Viaje a los mejores barrios chinos del mundo

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Chinatown de Londres (Reino Unido)

Los que seguís habitualmente el blog sabéis lo amante que soy de los barrios chinos. Siempre me ha fascinado esa capacidad de la comunidad china para dispersarse por cualquier rincón del planeta, hasta los más insospechados, y sin embargo, mantener intactas sus tradiciones de siglos. Pongo el ejemplo de mi ciudad, Madrid, donde hasta hace pocos años los chinos eran pocos y se dedicaban a regentar restaurantes únicamente y ahora, en la actualidad, han ocupado un distrito entero, el de Usera, y nos han dado a los madrileños esa experiencia que nos resultaba desconocida pero que tan común es desde hace años en otros lugares del mundo: la de tener nuestro propio barrio chino. En el Chinatown madrileño, donde vive el grueso de esta comunidad, no sólo hay tiendas regentadas por chinos, también puedes encontrar restaurantes donde la gastronomía no está occidentalizada, inmobiliarias, gabinetes de abogados, tiendas de vestidos de novia, mercados de alimentación con productos autóctonos y hasta un casino. Todo llevado por chinos y orientado hacia chinos porque para muchos de ellos la barrera del idioma continua siendo un problema: de hecho hay más de una tienda en la que entrarás y no entenderán una palabra en castellano, por lo que te dejarán que deambules a tu aire mientras ellos siguen enganchados a los programas de televisión de su país, práctica no demasiado común en los establecimientos españoles, eso de que te cobren mientras ven la tele. Aunque raro es el barrio de Madrid donde no haya unas cuantas decenas de tiendas de alimentación o bazares de Todo a 1 euro regentadas por chinos, es en Usera donde encontrarás los negocios más especializados, como consultas de acupuntura, peluquerías o parafarmacias donde encontrar mil y una pócimas. Usera, pese a que no tenga el colorido de otros Chinatowns o esas puertas grandiosas que dan la bienvenida al barrio, como la que ves en la foto de arriba que me hice en uno de mis viajes al Chinatown de Londres, es el rincón más asiático de Madrid: sólo hay que darse una vuelta por cualquiera de sus calles y dejar que los aromas que se escapan de las cocinas te abran el apetito.

Aunque la sociedad china en general siempre ha sido bastante cerrada y hermética (aprovecho para recomendaros un libro de lo más interesante, “1421: el año que China descubrió el mundo”, donde una rigurosa investigación demuestra como los chinos llegaron a América 70 años antes que Colón y cuando regresaron a China el emperador destruyó casi todas las pruebas de su descubrimiento y frenó las ansias expansionistas de los navegantes), ello no ha impedido que desde hace siglos fundaran barrios, que muchas veces eran más bien ghettos, en otros rincones del sudeste asiático: el Chinatown más antiguo del mundo es el de Manila (Filipinas), que se creó hace casi 500 años. Los chinos comenzaban a partir de entonces a establecer sus propios barrios en Indonesia, Vietnam, Tailandia e incluso otros países asiáticos donde la cultura local era diametralmente opuesta a la suya como India o Japón. A partir de ahí, y dada su condición de comerciantes y de trabajadores sacrificados (lo de “trabajar como un chino” viene por algo), los chinos comenzaron a emigrar a lugares aún más lejanos: en Sudáfrica se encuentra la comunidad china más grande del continente negro, en Norteamérica cuentan con barrios chinos gigantescos en ciudades como San Francisco, a donde llegaron para la construcción del ferrocarril, Nueva York o Vancouver. Aunque hay que matizar que el nacimiento de estos barrios no tuvo nada de idílico: la mayoría de ellos surgieron por motivos racistas. Los trabajadores chinos se mataban a trabajar  por sueldos muy bajos, lo que les ganó las antipatías de muchos (más o menos como ocurre ahora en tantos países, no os creáis que hemos avanzado tanto). A finales del siglo XIX, casi 200 revueltas anti-chinos estallaron en la costa oeste de USA: una de las más trágicas aconteció en Wyoming, donde los mineros prendieron fuego a las casas de los chinos y asesinaron a 28 personas. Así, muchos chinos se vieron forzados a emigrar a la costa este: allí, muertos de miedo, fundaron sus primeros barrios, donde se sentían protegidos y a salvo de las amenazas exteriores. El propio gobierno comenzó a establecer leyes que frenaran la inmigración y arrebataran derechos fundamentales a chinos que se habían ganado a pulso el ser ciudadanos estadounidenses: fue la primera vez en la historia (a excepción de los años en que la esclavitud era legal) que el Congreso emitía leyes que distinguían y marginaban a los ciudadanos por su raza. Ahora Trump también quiere prohibir la entrada a los musulmanes o a los que, aunque no lo sean, vengan de determinados países: como decía antes, qué poco ha avanzado el ser humano tirando los muros de los prejuicios.

El Chinatown de San Francisco, el más grande de Norteamérica y también el más antiguo, se ha extendido tanto que abarca parte del distrito financiero y North Beach. Su calle principal, Grant Avenue, está plagada de comercios y es aquí donde se comenzaron a comercializar las primeras galletas de la fortuna. El Kong Chow Temple no es excesivamente espectacular exteriormente pero es una parada obligatoria; el templo Tin How también reclama que eches un vistazo a su colorido interior. Además, en el barrio se encuentra la iglesia católica más antigua de California, la de St. Mary, que curiosamente fue construida con granito traído de China, o la plaza Porthsmouth, donde verás a los abueletes practicando Tai Chi.

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Chinatown de San Francisco (Estados Unidos)

Respecto al Chinatown de Nueva York, ya hablé largo y tendido de él en el relato de mi viaje a la Gran Manzana. Posiblemente uno de los barrios chinos más interesantes del mundo y también de los más vistosos. Ubicado en el bajo Manhattan, cuenta con una población de 150.000 chinos, 600 restaurantes y 20 bancos. En el pasado, tenía su propio gobierno, conformado por diferentes familias y clanes, y multitud de empresas de negocios que intentaban acoger a los inmigrantes recién llegados. Y estos no sólo venían de China sino de lugares tan dispares como Cuba o las islas Mauricio. Hoy en día, uno de cada diez neoyorkinos tiene raíces chinas, para que veáis la importancia que ha tenido la inmigración china en el desarrollo de la ciudad.

El Chinatown de Vancouver nos impresionó por sus grandísimas dimensiones: no obstante es el mayor de Canadá. Se encuentra cerca del ya extinto Japantown (desapareció durante la Segunda Guerra Mundial cuando a los inmigrantes japoneses se les requisaron sus propiedades). En Chinatown viven también muchos inmigrantes de Hong Kong y Taiwan, que llegaron aquí a mediados de los 80; de hecho muchos asiáticos conocen a Vancouver como Hongcouver. En el barrio hasta cuentan con su propio periódico, el Sing Tao Daily, y merece la pena visitar los acogedores jardines del Dr. Sun Yat-Sen. El único pero es que en los últimos años se ha incrementado el tema de la delincuencia (nos llamó la atención la cantidad de junkies que había vagando por el barrio), lo que ha provocado que muchos chinos se hayan mudado a vivir a Richmond.

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Chinatown de Vancouver (Canadá)

En Sudamérica, los chinos plantaron sus raíces en las principales capitales como Buenos Aires, México DF o Lima. Incluso hasta, como ya os comenté en su día, en La Habana: el Chinatown de la capital de Cuba es el más surrealista del mundo porque te das una vuelta por allí y los únicos chinos que ves son turistas que han viajado desde China cámara en mano. Por cercanía, los chinos también establecieron comunidades en Australia, que les quedaba algo menos lejos que América. Y, por supuesto, llegaron a Europa. El mayor Chinatown del Viejo Continente podemos encontrarlo en París pero también hay importantísimos barrios chinos en Londres, Amsterdam, Milán, Roma, Atenas, Bruselas o, como os comentaba antes, Madrid.

De todos estos barrios chinos, conozco la gran mayoría: como os digo, en cuanto llego a una ciudad, si tiene barrio chino, allá que voy. Y es que aunque los barrios chinos parezcan iguales todos, hay sutiles diferencias respecto al lugar donde estén ubicados, aunque tienen en común su facilidad para atraer a otras comunidades asiáticas como la vietnamita, la tailandesa o la laosiana, que suelen establecer sus negocios en dichos barrios. Aunque la comunidad china no tienda a mezclarse con otras etnias (algo que, por ejemplo, en USA poco a poco ha ido cambiando y ya hay muchos matrimonios mixtos), es cierto que no logran abstraerse del todo del país donde emigran. En Amsterdam, uno de mis Chinatowns favoritos europeos pese a que es de los más jóvenes, es curioso ver como muchos negocios y tiendas ocupan casonas de varios siglos, creando un curioso contraste, o que entre canales y a escasas manzanas del Barrio rojo podamos encontrarnos con el templo He Hua, el mayor monasterio budista de Europa (y realmente bonito, nunca me canso de ir a verlo).

Aunque el Chinatown más antiguo del Reino Unido (y de Europa) sea el de Liverpool, que se formó a raíz de la llegada de miles de marineros a mediados del siglo XIX, y en el de Birmingham hasta podamos encontrar una pagoda, el barrio chino más popular del país es el de Londres, al que han llegado miles de hongkoneses (Hong Kong ha sido una de las últimas colonias británicas en independizarse). Para mí es uno de los rincones más encantadores de la ciudad y, además, también uno en los que mejor se come. Lo que antiguamente era un hervidero de fumaderos de opio (cuando el opio estaba legalizado y los londinenses se colocaban que daba gusto) hoy en día es uno de los vecindarios más vibrantes del Soho: su cercanía a Piccadilly Circus atrae a diario a miles de turistas. En Gerrard Street, su calle principal, es habitual encontrarse guirnaldas, farolillos rojos y leones de piedra; en sus aledaños, más de 80 restaurantes sirven comida china de-la-de-verdad donde el pato laqueado es el plato estrella y pastelerías como Kowloon o Golden Gate Cake Shop están especializadas en dulces asiáticos. Aunque es infinitamente más pequeño que otros barrios chinos de Estados Unidos, el Chinatown londinense en mi opinión tiene mucho encanto, especialmente si tu visita coincide con el año Nuevo Chino, que suele celebrarse entre mediados de Enero y principios de Febrero.

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Chinatown de Bangkok (Tailandia)

Otro de mis Chinatowns favoritos es el de Bangkok, que se fundó cuando los inmigrantes fueron contratados para trabajar en las murallas de la ciudad, ya que había sido trasladada de Ayutthaya a Bangkok. Si ya de por sí la capital tailandesa es exótica de por sí, imaginaos el barrio chino. En el primero de mis tres viajes a Tailandia, como nos coincidían allí las fechas, celebramos en Chinatown la Nochebuena, alojados en un hotel chino-chino donde la bañera de la habitación era una tinaja de barro enorme donde cabía de pie una persona, uno de los hoteles más curiosos donde he estado nunca. En la calle principal, Yaowarat, sus vecinos se enorgullecen de que la propia avenida asemeje a un dragón que serpentea entre los edificios: es aquí donde se llevan a cabo las celebraciones del Año Nuevo, a las que a menudo asiste la familia real tailandesa, muy querida por la comunidad china. Darse una vuelta por el mercadillo de Sampheng o visitar el Yaowarat Heritage Center, donde se narra la historia del barrio, es una buena forma de comenzar el recorrido. Sólo un aviso: los que llevéis mal lo de los “olores potentes”, tened en cuenta que debido al calor, es muy habitual que los cocineros estén en las puertas de los restaurantes, sentados limpiando el pescado y con un cubo lleno de vísceras macerándose a casi 40 grados. Toda una experiencia.

He tenido la suerte de recorrer otros cuantos Chinatowns asiáticos, todos grandes atracciones turísticas en sus respectivas ciudades. Me sorprendió mucho el de Yokohama en Japón, porque a excepción del barrio coreano en Tokio, no he visto muchas comunidades extranjeras en tierras niponas. Este se fundó en 1859 cuando tras siglos de aislamiento, Japón se abrió al comercio exterior. Aunque ha sufrido diferentes desgracias, como terremotos o la guerra de 1937, que forzó a muchos chinos a regresar a su país de orígen, el barrio sobrevivió y actualmente es el Chinatown más grande de toda Asia. Visualmente es muy llamativo: cuenta con diez paifangs (puertas de entrada) y tiene templos interesantísimos como el de Guan Gong.

Otro de los barrios chinos que más nos gustó es el de Singapur, que como los estadounidenses también nació por motivos dudosamente racistas. El gobierno estableció dividir los barrios por etnias y así apareció Chinatown al sudoeste del río. En 1900 la Hokkien Street era una de las calles más transitadas de la ciudad, pese a que entonces lo que predominaban eran los coches de caballos; Niu Che Shui, que es como los locales conocen al barrio, continua siendo a día de hoy un distrito lleno de tiendas y comercios. Su mercado nocturno estuvo en funcionamiento hasta 1983, cuando las tiendas fueron recolocadas en un complejo cercano. El gobierno se encargó también de construir una puerta de entrada, de la que carecía; con el tiempo, comenzaron a vivir aquí también hindúes y musulmanes, por lo que es común encontrarse con templos indios y mezquitas escondidos en sus callejones y que han convertido a Chinatown en el barrio más multiétnico de todo el país. Por otro lado, tenemos un segundo Chinatown, Geylang, que fue donde nosotros estuvimos alojados, con callejuelas estrechas (los lorongs) y del que los propios locales dicen que es el barrio chino más auténtico de la ciudad, con menos turistas y precios más baratos: además, tiene joyas arquitectónicas como el templo Soon Thian Keing. Un barrio caótico que vive su apogeo al caer la noche y donde degustamos por cuatro duros algunas de las mejores comidas del viaje.

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Chinatown de Kuala Lumpur (Malasia) 

En Malasia también hemos dado buena cuenta de los barrios chinos. En Kuala Lumpur, Chee Cheong Kai (la Calle de la Fábrica de Almidón) es el paraíso de las compras. Petaling Street, la avenida principal y cerrada al tráfico, cuenta con centenares de puestos, la gran mayoría ofreciendo productos de imitación. Es el mejor lugar para atreverse con la bakkwa, una carne típica del sur de China que se prepara a la barbacoa, o los pastelitos chinos. En cuanto al otro Chinatown que visitamos, el de la ciudad de Malacca, es el más antiguo de Malasia y fue fundado por los hokkiens en el 1400. Aunque se ha convertido en un reclamo turístico, merece la pena darse una vuelta por allí pues aún conserva algunos templos y es muy popular el festival Wang Kang. Junto al Chinatown de Penang, también en Malasia, y el de Luang Prabang en Laos, es el único del mundo que tiene el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

En conclusión: que con lo que me gustan los barrios chinos y todos los que he visitado a lo largo del mundo, lo curioso es que aún no he estado en China. ¿Habrá allí también Americantowns o Europetowns? Supongo que no. Pero deberían pensar en crearlos. Ya me imagino a todos los pekineses volviendo a casa cargados de salchichas Bratwurst y gazpacho fresquito. Que cosas más raras se han visto.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. gafasdeviaje dice:

    En mi ciudad tengo uno y siempre me estoy acercando a comprar té y especias que consigo los mas originales. Y tu en otra vida has sido asiática evidentemente jaja

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    1. Jajajajaja yo creo que sí porque es que tengo amor extremo por Asia! Me pasa como a ti, que en Madrid voy mucho a los mercados asiáticos, me viene estupendo para preparar luego en casa la comida india y tailandesa!

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