ESTADOS UNIDOS – Road trip por la Ruta 61 – 6 – Nueva Orleans y estado de Louisiana

La siguiente etapa de nuestro viaje (la más larga ya que pasaríamos allí cuatro noches) nos llevaría al estado de Louisiana, probablemente el más misterioso de todo Estados Unidos y también uno de los más impresionantes a nivel naturaleza, con kilómetros y kilómetros de pantanos y ciénagas. De hecho, una de las cosas que más impacta al irse acercando a Nueva Orleans es el acceso a la ciudad por un puente-autopista larguísimo que cruza por encima de las aguas pantanosas, bajo un cielo totalmente encapotado. Recordad que llegábamos a Louisiana en plena época de huracanes (mes de Septiembre), por lo que andábamos la mayor parte del día con un ojo en las nubes. Al final tuvimos suerte y sólo nos cayó un chaparrón de media hora una de las mañanas y otra tormenta la última tarde. Eso sí, aquí, cuando se pone a llover, ni te lo ves venir: de repente descarga una tromba de agua que ríete del Diluvio Universal.
Como ese día habíamos madrugado bastante ya que desde Memphis a Nueva Orleans son cerca de seis horas de coche y queríamos estar en Nueva Orleans poco después de comer, decidimos parar a hacer la comida en el pueblo de Hammond, ya en Louisiana, en un fantástico restaurante llamado Don’s Seafood (luego hemos visto que tienen otros locales en otras ciudades del estado como Lafayette y Baton Rouge). El sitio fue de lo mejorcito de todo el viaje: una decoración preciosa y de lo más exótica (la fotografía de ahí arriba lo atestigua) y especializados en pescado y marisco. Mi marido aprovechó para atreverse con una de las delicias locales, el catfish o lo que nosotros conocemos como siluro, ese pez enorme que puede llegar a alcanzar los cinco metros y que incluso ataca a los pájaros que beben en las orillas de los ríos. Lo cierto es que estaba delicioso.
El riquísimo catfish
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Uno de los grandes atractivos de Louisiana es que si en general en USA la multiculturalidad es algo extendido hasta cualquier rincón (a fin de cuentas, es una nación cuya población deriva principalmente de inmigrantes), ya en estas tierras la variedad racial alcanza límites inabarcables. Hay que tener en cuenta que este estado acogía a muchísimas tribus indoamericanas cuando llegaron los primeros colonizadores, como los Caddo, los Natchez, los Choctaw, los Houma, los Chitimacha o los Tunica, y muchos de sus descendientes aún siguen viviendo en estas tierras. Entre los cuatro millones de personas que pueblan Louisiana, se encontraban también los cajunes (descendientes de colonos franceses, generalmente gente humilde que vivía en el campo) y criollos, cuyos antepasados eran los franceses y españoles que dominaron este área y que acabaron mezclándose con otras etnias (también eran criollos todas las personas de color libres en época de la colonización francesa) e hispanoamericanos y europeos que fueron aterrizando aquí con el paso de los años. Sin embargo, la mayoría afroamericana, descendiente de los antiguos esclavos (hay que incidir en que Louisiana fue uno de los estados donde más se practicó la esclavitud), es la que sigue imperando en estas latitudes: en Nueva Orleans un 62% de la población es negra. Y recalco esto porque antes de meterme con la visita en sí a Nueva Orleans, quiero hacer un breve análisis de lo que supuso para la ciudad la llegada del huracán Katrina en el año 2005 y lo que influyó que la mayor parte de la población fuera negra y desahuciada: más del 30% viven por debajo del umbral de la pobreza y un 52% de los negros en edad de trabajar se encuentran sin empleo.

El Katrina ha sido una de las peores catástrofes naturales de Estados Unidos en toda su historia. Un huracán de categoría 5 que trajo vientos de más de 240 kilómetros por hora y que en pocas horas dejó inundado un 80% de la ciudad, al encontrarse esta tres metros por debajo del nivel del mar. El gran problema es que como bien denuncia la serie “Treme” (ambientada en Nueva Orleans y que aprovecho para recomendaros, así como el libro “Zeitoun” de Dave Eggers, donde se relata como fueron los días posteriores al Katrina), el colapso de los diques del lago Portchtrain podía haberse evitado y fue una negligencia absoluta del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, encargado de su mantenimiento. Los habitantes de Nueva Orleans se quejaban, y con razón, de que su propio gobierno les había abandonado por ser negros y pobres: os recuerdo que sólo dos años antes del Katrina, Nueva York sufrió un apagón casi de la importancia que el que sufrieron en 1965 y que en 2012 el huracán Sandy arrasó Manhattan y en ambas ocasiones el ejército se movilizó para que la normalidad se restableciera en sólo unas pocas horas. Sin embargo, en Nueva Orleans se dejó a sus habitantes totalmente desamparados. Pese a que con prisas y sólo unas horas antes el alcalde ordenó evacuar la ciudad, fueron muchos los que no pudieron permitírselo (estamos hablando de familias que no tenían ni para comer) y otros tantos los que se negaron a abandonar sus casas y sus pertenencias, temiendo que cuando volvieran se encontraran sus hogares en ruinas (y no se equivocaban, más de 100.000 casas quedaron destruidas, una de cada cuatro, convirtiendo a Nueva Orleans en la ciudad de Estados Unidos con más casas abandonadas). Olas de siete metros arrasaron la ciudad por completo: la gente se hacinaba en el estadio Superdome sin comida ni agua, los saqueos en los comercios eran constantes, las imágenes de familias enteras pidiendo ayuda desde las azoteas colapsaron los telediarios. El turismo bajó de un año a otro de diez millones de visitantes a solo tres; de una población inicial de casi medio millón de personas, 100.000 se fueron y no volvieron jamás. Lo peor, las pérdidas humanas: más de 1.800 muertos y más de 130 desaparecidos.Comento esto porque una de las cosas que más duele al visitar Nueva Orleans es percatarse de la cantidad de casas abandonadas que te encuentras a cada paso, diez años después de esta triste tragedia. En el barrio donde alquilamos nuestra casa, a unos diez minutos en coche del centro, aún eran visibles en muchas viviendas las huellas de los destrozos que ocasionó el Katrina. La población se ha resignado a vivir puerta con puerta con tan dolorosos recuerdos.

Hablando de la casa que alquilamos, lo cierto es que acabamos contentísimos. Ya comenté que tanto Chicago como Nueva Orleans son ciudades “intocables” a la hora de buscar alojamiento en el centro: una media de 150 dólares la noche en cualquier hotel normalito. Ante ese panorama, optamos por Airbnb y le alquilamos la casa a un chaval australiano, esa que veis ahí abajo: hasta tenía su jardín y su porche con barbacoa. Nos salieron las cuatro noches entre los cuatro que íbamos por poco más de 500 dólares: vamos, prácticamente la mitad de lo que hubiéramos pagado en un hotel. Casa grandísima con todas las comodidades y con supermercados a sólo diez minutos andando. Éramos los únicos blancos del vecindario pero todo el mundo amabilísimo con nosotros, además, el barrio era súper tranquilo y por las noches no se oía ni una mosca (a excepción de las lejanas sirenas de la policía, os sigo recordando que Nueva Orleans es de las ciudades más peligrosas de Estados Unidos). Respecto al tema inseguridad, nosotros no tuvimos en la práctica ningún problema pero es cierto que se ve una altísima proporción de gente sin hogar y adictos al crack y eso sí que es una lástima.

Nuestro hogar en Nueva Orleans
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Si hay algo que distingue a Nueva Orleans de sus ciudades paisanas, es que no parece una ciudad americana sino una europea. Su pasado como colonia francesa y posteriormente española sigue más vivo que nunca pese al Katrina: aunque el huracán se cebó con el Barrio Francés, la mayor parte de las casas (de piedra o ladrillo) sobrevivieron, no como las cabañas de madera a las orillas de los pantanos, donde vivían las familias más humildes.

Nueva Orleans fue fundada por los franceses a finales del siglo XVIII y como digo, las huellas de dicha época continúan siendo más que evidentes. Junto al inglés, el francés (y el español) es el idioma más hablado. Y como comentaba antes, precisamente el corazón de la ciudad y su barrio más representativo es el Barrio Francés, conocido también como Vieux Carré o French Quarter. Aunque debemos aclarar que, sin embargo, la mayor parte de las casas fueron construidas en la época de la colonización española y unas cuantas menos cuando Estados Unidos arrebató Louisiana al imperio francés (más bien se lo vendió Napoleón). Afortunadamente, una ley impuesta en los años 20 protegió estas casas de época y prohibió que fueran demolidas: cualquier remodelación de las fachadas ha de cumplir las normativas municipales para preservar este bellísimo legado.

El Barrio Francés acogió en sus inicios a familias criollas pero después de ellos llegarían inmigrantes irlandeses e italianos y posteriormente, a principios del siglo XX, un montón de artistas de todo tipo que otorgarían al French Quarter el ambiente bohemio que se ha conservado hasta hoy en día. También se trasladaron aquí los principales clubs de alterne tras dejar de operar Storyville, el antiguo barrio rojo.

Actualmente, el barrio vive principalmente del turismo, con hoteles, restaurantes, bares y tiendas ubicados en las antiguas casonas pero sin perder por el camino ese aire de elegancia europea que lo caracteriza.La mayoría de las mansiones cuentan con preciosas terrazas que permitían a sus moradores refrescarse del calor húmedo de estas tierras (calor pegajoso al máximo, yo creo que cuando estuvimos teníamos un nivel de humedad del 95%) y de paso no perderse detalle de todo lo que ocurría en las calles. Los españoles se vieron obligados a reconstruir la ciudad tras dos incendios que casi acabaron con ella y este fue uno de los grandes aciertos de la arquitectura elegida: la inclusión de estos bonitos balcones de hierro forjado que ya son la imagen más simbólica de Nueva Orleans.

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Uno de los mejores lugares para comenzar a recorrer el Barrio Francés es Jackson Square, conocida antiguamente como la Plaza de Armas y donde hace dos siglos se ejecutaba a los criminales (sus cabezas solían exhibirse en las puertas de entradas). Presidida por la estatua ecuestre del general Jackson (quien fue el séptimo presidente de los Estados Unidos), acoge además la bonita Catedral de Saint Louis, una de las más antiguas de todo el país. Ha sobrevivido a una bomba en 1909, al huracán de 1915 que mató a casi 300 personas y al propio huracán Katrina. Por cierto, de esta diócesis depende el cementerio de Saint Louis: íbamos a visitarlo pero en la puerta nos dijeron que se contrataba un guía o no se entraba. Y no entramos, claro. No por el dinero que valiera, que eso es lo de menos, sino porque nos pareció vergonzoso que se hiciera negocio de un camposanto. ¿Y las familias que tienen allí enterrados a sus familiares?

Catedral de St. Louis
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El Cabildo era la antigua sede del gobierno (fue también reconstruído por los españoles después del incendio de 1788) y actualmente alberga un museo. La entrada cuesta seis dólares y cierran los lunes. Ya que estás por esta zona, te aconsejamos que te des un paseo por el mercado francés y te acerques al conocido Café du Monde, donde según aseguran los locales, se elaboran los mejores beignets de la ciudad (los beignets son unos pasteles típicos de aquí que se suelen servir en el desayuno con mucho azúcar).

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Bourbon Street es la calle más animada de todo el French Quarter, tanto de día como de noche. Por cierto, que pese a que esté llenita de bares y clubs, su nombre no tiene nada que ver con el alcohol sino con la familia de los Borbones. Quizás es la calle que mejor rememora los tiempos golfos del Barrio Francés, cuando viajeros de todo el país venían aquí a engancharse las borracheras, jugar al pocker y disfrutar de las tabernas y los burdeles. Además , es el lugar ideal para que cates el cocktail más típico de Nueva Orleans, el Hurricane, a base de ron, fruta y sirope.Puedes, además, visitar en el 941 de Bourbon Street el Lafitte’s Blacksmith, la taberna más antigua de toda Norteamérica.

Las bonitas mansiones del coqueto Barrio Francés

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Bourbon es el mejor lugar de la ciudad para escuchar jazz y no sólo dentro de los clubs sino también en la propia calle, donde es habitual toparse con músicos callejeros. Hay que recordar que uno de los personajes de los que más se enorgullecen los lugareños es del trompetista de jazz Louis Armstrong: este nieto de esclavos tiene el honor de que el aeropuerto y uno de los parques más importantes de la ciudad lleven su nombre. Nueva Orleans es una ciudad volcada en la música (su festival anual de jazz es uno de los más importantes del mundo), hasta el punto de que tras el huracán Katrina, se ha creado recientemente un “barrio para músicos” con 70 casas unifamiliares y subvencionadas para músicos, que en vez de pagar más de los 1.000 dólares habituales de alquiler, pagan 600. Una iniciativa de lo más admirable. Y una recomendación: los mejores clubs de jazz se encuentran en Frenchmen Street, aunque el lugar más mítico, el Preservation Hall, se halla en la calle Saint Peter.

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Nueva Orleans no sólo es conocida por ser una de las ciudades americanas más volcadas en la minoría gay (en muchos balcones se podía ver colgada la bandera arco iris y hay un montón de clubs orientados a homosexuales) sino también por su festival de Carnaval, uno de los más animados del mundo, y que aquí se conoce como Mardi Gras (“martes de grasa” ya que según la tradición católica, es el último día de la Semana Santa en que se permite comer carne). Durante dos semanas la ciudad se viste de gala (casi imposible encontrar alojamiento) y se suceden sin tregua los desfiles. Es tradición que los transeuntes lancen collares a otros asistentes y esta es una práctica que parece permanecer el resto del año, ya que nos encontramos a muchísima gente que llevaba un montón de collares colgados y, como podéis ver en la fotografía, también pendían de los balcones…

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Como es probablemente el mejor souvenir que te puedes traer de Nueva Orleans, nosotros optamos por comprarnos este de calaveras. ¡Que para frikis, nosotros!

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Ya que andamos tan siniestros, es el momento ideal para ahondar en el vudú, ya que es una de las bases culturales de Louisiana y profundamente arraigado entre buena parte de la población local. El vudú es una de las religiones más antiguas de la Historia; sus raíces se encuentran en Africa y es una religión animista con lazos muy profundos con la magia. Habrá quien diga ¿magia? y yo respondo ¿acaso las religiones son mucho más creíbles que la magia? La realidad pura y dura, esta sí que es innegable, es que fueron los barcos negreros con sus miles de esclavos hacinados los que transportaron el vudú desde tierras africanas a América: aquellos pobres infelices no quisieron abandonar sus creencias y en ellas se refugiaban para escapar mentalmente de sus penurias. Aunque los patrones y capataces se emperraban en intentar convertir al cristianismo a los esclavos, estos continuaban con sus ritos clandestinos en la intimidad de sus cabañas. Y hasta el día de hoy Louisiana ha mantenido intactas dichas creencias, más si cabe cuando que estas se heredan de una generación a otra y los que aquí viven son los descendientes directos de aquellos que hace siglos morían a base de trabajo, latigazos y hambrunas.

A mí el vudú como tradición popular (ya no como religión) me ha parecido siempre un tema de lo más interesante, por lo que a lo largo de mi vida he leído varios libros sobre el tema y visto multitud de documentales y películas (tienes un montón de filmografía para escoger pero mi favorita siempre será “El corazón del ángel”, ambientada también en Nueva Orleans), por lo que era uno de los aspectos de la ciudad que más me atraía a la hora de visitarla. Es cierto que el fenómeno, por desgracia, se ha turistizado bastante y en cualquier tienda de souvenirs podías encontrar muñequitos para clavarles alfileres, amuletos, velas y parafernalia de todos los tipos y colores, quitándole al tema la importancia que realmente tiene. Pero mi consejo es que si te interesa todo lo relacionado con el vudú, tomes nota de lo que voy a relatar ahí abajo cuando vengas a NOLA, que es como conocen a esta ciudad inigualable sus habitantes.

Si el vudú ya tenía sus robustos cimientos más que insertados en las pantanosas aguas de Louisiana, este se implantó aún más con la llegada a principios de 1800 de miles de inmigrantes haitianos. Y es que en Haiti el vudú sí que es una forma de vida totalmente instaurada entre la población, hasta el punto de que los que han gobernado la isla se han aprovechado de esta situación para aterrorizar al pueblo con amenazas ocultistas. Con los inmigrantes venían las Voodoo Queens (Reinas del Vudú), sacerdotisas de poderes terroríficos a las que se veneraba como a diosas. Entre ellas, la reina absoluta fue Marie Laveau, quien para más inri no era haitiana sino nacida en Nueva Orleans aunque sí estuvo casada con un haitiano. Aclamada por miles de personas, su fama se extendió como la pólvora: al parecer, sus hechizos eran infalibles.Estos se realizaban con ayuda de los gris-gris, los amuletos con supuestos poderes sobrenaturales. Comenzó a ser muy habitual en las reuniones de las damas de la clase alta (blancas,claro), quienes no dudaban a recurrir a ella para resolver sus problemas de toda índole, desde sentimentales a económicos, por lo que en poco tiempo Laveau había amasado una pequeña fortuna. Según cuenta la leyenda, su poder era tal que lanzó una maldición en el Pantano de Manchac y años después de que falleciera, tres aldeas enteras quedaron destruidas a causa de un huracán.

Se cuenta de ella que bailaba con una serpiente, que ejerció de peluquera por el día y que por la noche regentaba un burdel, que podía resucitar a los muertos (la figura del zombie proviene precisamente de la cultura del vudú, aunque se ha demostrado que muchos casos eran derivados de la catatonia o de hierbas que parecían “matar en vida” al que las ingería); su vida y milagros se sustentan, como veis, más en leyendas y rumores que en realidades palpables. Lo que sí es real es su tumba, que se encuentra en el cementerio de Saint Louis y que además es una de las diez más visitadas del mundo. La tradición manda que pidas un deseo, des tres vueltas alrededor de la tumba y después marques en ella una cruz con una piedra roja para que dicho deseo te sea concedido.

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Por cierto, otro personaje no tan famoso pero también muy importante en el papel del vudú en Nueva Orleans fue el doctor John Montanet, considerado el Padre del Vudú y, al parecer, el que enseñó a Marie Laveau todas sus artes oscuras. Era un príncipe de Senegal que acabó convertido en sacerdote: se contaba que predecía el futuro, que curaba enfermedades y que convertía a mujeres sanas en zombies para que pasaran a ser sus esclavas sexuales. Desde 1810 a 1840 se convirtió en Nueva Orleans en la máxima autoridad religiosa a nivel popular, porque una cosa es lo que la iglesia quisiera implantar a los negros y otra muy distinta lo que hacían los negros en sus casas, que era lo que les daba la gana. Y bien que hacían.

Si os gustan las series, os recomiendo “Coven”, la tercera temporada de “American Horror Story”, donde una Angela Basset en estado de gracia interpreta a Marie Laveau y donde se muestra muy, muy bien cómo era el Nuevo Orleans de antaño y el de ahora. El caso es que casi 200 años después, a Marie Laveau se la continúa considerando el personaje más relevante de la ciudad y un lugar totalmente imprescindible de visitar es la tienda (casi museo) Marie Laveau House of Voodoo. Se encuentra en el 739 de Bourbon Street y posiblemente sea el lugar mejor reputado del mundo a nivel de venta de amuletos, libros, hierbas y fetiches que sirven para mil y un remedios.

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Además, se supone que esta se encuentra en el lugar donde Marie pasó gran parte de su vida. Dentro te puedes tirar horas ojeando los miles de artículos que pondrán fin a tus males y además, tienen parafernalia muy chula de la propia Marie Laveau, independientemente de que los dueños estarán encantados de ayudarte y asesorarte sobre lo que estés buscando. Nosotros nos trajimos a casa una figura de Lord of Death (esa de ahí abajo), conocido en el vudú de Brasil como Lord da Morte. Muchas religiones no ven la muerte como algo malo sino necesario y positivo para llegar a un mundo mejor (ahí tenemos el caso de la Santa Muerte en México o el Baron Samedi en el vudú haitiano), por lo que el Lord da Morde es una figura amiga que nos ayuda a pasar de una manera tranquila y calmada al mundo de los muertos y en vida nos protege de las almas tóxicas y oscuras y de sus envidias, por lo que pese a su tétrico aspecto, su influencia es altamente positiva.

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Si tienes más interés en la vida de Marie Laveau, te recuerdo también que en el 1022 de St. Anne Street se ubicaba otra de sus casas (se dice que su fantasma aún vaga por estas calles, con su inseparable pañuelo de siete nudos en la cabeza).

En el 723 de Saint Peter Street tienes otra tienda también muy interesante, a nosotros también nos pareció muy completa (e incluso es mayor que la de Marie Laveau), la Reverend Zombie’s House of Voodoo. Y aún más, en el 828 de Rampart Street se encuentra otra tienda similar, el Voodoo Spiritual Temple, y otra más, Voodoo Authentica, en el 612 de Rue Dumaine.

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Otro apunte: en Nueva Orleans, al ser turística a tope, le sacan provecho a todo. Sabe de su atractivo por mil y un motivos y lo explotan mediante tours temáticos de todo tipo. Uno de ellos es el tour del vudú o de los fantasmas (ahí ya depende de la agencia), te llevan al cementerio,a ver estas tiendas o a la casa de Madame Lalaurie cobrándote una pasta (los tours eran carísimos en general,una media de 30 dólares por persona). Es decir, cosas que puedes hacer perfectamente tú solo y documentándote por tu cuenta

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He mencionado a Madame Lalaurie, que era una de las asesinas más despiadadas que ha conocido la Humanidad (y cuyas cacerías también se relataban en “American Horror Story”, era interpretada por Kathy Bates). Contemporánea de Marie Laveau, durante años secuestró, torturó y asesinó a decenas de esclavos. A raíz de la muerte de una niña, que se lanzó por el balcón aterrada, se comenzó a investigar a esta dama de la clase alta cuyo hobbie era hacer las más horrendas barbaridades a los esclavos negros, a los que consideraba menos dignos que los animales. Encadenados, con collares con clavos, azotados, despellejados, muertos de hambre y descuartizados en vida. Así se las gastaba la señora. Una turba enfurecida, al conocer los hechos y después de que se encontraran a siete esclavos mutilados esperando la muerte, prendió fuego a la casa y Madame Lalaurie se vió obligada a huir a París, donde se cree que pasó el resto de su vida y falleció en una cacería de jabalíes. Si quieres ver su casa en Nueva Orleans (no se puede visitar por dentro) dirígete al 1140 de Royal Street.

Una de las particularidades del centro histórico de Nueva Orleans: se mantienen las placas de las calles de la época española.

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El río Mississippi a su paso por Nueva Orleans

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Y este es el famoso Steamboat Natchez, ese barco de palas que habréis visto mil veces en las películas. Este tipo de barcos se empezó a hacer muy popular a partir de 1823 y es una de las imágenes más conocidas de Louisiana. Actualmente ofrecen tours por el río a un precio de unos 30 dólares el trayecto, muchas veces amenizados los paseos por bandas de jazz.

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Para comer, os recomiendo un sitio estupendo en el 500 de Saint Peter Street, especializado en comida cajún, el Corner Oyster House. Quizás los dos platos más conocidos de la gastronomía de Louisiana sean el gumbo (una deliciosa sopa de arroz con marisco), el etouffee de marisco y la jambalaya, un arroz picante con carne y langostinos que nosotros solemos preparar a menudo en casa. En Louisiana también son muy populares los cangrejos y las ostras. Otra recomendación son los Po’ Boys, unos sándwiches típicos de Louisiana generalmente rellenos de carne o de gambas. En general es una gastronomía bastante especiada y que tira mucho del picante. ¡A nosotros nos encanta!

Jambalaya

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Y también pudimos volver a probar, tras nuestra experiencia en Nashville, la carne de cocodrilo, en este caso con arroz…

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Los tranvías de Nueva Orleans son los más antiguos del mundo: comenzaron a funcionar en el año 1834. Los más conocidos (y los más bonitos) son los de la avenida St, Charles, van desde Canal Street hasta Riverbent. Una curiosidad: estos mismos tranvías fueron los que inspiraron a Tennessee Williams para su obra “Un tranvía llamado deseo”.

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Monumento a los inmigrantes

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Homenaje a Jean Baptiste Le Moyne, Señor de Bienville y fundador de Nueva Orleans

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El estadio Superdome, donde normalmente juegan los New Orleans Saints de fútbol americano, tuvo un papel fundamental durante la tragedia del Katrina. Casi 20.000 personas se refugiaron aquí durante varios días, esperando en vano que vinieran a rescatarles. Pese a que se supone que aparte de para eventos deportivos, su construcción había respondido a la necesidad de un refugio para casos de emergencia, en la práctica el tejado se acabó resquebrajando, se agotó el agua potable, los baños no funcionaban y no se tenían los más básicos botiquines para primeros auxilios. Dentro murieron tres personas (dos ancianos y un hombre que se suicidó) y fueron continuos los robos, las violaciones y los actos de vandalismo, ante la ausencia de una guardia cualificada que intentara controlar la situación. Hasta tres días más tarde no comenzaron las primeras evacuaciones.

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Monumento a Bernardo de Gálvez, uno de los gobernadores españoles de Louisiana

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Más reminiscencias hispanas: la Plaza de España, con los escudos de todas las provincias de nuestro país. Fue un regalo de nuestro país a Nueva Orleans en recuerdo de la época en que Louisiana formaba parte del imperio español.

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No pierdas la oportunidad de dar un paseo por Garden District, uno de los barrios más bonitos de Estados Unidos, plagado de robles y con unas mansiones sureñas inmejorablemente conservadas. Antiguamente, esto era una zona de plantaciones, refugio para los terratenientes que no querían vivir codo con codo con los criollos en el Barrio Francés. Actualmente, aquí tienen su vivienda personajes tan conocidos como los actores John Goodman y Sandra Bullock o los músicos Trent Reznor y Sean Yseult.

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El House of Blues es uno de los locales más legendarios de la ciudad. Además de restaurante, ofrece un brunch amenizado por góspel los fines de semana y conciertos prácticamente a diario.

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Hablando de música, tuvimos la suerte de que al programar el viaje viéramos que nos coincidía por estas tierras la gira de despedida de mi banda favorita, Mötley Crüe, y encima con un telonero de oro, Alice Cooper. Aunque a lo largo de los años ya había viajado siete veces por Europa para ver a Mötley, la verdad que verles por última vez en su país (donde aquí sí que son realmente grandes) fue una experiencia totalmente incomparable a cualquiera anterior. Nos gastamos 120 euros por ticket para tener de los mejores asientos y vaya si mereció la pena. Tocaron en el impresionante Smoothie King Center, el hogar del equipo de baloncesto local, los New Orleans Pelicans: las medidas de seguridad, exageradas; únicamente nos dejaron entrar con el pasaporte y el móvil, no dejaban pasar ni los bolsos.

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Algo que os recomiendo que no os perdáis si viajáis a Louisiana es un tour por los pantanos y los bayou (los canales, su nombre viene del vocablo indio choctaw, que significa arroyo). Hay un montón de agencias que los ofrecen desde la ciudad pero bastante caros (60 dólares) asi que nosotros decidimos coger el coche e irnos directamente al pueblo de Slidell, que es de donde salían los tours, a las orillas del lago Pontchartrain, el segundo lago de agua salada más grande de Estados Unidos (el puente que cruza el lago, de casi 39 kilómetros de longitud, es el tercero más largo del mundo).

Como cuando llegamos a las taquillas de los tours nos dijeron que no había hueco hasta el de las cuatro (lo contratamos con la empresa Cajun Encounters Swamp Tours, precio por persona 25 dólares, menos de la mitad de lo que nos cobraban en Nueva Orleans), decidimos dar una vuelta por el pueblo y acabamos comiendo en Bruiser’s, un local que se vanagloria de tener los perritos calientes (hot dogs) más originales de todo el estado, los hay hasta con jambalaya. Está en el 1904 de Front Street y lo lleva un bombero ya jubilado simpatiquísimo que nos contó un montón de curiosidades de Nueva Orleans.

La zona donde se lleva a cabo el tour es Honey Island, en los pantanos del Pearl River, una de las zonas más salvajes de todo Estados Unidos, hasta el punto de que el gobierno lo declaró área protegida. Insisto en ello ya que, como he mencionado tantas veces en el blog, cuando salimos de viaje nos gusta ver a los animales en su hábitat natural y certificar que no se les molesta ni se daña su ecosistema. Y en ese sentido, volvimos más que satisfechos ya que los tour-operadores son realmente respetuosos con la fauna y flora.

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Los paisajes que ofrece un tour por los bayou son espectaculares, de los más bonitos que he visto nunca. Además, tuvimos la suerte de hacerlo al atardecer y es una experiencia incomparable. Estas tierras pantanosas, plagadas de caimanes, zorros y cerdos salvajes, son realmente terroríficas, sobre todo cuando las recorres en una pequeña barca y lo único que se escucha son los ruidos que emiten los animales. Los pantanos están íntimamente asociados a las leyendas del rougarou (un hombre-lobo que se esconde entre la maleza) y Letiche, una mezcla entre el Yeti y el monstruo del Lago Ness, una criatura bípeda que habría surgido de unos chimpancés que se escaparon de un tren y se refugiaron en los cenagales de Louisiana.

Para hacer el tour, recomiendo encarecidamente que os echéis loción antimosquitos. A nosotros se nos olvidó pero tuvimos la suerte de que alguien se había olvidado un bote en la barca, asi que nos embadurnamos bien de loción y aún así nos comieron. Son sólo unos de los tantos habitantes de estas aguas:cocodrilos, serpientes (venenosas y no venenosas), armadillos, aves de todo tipo, entre ellas pelícanos y águilas… Una humedad casi insoportable unida a un calor de más de 35º. Lo anoto para que lo tengáis en cuenta a la hora de hacer la excursión.

Los cocodrilos en las aguas de Louisiana

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Preciosa imagen del pantano con un antiquísimo puente

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En las inmediaciones del pantano hasta nos encontramos a unos simpáticos mapaches. Cuidadito con acercaos que muerden en cuanto te descuidas…

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Para el domingo teníamos dos opciones. La primera era acercarnos a Oak Alley, la plantación esclavista que aparecía en la película “Entrevista con el vampiro”, basada en las novelas de Anne Rice, la célebre escritora de libros vampirescos, una de las hijas predilectas de Nueva Orleans (de hecho se realizan tours recorriendo los escenarios de sus libros y puedes ir a ver su mansión (por fuera) en el 1239 de First Street. Sin embargo, vimos en el parte meteorológico que para esa tarde iba a caer una tormenta importante, por lo que decidimos cambiar de planes y tirar de la segunda opción, aprovechando que era domingo: ir a una misa góspel.

Como veis en la fotografía, en Nueva Orleans no es que llueva… ¡es que diluvia!

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Las dos féminas del grupo ya habíamos estado en una misa góspel (Merche en Nueva York y yo en Portland) pero nuestros respectivos maridos querían probar la experiencia y nosotras estábamos deseando repetir. Asi que madrugamos y nos fuimos prontito a la St. Stephen Church (5600 Read Boulevard).

Al llegar, nos encontramos un parking gigante atestado de coches: la afluencia de público es tal que hasta había un policía de tráfico controlando los aledaños de la iglesia. Sí, mucha gente… pero como siempre, nosotros los únicos blancos. En la recepción (porque tienen recepción y unas relaciones públicas estupendas) nos hicieron firmar en un libro de visitas; al saber que veníamos desde España nos colocaron en unos de los primeros bancos y ¡ay, qué vergüenza! nos hicieron levantarnos a mitad de la misa para que todo el mundo nos diera la bienvenida. La verdad es que nosotros de creyentes poco, aunque eso no lo sabían los parroquianos, que nos obsequiaron con un montón de folletos y Cd’s de la iglesia. El coro… sin palabras. Cualquiera que haya estado en una misa de góspel (misa auténtica americana, de las que sólo se ven en USA) sabrá de lo que son capaces estas prodigiosas voces, eran el principal reclamo para que estuviéramos allí. Aunque el espectáculo posterior de la predicadora, con un sermón de más de una hora y los asistentes enfebrecidos (hay que ver los negros baptistas como viven su religión) tampoco tuvo desperdicio. Una experiencia que no has de perderte si vienes a tierras sureñas. Y es que si hay un lugar que simbolice como nadie las tradiciones del sur más profundo, esta es Nueva Orleans. Una ciudad que nos enamoró por completo, por su fusión cultural, por la amabilidad de sus gentes, por sus salvajes alrededores, por su arquitectura bellísima… un rincón de Estados Unidos único y, afortunadamente, irrepetible!!

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