Cuando uno piensa en Japón, lo primero que se nos viene a la cabeza son los templos milenarios de Kioto, el bullicio de Tokio o los ciervos encantadores de Nara. Kobe, si acaso, es ese nombre que relacionamos con la carne más famosa (y cara) del mundo. Y poco más. Pero lo cierto es que esta ciudad portuaria, discreta y moderna, tiene muchísimo más que ofrecer. Así que te animo a que encuentres en tu próximo viaje japonés la oportunidad de visitarla: no te robará mucho tiempo (apenas un día) pero a cambio te ofrecerá una experiencia cuanto menos diferente en tierras niponas. Y sin cruzarte casi sin turistas, especialmente si vienes en invierno, como era nuestro caso.
En un principio, Kobe no estaba en mis planes. Fue una de esas decisiones improvisadas de última hora, motivada más por la curiosidad (y el apetito) que por una planificación meticulosa. En este cuarto viaje a Japón fuimos con unos amigos pero ellos tenían menos días de vacaciones y regresaban antes que nosotros a España. Así que nos quedaban unos cuantos días libres en Kioto antes de viajar a China y ya que teníamos la ciudad bastante pateada de éste y otros viajes anteriores, decidimos incorporar algunas excursiones a otras ciudades cercanas. Y ahí estaba Kobe esperándonos.

Entre las montañas Rokko y el mar interior de Seto, la ciudad parece estar literalmente abrazada por la naturaleza. Puedes estar paseando por la zona del puerto y en menos de media hora estar en un mirador a cientos de metros de altura contemplando toda la bahía. Y todo eso sin salir de la ciudad. Kobe tiene un aire moderno, casi cosmopolita, pero sin el agobio de otras grandes urbes japonesas. Es como una hermana menor de Osaka, más tranquila pero con un montón de atractivos interesantes.
Nankinmachi: el barrio chino de Kobe
Hay que comenzar, sí o sí, por Nankinmachi, el pequeño pero vibrante barrio chino. Ya sabéis lo mucho que me gustan los Chinatown, ya os lo conté en el artículo Viaje a los mejores barrios chinos del mundo. Lo curioso es que, pese a que Japón ha sido históricamente bastante reacio a la inmigración, Kobe fue una de las primeras ciudades en abrirse al comercio exterior a mediados del siglo XIX, cuando el país abandonó su aislamiento. Y claro, ¿quiénes fueron de los primeros en instalarse en el puerto? Comerciantes chinos. De ahí nació este pequeño laberinto de farolillos rojos, templos decorados con dragones y puestos de comida que parecen competir por ver quién te tienta más por medio de sus aromas.
El nombre Nankinmachi hace referencia a Nankín, una ciudad histórica de China, y desde entonces el barrio se convirtió en un punto de referencia para la comunidad china en Japón. A día de hoy, Nankinmachi es uno de los tres barrios chinos más importantes del país, junto a los de Yokohama y Nagasaki. Aunque su tamaño es modesto —apenas unas cuantas calles—, su intensidad lo compensa con creces. Es el típico lugar donde cada rincón tiene algo que mirar, oler, saborear o fotografiar. Un micromundo maravilloso teñido de color carmesí.
El barrio chino ocupa apenas un par de calles en forma de cruz pero concentra tanta energía que uno siente que el espacio se multiplica. Nada más cruzar el gran arco decorado que marca la entrada al barrio, el ambiente cambia radicalmente. Pasas de la sobriedad japonesa al bullicio y colorido tan típicos de las calles chinas. Farolillos rojos colgados de fachada en fachada, toldos con caracteres dorados, estatuas de dragones y leones guardianes, tiendas que venden amuletos, galletas de la fortuna y tés exóticos. Pero lo mejor —y lo más tentador— es el olor. A especias, a jengibre, a carne cocida al vapor, a dulces recién horneados. No se puede caminar más de cinco metros sin que algo te diga “cómeme!”
Nankinmachi Square
En el mismo centro del Barrio Chino de Kobe, donde las dos calles principales se cruzan y la multitud se concentra, se abre una pequeña pero bulliciosa explanada conocida como Nankinmachi Square. No es una plaza al uso europeo, con bancos y árboles frondosos, sino un espacio vibrante donde convergen aromas, luces y sonidos, y que funciona como auténtico corazón social del barrio.
El elemento que más llama la atención es el pabellón Azumaya, un kiosco hexagonal construido en 1983. De color rojo intenso, con un tejado de dos niveles y dragones pintados en su interior, se ha convertido en el icono fotográfico por excelencia de Nankinmachi. Los visitantes lo rodean constantemente, ya sea para hacerse fotos, descansar unos minutos mientras comen algún dimsum comprado en los puestos, o simplemente para observar la vida que fluye alrededor.

Rodeando el pabellón se encuentran doce estatuillas de animales del zodíaco chino, cada una con su propia expresión y detalle. Niños y adultos se divierten buscando su signo, acariciando las esculturas para la foto de rigor o como gesto de buena suerte. Junto a ellas suelen colocarse también las figuras llamadas Shozaishin-ningyo, representaciones de los dioses de la fortuna que, con sus colores vivos y formas amables, aportan un aire festivo incluso en los días más tranquilos. Los símbolos del zodiaco chino pueden encontrarse incluso en las tapas de alcantarilla de este barrio.
Pero esta plaza no solo es escenario de turismo y ocio. Tiene también un valor simbólico profundo para la comunidad local. Tras el devastador terremoto de Hanshin en 1995, los dueños de restaurantes del barrio instalaron puestos en este mismo lugar para repartir gratuitamente platos calientes a los afectados: fideos, sopas y croquetas que sirvieron como alivio en medio del desastre. Desde entonces, la plaza quedó grabada en la memoria colectiva como un espacio de solidaridad y resiliencia.
Hoy en día, además de ser punto de encuentro, la plaza se convierte en escenario principal de las celebraciones más importantes, como el Año Nuevo Chino o el Festival de la Linterna, cuando miles de faroles rojos iluminan cada rincón y el pabellón Azumaya parece flotar entre luces.
Las tres puertas guardianas de Nankinmachi
Como en todo Chinatown que se precie, Nankinmachi también está protegido por sus propias puertas tradicionales, que no son solo decorativas, sino que en la cultura china actúan como guardianes simbólicos contra los malos espíritus. Entrar al barrio bajo una de estas arcadas es, de algún modo, cruzar un umbral que te transporta a otro mundo.

Nankinmachi cuenta con tres puertas principales, cada una situada en un extremo del barrio:
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Changanmon (la puerta del Este)
Es quizá la más fotografiada, con sus vivos tonos rojos y dorados. El nombre “Changan” evoca la antigua capital de China (actual Xi’an), símbolo de prosperidad y longevidad. Está ricamente decorada con dragones y faroles y suele ser la entrada más utilizada por los visitantes que llegan desde la estación Motomachi. -
Seianmon (la puerta del Oeste)
Un poco más sobria en comparación con la del Este pero igualmente elegante. “Seian” significa “paz y seguridad”, y en la tradición china se la interpreta como una puerta que protege a los transeúntes de infortunios al salir del barrio. Caminar bajo ella es como recibir una bendición de buen viaje. -
Kaieimon (la puerta del Sur)
Ubicada cerca del puerto, su nombre puede traducirse como “puerta del océano”. Es un guiño a la historia marítima de Kobe y a los inmigrantes chinos que llegaron por mar para asentarse aquí en el siglo XIX. Su diseño destaca por la influencia marítima y por ser la que conecta directamente el barrio con el resto de la ciudad.

A diferencia de otros chinatowns, Nankinmachi no tiene una cuarta puerta al norte. Dicen que es porque el barrio quedó históricamente delimitado en esa dirección por el trazado urbano y no había espacio suficiente. Sin embargo, esta ausencia también ha generado un sinfín de interpretaciones: algunos lo ven como símbolo de apertura hacia el cielo, otros como una manera de mantener la energía fluyendo.
La mejor gastronomía china
La comida es, sin duda, la gran protagonista del barrio. Visitar Nankinmachi sin probar su comida es como entrar en una pastelería y salir con las manos vacías. Aquí todo está pensado para el disfrute del paladar, desde los puestos callejeros hasta los restaurantes más tradicionales. Y lo mejor es que, al ser un barrio compacto, puedes recorrerlo probando un bocado tras otro, como si hicieras un tour gastronómico improvisado.
Nikuman (bollos de carne al vapor)
Son la estrella absoluta de Nankinmachi. Se trata de panecillos blancos y esponjosos, rellenos de cerdo jugoso y a menudo aderezados con jengibre o salsa de soja. Se sirven muy calientes, directamente del bambú humeante. En Japón se popularizaron tanto que hoy se venden en cualquier combini, pero los de Kobe siguen teniendo fama de ser de los mejores del país.
Gyozas (empanadillas a la plancha)
Aunque son de origen chino, en Kobe se preparan con un estilo muy japonés. Se sirven crujientes por un lado y suaves por el otro, acompañadas de vinagre, salsa de soja y aceite de chile. Comer un plato de gyozas recién hechas en un local pequeño del barrio es una de esas experiencias sencillas pero memorables.
Chashu-men y ramen con toque chino
El ramen aquí tiene un aire diferente: los fideos suelen servirse con carne de cerdo asada al estilo cantonés, lo que le da un sabor más dulce y especiado. También es común encontrar versiones con caldo más ligero, ideal para acompañar otros bocados callejeros.

Brochetas y frituras al paso
Puestos callejeros ofrecen brochetas de gambas fritas, pollo especiado o calamares. También hay bolas de sésamo rellenas de pasta dulce de judía roja, crujientes por fuera y suaves por dentro.
Dimsum variado
En los restaurantes más tradicionales puedes pedir cestas de dimsum con dumplings, rollitos de primavera y pequeñas delicias al vapor. Lo bonito es que suelen llegar en bandejas de bambú, y compartirlas en grupo se convierte en todo un ritual.
Postres y dulces chinos
No faltan los clásicos como el anman (bollo dulce relleno de pasta de judía) o las galletas con forma de panda. En algunos locales también venden pasteles de luna durante las festividades, todo un guiño a las tradiciones chinas.

Shengjianbao
Una variedad frita de los bao, con una base crujiente y un interior lleno de caldo. Ojo al morder ¡salta! Pero es parte del ritual. El contraste de texturas es delicioso.
Fideos chinos (chāshū men y tantanmen)
En varios restaurantes puedes sentarte a disfrutar de un buen bol de fideos. Los tantanmen picantes son una opción contundente si te gusta el picante. Los hay con cacahuetes, sésamo, carne de cerdo y todo tipo de toppings.
Té chino
Algunas tiendas ofrecen degustaciones gratuitas de té. También venden juegos de té preciosos.
Aunque la comida es la estrella, hay también muchas tiendecitas curiosas. Desde productos de medicina tradicional china hasta juegos de té, cerámicas, abanicos, inciensos o pequeños objetos decorativos. Todo tiene un toque exótico y a precios razonables.
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Cómo llegar Llegar a Nankinmachi es facilísimo:
Mejor horario para la visita
Qué evitar
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Kitano Ijinkan: el barrio de los extranjeros
Kitano es un barrio histórico situado al pie del monte Rokko. Durante el periodo Meiji (finales del XIX), fue residencia de muchos diplomáticos y comerciantes occidentales. Hoy, sus antiguas casas –llamadas ijinkan– se han convertido en museos, galerías o casas de té.
Estos residentes construyeron sus hogares en la zona alta de Kobe, al pie del monte Rokko, lejos del bullicio del puerto y con una vista privilegiada. Las casas, llamadas ijinkan, eran auténticas mansiones de estilo occidental que contrastaban con la arquitectura japonesa tradicional. Muchas de ellas han sido preservadas, restauradas y convertidas en museos abiertos al público. Caminar por Kitano es, por tanto, caminar por una cápsula del tiempo. Es ver cómo era la vida de los extranjeros en Japón hace más de cien años, con sus muebles traídos de Europa, sus vajillas de porcelana inglesa, sus retratos familiares y hasta sus pianos de cola.
Puedes visitar algunas de las casas por dentro, como la Casa Moegi (alemana) o la Casa Weathercock, con su icónica veleta. Cada una guarda pequeños secretos: pianos centenarios, vajillas de época, jardines ocultos… Y lo mejor: las vistas desde allí sobre la ciudad. Es uno de los mejores puntos panorámicos urbanos sin tener que subir a ningún mirador.

Casa Weathercock (Kazamidori no Yakata)
Probablemente la más famosa del barrio, con su fachada de ladrillo rojo y su icónica veleta con forma de gallo. Fue construida por un comerciante alemán a principios del siglo XX y es uno de los símbolos de Kobe. El interior está lleno de objetos originales y desde el piso superior se tienen unas vistas fantásticas de la ciudad.
Casa Moegi (Moegi no Yakata)
Justo al lado de la anterior, esta elegante residencia de color verde claro perteneció también a un diplomático alemán. Destaca por sus detalles de madera, sus techos altos y su encanto sobrio. Es fácil imaginarse allí tomando el té con vistas al puerto.
Yamate Hachibankan
Una de las más grandes y lujosas. En su interior hay exposiciones de mobiliario europeo pero también curiosidades como una galería de bustos de personajes históricos y hasta una colección de artefactos masónicos.
France House y England House
Como sus nombres indican, recrean ambientes franceses e ingleses del siglo XIX. La decoración está cuidada hasta el más mínimo detalle, desde la cubertería hasta los tapices. Incluso puedes disfrazarte con trajes de época para hacerte fotos.
Aunque las casas-museo son el atractivo principal, lo que más disfruté fue simplemente deambular por las callejuelas del barrio. Hay algo especial en caminar entre estas mansiones con jardines floridos, escuchar el canto de los pájaros y dejarse llevar sin rumbo fijo. De vez en cuando aparece una cafetería con encanto, una tienda de antigüedades o un pequeño templo escondido entre casas.
Curiosidades
- La palabra ijinkan significa literalmente “residencia de extranjeros”.
- Muchas de las casas actuales no pertenecen ya a descendientes de sus dueños originales pero han sido restauradas con documentación histórica y objetos auténticos.
- En algunas casas se celebran bodas al estilo occidental. Me crucé con una pareja recién casada haciéndose fotos frente a la Casa Weathercock.
- Cerca del barrio está el Santuario Kitano Tenman, un templo sintoísta precioso con escaleras rodeadas de naturaleza. Vale la pena desviarse unos minutos.
- En primavera, Kitano se llena de flores. Algunas casas abren sus jardines al público durante las celebraciones de la floración de los cerezos.
Cómo llegar a Kitano Ijinkan
Desde la estación de Sannomiya, puedes llegar caminando en unos 15–20 minutos. El barrio está en pendiente, así que prepárate para una pequeña subida. También hay autobuses locales que te dejan cerca. Una vez allí, puedes comprar pases combinados para visitar varias casas con descuento.
Templo Ikuta-jinja
Pocas ciudades japonesas tienen la capacidad de mezclar modernidad y tradición como lo hace Kobe. Rascacielos, centros comerciales y calles animadas… y de pronto, casi sin esperarlo, aparece un santuario sintoísta de más de mil seiscientos años. Así es el templo Ikuta-Jinja, un oasis de espiritualidad en el corazón urbano de la ciudad.
Según la leyenda, Ikuta-Jinja fue fundado en el año 201 d.C. por orden de la emperatriz Jingū, lo que lo convierte en uno de los santuarios más antiguos de todo Japón. Su deidad principal es Wakahirume-no-Mikoto, relacionada con la vida, la vitalidad y los nuevos comienzos. Quizá por eso, a lo largo de los siglos, Kobe ha sabido renacer de tragedias como guerras y terremotos, y muchos locales creen que el santuario siempre ha tenido un papel protector.

Durante el periodo Heian, Ikuta-Jinja fue escenario de enfrentamientos entre clanes rivales y los alrededores se convirtieron en campos de batalla. Sin embargo, con el paso de los siglos el santuario se consolidó como un símbolo de paz y prosperidad para la ciudad. Hoy en día, sus jardines y el pequeño bosque que lo rodea contrastan con el bullicio de las calles cercanas, regalando un ambiente de calma difícil de imaginar en medio de una gran urbe.
Lo más llamativo de Ikuta-Jinja no es solo su antigüedad sino su ubicación. Está en pleno centro de Kobe, rodeado de cafeterías, tiendas y carreteras transitadas. Ese contraste entre lo moderno y lo sagrado es parte de su encanto: cruzas el gran torii rojo de entrada y de inmediato parece que te trasladas a otra época.

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Dentro encontrarás ema (tablillas de madera) donde los visitantes escriben sus deseos. Muchas están relacionadas con el amor y la buena fortuna.
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El santuario es famoso por sus amuletos de relaciones: desde encontrar pareja hasta reforzar vínculos, muchos acuden en busca de bendiciones románticas.
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Cada año, el festival Ikuta Matsuri llena el lugar de vida, con desfiles, bailes tradicionales y ofrendas a la deidad.
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Al igual que la mezquita de Kobe, Ikuta-Jinja sobrevivió al gran terremoto de 1995, convirtiéndose en un punto de reunión y consuelo para los vecinos.
El puerto de Kobe
Pocas ciudades japonesas combinan tan bien su pasado marítimo con un presente vibrante como Kobe. Y si hay un lugar que refleja a la perfección esa mezcla de tradición y modernidad es, sin duda, su zona portuaria. Pero además de paisajes de postal, el puerto de Kobe ofrece historia, arte, cultura y espacios para desconectar. Un lugar que no puedes dejar fuera si visitas esta ciudad con alma marinera.
El puerto que abrió Japón al mundo
Kobe no sería Kobe sin su puerto. Fue uno de los primeros que se abrieron al comercio internacional en 1868, durante la restauración Meiji, cuando Japón decidió romper su aislamiento y empezar a relacionarse con el exterior. Desde entonces, el puerto se convirtió en puerta de entrada para extranjeros, productos, ideas y culturas.

El barrio de Meriken Park, junto al mar, es hoy el epicentro de esa transformación. Su nombre viene de la palabra “American”, pronunciada a la japonesa (Meriken) y recuerda la fuerte presencia estadounidense en los primeros años del comercio internacional.
Meriken Park: el corazón del paseo marítimo
Meriken Park es un gran espacio abierto, moderno, limpio y lleno de arte. Es perfecto para pasear, sentarse a ver el mar o simplemente dejarse llevar. Allí puedes encontrarte desde familias haciendo picnic hasta parejas sacándose selfies frente al famoso letrero gigante de “BE KOBE”.
Uno de los iconos del parque es la futurista Kobe Port Tower, una torre de observación de 108 metros con forma de reloj de arena y estructura en espiral de color rojo. Subir cuesta unos 700 yenes. Desde arriba tienes una vista de 360 grados que abarca la ciudad, las montañas y, por supuesto, el mar. Si vas al atardecer, verás cómo se encienden las luces de la ciudad poco a poco. Puro espectáculo.

Junto a la torre está el Museo Marítimo de Kobe, con una estructura en forma de vela blanca que lo hace inconfundible. Dentro puedes explorar la historia del puerto, maquetas de barcos y una exposición dedicada a la empresa Kawasaki (sí, la de las motos), que también fabrica barcos y trenes.
El memorial del terremoto: un rincón para recordar
No todo en el puerto es alegría. En 1995, Kobe fue sacudida por el devastador terremoto de Hanshin-Awaji, que dejó miles de víctimas y enormes daños en la ciudad. En Meriken Park, una parte del muelle se ha conservado tal como quedó después del seísmo. Es un memorial silencioso pero poderoso, con placas informativas, restos de pavimento levantado y barandillas torcidas.
Pasar por allí es un ejercicio de memoria y también una forma de entender la resiliencia de los habitantes de Kobe, que reconstruyeron su ciudad con una fuerza admirable.
Arte al aire libre
Una de las cosas que más me gustó de esta zona fue la cantidad de esculturas y arte al aire libre que hay por todo el paseo. Desde estructuras abstractas hasta piezas que representan el mar, la navegación o la convivencia de culturas. Todo con ese aire moderno pero accesible que invita a explorar sin mapa.
Además, hay un pequeño embarcadero donde puedes ver atracar ferris, barcos turísticos o embarcaciones privadas. Si te animas, puedes hacer un pequeño crucero por la bahía. Hay opciones de 40 minutos por unos 1.500 yenes, y algunos incluso ofrecen cena a bordo. Ideal si buscas un plan romántico.

Kobe Harborland: compras, ocio y panorámicas
Si continúas caminando desde Meriken Park hacia el oeste, llegarás a Kobe Harborland, otra de las zonas más dinámicas del puerto. Aquí se mezclan centros comerciales, restaurantes frente al mar, tiendas de recuerdos y hasta una noria iluminada por la noche. Es un sitio ideal para terminar el día, cenar con vistas y ver cómo el puerto cobra vida al anochecer. También hay un spa urbano (Kobe Minato Onsen Ren) con aguas termales y vistas al mar.
Carne de Kobe
Viajar a Kobe y no probar su famosa carne es, como dicen por ahí, como ir a París y no ver la Torre Eiffel. Pero más allá del mito ¿realmente está tan buena la carne de Kobe? ¿Merece la pena pagar lo que cuesta? ¿Es cierto que las vacas escuchan música clásica y beben cerveza? Me senté en un restaurante local, el Kobe Beef Ramen Yazawa, pedí carne de Kobe y dejé que el paladar hablara. Y vaya si habló.
Qué hace tan especial a la carne de Kobe
Primero, un poco de contexto. La carne de Kobe proviene de una raza de vacuno japonesa llamada Tajima-gyu, criada en la prefectura de Hyōgo bajo estrictos controles de calidad. Solo unas pocas reses al año reciben el sello oficial que garantiza que realmente es Kobe beef. Así que no, no todo lo que dice ser carne de Kobe lo es. De hecho, hay muchísima falsificación, incluso dentro de Japón.
Lo que distingue a esta carne es su marmoleado: esas vetas de grasa intramuscular que le dan una textura suave, un sabor intenso y un punto de fusión bajísimo. Cuando la comes, literalmente se deshace en la boca como si fuera mantequilla caliente.
Hay muchas leyendas urbanas alrededor del proceso de cría: que las vacas beben cerveza, que escuchan música clásica, que reciben masajes con sake… La realidad es que algunos ganaderos usan estas técnicas pero no es lo habitual ni obligatorio. Lo que sí es cierto es que viven en entornos controlados, con dietas equilibradas, sin estrés y con un cuidado casi artesanal.
Más allá del marketing, lo importante es el resultado. Y sí, fue espectacular.
Diferentes formas de disfrutarla
En Kobe puedes probar la carne de diferentes maneras:
- A la parrilla (yakiniku): cortada en láminas finas, cocinada brevemente sobre brasas. Ideal para apreciar su textura y sabor puro.
- Filete (teppanyaki): en una plancha caliente frente a ti. El chef suele explicar cada corte y punto de cocción. Muy visual y sabroso.
- Sukiyaki o shabu-shabu: cocida brevemente en caldo, acompañada de verduras. Aquí la carne casi se derrite en segundos.
- Hamburguesas de Kobe: más asequibles, pero ¡ojo! muchas veces son mezclas, no 100% Kobe beef.
El sorprendente sushi de carne de Kobe
Cuando uno piensa en sushi, lo primero que viene a la cabeza son láminas de pescado crudo sobre arroz avinagrado. Pero en Kobe, la ciudad famosa por su ternera de fama mundial, han sabido darle la vuelta a la tradición con una propuesta que sorprende a cualquiera: el sushi de carne de Kobe.
¿Qué es exactamente?
Se trata de una pieza de sushi en la que, en lugar de pescado, se coloca una fina loncha de carne de res Kobe. Esta carne procede de la raza Tajima-gyu, criada en la prefectura de Hyōgo bajo estrictas condiciones de alimentación y cuidado. Su característica más famosa es el marmoleado: vetas de grasa que se funden al cocinarla y que le otorgan un sabor mantecoso y único en el mundo.

En el sushi, la carne suele servirse en láminas muy finas, apenas pasadas por la plancha (tataki) o directamente crudas, para resaltar su textura tierna. La grasa infiltrada se derrite con el calor del arroz, creando un contraste sorprendente: la suavidad de la carne con la ligera acidez del arroz avinagrado.
El primer bocado es desconcertante, sobre todo si esperas el frescor de un sashimi de atún o salmón. En su lugar, encuentras un sabor intenso, jugoso, que casi se deshace en la boca. Algunos restaurantes lo acompañan con un toque de wasabi, un poco de sal marina o incluso una pincelada de salsa de soja reducida. La clave es no enmascarar la carne: el protagonista absoluto debe ser ese sabor profundo y mantecoso.
Dónde probarlo
En Kobe hay varios restaurantes especializados en carne donde, además de cortes clásicos como el filete o el sukiyaki, se incluye el sushi de carne en el menú degustación. También es fácil encontrarlo en los mercados y en pequeños locales del barrio de Sannomiya o Motomachi, donde se sirve en bandejas pequeñas para que los visitantes lo prueben sin gastar una fortuna.
La mezquita de Kobe: un pedazo de Oriente Medio en Japón
En pleno corazón de Japón, en el barrio de Kitano, se levanta la mezquita de Kobe, la más antigua del país. La mezquita fue inaugurada en 1935, gracias al esfuerzo de la pequeña comunidad musulmana de la ciudad, formada principalmente por comerciantes indios y turcos. En aquel entonces, levantar un templo islámico en Japón no era tarea fácil pero Kobe siempre ha tenido esa esencia abierta al mundo que la distingue de otras ciudades niponas.
El diseño estuvo a cargo del arquitecto checo Jan Josef Švagr y basta con verla para notar que no se parece en nada a los templos sintoístas o budistas de alrededor: cúpulas, arcos y una fachada que nos transporta directamente a Estambul o El Cairo.

La mezquita que sobrevivió a todo
Uno de los aspectos más fascinantes de la mezquita de Kobe es su resiliencia. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los bombardeos redujeron a cenizas buena parte de la ciudad, el edificio se mantuvo en pie casi intacto. Lo mismo ocurrió en 1995, con el devastador terremoto de Hanshin: los alrededores quedaron destruidos pero la mezquita apenas sufrió daños. Para muchos, esto la convirtió en un símbolo de resistencia y esperanza.
Un lugar vivo
Hoy en día, la mezquita no es solo un monumento arquitectónico sino también el centro espiritual y social de la comunidad musulmana en Kobe. Allí se celebran rezos, bodas y festivales islámicos pero también recibe a visitantes curiosos que quieren aprender más sobre el islam en Japón.
Aunque el acceso al interior puede estar limitado en determinados momentos, la zona exterior ya merece la visita: su cúpula principal y los minaretes destacan entre las casas de estilo occidental de Kitano, creando un contraste único.
Curiosidades
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La mezquita está orientada hacia La Meca, como dicta la tradición islámica, algo que llama la atención cuando uno observa la disposición de las calles japonesas a su alrededor.
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En el sótano funcionó durante años un refugio durante la guerra, lo que contribuyó a salvar muchas vidas.
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Es uno de esos lugares donde puedes encontrar a japoneses conversos al islam compartiendo espacio con estudiantes extranjeros, lo que refuerza ese aire internacional de Kobe.
Las galerías bajo las vías del tren
En Kobe, muy cerca de la bulliciosa estación de Sannomiya, existe un rincón que parece haberse detenido en el tiempo. Bajo las vías elevadas del tren, entre sombras y estructuras de hormigón, se extiende una galería comercial que en otro tiempo fue un hervidero de vida y actividad. Hoy, sin embargo, caminas por allí y el silencio solo lo rompe el traqueteo del tren sobre tu cabeza o alguna puerta oxidada al abrirse. Un lugar que invita a la reflexión más que a las compras y que representa un capítulo olvidado en el libro urbano de la ciudad.
Esta zona es conocida como Motoko Town, y se extiende desde la estación de Motomachi hacia el este, siguiendo la línea del tren. Aunque no es especialmente famosa en las guías turísticas, para quienes disfrutamos descubriendo el “lado B” de las ciudades, es una parada obligatoria.

En su época dorada, Motoko Town fue una galería vibrante. Decenas de pequeñas tiendas se alineaban bajo las vías, ofreciendo desde electrónica y ropa hasta objetos usados, rarezas y curiosidades difíciles de encontrar en otros sitios. Era un punto de encuentro para coleccionistas, curiosos, estudiantes con poco presupuesto y viejos vecinos del barrio que pasaban más por conversar que por comprar.
Hoy, muchas de esas tiendas están cerradas. Persianas bajadas, letreros descoloridos, vidrieras polvorientas. Algunos locales aún sobreviven: una barbería de aire retro, una tienda de vinilos, un pequeño negocio de bicicletas, algún bar con sillas de plástico donde los clientes parecen sacados de otra época. Todo huele a años 80, a resistencia, a historia viva.
Motoko Town no busca gustarte. No está limpia ni iluminada ni diseñada para Instagram. Pero es auténtica. Es un retrato sin maquillaje de lo que queda cuando el progreso arrasa sin mirar atrás. Cuando nuevos centros comerciales, plataformas online y hábitos modernos dejan sin espacio a los negocios de toda la vida.
Caminar por allí fue para mí una experiencia extraña pero necesaria. Entre las grietas del asfalto y las luces de neón medio fundidas, hay una belleza melancólica. Una estética que evoca los tiempos en que las ciudades eran más humanas, más imperfectas, pero también más vivas.
Si buscas una galería comercial para ir de compras, probablemente salgas decepcionado (no fue nuestro caso, ya que encontramos una tienda de discos donde nos hicimos con unos cuantos vinilos tirados de precio). Pero si, como yo, disfrutas con los contrastes, los lugares que cuentan historias sin necesidad de palabras y los escenarios urbanos con alma, entonces sí: esta galería bajo las vías del tren te tocará una fibra distinta.
Cómo llegar
Desde la estación de Motomachi, basta con caminar hacia el este siguiendo las vías elevadas. No hay señalización llamativa ni entradas espectaculares: simplemente baja la vista, busca una escalera o una rampa, y entra en un mundo distinto. Uno en el que el tiempo parece haberse olvidado de pasar.
El Gran Terremoto de Hanshin (1995)La madrugada del 17 de enero de 1995, a las 5:46 a.m., Kobe y sus alrededores despertaron de la manera más brutal imaginable. Un terremoto de magnitud 6,9 en la escala de Richter sacudió la región de Hanshin, dejando tras de sí una de las mayores tragedias modernas de Japón. El epicentro se situó cerca de la isla de Awaji, al suroeste de Kobe. El seísmo apenas duró veinte segundos pero su violencia bastó para derribar edificios, puentes y carreteras. La ciudad, encajada entre las montañas Rokko y la bahía de Osaka, sufrió lo peor del impacto. Consecuencias inmediatas
Una ciudad paralizada El terremoto no solo trajo destrucción física: paralizó por completo la vida diaria. El puerto de Kobe, uno de los más importantes de Japón, quedó inutilizable, y las líneas de tren, arterias vitales para el área de Kansai, se interrumpieron durante semanas. Las imágenes que dieron la vuelta al mundo eran desgarradoras: calles repletas de escombros, familias buscando entre ruinas y columnas de humo que parecían anunciar el fin de la ciudad. La respuesta y la solidaridad En aquel entonces, la gestión inicial del gobierno japonés fue duramente criticada por considerarse lenta. Sin embargo, la solidaridad ciudadana se convirtió en un faro de esperanza: vecinos ayudando a vecinos, voluntarios repartiendo comida y ropa, y una movilización masiva que dio lugar a lo que hoy se conoce como la “era del voluntariado en Japón”. Los habitantes de Kobe recuerdan especialmente cómo los restaurantes de Nankinmachi (el barrio chino) repartieron gratuitamente fideos y sopas calientes a los damnificados. Gestos pequeños que marcaron una gran diferencia en medio de la tragedia. Reconstrucción y memoria Kobe tardó años en recuperarse. Las cicatrices aún son visibles para quienes miran con atención, aunque la ciudad supo renacer con fuerza. Hoy, el Museo Memorial del Terremoto de Kobe y el Parque Memorial en el puerto recuerdan a las víctimas y explican lo ocurrido, no solo como homenaje, sino como lección para futuras generaciones. Cada 17 de enero, la ciudad celebra una vigilia con miles de linternas encendidas en memoria de quienes perdieron la vida. Es un acto sencillo, pero profundamente conmovedor, que refleja el espíritu resiliente de Kobe. |
Curiosidades que descubrí en Kobe
¿Sabías que…?
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En Kobe está el primer campo de golf de Japón, fundado en 1903.
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El café en Kobe es casi una religión: tienen su propio “coffee culture” desde principios del siglo XX, gracias a la influencia extranjera.
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El nombre “Kobe” proviene de “kanbe”, antiguos guardianes del santuario sintoísta Ikuta.
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La ciudad fue pionera en moda occidental en Japón: muchos diseñadores japoneses se inspiraron en Kobe para crear sus primeras colecciones modernizadas.
- Kobe es uno de los centros más importantes de producción de sake en Japón, gracias al agua de manantial de Rokko y al arroz de calidad de la región.
- Kobe es considerada la cuna del jazz en Japón. En 1923 se inauguró aquí el primer club de jazz del país.
- El Akashi Kaikyō, que une Kobe con la isla de Awaji, es el puente colgante más largo del planeta (3.911 metros).
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Cómo llegar a Kobe desde Kioto 🚄 1. Tren JR (Japan Railways) – Rápido y cubierto por el JR Pass Opción más recomendada si tienes el Japan Rail Pass.
🚉 2. Hankyu Railway – Barato y conveniente si no tienes JR Pass
🚆 3. Keihan + Hanshin Railway – Alternativa económica
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