Ait Ben Haddou

Ouarzazate, conocida como la Puerta del Desierto, era una de esas asignaturas viajeras que habíamos ido dejando pendiente en nuestros viajes por Marruecos. El motivo no era otro que su situación y lo complicado que estaba llegar: volar hasta Marrakech y desde allí tomar un bus que durante cuatro horas de viaje nos llevaría por una de las carreteras más peligrosas de África. Añadiendo a esto que conocemos de sobra cómo se las gastan los marroquíes detrás del volante, íbamos posponiendo una y otra vez la escapada a esta parte del país. Y os aseguramos que ganas no nos faltaban. De hecho, ya habíamos dedicado hace tiempo un artículo a la ciudad, Ouarzazate: el Hollywood de Marruecos .

El misterio de las kasbahs de marruecos (1)

Imaginad nuestra cara de felicidad cuando hace apenas unos meses Ryanair anunciaba por sorpresa una nueva ruta directa Madrid-Ouarzazate. Por fin una aerolínea se percataba de que había miles de viajeros en nuestra misma situación y más sabiendo que Ouarzazate es un punto turístico imprescindible ya que desde aquí se parte a algunas de las regiones más auténticas e interesantes de Marruecos. Hasta el momento, eran poquísimas las compañías aéreas que volaban a este aeropuerto minúsculo, principalmente Royal Air Maroc haciendo vuelos interiores.

Aprovechando que tenía una semana de vacaciones en Enero, hablé con tres amigas y decidimos planear el viaje. Las fechas eran óptimas ya que en verano las temperaturas son insoportables (se sobrepasan los 50 grados) y pasadas las Navidades, tampoco encontraríamos demasiado turismo, lo que nos daba ventaja en el regateo de las excursiones que deseábamos hacer. Ya que he mencionado el tema del clima, comentar que aunque sea el sur del país, no os confiéis y vengáis en manga corta. Por el día el sol brillaba (unos 17 grados) pero por la noche las temperaturas caen muchísimo. Vamos, que es invierno.

Teniendo en cuenta que volábamos un martes, se redujo bastante el precio del billete: 56 euros ida y vuelta. Con equipaje de cabina y elección de asiento incluido, que ya sabéis que ahora Ryanair también lo cobra. Estuvimos con la incertidumbre de si volaríamos al final o no porque los tripulantes de cabina de la compañía convocaron huelga justo el día que salíamos. Así que ahí nos teníais a las cuatro ojeando todos los días los periódicos a ver cómo avanzaban las negociaciones. A última hora la huelga fue desmantelada, aunque de todos modos nos garantizaron que en cualquier caso volaríamos ya que los servicios mínimos cubrían el 57% de las rutas con menos de dos vuelos y el nuestro era el único a Ouarzazate. Por cierto, que no sé si es porque era entre semana o porque aún muchos viajeros se enfrentaban a la cuesta de Enero pero qué sensación más extraña encontrarse un vuelo de Ryanair medio vacío.

Ya os lo hemos comentado en otros artículos que hemos dedicado a Marruecos pero nunca está de más recordar que sí, para entrar en el país necesitas pasaporte y que este tenga una fecha de caducidad posterior a los tres meses tras tu llegada. Los trámites aduaneros esta vez duraron un suspiro ya que como os digo el aeropuerto de Ouarzazate es minúsculo: nuestro avión era el único de la pista. Tan pequeño como para que ni siquiera disponga de cajero automático, la primera vez que me encuentro con esta situación en un aeropuerto. Lo que sí hay es casa de cambio (¿y cajero no? sigo sin comprenderlo), así que allí cambiamos nuestros primeros dirhams, que en dicho momento se cambiaba a 1 euro = 11 dirhams. Como no hay tarifas oficiales de los taxis pero sabíamos que la ciudad estaba cerquita, regateamos con un taxista y sacamos el viaje para las cuatro por 100 dirhams.

Antes de continuar con el relato del viaje, debo hacer un parón para hablar de un tema que en ese momento era desgraciadamente la noticia más comentada en el país: el asesinato de dos turistas escandinavas (una danesa y una noruega) y que se saldó con el arresto de una veintena de personas, relacionadas con la red terrorista ISIS. Nos preguntábamos si se habría desatado una psicosis colectiva entre los turistas que deseaban visitar Marruecos, que el año pasado recibió 11 millones de visitantes y que cada vez que ve caer un 10% el turismo, el resultado es una caída similar del 1% del producto interior bruto. Sin embargo, los marroquíes nos comentaban después que Marruecos seguía considerándose un país de lo más seguro y que la mayoría de la gente extranjera era consciente de que ese tipo de incidentes aislados pueden ocurrir en cualquier lugar del mundo. A nosotras no nos dio la impresión de que los turistas con los que nos cruzamos estuvieran aterrorizados. Por eso, si estáis con alguna sensación de temor, os animo a que releeáis el artículo Viajar a Marruecos siendo mujer: desmontando prejuicios porque mi opinión continúa estando igual de vigente.

En esta ocasión el hotel que elegimos fue el Ibis Ouarzazate , que como bien podéis ver en las fotos, poco tiene que ver con los Ibis tradicionales y nos sorprendió ver el buen gusto que habían tenido al adaptar su arquitectura al del resto de la ciudad, simulando ser una kasbah. Un hotel precioso con piscina (que no disfrutamos por las bajas temperaturas pero sí de su terraza), salón con chimenea, habitaciones bastante amplias y un desayuno buffet realmente completo. El precio fue de 55 euros la doble.

Ibis Ouarzazate

Cuando he comentado lo de la arquitectura de Ouarzazate es porque realmente impresiona ver la ciudad desde las alturas cuando llegas en avión y tienes la suerte de que el cielo esté despejado. La arquitectura se basa en las fortificaciones de las kasbahs, lo que hace de ella un lugar muy especial. Todos sus edificios, que apenas superan las dos o tres plantas, lucen bajo el sol con ese color del adobe, dándote la impresión de que has llegado a uno de los lugares más mágicos de África. Y de hecho lo es.

Ciudad relativamente pequeña, con poco más de 70.000 habitantes, hace honor al significado de su nombre (ciudad tranquila), que, por cierto, se pronuncia uarsasat. Puedes ir paseando tranquilamente a todos los puntos de interés y aún así, si quieres tomar un taxi, el trayecto no te costará más de uno o dos euros. Comparada con otras ciudades marroquíes, donde el caos, los gritos y el ajetreo es lo habitual, Ouarzazate se convierte en la excepción: escaso tráfico, medinas calmadas con vendedores (pocos) que apenas se esfuerzan en atraer clientela y un ritmo pausado que ayuda a recordar lo cerca que se encuentra el desierto de aquí.

Ouarzazate

Nosotros dedicaríamos los primeros días a descubrir la ciudad y los dos últimos los gastaríamos haciendo excursiones a los alrededores. Tuvimos la suerte de que nada más llegar al hotel conocimos a Allal, responsable de la agencia Desert Dream , una de las mejores de la ciudad. Y como sabíamos que el regateo en Marruecos es casi una obligación, ahí nos pusimos con él mano a mano para ver en cuánto se nos quedaba el precio. Antes de viajar allí, ya había visto que en general las excursiones eran bastante caras, a una media de 100 euros por persona y día. Nosotras al final sacamos las excursiones por 60 euros diarios por persona y además Allal nos regaló una cena extra en una jaima preciosa y el traslado al aeropuerto a la vuelta. Un encanto de anfitrión, sólo tenemos buenas palabras para él. De los precios e itinerarios os hablaremos más adelante.

Buen ejemplo de la tranquilidad urbana de la que os hablábamos es la Place al Mouahidine. Es aquí donde se celebra el mercado central de la ciudad pero no son más que unos cuantos puestos donde buscan baratijas las amas de casa. Que habrá alguno que vea esto como una desventaja pero por mi parte, tras tantos viajes a Marruecos, casi agradezco poder deambular ojeando cosas sin agobios. Precisamente en esta plaza aprovechamos para comer en el restaurante Galerie D’Art, muy modestito pero con una comida estupenda (fabuloso el couscous). El precio, de risa: 210 dirhams las cuatro, a unos cinco euros por cabeza.

Place al Mouahidine

Ouarzazate

Ouarzazate

Si algo nos había llevado al sur de Marruecos, esto eran sus magníficas kasbahs. De ellas os hemos hablado múltiples veces en otros viajes marroquíes pero es aquí, al sur, donde estas alcanzan su cenit, tanto en número como en calidad de conservación. De ahí la Ruta de las Mil Kasbahs, una de las más populares del país. Pero ¿qué son exactamente las kasbahs? Fortificaciones de leyenda que se han convertido por derecho propio en la imagen más característica de nuestro país vecino.

Estas fortalezas de origen bereber no sólo servían para protegerse de los ataques de enemigos e intrusos (al principio las tribus bereberes guerreaban entre sí y luego lo harían contra los franceses) sino también del frío, el calor o las tormentas de arena. Construidas a partir de adobe (arcilla, estiércol y paja), es por dicho material por el que conservan su exterior tipicamente rojizo, que las hace fundirse estéticamente con las áridas tierras que las rodean. No debemos confundir las kasbahs con los ksur, pueblos amurallados mucho más antiguos que las kasbahs, protegidos por torres de vigilancia y donde nunca faltan las plazas para las celebraciones y las mezquitas.

La primera kasbah que veríamos en nuestro viaje se encuentra precisamente dentro de Ouarzazate: es la kasbah de Taourirt. Aunque es de fácil acceso y no excesivamente enrevesada, decidimos contratar un guía local para que nos la mostrara y que nos cobró 100 dirhams por un recorrido de lo más didáctico (hay que sumar los 20 dirhams por persona de entrada oficial). De la Kasbah de Taourirt se dice que es una de las más bonitas y mejor conservadas de Marruecos y, sin lugar a dudas, la construcción más importante de Ouarzazate. Damos fe de que así es y que su visita es totalmente imprescindible.

Kasbah Taourirt

Las kasbahs, aparte de sus labores defensivas, podían también desempeñar tareas administrativas y este es el caso. Aquí vivió Pasha Glaoui, conocido como Lord of the Atlas, uno de los hombres más ricos y poderosos de Marruecos, y esta era sólo una de sus residencias. Con más de 300 habitaciones, tenía capacidad para más de mil huéspedes, entre los que se encontraban, aparte de su ejército de criados y sirvientes, sus cuatro mujeres, sus veinte hijos legítimos (y sesenta bastardos) y sus catorce concubinas. La familia Glaoui aumentó considerablemente su riqueza gracias a las ganancias que le aportaban las caravanas de mercancías que cruzaban el desierto, de ahí que consiguieran construir estas fortalezas míticas.

Kasbah Taourirt

En el caso de Taourirt, fue construida en el siglo XIX pero se conserva tan bien que cualquiera diría que tiene dos siglos de vida. Y ello pese a que una parte de ella se encuentra en ruinas, lo que llevó a un proceso de restauración por parte de la UNESCO ya que la kasbah es Patrimonio de la Humanidad. Lo curioso es que algunas familias humildes viven en los pisos superiores del ksar aledaño, al que se accede por un callejón lateral,y por 20 o 30 dirhams muestran sus hogares, antaño residencia de poderosos clanes, la versión bereber de los terratenientes medievales que había en Europa.

Kasbah Taourirt

Dentro de la kasbah, podíamos encontrar, además de las viviendas, establos, salas para recepciones oficiales y para el harén, cocinas y escuelas para los niños. Es un laberinto magnífico al que se accede por una estrecha entrada, lo que hace de esta estructura un lugar que parece estar sólo abierto a las mentes más curiosas. Las tejas de los techos fueron coloreadas artesanalmente (azafrán para el amarillo, henna para el rojo, menta para el verde, índigo para el azul y kohl para el negro).

Kasbah Taourirt

Llama la atención el escaso tamaño de las ventanas, las mushrabiyyas, para observar el exterior sin ser observado y preservar los cuartos del calor exterior, que podía acercarse a los 50º de temperatura. Todas las estancias están vacías, sin muebles, pero bellamente decoradas, con estucos pintados y falsos techos de madera. En el exterior, la telaraña de callejones y escaleras que suben y bajan parece no tener fin.

Salimos de la kasbah y nos dirigimos al cercano Museo del Cine. Porque efectivamente, el cine es el otro reclamo que nos ha traído a estas lejanas tierras. El Musée du Cinema, inaugurado en el año 2007, complementa de manera estupenda a los estudios Atlas, que visitaríamos en días posteriores.

Museo Cine Ouarzazate

El Museo, cuya entrada cuesta 30 dirhams, se ubica en el recinto de un antiguo estudio de 6.000 metros cuadrados y las autoridades locales lo construyeron con la intención de preservar mucho del material utilizado en los rodajes de la infinidad de películas que se han grabado aquí. Es verdad que el museo es un poco desastre y no hay mucha información de las películas rodadas (bastantes de ellas producciones alemanas de bajo presupuesto) pero nos pareció un lugar bastante curioso y, como digo, un buen prolegómeno para los estudios Atlas.

Museo Cine Ouarzazate

Museo Cine Ouarzazate

Museo Cine Ouarzazate

Museo Cine Ouarzazate

Los siguientes días los dedicaríamos a salir de Ouarzazate y explorar este sur de Marruecos tan enigmático. Lo haríamos con el coche / conductor que habían puesto a nuestra disposición en Desert Dream: ya os he comentado que la mejor forma de moverse en Marruecos es teniendo a alguien que conduzca por ti y más por estas carreteras sinuosas que deambulan entre montañas y dunas.

El primer lugar que visitaríamos sería el Valle del Draa, que antiguamente se conocía como el Valle de las Olivas.

Valle Draa

Comenzábamos así a descubrir este cautivador sur de Marruecos a través de un oasis que nació regado por las riadas de agua que bajaban de las montañas cercanas y del Draa, el río más largo de Marruecos, que nace en el Atlas y muere en el Atlántico. Así, durante los cerca de cien kilómetros que separan Ouarzazate de las puertas del desierto, verás miles y miles de palmeras datileras, convirtiendo a este palmeral en el mayor de todo el continente africano. Y también te irás encontrando cientos de kasbahs, algunas más grandes, otras más pequeñas y muchas de ellas abandonadas. Coméntase que es este el camino más bello de todo Marruecos. Y efectivamente, a nosotros nos lo pareció, es realmente espectacular.

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Valle Draa

Después de hacer una breve parada en el paso de Tizi-n-Tinfifite, uno de los pasos de carreteras más altos de África (1700 metros), atravesamos el pequeño pueblo de Agdz, con la montaña Jebel Kissane a sus espaldas, que hace años vio el rodaje aquí de «El Cielo Protector» (maravilloso film de Bertolucci, quizás el que mejor ha sabido retratar la belleza de Marruecos) y donde en sus alrededores vive una importante población de haritines, descendientes negros de emigrantes de Mali. Agdz, que significa «ciudad del descanso», justifica su nombre al ser en la antigüedad parada de las caravanas que atravesaban el desierto del Sahara desde Tombuctú. Estas caravanas de dromedarios (y no de camellos) comenzaron su andadura en el siglo III y no dejaron de existir hasta mediados de 1900, durante los protectorados español y francés. Los trenes de animales fueron durante siglos el principal medio de transporte de mercancías y personas entre los puertos marítimos del norte africano y el África subsahariana, aunque también existían rutas de este-oeste y viceversa.

Valle Draa

¿Con qué se comerciaba en estas rutas? No sólo con material valioso como oro, marfil, plumas de avestruz o conchas sino, desgraciadamente, también con personas, ya que fueron miles los esclavos que se llevaban a Europa. Solían liderar las caravanas bereberes y touaregs que conocían el desierto como la palma de la mano: vivieron su época de mayor esplendor entre los siglos VII y XVI, coincidiendo con la época de vacas gordas de los gobernantes islámicos del Gran Magreb y Al-Andalus, que eran de los más ricos del mundo. Tras desaparecer, se mantuvieron los antiguos caminos, por lo que literalmente podemos decir que cuando a bordo de los todoterrenos se atraviesan estas tierras, lo hacemos sobre las mismas antiguas vías que usaban aquellas caravanas.

Desierto Marruecos

Hemos llegado a Zagora precisamente a través de la carretera N-9. Zagora, primera «puerta del desierto», a la que es recomendable venir en invierno (nosotras lo hicimos en Enero), ya que en verano con facilidad se pueden alcanzar los 50 grados de temperatura. Como en nuestro viaje no haríamos noche en el desierto ni llegaríamos a las dunas de Erg Chebbi, que quedaban bastante más lejos, aprovechamos la ocasión para visitar otras dunas más cercanas, las Dunas de Tinfou.

Desierto Marruecos

Después de esto, estuvimos comiendo un sabrosísimo menú marroquí en una jaima… Riquísimo el couscos, el tajine y los pastelitos árabes.

Jaima Marruecos

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El día siguiente le comenzaríamos acercándonos a los Atlas Studios (llamados así en homenaje a las míticas montañas de Marruecos), que a mí particularmente me encantaron. Pero hagamos algo de historia y remontémonos a 1962, año en que comenzó la producción de una de las mejores películas de todos los tiempos, «Lawrence de Arabia». Los productores necesitaban recrear el exotismo de la península arábica en un lugar donde se facilitara el rodaje. Y lo encontraron en este lugar perdido de Marruecos. La luz era perfecta, no se oía un ruido en kilómetros a la redonda y las autoridades gubernamentales lo ponían fácil.

Ellos fueron los pioneros (y vieron su elección recompensada al ganar la película el Oscar a la Mejor Fotografía) pero detrás vendrían muchas películas más. En 1983 un empresario, Mohamed Belghmi, vio el potencial cinematográfico de la zona y construyó los estudios Atlas, se puso en contacto con los grandes jefazos de Hollywood y les convenció de lo conveniente que sería grabar sus producciones en Marruecos y el dinero que se ahorrarían.

Atlas Studios

Atlas Studios

Atlas Studios

Con los años, los Atlas acabaron convirtiéndose en los estudios más grandes del mundo. Se levantaron inmensos sets de rodaje que recreaban las lejanas tierras de Jerusalén, el Tibet o Egipto. Ningún set se destruye por lo que pueden ser utilizados para futuros rodajes y a los viajeros se nos da la oportunidad de disfrutarlos. Es una experiencia única. Eso sí, tenéis que tener en cuenta que sólo se pueden recorrer los estudios mediante visita guiada (en inglés), siempre que no haya ningún rodaje en marcha y que la entrada individual cuesta 50 dirhams.

Atlas Studios

Desde templos tibetanos utilizados para la grabación de «Kundun» de Martin Scorsese al set que se hizo para el «Gladiator» de Ridley Scott y Russell Crowe, el enorme templo egipcio que se construyó para «Cleopatra» (no la película de Elizabeth Taylor sino el film del año 1999 donde salía Timothy Dalton, quien ya había rodado aquí antes una del famoso agente 007, «Alta Tensión». La cuestión es quien más y quien menos en Ouarzazate ha trabajado alguna vez como extra y son muchas las familias que viven de la fabricación de atrezzo, decorados y vestuarios.

Atlas Studios

Otro set que se inspiró en Egipto fue el de la película francesa «Astérix y Obélix: Misión Cleopatra».

Atlas Studios

«El reino de los cielos», «La momia», «Alejandro Magno», «Babel», «El Príncipe de Persia: Arenas del desierto», «Juego de Tronos»… algunos de los títulos más exitosos de los últimos tiempos han sido grabados en los Atlas Studios.

Atlas Studios

Regreso al coche para visitar otro de los lugares al que más ganas tenía en este viaje: el magnífic ksar de Ait Ben Haddou. Que si no es el lugar más bello de Marruecos, con permiso de la mezquita de Casablanca, poco le falta. Por ese motivo, nos parece de lo más lógico que la serie «Juego de Tronos» escogiera este bellísimo ksar en el año 2013, para la tercera temporada más concretamente, para representar las ciudades de Yunkai y Pentos, donde Daenerys liberaba a miles de esclavos que acabarían uniéndose a su causa. Entre todos los escenarios de «Juego de Tronos» a lo largo y ancho del mundo, Ait Ben Haddou es el segundo más fotografiado tras el Krka National Park de Croacia.

Ait Ben Haddou

Ait Ben Haddou, situada en la ribera del río Ounila, responde completamente a esa idea idílica que tenemos de Marruecos y, ante todo, representa impecablemente lo deliciosa que es la arquitectura del sur marroquí. Desde el año 1987 es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, el mismo año que se rodó aquí «The Living Daylights». Quizás la grabación de la serie es lo que le ha dado algo más de popularidad pero al ser temporada baja, tuvimos la suerte de que no hubiera apenas turistas, aunque sí muchos vendedores a la entrada del pueblo nuevo. Pasear por esos callejones angostos, practicamente solas, a los que a duras penas llegaba la luz del sol fue apasionante. Costaba creer estar en un lugar tan hermoso sin tener que pegarse con otras personas para conseguir una buena foto.

Ait Ben Haddou

Cuando te dejas perder en el corazón de Ait Ben Haddou, tras haber atravesado el puente, te das cuenta de que su grandeza radica en que conviven todo tipo de moradas, desde casas humildes hasta pequeños palacetes con techos ricamente decorados. Una agrupación  de viviendas compacta y suspendida que incluye zonas comunales como una plaza pública, una mezquita, torres fortificadas y una amplia azotea donde obtuvimos fantásticas vistas del terreno plagado de palmeras que la protege. Para subir hasta arriba del todo, más que necesario llevar calzado cómodo.

En los callejones artistas locales, principalmente pintores, exponían sus cuadros, en los que el azul y el ocre eran los colores predominantes. Cuánta paz se respiraba allí, pese a que esta pausada actividad comercial recordaba a los zocos de otros pueblos de Marruecos. Pero aquí el silencio extendía su manto suavemente sobre las piedras rojizas. Sólo a ráfagas se escuchaba a lo lejos el sonido de algún instrumento tradicional bereber. Mi recomendación es que acabes la visita degustando un té a la menta en alguno de los restaurantes con terraza con vistas a Ait Ben Haddou. La imagen es de postal.

Ait Ben Haddou
Así lucía Ait Ben Haddou en «Juego de Tronos»

Tras hacer una parada para comer en un restaurante al aire libre (qué gusto tomar ese tajine al solecito rodeadas de montañas), haríamos la última excursión del viaje a la bonita kasbah de Telouet, quizás la más atractiva en lo que a interiores se refiere. Y es que si en el exterior pueda parecer que la come el abandono, con una fachada totalmente engañosa, nada te prepara para lo que encuentras al atravesar sus muros.

Kasbah Telouet

Lo cierto es que es algo muy común en Marruecos: son muchos los monumentos por los que parece no preocuparse nadie. En este caso, hay un guarda que por un sueldo mísero la muestra a los escasos visitantes que hasta aquí se acercan (aún menos en invierno). Cuando llegamos, se notaba el frío que provoca estar a 1600 metros de altura y daban aún más ganas de guarecerse en esta alcazaba que mandó ampliar Thami el Glaoui, el Señor del Atlas, ya que la kasbah en sí tenía más de dos siglos de vida y se encontraba en un estado ruinoso. Pero ahí estaba Glaoui y su fortuna, dispuestos ambos a enriquecer las habitaciones de los pisos superiores. Se dice que más de 300 trabajadores estuvieron día y noche decorando techos y paredes, convirtiendo esos amplios dormitorios en uno de los más bonitos exponentes de decoración islámica.

Kasbah Telouet

Kasbah Telouet

Para entender algo mejor la riqueza que se necesitó para convertir Telouet en un edificio magnífico para su época (pese a que no lo sea tanto ahora), hay que entender el poder que ejercían entonces en el mazhzen (el sistema feudal marroquí anterior a 1957) los pashas, equivalentes a nuestros duques. Ellos se encargaban de mantener el orden pero también de llenarse los bolsillos recaudando impuestos. Glaoui era uno de estos pashas, más concretamente el de Marrakech, y sus estrechos vínculos con el sultán le convirtieron en uno de los hombres más importantes del país. De hecho,se le sigue recordando como «el Gran Gastby de Marruecos» y en su época eran famosas las fiestas tan opulentas que celebraba dentro de la kasbah.

Kasbah Telouet

Gracias a la estratégica ubicación de una de sus kasbahs, esta de Telouet, en la ruta de las caravanas, la familia Glaoui controlaba el comercio de aceitunas, sal y azafrán. Sin embargo, al aliarse Glaoui con los franceses para expulsar a Mohammed V del poder, fue este considerado un traidor, perdió toda su influencia y al igual que decayó su bonanza, comenzó a desmoronarse Telouet. Por dicho motivo, por encontrarse escondida en las alturas, no recibir apenas visitantes y ser una joya morisca que sólo degustan unos pocos, Telouet puede ser el broche de oro para un viaje en el que constantemente se rememora, mientras suena la brisa del desierto, la magnificencia de una época que ya no volverá pero que nos ha dejado una herencia única en el mundo.

2 comentarios

  1. Un reportaje magnífico. Necesito volver por allí. Ahora comprendo que me he dejado muchas cosas por visitar.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

  2. Author

    Gracias por tus palabras, Alberto. Marruecos es un país magnífico al que siempre gusta regresar. Un placer tenerte por aquí. Un abrazo!

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