Viaje a Córdoba

A ape­nas cua­tro horas de Madrid (ambas ciu­dades se encuen­tran sep­a­radas por 400 kilómet­ros) Cór­do­ba supone una de las escapadas más intere­santes que se pueden realizar des­de la cap­i­tal. Debido además a esta rel­a­ti­va­mente escasa dis­tan­cia, es una de las ciu­dades andaluzas que nos coge más a mano a los madrileños, a los que muchas veces nos da pereza bajar al sur pre­cisa­mente porque se te va medio fin de sem­ana en trayec­tos de car­retera. Y aunque tiene mucho para ver (es increíble el lega­do históri­co que ate­so­ra Cór­do­ba), la may­oría de los mon­u­men­tos se encuen­tran con­cen­tra­dos en el cen­tro históri­co, por lo que prác­ti­ca­mente puedes lle­gar andan­do a sus rin­cones más impor­tantes. Por dicho moti­vo, os recomien­do este via­je si algún fin de sem­ana os quedáis sin inspiración aven­tur­era.

Eso sí, avi­so que si vais en pri­mav­era, cuan­do se cel­e­bra la Fies­ta de los Patios, el even­to cor­dobés por exce­len­cia, no sólo los pre­cios hotele­ros suben a nive­les astronómi­cos sino que además cor­réis el ries­go de quedaros sin alo­jamien­to y enci­ma hay tan­ta gente que ape­nas se puede cam­i­nar. Es cier­to que es cuan­do Cór­do­ba se encuen­tra en su época de mag­nif­i­cen­cia abso­lu­ta pero has de ten­er tam­bién en cuen­ta estas desven­ta­jas a la hora de vis­i­tar­la. El ver­a­no, en aña­didu­ra, puede ser mor­tal en la ciu­dad andaluza: es habit­u­al que se sobrepasen los 40 gra­dos y que a la hora de la sies­ta no se vea un alma por la calle.

architecture-756146_1920

Si via­jas fuera de tem­po­ra­da (nosotros lo hici­mos en Mar­zo) es más fácil encon­trar alo­jamien­to a buen pre­cio, aunque no tan­to en pleno cen­tro. Bus­camos por tan­to con bas­tante antelación donde dormiríamos (inclu­so en invier­no es común que los hote­les cén­tri­cos se agoten, Cór­do­ba es muy turís­ti­ca en cualquier época de año). Nos decanta­mos, atraí­dos por las bue­nas críti­cas, por el hostal La Fuente: se encuen­tra en ple­na calle de San Fer­nan­do, a ape­nas diez min­u­tos de la Mezqui­ta y a mano de todo. Lo del tema del aparcamien­to en el cen­tro es com­pli­ca­do: mi recomen­dación es que dejéis el coche al otro lado del río (cruzan­do el Puente de Miraflo­res) y os olvidéis de él durante todo el fin de sem­ana. En Cór­do­ba no lo vais a nece­si­tar. Regre­san­do al tema hostal, la noche nos salía a ape­nas 40 euros; habíamos reser­va­do una habitación doble con baño y nues­tra sor­pre­sa llegó cuan­do la recep­cionista, a la que debi­mos caer­le bien, nos comen­tó que por el mis­mo pre­cio, y ya que lo tenían libre, nos cedía un aparta­men­to com­ple­to que tenían un par de por­tales más arri­ba, en un áti­co y con una ter­raza inmen­sa en la azotea. Qué bien.

Para los que como nosotros seáis unos enam­ora­dos de la cul­tura y arqui­tec­tura árabe, Cór­do­ba va a sim­bolizar vue­stro pro­pio Edén en la tier­ra. Jun­to a Grana­da, es la mejor heren­cia que con­ser­va­mos de Al-Andalus, ese inmen­so ter­ri­to­rio que ocu­pa­ba la total­i­dad de la Penín­su­la Ibéri­ca, a excep­ción del Reino de Asturias: pre­cisa­mente en el norte se libraría la céle­bre Batal­la de Cov­adon­ga, coman­da­da por don Pelayo, que ini­cia­ría la Recon­quista y que con­cluiría con la expul­sión a manos de los Reyes Católi­cos de los musul­manes el mis­mo año que Colón des­cubría Améri­ca, 1492. Pero ante­ri­or­mente, y es impor­tante recor­dar­lo, los moriscos habían dom­i­na­do Iberia durante casi ocho sig­los y la heren­cia cul­tur­al que nos han deja­do con­sti­tuye uno de los tesoros más pre­ci­a­dos de la his­to­ria de España. En estos tiem­pos con­vul­sos que vivi­mos, en los que el racis­mo cam­pa a sus anchas y se vive injus­ta­mente una anti-islamización gen­er­al­iza­da, sería bueno recor­dar a muchos que hay 1.500 mil­lones de musul­manes en el mun­do y de ellos sólo un 0,00001% es un yihaidista. Parece men­ti­ra que hace más de mil años civ­i­liza­ciones tan sep­a­radas ide­o­logi­ca­mente como la cris­tiana, la judía y la musul­mana (el cal­ifa­to per­mitía total lib­er­tad de cul­to tan­to a judíos como mozárabes) con­sigu­ier­an con­vivir codo con codo pací­fi­ca­mente durante larguísi­mos peri­o­dos de tiem­po y sin embar­go hoy en el mun­do los pre­juicios, la igno­ran­cia, los tabúes y el bor­reguis­mo sean aún más acu­sa­dos que entonces. Vamos para atrás. Como los can­gre­jos.

A Al-Andalus no sólo hay que agrade­cer­le las bel­lísi­mas obras arqui­tec­tóni­cas que aún sobre­viv­en y que son famosas en el mun­do entero, como La Alham­bra o la Mezqui­ta de Cór­do­ba, sino tam­bién cos­tum­bres e inven­tos que quedaron impreg­na­dos en la sociedad his­pana de por vida. En una época aci­a­ga para la higiene (en el medie­vo la Igle­sia ani­ma­ba a no usar los baños públi­cos porque con­sid­er­a­ban que eran bur­de­les encu­bier­tos y además “bañarse era malo para el cuer­po ya que las carnes qued­a­ban flá­ci­das y se favorecía la apari­ción de enfer­medades”), los cris­tianos podían tirarse años enteros sin acer­carse al agua excep­to para beber. Imag­i­naos aho­ra el hedor que desprendían, por qué era habit­u­al el uso de aban­i­cos (no sólo para refres­carse) y que las novias cuan­do se casa­ban lle­varan un ramo de flo­res para dis­im­u­lar tan inso­porta­bles pesti­len­cias. Mien­tras tan­to, los árabes poten­cia­ban el uso del jabón (cuyas var­iedades per­fec­cionaron) y los aceites aromáti­cos; los ham­man (baños árabes que han sobre­vivi­do has­ta nue­stros días) lle­garon a ser más de sei­scien­tos sólo en Cór­do­ba, de hecho había como mín­i­mo uno en cada bar­rio, y pese a que se per­mitía uti­lizar­los a cualquier per­sona, pro­fe­sase la religión que pro­fe­sase, los clientes habit­uales eran árabes. Respec­to a estas cos­tum­bres higiéni­cas, siem­pre pon­go como ejem­p­lo que en Mar­rue­cos, pese a lo sucísi­mas que están muchas calles (cul­pa tam­bién del gob­ier­no, que limpia poco), luego entras en casas de famil­ias mar­ro­quíes y todas me las he encon­tra­do como los chor­ros del oro.

He real­iza­do esta pequeña intro­duc­ción de cómo era la vida en Al-Andalus ya que sus huel­las son per­fec­ta­mente recono­ci­bles sig­los después en la cap­i­tal cor­dobe­sa. Comen­zan­do por los cien­tos de naran­jos que te encuen­tras en sus calles (los árabes poten­cia­ron el con­sumo de cítri­cos) y con­tin­uan­do con la estruc­tura arqui­tec­tóni­ca de las vivien­das, cuyas estancias, gen­eral­mente divi­di­das en dos plan­tas, se agru­pan alrede­dor de un patio (y por dicho moti­vo muchas casas andaluzas son clones de los riads árabes). E inclu­so a niv­el gas­tronómi­co se puede percibir la heren­cia morisca: los árabes, acos­tum­bra­dos a bus­car inge­niosa­mente mil for­mas de com­bat­ir el calor, crearon una bebi­da com­pues­ta de ver­duras fres­cas trit­u­radas que con el tiem­po acabó con­vir­tién­dose en el pla­to estrel­la andaluz: el gaz­pa­cho.

Pero si hay un lugar que ha hecho famosa a Cór­do­ba en el mun­do entero y que es recuer­do impere­cedero de ese Al-Andalus del que los cor­dobe­ses se sien­ten tan orgul­losos es la Mezqui­ta. Pat­ri­mo­nio Cul­tur­al de la Humanidad, fue con­sid­er­a­da el mejor sitio de interés turís­ti­co de Europa (y sex­to del mun­do): no es para menos. En mi opinión, el mon­u­men­to más impre­sio­n­ante que ten­emos en nue­stro país jun­to a La Alham­bra de Grana­da. De esos lugares que por cien­tos de veces que los hayas vis­to en foto, has­ta que no te ves allí, bajo esos bel­lísi­mos arcos, no eres con­sciente de su grandiosi­dad, de su per­fec­ción y, ante todo, de la impor­tan­cia impre­scindible que supone para lo que ha sido la his­to­ria de la arqui­tec­tura en nue­stro país. Con sus casi 24.000 met­ros cuadra­dos, llegó a ser la mezqui­ta más grande del mun­do después de la de La Meca. Actual­mente, es vis­i­ta­da cada año por casi dos mil­lones de per­sonas.

Y como de vis­i­tas hablam­os, mi recomen­dación es que la tuya la hagas entre las 08,30 y las 09,30 por dos motivos. El primero, que al ser hora de cul­to, la entra­da es gra­tui­ta y diez euros que te ahor­ras (eso sí, hay que ser respetu­oso y no hac­er rudo pre­cisa­mente porque allí hay gente oran­do); el segun­do es que pese a ser el acce­so libre, a la gente le da pereza madru­gar y hay muchas menos mul­ti­tudes que a otras horas del día. La Mezqui­ta es grandísi­ma pero te ase­guro que es mucho más agrad­able vis­i­tar­la sin encon­trarse rodea­do de cien­tos de per­sonas. La sen­sación que uno tiene en su inte­ri­or es, cuan­to menos extraña, ya que con la expul­sión de los musul­manes, pasó a con­ver­tirse en un tem­p­lo cris­tiano y mien­tras la arqui­tec­tura es total­mente árabe, lo que se expone son fig­uras de san­tos y grandes retab­los con esce­nas bíbli­cas, cre­an­do un con­traste total­mente inusu­al.

IMG_9303 - copia_Easy-Resize.com

Si la mezqui­ta impre­siona por den­tro, te recomen­damos que cuan­do sal­gas te per­mi­tas recor­rer su perímetro ya que aún se con­ser­van muchísi­mas puer­tas antiquísi­mas como la del Perdón, la de San Este­ban, la de San Miguel o la del Sabat. Tam­bién podrás dar un paseo por el boni­to Patio de los Naran­jos con sus fuentes y su aljibe del siglo X.

IMG_9346_Easy-Resize.com

Comen­zamos a calle­jear y qué mejor for­ma de hac­er­lo que comen­zan­do por la Calle­ja de las Flo­res, estrechísi­ma pero espec­tac­u­lar, con sus fachadas blan­cas cubier­tas de mac­etas durante cualquier época del año. Es sin lugar a dudas una de las imá­genes más cono­ci­das de Cór­do­ba. Y es aquí donde pasamos a hablar de los famosos patios cor­dobe­ses, que no sólo se pueden vis­i­tar en pri­mav­era (aunque, como comen­té antes, es en Mayo cuan­do viv­en su explosión de olores y col­ores). Es en dicho mes cuan­do se pre­mia a los patios más vis­tosos; en algunos, como los Embru­jo de Aza­har, has­ta ofre­cen alo­jamien­to. Los patios se encuen­tran repar­tidos por todo el cen­tro históri­co pero los más boni­tos se hal­lan por la zona de San Basilio. Del 2 al 15 de Mayo las vis­i­tas son gra­tu­itas (por eso hay tan­tísi­ma gente esperan­do cola para ver­los); el resto del año difer­entes agen­cias ofre­cen vis­i­tas guiadas por unos 15 euros por per­sona.

Los patios cor­dobe­ses (efec­ti­va­mente, lo habéis adiv­ina­do) tam­bién tienen su orí­gen en las antiguas casas árabes. Cór­do­ba ha sido des­de siem­pre una de las ciu­dades más calurosas de España por lo que des­de tiem­pos antiquísi­mos, se inten­tó abaste­cer medi­ante dis­tin­tos arroyos a las casas más pudi­entes de agua cor­ri­ente y a las más humildes de modestos pozos; los patios se llen­a­ban de flo­res y hier­bas aromáti­cas y se con­vertían en pun­to de reunión de las famil­ias.

cordo_Easy-Resize.com

El cen­tro de Cór­do­ba es un pre­cioso laber­in­to de calles blan­cas (en la may­or parte del paseo te dará la impre­sión de encon­trarte en un pueblo más que en una cap­i­tal de provin­cia). Desta­ca la coque­ta zona de la Jud­ería, reple­ta de tien­das de sou­venirs y restau­rantes; encon­traréis tam­bién muchos com­er­cios donde com­prar té a granel (yo me vine bien car­ga­da, otro gran rega­lo morisco). Es aquí donde tam­bién podrás vis­i­tar la Sin­a­goga (entra­da gra­tui­ta), la úni­ca que existe en la actu­al­i­dad en Andalucía. Nosotros aprovechamos que entra­ba un grupo con guía para escuchar las expli­ca­ciones per­ti­nentes, en las que se record­a­ba que fue con­stru­i­da en el siglo XIV, con la expul­sión de los musul­manes llegó a ser usa­da como escuela y en la actu­al­i­dad es uno de los lugares más vis­i­ta­dos de Cór­do­ba: aún se mantienen intac­tos los escritos hebre­os que dec­o­ran sus pare­des inte­ri­ores. En la jud­ería tam­bién desta­ca la Casa Sefarad, un pequeño museo donde se anal­iza cómo era la vida de los sefardi­tas.

P3043002_Easy-Resize.com

Escul­tura del filó­so­fo judío Maimónides en la Plaza de Tiberíades

P3043005 - copia_Easy-Resize.com (1)

Otro de los rin­cones impre­scindibles en tu recor­ri­do por el cen­tro históri­co es el Alcázar de los Reyes Cris­tianos, una impre­sio­n­ante for­t­aleza cus­to­di­a­da por cua­tro tor­res (la de los Leones, la de la Inquisi­ción, la del Hom­e­na­je y la de las Palo­mas). Se con­struyó sobre el antiguo alcázar de los cal­i­fas (aún se con­ser­van las ruinas de los antigu­os baños de la realeza Omeya; no son los úni­cos baños árabes de la ciu­dad, tam­bién exis­ten los de San­ta María en la calle Velázquez Bosco) y llegó a ser res­i­den­cia durante ocho años de los Reyes Católi­cos: aquí vieron nac­er a su hija María. No sólo les sirvió de hog­ar sino tam­bién como cuar­tel gen­er­al donde prepararon el asalto final a Grana­da, el últi­mo reduc­to que les qued­a­ba a los árabes en España, y tuvieron largas con­ver­sa­ciones con Cristóbal Colón respec­to a lo que sería la trav­es­ía de las cara­belas hacia las Indias Ori­en­tales y que acabó sien­do el des­cubrim­ien­to de un nue­vo con­ti­nente: Améri­ca.

Sin embar­go, acabadas las man­io­bras mil­itares de los monar­cas y con­clu­i­da la Recon­quista, el Alcázar se cedió a la San­ta Inquisi­ción, que llevó aquí a cabo sus per­ver­sas tor­turas a supuestos here­jes. Desa­pare­ci­do el San­to Ofi­cio, pasó a con­ver­tirse en cár­cel (vamos, que debe ser uno de los edi­fi­cios de nue­stro país con may­or número de almas en pena por metro cuadra­do), has­ta que a medi­a­dos del siglo pasa­do se decidió recu­per­ar­lo como mon­u­men­to históri­co; de este modo, se des­cubrió que la estruc­tura de los jar­dines orig­i­nales y las bóvedas úni­ca­mente esta­ban tapa­dos, no destru­i­dos, y se aprovechó el edi­fi­cio para expon­er los fan­tás­ti­cos mosaicos romanos que se habían encon­tra­do en la Plaza de la Corred­era. Los jar­dines inte­ri­ores del Alcázar son otra prue­ba más de la influ­en­cia que tuvo la cul­tura musul­mana en la his­to­ria de la ciu­dad. Muy cer­ca se encuen­tran las Cabal­ler­izas Reales.

alca_Easy-Resize.com

Aunque el esplen­dor del que goza hoy Cór­do­ba se lo con­cedió la can­ti­dad de sig­los que fue ocu­pa­da por los musul­manes, debe­mos recor­dar que la urbe ya goz­a­ba de una reseñable impor­tan­cia en época romana. Era la cap­i­tal de la provin­cia His­pania Ulte­ri­or y el emper­ador Augus­to le con­cedió el títu­lo de Colo­nia Patri­cia (el máx­i­mo sta­tus al que podían aspi­rar las ciu­dades del impe­rio y que tam­bién ostenta­ban Tar­ra­co o Cartha­go Nova). En Cór­do­ba aún se pueden encon­trar ves­ti­gios de aque­l­la época como el tem­p­lo de la calle Clau­dio Marce­lo, , los mon­u­men­tos funer­ar­ios de Puer­ta de Gal­le­gos en el Paseo de la Vic­to­ria, las ruinas del Pala­cio de Max­imi­ano Her­cúleo y las del Cir­co Romano (se cree que era el más grande del impe­rio tras el Col­iseo y el de Carta­go), así como las ruinas del antiguo teatro romano en los bajos del museo Arque­ológi­co (en cuyo edi­fi­cio tam­bién se expo­nen algu­nas escul­turas de dicha época). Pero el mon­u­men­to romano por exce­len­cia es el puente que veis aquí aba­jo, que durante casi 2.000 años fue el úni­co de la ciu­dad: tiene más de 300 met­ros de lon­gi­tud y en uno de sus extremos lo flan­quea la Torre de Cala­hor­ra. A lo largo del río Guadalquivir a su paso por Cór­do­ba podemos encon­trar difer­entes moli­nos como el de Mar­tos, el de San Anto­nio, el de la Ale­gría o el de Albo­lafia.

IMG_9352_Easy-Resize.com

En el otro extremo nos encon­tramos la Puer­ta del Puente; al cruzarla y yen­do hacia la izquier­da nos dare­mos con el Pala­cio Epis­co­pal, el sem­i­nario de San Pela­gio y el Hos­pi­tal de San Sebas­t­ian. Más allá nos aguar­da el Con­ven­to de San Pedro de Alcán­tara, el Pala­cio del Car­de­nal Salazar y la Capil­la de San Bar­tolomé. Y un poco más ade­lante, las impre­sio­n­antes Mural­las de Cór­do­ba: primero fueron romanas, luego musul­manas y más tarde cris­tianas. Se con­ser­van bas­tantes tramos, como la Puer­ta de Sevil­la con su mon­u­men­to a Ibn Haz­am, la Torre de la Puer­ta del Rincón o la Mural­la del Mar­ru­bial. Pero el más espec­tac­u­lar es el cer­cano a la Puer­ta de Almod­ó­var, con su escul­tura de Séneca. Lucio Anneo Séneca, efec­ti­va­mente, era cór­dobes y fue uno de los filó­so­fos más desta­ca­dos de la His­pania romana.

P3042997_Easy-Resize.com

Aparte de los difer­entes patios repar­tidos por el cas­co históri­co de los que antes hablábamos, os recor­damos que hay doce patios mag­ní­fi­cos en el inte­ri­or del pala­cio de Viana (abre de martes a domin­go y la entra­da cues­ta 5 euros). Cór­do­ba es una ciu­dad de pala­cios, indud­able­mente: ten­emos el de los Vene­gas,  de los aguayo, de los Mar­que­ses de Car­pio, del Viz­conde de Miran­da, de los Muñices, el de Bailío, el de la Merced, el de Orive, el de los Fer­nán­dez de Mesa, el de Rodri­go Mén­dez Sotomay­or… La Casa de los Luna es otra de las más boni­tas de Cór­do­ba, bue­na expre­sión de lo que eran las antiguas man­siones platerescas, habit­ual­mente casas solar­ie­gas res­i­den­cias de famil­ias nobles. Al que le guste el tur­is­mo de con­ven­tos, en Cór­do­ba tam­bién lo va a ten­er fácil: aún se con­ser­van los de las Capuchi­nas, el de Jesús Cru­ci­fi­ca­do, el de San­ta ana, el de los Padres de Grá­cia, el de San­ta Clara y San­ta Cruz, el del Cor­pus Christi y el de Cis­ter.

Lo ide­al en Cór­do­ba es perder­se sin rum­bo fijo por sus incon­ta­bles plazas (es increíble como una ciu­dad pequeña como esta con­ser­va tan­tas), des­de la que antes comen­tábamos en la Fuente de las Flo­res, rodea­da de talleres de arte­sanía, a la de San Andrés con su fuente bar­ro­ca, la del Potro, la de las Dueñas o la del Cristo de Gra­cia: la más impre­sio­n­ante es la de Corred­era, que tan­to recuer­da a la Plaza May­or de Madrid. Y cuan­do andes cansa­do de tan­to pateo, porque Cór­do­ba es una ciu­dad en la que harás muchos kilómet­ros cam­i­nan­do, hora de sen­tarse a com­er y dis­fru­tar de la deli­ciosa gas­tronomía cor­dobe­sa, de las mejores de España. El riquísi­mo salmore­jo, rabo de toro, beren­je­nas con miel, los fla­men­quines, jamón ibéri­co, ajoblan­co y boquerones en vina­gre son platos impre­scindibles que te acon­se­jamos catar en tu visi­ta a la ciu­dad. Cór­do­ba cuen­ta con cien­tos de restau­rantes, a cuál más esplén­di­do y con pre­cios real­mente com­pet­i­tivos. Nosotros te recomen­damos La Tata (C/ Zap­a­tería Vie­ja 13), es muy pequeñi­to pero encan­ta­dor, y sobre todo la Taber­na Plateros, una de las más antiguas de Cór­do­ba y ubi­ca­da den­tro de un patio pre­cioso.

Pero una visi­ta a Cór­do­ba estaría incom­ple­ta si no dedicáramos al menos una mañana com­ple­ta a uno de los recin­tos arque­ológi­cos más impor­tantes de nue­stro país. Hablam­os de Med­i­na Aza­hara. Aunque a mí me parece aún más boni­to su nom­bre árabe, el orig­i­nal,  Mad­i­nat al-Zahra, que sig­nifi­ca la Ciu­dad Bril­lante. La leyen­da cuen­ta que el nom­bre era un hom­e­na­je a Aza­hara, la esposa favorita del cal­i­fa.

Med­i­na Aza­hara se encuen­tra a ape­nas 8 kilómet­ros de Cór­do­ba, en Sier­ra More­na (recuer­da que los domin­gos sólo abre has­ta las 15,30 , así que acuér­date de ir pron­to) y el acce­so es total­mente gra­tu­ito para los ciu­dadanos de la Unión Euro­pea, un detal­la­zo tenien­do en cuen­ta el prove­cho económi­co que le podrían sacar, es impor­tante que la cul­tura se encuen­tre al alcance de todos. Mucha gente suele reser­var la visi­ta guia­da des­de Cór­do­ba (te lle­van en auto­bús y suele costar unos 25 euros) pero nosotros recomen­damos que la hagáis por vues­tra cuen­ta. Aparcas el coche en la entra­da, reco­ges el tick­et en la taquil­la (y así de paso ves el museo, que tam­bién merece la pena y donde se expo­nen casi 200 piezas encon­tradas en las excava­ciones) y después te subes al bus que te lle­va al recin­to. Con­stru­i­da bajo las órdenes del cal­i­fa Abder­ra­man III, esta ciu­dad fue una de las más boni­tas del impe­rio musul­mán, aunque lam­en­ta­ble­mente fue pos­te­ri­or­mente aban­don­a­da y en con­se­cuen­cia saque­a­da durante la guer­ra civ­il que puso pun­to y final al Cal­ifa­to de Cór­do­ba. Así, Med­i­na Aza­hara en real­i­dad uni­ca­mente tuvo un siglo de vida.

La ciu­dad se con­struyó en el siglo X sobre diver­sas ter­razas que favorecían el sum­in­istro del agua y que además per­mitían obser­var en la lejanía a Cór­do­ba; el pala­cio del cal­i­fa se encon­tra­ba en la supe­ri­or, las vivien­das de los fun­cionar­ios (las explanadas geme­las) en la infe­ri­or y en la más baja, sep­a­ra­da por las supe­ri­ores por el “com­ple­jo de los vig­i­lantes”, vivía el pueblo llano, los sol­da­dos y se encon­tra­ban los jar­dines, los baños, la mezqui­ta y el mer­ca­do. La ciu­dad se encon­tra­ba amu­ral­la­da y el pun­to de entra­da era la Puer­ta Norte. Los edi­fi­cios más destaca­bles eran la Casa Mil­i­tar, el Pala­cio (que se con­struyó en sólo tres años), la Casa de la Alber­ca, la Casa del Yafar (el primer min­istro, que se rumore­a­ba era eunuco y así no “peligra­ba” el harén caifal) y la Casa Real (Dar-Almulk). En los alrede­dores se encuen­tran los restos de la Mezqui­ta Alja­ma, des­gra­ci­ada­mente de los más dete­ri­o­ra­dos. Aún así, hay que ten­er en cuen­ta que aunque mucha gente se siente algo decep­ciona­da cuan­do visi­ta el recin­to arque­ológi­co, creyen­do que qued­a­ban más recin­tos en pie (no fue nue­stro caso, a nosotros nos encan­tó) hay que ten­er en cuen­ta que lo que se expone supone sólo un 10% de lo que era la antigua ciu­dad y que en su con­struc­ción tra­ba­jaron casi 15.00 obreros (la mezqui­ta de cin­co naves se lev­an­tó en sólo 48 días). Durante ocho sig­los per­maneció aban­don­a­da en la más abso­lu­ta soledad.

IMG_9386_Easy-Resize.com

P3053045_Easy-Resize.comIMG_9373_Easy-Resize.com


Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscrí­bete y recibe las últi­mas entradas en tu correo elec­tróni­co.

2 Comments

  1. Muy com­ple­ta tu guia. Próx­i­ma­mente via­jo a Cor­do­ba y me va a venir genial. Lo úni­co que lleg­amos en tren y ten­go que ver la for­ma de ir a Med­i­na Aza­hara por nues­tra cuen­ta
    Patry-www.saltandopormimundo.com

  2. Nosotros como cuen­to en el blog lo hici­mos en coche. Hay un bus turís­ti­co que sale de la Aveni­da del Alcázar los sába­dos y domin­gos a las 10:00 y las 11:00. Ya nos con­tarás, te va a encan­tar Cór­do­ba!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Mil y un viajes por el mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo