playa. Pero igual que el cine ha con­segui­do que des­ti­nos descono­ci­dos atra­jer­an vis­i­tantes, a veces este fenó­meno se va de las manos. Y esto ocur­rió cuan­do en la bel­lísi­ma playa de Maya Bay se grabó la pelícu­la “La Playa”, pro­tag­on­i­za­da por Leonar­do DiCaprio, y mil­lones de per­sonas comen­zaron a recluirse en estas dos minús­cu­las islas asiáti­cas.

Aho­ra las Phi Phi sufren tal niv­el de sat­u­ración que ape­nas se ve el agua debido a la can­ti­dad de bar­cos y yates; se han abier­to un mon­tón de bares y dis­cote­cas donde los hooli­gans vocif­er­an has­ta bien entra­da la madru­ga­da y la basura se acu­mu­la por doquier. A tal pun­to se ha lle­ga­do que al gob­ier­no tai­landés no le ha queda­do más reme­dio que cer­rar­la tem­po­ral­mente y avis­ar que en el futuro, sólo se per­mi­tirán 2.000 vis­i­tantes diar­ios y estos deberán acced­er por los muelles opuestos a Maya Bay. En Fil­ip­inas, más conc­re­ta­mente en Bora­cay, se ha toma­do una medi­da sim­i­lar: otro des­ti­no par­adis­ía­co que ha acaba­do con­ver­tido en una cloa­ca.

Maya Bai Islas Phi Phi Tailandia
Maya Bay ya no se parece a la idíli­ca ima­gen que veis aquí: aho­ra es un vert­edero

¿Qué hay de algunos de los mon­u­men­tos más vis­i­ta­dos del mun­do? ¿Real­mente respon­den a nues­tras expec­ta­ti­vas? No son pocos los via­jeros que regre­san desilu­sion­a­dos a casa tras com­pro­bar que muchos de sus des­ti­nos soña­dos se han acaba­do con­vir­tien­do en atrac­ciones de feria. Este es el caso del Taj Mahal, que pese a su incues­tion­able belleza no sólo está sufrien­do la invasión abu­si­va de tur­is­tas sino tam­bién los estra­gos de la con­t­a­m­i­nación, la basura que se acu­mu­la en los alrede­dores y los miles de vende­dores de sou­venirs que no dejan ni res­pi­rar a los vis­i­tantes. Algo pare­ci­do ocurre en la Gran Mural­la de Chi­na, que ya comien­za a sen­tir en sus carnes de piedra lo que con­ll­e­va la visi­ta de mil­lones de tur­is­tas (la may­oría de ellos chi­nos). O en Pom­peya, donde los restau­radores se las ven y se las desean para man­ten­er intac­tas las ruinas (hace no mucho saltó la desagrad­able noti­cia de un hom­bre al que le entró un apretón y no se le ocur­rió mejor lugar para dejar su “recuer­do” que en una vil­la romana).

Para el final he queri­do dejar el pre­mio gor­do: Benidorm. Creo que no hay una ciu­dad en el mun­do a la que odie más. La últi­ma vez que estu­vi­mos allí fue en invier­no y casi es más depri­mente que en ver­a­no. Venían unos ami­gos de Esta­dos Unidos a tocar en un fes­ti­val y subi­mos a ver­les: por la noche acabamos con ellos en un bare­to con tabu­retes cuyas patas eran cabezas de coco­dri­lo de plas­ti­c­ur­ri y rodea­d­os de jubi­la­dos ingle­ses bor­rachísi­mos can­tan­do en el karaoke. En el pub de al lado toca­ba un grupo trib­u­to a New Kids on the Block.

Benidorm rep­re­sen­ta todo lo que detesto en un via­je: playas abar­ro­tadas donde no cabe un alfil­er, guiris bor­ra­chos llenan­do todo de mier­da, explotación urbanís­ti­ca a tope (Benidorm es la ciu­dad euro­pea con may­or número de ras­ca­cie­los, con lo boni­to que era el cas­co antiguo y en lo que han con­ver­tido la ciu­dad), chirin­gui­tos domingueros y, sobre todo, mucha cas­pa. Porque no nos engañe­mos: Benidorm es la ciu­dad de los cuñaos, tan­to de los españoles como de los extran­jeros. Cate­tos a los que les pir­ra haci­narse en ver­a­no en un mis­mo sitio y que enci­ma luego salen en el tele­di­ario “que­ján­dose de la gente que hay”. Pero ahí les tienes, todos los años regre­san­do al mis­mo ester­colero.

Benidorm Rascacielos
Benidorm: esa ciu­dad que nos encan­taría que se tra­gara un tsuna­mi

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36 Comments

  1. Me ha gus­ta­do mucho tu entra­da has­ta que me has toca­do mi Benidorm jiji.

  2. Jaja­ja­ja­ja­ja­ja­ja lo sien­to pero es que lo odi­oooo jaja­ja­ja­ja­ja­ja

  3. Lo entien­do suele ocur­rir o lo amas o lo odias , como tan­tas cosas en esta vida.
    En tu post añadiría otro sitio Flo­ren­cia , nun­ca he vis­to tan­ta gente.

  4. Yo Flo­ren­cia aún no lo conoz­co pero me temo que le debe pasar lo que a Vene­cia…

  5. jja­ja­ja, me he reí­do muchísi­mo con lo de Benidorm y estoy muy de acuer­do . Menos mal que a la may­oría de la gente le gus­ta el tur­is­mo de playa y no moverse de ahí porque no me quiero imag­i­nar como estarían el resto de sitios si tam­bién fuer­an a ellos.
    Nosotros ten­emos unos recuer­dos pre­ciosos de Goreme, en Capado­cia, y nos da miedo volver y ver como ha cam­bi­a­do porque ya entonces esta­ban con­struyen­do muchos hote­les.

  6. Genial, como siem­pre das en el cla­vo con tus per­cep­ciones, estoy super de acuer­do con­ti­go.
    Y este ver­a­no volveré a exper­i­men­tar la sen­sación de ser “masa”, ” muchedum­bre ahoga­da de calor”.…. pero no ten­go otra opción para poder via­jar en fam­i­ly.
    Y en Agos­to nos vamos a cono­cer Ate­nas !!!!! y otros cuan­tos sitios más ( tomo nota de tus con­se­jos) con men­tal­ización total y prepara­dos para el ago­b­iante barul­lo, pen­san­do en lo malo lo peor a lo mejor no nos parece tan­to( igual que cuan­do pen­samos en lo bueno lo mejor después tam­poco nos parece tan­to). Bueno si sobre­vi­vo a la inso­lación ya os con­taré. Salu­dos

  7. haha­ha Con­cuer­do, en espe­cial con Vene­cia.
    Mi Barcelona me parece que en los últi­mos años es una locu­ra como la han inva­di­do de guiris…el prob­le­ma es cuan­do vives ahí y tienes que pasar a fuerzas por las ram­blas y ya no puedes por tan­tos tur­is­tas! Es her­mosa y mi ciu­dad favorita en el mun­do pero aún así no puede creer las horas de tur­is­tas que van ahí todo el año!
    Y Benidorm…hahaha y yo que plane­a­ba ir ahí! siem­pre dicen que es un paraí­so de fies­ta pero ya creo que no haha
    Salu­dos!

  8. Ufff menos mal que no está mi des­ti­no miti­fi­ca­do.… 😅 esta­ba sufrien­do 😊😊😊

    Te doy la razón en mucho de lo que has dicho y tomo nota para Bali!!!

    Un salu­do

  9. Bueno fal­tan algunos cuan­tos eh? así que aclára­nos cual era ese des­ti­no jaja! 😉

  10. No sé… casi pre­fiero vivir en la igno­ran­cia y ser feliz 🤣🤣🤣 bueno va! Mi des­ti­no ide­al­iza­do es Aus­tralia

  11. Kartof­fel en el blog entre­vis­ta­mos a la gente de Urban Explor­er, que hacen un tra­ba­jo fan­tás­ti­co recomen­dan­do lugares difer­entes de Barcelona, te dejo el enlace porque fijo que te sirve… Un abra­zo!

    https://milyunviajesporelmundo.com/2017/04/25/urban-explorer-tu-app-para-descubrir-barcelona/

  12. Aus­tralia es otro de mis des­ti­nos soña­dos tam­bién. ¡Pero allí tienen sitio de sobra!

  13. Bien… es que está muy lejos como para ir por ir…

  14. Cal­cetines Via­jeros, me ale­gro que te hayas reí­do con lo de Benidorm (yo tam­bién me reí mucho escribién­do­lo). Nosotros la Capado­cia la visi­ta­mos en pleno invier­no y estu­vi­mos prác­ti­ca­mente solos, creo que el prob­le­ma viene en ver­a­no…

  15. Via­ja­con­faloalp a veces no que­da más reme­dio que via­jar en Agos­to, por eso hay que ten­er en mente cier­tas pau­tas. Ya nos con­tarás qué tal Ate­nas, a nosotros nos gustó mucho.

  16. Muy de acuer­do con­ti­go. ¡Déjales que se haci­nen en Benidorm, así no colap­san otros sitios real­mente intere­santes!
    Noso­tras estu­vi­mos en Vene­cia esta Sem­ana San­ta (antes de los tornos, por suerte) y, aunque había mucha gente, ésta se con­cen­tra­ba en los lugares más turís­ti­cos. Logramos estar prac­ti­ca­mente solas en cuan­to nos ale­jábamos dos calles, por ejem­p­lo en Cannare­gio, hacia los Ghet­tos Vec­chio y Nuo­vo, vivi­mos una ciu­dad autén­ti­ca­mente vene­ciana, con los locales por las calles y tien­das. Pero claro, si te quedas en San Mar­co y no vas más allá…
    Un salu­do!

  17. Total­mente de acuer­do con­ti­go . Y si un lugar te entu­si­as­mó es mejor no repe­tir 🙂 quedarse con esa primera vez.…no te parece?

  18. Un Mun­do Infini­to: tenéis mucha razón con lo de Vene­cia. Como comen­to en el artícu­lo, nosotros estu­vi­mos en zonas (el Bar­rio Judío sin ir más lejos) donde ape­nas había gente porque todo el mun­do se empeña en quedarse en San Mar­cos y alrede­dores. Y son lugares con un mon­tón de encan­to. ¡Un abra­zo!

  19. Mer­cedes, a nosotros sin embar­go nos encan­ta repe­tir! De hecho pub­li­camos un artícu­lo sobre el tema: “Las ven­ta­jas de vis­i­tar un lugar más de una vez”

    https://milyunviajesporelmundo.com/2017/12/20/las-ventajas-de-visitar-un-lugar-mas-de-una-vez/

  20. Mmmnn a mi por ejem­p­lo, la primera vez de Vene­cia me resultó mág­i­ca y la segun­da me pare­ció como estar en un mer­cadil­lo sos días completos…un hor­ror.
    Cuan­do me entu­si­as­ma una cala, la sigu­iente vez el agua ya no es tan cristalina…jajaja
    Bus­caré la entra­da a ver si cam­bio de opinión:)

  21. Gra­cias! Salu­dos 🙂

  22. cuán­ta razón hay en tu entra­da!!!
    muchos son los lugares que has soña­do porque has vis­to fotos (reto­cadas) por inter­net o revis­tas que pare­cen un paraí­so (urbano, nat­ur­al o mon­u­men­tal) y luego lle­gas a allí, y toma chas­co!
    añadiría a tu lista el Pala­cio Real de Bangkok… estu­vi­mos lit­eral­mente 30 min­u­tos de reloj y después de ser “atro­pel­la­dos” por hor­das de tur­is­tas y no con­seguir hac­er ni una foto digna, sal­imos huyen­do de allí ¬¬’

  23. El tur­is­mo en Tai­lan­dia ha cre­ci­do de una for­ma exager­a­da… A nosotros nos ocur­rió algo pare­ci­do la últi­ma vez que estu­vi­mos en Bangkok pero sin embar­go el Pala­cio Real me sigue pare­cien­do mar­avil­loso. Aunque entien­do per­fec­ta­mente cómo te sen­tiste!

  24. […] a través de ¿Des­ti­nos soña­dos que al final no son para tan­to? — Mil y un via­jes por el mun­do […]

  25. Mi blog va exclu­si­va­mente de cómo sobre­vivir en París un ver­a­no, sien­do la ciu­dad que menos me gus­ta del mun­do! Imagí­nate!

  26. Es que no es lo mis­mo ir a un lugar de visi­ta que vivir allí, eso está claro 😉

  27. […] a través de ¿Des­ti­nos soña­dos que al final no son para tan­to? — Mil y un via­jes por el mun­do […]

  28. Intere­sante post! Me encan­tó! Agre­garía Roma! Lleno pero lleno de tur­is­tas y la ciu­dad demasi­a­do sucia. No me gustó para nada. Si vuel­vo, volvería en invier­no para evi­tar el calor jeje­jej! Estoy en este momen­to via­jan­do con mi polo­la (novia… le dec­i­mos polo­la en Chile) y esta­mos en este momen­to en San­ta Lucía di Piave, muy cer­ca de Vene­cia! Así que nos vino de pelos este post para con­sid­er­ar y tomar en cuen­ta lo que nos cuen­tan sobre Vene­cia que aún no vamos !

  29. Gra­cias Beño! A nosotros Roma nos encan­tó pero sí, efec­ti­va­mente tiene el incon­ve­niente de que ape­nas puedes andar por la can­ti­dad de tur­is­tas (y, como tú, regre­saría en invier­no). Espero que os sir­va el rela­to de Vene­cia, como habréis lei­do, uno de los lugares más intere­santes es el Palaz­zo Dario, de lo más enig­máti­co… ¡un abra­zo!

  30. Intere­sante Post, en nue­stro blog pueden encon­trar des­ti­nos de Aus­tralia por si alguien esta intere­sa­do

  31. […] a través de ¿Des­ti­nos soña­dos que al final no son para tan­to? — Mil y un via­jes por el mun­do […]

  32. Barcelona ya era un asco cuan­do yo vivía allí, aunque durante la tem­po­ra­da baja todavía podías pasear por Las Ram­blas tran­quil­a­mente. A medi­a­dos de mar­zo se empez­a­ba a llenar de gente y ya no para­ba has­ta que empez­a­ba el cur­so de nue­vo. Entonces era una “ciu­dad escaparate”; aho­ra, ni te cuen­to.

    Y aquí hay un lugar curioso que me sor­prendió: Benidorm. Lo visi­ta­mos un día ton­to a prin­ci­p­ios de diciem­bre, por el puente de la Con­sti­tu­ción. Estu­vi­mos de pasa­da y sin más pre­ten­sión que ver qué era eso de Benidorm. Pues resul­ta que no nos desagradó. Me expli­co: como no esperábamos nada, lo poco que vimos nos pare­ció has­ta gra­cioso. Aho­ra bien, no voy allí en tem­po­ra­da alta ni har­ta de vino…

  33. Benidorm en invier­no es super freak pero algo mas soportable pero en ver­a­no es para cor­tarse las venas jaja­ja­ja

  34. Jus­to de eso se tra­ta, que es un des­ti­no freak y, por lo tan­to, diver­tidísi­mo.
    A mí en ver­a­no creo que no me van a ver por allí… XD

  35. Lo que me he podi­do reír con el post, y no puedo más que daros la razón, y eso que al final nos guste o no, sumamos en esa “masa turís­ti­ca”

  36. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Gra­cias, me ale­gra que te haya gus­ta­do y te hayamos saca­do unas son­risas… Un abra­zo!

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