Rincones secretos de Nueva York de los que no te hablan las guías

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Nueva York, aparte de tener el sobrenombre de “la ciudad que nunca duerme”, debería ser también conocida como “la ciudad que nunca se acaba”. Y es que ya puedes hacer mil viajes a la urbe de los rascacielos que siempre te quedarán en el tintero rincones increíbles por descubrir. Nueva York no sólo es cuna de artistas sino también el hogar de mentes prodigiosas siempre dispuestas a innovar y destino de miles de inmigrantes que llegan con su maleta llena de un montón de propuestas novedosas. Eso por no hablar de todos los turbios acontecimientos que ha visto acontecer su  agitada historia, de los misterios que se esconden en sus callejones oscuros y de los curiosos establecimientos que muchas veces desconocen hasta los propios locales. De la Estatua de la Libertad, de Chinatown, del Museo de Historia Natural o del Empire State Building ya te hemos hablado largo y tendido en el relato de nuestro viaje a Nueva York. Pero ¿qué hay de esos rincones secretos, joyas ocultas, que no aparecen en las guías turísticas? ¿Te apetece hacer con nosotros un tour de lo más insólito por aquellos lugares de los que no oíste nunca hablar? Pues cálzate tus zapatillas más cómodas y allá vamos.

Comenzamos nuestro atípico recorrido en el Mmuseum. Y lo primero que llama la atención es su ubicación: un antiguo ascensor de carga en un pequeño callejón del barrio de Tribeca, más exactamente en Cortlandt Alley. Abierto los fines de semana entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde, esta diminuta galería que acaso tenga el aforo museístico más pequeño del mundo (tres personas) va acogiendo exposiciones temporales que se van alternando debido a lo reducido de su espacio. Hasta el momento, se nos ha brindado la oportunidad de admirar objetos como el zapato que le lanzaron al presidente George Bush en una conferencia de prensa, una colección de dos centenares de mosquitos traídos de Nueva Delhi, una maqueta de Aleppo (la ciudad siria destruida por la guerra) confeccionada por un niño de catorce años, un paquete para niños de Superstar (la versión iraní de McDonald’s), objetos encontrados en el desierto pertenecientes a mexicanos que intentaban atravesar la frontera, botes de perfume con forma de cuerpo humano o incluso mensajes de whatssap muy especiales: los últimos que enviaron muchas personas antes de fallecer. Y como el recinto se queda pequeño para todas las exposiciones pendientes, se ha abierto un Mmuseum 2, que no es otra cosa que una vitrina colocada justo al lado del primero.

También en Tribeca, más exactamente en el 14th North Moore Street, contamos con un rincón que hará bien felices a los más cinéfilos: el edificio de bomberos donde montaron su oficina “Los Cazafantasmas”. Y sí, efectivamente, en la realidad los bomberos trabajaban aquí y hay una exposición que muestra los relojes y teléfonos que usaban en aquella época. Ya puestos, si lo tuyo es el cine, vamos a recomendarte otro lugar que habrás visto mil veces en televisión: la rejilla del metro donde a Marilyn Monroe el aire le subía su vaporoso vestido blanco. Está en Lexington Avenue & E52nd. Street.

Marilyn Monroe "Seven Year Itch", 1955

Hablando de parques, desde el 2015 podemos disfrutar en Battery Park de un curioso carrusel de cristal, el Seaglass, dentro de una cúpula que emula a un submarino, con peces mecánicos que te harán sentir que te encuentras varios metros bajo el agua y con música ambiental que aumenta aún más el efecto nautico. Darte una vuelta de tres minutos en este original tiovivo cuesta cinco dólares, gratis para los niños menores de doce años. Y en otro parque, el Clinton Cove, podrás entrar al interior de una escultura gigantesca con forma de botella, obra del artista Malcolm Cochran, llamada Private Passage.

Nueva York, como buena ciudad que continuamente se está reinventando, conserva aún muchísimas ruinas de edificios que fueron abandonados pero no demolidos. Entre ellos se encuentra el hospital Smallpox, en la isla de Roosevelt, que durante muchos años se dedicó a acoger a enfermos de viruela, esa enfermedad que los europeos llevamos a América en las mantas de los barcos y que ya se había llevado por delante la vida de millones de personas en el Viejo Continente (no fue oficialmente erradicada del mundo hasta 1979). En la isla de Roosevelt se pretendía aislar a los enfermos de la población sana; con la disminución de la llegada de pacientes, se convirtió en un asilo para enfermeras y posteriormente quedó abandonado a mediados del siglo XX. Su interés histórico provocó que el ayuntamiento decidiera no derribarlo y hoy en día es el hogar de una de las colonias felinas más numerosas de la ciudad.

¿Quién no ha ido a Nueva York y pasado una agradable mañana al sol paseando por Central Park? Sin embargo, no es este el único refugio natural en el que escapar de tanto rascacielos. Por poner un ejemplo, en el Ford Foundation Building tenemos una mini jungla en el que podemos encontrar arbustos enanos y magnolias rodeados por terrazas de cristal. Un jardín tropical en el que hasta hay una pequeña cascada y que permite crear un ambiente idílico para los oficinistas que allí trabajan.

¿Sabías que en Nueva York hay un museo dedicado por completo al sexo? Se inauguró hace quince años y podrás visitarlo en el 233 dela Quinta Avenida: tras el cierre del de San Francisco, es el museo más importante dedicado a este tema en Estados Unidos. Se le conoce también como MoSex y aunque al principio las autoridades pusieron pegas a su apertura, así como la furiosa oposición de líderes religiosos, en la práctica se ha demostrado que es una visita de lo más didáctica. La entrada cuesta 20 dólares, no se permite el acceso a menores de 18 años y ofrece un exhaustivo repaso por la historia del sexo a lo largo de la historia, con exposiciones fijas y temporales que muestran, entre otras cosas, la represión sufrida por gays y lesbianas, el comportamiento sexual de los animales, exhibiciones basadas en el hardcore, obras de arte de inspiración sexual, la historia del sexo en los comics o la evolución de la industria del cine porno, sin olvidar dejar espacio para artistas de todo el mundo que exponen aquí sus obras más controvertidas.

En una ciudad en la que los precios de los alquileres son prohibitivos, cuesta entender como en pleno distrito financiero, en el 5 de Beekman Street, podamos encontrar un precioso edificio que durante diez años no tuvo ni un solo inquilino, pese a que fue el tercer edificio de Nueva York en contar con un lujo antaño desconocido: el ascensor. Ubicado sobre lo que fue el Chapel Street Theatre (donde se representó “Hamlet” por primera vez en NY), sufrió a finales del siglo XIX un incendio que destrozó cuatro de sus pisos, aunque afortunadamente sobrevivieron los dragones de metal que decoran su atrio. Actualmente se ha reconvertido en un hotel de lujo.

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Uno de mis rincones favoritos en Nueva York: la estatua de Alice in Wonderland en Central Park

¿Es posible encontrar un barrio típicamente inglés en Manhattan? Aunque sea difícil de creer, la respuesta es sí. En pleno Upper West Side se halla un curioso vecindario, Pomander Walk, considerado Distrito Histórico. Más que un barrio, en realidad es una colorida calle de casas de estilo Tudor que se construyeron en 1922, el sueño de un inmigrante irlandés, Thomas Healy, que quería tener en Nueva York un recuerdo real de la campiña inglesa. Estas 28 casas son en la actualidad no son de las más caras de la ciudad (cuestan unos 700.000 dólares) pero a sus dueños les cuesta mucho desprenderse de ellas, precisamente porque son únicas e incomparables. Pero esta no es la única curiosidad procedente de Europa que podremos ver en Manhattan: también hay una porción del Muro de Berlín (cuatro concretamente) en el 520 de Madison Avenue junto a un bloque de oficinas. Anteriormente se exponían en la calle pero debido a una inundación que las dañó, actualmente se encuentran en dicha dirección pero a cubierto.

En Nueva York se encuentra también la farmacia más antigua del país, la C.O. Bigelow, que ha tenido clientes tan prestigiosos como Mark Twain o Thomas Edison. Abrió en el año 1838, por lo que lleva casi dos siglos poniendo a disposición de los neoyorkinos (y de los turistas) todo tipo de medicamentos y bálsamos. Y hablando de edificios antiquísimos, la sinagoga más veterana de la ciudad (que también fue en su época la mayor de Estados Unidos), construida por los judíos alemanes, es hoy propiedad de un escultor español, Angel Oresanz, quien la ha convertido en un gigantesco espacio de trabajo que sirve además como galería de exposiciones y ha sido escenario de conciertos de artistas tan conocidos como Lou Reed. La sinagoga mantiene su estructura arquitectónica original y es uno de los lugares más singulares de Manhattan; eso sí, si quieres visitarla en el 172 de Norfolk has de reservar previamente. No es esta la única sinagoga que ahora tiene finalidades artísticas. En la sinagoga de Eldridge Street, en el barrio que antiguamente se conocía como Jewish Plymouth Rock, también hay un museo, aunque una pequeña comunidad de judíos ortodoxos sigue usándola como sinagoga.

Justo debajo del Waldorf-Astoria (101-121 East 49Street), tenemos la Track 61, una antigua estación de tren que se construyó con la idea de que los presidentes que estuvieran de visita en la ciudad pudieran escapar rapidamente en una situación de emergencia. No hay mucho que ver más allá de un viejo tren abandonado pero el lugar conserva su interés sabiendo, pese a que obviamente no lo han confirmado por ser secreto de estado, que varios políticos llevaron a cabo aquí sus movimientos en la más absoluta clandestinidad. Y no es la única estación abandonada. En 1948 se dejó de usar la de la 18th Street: si coges el tren número 6, podrás verla desde la ventanilla.

¿Quieres tomarte una copa en un club en el que, literalmente, las paredes están repletas de calaveras de oro de varios quilates? Entonces dirígete al Goldbar en el 389 de Broome Street. Desde hace diez años es uno de los clubs más exclusivos de la Gran Manzana, el colmo de la sofisticación, y podrás degustar alguno de sus carísimos cocktails (no hay nada que baje de los 18 dólares) mientras pinchan allí los mejores DJs del mundo.

Harry Houdini está considerado el escapista más famoso del mundo. Este singular mago húngaro, que murió queriendo demostrar que era capaz de aguantar una tanda de puñetazos de un boxeador que acabó reventándole el apéndice, tiene en el 421 de la Séptima Avenida, en la tienda Fantasma Magic más concretamente, un pequeño museo dedicado a su vida y obra. Allí podrás pasearte entre las esposas y camisas de fuerza con las que realizaba sus números.

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Graffiti Hall of Fame

El Grafffiti Hall of Fame es otro de esos rincones que suele pasar desapercibido para el turismo. Buena culpa acaso la tenga que se encuentra en el barrio de Harlem, por lo que no suele ser parada habitual de los que llegan a la ciudad por primera vez. Aunque nació como una galería al aire libre no autorizada hace ya tres décadas, su éxito entre los graffiteros de todo el mundo es indiscutible: todos quieren tener la suerte de poder decorar estos muros, en la ciudad del graffiti por excelencia.

En Central Park hay un obelisco egipcio. Se construyó en la ciudad de Heliópolis (Egipto) en el 1450 antes de Cristo, fue regalado a Estados Unidos en 1881 y para trasladarlo desde el río Hudson fueron necesarios nada más y nada menos 32 caballos. Y aunque parezca increíble, en la entrada del restaurante Delmonico en Beaver Street (el primero de Nueva York que sirvió a sus clientes menús y puso manteles en las mesas), las dos columnas que custodian la puerta son de las ruinas de Pompeya.

Los rincones insólitos en Nueva York parecen no acabar nunca:  también tenemos una esquina dedicada al científico Nikola Tesla en la 40th con la Sexta Avenida, así como una estatua en homenaje a Lenin (¡sí, en USA!) en el edificio Red Square en Norfolk Street. En el 75 de Wall Street lo que ahora ocupa un gigantesco rascacielos de 45 pisos era el terreno usado por el antiguo mercado de esclavos cuando la ciudad era conocida como New Amsterdam y que estuvo operativo durante ciento cincuenta años: una pequeña placa recuerda tan funesta época. En el 332 de Riverside Drive nos encontramos con una estatua, la de Shinran, que sobrevivió a la bomba atómica de Hiroshima y en el 5East 59th Street, donde ahora se halla un bar de vinos italianos, se fundó el primer club de Playboy de Nueva York. En el 230 de Grand Street podremos ver una tienda dedicada exclusivamente al durian (esa fruta con la que me he tropezado tantas veces en mis viajes por Asia y que tiene el olor más apestoso sobre la faz de la tierra) y en el Museo de la Estatua de la Libertad se guarda en su hall la antorcha original que llevaba el monumento. Y aún hay más porque también tenemos una pequeña cascada en Greenacre Park, uno de los cementerios más bonitos del mundo (el Green Wood Cemetery), la tienda Obscura en el 207 de Avenue A, donde venden objetos de lo más terroríficos (hay otra, The Evolution Store, donde hasta tienen esqueletos de pequeños fetos) y hasta un museo dedicado a los gangsters.

Para ir acabando, dejemos un pequeño hueco para la gastronomía y vayámonos a conocer algunos de los restaurantes más originales de Nueva York. Podemos comenzar por Kenka, el que está considerado el japonés más exótico de Manhattan (25 St. Marks Pl.), aunque eso sí, es bastante caro (hay otro japonés bastante curioso, el Ninja, decorado como un pueblo japonés de la época medieval). Tenemos también el Jeckyll &  Hyde, donde podrás cenar rodeado de esqueletos y presenciar espectáculos como el renacimiento de Frankenstein, The Black Ant si te gustan las emociones fuertes y quieres comer insectos, el Camaje Bistro (donde se cena a oscuras), el Burke & Willis, especializado en carne de canguro,  el The Beauty Bar, donde te sirven cocktails mientras te hacen la manicura, The Heath (ambientado este como un cabaret de los años 20), Beetle House (inspirado en las películas de Tim Burton), Apotheke, decorado como una antigua farmacia, La Caverna, que simula estar en una cueva, Burp Castle (esta vez creeremos estar en un monasterio, con una de las mejores cartas de cerveza artesanal de NY), el Ellens Stardust, un restaurante cincuentero donde las camareras cantan subidas a las barras, Tom’s Restaurant (donde se rodó la serie “Seinfeld”) o el Vynl, donde cenarás rodeado de vinilos.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Muy bueno, claro que sí. Nueva York es inacabable, un mundo en pequeño. Gran post.

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  2. Gracias Antonio! Lo cierto es que esto es una mínima parte de todo lo que NY esconde pero nos apetecía hacer un pequeño tour por lugares que mucha gente desconoce. ¡Un abrazo!

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  3. @lara_aroundtheworld dice:

    Muy completo! Este verano fuimos a NY, y tuvimos la gran suerte de entrar en Pomander Walk, ya que el callejón está cerrado con llave por ambas entradas.. y después de un buen rato meroeando, un señor nos abrió y nos dejó hacer unas pocas fotos dentro, y la verdad es que es una chulada 😉

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    1. Sí, en un principio es sólo accesible para residentes pero como bien dices, siempre hay algún vecino que se tira el rollo…

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  4. Naroa Ugarte dice:

    Hasta ahora NY nunca me había llamado demasiado la atención, pero este post me ha dado muchas ganas de visitarlo. Qué rincones tan interesantes 💖

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    1. Gracias Naroa! Me alegro que te haya gustado tanto!!

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