30 lugares insólitos que no esperarías encontrar en Holanda

Castle d'Oultremont

Como bien os comenta­ba en el artícu­lo que en su día dediqué a mis via­jes por Holan­da, después de España (y prob­a­ble­mente Por­tu­gal) este es el país de Europa que mejor conoz­co ya que he ido allí cer­ca de trein­ta veces. Pueden pare­cer muchas para un país con una exten­sión tan pequeña pero lo cier­to es que está lleno de rin­cones sor­pren­dentes… ¡y los que aún me quedarán por des­cubrir! Por este moti­vo he queri­do escribir un repor­ta­je en el que os mue­stro muchos lugares que tal vez no sean tan cono­ci­dos ni pub­lic­i­ta­dos pero que hacen de Holan­da una nación fasci­nante. Que ust­edes los dis­fruten.

 

Holanda

 

Giethoorn

Giethoorn

A Giethoorn no sólo te le des­cub­ri­mos en el artícu­lo ded­i­ca­do a nue­stros via­jes por Holan­da sino tam­bién a otro en el que recor­ríamos ciu­dades donde viv­en tan felices sin coches. Y es que este espec­tac­u­lar pueblo holandés, con­sid­er­a­do por muchos el más boni­to del país, no sólo no tiene coches sino que casi tam­poco calles, por lo que evi­den­te­mente sería algo com­pli­ca­do con­ducir. Sus habi­tantes, poco más de 2500, se trasladan de un lado a otro en bici­cle­ta, cruzan­do de puente en puente, o en el medio de trans­porte más común, las bar­cas.

Los veci­nos de Giethoorn ven de lo más nor­mal ir nave­gan­do a com­prar el pan o a tomar café a casa de los ami­gos. Están más que acos­tum­bra­dos des­de la infan­cia. Y es que aquí las casas están con­stru­idas sobre minús­cu­las isle­tas sep­a­radas por cien­tos de canales. Lo curioso ya no es sólo moverse de un lugar a otro en bar­ca sino que además en invier­no estos canales se hielan y entonces te trasladas pati­nan­do. Vamos, que los habi­tantes de Giethoorn acabarán olvidán­dose en el futuro de lo que sig­nifi­ca cam­i­nar.

Kruish­eren­ho­tel

Kruisherenhotel

Avisamos que alo­jarse aquí bara­to no es (a una media de 215 euros la noche)  pero la expe­ri­en­cia merece la pena. Y es que no todos los días puede uno darse el capri­cho de des­per­tarse en una igle­sia góti­ca del siglo XV. Es lo que ofrece el Kruish­eren­ho­tel, uno de los alo­jamien­tos más curiosos de Europa. Se encuen­tra en la ciu­dad de Maas­tricht y ofrece a los afor­tu­na­dos clientes 60 habita­ciones de lujo en el mejor de los esce­nar­ios.

Bib­liote­ca Book Moun­tain

Libreria Spijkenisse

Nos vamos a las afueras de Rot­ter­dam, más conc­re­ta­mente a la local­i­dad de Spijkenisse, para aden­trarnos en uno de los lugares más sor­pren­dentes de Holan­da. Se tra­ta de la bib­liote­ca local Book Moun­tain, una gigan­tesca estruc­tura de cristal que, como su nom­bre indi­ca, pare­cería inten­tar emu­lar a una mon­taña de libros. Pero en real­i­dad los arqui­tec­tos que la dis­eñaron pre­tendían recor­dar a esas miles gran­jas que durante años pla­garon este área y que fueron sus­ten­to de la economía rur­al. Con una super­fi­cie de más de 9000 met­ros cuadra­dos, se ha con­ver­tido en la may­or atrac­ción turís­ti­ca de la zona. Y además (y lo más impor­tante): invi­ta a leer.

Laber­in­to de Drielanden­punt

Drielandenpunt

La pequeña ciu­dad de Vaals es una excep­ción en Holan­da por dos motivos. El primero, que aquí se encuen­tre el pun­to más alto del país, una col­i­na de poco más de 300 met­ros (ya sabéis que los País­es Bajos se lla­man así por algo). El segun­do, que aquí podamos dis­fru­tar del laber­in­to de Drielanden­punt, el may­or del país. Inau­gu­ra­do hace 30 años, ha vis­to pasar por aquí no sólo a miles de vis­i­tantes sino tam­bién la cel­e­bración de impor­tantes even­tos como fes­ti­vales, jue­gos ecuestres o concier­tos de orques­ta.

Tem­p­lo egip­cio de Taffeh

Taffeh

Igual que en Madrid ten­emos el tem­p­lo de Debod (al que dedicamos este artícu­lo), en Holan­da tam­bién tienen un tem­p­lo egip­cio, el de Taffeh (o Taffa), con­ver­tido en el edi­fi­cio más antiguo del país. Éste tam­bién fue regal­a­do por el gob­ier­no de Egip­to en agradec­imien­to por la ayu­da presta­da para poder trasladar el tem­p­lo de Abu Sim­bel a 200 kilómet­ros de dis­tan­cia de su emplaza­mien­to orig­i­nal  debido a la con­struc­ción de la pre­sa de Assuan. Y al con­trario que nue­stro Debod, el de Taffeh no se encuen­tra al aire libre, sino pro­te­gi­do de las inclemen­cias del tiem­po y la con­t­a­m­i­nación en el Museo Real de Antigüedades de Lei­den.

El tem­p­lo ha sido ubi­ca­do en el hall de entra­da del museo, por lo que los vis­i­tantes no han de adquirir tick­et si quieren admi­rar­lo (lo cual es un detal­la­zo): esta fue una de las dos condi­ciones (la otra la de per­manecer a cubier­to) que impu­so el gob­ier­no egip­cio para su trasla­do. El tem­p­lo de Taffeh vive, por tan­to, una “jubi­lación” de lo más reposa­da después de haber servi­do como sede de cul­to a la diosa Isis, tem­p­lo cris­tiano e islámi­co, vivien­da de famil­ias e inclu­so un establo.

Cemente­rio de Beth Haim

En la pequeña ciu­dad de Oud­erk­erk aan de Ams­tel ten­emos el cemente­rio judío más antiguo de Holan­da. Data del año 1614 y acoge 28.000 tum­bas, la may­oría de ellas pertenecientes a judíos que emi­graron de Por­tu­gal, huyen­do de la per­se­cu­ción que sufrían en la Penín­su­la Ibéri­ca ; por dicho moti­vo la may­oría de las láp­i­das cuen­tan con inscrip­ciones en tres idiomas (hebreo, holandés y por­tugués).

El cemente­rio se con­struyó adrede ya que pese a que en el siglo XVII a los judíos se les per­mitía prac­ticar su religión, se les nega­ba ser enter­ra­dos den­tro de los límites de Ams­ter­dam. Como los cuer­pos debían ser enter­ra­dos en un peri­o­do máx­i­mo de 24 horas, se buscó un ter­reno cer­cano, a donde podía acced­er­se fácil­mente en remol­cador.

Beth Haim (que, curiosa­mente, sig­nifi­ca Casa de la Vida) sufre, pese a su impor­tan­cia históri­ca, una dejadez pre­ocu­pante, con tum­bas devo­radas por el moho y la hier­ba. Debe­mos recor­dar que el sue­lo holandés es mucho más blan­do y poroso que los de otros país­es, debido a la humedad, por lo que el cemente­rio parece ir hundién­dose poco a poco. Curiosa­mente, hay otro cemente­rio judío con el mis­mo nom­bre en la colo­nia holan­desa en el Caribe, la isla de Curaçao.

Hotel Inn­tel Zaan­dam

Hotel Inntel Zaandam

A ape­nas quince min­u­tos de trayec­to en tren des­de Ams­ter­dam se encuen­tra la ciu­dad de Zaan­dam. Son muchos los que vienen al lugar natal del fut­bolista Ronald Koe­man a dis­fru­tar del pin­toresco paisaje que ofre­cen los cien­tos de moli­nos de vien­to (paisaje que en su día ya enam­oró a Claude Mon­et). Y aprovechan­do este tirón turís­ti­co, se añadió una nue­va atrac­ción para los vis­i­tantes: un hotel que es un hom­e­na­je abso­lu­to al inge­nio arqui­tec­tóni­co más alo­ca­do.

El hotel Inn­tel Zaan­dam se encuen­tra jus­to al lado de la estación de tren y su facha­da está for­ma­da por cer­ca de 70 casas típi­cas holan­desas, api­ladas para mold­ear este curiosísi­mo edi­fi­cio. Las propias habita­ciones tam­bién están dec­o­radas con pin­turas sor­pren­dentes de la vida holan­desa, rival­izan­do con la visión rompe­do­ra que ofrece el exte­ri­or. Habita­ciones a par­tir de 130 euros.

Brouwerij’tij

Brouwerij’t IJ

Dicen de ella que es una de las cerve­cerías más espec­tac­u­lares del mun­do y damos fe de que es cier­to. He ido a vis­i­tar­la en varias oca­siones y siem­pre me sigue sor­pren­di­en­do su majes­tu­osi­dad. Lle­va abier­ta des­de el año 1985 en Ams­ter­dam, en una antigua casa de baños, jun­to al moli­no De Gooy­er, donde pre­cisa­mente se lle­va a cabo el pro­ce­so de elab­o­ración de la cerveza. La Brouwerij’tij es una de las primeras brew­eries que se abrieron en Holan­da y sus cervezas, ocho vari­antes difer­entes, gozan de una buenísi­ma rep­utación.

Homomon­u­ment

Homomonument

Que Holan­da, y espe­cial­mente Ams­ter­dam, es un país líder en la lucha por los dere­chos LGTBI es algo que nadie cues­tiona. A prin­ci­p­ios de los años 60 dio un ejem­p­lo de men­tal­i­dad lib­er­al legal­izan­do el adul­te­rio o el abor­to y así mis­mo fue el primer país del mun­do en apro­bar el mat­ri­mo­nio homo­sex­u­al, con dere­chos de adop­ción inclu­i­do. Por ello no es de extrañar encon­trarse en Ams­ter­dam con un mon­u­men­to tan emo­ti­vo como el Homomon­u­ment: el nom­bre lo dice todo.

Inau­gu­ra­do en 1987 y for­ma­do por tres trián­gu­los de gran­i­to (puedes ver uno de ellos a la izquier­da de la fotografía cubier­to de flo­res y es recuer­do del trián­gu­lo rosa que los homo­sex­u­ales debían lle­var sobre la  ropa en los cam­pos de con­cen­tración), recuer­da a todos los gays y les­bianas que han sido persegui­dos, tor­tu­ra­dos e inclu­so asesina­dos durante cien­tos de años de repre­sión incom­pren­si­ble.

Tien­da El Museo del Que­so

Cheese Museum

Sabe­mos que no es un museo del que­so en el sen­ti­do estric­to (para eso ya ten­emos el de Alk­maar) pero debería ser­lo. Porque pocos sitios vas a encon­trar en Holan­da con tal can­ti­dad de vari­antes de que­so por metro cuadra­do. Y es que Holan­da, uno de los país­es con may­or y mejor tradi­ción que­sera, ofrece para los que­seros como yo lo más pare­ci­do a un Edén gas­tronómi­co. Sólo hay que men­cionar nom­bres de pueb­los como Edam o Gou­da para saber de qué esta­mos hablan­do.

El caso es que si no puedes ir al Museo del Que­so de Alk­maar que comen­tábamos y sólo tienes tiem­po para una escapa­da ráp­i­da a Ams­ter­dam, te recomen­damos pasar por aquí para cono­cer un poco más de la his­to­ria del que­so holandés, degus­tar gra­tuita­mente unas cuan­tas var­iedades y de paso lle­varte de vuelta a España unos cuan­tos sou­venirs que­seros. Tu estó­ma­go te lo agrade­cerá.

Oude­man­huis­poort

Oudemanhuispoort

Siem­pre comen­to que en pocos lugares soy tan feliz como en el inte­ri­or de una libr­ería o de una bib­liote­ca. Por ello debo con­fe­sar de una de mis debil­i­dades en Ams­ter­dam es este calle­jón, Oude­man­huis­poort, que podríamos tra­ducir como el Corre­dor de la Casa del Viejo. For­ma parte de la Uni­ver­si­dad y es una cal­lecita encan­ta­do­ra que des­de el año 1886 se ded­i­ca a ofre­cer a holan­deses y tur­is­tas uno de los may­ores plac­eres que pue­da exi­s­tir: la lec­tura. Dece­nas de mesi­tas de madera entre las que antigua­mente deam­bu­la­ba un genio como Vin­cent Van Gogh, hacien­do lo mis­mo que nosotros: bus­car joyas escon­di­das entre miles de libros de segun­da mano.

Our Lord in the Attic

Iglesia clandestina

En pleno cen­tro de Ams­ter­dam se encuen­tra escon­di­do uno de los lugares más curiosos del país. Es una igle­sia camu­fla­da en una buhardil­la (de hecho, su nom­bre,  Ons’ Lieve Heer op Sol­der , sig­nifi­ca Nue­stro Señor de la Buhardilla).Esta igle­sia se con­struyó, unien­do tres salas en lo alto de un edi­fi­cio, en el siglo XV y en la más abso­lu­ta clan­des­tinidad, ya que en Holan­da en aque­l­la época esta­ba pro­hibido el cul­to católi­co. La mandó con­stru­ir un com­er­ciante en 1661 y durante más de dos sig­los sirvió como refu­gio para los que querían seguir prac­ti­can­do su religión sin miedo a ser detenidos. Después acabó con­vir­tién­dose en uno de los museos más antigu­os de la ciu­dad (y tam­bién de los más sor­pren­dentes).

Museo de la Tor­tu­ra

Museo Tortura

A lo largo de nue­stros via­jes hemos tenido la opor­tu­nidad de cono­cer algunos museos ded­i­ca­dos a la tor­tu­ra ejer­ci­da por el hom­bre para doble­gar a sus seme­jantes. Las excusas pudieron ser diver­sas (imposi­ción reli­giosa, guer­ras, pre­juicios moral­is­tas, téc­ni­cas de inter­roga­to­rios…) pero el resul­ta­do es el mis­mo: una cru­el­dad abso­lu­ta­mente injus­ti­fi­ca­ble. El Museo de la Tor­tu­ra de Holan­da fue pre­cisa­mente el primer museo de este tipo que conocí, pre­cisa­mente la primera vez que via­jé a Holan­da cuan­do tenía 17 años. Después de aque­l­lo, en pos­te­ri­ores vis­i­tas he regre­sa­do varias veces, fasci­na­da por los nive­les de mal­dad que puede alcan­zar la retor­ci­da mente del ser humano.

Debo adver­tir, eso sí, que pese a que en mi opinión los aparatos de tor­tu­ra que se expo­nen, así como cuadros y pin­turas que mues­tran los méto­dos uti­liza­dos para doble­gar a los desafor­tu­na­dos pri­sioneros, mues­tran una intere­sante parte de nues­tra his­to­ria (pese a que al mis­mo tiem­po esta pue­da resul­tar repul­si­va), este no es un lugar recomen­da­do para mentes impre­sion­ables. Ten­lo en cuen­ta.

Par­que temáti­co de Eftel­ing

EF

Es el may­or par­que temáti­co de los País­es Bajos y uno de los más vis­i­ta­dos de toda Europa des­de que se inau­guró en el año 1952. Un lugar que es una oda a la fan­tasía y que deja volar la imag­i­nación, inspi­ra­do en los cuen­tos de hadas y divi­di­do en cin­co “reinos”: el reino sal­va­je, el mis­te­rioso, el de la magia, el de la fan­tasía y el de la aven­tu­ra. Todo ello con un ambi­ente menos com­er­cial que el que ofre­cen otros par­ques como Eurodis­ney y sí más conec­ta­do con ese aire bohemio que tenían los cuen­tos de nues­tra infan­cia.

Pre­cisa­mente la sec­ción del par­que más antigua, la del Bosque de los Cuen­tos de Hadas, es la que nar­ra esos relatos que nos ilu­sion­a­ban de niños. Cape­ruci­ta Roja, Hansel y Gre­tel, Pul­gar­ci­to, Pinocho… todos están aquí rep­re­sen­ta­dos, cuen­tos pop­u­lares que en su día se inter­na­cionalizaron y que hoy son cono­ci­dos por niños de todo el mun­do. Por otro lado se encuen­tran las atrac­ciones, para niños y may­ores, así como un mon­tón de espec­tácu­los que con­stan­te­mente se van ren­o­van­do. 

In’t Aep­jen

Int Aepjen

Algo que me encan­ta de Ams­ter­dam es que es una ciu­dad donde a veces el tiem­po parece haberse detenido, con casitas con­stru­idas hace var­ios sig­los y establec­imien­tos que mila­grosa­mente han cam­bi­a­do poco des­de que se fun­daron. Esa es la sen­sación que tienes cuan­do entras en In’t Aep­jen, uno de los pubs más antigu­os de Holan­da (se inau­guró en 1519). Te sor­pren­derá ver el bar pla­ga­do de monos de todo tipo (de peluche, de cerámi­ca, en ilus­tra­ciones), debido a la leyen­da (que parece ten­er mucho de ver­dad) que cuen­ta que los marineros, cuan­do se qued­a­ban sin dinero para pagar las ron­das, sald­a­ban la deu­da con ani­males exóti­cos que traían de sus via­jes, espe­cial­mente pequeños moni­tos saltarines.

New Ocean Par­adise

New Ocean

Este es de esos lugares kitsch cuya exis­ten­cia no sabes si te fasci­na o te repugna. Y es que el New Ocean Par­adise, ubi­ca­do en el puer­to de Rot­ter­dam, tiene el hon­or de ser el hotel más hort­era de Holan­da. Porque aunque en su día se con­struyó inten­tan­do ase­me­jar­lo con un pala­cio flotante chi­no, en la prác­ti­ca el proyec­to acabó sien­do algo cutre y tiene fama de ten­er unas habita­ciones sucias y mal­olientes. Pero lo que nadie puede negar­le es que supone toda una sor­pre­sa visu­al para el que va tran­quil­a­mente cam­i­nan­do y de repente se lo encuen­tra sin esper­ar­lo.

Selexyz

 

En Maas­tricht tuvieron hace años una idea mar­avil­losa. Con­ver­tir una igle­sia góti­ca del siglo XIII en una de las libr­erías más boni­tas de Europa. La Selexyz Domini­ca­nen, que ejer­ció como igle­sia has­ta ini­cio del siglo XIX, se usó después como almacén de bici­cle­tas y galería de arte, antes de ser injus­ta­mente aban­don­a­da durante bas­tantes años. Pese a que su esta­do era deplorable, un valiente equipo de arqui­tec­tos se empeñó en recon­ver­tir su inte­ri­or y así se dio for­ma a esta increíble libr­ería por la que cada año pasan más de 700.000 clientes.

Moli­nos de Kinderdijk

 

Que Holan­da es tier­ra de moli­nos no le sor­prende a nadie. Pero no por ello su silue­ta en el hor­i­zonte deja de con­sti­tuir un ele­men­to de lo más pecu­liar. Son uno de los grandes orgul­los holan­deses (no obstante tienen el títu­lo de Pat­ri­mo­nio de la Humanidad) y se encuen­tran a las afueras de Rot­ter­dam, en la ciu­dad de Dor­drecht. Tres de ellos se encuen­tran abier­tos al públi­co (aunque, como imag­i­narás, su inte­ri­or no es demasi­a­do grande) y hay la opción de tomar un pequeño crucero que te per­mi­tirá dis­fru­tar de la panorámi­ca de los moli­nos des­de el agua.

Python­brug

 

Ams­ter­dam, cono­ci­da tam­bién como la Vene­cia del Norte y sur­ca­da por cien­tos de canales, está llena de puentes. De todos los tamaños y col­ores. Entre todos ellos desta­ca este, el Python­brug, el Puente Pitón, lla­ma­do así por ase­me­jarse a una ser­pi­ente. Enlaza la la isla de Bor­neo con la penín­su­la de Sporen­burg des­de hace más de 20 años y su lla­ma­ti­vo aspec­to fue uti­liza­do para atraer a los tur­is­tas a bar­rios menos cono­ci­dos de la ciu­dad.

Casas Cubo de Rot­ter­dam

CC

Se las conoce como Kubus­won­ing , las Casas Cubo, y son una de las grandes atrac­ciones arqui­tec­tóni­cas de Rot­ter­dam. A medi­a­dos de los años 70 la ciu­dad intenta­ba mod­ern­izarse con proyec­tos mod­er­nos e inno­vadores y una déca­da después se dio for­ma a este bloque de vivien­das que pre­tenden sim­u­lar un bosque de casas-árbol. Son un total de 38 vivien­das. Vivien­das, sí, porque aquí den­tro se vive, no son ofic­i­nas ni salas de exposi­ciones. Los inquili­nos han debido desar­rol­lar su inge­nio para adap­tarse a la extraña for­ma de sus hog­a­res ya que no todos los mue­bles enca­jan. Un incon­ve­niente menor si lo com­paras con el priv­i­le­gio de ten­er tu mora­da en un  lugar úni­co en el mun­do.

Fort Bour­tange

Bourtange

En Europa es común encon­trar antiguas for­t­alezas con for­ma de estrel­la. Fue un dis­eño muy pop­u­lar en épocas en la que guer­rear era el pan nue­stro de cada día, con mul­ti­tud de recov­ecos y alteraciones de niv­el que com­plic­a­ban el ase­dio al que les sometía el ene­mi­go. Buen ejem­p­lo de este tipo de for­ti­fi­ca­ciones es el Fuerte Bour­tange, situ­a­do en el pueblo del mis­mo nom­bre. Su con­struc­ción se final­izó hace más de 400 años y se llevó a cabo pre­cisa­mente para repel­er los ataques de las tropas españo­las.

Cor­pus Muse­um

Corpus

Esta­mos en la ciu­dad de Oegst­geest, donde se hal­la uno de los museos más curiosos de Europa: el Museo del Cuer­po Humano. ¿Recordáis la pelícu­la “El chip prodi­gioso”? Pues la visi­ta al Cor­pus Muse­um te va a pro­por­cionar una expe­ri­en­cia sim­i­lar. Un paseo por el cuer­po humano en un curioso edi­fi­cio cuyo exte­ri­or tam­bién tiene for­ma de per­sona. Es  una exposi­ción la mar de didác­ti­ca, en la que no sólo los niños sino tam­bién los adul­tos apren­der­e­mos un mon­tón de cosas acer­ca de cómo fun­ciona nue­stro organ­is­mo. 

El Krem­lin de Winkel

KW

¿Sabéis que Holan­da tam­bién tiene su pro­pio Krem­lin? Tal vez no sea tan grande ni col­ori­do como el de Moscú pero tam­bién tiene su encan­to. Ger Leeg­wa­ter, un fanáti­co de la arqui­tec­tura rusa, al jubi­larse creó su pro­pio Krem­lin par­tic­u­lar a las afueras del dimin­u­to pueblo de Winkel. Una capil­la en la que de vez en cuan­do se cel­e­bran bodas, una fuente ded­i­ca­da a Nep­tuno, tor­res bar­ro­cas, estat­uas, jar­dines… todo tiene cabi­da en esta par­tic­u­lar con­struc­ción. 

Evolu­on

EV

Imagí­nate. Ir con­ducien­do por la noche y, de repente, encon­trarte allí a lo lejos un platil­lo volante. Más de un sus­to se habrán lle­va­do los que lle­gan por primera vez a Eind­hoven y pasan cer­ca de Evolu­on, un futur­ista cen­tro de con­fer­en­cias que pese a haber sido con­stru­i­do en 1966, con­tinúa sien­do uno de los edi­fi­cios más inno­vadores de la ciu­dad. 

Las casas más estre­chas del mun­do

Singel 7

En el número 7 de la calle Sin­gel de Ams­ter­dam encon­tramos la que está con­sid­er­a­da la casa más estrecha del mun­do: ape­nas un metro de ancho, prác­ti­ca­mente lo que mide la puer­ta trasera. Y no es la úni­ca vivien­da “del­ga­di­ta” de la ciu­dad. En las calles Oude Hoogstraat y Klove­niers­burg­w­al podemos encon­trar otros curiosos ejem­p­los. E inclu­so un calle­jón que tam­poco supera el metro de ancho, Trompet­ter­steeg, en pleno Bar­rio Rojo.

El Museo del Arte Flu­o­res­cente

 Electric Ladyland

Al igual que en Las Vegas se enorgul­le­cen de con­tar con un museo ded­i­ca­do a las luces de neón, en Holan­da tienen su pro­pio museo de arte flu­o­res­cente: Elec­tric Lady­land. Si no fuera porque no lograrías dis­fru­tar en toda su inten­si­dad de las obras expues­tas, te acon­se­jaríamos entrar con unas gafas de sol. Unas obras que además tienen la par­tic­u­lar­i­dad de cam­biar de col­or depen­di­en­do des­de el ángu­lo des­de el que las mires 

Rem Eiland

RE

Ams­ter­dam con­tinúa sor­prendién­donos con lugares de lo más insól­i­tos. Entre ellos, esta platafor­ma que se tra­jo des­de Irlan­da y que acabó con­vir­tién­dose en un restau­rante que actual­mente ofrece algu­nas de las mejores panorámi­cas de la ciu­dad. Se encuen­tra en el puer­to de Houthaven y ante­ri­or­mente fue una emisión pira­ta de radio y tele­visión. En el restau­rante tra­ba­ja uno de los chefs con mejor rep­utación del país, Bob­by Rust, y aún así los menús son de lo más ase­quibles, con un pre­cio de 46 euros por cua­tro platos. 

Museo Tot Zover

Tot Zover

Aunque a pri­ori pue­da pare­cer algo tétri­co, el Museo Tot Zover es uno de los más curiosos de Holan­da. Por fac­tores cul­tur­ales condi­ciona­dos por la imposi­ción del catoli­cis­mo, en Occi­dente la visión de la muerte es mucho más triste y sinies­tra que en otros lugares del mun­do. Pero al mis­mo tiem­po este oscu­ran­tismo supone una atrac­ción de amor-odio por parte de mucha gente, así que no nos extraña que esta exposi­ción reci­ba cada vez más vis­i­tantes. Des­de el embal­samien­to a los rit­uales de enter­ramien­to en difer­entes cul­turas o los obje­tos aso­ci­a­dos al pro­ce­so del fal­l­ec­imien­to, este museo te lle­va a un paseo por la relación, a veces anó­mala, que las per­sonas tienen con el mun­do descono­ci­do del más allá.

Puente de Moses

Moses

Esta­mos acos­tum­bra­dos a cruzar los puentes sobre el agua pero no por en medio de ríos o canales. Y es aquí cuan­do encon­tramos la jus­ti­fi­cación de su nom­bre (Moisés), ya que en efec­to te pare­cerá estar cam­i­nan­do sobre las aguas. El puente se con­struyó con la inten­ción de acced­er al Fuerte de Roo­vere y para ello había que atrav­es­ar un foso, el mis­mo que en la antigüedad pro­tegía a los sol­da­dos holan­deses de los ataques de ejérci­tos france­ses y españoles. De este modo se inten­tó con­stru­ir un puente casi invis­i­ble (en real­i­dad es un paso) para preser­var el dis­eño orig­i­nal de las for­ti­fi­ca­ciones.

Roze Kas­teel

Castle d'Oultremont

¿Un castil­lo de col­or rosa? ¡Madre mía, mis sueños cumpli­dos! Pero reconoz­camos que el tema tiene tru­co ya que con este col­or fue pin­ta­do a en los años 80. El castil­lo, con­stru­i­do hace 800 años, se encuen­tra situ­a­do entre los pueb­los holan­deses de Nieuwkuijk y Drunen, y curiosa­mente, a par­tir de 1989 for­mó parte de un par­que temáti­co para niños, el Land von Ooit. El par­que acabó cer­ran­do por prob­le­mas económi­cos pero el castil­lo se man­tu­vo con esta pecu­liar indu­men­taria.


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1 Comment

  1. Un post mag­ní­fi­co, muchas gra­cias por com­par­tir­lo y dar tan­tas ideas y detalles para futuras vis­i­tas

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