Derinkuyu, la ciudad subterránea donde vivían 20.000 personas

Des­de tiem­pos inmemo­ri­ales, la Humanidad ha encon­tra­do man­eras inge­niosas de adap­tarse a su entorno. Mien­tras que hoy en día con­stru­imos ras­ca­cie­los que desafían las nubes, en el pasa­do algu­nas civ­i­liza­ciones optaron por el camino con­trario: excavar bajo tier­ra y crear autén­ti­cas ciu­dades sub­ter­ráneas. Estas metrópo­lis ocul­tas no solo sirvieron como refu­gios ante ame­nazas exter­nas sino que tam­bién fueron cen­tros de com­er­cio, cul­tura y vida cotid­i­ana. Acom­páñanos en un via­je al sub­sue­lo para des­cubrir la ciu­dad bajo tier­ra más fasci­nante de la His­to­ria y que pudi­mos recor­rer prác­ti­ca­mente solos: Derinkuyu.

Con­tenido de este artícu­lo

Las ciudades subterráneas: un mundo escondido bajo nuestros pies

La Humanidad ha esta­do fasci­na­da por lo que se encuen­tra deba­jo de la super­fi­cie ter­restre. Las ciu­dades sub­ter­ráneas son una prue­ba pal­pa­ble de la cre­ativi­dad, la inge­niería y la super­viven­cia de civ­i­liza­ciones antiguas. A lo largo de la his­to­ria, muchos pueb­los han excava­do sus hog­a­res y ciu­dades bajo tier­ra, ya sea para escapar de los peli­gros del mun­do exte­ri­or o por razones que, en muchos casos, aún per­manecen envueltas en mis­te­rio.

¿Quiénes con­struyeron estas ciu­dades sub­ter­ráneas? ¿Para qué las uti­lizaron? Y lo más intri­g­ante, ¿por qué algu­nas de ellas siguen sien­do un enig­ma, ocul­tan­do secre­tos que aún no hemos desve­la­do? Vamos a aden­trarnos en este fasci­nante mun­do ocul­to bajo la tier­ra, explo­rar algunos de los ejem­p­los más sor­pren­dentes de ciu­dades sub­ter­ráneas en todo el mun­do y des­cubrirte la más impor­tante y mis­te­riosa de todas: Derinkuyu.

¿Por qué construir ciudades subterráneas?

La razón de excavar y con­stru­ir en las entrañas de la tier­ra varía según la región y la época. Para algu­nas civ­i­liza­ciones las ciu­dades sub­ter­ráneas eran una for­ma de pro­te­gerse de las inclemen­cias del tiem­po mien­tras que para otras rep­re­senta­ban un refu­gio en tiem­pos de guer­ra o inva­siones. El cli­ma extremo o la necesi­dad de escon­der­se de ene­mi­gos eran razones prác­ti­cas pero otras teorías apun­tan a motivos más mís­ti­cos y espir­i­tuales. Lo cier­to es que con­stru­ir bajo tier­ra ofrecía seguri­dad, tem­per­at­uras con­stantes, y, en muchos casos, un ais­lamien­to com­ple­to del mun­do exte­ri­or. Hoy, algu­nas de estas estruc­turas con­tinúan sien­do obje­to de admiración, inves­ti­gación y, por supuesto, espec­u­lación.

Naours: la ciudad oculta bajo Francia

En la región de Picardie, Fran­cia, se encuen­tra Naours, un com­ple­jo sub­ter­rá­neo que data de la época medieval. Aunque orig­i­nal­mente fue una can­tera romana, en la Edad Media se con­vir­tió en un refu­gio para los aldeanos durante las inva­siones vikingas y, más tarde, en la Guer­ra de los Trein­ta Años. Los habi­tantes de Naours cavaron pasajes y cámaras en la roca, cre­an­do un espa­cio seguro donde podían res­guardarse durante tiem­pos difí­ciles. Con el paso de los sig­los, estos túne­les se ampli­aron y adap­taron, rev­e­lando la capaci­dad de resilien­cia y cre­ativi­dad de sus moradores.

Lo curioso de Naours es que, sig­los después, durante la Primera Guer­ra Mundi­al, sol­da­dos ali­a­dos des­cubrieron sus túne­les y los uti­lizaron como refu­gio. Se han encon­tra­do inscrip­ciones de sol­da­dos aus­tralianos y británi­cos en sus pare­des, con­vir­tién­do­lo en un lugar donde la his­to­ria medieval y la mod­er­na se cruzan de for­ma ines­per­a­da.

Beijing y su ciudad subterránea secreta

Mucha gente no lo sabe pero bajo las calles de Bei­jing se esconde una red de túne­les cono­ci­da como Dìx­ià Chéng o “a ciu­dad sub­ter­ránea de Bei­jing”. Mien­tras sus calles bul­li­ciosas, pala­cios y tem­p­los cuen­tan his­to­rias de dinastías pasadas y de un esplen­dor cul­tur­al inigual­able, bajo sus pies se esconde una ciu­dad sub­ter­ránea sec­re­ta, un laber­in­to de túne­les y cámaras que fue con­ce­bido para pro­te­ger a la población en tiem­pos de incer­tidum­bre y ante un pre­vis­i­ble ataque nuclear. Este com­ple­jo tenía hos­pi­tales, almacenes de ali­men­tos, fábri­c­as, refu­gios y kilómet­ros de túne­les. Aunque no es una ciu­dad sub­ter­ránea antigua en el sen­ti­do estric­to, su exis­ten­cia demues­tra cómo la necesi­dad de pro­tec­ción ha lle­va­do a la humanidad a con­stru­ir bajo tier­ra a lo largo de la his­to­ria.

Des­de tiem­pos antigu­os, diver­sas dinastías chi­nas ya habían emplea­do estrate­gias sim­i­lares para pro­te­ger a sus gob­er­nantes y a sus ciu­dadanos. Las for­ti­fi­ca­ciones sub­ter­ráneas, pasajes secre­tos y cámaras ocul­tas forma­ban parte del vas­to arse­nal defen­si­vo de la ciu­dad. Así, la actu­al red sub­ter­ránea se erige como la cul­mi­nación de sig­los de expe­ri­en­cia en con­struc­ción, plan­i­fi­cación y, sobre todo, en la necesi­dad de sal­va­guardar la vida y el pat­ri­mo­nio cul­tur­al.

La ciu­dad sub­ter­ránea de Bei­jing es mucho más que un con­jun­to de túne­les; es una ver­dadera obra de arte en inge­niería y arqui­tec­tura. Con una exten­sión que se cal­cu­la en var­ios kilómet­ros, este com­ple­jo sub­ter­rá­neo fue dis­eña­do para ser fun­cional, seguro y, en la medi­da de lo posi­ble, con­fort­able para sus ocu­pantes. Los pasil­los conectan salas de reuniones, cen­tros médi­cos, almacenes y áreas de con­viven­cia, demostran­do una plan­i­fi­cación metic­u­losa y una visión a largo pla­zo.

Cada cámara fue dis­eña­da pen­san­do en la hab­it­abil­i­dad: sis­temas de ven­ti­lación, ilu­mi­nación arti­fi­cial y estruc­turas que per­mitían el paso de luz nat­ur­al a través de inge­niosos tru­cos arqui­tec­tóni­cos. Algunos exper­tos señalan que cier­tos pasajes inclu­so fueron dis­eña­dos sigu­ien­do prin­ci­p­ios del feng shui, bus­can­do armo­nizar la energía del lugar y pro­por­cionar un ambi­ente de cal­ma y equi­lib­rio en medio del caos exte­ri­or.

Hoy en día, gran parte de la ciu­dad sub­ter­ránea per­manece cer­ra­da al públi­co, sien­do obje­to de estu­dios arque­ológi­cos e históri­cos que bus­can descifrar todos sus secre­tos. Sin embar­go, algu­nas sec­ciones han sido abier­tas para vis­i­tas guiadas, per­mi­tien­do a los vis­i­tantes aden­trarse en este uni­ver­so ocul­to y des­cubrir de cer­ca cómo era la vida bajo tier­ra en épocas de gran ten­sión.

Matmata: casas trogloditas en Túnez

En el desier­to tune­ci­no se encuen­tra Mat­ma­ta, un pueblo que parece saca­do de otro plan­e­ta. Sus habi­tantes han vivi­do durante sig­los en casas excavadas en la roca blan­da del sue­lo, cre­an­do una red de vivien­das inter­conec­tadas. Estas estruc­turas sub­ter­ráneas ayud­a­ban a man­ten­er tem­per­at­uras fres­cas en ver­a­no y cál­i­das en invier­no. Mat­ma­ta se hizo famosa cuan­do fue uti­liza­da como esce­nario para la casa de Luke Sky­walk­er en Star Wars: Una nue­va esper­an­za. 

La his­to­ria de Mat­ma­ta se remon­ta a tiem­pos inmemo­ri­ales, cuan­do los antigu­os pobladores de la región, en su may­oría bere­beres, se enfrenta­ban a las inclemen­cias del desier­to y a las con­stantes ame­nazas de inva­siones y con­flic­tos. La necesi­dad de pro­te­gerse del sol abrasador y de las noches frías impul­só a estas comu­nidades a desar­rol­lar una for­ma de vida úni­ca: con­stru­ir vivien­das bajo tier­ra. La téc­ni­ca de excavar aprovechan­do la suavi­dad de la are­na y la arcil­la per­mi­tió crear refu­gios que ofrecían una tem­per­atu­ra estable y un res­guar­do nat­ur­al con­tra los ele­men­tos.

A lo largo de los sig­los, estas con­struc­ciones evolu­cionaron, pasan­do de ser sim­ples refu­gios a com­ple­jos sis­temas habita­cionales. La con­struc­ción de vivien­das sub­ter­ráneas no solo respondía a razones prác­ti­cas sino que tam­bién se con­vir­tió en una expre­sión cul­tur­al y una mues­tra del inge­nio de sus habi­tantes. Se cuen­ta que, en épocas de con­flic­to o invasión, la red de pasajes y cámaras ocul­tas per­mitía a los lugareños res­guardarse y man­ten­er viva la esper­an­za de un mañana mejor.

Las casas y estruc­turas excavadas en la roca de Mat­ma­ta con­sti­tuyen una autén­ti­ca obra de inge­niería nat­ur­al. La arqui­tec­tura troglodi­ta, car­ac­terís­ti­ca de la región, se dis­tingue por sus muros cur­vos y pasil­los laberín­ti­cos que se inte­gran de man­era orgáni­ca con el entorno desér­ti­co. Estas vivien­das fueron dis­eñadas para man­ten­er una tem­per­atu­ra con­stante, aprovechan­do el ais­lamien­to tér­mi­co que pro­por­ciona la tier­ra. Mien­tras el sol ata­ca la super­fi­cie con inten­si­dad durante el día, en el sub­sue­lo se res­pi­ra fres­cu­ra y durante las frías noches, el calor retenido en las pare­des ofrece abri­go.

Den­tro de este entra­ma­do, se encuen­tra lo que muchos lla­man la ciu­dad sub­ter­ránea sec­re­ta de Mat­ma­ta. Aunque a sim­ple vista se pueden obser­var las car­ac­terís­ti­cas vivien­das excavadas en la ladera, pocos cono­cen la com­ple­ja red de túne­les y cámaras que se extiende deba­jo de la super­fi­cie. 

El tur­is­mo en Mat­ma­ta ha ido en aumen­to, y con ello, la pre­ocu­pación por preser­var el pat­ri­mo­nio cul­tur­al y arqui­tec­tóni­co de la región. Las autori­dades locales, en colab­o­ración con orga­ni­za­ciones inter­na­cionales, han imple­men­ta­do medi­das para pro­te­ger y restau­rar las vivien­das troglodi­tas y la red sub­ter­ránea, con­scientes de que en estos tesoros se encuen­tra la iden­ti­dad y la memo­ria colec­ti­va de la comu­nidad. Además, se han desar­rol­la­do rutas de senderis­mo y vis­i­tas guiadas que per­miten a los vis­i­tantes aden­trarse en el sub­sue­lo y des­cubrir de primera mano los secre­tos de la ciu­dad sub­ter­ránea.

Orvieto: los secretos bajo la Toscana italiana

Situ­a­da en lo alto de una col­i­na en la región de Umbría, Italia, Orvi­eto es una ciu­dad que evo­ca his­to­ria, arte y mis­te­rio en cada uno de sus rin­cones. Cono­ci­da mundial­mente por su impo­nente cat­e­dral góti­ca y sus estre­chas calles empe­dradas, Orvi­eto guar­da un secre­to que pocos cono­cen: una ciu­dad sub­ter­ránea, un laber­in­to de túne­les y cavi­dades que se extiende bajo sus antiguas edi­fi­ca­ciones.

El ori­gen de Orvi­eto se remon­ta a tiem­pos pre­rro­manos, cuan­do los etr­uscos eligieron este lugar estratégi­co como asen­tamien­to. La ciu­dad se con­struyó sobre un promon­to­rio vol­cáni­co, lo que no solo ofrecía una vista priv­i­le­gia­da del valle sino que tam­bién pro­por­ciona­ba una defen­sa nat­ur­al con­tra inva­sores. Con el paso de los sig­los Orvi­eto se trans­for­mó en un impor­tante cen­tro cul­tur­al y reli­gioso, con­solidán­dose durante la Edad Media como una for­t­aleza y un núcleo de poder en la región.

Sin embar­go, la his­to­ria de la ciu­dad no se limi­ta a sus mon­u­men­tos vis­i­bles. Bajo la super­fi­cie, des­de épocas tan remo­tas como las de los etr­uscos y con­tin­uan­do a lo largo de la dom­i­nación romana y medieval, se fueron cre­an­do estruc­turas sub­ter­ráneas des­ti­nadas a diver­sas fun­ciones, des­de refu­gios en tiem­pos de guer­ra has­ta almacenes y rutas de escape. 

La ciu­dad sub­ter­ránea de Orvi­eto se com­pone de una com­ple­ja red de túne­les, galerías y cámaras que se extien­den a lo largo de var­ios kilómet­ros. Estas estruc­turas fueron excavadas en la roca vol­cáni­ca, un mate­r­i­al que facil­ita­ba su manip­u­lación y per­mitía que las con­struc­ciones se man­tu­vier­an esta­bles a lo largo del tiem­po. Los túne­les, en muchos casos, están conec­ta­dos a las antiguas for­ti­fi­ca­ciones y edi­fi­cios de la super­fi­cie, lo que sug­iere que fueron dis­eña­dos no solo para el alma­ce­namien­to sino tam­bién como rutas de escape y defen­sa durante los momen­tos críti­cos de la his­to­ria.

Una de las car­ac­terís­ti­cas más sor­pren­dentes de este entra­ma­do sub­ter­rá­neo es la pre­cisión y el cuida­do con el que fueron con­stru­i­dos. Los antigu­os orvi­etanos, en su afán por crear refu­gios seguros, idearon sis­temas de ven­ti­lación nat­ur­al, acce­sos ocul­tos y cámaras que con­serv­a­ban la tem­per­atu­ra, pro­te­gien­do tan­to a per­sonas como a bienes durante ase­dios y con­flic­tos. La inge­niería detrás de estas con­struc­ciones es un tes­ti­mo­nio del inge­nio y la per­se­ver­an­cia de sus creadores, quienes supieron aprovechar al máx­i­mo los recur­sos que les ofrecía la geología local.

Nushabad (Irán)

A lo largo de los sig­los, los habi­tantes de Nushabad desar­rol­laron for­mas de vida que respondían tan­to a las necesi­dades prác­ti­cas del día a día como a la impe­riosa necesi­dad de pro­tec­ción ante ame­nazas exter­nas. De aquí surge la tradi­ción de con­stru­ir estruc­turas sub­ter­ráneas, un inge­nioso recur­so que aprovech­a­ba la geología del lugar para crear espa­cios seguros y resilientes. Así, la ciu­dad sub­ter­ránea de Nushabad se erige como una mues­tra pal­pa­ble de la adaptación humana, donde el sub­sue­lo se trans­for­mó en refu­gio y en depósi­to de la memo­ria colec­ti­va.

La exis­ten­cia de una ciu­dad sub­ter­ránea en Nushabad es un secre­to que ha per­maneci­do en el anon­i­ma­to durante muchos años, res­guarda­do por el silen­cio de la tier­ra y por la tradi­ción oral de sus gentes. Según relatos trans­mi­ti­dos de gen­eración en gen­eración, los antigu­os habi­tantes cavaron túne­les y cámaras en la roca para crear una red de pasajes que conecta­ba pun­tos estratégi­cos de la aldea. Este com­ple­jo sub­ter­rá­neo no solo sirvió como refu­gio en tiem­pos de cri­sis sino que tam­bién fue uti­liza­do para alma­ce­nar ali­men­tos, her­ramien­tas y otros recur­sos esen­ciales durante lar­gos perío­dos.

La sor­pre­sa y el asom­bro de quienes han tenido la opor­tu­nidad de explo­rar estos pasadi­zos se deben a la sofisti­cación de la inge­niería apli­ca­da. Lejos de ser sim­ples refu­gios impro­visa­dos, los túne­les de Nushabad mues­tran una plan­i­fi­cación metic­u­losa, con sis­temas de ven­ti­lación nat­ur­al y cámaras dis­eñadas para man­ten­er una tem­per­atu­ra estable. Estas car­ac­terís­ti­cas per­miten que, inclu­so en los meses más calurosos del ver­a­no o en los invier­nos más rig­urosos, la vida en el sub­sue­lo se desar­rol­lara de man­era sor­pren­den­te­mente con­fort­able.

Wieliczka (Polonia): la ciudad subterránea de sal

Bajo la ciu­dad de Wielicz­ka, en Polo­nia, se esconde una de las minas de sal más antiguas del mun­do, y den­tro de ella, una ciu­dad sub­ter­ránea. La estu­vi­mos vis­i­tan­do hace unos años y sal­imos fasci­na­dos: puedes leer­lo en nue­stro via­je a Polo­nia.

La his­to­ria de la mina de sal de Wielicz­ka se remon­ta al siglo XIII, cuan­do los primeros mineros comen­zaron a explotar las vetas de sal en esta región. Con el tiem­po, la mina no solo se con­vir­tió en una fuente vital de riqueza y pros­peri­dad para Polo­nia sino que tam­bién fue un espa­cio de inno­vación y cre­ativi­dad. Durante sig­los se extendieron en las pro­fun­di­dades de la tier­ra cien­tos de kilómet­ros de túne­les, cámaras y pasadi­zos que sirvieron para extraer, proce­sar y alma­ce­nar la sal, ele­men­to tan esen­cial en la economía y en la vida cotid­i­ana de la época.

La mina de Wielicz­ka no es úni­ca­mente un cen­tro de explotación min­era sino tam­bién un tes­ti­mo­nio vivo del arte y la arqui­tec­tura sub­ter­ránea. Los mineros, a lo largo de los sig­los, esculpieron en las pare­des de sal ver­daderas obras de arte: capil­las, estat­uas y cámaras dec­o­radas con relieves y detalles que refle­jan la devo­ción y la habil­i­dad téc­ni­ca de sus creadores. El laber­in­to de túne­les, que se extiende a lo largo de más de 287 kilómet­ros, alber­ga cámaras y salones que fueron dis­eña­dos no solo para la extrac­ción de sal sino tam­bién para el cul­to y la reunión social.

Uno de los espa­cios más emblemáti­cos es la Capil­la de San­ta Kinga, esculp­i­da en la sal de man­era tan magis­tral que parece una cat­e­dral dimin­u­ta. La luz que se fil­tra a través de las aber­turas en el techo crea un ambi­ente mís­ti­co y sagra­do en el que los mineros y vis­i­tantes pueden mar­avil­larse con el esplen­dor de una obra que desafía el paso del tiem­po. Este san­tu­ario sub­ter­rá­neo se ha con­ver­tido en un sím­bo­lo de la fusión entre la fe y la labor humana, recordán­donos que inclu­so en los entornos más ines­per­a­dos puede flo­re­cer la cre­ativi­dad.

Edimburgo y sus callejones ocultos

De la ciu­dad sub­ter­ránea de Edim­bur­go tam­bién te hablam­os largo y ten­di­do cuan­do la visi­ta­mos (puedes leer­lo en el artícu­lo Via­je a Edim­bur­go, la sinies­tra cap­i­tal de Esco­cia). Pero nun­ca está de más recor­dar la his­to­ria.

La his­to­ria de Edim­bur­go se remon­ta a tiem­pos inmemo­ri­ales, cuan­do sus habi­tantes comen­zaron a con­stru­ir asen­tamien­tos en las emp­inadas col­i­nas que dom­i­nan el paisaje. Con el paso del tiem­po, la ciu­dad se fue con­sol­i­dan­do y su crec­imien­to impul­só la necesi­dad de aprovechar cada rincón disponible para vivir, tra­ba­jar y pro­te­gerse. Así nació, de man­era casi imper­cep­ti­ble, una red sub­ter­ránea que se extendía bajo los edi­fi­cios, plazas y calle­jones del cas­co antiguo.

Durante los sig­los XVIII y XIX, en ple­na efer­ves­cen­cia de la vida urbana, se con­struyeron las famosas bóvedas de Edim­bur­go, tam­bién cono­ci­das como vaults. Estos pasajes se erigieron bajo el puente sur (South Bridge) y esta­ban des­ti­na­dos orig­i­nal­mente a servir como almacenes, talleres y vivien­das para com­er­ciantes. Sin embar­go, con el tran­scur­so del tiem­po, estas estruc­turas se trans­for­maron en refu­gios para activi­dades menos legí­ti­mas, des­de taber­nas clan­des­ti­nas y bur­de­les has­ta locales de juego y con­tra­ban­do. Estos pasadi­zos no solo servían para alma­ce­nar mer­cancías o para refu­gia­rse durante ase­dios y epi­demias sino que tam­bién se con­virtieron en rutas sec­re­tas de escape para aque­l­los que desea­ban evadir la ley o huir de situa­ciones de peli­gro. 

Entre los múlti­ples relatos que giran en torno a los secre­tos bajo Edim­bur­go, uno de los más cono­ci­dos es el de Mary King’s Close. Este estre­cho calle­jón sub­ter­rá­neo, situ­a­do en el corazón del cas­co antiguo, fue sel­l­a­do durante el siglo XVII para pro­te­ger a sus habi­tantes de la propa­gación de la peste. Con el tiem­po, la his­to­ria de Mary King’s Close se fue trans­for­man­do en leyen­da, ali­men­ta­da por relatos de trage­dia, sufrim­ien­to y, según algunos, inclu­so de activi­dad para­nor­mal.

Las catacumbas de París: una ciudad de los muertos

De las cat­acum­bas parisi­nas tam­bién te hemos habla­do en un par de artícu­los, el que narra­ba nue­stro via­je a París y en Des­cubrien­do los lugares más insól­i­tos de París. El ori­gen de las cat­acum­bas se remon­ta al siglo XVIII, cuan­do París se vio sum­i­da en una cri­sis san­i­taria y una sobre­población de cemente­rios que ame­naz­a­ba con des­bor­darse en la ciu­dad. Para sal­var a la cap­i­tal de la peste y de la insalu­bri­dad, se tomó la drás­ti­ca decisión de trasladar los restos óseos a un vas­to entra­ma­do de galerías sub­ter­ráneas, restos que hoy des­cansan en silen­cio, orga­ni­za­dos en macabros patrones artís­ti­cos que asom­bran tan­to a his­to­ri­adores como a los más temerosos.

Pero ¿qué se esconde real­mente tras esa estruc­tura de hue­sos orde­na­dos con pre­cisión casi rit­u­al? Algunos dicen que cada crá­neo, cada fémur, guar­da en su inte­ri­or el eco de los gri­tos y el sufrim­ien­to de aque­l­los que algu­na vez vagaron por las calles de una París con­vul­sa. Más allá de los relatos de apari­ciones y voces, hay quienes sostienen que las cat­acum­bas de París escon­den un sig­nifi­ca­do esotéri­co, casi rit­u­al. La dis­posi­ción de los hue­sos no es mera­mente caóti­ca; hay patrones y sim­bolis­mos que sug­ieren un conocimien­to ances­tral. Algunos inves­ti­gadores han plantea­do la hipóte­sis de que los restos fueron orga­ni­za­dos de tal man­era que refle­jaran cier­tas cer­e­mo­nias funer­arias, creen­cias y has­ta rit­uales de pro­tec­ción. ¿Aca­so los mineros y encar­ga­dos de trasladar los restos actu­aron como guardianes de un secre­to sagra­do, trans­mi­ti­do de gen­eración en gen­eración?

Nues­tra visi­ta a las cat­acum­bas de París

Capadocia: un lugar único en el mundo

La región de Capado­cia, situ­a­da en el corazón de Turquía, es uno de los des­ti­nos más asom­brosos del mun­do, no solo por su belleza sur­re­al­ista sino tam­bién por su his­to­ria y las pecu­liari­dades que la hacen úni­ca. Si algu­na vez has vis­to imá­genes de for­ma­ciones rocosas extrañas que pare­cen sacadas de otro plan­e­ta, es muy prob­a­ble que estés vien­do una foto de Capado­cia. Esta región, mold­ea­da por miles de años de erosión, pre­sen­ta un paisaje lleno de chime­neas de hadas, valles pro­fun­dos, cañones y cuevas que pare­cen sacadas de un sueño. Lo más sor­pren­dente es que, en el pasa­do, la gente uti­lizó estas for­ma­ciones rocosas para vivir, cre­an­do ver­daderas ciu­dades sub­ter­ráneas y vivien­das troglodi­tas que aún per­manecen hoy como ves­ti­gios de una civ­i­lización extra­or­di­nar­ia.

Un paisaje natural y cultural inigualable

Capado­cia no es solo famosa por sus for­ma­ciones rocosas, sino por sus condi­ciones geográ­fi­cas úni­cas. La región es una de las pocas en el mun­do donde la erosión de la piedra vol­cáni­ca ha for­ma­do estruc­turas tan extra­or­di­nar­ias como las chime­neas de hadas, pilares de roca que se ele­van hacia el cielo, y valles de col­ores cam­biantes que varían con las esta­ciones. Estos valles, a menudo cubier­tos por la niebla en las mañanas, dan una sen­sación de estar den­tro de una pelícu­la de cien­cia fic­ción.

La his­to­ria de Capado­cia está pro­fun­da­mente lig­a­da a su geografía. Durante sig­los, las civ­i­liza­ciones que habitaron la región se vieron oblig­adas a adap­tarse a un entorno com­pli­ca­do y, en oca­siones, peli­groso. Sin embar­go, fue pre­cisa­mente este paisaje lo que per­mi­tió el desar­rol­lo de una cul­tura sub­ter­ránea muy avan­za­da, que con­vir­tió las difi­cul­tades del ter­reno en una ven­ta­ja.

A lo largo de los sig­los, Capado­cia fue el hog­ar de hiti­tas, fri­gios, romanos y bizan­ti­nos, entre otros pueb­los. Las reli­giones antiguas y la lucha con­stante por el con­trol del ter­ri­to­rio hicieron que los habi­tantes de la región bus­caran pro­tec­ción en las cav­er­nas nat­u­rales y, con el tiem­po, deci­dier­an excavar túne­les, pasadi­zos y habita­ciones en la roca. La necesi­dad de pro­tec­ción frente a inva­sores y las per­se­cu­ciones reli­giosas, espe­cial­mente durante la era bizan­ti­na, empu­jó a la gente a bus­car refu­gio bajo tier­ra, dan­do lugar a las ciu­dades sub­ter­ráneas de Capado­cia.

Las ciudades que desafían la lógica

Si bien muchas regiones del mun­do tienen con­struc­ciones sub­ter­ráneas, la com­ple­ji­dad de las ciu­dades sub­ter­ráneas de Capado­cia es, sin duda, una de las más sor­pren­dentes. Estas ciu­dades, con­stru­idas prin­ci­pal­mente por los cris­tianos bizan­ti­nos que huían de las inva­siones árabes, se extien­den por var­ios nive­les bajo tier­ra, for­man­do una red de túne­les, habita­ciones y pasadi­zos secre­tos.

Derinkuyu

Derinkuyu: la ciudad subterránea más famosa

De todas las ciu­dades sub­ter­ráneas de Capado­cia, Derinkuyu es la más cono­ci­da y, posi­ble­mente, la más impre­sio­n­ante. Esta ciu­dad, que se extiende has­ta 60 met­ros de pro­fun­di­dad, tiene ocho nive­les de pasadi­zos inter­conec­ta­dos, incluyen­do coci­nas, igle­sias, almacenes, zonas de des­can­so y ven­ti­lación nat­ur­al para ase­gu­rar la cir­cu­lación del aire. Lo más impre­sio­n­ante es la puer­ta de piedra que blo­quea el acce­so a la ciu­dad, la cual podía ser cer­ra­da des­de den­tro para pro­te­gerse de inva­sores.

Lo que hace real­mente enig­máti­co a Derinkuyu es la pre­cisión arqui­tec­tóni­ca y el hecho de que no se sabe exac­ta­mente cómo pudieron excavar tal laber­in­to sub­ter­rá­neo sin los equipos mod­er­nos. Algunos estu­dios sug­ieren que estas ciu­dades podían alber­gar a has­ta 20,000 per­sonas en tiem­pos de emer­gen­cia, lo que sub­raya la mag­ni­tud de este com­ple­jo sub­ter­rá­neo.

Otras ciudades subterráneas de Capadocia

Aunque Derinkuyu y Kay­mak­li son las más cono­ci­das, Capado­cia alber­ga más de 30 ciu­dades sub­ter­ráneas. Algu­nas de ellas, como Mazı, Gaziemir y Özkon­ak, aunque menos vis­i­tadas, tam­bién ofre­cen fasci­nantes ejem­p­los de arqui­tec­tura sub­ter­ránea. Cada una de estas ciu­dades tiene su pro­pio carác­ter, pero todas com­parten car­ac­terís­ti­cas comunes como la inge­niería avan­za­da, las zonas de ven­ti­lación y los sis­temas de pro­tec­ción para los habi­tantes.

Otra de las grandes ciu­dades sub­ter­ráneas de Capado­cia es Kay­mak­li, situ­a­da a unos pocos kilómet­ros de Derinkuyu. Kay­mak­li es igual­mente exten­sa y se extiende por var­ios nive­les, aunque no es tan pro­fun­da como Derinkuyu. Sin embar­go, ofrece una estruc­tura sim­i­lar con túne­les y pasadi­zos que conectan habita­ciones des­ti­nadas a la vida cotid­i­ana, vivien­das, tien­das de com­er­cio y zonas de alma­ce­namien­to. Los habi­tantes de esta ciu­dad sub­ter­ránea, al igual que los de Derinkuyu, cre­a­ban espa­cios especí­fi­cos para cada activi­dad, lo que demues­tra un alto niv­el de orga­ni­zación.

Lo intri­g­ante de Kay­mak­li es el hecho de que sus pasil­los son bas­tante angos­tos, lo que indi­ca­ba que se habían con­stru­i­do con un propósi­to defen­si­vo, lim­i­tan­do el paso de los ene­mi­gos y per­mi­tien­do a los habi­tantes mover obje­tos ráp­i­da­mente den­tro de la ciu­dad. Algunos arqueól­o­gos creen que las ciu­dades sub­ter­ráneas fueron dis­eñadas especí­fi­ca­mente para resi­s­tir ase­dios pro­lon­ga­dos, pro­por­cio­nan­do un refu­gio com­ple­to para las comu­nidades que las hab­it­a­ban.

¿Por qué estas ciudades subterráneas son tan especiales?

Lo que hace úni­ca a Capado­cia no solo son sus ciu­dades sub­ter­ráneas sino tam­bién el hecho de que estas ciu­dades fueron con­stru­idas en una región con condi­ciones geográ­fi­cas extremas. El cli­ma de la región, que varía entre invier­nos muy fríos y ver­a­nos abrasadores, fue un fac­tor que impul­só a los pueb­los de Capado­cia a bus­car refu­gio bajo tier­ra. Las for­ma­ciones rocosas de la región, cono­ci­das como tufos vol­cáni­cos, son blandas y fáciles de cavar pero a la vez son lo sufi­cien­te­mente duraderas para resi­s­tir la erosión. Este hecho per­mi­tió la creación de com­ple­jos sub­ter­rá­neos capaces de alber­gar a miles de per­sonas durante lar­gos perío­dos de tiem­po.

Además, las ciu­dades sub­ter­ráneas de Capado­cia son úni­cas porque se mantienen en un esta­do bas­tante bien con­ser­va­do. Aunque algu­nas de las ciu­dades han sido saque­adas o dañadas a lo largo de los sig­los, muchas de ellas siguen sien­do acce­si­bles para los tur­is­tas y con­tinúan fasci­nan­do a los arqueól­o­gos y explo­radores por sus mis­te­rios.

Derinkuyu

Derinkuyu es el tes­ti­mo­nio del inge­nio de sus creadores pero tam­bién un enig­ma que sigue sin desve­lar todos sus secre­tos. ¿Cómo pudieron los antigu­os habi­tantes con­stru­ir un refu­gio tan enorme y sofisti­ca­do bajo tier­ra? 

Recreación de cómo habría sido la ciu­dad de Derinkuyu

El des­cubrim­ien­to de Derinkuyu en 1963 fue un hito, ya que has­ta ese momen­to, la exis­ten­cia de tal ciu­dad sub­ter­ránea se desconocía. Fue un res­i­dente local quien, al realizar una remod­elación en su casa, encon­tró una puer­ta sec­re­ta que daba acce­so a una serie de túne­les. Este hal­laz­go llevó a los arqueól­o­gos a explo­rar el sitio, desve­lando una ciu­dad ocul­ta bajo el sue­lo. Este hal­laz­go mar­có el comien­zo de las explo­raciones mod­er­nas de la ciu­dad, y aún hoy siguen apare­cien­do nuevos pasajes y estruc­turas.


Historia de Derinkuyu: orígenes 

El ori­gen de Derinkuyu sigue sien­do un mis­te­rio. Aunque se han encon­tra­do ves­ti­gios de civ­i­liza­ciones que habitaron la región durante sig­los, como los hiti­tas, los romanos y los bizan­ti­nos, no hay un con­sen­so claro sobre quiénes fueron los creadores de Derinkuyu. Sin embar­go, hay varias teorías que inten­tan arro­jar luz sobre su ori­gen y propósi­to.

El misterio de la fecha de construcción

A pesar de que se cree que la ciu­dad sub­ter­ránea de Derinkuyu data de hace más de 2,000 años, algunos estu­dios recientes sug­ieren que pudo haber sido mod­i­fi­ca­da y ampli­a­da en difer­entes peri­o­dos de la his­to­ria. Algunos arqueól­o­gos afir­man que la ciu­dad fue con­stru­i­da por los hiti­tas en el siglo VIII a.C., mien­tras que otros sostienen que la may­oría de las con­struc­ciones se realizaron durante el impe­rio romano o el perío­do bizan­ti­no. Este debate sobre su ori­gen sigue sien­do una curiosi­dad históri­ca que no se ha resuel­to de for­ma con­cluyente.

Los Hititas: primeros habitantes y posibles creadores

La teoría más común es que los hiti­tas, una civ­i­lización que flo­re­ció en Ana­to­lia entre el siglo XVII a.C. y el siglo XIII a.C., fueron los primeros en excavar estos túne­les sub­ter­rá­neos. Los hiti­tas eran cono­ci­dos por su destreza en la inge­niería y por haber con­stru­i­do com­ple­jos sub­ter­rá­neos en otras partes de su impe­rio. Es posi­ble que Derinkuyu haya sido una de sus crea­ciones, aunque las excava­ciones en la ciu­dad no han pro­por­ciona­do prue­bas con­cluyentes de su autoría.

Los Romanos y Bizantinos: expansión y uso militar

Durante el Impe­rio Romano y, más tarde, el Impe­rio Bizan­ti­no, la región de Capado­cia se con­vir­tió en un pun­to estratégi­co debido a su ubi­cación entre Europa y Asia. Durante este peri­o­do, las inva­siones eran fre­cuentes y las ciu­dades sub­ter­ráneas servían como refu­gios en tiem­pos de guer­ra. En este con­tex­to, Derinkuyu pudo haber sido expandi­da y mejo­ra­da para alber­gar a una población may­or, con almacenes, sis­temas de agua y pasadi­zos secre­tos que facil­ita­ban la evac­uación o el sum­in­istro de recur­sos en caso de un ataque.

Es ampli­a­mente acep­ta­do que Derinkuyu fue uti­liza­da por los primeros cris­tianos como refu­gio durante las per­se­cu­ciones en el Impe­rio Romano. En los primeros sig­los de la era cris­tiana, los cris­tianos se enfrenta­ban a per­se­cu­ciones vio­len­tas y muchas comu­nidades se refu­gia­ron en las ciu­dades sub­ter­ráneas para pro­te­gerse. Las capil­las sub­ter­ráneas y la estruc­tura de la ciu­dad refuerzan la teoría de que Derinkuyu podría haber servi­do como un refu­gio reli­gioso para estos cris­tianos, per­mi­tién­doles man­ten­er sus prác­ti­cas de man­era segu­ra.

Otro fac­tor que con­tribuyó al auge de las ciu­dades sub­ter­ráneas fue la ame­naza de inva­siones árabes en los primeros sig­los de la era islámi­ca. Se cree que muchas de estas ciu­dades fueron uti­lizadas por los habi­tantes locales para pro­te­gerse de los ataques. Derinkuyu, al ser tan pro­fun­da y pro­te­gi­da, era el refu­gio per­fec­to.

 


La estructura de Derinkuyu: un laberinto bajo tierra

Derinkuyu es, sin lugar a dudas, una de las estruc­turas sub­ter­ráneas más com­ple­jas jamás con­stru­idas. Con ocho nive­les conec­ta­dos por pasadi­zos y escaleras emp­inadas, la ciu­dad sub­ter­ránea esta­ba dis­eña­da para ofre­cer todo lo nece­sario para la super­viven­cia

Pasadizos y habitaciones subterráneas

Los pasadi­zos de Derinkuyu están dis­eña­dos de man­era estratég­i­ca para pro­por­cionar seguri­dad. Muchos de ellos son tan angos­tos que solo una per­sona puede pasar a la vez. Sin embar­go, son lo sufi­cien­te­mente lar­gos y pro­fun­dos para conec­tar todas las áreas de la ciu­dad. Las habita­ciones están dis­pues­tas en nive­les, lo que per­mite una orga­ni­zación efi­ciente de la vida diaria.

Derinkuyu

Cada niv­el de la ciu­dad tiene una fun­ción especí­fi­ca. En el primer niv­el encon­tramos almacenes para guardar ali­men­tos y sum­in­istros, coci­nas donde se prepara­ba la comi­da y habita­ciones para los res­i­dentes. Los nive­les más pro­fun­dos incluyen zonas de cul­to y espa­cios de des­can­so.

Puertas de piedra y sistema de defensa

Una de las car­ac­terís­ti­cas más lla­ma­ti­vas de Derinkuyu es el sis­tema de puer­tas de piedra que blo­quean el acce­so a cada niv­el. Estas puer­tas son de gran tamaño y cuan­do están cer­radas, no se pueden abrir des­de el exte­ri­or. Solo los habi­tantes que conocían los mecan­is­mos de cierre podían acced­er a los dis­tin­tos nive­les de la ciu­dad, lo que hacía de Derinkuyu un lugar casi impen­e­tra­ble durante un ataque.

Además de las puer­tas, la ciu­dad cuen­ta con pasajes secre­tos y una ven­ti­lación avan­za­da que per­mitía que los habi­tantes res­pi­raran aire fres­co sin ten­er que salir al exte­ri­or. El sis­tema de pozos de ven­ti­lación se extiende por toda la ciu­dad y pro­por­ciona el oxígeno nece­sario para que cien­tos de per­sonas pudier­an vivir bajo tier­ra durante lar­gos perío­dos.


El propósito secreto de Derinkuyu: más que un refugio

Si bien la teoría más común sobre Derinkuyu es que fue un refu­gio con­tra las inva­siones, algunos estu­dios sug­ieren que esta ciu­dad sub­ter­ránea pudo haber tenido un propósi­to mucho más pro­fun­do y mís­ti­co. Las teorías sobre un cen­tro de conocimien­to ocul­to o un lugar de cul­to reli­gioso per­sis­ten, ali­men­tadas por la pres­en­cia de capil­las sub­ter­ráneas y el dis­eño tan elab­o­ra­do de la ciu­dad.

Red secreta de ciudades subterráneas

Algunos creen que Derinkuyu forma­ba parte de una red sec­re­ta de ciu­dades sub­ter­ráneas en la región de Capado­cia. Esta red podría haber per­mi­ti­do a sus habi­tantes man­ten­erse a sal­vo mien­tras com­partían conocimien­tos secre­tos. Pasadi­zos inter­conec­ta­dos habrían servi­do como vías de comu­ni­cación y trans­porte entre difer­entes ciu­dades sub­ter­ráneas, facil­i­tan­do el inter­cam­bio de infor­ma­ción.

Lugares de culto o centros espirituales

La pres­en­cia de capil­las en var­ios nive­les de Derinkuyu ha ali­men­ta­do la teoría de que la ciu­dad sub­ter­ránea era tam­bién un cen­tro espir­i­tu­al. Algunos pien­san que sus habi­tantes usa­ban estos espa­cios para rit­uales reli­giosos secre­tos, mien­tras que otros sug­ieren que Derinkuyu podría haber sido un tem­p­lo ocul­to, ded­i­ca­do a prác­ti­cas de conocimien­to arcano o inclu­so a la ado­ración de dei­dades olvi­dadas.

La vida en Derinkuyu

Vivienda y organización social

La estruc­tura sub­ter­ránea de Derinkuyu esta­ba orga­ni­za­da de for­ma prác­ti­ca y efi­ciente para facil­i­tar la vida de sus habi­tantes y la defen­sa con­tra posi­bles ame­nazas. Los nive­les de la ciu­dad cumplían difer­entes fun­ciones, lo que sug­iere una orga­ni­zación jerárquica y fun­cional en la sociedad. Las famil­ias prob­a­ble­mente vivían en habita­ciones pequeñas dis­tribuidas en los difer­entes nive­les. Estos espa­cios eran sim­ples pero bien adap­ta­dos a las necesi­dades diarias.

  • Habita­ciones: Eran pequeñas, con pare­des de roca tal­la­da y muchas veces cer­radas con puer­tas de piedra para garan­ti­zar la seguri­dad. Estas habita­ciones esta­ban dis­tribuidas en torno a un espa­cio común, donde la vida cotid­i­ana prob­a­ble­mente gira­ba en torno a la famil­ia y la comu­nidad.
  • Espa­cios comunes: En los nive­les supe­ri­ores existían áreas comunes como coci­nas com­par­tidas, almacenes de ali­men­tos y áreas de des­can­so. Estos espa­cios eran vitales para la orga­ni­zación de la vida en comu­nidad, sobre todo en tiem­pos de cri­sis.
  • Zonas de cul­to: En nive­les más pro­fun­dos se han encon­tra­do capil­las o pequeñas áreas ded­i­cadas al cul­to reli­gioso. La pres­en­cia de estos espa­cios sug­iere que las creen­cias espir­i­tuales desem­peña­ban un papel impor­tante en la vida cotid­i­ana de los habi­tantes de Derinkuyu.
En muchos túne­les de Derinkuyu teníamos que andar casi agacha­dos

Alimentación: ¿qué comían los habitantes de Derinkuyu?

La ali­mentación en Derinkuyu dependía en gran medi­da de los recur­sos alma­ce­na­dos y de las habil­i­dades de con­ser­vación de los ali­men­tos, ya que los habi­tantes pasa­ban lar­gos peri­o­dos bajo tier­ra, ale­ja­dos de las tier­ras de cul­ti­vo.

  • Ali­men­tos bási­cos: Los habi­tantes de Derinkuyu prob­a­ble­mente cul­tiva­ban ali­men­tos en las áreas cer­canas a la ciu­dad ya que la región de Capado­cia es fér­til. Algunos de los ali­men­tos que podrían haber con­sum­i­do incluyen pan, legum­bres, cereales como tri­go, ceba­da y mijo, así como fru­tas como uvas, higos y granadas.
  • Con­ser­vación de ali­men­tos: Los almacenes sub­ter­rá­neos eran fun­da­men­tales para la con­ser­vación de ali­men­tos. Los habi­tantes prob­a­ble­mente alma­cen­a­ban grandes can­ti­dades de gra­nos, fru­tas secas, aceite de oli­va y pro­duc­tos en salmuera. Además, el uso de tar­ros de bar­ro y vasi­jas per­mitía la con­ser­vación de ali­men­tos durante lar­gos peri­o­dos.
  • Carne: Aunque no hay evi­den­cia direc­ta de que los habi­tantes de Derinkuyu cri­aran gana­do en el inte­ri­or de la ciu­dad sub­ter­ránea, se cree que prob­a­ble­mente caz­a­ban ani­males en las áreas cer­canas o com­er­cia­ban con las tribus veci­nas para obten­er carne de cordero, cabal­los y pesca­do.

¿Tenían animales en Derinkuyu?

Aunque las condi­ciones sub­ter­ráneas no son ide­ales para la cría de ani­males, es prob­a­ble que los habi­tantes de Derinkuyu tuvier­an acce­so a algunos ani­males pero no en gran can­ti­dad, debido a las lim­ita­ciones del espa­cio.

  • Gana­do: No se han encon­tra­do evi­den­cias claras de gana­do en Derinkuyu pero es posi­ble que los ani­males estu­vier­an en los nive­les más cer­canos a la super­fi­cie, donde se encon­tra­ban las áreas de cul­ti­vo y los recur­sos nat­u­rales. Los ani­males de tiro y los cabal­los podrían haber sido cri­a­dos en áreas cer­canas.
  • Pequeños ani­males: Podrían haber tenido gal­li­nas para obten­er huevos, gatos para con­tro­lar los ratones y, posi­ble­mente, algunos per­ros. Los per­ros eran una fuente de pro­tec­ción y podían haber sido uti­liza­dos para cazar o defend­er­se.
  • Pesca: En los nive­les más pro­fun­dos de la ciu­dad se han encon­tra­do algu­nas pisci­nas de alma­ce­namien­to de agua, lo que podría haber facil­i­ta­do la pesca de peces en los ríos cer­canos.

La organización de la educación y el conocimiento

La exis­ten­cia de espa­cios ded­i­ca­dos al cul­to y las capil­las sub­ter­ráneas sug­iere que los habi­tantes de Derinkuyu no solo se ded­i­ca­ban a la super­viven­cia, sino que tam­bién tenían una cul­tura reli­giosa y educa­ti­va.

  • Escue­las y enseñan­za: Si bien no hay prue­bas direc­tas de que existier­an escue­las for­males en Derinkuyu, es prob­a­ble que la trans­misión de conocimien­tos se lle­vara a cabo en un entorno comu­ni­tario. Los adul­tos may­ores prob­a­ble­mente enseña­ban a los más jóvenes sobre cosas prác­ti­cas como la agri­cul­tura, la caza o la arte­sanía, además de com­par­tir los conocimien­tos espir­i­tuales y las tradi­ciones reli­giosas.
  • For­ma­ción reli­giosa: La pres­en­cia de las capil­las sub­ter­ráneas sug­iere que los rit­uales reli­giosos desem­peña­ban un papel impor­tante. Las enseñan­zas sobre los dios­es, la vida después de la muerte y los rit­uales espir­i­tuales prob­a­ble­mente se trans­mitían oral­mente de gen­eración en gen­eración. Las ora­ciones y los rit­uales pueden haber sido parte inte­gral de la vida en Derinkuyu, lo que refle­jaría una comu­nidad pro­fun­da­mente conec­ta­da espir­i­tual­mente. 

Derinkuyu

Actividades cotidianas y trabajo en Derinkuyu

Los habi­tantes de Derinkuyu no solo dependían de los recur­sos que podían obten­er de la super­fi­cie sino que tam­bién tenían que ser auto­su­fi­cientes en sus activi­dades sub­ter­ráneas.

  • Arte­sanía y com­er­cio: Algunos exper­tos sug­ieren que los habi­tantes de Derinkuyu podían haber sido hábiles en la pro­duc­ción de arte­sanías como cerámi­ca, teji­dos y her­ramien­tas de piedra. La alfar­ería era esen­cial para alma­ce­nar ali­men­tos y agua, mien­tras que el com­er­cio de estos pro­duc­tos con otras ciu­dades cer­canas podría haber sido cru­cial para el inter­cam­bio de bienes.
  • Con­struc­ción de túne­les y man­ten­imien­to: Los habi­tantes de Derinkuyu debían estar alta­mente espe­cial­iza­dos en el tra­ba­jo de excavación, dado el gran esfuer­zo nece­sario para con­stru­ir y man­ten­er la ciu­dad sub­ter­ránea. Esto podría haber requeri­do un conocimien­to pro­fun­do de geologíainge­niería.

El sistema de ventilación

Una de las car­ac­terís­ti­cas más sor­pren­dentes de Derinkuyu es su sis­tema de ven­ti­lación. Aunque la ciu­dad está com­ple­ta­mente bajo tier­ra, los habi­tantes pudieron man­ten­er una cir­cu­lación de aire ade­cua­da gra­cias a los túne­les de ven­ti­lación que se extien­den por toda la ciu­dad. Este sis­tema per­mitía que el aire fres­co lle­gara a todos los nive­les. Se esti­ma que hay más de 50 túne­les de ven­ti­lación que ase­gura­ban que la ciu­dad per­maneciera hab­it­able inclu­so en los nive­les más pro­fun­dos, donde la oxi­ge­nación podría haber sido un prob­le­ma sin este inge­nioso sis­tema.

Puertas de piedra giratorias

Las entradas a las dis­tin­tas partes de Derinkuyu están pro­te­gi­das por puer­tas de piedra masi­vas que se podían hac­er girar. Estas puer­tas, que eran prác­ti­ca­mente imposi­bles de abrir des­de el exte­ri­or, se uti­liz­a­ban para blo­quear el acce­so durante los perío­dos de invasión o de peli­gro. El dis­eño de estas puer­tas era tan pre­ciso que, a pesar de su tamaño y peso, podían ser movi­das con rel­a­ti­va facil­i­dad por una sola per­sona des­de el inte­ri­or.

La vida espiritual: capillas subterráneas

La vida en Derinkuyu no era solo prác­ti­ca; tam­bién esta­ba impreg­na­da de una dimen­sión espir­i­tu­al y cul­tur­al que parece haber sido vital para su población. Las cer­e­mo­nias reli­giosas y los rit­uales espir­i­tuales habrían sido comunes y la ciu­dad sub­ter­ránea prob­a­ble­mente esta­ba llena de sím­bo­los de la fe y las creen­cias de la comu­nidad.

Uno de los aspec­tos más intri­g­antes de Derinkuyu es la pres­en­cia de capil­las sub­ter­ráneas. Se han des­cu­bier­to salas ded­i­cadas al cul­to reli­gioso y algunos exper­tos sug­ieren que los habi­tantes de la ciu­dad sub­ter­ránea prac­ti­ca­ban una fe monoteís­ta, prob­a­ble­mente vin­cu­la­da al cris­tian­is­mo prim­i­ti­vo. En estas capil­las se real­iz­a­ban rit­uales y ora­ciones para invo­car pro­tec­ción div­ina en tiem­pos de guer­ra. Estas áreas de cul­to refle­jan la impor­tan­cia de la espir­i­tu­al­i­dad en la vida cotid­i­ana de la comu­nidad.

Túneles de escape secreto

Uno de los aspec­tos más mis­te­riosos de Derinkuyu es la exis­ten­cia de túne­les de escape secre­tos. Estos túne­les podrían haber sido uti­liza­dos para escapar ráp­i­da­mente en caso de que los inva­sores lograran pen­e­trar la ciu­dad sub­ter­ránea. Aunque la entra­da prin­ci­pal esta­ba cuida­dosa­mente sel­l­a­da, algunos túne­les más pequeños, a menudo de acce­so estre­cho, per­mitían a los habi­tantes de la ciu­dad aban­donar la ciu­dad de man­era sig­ilosa y escon­der­se en las mon­tañas cer­canas.

Un refugio para todos

Se cree que Derinkuyu no solo era habita­da por los locales sino que tam­bién podía haber sido uti­liza­da como refu­gio por per­sonas de otras partes de la región. Durante las inva­siones, la ciu­dad pudo haber alber­ga­do a miles de per­sonas, cre­an­do una comu­nidad sub­ter­ránea que con­vivía durante meses en condi­ciones extremas. Las difer­en­cias en las estruc­turas y tamaños de las habita­ciones den­tro de la ciu­dad sug­ieren que prob­a­ble­mente había un sis­tema jerárquico den­tro de la comu­nidad sub­ter­ránea.

Múltiples accesos

Una de las curiosi­dades más intere­santes es que Derinkuyu no solo tenía una úni­ca entra­da. Se cree que había diver­sas entradas y sal­i­das sec­re­tas a lo largo de la ciu­dad, algu­nas de las cuales aún no han sido des­cu­bier­tas. Estas entradas sec­re­tas eran esen­ciales para facil­i­tar la evac­uación ráp­i­da o el acce­so por difer­entes caminos, lo que le daba una gran ven­ta­ja defen­si­va. Algunos exper­tos creen que estas sal­i­das se uti­liz­a­ban para acced­er a las ciu­dades veci­nas o cam­i­nar hacia las mon­tañas cer­canas para escapar sin ser detec­ta­do.

Un lugar para el cultivo subterráneo

Aunque Derinkuyu está com­ple­ta­mente bajo tier­ra, se ha espec­u­la­do que los habi­tantes de la ciu­dad pudieron haber encon­tra­do man­eras de cul­ti­var cier­tos ali­men­tos bajo la super­fi­cie. Aunque las condi­ciones no eran las más ide­ales, el sis­tema de ven­ti­lación y la posi­bil­i­dad de alma­ce­nar recur­sos en espa­cios sub­ter­rá­neos pueden haber ayu­da­do a man­ten­er los cul­tivos de hon­gos o raíces. Además, la cer­canía a las tier­ras agrí­co­las cer­canas prob­a­ble­mente pro­por­ciona­ba ali­men­tos fres­cos durante los peri­o­dos más lar­gos de estancia sub­ter­ránea.

Posibles elementos de tecnología avanzada

Algunos inves­ti­gadores han plantea­do teorías intere­santes sobre la posi­ble tec­nología avan­za­da uti­liza­da en la con­struc­ción de Derinkuyu. Por ejem­p­lo, la pre­cisión de la con­struc­ción y la orga­ni­zación de los túne­les sub­ter­rá­neos parece implicar un conocimien­to avan­za­do de inge­niería y geología. La estruc­tura de las puer­tas gira­to­rias, que podían cer­rarse her­méti­ca­mente para pro­te­ger a la ciu­dad, tam­bién sug­iere una plan­i­fi­cación metic­u­losa y un dominio téc­ni­co impre­sio­n­ante para la época. Algu­nas per­sonas inclu­so creen que los habi­tantes de Derinkuyu pudieron haber poseí­do conocimien­tos avan­za­dos que no se com­pren­den com­ple­ta­mente hoy en día.

Escalofriante silencio

Muchos vis­i­tantes que han explo­rado Derinkuyu (entre ellos nosotros, que enci­ma fuimos en invier­no y la recor­ri­mos solos con el guía) repor­tan un silen­cio inqui­etante al cam­i­nar por sus pasil­los vacíos. Es una sen­sación rara ya que el sonido parece ser absorbido por las rocas. Algunos inclu­so men­cio­nan que sien­ten una energía espe­cial o una sen­sación de pres­en­cia al cam­i­nar por los túne­les. Este hecho ha ali­men­ta­do las teorías de que Derinkuyu no solo fue un refu­gio físi­co sino que tam­bién podría haber tenido un sig­nifi­ca­do espir­i­tu­al para quienes la hab­it­a­ban, una especie de cen­tro de energía muy potente.

Gran capacidad de población

Aunque la ciu­dad sub­ter­ránea de Derinkuyu no está com­ple­ta­mente excava­da, se esti­ma que podría haber alber­ga­do a has­ta 20,000 per­sonas durante los momen­tos de cri­sis. Este número es increíble­mente alto, con­sideran­do que las per­sonas vivían en condi­ciones sub­ter­ráneas bas­tante lim­i­tadas. La exis­ten­cia de espa­cios para almacenes, cuar­te­les de seguri­dad y áreas comunes sug­iere que la vida en Derinkuyu no era solo un refu­gio de emer­gen­cia sino una comu­nidad estable que podía sosten­er a un gran número de habi­tantes.

Las lámparas subterráneas

Se cree que los habi­tantes de Derinkuyu uti­liz­a­ban lám­paras de aceite para ilu­mi­nar los pasil­los oscuros. Se han encon­tra­do numerosos soportes de lám­paras en las cavi­dades de las pare­des, que indi­can que la luz arti­fi­cial era un ele­men­to esen­cial para la vida diaria en la ciu­dad sub­ter­ránea. Estas lám­paras prob­a­ble­mente se uti­liz­a­ban para ilu­mi­nar las habita­ciones, pasil­los y zonas de tra­ba­jo durante las largas horas de oscuri­dad.

El sistema de agua potable

Uno de los aspec­tos más inge­niosos de Derinkuyu es su sis­tema de agua potable. La ciu­dad no solo tenía acce­so a agua a través de pozos sino que tam­bién había un sis­tema de canales sub­ter­rá­neos que dis­tribuían agua de man­era efi­ciente a lo largo de la ciu­dad. Estos canales conecta­ban los pozos de agua sub­ter­ránea con las vivien­das y otras áreas comunes, ase­gu­ran­do que los res­i­dentes pudier­an man­ten­erse hidrata­dos durante su estancia bajo tier­ra. En algunos casos, los canales sub­ter­rá­neos se conecta­ban a cis­ter­nas de alma­ce­namien­to, lo que ase­gura­ba el abastec­imien­to de agua inclu­so en épocas de sequía.

Se cree que había pozos de agua dis­tribui­dos por difer­entes nive­les de la ciu­dad, lo que ase­gura­ba un sum­in­istro con­stante de agua fres­ca para los habi­tantes. Además, estos pozos esta­ban dis­eña­dos para ser difí­ciles de localizar des­de el exte­ri­or, lo que evita­ba que los inva­sores pudier­an sabotear el acce­so al agua. Es impre­sio­n­ante cómo los habi­tantes de Derinkuyu no solo pen­saron en la super­viven­cia bási­ca sino tam­bién en pro­te­ger los recur­sos esen­ciales.

El uso de la piedra volcánica

La región de Capado­cia, donde se encuen­tra Derinkuyu, es famosa por sus for­ma­ciones geológ­i­cas y su sue­lo vol­cáni­co. Esto fue clave para la con­struc­ción de la ciu­dad sub­ter­ránea. Los habi­tantes de Derinkuyu uti­lizaron la piedra blan­da y vol­cáni­ca de la zona para excavar las habita­ciones y túne­les. Este tipo de roca es rel­a­ti­va­mente fácil de tra­ba­jar, lo que per­mi­tió a los arqui­tec­tos de la ciu­dad sub­ter­ránea crear estruc­turas com­ple­jas y vas­tas bajo la super­fi­cie sin que el mate­r­i­al se desmoronara. La piedra vol­cáni­ca tam­bién es un exce­lente ais­lante, lo que ayud­a­ba a man­ten­er una tem­per­atu­ra con­stante den­tro de la ciu­dad sub­ter­ránea, inde­pen­di­en­te­mente de las condi­ciones exter­nas. Pudi­mos com­pro­bar­lo in situ, ya que mien­tras en el exte­ri­or hacía un frío que pela­ba, en el inte­ri­or de los túne­les la tem­per­atu­ra era mucho más agrad­able.

La importancia de la estructura jerárquica

Den­tro de la ciu­dad de Derinkuyu, los arqueól­o­gos han encon­tra­do evi­den­cia de una posi­ble estruc­tura jerárquica entre sus habi­tantes. No solo se encon­traron zonas de alma­ce­namien­to, talleres y vivien­das comunes sino que tam­bién había áreas pri­vadas más grandes, posi­ble­mente des­ti­nadas a líderes o per­sonas de may­or esta­tus. Esto sug­iere que la vida en Derinkuyu no solo esta­ba orga­ni­za­da en fun­ción de la pro­tec­ción sino que tam­bién man­tenía una estruc­tura social com­ple­ja.

Almacenamiento de granos y alimentos

Los habi­tantes de Derinkuyu sabían que ten­drían que sobre­vivir durante lar­gos perío­dos bajo tier­ra y por ello tomaron medi­das para ase­gu­rar el sum­in­istro de ali­men­tos. Se han encon­tra­do amplias bode­gas sub­ter­ráneas donde alma­cen­a­ban gra­nos, fru­tos sec­os, aceite y otros pro­duc­tos esen­ciales para su dieta. La con­ser­vación de ali­men­tos era cru­cial para garan­ti­zar la super­viven­cia durante meses o inclu­so años de ais­lamien­to. Los méto­dos de con­ser­vación tam­bién incluyen la fer­mentación y el seca­do de ali­men­tos para evi­tar que se pudri­er­an en el ambi­ente sub­ter­rá­neo.

La presencia de herramientas

A lo largo de las excava­ciones se han encon­tra­do numerosos arte­fac­tos que sug­ieren cómo vivían los habi­tantes de Derinkuyu. Des­de her­ramien­tas de piedra has­ta uten­sil­ios de coci­na, estos obje­tos nos dan una idea de las tar­eas cotid­i­anas real­izadas por la comu­nidad sub­ter­ránea. La cerámi­ca tam­bién es común y algunos estu­dios sug­ieren que las vasi­jas y tazones eran usa­dos no solo para alma­ce­nar ali­men­tos sino tam­bién para recolec­tar agua o aceite, cru­ciales para la vida sub­ter­ránea.

Capacidad para responder a emergencias

Una car­ac­terís­ti­ca sor­pren­dente de Derinkuyu es su capaci­dad para mane­jar emer­gen­cias de man­era efec­ti­va. Se cree que la ciu­dad fue dis­eña­da para ser fácil­mente adapt­able en fun­ción de las cir­cun­stan­cias. Si la ciu­dad enfrenta­ba una invasión, las zonas comunes podían cer­rarse ráp­i­da­mente y los habi­tantes se dirigían a las áreas más pro­fun­das de la ciu­dad. Además, los túne­les esta­ban dis­eña­dos de tal for­ma que los defen­sores podían respon­der ráp­i­da­mente a cualquier situación. Este dis­eño mod­u­lar le otor­ga­ba a la ciu­dad una gran flex­i­bil­i­dad oper­a­ti­va, hacien­do de Derinkuyu una ver­dadera for­t­aleza sub­ter­ránea.

Derinkuyu como “Ciudad de la Mente”

El filó­so­fo y académi­co David Macaulay sugir­ió que Derinkuyu es una especie de “ciu­dad de la mente”. Esto sig­nifi­ca que, al estar con­stru­i­da com­ple­ta­mente bajo tier­ra, la ciu­dad no solo era un refu­gio físi­co sino que tam­bién podría haber sido un refu­gio psi­cológi­co. Para aque­l­los que vivían allí, estar bajo tier­ra durante lar­gos peri­o­dos de tiem­po podía ser una expe­ri­en­cia pro­fun­da­mente ais­lante y cau­ti­vado­ra. Algunos estu­diosos creen que la ciu­dad sub­ter­ránea no solo sirvió para defend­er­se de inva­sores sino tam­bién como un lugar de reflex­ión pro­fun­da, lejos de las dis­trac­ciones del mun­do exte­ri­or.

 

Derinkuyu nos dejó con la sen­sación de que cada piedra, cada pasil­lo, encier­ra una nar­ra­ti­va por des­cubrir y una chis­pa de mis­te­rio que nos inci­ta a seguir explo­ran­do. ¿Podrán nue­stros conocimien­tos actuales desve­lar todos los secre­tos que se ocul­tan en las pro­fun­di­dades de Derinkuyu? ¿Es posi­ble que en esos pasil­los se hayan ges­ta­do tradi­ciones y conocimien­tos per­di­dos que aún puedan cam­biar nues­tra visión del mun­do? Quizás algún día lo des­cubramos.


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