Nuestro primer viaje a Tánger

Si es la primera vez que vas a Marruecos,bajo mi humilde opinión te recomien­do que empieces por Tánger.Muchos son los via­jeros que,sin embargo,suelen comen­zar sus rutas por el país bere­ber en Marrakech,la ciu­dad más turís­ti­ca de nues­tra nación veci­na, pero para mí,como cuen­to pre­cisa­mente en la entra­da de este blog cor­re­spon­di­ente a Marrakech,esta puede ser una ciu­dad algo “agre­si­va” con el visitante.Al menos para el que no está acos­tum­bra­do a la picardía marroquí,al trá­fi­co descontrolado,a los olores “poderosos” y al calor sofocante.En ese sen­ti­do, Tánger,pese a de largo ser una ciu­dad menos bonita,goza para com­pen­sar de otras ventajas:un cli­ma menos austero,una población mucho más “europeiza­da” (a fin de cuentas,se encuen­tran a sólo un puña­do de kilómet­ros de nues­tras costas y además son pun­to de entra­da al país des­de el norte) y,al ser más pequeña,es mucho más acce­si­ble en otros aspectos,con medinas,zocos y calles mucho menos con­ges­tion­a­dos.

 

Otra de las cosas bue­nas de Tánger es que,además de los vue­los de bajo coste que te acer­can allí por cua­tro duros,se puede añadir la opción de ir en barco,que fue lo que hice yo la primera vez que la visité.Aprovechamos para recor­rer Alge­ci­ras y la sier­ra de Cádiz, dejamos el coche aparca­do en el mis­mo puer­to y en fer­ry te pre­sen­tas en Tánger en menos de dos horas (creo que hay un fast fer­ry que lo hace en menos tiem­po pero es más caro,a nosotros nos sal­ió ida y vuelta como unos 70 euros pero estoy hablan­do del 2005).No obstante y pese a mí gus­tarme muy poquito el trans­porte marí­ti­mo (os remi­to a mi entra­da de Tai­lan­dia cuan­do casi naufragamos),nos encan­tó el viaje,desde cubier­ta podías ver cómo nos perseguían los delfines y acer­carse por mar a las costas tan­geri­nas ofrece unos paisajes real­mente boni­tos. Además,puedes aprovechar para com­prar bebi­da o taba­co en el bar­co sin pagar impuestos,al encon­trarte en el Estre­cho en aguas internacionales.Nosotros tuvi­mos suerte de ir en un fer­ry casi vacío de gente y se hizo un via­je súper ameno.Recuerdo la anéc­do­ta de que al lado nues­tra había cua­tro señores mar­ro­quíes char­lan­do acer­ca de cómo habían recor­ri­do el mun­do entero durante años y que por muchas mar­avil­las que hubier­an visto,los cua­tro coin­ci­dier­an en que jamás habían con­tem­pla­do nada como Estambul.Se me quedó graba­da total­mente aque­l­la con­ver­sación.

 

Por cierto,y antes de lle­gar a puerto,si quieres ambi­en­tarte un poco con lo que vas a encon­trarte en Tánger y hac­erte una idea de lo que fue antaño,te recomien­do un par de libros.El primero,”Sólo mar­ro­quí” de Gabi Martínez,el segun­do, “El tiem­po entre cos­turas” de María Dueñas.Precisamente se está rodan­do aho­ra en Tánger la ver­sión tele­vi­si­va en for­ma­to serie basa­da en el exi­toso best­seller de Dueñas.

 

Las costas de Tánger según lle­gas con el bar­co

 

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En cuan­to desembarques,ya te estarán esperan­do un mon­tón de chava­lines que prác­ti­ca­mente te quitarán la male­ta de las manos para llevártela al taxi más cercano:aunque creas que tu hotel cae cerca,andar con mochi­la has­ta el paseo marítimo,que es donde se situ­an muchos alojamientos,es un tre­cho y el taxi te va a costar entre uno y dos euros,ni te lo piens­es.

 

En cuan­to al tema hoteles,ahora he vis­to que se puede reser­var por Inter­net (ay cómo cam­bian los tiem­pos!) pero por aquel entonces los del hotel Con­ti­nen­tal no tenían ni correo electrónico,había que hac­er las reser­vas por telé­fono y sólo habla­ban francés,imaginaos qué odis­ea jaja!Sé que en Tánger hay hote­les mucho mejores,riads real­mente bonitos,pero creo que pocos gozan del encan­to del Con­ti­nen­tal por muchos aspectos.El primero,que en cuan­to lle­gas a su entrada,tan blanca,con esas escaleras y tan cerqui­ta del mar,responde ple­na­mente a la idea que ten­emos de lo que es un hotel árabe.Sin caer en lujos pero con una ele­gan­cia sobria y a la vez acogedora.El segundo,su mag­ní­fi­ca dec­o­ración interior,morisca pero sin resul­tar recargada,albergando inclu­so un ham­mán a dis­posi­ción de los clientes.

 

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El Con­ti­nen­tal es un hotel antiquísi­mo (se con­struyó en 1865) y durante su larga vida ha acogi­do a per­son­ajes tan ilus­tres como Win­ston Churchill,quien antes de meterse en políti­ca ejer­ció en su juven­tud como cor­re­spon­sal de guer­ra y de quien,cuenta la leyenda,su fan­tas­ma aún recorre los pasil­los de este hotel mítico,Pío Baroja,Jacinto Benavente y Anto­nio Gaudí.Pese a su renombre,aviso,eso sí,que sus presta­ciones son más propias de un dos estrel­las pero creo que com­pen­sa la fal­ta de lujos extras si a cam­bio ganas una atmós­fera bohemia inigualable.En cualquier caso,y como plan B si por lo que sea en el Con­ti­nen­tal no coges habita­ciones libres,en el Paseo Marí­ti­mo tienes otro hotel muy majo (más moderno,eso sí) y bas­tante bien de precio,el Intercontinental,y otro más modestito,el Solazur.Nunca está de más lle­var las espal­das cubier­tas.

 

Cuan­do hayas descar­ga­do male­tas y mochi­las en el hotel,empieza a recor­rer la ciu­dad por la Medina.Es curioso que pese a ser una de las más grandes del país,cuando la com­paras con la de Marrakech,ya no dig­amos la de Fez,te puede resul­tar has­ta pequeñi­ta y,por ello,muchísimo más cómo­da de recorrer.Sin embargo,y pese a su tamaño,su impor­tan­cia respec­to a la ciu­dad es aún may­or que en otras urbes al ser mucho más antigua:sus orí­genes datan de la lejana época romana.Una de sus grandes virtudes,en añadidura,es haber con­segui­do per­manecer amu­ral­la­da has­ta nue­stros días,lo que es un autén­ti­co mila­gro vista la can­ti­dad de pueb­los col­o­nizadores que han pul­u­la­do por estas ári­das tierras.Aunque todavía per­manecen trece puer­tas de acceso,la may­oría de la gente se aden­tra en estos laber­in­tos sin­u­osos por el Gran Zoco en la Place 9 de Avril.

 

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La plaza se lla­ma así debido a que en dicha fecha históri­ca, el sultán Mohammed Ben Yousef real­i­zo un gran dis­cur­so en donde se reivin­di­ca­ba por primera vez la inde­pen­den­cia de Tánger y el fin del dominio francés (dicho dis­cur­so está plas­ma­do en un mon­u­men­to cer­ca de los jar­dines de la Mendoubia).El Gran Zoco (recuer­da que “zoco” sig­nifi­ca mer­ca­do) en real­i­dad y en el sen­ti­do estric­to de la pal­abra ya no es un mer­ca­do en sí,aunque es cier­to que aún per­du­ran muchos puestos de frutas,babuchas y especias,aparte de artis­tas calle­jeros que ofre­cen sus obras a los vian­dantes. Tam­bién podrás encon­trar alfom­bras de todo tipo y kilims,cuero en todas sus vari­antes (Mar­rue­cos es el sitio ide­al para traerte pren­das de piel,eso sí,procura dejar­las los primeros días aireán­dose en la ter­raza porque el olor es bien per­sis­tente).

 

La cerámi­ca mar­ro­quí tam­bién es muy bonita,por si te quieres abaste­cer de vasos y vajilla,comprar algu­na cachim­ba o inclu­so pro­duc­tos de imitación de mar­cas pres­ti­giosas (algunos son muy cutres y duran un asalto pero otros sí que mere­cen la pena y dan el pego…) Y hablan­do de compras,ya a títu­lo per­son­al os recomien­do que os paseis por la tien­da de jabones Madini.Los Madi­ni lle­van nada menos que catorce gen­era­ciones regen­tan­do este nego­cio de per­fumería y hacen unas cre­mas faciales estu­pen­das a muy buen pre­cio e inclu­so se las lle­van por cajas mod­e­los de todo el mun­do. Aparte,tienen más de un cen­te­nar de per­fumes arte­sanales para escoger.Una deli­cia! Y otra recomen­dación más:las chilabas.Son baratas y sobre todo muy fresquitas para el verano.Tanto que se rumorea que la may­oría de los mar­ro­quíes las usan sin ropa inte­ri­or deba­jo.

 

Antes de dejar atrás el Gran Zoco y aden­trarnos en la medina,no pas­es por alto la mezqui­ta de Sidi Bou Abid:tiene más de 800 años de antigüedad,es una de las más impor­tantes de la ciu­dad y su minarete de azule­jos es fran­ca­mente espectacular.Ni tam­poco el Par­que de la Men­du­bia (se lla­ma así por la res­i­den­cia del mendub,que era el vig­i­lante de los col­o­nizadores extran­jeros al ser­vi­cio del sultán).Es cier­to que cuan­do lle­gas parece un par­que como cualquier otro pero nada más lejos de la realidad:aquí aún vive un árbol de banyan con más de ocho sig­los de exis­ten­cia y una bue­na colec­ción de cañones de bronce del siglo XVIII.Quizás uno de los sitios ide­ales de Tánger para escab­ul­lirse del bul­li­cio de las tien­das y bazares,un autén­ti­co oasis de tran­quil­i­dad.

 

Cer­e­mo­nia de cir­cun­cisión en las calles de la medina,salió todo el vecin­dario!!;)

 

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Uno de los lugares que más me gus­ta en esta zona,pese a que se encuen­tre en un esta­do de aban­dono casi absoluto,es el mag­ní­fi­co teatro Cervantes.Construído en 1913 con la inten­ción de que fuera el más grande de Africa,con sus más de 1.400 buta­cas, en sus inicios,pasaron por aquí artis­tas de la tal­la de Lola Flores,Estrellita Cas­tro o Juani­to Valder­ra­ma y se orga­ni­z­a­ban fies­tas multitudinarias,como los car­navales o las cel­e­bra­ciones de Nochevie­ja (la últi­ma se llevó a cabo en 1985).Sin embargo,este edi­fi­cio que durante décadas se con­vir­tió en el cordón umbil­i­cal que unía a Mar­rue­cos y España,cayó en el olvi­do ante la pasivi­dad del Ayun­tamien­to de Tánger,propietario legal y cuyo arren­damien­to le costó el pre­cio sim­bóli­co de un dírham.Afortunadamente,en los últi­mos meses una platafor­ma crea­da por difer­entes arqui­tec­tos e inge­nieros mar­ro­quíes se han puesto en mar­cha para recolec­tar fon­dos con la vista pues­ta en una posi­ble reha­bil­itación del inmueble.A ver si es ver­dad que puede lle­varse a la prác­ti­ca.

 

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Esta­mos ya en el Petit Soc­co o Zoco Pequeño,un lugar ver­dadera­mente encantador.Pero antes de empezar con su recorrido,no quiero olvi­dar recomen­daros que sub­ais a tomaros un té de men­ta a la plan­ta supe­ri­or del Café Al-Menara.El establec­imien­to es muy mod­es­ti­to pero muy agrad­able y,sobre todo,curioso:en la sala inte­ri­or hay un cine impro­visa­do donde un mon­tón de tan­geri­nos ven pelícu­las de Jean Claude Van-Damme con el vol­u­men a tope pero si te sales a tomar el té a los balconcitos,te ais­las del rui­do y hay unas vis­tas del Petit Soc­co bien boni­tas y de lo más entretenidas,te puedes tirar horas admi­ran­do el ir y venir unos y otros.Eso sí,antes no tenían WCs para mujeres y te toca entrar en el de hombres:escrupulosas abste­neos de la expe­ri­en­cia.

 

Café Al-Menara

 

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El Petit Soc­co está rodea­do de pen­siones humildes pero muy entrañables, cafecitos (al mar­ro­quí le encan­ta sen­tarse a leer el per­iódi­co y obser­var a los transeúntes,esto se nota aún más en las ter­razas del paseo marí­ti­mo y sí,curiosamente o no tan curiosa­mente todos son hombres,a excep­ción de las extranjeras).Les com­pren­do per­fec­ta­mente porque la vida de estas calles es un cock­tail embra­gador de sensaciones,de tal inten­si­dad que encan­diló a escritores como William Bor­roughs y,sobre todo,Paul Bowles,que extendió como la pólvo­ra el nom­bre de Tánger por todo el mundo.Era un enam­ora­do incondi­cional de la ciu­dad (la llam­a­ba “la ciu­dad huér­fana”) donde se instaló en 1947,donde se crearon las mejores de sus obras,incluida “El cielo pro­tec­tor” y donde pasó sus últi­mos días.Pero no sólo encon­tró aquí su inspiración literaria:fue el mejor guía turís­ti­co para otros escritores de su gen­eración (Gore Vidal,Jack Ker­ouac o Tru­man Capote) y a día de hoy Mar­rue­cos con­tinúa uti­lizan­do su ima­gen para la pro­mo­ción turís­ti­ca del país.Por cierto,si te intere­sa recor­rer algunos de los lugares preferi­dos de Bowles,no dejes escapar la visi­ta al hotel Minzah,donde Bowles decía haber “encon­tra­do la sabiduría y el éxta­sis” o la ter­raza del Café Roxy,donde escribió “El reclu­so de Tánger”.

 

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Otro de los pun­tos álgi­dos de esta boni­ta zona de la med­i­na es la Gran Mezquita,que aunque data de 1645,fue ante­ri­or­mente ocu­pa­da por romanos y por­tugue­ses pero que des­gra­ci­ada­mente hoy en día no puede vis­i­tar nadie que no sea musulmán.Puedes entonces para aprovechar ese tiem­po extra y acer­carte a Borj el Marsa,un mirador des­de el que podrás hac­er unas fotografías estu­pen­das.

 

Y para entrañable,la kas­bah o Ciu­dad Vieja,al oeste de la medina.Aparte de que te ofrece unas vis­tas del Estre­cho de Gibral­tar mar­avil­losas (no hay muchos lugares en el mun­do des­de donde se puedan admi­rar dos con­ti­nentes a la vez).Sus calle­jue­las llenas de tien­decitas invi­tan a ser recor­ri­das una y otra vez y se hace indis­pens­able la visi­ta al antiguo Pala­cio del Gob­er­nador y que en la actu­al­i­dad acoge al Museo de Tánger,el Dar al-Makhzen.Abre de 09:00 a 12:00 y de 14:30 a 18:00 y no sólo es pre­cioso el edi­fi­cio en sí sino lo que se expone dentro:un paseo por la his­to­ria de la arte­sanía mar­ro­quí.

Uno de los restau­rantes donde degus­ta­mos menú típi­co mar­ro­quí a base de hari­ra, cous­cous, taboulé y pastelitos árabes…

 

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La kas­bah es un lugar mági­co que mantiene intac­tos sus cimien­tos medievales (puedes encon­trarte más de una puer­ta abier­ta y ver cómo los arte­sanos tra­ba­jan rudi­men­ta­ri­a­mente con sus cinceles,la calle Mari­na es céle­bre por sus ebanistas).De hecho,su plan­i­fi­cación recuer­da vaga­mente a la de las antiguas ciu­dades griegas,ya que en lo más alto se con­struyó una for­t­aleza que dom­i­nara el resto del cas­co viejo.En los glo­riosos años 20 la kas­bah se con­vir­tió en uno de los lugares más ele­gantes y de moda de todo el Mediter­ra­neo y aunque,como el resto de Tánger,se viv­en tiem­pos de decadencia,a mí me sigue pare­cien­do un rincón de Tánger súper especial,de hecho era donde más tiem­po pasábamos.Introducirte en los calle­jones amurallados,descubriendo aquí y allá res­i­den­cias pre­ciosísi­mas escon­di­das (impre­sio­n­ante el Con­sula­do de Esta­dos Unidos,no dejeis de vis­tar­lo) era el mejor de los pasatiem­pos.

 

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Cuan­do no puedas con el calor,si vas en verano,te recomien­do que hagas una para­da en la igle­sia angli­cana de San Andrés,que está en unos jar­dines que son lo más pare­ci­do a un oasis den­tro de Tánger,con unos jar­dines muy acogedores,y así aprove­chas para vis­i­tar el cemente­rio británico,donde se encuen­tra la tum­ba de Emi­ly Keene,quien intro­du­jo la vac­u­na con­tra el cólera.

 

Lleg­amos ahora,justo al lado de la Kasbah,a uno de los sitios que más pena me dio de Tánger:las tum­bas feni­cias en el bar­rio de Marshan,a sólo unos cuan­tos met­ros de las murallas.Y digo pena porque estas tum­bas milenarias,decenas de hue­cos abier­tos en la piedra abier­tos por los feni­cios (98 nada menos),hoy en día son un autén­ti­co vertedero,la gente tira allí todas sus por­querías y han con­ver­tido una necrópo­lis antiquísi­ma en un autén­ti­co lodazal.Me quedé a cuadros,de verdad.Culpa de los tangerinos,por no saber preser­var su patrimonio,pero sobre todo de las autori­dades locales,que les da lo mis­mo el tema.Estamos hablan­do de tum­bas del siglo V AC, de más de dos mil años de antigüedad.Creo que a día de hoy sigo ponien­do los ojos como platos cuan­do lo recuer­do.

 

Vis­tas des­de las tum­bas feni­cias

 

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Para quitarnos el mal sabor de boca,lo que debes hac­er es acer­carte al Hafa Café,nosotros acabábamos allí todas las tardes.Antes de vis­i­tar Tánger era uno de los lugares que más me apetecía conocer.Y no porque el chiringo sea gran cosa (de hecho,por aquel entonces el “mobil­iario” de las mesas eran una sil­la de su madre y otra de su padre pero ahí rad­i­ca su encan­to también).Lo atrac­ti­vo del Hafa es su impor­tan­cia a niv­el histórico,ya que des­de su aper­tu­ra en los años 20, gente como Rolling Stones, Led Zeppelín,Jimi Hendrix,los Bea­t­les o Bob Mar­ley venían aquí a menudo,a fumarse los chu­f­los con unas vis­tas del Estre­cho fran­ca­mente espectaculares.Y no me extraña que lo eligieran,las pues­tas de sol aquí,viendo a lo lejos las costas españolas,son magníficas.Su ubicación,situado en una ladera (hay que bajar unas escaleras ruinosas para lle­gar a la ter­raza) te brin­dan unos paisajes de autén­ti­co ensueño.El Hafa es un café tan emblemáti­co que has­ta Luis Eduar­do Aute le dedicó una can­ción y en mi opinión es una visi­ta ine­ludi­ble e inolvid­able.

 

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Una de las cosas que más lla­ma la aten­ción de Tánger es cómo com­bi­na sin pudor ninguno calle­jones antiquísi­mos donde se res­pi­ra el modo de vida tradi­cional mar­ro­quí con la mod­ernidad de la ciu­dad nueva,a la que se lle­ga por la larga aveni­da Boule­vard Pasteur.Quizás aquí es donde mejor se reco­gen los restos deja­dos por col­o­nizadores ingleses,franceses y españoles,con palacetes y man­siones de diver­sa nacional­i­dad y condición.Sabedora de su ubi­cación geográ­fi­ca ten­ta­do­ra para los enemigos,Tánger subo en el pasa­do sacar par­tido de col­o­niza­ciones que en otros lugares fueron destruc­ti­vas pero que en este caso le dieron a Tánger una ele­gan­cia y boa­to que fue perdién­dose pre­cisa­mente tras la sal­i­da del país de las “fuerzas invasoras”:se van los extran­jeros, se va la pata, se va el lujo, se va el poder man­ten­er muchas res­i­den­cias en condiciones.Y es que Tánger,como La Habana,vive de las brasas de un pasa­do glo­rioso, aunque obvi­a­mente la cap­i­tal cubana sea muchísi­mo más rica en tesoros arquitectónicos.Pero ambas com­parten ese espíritu de decrepitud,ese saber encon­trar la belleza en lo más ruinoso,ese aire de altivez rea­cio a mar­charse pese a la época de vacas fla­cas y haber sido durante años refu­gio de juer­gas de mil­lonar­ios excéntricos.Lo cier­to es que el Boule­vard Pasteur,al que antigua­mente los mar­ro­quíes conocían como Zoco Inte­ri­or y los ingle­ses como The Mar­ket Place,es la mues­tra per­fec­ta de por qué Tánger es una de las ciu­dades del mun­do con más número de cafés emblemáti­cos por metro cuadrado.En el Petit Soc­co aun per­du­ra otro de los preferi­dos por filó­so­fos y literatos,el Cen­tral (y con pre­cios ridículos,70 cén­ti­mos el té).

 

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Por cierto,no se me olvide recordarlo,este larguísi­mo boulevard,el Pasteur,nace en la Plaza de Francia,donde tam­bién te recomien­do pasar por el Café Paris.Es un sitio míti­co en Mar­rue­cos ya que se rumorea que durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al aquí se reunían los espías de los difer­entes país­es a hac­er sus teje­mane­jes (Tánger ha sido famosa a lo largo de la His­to­ria como sede de encuen­tro de espionaje,se la conocía como “la ciu­dad de los espías”) y del que Bowles tam­bién era un asiduo.No obstante,el Café Paris siem­pre ha sido cono­ci­do por acoger inten­sas ter­tu­lias lit­er­arias entre escritores de toda índole.En las décadas de 1920 a 1950 era aquí donde se reunía mucha gente de dinero extran­jera y a día de hoy se siguen reuniendo,aparte de tangerinos,mucho vis­i­tante pero con menos pasta,claro.Un lugar tam­bi­en impre­scindible en tu via­je a Tánger,así como la libr­ería Des Colonnes,un lugar con un sabor añe­jo súper espe­cial.

 
Curioso car­tel pub­lic­i­tario de Maroc Tele­com
 

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Volvien­do a la ciu­dad nue­va (o Ville Nouvelle),aquí no sólo es donde vive la clase media local sino tam­bién donde se amon­to­nan los locales de ocio y entreten­imien­to (ojo,teniendo en cuen­ta que pese a que Tánger es la ciu­dad más europeiza­da del país…a niv­el lúdi­co con­tin­ua sien­do Marruecos).Aun así,tanto de día como de noche es deli­cioso pasear por su exten­so paseo marí­ti­mo e inmis­cuirse en el bul­li­cio del puerto.La playa suele estar llena de paseantes pero casi nadie se baña pre­cisa­mente porque las aguas lin­dan con el puerto.Si quieres darte un cha­puzón y no te impor­ta que el agua esté bien fría,es mejor que te acerques a diez kilómet­ros a Playa Blanca,por ejemplo.Las playas de alrede­dor de Tánger no es que sean espe­cial­mente boni­tas pero son ideales,como digo,para pasear al atarde­cer y casi siem­pre están medio desier­tas.

 

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Hablan­do de playas,otro sitio que merece la pena visitar,a sólo 17 kilómet­ros de Tánger,son las Gru­tas de Hércules.Se lla­man así porque cuen­ta la leyen­da pop­u­lar que aquí moró Hér­cules cuan­do decidió sep­a­rar el con­ti­nente africano del europeo;en la realidad,son unas intere­santes cuevas for­madas por la erosión marí­ti­ma que te per­mi­tirán aprovechar la visi­ta para ir al Cabo Espartel,con unas vis­tas fab­u­losas de las costas tangerinas,y picotear algo en la Plage Robinson,donde el marisco es fres­co y muy barato.Otro cabo que no hay que olvi­dar es el Cabo Malabata,también a las afueras,con una antigua for­t­aleza por­tugue­sa del siglo XIV y unas panorámi­cas de quedarse sin habla!


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