Novelas viajeras que deberías haber buscado en la Feria del Libro

Hay un even­to en Madrid, fiel a su cita anu­al, que jamás quer­e­mos perder­nos: la Feria del Libro. Ubi­ca­da de nue­vo en el Par­que del Retiro, este año cumple su edi­ción número 78, demostran­do que a los madrileños nos sigue apa­sio­n­an­do eso de ten­er un libro entre las manos. Una boni­ta cos­tum­bre que se inten­ta implan­tar entre los más pequeños gra­cias, entre otras ini­cia­ti­vas, a la exis­ten­cia del Pabel­lón Infan­til, donde entre sem­ana mul­ti­tud de cole­gios acer­can a sus alum­nos para que dis­fruten de los talleres, las nar­ra­ciones y el encuen­tro con difer­entes escritores.

Feria Libro Madrid 2019Me llena de nos­tal­gia saber de este proyec­to ya que me recuer­da a mi mis­ma en mi infan­cia, devo­ran­do los libros de la colec­ción El Bar­co de Vapor… ¡qué de recuer­dos me traen títu­los como “Fray Peri­co y su bor­ri­co”, “El pira­ta Gar­ra­p­a­ta”, “Cucho” o “Un agu­jero en la alam­bra­da”! Recuer­do tam­bién con una son­risa en los labios la saga de Los Cin­co o El Club de los Siete Secre­tos de Enid Bly­ton, los de “Elige tu propia aven­tu­ra” (pio­neros en eso de escoger un final u otro, los niños de entonces nos sen­tíamos de lo más osa­dos), “La his­to­ria inter­minable”, la colec­ción de Puck o los tebeos de “Esther y su mun­do”…

Esos boni­tos ini­cios lit­er­ar­ios que vivíamos de niños y que nos deja­ban un amor por la lec­tura del que, por for­tu­na, ya nun­ca nos podríamos desprender.Gracias a esa devo­ción por la lit­er­atu­ra, dis­fru­ta­mos tan­to cada año de la Feria del Libro, pese a que la masi­va aflu­en­cia de gente en muchas oca­siones haga algo caóti­ca la visi­ta. En esta ocasión, por ejem­p­lo, fuimos a la fir­ma de San­ti­a­go Loren­zo (¡aunque no sea un libro de via­jes, he de recono­cer que “Los asquerosos” es mi libro favorito de los últi­mos tiem­pos!) y la cola era inter­minable. Pero es inmejorable ocasión para des­cubrir qué se cuece en las edi­to­ri­ales, cuáles son las nuevas prop­ues­tas y, por qué no, rescatar aque­l­las nov­e­las que aunque edi­tadas hace años, no han per­di­do ni un ápice de su interés.

Por dicho moti­vo, en esta ocasión no hemos queri­do cen­trarnos en las novedades más recientes (que esas ya se pre­ocu­parán de metérte­las por los ojos en los stands) sino en algunos de los libros de via­jes que más me han gus­ta­do en los últi­mos años.  Ya sabéis que en la sec­ción Lit­er­atu­ra de Via­jes me gus­ta a menudo inspi­raros con mis últi­mas lec­turas.

Viaje Egiptologo IngenuoEl via­je de un egip­tól­o­go ingen­uo: Peripecias de un español en Egip­to

El primero de los libros que me apetece recomen­daros, “El via­je de un egip­tól­o­go ingen­uo: Peripecias de un español en Egip­to”, le encon­tré un día casi de casu­al­i­dad, traste­an­do entre las estanterías de libros via­jeros de la bib­liote­ca. Iba yo esa tarde con ganas de meter­le mano a algo rela­ciona­do con Egip­to pero como mis últi­mas adquisi­ciones egip­cias habían sido nov­e­las o libros de His­to­ria (os vuel­vo a recor­dar esa mar­avil­la de biografía de Cleopa­tra que escribió Sta­cy Schiff y de la que hablam­os en el artícu­lo Cleopa­tra: la excusa para vis­i­tar Egip­to ), decidí bus­car el rela­to de algún via­jero. Y allí esta­ba esperán­dome Tito Vivas, un egip­tól­o­go apa­sion­a­do de su pro­fe­sión que te acer­cará a una parte de Egip­to que no suele apare­cer en las guías turís­ti­cas. De este modo, cono­cerás mon­u­men­tos de los que prob­a­ble­mente no te suene ni el nom­bre (y eso es bueno porque el fac­tor sor­pre­sa toma entonces peso rel­e­vante) y te dejarás seducir por his­to­rias antiquísi­mas que se pier­den bajo las are­nas del desier­to. ¿Quién mejor que alguien que lle­va años y años entre excava­ciones arque­ológ­i­cas para des­gra­nar la his­to­ria de una civ­i­lización  que trein­ta sig­los después con­tin­ua con­sti­tuyen­do un enig­ma abso­lu­to? Un rela­to fasci­nante ameniza­do por las sor­pren­dentes his­to­rias, muchas de ellas no exen­tas de humor negro, que sólo pueden brindarnos tur­is­tas despis­ta­dos, sacacuar­tos vende­hu­mos y los difer­entes per­son­ajes de diver­sa índole que han ido cruzán­dose con Tito en sus via­jes por el país de las Pirámides.

La vuelta al mundo de Lizzy FogLa vuelta al mun­do de Lizzy Fog

Diver­tidísi­mo libro a car­go de la peri­odista zaragozana Elis­a­beth G. Ibor­ra, a la que prob­a­ble­mente ya conocieras por su exten­sa car­rera lit­er­aria y por el boom que supu­so la nov­ela “Anéc­do­tas de enfer­meras”. En esta ocasión, para rego­ci­jo nue­stro, se vuel­ca en su fac­eta via­jera, dan­do repa­so a la vuelta al mun­do que la llevó por más de una trein­te­na de país­es durante año y medio. Curiosa­mente, elim­inó del rela­to algunos lugares como Ecuador, India o Viet­nam (este últi­mo donde peor lo pasó), por el mal sabor de boca que le dejó allí la expe­ri­en­cia y que se plantea recoger en otra futu­ra nov­ela, para avis­ar a los lec­tores de “cómo no via­jar en dichos des­ti­nos” y así evi­tar los errores que cometió ella.

“La vuelta al mun­do de Lizzy Fog”, aún así, puede servir como guía idónea para esas mujeres que aún no se han atre­v­i­do a dar el paso de via­jar solas, ya que Elis­a­beth es el ejem­p­lo per­fec­to de cómo moverse con desparpa­jo en todo tipo de cul­turas, aunque ella mis­ma insiste en que “este tam­bién es un libro para hom­bres”. Des­de los minús­cu­los pueb­los de las islas grie­gas a las mezquitas de Mala­sia o la inmen­si­dad del desier­to aus­traliano (quizás el capí­tu­lo que más dis­fruté del libro).

Y es que el libro no sólo está lleno de con­se­jos prác­ti­cos (a mi me vino genial leer­lo unas sem­anas antes de via­jar a Cos­ta Rica y saber de primera mano lo carísi­mo que era el país) sino tam­bién de recomen­da­ciones para dis­fru­tar al máx­i­mo la expe­ri­en­cia de via­jar en soli­tario, aca­so la que más per­mite y ani­ma a hac­er cien­tos de ami­gos por el camino. Ami­gos que en el caso de Elis­a­beth se mantienen en con­tac­to diez años después.

Pedro Paramo_Easy-Resize.com

Pedro Páramo ya no vive aquí

De otro libro de Paco NadalEl cuer­no del ele­fante: via­je a Sudán , ya te ofrec­i­mos una exten­sa reseña hace tiem­po. Pero hubo un libro que ya años antes me gustó en la mis­ma medi­da, “Pedro Páramo ya no vive aquí”. Ese Pedro Páramo que se con­vir­tió en la nov­ela más famosa de Juan Rul­fo y que sirve a Nadal de excusa para recor­dar los numerosos via­jes que ha hecho por Méx­i­co, en su may­or parte en auto­bús (esos auto­bus­es cocham­brosos que lle­gan a cualquier rincón del país y que son un cúmu­lo de his­to­rias sur­re­al­is­tas). Des­de Chi­a­pas y la figu­ra del sub­co­man­dante Mar­cos a la locu­ra de coches y boci­na­zos de Méx­i­co DF o la des­o­lación de Chi­huahua. Miles de anéc­do­tas aderezadas por los eflu­vios intan­gi­bles del pey­ote, la figu­ra de Pan­cho Vil­la, las super­sti­ciones y el chaman­is­mo. Un libro espec­tac­u­lar que me tra­jo tan­tos y tan buenos recuer­dos de mi pro­pio via­je por Méx­i­co.

Galapagos Kurt Vonnegut

 

Galá­pa­gos

“Galá­pa­gos” fue un libro que leí hace años y que me dejó una pro­fun­da huel­la. Porque si a una nov­ela via­jera le sumas esa sen­sación de que un libro te deje durante días y días dán­dole vueltas a lo que has leí­do ¡ben­di­ta com­bi­nación! Un mun­do apoc­alíp­ti­co (aunque suene raro que dicho Apoc­alip­sis acon­teciera en 1986) en el que una epi­demia a niv­el glob­al deja estériles a las mujeres y el úni­co reduc­to de per­sonas fér­tiles es un pequeño grupo de per­sonas que naufra­gan en uno de los lugares más remo­tos del mun­do: las fasci­nantes islas Galá­pa­gos.

La elec­ción de las Galá­pa­gos como esce­nario de esta odis­ea no es casu­al. Se for­maron estas islas hace mil­lones de años debido a las erup­ciones vol­cáni­cas y su situación, tan lejos de todo en mitad del océano, prop­i­ció que su fau­na y flo­ra fuera úni­ca en el mun­do. Los marineros de la antigüedad creían que esta­ban encan­tadas “ya que aparecían y desa­parecían” (el cam­bio con­tin­uo de mar­eas las hacía a menudo inac­ce­si­bles, tenien­do en cuen­ta los méto­dos de nave­gación de la época). Comen­zaron a cono­cerse como Galá­pa­gos al vivir aquí las tor­tu­gas más grandes del mun­do (lle­gan a pesar 300 kilos) y con­ver­tirse en un san­tu­ario nat­ur­al de dicha especie.

Esta dece­na de per­sonas que aquí han recal­a­do se con­ver­tirán en la últi­ma esper­an­za de la raza humana. Al encon­trarse ais­la­dos, su evolu­ción como seres vivos, a lo largo de las sigu­ientes gen­era­ciones, será atípi­ca. Un mil­lón de años después, la teoría de la evolu­ción de Dar­win hace de las suyas (no obstante, el cien­tí­fi­co eligió las islas para demostrar que sus inves­ti­ga­ciones iban por buen camino, al ser la may­oría de las especies endémi­cas): los dedos comien­zan a atrofi­arse al no exi­s­tir her­ramien­tas que manip­u­lar y se con­vierten en ale­tas, la piel del cuer­po se cubre de impro­visadas esca­mas al verse oblig­a­dos a pescar para sobre­vivir (no exis­ten ape­nas ya ani­males en las Galá­pa­gos, pese a que vivían pingüi­nos o lobos mari­nos), el crá­neo ya no tiene hue­co para un cere­bro desar­rol­la­do. El hom­bre ya no es hom­bre ni la mujer, mujer, sino seres sin memo­ria e inteligen­cia que se lim­i­tan a com­er igua­nas mari­nas, cop­u­lar e inten­tar sobre­vivir.

Entre Limones Chris Stewart

 

Entre limones

Han pasa­do veinte años des­de que se editó por primera vez en inglés “An opti­mist in Andalu­cia” (lo que pos­te­ri­or­mente se con­ver­tiría en su ver­sión castel­lana en “Entre limones”) y os ase­guro que no sé la de veces que des­de entonces he regal­a­do este libro a ami­gos y famil­iares. Tuvo después tres con­tin­ua­ciones igual de entrañables, “El loro en el limonero”, “Los almen­dros en flor” y “Los últi­mos tiem­pos del club del auto­bús”, pero a “Entre limones” le ten­go un car­iño espe­cial porque fue el que me ini­ció en las aven­turas de Chris Stew­art, este británi­co que un buen día cogió de la mano a su mujer Ana y su hija Chloe y se pre­sen­tó en un minús­cu­lo pueblo de Las Alpu­jar­ras granad­i­nas dis­puesto a comen­zar una nue­va vida. Una nov­ela que caló de tal man­era en el corazón de tan­tos lec­tores que acabó tra­duci­do a quince idiomas y superó la cifra de un mil­lón de ejem­plares ven­di­dos.

El Valero, una fin­ca-cor­ti­jo sin elec­t­ri­ci­dad ni agua cor­ri­ente y con un acce­so casi imposi­ble. Este era el reto: con­ver­tir­lo en un hog­ar. Llenarlo de ani­males, hac­er huer­tos, obras en la vivien­da, canalizar agua… Para ello Chris nece­si­taría la ayu­da de algunos habi­tantes de Orgi­va, el pueblo más cer­cano y donde ya comen­z­a­ban a cono­cer­le como “el guiri” aunque le aca­ban reba­u­ti­zan­do como “Cristóbal el esquilador”, debido a que este fue uno de sus múlti­ples tra­ba­jos antes de recalar en España. Aunque al prin­ci­pio el inglés se que­ja­ba de la picaresca de sus veci­nos y se sor­prendía de las “extrañas cos­tum­bres” de los alpu­jar­reños, lo cier­to es que con el paso de los años los Stew­art se han con­ver­tido en una famil­ia muy apre­ci­a­da. Y no sólo eso: el éxi­to de los libros ha dis­para­do el tur­is­mo en un pequeño pueblecito del que no había oído hablar casi nadie.

Una pena que los planes de con­ver­tir las peripecias de Stew­art en pelícu­la no hayan fruc­ti­fi­ca­do: hace años la com­pañía Jaleo Films adquir­ió los dere­chos con mucha ilusión pero el roda­je no acabó de mate­ri­alizarse. Aún así, no pier­do la esper­an­za de algu­na vez ver esta boni­ta his­to­ria inmor­tal­iza­da en la gran pan­talla.

Baobab_Easy-Resize.comA la som­bra del baobab

Nos encan­ta Xavier Moret, ya lo sabéis. Hace poco hici­mos un inten­so análi­sis de uno de sus libros más intere­santes en La memo­ria del Ararat”: un acer­camien­to a Arme­nia y antes de ello repasamos su via­je por Islandia en La isla sec­re­ta

En esta ocasión he queri­do recor­dar otro de mis libros favoritos del autor catalán, cuyo títu­lo hom­e­na­jea a uno de los árboles más curiosos del mun­do, los baobab, esos gigantes que pueden lle­gar a alcan­zar los 30 met­ros de altura y que pueden vivir has­ta 4.000 años. Unos “abueletes” que se han con­ver­tido por dere­cho pro­pio en una de las imá­genes más rep­re­sen­ta­ti­vas de nue­stro con­ti­nente her­mano, que conoci­mos gra­cias a “El Prin­cip­i­to” y de los que los africanos aprovechan todo: hojas para infu­siones, pol­vo de los fru­tos para endulzar la leche, la madera para con­stru­ir canoas y debido a su gran tamaño, has­ta como almacenes, vivien­das, bares e inclu­so pri­siones.

Ellos, los baobab, fueron la excusa per­fec­ta para que Moret (quien había vis­to por primera vez a estos titanes diez años antes en Tan­za­nia) y su buen ami­go Andoni Canela aparecier­an en Bot­sua­na, alquila­ran un 4x4 y partier­an rau­dos hacia el desier­to. Con el baobab como máx­i­ma ref­er­en­cia para desen­trañar los mis­te­rios que aún envuel­ven a la cul­tura africana (estos árboles con­tinúan uti­lizán­dose en muchos ritos ani­mis­tas, sien­do rit­uales indis­pens­ables de los bru­jos, y son muchas las mujeres que paren bajo sus ramas esperan­do que el bebé naz­ca más sano y fuerte), Moret nos aden­tra en las raíces de una sociedad que tan lejana nos que­da a niv­el cul­tur­al y a la que ya nos aprox­i­maron geniales autores tototer­reno como Ryszard Kapus­cin­s­ki.

Pompeya (1)

Pom­peya

Con tintes de fic­ción pero con un rig­or históri­co dig­no de alabar, nos acer­camos esta vez a uno de los lugares más turís­ti­cos del mun­do: las ruinas de Pom­peya al sur de Italia. Esa ciu­dad que jun­to a otra urbe cer­cana, Her­cu­lano, fue sepul­ta­da eter­na­mente en el año 79 por la vio­len­cia del vol­cán Vesubio, aún acti­vo y con­sid­er­a­do uno de los vol­canes más peli­grosos del plan­e­ta.

Hace unos años tuvi­mos ocasión de dis­fru­tar en Madrid de una exposi­ción intere­san­tísi­ma, “Pom­peya, catástrofe bajo el Vesubio”. En ella se exhibían obje­tos, pin­turas y escul­turas encon­tradas en las excava­ciones que en el siglo XVIII impul­só el rey Car­los III, maque­tas de cómo era la ciu­dad orig­i­nal­mente, un enorme pan­el que pre­tendía mostrarnos los siete met­ros de cenizas que cubrieron Pom­peya e inclu­so los moldes de ani­males y per­sonas que quedaron pet­ri­fi­ca­dos en cuestión de segun­dos. Sal­imos encan­tadísi­mos de dicha exposi­ción y me acordé muchísi­mo de ella cuan­do leí “Pom­peya” de Robert Har­ris. Una nov­ela cuyo hilo argu­men­tal gira en torno a los prob­le­mas encon­tra­dos en el acue­duc­to que sum­in­is­tra de agua a la ciu­dad y que nos mues­tra cómo era la vida de los pom­peyanos entonces, vivien­do ajenos al hecho de que el Vesubio, tan cer­cano, no era una sim­ple mon­taña sino un vol­cán dis­puesto a devo­rar­les. Se cree que cua­tro quin­tas partes de la población logró huir por los ter­re­mo­tos pre­vios a la erup­ción (Pom­peya ya había sido par­cial­mente destru­i­da por un gran ter­re­mo­to 17 años antes) pero aún así se encon­traron más de 2.000 cadáveres. Una trage­dia que, curiosa­mente, dos mile­nios después atrae a vis­i­tantes de todo el mun­do.

De Detroit a Tri­ana

 

Detroit Triana_Easy-Resize.com

Me gus­taría acabar esta lista ponién­dole un pun­to final de lo más sim­páti­co. Escuché hablar de este libro, “De Detroit a Tri­ana”, un día por casu­al­i­dad en un pro­gra­ma de radio. Su autor, Ken Apple­dorn, el mari­do de Jorge Cadaval de Los Moran­cos, es un esta­dounidense que venía de la Améri­ca más red­neck (un pequeño pueblecito, Troit ¡que no Detroit!, donde se cumplían todos los tópi­cos yan­kees) y que llegó a Sevil­la con la inten­ción de rentabi­lizar su vida de estu­di­ante expa­tri­a­do. En tono jocoso nos rela­ta cómo fueron aque­l­los primeros tiem­pos con su famil­ia de acogi­da (que tam­bién alquil­a­ba un dimin­u­to cuar­to a un clon de Mar­i­lyn Man­son), la impre­sión que le supu­so des­cubrir en tele­visión a un per­son­aje como Chiq­ui­to de la Calza­da o el que sería su futuro marido…¿quién era ese tara­do que gri­ta­ba ¡Josuaaaaaaaa!?

Una nov­ela diver­tidísi­ma en los ojos de un guiri que se encuen­tra por primera vez atra­pa­do por miles de devo­tos en un paso de Sem­ana San­ta (los nazarenos le record­a­ban al Ku Klux Klan), que des­cubre lo pop­u­lar que es entre la juven­tud andaluza el fenó­meno del botel­lón, que se enfrenta a los prob­le­mas de la bar­rera del idioma con la may­or de las pacien­cias y que durante más de 240 pági­nas nos saca un mon­tón de car­ca­jadas porque ¡hay que ver qué curiosos somos los españoles!

 


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

2 Comments

  1. Muchas gra­cias por las recomen­da­ciones.

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    A ti por leer­nos…

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo