Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo

Hay mon­u­men­tos que, para for­tu­na de los que los conocieron y mala suerte para los que no los dis­frutare­mos nun­ca, quedarán para la His­to­ria como joyas arqui­tec­tóni­cas úni­cas e insu­per­a­bles. Es el caso de las Siete Mar­avil­las del Mun­do Antiguo, un lis­ta­do que elab­o­raron hace más de dos mile­nios algunos de los más impor­tantes artis­tas de la Gre­cia clási­ca. Esas mar­avil­las arqui­tec­tóni­cas que los pequeños alum­nos grie­gos estu­di­a­ban en las escue­las, soñan­do con poder admi­rar­las algún día de cer­ca. De ellas, sólo las pirámides de Egip­to han lle­ga­do has­ta nue­stros días. Las otras seis desa­parecieron por difer­entes causas. Pero per­manecerán en el recuer­do de la Humanidad como mues­tra de las obras maes­tras inigual­ables que fueron creadas por la mano del hom­bre. Aunque este mis­mo luego no supiera o no pudiera pro­te­gerlas de los designios del impre­vis­i­ble azar.

Las 7 Maravillas del Mundo Antiguo

 

Cómo serían las Siete Mar­avil­las en la actu­al­i­dad

Gra­cias a los avances de la tec­nología, hemos logra­do con­tem­plar cómo serían las Siete Mar­avil­las si hubier­an sobre­vivi­do has­ta los tiem­pos actuales. Las empre­sas Neo­man Stu­dio (que ya había prop­uesto una idea de cómo sería el Cen­tral Park neoy­orki­no si hubiera gana­do el proyec­to de John Rink) y Bud­get Direct Aus­tralia se aso­cia­ron para estu­di­ar en pro­fun­di­dad los escritos y dibu­jos que describían con detalle cómo eran estos mag­ní­fi­cos mon­u­men­tos y “recon­stru­ir­los” con téc­ni­cas mod­er­nas. El resul­ta­do es espec­tac­u­lar.

 

 

Coloso de Rodas

Comen­zamos con la que debió ser la estat­ua más impre­sio­n­ante del mun­do: el Coloso de Rodas. En esta isla grie­ga del Mar Egeo se encon­tra­ba este mon­u­men­to ded­i­ca­do al dios heleno del sol, Helios, con­stru­i­da en un peri­o­do de 12 años a finales del siglo III. Des­gra­ci­ada­mente, tiene el triste hon­or de ser de las Siete Mar­avil­las la que menos duró: ape­nas 60 años después de su nacimien­to, cayó víc­ti­ma de un ter­re­mo­to. Los habi­tantes de la isla, pen­san­do que este hecho era un cas­ti­go de los dios­es, la dejaron tum­ba­da, has­ta que casi mil años más tarde los musul­manes comen­zaron a lle­varse el bronce para sus pro­pios mon­u­men­tos.

El Coloso de Rodas, que medía 30 met­ros de altura, solía rep­re­sen­tarse a la entra­da del puer­to (como veis en la fotografía) pero los arqueól­o­gos creen que sería más factible que se encon­trara en la acrópo­lis prin­ci­pal de la isla. De haber esta­do en el puer­to, éste hubiera debido cer­rarse durante la déca­da larga que duró la con­struc­ción del mon­u­men­to y hubiera queda­do inco­mu­ni­ca­do cuan­do este se desplomó.

Rodas era famosa en el Mediter­rá­neo por la can­ti­dad de estat­uas que ate­sora­ba, cer­ca de tres mil. La isla goz­a­ba de un auge económi­co que duró bas­tante tiem­po, por lo que eran muchos los escul­tores que venían aquí a bus­car for­tu­na. Sin embar­go, el autor del Coloso de Rodas era local, Charés de Lin­dos (Lin­dos era una de las tres ciu­dades más impor­tantes del archip­iéla­go). Al igual que otros escul­tores grie­gos como Fidias, creador de otra de las Siete Mar­avil­las, Charés era un gran amante del real­is­mo, lo que dotó de may­or com­ple­ji­dad a la obra, que ya de por sí era uno de los proyec­tos más ambi­ciosos del mun­do helenís­ti­co y que tan poco tiem­po logró sobre­vivir.

Gran Pirámide de Giza

De las tres pirámides de Giza en Egip­to, la de Keóps está con­sid­er­a­da como una de las Siete Mar­avil­las del Mun­do Antiguo y es la úni­ca que ha lle­ga­do has­ta nue­stros días. Medía 150 met­ros de altura, aunque la erosión provo­ca­da por el paso del tiem­po men­guó lig­era­mente su tamaño. Aunque errónea­mente muchos creen que era la pirámide más grande del mun­do, le supera la de Tlachi­hualtépetl  en Méx­i­co. Pero nadie puede negar­le a la pirámide egip­cia ser la más cono­ci­da.

Tum­ba del faraón Keóps, perteneciente a la IV Dinastía, que reinó hace 4500 años, su con­struc­ción aún con­tinúa suponien­do un enig­ma para muchos arqueól­o­gos. En su ori­gen la cima esta­ba cubier­ta por un piramidión que desa­pare­ció y los blo­ques de piedra, for­man­do ter­razas y alcan­zan­do un número abis­mal (dos mil­lones y medio), no siguen un orden lógi­co, pudi­en­do estar algunos de los más grandes en los pisos supe­ri­ores.

Antigua­mente la pirámide era de un blan­co deslum­brante pero los blo­ques de piedra cal­iza se elim­i­naron en la Edad Media. En el siglo XIV un ter­re­mo­to provocó el desprendimien­to de muchas rocas de la facha­da exte­ri­or y el sultán de Bahri las usó para con­stru­ir mezquitas en El Cairo. En cualquier caso, pese a estas vicisi­tudes, la Gran Pirámide de Giza ha aguan­ta­do estu­pen­da­mente el paso del tiem­po y es uno de los mon­u­men­tos más vis­i­ta­dos del mun­do.

Templo de Artemisa en Éfeso

Una sola colum­na de las 127 orig­i­nales, con­stru­i­da a base de restos y con­ver­ti­da en obje­to de cul­to, es la úni­ca pieza que logró sobre­vivir de uno de los tem­p­los más impre­sio­n­antes del mun­do: el Artemisión o Tem­p­lo de Artemisa. Casi 120 años se tardó en con­cluir su con­struc­ción en la ciu­dad tur­ca de Éfe­so. Fue erigi­da por orden del rey lidio Cre­so, quien fasci­na­do por la grandiosi­dad de las pirámides egip­cias, quiso así lev­an­tar un tem­p­lo en hon­or de Artemisa, la diosa hija de Zeus que vela­ba por la fer­til­i­dad, las mujeres y los ani­males. Esa mis­ma que los grie­gos rep­re­senta­ban con var­ios senos y que tiem­po después los romanos con­ver­tirían en la diosa Diana.

Con­ce­bido como uno de los may­ores tem­p­los que vio el mun­do griego, con colum­nas que alcan­z­a­ban los 18 met­ros de altura, en el año 356 AC pere­ció bajo la furia del incen­dio provo­ca­do por un pas­tor, Erós­tra­to, quien bus­ca­ba una noto­riedad que le hiciera ser recor­da­do por toda la eternidad, aunque fuera por un acto tan delezn­able. De hecho, dio ori­gen al tér­mi­no eros­tratismo, enfer­medad de los que real­izan actos delic­tivos para con­seguir su min­u­to de fama.

Aunque después se recon­stru­iría y serviría como asi­lo y ban­co, con el paso de los años acabó cayen­do en el olvi­do, lle­gan­do a servir de can­tera para otras con­struc­ciones, como esas ocho colum­nas que se lle­varon a la mezqui­ta de San­ta Sofía en Estam­bul. Así poco a poco fue des­man­te­la­do y su desapari­ción con­sti­tuyó una de las pér­di­das más tristes del mun­do arqui­tec­tóni­co de todos los tiem­pos. Aunque hay una aso­ciación, la Selçuk Artemis Cul­ture, Arts and Edu­ca­tion Foun­da­tion, que ha anun­ci­a­do el proyec­to de con­stru­ir un nue­vo Artemisión a kilómetro y medio del yacimien­to del antiguo (150 mil­lones de dólares costaría el asun­to), nada podrá hac­er som­bra al orig­i­nal.

Estatua de Zeus en Olimpia

Doce met­ros de altura. Esto era lo que medía una de las obras más impor­tantes de Fidias, prob­a­ble­mente el mejor escul­tor que jamás con­tem­pló Gre­cia, creador de los relieves del Partenón de Ate­nas. Era la estat­ua de Zeus, una mole gigan­tesca hecha de marfil, oro y piedras pre­ciosas, un mon­u­men­to desco­mu­nal que el mae­stro Fidias tardó más de una déca­da en acabar. El impo­nente Zeus, padre de todos los dios­es, se rep­re­sen­tó sen­ta­do en su trono de madera de ébano, con un cetro con un águila y una escul­tura más pequeña de Niké, la diosa de la vic­to­ria. Para hac­er­nos una idea, lo más cer­cano que ten­emos es una estat­ua menor que Fidias mold­eó y que se encuen­tra en el Her­mitage Muse­um de San Peters­bur­go.

La estat­ua de Zeus se encon­tra­ba en un colos­al tem­p­lo en Olimpia, donde cada cua­tro años y des­de el 776 AC se cel­e­bra­ban los mul­ti­tu­di­nar­ios Jue­gos Olímpi­cos. Situ­a­do a 350 kilómet­ros de Ate­nas, en este san­tu­ario se con­gre­ga­ban los deportis­tas más impor­tantes del país. Cesa­ba cualquier guer­ra que pudiera exi­s­tir entre las polis (ciu­dades) grie­gas y Gre­cia entera se par­al­iz­a­ba para acla­mar a los atle­tas. Muchos espec­ta­dores aprovech­a­ban para vis­i­tar el tem­p­lo de Zeus, coro­n­a­do por dece­nas de gár­go­las de leones (muchas de las cuales se han con­ser­va­do) y así admi­rar la extra­or­di­nar­ia estat­ua.

Un mon­u­men­to deslum­brante que pese a haber sobre­vivi­do más de mil años (una de las Siete Mar­avil­las más longevas) acabó desa­pare­cien­do y lo peor es que ni siquiera sabe­mos cómo. Unos creen que fue víc­ti­ma del incen­dio que provo­caron fanáti­cos cris­tianos (hay que recor­dar que el emper­ador Teo­dosio abolió los Jue­gos Olímpi­cos por sus aso­cia­ciones paganas), otros que arrasa­do por un ter­re­mo­to y los de más allá opinan que expo­li­a­do para adornar lejanos pala­cios en Con­stan­tino­pla. El caso es que desafor­tu­nada­mente se perdió para siem­pre una de las may­ores estat­uas que vio el Mediter­rá­neo en aque­l­la época.

Mausoleo de Halicarnaso

En lo que es hoy la ciu­dad de Bodrum , uno de los des­ti­nos más turís­ti­cos de Turquía, se encon­tra­ba el majes­tu­oso Mau­soleo de Hali­car­na­so, un mon­u­men­to funer­ario con­stru­i­do en el año 350 AC y que no desa­pare­cería has­ta el siglo XV, cuan­do fue destru­i­do por un ter­re­mo­to y sus ruinas se usaron por los Caballeros de San Juan para lev­an­tar el Castil­lo de San Pedro. Después de la Pirámide de Giza, es la segun­da de las Siete Mar­avil­las que más tiem­po per­maneció intac­ta.

El moti­vo de que fuera elegi­do como una de las Siete Mar­avil­las del Mun­do Antiguo no fue su tamaño (era grande pero no tan­to, 46 met­ros de altura) sino por la exce­lente orna­mentación que lo acom­paña­ba. Dece­nas de escul­turas fina­mente tal­ladas rode­a­ban su base, acen­tuan­do la del­i­cadeza del dis­eño. Era la for­ma de Artemisa II de hom­e­na­jear a su esposo fal­l­e­ci­do (y her­mano a la vez), Mau­so­lo. Los arqui­tec­tos grie­gos Sátiro de Paros y Piteos tuvieron bajo sus órdenes a cen­tenares de obreros y escul­tores para lle­var a cabo el proyec­to.

El mau­soleo se colocó en lo alto de una col­i­na dom­i­nan­do a la ciu­dad. Una escalera flan­quea­da por leones de piedra lle­ga­ba has­ta la base, donde se encon­tra­ban difer­entes estat­uas de dei­dades femeni­nas y mas­culi­nas. Las esquinas esta­ban sal­va­guardadas por guer­reros y en un enorme friso bajor­re­lieve se rep­re­senta­ban batal­las entre ama­zonas, cen­tau­ros y grie­gos. En lo alto del mau­soleo bril­l­a­ba una espec­tac­u­lar cuá­dri­ga, que fue la primera en caer debido al ter­re­mo­to que acabó destruyen­do el mon­u­men­to. Hoy en día, en Bodrum per­manece el yacimien­to arque­ológi­co con parte de las ruinas y algu­nas de las estat­uas pueden admi­rarse en el Museo Británi­co.

Faro de Alejandría

Si queréis haceros una lig­era idea de cómo era la vida en el antiguo Egip­to, os recomien­do que en este mis­mo blog echéis un ojo al artícu­lo Cleopa­tra: la excusa para vis­i­tar Egip­to . La civ­i­lización que durante más años ha per­maneci­do sobre la faz de la tier­ra con­ta­ba en su haber con dos de las Siete Mar­avil­las: la pirámide de Giza y el desa­pare­ci­do Faro de Ale­jan­dría.

Ale­jan­dría tenía dos tesoros irrepetibles: el Faro y la Bib­liote­ca. Ambos extin­gui­dos y cuya desapari­ción nos ha pri­va­do de cono­cer aún más de los antigu­os egip­cios y sus cos­tum­bres. La que es hoy la segun­da ciu­dad más grande del país fue en el pasa­do cuna de la sabiduría y lle­ga­ban via­jeros de todo el Mediter­rá­neo bus­can­do ampli­ar sus conocimien­tos. El puer­to de Ale­jan­dría se con­vir­tió en el más impor­tante de su época pero se encon­tra­ba en una cos­ta peli­grosa para los bar­cos. Era por ello nece­saria la con­struc­ción de un gran faro. Un faro que no sólo fuera útil sino tam­bién sím­bo­lo del poderío egip­cio: con­stru­i­do sobre la penín­su­la de Pharos, su impor­tan­cia fue tal que la pal­abra “faro” acabó con­vir­tién­dose en uni­ver­sal para todos los idiomas que derivan del latín y que así lla­man a este tipo de edi­fi­cios que guían a los marineros a tier­ra firme.

Aunque el Faro de Ale­jan­dría no fue el primero de la His­to­ria, sin lugar a dudas se con­vir­tió en el más impor­tante. Se cree que su con­struc­ción se alargó durante quince años y se accedía a su inte­ri­or a través de una ram­pa de más de 180 met­ros de lon­gi­tud. Medía 135 met­ros de altura y la torre se dividía en tres pisos. En el primero existían 50 habita­ciones donde se ges­tion­a­ba el man­ten­imien­to del faro: imag­i­nad lo que suponía entonces que el enorme fuego que se encon­tra­ba en la cima se encon­trara acti­vo día y noche. En el segun­do piso la ram­pa se con­vertía en escalera y la madera que ali­menta­ba la pira debía subirse a mano. En el ter­cer piso el fuego ardía jun­to a una estat­ua de Zeus (recordemos que Egip­to en el siglo III era una provin­cia romana).

Unos cuan­tos sig­los después, exac­ta­mente el 8 de Agos­to de 1303, un vio­len­to ter­re­mo­to destruía una ter­cera parte de la ciu­dad de Ale­jan­dría y se llev­a­ba con­si­go este faro míti­co. Los restos de su torre fueron uti­liza­dos para con­stru­ir el cer­cano Fuerte Qait­bay, por lo que de un modo u otro aque­l­las piedras mile­nar­ias con­tinúan velando por los marineros que cada mañana salen a pescar en sus bar­cas.

Jardines Colgantes de Babilonia

Lo que es hoy Irak, una nación dev­as­ta­da por la guer­ra y la avari­cia de los país­es que lo invadieron ansian­do su petróleo, con­sti­tuyó en la antigüedad el corazón de Mesopotamia, uno de los may­ores impe­rios de la His­to­ria mundi­al. Allí se encon­tra­ba la ele­gante Babilo­nia, esa ciu­dad de ensueño de la que tan poca heren­cia ha queda­do. Bue­na mues­tra es la mar­avil­losa Puer­ta de Ishtar del Museo de Pérg­amo que un par de veces hemos admi­ra­do en nues­tras vis­i­tas a Berlín. Pero casi todo lo que allí existía se extin­guió devo­ra­do por el paso del tiem­po. Es por ello que Babilo­nia acabó con­ver­ti­da en una ciu­dad de leyen­da, cuyo recuer­do está más ali­men­ta­do por los mitos y leyen­das que por las evi­den­cias arque­ológ­i­cas.

Aunque es cier­to que se han recu­per­a­do bas­tantes piezas, insis­to en el carác­ter mitológi­co de algu­nas de sus con­struc­ciones más impor­tantes ya que en la real­i­dad no hay una con­stan­cia cien­tí­fi­ca de su exis­ten­cia. Es el caso de la Torre de Babel, aque­l­la que pop­u­lar­izó la Bib­lia por relatar cómo se con­struyó inten­tan­do tocar el cielo y Dios cas­tigó a sus habi­tantes, super­vivientes del Dilu­vio Uni­ver­sal, dotán­doles de difer­entes idiomas para que entre sí no se com­prendier­an. Pero no era el úni­co mon­u­men­to míti­co. Aún más famosos serían los Jar­dines Col­gantes de Babilo­nia, cuya leyen­da cuen­ta que nada podía com­para­rse a esta obra per­fec­ta crea­da por el rey Nabu­codonosor II. La úni­ca de las Siete Mar­avil­las que no era grie­ga ni egip­cia.

Los arqueól­o­gos se div­i­den entre los que defien­den su exis­ten­cia y los que la nie­gan. Los primeros argu­men­tan que “aún que­da mucho por excavar” y que las mural­las de la ciu­dad, que tenían 70 kilómet­ros de perímetro, eran de tal impor­tan­cia que es lógi­co que se inten­tara impre­sion­ar a los vis­i­tantes cubrién­dolas de plan­tas exóti­cas. Sin embar­go, arqueól­o­gos más escép­ti­cos defien­den que Herodoto, un sabio que cono­ció muy bien Babilo­nia (y prob­a­ble­mente el via­jero más impor­tante de todos los tiem­pos) jamás los men­cionó en sus escritos y tam­poco lo hicieron otros filó­so­fos grie­gos con­tem­porá­neos de Babilo­nia. Hay un ter­cer grupo de arqueól­o­gos que teorizan sobre la idea de que los jar­dines pudier­an haber exis­ti­do en algún lugar cer­cano como la ciu­dad de Nin­eveh. En defin­i­ti­va, existier­an o no estas esplén­di­das ter­razas cubier­tas de las más bel­las plan­tas y flo­res, actual­mente sólo ten­emos la ilusión de poder imag­i­narlas.


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2 Comments

  1. Me ha encan­ta­do, da gus­to ver las recon­struc­ciones y las expli­ca­ciones que las acom­pañan, sin duda debieron ser impo­nentes, sobreto­do el Cómo­do de Rodas, en donde estu­vi­mos hace algunos ver­a­nos y vimos las colum­nas con los cier­vos que ocu­pan hoy el lugar de los pies del coloso de antaño. 😍😍👌👌

  2. Que boni­to el post. Como veo que te intere­sa el mun­do antiguo te paso algo sobre la Bib­liote­ca de Ale­jan­dría que a lome­jor te intere­sa
    https://writeclub1968.wordpress.com/2020/06/17/la-biblioteca-de-alejandria-mitos-vacios-y-logros-oscurecidos/

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