FINLANDIA – Helsinki

Aunque hace ya más de diez años, cuando trabajaba para revistas de música, visité Finlandia para hacer un reportaje con una banda en la Laponia finesa (viaje del que guardo un gratísimo recuerdo ya que me permitió disfrutar de ese maravilloso espectáculo que es la aurora boreal a 23 grados bajo cero), en aquella ocasión mi paso por Helsinki se limitó a una escala de camino a Kittila, el pueblo donde estuve trabajando a sólo 200 kilómetros del Círculo Polar Ártico. Por lo tanto, Helsinki era la única de las cuatro capitales escandinavas que me quedaba por conocer. Aunque es cierto que tiene fama de ser mucho menos atractiva que Estocolmo, Oslo y Copenhague, al final nos pareció una ciudad ideal para una escapada de fin de semana, ya que en un par de días la ves de sobra. Además, te puede servir como puerta de entrada para descubrir el resto de Finlandia: el hecho de que se le conozca como el País de los Mil Lagos no es casualidad ya que a nivel naturaleza los fineses tienen mucho que ofrecer.

Nosotros en este caso elegimos Helsinki como punto de partida de un viaje por Europa que nos llevaría posteriormente a Tallin, Estocolmo y París. La elección de Helsinki venía también porque Espoo, en las afueras de Helsinki, era la única ciudad europea, aparte de Londres, donde King Diamond tocaría en solitario y en recinto cerrado, por lo que el concierto nos servía de excusa para comenzar nuestro viaje.

El vuelo lo realizamos con la compañía Norwegian, que utilizábamos por primera vez. El vuelo de ida nos salió por 90 euros: el check-in online sólo te permiten realizarlo 24 horas antes del despegue pero a cambio es de las pocas aerolíneas que te ofrecen wifi gratuito a bordo. El vuelo, directo, te planta en poco más de cuatro horas en la capital finlandesa. Y no necesitas visado ni cambiar moneda ya que en Finlandia se usa el euro. Para llegar desde el aeropuerto a la ciudad, lo mejor el tren: tarda poco, sale a menudo y es barato, poco más de cinco euros. Los billetes los adquirimos en el propio tren comprándolos a la revisora.

En Finlandia los precios son bastante más altos que en España, lo que tampoco te va a impedir que en tu estancia en Helsinki tu billetera se vaya a ver demasiado afectada si te lo sabes montar. Por ejemplo, a la hora de buscar alojamiento comprobamos que el precio de los hoteles era astronómico ya que, además, no hay demasiados: lo más asequible que encontrábamos era un hostal con baño compartido y el precio de la habitación doble ya era de 90 euros por noche. Decidimos por ello tirar de nuestra segunda opción en este tipo de casos: bendito Airbnb. Al ser Helsinki una ciudad pequeña no había tanta oferta de pisos como en otras ciudades donde hemos usado esta plataforma para el tema del alquiler, por lo que es recomendable que reserves con bastante antelación. Al ir con otra pareja amiga nuestra, alquilamos un apartamento grandísimo que nos salía por 140 euros noche entre los cuatro. Estaba bastante cerca del centro (el tranvía nos dejaba en 10 minutos al lado del puerto) y con un supermercado en la misma puerta; además, al ser una zona residencial, por la noche se dormía de lujo… si tienes en cuenta que en esas fechas (Junio) en Escandinavia anochece pasadas las once de la noche, a las tres y media amanece y los finlandeses, tan necesitados de sol, no conocen ese maravilloso invento llamado persianas.

Helsinki, comparada con otras ciudades europeas con muchos más siglos (incluso milenios) de antigüedad, es una urbe relativamente nueva ya que su fundación se produjo en el año 1550 por el rey Gustavo de Suecia y partía con una población pequeñísima, 500 habitantes, buena parte de ellos comerciantes de las aldeas cercanas. En realidad, su función desde el principio fue esa, comercial, para competir con Tallin en las rutas comerciales con Rusia. Por aquel entonces, ese inmenso terreno yermo que era Finlandia pertenecía a la corona sueca; hay que tener en cuenta que el país ha estado bajo dominio de Suecia durante más de siete siglos, por lo que no es de extrañar que a día de hoy el sueco, tras el finés, sea el segundo idioma oficial y se mantengan muchas costumbres heredadas de su país vecino. Eso sí, no confundas a un finlandés con un sueco, que se les llevan los demonios. Y con razón.

A partir de 1700 y tras una aciaga época marcada por la peste, que se llevó por delante a dos tercios de la población local, Helsinki (que en realidad no pasaba de ser un pequeño pueblo) vió como en los años sucesivos rusos y suecos se repartían, una guerra tras otra por medio, el control de la ciudad. En 1713, fue arrasada por el fuego hasta los cimientos (como veis, los pobres residentes no ganaban para sustos) y tras muchas batallas entre un bando y otro, la disputada Finlandia por fin obtuvo su independencia en 1917, así que cuando nosotros la visitamos, el país estaba a punto de cumplir su primer siglo de vida.

Finlandia es un país muy poco poblado para ser el sexto más grande de Europa (poco más de cinco millones de personas) y la mayoría de los habitantes viven al sur del país, donde el clima es algo más favorable (quien dice favorable habla de que en Enero la temperatura media es de cinco grados bajo cero). Pero no te asustes: cuando comienza el verano, a nivel ambiental Helsinki es una ciudad de lo más agradable, con temperaturas que suelen rondar los 25º. A nosotros nos hizo un poquito más de frío pero a cambio nos lució bastante el sol y teniendo en cuenta que en esa época las horas de luz rondan las 20 horas diarias, tuvimos tiempo más que suficiente para dar largas caminatas. Además, pese a que Helsinki apenas cuente con 600.000 habitantes, es una ciudad muy viva, especialmente por la noche, que es cuando la gente sale a los bares. A los finlandeses les gusta un montón trasnochar, especialmente cuando llega el buen tiempo, por lo que llamaba la atención encontrarse las calles del centro tan plagas de gente a altas horas de la noche y que, sin embargo, a apenas cien metros luego ya no te encontraras ni un alma.

Voy a recomendarte comenzar el recorrido por Helsinki en el rincón que siempre tiene más vidilla y a la vez más encanto: Market Square o Kauppatori, que es como lo conocen los fineses. Cuando mayor movimiento tiene es desde primavera a otoño y aquí podrás disfrutar de un mercadillo al aire libre donde tanto locales como turistas pasean entre los puestos (ten en cuenta, eso sí, que a las 16,00 retiran los tenderetes, por lo que lo ideal es acercarse por la mañana). Se venden desde gorros para el frío a souvenirs y recuerdos de todo tipo (caros, eso sí, un simple imán para la nevera costaba siete euros) pero también podrás encontrar bayas de temporada, frambuesas, arándanos, fresas, carne de ciervo y reno, arenques, pescado local, cuchillos vikingos y artesanía de todo tipo.

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Teniendo en cuenta que en general Helsinki es un lugar bastante caro a la hora de comer, es una muy buena opción gastronómica, ya que podrás catar las delicias culinarias finesas por un módico precio. Nosotros comimos allí uno de los días, sentados al aire libre, este fabuloso salmón en salsa con guarnición (hay que ver qué riquísimo está el salmón en Escandinavia, siempre que vamos nos ponemos morados); el plato cuesta 13 euros pero con uno comes más que de sobra y además te incluyen todo el café o té que quieras de forma gratuita.

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A sólo un paso de los puestecitos se encuentra el Mercado Viejo. El edificio, que fue inaugurado en 1888, es precioso tanto por dentro como por fuera. Aunque no compres nada ya que los precios de cualquier producto eran bastante altos (nos llamó la atención encontrarnos tetrabricks de gazpacho, eso sí, costando cuatro veces más que en España), merece la pena darse una vuelta por las tiendas interiores y disfrutar del ambiente que se respira cada mañana (está abierto hasta las seis de la tarde, los domingos cierra a las cuatro). Además, dentro también hay unos cuantos restaurantes, puedes aprovechar para tomarte una deliciosa sopa finlandesa o probar un munkkipossu (los donuts finlandeses). Eso si consigues coger sitio porque normalmente los establecimientos están hasta arriba.

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En el área del mercado, que bañan las aguas del Mar Báltico, es de donde parten muchos de los ferries a Tallín, San Petersburgo, Estocolmo y algunas ciudades de Alemania y Polonia. Muchos cruceros por el Báltico realizan parada en Helsinki, por lo que es habitual encontrarse un montón de turistas, especialmente rusos, que desembarcan para dar un paseo de unas horas por la ciudad. Nosotros utilizamos el ferry para movernos unos días después a Tallin, la capital de Estonia. El precio del pasaje es súper barato, apenas 20 euros (puedes comprar los billetes previamente por internet, como nosotros hicimos para curarnos en salud, pero la verdad que los barcos son tan grandes que no tendrás problemas para adquirir los tickets in situ), y en sólo dos horas y media ya estás en el país vecino. Estos barcos gigantescos de varias plantas, auténticas ciudades fluviales, son muy utilizados por los finlandeses, que aprovechan los fines de semana para acercarse a Estonia a realizar la compra ya que allí los precios son muchísimo más bajos. Otros lo usan como escenario de juergas ya que al encontrarse en aguas internacionales, el alcohol es mucho más económico. E incluso sorprendía encontrarse dentro del ferry salas enteras llenas de máquinas tragaperras.

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Para moverte por Helsinki puedes utilizar los tranvías. Aunque no son baratos (casi 3 euros el billete, puedes pagárselo al mismo conductor) funcionan muy bien, hasta la una de la madrugada, y pasan con bastante frecuencia; además, verás que en las paradas unos paneles electrónicos te informan de cuantos minutos quedan para que llegue el siguiente. Nosotros no los utilizamos mucho, básicamente para ir desde nuestro apartamento al centro (estábamos allí en un pis pas), ya que el casco histórico es bastante pequeño y puedes ir practicamente a todos los sitios andando pero supongo que en invierno vienen de lujo para que no se te congele la nariz. Hay dos líneas, la 2 y la 3, que realizan un circuito en forma de 8 por la ciudad y te vendrán de fábula para acercarte a los monumentos más importantes si no tienes ganas de andar. El metro es poco práctico para los turistas ya que tiene una sola línea y apenas pasa por puntos de interés reseñable.

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Hablando de transportes, la Estación Central de Helsinki, Rautatieasema, de la que parten todos los trenes de larga distancia y es el final del trayecto de los que llegan de Moscú y San Petersburgo, ha sido elegida como una de las más bonitas del mundo. Por aquí pasan cada día más de 200.000 pasajeros.

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El Esplanadi, en pleno corazón de Helsinki, es el pulmón verde de la ciudad. Aunque la verdad, Helsinki es ya de por sí una urbe totalmente integrada en la naturaleza. En invierno esta larguísima avenida se ve cubierta por puestecillos navideños; en verano, cuando nosotros lo visitamos, los finlandeses se tumbaban en la hierba, ávidos de rayos de sol, y todas las tardes podías encontrarte con algún concierto de un grupo local: es el lugar preferido por los fineses para organizar cualquier tipo de evento cultural. Además, aquí podrás encontrar un montón de restaurantes (muy cerca se encuentra el Hard Rock Café, que nos acercamos a visitar), cafeterías y un montón de tiendas de ropa cara-carísima, sólo apta para los bolsillos más pudientes. Y ya que mencionamos el tema culinario, si te lo puedes permitir, date un homenaje en el Kappeli, un bellísimo restaurante acristalado que con sus 140 años de vida está considerado el mejor de la capital. Ningún lugar mejor para atreverse con la gastronomía nórdica.

Uno de los conciertos que se estaban celebrando en Esplanadi

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En los aledaños de Esplanadi se encuentra la que posiblemente es la fuente más conocida de Helsinki: Havis Amanda. La sirena desnuda, con la que el escultor Ville Vallgren pretendía simbolizar el renacimiento de Helsinki tras tantos años de penurias, es escogida cada 1 de Mayo por lo estudiantes universitarios para celebrar el Walpurgis (que en finlandés se conoce como Vappu), tras haber organizado picnics en parques cercanos.  El Walpurgis (o Noche de Brujas) es una festividad muy popular en Alemania y los países nórdicos, con raíces en antiguos ritos paganos en los que se realizaban ofrendas a los dioses de la fertilidad; acaso por dicho motivo la leyenda cuenta que aquel hombre que beba de las aguas de la fuente de Havis Amanda verá reforzada su potencia sexual.

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Esta de aquí abajo es la calle Mannerheimintie, la más importante de Helsinki y dedicada al militar Carl Gustaf Emil Mannerheim. Destacan en ella el Teatro Sueco (que fue el primero de la ciudad y data de principios del siglo XIX) , la Casa de la Ópera, la Oficina Central de Correos y los grandes almacenes Stockmann, que visitan cada año 13 millones de personas. Otro de los lugares destacables es el Museo Nacional de Finlandia, donde se da repaso exhaustivo a la convulsa historia del país.

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La capilla de Kamppi (también conocida como Capilla del Silencio) es con seguridad una de las más originales de toda Europa. Se encuentra en la Plaza Narinkkatori y parece cualquier cosa menos una iglesia. No es la única iglesia atípica de la ciudad: cerca del centro también tienes Temppeliaukio o Iglesia de la Roca, como su propio nombre indica excavada en piedra y donde habitualmente se programan conciertos debido a su excelente acústica. Por cierto, que aquí es habitual que se organicen shows de Heavy Metal, organizados por el cura Haka Këkälainen, que con su melena y su chupa de cuero es una auténtica celebridad. La música rock, para fortuna de los fineses, es en este país todo un modo de vida.

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Pero si hay un templo en Helsinki que es el símbolo absoluto de la capital finlandesa y que a mí, sin dudarlo, me pareció de los más bonitos que he visto en el Viejo Continente este es la Catedral. Se encuentra justo en el medio de la gigantesca Plaza del Senado y siempre está rodeada de cientos de turistas que vienen a fotografiarla. Blanca como la nieve y majestuosa como pocas, esta bellísima iglesia luterana, construída en honor al zar Nicolás I, es indudablemente el edificio más bonito de todo Helsinki.

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Y si hay otra iglesia que rivaliza en belleza y elegancia con la Catedral, esta es la la Catedral Ortodoxa de Uspenski, conocida como la iglesia roja. Se encuentra en la península de Katanajokka, en lo alto de una pequeña colina, y sus cinco cúpulas están totalmente recubiertas de oro.

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Aquí nos encontramos en la bonita entrada del Museo de Historia Natural, con la escultura de un reno,  cuyo acceso es gratuito los jueves. Aprovecho para comentar que en Helsinki se puede entrar a muchos museos de forma gratuita: a diario, al Helsinki City Museum, al Museo del Banco de Finlandia, a la Kluuvi Gallery, al Museo Paivahleti y al Museo de las Culturas; los viernes puedes entrar gratis al Museo Nacional y el primer viernes de cada mes al Museo de Arte y al Museo de Arquitectura.

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En las calles de Helsinki también puedes encontrarte con algo habitual en otras muchas ciudades europeas: los puentes con los candados del amor.

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Un lugar que parece pasar desapercibido para muchos turistas y que nosotros no queríamos dejar de visitar es uno de los rincones más originales de Helsinki: el hotel-prisión Katajanokka. Puedes acceder a la isla donde se encuentra a través de uno de sus tres puentes. Los cuatro edificios, que datan de finales del siglo XIX y fueron mandados construir por el zar Alejandro III, daban forma en el pasado a la cárcel más importante de la ciudad, donde incluso estuvo recluído un primer ministro. Las más de 160 celdas han sido reconvertidas en habitaciones (y dotadas de cuartos de baño, de los que carecían); ahora puedes dormir en una de ellas por el módico precio de 200 euros la noche. Nosotros, evidentemente, no estábamos allí alojados pero como siempre le echamos cara al asunto, aprovechando que se celebraba allí un fiestorro de padre y muy señor mío, nos hicimos pasar por clientes para poder fotografiarlo por dentro.

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Curioso edificio en las calles de Helsinki

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Helsinki es una gozada para los que amamos la música y, en especial, las tiendas de discos. En unos tiempos en los que estas parecen destinadas a la extinción por la piratería y la venta por internet, la capital finlandesa continúa conservando algunas de las más importantes de Escandinavia y donde, además, se pueden encontrar aún vinilos y no sólo Cds. Music Hunter (que fue la que más me gustó, era increíble la cantidad de merchandise que podían tener acumulado en sus cuatro o cinco salas), Fenicca y Hellsinki Rock Shop son algunas de las más recomendables si lo tuyo es el rock n’ roll.

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Aparte de probar una sauna (en Helsinki todavía quedan algunas públicas, como la sauna de madera de Kotiharjun, cuya entrada cuesta 9 euros) o acercarte a ver el Monumento a Sibelius, hay una excursión que te recomendamos no perderte porque es interesantísima: la de la Fortaleza de Suomenlinna. Para ir a recorrerla sacrificamos ir a visitar el Seurasaari Open Air Museum, ya que no nos daba tiempo a ambas cosas, pero después hablando con una amiga finlandesa nos comentó que habíamos hecho bien en escoger Suomenlinna ya que merecía mucho más la pena.

Para llegar a esta inabarcable fortaleza, que se asienta sobre nada más y nada menos que seis islas, hay que coger un ferry que parte desde la Plaza del Mercado. Puedes comprar allí mismo los tickets, en las máquinas expendedoras, cuesta seis euros el trayecto y te deja en la fortaleza en apenas 15 minutos. El viaje en barco recorre los alrededores de Helsinki y te brinda imágenes tan bonitas como esta.

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La Fortaleza de Suomenlinna, que tiene el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 1991, es un lugar único porque, curiosamente, está habitado (aunque, por fortuna,por muy poca gente, sólo 800 vecinos, que tienen la suerte de tener sus residencias en un paraje envidiable). Son mjuchos los finlandeses que aprovechan los fines de semana para venirse cargados con sus sandwiches y sus cervezas para hacerse un picnic improvisado al aire libre; de hecho, cuando desembarcamos una de las primeras cosas que nos encontramos fue un concierto que habían montado en una de las praderas.

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Esta inmensa fortaleza, que es casi una ciudad en miniatura, comenzó a construirse en 1748 bajo orden de la corona sueca, que pretendía frenar de este modo las ansias imperialistas de los rusos, que como os contaba más arriba, se pasaron siglos intentado arrebatar estas codiciadas tierras a los suecos. Muchos de los antiguos barracones han acabado convertidos en viviendas, coquetas cafeterías, restaurantes, museos y salas de conferencias y exposiciones, además de acoger talleres de artesanía y de remodelación de veleros de madera.

La historia de Suomenlinna dió mucho de sí. En 1750 fue denominada oficialmente Sveaborg (aunque luego se la cambió el nombre), en 1808 fue tomada por el ejército ruso (quien la ocupó durante 110 años), en 1855, durante la Guerra de Crimea, la flota anglofrancesa la bombardeó, ocasionando gravísimos daños materiales, en 1918, en la Guerra Finlandesa, se la cambió el nombre y se convirtió en un gigantesco campo de prisioneros, en 1939, en la Segunda Guerra Mundial, se utilizó como base de baterías antiaéreas y submarinos, y finalmente en 1973 el ejército finlandés abandonó el archipiélago y se transfirió su restauración y conservación al Ministerio de Educación y Cultura.

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Recorrer Suomenlinna puede llevarte fácilmente una mañana entera. Lo recomendable es seguir las indicaciones de la Ruta Azul, que circunvala la isla principal de norte a sur (también hay otra ruta diseñada para personas con mobilidad reducida y en sillas de ruedas, lo que es un detallazo). Ten mucho ojo donde pones los pies ya que hay que subir y bajar por varias pendientes llenas de pedruscos, el terreno es bastante rocoso. En verano se ofrecen visitas guiadas a pie en finlandés, sueco, inglés y ruso, aunque nosotros cuatro la hicimos por nuestra cuenta sin ningún inconveniente.

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Dentro de las islas podemos encontrar hasta una iglesia ortodoxa (que a principios del siglo XX funcionó como templo luterano) y donde actualmente aún se conserva un faro con el que se controla el tráfico aéreo y naval. El Patio de Armas, diseñado por Agustin Ehrensvärd (quien se encuentra aquí enterrado y fue el fundador de Suomenlinna) es otro de los puntos más importantes del recorrido. En el dique seco, uno de los astilleros más antiguos del mundo y aún en funcionamiento, se construyeron los buques de la flota sueca y en la actualidad se dedica a la restauración de barcos antiguos. Todo ello en un paraje idílico, como podéis ver en la fotografía.

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En Kustaanmiekka se pueden aún observar las líneas de defensa costeras, donde se conservan los potentes cañones que construyó la artillería rusa.

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Los antiguos depósitos de pólvora, que se mantienen igual que cuando se construyeron en 1880, parecen casas de hobbits…

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Aún pueden verse dentro de la fortaleza antiguos submarinos y adentrarte en los túneles donde se escondían las tropas. Estos últimos los tuvimos que recorrer alumbrados por las linternas de nuestros teléfonos móviles.

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Vistas de la fortaleza

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La impresionante Puerta del Rey (conocida en finés como Kuninkaanportti),construida entre 1753 y 1754, era la puerta de entrada a la Fortaleza de Suomenlinna y hoy en día es su imagen más popular.
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