Viajar a Marruecos siendo mujer: desmontando prejuicios

Desde que comencé hace años el blog, han sido muchas las lectoras que me han escrito preguntándome por mis viajes por Marruecos. Aún son muchas las mujeres que parecen no atreverse a dar el salto de visitar el país vecino si han de viajar solas, pese a que muchas de ellas han viajado por su cuenta por otros muchos lugares. En este sentido, siempre incido en que los medios de comunicación continúan haciendo mucho daño a la reputación de Marruecos. Y desde que el mundo entero sufre atentados yihaidistas, aún más, pues son muchas las personas que tienden a asociar al mundo musulmán con inseguridad, peligro, terrorismo e intolerancia. En mi opinión, es este un error garrafal. A lo largo de la historia, se cuentan por millones las mujeres que han viajado a Marruecos, especialmente a principios del siglo XX, cuando era un protectorado de Francia y eran muchas las galas que pasaban allí sus vacaciones, buscando el exotismo árabe. Marruecos siempre se ha caracterizado por ser un país muy hospitalario con el turista. Y pese a por su cultura conservar unas costumbres que a veces poco tienen que ver con las occidentales, quizás su cercanía a Europa le ha convertido en uno de los países musulmanes más permisivos con las conductas de las extranjeras. He viajado por Marruecos con pareja, con amigos e incluso con una amiga las dos solas. Y en ningún momento me he sentido insegura, con la sensación de que fuera a ocurrirme algo malo o preocupada por mi integridad física. Es un país al que volvería una y mil veces y reconozco que me paso la vida intentando convencer a las amigas que aún no lo han visitado de que es un país fascinante, que te enamora y atrapa desde el primer momento en que pones un pie en él. Muchas de ellas han seguido mis consejos y cuando han regresado me han dicho “Maribel ¡qué razón tenías!”. Y es que los miedos la mayor parte de las veces son malas pasadas que nos gasta nuestra imaginación pero que en la práctica poco tienen que ver con la realidad.

Cuando uno viaja a cualquier otro lugar del mundo, ya no sólo Marruecos, ha de tener una cosa en mente: se debe ser respetuoso con la cultura ajena y adaptarte tú a ella, no ella a ti. Y, sobre todo, hacer la maleta sin ningún tipo de prejuicio previo. Si te sientes nerviosa, vas con miedo, en definitiva, no estás convencida, mejor quédate en casa o elige otro destino. Si no vas con la mente abierta, vas a ver fantasmas en cada esquina. Vas a viajar a un país musulmán, no a la Edad Media. Cuando uno desconoce un sitio (o lo conoce sólo de oídas, que a veces es peor porque la información llega bastante distorsionada) y sólo se queda con las noticias negativas, tiende a pensar que lo que le espera es un destino complicado donde va a tener mil problemas. Aún recuerdo una de las veces que comenté que iba a pasar unos días sola en Bangkok y escuché comentarios como “¡ay qué miedo, si allí sólo hay drogas y prostitutas!”. Mi cara, evidentemente, era un poema. He paseado más tranquila yo sola a altas horas de la noche por la capital de Tailandia que por algunas calles de Madrid. Como se suele decir, los prejuicios se curan viajando y lo recomendable es que juzgues por ti misma. ¿Que vas a Marruecos y no te gusta la experiencia? No pasa nada, no hace falta que te flageles: no todos los países han de ser del gusto de todo el mundo y cada cuál tiene sus preferencias. Pero sería una lástima que fuera uno de tus destinos soñados y no te regalaras la opción de conocerlo sólo por miedo. Uno no sabe lo ancho que es un precipicio hasta que lo salta.

Cuando una es mujer y viaja a Marruecos, ha de saber que viaja a un lugar donde las normas sociales son algo estrictas en comparación con las nuestras. Y una de ellas incluye la vestimenta. Aún así, mucha gente tiende a creer que todas las mujeres marroquíes van con hiyab o tapadas hasta los pies. No, no es así. Lo llevan las que quieren y las que no, no, he visto a muchas locales con escotes, minifaldas, pantalones ajustados y maquilladísimas, sobre todo en las ciudades norteñas (según bajes más al sur, notarás que el país se torna más conservador). Sin embargo, mujer prevenida vale por dos, así que mi consejo es que intentes evitar las camisetas que dejen los hombros a la vista, los escotes y los vestidos insinuantes. No hay mayor problema en ello: si cuando vas a un país tropical, adaptas tu indumentaria al entorno y en zonas selváticas te cubres brazos y piernas para que no se den contigo un festín los mosquitos ¿por qué no hacerlo por un motivo cultural? Que también conozco muchas mujeres que dicen “pues yo tengo derecho a vestirme como me dé la gana” y no les quito la razón. Pero a veces es más prudente hacer caso al sentido común y evitarte complicaciones. ¿Y por qué? Pues porque esto sí que es una verdad como un templo: es cierto que se te van a acercar muchos marroquíes a echarte piropos. Pero eso también pasa en Cuba y nadie deja de viajar a La Habana por esa razón.

Los hombres marroquíes no tienen muchas oportunidades de conocer mujeres fuera del ambiente familiar, por lo que hay que comprender que las extranjeras les llaman mucho la atención. Pero hay que tener en cuenta que también son muchas las mujeres marroquíes que se acercarán a hablar contigo, sólo por la curiosidad de que les cuentes cosas sobre tu país de origen. Sobre todo en pueblos pequeños, serás la novedad y es lógico que llames la atención (sobre todo si eres rubia como yo) si no están acostumbrados al turismo. Pero eso no significa que te veas obligada a dar conversación a quien no te apetezca. Intenta evitar situaciones en las que esté clarísimo que eres una turista despistada (vamos, que con una cámara colgada al cuello, un mapa en la mano y cara de estar más perdida que un sordo en un bingo eres carne de cañón), más que nada porque se te van a acercar muchos a ofrecerse como guía. Y si aún así consideras que alguien se pasa de insistente y te está molestando, pese a que hayas ignorado sus comentarios, dile firmemente que se acabó la conversación, sin por ello ser maleducada (muchas veces una actitud agresiva empeora las cosas); si esto no sirve (que suele servir el 90% de las veces), mencionar a la policía es mano de santo. Nadie quiere complicarse la existencia. Y echa mano de la palabra “hashouma”, que se podría traducir como “qué vergüenza”: el marroquí tiene mucho sentido del orgullo y reprocharle que se está comportando mal casi siempre es el mejor de los remedios. De todos modos, comprobaréis que si algún hombre se pone pesado, son muchos otros los que le llaman la atención y vienen en vuestra ayuda: es injusto juzgar a todo el género masculino por el incorrecto comportamiento de unos pocos.

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Viaje a Meknes

Si es la primera vez que viajas a Marruecos (y con más motivo si lo haces sola) mi consejo es que no comiences por Marrakech. Es la única ciudad marroquí donde los buscavidas me han hecho sentir realmente incómoda pero no por el hecho de ser mujer sino simplemente por ser turista. Sería una pena que te llevaras una idea errónea del país sólo por comenzar en la ciudad equivocada. Marrakech es una ciudad excesivamente turística y a veces los vendedores, los guías clandestinos, incluso los niños, pueden llegar a ser muy agobiantes (lo que, insisto, no es sinónimo de “peligrosos”). Por eso mi consejo es que empieces por una ciudad como Tánger, mucho más europeizada, donde buena parte de su población habla español y donde se respira más libertad social. En ciudades costeras como Essaouira, famosas por su ambiente bohemio y haber sido hogar de tanto artistas, muchos de ellos extranjeros, están acostumbradísimos a ver mujeres occidentales y el ambiente también es mucho más tranquilo: puede ser otra buena opción para empezar. En cualquier caso, notarás que estás mucho más cómoda si viajas por pueblos pequeños, pues pese a que la gente pueda ser algo más conservadora, también es cierto que conservan esa inocencia y hospitalidad que a veces parece haberse evaporado en las grandes ciudades.

Si aún así eres de las que se emparanoia porque te digan “guapa” por la calle (o Maria José, que parece que en Marruecos muchos se creen que todas las españolas se llaman así), no hace falta que lo pases mal innecesariamente. Si coges el transporte público, intenta buscar asiento al lado de otra mujer, si tomas un grand taxi, intenta no ser la única fémina (ya sabes que muchos taxis son compartidos), usa gafas de sol para evitar el contacto visual directo (que algunos marroquíes entenderán como una invitación a iniciar una conversación) y si aún así te quieres quedar más tranquila, desliza en tu dedo un falso anillo de compromiso: es increíble como un detalle así espanta a posibles admiradores. En las estaciones de buses o trenes, rechaza, siempre amablemente, a los que se ofrezcan a cargar con tu mochila o comprarte un billete: que seas mujer no quiere decir que no seas autosuficiente y no puedes hacerlo tú sola.

Te darás cuenta que en muchas cafeterías solamente hay hombres y si ves alguna mujer, esta será extranjera: en muchos casos no hay ni WCs para mujeres, con eso te lo digo todo. Que ello no te eche para atrás, no prescindas de tomarte un té a la menta mientras contemplas el anochecer por miedo a que alguien te moleste. Como he dicho antes, Marruecos es un país muy acostumbrado a ver viajar mujeres solas. Pero si te quedas más tranquila, pregunta a los dueños de tu riad qué cafeterías te recomiendan e intenta no beber cerveza, que parece una tontería pero algunos marroquíes creen que una mujer sola bebiendo alcohol es lo más parecido a una invitación a la lujuria. E incluso yendo más allá, si notas que no te terminas de sentir cómoda viajando sola, contrata un guía oficial (cobran poco) y aparte de culturizarte, evitarás que nadie se te acerque a darte la brasa y preguntarte si buscas novio.

Otro de los mitos que se suelen caer cuando viajas a Marruecos (o al menos a mí me ha ocurrido) es cuando vas a la playa. Mucha gente aún piensa que en las playas marroquíes no hay mujeres y si las hay, estas van con un burka. Yo he estado en playas bastante turísticas y no me he encontrado situaciones así de extrañas, he usado mi bikini sin problemas, aunque sí aclaro que suele estar prohibido el topless.

Perderse en Marruecos es algo que te va a ocurrir sí o sí, es inevitable. Esos laberintos de callejuelas sin dirección que las identifique son lo más normal: por lo tanto, intenta visitar las medinas a plena luz del día o cuando las tiendas estén aún abiertas, que suele ser hasta las once o doce de la noche. Pero esto no es porque sea Marruecos, es algo que te recomendaría en cualquier lugar del mundo: una mujer sola en plena noche en una zona en la que no pasa un alma es presa fácil. Así que nada de pasear por suburbios o áreas en las que no haya gente.

Después de estas recomendaciones pareciera que el acoso a la mujer es lo habitual en Marruecos. No, no es el caso pero a veces sí podrás sentirte algo incómoda si se da una situación así y es mejor estar advertida. Insisto no obstante en que el 90% de la población es amabilísima, acogedora y te abren las puertas de sus casas y de su corazón. En mis viajes por Marruecos, he dado con personas (tanto mujeres como hombres) exageradamente educados, cariñosos y con muchas ganas de borrar esa mala imagen que a veces se llevan los turistas. Y como comento, tampoco hay que llevar excesiva precaución en todo lo que hagas: que un vendedor quiera regatear contigo (que allí es lo habitual) no quiere decir que esté ligando (seguramente tendrá mujer y varios hijos) y que alguien te ofrezca ayuda desinteresada, sin esperar nada a cambio, es común: no se puede ir pensando mal de todo el que se te acerque porque sería injusto. Y lo cierto es que en líneas generales Marruecos cuenta con una población maravillosa que constituirá uno de los mejores recuerdos de tu viaje: de ello estoy completamente segura.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Elsa Camins dice:

    Maribel me ha gustado mucho tu post, ya hace tiempo que estoy pensando en hacer un viaje sola y me has animado a hacerlo. Ahora solo falta decidir a donde ir 🙂

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    1. Gracias Elsa! Viajar sola da muchas satisfacciones: eliges tu propio itinerario, no has de ponerte de acuerdo con nadie acerca de rutas o horarios, si te apetece un día quedarte en la piscina lo haces y punto… Y además verás que es mucho más fácil conocer a otros viajeros. Tailandia es un buen punto de partida: verás que allí hay muchas mujeres que viajan solas, yo lo he hecho y fue una experiencia única… ¡Un abrazo!

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  2. gafasdeviaje dice:

    Me encantó tu articulo y como dices, caminar sola de noche en una calle aislada no se recomienda ni en el pais mas seguro, no importa la religión ahí, sino sentido común.

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    1. Efectivamente, siempre hay que anteponer la prudencia…en cualquier país 😉

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