La Rioja

Vete a la otra punta del mundo. A Australia, Chile o Sudáfrica, por poner un ejemplo y como quien no quiere la cosa. Menciona la palabra «Rioja» y sabrán de qué estás hablando, aunque tu interlocutor no chapurree ni una palabra de castellano. Y es que pocas regiones en el planeta van tan asociadas a un producto autóctono. El vino ha dado fama mundial a La Rioja (con toda la razón merecida) y buena parte de su población vive del, por y para el preciado néctar. Pero La Rioja es mucho más que tierras inabarcables colmadas de viñedos.

Esta maravillosa región, que ejerció durante siglos como frontera entre cristianos y musulmanes y posteriormente entre castellanos y navarros, tiene en su haber un patrimonio artístico, histórico y cultural envidiable. Sumémosle a ello unos paisajes naturales extraordinarios, rutas turísticas altamente interesantes y una gastronomía que poco ha de envidiar a la de su vecina vasca y tendremos el cocktail ideal para planificar la escapada nacional perfecta. Cierto es que abarcar la provincia completa en un fin de semana es harto complicado pero este itinerario que os proponemos (y que nosotros mismos llevamos a la práctica) puede servir como inmejorable primera toma de contacto. Esperamos que lo disfrutes.

 

Ezcaray

En nuestro caso, elegimos como base el precioso pueblecito de Ezcaray, al suroeste de la provincia. Una pequeña villa de poco más de 2.000 habitantes, escondida en el valle del Oja y bastante conocida por tener una de las mejores pistas de esquí del norte de nuestro país, con más de 22 kilómetros esquiables. Para dormir escogimos el Apartamento Gallarza , con capacidad para cinco personas. Tiene la ventaja de estar en pleno centro del pueblo y cuenta con plaza de garaje propia (aunque como era bastante complicada para aparcar, al final sólo la usamos la primera noche y la segunda aparcamos fuera). Las dos noches nos salieron por 160 euros.

Ezcaray está ubicado en un enclave encantador a nivel natural, rodeado de bosques de robles y pinos y a mil metros de altura. Como viajamos en pleno verano y veníamos huyendo de una ola de calor madrileño de esas de las de ríete de los que alicataban las pirámides, suspiramos de alegría al comprobar la primera noche que íbamos a dormir arropaditos ¡qué ilusión! Buena culpa de ese frescor la tiene el río Oja, del que se dice que da nombre precisamente a La Rioja.

Rio Oja Ezcaray

Aunque su nombre oficial sea la Plaza del Conde de Torremúzquiz, todo el mundo la conoce como la Plaza del Quiosco, precisamente por el quiosco de piedra donde en ciertas ocasiones toca la banda municipal de música. Es increíble el ambientazo que puede haber aquí los fines de semana ¡no se podía ni andar! Y es que si en general en España nos encanta salir de alterne, en Ezcaray lo que cuesta es que la gente entre en casa. Dado que la cultura del vino está de lo más arraigada, es comprensible comprobar que la costumbre del poteo (ir de bar en bar tomando potes de vino) más que una tradición, es una religión. Ni siquiera hace falta, como en otros lugares del país, que caiga el sol para tomar los primeros aperitivos. Aquí desde primeras horas de la mañana ya comienzan a llenarse las terrazas: nosotros precisamente aprovechábamos para desayunar al aire libre, visto lo agradable que era el ambiente.

Como podéis ver en las fotografías, la Plaza del Quiosco es, con razón, uno de los rincones más bonitos del pueblo. Con su diseño totalmente irregular, sus soportales llenos de bares y restaurantes y las coloridas casonas de piedra, es una delicia para la vista.

Ezcaray

En la otra plaza principal, la de la Verdura, aún se conserva la Argolla de Fuero, herencia de una curiosa tradición que daba cobijo a delincuentes y malhechores hace siglos. Si alguien había cometido un delito y tocaba dicha argolla, se le concedían dos días de gracia (de ventaja al fin y al cabo) para escapar antes de que la Justicia decidiera ir tras ellos.

A partir del siglo XVII, Ezcaray comenzó a adquirir renombre por la industria textil, ya que la lana de sus ovejas estaba considerada de las mejores de Europa. La Real Fábrica de Paños de Santa Bárbara estuvo en activo muchos años, hasta que los dueños se arruinaron y hoy el grandísimo edificio da cobijo al ayuntamiento y al teatro de la localidad. Sin embargo, sí ha perdurado la empresa de Cecilio Valgañón, que desde 1930 viene fabricando las que se dice son las mantas de más calidad de España: Mantas Ezcaray. Nosotros entramos a echar un ojo a la tienda, que estaba justo al lado de nuestro apartamento. Son caras (una media de 150 euros) pero ojo que vas a tener manta para que se arropen con ella hasta tus nietos. Y es el mejor souvenir que puedes llevarte de Ezcaray.

Ezcaray

Ezcaray es pequeñito, muy acogedor, y es de lo más placentero dejarse perder por sus callejones. Bellísimo pueblo de montaña, tan emparentado a nivel arquitectónico con sus hermanos vascos y navarros, te sorprenderá con la cantidad de palacetes y mansiones señoriales que alberga en su interior. La mayoría pertenecen al periodo del siglo XVIII, como el Palacio de Azcárate (perteneciente a terratenientes militares), la Casa de los Gil de la Cuesta, el Palacio del Ángel o el Palacio del Arzobispo Barroeta. 

Ezcaray

 

¿Dónde comer en Ezcaray?

Fork and Knife with Plate on OpenMoji 13.1

Andaos con ojo si estáis en el pueblo en fin de semana porque o vais pronto o reserváis o es casi imposible encontrar mesa. Nos sorprendió mucho ver cómo en la mayoría de las calles del centro las terrazas estaban abarrotadas (y eso pese a que las noches eran frescas, se necesitaba chaqueta y el clima casi invitaba a comer en el interior). Nuestras recomendaciones son dos:

 

Jamón Jamón : Al principio de la calle Arzobispo Barroeta. Decidimos cenar en el salón de abajo, en el sótano, y todo un acierto. Pulpo, parrillada de verdura y revuelto de setas. Exquisito todo pero aún así lo insuperable fueron las tartas caseras, especialmente la de chocolate.

El Refugio: En la calle Carnicerías. Otro gran descubrimiento. Aquí recomendamos atreverse con el bacalao a la riojana: espectacular. Es curioso que aunque La Rioja no tenga mar, uno de los platos estrella de la gastronomía local sea a base de pescado. El secreto está en los pimientos secos choriceros.

👉 Uno de los platos más típicos de Ezcaray (y de La Rioja en general) son los caparrones, una legumbre oriunda de aquí, parecida a las alubias, que pasa por un proceso de secado previo, aunque se dejan también en remojo antes de prepararlas. Se suelen tomar sobre todo en invierno por su alto contenido calórico pero verás que en muchos restaurantes las ofrecen en el menú incluso en verano.

¿Sabías que en Ezcaray se rodó la serie «Olmos y Robles»? A mí, he de reconocerlo, me parecía mala de solemnidad (creo que aguanté medio capítulo) pero lo cierto es que dio mucha popularidad a Ezcaray y logró que muchos espectadores se enamoraran perdidamente de este pueblo encantador. Desde entonces, bastante gente viaja hasta Ezcaray con la intención de fotografiarse frente al Hostal de Cata (restaurante Masip), el cuartel (restaurante La Estación) o la ermita de Allende.

 

Monasterio de Yuso

Nuestra siguiente parada sería en el magnífico Monasterio de Yuso.  Se  encuentra al fondo de un valle, junto al río Cárdenas, en el término municipal del pueblo de San Millán de la Cogolla. Junto al Monasterio de Suso, Yuso es desde el año 1997 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Teníamos intención de visitar los dos pero con el tema de la pandemia, se había restringido el aforo y para acceder al de Suso, situado en lo alto de una colina («suso» deriva de «sursum», que en latín es «de arriba» y «yuso» de «deorsum», abajo), debíamos esperar a la visita guiada de las cuatro de la tarde. Al ser tan pequeñito, los grupos sólo podían ser de 17 personas. ¿Conclusión? Que para no sacrificar el resto de la jornada, ya que queríamos continuar el itinerario por La Rioja, decidimos no ver Suso, del que no ponemos en duda su valor histórico pero en realidad es minúsculo. Así que dedicamos la primera parte de la mañana al Monasterio de Yuso que, eso sí, nos pareció espectacular.

Al Monasterio de Yuso se le pueden acatar muchos hechos memorables pero indiscutiblemente el más importante es que fue allí, en este lugar perdido en medio de las frías tierras riojanas, donde por primera vez aparece escrito el idioma castellano (y, curiosamente, también el euskera). Hablamos del Códice Emilianense, una enciclopedia de hace un milenio donde un copista anónimo anotó en los márgenes y entre líneas sencillas glosas de romance. Era el año 964. Dos siglos después, en este mismo monasterio Gonzalo de Berceo escribiría el primer poema en castellano, «Milagros de Nuestra Señora».

La historia del monasterio arranca en el siglo VI, cuando un pastor de Berceo, Emiliano de Millán, se retiró a vivir a una cueva; les seguirían después otros tres discípulos, entregados a la vida eremítica. En esa gruta se construiría el primer monasterio (el de Suso), en homenaje aquel pastor que pasó a convertirse en San Millán y patrón de la antigua Castilla. Actualmente el monasterio de Suso se encuentra desocupado y sin actividad religiosa. En Yuso, sin embargo, aún vive una pequeña comunidad de monjes agustinos que se encarga, aparte de hacer vida monástica, de las visitas al monasterio

Citando justamente las visitas, estas sólo se pueden hacer en grupo y con un guía, por lo que no sólo se aseguran de que se respete todo el patrimonio sino que además resultan mucho más interesantes porque te explican detalladamente la historia de Yuso. Se accede por un patio rodeado de enormes muros que preside la fachada principal, con un relieve de San Millán. Comenzamos por la visita por el Salón de Reyes, donde se expone una copia del Códice 60 (el original se encuentra en Madrid en la Real Academia Española de la Historia), que contenía  las Glosas Emilianenses, las primeras palabras escritas en castellano y euskera que comentábamos con anterioridad. También se encuentra un busto con la efigie de la reina Isabel la Católica.

Aquí abajo puedes admirar el extraordinario claustro del monasterio, de estilo renacentista y bóvedas góticas. En la parte superior se encuentran 24 lienzos de José Vexes, la mayoría de ellos inspirados en la obra y vida de San Millán.

Monasterio Yuso

Intenté quedarme rezagada del grupo un momento para disfrutar unos instantes en soledad de los paseos por el monasterio. La imagen lo dice todo.

Monasterio Yuso

La sacristía de Yuso está considerada una de las más bonitas de España. Los monjes consiguieron que los frescos del techo se mantuvieran intactos debido a la utilización de alabastro para la elaboración de las baldosas del suelo, que absorbe la humedad y mantiene una temperatura óptima.

Monasterio Yuso

Durante la hora aproximada que dura la visita, pudimos constatar con el celo que se guardan los enormes cantorales (los libros que los coros usaban en las iglesias y cuyo enorme tamaño respondía a la necesidad de poder leerlos a distancia). Algunos de estos libros podían llegar a pesar cerca de 70 kilos. Los de Yuso tienen la curiosidad de estar escritos con tinta de vino. También muy interesante la sala de exposiciones donde se muestran las arcas con bellísimos relieves de marfil donde entre otras joyas descansan los restos de San Millán, que en un principio se encontraban en el Monasterio de Suso.

Tarifas

GENERAL: 7,00 euros

JUBILADOS (+ de 65 años): 5,00 euros

GRUPOS (+ de 20 personas): 4,50 euros

NIÑOS (de 7 a 15 años): 3,00 euros

NIÑOS MENORES DE 7 AÑOS: Gratis

Horario de verano

Desde Jueves Santo (Semana Santa) hasta septiembre (incluido)

MAÑANA: 10,00 – 13,30 horas

TARDE: 16,00 – 18,30 horas

Mes de agosto todos los días abierto (excepto 28 de agosto)

Lunes cerrado (excepto agosto)

Horario de invierno

Desde octubre a Semana Santa

MAÑANA: 10,00 – 13,00 horas

TARDE: 15,30 h – 17,30 horas

Domingos tarde y lunes cerrado

 

Santo Domingo de la Calzada

Imprescindible incluir en la ruta el pueblo de Santo Domingo de la Calzada, no sólo por su importancia clave en el Camino de Santiago y parada habitual de peregrinos sino también por su incalculable valor cultural e histórico. No obstante, el patrimonio medieval que conserva en forma de muralla y torreones está considerado de los mejores de la provincia: algunos de estos torreones alcanzaban los doce metros de altura. Dichas murallas, abiertas por varias puertas con forma de arco, nos permiten imaginarnos cómo era el trasiego de tantos peregrinos ya hace siglos. La tradición continúa intacta: pese al calor de las horas centrales del día, nos encontramos a familias enteras que hacían el camino, perro incluido.

Aquí abajo Juan y yo frente a la Puerta de Margubete, junto a la Casa de los Trastamara, donde vivió el rey Enrique II de Castilla y que desde el 2010 es sede de la biblioteca y la Oficina de Turismo.

Santo Domingo

Santo Domingo debe su nombre a un eremita y pastor, se cree que vasco, llamado Domingo que ejerció como sacerdote y que propició la construcción de una calzada que facilitara el camino de los peregrinos hacia Santiago de Compostela. Un puente sobre el río Oja es el que hoy marca el itinerario de la ruta de los caminantes.

La Plaza de España, que, curiosamente, no se se encuentra en el centro del pueblo sino a la espalda de la catedral. En realidad antiguamente la que se consideraba plaza principal era la actual Plaza del Santo. Se utilizó en el pasado como mercado, corral de comedias, cárcel y plaza de toros. Actualmente se halla aquí el ayuntamiento, la Alhóndiga (el término árabe con que se denominaba a los almacenes de grano) y es donde se celebra cada año el mercado medieval que reúne a artesanos, músicos, malabaristas y agricultores de toda La Rioja. Desde hace casi 20 años también se aprovecha el recinto de la Plaza Mayor para representar la obra teatral «Los milagros del santo», en honor a Santo Domingo.

Plaza España Santo DOmingo

👉 Para comer elegimos el restaurante La gallina que cantó ( C/ Mayor 32). Buenísima la opción de menú de fin de semana a 15 euros: nos encantó el arroz meloso. El nombre del restaurante, por cierto, no es casual. En Santo Domingo es muy popular la leyenda del gallo y la gallina, que cuenta como una familia de peregrinos alemanes pasaron por el pueblo y una muchacha se enamoró del hijo del matrimonio. Al sentirse rechazada, la joven escondió en la mochila del chico una copa de plata, le denuncia por robo y las autoridades le condenan a la horca. Los padres rezan a Santiago pidiendo un milagro y cuando ejecutada la sentencia se acercan al cuerpo inerte de su hijo, descubren que éste está vivo. Los padres van corriendo a informar al corregidor real, quien en ese momento estaba comiendo. Éste les responde que su hijo estaba igual de vivo que el gallo y la gallina que tenía en el plato y en ese momento ambos animales comenzaron a cacarear. Por eso es conocido el dicho «Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada». 

Es por dicho motivo por lo que la catedral de Santo Domingo cuenta con una sorprendente particularidad: en su interior conserva un gallinero, donde viven un gallo y una gallina que son reemplazados cada par de semanas. En su interior se halla la tumba de Santo Domingo. Y como observaréis, la torre (la más alta de La Rioja, 70 metros) está separada del edificio principal. A la derecha de la iglesia podéis ver a algunos de los peregrinos que pasaban por el pueblo y que venían a visitar el templo.

Catedral Santo Domingo Calzada

La calle Mayor y sus aledañas han conservado bastante bien ese ambiente medieval de antiguamente: en la foto de abajo se aprecia cómo casas antiquísimas acogen actualmente comercios sin que se haya alterado la estructura original.

Santo Domingo de la Calzada

Paseamos un buen rato por Santo Domingo, visitando el Parador (que ocupa un edificio del siglo XII que sirvió como hospital de peregrinos para posteriormente convertirse en albergue, hasta su reconversión en Parador Nacional a mediados de los años 60), la Abadía Cisterciense del siglo XVII (que actual albergue de peregrinos, con capacidad para cerca de doscientos huéspedes) y caminando por la Plaza de la Alameda o el Paseo del Espolón. 

 

Haro

Es obligación al visitar La Rioja dejar hueco para alguno de los templos vinícolas de la provincia, que no son pocos. Nosotros nos decantamos por Haro. El pueblo de Haro está considerado uno de los puntos clave en lo que a cultura del vino se refiere (de hecho, nada más entrar nos recibía en una rotonda una vistosa escultura de un racimo de uvas).

Haro forma parte de la región de La Rioja Alta, un área que abarca desde el río Ebro hasta la Sierra de la Demanda, y de la que se dice que es la mejor zona del mundo, sin exagerar un poquito, en lo que a elaboración y envejecimiento de vinos se refiere. Haro antiguamente no sólo se benefició de esta privilegiada situación geográfica sino también de la mala suerte que sufrieron las vides francesas, que se vieron sacudidas por malignas plagas. A finales del siglo XIX Haro comenzaba a alcanzar fama mundial no sólo por sus «fábricas de alcoholes» (como entonces se conocía a las bodegas) sino también por sus curtidurías e industria de conservas y embutidos.

Haro

Haro es el Lourdes del enoturismo, por lo que son muchos los que viajan hasta aquí para visitar alguna de las múltiples bodegas que se pueden encontrar desperdigadas en cuatro zonas: el barrio de La Estación, la Avenida de Santo Domingo, el Paraje de Ubieta y el centro histórico. Quizás las más conocidas sean las de Ramón Bilbao pero hay muchas otras como las de Gómez Cruzado, Ibaiondo, Akutain… Haro está plagado además de tiendas de vino, tienes cientos de opciones para elegir. Nosotros optamos por comprar unas botellas de Carlos Serres.

Haro

Como veis ahí arriba, no hay rincón de Haro donde no se haga mención a cuál es el producto estrella de la localidad. La Plaza de la Paz es el núcleo central, donde se encuentra el Ayuntamiento, en un elegantísimo edificio del siglo XVII rodeado de palacios renacentistas, herencia de aquella riqueza que ya comenzaban a atesorar los primeros bodegueros. Aquí también tenemos la antigua Torre de los Presos, que actualmente es el Museo Contemporáneo El Torreón, que expone obras de artistas locales.

Podemos continuar el itinerario por la zona de La Herradura, hacia la iglesia de Santo Tomás, donde locales y turistas se dan a ese placer que es el pintxo-pote por los múltiples bares de la zona, hasta arriba a la hora de comer y así mismo al caer la noche. Estas dos calles, las de Santo Tomás y San Martín (que, efectivamente, dan forma a una herradura), están en cuesta y albergan locales ya míticos en el alterne riojano como Los Caños (en una placita encantadora), Chamonix (donde se especializan en pintxos a la plancha) o El Remolino, donde lo más típico son los pimientos rellenos.

Haro Ayuntamiento

Puedes bajar tanto pintxo paseando por el encantador casco antiguo de Haro, donde se acumulan los palacetes como el de los Condes de Haro, el de Bendaña o el de los Salazar. Muy bonita también la sede del Banco de España en la plaza de Florentino Rodríguez. Si quieres acabar la visita viendo desde las alturas Haro y los viñedos que lo rodean, puedes hacerlo desde el mirador de la ermita de San Felices.

Haro

 

Logroño

Acabábamos el recorrido precisamente en la capital riojana, Logroño. Llegábamos justo el día de la fiesta de Santiago Apóstol, por lo que nos encontramos a la ciudad engalanada para la ocasión. De hecho, en esta ocasión se quería celebrar el Año Compostelano realizando un toque de campanas simultáneo en todos los campanarios del Camino de Santiago y en Logroño se formó parte del evento. Debemos tener en cuenta que Logroño, como Santo Domingo de la Calzada, es una parada importante de la ruta jacobea y es común encontrarse la ciudad llena de peregrinos.

Logroño

Logroño

Logroño es una ciudad pequeñita (unos 150.000 habitantes) pero fácilmente asequible para poder abarcarla en una jornada. Podemos comenzar nuestro camino en la animadísima calle Portales, donde bajo los soportales que le dan nombre se agrupan cafeterías y restaurantes y donde los logroñeses van a ver y dejarse ver. Mucho han cambiado las cosas desde que en el siglo XV se ajusticiaba aquí a los delincuentes cociéndoles en calderas llenas de agua hirviendo, que vaya cómo se las gastaban en aquella época. La avenida se concibió con la idea de unir dos partes de la muralla.

Aparte de albergar en el pasado importantes ferias de ganado o artesanía, aquí se acumulaban las sedes de los edificios administrativos más importantes de La Rioja y ya desde entonces era uno de los sitios preferidos por los locales para venir a pasear (incluso en pleno invierno, donde con cariño se conocía a la avenida como «el invernadero»). Por cierto, acercaos a tomar un helado a DellaSera si paseáis por aquí: artesanos y de los mejores que hemos probado nunca.

Aquí abajo la calle Portales. Al fondo podemos ver la silueta de la catedral de Santa María de la Redonda. Junto a la de Calahorra y la de Santo Domingo, forma el grupo de las tres únicas catedrales de La Rioja.

Catedral Logroño

Desde aquí podemos ir caminando hasta el mercado de abastos de San Blas. De lunes a sábado es de los lugares con más vidilla de la ciudad, con sus puestos repletos de productos frescos y el olor a chacina inundando el ambiente. Algo más adelante tenemos una propuesta cultural, la del Museo de La Rioja, ubicado en un palacio del siglo XVIII y donde en sus tres plantas se recorre la historia de la provincia desde la Prehistoria, además de acoger diferentes exposiciones temporales.

Este que tenéis aquí abajo es el general Espartero, sí, sí, ese mismo que era el protagonista  del dicho aquel de «tener los huevos más gordos que el caballo de Espartero». Que el caso es que nosotros nos asomamos a ojear los testículos del animal y los vimos de un tamaño más o menos normal… Si has venido hasta aquí es porque estás ya en el Paseo del Espolón (que en realidad se llama Paseo Príncipe de Vergara), donde esta zona ajardinada recuerda mediante esta estatua ecuestre las guerras carlistas que asolaron Logroño en el siglo XIX.  Aquí se encuentra el auditorio de la Concha, donde se ofrecen a menudo conciertos al aire libre.

Paseo Espolon Logroño

Si aún no lo has leído, te recomiendo que eches un ojo a un artículo súper interesante que escribí hace un tiempo llamado Camino de Santiago: un juego de la oca a tamaño real. En él os contaba cómo se ahonda en las verdaderas raíces paganas de dicha ruta (ahora religiosa) y sus conexiones con el juego de la oca, que aunque sea considerado uno de los favoritos de los niños (¿quién no ha pasado tardes enteras en su infancia canturreando lo de «de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente»?), en realidad esconde un montón de secretos y simbolismos totalmente reales, un mapa del Camino que creó hace siglos la Orden Templaria y que ha llegado hasta nuestros días reconvertido en un aparentemente inocente pasatiempo infantil. Pues bien, en Logroño precisamente tenemos una Plaza de la Oca, que es sólo uno de los cientos de puntos que en el norte de nuestro país conectan el juego con el Camino.

Plaza Oca Logroño

Dimos otro paseo por las murallas y el Cubo de Revellín, restos importantes de la antigua fortificación que protegía a Logroño y continuamos la caminata, aprovechando el buen tiempo, por el Paseo de la Florida. Al transcurrir paralelo al río Ebro, puedes disfrutar de la agradable sensación de estar en plena naturaleza sin haberte movido de la ciudad. Además, muy cerca tienes el Parque de La Ribera. Al fondo de la foto podéis contemplar una parte del puente de piedra que une ambas orillas y que además es el más antiguo de Logroño.

Paseo Florida Logroño

 

De pintxos por Laurel

 

Debíamos dejar para el final el lugar más emblemático de Logroño: la calle Laurel. En realidad son cuatro calles (Laurel, Travesía de Laurel, San Agustín y Albornoz) pero ellas cuatro solitas acaparan más de 70 bares que compiten entre sí por ofrecer a los clientes el mejor pincho. Y no lo tienen fácil porque os aseguro que el listón está altísimo. En estos 300 metros la rivalidad es feroz (en el buen sentido): de hecho, los propios logroñeses conocen a la zona cariñosamente como «la senda de los elefantes» porque hay muchas posibilidades de que «acabes trompa». 

Laurel Logroño

La Laurel no es sólo una zona de ocio y alegría (que también) sino el mejor escaparate que pueden tener los productos gastronómicos de La Rioja. Vinos, verduras y hortalizas, carnes, quesos… el producto autóctono es la estrella y una delicatessen cuando este depende de temporadas concretas, como es el caso de las setas. Cada bar tiene su encanto y se enorgullece de sus pinchos propios, que intentan superar en originalidad al de enfrente. Ojo que en muchos restaurantes se puede comer a la carta y sentadito pero aquí lo ideal es comer de pie, copa en mano y con unos cuantos pintxos por delante. Probarlos todos es imposible a no ser que visites Logroño en varias ocasiones (mira, así tienes excusa) pero te damos unas cuantas propuestas para que veas por dónde empezar

El Muro: Aquí el pintxo estrella es el cojonudo. Así, como suena, más claro el agua. Es un bocadillito de picadillo de chorizo con pimiento y huevo de codorniz.

Pata Negra: Tiene fama de ser de los restaurantes más selectos de Laurel y por lo tanto de los más caros pero su fama le precede. El bocatita de jamón ibérico con queso de tetilla fundido es canela en rama.

Blanco y Negro: El bar más antiguo de Laurel, un siglo de vida dando de comer mucho y bueno a los riojanos. La especialidad es el matrimonio de anchoas, boquerones en vinagre y pimiento dentro de un pan tiernísimo.

La Gota de Vino: Según entres por la puerta, pide lo primero un zorropito. Es un delicioso montadito caliente de bacon o lomo acompañado de jamón york y salsa alioli.

Juan y Pínchame: Aunque tienen otras delicias de lo más recomendables como el secreto o las tortillitas de bacalao (la mar de jugosas), llegamos hasta aquí atraídos por la fama del pìntxo de langostinos con piña a la plancha. De matrícula de honor.

Pincho Langostino Juan Pinchame

El Cid: Se jactan de llevar tres décadas sirviendo las mejores setas a la plancha de Laurel, acompañadas de una salsa que, como las de las abuelas, tienen un ingrediente secreto que sólo conocen los dueños.

Los Rotos: El nombre lo dice todo. Aquí la especialidad son los huevos rotos, una decena de variantes para elegir: con gulas, bacalao, morcilla, queso, bacalao…

La Taberna del Tío Blas: Justo al comienzo de la calle Laurel se encuentra otro de los bares clásicos. Se especializan en tapas a la brasa de diferentes tipos de carne. El pintxo más votado es la piruleta de solomillo con salsa de queso.

Jubera: Siempre digo que las mejores papas bravas se encuentran en mi tierra, en Madrid, pero justo es reconocer que las del bar Jubera justifican su fama. Con un toque de alioli y picantes. Lo más.

El Perchas: Aquí viene la gente a comer oreja, tanto frita como guisada, esta última ligeramente picante.

Divina Croqueta: Especialistas en croquetas, a cuál más original. De pollo al curry, de calamares, de rabo de toro… incluso hasta dulces, como las de chocolate o las de cheesecake.

El Mexicano: No sólo de exquisiteces riojanas vive el hombre. Si buscas un toque exótico en el itinerario, añade aquí una parada. Tapas mexicanas a base de burritos y tacos acompañadas por cocktails margarita.

Charly: La de años que hacía que no probábamos el morrito frito. Aquí es la tapa imprescindible, lo hacen muy crujiente. Y si lo acompañas con unos mejillones tigre con toque picante, mejor que mejor.

Charly Logroño

 

3 comentarios

  1. Me dejaste curiosa por la historia del aro y el monasterio del Yuso. De España me faltan un millón (hipérbole que me cala perfecto) de lugares muy interesantes por conocer. Gracias por compartir tus experiencias. Abrazos.

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