Todo lo que puedes ver y hacer en Estocolmo

 

Aunque en este mis­mo blog ten­emos otra entra­da bas­tante exten­sa con los via­jes que hemos hecho por Sue­cia, que han sido unos cuan­tos, al volver a incluir a Esto­col­mo en este últi­mo via­je que hemos hecho por Escan­di­navia, he queri­do hac­er una guía de la cap­i­tal sue­ca que com­ple­mente a dicha entra­da de blog (no obstante, te recomien­do que con­sultes ambas). Tal vez ten­ga fama de ciu­dad cara (que lo es) pero com­parán­dola con otras cap­i­tales nórdi­cas, es bas­tante más ase­quible que Oslo, Helsin­ki y Copen­h­ague y en mi opinión, la más boni­ta de las cua­tro.

Nosotros esta vez volábamos des­de Tallin con la com­pañía de bajo coste Air Baltic. Era la primera vez que la uti­lizábamos y lo cier­to es que el vue­lo nos sal­ió tira­do, no llegó a los 50 euros. El úni­co incon­ve­niente fue que un mes antes nos avis­aron que ten­dríamos que hac­er una escala en Riga al haber un cam­bio de últi­ma hora y entre avión y avión ape­nas había 25 min­u­tos. Pero nos ase­gu­raron que no habría prob­le­ma y aunque tuvi­mos que ir cor­rien­do con la lengua fuera por los pasil­los mien­tras por mega­fonía nos avis­a­ban que esta­ban esperan­do a Mr. Gar­cía y Miss Ruiz, no tuvi­mos may­or con­tratiem­po.

Si ater­rizas en el aerop­uer­to de Arlan­da, lo más cómo­do y económi­co es moverte a la ciu­dad en auto­bús (el tren sale muchísi­mo más caro). Por unos 12 euros el trayec­to, puedes coger uno de los auto­bus­es de Fly­g­bus­sar­na, que salen cada diez min­u­tos, te dan wifi gratis y en 55 min­u­tos te plan­tan en City Ter­mi­nalen, la estación cen­tral de Esto­col­mo. Recuer­da que en Sue­cia uti­lizan la coro­na; esta últi­ma vez que estu­vi­mos el cam­bio aprox­i­mada­mente 1 euro=10 coro­nas sue­cas. En la may­oría de los sitios se puede pagar con tar­je­ta de crédi­to.

Como cuan­do lleg­amos a Esto­col­mo era muy pron­to, ape­nas las 9 de la mañana, y el check-in de nue­stro hotel no se real­iz­a­ba has­ta las 15,00, decidi­mos dejar las male­tas en las taquil­las de las consignas que tienes en la propia ter­mi­nal e irnos a patear por el cen­tro. Avi­so que el alo­jamien­to en Esto­col­mo es muy caro. En otras oca­siones me había hospeda­do en los hostales que se ubi­can en los bar­cos que hay atra­ca­dos en varias de las islas pero esta vez los ojeamos y al ver que se habían subido bas­tante de pre­cio, decidi­mos mirar otras opciones. Después de mucho bus­car, encon­tramos un hostal (aunque, como veis aba­jo en la foto de la habitación, más bien parecía un hotel) bas­tante cén­tri­co, a ape­nas cua­tro paradas de metro del cas­co antiguo, Gam­la Stan.  Es el hostal Skanstull y la habitación doble con baño nos salía a 90 euros la noche; aunque no incluían el desayuno, sí te ofrecían gratis el café y el té, así que como teníamos un super­me­r­ca­do enfrente, com­prábamos allí los bol­los para el desayuno y nos apañábamos. La recep­ción cier­ra a par­tir de las 20:00, después de esa hora has de acced­er con la tar­je­ta de tu habitación por una puer­ta lat­er­al. Pese a que la may­or parte de los hués­pedes eran mochileros, nos pare­ció un sitio bas­tante tran­qui­lo y además tenían un salonci­to bas­tante majo para tomarte las cervezas por la noche; estas tam­bién las com­prábamos en el super de enfrente aunque recor­dad que en los super­me­r­ca­dos sólo venden alco­hol de menos de 5º, por lo que teníamos que con­for­marnos con mar­cas sue­cas bas­tante medioc­res pero bueno ¡menos da una piedra!

Esta vez estu­vi­mos en Esto­col­mo tres días com­ple­tos con sus cor­re­spon­di­entes noches y es tiem­po más que sufi­ciente para recor­rer los pun­tos más impor­tantes de la ciu­dad. Una recomen­dación que voy a hac­er antes de que comiences a moverte por la ciu­dad es que ya que el metro es bas­tante caro (a una media de 3,50 euros el trayec­to) te hagas con tar­je­tas de 10 via­jes, ya que se reduce el pre­cio por bil­lete cer­ca de un euro. Si tienes algu­na duda, con­sul­ta en las taquil­las, que los tra­ba­jadores son super amables y te resolverán cualquier duda.

El metro de Esto­col­mo, el Tun­nel­bana, fun­ciona muy bien, tiene cer­ca de cien esta­ciones, está muy limpio y los trenes pasan con mucha asiduidad; además, los fines de sem­ana el horario se alarga has­ta las 03:00, por lo que te puedes per­mi­tir esti­rar las noches en el cen­tro. Y aho­ra viene lo más alu­ci­nante: el pro­pio metro es una galería de arte sub­ter­ránea, al esti­lo del de Moscú. 90 de las 100 esta­ciones exis­tentes cuen­tan con obras de arte de más de 150 artis­tas, has­ta el pun­to de que des­de T‑Centralen en los meses de ver­a­no se ofre­cen vis­i­tas guiadas en inglés. Aunque como hici­mos nosotros, bien puedes hac­er esta “excur­sión” tú solo, ya que lo úni­co que has de hac­er es irte bajan­do en las difer­entes paradas e ir admi­ran­do el espec­tácu­lo. Fijaos qué boni­tas son algu­nas de ellas, como esta de Frid­hem­s­plan, que emu­la el inte­ri­or de una cue­va y donde has­ta podrás ver expuestos bar­cos y anclas.

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Antes de dejar atrás el metro (tam­bién exis­ten bus­es, tran­vías y fer­ries pero a nosotros esta nos parece la for­ma más cómo­da y ráp­i­da de moverse de un lugar a otro), recor­darte que en la estación cen­tral, T‑Centralen, hay una ofic­i­na de infor­ma­ción turís­ti­ca grandísi­ma donde podrán aseso­rarte y coger fol­letos y mapas. Y un apunte más: la Stock­holm Pass, que en ante­ri­ores via­jes util­icé para des­cuen­tos en el trans­porte, ha desa­pare­ci­do, debido a que el trans­porte públi­co de Esto­col­mo arras­tra una fuerte deu­da y ya no com­pens­a­ba; a cam­bio aho­ra existe la Stock­holm Card, que ofrece des­cuen­tos en cer­ca de 60 museos pero es muy cara, unos 50 euros por cada 24 horas (vamos, el doble de lo que nos costó la mis­ma tar­je­ta en Oslo, sien­do Norue­ga un país mucho más caro que Sue­cia), lo que te obliga al ver tres museos diar­ios si quieres que te merez­ca la pena. Nosotros decidi­mos no adquirir­la porque aunque íbamos a vis­i­tar museos, tam­bién íbamos a andar mucho: Esto­col­mo es una ciu­dad que ofrece infinidad de atrac­ciones al aire libre y nos parecía un des­perdi­cio de dinero. Pero ahí ya entra cómo cada uno quiera dis­tribuirse las vaca­ciones.

Comence­mos nue­stro recor­ri­do por Gam­la Stan, el cas­co antiguo de Esto­col­mo y en mi opinión uno de los más boni­tos de toda Europa. Es cier­to que lo he vis­i­ta­do un mon­tón de veces pero cada vez que vuel­vo a recor­rer esos calle­jones empe­dra­dos, sigo quedán­dome con la boca abier­ta. El Old Town (o como lo cono­cen los sue­cos, staden mel­lan broar­na, el pueblo entre puentes) se ubi­ca en una de las más de 24.000 islas que tiene el archip­iéla­go de Esto­col­mo, el más grande de toda Sue­cia. Y es por ello que Esto­col­mo está con­sid­er­a­da “la ciu­dad de los puentes”, ya que estos son los que unen unas islas con otras.

Antes de aden­trarnos en la Ciu­dad Vie­ja, un pequeño recuer­do para una de mis escul­turas favoritas en Esto­col­mo, Hem­lös Räv. En la esquina de la calle Ström­gatan se encuen­tra esta entrañable zor­ra-mendi­ga que nos pide no olvi­darnos de los más nece­si­ta­dos.

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Gam­la Stan se encuen­tra ubi­ca­do sobre tres islas: Stad­shol­men, Rid­darhol­men y Hel­ge­and­shol­men. En esta últi­ma, ocu­pan­do la mitad de su exten­sión, se hal­la uno de los edi­fi­cios más impor­tantes de la cap­i­tal sue­ca, el Rik­stag o Par­la­men­to Sue­co: de los 349 diputa­dos, casi la mitad (un 45%) son mujeres.

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En Gam­la Stan actual­mente res­i­den poco más de 3.000 per­sonas pero es el pun­to más vis­i­ta­do de la ciu­dad con difer­en­cia. Sus calle­jones medievales comen­zaron a con­stru­irse en el siglo XIII por los mer­caderes ale­manes, quienes pobla­ban el vecin­dario en aque­l­la época y cuya mejor heren­cia ha sido la Cat­e­dral de San Gertrud­is, una de las más boni­tas de Esto­col­mo.

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Aunque no tan impre­sio­n­ante pero sí la más antigua de la ciu­dad (data de 1279) aquí tam­bién podemos vis­i­tar la Cat­e­dral de San Nicolás de Esto­col­mo, con su figu­ra de San Jorge matan­do al dragón, que tam­bién puede encon­trarse en otras igle­sias euro­peas. Y este de aquí aba­jo es el Museo Nobel, que des­de hace 115 años entre­ga los pre­mios mejor rep­uta­dos del mun­do en artes como las cien­cias o la lit­er­atu­ra: los úni­cos españoles galar­don­a­dos en el últi­mo siglo con este pres­ti­gioso reconocimien­to fueron Juan Ramón Jiménez, Severo Ochoa, Vicente Aleixan­dre, Jac­in­to Benavente, José Echegaray y San­ti­a­go Ramón y Cajal.

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Stor­tor­get (la Plaza May­or) no sólo es la más boni­ta y col­ori­da de Esto­col­mo, tam­bién es la más antigua (Gam­la Stan esta­ba pla­ga­do de taber­nas y aquí tam­bién se encon­tra­ba la primera taber­na que se abrió en la ciu­dad que, curiosa­mente, se llam­a­ba “La Uva Españo­la” aunque actual­mente, aparte de restau­rantes, varias vie­jas vivien­das son uti­lizadas por diver­sas aso­cia­ciones para obras de cari­dad). Aún se encuen­tra en acti­vo la Apoteken Kor­pen, la Far­ma­cia del Cuer­vo, que está en acti­vo des­de hace 300 años (aunque la orig­i­nal se ubi­ca­ba unos blo­ques más para allá) y Den Gylde­nen Fre­nen (El Pala­cio de Oro), uno de los restau­rantes más antigu­os del mun­do.

En el pasa­do, Gam­la Stan vivió episo­dios tristísi­mos, como el de las 90 per­sonas que murieron eje­cu­tadas en el siglo XVI cuan­do el ejérci­to de Dina­mar­ca invadió la ciu­dad, y a prin­ci­p­ios del siglo XX era con­sid­er­a­do un bar­rio mísero de mala muerte que, por for­tu­na, fue rescata­do de las gar­ras de la pobreza, por lo que cualquier sue­co tiene un respeto inamovi­ble hacia este encan­ta­dor bar­rio que hoy es el corazón de Esto­col­mo.

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El Pala­cio Real de Esto­col­mo, la res­i­den­cia ofi­cial de los monar­cas sue­cos, con sus 600 habita­ciones es uno de los más grandes del mun­do. Te recomien­do que no te pier­das la cer­e­mo­nia del cam­bio de guardia que se real­iza todos los días a las 12,00. Yo ya la había pres­en­ci­a­do varias veces pero os con­fieso que esta vez tuvo algo de sur­re­al­ista porque parte del recin­to palac­i­ego se encon­tra­ba en obras de restau­ración y mien­tras salían los sol­da­dos, muy esti­ra­dos y muy ele­gantes ellos, tam­bién salieron de las gar­i­tas como Pedro por su casa (a fin de cuen­tas, esta­ban cur­ran­do) un par de albañiles con sus ter­mos de café y sus bocatas.

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Si venís a Gam­la Stan (y aunque ya os lo recomendé ante­ri­or­mente en mi otra entra­da de blog sobre Sue­cia), insis­to: no os vayáis sin com­er o cenar algu­na noche en uno de mis restau­rantes favoritos, el restau­rante vikingo Medeltid­skro­gen Sjat­te Tun­nan . El local, cuyo restau­rante se encuen­tra en el sótano, es pre­cioso, total­mente medieval, y las rec­etas de la comi­da tam­bién provienen de dicha época: ¡sabrosísi­ma! Nosotros aprovechamos que era el cumpleaños de mi mari­do para ir una noche allí a cel­e­brar­lo, yo no veía la hora de volver. Recomend­able que reservéis (si no queréis lla­mar podéis hac­er­lo medi­ante la pági­na de El Tene­dor) porque suele ser un lugar muy solic­i­ta­do pre­cisa­mente por su ambi­ente tan espe­cial. Para ser Esto­col­mo y lo estu­pen­do que es el sitio, una cena para dos, con cervezas arte­sanales inclu­idas, nos sal­ió por 70 euros, tam­poco nos pare­ció exce­si­va­mente caro.

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La calle Drot­tning­gatan (la Calle de la Reina) es la calle peaton­al más com­er­cial de todo Esto­col­mo. En los últi­mos tiem­pos, aca­so debido a lo fuerte que ha esta­do el euro respec­to a la coro­na sue­ca, me ha sor­pren­di­do ver cómo habían baja­do bas­tante los pre­cios de cier­tas cosas en Sue­cia respec­to a otros via­jes ante­ri­ores: por pon­er un ejem­p­lo, en las tien­das de sou­venirs podías com­prarte una camise­ta por ape­nas cua­tro euros. Y a la hora de com­er, tres cuar­tas de lo mis­mo, cer­ca de esta mis­ma calle, en pleno cen­tro, uno de los días comi­mos en un buf­fet asiáti­co grandísi­mo por ape­nas 11 euros por per­sona. Los restau­rantes inter­na­cionales eran nues­tra mejor opción: com­er en un tai­landés no nos sal­ió por más de 12 euros y cenar en un restau­rante griego por poco más de 10. En Esto­col­mo hay mucha y muy vari­a­da ofer­ta gas­tronómi­ca y, además, a pre­cios de lo más com­pet­i­tivos, en ese aspec­to Esto­col­mo es una ciu­dad bas­tante ase­quible.

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Hablan­do de restau­rantes, aho­ra os recomien­do otro de mis impre­scindibles cada vez que ven­go a Esto­col­mo: el pub Anchor . Prob­a­ble­mente mi restau­rante favoritísi­mo en toda Escan­di­navia. Y no porque la car­ta sea espec­tac­u­lar (que, aún así, tienen unas ham­bur­gue­sas de carne de cier­vo riquísi­mas) sino porque, a niv­el musi­cal, aquí tocan habit­ual­mente las ban­das más impor­tantes de rock de toda Sue­cia. Asi que es una visi­ta ine­ludi­ble cada vez que ven­go.

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Y otro apunte para los rockeros como nosotros: a niv­el de bares musi­cales, pocas ciu­dades en Europa ofre­cen lo que Esto­col­mo nos da a los meló­manos. Hay un mon­tón repar­tidos por la ciu­dad y muchos de ellos además te per­miten com­er mien­tras las ban­das tocan en direc­to. Pero nue­stro favorito hoy en día es, con difer­en­cia, el Har­ry B. James. Grandísi­mo, buenos pre­cios, mejor músi­ca e increíble ambi­ente, espe­cial­mente los viernes, que es cuan­do cel­e­bran las sesiones de Dirty Nights, con mucho hard rock de los 80; tuvi­mos que ir pron­to para poder coger mesa : ¡qué deli­cia de lugar!

Si tenéis tiem­po, es bue­na idea que os deis un paseo por la plaza de Gus­tav Adolfs Torg, donde se encuen­tra la Ópera, y gastéis unas cuan­tas horas cruzan­do por los puentes de unas islas a otras; gozan­do de buen tiem­po, como tuvi­mos nosotros, Esto­col­mo es una ciu­dad de lo más agrad­able para hacérsela cam­i­nan­do.

Como os comen­to, al haber via­ja­do varias veces a Esto­col­mo, esta últi­ma vez no repetí en algunos museos que ya conocía (como el Juni­back­en, ded­i­ca­do a Pip­pi Langstrump, en España cono­ci­da como Pip­pi Calza­slargas, pero que os recomien­do a todos los que esta sim­páti­ca pelir­ro­ja fuera una de las heroí­nas de vues­tra infan­cia, como me ocur­ría a mí). Sin embar­go, sí quise volver a recor­rer dos de los museos que más me gus­tan de la ciu­dad, pese a que la entra­da a cada uno de ellos cueste casi 20 euros. Pero es que mere­cen ambos muchísi­mo la pena.

Para ir a ver­los, has de diri­girte a la Isla de los Museos, que se encuen­tra a unos quince min­u­tos andan­do del cen­tro. En esta isla se encuen­tran los museos más impor­tantes de Esto­col­mo, por lo que a niv­el cul­tur­al bien puedes gas­tar un día entero “saltan­do” de uno a otro, des­de el de ABBA al Museo Nórdi­co (que es este de la foto de aba­jo y que tam­bién os recomien­do, yo lo he vis­to en un par de oca­siones y es intere­san­tísi­mo su repa­so por la his­to­ria de Sue­cia).

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El primer museo al que me refiero es el Museo Vasa, en el que se puede admi­rar el úni­co navío de guer­ra del siglo XVII del mun­do que ha lle­ga­do intac­to a nue­stros días en un 90% de su total­i­dad. Es el museo más vis­i­ta­do de toda Escan­di­navia y aunque parez­ca que al ser “sólo un bar­co” la visi­ta no da mucho de sí, te ase­guro que sus seis plan­tas, en las que se repasa con­cien­zu­da­mente no sólo la his­to­ria del bar­co sino tam­bién de todo lo que encon­tró en su inte­ri­or, da fácil­mente para una visi­ta de entre dos y tres horas.

Aunque evi­den­te­mente el Vasa no se puede vis­i­tar por den­tro ya que con­stan­te­mente está sien­do restau­ra­do y en la sala se mantienen unos nive­les de humedad y tem­per­atu­ra con­stantes para impedir su dete­ri­oro, es una mar­avil­la poder admi­rar­lo des­de fuera. De hecho, son muchos los que cuan­do lo ven por primera vez pien­san que La Per­la Negra, el pre­cioso galeón que comand­a­ba Jack Spar­row en las pelícu­las de Piratas del Caribe, debió inspi­rarse en el Vasa cuan­do fue dis­eña­do. Pero el Vasa es un bar­co real, tan real que al ver­lo en vivo y en direc­to has de fro­tarte los ojos para creer lo que tienes delante.

Y es que es un autén­ti­co mila­gro que haya sobre­vivi­do has­ta nue­stros días, gra­cias a las espe­ciales condi­ciones del fon­do mari­no donde naufragó, con un sue­lo arcil­loso que lo pro­te­gió durante más de tres sig­los de la erosión de las aguas. Con­ce­bido como el may­or bar­co de guer­ra con­stru­i­do jamás, la ambi­ción del rey Gus­ta­vo II fue al mis­mo tiem­po la respon­s­able de su naufra­gio: al dar­le un puente extra, el bar­co no logró esta­bi­lizarse y se hundió nada más salir del puer­to, recor­rien­do ape­nas 300 met­ros y hundién­dose frente a las costas de Esto­col­mo. Ni en sus peo­res pesadil­las imag­in­a­ba el monar­ca una trav­es­ía tan efímera.

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En el Vasa no sólo se encon­traron un mon­tón de obje­tos de la época, des­de cubier­tos a ropa, armas, libros y difer­entes uten­sil­ios sino tam­bién 30 cadáveres, los de las per­sonas que se encon­tra­ban en las plan­tas infe­ri­ores y a los que no les dio tiem­po a salir cuan­do el bar­co comen­zó a hundirse. Gra­cias a las nuevas tec­nologías, se ha logra­do recon­stru­ir con gran real­is­mo cómo sería el físi­co de dichas per­sonas, como podéis ver en la fotografía de aba­jo.

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Además, en otra de las plan­tas se ha recrea­do cómo sería por den­tro el salón del coman­dante y se mues­tran difer­entes maque­tas del Vasa por den­tro. Exposi­ciones inter­ac­ti­vas, mobil­iario y ves­tu­ario de la época, expli­ca­ciones com­pletísi­mas del tra­ba­jo de los marineros… la visi­ta al Vasa Muse­um merece muchísi­mo la pena.

El otro museo que os acon­se­jo tam­bién que no os perdáis es Skansen. Ya sabéis (como habréis leí­do en otras entradas de mis entradas del blog de Oslo o Tallin) que a los nórdi­cos les encan­ta “fab­ricar” pueb­los al aire libre con casas de época traí­das de difer­entes partes del país. Fun­da­do en 1891, Skansen se con­vir­tió en el primer museo al aire libre del mun­do: son más de 300.000 met­ros cuadra­dos donde se pueden vis­i­tar (tam­bién por den­tro) más de 150 casas de los últi­mos cin­co sig­los de la his­to­ria de Sue­cia. Pre­dom­i­nan sobre todo las gran­jas pero tam­bién se han recon­stru­i­do autén­ti­cos bar­rios de pueblo con sus cor­re­spon­di­entes panaderías, carpin­terías, tien­das de espe­cias y talleres de difer­entes tipos. Inclu­so podrás encon­trar igle­sias, moli­nos, majadas y has­ta casas de los samis (Sue­cia tam­bién tiene su propia Laponia).

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Aquí tienes los dos pro­gra­mas que en La Ruta 61 de Radio Via­jera hemos ded­i­ca­do a Esto­col­mo…


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  1. Mar

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    Me ha encan­ta­do la entra­da sobre Esto­col­mo y la ref­er­en­cia a los gar­i­tos de músi­ca, tan­to el Anchor como el Har­ry B. James molan un mon­tón. Por cier­to, recomen­dación para los que se quier­an tomar una bue­na cerveza en el hotel. Como comentabas, en los super­me­r­ca­dos no se vende alco­hol supe­ri­or a 3,5%, por lo que se hace impre­scindible ir a un Sys­tem­bo­laget, que es la cade­na de tien­das de alco­hol con­tro­la­da por el gob­ier­no sue­co. Ahí se puede com­prar bue­na cerveza, tan­to local como de importación, y en el caso de la cerveza arte­sanal sue­ca a pre­cios infe­ri­ores a los que la com­prarías en España. Sien­do Sue­cia uno de los país­es con mejor cerveza arte­sanal de Europa, es una opción muy recomend­able si se quieren evi­tar los altos impuestos a la que se la somete en los bares.

  2. Lo de las cervezas nos viene de lujo ya que nos quedamos con las ganas de pro­bar arte­sanales en nue­stros via­je allí, a excep­ción de cuan­do estu­vi­mos en el restau­rante vikingo…

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