El mayor osario de España y el único visitable. Gustándonos como nos gustan (¡mucho!) los temas macabros (y sabiendo lo mucho que también os gustan a vosotros), era una visita que teníamos planificada desde hace tiempo. Ya habíamos conocido lugares similares en Roma, en la Cripta de los Capuchinos , en la Capela dos Ossos en Évora o en la que hay en el Algarve portugués , en la cripta que hay en la iglesia de San Francisco en Oporto e incluso las catacumbas de París, de las que hablamos en nuestro viaje a la capital francesa o en el artículo Descubriendo los lugares más insólitos de París. Pero aún teníamos pendiente conocer de primera mano el que en mi opinión es uno de los lugares más siniestros de este país. Que, curiosamente, se encuentra en el único pueblo de España que comienza con la letra W, Wamba, en la provincia de Valladolid.

El osario de Wamba no es el único que podemos encontrar en España. De hecho, hace sólo unos meses, a raíz de unas obras en la iglesia de la Asunción en Valdepeñas, se descubría un gigantesco osario que guardaba los restos de más de 5.000 cadáveres. Parece mentira que bajo tierra pudiera yacer una cantidad de personas mayor que la población de muchos pueblos y nadie se hubiera percatado de ello.

También en Toledo se recuperaron 58 momias en la iglesia de San Andrés, todas en excelente estado de conservación. Se cree que provenían de un cementerio cercano y que se abandonaron en la cripta de la iglesia por una huelga de enterradores. La mayoría de los cuerpos, muchos de ellos aún vestidos, son de mujeres y se desconoce la causa exacta de su muerte, aunque sí cuando se produjo esta (entre 1810 y 1820). En breve serán expuestas tras un cristal que proteja la cripta, para contemplar las catacumbas desde arriba y así para prevenir su deterioro. Aunque la momia más conocida de la ciudad es la de Sanchito, un niño de sólo siete años, hijo de Pedro el Cruel, que presuntamente fue envenenado para impedir su acceso al trono y que se encuentra en el Monasterio de Santo Domingo el Real. Y todo esto por no hablar del osario más conocido de España, últimamente de plena actualidad. ¿Aún no adivinas cuál es ?Efectivamente: el Valle de los Caídos. Casi 34.000 víctimas de la Guerra Civil enterradas junto al dictador responsable de su muerte, bajo un monumento que produce escalofríos.

Los osarios, para el que desconozca su función, son recintos donde se acumulan los huesos de los fallecidos. La existencia de osarios por todo el mundo data de hace miles de años. Son muchas las diferentes civilizaciones que los han usado en sus ritos funerarios, obligadas en muchos casos por el excedente de cadáveres. En la antigüedad, los judíos que vivían en Israel, por poner un ejemplo, untaban los cadáveres con aceites y perfumes, esperaban a que se descompusieran y posteriormente guardaban los huesos en pequeñas cajas ricamente decoradas y en las que se solía introducir algún objeto personal del difunto. Aunque esta práctica os parezca macabra, en la actualidad son muchas las familias que cuando incineran a sus seres queridos, guardan sus cenizas en urnas, por lo que como veis, tampoco han variado mucho las tradiciones. En las cajas judías lo último que se colocaba era una calavera sobre dos fémures cruzados, lo que empuja a entender este símbolo que ahora se asocia a lugares peligrosos.

Sin embargo, pese a que desde tiempos neolíticos la exhibición de los huesos iba unida a los ritos funerarios, fueron los cristianos los que se aficionaron a este tipo de prácticas y quienes empezaron a popularizar osarios y catacumbas a partir del siglo II. Hay que tener en cuenta que a menudo muchas de estas catacumbas servían no sólo como enterramientos subterráneos y lugares de reunión para la celebración de ritos religiosos. Además eran infalibles como escondrijos cuando los romanos comenzaron a perseguir a los cristianos: muchos de ellos acabaron sirviendo de alimento para tigres y leones en los circos.

Los cristianos no creían en la incineración de los cadáveres sino en el enterramiento. Y además, este debía hacerse en suelo sagrado, alrededor de las iglesias, ya que esta era la forma más efectiva de alcanzar el paraíso (o al menos eso es lo que se intentaba hacer creer a los feligreses). Era tal la obsesión de yacer para el resto de la eternidad en suelo sagrado que en muchas ocasiones se enterraba a la gente clandestinamente (generalmente detrás del retablo) o se recurría a sobornos a los propios párrocos para que hicieran la vista gorda.

Osario Wamba
Osario de Wamba

Esto limitaba muy mucho el terreno destinado a los cementerios y rapidamente se comenzó a sufrir un grave problema: la saturación. El asunto empeoró en el siglo XIV, cuando la Peste Negra dejó tras de sí millones de cadáveres. Fue por ello que empezó a quedar claro que los osarios eran inevitablemente necesarios por una cuestión de salud pública y constituían la única forma de impedir la propagación de mortíferas epidemias.

De ahí a convertir algunos osarios en terroríficas obras de arte sólo había un paso. Que se lo digan a los antiguos turcos, los otomanos, que en las batallas acumulaban cabezas de los enemigos, formando colinas, para atemorizar al ejército rival. El miedo a la muerte siempre ha sido muy útil cuando detrás había razones políticas o religiosas.

Aparte de los osarios que os comentábamos al principio del artículo que habíamos visitado, hay otros muchos que han utilizado los restos óseos de miles de personas para dar forma a estos monumentos inigualables. Que os pueden gustar más o menos (a nosotros nos encantan) pero nadie les puede negar su singularidad. Es el caso de los osarios del bonito pueblo austriaco de Hallstatt (donde los 600 cráneos están identificados con su fecha de nacimiento y fallecimiento), la capilla de las calaveras de Czermna en Polonia (el techo cubierto de cráneos y tibias da pavor) o los de Kutná-Hora  y Brno en la República Checa, este último el segundo más grande de Europa después de las catacumbas de París.

Como habréis comprobado más de una vez en el blog, hemos dedicado más de un artículo a esos viajes siniestros en los que buscábamos el lado más oscuro del turismo. Ha sido el caso de Lugares de USA donde pasar auténtico miedoCastillo de Cachtice, hogar de la vampira Condesa BathoryEl cementerio de las prostitutas de LondresEl lado más oscuro del Monasterio del Escorial o Los pueblos donde vivían las brujas en España . Así que continuaremos con la tradición  y para ello era obligación irnos a la provincia de Valladolid para conocer el osario de Wamba.

Wamba es un minúsculo pueblo de Valladolid de poco más de 300 habitantes, ubicado en la comarca de los Montes Torozos, que bien merece una escapada de fin de semana si buscas rincones que se salgan de lo típico. Su propio nombre es una curiosidad en sí mismo: proviene de un rey visigodo que fue aquí coronado, enterrado después en la Catedral de Toledo, y que sucedió al anterior, Recesvinto. La curiosidad de la monarquía visigoda es que no se regía por razones sanguíneas sino que el pueblo escogía como rey al hombre que demostrara que contaba con más capacidades para cuidar de la comunidad. Wamba formaba parte de los múltiples caminos de Santiago (aclaramos que aunque parezca actualmente que sólo existe una ruta para realizar la peregrinación, antiguamente existían varias).

Pero lo que hace de Wamba un lugar realmente especial es la pequeña iglesia mozárabe de Santa María de la O y el osario de San Juan. Ambos pueden visitarse los fines de semana de 10:00 a 13:30, con la ventaja de contar con un guía que no sólo nos hizo la visita más amena sino que además nos descubrió los secretos de este lugar tan particular.

Se cree que la iglesia de Wamba debió ser construida alrededor del siglo X por los mozárabes, los cristianos que aunque mantenían su religión, vivían bajo gobierno musulmán en aquella época. Estos llegaron desde las tierras vecinas de Asturias pero también desde Al-Andalus y su influencia se puede percibir en el interior, con arcos muy similares a los de la Mezquita de Córdoba. El interior de la capilla tiene otras particularidades, como que aún se puedan observar los agujeros donde se instalaba la barrera física que separaba a los monjes de los fieles y en cuyo lugar actualmente se encuentra un altar mucho más moderno, de poco más de treinta años. También si te fijas verás aún las marcas de los canteros en muchas de las piedras y pinturas de animales carcomidas por el tiempo, así como al que se conoce como “hombre verde” y que pudiera ir asociado a una divinidad celta. Otra de las curiosidades es que en el patio interior hay unas viejas celdas donde se cuenta que se recluyó voluntariamente Doña Urraca de Portugal, quien decidió formar parte de la Orden de San Juan tras ser repudiada por su marido Fernando de León debido a la consanguinidad existente (eran primos segundos).

En un patio trasero, ahora ya sí, nos espera el siniestro osario de San Juan. Un recinto que nació en el siglo XIII y que durante siglos sirvió para acumular las osamentas de fallecidos de todo tipo de condición social, monjes incluidos: se cree que la cifra de esqueletos llegó a acercarse a los 3.000. Aunque originalmente se debió concebir como un lugar de reposo para los frailes, la acumulación de fallecidos que vivían en el pueblo, principalmente campesinos y los muertos de algunos hospitales medievales cercanos, la saturación obligó a los lugareños a utilizarlo como osario para la población civil. Pero no sólo se guardaban las osamentas de los vecinos. Hay que recordar que los que aquí vivían eran monjes hospitalarios, pertenecientes a una congregación que se ocupa de cuidar a los peregrinos que caían enfermos. Estas órdenes hospitalarias eran muy comunes en la antigüedad, siendo algunas de las más notables las de los Caballeros de Jerusalén o la Orden Teutónica.

La que se conocía como capilla de las almas se ubica en una pequeña habitación  abovedada que durante muchos años se mantuvo cerrada al público por el pésimo estado de conservación en el que se encontraba (se llegó a derrumbar una pared entera), por lo que podemos sentirnos afortunados por tener la oportunidad de visitarla. En el osario se conservaba una inscripción que reza “como te ves, yo me vi, como me ves, te verás, todo acaba en esto aquí, piénsalo y no pecarás”. Esta frase simboliza perfectamente la función de los osarios: plasmar de un modo gráfico la temporalidad de la vida.

En el siglo XVIII, tras más de 500 años acumulando cadáveres, se decidió sacar buena parte de ellos para que dieran forma a este curioso osario. Muchos de los esqueletos pertenecían a mujeres y niños, os daréis cuenta enseguida al observar como las calaveras son algo más pequeñas. Había acumulada tal cantidad de huesos que acabada la Guerra Civil, el célebre Gregorio Marañón sacó dos camiones de huesos para llevarlos a la Universidad de Anatomía de Madrid y que los estudiantes los utilizaran en sus prácticas, para de paso confirmar el origen exacto de los huesos. Posteriormente, y esto sí que es otra curiosidad, es que fueron los propios vecinos del pueblo los que se ocuparon de la conservación y el mantenimiento del osario, al que estaba devorando la humedad. Hasta entonces era tal el estado de abandono que los huesos se encontraban desparramados por el suelo y los niños del pueblo jugaban con ellos, sin ser conscientes de lo que realmente eran ni significaban.

La mañana que visitamos el osario el cielo estaba negro como boca de lobo y lloviznaba: no podíamos imaginar un clima más acorde para nuestra visita. Un escalofrío recorría la espalda cuando entrabas en esta pequeña sala de seis metros de altura y miraras donde miraras, lo único que veías eran fémures, tibias y calaveras. Lo único que quedaba a salvo de tan macabro revestimiento era la techumbre, que en el pasado también estuvo cubierta de huesos. Sobrecogía estar en un lugar donde la muerte era la auténtica protagonista y donde los allí presentes, apenas una decena de personas, apenas nos atrevíamos a respirar. Era el testimonio único de una verdad indiscutible: cuando nos llega la hora, todos somos iguales.

4 comentarios

  1. ¡Qué interesante como siempre! Gracias a este artículo he recordado que estuve aquí de pequeña, he tenido que preguntarle a mi padre si era en Wamba donde estuvimos. Me encanta aunque eso sí, la inscripción sobre la temporalidad de la vida me ha dado un poco de “yuyu”. Un saludo!

  2. Author

    Ro, es un lugar espectacular, a nosotros nos pareció fascinante. Supongo que de niña te impactaría aún más!

  3. Muy interesante todo el relato . Nosotros estuvimos hace años en Évora y nos impactó bastante. Recuerdo la inscripción que allí había: ” los huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos” que yuyu…
    saludos

  4. Author

    La de Evora es alucinante y aún mayor que la de Wamba, a nosotros nos gustó un montón. Un abrazo!

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