Guanches: así eran y así vivían los altísimos aborígenes de Canarias

El artícu­lo de hoy viene inspi­ra­do por una nov­ela que me enam­oró hace unos años, “Bús­came donde nacen los dra­gos” de Emma Lira. Quien haya esta­do en las Canarias, en cuan­to haya leí­do la pal­abra “dra­go” ya lo habrá aso­ci­a­do irre­me­di­a­ble­mente a las Islas Afor­tu­nadas. Y es que el dra­go, ese árbol que lle­ga a alcan­zar sig­los de vida, no sólo es el sím­bo­lo del archip­iéla­go sino tam­bién uno de sus prin­ci­pales reclam­os turís­ti­cos: ningu­na visi­ta a Tener­ife está com­ple­ta sin ir a rendirle respeto al míti­co dra­go de 600 años de Icod de los Vinos. Yo, que he via­ja­do muchísi­mas veces a las Canarias y cada día que pasa me fasci­nan más, siem­pre rindo trib­u­to al dra­go cen­te­nario que ya es por dere­cho pro­pio el ser vivo más anciano de la isla.

El libro gira en torno a la figu­ra de Mari­na, una madrileña que se “exil­ia” en Tener­ife, en un hotel rur­al de la antigua región de Abona, y casual­mente se topa con un antiguo yacimien­to guanche y los restos de una mujer y sus dos hijos siame­ses. Obse­sion­a­da por des­cubrir la iden­ti­dad de la indí­ge­na y su modo de vida hace seis sig­los, Mari­na nos acer­cará poco a poco a una civ­i­lización que pese a pil­larnos tan cer­ca, es una gran descono­ci­da: se sabe menos de los guanch­es que de los aztecas y los mayas.

Aden­tré­monos en esta cul­tura fasci­nante, rodea­da de mis­te­rio, que se ocupó de bor­rar de la faz de la tier­ra la col­o­nización españo­la. Porque hay que recor­dar que antes de des­cubrir Améri­ca, los colonos de la penín­su­la ya se habían topa­do con otro tesoro pre­vio, las Canarias, en lo que fue un “entre­namien­to pre­vio” de lo que supu­so el exter­minio y saqueo de las civ­i­liza­ciones locales con las que se enfrentaron los españoles en sus con­quis­tas.

Guanches Tenerife
El pin­tor tin­er­feño Gumersin­do Robay­na plas­mó en lien­zo la con­quista de Canarias

Al con­trario que otras islas cer­canas como Madeira o las Azores, las Canarias fueron las úni­cas habitadas antes de la lle­ga­da de los europeos, allá por prin­ci­p­ios del siglo XV. Aunque el tér­mi­no guanche aca­ba adju­dicán­dose a todos los nativos en gen­er­al, lo cier­to es que en real­i­dad estos eran los orig­i­nar­ios de Tener­ife: en El Hier­ro vivían los bim­bach­es, en La Pal­ma los bena­hori­tas, en La Gomera los gomer­i­tas, en Gran Canaria los canarios y en Fuerteven­tu­ra y Lan­zarote los majos.

Cuan­do los españoles arrib­aron en estas tier­ras, los aborí­genes ya llev­a­ban dos mil años ocupán­dolas. De ori­gen bere­ber (lo que expli­ca que muchos de ellos fuer­an rubios de ojos azules y altísi­mos para la estatu­ra media de esa época), el tér­mi­no guanche proviene del voca­blo wan­shen, que podría tra­ducirse como “los hom­bres de Ashen­shen”, que es como ellos denom­ina­ban a Tener­ife. Los guanch­es lle­garon a la isla des­de el desier­to africano, empu­ja­dos por las col­o­niza­ciones feni­cias y romanas y la sequía opre­si­va del Sahara.

Con ellos traían ani­males domés­ti­cos como cabras, cer­dos, ove­jas y per­ros, y su lle­ga­da a Tener­ife cam­bió la fisonomía de la isla, ya que acabaron exter­mi­nan­do a especies endémi­cas como el lagar­to o la rata gigante al cazar­los indis­crim­i­nada­mente. Para los guanch­es, los ani­males eran impor­tan­tísi­mos en la jer­ar­quía que orga­ni­z­a­ba su par­tic­u­lar sociedad: a may­or número de cabezas de gana­do, may­or impor­tan­cia y poder de su dueño den­tro de la tribu. Logi­ca­mente, el ganadero prin­ci­pal era el rey, al que ellos conocían como mencey, segui­do por el achi­mencey, los cichi­ciq­uit­zos (clase noble) y los achi­cax­na (ple­be­yos).

Pese a que a niv­el tec­nológi­co era un pueblo ancla­do en la Edad de Piedra (no conocían el uso del hier­ro por no exi­s­tir met­ales en la isla ni tenían embar­ca­ciones pese a vivir pega­dos al mar y sus her­ramien­tas eran bas­tante rudi­men­ta­rias), sin embar­go era una civ­i­lización bas­tante avan­za­da a niv­el cul­tur­al. Su modo de vida se basa­ba en el pas­toreo, aunque tam­bién cul­tiva­ban tri­go, ceba­da y diver­sos veg­e­tales, eran pescadores y les encanta­ba el marisco. Vivían en cuevas y chozas de piedra y no existían pueb­los como los enten­demos nosotros sino que cada uno monta­ba su vivien­da donde le parecía bien: and­a­ban dis­em­i­na­dos por toda la isla, casi siem­pre en las prox­im­i­dades de acan­ti­la­dos, bar­ran­cos y man­an­tiales de agua dulce. Desar­rol­laron una iden­ti­dad cul­tur­al propia ya que, al no ten­er bar­cos, se encon­tra­ban ais­la­dos com­ple­ta­mente del resto de las islas: Lan­zarote les qued­a­ba tan lejos como Europa o Améri­ca, por este moti­vo cada tribu insu­lar man­tu­vo into­ca­ble su modo de vida y cos­tum­bres e inclu­so la lengua.

Momia Guanche
La momia guanche mejor con­ser­va­da del mun­do se expone en el Museo Arque­ológi­co de Madrid

Tener­ife en aque­l­la época se dividía en mencey­atos, cada uno con su pro­pio mencey, obvi­a­mente. El más grande de ellos fue pre­cisa­mente donde vive la pro­tag­o­nista de “Bús­came donde nacen los dra­gos”, el Mencey­a­to de Abona. Existían otros ocho, Ade­je, Ana­ga, Daute, Guimar, Icod, Tacoro­nte, Taoro y Tegueste, y esto fue con lo que se encon­traron los col­o­nizadores españoles. Algunos de ellos se mostraron ami­ga­bles y dis­puestos a nego­ciar (el ban­do de paces) y otros se mostraron hos­tiles (el ban­do de guer­ra). La con­quista de las Canarias no fue para los penin­su­lares ningún camino de rosas.

Se ha habla­do mucho de las conex­iones de los guanch­es con los egip­cios debido a que en Tener­ife era muy habit­u­al el pro­ce­so de momi­fi­cación, lo que ha per­mi­ti­do que lleguen casi intac­tas muchas momias que actual­mente se exhiben en el Museo de la Nat­u­raleza y el Hom­bre de San­ta Cruz de Tener­ife (tam­bién ten­emos una en el Museo Antropológi­co de Madrid, la que veis ahí arri­ba). Son la heren­cia más impor­tante de la antigua His­to­ria de las Canarias y sor­prende su avan­za­do esta­do de con­ser­vación. A las momias se las solía cubrir con pieles de cabra y en las que más tra­ba­jo se emplea­ba, como en las de los faraones, era en las de los menceyes.

Los guanch­es eran muy super­sti­ciosos, por lo que tenían en gran respeto a las almas de sus antepasa­dos, y en aña­didu­ra a las fuerzas de la nat­u­raleza (y no era de extrañar vivien­do a las fal­das del vol­cán Tei­de). Ven­er­a­ban a Achamán, el dios de los cie­los, y a Chaxi­raxi, la diosa de la cosecha (que con el tiem­po se con­vir­tió en la Vir­gen de la Can­de­lar­ia, la patrona de la isla) y temían a Guay­ota, el rey de los infier­nos.  Ase­gura­ban que este vivía escon­di­do en el Tei­de, que ellos conocían como Echei­de y sim­boliz­a­ba el aver­no. Ori­enta­ban sus altares hacia los astros, lo que tam­bién les acer­ca, de nue­vo, a la civ­i­lización egip­cia.

Los guanch­es no conocían la rue­da pero sí la alfar­ería, la cos­tu­ra (su ves­ti­men­ta era de pieles y fibra de hoja de palmera) y, como hemos comen­ta­do, la agri­cul­tura, aunque esto obligara a los mencey­atos del sur a la trashu­man­cia y la vida nóma­da. Hay que recor­dar que en el sur de Tener­ife, debido al calor, la sequía y el ori­gen vol­cáni­co del ter­reno, es más difí­cil sacar ade­lante las cose­chas, por ello eran mucho más ricos los mencey­atos del norte.

La impor­tan­cia del cli­ma era fun­da­men­tal para los guanch­es, has­ta tenían un rito de la llu­via, para en época de sequía pedir a los dios­es su piedad y que man­daran el agua que tan­to nece­sita­ban sus cul­tivos (sub­ían en pro­ce­sión a las col­i­nas con su gana­do y gri­ta­ban y llora­ban implo­ran­do ayu­da). Tam­bién tenían una Fies­ta de la Cosecha, en la que engalan­a­ban las chozas y cuevas con flo­res, y se oblig­a­ba a estable­cer treguas y par­alizar cualquier rey­er­ta local, a cam­bio de dis­fru­tar de fas­tu­osos ban­quetes y dan­zas (en heren­cia han deja­do a los tin­er­feños el baile fol­clóri­co del tajaraste, que aún hoy en día se prac­ti­ca).

Eran unos fab­ri­cantes exce­lentes de que­so, adoc­trin­a­ban des­de niños a sus hijos en las artes de la guer­ra y daban un papel muy impor­tante a las mujeres en cualquier tipo de decisión, ya que gra­cias a ellas se per­petu­a­ban sus genes (y aunque parez­ca increíble, per­mitían los divor­cios y hubo mujeres que lle­garon a ten­er cua­tro y cin­co pare­jas simultáneas). Y sí, como los canarios actuales, con­sid­er­a­ban a los dra­gos árboles sagra­dos y real­iz­a­ban jun­to a ellos sus reuniones para tomar deci­siones políti­cas y de carác­ter social, en las que tenía un papel impre­scindible el guañameñe, el sac­er­dote de los guanch­es.

Mujer Guanche
La Uni­ver­si­dad de Dundee (Esco­cia) recreó el ros­tro de una mujer guanche gra­cias al esca­neo en 3D de un crá­neo de una nati­va

Pese a que des­de prin­ci­p­ios del siglo XV muchos españoles ya habían ido a vivir a las islas, con­vivien­do con los guanch­es y de paso secuestrán­doles para vender­les como esclavos a los mer­caderes africanos, les acabaron expul­san­do, lo que empu­jó a los españoles a una toma de Tener­ife por la fuerza sólo dos años después del des­cubrim­ien­to de Améri­ca. Por entonces, el prin­ci­pal mencey era Ben­co­mo, quien tuvo una audi­en­cia con los col­o­nizadores. Se le ofre­ció amis­tad, con­ver­tirse al cris­tian­is­mo y some­terse a los Reyes Católi­cos, a lo que, nat­u­ral­mente, se negó. A par­tir de entonces, apoy­a­do por otros mencey­atos, libró batal­la con­tra los inva­sores, murien­do él mis­mo en uno de los com­bat­es. Su apel­li­do es uno de los pocos guanch­es que se mantienen a día de hoy entre los habi­tantes de Tener­ife.

Los guanch­es, pese a no ten­er armas de fuego y con­tar como úni­ca defen­sa con her­ramien­tas de piedra, lucharon con uñas y dientes por su ter­ri­to­rio: antes que ser ven­di­dos y depor­ta­dos como esclavos a la penín­su­la, prefer­ían sui­ci­darse lanzán­dose por los bar­ran­cos. Otros muchos, sin embar­go, bus­can­do sal­var a sus hijos, acep­taron a los con­quis­ta­dores y se dejaron evan­ge­lizar, asum­ien­do que la batal­la ya esta­ba per­di­da. Además, los españoles no sólo venían con fusiles y espadas: traían con ellos la gripe, que exter­minó a bue­na parte de la población, inde­fen­sa ante una enfer­medad que les resulta­ba descono­ci­da.

La impor­tan­cia de la cul­tura guanche, a niv­el antropológi­co, es impor­tan­tísi­ma en la his­to­ria de nue­stro país, ya que se cree que de ellos descien­den los primeros pobladores de Iberia y los euskaldunes (lo que se conoce como razas atlán­ti­cas). Cier­to es que con la lle­ga­da de los españoles su iden­ti­dad como pueblo acabó desa­pare­cien­do, al mezclarse con los penin­su­lares, pero los ves­ti­gios (pocos) que nos han lle­ga­do de su época, los posi­cio­nan como pieza fun­da­men­tal en el ori­gen de otras pobla­ciones. Inclu­so los más temer­ar­ios han lle­ga­do a declarar, debido a ese aura de mis­te­rio que les rodea, que son los descen­di­entes de los habi­tantes de la Atlán­ti­da, de hecho son muchos estu­diosos los que opinan que la míti­ca civ­i­lización devo­ra­da por las aguas hab­it­a­ba una isla, hoy desa­pare­ci­da, frente a las costas de Fuerteven­tu­ra. Pero sea cual sea su ori­gen, lo que sí es un mis­te­rio es cómo en aque­l­la época podía vivir a un paso de Europa una civ­i­lización que prác­ti­ca­mente vivía en el Neolíti­co (aunque conocían el fuego) y cuya esper­an­za de vida ape­nas roz­a­ba los trein­ta años.

Un pueblo valeroso que demostró su nobleza al cap­turar en la guer­ra a muchos españoles y aún así per­donarles la vida y que demostró su cora­je frente al inva­sor (eran tan cor­pu­len­tos que pese a ser cap­tura­dos desnudos, rompían las cade­nas sin esfuer­zo y curiosa­mente, una for­ma habit­u­al de defend­er­se era con un gar­rote que man­tenían ten­so entre los pies y que al soltar­lo, destroz­a­ba armaduras y escu­d­os, de aquí deri­va la lucha canaria, un deporte que se encuen­tra a mitad de camino del sumo y la lucha grecor­ro­mana). Los guanch­es, esos antepasa­dos leg­en­dar­ios, casi míti­cos, del que cualquier tin­er­feño se siente tan orgul­loso. Tan­to como para que inclu­so exista en la isla la Igle­sia del Pueblo Guanche, que revive la religión neo­pa­gana de hace sig­los, con sus pro­pios ritos (inclu­so se cel­e­bran casamien­tos) y que ates­tigua que, pese al paso del tiem­po, los guanch­es sub­sis­ten en la mitología pop­u­lar tin­er­feña. Más vivos que nun­ca.


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11 Comments

  1. Pre­cisa­mente ayer esta­ba vien­do un doc­u­men­tal en Net­flix y habla­ban de los Guanch­es. Me estu­vo curioso el nom­bre porque soy de Puer­to Rico y en mi ciu­dad de ori­gen ten­emos un paseo tabla­do frente al mar que se lla­ma La Guan­cha. Y como sabe­mos, el Caribe fue inva­di­do por per­sonas de las Canarias. ¿Existe un lugar lla­ma­do La Guan­cha en las Canarias?

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Sí, Willie, lo hay! Un pueblo en el norte de Tener­ife que pre­cisa­mente se lla­ma así porque una guanche se sui­cidó cuan­do huía de los colonos españoles. Es com­pren­si­ble las uniones entre Canarias y Améri­ca porque fueron muchos los canarios que emi­graron a vues­tras tier­ras (los bus­es, por ejem­p­lo, aqui tam­bi­en se cono­cen como guaguas). ¡Muy didác­ti­co tu comen­tario, gra­cias!

  3. Me encan­tó esta entra­da!!! Hace poquito des­cubrí que mis orí­genes son de Canarias (S XV).. me pre­gun­to si serán parte de los españoles que lle­garon a “con­quis­tar” o de los guanch­es.. Si fuer­an estos últi­mos expli­carían mi car­iño por los pueb­los nómades del Sahara.. Quizás lo lle­vo car­ga­do en un últi­mo gen jaja­ja Y sino, bueno, sim­ple casu­al­i­dad 😛 Gra­cias por la infor­ma­ción!

  4. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Me ale­gra muchísi­mo saber que tus orí­genes son canarios, una tier­ra mar­avil­losa… En mi caso, mi árbol genealógi­co me llevó has­ta Ale­ma­nia ¡es alu­ci­nante cuan­do des­cubres de donde vienen tus raíces! Me ale­gra que te gus­tara el artícu­lo. ¡Un abra­zo!

  5. Sebastián García

    at

    Los canarios actuales son los descen­di­entes de los españoles que ocu­paron las islas hace sig­los, jun­to con otros aportes mediter­rá­neos; la antigua raza guanche está escasa­mente pre­sente en la genéti­ca canaria actu­al, aunque hay entre ellos, indi­vid­u­os con un may­or gra­do de ori­gen guanche. Lo sien­to, pero es la real­i­dad. Por cier­to el artícu­lo dice que esos mis­mos antigu­os pobladores bere­beres que poblaron canarias, poblaron tam­bién en épocas pre-romanas parte de la penín­su­la ibéri­ca, así que quien sabe, si tam­bién com­par­ti­mos con los españoles penin­su­lares una pequeña parte de ese ori­gen norteafricano.

  6. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Gra­cias por tus pal­abras, Sebastián. Efec­ti­va­mente, la genéti­ca guanche de ha ido per­di­en­do porque la may­oría de los aborí­genes fueron exter­mi­na­dos ok se fueron mez­clan­do con los españoles que lle­garon de la penín­su­la. Un abra­zo!

  7. José Antonio Acosta Álvarez

    at

    Pues parece que la cien­cia indi­ca que si hay una per­ma­nen­cia de la genéti­ca abori­gen en los canarios actuales, en torno al 56% si bien cuan­do se tra­ta de ver la per­ma­nen­cia de la genéti­ca de los aborí­genes de cada isla con los habi­tantes actuales de la mis­ma (guanch­es con tin­er­feños o bim­bach­es con her­reños) hay islas como El Hier­ro donde es 0% o Tener­ife el 22%, prob­a­ble­mente, por movimien­tos de población entre islas etc.
    Eso dice un estu­dio de varias uni­ver­si­dades, aquí se citan https://www.laprovincia.es/sociedad/2019/01/13/adn-poblacion-canaria-conserva-56/1137104.html

  8. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Gra­cias, Jose Anto­nio! Si es así, entonces nos ale­gra mucho la noti­cia, echo un ojo al artícu­lo!

  9. Andrés Acosta González

    at

    Por vía del ADN mito­con­dr­i­al, el que trans­mite la mujer, la per­viven­cia genéti­ca guanche es muy alta en algu­nas islas, como La Gomera, La Pal­ma, Tener­ife y Gran Canaria. Puede lle­gar al 40%. Hay que ten­er en cuen­ta que las mujeres guanch­es fueron uti­lizadas como con­cu­bi­nas por los con­quis­ta­dores. Los hom­bres fueron esclav­iza­dos, aunque muchos fueron recu­per­a­dos por sus famil­iares a prin­ci­p­ios del siglo XVI cuan­do los Reyes Católi­cos sac­aron leyes que les pro­tegían de la bar­barie de los col­o­nizadores.

  10. ANA CRISTINA BARION

    at

    Me pare­ció muy intere­sante el artícu­lo sobre los Guanches.Soy de Argenti­na y acá tam­bién había cul­tura !! Muchas razas aborí­genes hab­it­a­ban el gran ter­ri­to­rio de Argenti­na y sufrieron exter­minio por parte de los españoles

  11. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Eso, des­gra­ci­ada­mente, ha ocur­ri­do en muchos lugares del mun­do, la opre­sión y exter­minio de miles de tribus por parte de col­o­nizadores sin escrúpu­los. En dicho sen­ti­do, los españoles se lle­varon la pal­ma jun­to a ingle­ses, france­ses o holan­deses…

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