Los escenarios de mis series favoritas

Sons Of Anarchy

Des­de que las platafor­mas de pago lle­garon a nue­stros tele­vi­sores (una cos­tum­bre que en otros país­es, espe­cial­mente Esta­dos Unidos, era algo de lo más habit­u­al des­de hace décadas), el con­sumo de series se ha dis­para­do en nue­stro país. Acabamos una y enlazamos con la sigu­iente, un maratón con­tin­uo de per­son­ajes y tra­mas en los esce­nar­ios más espec­tac­u­lares. Las series de ayer y de hoy son, sin dudar­lo, una de las may­ores fuentes de inspiración a la hora de plan­i­ficar un via­je y tam­bién, por qué no, la excusa per­fec­ta para recor­rer esos dec­o­ra­dos, de cartón piedra o tesoros nat­u­rales, que nos hicieron soñar en el salón de casa. Vayan aquí algu­nas de mis favoritas.

Sons of Anar­chy

Sons of Anarchy

“Sons of Anar­chy” ha mar­ca­do un antes y un después en la his­to­ria de la tele­visión. De nac­er como una serie inde­pen­di­ente con esca­so pre­supuesto pasó a con­ver­tirse en un mon­struo tele­vi­si­vo que hizo de ella una serie de cul­to. En casa somos fans a tope del club motero más canal­la de Cal­i­for­nia ¡no sé la de dinero que hemos gas­ta­do en mer­chan­dise de los Sons! Ahí nos teníais sem­ana tras sem­ana, esperan­do con ansia un nue­vo capí­tu­lo que desve­lara en qué nuevos líos se habían meti­do Jax Teller y sus secuaces.

Aunque la acción girara en torno al pueblo de Charm­ing, no lo busques en el mapa porque es una ciu­dad fic­ti­cia. A cam­bio, te ofre­ce­mos la posi­bil­i­dad de irte al valle de San Fer­nan­do en Cal­i­for­nia, más conc­re­ta­mente a los pueblecitos de Sun­land y Tujun­ga, si quieres ver los exte­ri­ores de la que se suponía era la casa de Opie, los calle­jones donde Tig & com­pa­ny hacían sus trapicheos o donde se reunían con otros clubs como The Mayans (de los que, por cier­to, se hizo después otra serie que para mi ni fu ni fa). Esto es lo más cer­ca que vas a estar de los esce­nar­ios “reales” de la serie ya que otros como las casas de los Teller, el hos­pi­tal donde tra­ba­ja­ba Tara o la propia sede del club se crearon den­tro de un estu­dio de roda­je de North Hol­ly­wood.

Juego de Tronos

game of thrones

Aunque más de una vez os he comen­ta­do que yo de lo que real­mente soy fan es de los libros de “Can­ción de hielo y fuego” (aquí andamos como locos esperan­do la sex­ta nov­ela “Vien­tos de invier­no”, que parece que George R.R. Mar­tin no nos va a entre­gar nun­ca, ¡ains!), he de recono­cer que la serie de “Juego de Tronos” estu­vo muy a la altura. Y todo ello tenien­do en cuen­ta que se tomaron bas­tantes licen­cias a la hora de adap­tar los libros.

El caso es que lle­var a la tele­visión los paisajes épi­cos por los que se movían humanos, cam­i­nantes de la noche, drag­ones y demás seres fan­tás­ti­cos suponían todo un reto para los creadores de la serie. Y aunque evi­den­te­mente los dis­eños por orde­nador hacen mila­gros, muchos de los esce­nar­ios escogi­dos para el roda­je eran reales (aunque a veces estu­vier­an reto­cadísi­mos porque, por pon­er un ejem­p­lo, a mi me costó hor­rores recono­cer en Rocadrag­on al pre­cioso San Juan de Gaztel­u­gatxe, que visi­ta­mos com­ple­ta­mente solos en uno de nue­stros via­jes por el País Vas­co). San Juan es el per­fec­to ejem­p­lo de cómo la fiebre de “Juego de Tronos” ha con­ver­tido algunos lugares antaño idíli­cos en imanes para mul­ti­tudes (unos ami­gos me con­ta­ban que estu­vieron hace no mucho en Gaztel­u­gatxe y no se podía ni andar) pero es el pre­cio que con­ll­e­va la fama. En cualquier caso, que ello no te prive de cono­cer y dis­fru­tar de estos rin­cones, aunque nue­stro con­se­jo sea que vayas en tem­po­ra­da baja a ser posi­ble.

En España han sido varias las provin­cias que han acogi­do los roda­jes de “Juego de tronos” (¡y es que ten­emos un país mar­avil­loso, qué coño!). Des­de la boni­ta Girona (que en la serie era la ciu­dad de Braavos), la Alcaz­a­ba de Almería y el Alcázar de Sevil­la (que sim­u­la­ban ser Dorne), el Castil­lo de Zafra (donde nació Jon Snow), el Castil­lo de Almod­ó­var del Río (que fue Alto­jardín), las ruinas de Itáli­ca donde se reunían Cer­sei y Daen­erys, has­ta el bel­lísi­mo cas­co históri­co de Cáceres, en mi opinión uno de los mejor con­ser­va­dos de nue­stro país.

Si sal­imos de España, encon­traremos dis­em­i­na­dos por el mun­do, espe­cial­mente por Europa, muchos de los esce­nar­ios que se con­virtieron en esas ciu­dades, for­t­alezas y castil­los que salieron de la imag­i­nación de George R.R. Mar­tin. A él deben agrade­cer­le estos lugares la innegable pro­mo­ción turís­ti­ca que les ha traí­do el mun­do de “Juego de Tronos” y que ha dis­para­do el vol­u­men de ganan­cias ingre­sadas. Entre ellos destacare­mos Dubrovnik en Croa­cia, que pasó a ser Desem­bar­co del Rey, los para­jes hela­dos de Islandia (que serían esas tier­ras inhóspi­tas que se encon­tra­ban más allá del Muro) o unas cuan­tas local­iza­ciones en Irlan­da del Norte (el Castil­lo de Shane, la playa de Down­hill, la aveni­da arbo­la­da de Dark Hedges o el bosque de Tol­ly­more).

Algunos de los otros esce­nar­ios de la serie tam­bién los hemos recor­ri­do en per­sona, como es el caso del via­je que hici­mos a Essaouira, en la cos­ta mar­ro­quí, el de la for­t­aleza Aït Ben­had­dou, en otro de nue­stros via­jes al sur de Mar­rue­cos, el Castil­lo de Doune, que conoci­mos en nue­stro via­je por las High­lands de Esco­cia, o la isla de Gozo en Mal­ta, donde se casa­ban Daen­erys Tar­garyen y Khal Dro­go en la impre­sio­n­ante Ven­tana Azul (y que un golpe de mar hizo desa­pare­cer sólo unos meses después de que la vis­itáramos).

Down­ton Abbey

Downton Abbey

Hace unos meses, escribí un artícu­lo, Las mejores escapadas de un día des­de Lon­dres, en el que entre otras sug­eren­cias como Bath, Chester, Brighton o el pueblo de Shake­speare, te pro­ponía ir a cono­cer el Castil­lo de High­clere, esa belleza arqui­tec­tóni­ca que puedes obser­var aquí arri­ba, a la espal­da de los pro­tag­o­nistas de “Down­ton Abbey”. Esta mar­avil­losa serie, que durante seis tem­po­radas nos mostró las ale­grías y las penas de una famil­ia de aristócratas y sus cri­a­dos, se rodó en este fab­u­loso castil­lo, propiedad de la famil­ia Carnar­von des­de finales del siglo XVII. Una famil­ia que se las ha vis­to y desea­do para con­ser­var el impo­nente edi­fi­cio de 300 habita­ciones (el man­ten­imien­to anu­al cues­ta casi dos mil­lones de euros) y que ha encon­tra­do en la lle­ga­da de miles de fans venidos de todo el mun­do el ingre­so extra que nece­sita­ban sus arcas.

Pero si pasear por los jar­dines y el inte­ri­or de High­clere no te parece sufi­ciente, puedes exten­der tu ruta acer­cán­dote a otros lugares que sirvieron de esce­nar­ios de la serie. Como por ejem­p­lo Bamp­ton, la pequeña vil­la medieval que sim­u­la­ba ser el pueblo de Down­ton, la gran­ja Cogges Manor Farm en Oxford­shire (a donde Lady Edith iba tan a menudo a vis­i­tar a la famil­ia Drewe), el fasci­nante Castil­lo de Inver­aray en el oeste de Esco­cia o la estación Horsted Keynes de Sus­sex. En esta estación, además, puedes tomar el tren Blue­bell Rail­way, que a lo largo de once mil­las y en un tren antiquísi­mo comen­da­do por una loco­mo­to­ra de vapor, te per­mi­tirá trasladarte real­mente has­ta la época de Down­ton Abbey.

Las chi­cas Gilmore

Durante nada más y nada menos que 153 capí­tu­los fuimos muchos los que estu­vi­mos engan­cha­dos a las viven­cias de las chi­cas Gilmore, una madre soltera y una hija (Lore­lai y Rory) que nos regalaron momen­tos real­mente grandiosos. Para mi “Las chi­cas Gilmore” fue una serie de lo más entrañable que cada cier­to tiem­po me encan­ta recu­per­ar, en espe­cial cuan­do lle­ga el invier­no y la ves en casa con mis dos gatos a cada lado del sofá y deba­jo de una man­ta calen­ti­ta.

Las chi­cas Gilmore vivían en un pueblo pre­cioso, Stars Hol­low, que para nues­tra des­gra­cia no existía en la real­i­dad. Pero eso no sig­nifi­ca que te vayas a quedar con las ganas de vis­i­tar­lo ya que puedes ir a los Warn­er Bros. Stu­dios en Bur­bank (Cal­i­for­nia), donde se grabó la serie, y donde por 69 dólares por per­sona puedes hac­er el Gilmore Girls Tour. En un trenecito irás recor­rien­do el arti­fi­cial pero boni­to Stars Hol­low, donde podrás ver las casas de Sook­ie (la encan­ta­do­ra cocin­era amiguísi­ma de Lore­lai), la cafetería de Luke (¡cuán­tos buenos momen­tos nos dieron esos desayunos!), el gaze­bo de la plaza prin­ci­pal donde cel­e­bra­ban la Navi­dad, la tien­da de antigüedades de la seño­ra Kim, el col­ori­do mer­ca­do, la igle­sia o la casa de Lore­lai, donde se ha man­tenido intac­ta la dec­o­ración inte­ri­or y has­ta se expone el ves­tu­ario que usa­ban nues­tras queri­das pro­tag­o­nistas. 

Un últi­mo apunte. Si aún así quieres ampli­ar el itin­er­ario, te recor­damos que la creado­ra de “Las chi­cas Gilmore”, la guion­ista Amy Sher­man-Pal­ladi­no, se inspiró en un pueblo de Con­necti­cut lla­ma­do Wash­ing­ton Depot para dar for­ma a Stars Hol­low. Allí Amy pasó unos días de relax en un bucóli­co hotel lla­ma­do Mayflower, que tam­bién sirvió de inspiración para crear el hotelito Drag­on­fly Inn que Lore­lai y Sook­ie regen­tarían a par­tir de la cuar­ta tem­po­ra­da. Un pueblo de cuen­to para una serie que ya nun­ca jamás sal­drá de nue­stros cora­zones.

Mel­rose Place

Melrose Place

A “Mel­rose Place” la cal­i­fi­co como uno de esos “plac­eres cul­pa­bles” que nos gus­ta decir en casa, o lo que es lo mis­mo, series que sabes que son malas-malísi­mas pero oye, vete tú a saber por qué, las tienes un car­iño incom­pren­si­ble (eso me pasa tam­bién con otras series como “Siren”, “Nashville” o “Águila Roja”). Aún recuer­do cuan­do comencé a ver­la en su estreno en 1992, sien­do yo una teenag­er de 17 años, y lo suu­u­per adul­ta que me parecía la serie si la com­pa­ra­ba con “90210”, que en España algún ilu­mi­na­do tradu­jo como “Sen­sación de Vivir”. Me fli­pa­ban tan­to los cule­brones de este grupo de veci­nos que se acaba­ban lian­do todos con todos, que acabé com­prán­dome las cajas de los DVDs (que hoy supon­go que estarán descat­a­lo­gadísi­mos). Y lo creáis o no, aquí me tenéis 30 años después, que me he prop­uesto volver a chu­parme los 227 episo­dios entre otras series más recientes. Si ya entonces la serie chirri­a­ba por lo medioc­res que eran los guiones y los actores, no os digo nada actual­mente. Pero eso le da aún mucho más encan­to.

El caso es que fijaos si soy freak con estas cosas que cuan­do hace años via­jé a Los Ange­les, sabía que tenía en mente la visi­ta ine­ludi­ble a dos casas (y las dos las vis­ité). Una, el aparta­men­to donde vivía mi ban­da favorita, Möt­ley Crüe, a prin­ci­p­ios de los 80 cer­ca de Sun­set Strip. Otra, la casa de Mel­rose Place en los aparta­men­tos El Pueblo en el bar­rio de Los Feliz

En real­i­dad, el inte­ri­or, es decir, el patio con la pisci­na y los aparta­men­tos forma­ban parte del dec­o­ra­do de unos estu­dios. Pero hay otras muchas local­iza­ciones reales en las que te podrás fotografi­ar: la ofic­i­na de D&D Pub­li­ci­dad donde tra­ba­ja­ban Aman­da y Alli­son (5700 Wilshire Blvd), el pub Shoot­ers (6910 Mel­rose Avenue), que en real­i­dad no es un pub pero se reconoce la facha­da, la casa de la playa de Kim­ber­ly y Michael (1125 Capri Way), el estu­dio de dis­eño de moda de Jane en 310 E 3rd Street, el par­que por donde a veces pasea­ban Aman­da y Bil­ly (el Mur­phy Sculp­ture Gar­den), el aparta­men­to ini­cial de Aman­da en 4265 Mari­na City Dri­ve o el chulísi­mo muelle de San­ta Móni­ca.

¿Sabías que…?

. Doug Savant (Matt)y Lau­ra Leighton (Syd­ney) se casaron en 1998 y des­de entonces son una de las pare­jas más esta­bles de Hol­ly­wood. 

. Ahí donde la véis, “Mel­rose Place” se con­vir­tió en una serie de cul­to en su momen­to en USA, has­ta el pun­to de que las pandil­las de ami­gos se reunían en las casas a la hora de la emisión con un mon­tón de refres­cos y palomi­tas. La serie tenía una audi­en­cia de 14 mil­lones de espec­ta­dores sólo en Esta­dos Unidos.

. El repar­to, espe­cial­mente las actri­ces, se que­ja­ban de que el set de roda­je esta­ba hecho un ester­colero y de que nadie se ocu­pa­ba de limpiar la pisci­na. No obstante, algunos de dichos actores vendieron embotel­la­da ese mis­mo agua de la pisci­na a fans que no ten­drían otra cosa en la que gas­tarse el dinero. Se llegó a pagar 300 dólares por una botel­la.

. A Grant Show (Jake) le ofrecieron el papel de Brad Pitt en “Thel­ma & Louise” y debió rec­haz­ar­lo por con­tra­to.

. Hunter Tylo fue des­pe­di­da después de quedarse embaraza­da, demandó a los pro­duc­tores (los todopoderosos Spelling Tele­vi­sion) y la debieron ind­em­nizar con 5 mil­lones de dólares.

. Court­ney Cox y Matthew Per­ry estu­vieron a pun­to de ser los actores que inter­pre­taran a Alli­son Park­er y Bil­ly Camp­bell.

. El úni­co de los actores que apare­ció en las siete tem­po­radas fue Thomas Cal­abro, el doc­tor Michael Manci­ni.

. En 2009 la cade­na Fox inten­tó revivir la serie con un remake de “Mel­rose Place” y fue un fra­ca­so abso­lu­to, sólo se grabó una tem­po­ra­da. Yo ya os con­fir­mo que no vi ni un episo­dio. 

. Josie Bis­set, que inter­preta­ba a Jane Manci­ni, se que­jó a los guion­istas del papel bobal­icón que le habían encas­que­ta­do, has­ta el pun­to de que la gente le para­ba por la calle para dar­le con­se­jos, pen­san­do que era un poquito pazgua­ta. A par­tir de la ter­cera tem­po­ra­da Jane se desme­lenó.

. La real­i­dad super­a­ba la fic­ción. En la primera tem­po­ra­da, Court­ney Thorne-Smith (Alli­son) y Andrew Shue (Bil­ly) estu­vieron salien­do jun­tos en la vida real. Lau­ra Leighton (Syd­ney) estu­vo lia­da con Grant Show (Jake), aunque se acabaría casan­do con Doug Savant (Matt). Josie Bis­set (Jane) y Rob Estes (Kyle) esta­ban casa­dos cuan­do comen­zó la serie y acabaron divor­cián­dose. Y Heather Lock­lear (Aman­da) y Jack Wag­n­er (Peter) se casaron en 2007 y se divor­cia­ron cua­tro años después. 

. A prin­ci­p­ios de los 90, el per­son­aje de Matt era uno de los primeros homo­sex­u­ales que salían en tele­visión. Aún así, la tra­ma se extendía has­ta cier­to pun­to, porque la pro­duc­to­ra se nega­ba a que se mostraran esce­nas de cama. 

. Vanes­sa Williams, que en la primera tem­po­ra­da daba vida a una ale­gre instruc­to­ra de aer­o­bic, cree que no se le ren­ovó el con­tra­to por el hecho de ser negra. Los pre­juicios de entonces pesa­ban mucho y ella mis­ma declaró que los guion­istas no se atrevían a empare­jar­la con actores blan­cos.

The Shield

The Shield

Si me dier­an a ele­gir una serie a la que lla­maría LA SERIE, así, con mayús­cu­las, esta sería sin dudar­lo “The Shield”. En mi opinión, la mejor que ha habido en la his­to­ria de la tele­visión y dudo mucho que algu­na vez nadie la supere. Siete tem­po­radas frenéti­cas, que no dan ni un respiro, en las que seguimos los teje­mane­jes de un grupo poli­cial de Los Ange­les que ha hecho de la cor­rup­ción su modo de vida. A la cabeza está el crápu­la Vic Mack­ey, uno de esos mal­os-malísi­mos al que al final acabas cogien­do car­iño. Fal­tos de escrúpu­los, decen­cia y moral­i­dad, venden a su madre por un puña­do de dólares. Y ameniza­do el cotar­ro con una ban­da sono­ra bru­tal, que aún recuer­do una esce­na míti­ca a rit­mo de mis ama­dos Social Dis­tor­tion.

Aunque al igual que “Sons of Anar­chy” (serie que nac­ería de los posos de “The Shield”, ya que de aquí sal­ió el guion­ista Kurt Sut­ter), la serie se desar­rol­la en un esce­nario fic­ti­cio, la ciu­dad de Farm­ing­ton (y por pon­er un ejem­p­lo, la casa de Vic o la comis­aría forma­ban parte de un estu­dio de grabación, el de ABC Tele­vi­sion Cen­ter), muchas de las esce­nas se grabaron en las tur­bu­len­tas calles de la ciu­dad de Los Ange­les, que tam­poco se ale­ja­ba demasi­a­do la real­i­dad de la fic­ción. Podíamos ver asaltos poli­ciales en casas de Reno Street, el exte­ri­or de la igle­sia bap­tista de Nao­mi Street, la casa de Armadil­lo Quin­tero podíamos encon­trar­la en la calle Boni­ta Vista, Tigre Oroz­co vivía en Ver­bano Avenue y podíamos situ­ar difer­entes local­iza­ciones en las calles Coro­n­a­do, Lor­raine o Mer­rick.

Quizás si quisieras hac­erte una idea de lo que era el ambi­ente pandillero de Farm­ing­ton, debieras darte una vuelta en coche por South Cen­tral, el bar­rio más peli­groso de Los Ange­les (y al mis­mo tiem­po uno de los que tiene una más alta tasa de mor­tal­i­dad por homi­cidio del mun­do). Antaño había una com­pañía, LA Gang Tour, que te daba un gar­beo de dos horas en una fur­gone­ta (y debías fir­mar un doc­u­men­to que les eximía de respon­s­abil­i­dad en caso que durante el trayec­to te dier­an un tiro). Así que no te recomien­do ni el via­je por tu cuen­ta ni orga­ni­za­do: mejor te metes un maratón de “The Shield” sin com­pli­carte la exis­ten­cia.

Treme

Treme

Cuan­do era jovenci­ta, una de las pelícu­las que más me mar­có fue “El corazón del ángel”, esa mar­avil­la de Alan Park­er pro­tag­on­i­za­da por Lisa Bonet, Robert De Niro y Mick­ey Rourke, una espi­ral de vudú y ritos satáni­cos en el sur de Esta­dos Unidos a medi­a­dos de los años 50. Fue entonces cuan­do me quedé enam­ora­da de Nue­va Orleans, comencé a leer libros sobre la curiosa idios­in­cra­sia de la ciu­dad y su atmós­fera de mis­te­rio y leyen­das y me dije “yo allí quiero ir algún día”. Y afor­tu­nada­mente lo cumplí años después. El via­je a Nue­va Orleans, la ciu­dad del vudú, es uno de los más espe­ciales que he hecho nun­ca.

Que Nue­va Orleans es una ciu­dad muy cin­e­matográ­fi­ca es algo evi­dente. Sin embar­go, la may­oría de las pelícu­las tien­den a cen­trarse en lo idíli­co de la ciu­dad (el Bar­rio Francés, las casitas vic­to­ri­anas, los paseos en bar­co por el río Mis­sis­sip­pi), olvidán­dose de ese Nue­va Orleans más de ver­dad en el que la gente las pasa canu­tas para lle­gar a finales de mes. En ese sen­ti­do, “Treme” mues­tra des­de el primer capí­tu­lo, con toda crudeza, los estra­gos que dejó el paso del huracán Kat­ri­na, la vida en los bajos fon­dos, la cor­rup­ción, el inge­nio de los bus­cav­i­das, la sol­i­dari­dad entre los veci­nos que no tienen nada, el papel de los indios nativos amer­i­canos, la pasión con la que se viv­en las fes­tivi­dades locales, el amor-odio entre esta ciu­dad y sus vásta­gos. Pero sobre todo y ante todo, la músi­ca inun­dan­do cada rincón de Nue­va Orleans. El jazz, el soul, el rock, el blues como parte indis­pens­able de la vida de todo el que allí reside. Para aque­l­los que la músi­ca es el motor de nues­tra exis­ten­cia, “Treme” es la serie meló­mana por exce­len­cia. Cremi­ta de la bue­na.

El Min­is­te­rio del Tiem­po

Ministerio Tiempo

Pocas cosas me pare­cen más injus­tas que la acti­tud de muchos que crit­i­can la cal­i­dad de las pro­duc­ciones españo­las, cuan­do creo que lle­va­mos años dejan­do claro que hemos crea­do un sel­lo de iden­ti­dad pro­pio, que ten­emos unos pro­fe­sion­ales como la copa de un pino, que no ten­emos nada que envidiar a los de fuera y que ya es hora de comen­zar a val­o­rar lo que se cuece en casa. Nosotros vamos a menudo al cine y os ase­guro que casi la mitad de los estrenos que vamos a ver son españoles. Que hay que apo­yar lo que ten­emos y enorgul­le­cer­nos de ello.

“El Min­is­te­rio del Tiem­po” se ha con­ver­tido en una serie de cul­to, has­ta el pun­to de que cuen­ta con una nutri­da legión de fans entre los que me incluyo, “los min­istéri­cos”. Has­ta tuvo que deman­dar a una serie amer­i­cana, “Time­less”, por pla­gio (y la jus­ti­cia nos dio la razón, para que veáis cómo nos copi­an los de fuera). Pero inde­pen­di­en­te­mente de lo sucu­len­ta­mente bien que la serie fusiona mis­te­rio, come­dia, dra­ma y rig­or históri­co, el nive­la­zo del repar­to, lo inge­nioso de sus guiones, el pre­supuesto que se gas­ta y lo imag­i­na­ti­vo de las prop­ues­tas y las tra­mas, lo real­mente elo­giable reside en haber empu­ja­do a miles de per­sonas a revivir su interés por la his­to­ria de este país, que en oca­siones no se conoce lo sufi­ciente o lo que es peor, se conoce de una man­era dis­tor­sion­a­da, lo cuál hace mucho más daño.

Pero si nue­stros fun­cionar­ios del Min­is­te­rio (que “tra­ba­jan” en el edi­fi­cio aban­don­a­do de RNE cer­ca de Argan­da del Rey, que aho­ra les sirve de ofic­i­na) nos han abier­to el apeti­to de apren­der, no menos han ali­men­ta­do nues­tras ganas de via­jar por este país extra­or­di­nario nue­stro. El Jardín Botáni­co de Madrid, el Museo del Pra­do, la Quin­ta del Par­do, el Pala­cio de la Gran­ja de Segovia, el Castil­lo de Guadamur de Tole­do, el Cor­ral de Come­dias de Alma­gro o el Castil­lo del Papa Luna en Peñís­co­la son algunos de los lugares escogi­dos por la serie para hac­er­nos via­jar en el tiem­po y apren­der un poquito más de la his­to­ria españo­la.

Doc­tor en Alas­ka

Doctor en Alaska

Cuan­do iba al insti­tu­to, eran muchas las mañanas que me qued­a­ba medio dormi­da sobre el pupitre, acu­san­do la fal­ta de sueño que arras­tra­ba de la noche ante­ri­or. La cul­pa­ble era una serie entrañable, “Doc­tor en Alas­ka”, que acabó sien­do rel­e­ga­da a horar­ios de madru­ga­da y de la que era inca­paz de desen­gan­charme, pese a que después me costara la mis­ma vida lev­an­tarme. Dis­fruta­ba hor­rores con las andan­zas de Joel Fleish­man, un médi­co recién licen­ci­a­do que acaba­ba ejer­cien­do en un pequeñísi­mo pueblecito de Alas­ka, rodea­do de los per­son­ajes más var­i­opin­tos que puedas imag­i­nar.

El pueblo en sí, Cice­ly, ni existe ni esta­ba en Alas­ka. Al pare­cer, para crear­lo los guion­istas se inspi­raron en un pueblo alaskeño lla­ma­do Tal­keet­na (que se hizo pop­u­lar hace años por vender la his­to­ria fic­ti­cia de que habían elegi­do a un gato como alcalde). Pero el elegi­do como esce­nario de roda­je fue Roslyn, un pueblecito cer­cano a Seat­tle, en el esta­do de Wash­ing­ton, donde durante seis años (de 1989 a 1995) se grabaron los exte­ri­ores de las seis tem­po­radas. Y qué exte­ri­ores. Soñábamos con ver anochecer en el soli­tario lago Cle Elum o en pasear por los bosques de Salmon La Sac.

El famoso muro que aparecía en la serie (el de Roslyn Cafe frente al que se para­ba un alce, quizás la ima­gen más pop­u­lar de “Doc­tor en Alas­ka”) es el pun­to más recono­ci­ble y jun­to al que se fotografían fans que lle­gan de cualquier parte del mun­do. Otro de los rin­cones clave es el salón The Brick (que, por cier­to, es el salón más antiguo de todo el esta­do) y tam­bién recono­ceréis la destar­ta­l­a­da ofic­i­na de con­sul­ta del doc­tor en el edi­fi­cio azu­la­do donde actual­mente se encuen­tra la tien­da de rega­los más cono­ci­da de la ciu­dad. Así mis­mo, en el museo de la his­to­ria de Roslyn ded­i­can una sala a toda la mem­o­ra­bil­ia de la serie; es el par­tic­u­lar reconocimien­to de unos ciu­dadanos que en muchos casos par­tic­i­paron como extras y que además saben que el tur­is­mo es una de las más impor­tantes fuentes de ingre­sos. Durante var­ios años, a últi­mos de Julio, se ha cel­e­bra­do el fes­ti­val Moose­fest, una gigan­tesca cel­e­bración en hom­e­na­je a la serie, a la que sue­len acud­ir var­ios de los pro­tag­o­nistas.

Shame­less

Shameless

“Shame­less” para mi es otra de esas series que adoro y de la que me va a costar mucho, mucho des­pedirme con esta tem­po­ra­da, la número 11, que se estre­nará a medi­a­dos del año próx­i­mo. Lo de la famil­ia Gal­lagher es tremen­do: unos pobres des­gra­ci­a­dos, cri­a­dos sin ningún tipo de éti­ca ni nor­mas mín­i­mas, vivien­do en un bar­rio de mala muerte y sopor­tan­do al peor padre del mun­do, Frank, al que da vida un magis­tral William H. Macy, quien ha crea­do un per­son­aje tan odioso como indis­pens­able en la tra­ma. Dro­ga­dic­to, bor­ra­cho, pen­denciero, gor­rón, men­tiroso, ladi­no y ladronzue­lo. Una per­la.

Hay otro moti­vo por el que en casa nos encan­ta “Shame­less” y es por lo mucho que nos recuer­da nue­stro via­je a Chica­go. Puedes encon­trar la casa de los Gal­lagher en el 2119 de Homan Avenue y la de Kevin y Veron­i­ca en el 2113 de la mis­ma calle (vamos, que en real­i­dad ambas casas tam­bién son veci­nas), aunque tam­bién adver­ti­mos que se encuen­tran en el bar­rio de North Lawn­dale, uno de los más con­flic­tivos de Chica­go. No busques el famoso bar de Kevin, el Ali­bi, ya que este fue crea­do en unos estu­dios de Los Ange­les ¡con lo que nos hubiera encan­ta­do tomar una bir­ra allí! En el mis­mo estu­dio se encuen­tra la tien­da Kash’N’­Grab a la que tan­to iba Ian por motivos que no desve­lare­mos para los que aún no hayáis vis­to la serie.

El Pat­sy’s Pies donde tra­ba­ja­ba Fiona (la de dra­mas y esce­nas sur­re­al­is­tas que ha pres­en­ci­a­do esa cafetería) es en real­i­dad el Gold­en House Restau­rant en el 4744 de N. Broad­way St. y los aparta­men­tos donde vivía la mis­ma Fiona están tam­bién en el bar­rio de Lawn­dale (como la casa de los Gal­lagher), más conc­re­ta­mente en el 3310 de W. 19th St. La casa de Sheila Jack­son (a la que inter­preta­ba la genial Joan Kusack) está en el 1937 de S. Spauld­ing Avenue y la de los Milkovich en el 1955 de la Aveni­da Trum­bell.

Gomor­ra

¿Sabes que el artícu­lo más leí­do de la his­to­ria de este blog es Sec­ondigliano: el bar­rio más peli­groso de Europa? Debo recono­cer que soy algo sinies­tra y siem­pre me ha atraí­do un mon­tón la for­ma en que se com­por­tan los difer­entes clanes mafiosos del mun­do, ya sean los gang­sters amer­i­canos, los japone­ses tat­u­a­dos de la Yakuza, los nar­cos colom­bianos o la Camor­ra napoli­tana. En este caso, me com­pré en su día el libro “Gomor­ra: un via­je al impe­rio económi­co y al sueño de poder de la Camor­ra” de Rober­to Saviano y me lo leí en un pis­pás. Así que me faltó tiem­po para pon­erme con la serie, que es aún más cru­da que las pági­nas de la nov­ela.

Sobra decir que la ciu­dad donde se desar­rol­la la tra­ma, la guer­ra entre el clan de los Savas­tano y su antigua mano derecha, Ciro Di Marzio, es Nápoles. Pero aquí no busques ese boni­to cen­tro de Nápoles, el pin­toresco Bar­rio Español con sus coladas ten­di­das en los bal­cones, la lujosa isla de Capri donde recala bue­na parte de la jet set o las desta­cadas ruinas de la cer­cana Pom­peya. Aquí lo que se mues­tra es ese Nápoles que cada vez temen más tur­is­tas e inclu­so los pro­pios ital­ianos. Ese Nápoles que se ha con­ver­tido en una ciu­dad sin ley, con zonas por las que salir a dar un paseo inclu­so a ple­na luz del día sig­nifi­ca ten­er­los muy bien puestos e inclu­so ser algo temer­ario.

Entre todos estos bar­rios, se lle­va la pal­ma Sec­ondigliano. Y entre los edi­fi­cios más car­ac­terís­ti­cos de todos, están esas Velas de Scampia que se han con­ver­tido por dere­cho pro­pio (dudoso hon­or) en los blo­ques de vivien­das más con­flic­tivos de Italia. Estos edi­fi­cios, proyec­ta­dos como hog­a­res públi­cos para famil­ias de bajos recur­sos, acabaron sien­do ocu­padas a prin­ci­p­ios de los 80 por delin­cuentes, camel­los, ladrones, dro­ga­dic­tos y gente sin ofi­cio ni ben­efi­cio, con­vir­tién­dose en uno de los epi­cen­tros de trá­fi­co de dro­gas de la may­or ciu­dad del sur ital­iano. Aho­ra el gob­ier­no planea demol­er los edi­fi­cios con la inten­ción de asear esa foto aso­ci­a­da a la mafia de los sub­ur­bios napoli­tanos pero su figu­ra quedará eter­na­mente ata­da al roda­je de “Gomor­ra”

Bor­gen

Borgen

Mira que no soy yo muy de series de políti­ca porque bas­tante cansa­da estoy ya de la políti­ca real todos los días. Pero aca­so por ello me gustó tan­to “Bor­gen” des­de su primer capí­tu­lo. Porque pese a desar­rol­larse en Dina­mar­ca, un país que en cos­tum­bres tam­poco tiene mucho que ver con el nue­stro, te das cuen­ta que al final la may­oría de los políti­cos son muy pare­ci­dos, ven­gan de donde ven­gan. Y que las tác­ti­cas empleadas para con­seguir pactos, tra­mar coa­li­ciones, escon­der peca­dos y expon­er vergüen­zas propias y aje­nas difieren poco de unos país­es a otros.

Pero vayamos a lo que nos intere­sa, que son los fab­u­losos esce­nar­ios, muchas veces neva­dos, que servirán de acom­pañamien­to a las intri­gas políti­cas de la primera min­is­tra, Bir­gitte Nyborg, y sus ali­a­dos y ene­mi­gos. Estos se cen­tran en la cap­i­tal dane­sa, Copen­h­ague, espe­cial­mente en el Pala­cio de Chris­tian­borg, la sede del Par­la­men­to. Aunque se solic­itó per­miso para rodar den­tro, este fue dene­ga­do, por lo que los pro­duc­tores debieron con­tentarse con esce­nas en el exte­ri­or. El inte­ri­or (es decir, los despa­chos y ofic­i­nas guber­na­men­tales) se crearon en la sede de DR Byen, la radiotele­visión dane­sa.

En la segun­da tem­po­ra­da com­pro­barás que toma peso el papel del Expres, el diario que destapa las mis­e­rias y triquiñue­las de los políti­cos locales. Se recrearon las ofic­i­nas del per­iódi­co en el estu­dio Emil Holms Kanal, tam­bién en la DR Byen. Algunos otros de los lugares elegi­dos para difer­entes esce­nas fueron las suites del Hotel Mar­riott, el pala­cio Bern­storff y las calles del cen­tro históri­co. La reper­cusión de las series dane­sas es tal en los últi­mos tiem­pos que agen­cias como Nordic Noir Tours orga­ni­zan vis­i­tas guiadas para cono­cer los esce­nar­ios no sólo de “Bor­gen” sino tam­bién de otras dos buenísi­mas series que tam­bién me encan­taron en su momen­to: “Bron” y “For­bry­delsen”.

Y unas cuan­tas recomen­da­ciones más…

Rita : Otra fab­u­losa serie que hará las deli­cias de los amantes de la tele­visión nórdi­ca, Pro­tag­on­i­za­da pre­cisa­mente por una actriz que tam­bién repite en “Bor­gen” como secun­daria, Mille Dine­sen (fa-bu-lo-sa), no sólo es una come­dia con un humor muy par­tic­u­lar sino tam­bién una mues­tra, a menudo agridulce, de esa otra Dina­mar­ca de los inmi­grantes, las vivien­das sociales y las clases des­fa­vore­ci­das. De mis favoritas.

King­dom: Reconoz­co que comen­zamos a ver­la atraí­dos por los mag­ní­fi­cos paisajes core­anos (volvi­mos real­mente enam­ora­dos de Corea del Sur tras nue­stro via­je allí y de hecho var­ios de los pala­cios que visi­ta­mos apare­cen en la serie) y acabamos engan­chadísi­mos a esta orig­i­nal serie de zom­bies ambi­en­ta­da en la Corea de hace 500 años, lo que de paso te per­mi­tirá apren­der bas­tante de la his­to­ria y las cos­tum­bres del país. Si te gustó “Tren a Busan”, este es el com­ple­men­to per­fec­to. 

The Mun­sters: Ahh­hh cómo ama­ba yo a la famil­ia Mun­ster (y lo sigo hacien­do de adul­ta). Aunque vivían en un pueblo de men­ti­ra, en Mock­ing­bird Heights más conc­re­ta­mente, la casa tene­brosa que les servía de hog­ar se expone en los Uni­ver­sal Stu­dios de Los Ange­les. Como curiosi­dad, comen­tar que dicha casa, remod­e­la­da, tam­bién aparecía en la serie “Mujeres Deses­per­adas”.

Broad­church: Buenísi­mas las tres tem­po­radas de una de las mejores series de sus­pense que nos han regal­a­do las islas británi­cas. Y un excep­cional acer­camien­to al mun­do rur­al inglés, ese de pueblecitos con casonas de piedra en los que todo el mun­do conoce los oscuros secre­tos del veci­no. El roda­je se llevó a cabo en Dorset, con los abrup­tos acan­ti­la­dos de West Bay de espec­tac­u­lar fon­do.

Doc­tor Mateo: Del bel­lísi­mo pueblo de Las­tres ya te hablam­os en uno de nue­stros via­jes por Asturias. Nos acer­camos allí pre­cisa­mente para hac­er “la ruta del Doc­tor Mateo” y tomarnos unas sidriñas miran­do al mar. Aunque la serie ten­ga ya once años, con­ser­va su encan­to y es diver­tidísi­ma. Indis­pens­able para los amantes de las tier­ras astures.

The IT Crowd: Otra de mis come­dias favoritas, tra­duci­da aquí como “Los Infor­máti­cos”. Reconoz­co que pocas veces me he reí­do tan­to como con estos tres estrafalar­ios per­son­ajes cuya vida lab­o­ral tran­scur­ría en los oscuros sótanos de una ofic­i­na de la City londi­nense. Aún así, de vez en cuan­do salían a la calle y se les podía ver por las calles de Lon­dres, espe­cial­mente por la zona de Wim­blendon.

Cobra Kai: Toda una sor­pre­sa para los que nos encanta­ba “Karate Kid”. Y eso que las cosas como son, os lo dice una karate­ka, “Cobra Kai” (y “Karate Kid” tam­poco) de ver­dadero karate sabían poco. Pero qué impor­ta eso si a cam­bio tienes una serie que es un hom­e­na­je mar­avil­loso a lo que supusieron los años 80, de los que tan fan soy. El roda­je se llevó a cabo en Cal­i­for­nia, Geor­gia y Atlanta y ya son muchos los que van a hac­erse la foto en el aparta­men­to de John­ny Lawrence en el pueblo de Tarzana.

A dos met­ros bajo tier­ra: En mi opinión, otra de las grandes impre­scindibles de HBO. Han pasa­do casi veinte años des­de su estreno pero parece que fue ayer cuan­do des­cub­ri­mos la curiosa exis­ten­cia de esa famil­ia, los Fish­er, cuyo nego­cio era regen­tar una funer­aria. La casa podíamos encon­trar­la en el 2302 West 25th St. en Los Ange­les.

Roma: Como seguido­ra entu­si­as­ta de toda la cul­tura romana, le doy un sobre­saliente a esta serie magis­tral que supo mostrar la Roma de ver­dad (sucia y llena de bar­ro) que nos habían nega­do las ver­siones adul­ter­adas de los estu­dios de Hol­ly­wood de hace unas décadas. Roda­da en los pres­ti­giosos estu­dios romanos Cinecit­tà y con un sober­bio repar­to, ofrece una bril­lante mira­da a lo que eran las cos­tum­bres del pueblo llano ¡me encanta­ba ver los muros de las casas llenos de graf­fi­tis obscenos!

Vergüen­za: Si debo quedarme con una come­dia españo­la, fijo que lo hago con esta. Tal vez porque me iden­ti­fi­co mucho con eso de la vergüen­za aje­na y lo de echarme la mano a la cara sus­pi­ran­do cuan­do escu­cho las sande­ces de muchas per­sonas. Desco­mu­nal Javier Gutiér­rez en su papel de per­sona-abofete­able.

Patria: Me emo­cioné enorme­mente con el libro de Aram­bu­ru y no lo he hecho aún menos con su adaptación tele­vi­si­va. Durísi­mo regre­so a los años 80 en el País Vas­co, retra­to de unos pueb­los divi­di­dos por una guer­ra en la que no hubo vence­dores ni ven­ci­dos, sólo dolor, incom­pren­sión y soledad bajo una llu­via per­pet­ua.

After Life: Otra extra­or­di­nar­ia serie de humor negro (negro-negrísi­mo) que sabe con­ju­gar como pocas las trage­dias mun­danas (porque hay que recono­cer que el pis­to­le­ta­zo de sal­i­da es tristísi­mo) con una ironía mor­daz a prue­ba de bom­bas. Otra mues­tra del refi­na­do humor británi­co que tan­to nos gus­ta.

Paqui­ta Salas: De esas series diver­tidísi­mas que verías una y otra vez sin cansarte ¡qué genial es Brays Efe! Nadie mejor que Paqui­ta para deam­bu­lar por esas calles de ese Madrid tan nue­stro, tan cas­ti­zo y del que tan orgul­losos nos sen­ti­mos.

Marsel­la: Es una pena lo desapercibi­da que ha pasa­do esta serie de Ger­ard Depar­dieu (que, por cier­to, está desco­mu­nal) porque es una especie de “Gomor­ra” a la france­sa. Algo más light, eso sí, pero refle­jo de los bajos fon­dos de la que está con­sid­er­a­da la ciu­dad más peli­grosa de Fran­cia.

Road Trip: Diver­tidísi­ma aven­tu­ra la de Nuria Roca y Esty Que­sa­da por el Esta­dos Unidos más freak: coco­dri­los, pueb­los embru­ja­dos, armerías, zum­ba­dos a tuti­plén… Una deli­cia.

Gran Reser­va: Otra extra­or­di­nar­ia pro­duc­ción de TVE que vete tú a saber por qué tardó lo indeci­ble en estre­nar su segun­da tem­po­ra­da. Una “Fal­con Crest” a la españo­la, lid­er­a­da por unos mag­ní­fi­cos Emilio Gutiér­rez Caba y Ángela Moli­na, con la que aprendi­mos un mon­tón de la indus­tria del vino y de paso dis­fru­ta­mos de los boni­tos paisajes de La Rio­ja y sus afamadas bode­gas.

Hope: ¿Quieres cono­cer el Esta­dos Unidos más red­neck y de paso echarte unas risas? Entonces apun­ta esta serie y “Me llamo Earl”. Come­dias destern­il­lantes a más no poder.

The Crown: Ya sabéis que soy repub­li­cana 100% pero debo con­fe­sar que no por ello deja de fasci­n­arme cómo ha influ­i­do en el desar­rol­lo de la His­to­ria la influ­en­cia de cier­tas casas reales, espe­cial­mente la británi­ca. Un buen repa­so a la vida de Isabel II y ya de paso, a la del país del que es reina.

 

 


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5 Comments

  1. Qué intere­sante, aunque sabía que juego de tronos tenía local­iza­ciones en España, desconocía real­mente dónde. Muy intere­sante cono­cer más detalles de las series, qué tal y cómo dices devo­ramos una detrás de otra. Gra­cias

  2. Gra­cias por recu­per­ar grandes series. Yo tam­bién soy una “min­is­ter­i­ca”. Hablan­do de Juego de Tronos, Rocadrag­on fue una mez­cla de San Juan de Gaztel­u­gatxe (donde hay gente que se lle­va piedras del lugar 😢. Están destrozan­do el enclave nat­ur­al. Pero supon­go que si, es el pre­cio de la fama) tam­bién esta­ba la playa de Zuma­ia, donde se ve ese impre­sio­n­ante fly­sch (la for­ma­ción rocosa). Algunos de los Dothrakis que salen en esas esce­nas eran remeros de Zuma­ia 😀.

  3. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Via­jera por diver­sion, España es uno de los país­es del mun­do con más esce­nar­ios de “Juego de tronos”, puedes plan­ear una bue­na ruta. ¡Un abra­zo!

  4. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Leiretxo, nosotros, como comen­to en el artícu­lo, San Juan lo conoci­mos bas­tante antes de la locu­ra de “Juego de tronos” y ape­nas había gente, estu­vi­mos casi solos. Zuma­ia es otro rincón pre­cioso de Euska­di… bueno, es que todo el País Vas­co es una goza­da!

  5. Hola, de una Min­istéri­ca en Cal­i­for­nia! 🙂

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