Primer viaje a Tokio

Mied­i­to me da pen­sar en la de horas que voy a nece­si­tar para ir rela­tan­do toda mi estancia en Tokio.Por lo que he deci­di­do dividir la eta­pa en dos partes,para que os resulte más cómo­da la consulta.La ciu­dad más grande del mun­do es tam­bién la más fasci­nante en la que he esta­do nunca.Ya veréis lo que da de sí.

Lleg­amos al aerop­uer­to de Nari­ta cansadísi­mas tras once horas de via­je pero con muchas ganas de dejar las mochi­las y empezar a movernos.Además,con el cam­bio horario allí llegábamos como a las ocho de la mañana y enci­ma nos recibió un sol estupendo.Lo primero que hice fue cam­biar en el pro­pio aerop­uer­to mis yenes por euros.Como íbamos a estar 17 días y el Japan Rail sólo nos cubría 14,los tres primeros días en Tokio deberíamos mover­nos pagan­do bil­letes de metro pero la ver­dad que sal­ió bas­tante más bara­to de lo que creía,el pre­cio medio de los bil­letes era de unos 2 euros.Al no cubrirnos tam­poco el Japan Rail el trayec­to has­ta Tokio,cogimos uno de los trenes,que te plan­ta en la ciu­dad en unos 50 minutos.El pre­cio aprox­i­ma­do del billete,unos 18 euros,es la for­ma más cómo­da y económi­ca de ir a la cap­i­tal.

 

Cuan­do lle­gas a Tokio,la ver­dad es que al prin­ci­pio el tema del metro parece muy com­pli­ca­do pero luego no es para tanto.Las prin­ci­pales con­fu­siones vienen porque hay varias com­pañías pri­vadas que pasan por la mis­ma línea pero real­izan­do difer­entes recorridos,por eso has de estar pen­di­ente de que el metro que cojas sea el correcto.En cuan­to a esas esce­nas que vemos en la tele de emplea­d­os empu­jan­do a los pasajeros para que entren en los vagones,no vivi­mos ningu­na situación similar.Nos aclararon que eso sólo ocurre en deter­mi­nadas horas pun­ta de cier­tos trenes pero lo cier­to es que la may­or parte de los trayec­tos que hici­mos fuimos sen­tadas y sin ago­b­ios.

 

Nue­stro primer hotel en Tokio era el Saku­ra Ikebukuro,en el bar­rio del mis­mo nombre.Los Saku­ra son unos hote­les muy pop­u­lares en Japón;son baratos,las habita­cioners, como veis en la foto,son de esti­lo japonés,pero sin embar­go los baños son occidentales.Se duerme en futones y sí,es comodísimo,muchísimo más que las camas tradicionales,yo por las mañanas me lev­anta­ba con la espal­da como nueva.Nos sal­ió muy bien de precio,unos 50 euros una triple y 40 una doble.Muy bien comu­ni­ca­do (Ike­bukuro es una de las esta­ciones más impor­tantes de Tokio,desde aquí vas direc­ta­mente al aerop­uer­to) y con un restau­rante aba­jo donde podías ten­er un desayuno continental,con huevos y tostadas,por sólo 2 euros.Estuvimos allí alo­jadas al prin­ci­pio del via­je y los días de la vuelta y quedamos encan­tadas.

 

La zona de Ike­bukuro no es que ten­ga muchos mon­u­men­tos para vis­i­tar pero tiene varias ventajas,entre ellas que aquí esté la segun­da estación más impor­tante de todo Tokio,por donde pasan las dos líneas más impor­tantes, la Sebu y la Tobu,por lo que las comu­ni­ca­ciones con cualquier otro pun­to de la ciu­dad son exce­lentes, y que en sí es un bar­rio súper ani­ma­do lleno de karaokes, restau­rantes, tiendas,y con un mon­tón de vidil­la a cualquier hora del día y de la noche.

 

Vamos con el metro de Tokio.Parece al prin­ci­pio muy difí­cil moverse con él (noso­tras la primera vez que le cogi­mos nos volvi­mos un poco locas) pero una vez le coges el truco,no es difícil.Los japone­ses fun­cio­nan con una especie de tra­je­ta prepa­go que car­gan en el móvil y uni­ca­mente tienen que pon­er la pan­talli­ta en los tornos.Creo que tam­bién las pueden adquirir los tur­is­tas pero como noso­tras sólo íbamos a usar el metro tres días,ya que con el Japan Rail luego nos cubría la Yaman­ote Line (una línea cir­cu­lar que te deja en los pun­tos más impor­tantes de Tokio),tiramos por los bil­letes básicos.Hay tam­bién pas­es de un día que cues­tan unos 700 yenes (unos 4 euros),que pueden mere­certe mucho la pena si ese día vas a hac­er var­ios via­jes.

 

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Como comenta­ba antes,la Yaman­ote Line nos vino de per­las para recor­rer la ciudad.Es efec­ti­va al máx­i­mo (pasa un tren cada dos minutos,de hecho la media de retra­so en los trenes japone­ses es una nimiedad de algo así como cua­tro segundos),tiene 29 esta­ciones repar­tidas por toda la ciu­dad y la usan a diario casi cua­tro mil­lones de personas.Aun as,insisto en que qui­tan­do algún sábado,día de compras,no vivi­mos grandes aplas­tamien­tos ni empujones,viajar en Tokio es más cómo­do que en muchos otros país­es (sólo hay que acor­darse del metro de Lon­dres).

 

Si hablam­os de lo que es el “gran Tokio”,que acoge además a 27 ciu­dades cir­cun­dantes, un con­da­do y cua­tro dis­tri­tos isleños,nos vamos has­ta los 40 mil­lones personas.Hay gente que,pese a lo rapidísi­mos que son los trenes,tarda en lle­gar a su casa una media de tres horas,de ahí la exis­ten­cia de los “hoteles-cápsula”.En Japón se les conoce como kaposeru y es un fenó­meno úni­co en el mundo,que ha empeza­do a sur­gir aho­ra en otros países,con habita­ciones que pare­cen nichos y en los que uni­ca­mente cabe una cama.Su pre­cio tam­bién es muy barato,unos 25 euros por noche,por lo que a muchos tra­ba­jadores les com­pen­sa quedarse a dormir aquí de lunes a viernes.Aunque parez­can incómodos,dentro tienen has­ta tele­visión.

 

Antes de empezar a recor­rer la cap­i­tal nipona,te recomien­do encar­e­ci­da­mente que te hagas con un buen mapa en cualquier ofic­i­na de turismo,que las hay a montones,sobre todo en las prin­ci­pales esta­ciones y las zonas más turísticas.La ciu­dad que antaño era cono­ci­da como Edo resurgió de sus cenizas tras los bom­bardeos esta­dounidens­es de la Segun­da Guer­ra Mundial,que la dejaron arrasada,y actual­mente es la ciu­dad más impor­tante de todo el mundo,con un poder­ió económi­co incalculable.Su exten­sión es enor­mísi­ma pero que esto tam­poco te agobie;está tan bien comu­ni­ca­da en su inte­ri­or que podrás ver un mon­tón de cosas difer­entes todos los días.

 

Lo mejor es empezar a dividirla por zonas,asi que voy a empezar con Aki­habara

 
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Aki­habara sig­nifi­ca “cam­po de las hojas de otoño”…y cualquiera lo diría vien­do cómo es el bar­rio! Por algo se la conoce como “la ciu­dad de la electrónica”,son dece­nas de ras­ca­cie­los con tiendas,tiendas y más tiendas.Incluso aunque no te gusten mucho los aparatejos,como es mi caso,es nece­sario que te des una vuelta para que con­states por tí mis­mo por qué Japón es líder mundi­al del sector.Hay que ver la cabeza que tienen los nipones.Ví uten­sil­ios para la casa que recuer­do pen­sé “por qué esto no se com­er­cial­iza en el resto del mundo,con lo útil que es?” Y lo mejor es que están a pre­cios muy populares.Los que vayais bus­can­do cámaras de fotos, vídeo y similar,buscad un depen­di­ente que cha­purre inglés (que aquí sí los hay,daos cuen­ta que viene mucho tur­ista a comprar),para que os aclare si enchufes y dis­pos­i­tivos son com­pat­i­bles con los de vue­stro país.Si cogeis algu­na mar­ca cono­ci­da tipo Sony,normalmente la garan­tía te per­mite lle­var­lo a cualquier sucur­sal del mun­do.

 

Para los amantes del manga,Akihabara tam­bién es el paraíso,hay edi­fi­cios enteros ded­i­ca­dos a comics y muñecos.Y ahí viene el tema del prob­le­ma que tiene el japonés medio con el sexo.Porque muchas de esas “muñe­quitas inocentes” del manga,que no medían más de 20 cen­tímet­ros pero son pornografía pura,se expo­nen en vit­ri­nas de cristal y ahí les veías a los japoneses,babeando ante las tetas de plástico,era para ver el espectáculo,de verdad.En Aki­habara hay tien­das enormes ded­i­cadas al hen­tai (el porno de dibu­jos ani­ma­dos) y mirad que yo me con­sidero una per­sona sin tabú ninguno pero es que había tebeos que eran fran­ca­mente desagrad­ables y enfer­mizas (curiosamente,una de las cosas de las que más tira el porno japonés es de las vio­la­ciones y por si alguien no lo sabe,el tér­mi­no bukkake es japonés y su orí­gen está en una tradi­ción del Japón Feudal,donde las mujeres adúl­teras eran oblig­adas a arrodil­larse en la plaza del pueblo y que todos los hombres,ya fuer­an 30 o 300, vinier­an a eyac­u­lar en su cara como castigo).El caso es que me llamó mucho la aten­ción ver cómo en un país donde en el porno se cubre en el cine el vel­lo púbico,al mis­mo tiem­po se venden en los kioskos revis­tas rol­lo Super Pop con ado­les­centes en plan guar­rindon­go como reclamo.Y hay un mon­tón de pub­li­ca­ciones de ese tipo,se venden como churros.De hecho,otra de las cosas que me sor­prendió muchísi­mo es ver en el metro pla­cas con un dibu­jo dirigi­do a las estu­di­antes en plan “pro­hibido tontear”.Os lo juro,me quedé ojiplática.Ya seguire­mos hablan­do de cómo se vive el tema sex­u­al aquí cuan­do llegue­mos al Shin­juku noc­turno pero lo de Aki­habara fue de órdago,yo iba alu­ci­nan­do en las tien­das con cómo esta­ban los clientes,vaya tela.

 

Otra de las cosas muy típi­cas de Akihabara,aparte de sus gigan­tescos salones de jue­gos recre­ativos extrañísimos,son los “maid cafes” que tan bien pub­lici­ta la japone­si­ta de la foto de arri­ba (fotografié a esa pero había cientos).Este tipo de bar está aten­di­do por señori­tas dis­frazadas de cri­adas y sirvien­tas “a la france­sa” que no se quedan sólo con el atuen­do sino cuya acti­tud es de total sum­isión al cliente.Aunque al prin­ci­pio los clientes eran sólo hom­bres y frikis del manga,que las con­virtieron en sus par­tic­u­lares heroínas,hoy en día tienen una clien­tela vari­a­da y van muchos tur­is­tas.

 
Bar­rio de Aki­habara. ¡Y sobran las pal­abras!
 

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Y ya que hemos empeza­do por Akihabara,esa locu­ra de luces y neón, sig­amos con el pachinko,un fenó­meno japonés bien particular.Todo el país está pla­ga­di­to de locales de esta curiosa ver­sión del pin­ball y la adic­ción va des­de los ado­les­centes has­ta oficin­istas y amas de casa.Allí se pueden tirar horas y horas,fumando como camioneros y con ese pseu­do tech­no japonés a un niv­el infernal,que entras cin­co min­u­tos y de verdad,salías tarumba.Me recordó mucho a cuan­do estuve en Las Vegas y veías a la gente en los casi­nos con la mira­da ausente,horas y horas.Supongo que será un buen reme­dio para escapar durante un rato de las exi­gen­cias que deman­da la estric­ta sociedad japone­sa pero es que hay gente que vive  úni­ca­mente para el pachinko,y eso es lo triste.

 

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Bar­rio impre­scindible en cualquier visi­ta a Tokio,incluso las express:Asakusa.O lo que es lo mismo,el corazón de Shi­ta­machi (lit­eral­mente “ciu­dad baja”),lo que era el cas­co antiguo de Tokio cuan­do esta se llam­a­ba aún Edo.Su atrac­ción estrel­la es el bel­lísi­mo Senso-ji,que atrae a cer­ca de veinte mil­lones de vis­i­tantes cada año,y al que se accede por la Kaminari-mon,la Puer­ta del Trueno,esta pre­ciosi­dad de la fotografía.Está cus­to­di­a­da por los dios­es del Vien­to y del Trueno.

 

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Este tem­p­lo es el más antiguo de todo Tokio (data del año 645) y fue con­struí­do a raíz de la leyen­da que cuen­ta como dos pescadores,Takenari y Hamenari,encontraron una estat­ua de la diosa Kan­non cer­ca del río Sum­i­da y pese a que la dejaron en el mis­mo lugar,se les aparecía una y otra vez.Por ello,decidieron traer­la a un pequeño pueblecito que se ubi­ca­ba cer­ca de donde actual­mente se encuen­tra Asakusa y el pueblo empezó a pros­per­ar.

 

Una vez traspasa­da la Puer­ta del Trueno,se lle­ga a Nakamise-dori,una calle­juela entrañable llena de tien­decitas de sou­venirs. Y,sorprendentemente pese a ser éste un sitio pla­ga­do de turistas,los souvenirs,repito,no son nada caros (son muy típi­cas las osembe,galletas de tri­go muy pop­u­lares en Japón pero encon­trarás des­de camise­tas de Godzil­la a palillos).Desde aquí se lle­ga a la Puer­ta del Tesoro,la entra­da prin­ci­pal al tem­p­lo.

 

Fotografía de la pago­da de cin­co plantas,Goju-no to,donde se guar­da un hue­so de Buda,regalo del Tem­p­lo Real de Sri Lan­ka

 

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El edi­fi­cio prin­ci­pal es el pro­pio tem­p­lo de Senso-ji,una deli­cia para la vista,aunque en hon­or a la verdad,fue arrasa­do durante los bom­bardeos de la Segun­da Guer­ra Mundi­al y fue recon­struí­do exac­ta­mente igual al original.Y no menos impac­tantes son sus jardines,donde la gente va a que­mar incien­so para que se cum­plan sus deseos (se pasan después las manos por la cabeza) y donde hay unos pan­e­les con cartelitos de madera donde la gente tam­bién escribe sus peti­ciones (que sue­len abar­car des­de la salud de un famil­iar al últi­mo mod­e­lo de Iphone).Por cierto,verás que en todo Japón hay lam­par­il­las con dibu­jos de “esvásticas”:no son tal cosa sino un antiguo sím­bo­lo pre­históri­co que rep­re­senta­ba al sol,otra cosa es que luego se lo “apropi­aran” los nazis.

 

Este fan­tás­ti­co tem­p­lo budista,que acoge la cita­da estat­ua de la diosa Kannon,diosa de la for­tu­na y el sufrim­ien­to, pero que curiosa­mente jamás ha sido expues­ta al público,alcanza su may­or niv­el de explen­dor en primavera,cuando durante cua­tro días se cier­ran las calles al trá­fi­co cuan­do cae la noche y se cel­e­bra el Shinto,el fes­ti­val mat­suri más impor­tante de la ciudad.Es tradi­ción tocar la pan­za del Buda Nadi Botoke­san para que nos de bue­na salud y purifi­carse en el agua de las fuentes,con estas cosas los japone­ses son muy super­sti­ciosos. Tam­bién lla­man la aten­ción las pequeñas estat­uas Jizo,unas escul­turas chiq­ui­ti­nas con baberos o gor­ri­tos de lana rojos:son los que alcan­zaron la ilu­mi­nación pero deci­dieron renun­ciar a ella para enseñar a otros como alcanzarla.Son los pro­tec­tores de las embarazadas pero sobre todo los de los niños no naci­dos o naci­dos muertos,un poco tétri­co todo.Según la tradi­ción budista,los niños no naci­dos lle­varon la tris­teza a sus padres y por ese moti­vo son arro­ja­dos al río infernal,donde acu­mu­lan gui­jar­ros para hac­er altares en hon­or a Buda pero un demo­nio siem­pre se los destroza.Por ello,la gente ha de rezar a los jizo,para ayu­dar­les a escapar de esa situación.Y por ese moti­vo verás que a los pies de muchos jizos hay apiñadas mon­tañi­tas de piedras.

 

Más imá­genes del recin­to del Sen­so-ji

 

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Aquí aba­jo ten­emos a las famosas carpas japonesas,las koi,probablemente el ani­mal más ven­er­a­do de todo Japón.Parecidos a los humanos más de lo que creemos (lle­gan a alcan­zar el metro de lon­gi­tud y vivir 65 años),en Japón empezáron a sal­var­las en rios y lagos de sus depredadores, que las exter­mina­ban por sus lla­ma­tivos col­ores, y actual­mente se encuen­tran en mil­lones de estanques por todo Japón,costumbre exten­di­da pos­te­ri­or­mente por todo el mundo.La carpa,además,es un sím­bo­lo para los nipones por su capaci­dad de fuerza y perseverancia,ya que deben nadar con­tra­cor­ri­ente y cues­ta arri­ba para poder lle­gar a las tier­ras altas.Los tat­u­a­jes de las carpas eran muy pop­u­lares ya entre los samurais;dependiendo en la posi­ción que esté la carpa,simbolizaban una cosa u otra (hacia abajo,significaban una eta­pa de superación de problemas,hacia arriba,problemas ya muy super­a­dos).

 

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Recor­darte que en esta zona puedes aprovechar para pasarte por la calle Kap­pabashi Dogu­gai, donde se real­izan las répli­cas en cera de los platos de comi­da de los que habla­ba al prin­ci­pio del blog.Está a la izquier­da de los jar­dines.

 

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Nos vamos a Shinjuku,donde se encuen­tra la estación más tran­si­ta­da de todo el mun­do (tres mil­lones de per­sonas la usan a diario y tiene más de 50 sal­i­das diferentes).Este inmen­so bar­rio se divide en tres partes,empezando por la zona oeste,Nishi-shinjuku, con sus altísi­mos ras­ca­cie­los de ofic­i­nas…

 

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Aquí se encuen­tra el Met­ro­pol­i­tan Gov­ern­ment Build­ing (el equiv­a­lente al ayun­tamien­to tokiota),con 243 met­ros de altura y unos miradores ¡gra­tu­itos! con unas vis­tas del Gran Tokio de dejarte sin habla.Las fotografías os dirán más que yo.Por cierto,en la parte de atrás del Ayun­tamien­to se encuen­tra el Shin­juku Cen­tral Park,donde muchos tra­ba­jadores bajan a com­er al solecito.En esta zona se encuen­tra tam­bién el hotel Park Hyatt Tokyo,donde se rodaron esce­nas de la pelícu­la “Lost in Translation”.La ver­dad es que este area sí que se cor­re­sponde fiel­mente con la idea de Tokio a lo “Blade Run­ner”.

 

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La parte este de Shin­juku, tiene una zona bas­tante entrañable y muy rep­re­sen­ta­ti­va de lo que era el Tokio antiguo, Shin­juku Gold­en Gai, un bar­rio pequeñísi­mo con­for­ma­do por calle­jones y casitas de solo una planta,que acoge un mon­tón de bares minúsculos,cerca de doscientos.Pero tam­bién está aquí Kabu­ki­cho, el “bar­rio rojo”,aunque tam­bién es famoso por sus restau­rantes, cines, karaokes e iza­kayas (bares de tapas a la japonesa).Aquí se con­cen­tra toda la prostitución,salones de “masajes”,locales de striptease y un mon­tón de Love Hotels (son hote­les con habita­ciones en plan temáti­co para lle­var a cabo cualquier fan­tasía sexual,se veían muy bien en la pelícu­la “Mapa de los sonidos de Tokio”).Pese a ello,Kabukicho no es como otros bar­rios rojos ya que es muy seguro (aquí los prin­ci­pales clientes son oficinistas),aunque te desacon­se­jo que entres a los locales ya que la may­oría están con­tro­la­dos por la yakuza (la mafia japonesa).Lo del tema de la pros­ti­tu­ción es muy curioso en Japón,ya que por un lado parece que quieren mirar a otro lado como si no existiera (se supone que es ile­gal aunque…¡sólo la pen­e­tración entre hom­bre y mujer!) pero por otro,esta zona está pla­ga­da de burdeles,tanto mas­culi­nos como femeni­nos (sí,sí,en Tokio hay mucha pros­ti­tu­ción masculina,se veían un mon­tón de pros­ti­tu­tos japone­ses ofre­cién­dose a las niponas,a las extran­jeras ni se nos acercan).En la parte oeste de Kabu­ki­cho se encuen­tra Nichome,la zona gay, y ya metién­dote en Shin­juku Sur,tienes la Takashiya­ma Times Square,donde se con­cen­tran un mon­tón de tiendas.Cerca se encuen­tra el par­que Shin­juku Gyoen,de casi 60 hectareas,con estanques con carpas gigantes.Además,también te puedes acer­car a Okubo (el bar­rio de los inmi­grantes core­anos).

 

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Van pasan­do los días en Japón y nue­stro sigu­iente des­ti­no tokio­ta es otro de sus bar­rios más cono­ci­dos: Shibuya.¿Cuántos cien­tos de veces hemos vis­to por tele­visión ese míti­co paso de cebra donde miles de per­sonas se cruzan todos los días en un ejer­ci­cio de orga­ni­zación per­fec­ta? Y es que esa es una de las cosas que más me sor­prendió para bien de la cap­i­tal nipona.Vive muchísi­ma gente,es cierto,pero hay un niv­el de civis­mo tan enorme que ape­nas hay que esper­ar colas para hac­er trámites de cualquier tipo,todo el mun­do respe­ta las nor­mas (y se recrim­i­na dura­mente al que no lo hace) y la peor deshon­ra para alguien es fal­tar la aten­ción al de enfrente.Por ello,cuando llegues a Shibuya,verás que con todo ese caos de gente,lo difí­cil es man­ten­er un orden y una coherencia.Pues ellos lo consiguen,que para algo son japone­ses.

Nada más salir de la estación de Shibuya,vas a darte con una de las estat­uas más entrañables no sólo de Japón sino de todo el planeta:la del per­ro Hachiko.Para los japone­ses es un autén­ti­co heroe (y de hecho lo fue) y es una visi­ta ine­ludi­ble para los que como yo ten­gais animales.Hachiko fue un per­ro fiel has­ta la extenuación.Todos los días acom­paña­ba a su amo,un pro­fe­sor universitario,hasta la puer­ta de la estación de tren cuan­do éste acud­ía a tra­ba­jar y todas las tardes volvía a esperarle.Pero un día su amo fal­l­e­ció de un par car­dia­co y nun­ca regresó.Pese a ello y con la esper­an­za de volver a verle,Hachiko se quedó a vivir durante nueve lar­gos años en la estación,con la esper­an­za de volver a ver su dueño.Su leal­tad caló tan hon­do en el corazón de los japone­ses que se le lev­an­m­taron dos estatuas,esta y la de la ciu­dad de Odate,y sus restos per­manecen el Museo de Cien­cias Naturales.Su figu­ra se vió aún más pop­u­lar­iza­da a niv­el mundi­al con la pelícu­la que hizo Richard Gere “Hachiko,siempre a tu lado” y que pese a adap­tar­la a la ver­sión norteam­er­i­cana de un hom­bre en USA,refleja muy bien lo que impli­ca ten­er un ani­mal y lo que se puede lle­gar a quer­er­los.

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Shibuya es un bar­rio ani­madísi­mo ya que es el epi­cen­tro de los cen­tros com­er­ciales japone­ses (el más famoso es el Shibuya 109 pero es que los hay uno detrás de otro).Volviendo al tema precios,pues insisto,me sor­prendió muchísi­mo la can­ti­dad de tien­das de ropa tira­da en plan camise­tas a seis euros y pares de zap­atos por ocho y cosas así,es de las pocas veces que no me he podi­do traer más ropa a casa porque no podía car­gar con más,no porque el dinero cundiera una barbaridad.Además,si bus­cas ropa y com­ple­men­tos súper mod­er­nos y originales,este y Hara­juku es el lugar ide­al para hac­er­lo ya que es el lugar donde vienen a nutrirse de parafer­na­lia las loli­tas japone­sas y hay un mon­tón de tien­das donde puedes encon­trar des­de uni­formes y dis­fraces a cha­que­tas de lente­jue­las, boas de plumas, som­breros de todo tipo…lo que a nosotros nos pare­cería un “dis­fraz” en Japón es vis­to con total nor­mal­i­dad.

Hara­juku es el otro bar­rio com­er­cial de Tokio (bueno,en Tokio…¿qué no es com­er­cial?) pero este muchísi­mo más pintoresco,ya que aquí se dan cita todos los frikoides estos que vemos tam­bién por la tele,disfrazados de cualquier cosa (ahí aba­jo os dejo una foto como ejemplo).También es ver­dad que no es que vayas por la calle y vaya todo el mun­do vesti­do así,tampoco vayamos a exagerar,pero sue­len reunirse sobre todo los domin­gos por la mañana en el puente que lle­va al par­que Yoyo­gi.

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Si como digo bus­cais ropa así un poco freak,tanto vosotros como para regalar,que estas cosas vienen muy bien para sor­pren­der a los amigos,entonces os recomien­do que tireis para la Takeshi­ta Dori e inmediaciones.Está pla­ga­do de gente joven a la búsque­da de la últi­ma extrav­a­gan­cia (las jóvenes japone­sas pare­cen lle­var una com­peti­ción entre ellas a ver quien se hace con el hal­laz­go más hort­era) y podrás encon­trar ropa bas­tante chu­la y original.Y os insis­to en que a muy buenos precios,yo com­pré en plan botas a quince euros y lo mejor es que enci­ma eran de bue­na cal­i­dad.
 

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Tien­das de todo tipo en Hara­juku
 

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Si vas buscando,por el contrario,ropa de mar­ca y ves­tu­ario algo más elegante,entonces en esta mis­ma zona acér­cate a la aveni­da Montesando,que es con­sid­er­a­da los Cam­pos Eliseos de Tokio o la Quin­ta Aveni­da de Nue­va York:aquí se con­cen­tran todas las tien­das prestigiosas.Asi que a preparar la tar­je­ta de crédito,ya sabes.
 
Hara­juku prob­a­ble­mente sea el bar­rio de Tokio que más opciones da difer­entes para hacer,te puedes tirar aquí tardes enteras.Desde por un módi­co pre­cio degus­tar difer­entes tipos de sushi en com­bi­na­ciones imposi­bles (o,a menos,no las com­bi­na­ciones más bási­cas a las que acos­tum­bramos en España) has­ta ir a la caza y cap­tura de artícu­los infan­tiles y juguetes de todo tipo (hay cien­tos de tien­decitas ded­i­cadas a Hel­lo Kit­ty) o des­cubrir la can­ti­dad de locales de “Todo a cien yenes” (el equiv­a­lente a nue­stro “Todo a un euro”) que exis­ten en Japón.Son un des­cubrim­ien­to porque para cosas bási­cas que nece­sites en plan droguería o unas sim­ples tir­i­tas te vienen de mar­avil­la pero es que enci­ma venden miles de chor­radas tiradas de pre­cio que te pueden venir muy bien para lle­var como regalo-souvenir.Sin embargo,una de las cosas que sí me decep­cionó en Tokio fue lo de encon­trar rarezas a niv­el musical,en plan vini­los extrañísi­mos y cosas así.Quizás porque des­de la lle­ga­da de inter­net ya ten­emos acce­so a com­prar en cualquier lugar del mun­do no encon­tré gran cosa que no hubiera com­pra­do antes por la red.
 
A niv­el de compras,hay otro mer­ca­do al que sin embar­go se le da poca impor­tan­cia en las guías,destacando otros nomi­noichi (los mer­cadil­los japone­ses) y,sin embargo,a mí me pare­ció el tem­p­lo de las gangas,de hecho nos acer­camos var­ios días a avituallarnos!Este es el mer­ca­do de Ameyayokocho,que se encuen­tra nada más salir de la estación de Ueno (puedes aprovechar a ver­lo el día que ven­gas a pasear por el par­que de Ueno,del que hablaré más ade­lante), ensegui­da te darás de bruces con él porque se encuen­tra bajo las vías del tren.Su nom­bre viene de ame (dulce en japonés),ya que tras la segun­da guer­ra mundi­al aquí se insta­laron tien­das de carame­los que en real­i­dad servían como tapadera para el trá­fi­co negro.Puedes encon­trar abso­lu­ta­mente de todo a pre­cios tirados…aunque tam­bién te avi­so que el 90% de los pro­duc­tos son Made in China,no Made in Japan.Está siem­pre has­ta arri­ba de gente y habién­do­lo dis­fru­ta­do de día y de noche,yo me que­do con las horas del atardecer.Aprovecha para quedarte a cenar:junto a los puestos de pesca­do fresco,hay infinidad de restau­rantes de comi­da asiáti­ca en los que com­erás de lujo por muy bajo pre­cio.
 

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Y ya que esta­mos en el bar­rio de Taito-ku,pues nos vamos al par­que de Ueno,el pul­món verde de la ciu­dad (aunque hay que recono­cer­le a Tokio que a pesar de sus ras­ca­cie­los y de la gente apiña­da por la fal­ta de espa­cio se de tan­ta impor­tan­cia a las areas verdes).Ueno fue una zona de su propiedad que el emper­ador Taisho “regaló” a los tokio­tas en 1924 y des­de entonces,al esti­lo de Cen­tral Park,se ha con­ver­tido en el lugar que los tokio­tas eli­gen para desconec­tar de su vida frenética.Además,para el que ten­ga may­ores inqui­etudes más allá de los paseos bajo los cerezos,a niv­el cul­tur­al Ueno es otra peri­ta en dulce:aquí se ubi­can el Museo Nacional de Tokio, Museo Nacional de Arte Occi­den­tal, Museo de Arte Met­ro­pol­i­tano de Tokio, Museo Nacional de Cien­cia de Japón, además de la Char­ca Shi­nobazu y el Zoológi­co de Ueno.
 
Tam­bién den­tro de Ueno podemos hal­lar uno de los lugares de med­itación más atípi­cos de Tokio,el San­tu­ario Toshogu (el san­tu­ario del dios-sol del Este).Se con­struyó en el siglo XVII y curiosa­mente no se erigió en hon­or de un dios sino de un hombre,Tokugawa Ieasu,uno de los políti­cos más impor­tantes de la His­to­ria de Japón y ayu­dar a la reunifi­cación de la nación; a su per­sona hay ded­i­ca­dos tem­p­los por todo el pais.La estruc­tura del Toshogu es muy sim­i­lar a la del tem­p­lo prin­ci­pal de Nikko,donde reposan los restos de Ieasu.Es uno de los edi­fi­cios más antigu­os de Tokio y uno de las con­struc­ciones sin­toís­tas que mejor se con­ser­van de la época Edo.Del tem­p­lo Kanei­ji orig­i­nal aún se con­ser­va una esplén­di­da pago­da de cin­co plantas,la Gojuno-to.La entra­da al tem­p­lo por un camino de lin­ter­nas de piedra es una autén­ti­ca mar­avil­la.
 

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Para purifi­carse antes de entrar al tem­p­lo había que coger el cazo con la mano derecha, coger agua y vert­er­la sobre la mano izquier­da deján­dola caer fuera de la fuente, hac­er el mis­mo pro­ced­imien­to con la otra mano, luego se coge agua con la mano derecha de nue­vo y se lle­va a la boca, se enjua­ga uno la boca y sin tra­gar­la se escupe fuera de la fuente y tras ese pro­ce­so ya estaríamos purifi­ca­dos para entrar al san­tu­ario.
 

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Una de las curiosi­dades del par­que Ueno es que pese a que en Japón la men­di­ci­dad es algo que ape­nas se conoce,es aquí donde se reunen los pocos vagabun­dos que hay en la ciudad.Pero inclu­so para estas cosas son los japone­ses un pueblo súpercivilizado.Las chabo­lil­las que se han mon­ta­do están impo­lu­tas (inclu­so algu­nas tienen has­ta unos pequeños jardinci­tos impro­visa­dos) y den­tro de su humildad,son con­ser­vadas con la may­or de las dig­nidad y de las higienes.La may­oría de estos mendi­gos son ex altos ejec­u­tivos que se vieron des­pe­di­dos de sus empre­sas tras la cri­sis económi­ca de medi­a­dos de los 90 y han preferi­do ais­larse en esta pequeña comu­nidad de parias sociales antes que arras­trar a sus famil­ias con la deshon­ra de la humil­lación de verse todos en la calle.A nues­tra mente occi­den­tal le cues­ta com­pren­der­lo pero para el japonés el hon­or y su esta­tus social es lo más impor­tante del mundo.Desde pequeños se les edu­ca para nobus­car un ben­efi­cio pro­pio individual,como hace­mos en Occidente,sino para tra­ba­jar toda su vida en ben­efi­cio del bien común ya que esto,a la larga,derivará en el ben­efi­cio par­tic­u­lar de cada uno de los miembros.De este modo,el japonés que es des­pe­di­do por no hac­er bien su tra­ba­jo no echa las cul­pas a la empre­sa sino a sí mismo,por no haber esta­do a la altura de lo que el grupo social exige.La may­or parte de los sui­cidios en el metro de Tokio están pro­tag­on­i­za­dos por estos oficin­istas que un día cayeron en desgracia.En un detalle bien feo de insen­si­bil­i­dad por parte de las autori­dades locales,las famil­ias del sui­ci­da han de pagar los retra­sos que derive en la línea sub­ur­bana la muerte de su familiar.Es triste pero es así.
 
En las inmedia­ciones puedes aprovechar para pasarte por el Hard Rock Cafe de Ueno,está jus­to a la izquier­da de la sal­i­da de la estación de trenes y allí puedes encon­trar un mon­tón de reliquias de gente como Elvis Presley,Kiss o Elton John.
 
Hablan­do de parques,vámonos al que fue uno de los rin­cones que más me gus­taron en todo Tokio:el par­que Yoyo­gi o Yoyo­gi Koen.Para lle­gar aquí has de bajarte en la estación de Hara­juku y,sobre todo,que te coin­ci­da venir un domin­go por la mañana.A lo largo de su historia,y pese a que aho­ra esté reple­to de per­son­ajes de lo más pintoresco,sirvió como res­i­den­cia de los ofi­ciales esta­dounidens­es e inclu­so como Vil­la Olímpi­ca para los Jue­gos del ’64.Hoy en día es uno de los lugares preferi­dos por los tokio­tas para venir a pasear con sus niños.Es de las pocas areas de Tokio donde se per­mite que los per­ros anden en libertad,aunque en esas zonas sólo pueden pasar los per­ros y sus amos.La may­oría de los tokio­tas no pueden per­mi­tirse ten­er per­ro por sus minús­cu­las vivien­das y,sobre todo,porque sus asfixi­antes empleos no les dejan tiem­po libre para sacar a los per­ros a pasear y hac­er sus cosas.Y aho­ra viene la anéc­do­ta freak:ante estas ganas de quer­er y no poder,hay empre­sas que te alquilan el per­ro “por horas”,para que puedas sacar­lo a pasear al parque.Supongo que es una for­ma de ten­er aten­di­dos a ani­males de los que si no,no se ocu­paría nadie pero yo que ten­go dos gatos en casa,pues esto de alquilar a los ani­males para un rati­to tam­poco acabo de enten­der­lo muy bien.Extravagancias de los nipones.
 
Digo lo de acer­caros al Yoyo­gi un domin­go por la mañana porque como comento,es cuan­do allí se reunen los per­son­ajes más rocam­bo­le­scos de la fau­na tokiota.Lolitas, don­cel­las afrance­sadas, cybertechnos,góticos,personajes de comics,aspurantes a actor y per­son­ajes de todo tipo y condición.Una de las cosas que pre­cisa­mente me apetecía más ver era las com­peti­ciones que se mon­tan ban­das de rock­a­bil­ly a la japonesa,que se lle­van sus Cadil­lacs rosas y sus equipos de músi­ca con can­ciones de Stray Cats y se pican unos a otros para ver quien lo hace mejor.Se mon­tan unas core­ografías que te podrías quedar admirán­doles horas.Y no es que sean los úni­cos que lle­van a cabo su espec­tácu­lo en ple­na calle,verás a mucha gente can­tan­do o real­izan­do obras de teatro impro­visadas, pero nada que se com­pare a este show rockero tan curioso y lla­ma­ti­vo.
 

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Dejan­do aparte esta “inusu­al clientela”,lo cier­to es que el Yoyo­gi es un lugar deli­cioso para ir a pasear.Podrás darte inclu­so con algu­na boda japonesa,como me ocur­rió a mí,ya que muchas pare­jas vienen a hac­erse las fotos del enlace,y a muchos niños vesti­dos “de domingo”,o lo que es lo mismo,con sus mejores galas niponas.De hecho,muchos de estos mat­ri­mo­nios tam­bién se cel­e­bran en el pre­cioso san­tu­ario Meiji,donde nos topamos con una boda,ubicado en un bosque con 365 especies de árboles diferentes,una por cada día del año.Muchos de estos árboles tienen una especie de rayo de papel,lo que sig­nifi­ca que son árboles sagra­dos porque su edad sobrepasa los cien años.Parece increible que den­tro de una megau­rbe como Tokio pue­da exi­s­tir este pequeño reman­so nat­ur­al (bueno,no tan pequeño,tiene más de 70.000 met­ros cuadrados).Para lle­gar al tem­p­lo se atraviesa una impo­nente torii de madera de ciprés que es sólo la ante­sala de un lugar inolvid­able.
 
Boda japone­sa
 

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Los pre­ciosos puentes de piedra del par­que Yoyo­gi
 

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Lin­da niña tokio­ta vesti­da con su mejor tra­jecito
 

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Otra de las curiosi­dades de Japón,ya que ante­ri­or­mente men­cionábamos el Pachinko:las estrafalar­ias salas (gigan­tescas!) de jue­gos recreativos.Aquí se encuen­tran cab­i­nas como las de esta foto,las puriku­ra (la ver­sión nipona de los “print club”).Estas máquinas son muy pop­u­lares entre las ado­les­centes japonesas:es una especie de fotomatón donde las chi­cas se hacen fotos,las reto­can por orde­nador ponién­doles adornos y ton­terías de todo tipo y luego las impri­men en pegatina.Nosotras nos hici­mos unas cuan­tas por hac­er el chorra,aunque con todas las instruc­ciones en japonés al prin­ci­pio era algo com­pli­ca­do enter­arte del fun­cionamien­to. Entramos en varias y había has­ta que esper­ar cola de la can­ti­dad de chavali­nas que había pulan­do por el recin­to dan­do chill­i­dos histéricos.Para que luego digan que las japone­sas no son pasionales,que has­ta en sus primeras citas con los chicos les “oblig­an” a pasar por un inven­to de estos!!XD
 
Aunque en España los veamos en las puer­tas de muchos establec­imien­tos chinos,en Japón tam­bién es muy pop­u­lar el Gato de la Suerte,el Mane­ki Neko, que en japonés sig­nifi­ca “el que invi­ta a pasar” y que en Chi­na es cono­ci­do como Zhao­cai Mao.Se puede encon­trar en dos variantes.Con la pata derecha levantada,atrae el dinero a los negocios.Con la izquierda,da la bien­veni­da a los visitantes.Su ori­gen rad­i­ca en una leyen­da que cuen­ta que un com­er­ciante se encon­tró con una dev­as­ta­do­ra tor­men­ta en mitad del campo.Cerca de donde se encontraba,un mon­je vivía en un tem­p­lo con su gato.El mini­no le hizo señas con su pata al comerciante,quien se res­guard­a­ba del aguacero bajo las ramas de un árbol.Dos segun­dos después de moverse,un rayo ful­minó el árbol y el com­er­ciante com­prendió que el pequeño feli­no le había sal­va­do la vida.Se sue­len encon­trar a las puer­tas de muchos com­er­cios japoneses,cuyos dueños esper­an que atraigan la pros­peri­dad.
 

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Las bar­berías-pelu­querías japonesas,unos locales súper especiales.Se mantienen con la boni­ta apari­en­cia de antaño y pare­cen trans­portarte a épocas pasadas.Curiosamente,ese poste gira­to­rio de col­orines que señal­a­ba la ubi­cación de las bar­berías como las cruces en las farmacias,en muchos lugares de Asia indi­ca que ahí se encuentra…un prostíbulo.En cualquier caso,es boni­to que con­ser­ven su aspec­to orig­i­nal.
 

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Creo que ya he men­ciona­do antes las com­pletísi­mas máquinas de refres­co y bebidas calientes que puedes encon­trar por todo Tokio.Son muy baratas y te ven­drán de per­las para dis­fru­tar de un ten­tem­pie tan­to en invier­no como en verano.Que Tokio es muy grande y hay mucho que andar.
 
Una de las mejores cosas de Tokio es que inclu­so sien­do una ciu­dad tan enorme y futurista,consigue sal­va­guardar como pequeños tesoros bar­rios entrañables reduc­to del Japón más tradicional.Este es el caso del bar­rio de Nippori,el Bar­rio de las Telas, prob­a­ble­mente el que más me gustó de toda la ciu­dad.
 
Aunque hay gente que eso de pasear por los cemente­rios le da un poco de yuyu,a mí me encan­ta y lo cier­to es que a lo largo y ancho del mun­do hay cemente­rios que son autén­ti­cas obras de arte y no sólo lugar de des­can­so de gente famosa y gente que no lo es,que a fin de cuen­tas todos acabare­mos con­ver­tidos en el mis­mo polvo.Visitar un cemente­rio japonés es una expe­ri­en­cia úni­ca y yo aproveché para hac­er­lo en varias ciu­dades en este viaje,no sólo en Tokio.Pero quizás este fue uno de los más boni­tos que disfruté,el de Yanaka.Inundado de cerezos,es un rincón súper espiritual,donde sólo se escucha el piar de los pájaros y al que los japone­ses han con­segui­do otor­gar esa atmós­fera de tran­quil­i­dad y sosiego que nece­si­ta todo via­je al más allá.Aquí reposan los restos de Toku­gawa Yoshinobu,el últi­mo shogun del peri­o­do Edo,pero pese a ello es un lugar en el que reina la cal­ma y donde ape­nas hay turistas,por suerte.La calle que lo atraviesa (porque el cemente­rio es bien grande,no os creais) es la Sakura-Dori,flanqueada por tum­bas ele­gan­te­mente mod­e­ladas y donde has­ta se puede encon­trar una curiosa estat­ua de Buda en el tem­p­lo Ten­no­ji.
 

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Una vez que hayas recor­ri­do el cemente­rio, es hora de que acerques a la zona res­i­den­cial de Nippori,que está al lado.Este es de los pocos lugares tokio­tas que sobre­vivió al dev­as­ta­dor ter­re­mo­to que arrasó la ciu­dad a medi­a­dos de los años 20 y los pos­te­ri­ores bom­bardeos norteam­er­i­canos en la Segun­da Guer­ra Mundial.Se le conoce car­iñosa­mente como el Bar­rio Edo y acoge más de 70 tem­p­los bud­is­tas y sintoistas.Es de los pocos bar­rios de Tokio donde aún se vive como en los pueblos,con los ancianos toman­do el solecito sen­ta­dos en los jar­dines y los niños jugan­do en las calles.En esta zona se agru­pan tam­bién algunos de los ryokan más encan­ta­dores de Tokio,si aún no has acaba­do de cer­rar el tema alojamiento.Es un lugar pre­cioso para quedarse ya que la zona es tan tran­quila que inclu­so es difí­cil ver pasar algún coche y de toda la ciudad,es el sitio donde mejor se res­pi­ra el Japón más autén­ti­co.
 

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Recor­ri­do este pre­cioso barrio,encaminate entonces a Yana­ka Ginza,que es una calle peaton­al abar­ro­ta­da de com­er­cios de todo tipo,principalmente de comida.Se encuen­tra entre dos colinas.la Ueno-dai y la Hon­go-dai y da una ima­gen difer­ente de lo que son los mer­ca­dos en el gran Tokio,ya que,como digo,aquí se mantiene intac­ta la sen­sación de que te encuen­tres com­pran­do en un pequeño pueblo japonés.Desde incien­so a teteras tradicionales,palillos de madera y kimonos de todo tipo y color,aquí todo se com­pra y se vende,la Yana­ka Gin­za es una calle reple­ta de col­ori­do y con un ambi­ente muy espe­cial.
 
Aprovechan­do el buen tiem­po (solecito pese a ser diciembre),optamos por com­prarnos un ben­to y com­er­lo al aire libre.El ben­to es muy pop­u­lar en Japón,es un tipo de comi­da japone­sa para lle­var muy completo,ya que incluye un poco de todo de difer­entes platos (ver­duras, sushi, fideos, pesca­do, arroz…),valen muy baratos — entre tres y cin­co euros — y te apañan el tema de la comida.Los venden en mogol­lón de sitios,no ten­dreis prob­le­mas en encon­trar­los.
 
En el par­que donde comi­mos entendi­mos por qué los japone­ses son tan cívicos:les enseñan des­de niños.Aquí unos estu­di­antes van de “excur­sión” a limpiar las calles
 

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Por muy a gus­to que estés con tus com­p­is de viaje,a mí en todos los via­jes lar­gos me encan­ta poder dis­fru­tar de algu­na mañana sola a mi are para hac­er lo que quiera sin rendir cuen­tas a nadie ni que me las rin­dan a mí.Asi que de las que íbamos,una decidió acer­carse de nue­vo a Aki­habara a por algu­nas com­pras, las otras tres optaron por excur­sión a Nikko y yo decidí gas­tar la mañana en Gin­za y los Jar­dines del Pala­cio Impe­r­i­al.
 
La ver­dad es que Gin­za tam­poco me dijo gran cosa habi­en­do vis­to otros lugares tan boni­tos en Tokio.Un bar­ro muy comercial,sí,con mil­lones de tien­das y donde tomarse un café vale un ojo de la cara y la mitad del otro.Me dí una vuelta pero como me parecía bas­tante aburrido,el refu­gio de los pijos rica­chones tokiotas,enfilé hacia el Pala­cio Imperial,aún sabi­en­do que no se puede vis­i­tar por den­tro ya que allí vive el emper­ador con su famil­ia (sólo se abre a los vis­i­tantes el día del cumpleaños del emperador,el 23 de diciem­bre, y el 2 de enero, y sólo a los jar­dines inte­ri­ores para asi­s­tir al salu­do del monar­ca).
 
Aun así,es una visi­ta ine­ludi­ble ya que hay una parte que sí está abierta,la de Kokyo Higoshi Gyoen,los Jar­dines del Este,y aquí que me fuí a gas­tar la mañana,qué lugar más mar­avil­loso! Es una deli­cia pasear recor­rien­do todo el perímetro del Pala­cio bor­de­an­do sus mural­las mien­tras te cruzas con un mon­tón de japone­ses hacien­do footing.Y obser­vaadel impac­tante con­traste de los edi­fi­cios del Japón más tradi­cional flan­quea­d­os por altísi­mos ras­ca­cie­los.
 

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No quiero cer­rar esta eta­pa de Tokio sin recomen­daros dos últi­mas visitas.La primera es a la bahía de Odai­ba (podeis ir sin prob­le­ma en metro,de hecho lo boni­to es admi­rar­la mien­tras via­jas ya que los met­ros son exteriores,es como ir en las vagone­tas de un par­que de atracciones!).Es una zona de la ciu­dad llena de cen­tros com­er­ciales y restaurantes,donde se encuen­tra el onsen más grande de Tokio, el Ooedo-Onsen-Monogatari,y has­ta una répli­ca de la Estat­ua de la Lib­er­tad de Nue­va York.
 
Y hablan­do de réplicas,esta es mi últi­ma recomendación:que vayas a ver la Torre Eif­fel nipona o lo que es lo mismo,la Torre de Tokio.Es prac­ti­ca­mente igual a la parisina,aunque mide ocho met­ros más,y la japone­sa está pin­ta­da de rojo y blanco,en recuer­do a la ban­dera de Japón.Tiene dos observatorios,el más alto ubi­ca­do a 250 met­ros de altura,y lo más boni­to fue que pese a ser Japón un país sintoista,por las fechas que fuimos nos la encon­tramos rodea­da de puestecitos navideños.Una boni­ta y orig­i­nal for­ma de des­pedirnos de Tokio antes de par­tir en tren a nue­stro próx­i­mo destino:la majes­tu­osa ciu­dad de Kyoto,antigua cap­i­tal y la ciu­dad más boni­ta de todo Japón.Pero eso os lo cuen­to en el próx­i­mo capí­tu­lo…
 

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