Vanuatu: volcanes, selva y 83 islas perdidas en el Pacífico

Playa tropical y paisaje volcánico en Vanuatu, uno de los destinos más exóticos del Pacífico Sur

Uno de mis libros favoritos de Amelie Nothomb, “Biografía del ham­bre”, comien­za hablan­do de Van­u­atu, un pequeño país con­for­ma­do por 83 islas al norte de Nue­va Zelan­da donde nun­ca ha habido guer­ras porque sus habi­tantes nun­ca han pasa­do ham­bre. El cli­ma trop­i­cal provee de fru­tas en abun­dan­cia a la población y como no cono­cen el frío, durante sig­los, antes de que lle­gara la civ­i­lización, sus gentes hacían poco más que tum­barse bajo los cocoteros a obser­var el sol y el mar en el hor­i­zonte. Vamos, la vida que todos quer­ríamos.

Dónde está Vanuatu: un archipiélago perdido en el Pacífico Sur

Cuan­do uno obser­va un mapa del mun­do y dirige la mira­da hacia el Pací­fi­co Sur, se encuen­tra con una inmen­si­dad azul salpic­a­da de pequeños archip­iéla­gos. En medio de ese océano gigan­tesco, entre Aus­tralia, Nue­va Cale­do­nia y Fiji, se encuen­tra Van­u­atu, uno de esos des­ti­nos que todavía pare­cen vivir al mar­gen del tur­is­mo masi­vo.

Este país insu­lar está for­ma­do por 83 islas vol­cáni­cas, muchas de ellas cubier­tas por sel­vas den­sas, playas soli­tarias y mon­tañas que emer­gen abrup­ta­mente del océano. A pesar de su pequeño tamaño, el archip­iéla­go se extiende a lo largo de unos 1.300 kilómet­ros, lo que hace que cada isla ten­ga su pro­pio carác­ter y paisaje.

Van­u­atu se sitúa aprox­i­mada­mente 1.750 kilómet­ros al este de Aus­tralia, en una región del plan­e­ta cono­ci­da como Melane­sia, que tam­bién incluye país­es como Papúa Nue­va Guinea, las Islas Salomón o Fiji. Durante sig­los estas islas per­manecieron rel­a­ti­va­mente ais­ladas del resto del mun­do, lo que per­mi­tió con­ser­var cul­turas tradi­cionales muy arraigadas. Hoy en día, aunque Van­u­atu es un esta­do inde­pen­di­ente y rel­a­ti­va­mente mod­er­no, muchas de sus comu­nidades mantienen for­mas de vida que ape­nas han cam­bi­a­do con el paso del tiem­po.

La cap­i­tal del país es Port Vila, situ­a­da en la isla de Efate, que es tam­bién el prin­ci­pal pun­to de entra­da para los via­jeros inter­na­cionales. Aquí se con­cen­tra bue­na parte de la infraestruc­tura turís­ti­ca del país: hote­les, restau­rantes, pequeños mer­ca­dos y el aerop­uer­to inter­na­cional. Sin embar­go, bas­ta con ale­jarse un poco de esta ciu­dad para des­cubrir un país muy difer­ente. En muchas de las islas de Van­u­atu el tiem­po parece avan­zar a otro rit­mo. Las aldeas están for­madas por pequeñas casas de madera o bam­bú, los caminos atraviesan sel­vas trop­i­cales y la vida cotid­i­ana gira en torno al mar y a la agri­cul­tura.

Uno de los aspec­tos más sor­pren­dentes de Van­u­atu es su diver­si­dad geográ­fi­ca. Aunque muchas per­sonas imag­i­nan el Pací­fi­co Sur como un con­jun­to de islas planas rodeadas de lagu­nas turque­sas, lo cier­to es que bue­na parte del archip­iéla­go es de ori­gen vol­cáni­co. Esto sig­nifi­ca que muchas islas pre­sen­tan relieves abrup­tos, mon­tañas cubier­tas de veg­etación y, en algunos casos, vol­canes activos que con­tinúan mod­e­lando el paisaje. Uno de los ejem­p­los más espec­tac­u­lares es el Monte Yasur, en la isla de Tan­na, con­sid­er­a­do uno de los vol­canes activos más acce­si­bles del plan­e­ta. Sus erup­ciones fre­cuentes ilu­mi­nan el cielo noc­turno con explo­siones de lava que pueden obser­varse des­de rel­a­ti­va­mente cer­ca.

Pero la geografía de Van­u­atu no se limi­ta a vol­canes. El país tam­bién alber­ga lagu­nas de aguas cristali­nas, arrecifes de coral, cas­cadas escon­di­das en la sel­va y algu­nas de las playas más tran­quilas del Pací­fi­co. A pesar de esta riqueza nat­ur­al, Van­u­atu sigue sien­do un des­ti­no rel­a­ti­va­mente descono­ci­do para la may­oría de los via­jeros inter­na­cionales. Mien­tras que otros archip­iéla­gos del Pací­fi­co como Bora Bora o las Mal­divas se han con­ver­tido en iconos del tur­is­mo de lujo, Van­u­atu mantiene un per­fil mucho más dis­cre­to.

Y quizá pre­cisa­mente por eso con­ser­va una aut­en­ti­ci­dad difí­cil de encon­trar en otros lugares.

Vista panorámica de Port Vila y su bahía de aguas turquesas en la isla de Efate, Vanuatu

La historia de Vanuatu

Mucho antes de que los mapas europeos situ­aran a Van­u­atu en el océano Pací­fi­co, estas islas ya esta­ban habitadas por comu­nidades humanas que habían apren­di­do a sobre­vivir en un entorno tan espec­tac­u­lar como exi­gente.

Los primeros pobladores lle­garon hace aprox­i­mada­mente 3.000 años, prob­a­ble­mente des­de el sud­este asiáti­co a través de largas migra­ciones marí­ti­mas. Aque­l­los nave­g­antes pertenecían a la lla­ma­da cul­tura Lapi­ta, cono­ci­da por su extra­or­di­nar­ia habil­i­dad para desplazarse entre islas uti­lizan­do grandes canoas y ori­en­tán­dose medi­ante las estrel­las, las cor­ri­entes mari­nas y el com­por­tamien­to de las aves.

La cul­tura Lapi­ta dejó una huel­la muy clara en el Pací­fi­co. Sus cerámi­cas dec­o­radas con com­ple­jos patrones geométri­cos han sido encon­tradas en numerosos yacimien­tos arque­ológi­cos de la región, incluyen­do varias islas de Van­u­atu. Con el paso de los sig­los, estas primeras comu­nidades evolu­cionaron y se diver­si­fi­caron. Cada isla desar­rol­ló sus propias tradi­ciones, lenguas y for­mas de orga­ni­zación social. De hecho, una de las car­ac­terís­ti­cas más sor­pren­dentes de Van­u­atu es su extra­or­di­nar­ia diver­si­dad lingüís­ti­ca.

Durante miles de años, las islas per­manecieron prác­ti­ca­mente ais­ladas del resto del mun­do. Los habi­tantes vivían de la agri­cul­tura, la pesca y el inter­cam­bio entre comu­nidades veci­nas. La sel­va trop­i­cal, el mar y los vol­canes forma­ban parte insep­a­ra­ble de su vida cotid­i­ana.

Todo empezó a cam­biar en el siglo XVII.

El primer con­tac­to con Europa

El primer europeo que doc­u­men­tó la exis­ten­cia de estas islas fue el explo­rador español Pedro Fer­nán­dez de Quirós, que llegó a la región en 1606. Quirós creía haber encon­tra­do el míti­co con­ti­nente aus­tral que muchos explo­radores de la época bus­ca­ban. Con­ven­ci­do de ello, bau­tizó el ter­ri­to­rio como Aus­tri­alia del Espíritu San­to, en hon­or a la casa real de Aus­tria y al Espíritu San­to.

Sin embar­go, los europeos no establecieron colo­nias per­ma­nentes en las islas durante mucho tiem­po. Durante más de dos sig­los el archip­iéla­go sigu­ió sien­do un ter­ri­to­rio rel­a­ti­va­mente descono­ci­do para el mun­do occi­den­tal. No fue has­ta el siglo XIX cuan­do la pres­en­cia euro­pea empezó a inten­si­fi­carse.

Misioneros, com­er­ciantes y un pasa­do oscuro

Durante el siglo XIX lle­garon a las islas misioneros cris­tianos, com­er­ciantes y colonos europeos. Muchos de ellos intenta­ban con­ver­tir a las comu­nidades locales al cris­tian­is­mo o estable­cer planta­ciones agrí­co­las. Pero esta eta­pa tam­bién estu­vo mar­ca­da por episo­dios bas­tante oscuros.

Uno de los fenó­menos más polémi­cos fue el lla­ma­do black­bird­ing, una prác­ti­ca que con­sistía en reclu­tar —a menudo medi­ante engaños o secue­stros— a habi­tantes de las islas del Pací­fi­co para tra­ba­jar como mano de obra en planta­ciones de Aus­tralia o Fiji. Miles de melane­sios fueron traslada­dos de esta man­era durante décadas, en condi­ciones que hoy se con­sid­er­arían clara­mente abu­si­vas. Este peri­o­do dejó una huel­la pro­fun­da en la his­to­ria de Van­u­atu.

Un país gobernado por dos imperios a la vez

Uno de los episo­dios más curiosos de la his­to­ria de Van­u­atu ocur­rió a finales del siglo XIX y prin­ci­p­ios del XX, cuan­do el archip­iéla­go fue admin­istra­do simultánea­mente por dos poten­cias colo­niales dis­tin­tas: Fran­cia y el Reino Unido. Este pecu­liar sis­tema políti­co se conoce como con­do­minio colo­nial y en el caso de las entonces lla­madas Nuevas Hébri­das se con­vir­tió en uno de los ejem­p­los más insól­i­tos de admin­is­tración colo­nial en todo el mun­do.

Para enten­der cómo se llegó a esta situación hay que retro­ced­er al siglo XIX. Durante esa época, difer­entes poten­cias euro­peas com­petían por con­tro­lar ter­ri­to­rios en el Pací­fi­co. Fran­cia había estable­ci­do colo­nias en lugares como Nue­va Cale­do­nia, mien­tras que el Reino Unido ejer­cía una fuerte influ­en­cia en Aus­tralia y en otras islas de la región.

Las Nuevas Hébri­das, situ­adas entre estos ter­ri­to­rios, des­per­taron el interés de ambos país­es. Com­er­ciantes, misioneros y colonos france­ses y británi­cos comen­zaron a insta­larse en el archip­iéla­go, cre­an­do pequeñas comu­nidades euro­peas. El prob­le­ma era evi­dente: ningu­na de las dos poten­cias quería renun­ciar al con­trol de las islas pero tam­poco esta­ban dis­pues­tas a entrar en un con­flic­to direc­to por ellas.

Un acuer­do tan extraño como com­pli­ca­do

En 1906, Fran­cia y el Reino Unido lle­garon a una solu­ción que hoy puede pare­cer casi sur­re­al­ista. Deci­dieron gob­ernar las Nuevas Hébri­das de man­era con­jun­ta, cre­an­do un sis­tema admin­is­tra­ti­vo com­par­tido. En teoría ambos país­es tenían la mis­ma autori­dad sobre el ter­ri­to­rio. En la prác­ti­ca, aque­l­lo gen­eró una estruc­tura buro­cráti­ca increíble­mente com­ple­ja.

Las islas pasaron a ten­er dos admin­is­tra­ciones para­le­las que fun­ciona­ban al mis­mo tiem­po. Esto sig­nifi­ca­ba que existían dos sis­temas judi­ciales, dos policías difer­entes, dos sis­temas educa­tivos, dos admin­is­tra­ciones colo­niales e inclu­so dos mon­edas en cir­cu­lación

Los colonos france­ses esta­ban suje­tos a las leyes france­sas y los británi­cos a las británi­cas. Cada comu­nidad tenía sus pro­pios tri­bunales y su pro­pio sis­tema admin­is­tra­ti­vo. La situación para los habi­tantes locales era todavía más com­pli­ca­da porque en muchos casos qued­a­ban fuera de ambos sis­temas o tenían que lidiar con una buro­c­ra­cia dupli­ca­da. Por esta razón el con­do­minio fue cono­ci­do iróni­ca­mente por algunos res­i­dentes como “el pan­de­mo­ni­um”, una mez­cla entre las pal­abras con­do­mini­um y pan­de­mo­ni­um (caos).

Ilustración histórica del condominio colonial de Vanuatu con residencia colonial frente al mar y barcos en el Pacífico

Dos cul­turas colo­niales enfrentadas

Las difer­en­cias entre france­ses y británi­cos tam­bién se refle­ja­ban en la vida cotid­i­ana. Los colonos france­ses tendían a desar­rol­lar grandes planta­ciones agrí­co­las, espe­cial­mente de coco, mien­tras que los británi­cos solían cen­trarse más en el com­er­cio y en la activi­dad mision­era. Tam­bién existían difer­en­cias cul­tur­ales. En algu­nas zonas se habla­ba prin­ci­pal­mente francés, mien­tras que en otras pre­dom­ina­ba el inglés.

Esta dual­i­dad cul­tur­al con­tribuyó a crear una sociedad bas­tante pecu­liar, donde con­vivían influ­en­cias euro­peas dis­tin­tas jun­to a las tradi­ciones melane­sias locales.

Para los habi­tantes orig­i­nar­ios del archip­iéla­go, el sis­tema colo­nial fue com­ple­jo y en oca­siones injus­to. Durante décadas los melane­sios tuvieron muy poca rep­re­sentación políti­ca y esca­so con­trol sobre sus pro­pios ter­ri­to­rios. Gran parte de las tier­ras más fér­tiles fueron con­ver­tidas en planta­ciones con­tro­ladas por colonos europeos. Además, la división admin­is­tra­ti­va entre británi­cos y france­ses gen­er­a­ba una gran con­fusión legal.

A pesar de ello, las comu­nidades locales con­sigu­ieron man­ten­er muchas de sus tradi­ciones cul­tur­ales y for­mas de orga­ni­zación social.

El final del con­do­minio

A par­tir de la déca­da de 1960 comen­zaron a sur­gir movimien­tos políti­cos que reclam­a­ban may­or autonomía y, final­mente, la inde­pen­den­cia del archip­iéla­go. La pre­sión inter­na­cional y el pro­ce­so de des­col­o­nización que esta­ba tenien­do lugar en muchas partes del mun­do acel­er­aron el final del sis­tema colo­nial.

En 1980, tras décadas de admin­is­tración con­jun­ta, las Nuevas Hébri­das se con­virtieron final­mente en un esta­do inde­pen­di­ente bajo el nom­bre de Repúbli­ca de Van­u­atu. El nue­vo país heredó una curiosa mez­cla de influ­en­cias cul­tur­ales: el inglés, el francés y numerosas lenguas locales siguen con­vivien­do hoy en día en la sociedad van­u­atense.

Aunque el con­do­minio colo­nial ter­minó hace más de cuarenta años, sus huel­las siguen sien­do vis­i­bles en el país. Van­u­atu mantiene tres idiomas ofi­ciales:  inglés,   francés y bis­la­ma (una lengua criol­la basa­da en el inglés).

Las islas más fascinantes de Vanuatu

Aunque el país está for­ma­do por 83 islas, solo unas 65 están habitadas y ape­nas unas pocas con­cen­tran la may­or parte de la población y de las infraestruc­turas turís­ti­cas. Sin embar­go, cada isla tiene su propia per­son­al­i­dad, sus paisajes y, en muchos casos, sus propias tradi­ciones cul­tur­ales.

Via­jar por Van­u­atu no con­siste sim­ple­mente en saltar de una playa a otra. En real­i­dad, el archip­iéla­go ofrece una diver­si­dad sor­pren­dente de paisajes: vol­canes activos, sel­vas trop­i­cales, arrecifes de coral, cas­cadas escon­di­das y aldeas tradi­cionales donde el modo de vida ha cam­bi­a­do muy poco con el paso del tiem­po.

Playa tropical de Vanuatu con canoas tradicionales en la arena, palmeras y agua turquesa

Efate y Port Vila: la puer­ta de entra­da al archip­iéla­go

La isla de Efate es la más vis­i­ta­da de Van­u­atu porque alber­ga la cap­i­tal del país, Port Vila, y el prin­ci­pal aerop­uer­to inter­na­cional. Port Vila es una ciu­dad pequeña y rela­ja­da, con un ambi­ente que mez­cla influ­en­cias melane­sias, france­sas y británi­cas. Sus mer­ca­dos, restau­rantes y pequeñas tien­das refle­jan esa curiosa mez­cla cul­tur­al hereda­da del pasa­do colo­nial. Uno de los lugares más intere­santes para cono­cer la vida local es el mer­ca­do cen­tral de Port Vila, donde los agricul­tores de las aldeas cer­canas venden fru­tas trop­i­cales, ver­duras, pesca­do recién cap­tura­do y platos tradi­cionales prepara­dos al momen­to.

Aunque la ciu­dad no es espe­cial­mente grande, sirve como pun­to de par­ti­da para explo­rar la isla de Efate. Una de las activi­dades más pop­u­lares es recor­rer la car­retera que rodea toda la isla, un trayec­to de unos 130 kilómet­ros que per­mite des­cubrir playas tran­quilas, pequeños pueb­los y miradores sobre el océano.

En Efate tam­bién se encuen­tran algu­nas de las cas­cadas más boni­tas del país, como las Mele Cas­cades, una serie de pisci­nas nat­u­rales de agua turque­sa rodeadas de sel­va trop­i­cal.

Tan­na y el vol­cán Yasur

Si hay una isla que ha dado fama inter­na­cional a Van­u­atu, esa es Tan­na. La razón es el Monte Yasur, con­sid­er­a­do uno de los vol­canes activos más acce­si­bles del plan­e­ta. A difer­en­cia de otros vol­canes que solo pueden obser­varse des­de la dis­tan­cia, en Yasur es posi­ble acer­carse rel­a­ti­va­mente cer­ca del cráter.

Las erup­ciones son fre­cuentes y rel­a­ti­va­mente pequeñas pero extremada­mente espec­tac­u­lares. Durante la noche, las explo­siones de lava ilu­mi­nan el cielo con destel­los roji­zos mien­tras el vol­cán lan­za rocas incan­des­centes al aire. Muchos vis­i­tantes describen la expe­ri­en­cia como una de las más impre­sio­n­antes que han vivi­do en la nat­u­raleza.

Espir­i­tu San­to y sus playas de are­na blan­ca

La isla de Espir­i­tu San­to, cono­ci­da sim­ple­mente como San­to, es la más grande de Van­u­atu y una de las más espec­tac­u­lares des­de el pun­to de vista nat­ur­al. Aquí se encuen­tran algu­nas de las playas más famosas del país, como Cham­pagne Beach, con­sid­er­a­da una de las más boni­tas del Pací­fi­co. Su are­na blan­ca y fina y sus aguas cristali­nas hacen que el paisaje parez­ca saca­do de una postal trop­i­cal.

El nom­bre de la playa tiene una expli­cación curiosa. En cier­tas zonas del fon­do mari­no emer­gen pequeñas bur­bu­jas de gas vol­cáni­co que hacen que el agua parez­ca efer­ves­cente, como si se tratara de una copa de cham­pán.

Espir­i­tu San­to tam­bién es un des­ti­no muy pop­u­lar entre los afi­ciona­dos al buceo. Durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al, las fuerzas esta­dounidens­es uti­lizaron la isla como base mil­i­tar, y al finalizar el con­flic­to muchos equipos mil­itares fueron arro­ja­dos al mar. Hoy en día, uno de los pecios más famosos es el SS Pres­i­dent Coolidge, un enorme bar­co de trans­porte mil­i­tar hun­di­do en 1942 que se ha con­ver­tido en uno de los sitios de buceo más impre­sio­n­antes del mun­do.

Pen­te­cost y el rit­u­al que inspiró el bungee jump­ing

La isla de Pen­te­cost es cono­ci­da por una de las tradi­ciones más extra­or­di­nar­ias del Pací­fi­co: el Naghol, tam­bién lla­ma­do land div­ing. Este rit­u­al con­siste en que los hom­bres de cier­tas comu­nidades se lan­zan des­de tor­res de madera de has­ta 30 met­ros de altura con lianas atadas a los tobil­los. La cer­e­mo­nia se real­iza cada año entre abril y junio y está rela­ciona­da con rit­uales agrí­co­las y de ini­ciación.

Lo más sor­pren­dente es que este rit­u­al inspiró la creación del bungee jump­ing mod­er­no. En la déca­da de 1970, var­ios explo­radores occi­den­tales que pres­en­cia­ron el Naghol lle­varon la idea a Nue­va Zelan­da, donde fue adap­ta­da para crear el famoso deporte extremo.

Hoy en día, el salto tradi­cional de Pen­te­cost sigue real­izán­dose según las cos­tum­bres ances­trales, con­vir­tién­dose en uno de los espec­tácu­los cul­tur­ales más impre­sio­n­antes del Pací­fi­co.

Hombre realizando el salto tradicional Naghol desde una torre de madera en la isla de Pentecost, Vanuatu

Cultura, tribus y tradiciones de Vanuatu

Si algo dis­tingue a Van­u­atu de muchos otros des­ti­nos trop­i­cales del Pací­fi­co es que aquí la cul­tura tradi­cional sigue sien­do una parte esen­cial de la vida cotid­i­ana. Mien­tras que en algunos archip­iéla­gos las cos­tum­bres ances­trales han queda­do rel­e­gadas al fol­clore turís­ti­co, en muchas islas de Van­u­atu todavía for­man parte de la vida real de sus habi­tantes. Esto se debe en parte al rel­a­ti­vo ais­lamien­to geográ­fi­co del país y tam­bién a la fuerte iden­ti­dad cul­tur­al de las comu­nidades melane­sias que habi­tan estas islas des­de hace miles de años.

Una de las car­ac­terís­ti­cas más sor­pren­dentes de Van­u­atu es su extra­or­di­nar­ia diver­si­dad lingüís­ti­ca. En un país con ape­nas 300.000 habi­tantes, se hablan más de 100 lenguas difer­entes. Esto sig­nifi­ca que cada isla —y en algunos casos inclu­so cada valle— puede ten­er su pro­pio idioma. Des­de el pun­to de vista lingüís­ti­co, Van­u­atu es uno de los lugares más diver­sos del plan­e­ta.

La vida en Vanuatu

Hablar de la vida en Van­u­atu es hablar de un mun­do que, en muchos aspec­tos, parece haberse detenido en el tiem­po. Mien­tras en gran parte del plan­e­ta la urban­ización y la tec­nología han trans­for­ma­do pro­fun­da­mente la for­ma de vivir, en este archip­iéla­go del Pací­fi­co Sur todavía exis­ten cien­tos de aldeas donde el rit­mo cotid­i­ano sigue mar­ca­do por la nat­u­raleza, las tradi­ciones y la comu­nidad. Una gran parte de la población vive en aldeas rurales donde la vida gira en torno a la famil­ia, la agri­cul­tura y los rit­uales ances­trales.

Las aldeas tradi­cionales de Van­u­atu sue­len estar for­madas por un pequeño grupo de casas con­stru­idas con mate­ri­ales nat­u­rales. Las pare­des pueden estar hechas de bam­bú o madera, mien­tras que los teja­dos sue­len cubrirse con hojas de pal­ma tren­zadas. No hay calles asfal­tadas ni urban­is­mo plan­i­fi­ca­do. Las vivien­das se dis­tribuyen alrede­dor de un espa­cio común donde se real­izan reuniones, cel­e­bra­ciones y cer­e­mo­nias.

En muchos pueb­los todavía no existe elec­t­ri­ci­dad con­stante ni agua cor­ri­ente. La vida cotid­i­ana depende en gran medi­da del entorno nat­ur­al. El agua se recoge de ríos o pozos y la comi­da pro­cede de los huer­tos, del mar o del bosque.

Los cul­tivos más habit­uales son el ñame, la man­dio­ca, el taro o los plá­tanos, ali­men­tos bási­cos que han sus­ten­ta­do a las comu­nidades durante sig­los. La pesca tam­bién es fun­da­men­tal, espe­cial­mente en las aldeas costeras, donde los hom­bres salen en pequeñas canoas a cap­turar peces o mariscos que luego se com­parten entre las famil­ias.

La vida en estas aldeas se orga­ni­za de for­ma colec­ti­va. La propiedad pri­va­da existe pero el con­cep­to de comu­nidad es mucho más fuerte que en las sociedades occi­den­tales. Es habit­u­al que la comi­da se com­par­ta o que los veci­nos cola­boren para con­stru­ir casas, limpiar cam­pos o preparar cer­e­mo­nias.

Las tribus y la cultura kastom

En Van­u­atu se uti­liza una pal­abra muy impor­tante: kas­tom. Este tér­mi­no se refiere al con­jun­to de tradi­ciones, nor­mas sociales y rit­uales que definen la iden­ti­dad cul­tur­al de cada comu­nidad. La cul­tura kas­tom reg­u­la muchos aspec­tos de la vida diaria, des­de la for­ma de vestir has­ta la orga­ni­zación de las cer­e­mo­nias o la res­olu­ción de dis­putas. En algu­nas aldeas todavía se siguen estric­ta­mente estas nor­mas, que se trans­miten de gen­eración en gen­eración.

Las tribus o clanes sue­len estar lig­a­dos a ter­ri­to­rios con­cre­tos y a lina­jes famil­iares. Los miem­bros de un clan com­parten ance­s­tros comunes y mantienen una fuerte iden­ti­dad colec­ti­va. Este sis­tema tam­bién deter­mi­na en muchos casos las rela­ciones mat­ri­mo­ni­ales y las alian­zas entre comu­nidades. Aunque la pal­abra “tribu” puede sonar exóti­ca des­de fuera, para los habi­tantes de Van­u­atu se tra­ta sim­ple­mente de su for­ma tradi­cional de orga­ni­zar la sociedad.

Las cer­e­mo­nias ocu­pan un lugar cen­tral en la vida de muchas aldeas. Algu­nas cel­e­bra­ciones mar­can momen­tos impor­tantes de la vida, como nacimien­tos, mat­ri­mo­nios o funerales, mien­tras que otras están vin­cu­ladas a cic­los agrí­co­las o a rit­uales de ini­ciación.

Uno de los ele­men­tos más cono­ci­dos de la cul­tura de Van­u­atu es la impor­tan­cia del ñame, con­sid­er­a­do mucho más que un sim­ple ali­men­to. En algu­nas comu­nidades el tamaño de las cose­chas de ñame sim­boliza el pres­ti­gio y el esta­tus social de las famil­ias. Tam­bién exis­ten dan­zas rit­uales que se trans­miten des­de hace sig­los. Durante estas cer­e­mo­nias los par­tic­i­pantes pueden lle­var más­caras, pin­turas cor­po­rales o toca­dos elab­o­ra­dos con plumas y fibras nat­u­rales.

Ceremonia kastom en una aldea de Vanuatu con hombres tocando tambores tradicionales y habitantes observando el ritual

Entre tradi­ción y mod­ernidad

Aunque muchas aldeas mantienen for­mas de vida muy tradi­cionales, Van­u­atu no es un país ais­la­do del mun­do mod­er­no. La edu­cación, el tur­is­mo y la influ­en­cia de la cul­tura glob­al han intro­duci­do cam­bios impor­tantes, espe­cial­mente entre los jóvenes.

En ciu­dades como Port Vila es habit­u­al ver telé­fonos móviles, bares, hote­les y una vida urbana rel­a­ti­va­mente sim­i­lar a la de otros des­ti­nos del Pací­fi­co. Sin embar­go, bas­ta con via­jar unos kilómet­ros hacia el inte­ri­or de las islas para encon­trar comu­nidades donde la vida sigue mar­ca­da por las tradi­ciones.

Este con­traste for­ma parte del encan­to del país. Van­u­atu es uno de los pocos lugares del plan­e­ta donde con­viv­en, casi sin mezclarse, dos real­i­dades muy dis­tin­tas: la mod­ernidad del siglo XXI y una for­ma de vida que con­ser­va raíces pro­fun­da­mente ances­trales.

Quizá el ras­go más lla­ma­ti­vo de la vida en Van­u­atu sea la impor­tan­cia de la comu­nidad. En muchas aldeas nadie se con­sid­era com­ple­ta­mente inde­pen­di­ente. Las deci­siones impor­tantes se toman colec­ti­va­mente y las cel­e­bra­ciones se com­parten con todo el pueblo. Este fuerte sen­ti­do de comu­nidad crea redes de apoyo que resul­tan esen­ciales en un entorno donde los recur­sos pueden ser lim­i­ta­dos. La sol­i­dari­dad y la coop­eración no son solo val­ores cul­tur­ales, sino tam­bién estrate­gias de super­viven­cia.

Las cer­e­mo­nias tradi­cionales siguen ocu­pan­do un lugar cen­tral en muchas comu­nidades de Van­u­atu. Estas cel­e­bra­ciones pueden estar rela­cionadas con dis­tin­tos momen­tos de la vida social: ini­cia­ciones, mat­ri­mo­nios, rit­uales agrí­co­las o fes­tivi­dades comu­ni­tarias. Durante estas cer­e­mo­nias es habit­u­al que los par­tic­i­pantes util­i­cen ves­ti­men­tas tradi­cionales hechas con fibras veg­e­tales, plumas o con­chas mari­nas. Las dan­zas y los can­tos desem­peñan un papel impor­tante. Los movimien­tos sue­len estar acom­paña­dos por instru­men­tos tradi­cionales como tam­bores de madera o per­cusión real­iza­da con bam­bú.

En algu­nas islas, los vis­i­tantes pueden asi­s­tir a cier­tas cer­e­mo­nias si cuen­tan con la autor­ización de la comu­nidad local. Sin embar­go, muchas cel­e­bra­ciones siguen sien­do even­tos estric­ta­mente comu­ni­tar­ios.

Hombres melanesios tocando tambores tradicionales durante una ceremonia cultural en Vanuatu

Vanuatu y el ranking del país más feliz del mundo

Una de las curiosi­dades más sor­pren­dentes sobre Van­u­atu es que durante var­ios años encabezó el lla­ma­do Hap­py Plan­et Index, un rank­ing que mide el bien­es­tar de los país­es en fun­ción de fac­tores como la esper­an­za de vida, el impacto ambi­en­tal y la sat­is­fac­ción vital. Aunque este índice no mide la feli­ci­dad en el sen­ti­do tradi­cional, el resul­ta­do llamó la aten­ción porque Van­u­atu super­a­ba a muchos país­es más ricos.

La expli­cación puede encon­trarse en var­ios fac­tores: comu­nidades muy cohe­sion­adas, una fuerte relación con la nat­u­raleza y esti­los de vida menos ori­en­ta­dos al con­sumo. Para muchos vis­i­tantes, via­jar a Van­u­atu supone des­cubrir una for­ma de vida donde el tiem­po parece ten­er otro rit­mo y donde las rela­ciones humanas y la conex­ión con el entorno nat­ur­al siguen ocu­pan­do un lugar cen­tral. 

Un volcán activo al que puedes acercarte caminando

Pocos lugares del mun­do per­miten obser­var un vol­cán acti­vo des­de tan cer­ca como ocurre en Van­u­atu.

En la isla de Tan­na se encuen­tra el Monte Yasur, uno de los vol­canes más acce­si­bles del plan­e­ta. Este vol­cán lle­va en erup­ción con­tin­ua durante sig­los, aunque sus explo­siones sue­len ser rel­a­ti­va­mente pequeñas. Los vis­i­tantes pueden subir has­ta el bor­de del cráter acom­paña­do por guías locales y con­tem­plar cómo el vol­cán lan­za ceniza, humo y oca­sion­ales explo­siones de lava. Por la noche, el espec­tácu­lo es aún más impre­sio­n­ante. Cada erup­ción ilu­mi­na el cielo oscuro con destel­los roji­zos que recuer­dan a los fue­gos arti­fi­ciales más prim­i­tivos de la nat­u­raleza.

Se dice que el capitán James Cook, uno de los grandes explo­radores del Pací­fi­co, ya observó este vol­cán en activi­dad cuan­do vis­itó la región en el siglo XVIII.

Erupción del volcán Yasur en la isla de Tanna con lava y ceniza iluminando el cielo nocturno

El curioso culto a John Frum

Entre las creen­cias más pecu­liares de Van­u­atu se encuen­tra el lla­ma­do cul­to a John Frum, una tradi­ción que surgió en la isla de Tan­na durante medi­a­dos del siglo XX.

El ori­gen de esta creen­cia se remon­ta a la Segun­da Guer­ra Mundi­al, cuan­do tropas esta­dounidens­es establecieron bases en varias islas del Pací­fi­co. Los habi­tantes locales quedaron impre­sion­a­dos por la lle­ga­da de bar­cos, aviones y mer­cancías que parecían sur­gir casi por arte de magia.

Con el tiem­po se desar­rol­ló la idea de que un per­son­aje lla­ma­do John Frum —posi­ble­mente inspi­ra­do en la expre­sión “John from Amer­i­ca”— traería pros­peri­dad y abun­dan­cia al pueblo. Cada año, el 15 de febrero, algu­nas comu­nidades cel­e­bran cer­e­mo­nias en su hon­or, des­fi­lan­do con ban­deras y real­izan­do rit­uales que mez­clan ele­men­tos tradi­cionales con sím­bo­los mil­itares. Aunque puede pare­cer extraño des­de una per­spec­ti­va occi­den­tal, para los seguidores del cul­to for­ma parte de su sis­tema de creen­cias y de su his­to­ria reciente.

Misioneros, canibalismo y encuentros con tribus aisladas

Van­u­atu es hoy un des­ti­no tran­qui­lo, famoso por sus playas trop­i­cales y sus vol­canes activos. Sin embar­go, durante sig­los estas islas del Pací­fi­co fueron vis­tas por los europeos como un lugar mis­te­rioso y peli­groso. Los primeros nave­g­antes que lle­garon a este archip­iéla­go en el siglo XVII encon­traron comu­nidades que ape­nas habían tenido con­tac­to con el mun­do exte­ri­or y cuyas cos­tum­bres resulta­ban incom­pren­si­bles para los vis­i­tantes occi­den­tales.

A lo largo de los sig­los XIX y prin­ci­p­ios del XX, explo­radores, com­er­ciantes y misioneros pro­tag­oni­zaron encuen­tros que, en oca­siones, ter­mi­naron en episo­dios vio­len­tos o extraños. Muchas de estas his­to­rias con­tribuyeron a ali­men­tar la leyen­da de que Van­u­atu era un ter­ri­to­rio sal­va­je y remo­to donde la vida seguía regi­da por nor­mas muy dis­tin­tas a las euro­peas.

El archip­iéla­go fue avis­ta­do por explo­radores europeos en el siglo XVII pero durante mucho tiem­po las islas per­manecieron rel­a­ti­va­mente ais­ladas. La geografía frag­men­ta­da del país —dece­nas de islas sep­a­radas por largas dis­tan­cias— hacía que cada comu­nidad desar­rol­lara sus propias tradi­ciones. Cuan­do los europeos comen­zaron a vis­i­tar­las con may­or fre­cuen­cia en el siglo XIX, se encon­traron con una enorme diver­si­dad cul­tur­al. Algu­nas comu­nidades eran hos­pi­ta­lar­ias, mien­tras que otras reac­ciona­ban con descon­fi­an­za o inclu­so hos­til­i­dad hacia los extran­jeros.

Durante el siglo XIX numerosos misioneros cris­tianos lle­garon a las islas con la inten­ción de evan­ge­lizar a las comu­nidades locales. Algunos lograron estable­cer rela­ciones pací­fi­cas con los habi­tantes pero otros se enfrentaron a situa­ciones extremada­mente difí­ciles. Las bar­reras cul­tur­ales, las enfer­medades y los con­flic­tos con comu­nidades que descon­fi­a­ban de los extran­jeros provo­caron que var­ios misioneros perdier­an la vida en el inten­to de estable­cer misiones reli­giosas.

Estos episo­dios ali­men­ta­ron aún más la ima­gen de Van­u­atu como un lugar remo­to y peli­groso para los europeos de la época. Sin embar­go, con el paso del tiem­po muchas comu­nidades adop­taron el cris­tian­is­mo, que hoy con­vive con las tradi­ciones ances­trales en gran parte del país. No era extraño: durante aque­l­la época muchos bar­cos lle­ga­ban para reclu­tar tra­ba­jadores a la fuerza para planta­ciones en Aus­tralia o Fiyi, una prác­ti­ca cono­ci­da como black­bird­ing. Estos secue­stros provo­caron ten­siones y enfrentamien­tos que mar­caron pro­fun­da­mente la relación entre los isleños y los vis­i­tantes occi­den­tales.

El pasa­do del cani­bal­is­mo en las islas

Uno de los aspec­tos que más fascinó —y hor­ror­izó— a los primeros via­jeros fue la exis­ten­cia de prác­ti­cas de cani­bal­is­mo en algu­nas comu­nidades de Melane­sia, inclu­i­da parte del ter­ri­to­rio de lo que hoy es Van­u­atu. De ello ya te hablé en el artícu­lo sobre des­ti­nos donde antigua­mente se prac­ti­ca­ba el cani­bal­is­mo

En muchos casos, la antropofa­gia no esta­ba rela­ciona­da con la ali­mentación cotid­i­ana, sino con rit­uales sim­bóli­cos o con guer­ras entre tribus. Con­sumir partes del ene­mi­go der­ro­ta­do podía inter­pre­tarse como una for­ma de absorber su fuerza o de demostrar poder. Aunque estas prác­ti­cas desa­parecieron hace mucho tiem­po, las his­to­rias sobre ellas se extendieron ráp­i­da­mente en Europa y con­tribuyeron a crear la ima­gen de las islas del Pací­fi­co como ter­ri­to­rios peli­grosos y mis­te­riosos.

Hoy en día, este pasa­do for­ma parte de la his­to­ria cul­tur­al del archip­iéla­go pero ya no tiene pres­en­cia en la vida mod­er­na de Van­u­atu. Afor­tu­nada­mente.

Fotografía antigua de misioneros cristianos rodeados de guerreros tribales en una aldea de Melanesia

Selvas tropicales casi intactas

Gran parte de las islas de Van­u­atu están cubier­tas por den­sas sel­vas trop­i­cales que alber­gan una bio­di­ver­si­dad notable. Estas sel­vas son el hog­ar de numerosas especies de aves, rep­tiles y pequeños mamífer­os. Aunque Van­u­atu no posee grandes ani­males ter­restres como los que se encuen­tran en otros con­ti­nentes, su fau­na incluye mur­ciéla­gos frugívoros, aves trop­i­cales y una gran var­iedad de insec­tos.

Para muchos vis­i­tantes, lo más impre­sio­n­ante no es tan­to la fau­na ter­restre como la sen­sación de cam­i­nar por bosques prác­ti­ca­mente intac­tos. Las cas­cadas apare­cen escon­di­das entre la veg­etación, for­man­do pisci­nas nat­u­rales de agua cristali­na.

Un paraíso para el buceo

Si la nat­u­raleza ter­restre de Van­u­atu es impre­sio­n­ante, el mun­do sub­mari­no que rodea el archip­iéla­go es igual­mente espec­tac­u­lar. Las aguas del Pací­fi­co que rodean estas islas alber­gan arrecifes de coral extremada­mente bien con­ser­va­dos. Estos eco­sis­temas mari­nos son el hog­ar de cien­tos de especies de peces trop­i­cales, tor­tu­gas mari­nas y otras criat­uras mari­nas.

Uno de los grandes atrac­tivos del país para los buceadores es el pecio del SS Pres­i­dent Coolidge, un enorme bar­co de trans­porte mil­i­tar esta­dounidense que se hundió durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al cer­ca de la isla de Espir­i­tu San­to. El bar­co, de más de 200 met­ros de lon­gi­tud, se ha con­ver­tido en uno de los sitios de buceo más famosos del mun­do. Los buceadores pueden explo­rar dis­tin­tas sec­ciones del bar­co mien­tras obser­van cómo la vida mari­na ha col­o­niza­do lenta­mente la estruc­tura.

Además de pecios históri­cos, el archip­iéla­go cuen­ta con arrecifes llenos de corales, cuevas sub­mari­nas y pare­des vol­cáni­cas que descien­den hacia las pro­fun­di­dades del océano.

Arrecife de coral con peces tropicales y tortuga marina en aguas cristalinas del Pacífico

Playas que parecen sacadas de una postal

Aunque el paisaje vol­cáni­co dom­i­na muchas de las islas, Van­u­atu tam­bién posee algu­nas playas que rival­izan con las más famosas del Pací­fi­co.

La más cono­ci­da es Cham­pagne Beach, en la isla de Espir­i­tu San­to. Su are­na blan­ca y sus aguas trans­par­entes la con­vierten en una de las playas más espec­tac­u­lares del archip­iéla­go. El nom­bre proviene de un curioso fenó­meno nat­ur­al. En algu­nas zonas del fon­do mari­no emer­gen pequeñas bur­bu­jas de gas vol­cáni­co que hacen que el agua parez­ca efer­ves­cente, como si estu­viera llena de dimin­u­tas bur­bu­jas de cham­pán.

Sin embar­go, lo que real­mente hace espe­cial a muchas playas de Van­u­atu es su tran­quil­i­dad. A difer­en­cia de otros des­ti­nos trop­i­cales donde los resorts dom­i­nan la cos­ta, aquí todavía es posi­ble encon­trar playas prác­ti­ca­mente desier­tas. En muchos casos, los úni­cos sonidos que se escuchan son las olas rompi­en­do en la oril­la y el vien­to movien­do las palmeras.

Un destino todavía fuera del turismo masivo

Quizá uno de los may­ores tesoros nat­u­rales de Van­u­atu es pre­cisa­mente el hecho de que todavía no ha sido inva­di­do por el tur­is­mo masi­vo. Lle­gar has­ta el archip­iéla­go requiere tiem­po y var­ios vue­los, lo que hace que el número de vis­i­tantes sea rel­a­ti­va­mente reduci­do si se com­para con otros des­ti­nos del Pací­fi­co. Esto sig­nifi­ca que gran parte de sus paisajes siguen man­te­nien­do un carác­ter autén­ti­co y poco alter­ado.

Para quienes bus­can nat­u­raleza sal­va­je, vol­canes activos y playas tran­quilas lejos de las mul­ti­tudes, Van­u­atu sigue sien­do uno de los secre­tos mejor guarda­dos del Pací­fi­co Sur.

Cómo llegar a Vanuatu

Via­jar a Van­u­atu no es tan sen­cil­lo como vis­i­tar otros des­ti­nos del Pací­fi­co más cono­ci­dos como las islas de la Poli­ne­sia. Su rel­a­ti­va lejanía y la escasa fre­cuen­cia de vue­los inter­na­cionales hacen que lle­gar has­ta este archip­iéla­go requiera algo de plan­i­fi­cación. Sin embar­go, pre­cisa­mente esa difi­cul­tad es una de las razones por las que el país sigue sien­do un des­ti­no poco masi­fi­ca­do.

El prin­ci­pal pun­to de entra­da al país es el Aerop­uer­to Inter­na­cional Bauer­field, situ­a­do cer­ca de la cap­i­tal, Port Vila, en la isla de Efate.

La may­oría de los via­jeros lle­ga a Van­u­atu des­de otros país­es del Pací­fi­co Sur o des­de Aus­tralia. Las conex­iones más habit­uales sue­len realizarse des­de:

  • Bris­bane o Síd­ney (Aus­tralia)

  • Auck­land (Nue­va Zelan­da)

  • Fiji

Des­de Europa el via­je suele implicar dos o inclu­so tres escalas, nor­mal­mente en Asia o Aus­tralia, antes de con­tin­uar hacia el Pací­fi­co Sur. Aunque el trayec­to puede ser largo, muchos via­jeros aprovechan el via­je para com­bi­nar var­ios des­ti­nos en la región, como Aus­tralia, Nue­va Zelan­da o Fiji.

Cuándo viajar

El cli­ma de Van­u­atu es trop­i­cal, lo que sig­nifi­ca que las tem­per­at­uras se mantienen cál­i­das durante todo el año. Sin embar­go, exis­ten dos grandes esta­ciones:

  • tem­po­ra­da seca (aprox­i­mada­mente de Mayo a Octubre)

  • tem­po­ra­da húme­da (de Noviem­bre a Abril)

La tem­po­ra­da seca suele ser el mejor momen­to para via­jar, ya que las llu­vias son menos fre­cuentes y el cli­ma resul­ta más agrad­able para explo­rar las islas. Durante la tem­po­ra­da húme­da pueden pro­ducirse tor­men­tas trop­i­cales e inclu­so ciclones en algunos años, aunque tam­bién es una época en la que la veg­etación alcan­za su máx­i­mo esplen­dor.

Cómo moverse entre islas

Moverse den­tro de Van­u­atu puede con­ver­tirse en una pequeña aven­tu­ra. El archip­iéla­go es bas­tante exten­so y muchas islas están sep­a­radas por largas dis­tan­cias oceáni­cas.

Los desplaza­mien­tos entre islas sue­len realizarse medi­ante pequeños vue­los domés­ti­cos y bar­cos o fer­ris.

La com­pañía aérea local conec­ta varias de las islas prin­ci­pales, aunque los horar­ios pueden ser lim­i­ta­dos. Por esta razón muchos via­jeros sue­len cen­trarse en vis­i­tar dos o tres islas durante su via­je en lugar de inten­tar recor­rer todo el archip­iéla­go.

Cuánto cuesta alojarse en Vanuatu

Dormir en Van­u­atu no es espe­cial­mente bara­to. A difer­en­cia de des­ti­nos del sud­este asiáti­co, donde abun­dan los alo­jamien­tos económi­cos, en este archip­iéla­go del Pací­fi­co la ofer­ta es lim­i­ta­da y muchos pro­duc­tos se impor­tan, lo que encar­ece bas­tante los pre­cios.

Pequeño hotel tropical en Vanuatu con terraza y vistas al océano rodeado de palmeras

🛏️ Alo­jamien­tos baratos

Las opciones más económi­cas sue­len ser guest­hous­es, pequeños mote­les o alo­jamien­tos famil­iares.

  • Des­de 25–40 € por noche en habita­ciones muy bási­cas.

  • En Port Vila se han encon­tra­do hote­les des­de unos 28–36 $ por noche.

  • En bus­cadores de hote­les apare­cen opciones des­de unos 40–50 $ la noche.

Este tipo de alo­jamien­tos sue­len ten­er ven­ti­lador en lugar de aire acondi­ciona­do y ser­vi­cios muy sen­cil­los.

🏨 Hote­les de gama media

Es la opción más habit­u­al entre via­jeros.

  • Entre 90 y 150 € por noche en hote­les de 3 estrel­las.

  • El pre­cio medio de hote­les de gama media ron­da 127–134 $ por noche.

  • En Port Vila, el pre­cio medio de un hotel de 3 estrel­las ron­da unos 147 € por noche.

Muchos incluyen pisci­na, restau­rante y vis­tas a la lagu­na.

🌴 Resorts y hote­les de lujo

Van­u­atu tam­bién tiene resorts espec­tac­u­lares frente al mar.

  • Entre 200 y 500 € por noche en resorts de playa.

  • Algunos com­ple­jos cos­teros comien­zan alrede­dor de 222–248 $ por noche, aunque pueden super­ar los 500 $ en resorts exclu­sivos.

Muchos de estos hote­les están en islas pri­vadas o en lagu­nas corali­nas.

📊 Pre­cio medio ori­en­ta­ti­vo

  • Habita­ciones des­de 40–55 $ en hote­les sen­cil­los.

  • Habita­ciones de 4 estrel­las des­de 150 $ o más.

  • El gas­to medio en alo­jamien­to repor­ta­do por via­jeros puede super­ar los 400 $ por noche por per­sona en algunos casos, espe­cial­mente en resorts.

Van­u­atu: uno de los últi­mos secre­tos del Pací­fi­co

En un mun­do donde muchos des­ti­nos par­adis­ía­cos han sido trans­for­ma­dos por el tur­is­mo masi­vo, Van­u­atu con­ser­va algo que resul­ta cada vez más difí­cil de encon­trar: aut­en­ti­ci­dad. Este archip­iéla­go del Pací­fi­co Sur sigue sien­do un lugar donde las tradi­ciones ances­trales con­viv­en con la mod­ernidad, donde las aldeas tradi­cionales no son una recreación para tur­is­tas sino parte real de la vida cotid­i­ana.

Las islas de Van­u­atu no tienen la fama de Bora Bora ni los lujosos resorts de las Mal­divas. En lugar de grandes com­ple­jos hotele­ros, el vis­i­tante encuen­tra pequeños pueb­los, sel­vas den­sas, vol­canes activos y playas tran­quilas donde a veces parece que el tiem­po se ha detenido. Quizá por eso muchos via­jeros que lle­gan has­ta aquí tienen la sen­sación de estar des­cubrien­do un lugar que todavía con­ser­va algo del espíritu explo­rador que durante sig­los atra­jo a nave­g­antes y aven­tureros al Pací­fi­co.


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