Lugares fascinantes que no esperarías encontrar en Alemania

Ale­ma­nia es uno de los país­es de Europa que más me fasci­nan. Sabe com­bi­nar como ningún otro su impeca­ble­mente con­ser­va­do pat­ri­mo­nio históri­co con la mod­ernidad de ciu­dades como Berlín o Frank­furt. Y, al mis­mo tiem­po, explota esa baza que supone ese aura de mis­te­rio que siem­pre le ha rodea­do: los bosques de la Sel­va Negra o Baviera escon­den miles de secre­tos. Ale­ma­nia, reple­to de castil­los y de pueb­los de cuen­to, es ese país que nun­ca se aca­ba, da igual las veces que lo vis­ites. Guar­da en su inte­ri­or rin­cones úni­cos en el mun­do que hoy te vamos a des­cubrir en este artícu­lo.

El Puente del Diablo

No es una de las imá­genes más cono­ci­das de Ale­ma­nia y, sin embar­go, prob­a­ble­mente sea una de las más boni­tas de todo el país. Es el Puente del Dia­blo, cono­ci­do en alemán como Rakotzbrücke y situ­a­do en Krom­lau, en la región de Sajo­nia. Se encuen­tra en el inte­ri­or del Par­que de los Rodo­den­dros y aunque está pro­hibido pasear sobre él, siem­pre podrás deleitarte con el refle­jo per­fec­to de su silue­ta sobre el agua.

Rakotzbrucke Alemania

Las casas pintadas de Garmisch-Partenkirchen

Garmisch-Partenkirchen, un encan­ta­dor pueblo alemán de mon­taña ubi­ca­do en los Alpes Bávaros, y sus curiosas casas harán las deli­cias de los amantes del arte y la arqui­tec­tura con su dis­eño pero sobre todo con las impre­sio­n­antes pin­turas que ador­nan sus fachadas. Es tradi­ción en esta región de Ale­ma­nia dec­o­rar los exte­ri­ores de las casas y los nego­cios con motivos reli­giosos e históri­cos, lo que con­vierte un paseo por este pueblo en una expe­ri­en­cia real­mente fasci­nante. El real­is­mo de las pin­turas que dec­o­ran las casas de este pueblo rodea­do de mon­tañas es tal que en muchas oca­siones al obser­vador le cues­ta dis­cernir si el obje­to rep­re­sen­ta­do en la facha­da es un dibu­jo o está ahí de ver­dad. Otra de las car­ac­terís­ti­cas de las casas tradi­cionales de Baviera son las flo­res, que ador­nan ven­tanas y bal­cones por doquier. Los habi­tantes del pueblo se toman tan en serio sus plan­tas que obser­var su flori­dos ven­tanales des­de la calle rep­re­sen­ta casi una activi­dad turís­ti­ca en Garmisch-Partenkirchen. ¡Olvi­darse la cámara de fotos es un peca­do!

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Foto: Tiia Mon­to

Viscardigasse: la calle antinazis de Munich

Se la conoce como La Calle de los Tram­posos, aunque su nom­bre real es Vis­cardi­gasse, y es uno de los rin­cones más sor­pren­dentes de Munich. Cuan­do Hitler llegó al poder, instaló en una plaza cer­cana un estandarte con un águila dora­da y la esvás­ti­ca cor­re­spon­di­ente. Todo peatón que pasara por allí tenía la obligación de incli­narse y realizar el salu­do reglamen­tario. Esto provocó que muchos ciu­dadanos evi­taran rendir pleitesía a las tropas nazis desvián­dose por una calle cer­cana, la Vis­cardi­gasse. Pero los ofi­ciales ale­manes se per­cataron de la tre­ta y vig­i­laron este ata­jo: el que pasa­ba más de dos veces por la calle era repre­sali­a­do, inclu­so se llegó a man­dar a más de un muniqués a cam­pos de con­cen­tración como rec­om­pen­sa a su des­obe­di­en­cia. Hoy, seten­ta años después, un sendero de ado­quines dora­dos rinde trib­u­to a todos aque­l­los que con su gesto de rebeldía demostraron ser no unos tram­posos sino unos valientes.

Schwebebahn: el tren que vuela

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Debe­mos irnos a la ciu­dad de Wup­per­tal, a medio camino entre Dort­mund y Dus­sel­dorf, para cono­cer uno de los mono­raíles más antigu­os del mun­do, el Schwe­beb­han. Pero lo que hace real­mente espe­cial a este tren es que no rue­da sobre vías sino que va sus­pendi­do de estas, real­izan­do un recor­ri­do de casi 14 kilómet­ros y ofre­cien­do unas boni­tas vis­tas, no aptas para los que sufran de miedo a las alturas.

Santa Úrsula: una iglesia llena de huesos humanos

La igle­sia de San­ta Úrsu­la en Colo­nia tiene detrás una macabra his­to­ria: fue con­stru­i­da sobre un cemente­rio romano donde cuen­ta la leyen­da que fueron enter­radas 11.000 vír­genes que habían acom­paña­do a la san­ta en su pere­gri­nación. En la Gold­en Cham­ber se expo­nen calav­eras y reliquias, así como muros cubier­tos de osa­men­tas, hacien­do de este uno de los tem­p­los más curiosos de Ale­ma­nia.

Un cementerio de tanques en Sögel

Lam­en­ta­ble­mente, la his­to­ria de Ale­ma­nia parece ir irre­me­di­a­ble­mente aso­ci­a­da a los con­flic­tos béli­cos y una prue­ba indud­able es el cemente­rio de tan­ques de Sögel en la Baja Sajo­nia. A las afueras del pueblo se encuen­tran estas dos doce­nas de Leop­ard I y M47 Pat­ton que fueron usa­dos para prác­ti­cas mil­itares.

Gärten der Welt: jardines que te llevan a la otra punta del mundo

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Gar­dens Of The World Pavil­lion Chi­na Gar­den Berlin

Los Gärten der Welt (Jar­dines del Mun­do) son uno de los rin­cones más orig­i­nales de Berlín: sobre un ter­reno equiv­a­lente a sesen­ta cam­pos de fút­bol se encuen­tran estos jar­dines que se con­struyeron a finales de los 80 para que berli­ne­ses y tur­is­tas pudier­an sen­tirse en exóti­cas tier­ras sin salir de Ale­ma­nia. Des­de totems core­anos a cere­zos japone­ses, pabel­lones chi­nos o jar­dines inspi­ra­dos en los árabes, además de un laber­in­to y un corre­dor de estat­uas que rep­re­sen­ta algunos de los cuen­tos más cono­ci­dos del fol­clore ger­mano: un lugar idíli­co escon­di­do en la gran ciu­dad.

Tropical Islands Resort: una playa construida dentro de un hangar

En Ale­ma­nia los invier­nos pueden ser lar­gos y duros, así que ¿por qué no ten­er una playa de la que poder dis­fru­tar en cualquier momen­to del año? En la ciu­dad de Halbe, al sur de Berlín, se les ocur­rió esta inge­niosa idea y bajo un hangar gigan­tesco crearon una playa de are­na con luz arti­fi­cial y cale­fac­ción, palmeras y cabañas propias de cualquier isla del Pací­fi­co para que puedas sen­tirte en el trópi­co pese a que en el exte­ri­or las tem­per­at­uras sean de var­ios gra­dos bajo cero.

Externsteine: rocas con formas imposibles

Externsteine

Es uno de los com­ple­jos mega­líti­cos más impor­tantes de Europa, con una antigüedad de cien­to veinte mil­lones de Europa, y uno de los lugares preferi­dos por los ale­manes para pasar los fines de sem­ana debido a la orig­i­nal­i­dad de sus for­ma­ciones rocosas. Se cree que en el pasa­do fue uti­liza­do por las tribus de la Edad de Piedra para sus ritos reli­giosos y pos­te­ri­or­mente fue obje­to de cul­to para muchos paganos, inclu­i­dos los nazis, quienes con­sid­er­a­ban que aquí se con­cen­tra­ban pun­tos de energía de las fuerzas ocul­tas: se cuen­ta que las juven­tudes hit­le­ri­anas se reunían aquí el día del cumpleaños de su tris­te­mente famoso líder.

Kuchlbauer: una torre que parece sacada de los cuentos de Julio Verne

Kuchlbauer

Al igual que la Grüne Zitadelle de la que os hablam­os más aba­jo, la Kuchlbauer Tow­er de Abens­berg es otra de las obras más con­tro­ver­tidas del arqui­tec­to Hun­dert­wass­er, quien con­struyó a finales de los noven­ta uno de los edi­fi­cios más orig­i­nales que se pueden encon­trar en Ale­ma­nia. Pese a que su altura es la mitad de la que se pens­a­ba en un prin­ci­pio (el ayun­tamien­to de la ciu­dad pro­hibió que ningún edi­fi­cio sobrepasara al de la igle­sia más impor­tante de Abens­berg), poco impor­ta este dato si nos fijamos en lo atre­v­i­do del proyec­to. En su inte­ri­or se expone la may­or colec­ción de vasos de cerveza de tri­go del mun­do: casi 4.500 ejem­plares.

La calle de Hamburgo donde se prohíbe el paso a las mujeres

Te hablam­os de ella en el rela­to de nue­stro via­je por Ham­bur­go : la calle Her­ber­strabe es la úni­ca que en el pasa­do per­mitía ofi­cial­mente la pros­ti­tu­ción y en la que unas bar­ri­cadas advierten a mujeres y menores de 18 años que les está pro­hibi­da la entra­da.

Alexandrowka: un pueblo ruso en el corazón de Alemania

Alexandrowka

¡Quién nos iba a decir que íbamos a encon­trar un pueblo ruso en tier­ras ale­m­anas! Para vis­i­tar­lo debe­mos ir has­ta la ciu­dad de Post­dam: allí que­da este reduc­to de lo que supu­so la guer­ra con­tra los rusos para hac­erse con el con­trol de la región de Pru­sia. Miles de pri­sioneros rusos fueron cap­tura­dos: entre ellos, famosos can­tantes que pos­te­ri­or­mente pasarían a for­mar parte de los coros pru­sianos y para los que se con­struyeron estas casas que no les hicier­an sen­tirse tan lejos de su hog­ar (y has­ta una igle­sia orto­doxa existe en esta colo­nia). Al pueblo se le llamó Alexandrowka en hon­or al últi­mo zar y dio cobi­jo a doce famil­ias. Las casas son de tal belleza que fueron declar­adas Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO.

Happy Rizzi: la casa más alegre del mundo

Happy Rizzi

Eso dicen de ella: que es la casa más feliz del mun­do. No hay más que echar un ojo a su excén­tri­ca facha­da. Se encuen­tra en Brunswick y supone un col­ori­do con­traste con las antiguas casas que rodean al edi­fi­cio, que nació de la imag­i­nación del artista neoy­orki­no James Rizzi, quien quiso trasladar a la arqui­tec­tura las chillonas prop­ues­tas de los video­clips de los años 80.

Prora: el resort vacacional de los nazis que nuca llegó a utilizarse

Fue uno de los grandes delirios de grandeza de Hitler: una ciu­dad de vaca­ciones con más de 10.000 habita­ciones. Un mon­stru­oso proyec­to que pre­tendía alo­jar a los sol­da­dos nazis en la Rügen Island, a esca­sos met­ros de la playa, y que oculta­ba un sinie­stro plan: usar los hote­les como for­ti­fi­ca­ciones mil­itares. Al comen­zar la Segun­da Guer­ra Mundi­al el resort fue aban­don­a­do y hoy en día algu­nas de estas habita­ciones son usadas como galerías de arte: la inten­ción es recon­ver­tir los ocho edi­fi­cios en aparta­men­tos de lujo.

Gurkenmuseum: el museo de los pepinos

En Spree­wald tienen claro cuál es su comi­da favorita y en la que basan su agri­cul­tura: los pepinos, que lle­van cul­tiván­dose en esta región des­de hace más de 1.500 años. Tan­to como para que has­ta les hayan ded­i­ca­do un museo, donde podrás des­cubrir las dece­nas de var­iedades que exis­ten.

La torre torcida de Suurhusen

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Tiene una incli­nación may­or que la Torre de Pisa: es el cam­pa­nario de Suurhusen, que ha sido recono­ci­do por el libro Guin­ness de los Records como la torre más incli­na­da del mun­do.

Krämerbrücke: el puente habitado más largo del mundo

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Lo que le gus­tan a los ale­manes los puentes. Este en con­cre­to se encuen­tra en la ciu­dad de Erfurt , se lla­ma el Puente de los Mer­caderes porque antigua­mente era aquí donde los com­er­ciantes vendían su género, prin­ci­pal­mente espe­cias, y tiene el hon­or de ser el puente habita­do más largo del mun­do. Está flan­quea­do por dos igle­sias, una en cada entra­da, y bajo sus pilares pasa el río Gera: son más de sesen­ta casas de tres plan­tas en los que en la plan­ta baja suele ubi­carse un com­er­cio, gen­eral­mente tien­das, restau­rantes y cafeterías, y en las plan­tas supe­ri­ores viv­en las famil­ias.

Hüetten Palast: dormir en una caravana en mitad de Berlín

Siem­pre nos gus­ta incluir en nue­stros artícu­los alo­jamien­tos orig­i­nales y esta vez no iba a ser una excep­ción. En la cap­i­tal ale­m­ana nos encon­tramos con el hotel Hüet­ten Palast, donde al amparo de una vie­ja fábri­ca se encuen­tran bun­ga­lows de madera y car­a­vanas que hacen la labor de las habita­ciones con­ven­cionales. Para que te sien­tas en mitad del cam­po podrás dis­fru­tar en un recin­to de doscien­tos met­ros cuadra­dos de colum­pios, porch­es con mece­do­ras y has­ta podrás hac­er tu propia foga­ta. Y el pre­cio no es nada caro: poco más de 65 euros la noche para dos per­sonas.

La Porta Nigra de Trier

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Tri­er o Augus­ta Trevevo­rum es cono­ci­da por ser la ciu­dad más antigua de Ale­ma­nia y tam­bién por alber­gar una mar­avil­losa estruc­tura de 1700 años, parte del Pat­ri­mo­nio de la Humanidad, cono­ci­da como Por­ta Nigra, ras­tro del paso de los romanos por el país teutón. Sin embar­go, la ciu­dad, situ­a­da al sureste de Ale­ma­nia, cer­ca de la fron­tera con Lux­em­bur­go, no fue funda­da por los romanos como algunos podrían pen­sar sino por un príncipe Asirio lla­ma­do Tre­be­ta unos cuan­tos sig­los antes de la lle­ga­da de éstos, quienes la con­virtieron en la cap­i­tal de Galia Bel­gi­ca, lle­gan­do a ten­er  70.000 habi­tantes. La Por­ta Nigra es la úni­ca super­viviente de la antigua mural­la, que en su máx­i­mo esplen­dor, antes de ser víc­ti­ma de los saque­os y los robos, estu­vo for­ma­da por cua­tro puer­tas. La que hoy nos ocu­pa con­sigu­ió sal­varse de la destruc­ción gra­cias a un mon­je lla­ma­do Simeón, que con­vir­tió el edi­fi­cio, de 27 met­ros de altura y 40 de ancho, en una igle­sia de dos pisos. La entra­da al monas­te­rio del siglo XI es gra­tui­ta pero para vis­i­tar las plan­tas supe­ri­ores hay que pagar una entra­da de 2,10€. En los meses de ver­a­no, actores vesti­dos de sol­da­dos romanos real­izan intere­santes vis­i­tas guiadas por el inte­ri­or para los tur­is­tas.

Spreepark: un parque de atracciones abandonado

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No sé a vosotros pero a mí me encan­ta pasear entre ruinas de lugares aban­don­a­dos, imag­inán­dome cómo eran estos sitios cuan­do hervían en una frenéti­ca activi­dad. En la antigua Repúbli­ca Democráti­ca de Ale­ma­nia, la que pertenecía a los comu­nistas, no había muchos lugares donde diver­tirse (tam­poco esta­ba el horno para bol­los) y el úni­co par­que de atrac­ciones exis­tente era el Spreepark, situ­a­do en Plän­ter­wald, a las afueras de Berlín. Aunque logró sobre­vivir a la caí­da del Muro de Berlín, acabó en ban­car­ro­ta y debió cer­rar sus puer­tas en el año 2001. Aho­ra puedes pasear entre mon­tañas rusas oxi­dadas, estat­uas de dinosaurios y norias aban­don­adas en mitad de un bosque: aunque ofi­cial­mente está pro­hibido entrar, son muchos los tur­is­tas que hacen la vista gor­da y se aden­tran en este lugar de lo más sinie­stro.

Aquadom: el acuario cilíndrico más grande del mundo

Se encuen­tra en Berlín, más conc­re­ta­mente en el hotel Radis­son Blu, y tiene capaci­dad para un mil­lón de litros de agua: en su inte­ri­or viv­en casi 3.000 peces de 56 especies difer­entes e inclu­so hay corales. Lo mejor es la for­ma en que pueden admi­rar­lo los vis­i­tantes, des­de el pro­pio inte­ri­or, donde un ele­vador te per­mite ver todo en un ángu­lo de 360 gra­dos.

Wattenmeer: la playa infinita

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En el Mar del Norte, a una hora en coche de Bre­men, se encuen­tra el Par­que Nacional Wat­ten­meer, una inmen­sa reser­va nat­ur­al de maris­mas. Uno de los lugares más vis­i­ta­dos es la playa de Duh­nen, donde curiosa­mente la gente no viene a bañarse sino a cam­i­nar. Y es que aquí el vis­i­tante jue­ga con el horario de las mar­eas ya que depen­di­en­do del momen­to del día en que ven­gas, podrás encon­trarte la playa sin agua pese a que unas cen­te­nas de met­ros más allá veas nave­g­ar a los bar­cos. Es recomend­able que al lle­gar pidáis un fol­leto con las rutas y los horar­ios de la subi­da y baja­da de mar­eas para que no os llevéis un buen sus­to, que no seríais los primeros que se han vis­to con el agua al cuel­lo y nun­ca mejor dicho.

Grüne Zitadelle: la versión alemana de la obra de Gaudí

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En la ciu­dad de Magde­burg se encuen­tra uno de los edi­fi­cios más curiosos de Ale­ma­nia, la Grüne Zitadelle, obra del arqui­tec­to Hun­dert­wass­er y que a grandes ras­gos podría recor­darnos a la obra de Gaudí. Amante de las cur­vas y las explo­siones de col­or, este arqui­tec­to aus­tri­a­co real­izó su últi­ma obra, la que nos ocu­pa, inun­dan­do de veg­etación la facha­da rosa (por lo que curiosa­mente se conoce al edi­fi­cio como “la ciu­dadela verde”). Las vivien­das son de uso par­tic­u­lar: sus habi­tantes pueden enorgul­le­cerse de vivir en uno de los lugares más orig­i­nales del mun­do.

Puente de Bastei: arquitectura fundida con rocas

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Los ger­manos se sien­ten pro­fun­da­mente orgul­losos del Puente de Bastei y no es para menos: es una de las con­struc­ciones arqui­tec­tóni­cas más impre­sio­n­antes de Europa. A doscien­tos met­ros de altura sobre el río Elba y sorte­an­do las rocas que la erosión mold­eó a lo largo de miles de años, vino a susti­tuir a un antiguo puente de madera que ame­naz­a­ba con par­tirse debido a la aflu­en­cia de vis­i­tantes. Aunque se encuen­tra en una región que se conoce como la Suiza Sajona, está en pleno corazón de Ale­ma­nia, cer­ca de Dres­de.


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8 Comments

  1. Qué intere­sante! Vivo en Ale­ma­nia y la mitad de cosas no las conocía!

  2. Pues aprovecha que las tienes tan cerqui­ta!

  3. Qué pasa­da de sitios!! Me los apun­to para cuan­do volva­mos! Besos!

  4. Me ale­gro que te hayan gus­ta­do las sug­eren­cias! Un abra­zo!

  5. ¡¡Soy una via­jera emped­erni­da!! muero de ganas de ir a todos estos lugares, aun habi­en­do esta­do en Ale­ma­nia no he vis­to ninguno. Muchas gra­cias.

  6. Gra­cias a ti por leer­nos!

  7. este ver­a­no dare una vuelta por ellos claro„„alguno.…

  8. Boni­tos lugares. Me han sor­pren­di­do.

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