Sons Of Anarchy

Desde que las plataformas de pago llegaron a nuestros televisores (una costumbre que en otros países, especialmente Estados Unidos, era algo de lo más habitual desde hace décadas), el consumo de series se ha disparado en nuestro país. Acabamos una y enlazamos con la siguiente, un maratón continuo de personajes y tramas en los escenarios más espectaculares. Las series de ayer y de hoy son, sin dudarlo, una de las mayores fuentes de inspiración a la hora de planificar un viaje y también, por qué no, la excusa perfecta para recorrer esos decorados, de cartón piedra o tesoros naturales, que nos hicieron soñar en el salón de casa. Vayan aquí algunas de mis favoritas.

Sons of Anarchy

Sons of Anarchy

«Sons of Anarchy» ha marcado un antes y un después en la historia de la televisión. De nacer como una serie independiente con escaso presupuesto pasó a convertirse en un monstruo televisivo que hizo de ella una serie de culto. En casa somos fans a tope del club motero más canalla de California ¡no sé la de dinero que hemos gastado en merchandise de los Sons! Ahí nos teníais semana tras semana, esperando con ansia un nuevo capítulo que desvelara en qué nuevos líos se habían metido Jax Teller y sus secuaces.

Aunque la acción girara en torno al pueblo de Charming, no lo busques en el mapa porque es una ciudad ficticia. A cambio, te ofrecemos la posibilidad de irte al valle de San Fernando en California, más concretamente a los pueblecitos de Sunland y Tujunga, si quieres ver los exteriores de la que se suponía era la casa de Opie, los callejones donde Tig & company hacían sus trapicheos o donde se reunían con otros clubs como The Mayans (de los que, por cierto, se hizo después otra serie que para mi ni fu ni fa). Esto es lo más cerca que vas a estar de los escenarios «reales» de la serie ya que otros como las casas de los Teller, el hospital donde trabajaba Tara o la propia sede del club se crearon dentro de un estudio de rodaje de North Hollywood.

Juego de Tronos

game of thrones

Aunque más de una vez os he comentado que yo de lo que realmente soy fan es de los libros de «Canción de hielo y fuego» (aquí andamos como locos esperando la sexta novela «Vientos de invierno», que parece que George R.R. Martin no nos va a entregar nunca, ¡ains!), he de reconocer que la serie de «Juego de Tronos» estuvo muy a la altura. Y todo ello teniendo en cuenta que se tomaron bastantes licencias a la hora de adaptar los libros.

El caso es que llevar a la televisión los paisajes épicos por los que se movían humanos, caminantes de la noche, dragones y demás seres fantásticos suponían todo un reto para los creadores de la serie. Y aunque evidentemente los diseños por ordenador hacen milagros, muchos de los escenarios escogidos para el rodaje eran reales (aunque a veces estuvieran retocadísimos porque, por poner un ejemplo, a mi me costó horrores reconocer en Rocadragon al precioso San Juan de Gaztelugatxe, que visitamos completamente solos en uno de nuestros viajes por el País Vasco). San Juan es el perfecto ejemplo de cómo la fiebre de «Juego de Tronos» ha convertido algunos lugares antaño idílicos en imanes para multitudes (unos amigos me contaban que estuvieron hace no mucho en Gaztelugatxe y no se podía ni andar) pero es el precio que conlleva la fama. En cualquier caso, que ello no te prive de conocer y disfrutar de estos rincones, aunque nuestro consejo sea que vayas en temporada baja a ser posible.

En España han sido varias las provincias que han acogido los rodajes de «Juego de tronos» (¡y es que tenemos un país maravilloso, qué coño!). Desde la bonita Girona (que en la serie era la ciudad de Braavos), la Alcazaba de Almería y el Alcázar de Sevilla (que simulaban ser Dorne), el Castillo de Zafra (donde nació Jon Snow), el Castillo de Almodóvar del Río (que fue Altojardín), las ruinas de Itálica donde se reunían Cersei y Daenerys, hasta el bellísimo casco histórico de Cáceres, en mi opinión uno de los mejor conservados de nuestro país.

Si salimos de España, encontraremos diseminados por el mundo, especialmente por Europa, muchos de los escenarios que se convirtieron en esas ciudades, fortalezas y castillos que salieron de la imaginación de George R.R. Martin. A él deben agradecerle estos lugares la innegable promoción turística que les ha traído el mundo de «Juego de Tronos» y que ha disparado el volumen de ganancias ingresadas. Entre ellos destacaremos Dubrovnik en Croacia, que pasó a ser Desembarco del Rey, los parajes helados de Islandia (que serían esas tierras inhóspitas que se encontraban más allá del Muro) o unas cuantas localizaciones en Irlanda del Norte (el Castillo de Shane, la playa de Downhill, la avenida arbolada de Dark Hedges o el bosque de Tollymore).

Algunos de los otros escenarios de la serie también los hemos recorrido en persona, como es el caso del viaje que hicimos a Essaouira, en la costa marroquí, el de la fortaleza Aït Benhaddou, en otro de nuestros viajes al sur de Marruecos, el Castillo de Doune, que conocimos en nuestro viaje por las Highlands de Escocia, o la isla de Gozo en Malta, donde se casaban Daenerys Targaryen y Khal Drogo en la impresionante Ventana Azul (y que un golpe de mar hizo desaparecer sólo unos meses después de que la visitáramos).

Downton Abbey

Downton Abbey

Hace unos meses, escribí un artículo, Las mejores escapadas de un día desde Londres, en el que entre otras sugerencias como Bath, Chester, Brighton o el pueblo de Shakespeare, te proponía ir a conocer el Castillo de Highclere, esa belleza arquitectónica que puedes observar aquí arriba, a la espalda de los protagonistas de «Downton Abbey». Esta maravillosa serie, que durante seis temporadas nos mostró las alegrías y las penas de una familia de aristócratas y sus criados, se rodó en este fabuloso castillo, propiedad de la familia Carnarvon desde finales del siglo XVII. Una familia que se las ha visto y deseado para conservar el imponente edificio de 300 habitaciones (el mantenimiento anual cuesta casi dos millones de euros) y que ha encontrado en la llegada de miles de fans venidos de todo el mundo el ingreso extra que necesitaban sus arcas.

Pero si pasear por los jardines y el interior de Highclere no te parece suficiente, puedes extender tu ruta acercándote a otros lugares que sirvieron de escenarios de la serie. Como por ejemplo Bampton, la pequeña villa medieval que simulaba ser el pueblo de Downton, la granja Cogges Manor Farm en Oxfordshire (a donde Lady Edith iba tan a menudo a visitar a la familia Drewe), el fascinante Castillo de Inveraray en el oeste de Escocia o la estación Horsted Keynes de Sussex. En esta estación, además, puedes tomar el tren Bluebell Railway, que a lo largo de once millas y en un tren antiquísimo comendado por una locomotora de vapor, te permitirá trasladarte realmente hasta la época de Downton Abbey.

Las chicas Gilmore

Durante nada más y nada menos que 153 capítulos fuimos muchos los que estuvimos enganchados a las vivencias de las chicas Gilmore, una madre soltera y una hija (Lorelai y Rory) que nos regalaron momentos realmente grandiosos. Para mi «Las chicas Gilmore» fue una serie de lo más entrañable que cada cierto tiempo me encanta recuperar, en especial cuando llega el invierno y la ves en casa con mis dos gatos a cada lado del sofá y debajo de una manta calentita.

Las chicas Gilmore vivían en un pueblo precioso, Stars Hollow, que para nuestra desgracia no existía en la realidad. Pero eso no significa que te vayas a quedar con las ganas de visitarlo ya que puedes ir a los Warner Bros. Studios en Burbank (California), donde se grabó la serie, y donde por 69 dólares por persona puedes hacer el Gilmore Girls Tour. En un trenecito irás recorriendo el artificial pero bonito Stars Hollow, donde podrás ver las casas de Sookie (la encantadora cocinera amiguísima de Lorelai), la cafetería de Luke (¡cuántos buenos momentos nos dieron esos desayunos!), el gazebo de la plaza principal donde celebraban la Navidad, la tienda de antigüedades de la señora Kim, el colorido mercado, la iglesia o la casa de Lorelai, donde se ha mantenido intacta la decoración interior y hasta se expone el vestuario que usaban nuestras queridas protagonistas. 

Un último apunte. Si aún así quieres ampliar el itinerario, te recordamos que la creadora de «Las chicas Gilmore», la guionista Amy Sherman-Palladino, se inspiró en un pueblo de Connecticut llamado Washington Depot para dar forma a Stars Hollow. Allí Amy pasó unos días de relax en un bucólico hotel llamado Mayflower, que también sirvió de inspiración para crear el hotelito Dragonfly Inn que Lorelai y Sookie regentarían a partir de la cuarta temporada. Un pueblo de cuento para una serie que ya nunca jamás saldrá de nuestros corazones.

Melrose Place

Melrose Place

A «Melrose Place» la califico como uno de esos «placeres culpables» que nos gusta decir en casa, o lo que es lo mismo, series que sabes que son malas-malísimas pero oye, vete tú a saber por qué, las tienes un cariño incomprensible (eso me pasa también con otras series como «Siren», «Nashville» o «Águila Roja»). Aún recuerdo cuando comencé a verla en su estreno en 1992, siendo yo una teenager de 17 años, y lo suuuper adulta que me parecía la serie si la comparaba con «90210», que en España algún iluminado tradujo como «Sensación de Vivir». Me flipaban tanto los culebrones de este grupo de vecinos que se acababan liando todos con todos, que acabé comprándome las cajas de los DVDs (que hoy supongo que estarán descatalogadísimos). Y lo creáis o no, aquí me tenéis 30 años después, que me he propuesto volver a chuparme los 227 episodios entre otras series más recientes. Si ya entonces la serie chirriaba por lo mediocres que eran los guiones y los actores, no os digo nada actualmente. Pero eso le da aún mucho más encanto.

El caso es que fijaos si soy freak con estas cosas que cuando hace años viajé a Los Angeles, sabía que tenía en mente la visita ineludible a dos casas (y las dos las visité). Una, el apartamento donde vivía mi banda favorita, Mötley Crüe, a principios de los 80 cerca de Sunset Strip. Otra, la casa de Melrose Place en los apartamentos El Pueblo en el barrio de Los Feliz

En realidad, el interior, es decir, el patio con la piscina y los apartamentos formaban parte del decorado de unos estudios. Pero hay otras muchas localizaciones reales en las que te podrás fotografiar: la oficina de D&D Publicidad donde trabajaban Amanda y Allison (5700 Wilshire Blvd), el pub Shooters (6910 Melrose Avenue), que en realidad no es un pub pero se reconoce la fachada, la casa de la playa de Kimberly y Michael (1125 Capri Way), el estudio de diseño de moda de Jane en 310 E 3rd Street, el parque por donde a veces paseaban Amanda y Billy (el Murphy Sculpture Garden), el apartamento inicial de Amanda en 4265 Marina City Drive o el chulísimo muelle de Santa Mónica.

¿Sabías que…?

. Doug Savant (Matt)y Laura Leighton (Sydney) se casaron en 1998 y desde entonces son una de las parejas más estables de Hollywood. 

. Ahí donde la véis, «Melrose Place» se convirtió en una serie de culto en su momento en USA, hasta el punto de que las pandillas de amigos se reunían en las casas a la hora de la emisión con un montón de refrescos y palomitas. La serie tenía una audiencia de 14 millones de espectadores sólo en Estados Unidos.

. El reparto, especialmente las actrices, se quejaban de que el set de rodaje estaba hecho un estercolero y de que nadie se ocupaba de limpiar la piscina. No obstante, algunos de dichos actores vendieron embotellada ese mismo agua de la piscina a fans que no tendrían otra cosa en la que gastarse el dinero. Se llegó a pagar 300 dólares por una botella.

. A Grant Show (Jake) le ofrecieron el papel de Brad Pitt en «Thelma & Louise» y debió rechazarlo por contrato.

. Hunter Tylo fue despedida después de quedarse embarazada, demandó a los productores (los todopoderosos Spelling Television) y la debieron indemnizar con 5 millones de dólares.

. Courtney Cox y Matthew Perry estuvieron a punto de ser los actores que interpretaran a Allison Parker y Billy Campbell.

. El único de los actores que apareció en las siete temporadas fue Thomas Calabro, el doctor Michael Mancini.

. En 2009 la cadena Fox intentó revivir la serie con un remake de «Melrose Place» y fue un fracaso absoluto, sólo se grabó una temporada. Yo ya os confirmo que no vi ni un episodio. 

. Josie Bisset, que interpretaba a Jane Mancini, se quejó a los guionistas del papel bobalicón que le habían encasquetado, hasta el punto de que la gente le paraba por la calle para darle consejos, pensando que era un poquito pazguata. A partir de la tercera temporada Jane se desmelenó.

. La realidad superaba la ficción. En la primera temporada, Courtney Thorne-Smith (Allison) y Andrew Shue (Billy) estuvieron saliendo juntos en la vida real. Laura Leighton (Sydney) estuvo liada con Grant Show (Jake), aunque se acabaría casando con Doug Savant (Matt). Josie Bisset (Jane) y Rob Estes (Kyle) estaban casados cuando comenzó la serie y acabaron divorciándose. Y Heather Locklear (Amanda) y Jack Wagner (Peter) se casaron en 2007 y se divorciaron cuatro años después. 

. A principios de los 90, el personaje de Matt era uno de los primeros homosexuales que salían en televisión. Aún así, la trama se extendía hasta cierto punto, porque la productora se negaba a que se mostraran escenas de cama. 

. Vanessa Williams, que en la primera temporada daba vida a una alegre instructora de aerobic, cree que no se le renovó el contrato por el hecho de ser negra. Los prejuicios de entonces pesaban mucho y ella misma declaró que los guionistas no se atrevían a emparejarla con actores blancos.

The Shield

The Shield

Si me dieran a elegir una serie a la que llamaría LA SERIE, así, con mayúsculas, esta sería sin dudarlo «The Shield». En mi opinión, la mejor que ha habido en la historia de la televisión y dudo mucho que alguna vez nadie la supere. Siete temporadas frenéticas, que no dan ni un respiro, en las que seguimos los tejemanejes de un grupo policial de Los Angeles que ha hecho de la corrupción su modo de vida. A la cabeza está el crápula Vic Mackey, uno de esos malos-malísimos al que al final acabas cogiendo cariño. Faltos de escrúpulos, decencia y moralidad, venden a su madre por un puñado de dólares. Y amenizado el cotarro con una banda sonora brutal, que aún recuerdo una escena mítica a ritmo de mis amados Social Distortion.

Aunque al igual que «Sons of Anarchy» (serie que nacería de los posos de «The Shield», ya que de aquí salió el guionista Kurt Sutter), la serie se desarrolla en un escenario ficticio, la ciudad de Farmington (y por poner un ejemplo, la casa de Vic o la comisaría formaban parte de un estudio de grabación, el de ABC Television Center), muchas de las escenas se grabaron en las turbulentas calles de la ciudad de Los Angeles, que tampoco se alejaba demasiado la realidad de la ficción. Podíamos ver asaltos policiales en casas de Reno Street, el exterior de la iglesia baptista de Naomi Street, la casa de Armadillo Quintero podíamos encontrarla en la calle Bonita Vista, Tigre Orozco vivía en Verbano Avenue y podíamos situar diferentes localizaciones en las calles Coronado, Lorraine o Merrick.

Quizás si quisieras hacerte una idea de lo que era el ambiente pandillero de Farmington, debieras darte una vuelta en coche por South Central, el barrio más peligroso de Los Angeles (y al mismo tiempo uno de los que tiene una más alta tasa de mortalidad por homicidio del mundo). Antaño había una compañía, LA Gang Tour, que te daba un garbeo de dos horas en una furgoneta (y debías firmar un documento que les eximía de responsabilidad en caso que durante el trayecto te dieran un tiro). Así que no te recomiendo ni el viaje por tu cuenta ni organizado: mejor te metes un maratón de «The Shield» sin complicarte la existencia.

Treme

Treme

Cuando era jovencita, una de las películas que más me marcó fue «El corazón del ángel», esa maravilla de Alan Parker protagonizada por Lisa Bonet, Robert De Niro y Mickey Rourke, una espiral de vudú y ritos satánicos en el sur de Estados Unidos a mediados de los años 50. Fue entonces cuando me quedé enamorada de Nueva Orleans, comencé a leer libros sobre la curiosa idiosincrasia de la ciudad y su atmósfera de misterio y leyendas y me dije «yo allí quiero ir algún día». Y afortunadamente lo cumplí años después. El viaje a Nueva Orleans, la ciudad del vudú, es uno de los más especiales que he hecho nunca.

Que Nueva Orleans es una ciudad muy cinematográfica es algo evidente. Sin embargo, la mayoría de las películas tienden a centrarse en lo idílico de la ciudad (el Barrio Francés, las casitas victorianas, los paseos en barco por el río Mississippi), olvidándose de ese Nueva Orleans más de verdad en el que la gente las pasa canutas para llegar a finales de mes. En ese sentido, «Treme» muestra desde el primer capítulo, con toda crudeza, los estragos que dejó el paso del huracán Katrina, la vida en los bajos fondos, la corrupción, el ingenio de los buscavidas, la solidaridad entre los vecinos que no tienen nada, el papel de los indios nativos americanos, la pasión con la que se viven las festividades locales, el amor-odio entre esta ciudad y sus vástagos. Pero sobre todo y ante todo, la música inundando cada rincón de Nueva Orleans. El jazz, el soul, el rock, el blues como parte indispensable de la vida de todo el que allí reside. Para aquellos que la música es el motor de nuestra existencia, «Treme» es la serie melómana por excelencia. Cremita de la buena.

El Ministerio del Tiempo

Ministerio Tiempo

Pocas cosas me parecen más injustas que la actitud de muchos que critican la calidad de las producciones españolas, cuando creo que llevamos años dejando claro que hemos creado un sello de identidad propio, que tenemos unos profesionales como la copa de un pino, que no tenemos nada que envidiar a los de fuera y que ya es hora de comenzar a valorar lo que se cuece en casa. Nosotros vamos a menudo al cine y os aseguro que casi la mitad de los estrenos que vamos a ver son españoles. Que hay que apoyar lo que tenemos y enorgullecernos de ello.

«El Ministerio del Tiempo» se ha convertido en una serie de culto, hasta el punto de que cuenta con una nutrida legión de fans entre los que me incluyo, «los ministéricos». Hasta tuvo que demandar a una serie americana, «Timeless», por plagio (y la justicia nos dio la razón, para que veáis cómo nos copian los de fuera). Pero independientemente de lo suculentamente bien que la serie fusiona misterio, comedia, drama y rigor histórico, el nivelazo del reparto, lo ingenioso de sus guiones, el presupuesto que se gasta y lo imaginativo de las propuestas y las tramas, lo realmente elogiable reside en haber empujado a miles de personas a revivir su interés por la historia de este país, que en ocasiones no se conoce lo suficiente o lo que es peor, se conoce de una manera distorsionada, lo cuál hace mucho más daño.

Pero si nuestros funcionarios del Ministerio (que «trabajan» en el edificio abandonado de RNE cerca de Arganda del Rey, que ahora les sirve de oficina) nos han abierto el apetito de aprender, no menos han alimentado nuestras ganas de viajar por este país extraordinario nuestro. El Jardín Botánico de Madrid, el Museo del Prado, la Quinta del Pardo, el Palacio de la Granja de Segovia, el Castillo de Guadamur de Toledo, el Corral de Comedias de Almagro o el Castillo del Papa Luna en Peñíscola son algunos de los lugares escogidos por la serie para hacernos viajar en el tiempo y aprender un poquito más de la historia española.

Doctor en Alaska

Doctor en Alaska

Cuando iba al instituto, eran muchas las mañanas que me quedaba medio dormida sobre el pupitre, acusando la falta de sueño que arrastraba de la noche anterior. La culpable era una serie entrañable, «Doctor en Alaska», que acabó siendo relegada a horarios de madrugada y de la que era incapaz de desengancharme, pese a que después me costara la misma vida levantarme. Disfrutaba horrores con las andanzas de Joel Fleishman, un médico recién licenciado que acababa ejerciendo en un pequeñísimo pueblecito de Alaska, rodeado de los personajes más variopintos que puedas imaginar.

El pueblo en sí, Cicely, ni existe ni estaba en Alaska. Al parecer, para crearlo los guionistas se inspiraron en un pueblo alaskeño llamado Talkeetna (que se hizo popular hace años por vender la historia ficticia de que habían elegido a un gato como alcalde). Pero el elegido como escenario de rodaje fue Roslyn, un pueblecito cercano a Seattle, en el estado de Washington, donde durante seis años (de 1989 a 1995) se grabaron los exteriores de las seis temporadas. Y qué exteriores. Soñábamos con ver anochecer en el solitario lago Cle Elum o en pasear por los bosques de Salmon La Sac.

El famoso muro que aparecía en la serie (el de Roslyn Cafe frente al que se paraba un alce, quizás la imagen más popular de «Doctor en Alaska») es el punto más reconocible y junto al que se fotografían fans que llegan de cualquier parte del mundo. Otro de los rincones clave es el salón The Brick (que, por cierto, es el salón más antiguo de todo el estado) y también reconoceréis la destartalada oficina de consulta del doctor en el edificio azulado donde actualmente se encuentra la tienda de regalos más conocida de la ciudad. Así mismo, en el museo de la historia de Roslyn dedican una sala a toda la memorabilia de la serie; es el particular reconocimiento de unos ciudadanos que en muchos casos participaron como extras y que además saben que el turismo es una de las más importantes fuentes de ingresos. Durante varios años, a últimos de Julio, se ha celebrado el festival Moosefest, una gigantesca celebración en homenaje a la serie, a la que suelen acudir varios de los protagonistas.

Shameless

Shameless

«Shameless» para mi es otra de esas series que adoro y de la que me va a costar mucho, mucho despedirme con esta temporada, la número 11, que se estrenará a mediados del año próximo. Lo de la familia Gallagher es tremendo: unos pobres desgraciados, criados sin ningún tipo de ética ni normas mínimas, viviendo en un barrio de mala muerte y soportando al peor padre del mundo, Frank, al que da vida un magistral William H. Macy, quien ha creado un personaje tan odioso como indispensable en la trama. Drogadicto, borracho, pendenciero, gorrón, mentiroso, ladino y ladronzuelo. Una perla.

Hay otro motivo por el que en casa nos encanta «Shameless» y es por lo mucho que nos recuerda nuestro viaje a Chicago. Puedes encontrar la casa de los Gallagher en el 2119 de Homan Avenue y la de Kevin y Veronica en el 2113 de la misma calle (vamos, que en realidad ambas casas también son vecinas), aunque también advertimos que se encuentran en el barrio de North Lawndale, uno de los más conflictivos de Chicago. No busques el famoso bar de Kevin, el Alibi, ya que este fue creado en unos estudios de Los Angeles ¡con lo que nos hubiera encantado tomar una birra allí! En el mismo estudio se encuentra la tienda Kash’N’Grab a la que tanto iba Ian por motivos que no desvelaremos para los que aún no hayáis visto la serie.

El Patsy’s Pies donde trabajaba Fiona (la de dramas y escenas surrealistas que ha presenciado esa cafetería) es en realidad el Golden House Restaurant en el 4744 de N. Broadway St. y los apartamentos donde vivía la misma Fiona están también en el barrio de Lawndale (como la casa de los Gallagher), más concretamente en el 3310 de W. 19th St. La casa de Sheila Jackson (a la que interpretaba la genial Joan Kusack) está en el 1937 de S. Spaulding Avenue y la de los Milkovich en el 1955 de la Avenida Trumbell.

Gomorra

¿Sabes que el artículo más leído de la historia de este blog es Secondigliano: el barrio más peligroso de Europa? Debo reconocer que soy algo siniestra y siempre me ha atraído un montón la forma en que se comportan los diferentes clanes mafiosos del mundo, ya sean los gangsters americanos, los japoneses tatuados de la Yakuza, los narcos colombianos o la Camorra napolitana. En este caso, me compré en su día el libro «Gomorra: un viaje al imperio económico y al sueño de poder de la Camorra» de Roberto Saviano y me lo leí en un pispás. Así que me faltó tiempo para ponerme con la serie, que es aún más cruda que las páginas de la novela.

Sobra decir que la ciudad donde se desarrolla la trama, la guerra entre el clan de los Savastano y su antigua mano derecha, Ciro Di Marzio, es Nápoles. Pero aquí no busques ese bonito centro de Nápoles, el pintoresco Barrio Español con sus coladas tendidas en los balcones, la lujosa isla de Capri donde recala buena parte de la jet set o las destacadas ruinas de la cercana Pompeya. Aquí lo que se muestra es ese Nápoles que cada vez temen más turistas e incluso los propios italianos. Ese Nápoles que se ha convertido en una ciudad sin ley, con zonas por las que salir a dar un paseo incluso a plena luz del día significa tenerlos muy bien puestos e incluso ser algo temerario.

Entre todos estos barrios, se lleva la palma Secondigliano. Y entre los edificios más característicos de todos, están esas Velas de Scampia que se han convertido por derecho propio (dudoso honor) en los bloques de viviendas más conflictivos de Italia. Estos edificios, proyectados como hogares públicos para familias de bajos recursos, acabaron siendo ocupadas a principios de los 80 por delincuentes, camellos, ladrones, drogadictos y gente sin oficio ni beneficio, convirtiéndose en uno de los epicentros de tráfico de drogas de la mayor ciudad del sur italiano. Ahora el gobierno planea demoler los edificios con la intención de asear esa foto asociada a la mafia de los suburbios napolitanos pero su figura quedará eternamente atada al rodaje de «Gomorra»

Borgen

Borgen

Mira que no soy yo muy de series de política porque bastante cansada estoy ya de la política real todos los días. Pero acaso por ello me gustó tanto «Borgen» desde su primer capítulo. Porque pese a desarrollarse en Dinamarca, un país que en costumbres tampoco tiene mucho que ver con el nuestro, te das cuenta que al final la mayoría de los políticos son muy parecidos, vengan de donde vengan. Y que las tácticas empleadas para conseguir pactos, tramar coaliciones, esconder pecados y exponer vergüenzas propias y ajenas difieren poco de unos países a otros.

Pero vayamos a lo que nos interesa, que son los fabulosos escenarios, muchas veces nevados, que servirán de acompañamiento a las intrigas políticas de la primera ministra, Birgitte Nyborg, y sus aliados y enemigos. Estos se centran en la capital danesa, Copenhague, especialmente en el Palacio de Christianborg, la sede del Parlamento. Aunque se solicitó permiso para rodar dentro, este fue denegado, por lo que los productores debieron contentarse con escenas en el exterior. El interior (es decir, los despachos y oficinas gubernamentales) se crearon en la sede de DR Byen, la radiotelevisión danesa.

En la segunda temporada comprobarás que toma peso el papel del Expres, el diario que destapa las miserias y triquiñuelas de los políticos locales. Se recrearon las oficinas del periódico en el estudio Emil Holms Kanal, también en la DR Byen. Algunos otros de los lugares elegidos para diferentes escenas fueron las suites del Hotel Marriott, el palacio Bernstorff y las calles del centro histórico. La repercusión de las series danesas es tal en los últimos tiempos que agencias como Nordic Noir Tours organizan visitas guiadas para conocer los escenarios no sólo de «Borgen» sino también de otras dos buenísimas series que también me encantaron en su momento: «Bron» y «Forbrydelsen».

Y unas cuantas recomendaciones más…

Rita : Otra fabulosa serie que hará las delicias de los amantes de la televisión nórdica, Protagonizada precisamente por una actriz que también repite en «Borgen» como secundaria, Mille Dinesen (fa-bu-lo-sa), no sólo es una comedia con un humor muy particular sino también una muestra, a menudo agridulce, de esa otra Dinamarca de los inmigrantes, las viviendas sociales y las clases desfavorecidas. De mis favoritas.

Kingdom: Reconozco que comenzamos a verla atraídos por los magníficos paisajes coreanos (volvimos realmente enamorados de Corea del Sur tras nuestro viaje allí y de hecho varios de los palacios que visitamos aparecen en la serie) y acabamos enganchadísimos a esta original serie de zombies ambientada en la Corea de hace 500 años, lo que de paso te permitirá aprender bastante de la historia y las costumbres del país. Si te gustó «Tren a Busan», este es el complemento perfecto. 

The Munsters: Ahhhh cómo amaba yo a la familia Munster (y lo sigo haciendo de adulta). Aunque vivían en un pueblo de mentira, en Mockingbird Heights más concretamente, la casa tenebrosa que les servía de hogar se expone en los Universal Studios de Los Angeles. Como curiosidad, comentar que dicha casa, remodelada, también aparecía en la serie «Mujeres Desesperadas».

Broadchurch: Buenísimas las tres temporadas de una de las mejores series de suspense que nos han regalado las islas británicas. Y un excepcional acercamiento al mundo rural inglés, ese de pueblecitos con casonas de piedra en los que todo el mundo conoce los oscuros secretos del vecino. El rodaje se llevó a cabo en Dorset, con los abruptos acantilados de West Bay de espectacular fondo.

Doctor Mateo: Del bellísimo pueblo de Lastres ya te hablamos en uno de nuestros viajes por Asturias. Nos acercamos allí precisamente para hacer «la ruta del Doctor Mateo» y tomarnos unas sidriñas mirando al mar. Aunque la serie tenga ya once años, conserva su encanto y es divertidísima. Indispensable para los amantes de las tierras astures.

The IT Crowd: Otra de mis comedias favoritas, traducida aquí como «Los Informáticos». Reconozco que pocas veces me he reído tanto como con estos tres estrafalarios personajes cuya vida laboral transcurría en los oscuros sótanos de una oficina de la City londinense. Aún así, de vez en cuando salían a la calle y se les podía ver por las calles de Londres, especialmente por la zona de Wimblendon.

Cobra Kai: Toda una sorpresa para los que nos encantaba «Karate Kid». Y eso que las cosas como son, os lo dice una karateka, «Cobra Kai» (y «Karate Kid» tampoco) de verdadero karate sabían poco. Pero qué importa eso si a cambio tienes una serie que es un homenaje maravilloso a lo que supusieron los años 80, de los que tan fan soy. El rodaje se llevó a cabo en California, Georgia y Atlanta y ya son muchos los que van a hacerse la foto en el apartamento de Johnny Lawrence en el pueblo de Tarzana.

A dos metros bajo tierra: En mi opinión, otra de las grandes imprescindibles de HBO. Han pasado casi veinte años desde su estreno pero parece que fue ayer cuando descubrimos la curiosa existencia de esa familia, los Fisher, cuyo negocio era regentar una funeraria. La casa podíamos encontrarla en el 2302 West 25th St. en Los Angeles.

Roma: Como seguidora entusiasta de toda la cultura romana, le doy un sobresaliente a esta serie magistral que supo mostrar la Roma de verdad (sucia y llena de barro) que nos habían negado las versiones adulteradas de los estudios de Hollywood de hace unas décadas. Rodada en los prestigiosos estudios romanos Cinecittà y con un soberbio reparto, ofrece una brillante mirada a lo que eran las costumbres del pueblo llano ¡me encantaba ver los muros de las casas llenos de graffitis obscenos!

Vergüenza: Si debo quedarme con una comedia española, fijo que lo hago con esta. Tal vez porque me identifico mucho con eso de la vergüenza ajena y lo de echarme la mano a la cara suspirando cuando escucho las sandeces de muchas personas. Descomunal Javier Gutiérrez en su papel de persona-abofeteable.

Patria: Me emocioné enormemente con el libro de Aramburu y no lo he hecho aún menos con su adaptación televisiva. Durísimo regreso a los años 80 en el País Vasco, retrato de unos pueblos divididos por una guerra en la que no hubo vencedores ni vencidos, sólo dolor, incomprensión y soledad bajo una lluvia perpetua.

After Life: Otra extraordinaria serie de humor negro (negro-negrísimo) que sabe conjugar como pocas las tragedias mundanas (porque hay que reconocer que el pistoletazo de salida es tristísimo) con una ironía mordaz a prueba de bombas. Otra muestra del refinado humor británico que tanto nos gusta.

Paquita Salas: De esas series divertidísimas que verías una y otra vez sin cansarte ¡qué genial es Brays Efe! Nadie mejor que Paquita para deambular por esas calles de ese Madrid tan nuestro, tan castizo y del que tan orgullosos nos sentimos.

Marsella: Es una pena lo desapercibida que ha pasado esta serie de Gerard Depardieu (que, por cierto, está descomunal) porque es una especie de «Gomorra» a la francesa. Algo más light, eso sí, pero reflejo de los bajos fondos de la que está considerada la ciudad más peligrosa de Francia.

Road Trip: Divertidísima aventura la de Nuria Roca y Esty Quesada por el Estados Unidos más freak: cocodrilos, pueblos embrujados, armerías, zumbados a tutiplén… Una delicia.

Gran Reserva: Otra extraordinaria producción de TVE que vete tú a saber por qué tardó lo indecible en estrenar su segunda temporada. Una «Falcon Crest» a la española, liderada por unos magníficos Emilio Gutiérrez Caba y Ángela Molina, con la que aprendimos un montón de la industria del vino y de paso disfrutamos de los bonitos paisajes de La Rioja y sus afamadas bodegas.

Hope: ¿Quieres conocer el Estados Unidos más redneck y de paso echarte unas risas? Entonces apunta esta serie y «Me llamo Earl». Comedias desternillantes a más no poder.

The Crown: Ya sabéis que soy republicana 100% pero debo confesar que no por ello deja de fascinarme cómo ha influido en el desarrollo de la Historia la influencia de ciertas casas reales, especialmente la británica. Un buen repaso a la vida de Isabel II y ya de paso, a la del país del que es reina.

 

 

4 comentarios

  1. Qué interesante, aunque sabía que juego de tronos tenía localizaciones en España, desconocía realmente dónde. Muy interesante conocer más detalles de las series, qué tal y cómo dices devoramos una detrás de otra. Gracias

  2. Gracias por recuperar grandes series. Yo también soy una «ministerica». Hablando de Juego de Tronos, Rocadragon fue una mezcla de San Juan de Gaztelugatxe (donde hay gente que se lleva piedras del lugar 😢. Están destrozando el enclave natural. Pero supongo que si, es el precio de la fama) también estaba la playa de Zumaia, donde se ve ese impresionante flysch (la formación rocosa). Algunos de los Dothrakis que salen en esas escenas eran remeros de Zumaia 😀.

  3. Author

    Viajera por diversion, España es uno de los países del mundo con más escenarios de «Juego de tronos», puedes planear una buena ruta. ¡Un abrazo!

  4. Author

    Leiretxo, nosotros, como comento en el artículo, San Juan lo conocimos bastante antes de la locura de «Juego de tronos» y apenas había gente, estuvimos casi solos. Zumaia es otro rincón precioso de Euskadi… bueno, es que todo el País Vasco es una gozada!

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