Catacumbas Paris

París oh la la la. Cómo nos gusta proponeros itinerarios diferentes para que deis a vuestros viajes un toque original. Si hace un tiempo en ese sentido dedicábamos un par de extensos artículos a la capital británica, Tours terroríficos por el Londres más misteriosoPlanes originales y sorprendentes para tu próxima escapada a Londres , en esta ocasión vamos a dirigir nuestras miras a París. Otra de las ciudades europeas donde las leyendas han forjado su identidad como urbe y realidad y mitos se funden en cada esquina. París es un cúmulo interminable de rincones enigmáticos, de esos que a menudo pasan por alto muchos turistas básicamente porque no los conocen, y que pueden ofrecer una visita alternativa igual de interesante que la que nos brindan los monumentos más célebres. Además, la capital francesa es una ciudad que, por cercanía, solemos visitar más de una vez en la vida, por lo que en tu próximo viaje podrás dejar a un lado esos lugares en los que has estado antes, como la Torre Eiffel o el Museo del Louvre, y dejar hueco en tu agenda para algunas de las propuestas que aquí te mostramos.

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Es casi inevitable comenzar nuestro inusual recorrido por el que por derecho propio se ha convertido en nuestro rincón favorito parisino: las catacumbas. De ellas te hablamos largo y tendido en nuestro viaje a París pero nunca sobra recordar por qué este lugar es único en el mundo y debería ser una visita que no dejaras pasar. Todo ello pese a las colas interminables que se forman para entrar: te recomendamos que madrugues todo lo que puedas y estés allí de los primeritos, abren de martes a sábado a las diez de la mañana y si puedes estar guardando cola un par de horas antes, mejor que mejor. La entrada cuesta 13 euros (en el momento que las visitamos costaba 10, han subido las tarifas) y te aseguramos que el dinero va estar inmejorablemente invertido: son espeluznantes.

Catacumbas Paris

Es recomendable que eches una chaqueta ya que el recorrido no es corto (más de kilómetro y medio) e incluso en verano hay una temperatura constante de 14º. Las catacumbas parisinas nacieron en el siglo XVIII, fruto de la saturación de cadáveres que sufrían los cementerios de la ciudad. Aquí se comenzaron a trasladar los restos óseos de muchos fallecidos (lo curioso es que un siglo después también se plantaban champiñones aprovechando la oscuridad y el alto nivel de humedad aquí abajo) y cuando se quisieron dar cuenta, se acumulaban los huesos de más de seis millones de personas, convirtiéndolo en el mayor cementerio del mundo. 320 kilómetros de túneles repletos de calaveras, fémures y tibias formando macabras obras de arte. Sólo dos de ellos están abiertos al público. No se te ocurra salirte del itinerario marcado: el año pasado dos adolescentes decidieron explorar por su cuenta (pese a estar prohibidísimo) y el resultado fue que los perros de rescate los encontraron tres días después con síntomas de hipotermia y casi deshidratados. Perderse en estas galerías, aparte de acarrearte una multa importante, es más peligroso de lo que crees.

De las catacumbas nos vamos a otro lugar que hará las delicias de los amantes de la literatura de terror: el Museo de los Vampiros y las Criaturas Legendarias. El único museo del mundo dedicado a los vampiros, al que sólo podrás acceder bajo reserva previa, todos los datos los encontrarás en la web del Le Musée des Vampires . Creado por Jacques Sirgent, un profesor de inglés que también ha trabajado como traductor de la obra de Bram Stoker, el escritor que dio forma al mito de Drácula, es una interesante exposición acerca del terror que los vampiros han inspirado en la población a lo largo de la historia: buena muestra de ello es el “kit antivampiros” del siglo XIX, una de las joyas del museo. Estacas, libros antiquísimos, pinturas, posters de películas dedicadas a la figura del vampiro e incluso los autógrafos de todos los actores que alguna vez en su vida protagonizaron el papel de Drácula.

Como de museos va la cosa, vamos a iniciar un original recorrido por algunos de los museos menos conocidos de París y que, sin embargo, tanto tienen que ofrecer. Comenzaremos el tour por el museo dedicado a Edith Piaf, la cantante que popularizó “La vie en rose” y que ha visto como el apartamento donde residió siendo jovencita se ha convertido en un santuario de su obra. Entre todos los objetos, destaca el mítico vestido negro que tanto la gustaba lucir en sus actuaciones.

Museo Edith Piaf

El museo ha sido creado por una asociación de fans de la artista, Les Amis de Piaf, que también se ocupan del mantenimiento de la tumba de Edith Piaf en el cementerio de Père Lachaise. Dicho cementerio bien se merece otra visita, pues aparte de ser bellísimo, aquí se encuentran enterrados personajes de la talla de Oscar Wilde, Honore de Balzac, Maria Callas, Chopin, Cyrano de Bergerac, Moliere o Jim Morrison. A las afueras de París se encuentra Le Cimétiere des Chiens et Autres Animaux Domestiques, el cementerio de animales donde se han enterrado perros, gatos, caballos u ovejas que en vida marcaron profunda huella en las familias con las que convivieron. Curiosamente, en este cementerio vive además una colonia grandísima de gatos.

Si eres un apasionado del vino, no creas que sólo podrás encontrar museos dedicados al producto estrella francés en ciudades como Burdeos, ya que en París también le han dedicado un museo. Se trata de Les Caves du Louvre, muy cerca del museo del mismo nombre, ubicado en unas bodegas del siglo XVIII ideadas por Trudon, el que fuera sumiller del monarca Luis XV y quien dio rienda suelta a su pasión en los sótanos de la que fue su mansión. Convenientemente restauradas y cubriendo un área de más de 600 metros cuadrados, actualmente dan la oportunidad al visitante de degustar algunos de los mejores vinos de Francia en un entorno espectacular.

El Musée de la Magie, dedicado al fantástico mundo de la magia, se encuentra en Rue Saint Paul y es un coqueto museo ambientado en el siglo XVIII donde se exponen artefactos utilizados por magos y en el que podrás disfrutar de espectáculos dirigidos a una selecta audiencia. En el mismo edificio (que está justo detrás de la que era residencia del Marqués de Sade) nos encontramos con otro lugar también bastante interesante, el Musée des Automates, donde se exhiben un centenar de muñecos autómatas que tú mismo podrás poner en movimiento. La entrada conjunta a ambos museos cuesta 14 euros, aunque se pueden visitar por separado.

Continuando con el tono festivo, podemos irnos al Musée des Arts Forains , dedicado a los carnavales. Pincha en la web para obtener información ya que las visitas son guiadas y sólo se pueden hacer con reserva previa. En cualquier caso, la visita merece mucho la pena ya que es un salto en el tiempo y supone un regreso al París bohemio, ese de las luces de colores y los cabarets. Desde allí podemos ir a un lugar totalmente opuesto, el Musée des Égouts de París. ¿El museo de qué? Sí, sí, el museo de las alcantarillas, donde en un itinerario de medio kilómetro os mostrarán cómo es el funcionamiento de ese París subterráneo. La entrada apenas cuesta 4 euros pero también se necesita reserva previa.

El Museo Grevin, en el Boulevard Montmartre, también es otro de los más curiosos de París. Conviene comprar los tickets antes en su web para que disfrutemos del descuento (18 euros por adulto) y nos adentremos en este alocado museo de cera en que podremos disfrutar de conseguidísimas réplicas de personajes como Elvis Presley, Mick Jagger, Chaplin, Gerard Depardieu o El Principito. Hablando de El Principito (protagonista de uno de nuestros libros favoritos), éste tiene una tienda en su honor, Le Petit Prince, en la calle Rue Grégoire de Tours. En ella podrás encontrar miles de artículos dedicados a una novela maravillosa que nunca nos cansamos de releer.

Esta de aquí abajo es la Rue Cremieux, considerada una de las calles más bonitas y coloridas de París. Es como encontrar un pequeño pueblecito de la Alsacia escondido en la ajetreada capital francesa.

Paris

¿Sabías que en París, aunque cueste creerlo puedes encontrar una pagoda china? Se halla en Rue de Courcelles y es un edificio que aunque nació como hotel, se reconvirtió en pagoda al adquirirlo Mr. Loo, un rico empresario chino que en su interior instaló una galería dedicada a arte asiático. No obstante, París también cuenta con su propio barrio chino, Quarter Chinoise, cerca del Boulevard Masséna, donde se amontonan cientos de tiendas de productos traídos de Asia e incluso un pequeño templo budista. Y también una Little Sri Lanka en el barrio de La Chapelle, fundada por expatriados que huyeron de la guerra de su país a mediados de los años 80. Es común mientras paseas por allí escuchar a la gente hablar en tamil y que si llegas a últimos de Agosto, disfrutes del festival en honor a Ganesha. También hay un pequeño templo llamado Sri Manicka Vinayakar Alayam y, como no, multitud de restaurantes ceilandeses.

El edificio del que os hablaremos ahora y que podéis ver ahí abajo, lamentablemente ya no existe pero nos parecía un lugar tan especial que queríamos incluirlo en esta lista de rincones memorables. Se trata del Cabaret del Infierno , que antiguamente podías encontrar en el 53 del Bolulevard de Clichy. En el siglo XIX París vivía una auténtica obsesión con todo lo relacionado con el ocultismo, la magia negra y la vida en el Más Allá y alrededor de 1890 se construyeron macabros cabarets como este, el Cabaret of Truants (en cuya entrada había esculturas de arañas gigantes) o el Cabaret du Néant (el Cabaret de la Nada, conocido también como el Cabaret of Death). En ellos, utilizando los rudimentarios efectos especiales de la época, se simulaban apariciones fantasmagóricas y se representaban espectáculos con el diablo como protagonista. Para darle más morbo al asunto, las bebidas eran servidas en réplicas de calaveras y el interior se decoraba con guillotinas y esqueletos en posturas grotescas. Lamentablemente, el Cabaret del Infierno fue demolido en 1952, privándonos de la oportunidad del que con diferencia era el local más siniestro de París.

Cabaret del Infierno Paris

¿Sabías que en el invierno de 1450 una manada de lobos, desesperados por el hambre, lograron colarse por las maltrechas murallas de la ciudad y se comieron a cuarenta personas, provocando una oleada de pánico entre la población? Se dice que lograron darles caza en la plaza que hay frente a Notre Dame: acuérdate de ello la próxima vez que visites la catedral más importante de París. Desata también tu imaginación cuando cruces el paso de cebra que existe entre la Rue de la Roquette y la Rue de la Croix Faubin porque si te fijas detenidamente, observarás unas marcas en el pavimento: son las de la antigua guillotina, testigo de casi 70 ejecuciones públicas.

Pese a que sea una de las imágenes más conocidas de París, sobre todo a raíz de que Víctor Hugo y su jorobado las popularizaran, aún hay mucha gente que no sabe dónde pueden encontrar las siniestras gárgolas. Están en lo alto de la Catedral de Notre Dame y su función no es sólo decorativa, también sirven para proteger del agua de lluvia a la fachada de la iglesia.

Gargolas Notre Dame

En estos tiempos en que los cines tradicionales parecen condenados a desaparecer, en París sobrevive un clásico, el Beverley Adult Cinema, especializado en películas eróticas antiguas. A día de hoy, muchos nostálgicos parisinos siguen acercándose aquí para alejarse de convencionalismos y apoyar que el buen cine nunca pasa de moda. Pagas 12 euros y tienes barra libre de películas.

Si quieres darte el gusto de tomarte algo en el café más antiguo de París, dirígete entonces a Le Procope, que abrió en 1686 y tuvo entre su clientela a Voltaire (quien aún tiene una mesa “perpetua” reservada para él), Balzac, Víctor Hugo y Rosseau. Barato no es (calcula unos 50 euros por comensal) pero merece la pena el capricho ¿verdad?

Esta no es la única experiencia gastronómica diferente que podrás vivir en París. En el restaurante Dans le Noir se han sumado a la moda de cenar en total oscuridad, en Le Wagon Bleu podrás comer en un vagón de los años 20, en Bustronome degustarás el menú en un autobús que te va mostrando la ciudad y en Bel Canto te amenizan la velada con sesiones de ópera.

En París también tenemos una Estatua de la Libertad: a fin de cuentas, fueron los franceses los que regalaron la suya a la ciudad de Nueva York. La parisina se encuentra junto al Pont de Grenelle.

Paris Estatua de la Libertad

En cuanto a hoteles, París ofrece una buena oferta de alojamientos que se escapan de la norma. El Off Paris Seine es un hotel flotante que se sitúa en la orilla izquierda del río Sena, el Hospitel (como su propio nombre indica) es un antiguo hospital a sólo unos metros de Notre Dame, en el Hotel du Continent cada habitación es temática e inspirada en diferentes países (cada planta está dedicada a un continente), el Kube Hotel tiene un bar de hielo, el Vice Versa ha decorado las habitaciones con los siete pecados capitales como excusa y en el Hotel du Triangle d’Or todo gira en torno a la música.

Por último, el barrio de Montmartre, el más bonito de París, guarda secretos como un huerto urbano a un paso de la Capilla del Sagrado Corazón, del que salen cada año 1.700 botellas de vino, o un pequeño cementerio, el Montmartre Cemetery, escondido bajo un puente. Dos detalles que suelen escaparse a los viajeros cuando visitan este encantador barrio y que te animamos a que apuntes para la próxima vez que recorras sus calles.

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