El Museo del Calamar Gigante de Luarca

El Krak­en, el cala­mar gigante, es una de las criat­uras más fasci­nantes del mun­do mari­no. Descrito como un cala­mar o pulpo gigan­tesco que se ded­i­ca­ba a hundir bar­cos y devo­rar marineros, este mon­struo ha cau­ti­va­do la imag­i­nación de mari­nos, escritores y cien­tí­fi­cos durante sig­los. ¿Pero qué hay de cier­to en esta leyen­da? Pues más de lo que crees. Y es que los cala­mares gigantes exis­ten y puedes con­tem­plar unos cuan­tos ejem­plares en el úni­co museo del mun­do ded­i­ca­do a esta mis­te­riosa especie y que, para suerte nues­tra, se encuen­tra en España: el Museo del Cala­mar Gigante de Luar­ca.

Orí­genes del mito

El Krak­en tiene sus raíces en las leyen­das escan­di­navas. Los primeros reg­istros sobre esta criatu­ra provienen de los mari­nos nórdi­cos del siglo XII, quienes describían enormes bes­tias mari­nas con ten­tácu­los capaces de abrazarse a los bar­cos y arras­trar­los a las pro­fun­di­dades. En la lit­er­atu­ra islandesa medieval tam­bién se men­ciona­ban mon­stru­os mari­nos como el hafg­u­fa, que algunos estu­diosos con­sid­er­an un antecedente del Krak­en.

En el siglo XVIII el obis­po y nat­u­ral­ista Erik Pon­top­p­i­dan pop­u­lar­izó la his­to­ria del Krak­en en su obra His­to­ria Nat­ur­al de Norue­ga. Pon­top­p­i­dan lo describió como un cefalópo­do colos­al que podía alcan­zar tamaños desco­mu­nales y cuyos movimien­tos provo­ca­ban remoli­nos desco­mu­nales capaces de hundir navíos.

La leyen­da del Krak­en

A lo largo de los sig­los el Krak­en ha sido rep­re­sen­ta­do como un ser de pro­por­ciones desco­mu­nales, descrito con una mez­cla de temor y fasci­nación por los mari­nos que sur­ca­ban los mares del norte. Según la mitología nórdi­ca, esta criatu­ra hab­it­a­ba en las pro­fun­di­dades del océano, acechan­do a los bar­cos despre­venidos y emergien­do de las aguas para atra­par­los con sus ten­tácu­los.

Los relatos de marineros afirma­ban que el Krak­en podía con­fundirse con una isla, ya que su enorme cuer­po se man­tenía inmóvil en la super­fi­cie antes de atacar y era de pro­por­ciones colos­ales. Se decía que su pres­en­cia iba acom­paña­da de un hedor de lo más car­ac­terís­ti­co y que el mon­struo, más lis­to que el ham­bre, se rode­a­ba de ban­cos de peces, lo que atraía a los bar­cos sin que sus trip­u­lantes supier­an del peli­gro inmi­nente.

Las descrip­ciones del Krak­en vari­a­ban según las fuentes pero muchas coin­cidían en su tamaño gigan­tesco (se decía que el Krak­en podía alcan­zar has­ta una mil­la de lon­gi­tud, por lo que podía envolver con facil­i­dad a los bar­cos más grandes de la época). Sus ten­tácu­los eran su arma prin­ci­pal, envolvien­do a los bar­cos y aplas­tán­do­los con una fuerza desco­mu­nal. En algunos relatos, el Krak­en solo emergía en cier­tas esta­ciones del año, lo que lo con­vertía en un fenó­meno impre­deci­ble y ater­rador para los nave­g­antes.

Encuen­tros con el Krak­en

Uno de los relatos más antigu­os sobre el Krak­en proviene de la tradi­ción escan­di­na­va y men­ciona a un grupo de marineros que avis­taron una masa gigan­tesca flotan­do en el mar. Creyen­do que era una isla, inten­taron desem­bar­car pero pron­to se dieron cuen­ta de que la “isla” comen­z­a­ba a moverse y a sumer­girse en el agua. Ape­nas lograron escapar antes de ser arrastra­dos por el remoli­no que dejó la criatu­ra al desa­pare­cer.

El Krak­en en la época de la explo­ración

Durante la era de los grandes des­cubrim­ien­tos, marineros de difer­entes partes de Europa comen­zaron a repor­tar avis­tamien­tos de criat­uras sim­i­lares al Krak­en en diver­sas partes del mun­do. Estos informes fueron recopi­la­dos en libros de nave­gación y mapas, donde se rep­re­senta­ban enormes pul­pos y cala­mares que ata­ca­ban bar­cos. Uno de los casos más famosos es el del bar­co francés Alec­ton en 1861, que inten­tó cap­turar un cala­mar gigante en el Atlán­ti­co. A pesar de sus esfuer­zos, la criatu­ra escapó, dejan­do a la trip­u­lación asom­bra­da y ater­ror­iza­da.

 

A lo largo de los sig­los, el Krak­en ha apare­ci­do en múlti­ples relatos lit­er­ar­ios y rep­re­senta­ciones artís­ti­cas: en la lit­er­atu­ra del siglo XIX, el Krak­en fue men­ciona­do por Alfred Ten­nyson en su poe­ma The Krak­en (1830), donde lo pre­sen­ta como una criatu­ra dormi­da en las pro­fun­di­dades del océano. Ha sido pro­tag­o­nista en nov­e­las de aven­turas como Veinte mil leguas de via­je sub­mari­no de Julio Verne y ha apare­ci­do en pelícu­las como Piratas del Caribe: El Cofre del Hom­bre Muer­to (2006), donde se le rep­re­sen­ta como un mon­struo ter­rorí­fi­co al ser­vi­cio de Davy Jones.

¿Real­i­dad o fic­ción? 

Aunque el Krak­en es una criatu­ra mitológ­i­ca, exis­ten seres reales que podrían haber inspi­ra­do su leyen­da. El cala­mar gigante (Archi­teuthis dux) es un cefalópo­do de pro­por­ciones asom­brosas que puede alcan­zar más de 13 met­ros de lon­gi­tud. Durante sig­los, solo se conocía por los restos hal­la­dos en los estó­ma­gos de cachalotes o cadáveres arrastra­dos a la oril­la, lo que ali­men­tó la espec­u­lación sobre mon­stru­os mari­nos.

Mitos de cala­mares gigantes en civ­i­liza­ciones antiguas

Los cala­mares gigantes han des­per­ta­do la imag­i­nación de la humanidad des­de tiem­pos inmemo­ri­ales. Aunque el Krak­en escan­di­na­vo es el más famoso de estos mitos, otras civ­i­liza­ciones tam­bién han relata­do his­to­rias de criat­uras colos­ales emergien­do de las pro­fun­di­dades mari­nas. Estos relatos han mold­ea­do la cul­tura, el arte y la for­ma en que los pueb­los antigu­os com­prendían los peli­gros del océano. 

El Tani­wha de la mitología maorí

La mitología maorí ha cau­ti­va­do a muchos con sus relatos car­ga­dos de mis­te­rio, magia y seres extra­or­di­nar­ios. Entre los más enig­máti­cos y poderosos de estos seres mitológi­cos se encuen­tra el Tani­wha. Esta fig­u­raabar­ca una amplia var­iedad de inter­preta­ciones y for­mas, pero siem­pre está lig­a­da a la pro­tec­ción, la sabiduría y, a veces, al peli­gro.

El tér­mi­no “Tani­wha” proviene del idioma maorí, en el que “tani” sig­nifi­ca “mar” y “wha” puede inter­pre­tarse como “bes­tia” o “mon­struo”. Sin embar­go, el con­cep­to de Tani­wha no es tan sen­cil­lo como el de un mon­struo mari­no; su sig­nifi­ca­do varía depen­di­en­do de la región, la his­to­ria y el con­tex­to cul­tur­al. Algunos estu­diosos sug­ieren que el Tani­wha tiene sus raíces en las antiguas creen­cias de los pueb­los poli­ne­sios, ya que muchas cul­turas del Pací­fi­co com­parten mitos sobre criat­uras sim­i­lares. Los Tani­wha fueron, en su ori­gen, guardianes espir­i­tuales conec­ta­dos a fuerzas nat­u­rales como el mar, los ríos, las mon­tañas o inclu­so el infra­mun­do.

En sus primeras man­i­festa­ciones los Tani­wha se describían como seres poderosos que gob­ern­a­ban cier­tos lugares sagra­dos y mis­te­riosos, a los cuales sólo eran capaces de acced­er unos pocos priv­i­le­gia­dos. Eran los guardianes de estos lugares, man­te­nien­do un equi­lib­rio entre el mun­do físi­co y el espir­i­tu­al. Con el tiem­po, las his­to­rias sobre los Tani­wha se fueron diver­si­f­i­can­do, pre­sen­tán­do­los como criat­uras tan­to benig­nas como malig­nas, depen­di­en­do de su relación con las per­sonas y las cir­cun­stan­cias.

El Tani­wha puede tomar muchas for­mas según la his­to­ria o la región en la que se cuente la leyen­da. Una de las for­mas más pop­u­lares del Tani­wha es la de un gran mon­struo mari­no. Estas criat­uras gigan­tescas son descritas como enormes ser­pi­entes, pul­pos o drag­ones mari­nos que habi­tan en las aguas pro­fun­das, ya sea en mares, lagos o ríos. En algu­nas leyen­das se cree que los Tani­wha mari­nos pro­te­gen las costas o rin­cones acuáti­cos impor­tantes. Se dice que estos seres tenían la capaci­dad de hundir bar­cos o atra­par a los via­jeros impru­dentes. Algunos relatos inclu­so sug­ieren que podían ten­er la capaci­dad de cam­biar su tamaño, trans­for­mán­dose en mon­stru­os aún más gigan­tescos cuan­do se sen­tían ame­naza­dos.

Otra man­i­festación común del Tani­wha es la de un ser que habi­ta en tier­ras altas, ríos y lagos. Estos Tani­wha tienen una nat­u­raleza pro­tec­to­ra, espe­cial­mente hacia las tribus o pueb­los que los ven­er­an. En otras his­to­rias se cuen­ta que estos Tani­wha vivían den­tro de las mon­tañas y poseían la capaci­dad de mover rocas o crear grandes desliza­mien­tos de tier­ra para defend­er su ter­ri­to­rio. Su fuerza y poder esta­ban lig­a­dos a los ele­men­tos nat­u­rales como el agua y la tier­ra y se pens­a­ba que su pres­en­cia podía influir en el flu­jo de los ríos o el crec­imien­to de los cul­tivos.

El Tani­wha como figu­ra de sabiduría

Aunque muchas his­to­rias sobre los Tani­wha se cen­tran en su poder destruc­ti­vo, tam­bién exis­ten relatos donde el Tani­wha es una figu­ra sabia y benigna. En algunos casos el Tani­wha se describe como una especie de mae­stro espir­i­tu­al o pro­tec­tor que otor­ga sabiduría a aque­l­los que bus­can su con­se­jo o su ayu­da. En estas leyen­das, el Tani­wha se rep­re­sen­ta como un ser ven­er­a­do y respeta­do que actúa como inter­me­di­ario entre el mun­do humano y el mun­do espir­i­tu­al.

Los Tani­wha tienen una conex­ión pro­fun­da con la cul­tura maorí. En el pasa­do, cada tribu maorí (iwi) creía que tenía un Tani­wha pro­pio que pro­tegía sus tier­ras y su gente. Los Tani­wha eran con­sid­er­a­dos seres sagra­dos y se les rendía cul­to a través de rit­uales y ofren­das. Su poder no solo era temi­do sino tam­bién rev­er­en­ci­a­do. Las tribus a menudo con­struían sus asen­tamien­tos cer­ca de lugares con­sid­er­a­dos sagra­dos por los Tani­wha, como ríos o lagos donde se pens­a­ba que estas criat­uras hab­it­a­ban. Los Tani­wha tam­bién desem­peña­ban un papel impor­tante en las batal­las entre tribus. Se dice que los Tani­wha ayud­a­ban a las tribus durante las guer­ras, pro­te­gién­dolas de sus ene­mi­gos o guián­dolas hacia la vic­to­ria. 

En la vida cotid­i­ana de los maoríes el con­cep­to del Tani­wha seguía sien­do rel­e­vante, espe­cial­mente en las comu­nidades rurales. Las his­to­rias sobre Tani­wha se trans­mitían oral­mente de gen­eración en gen­eración y las per­sonas seguían creyen­do en su exis­ten­cia y en su influ­en­cia sobre la vida diaria. Algu­nas tribus maoríes creen que los Tani­wha siguen sien­do parte de la nat­u­raleza y que su pres­en­cia en la actu­al­i­dad sigue sien­do impor­tante. Creen que el Tani­wha puede influir en los even­tos nat­u­rales, como las tor­men­tas o las sequías. De esta man­era el Tani­wha sigue sien­do una figu­ra que conec­ta el mun­do espir­i­tu­al con el mun­do nat­ur­al.

El Akko­roka­mui de la mitología ainu

En la isla de Hokkai­do, Japón, el pueblo indí­ge­na ainu rela­ta la exis­ten­cia de una criatu­ra lla­ma­da Akko­roka­mui, un ser colos­al con ten­tácu­los que habi­ta las aguas de la bahía de Uchiu­ra. Según las leyen­das, Akko­roka­mui podía cre­cer has­ta los 120 met­ros de lon­gi­tud y era temi­do por pescadores y via­jeros. Se decía que la criatu­ra podía arras­trar bar­cos enteros has­ta las pro­fun­di­dades con su fuerza desco­mu­nal.

El tér­mi­no “Akko­roka­mui” proviene de la lengua ainu, un idioma que se habla tradi­cional­mente en las regiones del norte de Japón, par­tic­u­lar­mente en Hokkai­do, la isla más grande del norte del país. La pal­abra “Akko­roka­mui” se puede tra­ducir como “gran mon­struo del mar”, aunque algu­nas inter­preta­ciones varían según las regiones y las his­to­rias.

A pesar de su promi­nen­cia en la mitología ainu, el Akko­roka­mui no tiene un solo ori­gen claro. Se cree que este ser míti­co tiene raíces que se extien­den mucho más allá de la mitología ainu, con simil­i­tudes en otros mitos asiáti­cos que involu­cran criat­uras gigantes y ser­pi­entes mari­nas. 

El Akko­roka­mui es gen­eral­mente descrito como una criatu­ra de tamaño colos­al, una ser­pi­ente, cala­mar o mon­struo mari­no que vive en el mar. En algu­nas ver­siones de las leyen­das, se dice que tiene el poder de cam­biar de for­ma, alter­nan­do entre una gigan­tesca ser­pi­ente mari­na y un gran pez o inclu­so una bal­lena. Se cree que su cuer­po está cubier­to por esca­mas bril­lantes y que sus ojos son como dos faros gigan­tescos, capaces de ilu­mi­nar todo a su alrede­dor.

Una de las car­ac­terís­ti­cas más lla­ma­ti­vas del Akko­roka­mui es su vín­cu­lo con el mar. En varias his­to­rias, se dice que el Akko­roka­mui habi­ta en las pro­fun­di­dades del océano, pero tam­bién tiene la capaci­dad de salir a la super­fi­cie y tomar el con­trol de las aguas. Su pres­en­cia está aso­ci­a­da tan­to a la belleza como al peli­gro: puede otor­gar una abun­dante pesca y pro­tec­ción, pero tam­bién puede gener­ar tor­men­tas y tsunamis si es enfure­ci­do o si no se le respe­ta ade­cuada­mente.

Una de las razones por las cuales el Akko­roka­mui es tan impor­tante en la mitología ainu es su dual­i­dad. Por un lado, es con­sid­er­a­do un ser pro­tec­tor, un guardián de los mares y una dei­dad benévola que se pre­ocu­pa por el bien­es­tar de los humanos. En muchas leyen­das se cree que el Akko­roka­mui otor­ga favores a las tribus ainu, otorgán­doles pesca abun­dante, bue­nas cose­chas y pro­tec­ción ante las fuerzas del mal. Los ainu a menudo ofrecían rit­uales y ora­ciones a esta criatu­ra para apaciguar­la y ganarse su favor.

Sin embar­go, el Akko­roka­mui tam­bién es temi­do como una figu­ra de destruc­ción. El Akko­roka­mui puede desa­tar tor­men­tas fero­ces y mare­mo­tos que destruyen las aldeas costeras y se tra­gan embar­ca­ciones. Esta parte de la mitología refle­ja una visión del mun­do en la que la nat­u­raleza, rep­re­sen­ta­da por criat­uras como el Akko­roka­mui, es tan­to fuente de vida como fuerza de destruc­ción. Esta dual­i­dad tam­bién refle­ja la necesi­dad de los humanos de man­ten­er un equi­lib­rio con el entorno nat­ur­al, respetan­do a las criat­uras míti­cas que habi­tan los mares y las mon­tañas.

En la cul­tura ainu, el Akko­roka­mui tiene un lugar cen­tral en las creen­cias espir­i­tuales. Los ainu con­sid­er­an que todos los seres nat­u­rales, inclu­i­dos los ani­males y las criat­uras míti­cas, poseen una chis­pa de divinidad. El Akko­roka­mui es una de las dei­dades más poderosa y su influ­en­cia se extiende no solo sobre los mares, sino tam­bién sobre las activi­dades humanas cotid­i­anas, como la pesca y la agri­cul­tura. Para los ainu, la relación con estos seres es sim­bióti­ca: el ser humano depende de la nat­u­raleza para sobre­vivir pero tam­bién debe rendir hom­e­na­je y respeto a las criat­uras que habi­tan en ella.

Los rit­uales y cer­e­mo­nias ainu, cono­ci­dos como “kamu-ii”, a menudo incluían invo­ca­ciones al Akko­roka­mui, así como a otras dei­dades rela­cionadas con el mar y los ani­males. Durante estas cer­e­mo­nias, los ainu ora­ban para obten­er la pro­tec­ción y el favor de las criat­uras espir­i­tuales y ofrecían pesca­do o incien­so como ofren­das. Estas prác­ti­cas no solo eran una for­ma de conec­tarse con el mun­do espir­i­tu­al sino tam­bién una man­era de garan­ti­zar una relación armo­niosa con el entorno nat­ur­al.

La impor­tan­cia del Akko­roka­mui en la mitología ainu refle­ja una visión del mun­do pro­fun­da­mente ecológ­i­ca. Los ainu ven­er­an y respetan a las criat­uras como el Akko­roka­mui, no solo como dei­dades espir­i­tuales, sino tam­bién como seres que mantienen el equi­lib­rio de la nat­u­raleza. A lo largo de la his­to­ria, las comu­nidades ainu han depen­di­do de los recur­sos nat­u­rales de los mares, ríos y bosques pero tam­bién han recono­ci­do que el abu­so o la explotación desme­di­da de estos recur­sos puede lle­var a la ira de las criat­uras espir­i­tuales como el Akko­roka­mui.

Curiosa­mente, algunos relatos describen a Akko­roka­mui con un col­or roji­zo inten­so, lo que coin­cide con la apari­en­cia del Archi­teuthis dux, el cala­mar gigante cono­ci­do por los cien­tí­fi­cos. Este detalle sug­iere que la mitología ainu pudo haberse inspi­ra­do en encuen­tros reales con estas criat­uras. Además, los océanos de Japón son hog­ar de varias especies de cala­mares de gran tamaño, lo que podría haber ali­men­ta­do el mito. Algunos relatos inclu­so indi­can que el agua se torn­a­ba roja cuan­do la criatu­ra emergía, lo que podría ser una ref­er­en­cia a la tin­ta de los cefalópo­dos.

El Lus­ca del Caribe

La mitología del Caribe es rica en leyen­das y seres fan­tás­ti­cos que han sido trans­mi­ti­dos de gen­eración en gen­eración, muchos de ellos naci­dos de la mez­cla las creen­cias y super­sti­ciones de los pueb­los orig­i­nar­ios y de las influ­en­cias cul­tur­ales que lle­garon con los col­o­nizadores. Una de las fig­uras más mis­te­riosas y ater­rado­ras de esta mitología es el Lus­ca, una criatu­ra mari­na que ha fasci­na­do y ater­ror­iza­do a las comu­nidades caribeñas durante sig­los.

El Lus­ca es una criatu­ra míti­ca que habi­ta las aguas del Caribe, espe­cial­mente en las zonas de las Bahamas, Cuba y las Antil­las. Su ori­gen es incier­to pero se cree que es una mez­cla de las leyen­das de los pueb­los indí­ge­nas del Caribe, los mitos africanos traí­dos por los esclavos y las influ­en­cias de la cul­tura euro­pea. En algu­nas ver­siones el Lus­ca es un ser mari­no que com­bi­na las car­ac­terís­ti­cas de un tiburón y un pulpo gigante, mien­tras que en otras se lo describe como una mez­cla entre un pez y un ser humano. El nom­bre “Lus­ca” proviene de la pal­abra “luz”, que en algunos idiomas del Caribe se refiere a la luz bril­lante en el agua, lo que puede hac­er ref­er­en­cia al destel­lo lumi­noso de los ojos de la criatu­ra o a la bio­lu­minis­cen­cia de algu­nas especies mari­nas.

Este ser ha sido pop­u­lar­iza­do en gran medi­da por las leyen­das orales y los relatos de pescadores y aven­tureros que han oído hablar de sus ater­rado­ras haz­a­ñas en las aguas pro­fun­das del Caribe. Aunque no hay evi­den­cia cien­tí­fi­ca que respalde su exis­ten­cia, el Lus­ca sigue sien­do una figu­ra impor­tan­tísi­ma en las leyen­das de la región.

La ver­sión más pop­u­lar de la leyen­da sostiene que el Lus­ca habi­ta en las cuevas sub­mari­nas pro­fun­das, en lugares remo­tos y peli­grosos donde pocos se atreven a aden­trarse. En algunos relatos, se dice que el Lus­ca puede saltar fuera del agua, atra­pan­do a sus pre­sas con gran veloci­dad. El Lus­ca es una criatu­ra fer­oz y ter­ri­to­r­i­al, lo que expli­ca su papel como un ser peli­groso que debe ser evi­ta­do a toda cos­ta.

Una de las car­ac­terís­ti­cas más intri­g­antes del Lus­ca es su habil­i­dad para cazar y su com­por­tamien­to depredador. En muchas leyen­das, el Lus­ca se describe como un mon­struo que acecha a los nave­g­antes y pescadores incau­tos que se aven­tu­ran cer­ca de las zonas más peli­grosas del Caribe. Se dice que la criatu­ra uti­liza sus ten­tácu­los para arras­trar a las víc­ti­mas hacia su guar­i­da, donde las devo­ra o las mantiene pri­sion­eras. En las his­to­rias más dramáti­cas, se cuen­ta que el Lus­ca es respon­s­able de numerosos naufra­gios y desapari­ciones de bar­cos y trip­u­lantes. Algu­nas per­sonas creen que las tor­men­tas y los remoli­nos en el mar del Caribe son cau­sa­dos por la ira del Lus­ca e inclu­so lo aso­cian con el mis­te­rio del Trián­gu­lo de las Bermu­das.

Uno de los lugares más aso­ci­a­dos con el Lus­ca son los lla­ma­dos Blue Holes o “agu­jeros azules”, que son sum­ideros sub­mari­nos que se encuen­tran en varias islas del Caribe. Estos agu­jeros son cono­ci­dos por su gran pro­fun­di­dad y por la mis­te­riosa oscuri­dad que los rodea. Son cono­ci­dos por ser extremada­mente peli­grosos para los buzos debido a las cor­ri­entes traicioneras y la fal­ta de vis­i­bil­i­dad. Muchos relatos afir­man que el Lus­ca se ocul­ta en estas pro­fun­di­dades, esperan­do que los buzos o los nave­g­antes se acerquen demasi­a­do. Los tes­ti­mo­nios de buzos que ase­gu­ran haber sen­ti­do la pres­en­cia de algo extraño o peli­groso en las aguas cer­canas a los Blue Holes ali­men­tan la mitología del Lus­ca, aunque muchos cien­tí­fi­cos sug­ieren que lo que se exper­i­men­ta en estos lugares son efec­tos de la des­ori­entación y la pre­sión del agua a grandes pro­fun­di­dades.

Blue Hole

La leyen­da del Lus­ca tam­bién refle­ja una parte fun­da­men­tal de la relación entre los pueb­los del Caribe y el mar. Las aguas del Caribe son tan­to una fuente de vida como un ter­ri­to­rio peli­groso, lleno de mis­te­rios y seres fan­tás­ti­cos. El Lus­ca, con su nat­u­raleza dual como pro­tec­tor y cazador, es un recorda­to­rio de los peli­gros que acechan en el mar y de la necesi­dad de respetar las fuerzas nat­u­rales que gob­ier­nan el océano. En la cul­tura pop­u­lar el Lus­ca ha encon­tra­do su lugar en diver­sos medios, des­de pelícu­las de ter­ror has­ta libros de fan­tasía. Su ima­gen, como una bes­tia mari­na con ten­tácu­los y un ham­bre insa­cia­ble, se ha con­ver­tido en un sím­bo­lo de lo descono­ci­do y lo peli­groso que se esconde en las pro­fun­di­dades del océano. Su figu­ra ha sido adop­ta­da por los creadores de fic­ción como una rep­re­sentación de las criat­uras mitológ­i­cas que habi­tan los mares, mez­clan­do los miedos ances­trales con la fasci­nación mod­er­na por lo inex­plic­a­ble.

Las descrip­ciones de la Lus­ca coin­ci­den en muchos aspec­tos con los avis­tamien­tos mod­er­nos de cala­mares gigantes en aguas tropicales.Los cien­tí­fi­cos han encon­tra­do evi­den­cia de que especies como el Archi­teuthis pueden habitar pro­fun­di­dades extremas y oca­sion­al­mente ser arrastradas a la super­fi­cie por cor­ri­entes. Los lugareños creen que la Lus­ca es respon­s­able de desapari­ciones inex­plic­a­bles y que su hábi­tat es un por­tal al mun­do de los espíri­tus. Si bien no hay prue­bas con­cluyentes de su exis­ten­cia como criatu­ra míti­ca, la cien­cia respal­da la posi­bil­i­dad de que avis­tamien­tos de cala­mares gigantes hayan dado ori­gen a este mito.

El Te Wheke-a-Mutu­ran­gi en la mitología poli­ne­sia

Otra figu­ra mitológ­i­ca del Pací­fi­co es Te Wheke-a-Mutu­ran­gi, un mon­struo mari­no leg­en­dario en la tradi­ción poli­ne­sia. Según los mitos, este ser fue envi­a­do por la diosa Mutu­ran­gi para ater­rorizar a los nave­g­antes, espe­cial­mente a Kupe, un leg­en­dario explo­rador. Te Wheke era un ser con ten­tácu­los gigantes que emergía de las pro­fun­di­dades para atacar embar­ca­ciones. El rela­to de Kupe luchan­do con­tra Te Wheke sim­boliza la lucha de los poli­ne­sios con­tra los peli­gros del océano. El cala­mar gigante, como depredador mis­te­rioso, enca­ja per­fec­ta­mente en este rela­to de valen­tía y super­viven­cia.

El mito de Te Wheke-a-Mutu­ran­gi refuerza la idea de que los pueb­los poli­ne­sios, exper­tos nave­g­antes, pudieron haber tenido encuen­tros con cala­mares gigantes. La icono­grafía maorí a menudo rep­re­sen­ta ten­tácu­los ondu­lantes en sus tal­la­dos, lo que podría ser una ref­er­en­cia a estas criat­uras. En muchas islas del Pací­fi­co exis­ten pet­rogli­fos y dibu­jos en tapa (tela de corteza) que mues­tran for­mas sim­i­lares a ten­tácu­los, sugirien­do que la ima­gen de estos seres esta­ba pro­fun­da­mente arraiga­da en la cul­tura.

El cala­mar gigante en la mitología celta

La mitología celta está llena de criat­uras y seres mági­cos. Los mares, con sus aguas insond­ables y mis­te­riosas, han sido una fuente con­stante de fasci­nación y temor. Den­tro de este vas­to y pro­fun­do reino, los celtas creían en criat­uras mari­nas de enormes pro­por­ciones, capaces de rep­re­sen­tar tan­to el poder de la nat­u­raleza como los peli­gros que acech­a­ban a los que se aven­tura­ban en sus aguas. Entre las muchas leyen­das y relatos mitológi­cos, uno de los más fasci­nantes y temi­bles es el de el cala­mar gigante, una criatu­ra mari­na gigan­tesca que acecha en las pro­fun­di­dades del océano.

Aunque el cala­mar gigante no aparece de man­era tan promi­nente en la mitología celta como otros seres mari­nos, su pres­en­cia se puede ras­trear a través de varias leyen­das que describen mon­stru­os mari­nos con car­ac­terís­ti­cas sim­i­lares. A lo largo de la his­to­ria de las Islas Británi­cas, par­tic­u­lar­mente en las costas de Esco­cia e Irlan­da, las his­to­rias de gigan­tescos cala­mares y criat­uras sim­i­lares se han trans­mi­ti­do de gen­eración en gen­eración. En este artícu­lo, explo­raremos cómo el cala­mar gigante se ha inte­gra­do en la mitología celta, su sim­bolis­mo en la cul­tura celta, y cómo se ha trans­for­ma­do a lo largo del tiem­po en un ser emblemáti­co de los mis­te­rios del mar.

Para los celtas, el mar era un lugar sagra­do pero tam­bién esta­ba lleno de peli­gros. Se pens­a­ba que el océano alber­ga­ba criat­uras tan antiguas como el mun­do mis­mo, muchas de las cuales podían ser tan­to pro­tec­toras como destruc­ti­vas. El mar en la mitología celta no era sim­ple­mente un mun­do de agua sino una exten­sión de los reinos espir­i­tuales y mis­te­riosos. Muchas leyen­das habla­ban de seres que hab­it­a­ban en sus pro­fun­di­dades, seres que a menudo des­bor­d­a­ban la imag­i­nación humana debido a su tamaño y poder.

Entre estas criat­uras algu­nas rep­re­senta­ban las fuerzas destruc­ti­vas de la nat­u­raleza. Por ejem­p­lo, las leyen­das celtas están llenas de his­to­rias sobre ser­pi­entes mari­nas, drag­ones mari­nos y mon­stru­os abisales. Los relatos sobre estas criat­uras a menudo involu­cra­ban batal­las épi­cas entre los dios­es y los mon­stru­os, donde las aguas se volvían peli­grosas y mor­tales para los nave­g­antes impru­dentes.

En este con­tex­to, el cala­mar gigante se inte­gra den­tro de un tipo de criatu­ra mari­na que no solo es vista como un mon­struo sino como una rep­re­sentación del ter­ror y el poder de la nat­u­raleza en su for­ma más cru­da. Aunque el cala­mar gigante en sí mis­mo no aparece en los mitos celtas con el mis­mo pro­tag­o­nis­mo que las ser­pi­entes mari­nas o los drag­ones, sus car­ac­terís­ti­cas —enormes ten­tácu­los, tamaño colos­al y nat­u­raleza ocul­ta en las pro­fun­di­dades— enca­jan con la idea de una criatu­ra que per­son­ifi­ca los mis­te­rios del mar.

El Lus­ca, a menudo descrito como una mez­cla entre un tiburón y un cala­mar gigante, puede haber tenido su ori­gen en la for­ma en que los celtas percibían a las criat­uras mari­nas de gran tamaño. Esta criatu­ra de múlti­ples ten­tácu­los y poder destruc­ti­vo podría haber influ­i­do en las leyen­das pos­te­ri­ores que los marineros europeos com­partieron a lo largo de los sig­los.

En Irlan­da, Esco­cia y Gales, los mon­stru­os mari­nos a menudo eran descritos como guardianes de tesoros o ter­ri­to­rios, seres que solo podían ser enfrenta­dos por héroes o dios­es con poderes sobre­nat­u­rales. En la mitología celta, las criat­uras mari­nas no solo eran mon­stru­os a evi­tar, sino que tenían un sim­bolis­mo pro­fun­do. Los cala­mares gigantes y otras criat­uras mari­nas de gran tamaño rep­re­senta­ban var­ios aspec­tos de la vida y la muerte, así como las fuerzas de la nat­u­raleza que los seres humanos no podían con­tro­lar. El mar mis­mo era un sím­bo­lo de lo descono­ci­do, de la muerte y el renacimien­to, y las criat­uras que hab­it­a­ban en sus pro­fun­di­dades a menudo se aso­cia­ban con el más allá.

El cala­mar gigante, con sus ten­tácu­los que emer­gen de las pro­fun­di­dades, se con­vierte en un sím­bo­lo de lo incon­tro­lable, de los límites que los seres humanos no pueden atrav­es­ar sin enfrentarse a con­se­cuen­cias graves. En este sen­ti­do, el cala­mar gigante es más que solo un mon­struo mari­no; es una rep­re­sentación de los mis­te­rios del océano, una fuerza que recuer­da a los celtas lo pequeña que es la humanidad frente a la inmen­si­dad de la nat­u­raleza.

Además, la figu­ra del cala­mar gigante podría haber servi­do como una adver­ten­cia a los marineros. Las leyen­das de criat­uras que atra­pa­ban y hundían bar­cos en las pro­fun­di­dades eran, en muchos casos, cuen­tos sobre los peli­gros de la nave­gación y de cómo el hom­bre no debía desafi­ar a las fuerzas que no podía com­pren­der. En este con­tex­to, el cala­mar gigante puede ser vis­to como un recorda­to­rio de que, por muy avan­za­dos que fuer­an los humanos, siem­pre habría fuerzas nat­u­rales que no podrían ser con­tro­ladas.

A lo largo de los sig­los, la influ­en­cia de las leyen­das de mon­stru­os mari­nos, inclu­i­dos los cala­mares gigantes, ha sido evi­dente en la lit­er­atu­ra y las his­to­rias que los celtas y sus descen­di­entes han con­ta­do. En la Edad Media, los relatos de héroes y criat­uras mari­nas gigantes con­tin­uaron sien­do pop­u­lares y a menudo los mon­stru­os mari­nos servían como prue­bas o desafíos para los héroes en su via­je hacia la glo­ria. Los cala­mares y criat­uras sim­i­lares podían rep­re­sen­tar obstácu­los que los héroes debían super­ar en sus haz­a­ñas.

En la lit­er­atu­ra celta medieval, los “bes­tiar­ios” —libros que describían criat­uras mitológ­i­cas— incluían descrip­ciones de mon­stru­os mari­nos. Aunque muchos de estos mon­stru­os esta­ban inspi­ra­dos en las criat­uras reales que los marineros encon­tra­ban en el océano, la for­ma en que eran descritos con fre­cuen­cia incluía ele­men­tos fan­tás­ti­cos, lo que les daba un aire de ter­ror y asom­bro. Los cala­mares gigantes, con sus enormes ten­tácu­los, fácil­mente enca­ja­ban en estas descrip­ciones de seres de pro­por­ciones épi­cas.

Los primeros avis­tamien­tos: Sig­los XVI y XVII

Uno de los primeros relatos cono­ci­dos de lo que hoy podría iden­ti­fi­carse como un cala­mar gigante se remon­ta al siglo XVI, cuan­do los marineros europeos comen­z­a­ban a explo­rar nuevas rutas marí­ti­mas alrede­dor del mun­do. En el año 1561 el marinero y explo­rador noruego Fridtjof Nansen doc­u­men­tó un avis­tamien­to en las aguas del Atlán­ti­co Norte, en donde describió una criatu­ra mari­na de enormes pro­por­ciones que se ase­me­ja­ba a un cala­mar. Aunque el informe fue con­sid­er­a­do con escep­ti­cis­mo en su época, los detalles de la criatu­ra —ten­tácu­los grandes y un cuer­po que emergía par­cial­mente del agua— son sor­pren­dentes, ya que coin­ci­den con lo que hoy sabe­mos acer­ca del cala­mar gigante.

Durante los sig­los XVII y XVIII los relatos de mon­stru­os mari­nos de ten­tácu­los colos­ales comen­zaron a mul­ti­pli­carse. En varias oca­siones, marineros de la época infor­maron sobre extrañas criat­uras vis­tas en las aguas del Mar del Norte y el Océano Atlán­ti­co, descri­bi­en­do seres con ten­tácu­los lar­gos que, según se decía, podían atacar bar­cos y sumer­gir­los en las pro­fun­di­dades. Algunos relatos men­ciona­ban que los cala­mares gigantes tenían la capaci­dad de envolver con sus ten­tácu­los los mástiles de los bar­cos, mien­tras otros habla­ban de criat­uras que podían lib­er­ar chor­ros de tin­ta oscu­ra en el agua, cegan­do a los nave­g­antes y difi­cul­tan­do su hui­da.

Avis­tamien­tos en el siglo XIX

A medi­da que avan­z­a­ba el siglo XIX, los avances en la explo­ración oceáni­ca y la biología mari­na comen­zaron a pro­por­cionar expli­ca­ciones más plau­si­bles para los avis­tamien­tos de cala­mares gigantes. En 1857, el cien­tí­fi­co Sir Charles Wyville Thom­son fue uno de los primeros en doc­u­men­tar un hal­laz­go cien­tí­fi­co de un cala­mar gigante cuan­do su expe­di­ción a bor­do del bar­co HMS Chal­lenger des­cubrió frag­men­tos de ten­tácu­los de una criatu­ra que se ajusta­ba a la descrip­ción de los relatos mitológi­cos del Krak­en. Ese mis­mo año el danés Jape­tus Stre­nen­strup  pre­sen­tó en la Sociedad Cien­tí­fi­ca de Copen­h­ague la primera tesis sobre cala­mares gigantes.

A lo largo de este siglo se comen­zaron a encon­trar restos de cala­mares gigantes, lo que ayudó a cimen­tar la idea de que tales criat­uras real­mente existían. No obstante, la fasci­nación por los mon­stru­os mari­nos per­siste, y los relatos de encuen­tros con cala­mares gigantes con­tinúan sien­do pop­u­lares en los informes de marineros y aven­tureros. En este pun­to, la línea entre la leyen­da y la real­i­dad se hacía cada vez más difusa y los avis­tamien­tos de criat­uras mari­nas gigantes seguían ali­men­tan­do las his­to­rias fan­tás­ti­cas.

Avis­tamien­tos en los sig­los XX y XXI

A lo largo del siglo XX y en la actu­al­i­dad, los avis­tamien­tos de cala­mares gigantes en el mar han dis­minui­do con­sid­er­able­mente debido a los avances en la tec­nología y la nave­gación. Sin embar­go, las his­to­rias de encuen­tros con cala­mares gigantes siguen existien­do. A pesar de que ya no se con­sid­er­an mitos, los cala­mares gigantes siguen sien­do una fuente de asom­bro para los cien­tí­fi­cos y los entu­si­as­tas de lo inex­plic­a­ble. 

El primer hal­laz­go doc­u­men­ta­do de un cala­mar gigante muer­to ocur­rió en 1920, cuan­do un pescador japonés encon­tró un ejem­plar muer­to en las costas de Japón. Este ejem­plar, que medía más de 3 met­ros de largo, fue estu­di­a­do por cien­tí­fi­cos y se con­vir­tió en uno de los primeros cuer­pos de cala­mar gigante con­fir­ma­dos por la cien­cia. Sin embar­go, aún se desconocía la dis­tribu­ción y los hábitos de la especie, lo que man­tenía a los cala­mares gigantes en la cat­e­goría de criat­uras enig­máti­cas.

@Foto Teo Lucas

A medi­da que el siglo XXI avan­z­a­ba, la tec­nología en el cam­po de la explo­ración mari­na comen­zó a per­mi­tir avances sig­ni­fica­tivos en la inves­ti­gación de los cala­mares gigantes. Los avances en las cámaras sub­mari­nas, vehícu­los oper­a­dos remo­ta­mente (ROVs) y vehícu­los sub­acuáti­cos no trip­u­la­dos (AUVs) fueron esen­ciales para obten­er imá­genes más detal­ladas y pre­cisas de estas criat­uras y su entorno.

Uno de los avances más sig­ni­fica­tivos ocur­rió en 2004, cuan­do un equipo de inves­ti­gadores en Nue­va Zelan­da logró fil­mar un cala­mar gigante en su hábi­tat nat­ur­al. Este fue el primer video cono­ci­do que mostra­ba un cala­mar gigante en movimien­to. La grabación, que fue trans­mi­ti­da por tele­visión, pro­por­cionó a los cien­tí­fi­cos un panora­ma nun­ca antes vis­to de la criatu­ra en su entorno nat­ur­al y per­mi­tió enten­der mejor su com­por­tamien­to y car­ac­terís­ti­cas. El video fue un hito históri­co, ya que con­fir­mó que el cala­mar gigante no solo existía sino que tam­bién hab­it­a­ba las pro­fun­di­dades mari­nas donde pocos seres humanos se habían aven­tu­ra­do.

En 2006, otra grabación desta­ca­da tuvo lugar frente a las costas de Japón, cuan­do un equipo de cien­tí­fi­cos japone­ses uti­lizó una cámara sumergi­ble para cap­turar imá­genes de un cala­mar gigante en su hábi­tat nat­ur­al. Este avis­tamien­to fue par­tic­u­lar­mente sig­ni­fica­ti­vo porque per­mi­tió a los inves­ti­gadores obten­er una visión más clara de cómo el cala­mar gigante se mueve y caza en el océano pro­fun­do. Aunque el ani­mal solo apare­ció breve­mente en la grabación, fue un paso cru­cial en la com­pren­sión del com­por­tamien­to y la ecología de la especie.

El cala­mar gigante en el mar Can­tábri­co

Aunque se han des­cu­bier­to otras especies de cala­mares gigan­tescos en otras partes del mun­do como  la Antár­ti­da (un bar­co español que pesca­ba mero negro des­cubrió al que se llamó “cala­mar colos­al antár­ti­co” y que lle­ga a pesar 450 kilos), es en España, y más especí­fi­ca­mente en la región del mar Can­tábri­co, donde han ocur­ri­do un may­or número de avis­tamien­tos nota­bles de cala­mares gigantes. La cos­ta asturi­ana, en par­tic­u­lar, ha gana­do aten­ción mundi­al debido a su alta con­cen­tración de avis­tamien­tos y varamien­tos de ejem­plares de cala­mares gigantes. En 2008, un cala­mar gigante varó en las costas de Luar­ca, un hecho que fue ampli­a­mente doc­u­men­ta­do y que desató el interés tan­to de cien­tí­fi­cos como de medios de comu­ni­cación. Este avis­tamien­to fue uno de los más cer­canos y doc­u­men­ta­dos en esta región y mar­có un impor­tante paso en el estu­dio de los cala­mares gigantes en el océano Atlán­ti­co.

En 2010, se real­izó un avis­tamien­to espe­cial­mente notable frente a las costas de Asturias, cuan­do pescadores y cien­tí­fi­cos locales infor­maron de la pres­en­cia de var­ios cala­mares gigantes en aguas pro­fun­das del mar Can­tábri­co. Estos avis­tamien­tos fueron reg­istra­dos a través de cámaras sub­acuáti­cas, que per­mi­tieron obten­er imá­genes de los cala­mares en su hábi­tat nat­ur­al. Además, este avis­tamien­to coin­cidió con el hal­laz­go de una gran can­ti­dad de cala­mares gigantes vara­dos en las costas, lo que per­mi­tió a los cien­tí­fi­cos realizar inves­ti­ga­ciones detal­ladas sobre la especie y sus com­por­tamien­tos.

Varamien­tos

El fenó­meno de los varamien­tos de cala­mares gigantes ha sido una de las for­mas más comunes en las que los humanos han tenido con­tac­to direc­to con estos ani­males. Des­de medi­a­dos del siglo XX se han doc­u­men­ta­do más de 50 varamien­tos en las costas del mar Can­tábri­co. Sin embar­go, la razón por la que estos ani­males varan sigue sien­do un mis­te­rio. Los exper­tos creen que las cor­ri­entes mari­nas y el com­por­tamien­to migra­to­rio de los cala­mares gigantes pueden influir en este fenó­meno.

En algunos casos, se ha sug­eri­do que los cala­mares gigantes varan debido a un mal fun­cionamien­to en su ecolo­cal­ización, lo que podría hac­er que pier­dan el rum­bo y ter­mi­nen cer­ca de la cos­ta. Tam­bién se ha espec­u­la­do que el cam­bio climáti­co y el aumen­to de las tem­per­at­uras del océano podrían estar alteran­do las rutas migra­to­rias y los hábitos de los cala­mares gigantes, lo que con­tribuye a estos varamien­tos.

 

 

El Museo del Cala­mar de Luar­ca

Luar­ca, un pin­toresco pueblo cos­tero en el norte de España, es cono­ci­do no solo por su belleza nat­ur­al, sus boni­tos paisajes y su puer­to pes­quero sino tam­bién por alber­gar una de las expe­ri­en­cias más fasci­nantes para los amantes de la biología mari­na: el Museo del Cala­mar Gigante. Este museo, úni­co en el mun­do, ha atraí­do la aten­ción de miles de vis­i­tantes por ofre­cer la opor­tu­nidad de ver de cer­ca a uno de los ani­males más enig­máti­cos y fasci­nantes del océano.

La his­to­ria del cala­mar gigante de Luar­ca comien­za en el año 1966, cuan­do un ejem­plar de 13 met­ros fue encon­tra­do en la cos­ta de Asturias, especí­fi­ca­mente en el munici­pio de Val de San Vicente. La criatu­ra fue hal­la­da en condi­ciones excep­cionales, con la may­or parte de su cuer­po intac­to. Fue un equipo de biól­o­gos mari­nos quienes, al darse cuen­ta de la rareza del hal­laz­go, deci­dieron preser­var la mues­tra y some­ter­la a un pro­ce­so de con­ser­vación que per­mi­tiría su exhibi­ción al públi­co.

El cala­mar fue traslada­do a Luar­ca, donde, tras una com­ple­ja operación de con­ser­vación, se expu­so en el Museo de la Vil­la. La mues­tra no solo rep­re­senta­ba una de las pocas opor­tu­nidades que tenía el públi­co de ver un cala­mar gigante en toda su mag­ni­tud sino que tam­bién ha sido fun­da­men­tal para la inves­ti­gación cien­tí­fi­ca de estas criat­uras mari­nas.

Fijaos qué pequeño parece Juan jun­to a este cala­mar gigante

El museo de Luar­ca nació de una visión clara: ofre­cer un espa­cio ded­i­ca­do al estu­dio y la divul­gación sobre uno de los ani­males más mis­te­riosos del océano, el cala­mar gigante. La his­to­ria del museo está ínti­ma­mente lig­a­da a la figu­ra de Ángel Guer­ra, un amante del mar y la biología mari­na, quien fue el prin­ci­pal impul­sor de este proyec­to. Guer­ra, autor del libro “Los gigantes de las pro­fun­di­dades”, vio en el cala­mar gigante una opor­tu­nidad úni­ca para edu­car al públi­co sobre la impor­tan­cia de los eco­sis­temas mari­nos y el peli­gro que cor­ren algu­nas especies debido a la pesca y el cam­bio climáti­co.

El museo se inau­guró en 2010 con el obje­ti­vo de con­ver­tirse en un cen­tro de ref­er­en­cia para la inves­ti­gación y la edu­cación sobre los cala­mares gigantes y otras especies mari­nas. El museo debió cer­rar en el año 2014 ya que el 2 de Febrero del mis­mo año un tem­po­ral destrozó las insta­la­ciones, que se encon­tra­ban en el puer­to. Ha esta­do remod­elán­dose durante ocho años y se rein­au­guró en el año 2022. Se instaló en lo que era la antigua dis­cote­ca Vil­la Blan­ca, ale­ja­do de la oril­la del mar pre­cisa­mente para evi­tar otro fatal desen­lace. Se invirtieron 300.000 euros y se dotó a la exposi­ción de recur­sos tan intere­santes como la posi­bil­i­dad de que el vis­i­tante ten­ga una expe­ri­en­cia inmer­si­va de encon­trarse en el fon­do del mar.

El museo está dis­eña­do para ofre­cer una expe­ri­en­cia úni­ca. Sus exposi­ciones se dis­tribuyen en nueve salas, cada una cen­tra­da en un aspec­to difer­ente de la vida mari­na. Des­de la anatomía del cala­mar gigante has­ta su com­por­tamien­to en su hábi­tat nat­ur­al, los vis­i­tantes pueden explo­rar, a través de mod­e­los, dio­ra­mas y pan­tallas inter­ac­ti­vas, los detalles más fasci­nantes sobre este ani­mal y otros organ­is­mos que habi­tan las pro­fun­di­dades.

Esta exposi­ción incluye var­ios ejem­plares reales de este inver­te­bra­do mari­no, el may­or del mun­do, que puede lle­gar a medir más de 10 met­ros de largo y pesar unos 300 kilos. Además de esta impre­sio­n­ante exhibi­ción, el museo ofrece una var­iedad de activi­dades educa­ti­vas, como vis­i­tas guiadas, talleres para niños y con­fer­en­cias sobre la biología mari­na.

Los ejem­plares más grandes doc­u­men­ta­dos pueden lle­gar a medir has­ta 13 met­ros de largo, aunque algunos estu­dios sug­ieren que podrían alcan­zar los 20 met­ros, espe­cial­mente las hem­bras, que son más grandes que los machos y además viv­en el triple de años.

El cuer­po del cala­mar gigante está com­puesto por una cabeza bul­bosa que se conec­ta con un man­to largo y del­ga­do. Este man­to cubre los órganos vitales del ani­mal, incluyen­do el sis­tema diges­ti­vo y los órganos repro­duc­tivos. En su extremo pos­te­ri­or el cala­mar tiene un con­jun­to de ten­tácu­los lar­gos y grue­sos que se uti­lizan para cap­turar pre­sas. Estos ten­tácu­los son la car­ac­terís­ti­ca más dis­tin­ti­va de su anatomía, ya que están equipa­dos con ven­tosas que per­miten un agarre firme. Además de los ten­tácu­los el cala­mar tiene ocho bra­zos más cor­tos que tam­bién están cubier­tos de ven­tosas, lo que le per­mite manip­u­lar obje­tos y cap­turar comi­da.

Una de las car­ac­terís­ti­cas más impre­sio­n­antes del cala­mar gigante es su ojo, que es el más grande de cualquier ani­mal cono­ci­do. Puede lle­gar a medir has­ta 30 cen­tímet­ros de diámetro, lo que les pro­por­ciona una visión excep­cional en las oscuras pro­fun­di­dades del océano. Esta adaptación es cru­cial para su super­viven­cia, ya que per­mite detec­tar pre­sas y evi­tar depredadores en el entorno abisal.

El tér­mi­no “peludín” uti­liza­do por los marineros asturi­anos para referirse al cala­mar gigante se debe a la apari­en­cia de los ten­tácu­los del ani­mal, que pueden pare­cer “pelos” o fil­a­men­tos. Este nom­bre colo­quial refle­ja la fasci­nación y el mis­te­rio que rodean a esta criatu­ra mari­na, desta­can­do su aspec­to pecu­liar, que a menudo se ase­me­ja a algo más com­ple­jo y “pelu­do” de lo que real­mente es, debido a las estruc­turas en sus ten­tácu­los.

Hábi­tat

El cala­mar gigante habi­ta en las pro­fun­di­dades oceáni­cas, gen­eral­mente entre los 300 y los 1000 met­ros de pro­fun­di­dad, aunque se han avis­ta­do ejem­plares aún más al fon­do. Esta zona, cono­ci­da como la zona mesopelág­i­ca, es oscu­ra y fría, con tem­per­at­uras que ron­dan los dos gra­dos; además, aquí la pre­sión se mul­ti­pli­ca. En la super­fi­cie se sopor­ta una pre­sión de un kilo­gramo por cen­tímetro cuadra­do; en el hog­ar del cala­mar, dicha pre­sión es cien veces may­or.+ Debido a la inac­ce­si­bil­i­dad de su hábi­tat, la obser­vación direc­ta del cala­mar gigante es extremada­mente rara, lo que ha difi­cul­ta­do la recolec­ción de infor­ma­ción sobre su com­por­tamien­to y biología.

Los cala­mares gigantes tien­den a vivir en zonas de aguas pro­fun­das cer­ca de cañones sub­mari­nos, áreas donde los nutri­entes son más abun­dantes, lo que les per­mite encon­trar su ali­men­to. Esta pref­er­en­cia por las aguas pro­fun­das está rela­ciona­da con su necesi­dad de escapar de los depredadores, como las bal­lenas, los tiburones y los cachalotes, que no son capaces de lle­gar a las pro­fun­di­dades tan enormes de los océanos.

¿Por qué al cala­mar gigante le encan­ta vivir en el Can­tábri­co?

El Cañón de Avilés es una de las for­ma­ciones geológ­i­cas más fasci­nantes de la cos­ta norte de España y un hábi­tat cru­cial para el cala­mar gigante (Archi­teuthis dux). Este cañón sub­mari­no, situ­a­do frente a la cos­ta asturi­ana, se extiende a lo largo del mar Can­tábri­co y se car­ac­ter­i­za por su pro­fun­di­dad, su com­ple­ja topografía y sus aguas frías. Las condi­ciones que ofrece este lugar son ide­ales para la exis­ten­cia del cala­mar gigante, un ani­mal que ha cau­ti­va­do a cien­tí­fi­cos y al públi­co en gen­er­al debido a su tamaño, mis­te­rio y el difí­cil acce­so a su hábi­tat.

El Cañón de Avilés es una pro­fun­da hen­didu­ra sub­ma­ri­na que se aden­tra en el océano des­de la platafor­ma con­ti­nen­tal, alcan­zan­do pro­fun­di­dades de has­ta 5000 met­ros. Este cañón sub­mari­no se encuen­tra a poco más de 10 kilómet­ros de la cos­ta asturi­ana, en una región donde la topografía oceáni­ca es espe­cial­mente com­ple­ja, con grandes caí­das en el fon­do mari­no y un sis­tema de cor­ri­entes que favorece la mez­cla de aguas. Estas car­ac­terís­ti­cas son fun­da­men­tales para la bio­di­ver­si­dad mari­na que sus­ten­ta.

Esta­mos ante un pun­to caliente de activi­dad biológ­i­ca, lo que sig­nifi­ca que es una zona rica en nutri­entes. Las cor­ri­entes que fluyen a través de este cañón facil­i­tan el ascen­so de aguas pro­fun­das car­gadas de nutri­entes hacia la super­fi­cie, lo que resul­ta en un fenó­meno cono­ci­do como upwelling o aflo­ramien­to. Este fenó­meno favorece la pro­lif­eración de fito­planc­ton y zoo­planc­ton, que a su vez atraen a una gran var­iedad de peces y otros inver­te­bra­dos mari­nos.

En el caladero de Car­ran­di, cer­ca de Col­un­ga, es donde se han reg­istra­do más reg­istros de cala­mares gigantes, debido a que aquí se con­cen­tran enormes ban­cos de bacal­adil­las, uno de sus ali­men­tos favoritos. Jun­to a Rib­ade­sel­la y Kaik­oura (Nue­va Zelan­da), es el lugar del mun­do donde se han encon­tra­do más ejem­plares de esta especie. Des­de mitad del siglo XX han lle­ga­do a estas costas más de 50 ejem­plares, muchos de ellos arrastra­dos por redes de bar­cos de pesca o cor­ri­entes mari­nas

El tra­ba­jo del CEPESMA (Coor­di­nado­ra para el estu­dio y pro­tec­ción de las especies mari­nas) en la región ha sido clave en la con­ser­vación de los cala­mares gigantes y en el estu­dio de la fau­na mari­na del Cañón de Avilés. Este cen­tro se ded­i­ca a la inves­ti­gación cien­tí­fi­ca, el rescate y la con­ser­vación de ejem­plares vara­dos y la sen­si­bi­lización del públi­co sobre la bio­di­ver­si­dad mari­na. Gra­cias a las inves­ti­ga­ciones real­izadas en el Cañón de Avilés y a los esfuer­zos de con­ser­vación, se ha logra­do obten­er más infor­ma­ción sobre la vida y el com­por­tamien­to del cala­mar gigante, lo que ayu­da a mejo­rar las estrate­gias para pro­te­ger a esta especie.

El Cañón de Avilés es tam­bién un pun­to clave para enten­der la bio­di­ver­si­dad del mar Can­tábri­co. No solo es el hog­ar del cala­mar gigante sino que alber­ga a una gran can­ti­dad de especies mari­nas que for­man un eco­sis­tema com­ple­jo y bien equi­li­bra­do. Esta región está llena de especies adap­tadas a las condi­ciones extremas del fon­do mari­no y el Cañón de Avilés jue­ga un papel fun­da­men­tal en la reg­u­lación de este eco­sis­tema.

Entre las especies que habi­tan en el cañón se encuen­tran var­ios tipos de peces de aguas pro­fun­das como meros, bacalaos y peces abisales, que tam­bién son una fuente de ali­men­to para el cala­mar gigante. Además, los inver­te­bra­dos como camarones, cala­mares más pequeños y pul­pos tam­bién son pre­sas de este enorme cefalópo­do.

El Futuro del Cañón de Avilés y su Eco­sis­tema

A medi­da que la humanidad sigue explo­ran­do los océanos y com­pren­di­en­do mejor las mar­avil­las nat­u­rales que alber­gan, el Cañón de Avilés se per­fi­la como un pun­to de ref­er­en­cia para el estu­dio y la con­ser­vación de la vida mari­na. Las ame­nazas que enfrenta el océano, como el cam­bio climáti­co, la con­t­a­m­i­nación mari­na y la sobrepesca, podrían pon­er en peli­gro este del­i­ca­do eco­sis­tema. La preser­vación del Cañón de Avilés es esen­cial no solo para la super­viven­cia del cala­mar gigante, sino tam­bién para la salud gen­er­al del mar Can­tábri­co.

Los esfuer­zos para con­ser­var el Cañón de Avilés incluyen inves­ti­ga­ciones cien­tí­fi­cas con­tin­uas, pro­gra­mas de mon­i­toreo y la imple­mentación de medi­das de pro­tec­ción para evi­tar la degradación del hábi­tat. Es esen­cial que la comu­nidad local, los pescadores y los vis­i­tantes tra­ba­jen jun­tos para ase­gu­rar que el Cañón de Avilés siga sien­do un refu­gio seguro para el cala­mar gigante y otras especies mari­nas.

Ali­mentación

Su ali­mentación está adap­ta­da a las condi­ciones de oscuri­dad que pre­dom­i­nan en sus hábi­tats, por lo que depen­den de su visión desar­rol­la­da para localizar pre­sas. Los cala­mares gigantes a menudo cazan en soli­tario pero algunos estu­dios sug­ieren que pueden cazar en gru­pos, espe­cial­mente cuan­do se encuen­tran con pre­sas abun­dantes.

Se ha obser­va­do que su dieta incluye prin­ci­pal­mente peces como los peces abisales e inclu­so otros cala­mares. Sin embar­go, a veces tam­bién con­sumen especies más grandes como los cefalópo­dos y los crustáceos que habi­tan las zonas pro­fun­das. Cap­turan sus pre­sas con esos enormes ten­tácu­los llenos de ven­tosas den­tadas de las que es casi imposi­ble soltarse. Los cala­mares gigantes tam­bién poseen un pico afi­la­do, sim­i­lar al de los loros, que uti­lizan para des­gar­rar su ali­men­to en peda­zos más pequeños. Después las tro­cean con sus mandíbu­las cor­tantes y las engullen con una lengua ras­posa, la rádu­la.

En 2021 un equipo inter­na­cional de inves­ti­gadores de la Fun­dación Oceano­graph­ic logró grabar a un cala­mar cazan­do. Fue en el Gol­fo de Méx­i­co, cer­ca de las Bahamas,  y se uti­lizó como cebo a una fal­sa medusa a la que lla­maron E‑Jelly y que emitía un bril­lo azu­la­do para imi­tar la bio­lu­minis­cen­cia de cier­tas pre­sas cuan­do se encuen­tran en esta­do de alar­ma. Y se con­fir­mó que estos ani­males son unos audaces y agre­sivos cazadores.

Repro­duc­ción y ciclo de vida

La repro­duc­ción del cala­mar gigante es una de las áreas más mis­te­riosas de su biología. Debido a las difí­ciles condi­ciones en su hábi­tat, pocos estu­dios han podi­do obser­var direc­ta­mente el pro­ce­so repro­duc­ti­vo. Sin embar­go, se sabe que la hem­bra del cala­mar gigante es sig­ni­fica­ti­va­mente más grande que el macho y que ambos se encuen­tran en la fase repro­duc­ti­va durante cier­tos peri­o­dos del año. Los ejem­plares jóvenes de cala­mar gigante son ali­men­ta­dos por la madre has­ta que alcan­zan una cier­ta madurez, momen­to en el que se inde­pen­dizan y comien­zan a cazar por sí mis­mos.

En cuan­to al ciclo de vida, el cala­mar gigante tiene una vida rel­a­ti­va­mente cor­ta, que dura entre 3 y 14 años, depen­di­en­do de las condi­ciones del ambi­ente. Su rápi­do crec­imien­to se debe a su metab­o­lis­mo acel­er­a­do, lo que les per­mite alcan­zar tamaños impre­sio­n­antes en un cor­to peri­o­do. De hecho es la especie del mun­do ani­mal que crece a may­or veloci­dad. La may­or infor­ma­ción se ha obtenido de las piedras cal­cáreas de los oídos, los esta­toli­tos, que mues­tran por medio de unos mil­imétri­cos anil­los como el incre­men­to diario de crec­imien­to de un cala­mar gigante es de un cen­tímetro al día.

Adapta­ciones y com­por­tamien­to

El cala­mar gigante ha desar­rol­la­do una serie de adapta­ciones úni­cas que le per­miten sobre­vivir en las oscuras pro­fun­di­dades del océano. Su gran tamaño, por ejem­p­lo, les pro­por­ciona una ven­ta­ja frente a muchos de sus depredadores nat­u­rales aunque tam­bién los hace vul­ner­a­bles a las especies más grandes, como las bal­lenas cachalote,  que tienen dientes adap­ta­dos para la caza de cala­mares gigantes.

Otra adaptación desta­ca­da es su capaci­dad para cam­biar de col­or gra­cias a unas célu­las lla­madas cro­mató­foros. Aunque los cala­mares gigantes no tienen la mis­ma capaci­dad de camu­fla­je instan­tá­neo que otros cefalópo­dos, como el cala­mar común, pueden cam­biar de tonal­i­dad para adap­tarse a las condi­ciones de su entorno.

El com­por­tamien­to del cala­mar gigante sigue sien­do obje­to de mucha espec­u­lación debido a la fal­ta de obser­va­ciones direc­tas. Sin embar­go, algunos estu­dios sug­ieren que estos ani­males son soli­tar­ios y ter­ri­to­ri­ales, lo que les per­mite defend­er sus hábi­tats y min­i­mizar el con­tac­to con otros depredadores.

Ame­nazas y con­ser­vación

Aunque el cala­mar gigante es un depredador en la parte supe­ri­or de la cade­na ali­men­ta­ria, tam­bién enfrenta ame­nazas debido a la activi­dad humana. La pesca en aguas pro­fun­das y la con­t­a­m­i­nación mari­na son dos de los prin­ci­pales fac­tores que afectan a las pobla­ciones de cala­mares gigantes. Además, las alteraciones en el medio ambi­ente mari­no debido al cam­bio climáti­co podrían mod­i­ficar su hábi­tat nat­ur­al, afectan­do su dis­tribu­ción y repro­duc­ción.

Exposi­ciones del museo

Sin duda, su colec­ción de cala­mares gigantes preser­va­dos, algunos de los cuales fueron encon­tra­dos en las costas asturi­anas tras ser arrastra­dos por las cor­ri­entes mari­nas. Estos especímenes se con­ser­van en grandes depósi­tos con for­mol, lo que per­mite a los vis­i­tantes ver con detalle la impre­sio­n­ante anatomía de estos inver­te­bra­dos.

Además de los ejem­plares reales, la exposi­ción incluye:

  • Mod­e­los tridi­men­sion­ales que recre­an el hábi­tat nat­ur­al del cala­mar gigante.
  • Proyec­ciones en video de explo­raciones sub­mari­nas que han logra­do cap­tar a estos ani­males en su entorno.
  • Pan­e­les infor­ma­tivos sobre la biología, el com­por­tamien­to y las ame­nazas que enfrentan los cala­mares gigantes.

Otras Especies de las Pro­fun­di­dades

El museo tam­bién cuen­ta con exposi­ciones ded­i­cadas a otros habi­tantes de las pro­fun­di­dades abisales, como:

  • Peces abisales con bio­lu­minis­cen­cia, que gen­er­an su propia luz en la oscuri­dad del océano.
  • Otros cefalópo­dos, como el cala­mar vam­piro y el pulpo dum­bo, que pare­cen saca­dos de una pelícu­la de cien­cia fic­ción. Tienen dos ejem­plares del taningia danae, una especie extremada­mente rara de cala­mares que tienen fotó­foros en los ten­tácu­los (los may­ores órganos luminis­centes de la nat­u­raleza) y mul­ti­tud de garfios en lugar de las car­ac­terís­ti­cas ven­tosas.
  • Eco­sis­temas mari­nos extremos, con infor­ma­ción sobre los organ­is­mos que viv­en cer­ca de fuentes hidroter­males en el fon­do del mar.

El museo se ha mod­ern­iza­do en los últi­mos años con pan­tallas inter­ac­ti­vas y real­i­dad aumen­ta­da, que per­miten a los vis­i­tantes “sumer­girse” en el mun­do sub­mari­no y ver de cer­ca a un cala­mar gigante en acción. Tam­bién hay una zona con un sim­u­lador de explo­ración sub­ma­ri­na donde los vis­i­tantes pueden exper­i­men­tar cómo sería pilotar un sumergi­ble en bus­ca de cala­mares gigantes en el océano pro­fun­do.

El Museo del Cala­mar de Luar­ca no es solo un lugar de exhibi­ción; tam­bién jue­ga un papel clave en la inves­ti­gación cien­tí­fi­ca sobre la vida mari­na. Des­de su fun­dación, el museo ha tra­ba­ja­do en estrecha colab­o­ración con biól­o­gos mari­nos y oceanó­grafos para estu­di­ar los especímenes de cala­mar gigante que lle­gan a la cos­ta. Entre las insti­tu­ciones que han par­tic­i­pa­do en estos estu­dios están el Insti­tu­to Español de Oceanografía (IEO) y univer­si­dades espe­cial­izadas en biología mari­na como la Uni­ver­si­dad de Oviedo Gra­cias a estas colab­o­ra­ciones, se han real­iza­do estu­dios sobre la ali­mentación, repro­duc­ción y com­por­tamien­to del cala­mar gigante, así como análi­sis genéti­cos para com­pren­der mejor su evolu­ción.

Recor­ri­do por el Museo

El museo está dis­eña­do para que el recor­ri­do sea intu­iti­vo y envol­vente. Se divide en varias salas temáti­cas, cada una con su propia ambi­entación y mate­ri­ales didác­ti­cos.

  • Sala de Bien­veni­da: Aquí se pre­sen­ta una intro­duc­ción sobre los cala­mares gigantes y su relación con la his­to­ria de Luar­ca.
  • Sala de los Cala­mares Gigantes: La más impre­sio­n­ante del museo, donde se exhiben los ejem­plares reales de Archi­teuthis dux en depósi­tos de for­mol.
  • Zona Inter­ac­ti­va: Con pan­tallas tác­tiles y real­i­dad aumen­ta­da para explo­rar la anatomía y el com­por­tamien­to del cala­mar.
  • Sala de Mitos y Leyen­das: Un espa­cio ded­i­ca­do a la rep­re­sentación del cala­mar en la cul­tura pop­u­lar, des­de el Krak­en has­ta las pelícu­las de cien­cia fic­ción.

Vis­i­tas Guiadas

Para aque­l­los que quieren una expe­ri­en­cia más pro­fun­da, el museo ofrece vis­i­tas guiadas donde exper­tos expli­can en detalle cada sec­ción. Estas vis­i­tas incluyen:

  • Expli­ca­ciones sobre la biología del cala­mar gigante.
  • Datos curiosos sobre los especímenes exhibidos.
  • Demostra­ciones inter­ac­ti­vas sobre la vida mari­na.

Talleres para Niños

El museo cuen­ta con pro­gra­mas educa­tivos dis­eña­dos espe­cial­mente para los más pequeños. Algu­nas activi­dades incluyen:

  • “Explo­radores del Océano”: Un taller donde los niños apren­den sobre la fau­na mari­na a través de jue­gos y exper­i­men­tos.
  • “Dibu­ja tu Pro­pio Krak­en”: Un espa­cio cre­ati­vo donde los pequeños pueden imag­i­nar y dibu­jar su pro­pio mon­struo mari­no.
  • Exper­i­men­tos con Bio­lu­minis­cen­cia: Para enten­der cómo algunos ani­males gen­er­an luz en la oscuri­dad del océano.

Reg­u­lar­mente, el museo orga­ni­za char­las impar­tidas por cien­tí­fi­cos y biól­o­gos mari­nos que han tra­ba­ja­do en el estu­dio del cala­mar gigante. Estas con­fer­en­cias per­miten a los vis­i­tantes cono­cer los avances más recientes en la inves­ti­gación de estos enig­máti­cos ani­males.

Doc­u­men­tal “Proyec­to Krak­en”

En Sep­tiem­bre de 2002 se real­izó una colab­o­ración entre el Con­se­jo Supe­ri­or de Inves­ti­ga­ciones Cien­tí­fi­cas (CSIC), la pro­duc­to­ra Trans­globe Films y cien­tí­fi­cos de Eco­bia­mar que dio for­ma este intere­sante doc­u­men­tal de Fer­nan­do González Sit­ges. La inten­ción era cap­tar las primeras imá­genes del cala­mar gigante vivo en la cos­ta can­tábri­ca. Y sí, lo con­sigu­ieron. Con muchos prob­le­mas e incon­ve­nientes debido a la cli­ma­tología y las crudas car­ac­terís­ti­cas del mar Can­tábri­co pero el esfuer­zo tuvo su rec­om­pen­sa. 

El roda­je del Proyec­to Krak­en fue una empre­sa cien­tí­fi­ca y cin­e­matográ­fi­ca suma­mente ambi­ciosa que enfren­tó numerosos desafíos téc­ni­cos y ambi­en­tales, con­vir­tién­dose en un hito en la explo­ración mari­na. El obje­ti­vo prin­ci­pal del proyec­to era obten­er las primeras imá­genes doc­u­men­tadas del cala­mar gigante (Archi­teuthis dux) en su hábi­tat nat­ur­al, un ani­mal que, debido a su nat­u­raleza escur­ridiza y su vida en las pro­fun­di­dades del océano, había elu­di­do la aten­ción humana durante sig­los.

El roda­je se llevó a cabo en el caladero de Car­ran­di, una zona del mar Can­tábri­co frente a la cos­ta asturi­ana que se había señal­a­do como un lugar con alta activi­dad de cala­mares gigantes, tras var­ios reg­istros de varamien­tos en la región. Los cien­tí­fi­cos ya sabían que la zona era un pun­to caliente para el cala­mar gigante pero la tarea de fil­mar a esta criatu­ra en su entorno nat­ur­al era un reto téc­ni­co sin prece­dentes. De hecho la preparación del doc­u­men­tal llevó más de dos años.

El equipo de roda­je estu­vo com­puesto por biól­o­gos mari­nos, téc­ni­cos de fil­mación y exper­tos en la biología del cala­mar gigante. La idea era usar nuevas tec­nologías para cap­turar imá­genes en alta defini­ción en las pro­fun­di­dades del océano. A tal efec­to se uti­lizaron cámaras sub­acuáti­cas avan­zadas y sis­temas de ilu­mi­nación que pudier­an sopor­tar las extremas condi­ciones del fon­do mari­no.

El primer gran desafío que enfren­tó el equipo fue la pro­fun­di­dad a la que habi­ta el cala­mar gigante. Estos ani­males viv­en a pro­fun­di­dades que van de los 200 a los 1000 met­ros bajo el niv­el del mar, lo que requiere equipos espe­ciales para resi­s­tir las pre­siones extremas y las bajas tem­per­at­uras. Para ello el equipo uti­lizó vehícu­los oper­a­dos remo­ta­mente que podían descen­der a grandes pro­fun­di­dades.

Además, el mar Can­tábri­co es cono­ci­do por sus aguas tur­bu­len­tas y el cli­ma impre­deci­ble, lo que com­plic­a­ba las opera­ciones de fil­mación. Las fuertes cor­ri­entes, las bajas tem­per­at­uras y la vis­i­bil­i­dad lim­i­ta­da fueron algunos de los obstácu­los con los que se encon­tró el equipo. Estas condi­ciones exigían una plan­i­fi­cación metic­u­losa, con el equipo tra­ba­jan­do durante varias sem­anas en el mar para max­i­mizar las posi­bil­i­dades de avis­tamien­tos y fil­ma­ciones.

Para cap­turar imá­genes de esta criatu­ra, el equipo uti­lizó cámaras sub­acuáti­cas de últi­ma gen­eración, algu­nas de las cuales fueron insta­l­adas en platafor­mas fijas y otras en vehícu­los autónomos en el área del Pozo de la Vaca, un estrechamien­to de la fosa sub­ma­ri­na. Los exper­tos en biología mari­na, además de los cineas­tas, colab­o­raron estrechamente en el pro­ce­so, usan­do sus conocimien­tos para colo­car las cámaras en lugares estratégi­cos donde los cala­mares podrían ser más fácil­mente obser­va­dos.

Una de las estrate­gias fue atraer al cala­mar gigante uti­lizan­do cebo en la for­ma de peces y otras criat­uras mari­nas que for­man parte de su dieta nat­ur­al, como los lirios. Esta téc­ni­ca, com­bi­na­da con el uso de luces para atraer al cala­mar hacia las cámaras, per­mi­tió cap­turar com­por­tamien­tos que has­ta entonces solo se habían teoriza­do. Sin embar­go, a pesar de los esfuer­zos, los cala­mares no son fáciles de fil­mar debido a su nat­u­raleza eva­si­va y su capaci­dad para moverse ráp­i­da­mente.

Tras muchas sem­anas de pacien­cia, el equipo final­mente logró lo que muchos con­sid­er­a­ban una tarea imposi­ble: cap­turar imá­genes del cala­mar gigante en su hábi­tat nat­ur­al. Se lanzó un cebo de 1500 kilos de sar­di­na y cabal­la para con­seguir­lo. En las pro­fun­di­dades del océano, a más de 600 met­ros, una cámara logró grabar un ejem­plar de cala­mar gigante que nad­a­ba majes­tu­osa­mente, rodea­do de oscuri­dad y con sus ten­tácu­los exten­di­dos. La fil­mación fue un hito en la his­to­ria de la biología mari­na y el cine doc­u­men­tal, pues ofre­ció la primera visión clara y sin prece­dentes de un cala­mar gigante en su entorno. Pos­te­ri­or­mente, en 2013, se uti­lizó este mis­mo equipo por parte de Dis­cov­ery Chan­nel para lograr otro hito históri­co: grabar en la isla de Chichi­ji­ma al cala­mar gigante en su habi­tat nat­ur­al a más de 600 met­ros de pro­fun­di­dad.

Este even­to fue el resul­ta­do de un tra­ba­jo colab­o­ra­ti­vo entre cineas­tas, cien­tí­fi­cos y biól­o­gos mari­nos, quienes com­bi­na­ron sus conocimien­tos y recur­sos para cumplir con una meta que durante mucho tiem­po se había con­sid­er­a­do inal­can­z­able. El mate­r­i­al graba­do se con­vir­tió en el cen­tro de aten­ción del doc­u­men­tal Proyec­to Krak­en: En bus­ca del cala­mar gigante, que se emi­tió en la BBC en 2003 y que no solo mostró la criatu­ra sino tam­bién las increíbles difi­cul­tades que el equipo tuvo que super­ar para obten­er las imá­genes.

A niv­el de divul­gación, el doc­u­men­tal logró cap­tar la aten­ción del públi­co, desmi­ti­f­i­can­do al cala­mar gigante, una criatu­ra que has­ta entonces solo existía en el imag­i­nario colec­ti­vo a través de leyen­das y mitos. Además, la serie ayudó a dar vis­i­bil­i­dad a la impor­tan­cia de los océanos y la necesi­dad de pro­te­ger­los, al mis­mo tiem­po que resalta­ba los avances tec­nológi­cos en el cam­po de la explo­ración sub­ma­ri­na.

El doc­u­men­tal se proyec­ta inin­ter­rump­i­da­mente en el museo para que el vis­i­tante ten­ga una idea más cer­cana de cómo es la vida de estos ani­males.

El últi­mo varamien­to de un ejem­plar de cala­mar gigante en el mar Can­tábri­co fue en Octubre de 2024 en la playa de El Sablón en Llanes. Lo encon­traron los oper­ar­ios de limpieza de la playa.

@Foto Luis Lar­ia

El cala­mar gigante y el cam­bio climáti­co

Uno de los aspec­tos más pre­ocu­pantes para los inves­ti­gadores es cómo el cam­bio climáti­co puede afec­tar a las especies que habi­tan en las pro­fun­di­dades mari­nas, como el cala­mar gigante. Aunque todavía no se tiene infor­ma­ción sufi­ciente sobre los efec­tos direc­tos del calen­tamien­to glob­al en los cala­mares gigantes, los exper­tos creen que el aumen­to de las tem­per­at­uras del océano podría alter­ar sus patrones migra­to­rios y la disponi­bil­i­dad de su ali­men­to prin­ci­pal, como los peces de pro­fun­di­dad.

A medi­da que las aguas super­fi­ciales se calien­tan, algunos ani­males mari­nos migran a pro­fun­di­dades may­ores en bus­ca de aguas más frías, lo que podría alter­ar las redes ali­men­ti­cias en las que los cala­mares gigantes depen­den. Además, los cam­bios en las cor­ri­entes oceáni­cas podrían afec­tar los movimien­tos migra­to­rios de los cala­mares gigantes, lo que ten­dría un impacto en su repro­duc­ción y modo de vida.

 

Puedes encon­trar los datos prác­ti­cos del museo (ubi­cación, horar­ios, pre­cios) en este enlace

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