ESCOCIA – Highlands (Tierras Altas)

Nuestra siguiente etapa en el viaje escocés nos llevaría en primer lugar a Stirling, una pequeña ciudad de 45.000 habitantes situada a poco más de 50 kilómetros de Edimburgo. Era hora de coger ya nuestra furgoneta de alquiler y adentrarnos en esas tierras tan verdes, en la Escocia más profunda. Comenzaba nuestro camino hacia las Highlands, las bellísimas Tierras Altas.

 

Aunque en realidad Stirling se encuentra a medio camino entre las Tierras Bajas y las Tierras Altas, lo que la dio una importancia máxima en la antigüedad a nivel estratégico, para nosotros ya era el inicio de un viaje por las zonas menos pobladas de Escocia. Para empezar, después de Stirling la palabra “autovía” comienza a ser una desconocida en esos parajes. Las carreteras secundarias, muy estrechas y de doble sentido, provocan que casi debas meterte en el arcén cada vez que te cruzas con algún vehículo voluminoso (generalmente camiones que abastecen al norte de Escocia). Hay un montón de tramos donde es difícil encontrar algún pueblo, como mucho alguna casita perdida en mitad de las montañas. Ese es el encanto de esta zona del país. Que pese a que haya turismo, que aunque no tanto como Edimburgo, claro que lo hay, éste no ha originado un cambio en las infraestructuras más básicas. El respeto al medio ambiente es primordial y en la mayoría de las zonas que visitamos te sentías a menudo como en la Escocia de hace cinco siglos.

 

De camino a Stirling nos topamos con los Kelpies, las gigantescas esculturas que veis ahí abajo. Son los monumentos dedicados a caballos más grandes del mundo. Los kelpies en realidad son criaturas fantásticas de la mitología celta, seres acuáticos y malignos que se aparecen ante los humanos con forma equina y que atraen con estratagemas a los viajeros para llevárselos al lago donde viven.

 

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En Stirling estuvimos una mañana porque aunque la ciudad es preciosa, es pequeña, se puede recorrer con facilidad y lo que más nos interesaba era su imponente castillo. Muchos le consideran incluso más bonito que el de Edimburgo y yo en cierto modo coincido en la opinión. Después de concluir la visita, me quedé con la grata sensación de que el de Stirling, aparte de mucho más elegante, muestra de un modo aún más fiable si cabe la vida dentro de los muros de palacio.

 

A la puerta de la entrada de Stirling, no podía ser de otra manera, la estatua del héroe nacional, Robert the Bruce (ya os comenté en la entrada de Edimburgo que los monumentos de su persona se reparten por toda Escocia). La Scotland Pass nos incluía la entrada al castillo, asi que otro lugar que íbamos a tachar de la lista.

 

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La situación del Castillo de Stirling, como era de esperar, se ubica en lo alto de una colina con acantilados escarpados. Sus orígenes se remontan al siglo XIV y la verdad, cuesta creer lo bien que han aguantado el paso de estos siete siglos muchas de las dependencias, sobre todo teniendo en cuenta que Stirling siempre fue uno de los puntos calientes más codiciados por los ingleses. Buena culpa de ello la tiene la robusta muralla almenada que lo protege de los peligros exteriores y que hicieron de él una fortaleza realmente complicada para las tropas enemigas. Los más de 16 ataques que de mayor o menor intensidad ha sufrido a lo largo de su historia no han logrado su objetivo: ensombrecer su incombustible grandeza.

 

La visita al recinto no debería llevarte menos de dos o tres horas si quieres degustarla con detenimiento, sobre todo porque, por fortuna, la mayoría de los edificios ofrecen exposiciones detalladas de la vida palaciega, con un montón de información.Este fue hogar durante varios siglos de la familia de los Estuardo, que le proporcionaron su boato actual, pero que además vivieron en sus entrañas un montón de intrigas, todo un culebrón de sangre azul. Felicito por ello a los responsables del mantenimiento y conservación de Stirling por su impecable trabajo: pocas veces he salido tan satisfecha de la visita a un edificio histórico.

 

Aunque la leyenda haya querido dibujar al Castillo de Stirling como la mítica fortaleza de Camelot que encumbró al legendario Rey Arturo, es sólo eso, leyenda, pero yo quise aferrarme a ella para disfrutar aún más del recorrido. Voy a ir desgranando poco a poco las dependencias empezando por la más importante: el hogar de los monarcas, el Palacio Real.

 

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El impulsor de la construcción del Palacio fue el rey James V, quien deseaba dar un hogar a su segunda esposa, la francesa Mary de Guise, a la altura de su condición real. Está considerado uno de los castillos más espectaculares del Reino Unido, tanto en el exterior como en el interior. Los aposentos reales constaban cada uno de tres estancias (un hall exterior, uno interior y el propio dormitorio). Sin embargo, era una excepción que los reyes durmieran aquí ya que gozaban de otras alcobas más íntimas y acogedoras: en realidad, estas habitaciones solían utilizarse para recibir a invitados, reuniones, bailes y discusiones de Estado. En los aposentos de la reina, destaca un tapiz gigantesco llamado “La caza del unicornio”. La elaboración de estos tapices, auténticas obras maestras, podía ocupar un periodo de entre dos y cuatro años. Al final de la visita, por cierto, pudimos ver en uno de los edificios a unas tejedoras con sus correspondientes telares.

 

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Las cocinas, que se encontraban en los bajos del castillo, han sido tan bien recreadas que a los alimentos (ficticios) que descansan en sus mesas y alacenas dan ganas de hincarles el diente. En aquella época los grandes banquetes estaban a la orden del día y en la Gran Cocina no sólo preparaban sopas, estofados y postres: también fabricaban su propio pan, cerveza y vino.

 

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Los patios que separan los diferentes edificios son gigantescos, no sólo para impresionar a los visitantes de los reyes sino porque el trasiego de trabajadores y criados era contínuo. Hay incluso una enorme capilla, donde entre otros eventos se llevó a cabo la coronación de la reina María de Escocia: en el momento en que se la declaró reina, la pequeña princesa contaba con sólo seis días de edad, por lo que reinó prácticamente desde su nacimiento. La vida de la reina estuvo plagada de sinsabores: viuda con sólo 18 años, tomó por segundo esposo a un hombre que no era del gusto de su familia, se vió envuelta en un sin fin de intrigas políticas, pasó varios años encarcelada en diversos castillos de Gran Bretaña y acabó muriendo ejecutada, acusada de alta traición. La vida de los reyes, como veis, no era siempre un camino de rosas.

 

Otros edificios relevantes son el King’s House, donde el rey James II fue asesinado con sólo 29 años. El imponente edificio descansa sobre un vertiginoso acantilado, con preciosas vistas al monte Ben Lomond. Hoy en día sirve como museo (se expone la historia del Argyll & Sutherland Highlanders) y es una de las dependencias más destacadas, junto a The Great Hall, que en sus tiempos fue el mayor edificio de Escocia. Solía utilizarse como comedor para los fastuosos banquetes que ofrecía el monarca y que podían alargarse durante jornadas enteras.

 

Una de las cosas que más nos gustaron del castillo: sus diabólicas gárgolas, inspiradas en la arquitectura francesa…

 

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Al salir del castillo, dimos una vuelta por Stirling antes de hacer un alto para comer. Como una amiga nuestra ya conocía la ciudad, fuimos a comer a un pub, el más grande de la ciudad, con una decoración preciosa y muy buenos precios: dos platos a 9,99 libras. Su nombre es The Cold Beer Company y se encuentra muy céntrico, en el 84 de Murray Pl.

 

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No nos enrrollamos en la sobremesa ya que por delante teníamos unos cuantos kilómetros y unas cuantas visitas por hacer en lo que quedaba de jornada. La siguiente sería al impresionante monumento a William Wallace, situado en una colina a casi 70 metros de altura.

 

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Nuestra siguiente parada sería en el castillo de Doune, uno de los lugares que más ganas tenía de conocer en este viaje. Y es que soy muy fan de la saga de libros “Canción de hielo y fuego” de George R. Martin y el castillo fue utilizado, simulando el hogar de la familia Stark, el castillo de Winterfell, en la adaptación televisiva, la serie “Juego de tronos”. La verdad que fue llegar allí y venirte a la mente la imagen del rey Robert Baratheon atravesando los patios al frente de toda su comitiva! Pero no ha sido la única vez que el castillo de Doune ha aparecido en la gran pantalla, también se le utilizó como escenario en la película “Ivanhoe” y en “Los Caballeros de la Mesa Cuadrada” de los Monty Python.

 

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La entrada a Doune también estaba incluída en la Scotland Pass. Temía que fuera a estar atiborrado de turistas, visto el éxito de la serie, pero la verdad que tuvimos bastante suerte y lo estuvimos recorriendo prácticamente solos.

 

Aunque por dentro apenas hay mobiliario, sólo en el salón principal, y es bastante chiquitito en comparación con otros castillos escoceses, fue una delicia subir y bajar por esas angostas escaleras empedradas de caracol, muy útiles a la hora de defenderse de los enemigos, pues lo único que había que hacer era echar agua hirviendo desde arriba contra cualquier intruso que osara acercarse. Como digo, sólo hay muebles en la Lord’s Tower (en realidad, el salón ha sido restaurado) y cuenta con la curiosidad de conservar dos chimeneas, algo no muy habitual en aquella época. Las cocinas, que se encontraban en otra torre, tienen un horno de casi seis metros, vamos, que podían asar una vaca entera sin preocuparse de despedazarla.

 

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En nuestro camino hacia Ballachulish, donde haríamos noche, atravesamos parte del Parque Nacional Loch Lomond. Este área es una de las más espectaculares de Escocia, lo cierto es que nos encantó. Pudimos parar un ratito en el Loch Lubnaig (el Lago Torcido en gaélico), buena muestra de lo que es el típico paisaje escocés…

 

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En Ballachulish nos aguardaba el que en mi opinión fue el mejor hotel del viaje: el Ballachulish Hotel. También fue el más caro, 69 libras, aunque si tienes en cuenta lo preciosísimo que es, metido ya en valle de Glencoe (del que hablaré en la próxima etapa), que incluía un desayuno buffet gigantesco, que compartimos con un montón de jubilados escoceses (entre los viejetes y el paisaje me sentía en la peli “En el estanque dorado”) y su fantástica ubicación, con unas vistas idílicas al lago Loch Leven, yo creo que al final nos salió hasta barato. Probablemente, el alojamiento donde más nos sentimos durmiendo “a la escocesa”. Eso sí, del pueblo, pequeñísimo, no esperes gran cosa: a las nueve de la noche estaban cerrando el único pub que logramos encontrar. Esa es la máxima en el norte de Escocia: madrugar mucho y acostarse pronto…

 

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Otra nueva jornada en nuestro viaje por Escocia. Esta vez subiríamos por Fort Williams, atravesando el impactante valle de Glencoe, considerado uno de los paisajes más bonitos del país. Conocido también como el Valle del Llanto, es un paraje espectacular: montañas totalmente verdes por las que se deslizan cientos de cascadas que arrastran el agua de lluvia de las cimas. Nosotros, sin embargo, y pese a que de vez en cuando echábamos miradas de preocupación al cielo encapotado, seguíamos sin sufrir ninguna tormenta. Menuda suerte estábamos teniendo con el clima!

 

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La belleza de Glencoe es tal que en estos escenarios tan típicamente escoceses (desde luego,a mí me pareció que eran los que más se ajustaban a la idea que tenía de Escocia antes de viajar allí) se grabaron películas como “Braveheart” o “Rob Roy”. Este último, conocido como el Robin Hood escocés, fue otro de los grandes héroes de la patria. Su nombre en gaélico era Roibeart Ruadh (Roberto el Rojo, conocido así por el color de su pelo). Aunque la mayor parte de su vida fue ganadero, se vió obligado a luchar contra las injusticias de los nobles, convirtiéndose en un ejemplo de valentía y coraje. Aunque no nos dio tiempo a visitar su tumba en Balquhidder Kirk, donde está enterrado junto a su mujer y dos de sus hijos, tuvimos muy presente su figura durante todo el viaje.

 

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La etapa de hoy parecía que iba a contar con un alto componente cinematográfico. Y es que nuestra siguiente parada sería el Castillo de Eilean Donan, donde también se han grabado muchísimas películas, como “La vida privada de Sherlock Holmes” o “El mundo nunca es suficiente”, aunque la que más lo popularizó fue la fantástica “Los Inmortales”, protagonizada precisamente por uno de nuestros escoceses favoritos, Sir Sean Connery, una de las personas que mejor ha publicitado por el mundo el nombre de Escocia.

 

Eilean Donan, situado cerca de Kyle of Losachlsh, es uno de los lugares más visitados de la fisionomía escocesa, de hecho cuando llegamos había un montón de autocares y turistas cámara en mano. Nosotros esa tarde queríamos estar ya en la Isla de Skye: por ese motivo (la falta de tiempo), que no nos entraba en la Scotland Pass y,sobre todo,que varios amigos nos habían comentado que no merecía mucho la pena verlo por dentro (no se puede visitar entero ya que el clan propietario sigue utilizándolo de residencia y además el interior está decorado de un modo poco fiel al original), decidimos pasear un rato y disfrutarlo desde fuera. En realidad, es su bellísimo exterior lo que realmente impresiona.

 

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Aunque los orígenes del Eilean Donan se remontan al siglo XIII, las sucesivas batallas a las que se vió expuesto le han visto destruirse y volver a reaparecer en al menos cuatro ocasiones. Aún así, conserva ese aire de antigüedad milenaria de los castillos escoceses pero este con una característica muy peculiar: el castillo descansa sobre una pequeña isleta en el lago Duich, lo que origina una estampa realmente bonita. El castillo parece flotar sobre las aguas, ajeno al paso del tiempo y el avance de la Humanidad. Un lugar mágico que constituía un preludio magnífico para nuestra siguiente etapa: la Isla de Skye.

Esta nueva etapa por Escocia nos trajo un regalo inesperado. Y es que aunque en general nos hizo muy buen tiempo, el día que visitamos el lago Ness nos hizo un sol espléndido, hasta el punto de que buena parte del día nos quedamos en manga corta. Qué maravilla poder gozar de esas temperaturas en Escocia, cuyo estado habitual es lluvioso y con neblina.

De camino a Inverness, que es donde haríamos noche, pasamos la mañana en los parajes del mítico lago Ness. Es bonito, sí, pero hemos visto otros mucho más fabulosos en Escocia. Aún así, era una forma muy agradable de vivir de cerca la relación de los escoceses con Nessie, la mascota “casi oficial” de Escocia: pese a que la mayoría sepamos que es una leyenda sin base científica ninguna, es bonito aferrarse al mito para disfrutar de los paisajes. No obstante, los escoceses, que tontos no son y saben de su tirón turístico, han aprovechado el misterio que rodea al lago Ness para abrir un centro para visitantes donde se expone todo lo relativo a Nessie y un montón de tiendas de regalos donde nuestro querido monstruito es el protagonista: camisetas, huchas, calendarios, llaveros, muñecos de peluche… Nessie está inmortalizado de mil y una maneras.

Aquí abajo una réplica del monstruo…

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La leyenda del monstruo del Lago Ness viene de largo: circula entre la población local desde hace 1.500 años. Pero fue a principios de 1930 cuando el periódico Inverness Courier lanzó la noticia que pondría al lago Ness en el ojo del huracán: una pareja declaraba haber visto emerger de las aguas a una monstruosa criatura, de cuello largo y cabeza pequeña, con un curioso parecido a los dinosaurios. Esto disparó la hipótesis de que Nessie era un monstruo prehistórico que, no se sabe muy bien cómo, había logrado sobrevivir en las gélidas aguas del Loch Ness. Pero ¿eran uno o varios monstruos pertenecientes a la misma familia?¿De qué se alimentaba?¿Suponía un peligro para los humanos?¿Cuántos años tenía en realidad? Estas y otras muchas incógnitas atrajeron a reporteros de todo el mundo. El revuelo que había montado un minúsculo periódico local comenzaba a dar sus primeros frutos, ante el regocijo de los hoteles y restaurantes de la zona, que se frotaban las manos sabiendo que detrás de los periodistas, fotógrafos y criptólogos vendrían los turistas.

 

La fantástica historia continuó engordando: sólo un año después de la noticia aparecía “casualmente” la primera foto oficial de Nessie, esa que habréis visto mil veces pero que yo aún así os muestro ahí abajo. La foto fue tomada supuestamente por el cirujano R. K. Wilson. Sin embargo, tiempo después su autor real, un reportero del Daily Mail, confesaba haber trucado la fotografía. Pero eso ya era lo de menos:la semilla de la leyenda ya estaba más que plantada. Años después, son muchos los que afirman sin rubor ninguno haber visto en la lejanía a la criatura y se han seguido mostrando fotos del supuesto monstruo…

 

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Lo cierto es que a día de hoy uno de los que más se beneficia de la leyenda es el pequeñito pueblo de Drumnadrochit, donde paramos un rato. Allí se encuentra el Loch Ness Exhibition Centre (precio de la entrada 8 libras) donde se exponen fotografías y noticias en torno a Nessie, así como los equipos submarinos utilizados para buscarle bajo el agua. Si estás muy interesado en el tema, te recuerdo que todos los días desde Semana Santa hasta Diciembre el Nessie Hunter, un barco con cámaras submarinas, ofrece paseos por el lago Ness a razón de 10 libras por persona.

 

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Ya que estábamos en el lago Ness, aprovechamos para visitar el castillo Unquhart, ya que nos entraba en la Scotland Pass. Aunque qué queréis que os diga, si no lleváis la tarjeta, pagar las 8 libras que cuesta la entrada en mi opinión tampoco merece mucho la pena. Me refiero a que vas a pagar más por tener unas magníficas vistas del lago que por lo que queda del castillo. Te puedo asegurar que en España tenemos castillos abandonados en un montón de pueblos en mejores condiciones que éste y totalmente gratuitos. Lo que pasa es que los escoceses aprovechan cualquier mínima ruina para sacarle un beneficio económico y estas, estando en un lugar turístico a tope como el lago Ness, debían ser rentabilizadas sí o sí pero lo que os digo, tampoco me pareció gran cosa en comparación con otros castillos escoceses. Además, está petado de turistas que vienen a hacer cruceros por el lago.

 

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Era ya hora de tirar para Inverness. Aunque es la capital de las Highlands, las Tierras Altas, es bastante chiquitita (50.000 habitantes), ya os he comentado que en general esta parte de Escocia está bastante despoblada. Es la ciudad más fría de todo el Reino Unido y aquí sí que nos hizo falta tirar de las cazadoras aunque, por suerte, continuaba sin llover.

 

Lo primero que hicimos fue acercarnos al Bed&Breakfast que habíamos reservado, el Wimberley House. Qué diferencia con el de Portree, leñe. Los dueños, un matrimonio encantador, han creado un alojamiento de lo más cuco y acogedor:las habitaciones eran tan hogareñas que te sentías como en tu propia casa (precio por noche 56 libras). Un diez para ellos.

 

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Lo más relevante de Inverness es su castillo, aunque no sea tan impresionante como otros escoceses. Además, es bastante más reciente (data del siglo XIX). De todos modos no se puede visitar por dentro, sólo están abiertos al público los jardines. Se supone que William Shakespeare se inspiró en un castillo predecesor del siglo XI, construido en el mismo sitio y destruido después por el rey Robert I, para escribir una de sus obras más importantes, “Macbeth”.

 

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Hemos hablado de héroes escoceses como Robert the Bruce, William Wallace y Rob Roy pero no de heroínas, que también las hay. La más querida por los escoceses es Flora McDonald. Mujer muy religiosa, ayudó al príncipe Carlos Estuardo, aspirante al trono apoyado por los jacobitas, a entrar en Escocia disfrazado de mujer. Sin embargo, en Portree la descubrieron, se la llevaron a Londres y la encarcelaron. Al tiempo fue liberada, se casó con un capitán, se mudaron a Carolina del Norte en Estados Unidos y con el paso de los años, regresó a su amada Escocia, donde pasó sus últimos días. Hoy, tres siglos después, una estatua en Inverness y diversas fundaciones por todo el país honran su memoria.

 

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Abajo la Catedral de Inverness, conocida también como Iglesia de Saint Andrew

 

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¿Sabías que el unicornio es uno de los símbolos nacionales de Escocia? Los escoceses se identifican enormemente con este animal mitológico ya que es un animal que prefiere morir antes que ser capturado. Vamos, lo que han vivido los escoceses a lo largo de su dilatada historia. En la mitología celta el unicornio es representado como símbolo de pureza e inocencia, otras dos virtudes a las que se agarran los escoceses: podrás ver su figura representada en multitud de sellos heráldicos y en Inverness hasta le han dedicado un monumento.

 

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Dimos una vuelta por el centro de Inverness, realmente bonito, para hacer algunas compras y ojear la ciudad. Aprovecho para recomendaros los supermercados The Co-operative Food, repartidos por todo el país, con muy buenos precios y donde te podrás abastecer para las largas rutas en coche. Y para comer, un pub estupendo, el Number 27. Muy bonito, nada caro (las sopas son espectaculares!) y platos más que generosos. El roast beef a la escocesa fue lo que más me gustó. Buenísima opción gastronómica dentro de Inverness, no la dejes pasar…

 

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