De ruta por los rincones más lindos de Soria

Soria Turismo

Cada vez que comien­zo a plan­i­ficar un nue­vo via­je por España, siem­pre me viene a la cabeza la mis­ma frase: “¿cómo puede ser que pese a lo mucho que hemos via­ja­do por el mun­do aún nos quede tan­to por cono­cer en nue­stro país?” Pues por una razón muy sen­cil­la: ¡el tiem­po no nos da para más! A veces (casi siem­pre) debe­mos hac­er enca­jes de bolil­los para cuadrar el plan­ning de los via­jes que ten­emos en mente al empezar el año. Y  ahí siem­pre nos gus­ta dejar su hue­co cor­re­spon­di­ente a las escapadas nacionales. Porque esta­mos enam­oradísi­mos de España y nos sen­ti­mos unos priv­i­le­gia­dos a niv­el via­jero de vivir en un país que tan­to tiene que ofre­cer. Os ase­guro que dis­fru­to igual rela­tan­do los via­jes por España que los que hago en la otra pun­ta del plan­e­ta. Porque soy con­sciente de que igual que yo via­jo miles de kilómet­ros para des­cubrir lugares lejanos, son mil­lones los tur­is­tas extran­jeros que vienen a nues­tras tier­ras.

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Llevábamos bas­tante tiem­po hablan­do de hac­er este via­je a Soria, un des­ti­no al que teníamos muchas ganas. Sólo había esta­do una vez de niña, cuan­do fui con mi famil­ia a una boda, y los recuer­dos que tenía eran prác­ti­ca­mente inex­is­tentes. Queríamos hac­er el via­je cuan­do aún no hubiera lle­ga­do el frío, ya que Soria sufre unos de los invier­nos más duros de España. No porque nos eche para atrás eso de pon­er­nos gor­ro y bufan­da, que os ase­guro que lo dis­fru­ta­mos, sino para evi­tar encon­trarnos ais­la­dos por la nieve y con las car­reteras cor­tadas. Así que pen­samos que el puente de la His­panidad a prin­ci­p­ios de Octubre sería la fecha per­fec­ta: tres días para des­cubrir una provin­cia mar­avil­losa que se encuen­tra a ape­nas un par de horas de coche de Madrid y que tan­tos atrac­tivos guar­da en sus entrañas.

Antes de pon­er­nos con el via­je en sí, quiero hac­er una reflex­ión acer­ca del aban­dono que arras­tra Soria, como una pesa­da losa, durante los últi­mos años. Y no lo dec­i­mos nosotros sino los pro­pios sori­anos. Nos llamó mucho la aten­ción ver como en todos los pueb­los col­ga­ban carte­les que decían “¡Soria quiere futuro!”·Y no sólo de las ven­tanas de casas par­tic­u­lares sino de los bal­cones de muchos cen­tros ofi­ciales, ayun­tamien­tos inclu­i­dos. Soria cuen­ta con la cap­i­tal más pequeña de Castil­la-León (ape­nas 38.000 habi­tantes) y es la gran olvi­da­da de su comu­nidad autóno­ma.

Soria Quiere Futuro

Con más de una cen­te­na de pueb­los en ries­go de despoblación irrepara­ble, con zonas rurales que no lle­gan a los dos habi­tantes por kilómetro cuadra­do, Soria se siente aban­don­a­da: has­ta hace sólo tres años no con­ta­ba con una autovía que la uniera con otras provin­cias, pese a ser un nudo de comu­ni­ca­ciones impor­tan­tísi­mo. Se enorgul­le­cen de a niv­el educa­ti­vo ser cono­ci­dos como “la pequeña Fin­lan­dia” por el altísi­mo niv­el de sus estu­di­antes y, sin embar­go, se las ven y se las desean para dis­fru­tar de even­tos cul­tur­ales de gran enver­gadu­ra. Por eso es tan impor­tante la lle­ga­da del tur­is­mo a una provin­cia que tan­to tiene que ofre­cer. Te ani­mamos por ello a que incluyas a Soria en algu­na de tus futuras escapadas nacionales: vas a volver dese­an­do repe­tir.

 

Soria

 

Nosotros comen­zaríamos nue­stro itin­er­ario pre­cisa­mente en Soria,  la cap­i­tal. Pequeñi­ta, sí, pero tam­bién ide­al para recor­rer en una mañana. No tuvi­mos prob­le­ma ninguno para aparcar en pleno cen­tro y eso que era fes­ti­vo y el sol había empu­ja­do a los sori­anos a salir a las calles. Nos llamó mucho la aten­ción com­pro­bar como una ciu­dad tan minús­cu­la hervía de vida; a ello con­tribuía que se había insta­l­a­do un com­pletísi­mo mer­ca­do medieval, con pasacalles con trovadores y dece­nas de puestos en los que se vendían pro­duc­tos de la tier­ra. Que­sos, vinos, paste­les, embu­ti­dos y empanadas se amon­ton­a­ban en los ten­deretes: aprovechamos para com­prar ceci­na, que aunque es más típi­ca de León, tenía una pin­ta estu­pen­da. Si podéis vis­i­tar Soria en estas fechas, a medi­a­dos de Octubre, cuan­do se cel­e­bra San Sat­u­rio, podréis dis­fru­tar de este ani­madísi­mo mer­ca­do que dis­curre entre la Plaza May­or y la de Mar­i­ano Grana­dos. La cap­i­tal se viste de gala en una de sus sem­anas más fes­ti­vas.

Mercado Medieval Soria

Pre­cisa­mente fue en la Plaza May­or, no podía ser de otra man­era, donde comen­zamos nues­tra cam­i­na­ta por Soria. Es aquí donde encon­tramos el Ayun­tamien­to (Casa Con­sis­to­r­i­al) y en cuya facha­da se hal­lan los escu­d­os de las casas nobles más impor­tantes de Soria en el siglo XII, por lo que tam­bién se le conoce como Pala­cio de los Doce Lina­jes. Aquí podremos vis­i­tar la igle­sia de San­ta María la May­or, el Pala­cio de la Audi­en­cia y la Torre de Doña Urra­ca. Aún se mantiene en pie la Casa del Común, que en tiem­pos medievales fue el edi­fi­cio más impor­tante de la ciu­dad, ya que aquí se reunían cada dos años los rep­re­sen­tantes de las jun­tas veci­nales para ele­gir al procu­rador. Cuan­do con el paso de los años sus fun­ciones admin­is­tra­ti­vas pasaron a manos del ayun­tamien­to, la Casa del Común pasó a ser, en difer­entes épocas, la Casa del Peso, cuar­tel de bomberos y policía, Casa de Cul­tura y actual­mente sede del archi­vo munic­i­pal.

Des­de aquí podemos irnos a ver la Casa de la Tier­ra, uno de los lugares más sin­gu­lares de la cap­i­tal sori­ana. Esta antiquísi­ma insti­tu­ción, cuyos orí­genes se remon­tan al siglo XII, cuan­do al ser Soria zona fron­ter­i­za se recu­per­aron estas tier­ras para los cris­tianos, se ocu­pa­ba de la repoblación de la provin­cia: como veis, el prob­le­ma que os comen­tábamos ahí arri­ba de nue­vo tiene poco. Al ced­er­se a los veci­nos gra­tuita­mente los ter­renos en una región con­sid­er­a­da bas­tante peli­grosa en la época, se ani­ma­ba a la inmi­gración a las aldeas y pueb­los, pese a que se encon­tra­ban sin la pro­tec­ción de las mural­las. De este modo se repobla­ban los alrede­dores de las vil­las, garan­ti­zan­do no sólo el aprovechamien­to de los ter­renos para la agri­cul­tura sino tam­bién el asen­tamien­to de gru­pos de sol­da­dos que pro­te­gier­an esta primera línea de defen­sa.

Casa Tierra Soria

Este mod­e­lo orga­ni­za­ti­vo se extendió por toda la cuen­ca del Duero, has­ta lle­gar a tier­ras extremeñas. Hoy en día es sede de la Man­co­mu­nidad de los 150 Pueb­los de la Tier­ra de Soria, lo que ante­ri­or­mente se conocía como Uni­ver­si­dad de la Tier­ra de Soria. Las 240 aldeas se redu­jeron a 150 y se orga­ni­z­a­ban medi­ante sex­mos (había cin­co: frentes, Tera, San Juan, Lubia y Arciel). Los sexmeros eran tan vehe­mentes en la defen­sa de la insti­tu­ción que la expre­sión “cabeza de sexmero” sirve para describir a un indi­vid­uo tenaz y obsti­na­do. Actual­mente estos pueb­los se agru­pan en difer­entes comar­cas y algunos de ellos, como Aza­piedra o Calderu­ela, se encuen­tran despobla­dos pero eso no les ha impe­di­do seguir for­man­do parte de la man­co­mu­nidad.

La Alame­da de Cer­vantes es el corazón verde de Soria, un coque­to par­que con casi 80 especies de árboles que el día que lo visi­ta­mos esta­ba has­ta arri­ba de paseantes. Al cel­e­brarse al lado el des­file mil­i­tar con moti­vo del Día de la His­panidad, eran muchos los curiosos que se habían acer­ca­do has­ta aquí. Un par­que real­mente curioso, que sobre­sale en una ciu­dad tan pequeñi­ta, en el que podemos encon­trar un palo­mar en for­ma de hórreo, el Mon­u­men­to a los Autores de las Can­ciones San­juan­eras (ante el que la ban­da munic­i­pal toca el primer día de las fies­tas de San Juan) o la pequeña ermi­ta de Nues­tra Seño­ra de la Soledad.

Alameda Cervantes Soria

A sólo un paso de la alame­da ten­emos el Museo Numan­ti­no, donde se repasa la his­to­ria de la provin­cia de Soria medi­ante una amplia exposi­ción en la que desta­can mul­ti­tud de obje­tos del Neolíti­co o de época romana. La entra­da sólo cues­ta 1 euro.

Museo Numantino Soria

Pre­ciosas las estat­uas de ocho sori­anos ilus­tres que se encuen­tran a la entra­da del Pala­cio de la Diputación. Estos son San Martín de Fino­josa, Diego Laínez, Sor María de Ágre­da, San Pedro de Osma, Alfon­so VIII, San­ta Cristi­na de Osma, Fran­cis­co López de Gómara y el Juglar del Cid, un per­son­aje descono­ci­do que se escon­dería tras el autor anón­i­mo que com­pu­so “El Can­tar del Mio Cid”, una de las obras cum­bres de la lit­er­atu­ra españo­la y que todos algu­na vez leí­mos en el cole­gio.

Estatuas Soria

Ya que hemos men­ciona­do el Can­tar, comen­tar que en la mis­ma calle que el Pala­cio, la Caballeros, se encuen­tra la Casona de los Sal­vadores, con­stru­i­da por descen­di­entes de Martín Sal­vador, uno de los caballeros que vino des­de Valen­cia acom­pañan­do a Rodri­go Díaz de Vivar. En esta mis­ma calle se hal­lan los restos de los pala­cios de los mar­que­ses de Vela­mazán, los de Zafra o los de Vadil­lo. Jus­to enfrente, la boni­ta igle­sia de San Juan de Rabanera, uno de los mejores expo­nentes del románi­co castel­lano.

Tras el via­je de dos horas des­de Madrid y la inten­sa patea­da que habíamos hecho por la ciu­dad, decidi­mos hac­er un alto en el camino para com­er algo y degus­tar algu­nas de las deli­cias gas­tronómi­cas sori­anas. Y es que aunque Soria es bien pequeñi­ta, nos sor­prendió para bien com­pro­bar como el tapeo es una cos­tum­bre de lo más arraiga­da y esta­ban todos los bares has­ta los topes. Hay varias zonas de tapeo, como El Tubo o la Plaza May­or, pero nosotros la que encon­tramos más ani­ma­da fue la Plaza Her­radores (que en real­i­dad se lla­ma Plaza Ben­i­to Aceña pero todo el mun­do la conoce por el otro nom­bre). El buen tiem­po invita­ba a sen­tarse en las ter­rac­i­tas ¡si lograbas coger sitio!

¿Y que hay que pro­bar en Soria sí o sí? ¡Los tor­reznos! Estas tiras de panc­eta fritas en Soria lle­gan a alcan­zar tamaños que dan miedo ¡son gigantes! Pero qué ricos están. Lo cier­to es que llenan tan­to que con un par de tapas casi has hecho la comi­da com­ple­ta. Pero es impre­scindible que los cates sí o sí: no obstante, un pueblo de la provin­cia, Cue­va de Ágre­da, tiene el hon­or de haber sido galar­don­a­do con el pre­mio al Mejor Tor­rezno del Mun­do.

Torreznos Soria
Tor­reznos y una copa de Rib­era del Duero: la mejor tapa sori­ana

Procu­ra dejar espa­cio en el estó­ma­go para pro­bar tam­bién las setas sori­anas: en estas tier­ras hay más de 700 especies, 50 de ellas comestibles. Casi la mitad del sec­tor rur­al depende del con­sumo de este pro­duc­to y hay infinidad de rutas micológ­i­cas, imagí­nate lo impor­tantes que son las setas para Soria. Pero es que además tuvi­mos la suerte de ir en otoño, la mejor época para com­er­las, y os ase­guro que en pocos lugares del mun­do he proba­do unos bole­tus tan sabrosos. Juan y yo somos muy seteros y las comem­os mucho en casa, así que estábamos encan­ta­dos. Sobre todo tenien­do en cuen­ta que otro de los pro­duc­tos estrel­la sori­anos son las tru­fas, otros hon­gos que son un autén­ti­co man­jar. De Soria sale una ter­cera parte de la pro­duc­ción de tru­fa en España, por lo que vas a encon­trar un mon­tón de restau­rantes donde elab­o­ran platos “atr­u­fa­dos”. Yo no perdí la opor­tu­nidad de com­prar miel de tru­fa, que com­bi­na­da con que­so cura­do está riquísi­ma.

Nues­tra visi­ta a Soria cap­i­tal la acabaríamos en el rincón más entrañable de la ciu­dad, con uno de los claus­tros más boni­tos del mun­do: el Monas­te­rio de San Juan de Duero. Con­stru­i­do entre los sig­los XII y XIII por los Caballeros Hos­pi­ta­lar­ios de San Juan de Jerusalén, desta­ca en él ese mar­avil­loso claus­tro, con­sid­er­a­do el más exóti­co de todos los claus­tros románi­cos de nue­stro país. La var­iedad de los arcos es insóli­ta, con claras influ­en­cias del arte árabe, así como la belleza de los capite­les, que mues­tran esculp­i­das aves, leones y plan­tas. Jun­to al claus­tro, una mod­es­ta igle­sia con capite­les pla­ga­dos de ani­males fab­u­losos y com­bat­es entre hom­bres y drag­ones. Un lugar mági­co como pocos.

San Juan de Duero Soria

El Duero a su paso por Soria

Rio Duero Soria

 

Numan­cia

 

Como el día parecía acom­pañar y nos esta­ba lucien­do un sol esplén­di­do, no quisi­mos perder la opor­tu­nidad de acer­carnos a cono­cer Numan­cia. A unos kilómet­ros a las afueras de Soria se encuen­tra uno de los yacimien­tos arque­ológi­cos más impor­tantes de España, jun­to al pueblo de Gar­ray (lleno de hote­les y restau­rantes cuyos nom­bres rinden trib­u­to a la antigua ciu­dad celtíbera), en un cer­ro que dom­i­na el valle del Duero. Los sori­anos se sien­ten pro­fun­da­mente orgul­losos de Numan­cia, has­ta el pun­to de que este es el nom­bre que recibe el equipo de fút­bol más impor­tante de Soria.

La entra­da cues­ta 5 euros pero al ser el Día de la His­panidad, como en San Juan de Duero el acce­so resultó gra­tu­ito. Teníamos muchas ganas de recor­rer las ruinas de una ciu­dad que se con­vir­tió en leg­en­daria hace más de 2.000 años al resi­s­tir durante más de dos décadas, a inter­va­l­os, el ase­dio de los romanos. Numan­cia, pobla­do celtíbero que se nega­ba a some­terse a las tropas inva­so­ras, se con­vir­tió en un ejem­p­lo de dig­nidad y per­se­ver­an­cia. Imag­i­nad a 60.000 legionar­ios romanos inten­tan­do doble­gar sin éxi­to a 4.000 numan­ti­nos que lucha­ban como her­manos de san­gre. Lo habían inten­ta­do has­ta con ele­fantes pero les sal­ió el tiro por la cula­ta cuan­do los ani­males se asus­taron y se rebe­laron con­tra las propias tropas romanas: lo que debieron de reírse los numan­ti­nos al pres­en­ciar dicha esce­na.

Los últi­mos once meses del ase­dio se les cer­có con un muro de diez kilómet­ros y más de 36.000 esta­cas, inten­tan­do que la población se muri­era de ham­bre. Los numan­ti­nos lle­garon a com­erse los cadáveres a fal­ta de algo que lle­varse a la boca y se desconoce la can­ti­dad exac­ta de locales que sobre­vivieron, aunque se cree que fueron muy pocos. Los que no habían fal­l­e­ci­do debido a la ham­bruna, deci­dieron sui­ci­darse antes que con­ver­tirse en esclavos de los romanos.

Numancia Soria

Como en otros muchos recin­tos arque­ológi­cos, Numan­cia sufrió el expo­lio y avari­cia de arqueól­o­gos sin escrúpu­los, en este caso el alemán Adolf Schul­ten, que a prin­ci­p­ios del siglo XX y con el apoyo del káis­er Guiller­mo II, robó todo lo que quiso y más del yacimien­to, lleván­dose a su país mul­ti­tud de piezas de incal­cu­la­ble val­or históri­co. Afor­tu­nada­mente, se le acabó reti­ran­do el per­miso para seguir tra­ba­jan­do en las excava­ciones.

Antes de comen­zar la visi­ta, se ofrece un  doc­u­men­tal de cómo era la vida en Numan­cia en aque­l­la época, para que pos­te­ri­or­mente dis­frutes de las ruinas con una base históri­ca con­tun­dente. Numan­cia entonces era la ciu­dad celtíbera más impor­tante de la región, con una población ini­cial de 4.000 per­sonas que en los últi­mos tiem­pos llegó a dupli­carse por la lle­ga­da de refu­gia­dos celtíberos de otras pobla­ciones cer­canas, que huían tras ver como los romanos habían pren­di­do fuego a sus hog­a­res. Cuan­do lle­ga­ban aquí, se encon­tra­ban con un pueblo amu­ral­la­do en el que sobre­salían dos grandes avenidas para­le­las cor­tadas por calles menores.

Al no haber sobre­vivi­do casas de la época, se han recrea­do dos vivien­das, una celtíbera y otra romana, para que veamos las difer­en­cias entre ambas. La romana era may­or aunque mantiene de su ante­ceso­ra ele­men­tos como la piedra ape­nas pul­i­da. En la casa romana se apre­cia un patio con aljibe, un pequeño vestíbu­lo en el que se ubi­ca­ba el moli­no de mano y el telar, una coci­na, habita­ciones con cama y arcón y en la parte pos­te­ri­or, un granero y un cor­ral para los ani­males. La casa celtíbera con­sta­ba de tres estancias: una para mol­er y tejer, una habitación donde hacía vida la famil­ia comien­do y dur­mien­do y una ter­cera que servía como almacén (en el sótano tam­bién con­ta­ban con una bode­ga donde guard­a­ban caelia, cerveza de tri­go fer­men­ta­do). Jun­to a la casa se encon­tra­ba el cor­ral ya que los numan­ti­nos vivían prin­ci­pal­mente de la ganadería.

Numancia Soria

Como veis, las ruinas que se con­ser­van en Numan­cia pertenecen tan­to a la época celtíbera como a la pos­te­ri­or romana, cuan­do los ital­ianos tomaron la ciu­dad y la recon­struyeron. Así, se pueden obser­var los ori­fi­cios de los baños romanos, el cal­dar­i­um, por donde cir­cu­la­ba el aire caliente y el canal que ejer­cía de desagüe, restos de un aljibe jun­to a un cruce de calles, y los restos del bar­rio sur (el res­i­den­cial de Numan­cia, donde se insta­laron las clases aco­modadas), donde se con­ser­va algún patio con colum­nas.

 

Almazán

 

Nue­stro alo­jamien­to le teníamos en el boni­to pueblo de Almazán, de ori­gen árabe y donde aún se con­ser­van las mural­las con tres puer­tas, la de los Her­reros, la del Mer­ca­do y la de la Vil­la. Dormiríamos las dos noches jun­to a esta últi­ma, en un acoge­dor hotel lla­ma­do El Rincón del Nazareno (60 euros la doble por noche), donde además tenían uno de los mejores restau­rantes del pueblo: cen­amos allí una de las noches y se comía de fábu­la. Aprovechamos para acabar el día toman­do unas cervezas en la impre­sio­n­ante Plaza May­or, típi­ca castel­lana y en donde sobre­sale el Pala­cio de los Men­doza y la igle­sia románi­ca de San Miguel.

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Berlan­ga de Duero

 

Cuan­do estábamos plane­an­do el via­je, un ami­go de Juan nos sugir­ió que hiciéramos una para­da en el pueblo de Berlan­ga de Duero. Y ten­emos que agrade­cer­le la prop­ues­ta porque este pequeño pueblecito de ape­nas 900 habi­tantes nos encan­tó. Con­ser­va una cole­gia­ta mar­avil­losa, la de San­ta María del Mer­ca­do, y unas pre­ciosas calles antiquísi­mas, con casas de adobe con entra­ma­do de madera que hacen trasladarte al medie­vo más puro.

Colegiata Berlanga Duero

Pero lo mejor es su castil­lo y la visi­ta guia­da (4 euros) que hici­mos: además nos tocó un guía la mar de sim­páti­co que estu­vo casi dos horas con­tán­donos un mon­tón de curiosi­dades. Un castil­lo con más de mil años de his­to­ria que vivió tiem­pos con­vul­sos (los musul­manes destrozaron la mural­la antes de huir) y que se ocupó de restau­rar la famil­ia Tovar, una de las más impor­tantes de la época. Se con­ser­van robus­tos restos de los dos patios, las tor­res defen­si­vas y la for­t­aleza.

Castillo Berlanga Duero

A sus pies el Pala­cio de los Duques de Frías, que llegó a con­tar con unos de los jar­dines más boni­tos de toda Castil­la-León

Berlanga Duero Soria

 

Bur­go de Osma

 

Des­de allí nos fuimos a otro de los más boni­tos pueb­los castel­lanos: Bur­go de Osma. Y tam­bién uno de los más turís­ti­cos: tuvi­mos que dar unas cuan­tas vueltas has­ta encon­trar aparcamien­to pues al ser puente había muchísi­mo vis­i­tante. Lo primero que hici­mos fue irnos a la ter­raza de la cerve­cería Alquimia, ya que queríamos pro­bar una de las pocas cervezas arte­sanales de Soria, la Aré­va­ka, lla­ma­da así en hon­or a los aré­va­cos, los habi­tantes celtíberos de Numan­cia. Y como este año esta mis­ma cerve­cería había queda­do en segun­da posi­ción en el con­cur­so del Mejor Tor­rezno del Mun­do, ahí que acom­pañamos nues­tras bir­ras con unas cro­que­tas de tor­reznos. Sí, sé que sue­na con­tun­dente (y de hecho lo es) pero esta­ban espec­tac­u­lares.

En Bur­go de Osma pasamos a ver la Cat­e­dral ya que mi madre, que es restau­rado­ra, había restau­ra­do el gigan­tesco tapiz hace años y nos insis­tió para que fuéramos a ver lo boni­to que había queda­do. La pena fue que nos infor­maron que años después había sido ata­ca­do por polil­las y lo esta­ban restau­ran­do de nue­vo. Aún así, mere­ció la pena un paseo por la Cat­e­dral porque es impre­sio­n­ante. Parece increíble como un pueblo tan chico como Bur­go puede acoger un tem­p­lo de seme­jantes pro­por­ciones.

Catedral Burgo Osma

La Calle May­or, con sus casas de dos plan­tas sopor­ta­l­adas, responde abso­lu­ta­mente a la idea que uno tiene de vil­la castel­lana: a mí me recordó mucho a Alcalá de Henares. Muchos bajos de estas casas aho­ra son ocu­pa­dos por tien­das de sou­venirs y restau­rantes en los que no cabía un alfil­er.

Calle Mayor Burgo Osma

Real­mente boni­ta la Plaza May­or, con el Hos­pi­tal de San Agustín  (hoy sede de tur­is­mo) y el Ayun­tamien­to. En ella se agol­pan las ter­razas, a rebosar en cuan­to hace buen tiem­po.

Burgo de Osma Soria

La mural­la, con­stru­i­da en el siglo XV por orden del obis­po local, sirvió no sólo como defen­sa sino tam­bién como “fron­tera” donde se cobra­ban los impuestos e inclu­so bar­rera de freno para exten­der o recibir epi­demias. Con­ta­ba con cin­co puer­tas (de las que sólo se con­ser­va la de San Miguel).

Murallas Burgo Osma

 

Calataña­zor

 

He de recono­cer que uno de los prin­ci­pales motivos de esta escapa­da sori­ana recaía en la minús­cu­la aldea de Calataña­zor, el que sería el últi­mo pun­to de nue­stro via­je. Sólo 56 almas viv­en en estas bel­lísi­mas calles empe­dradas que enam­oraron al direc­tor de cine Orson Welles, has­ta el pun­to de que aquí rodó la pelícu­la “Cam­panadas a medi­anoche”. No nos extraña porque pese a que el pueblo en sí es poco más que una calle prin­ci­pal en cues­ta y algunos calle­jones aledaños, nos quedamos igual de fasci­na­dos que él.

Calatañazor Soria

Calataña­zor es prob­a­ble que te recuerde a algunos pueb­los sego­vianos como Pedraza o Ayl­lon, donde el tiem­po parece haberse detenido, con esas casonas de vigas de madera donde parece oler a chas­ca y cas­tañas. Con­tribuye a esta sen­sación de “tiem­po detenido” el hecho de que ape­nas exis­tan com­er­cios, a excep­ción de algún restau­rante, algu­na pequeña tien­da y casas rurales camu­fladas en las esquinas. Te sor­pren­derá ver que muchas entradas a las casas tienen sobre­puer­tas para pro­te­gerse de la nieve (y es que aquí en invier­no hace un frío que pela).

Calatañazor Soria

Calatañazor Soria

Estat­ua hom­e­na­je a Al-Mansur ( o Alman­zor, como le conocían los cris­tianos). De aquí viene el dicho “Calataña­zor, donde Alman­zor perdió el tam­bor”, ya que cuen­ta la leyen­da que fue donde el líder musul­mán fue der­ro­ta­do. Aunque los his­to­ri­adores creen que hay más de mito que de real­i­dad en esta his­to­ria divul­ga­da por los cris­tianos, abo­chor­na­dos por sus der­ro­tas ante los árabes.

Almanzor Calatañazor Soria


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6 Comments

  1. Fan­tás­ti­ca entra­da, gra­cias por toda la info, dan ganas de ir ya 🙂

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Es una zona estu­pen­da, te ani­mo a que la des­cubras pron­to!

  3. Muy bue­na entra­da, nos quedó pen­di­ente en nue­stro paso por España. Espero volva­mos pron­to y darnos un paseo por Soria. Salu­dos y te invi­ta­mos a dar un paso por nue­stro blog en con­struc­ción. Has­ta pron­to.

  4. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Así tenéis excusa para regre­sar, os encan­tará. Un abra­zo!

  5. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Me ale­gro 🤗🤗

  6. Nos ha encan­ta­do 😊

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