Soria Turismo

Cada vez que comienzo a planificar un nuevo viaje por España, siempre me viene a la cabeza la misma frase: “¿cómo puede ser que pese a lo mucho que hemos viajado por el mundo aún nos quede tanto por conocer en nuestro país?” Pues por una razón muy sencilla: ¡el tiempo no nos da para más! A veces (casi siempre) debemos hacer encajes de bolillos para cuadrar el planning de los viajes que tenemos en mente al empezar el año. Y  ahí siempre nos gusta dejar su hueco correspondiente a las escapadas nacionales. Porque estamos enamoradísimos de España y nos sentimos unos privilegiados a nivel viajero de vivir en un país que tanto tiene que ofrecer. Os aseguro que disfruto igual relatando los viajes por España que los que hago en la otra punta del planeta. Porque soy consciente de que igual que yo viajo miles de kilómetros para descubrir lugares lejanos, son millones los turistas extranjeros que vienen a nuestras tierras.

Llevábamos bastante tiempo hablando de hacer este viaje a Soria, un destino al que teníamos muchas ganas. Sólo había estado una vez de niña, cuando fui con mi familia a una boda, y los recuerdos que tenía eran prácticamente inexistentes. Queríamos hacer el viaje cuando aún no hubiera llegado el frío, ya que Soria sufre unos de los inviernos más duros de España. No porque nos eche para atrás eso de ponernos gorro y bufanda, que os aseguro que lo disfrutamos, sino para evitar encontrarnos aislados por la nieve y con las carreteras cortadas. Así que pensamos que el puente de la Hispanidad a principios de Octubre sería la fecha perfecta: tres días para descubrir una provincia maravillosa que se encuentra a apenas un par de horas de coche de Madrid y que tantos atractivos guarda en sus entrañas.

Antes de ponernos con el viaje en sí, quiero hacer una reflexión acerca del abandono que arrastra Soria, como una pesada losa, durante los últimos años. Y no lo decimos nosotros sino los propios sorianos. Nos llamó mucho la atención ver como en todos los pueblos colgaban carteles que decían “¡Soria quiere futuro!”·Y no sólo de las ventanas de casas particulares sino de los balcones de muchos centros oficiales, ayuntamientos incluidos. Soria cuenta con la capital más pequeña de Castilla-León (apenas 38.000 habitantes) y es la gran olvidada de su comunidad autónoma.

Soria Quiere Futuro

Con más de una centena de pueblos en riesgo de despoblación irreparable, con zonas rurales que no llegan a los dos habitantes por kilómetro cuadrado, Soria se siente abandonada: hasta hace sólo tres años no contaba con una autovía que la uniera con otras provincias, pese a ser un nudo de comunicaciones importantísimo. Se enorgullecen de a nivel educativo ser conocidos como “la pequeña Finlandia” por el altísimo nivel de sus estudiantes y, sin embargo, se las ven y se las desean para disfrutar de eventos culturales de gran envergadura. Por eso es tan importante la llegada del turismo a una provincia que tanto tiene que ofrecer. Te animamos por ello a que incluyas a Soria en alguna de tus futuras escapadas nacionales: vas a volver deseando repetir.

Nosotros comenzaríamos nuestro itinerario precisamente en la capital. Pequeñita, sí, pero también ideal para recorrer en una mañana. No tuvimos problema ninguno para aparcar en pleno centro y eso que era festivo y el sol había empujado a los sorianos a salir a las calles. Nos llamó mucho la atención comprobar como una ciudad tan minúscula hervía de vida; a ello contribuía que se había instalado un completísimo mercado medieval, con pasacalles con trovadores y decenas de puestos en los que se vendían productos de la tierra. Quesos, vinos, pasteles, embutidos y empanadas se amontonaban en los tenderetes: aprovechamos para comprar cecina, que aunque es más típica de León, tenía una pinta estupenda. Si podéis visitar Soria en estas fechas, a mediados de Octubre, cuando se celebra San Saturio, podréis disfrutar de este animadísimo mercado que discurre entre la Plaza Mayor y la de Mariano Granados. La capital se viste de gala en una de sus semanas más festivas.

Mercado Medieval Soria

Precisamente fue en la Plaza Mayor, no podía ser de otra manera, donde comenzamos nuestra caminata por Soria. Es aquí donde encontramos el Ayuntamiento (Casa Consistorial) y en cuya fachada se hallan los escudos de las casas nobles más importantes de Soria en el siglo XII, por lo que también se le conoce como Palacio de los Doce Linajes. Aquí podremos visitar la iglesia de Santa María la Mayor, el Palacio de la Audiencia y la Torre de Doña Urraca. Aún se mantiene en pie la Casa del Común, que en tiempos medievales fue el edificio más importante de la ciudad, ya que aquí se reunían cada dos años los representantes de las juntas vecinales para elegir al procurador. Cuando con el paso de los años sus funciones administrativas pasaron a manos del ayuntamiento, la Casa del Común pasó a ser, en diferentes épocas, la Casa del Peso, cuartel de bomberos y policía, Casa de Cultura y actualmente sede del archivo municipal.

Desde aquí podemos irnos a ver la Casa de la Tierra, uno de los lugares más singulares de la capital soriana. Esta antiquísima institución, cuyos orígenes se remontan al siglo XII, cuando al ser Soria zona fronteriza se recuperaron estas tierras para los cristianos, se ocupaba de la repoblación de la provincia: como veis, el problema que os comentábamos ahí arriba de nuevo tiene poco. Al cederse a los vecinos gratuitamente los terrenos en una región considerada bastante peligrosa en la época, se animaba a la inmigración a las aldeas y pueblos, pese a que se encontraban sin la protección de las murallas. De este modo se repoblaban los alrededores de las villas, garantizando no sólo el aprovechamiento de los terrenos para la agricultura sino también el asentamiento de grupos de soldados que protegieran esta primera línea de defensa.

Casa Tierra Soria

Este modelo organizativo se extendió por toda la cuenca del Duero, hasta llegar a tierras extremeñas. Hoy en día es sede de la Mancomunidad de los 150 Pueblos de la Tierra de Soria, lo que anteriormente se conocía como Universidad de la Tierra de Soria. Las 240 aldeas se redujeron a 150 y se organizaban mediante sexmos (había cinco: frentes, Tera, San Juan, Lubia y Arciel). Los sexmeros eran tan vehementes en la defensa de la institución que la expresión “cabeza de sexmero” sirve para describir a un individuo tenaz y obstinado. Actualmente estos pueblos se agrupan en diferentes comarcas y algunos de ellos, como Azapiedra o Calderuela, se encuentran despoblados pero eso no les ha impedido seguir formando parte de la mancomunidad.

La Alameda de Cervantes es el corazón verde de Soria, un coqueto parque con casi 80 especies de árboles que el día que lo visitamos estaba hasta arriba de paseantes. Al celebrarse al lado el desfile militar con motivo del Día de la Hispanidad, eran muchos los curiosos que se habían acercado hasta aquí. Un parque realmente curioso, que sobresale en una ciudad tan pequeñita, en el que podemos encontrar un palomar en forma de hórreo, el Monumento a los Autores de las Canciones Sanjuaneras (ante el que la banda municipal toca el primer día de las fiestas de San Juan) o la pequeña ermita de Nuestra Señora de la Soledad.

Alameda Cervantes Soria

A sólo un paso de la alameda tenemos el Museo Numantino, donde se repasa la historia de la provincia de Soria mediante una amplia exposición en la que destacan multitud de objetos del Neolítico o de época romana. La entrada sólo cuesta 1 euro.

Museo Numantino Soria

Preciosas las estatuas de ocho sorianos ilustres que se encuentran a la entrada del Palacio de la Diputación. Estos son San Martín de Finojosa, Diego Laínez, Sor María de Ágreda, San Pedro de Osma, Alfonso VIII, Santa Cristina de Osma, Francisco López de Gómara y el Juglar del Cid, un personaje desconocido que se escondería tras el autor anónimo que compuso “El Cantar del Mio Cid”, una de las obras cumbres de la literatura española y que todos alguna vez leímos en el colegio.

Estatuas Soria

Ya que hemos mencionado el Cantar, comentar que en la misma calle que el Palacio, la Caballeros, se encuentra la Casona de los Salvadores, construida por descendientes de Martín Salvador, uno de los caballeros que vino desde Valencia acompañando a Rodrigo Díaz de Vivar. En esta misma calle se hallan los restos de los palacios de los marqueses de Velamazán, los de Zafra o los de Vadillo. Justo enfrente, la bonita iglesia de San Juan de Rabanera, uno de los mejores exponentes del románico castellano.

Tras el viaje de dos horas desde Madrid y la intensa pateada que habíamos hecho por la ciudad, decidimos hacer un alto en el camino para comer algo y degustar algunas de las delicias gastronómicas sorianas. Y es que aunque Soria es bien pequeñita, nos sorprendió para bien comprobar como el tapeo es una costumbre de lo más arraigada y estaban todos los bares hasta los topes. Hay varias zonas de tapeo, como El Tubo o la Plaza Mayor, pero nosotros la que encontramos más animada fue la Plaza Herradores (que en realidad se llama Plaza Benito Aceña pero todo el mundo la conoce por el otro nombre). El buen tiempo invitaba a sentarse en las terracitas ¡si lograbas coger sitio!

¿Y que hay que probar en Soria sí o sí? ¡Los torreznos! Estas tiras de panceta fritas en Soria llegan a alcanzar tamaños que dan miedo ¡son gigantes! Pero qué ricos están. Lo cierto es que llenan tanto que con un par de tapas casi has hecho la comida completa. Pero es imprescindible que los cates sí o sí: no obstante, un pueblo de la provincia, Cueva de Ágreda, tiene el honor de haber sido galardonado con el premio al Mejor Torrezno del Mundo.

Torreznos Soria
Torreznos y una copa de Ribera del Duero: la mejor tapa soriana

Procura dejar espacio en el estómago para probar también las setas sorianas: en estas tierras hay más de 700 especies, 50 de ellas comestibles. Casi la mitad del sector rural depende del consumo de este producto y hay infinidad de rutas micológicas, imagínate lo importantes que son las setas para Soria. Pero es que además tuvimos la suerte de ir en otoño, la mejor época para comerlas, y os aseguro que en pocos lugares del mundo he probado unos boletus tan sabrosos. Juan y yo somos muy seteros y las comemos mucho en casa, así que estábamos encantados. Sobre todo teniendo en cuenta que otro de los productos estrella sorianos son las trufas, otros hongos que son un auténtico manjar. De Soria sale una tercera parte de la producción de trufa en España, por lo que vas a encontrar un montón de restaurantes donde elaboran platos “atrufados”. Yo no perdí la oportunidad de comprar miel de trufa, que combinada con queso curado está riquísima.

Nuestra visita a Soria capital la acabaríamos en el rincón más entrañable de la ciudad, con uno de los claustros más bonitos del mundo: el Monasterio de San Juan de Duero. Construido entre los siglos XII y XIII por los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, destaca en él ese maravilloso claustro, considerado el más exótico de todos los claustros románicos de nuestro país. La variedad de los arcos es insólita, con claras influencias del arte árabe, así como la belleza de los capiteles, que muestran esculpidas aves, leones y plantas. Junto al claustro, una modesta iglesia con capiteles plagados de animales fabulosos y combates entre hombres y dragones. Un lugar mágico como pocos.

San Juan de Duero Soria

El Duero a su paso por Soria

Rio Duero Soria

Como el día parecía acompañar y nos estaba luciendo un sol espléndido, no quisimos perder la oportunidad de acercarnos a conocer Numancia. A unos kilómetros a las afueras de Soria se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España, junto al pueblo de Garray (lleno de hoteles y restaurantes cuyos nombres rinden tributo a la antigua ciudad celtíbera), en un cerro que domina el valle del Duero. Los sorianos se sienten profundamente orgullosos de Numancia, hasta el punto de que este es el nombre que recibe el equipo de fútbol más importante de Soria.

La entrada cuesta 5 euros pero al ser el Día de la Hispanidad, como en San Juan de Duero el acceso resultó gratuito. Teníamos muchas ganas de recorrer las ruinas de una ciudad que se convirtió en legendaria hace más de 2.000 años al resistir durante más de dos décadas, a intervalos, el asedio de los romanos. Numancia, poblado celtíbero que se negaba a someterse a las tropas invasoras, se convirtió en un ejemplo de dignidad y perseverancia. Imaginad a 60.000 legionarios romanos intentando doblegar sin éxito a 4.000 numantinos que luchaban como hermanos de sangre. Lo habían intentado hasta con elefantes pero les salió el tiro por la culata cuando los animales se asustaron y se rebelaron contra las propias tropas romanas: lo que debieron de reírse los numantinos al presenciar dicha escena.

Los últimos once meses del asedio se les cercó con un muro de diez kilómetros y más de 36.000 estacas, intentando que la población se muriera de hambre. Los numantinos llegaron a comerse los cadáveres a falta de algo que llevarse a la boca y se desconoce la cantidad exacta de locales que sobrevivieron, aunque se cree que fueron muy pocos. Los que no habían fallecido debido a la hambruna, decidieron suicidarse antes que convertirse en esclavos de los romanos.

Numancia Soria

Como en otros muchos recintos arqueológicos, Numancia sufrió el expolio y avaricia de arqueólogos sin escrúpulos, en este caso el alemán Adolf Schulten, que a principios del siglo XX y con el apoyo del káiser Guillermo II, robó todo lo que quiso y más del yacimiento, llevándose a su país multitud de piezas de incalculable valor histórico. Afortunadamente, se le acabó retirando el permiso para seguir trabajando en las excavaciones.

Antes de comenzar la visita, se ofrece un  documental de cómo era la vida en Numancia en aquella época, para que posteriormente disfrutes de las ruinas con una base histórica contundente. Numancia entonces era la ciudad celtíbera más importante de la región, con una población inicial de 4.000 personas que en los últimos tiempos llegó a duplicarse por la llegada de refugiados celtíberos de otras poblaciones cercanas, que huían tras ver como los romanos habían prendido fuego a sus hogares. Cuando llegaban aquí, se encontraban con un pueblo amurallado en el que sobresalían dos grandes avenidas paralelas cortadas por calles menores.

Al no haber sobrevivido casas de la época, se han recreado dos viviendas, una celtíbera y otra romana, para que veamos las diferencias entre ambas. La romana era mayor aunque mantiene de su antecesora elementos como la piedra apenas pulida. En la casa romana se aprecia un patio con aljibe, un pequeño vestíbulo en el que se ubicaba el molino de mano y el telar, una cocina, habitaciones con cama y arcón y en la parte posterior, un granero y un corral para los animales. La casa celtíbera constaba de tres estancias: una para moler y tejer, una habitación donde hacía vida la familia comiendo y durmiendo y una tercera que servía como almacén (en el sótano también contaban con una bodega donde guardaban caelia, cerveza de trigo fermentado). Junto a la casa se encontraba el corral ya que los numantinos vivían principalmente de la ganadería.

Numancia Soria

Como veis, las ruinas que se conservan en Numancia pertenecen tanto a la época celtíbera como a la posterior romana, cuando los italianos tomaron la ciudad y la reconstruyeron. Así, se pueden observar los orificios de los baños romanos, el caldarium, por donde circulaba el aire caliente y el canal que ejercía de desagüe, restos de un aljibe junto a un cruce de calles, y los restos del barrio sur (el residencial de Numancia, donde se instalaron las clases acomodadas), donde se conserva algún patio con columnas.

Nuestro alojamiento le teníamos en el bonito pueblo de Almazán, de origen árabe y donde aún se conservan las murallas con tres puertas, la de los Herreros, la del Mercado y la de la Villa. Dormiríamos las dos noches junto a esta última, en un acogedor hotel llamado El Rincón del Nazareno (60 euros la doble por noche), donde además tenían uno de los mejores restaurantes del pueblo: cenamos allí una de las noches y se comía de fábula. Aprovechamos para acabar el día tomando unas cervezas en la impresionante Plaza Mayor, típica castellana y en donde sobresale el Palacio de los Mendoza y la iglesia románica de San Miguel.

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Cuando estábamos planeando el viaje, un amigo de Juan nos sugirió que hiciéramos una parada en el pueblo de Berlanga de Duero. Y tenemos que agradecerle la propuesta porque este pequeño pueblecito de apenas 900 habitantes nos encantó. Conserva una colegiata maravillosa, la de Santa María del Mercado, y unas preciosas calles antiquísimas, con casas de adobe con entramado de madera que hacen trasladarte al medievo más puro.

Colegiata Berlanga Duero

Pero lo mejor es su castillo y la visita guiada (4 euros) que hicimos: además nos tocó un guía la mar de simpático que estuvo casi dos horas contándonos un montón de curiosidades. Un castillo con más de mil años de historia que vivió tiempos convulsos (los musulmanes destrozaron la muralla antes de huir) y que se ocupó de restaurar la familia Tovar, una de las más importantes de la época. Se conservan robustos restos de los dos patios, las torres defensivas y la fortaleza.

Castillo Berlanga Duero

A sus pies el Palacio de los Duques de Frías, que llegó a contar con unos de los jardines más bonitos de toda Castilla-León

Berlanga Duero Soria

Desde allí nos fuimos a otro de los más bonitos pueblos castellanos: Burgo de Osma. Y también uno de los más turísticos: tuvimos que dar unas cuantas vueltas hasta encontrar aparcamiento pues al ser puente había muchísimo visitante. Lo primero que hicimos fue irnos a la terraza de la cervecería Alquimia, ya que queríamos probar una de las pocas cervezas artesanales de Soria, la Arévaka, llamada así en honor a los arévacos, los habitantes celtíberos de Numancia. Y como este año esta misma cervecería había quedado en segunda posición en el concurso del Mejor Torrezno del Mundo, ahí que acompañamos nuestras birras con unas croquetas de torreznos. Sí, sé que suena contundente (y de hecho lo es) pero estaban espectaculares.

En Burgo de Osma pasamos a ver la Catedral ya que mi madre, que es restauradora, había restaurado el gigantesco tapiz hace años y nos insistió para que fuéramos a ver lo bonito que había quedado. La pena fue que nos informaron que años después había sido atacado por polillas y lo estaban restaurando de nuevo. Aún así, mereció la pena un paseo por la Catedral porque es impresionante. Parece increíble como un pueblo tan chico como Burgo puede acoger un templo de semejantes proporciones.

Catedral Burgo Osma

La Calle Mayor, con sus casas de dos plantas soportaladas, responde absolutamente a la idea que uno tiene de villa castellana: a mí me recordó mucho a Alcalá de Henares. Muchos bajos de estas casas ahora son ocupados por tiendas de souvenirs y restaurantes en los que no cabía un alfiler.

Calle Mayor Burgo Osma

Realmente bonita la Plaza Mayor, con el Hospital de San Agustín  (hoy sede de turismo) y el Ayuntamiento. En ella se agolpan las terrazas, a rebosar en cuanto hace buen tiempo.

Burgo de Osma Soria

La muralla, construida en el siglo XV por orden del obispo local, sirvió no sólo como defensa sino también como “frontera” donde se cobraban los impuestos e incluso barrera de freno para extender o recibir epidemias. Contaba con cinco puertas (de las que sólo se conserva la de San Miguel).

Murallas Burgo Osma

He de reconocer que uno de los principales motivos de esta escapada soriana recaía en la minúscula aldea de Calatañazor, el que sería el último punto de nuestro viaje. Sólo 56 almas viven en estas bellísimas calles empedradas que enamoraron al director de cine Orson Welles, hasta el punto de que aquí rodó la película “Campanadas a medianoche”. No nos extraña porque pese a que el pueblo en sí es poco más que una calle principal en cuesta y algunos callejones aledaños, nos quedamos igual de fascinados que él.

Calatañazor Soria

Calatañazor es probable que te recuerde a algunos pueblos segovianos como Pedraza o Ayllon, donde el tiempo parece haberse detenido, con esas casonas de vigas de madera donde parece oler a chasca y castañas. Contribuye a esta sensación de “tiempo detenido” el hecho de que apenas existan comercios, a excepción de algún restaurante, alguna pequeña tienda y casas rurales camufladas en las esquinas. Te sorprenderá ver que muchas entradas a las casas tienen sobrepuertas para protegerse de la nieve (y es que aquí en invierno hace un frío que pela).

Calatañazor Soria

Calatañazor Soria

Estatua homenaje a Al-Mansur ( o Almanzor, como le conocían los cristianos). De aquí viene el dicho “Calatañazor, donde Almanzor perdió el tambor”, ya que cuenta la leyenda que fue donde el líder musulmán fue derrotado. Aunque los historiadores creen que hay más de mito que de realidad en esta historia divulgada por los cristianos, abochornados por sus derrotas ante los árabes.

Almanzor Calatañazor Soria

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