Viaje a Córdoba

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A apenas cuatro horas de Madrid (ambas ciudades se encuentran separadas por 400 kilómetros) Córdoba supone una de las escapadas más interesantes que se pueden realizar desde la capital. Debido además a esta relativamente escasa distancia, es una de las ciudades andaluzas que nos coge más a mano a los madrileños, a los que muchas veces nos da pereza bajar al sur precisamente porque se te va medio fin de semana en trayectos de carretera. Y aunque tiene mucho para ver (es increíble el legado histórico que atesora Córdoba), la mayoría de los monumentos se encuentran concentrados en el centro histórico, por lo que prácticamente puedes llegar andando a sus rincones más importantes. Por dicho motivo, os recomiendo este viaje si algún fin de semana os quedáis sin inspiración aventurera. Eso sí, aviso que si vais en primavera, cuando se celebra la Fiesta de los Patios, el evento cordobés por excelencia, no sólo los precios hoteleros suben a niveles astronómicos sino que además corréis el riesgo de quedaros sin alojamiento y encima hay tanta gente que apenas se puede caminar. Es cierto que es cuando Córdoba se encuentra en su época de magnificencia absoluta pero has de tener también en cuenta estas desventajas a la hora de visitarla. El verano, en añadidura, puede ser mortal en la ciudad andaluza: es habitual que se sobrepasen los 40 grados y que a la hora de la siesta no se vea un alma por la calle.

Si viajas fuera de temporada (nosotros lo hicimos en Marzo) es más fácil encontrar alojamiento a buen precio, aunque no tanto en pleno centro. Buscamos por tanto con bastante antelación donde dormiríamos (incluso en invierno es común que los hoteles céntricos se agoten, Córdoba es muy turística en cualquier época de año). Nos decantamos, atraídos por las buenas críticas, por el hostal La Fuente: se encuentra en plena calle de San Fernando, a apenas diez minutos de la Mezquita y a mano de todo. Lo del tema del aparcamiento en el centro es complicado: mi recomendación es que dejéis el coche al otro lado del río (cruzando el Puente de Miraflores) y os olvidéis de él durante todo el fin de semana. En Córdoba no lo vais a necesitar. Regresando al tema hostal, la noche nos salía a apenas 40 euros; habíamos reservado una habitación doble con baño y nuestra sorpresa llegó cuando la recepcionista, a la que debimos caerle bien, nos comentó que por el mismo precio, y ya que lo tenían libre, nos cedía un apartamento completo que tenían un par de portales más arriba, en un ático y con una terraza inmensa en la azotea. Qué bien.

Para los que como nosotros seáis unos enamorados de la cultura y arquitectura árabe, Córdoba va a simbolizar vuestro propio Edén en la tierra. Junto a Granada, es la mejor herencia que conservamos de Al-Andalus, ese inmenso territorio que ocupaba la totalidad de la Península Ibérica, a excepción del Reino de Asturias: precisamente en el norte se libraría la célebre Batalla de Covadonga, comandada por don Pelayo, que iniciaría la Reconquista y que concluiría con la expulsión a manos de los Reyes Católicos de los musulmanes el mismo año que Colón descubría América, 1492. Pero anteriormente, y es importante recordarlo, los moriscos habían dominado Iberia durante casi ocho siglos y la herencia cultural que nos han dejado constituye uno de los tesoros más preciados de la historia de España. En estos tiempos convulsos que vivimos, en los que el racismo campa a sus anchas y se vive injustamente una anti-islamización generalizada, sería bueno recordar a muchos que hay 1.500 millones de musulmanes en el mundo y de ellos sólo un 0,00001% es un yihaidista. Parece mentira que hace más de mil años civilizaciones tan separadas ideologicamente como la cristiana, la judía y la musulmana (el califato permitía total libertad de culto tanto a judíos como mozárabes) consiguieran convivir codo con codo pacíficamente durante larguísimos periodos de tiempo y sin embargo hoy en el mundo los prejuicios, la ignorancia, los tabúes y el borreguismo sean aún más acusados que entonces. Vamos para atrás. Como los cangrejos.

A Al-Andalus no sólo hay que agradecerle las bellísimas obras arquitectónicas que aún sobreviven y que son famosas en el mundo entero, como La Alhambra o la Mezquita de Córdoba, sino también costumbres e inventos que quedaron impregnados en la sociedad hispana de por vida. En una época aciaga para la higiene (en el medievo la Iglesia animaba a no usar los baños públicos porque consideraban que eran burdeles encubiertos y además “bañarse era malo para el cuerpo ya que las carnes quedaban flácidas y se favorecía la aparición de enfermedades”), los cristianos podían tirarse años enteros sin acercarse al agua excepto para beber. Imaginaos ahora el hedor que desprendían, por qué era habitual el uso de abanicos (no sólo para refrescarse) y que las novias cuando se casaban llevaran un ramo de flores para disimular tan insoportables pestilencias. Mientras tanto, los árabes potenciaban el uso del jabón (cuyas variedades perfeccionaron) y los aceites aromáticos; los hamman (baños árabes que han sobrevivido hasta nuestros días) llegaron a ser más de seiscientos sólo en Córdoba, de hecho había como mínimo uno en cada barrio, y pese a que se permitía utilizarlos a cualquier persona, profesase la religión que profesase, los clientes habituales eran árabes. Respecto a estas costumbres higiénicas, siempre pongo como ejemplo que en Marruecos, pese a lo sucísimas que están muchas calles (culpa también del gobierno, que limpia poco), luego entras en casas de familias marroquíes y todas me las he encontrado como los chorros del oro.

He realizado esta pequeña introducción de cómo era la vida en Al-Andalus ya que sus huellas son perfectamente reconocibles siglos después en la capital cordobesa. Comenzando por los cientos de naranjos que te encuentras en sus calles (los árabes potenciaron el consumo de cítricos) y continuando con la estructura arquitectónica de las viviendas, cuyas estancias, generalmente divididas en dos plantas, se agrupan alrededor de un patio (y por dicho motivo muchas casas andaluzas son clones de los riads árabes). E incluso a nivel gastronómico se puede percibir la herencia morisca: los árabes, acostumbrados a buscar ingeniosamente mil formas de combatir el calor, crearon una bebida compuesta de verduras frescas trituradas que con el tiempo acabó convirtiéndose en el plato estrella andaluz: el gazpacho.

Pero si hay un lugar que ha hecho famosa a Córdoba en el mundo entero y que es recuerdo imperecedero de ese Al-Andalus del que los cordobeses se sienten tan orgullosos es la Mezquita. Patrimonio Cultural de la Humanidad, fue considerada el mejor sitio de interés turístico de Europa (y sexto del mundo): no es para menos. En mi opinión, el monumento más impresionante que tenemos en nuestro país junto a La Alhambra de Granada. De esos lugares que por cientos de veces que los hayas visto en foto, hasta que no te ves allí, bajo esos bellísimos arcos, no eres consciente de su grandiosidad, de su perfección y, ante todo, de la importancia imprescindible que supone para lo que ha sido la historia de la arquitectura en nuestro país. Con sus casi 24.000 metros cuadrados, llegó a ser la mezquita más grande del mundo después de la de La Meca. Actualmente, es visitada cada año por casi dos millones de personas.

Y como de visitas hablamos, mi recomendación es que la tuya la hagas entre las 08,30 y las 09,30 por dos motivos. El primero, que al ser hora de culto, la entrada es gratuita y diez euros que te ahorras (eso sí, hay que ser respetuoso y no hacer rudo precisamente porque allí hay gente orando); el segundo es que pese a ser el acceso libre, a la gente le da pereza madrugar y hay muchas menos multitudes que a otras horas del día. La Mezquita es grandísima pero te aseguro que es mucho más agradable visitarla sin encontrarse rodeado de cientos de personas. La sensación que uno tiene en su interior es, cuanto menos extraña, ya que con la expulsión de los musulmanes, pasó a convertirse en un templo cristiano y mientras la arquitectura es totalmente árabe, lo que se expone son figuras de santos y grandes retablos con escenas bíblicas, creando un contraste totalmente inusual.

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Si la mezquita impresiona por dentro, te recomendamos que cuando salgas te permitas recorrer su perímetro ya que aún se conservan muchísimas puertas antiquísimas como la del Perdón, la de San Esteban, la de San Miguel o la del Sabat. También podrás dar un paseo por el bonito Patio de los Naranjos con sus fuentes y su aljibe del siglo X.

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Comenzamos a callejear y qué mejor forma de hacerlo que comenzando por la Calleja de las Flores, estrechísima pero espectacular, con sus fachadas blancas cubiertas de macetas durante cualquier época del año. Es sin lugar a dudas una de las imágenes más conocidas de Córdoba. Y es aquí donde pasamos a hablar de los famosos patios cordobeses, que no sólo se pueden visitar en primavera (aunque, como comenté antes, es en Mayo cuando viven su explosión de olores y colores). Es en dicho mes cuando se premia a los patios más vistosos; en algunos, como los Embrujo de Azahar, hasta ofrecen alojamiento. Los patios se encuentran repartidos por todo el centro histórico pero los más bonitos se hallan por la zona de San Basilio. Del 2 al 15 de Mayo las visitas son gratuitas (por eso hay tantísima gente esperando cola para verlos); el resto del año diferentes agencias ofrecen visitas guiadas por unos 15 euros por persona. Los patios cordobeses (efectivamente, lo habéis adivinado) también tienen su orígen en las antiguas casas árabes. Córdoba ha sido desde siempre una de las ciudades más calurosas de España por lo que desde tiempos antiquísimos, se intentó abastecer mediante distintos arroyos a las casas más pudientes de agua corriente y a las más humildes de modestos pozos; los patios se llenaban de flores y hierbas aromáticas y se convertían en punto de reunión de las familias.

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El centro de Córdoba es un precioso laberinto de calles blancas (en la mayor parte del paseo te dará la impresión de encontrarte en un pueblo más que en una capital de provincia). Destaca la coqueta zona de la Judería, repleta de tiendas de souvenirs y restaurantes; encontraréis también muchos comercios donde comprar té a granel (yo me vine bien cargada, otro gran regalo morisco). Es aquí donde también podrás visitar la Sinagoga (entrada gratuita), la única que existe en la actualidad en Andalucía. Nosotros aprovechamos que entraba un grupo con guía para escuchar las explicaciones pertinentes, en las que se recordaba que fue construida en el siglo XIV, con la expulsión de los musulmanes llegó a ser usada como escuela y en la actualidad es uno de los lugares más visitados de Córdoba: aún se mantienen intactos los escritos hebreos que decoran sus paredes interiores. En la judería también destaca la Casa Sefarad, un pequeño museo donde se analiza cómo era la vida de los sefarditas

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Escultura del filósofo judío Maimónides en la Plaza de Tiberíades

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Otro de los rincones imprescindibles en tu recorrido por el centro histórico es el Alcázar de los Reyes Cristianos, una impresionante fortaleza custodiada por cuatro torres (la de los Leones, la de la Inquisición, la del Homenaje y la de las Palomas). Se construyó sobre el antiguo alcázar de los califas (aún se conservan las ruinas de los antiguos baños de la realeza Omeya; no son los únicos baños árabes de la ciudad, también existen los de Santa María en la calle Velázquez Bosco) y llegó a ser residencia durante ocho años de los Reyes Católicos: aquí vieron nacer a su hija María. No sólo les sirvió de hogar sino también como cuartel general donde prepararon el asalto final a Granada, el último reducto que les quedaba a los árabes en España, y tuvieron largas conversaciones con Cristóbal Colón respecto a lo que sería la travesía de las carabelas hacia las Indias Orientales y que acabó siendo el descubrimiento de un nuevo continente: América. Sin embargo, acabadas las maniobras militares de los monarcas y concluida la Reconquista, el Alcázar se cedió a la Santa Inquisición, que llevó aquí a cabo sus perversas torturas a supuestos herejes. Desaparecido el Santo Oficio, pasó a convertirse en cárcel (vamos, que debe ser uno de los edificios de nuestro país con mayor número de almas en pena por metro cuadrado), hasta que a mediados del siglo pasado se decidió recuperarlo como monumento histórico; de este modo, se descubrió que la estructura de los jardines originales y las bóvedas únicamente estaban tapados, no destruidos, y se aprovechó el edificio para exponer los fantásticos mosaicos romanos que se habían encontrado en la Plaza de la Corredera. Los jardines interiores del Alcázar son otra prueba más de la influencia que tuvo la cultura musulmana en la historia de la ciudad. Muy cerca se encuentran las Caballerizas Reales.

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Aunque el esplendor del que goza hoy Córdoba se lo concedió la cantidad de siglos que fue ocupada por los musulmanes, debemos recordar que la urbe ya gozaba de una reseñable importancia en época romana. Era la capital de la provincia Hispania Ulterior y el emperador Augusto le concedió el título de Colonia Patricia (el máximo status al que podían aspirar las ciudades del imperio y que también ostentaban Tarraco o Carthago Nova). En Córdoba aún se pueden encontrar vestigios de aquella época como el templo de la calle Claudio Marcelo, , los monumentos funerarios de Puerta de Gallegos en el Paseo de la Victoria, las ruinas del Palacio de Maximiano Hercúleo y las del Circo Romano (se cree que era el más grande del imperio tras el Coliseo y el de Cartago), así como las ruinas del antiguo teatro romano en los bajos del museo Arqueológico (en cuyo edificio también se exponen algunas esculturas de dicha época). Pero el monumento romano por excelencia es el puente que veis aquí abajo, que durante casi 2.000 años fue el único de la ciudad: tiene más de 300 metros de longitud y en uno de sus extremos lo flanquea la Torre de Calahorra. A lo largo del río Guadalquivir a su paso por Córdoba podemos encontrar diferentes molinos como el de Martos, el de San Antonio, el de la Alegría o el de Albolafia.

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En el otro extremo nos encontramos la Puerta del Puente; al cruzarla y yendo hacia la izquierda nos daremos con el Palacio Episcopal, el seminario de San Pelagio y el Hospital de San Sebastian. Más allá nos aguarda el Convento de San Pedro de Alcántara, el Palacio del Cardenal Salazar y la Capilla de San Bartolomé. Y un poco más adelante, las impresionantes Murallas de Córdoba: primero fueron romanas, luego musulmanas y más tarde cristianas. Se conservan bastantes tramos, como la Puerta de Sevilla con su monumento a Ibn Hazam, la Torre de la Puerta del Rincón o la Muralla del Marrubial. Pero el más espectacular es el cercano a la Puerta de Almodóvar, con su escultura de Séneca. Lucio Anneo Séneca, efectivamente, era córdobes y fue uno de los filósofos más destacados de la Hispania romana.

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Aparte de los diferentes patios repartidos por el casco histórico de los que antes hablábamos, os recordamos que hay doce patios magníficos en el interior del palacio de Viana (abre de martes a domingo y la entrada cuesta 5 euros). Córdoba es una ciudad de palacios, indudablemente: tenemos el de los Venegas,  de los aguayo, de los Marqueses de Carpio, del Vizconde de Miranda, de los Muñices, el de Bailío, el de la Merced, el de Orive, el de los Fernández de Mesa, el de Rodrigo Méndez Sotomayor… La Casa de los Luna es otra de las más bonitas de Córdoba, buena expresión de lo que eran las antiguas mansiones platerescas, habitualmente casas solariegas residencias de familias nobles. Al que le guste el turismo de conventos, en Córdoba también lo va a tener fácil: aún se conservan los de las Capuchinas, el de Jesús Crucificado, el de Santa ana, el de los Padres de Grácia, el de Santa Clara y Santa Cruz, el del Corpus Christi y el de Cister.

Lo ideal en Córdoba es perderse sin rumbo fijo por sus incontables plazas (es increíble como una ciudad pequeña como esta conserva tantas), desde la que antes comentábamos en la Fuente de las Flores, rodeada de talleres de artesanía, a la de San Andrés con su fuente barroca, la del Potro, la de las Dueñas o la del Cristo de Gracia: la más impresionante es la de Corredera, que tanto recuerda a la Plaza Mayor de Madrid. Y cuando andes cansado de tanto pateo, porque Córdoba es una ciudad en la que harás muchos kilómetros caminando, hora de sentarse a comer y disfrutar de la deliciosa gastronomía cordobesa, de las mejores de España. El riquísimo salmorejo, rabo de toro, berenjenas con miel, los flamenquines, jamón ibérico, ajoblanco y boquerones en vinagre son platos imprescindibles que te aconsejamos catar en tu visita a la ciudad. Córdoba cuenta con cientos de restaurantes, a cuál más espléndido y con precios realmente competitivos. Nosotros te recomendamos La Tata (C/ Zapatería Vieja 13), es muy pequeñito pero encantador, y sobre todo la Taberna Plateros, una de las más antiguas de Córdoba y ubicada dentro de un patio precioso.

Pero una visita a Córdoba estaría incompleta si no dedicáramos al menos una mañana completa a uno de los recintos arqueológicos más importantes de nuestro país. Hablamos de Medina Azahara. Aunque a mí me parece aún más bonito su nombre árabe, el original,  Madinat al-Zahra, que significa la Ciudad Brillante. La leyenda cuenta que el nombre era un homenaje a Azahara, la esposa favorita del califa.

Medina Azahara se encuentra a apenas 8 kilómetros de Córdoba, en Sierra Morena (recuerda que los domingos sólo abre hasta las 15,30 , así que acuérdate de ir pronto) y el acceso es totalmente gratuito para los ciudadanos de la Unión Europea, un detallazo teniendo en cuenta el provecho económico que le podrían sacar, es importante que la cultura se encuentre al alcance de todos. Mucha gente suele reservar la visita guiada desde Córdoba (te llevan en autobús y suele costar unos 25 euros) pero nosotros recomendamos que la hagáis por vuestra cuenta. Aparcas el coche en la entrada, recoges el ticket en la taquilla (y así de paso ves el museo, que también merece la pena y donde se exponen casi 200 piezas encontradas en las excavaciones) y después te subes al bus que te lleva al recinto. Construida bajo las órdenes del califa Abderraman III, esta ciudad fue una de las más bonitas del imperio musulmán, aunque lamentablemente fue posteriormente abandonada y en consecuencia saqueada durante la guerra civil que puso punto y final al Califato de Córdoba. Así, Medina Azahara en realidad unicamente tuvo un siglo de vida.

La ciudad se construyó en el siglo X sobre diversas terrazas que favorecían el suministro del agua y que además permitían observar en la lejanía a Córdoba; el palacio del califa se encontraba en la superior, las viviendas de los funcionarios (las explanadas gemelas) en la inferior y en la más baja, separada por las superiores por el “complejo de los vigilantes”, vivía el pueblo llano, los soldados y se encontraban los jardines, los baños, la mezquita y el mercado. La ciudad se encontraba amurallada y el punto de entrada era la Puerta Norte. Los edificios más destacables eran la Casa Militar, el Palacio (que se construyó en sólo tres años), la Casa de la Alberca, la Casa del Yafar (el primer ministro, que se rumoreaba era eunuco y así no “peligraba” el harén caifal) y la Casa Real (Dar-Almulk). En los alrededores se encuentran los restos de la Mezquita Aljama, desgraciadamente de los más deteriorados. Aún así, hay que tener en cuenta que aunque mucha gente se siente algo decepcionada cuando visita el recinto arqueológico, creyendo que quedaban más recintos en pie (no fue nuestro caso, a nosotros nos encantó) hay que tener en cuenta que lo que se expone supone sólo un 10% de lo que era la antigua ciudad y que en su construcción trabajaron casi 15.00 obreros (la mezquita de cinco naves se levantó en sólo 48 días). Durante ocho siglos permaneció abandonada en la más absoluta soledad.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Muy completa tu guia. Próximamente viajo a Cordoba y me va a venir genial. Lo único que llegamos en tren y tengo que ver la forma de ir a Medina Azahara por nuestra cuenta
    Patry-www.saltandopormimundo.com

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    1. Nosotros como cuento en el blog lo hicimos en coche. Hay un bus turístico que sale de la Avenida del Alcázar los sábados y domingos a las 10:00 y las 11:00. Ya nos contarás, te va a encantar Córdoba!

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