FINLANDIA - Laponia

Por qué hay que visitar Laponia al menos una vez en la vida

Al contrario que otras entradas de blog en las que relato mis viajes por el mundo, esta no pretende ser una guía de Laponia sino más bien una reflexión de lo que supone encontrarse en uno de los lugares más increíbles de nuestro planeta. Fui a Laponia hace ya muchos años, quince si no recuerdo mal. Era un viaje que siempre había tenido en mente pero de repente me vino caído del cielo. Era en los tiempos en que trabajaba para una revista de música. Y una gélida mañana de Noviembre me llamó mi jefe de entonces y me dijo “Maribel, tenemos que hacer un reportaje con una banda finlandesa pero en vez de hacerlo en Helsinki, les parece más original montar todo en Laponia ¿cómo lo ves?”Me parecía una idea fantástica: era mucho más interesante realizar las sesiones de fotos y la entrevista a sólo doscientos kilómetros del Círculo Polar Ártico que en un aséptico estudio de la capital finlandesa. Tendría que tomar tres aviones para llegar a una de las regiones más aisladas del mundo. ¡Laponia!¡Sólo escuchar el nombre y ya se me ponían los pelos de punta!

Una de las mejores experiencias que te ofrece volar sobre Laponia es ver desde el avión un inmenso territorio plagado de lagos, nieve y ¡oh,sorpresa! alguna casa perdida en medio de la nada. Fijaos si es extraño lo de llegar hasta allí en un avión doméstico que, tonta de mí, me bajé cuando aterrizamos y la azafata tuvo que bajar a buscarme porque esa no era mi “parada”: resultaba que el avión aterrizaba primero en Ivalo y luego en Kittila y yendo apenas una veintena de pasajeros, enseguida se dieron cuenta de que les faltaba uno para seguir el viaje. Lo mío es para escribir un libro.

Laponia en realidad no es un país sino una región del norte de Europa (muy, muy al norte) que pertenece a cuatro naciones diferentes: Noruega, Suecia, Rusia y Finlandia. Aunque es la Laponia finlandesa con la que sueñan niños y mayores y que constituye uno de los mejores viajes que se pueden hacer en invierno, ya que se juega con la leyenda de que es en Rovaniemi donde Papa Noel pasa las navidades, ya que los elfos construyeron aquí un lugar donde Papa Noel pudiera recibir a niños de todo el mundo, aunque donde se encuentra su casa continúa siendo un misterio. Por dicho motivo, cuando llegan las navidades esta pequeña localidad se llena de familias, de niños emocionados porque van a poder entregar a Santa Claus (al que se conoce como Joulupukki en finés) su carta en persona: hay una oficina de correos en el Santa Claus Village dedicada a esta tarea en exclusividad.

En otra oficina aledaña se encuentra el péndulo que permite a Papa Noel llegar a todos los lugares del mundo en una sola noche. Los más pequeños podrán ver a los elfos trabajando, hornear galletas de Navidad (las tahtitorttu) y hasta conocer a Mama Noel (porque sí, Papa Noel está casado). Los papis mientras tanto pueden entretenerse visitando el museo dedicado a la Navidad, en el que se expone cómo se celebra esta fiesta a lo largo y ancho del mundo.  Por derecho propio no nos extraña que este se haya convertido en el lugar más visitado de Finlandia.

SantaClaus

El sueño de niños de todo el mundo es conocer alguna vez a Papa Noel en persona

Otro de los lugares más interesantes de Rovaniemi es el Artikum, el museo donde se repasa la historia del pueblo sami (a los que no les gusta nada que les llamen lapones por considerarlo un término despectivo ya que se asocia con mendigo o tonto), el último pueblo indígena que sobrevive en Europa. Los samis durante muchos siglos (llevan en estas tierras desde hace casi 11.000 años) han vivido totalmente ajenos a la civilización occidental, debido principalmente a la situación geográfica y el durísimo clima al que han debido adaptarse. Mucha gente cae en el error de confundirles con los esquimales, cuando estos últimos son un grupo étnico totalmente diferente, los inuit. Por poner un ejemplo de estas diferencias, los inuit suelen vivir en iglús mientras los lapones lo hacen en kotas (tiendas de piel) o chozas de madera.

Los samis, que se dedicaban principalmente a la caza, la pesca y la cría de renos, mantuvieron intactas sus costumbres hasta que en el siglo XVI los colonizadores europeos se empeñaron en explorar su territorio. Llegaron los impuestos y los intentos de imponer el cristianismo: hasta entonces, los samis disfrutaban de su propia religión, animista y politeista, en la que se consideraba un dios a cualquier ser vivo y donde era importantísima la figura del chamán, el noaidi, quien se comunicaba con los espíritus tocando un tambor. Los misioneros, ellos siempre tan tolerantes, les prohibieron utilizar los jokj, esas melodías rítmicas que acompañaban sus ritos, aunque afortunadamente, con el paso del tiempo los samis han podido recuperar sus creencias sin que nadie les ponga ningún impedimento.

Su lengua (en la que hay más de cien términos diferentes para la palabra nieve) ha logrado sobrevivir y son muchos los diarios y programas de radio y televisión que se llevan a la práctica en su idioma. Y eso pese a que con el establecimiento de nuevas fronteras los samis se vieron obligados a separarse jurídicamente hablando, lo que afectó profundamente al mantenimiento de su cultura: el propio nombre sami significa “gente que está unida”. Sin embargo, durante los últimos años el pueblo sami ha luchado con insistencia para lograr que se reconozcan sus derechos y su identidad como pueblo, pese a que ya sólo sobrevivan poco más de 100.000 samis en el norte de Europa. En algunos municipios de Finlandia han conseguido que el sami sea reconocido como idioma oficial y desde 1996 cuentan con su propio Parlamento, el Sámediggi, así como su propia bandera, en la que los colores amarillo, azul, el verde y el rojo simbolizan el sol, el cielo, los árboles y el fuego.

Saami_Family_1900

Los samis son el último pueblo indígena de Europa

En Noruega los samis, como tantos otros pueblos indígenas del mundo, sufrieron los estragos de la discriminación, ya que muchos noruegos les consideraban unos vagos y unos borrachos, sin lograr entender el choque cultural que suponía para ellos que la industrialización menguara el territorio dedicado al pasto de los renos o que se les pretendiera imponer una cultura que les era ajena y que no deseaban. No fue hasta los años sesenta que los samis de Noruega, especialmente los más jóvenes, comenzaron a rebelarse y a exigir que se reconocieran sus derechos. En Noruega también consiguieron su propio parlamento, eligen cada cuatro años a sus representantes y el gobierno noruego está obligado a consultarles en todos los asuntos que les afecten.

Aunque muchos samis se han adaptado a los tiempos modernos y ahora trabajan, por poner un ejemplo, en temas turísticos o transportando heno, también son muchos los que continúan dedicándose al pastoreo, lo que genera grandes conflictos. En el pasado, los samis nunca vieron la necesidad de decir “esta tierra es mía” (un pueblo que vivía en total armonía con la naturaleza no entendía el concepto de propiedad privada) y ahora se encuentran con el gran problema de que se expropien muchas tierras para construir fábricas o hacer carreteras, dejando a sus renos cada vez menos espacio para pastar. Además, se enfrentan a los estragos del cambio climático, ya que los renos se alimentan de liquen, que se encuentra bajo la nieve, y con el cambio de las temperaturas se crea una costra de escarcha que a veces les impide acceder a su alimento.

En Laponia aún perviven algunos poblados samis antiquísimos y uno de los más recomendables para visitar es el de Lappstaden en Arvidsjaur (Suecia). Data del año 1607 y está compuesto por una iglesia y ochenta casas, conocidas como gathies. También en Suecia, en el pueblo de Rávttas, se ha creado un centro donde se intenta involucrar al visitante en la experiencia de sentir en sus carnes cómo es la vida tradicional de los samis. En Noruega también tienes la oportunidad de dormir en una lavvu, esas tiendas laponas tan parecidas a los tipis indios en las que viven los samis, en la reserva de Dankarvagvatn.

Si quieres experimentar una forma diferente de recorrer Laponia, en este caso la sueca, puedes hacerlo en el tren Inlandsbanan, que parte desde Kristinehamn y llega hasta el Círculo Polar Ártico: nada más y nada menos que 1.300 kilómetros de ruta. Esto te permitirá atravesar 19 municipios, cada uno de ellos con su propia cultura y costumbres. Así podrás además ir probando algunos de los platos locales como el salmón marinado, el raggmunk (un pancake de patatas), el knäckebröd, uno de los panes más populares de Suecia, o la gubbröra, una ensalada a base de huevos. Dentro del tren trabajan unos amables guías turísticos que te asesorarán sobre las excursiones que puedes hacer en la parada donde decidas bajarte. Y además tienes wifi gratuito para que vayas contando el viaje a tus amigos. Para el final dejamos la mejor noticia: contrariamente a lo que esperarías, el billete es mucho más barato de lo que creías. Apenas 200 euros para una ruta de 14 días. Eso sí, hay que ir reservando los asientos en cada tramo que vayas haciendo (5 euros extra por asiento).

A la hora de alojarte, Laponia te ofrece experiencias de lo más interesantes, como dormir en cabañas de árboles o en hoteles de hielo. Podrás moverte en motos de nieve, montar en trineos, bañarte en una sauna, ver un barco rompehielos como el Sampo on the Arctic, visitar en Kemi el Snow Castle e incluso esquiar. Pero no hay nada, nada que se compare a estar ante una aurora boreal. En Finlandia en verano practicamente no se pone el sol (qué sensación la última vez que estuvimos allí el año pasado y a las doce de la noche aún era de día) pero en invierno ocurre justo lo contrario: apenas hay tres o cuatro horas de luz al día. Es el momento idóneo para las auroras boreales.

Aurora boreal Laponia

Si me preguntaran cuál ha sido en toda mi vida la experiencia más impactante que he disfrutado a nivel naturaleza, lo tendría claro: presenciar una aurora boreal en la Laponia finlandesa, a 21 grados bajo cero, la temperatura más baja en la que me he encontrado jamás. Cualquier cosa que lleves, plumas, bufanda, orejeras, nunca va a sobrar: ¡yo llevaba tres pares de calcetines y tenía los pies helados! ¡ Tenía hasta escarcha en las pestañas! No olvides que en Pokka, a apenas unos kilómetros de donde yo presencié la aurora, se registró en 1999 la temperatura más baja de la historia de Finlandia: 51 grados bajo cero. En la zona de Levi y en el Parque Nacional de Pallas-Yllästunturi hace tantísimo frío que hasta existe un Snow Village (un pueblo de nieve), con varios edificios como un hotel, un restaurante y una capilla construidos por completo con hielo. Mientras paseaba entre huskies y renos, me admiraba ante la capacidad de adaptación de estos animales para lograr sobrevivir bajo temperaturas tan extremas.

La aurora boreal, ese fenómeno mágico en el que de noche el cielo se inunda de luz debido a la colisión de las partículas solares con nuestra atmósfera, puede verse entre Septiembre y Marzo en lugares como Alaska, Canadá, Groenlandia o Islandia pero dicen que es en Finlandia donde se observan las más bonitas. El mejor momento es entre las ocho y las diez de la noche en días despejados. Para mí fue un momento inolvidable, de esos que se quedan en el corazón de por vida. La estación Aurora Sky en Kiruna (Suecia) hasta ofrece cenas en el exterior (bien abrigaditos) para disfrutarlas en todo su esplendor. Lo que tienes que tener claro es que las auroras boreales son todas únicas y diferentes unas a otras: para los antiguos vikingos eran una parte fundamental de su mitología, ya que creían que era la armadura de las valkirias, y para los esquimales el camino que conducía al más allá.

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4 replies »

  1. Genial todo lo que cuentas, nosotros fuimos a Finlandia a principios de Diciembre del 2010 nuestro objetivo era visitar Papá Noel en su casa antes de que se fuera de viaje por el mundo con sus regalos. Primera parada para conocer Helsinki y aprovechamos para llegar en un rompehielos a la impresionante Fortaleza de Suomenlinna enterrada en la nieve y después Rovaniemi, nos encantó el Artikum, el poblado de Papá Noel, su fábrica de juguetes….etc ( por supuesto también conocimos a Mamá Noel y la ayudamos a hacer sus galletas jaja) mucho que ver y que hacer en Rovaniemi: recorrido en motos de nieve, paseo en trineo de renos, visita a los samis, recorrido por los bosques en trineo con huskies y nos faltó la cena en el restaurante Lordi’s Rocktaurant que estaba cerrado, restaurante de la banda finlandesa Lordi de hard rock y heavy metal fundada en 1992 en Rovaniemi por su vocalista Mr. Lordi, ganadores del Festival de Eurovisión de 2006 con «Hard Rock Hallelujah», la banda caracterizada por sus trajes de monstruos o demonios, conocidos como «Los monstruos finlandeses» tenían este Lordi’s Rocktaurant decorado con la estética propia de la banda, que nos hubiera hecho gracia conocer. Tampoco vimos auroras boreales una pena, tendremos que volver, a sí que tomo nota de tu relato para un futuro porque nos queda mucho que ver en Finlandia.
    Un saludo y Feliz 2018!!! con muchos viajes y aventuras.

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  2. Muchas gracias por tu extenso comentario… no sabíamos lo del restaurante de Lordi, lo apuntamos para la próxima! Si no visteis las auroras boreales, tenéis excusa para regresar ¡es un espectáculo maravilloso! Feliz año a ti tambien, un abrazo!

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