Los palacios e iglesias más bonitos de Rusia

Catedral San Basilio

Cuan­do pen­samos en Rusia, ten­demos a aso­cia­r­la con una ima­gen rígi­da y sev­era, casi oscu­ra, en la que se impo­nen los edi­fi­cios grisáceos de la época comu­nista. Pero la que fuera el alma de la extin­ta Unión Soviéti­ca, pese a esa injus­ta fama y aunque a muchos sor­pren­da, es una nación col­ori­da que ate­so­ra bril­lantes pala­cios de su época más exul­tante e igle­sias que pare­cen extraí­das de cuen­tos de hadas. Aquí te pre­sen­ta­mos algunos de nue­stros pala­cios y tem­p­los favoritos.

Iglesia de Stroganov — Nizhni Nóvgorod

Stroganov Church

Comen­zamos nue­stro via­je en la col­ori­da Igle­sia de la Nativi­dad en Nizh­ni Nóv­gorod, una ciu­dad de poco más de un mil­lón de habi­tantes al oeste de Rusia. Aunque las prin­ci­pales atrac­ciones turís­ti­cas de Nizh­ni sean el Krem­lin (ya os hablare­mos de los krem­lins rusos ahí aba­jo) y los ani­ma­dos teatros, hay una visi­ta impre­scindible que no podemos dejar pasar. Y es esta mar­avil­losa igle­sia, de las más lla­ma­ti­vas del país, que mila­grosa­mente ha sobre­vivi­do, des­de su creación recién inau­gu­ra­do el siglo XVIII, a múlti­ples incen­dios (entre 1768 y 1788 ardió tres veces).

Y no sólo eso: en la época de la Unión Soviéti­ca el gob­ier­no planeó der­ruir­la, lo que hubiera supuesto una catástrofe arqui­tec­tóni­ca pero el rec­tor de la igle­sia con­sigu­ió con­vencer a los diri­gentes comu­nistas de que esta era una de las may­ores y mejores expre­siones del cono­ci­do como “bar­ro­co Stroganov”, un esti­lo que en su momen­to finan­ció la famil­ia de dicho nom­bre, unos ricos mer­caderes que se con­virtieron en mece­nas arqui­tec­tóni­cos y dejaron como lega­do mar­avil­las como esta igle­sia o el Pala­cio Stroganov en San Peters­bur­go.

Palacio de Peterhof

Palacio Peterhof

A las afueras de San Peters­bur­go, en el gol­fo de Fin­lan­dia, se encuen­tra uno de los lugares más boni­tos de Rusia: el recin­to de Peterfhof. Éste sirvió como res­i­den­cia de los zares has­ta 1917 y se tra­ta de un enorme com­ple­jo de jar­dines y pala­cios de tal majes­tu­osi­dad que se conoce como el “Ver­salles ruso”. Lo que en su ini­cio era un con­jun­to de huer­tas acabó con­vir­tién­dose en uno de los recin­tos palac­i­e­gos más ele­gantes de Europa.

Con­stru­i­do por orden de Pedro I el Grande, quien desea­ba ten­er la res­i­den­cia de ver­a­no más grandiosa que jamás se hubiera vis­to, sufrió serios daños durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al. Pero los pos­te­ri­ores tra­ba­jos de restau­ración fueron tan con­cien­zu­dos que la UNESCO no dudó en incluir­lo den­tro de sus Pat­ri­mo­nios de la Humanidad. Bien que lo merece: el pala­cio cuen­ta con dece­nas de habita­ciones lujosa­mente dec­o­radas. Tapices de seda col­gan­do de las pare­des, fres­cos y estat­uas se alin­ean en los lar­gos corre­dores y el espec­tac­u­lar salón de baile bril­la con sus muros dora­dos.

Pero si el inte­ri­or deja boquia­bier­to al que lo visi­ta, no lo hacen menos los exu­ber­antes jar­dines, cuida­dos al máx­i­mo. Aquí se encuen­tra el may­or com­ple­jo de fuentes del mun­do La más vis­tosa es la Gran Cas­ca­da, com­pues­ta por 64 fuentes y 200 estat­uas de bronce, así como la fuente de San­són, que rep­re­sen­ta las fauces de un león y que sim­boliza la vic­to­ria de Rusia sobre el impe­rio sue­co. Otras de las fuentes más boni­tas son las de inspiración romana o los tres drag­ones que sin des­can­so vierten chor­ros de agua des­de sus bocas abier­tas.

Iglesia del Salvador — San Petersburgo

Sangre Derramada San Petersburgo

Ofi­cial­mente se lla­ma la Igle­sia de San Sal­vador sobre la San­gre Der­ra­ma­da (aunque tam­bién se la conoce como Igle­sia de la Res­ur­reción de Cristo) y es sin lugar a dudas la ima­gen más cono­ci­da de San Peters­bur­go, la que está con­sid­er­a­da la ciu­dad más boni­ta del país. Con­stru­i­da en el lugar exac­to donde en 1881 fue asesina­do el zar Ale­jan­dro II (el zar había sobre­vivi­do a cin­co aten­ta­dos pre­vios), pre­cisa­mente para hom­e­na­jear­le y que aquí se insta­lara la capil­la  con sus restos. La igle­sia se encuen­tra en pleno cen­tro de la ciu­dad y es el primer lugar donde lle­ga todo el que viene por primera vez a San Peters­bur­go.

Con­sid­er­a­da la igle­sia orto­doxa más impor­tante de Rusia y el primer edi­fi­cio con cimien­tos de cemen­to del país, su con­struc­ción duró casi un cuar­to de siglo. Durante la Segun­da Guer­ra Mundi­al cayó en la cúpu­la may­or una bom­ba que no llegó a explotar y que curiosa­mente no fue des­cu­bier­ta has­ta que 20 años después se realizaron unos tra­ba­jos de restau­ración. Su inte­ri­or es igual de espec­tac­u­lar que el exte­ri­or: piedras pre­ciosas de los Urales, már­mol ital­iano y un impre­sio­n­ante mur­al de mosaicos que tardó más de 10 años en acabarse. En él tra­ba­jó una trein­te­na de artis­tas.

Palacio de Catalina

Palacio Catalina

Nos move­mos de San Peters­bur­go pero sólo un poquito, ape­nas 30 kilómet­ros al sur de la ciu­dad. Aquí se encuen­tra el osten­toso Pala­cio de Catali­na, esposa de Pedro I el Grande, aunque la respon­s­able de la refor­ma actu­al fue su hija Isabel I. Un exu­ber­ante pala­cio rococó en el que el oro es el gran pro­tag­o­nista (sólo para la dec­o­ración exte­ri­or se uti­lizaron más de 100 kilos), algo que desaprobó Catali­na la Grande, al des­cubrir cómo se habían dilap­i­da­do las arcas estatales para restau­rar un pala­cio que había comen­za­do sien­do un modesto edi­fi­cio de dos plan­tas sin ape­nas orna­mentación. Un der­roche que su hija llevó a la prác­ti­ca mien­tras los campesinos rusos se morían de ham­bre.

El inte­ri­or es igual de recar­ga­do que el exte­ri­or (o inclu­so más). El arqui­tec­to Ras­trel­li se despachó a gus­to dis­eñan­do larguísi­mas galerías, escali­natas con barandil­las doradas, el gran Salón de la Luz (de casi mil met­ros cuadra­dos coro­n­a­dos por el fres­co en el techo “El tri­un­fo de Rusia” y que ocu­pa bue­na parte del pala­cio, con vis­tas a ambas fachadas), el Salón de Ámbar (cuya restau­ración duró 20 años y costó 12 mil­lones de dólares) o la Galería de los Retratos, con lien­zos de los sig­los XVII y XVIII. El Pala­cio de Catali­na, en defin­i­ti­va, es de una belleza tal que en ver­a­no, época alta del tur­is­mo en Rusia, las colas para acced­er a su inte­ri­or sufren esperas de varias horas.

Iglesias de madera de Kizhi Pogost

Iglesias Kizhi

En una minús­cu­la isla den­tro del lago One­ga encon­tramos doce­nas de edi­fi­cios de madera, antiquísi­mos, que fueron traslada­dos aquí des­de otras partes de la Repúbli­ca de Care­lia en los años 50 para ase­gu­rar su preser­vación. Entre ellos desta­can dos igle­sias que por dere­cho pro­pio se han con­ver­tido en unas de las más orig­i­nales de Rusia. La más espec­tac­u­lar de ellas es la de la fotografía, la igle­sia de la Trans­fig­u­ración, con sus 22 cúpu­las extra­or­di­nar­ias. El tem­p­lo lle­ga a alcan­zar los 37 met­ros de altura (uno de los edi­fi­cios de madera más altos del mun­do) y cuen­ta con la pecu­liari­dad de no haber nece­si­ta­do ni un solo cla­vo para su con­struc­ción.

La igle­sia, que se con­struyó en 1714 para susti­tuir a otra destroza­da ante­ri­or­mente por un rayo (las igle­sias de madera son bel­lísi­mas pero muy sen­si­bles a niv­el estruc­tur­al), fue lev­an­ta­da con la idea de usarse sólo en ver­a­no ya que los invier­nos rusos son ter­ri­bles y el edi­fi­cio carece de cale­fac­ción. En Rusia lo de ten­er igle­sias para invier­no o ver­a­no es algo bas­tante habit­u­al.

Mezquita de Kul Sharif — Kazan

Kremlin Kazan

Ahí arri­ba os comen­tábamos que en este artícu­lo citaríamos de nue­vo a los krem­lins, que es cómo se conocía a las antiguas ciu­dade­las rusas, rodeadas de mural­las que cus­to­di­a­ban a los edi­fi­cios más impor­tantes, tan­to admin­is­tra­tivos como reli­giosos. Rusia está pla­ga­da de estas vis­tosas for­t­alezas y aunque el más cono­ci­do fuera de sus fron­teras sea el krem­lin de Moscú, hay muchísi­mos otros pre­ciosos, como los de Tobol­sk, Pksov, Nizh­ni Nóv­gorod o Kolom­na. Pero si hay uno que sobre­sale por su belleza es el de Kazán, en el que pre­dom­i­nan los col­ores blan­co y azul, dan­do lugar a un recin­to mági­co.

A 800 kilómet­ros de Moscú se encuen­tra esta ciu­dad, la más impor­tante de la Repúbli­ca de Tar­taristán, con may­oría de población musul­mana. Es por ello que en la urbe podemos toparnos con muchas mezquitas pero ningu­na que logre hac­er som­bra a esta mar­avil­la que veis aquí, la mezqui­ta de Kul Sharif. Se encuen­tra den­tro del krem­lin, ocu­pan­do el lugar de la orig­i­nal del siglo XVI que fue destru­i­da por las tropas de Iván el Ter­ri­ble. Para susti­tuir­la se con­struyó esta joya arqui­tec­tóni­ca hace 25 años, una de las mezquitas más grandes (y boni­tas) del mun­do.

Iglesia de San Demetrio de Úglich

Iglesia San Demetrio Uglich

Úglich for­ma parte del denom­i­na­do como Anil­lo de Oro, una serie de ciu­dades con­stru­idas en la Edad Media que tienen algunos de los mon­u­men­tos más intere­santes del país, como for­t­alezas, igle­sias, con­ven­tos y monas­te­rios. Entre ellas se encuen­tra Úglich, ciu­dad donde fue asesina­do el príncipe Demetrio, hijo de Iván el Ter­ri­ble (aunque no eran pocos los que afirma­ban que el niño de 10 años murió en un fatídi­co acci­dente, al clavarse una daga durante un ataque epilép­ti­co). El caso es que este aci­a­go hecho lo con­mem­o­ra esta lla­ma­ti­va igle­sia, la de San Demetrio de la San­gre. Con­ver­ti­da en un impor­tante pun­to de pere­gri­nación para muchos cris­tianos orto­dox­os, se cree que su facha­da se pin­tó de carmesí para sim­bolizar la san­gre del mal­o­gra­do zarévich.

Catedral de San Basilio — Moscú

Catedral San Basilio

Es el icono abso­lu­to de Moscú, con per­miso del krem­lin. La Cat­e­dral de San Basilio, con­stru­i­da por Ivan el Ter­ri­ble para cumplir una prome­sa tras haber con­quis­ta­do Kazán, cuen­ta con nueve capil­las ded­i­cadas a nueve fes­tivi­dades difer­entes. La leyen­da cuen­ta que el malé­fi­co zar quiso dejar ciego al arqui­tec­to Póst­nik Yákovlev para que nun­ca más creara otra mar­avil­la seme­jante aunque final­mente no lo llevó a la prác­ti­ca.  Yákovlev tenía razones para temer que la ame­naza se cumpli­era: el apo­do de “El Ter­ri­ble” no era gra­tu­ito. Este zar, que gob­ernó durante 40 años, se ganó a pul­so el sobrenom­bre por la cru­el­dad que ejer­cía sobre sus ene­mi­gos, decap­i­tan­do a miles de per­sonas en sus con­quis­tas y lan­zan­do a per­ros ham­bri­en­tos a gob­er­nantes rivales.

Pero regre­san­do a la Igle­sia de San Basilio, que es lo que nos intere­sa… ¿te has fija­do que sus cúpu­las imi­tan a lla­mas que se lev­an­taran hacia el cielo? El efec­to es hip­nóti­co. Has­ta el momen­to de su con­struc­ción no se conocía ningún otro tem­p­lo con un dis­eño sim­i­lar. Su nom­bre ini­cial fue Cat­e­dral del Man­to de la Vir­gen pero se cam­bió a Igle­sia de San Basilio cuan­do el zar Teodoro I trasladó aquí los restos del san­to Basilio el Ben­di­to, al pare­cer la úni­ca per­sona a la que en su día había temi­do Iván el Ter­ri­ble.

Al igual que la Igle­sia del Sal­vador en San Peters­bur­go, cues­ta creer que San Basilio haya logra­do lle­gar has­ta nue­stros días, tras sufrir incen­dios, la invasión de las tropas de Napoleón o la ame­naza de destru­ir­la por parte de Stal­in, quien con­sid­er­a­ba que su desco­mu­nal tamaño era un imped­i­men­to para los des­files del ejérci­to. Menos mal que final­mente alguien tuvo la cor­du­ra de per­mi­tir su amnistía.

Catedral de la Asunción — Omsk

Catedral Asuncion Omsk

De Omsk suele decirse que es la más siberi­ana de las ciu­dades de Siberia y la que mejor rep­re­sen­ta la con­vul­sa his­to­ria de esta región que aso­ci­amos irre­me­di­a­ble­mente a nieve y frío. Si hay algo de lo que se enorgul­le­cen los habi­tantes de Omsk es de su impre­sio­n­ante cat­e­dral, situ­a­da en pleno cen­tro históri­co, la de la Asun­ción. No es la orig­i­nal (la con­stru­i­da a finales del siglo XIX fue demol­i­da en 1935) pero a niv­el arqui­tec­tóni­co poco ha de envidiar­la. Añadamos el méri­to que con­llevó su recon­struc­ción, ya que no se con­serv­a­ban planos de la orig­i­nal, sólo unas cuan­tas vie­jas fotografías. Pero la suerte son­rió a los arqui­tec­tos cuan­do durante unas excava­ciones se encon­traron los antigu­os cimien­tos, base de esta nue­va y fasci­nante cat­e­dral.

Monasterio de Sergiev Posad

Sergiev Posad

La ciu­dad de Sergiev Posad, debido a su cer­canía a Moscú y sus innegables atrac­tivos históri­cos, está con­sid­er­a­da como uno de los des­ti­nos claves a incluir en un itin­er­ario por Rusia. Bue­na cul­pa de esta impor­tan­cia cul­tur­al la tiene el monas­te­rio de la Trinidad y San Ser­gio, el may­or de la orto­dox­ia Rusia y cen­tro de pere­gri­nación en el que aún viv­en varias cen­te­nas de mon­jes. De hecho, a Sergiev Posad se le conoce como el Vat­i­cano ruso. El com­ple­jo incluye más de 50 edi­fi­cios y una dece­na de igle­sias, dan­do for­ma a una ciu­dad en miniatu­ra en la que no fal­ta de nada. Los rusos tienen mucho car­iño a este monas­te­rio-for­t­aleza ya que en el pasa­do sirvió en diver­sas oca­siones de escu­do a Moscú ante el ataque de tropas extran­jeras.

Iglesia de San Juan Bautista — Chesme

Iglesia San Juan Bautista

San Peters­bur­go cuen­ta en su haber con algu­nas de las igle­sias más col­ori­das del país y una de ellas es a la que yo llamo car­iñosa­mente “la igle­sia del Atleti” (ahí me saltan mis raíces col­chon­eras). Es la igle­sia de San Juan Bautista, un tem­p­lo que curiosa­mente pasa desapercibido para muchos tur­is­tas al encon­trarse al sur de la ciu­dad. Es una de las dos igle­sias góti­cas que dis­eñó el arqui­tec­to Yury Fel­ton, quien para con­mem­o­rar el déci­mo aniver­sario de la vic­to­ria de los rusos con­tra los tur­cos en la bahía de Chesme (el día de san Juan Bautista), ideó esta orig­i­nal igle­sia con for­ma de pas­tel de bodas.

Pese a haber sido parte jun­to al pro­pio pala­cio de Chesme de un cam­po de tra­ba­jos forza­dos en época comu­nista  (la cruz de la torre llegó a reem­plazarse con un mar­tillo y un yunque para sim­bolizar el tra­ba­jo del pueblo obrero), con­sigu­ió lle­gar prác­ti­ca­mente intac­ta has­ta la actu­al­i­dad.

Kremlin de Izmailovo

Izmailovo

¿Sabías que en la cap­i­tal de Rusia, aparte del cono­cidísi­mo krem­lin de Moscú, hay otro segun­do krem­lin, menos famoso pero igual de espec­tac­u­lar? Hablam­os del krem­lin de Izmailo­vo. Cier­to es que este es un “krem­lin mod­er­no” (se con­struyó entre 1998 y 2017) pero todos los edi­fi­cios son répli­cas de antigu­os mon­u­men­tos y pala­cios de los sig­los XIV a XVII. Podríamos decir de él que es una especie de museo al aire libre que inten­ta, con bas­tante acier­to, rep­re­sen­tar la his­to­ria de Rusia, con­cen­tra­da en esta for­t­aleza fic­ti­cia.

Así, en su plaza cen­tral ten­emos la igle­sia de San Nicolás (la igle­sia de madera más alta de Moscú), 14 museos (entre los que se encuen­tran algunos tan curiosos como el Museo del Vod­ka, el Museo del Choco­late o el Museo de los Juguetes Rusos), infinidad de restau­rantes de gas­tronomía rusa y un ani­madísi­mo mer­ca­do de sou­venirs con pre­cios bas­tante económi­cos. Como curiosi­dad, comen­tar que gra­cias a la exis­ten­cia de un reg­istro civ­il, son muchas las pare­jas que vienen aquí a casarse, ya que hay pocos esce­nar­ios tan espec­tac­u­lares en Moscú para cel­e­brar una boda.

Iglesia de San Igor — Peredelkino

Peredelkino

Pere­del­lki­no es una ciu­dad pequeñi­ta, situ­a­da al sureste de Moscú, a la que se puede acced­er fácil­mente en un tren de cer­canías. Merece la pena acer­carse por dos motivos. El primero es que sien­do esta ciu­dad la elegi­da por muchos artis­tas y lit­er­atos para crear sus obras, no nos extraña que vaya a pasar a la pos­teri­dad como el lugar donde Boris Paster­nak com­pu­so “Doc­tor Zhiva­go” y donde se encuen­tra enter­ra­do dicho escritor. Pero además ten­emos una segun­da excusa para cono­cer Pere­delki­no: esta pre­ciosa Igle­sia de San Igor de Chernigov, a la que ape­nas lle­gan tur­is­tas extran­jeros. Es rel­a­ti­va­mente mod­er­na (comen­zó a con­stru­irse en 2005) y for­ma parte de ese boom arqui­tec­tóni­co que surgió tras la caí­da de la URRS, cuan­do todo el ter­ri­to­rio ruso comen­zó a llenarse de estas col­ori­das igle­sias orto­doxas.


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2 Comments

  1. Wow quw intere­sante que igle­sias tan boni­tas

  2. Gra­cias por com­par­tir estas mar­avil­las!

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