Ruinas romanas en el norte de África

Erróneamente, mucha gente cree que la dominación del Imperio Romano se limitó a Europa, que en cualquier caso ya sería mucho. Pero el que junto al egipcio ha sido el imperio más poderoso de la Historia (y con el que coincidió durante siglos, llegando incluso a someterlo para humillación de Egipto) extendió sus tentáculos por el norte de África durante nada más y nada menos que casi un milenio. El primer escollo que debieron sortear para la invasión de estos territorios fue vencer a otro imperio importantísimo en aquella época, el cartaginés, cuyo corazón se encontraba en el actual Túnez, aunque de la ciudad de Cartago apenas quedan unas cuantas ruinas que hacen difícil de imaginar el esplendor que alcanzó la urbe en aquellos tiempos. De este modo, y tras batallar en las guerras púnicas, Roma comenzaba su expansión por tierras africanas. Aegyptus (el actual Egipto), se convertía en la provincia más importante, ya no sólo a nivel cultural sino por un motivo aún más importante para los romanos, el económico. Se la consideraba el granero del imperio ya que gracias a las crecidas del Nilo se poseían kilómetros y kilómetros cuadrados de tierras fértiles y, de paso, mucha mano de obra prácticamente gratuita. El resto de provincias eran África Proconsularis (Libia y Túnez), Cyrenaica et Crete (Grecia y parte de Libia), Mauretania Caseariensis (Argelia y Marruecos) y Mauretania Tingitana (Marruecos).

Los romanos comenzaron rápidamente a crear esa extensa red de calzadas que favorecería el transporte del interior a los puertos (principalmente cereal) y que se llevaría en barcos a Roma. Pero estos no eran los únicos tesoros africanos que los romanos codiciaban: desde el continente negro se importaban multitud de animales salvajes para los juegos en los anfiteatros, marfil, aceite, piedras preciosas y sí, también esclavos. Se comprende entonces que los romanos defendieran las costas africanas que lindaban con el Mediterráneo con uñas y dientes.

El caso es que actualmente, casi 2.000 años después, los amantes de la cultura romana tenemos muchos motivos para visitar las ruinas que aún perviven en varios países africanos y que en muchos casos se han convertido en atracciones turísticas de primer orden.  Por dicho motivo, vamos a dar un repaso a algunas de las más importantes.

Marruecos contó con importantes ciudades como  Tingi (Tánger), Zilil (la actual Assilah), Lixus, Valentia Banasa, Sala Colonia y Volubilis. A 30 kilómetros del sur Tánger nos encontramos con las ruinas de Zilis, aunque como tantos otros yacimientos en Marruecos, estas se hallan en un estado de semiabandono. Cerca de Larache, en la carretera que une Tánger con Rabat, tenemos las de Lixus, cuyo templo dedicado a Merquart era uno de los más antiguos del mundo. Aún se pueden encontrar restos de las piscifastorías que nutrían al imperio romano de materia prima para hacer pescado en conserva, al que los romanos eran bien aficionados, termas, un anfiteatro, murallas y el mosaico del dios Océano. En el cercano Museo Arqueológico de Larache se exponen un montón de piezas de cerámica encontradas en las excavaciones. Tenemos también las ruinas de Sala Colonia (Rabat), en Salé, a dos kilómetros del centro, aunque tampoco se ha conservado gran cosa. En Essaouira, en la isla de Mogador, se han encontrado también restos de viviendas romanas. Pero las ruinas más importantes de todas con diferencia (se la consideró la más hermosa ciudad romana de África) son las de Volubilis.

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Antigua ciudad romana de Volubilis

Estuve visitando Volubilis hace años durante uno de mis viajes por Marruecos y pese al calor que nos hizo, cerca de 45º, tengo que confesar que me encantó. Se encuentra a apenas media hora en coche de Meknes y llegó a tener una población cercana a los 20.000 habitantes. Aunque un terremoto en 1700 destrozó varias de las estructuras que habían logrado sobrevivir y parte del mármol se extrajo para construir la propia Meknes, a día de hoy sus ruinas están consideradas las mejores de todo Marruecos. Se mantienen muchos mosaicos prácticamente intactos, así como antiguos pozos, arcos y columnas, termas y letrinas, el foro, la basílica y el Templo de Júpiter, las almazaras donde se producía el aceite (aún actualmente esta zona vive de los olivos), la plaza del mercado con una pequeña panadería y la propia vía principal. Entre los restos de las casas particulares destacan la Casa de Orfeo y la de Dionisos.

Argelia, que originalmente pertenecía al reino de Numidia, fue ocupada por los romanos durante casi siete siglos. Sus ciudades más importantes fueron Cuicul, Tipasa, Cesarea y Hippo Regius. Se han encontrado restos de un teatro en  Guelma, murallas en Tenes, un arco y un foro en Tiddis, un templo y una basílica en Tigzirt, en Lamabesa una muralla con dos decenas de torreones, en Tebessa un arco y un templo dedicado a Minerva y en Jamisa restos del capitolio, unas termas, un teatro y una basílica. A 500 kilómetros de Argel tenemos Timgad; impresiona al visitante la vasta extensión que abarca el yacimiento de esta ciudad fundada por Trajano, que la concibió como una colonia militar, y que es un ejemplo perfecto del diseño urbanístico romano: vista desde el aire se aprecia aún mejor el plano de cuadrículas dividido por las dos vías principales. Aún se mantiene en pie un arco del triunfo de más de 12 metros de altura, los restos de un teatro con capacidad para 3.000 espectadores, el Templo de Júpiter, una biblioteca y varios baños públicos. Aunque en teoría fue una ciudad de retiro para los soldados romanos, fueron muchos los nativos de las tribus que viendo lo bien que se vivía allí, se enrolaron en la legión. De hecho, se ha encontrado una inscripción en el foro que reza “cazar, bañarse, jugar, reir ¡esto es vida”, prueba de que la urbe ofrecía una serie de lujos de los que carecían los africanos de la época.

Otras ruinas relevantes argelinas son las de Tipasa, a 70 kilómetros de la capital. En su museo se encuentran algunos de los mejores mosaicos romanos del país. Tenemos también la muralla defensiva de más de dos kilómetros que protegía la ciudad y que contaba con dos puertas de acceso y varios torreones.En el interior se halla el anfiteatro, el foro, el capitolio, dos templos y varias residencias particulares. Aunque durante varios años Tipasa estuvo expuesta a los robos y el vandalismo, en los últimos tiempos se han realizado esfuerzos para preservarla de mejor forma. Es recomendable combinar esta visita con la de Hippo Regius (conocida como Hipona), cerca de la ciudad de Annaba. Esta ciudad basó su riqueza en la exportación de trigo, vino y mármol y se cree que su foro es el más antiguo de todo el Magreb. Situada en una colina y con muchas de sus ruinas comidas por la vegetación, la ciudad es conocida por haber sido el lugar de nacimiento del filósofo y teólogo San Agustín. Algunos viajeros también añaden a la ruta las ruinas de Khemissa, que aún conserva un teatro en bastante buen estado.

Las ruinas más importantes y mejor conservadas, no obstante, son las de Djemila, que además son Patrimonio de la Humanidad. La antigua Cuicul, a la que se conocía como La Hermosa, cuenta hoy con un museo en el que se expone la cerámica, monedas y artefactos encontrados; en las propias ruinas destaca el Arco de Caracalla, la basílica, el Templo de Venus, el mercado de Cosinus, el teatro, las termas y el Templo de los Severos. La ciudad fue abandonada en el siglo VII debido a las invasiones árabes; sólo a partir del principio del siglo XX comenzaron las excavaciones y aún no se han acabado por lo que se cree que el patrimonio aún enterrado pueda ser de los más espectaculares del mundo.

Llegamos ya a Túnez. Y lo hacemos recordando que a lo largo del mundo se han logrado conservar casi 250 anfiteatros romanos. Pues bien, los dos más espectaculares son el Coliseo Romano y el anfiteatro de El Djem en Túnez, que los más cinéfilos conoceréis porque aquí se rodó la película “Gladiator”. De hecho, son muchos los que consideran que El Djem, pese a ser más pequeño (tampoco mucho) que el Coliseo de Roma, se encuentra en mejor estado y además permite recorrer sin restricciones el foso de arena y las celdas inferiores. Es el mayor anfiteatro de África, mide 149 metros de largo y tenía capacidad para 35.000 espectadores.

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Anfiteatro de El Djem

Túnez es de los países africanos que mayor cantidad de ruinas romanas atesora. Aunque como comentábamos antes de Cartago (cerca de la actual Tunicia) no quede mucho para ver, hay que tener en cuenta la suma importancia que tuvo la ciudad en su tiempo y el valor de su museo arqueológico. Tenemos aún así para compensar las ruinas de Dougga, una ciudad que pese a su extensión, sólo tuvo 5.000 habitantes pero que ha dejado como herencia un teatro con una capacidad de 3.500 personas, el capitolio mejor conservado del país, el mausoleo de Ateban y las Termas de los Cíclopes. Contamos además con las ruinas de Sbeitla, con unas basílicas impresionantes, y que tras la dominación romana, pasó a ser un importante enclave bizantino. En ella destacan el arco del triunfo de la Tretarquía, las termas, la Puerta de Antonino, su foro (uno de los mejor conservados del mundo), el anfiteatro y las termas públicas.

En Túnez también podemos visitar Oudhna, otra ciudad-retiro para los veteranos jubilados fundada por Adriano, y la ciudad de Útica (a apenas 40 kilómetros de Tunicia), que fue uno de los puertos mas importantes del Mediterráneo y en la que se conservan restos de un anfiteatro para 20.000 espectadores, baños y parte de los muelles. Bulla Regia también se encuentra cerca de la capital, a unos 160 kilómetros aproximadamente, por lo que puede ser una buena excursión de un día. No fue hasta el reinado de Adriano cuando sus habitantes consiguieron la plena ciudadanía romana y cuenta con una curiosa particularidad: las casas subterráneas, que pertenecían a las familias pudientes, entre la que destaca la Casa de la Caza, y en las que se buscaba escapar de los calores del verano. Algunas de estas residencias cuentan con algunos de los mejores mosaicos de África, algunos de ellos expuestos actualmente en el Museo del Bardo. Son también reseñables las Termas Memmianas, que además son el edificio más alto de la ciudad, el teatro, el foro y los restos del templo dedicado a Apolo. Combinaremos la visita con la ciudad de Chemtou, situada a 16 kilómetros y sede de una de las mayores canteras de mármol de África. Conocida en la antigüedad como Simmithus, conserva aún el Templo de Saturno y el foro.

Otras ruinas tunecinas que merecen la pena son las de Makhtar, en el norte del país, con su arco de Trajano y sus complejos termales, la Escuela de Jóvenes o el anfiteatro, y Sousse, con sus catacumbas de más de 5 kilómetros y 15.00 tumbas, así como el Museo Arqueológico, el segundo más importante de Túnez. Sus mosaicos son francamente extraordinarios. Para el final dejamos Thuburbo Majus, cuyos mosaicos también se exponen en el Museo del Bardo, y del que se conservan restos del foro, el capitolio, el Templo de Mercurio, la Casa de Neptuno y la Casa de las Fieras Cautivas, así como las termas de invierno y verano. Acabaremos en Zaghouan, que ha logrado conservar parte del acueducto y restos de un templo dedicado a las ninfas.

Libia, debido a la situación de inestabilidad política que vive el país, no es actualmente un destino recomendado pero es bueno tener en cuenta su patrimonio histórico para cuando las aguas se calmen. Entre sus ruinas romanas destacan las de Leptis Magna, a 140 kilómetros de la capital, Tripoli. Es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y cuenta con un legado magnífico, con joyas arquitectónicas como el arco de Septimio Severo y su correspondiente foro, las termas de Adriano, los 400 metros de calzada principal que antiguamente flanqueaban más de 125 columnas, su espectacular mercado con sus puestos circulares, el anfiteatro, el circo y el teatro, considerado este último uno de los mejores del imperio romano.

Al noroeste de Libia tenemos la antigua Cyrene, cercana a otro yacimiento importante, el de Apollonia. Cuenta con un fantástico museo en el que no sólo se exponen mosaicos romanos sino también esculturas griegas. El Templo de Zeus era incluso mayor que el Partenón de Atenas, aunque este no se encuentra completo; se ha conservado también el antiguo gimnasio, el foro, diferentes residencias de familias ricas, el santuario de Apolo, el Monumento Naval y un anfiteatro. Ya en la frontera con Túnez y Argelia, podremos visitar también Sabratha, una de las mejores urbes romanas del norte de África. Antiguo puerto fenicio, su espectacular teatro, con capacidad para 6.000 espectadores, acoge actualmente conciertos y espectáculos. Se ha conservado así mismo el foro, los templos de Isis, Serapis y Liber Pater y las termas de Océano; en el sitio arqueológico también se encuentra un interesante museo. Para el final dejamos la propia capital, Trípoli, donde sólo queda el arco de Marco Aurelio pero a cambio contamos con el Museo Nacional, donde se exponen centenares de piezas encontradas en los diferentes yacimientos libios.

Acabaremos este artículo con Egipto, que pese a que sea conocido mundialmente por las pirámides y la esfinge, tiene en su haber múltiples yacimientos romanos y además importantísimos. La rivalidad que existió entre ambos imperios, el egipcio y el romano, motivó aún más a este segundo para construir en tierras egipcias cuando logró conquistarlas. Así, contamos en Alejandría (la segunda ciudad del país tras El Cairo) con la Columna de Pompeyo, el templo dedicado a Serapis, las catacumbas de Kom el-Shuqafa, el teatro y las termas, así como dos completísimos museos. En el propio El Cairo aún se conservan partes de la murallas de Babylon y se exponen diferentes piezas en el Museo de El Cairo.

En Dendera tenemos la Puerta de Domiciano así como el mammisi romano, en Dush el fuerte romano de Kysis, con restos de un templo dedicado a Isis y Serapis pero con imágenes de emperadores romanos grabadas, en la isla de Philae tenemos el muelle romano y la Puerta de Diocleciano, así como el Kiosko de Trajano, y en Kalabsha el templo de mismo nombre que aunque de orígen egipcio, acabó de construir el emperador Augusto. Contamos además con la ciudad greco-rromana de Karanis, las minas de esmeraldas de Marsa Alam, explotadas por los romanos, amantes devotos de las piedras preciosas, la cantera romana de Mons Claudianus y el templo romano de Shenhur. Aunque eclipsado por las faraónicas obras egipcias, el legado que dejaron los romanos en el país de Cleopatra es francamente impresionante y es por sí solo otra excusa más para visitar Egipto.

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