Estados de USA a los que apenas va el turista extranjero (y por qué deberías ir tú)

Esta­dos Unidos es uno de esos país­es inabar­ca­bles que por mucha veces que vis­ites siem­pre te va a dejar con la sen­sación de todos los tesoros ocul­tos que te quedan por des­cubrir. La may­oría de los via­jeros real­izamos nues­tra primera aven­tu­ra en USA comen­zan­do por Nue­va York o Cal­i­for­nia, dos des­ti­nos prác­ti­ca­mente impre­scindibles. Sin embar­go, hay un mon­tón de esta­dos en los que pre­dom­i­na el tur­is­mo local, que ape­nas reciben vis­i­tantes extran­jeros y que guardan autén­ti­cos dia­mantes en bru­to que dis­tan mucho de estar masi­fi­ca­dos. Vayá­monos entonces a recor­rer esos esta­dos que ape­nas apare­cen en los fol­letos turís­ti­cos y que bien pueden con­ver­tirse en des­ti­nos a ten­er muy en cuen­ta en tu próx­i­mo via­je.

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Oklahoma

Comen­zamos nues­tra trav­es­ía en Okla­homa, un esta­do cuyo may­or reclamo (que no es poco) es la can­ti­dad de tribus indí­ge­nas que aún viv­en allí, casi seten­ta, has­ta el pun­to de que el pro­pio gob­ier­no con­sid­era a Okla­homa como “ter­ri­to­rio indio”. Tribus como la Apache, la Ara­pho, la Cad­do, la Comanche, la Kiowa o la Wichi­ta tienen repar­tidas reser­vas por todo el esta­do y se cel­e­bran fes­ti­vales tan impor­tantes como el Red Earth (al que acu­d­en rep­re­senta­ciones de más de cien tribus de todo el país), el Indi­an Hills Pow­wow o el Stand­ing Bear: hay cel­e­bra­ciones todos los meses del año. Además, podrás vis­i­tar museos y cen­tros de exposi­ciones ded­i­ca­dos a la cul­tura indí­ge­na en lugares como el Chero­kee Her­itage Cen­ter de Tahle­quah o el Chick­a­saw Cul­tur­al Cen­ter de Sul­phur. (Nota: puedes obten­er más infor­ma­ción sobre vis­i­tar reser­vas en nue­stro artícu­lo Vis­i­tar las reser­vas indias de Esta­dos Unidos ).

Para los que os guste con­ducir, recor­daros que por Okla­homa tam­bién pasa parte de la Ruta 66: echad un ojo a nue­stro artícu­lo Rin­cones úni­cos e indis­pens­ables de la Ruta 66 .  Podremos vis­i­tar tam­bién el históri­co Fuerte de El Reno, con­stru­i­do en 1874,  o el de Fort Gib­son, explo­rar los rin­cones de Okla­homa City (desta­can los Myr­i­ad Botan­i­cal Gar­dens, el Nation­al Cow­boy Hall of Fame o la man­sión Over­holser),  vis­i­tar ran­chos como el Mead­owlake en Tul­sa, el pueblo del oeste Sipokni West, donde se han roda­do un mon­tón de pelícu­las, o recor­rer la reser­va nat­ur­al de Woolaroc, donde podremos estar cer­ca de los bisontes. Si quieres estar en con­tac­to con la nat­u­raleza más sal­va­je, bue­na ocasión para alo­jarte en algu­na de las miles de cabañas que se ofre­cen para alquil­er, nadar y rela­jarte en lagos como el Kaw Lake, el Altus-Lugert o el lago Mur­ray o hac­er senderis­mo por las Wichi­ta Moun­tains. Nue­stro últi­mo con­se­jo es que no dejes pasar la opor­tu­nidad de hac­erte con unas bue­nas botas de cow­boy: en Okla­homa se encuen­tran algu­nas de las mejores tien­das del país.

Oklahoma

 

Idaho

Al noroeste de Esta­dos Unidos nos damos de bruces con Ida­ho, hacien­do fron­tera con Canadá. Es este uno de los esta­dos que ate­so­ra may­ores reser­vas nat­u­rales, con más de un 40% de la super­fi­cie cubier­ta de bosques: reseñable el Hells Canyon (aún más pro­fun­do que el Cañón del Col­orado), el lago Pend Oreille y la zona que abar­ca parte del Par­que de Yel­low­stone. La reser­va Craters of the Moon es una de las más curiosas de Esta­dos Unidos, con for­ma­ciones rocosas que nacieron fru­to de erup­ciones vol­cáni­cas hace 15.000 años. Tienes tam­bién a tu dis­posi­ción las pisci­nas nat­u­rales de Lava Hot Springs, abier­tas los 365 días del año, esta­ciones de ski como la de Sil­ver Moun­tain o el Schweitzer Resort, impre­sio­n­antes cas­cadas como las Shoshone Falls, las de Per­rine-Coulee o las de Mesa, paisajes desér­ti­cos en las dunas de Saint Antho­ny, las fasci­nantes cuevas de Mam­moth Cave o la opor­tu­nidad de dis­parar tu adren­a­li­na nave­gan­do en los rápi­dos de Mid­dle Fork of the Salmon. Hay más de una trein­te­na de rutas escéni­cas para des­cubrir las mar­avil­las nat­u­rales de Ida­ho.

Si todo esto te parece poco, aún hay más. Ida­ho es famoso por sus vinos, por lo que podrás cono­cer la región de Sun­nys­lope, pla­ga­da de viñe­dos. Sobre­viv­en pueb­los fan­tas­ma como Bay­horse, donde aún se con­ser­van las antiguas casas de madera y las vías de tren (hay otros pueb­los mineros muy chu­los como Bonan­za o Custer), que ofre­cen un curioso con­traste con la ani­ma­da vida de Boise, la may­or ciu­dad de Ida­ho, donde desta­ca su intere­sante mer­ca­do agrí­co­la, la antigua penien­cia­ría y un buen mon­tón de taber­nas y cerve­cerías. Ida­ho tam­bién es cono­ci­do por haber sido el des­ti­no elegi­do por miles de vas­cos para emi­grar a finales del siglo XIX y aquí se insta­laron para dedi­carse al pas­toreo; no obstante, Boise y Gerni­ka están her­man­das des­de hace bas­tantes años. En pleno corazón de Boise podemos encon­trar el Basque Cen­ter, donde se repasa el fenó­meno de la inmi­gración vas­ca, y hay has­ta un fron­tón y una guardería, la Boiseko Ikas­to­la, que ofrece estu­dios en euskera. Cada 31 de Julio la ciu­dad cel­e­bra su par­tic­u­lar San Inazio. Y ya que estás en Ida­ho, aprovecha para ver alguno de sus car­ac­terís­ti­cos graneros: de ellos te hablam­os en el artícu­lo Los graneros de Ida­ho .

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Alaska

¡Este sí que es uno de mis via­jes soña­dos! Y es que si hay un esta­do que rep­re­sente con total fidel­i­dad la idea que ten­emos de la nat­u­raleza en esta­do puro, este es Alas­ka. Es el esta­do más grande del país, con una exten­sión de casi dos mil­lones de kilómet­ros cuadra­dos, y al mis­mo tiem­po uno de los menos pobla­dos. Tam­bién es cier­to que es uno de los más caros para via­jar, debido a su ubi­cación geográ­fi­ca, cer­cana al Polo Norte, y la escasez de infraestruc­turas. Pero a cam­bio ofrece un vas­to área de ter­ri­to­rios casi vír­genes, entre los que desta­can los par­ques de Denali o Kenai, el fior­do de Tra­cy Arm con sus miles de ice­bergs, o la car­retera Alas­ka High­way, que va des­de Daw­son Creek has­ta Fair­banks, con algunos de los paisajes más boni­tos del mun­do.

Alas­ka es uno de los mejores lugares del plan­e­ta para admi­rar las auro­ras bore­ales, que se pueden con­tem­plar entre Sep­tiem­bre y Abril, y acoge lugares úni­cos como el Alas­ka Native Her­itage Cen­ter, donde se mues­tra la his­to­ria de las comu­nidades nati­vas, la antigua mina de Ken­necott, el glaciar Menden­hall, la zona de Skag­way, donde podremos apren­der más sobre lo que supu­so la fiebre del oro, los totems de Ketchikan o la ciu­dad de Valdez (recon­stru­i­da tras el tsuna­mi que la destruyó en 1964 y cer­ca de la que se encuen­tra el glaciar Colum­bia). En el Russ­ian Riv­er, con un poco de suerte, verás a los osos pes­can­do salmones, y si cuen­tas con pre­supuesto sufi­ciente, podás darte el gus­ta­zo de hac­er un vue­lo en avione­ta.

Alaska

 

Wyoming

Wyoming tiene el hon­or de ser el esta­do menos pobla­do del país: poco más de medio mil­lón de habi­tantes viv­en den­tro de sus fron­teras. Y tam­bién es uno de los más mon­tañosos, ya que dos ter­ceras partes de su ter­ri­to­rio están cubier­tas por sier­ras y mon­tañas, sien­do las más impor­tantes las Mon­tañas Rocosas. Con un pasa­do mar­ca­do por su perte­nen­cia al impe­rio español, Wyoming aún así tiene bien afer­ra­dos sus cimien­tos históri­cos a las raíces más puras de la cul­tura norteam­er­i­cana: prue­ba de ello es el Buf­fa­lo Bill Cen­ter en el pueblo de Cody, donde se expone la his­to­ria de este per­son­aje leg­en­dario del fol­clore pop­u­lar.

A la hora de vis­i­tar Wyoming, ten­emos que ten­er algo muy en cuen­ta: los invier­nos pueden lle­gar a ser extremada­mente fríos. Por dicho moti­vo, es recomend­able venir en ver­a­no: así podrás dis­fru­tar en todo su esplen­dor sus dos grandes joyas nat­u­rales, el Par­que de Yel­low­stone y el Par­que Gran Teton, este últi­mo uno de los favoritos en el pasa­do de los traf­i­cantes ile­gales de pieles de cas­tor. Hoy es uno de los preferi­dos de los excur­sion­istas para prac­ticar senderis­mo, escal­a­da y admi­rar glacia­res. Las Col­i­nas Negras, que en la antigüedad pertenecían a los sioux y que se aden­tran en Dako­ta del Sur, son otro enclave turís­ti­co a ten­er muy pre­sente. Si quieres ver alces, el Nation­al Elk Refuge es otro de los lugares que no te debes perder. Cer­ca se encuen­tra Jack­son, que ha sabido preser­var con bas­tante acier­to el espíritu del Wild West más gen­uino y donde podrás dar un paseo en bar­co en el Snake Riv­er. Geológi­ca­mente hablan­do, el sím­bo­lo más impor­tante de Wyoming es la Dev­il’s Tow­er, una curiosa for­ma­ción vol­cáni­ca.

Wyoming

 

Delaware

Es el segun­do esta­do más pequeño de USA, por detrás de Rhode Island, y prob­a­ble­mente uno de los menos cono­ci­dos fuera del país, lo que no res­ta impor­tan­cia a sus incon­ta­bles atrac­tivos. Curiosa­mente, sus primeros col­o­nizadores fueron holan­deses y escan­di­navos: el nom­bre de Delaware es el mis­mo que el de la tribu que vivía en estas tier­ras antes de la lle­ga­da de los europeos. Está con­sid­er­a­do un paraí­so fis­cal por sus benévolas leyes trib­u­tarias, por lo que son muchas las empre­sas que han insta­l­a­do aquí su sede.

La local­i­dad de Wilm­ing­ton, con el Hagley Muse­um, el Delaware Art’s Muse­um, la Grand Opera House y y la man­sión Nemours, puede ser un buen pun­to para comen­zar tu ruta. Des­de allí puedes ir al coque­to pueblo de Lewes (poco más de 2.000 habi­tantes), que tiene en Rehoboth Beach uno de los retiros vaca­cionales más atrac­tivos de la zona: Delaware es un esta­do fuerte­mente ape­ga­do a sus raíces marineras  y cuen­ta con fab­u­losas playas como Bethany o Dewey. En Dover son muy pop­u­lares las car­reras de coches, en el Trap Pond State Park podrás pasar unos días de relax entre lagos y en el Delaware Sea­hore State Park dis­fru­tar de paseos entre los faros de las playas.

Delaware

 

South Dakota

En Dako­ta del Sur, vien­do la fotografía de aba­jo, no nos hace fal­ta especi­fi­caros cual es su ima­gen más cono­ci­da pero aún así lo hare­mos: la del monte Rush­more. Casi veinte met­ros de altura alcan­zan las famosas efi­gies de los cua­tro pres­i­dentes norteam­er­i­canos, Abra­ham Lin­coln, George Wash­ing­ton, Theodore Roo­sevelt y Thomas Jef­fer­son. En esas mis­mas Col­i­nas Negras se encuen­tra tam­bién el Mon­u­men­to a Cabal­lo Loco, de 172 met­ros de altura. Como veis, aquí les gus­tan las cosas a lo grande.

El Par­que Bad­lands, con casi 250.000 acres de exten­sión, es el paraí­so para los amantes de los fósiles; los que quier­an ver de cer­ca a los bisontes, tienen para admi­rar a 1.300 ejem­plares en el Custer State Park. Quien como yo fuera un seguidor en su infan­cia de la serie “La casa de la pradera”, puede acer­carse a De Smet, donde nació Lau­ra Ingalls, auto­ra de los libros que inspi­raron la serie. Dead­wood es otro de esos pueb­los típi­ca­mente amer­i­canos donde aún se con­ser­van antigu­os salones y fun­cio­nan las dili­gen­cias y en Spearfish Canyon podrás hac­er cam­i­natas entre ríos de aguas cristali­nas. Las cas­cadas de Roughlock Falls son otro buen enclave para hac­er un pic­nic. Y si quieres recor­rer una de las cuevas sub­ter­ráneas más largas del mun­do, la opción está clara: has de ir a la Wind Cave.

SouthDakota

 

Iowa

Iowa rep­re­sen­ta, con razón, lo que supone vivir en el inte­ri­or más pro­fun­do de Esta­dos Unidos, con todo lo bueno y malo que esto con­ll­e­va. En muchos lugares de Iowa el tiem­po parece haberse detenido: por pon­er un ejem­p­lo, las comu­nidades amish que podemos encon­trar en pueb­los como Bloom­field o los con­da­dos de Buchanan y Wash­ing­ton. Iowa se siente muy orgul­loso de su hijo predilec­to, John Wayne, y el lugar donde nació, Pil­grim, no sólo le ha ded­i­ca­do un museo sino que tam­bién es pun­to de pere­gri­nación para los fanáti­cos de los west­erns. El que busque alo­jamien­tos de lo más autén­ti­cos, en Iowa tiene la opor­tu­nidad de per­noc­tar en hote­les históri­cos como el Black­hawk, el Win­neshiek, el Deck­er o el Franklin, tes­ti­gos mudos de la his­to­ria de Iowa. Y hablan­do de his­to­ria, Iowa cuen­ta con una de las comu­nidades ale­m­anas más impor­tantes del país (casi un 40% de la población total), por lo que es bue­na idea que te acerques a las Amana Colonies, siete pueb­los que fun­daron los inmi­grantes ger­manos en 1855 y que con­sti­tuyen una rareza digna de cono­cer.

La cap­i­tal del esta­do, Des Moines, es cono­ci­da por su ani­ma­do ambi­ente noc­turno, sus concier­tos al aire libre y su agen­da de obras de teatro y musi­cales pero tam­bién por el fer­vor con el que sus habi­tantes ani­man en los par­tidos de base­ball, bue­na ocasión para ir a ver alguno con tus palomi­tas. Si eres ciné­fi­lo, te recomen­damos vis­i­tar tam­bién la región de Win­ter­set, donde se rodó la pre­ciosa “Los puentes de Madi­son” (en Iowa tam­bién se han graba­do pelícu­las como el clási­co del cine de ter­ror “Los chicos del maiz”, “Star­man” o “Twister”).

Iowa

 

Nebraska

Veci­no de Iowa, Nebras­ka es otro esta­do del inte­ri­or con mucho que ofre­cer. En lo que a nat­u­raleza se refiere, ten­emos el Indi­an Cave Park, el par­que Pon­ca, el Chadron, la reser­va de Mer­ritt o los lagos McCounaghy, Mal­oney y Ogal­lala. Podremos alo­jarnos en ran­chos con­ver­tidos en bed & break­fast (muy recomend­able el Sand­hills), hac­er senderis­mo por el bosque Fontenelle, vis­i­tar algu­nas de las bode­gas de Oma­ha o Lin­coln (es tam­bién en estas dos ciu­dades donde se con­cen­tra la may­or activi­dad musi­cal del esta­do) o ir has­ta Fort Atkin­son, el que se con­sid­era fue el primer pueblo de los col­o­nizadores. De Febrero a Abril coin­cide la época de migración de medio mil­lón de pájaros, que se asien­tan en las rib­eras del río Plat­ter, y tienes tam­bién la ocasión de aden­trarte en cav­er­nas como las de Hap­py Jack Peak o Chalk Mine.

Nebraska

 

Kentucky

Ken­tucky es de esos esta­dos donde es com­pli­ca­do encon­trar a tur­is­tas extran­jeros, lo que le brin­da un may­or encan­to. Una de las mejores expe­ri­en­cias es hac­er la Big South Fork Scenic Rail­way, que te lle­vará en tren por las mon­tañas del sur del esta­do si quieres olvi­darte por un rato del coche. El bour­bon es uno de los grandes orgul­los de Ken­tucky, por lo que puedes aprovechar para hac­er una visi­ta a la des­til­ería de Heav­en Hill en Bard­stown. Horse Cave es un atípi­co pueblo que se fundó jun­to a una cue­va, en Pad­u­c­ah podrás pasear entre dece­nas de murales calle­jeros de lo más inspi­radores, perderte en los 27.000 acres de reser­vas nat­u­rales que exis­ten en el esta­do, vis­i­tar el Museo de los Ven­trilocu­os en Fort Mitchell o alo­jarte en un lugar ver­dadera­mente espe­cial, los tip­is indios del hotel Wig­wam. Como curiosi­dad, comen­tarte tam­bién que en Louisville se encuen­tra el bate de base­ball más grande del mun­do.

Kentucky

 

Mississippi

Uno de los esta­dos en los que más hemos dis­fru­ta­do en nue­stros via­jes por Esta­dos Unidos. Se pub­lic­i­tan a sí mis­mos como “el lugar donde nació la músi­ca de Améri­ca” y razón no les fal­ta. El esta­do que siem­pre hemos aso­ci­a­do a la Améri­ca pro­fun­da y a los cam­pos de algo­dón no defrau­da en abso­lu­to, al con­trario, rebasa de largo todas las expec­ta­ti­vas que ten­gas pues­tas en un road­trip. El río Mis­sis­sip­pi, que da nom­bre al esta­do, y su delta cor­re­spon­di­ente dan lugar a paisajes mági­cos, te pare­cerá estar den­tro de la pelícu­la “El col­or púr­pu­ra”.

Natchez, fun­da­da por un gob­er­nador español, es una de las ciu­dades que mejor encar­na el encan­to del sur: man­siones de var­ios sig­los, museos, bue­na comi­da sureña, algu­nas de las primeras igle­sias bap­tis­tas del país y paseos en bar­cos de palas por el que prob­a­ble­mente sea el río más emblemáti­co del mun­do. Vicks­burg es pun­to clave den­tro de la his­to­ria de Esta­dos Unidos, ya que aquí se lle­varon a cabo algu­nas de las batal­las más san­gri­en­tas de la Guer­ra de Sece­sión, en Tupe­lo podrás vis­i­tar la casa natal de Elvis Pres­ley, Jack­son cuen­ta con uno de los capi­to­lios más intere­santes de Améri­ca, en Ocean Springs aún se con­ser­van un buen puña­do de igle­sias del siglo XIX, en Gulf­port podrás acer­carte al fuerte Mass­a­chu­setts, podrás nave­g­ar por el lago Pick­wick, admi­rar las boni­tas ruinas de Wind­sor en Port Gib­son y dejar para el final la joya de la coro­na, el pueblo de Clarks­dale, uno de los más autén­ti­cos de USA y del que te hablam­os en el rela­to de nue­stro via­je por Mis­sis­sip­pi Clarks­dale: el pueblo donde nació el blues

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Massachusetts

La may­oría de la gente que va a Mass­a­chu­setts es para cono­cer su ciu­dad más impor­tante, Boston, pero el resto del esta­do tiene mucho que ofre­cer a niv­el turís­ti­co. En la Ply­moth Plan­ta­tion podrás exper­i­men­tar en primera per­sona cómo era la vida de los primeros col­o­nizadores que lle­garon a estos para­jes en el siglo XVII y donde existe una  recreación de Wampanoag, un prim­i­ti­vo pueblo de los nativos amer­i­canos. En Stur­bridge tam­bién hay uno de los lugares más vis­i­ta­dos de Mass­a­chu­setts, otra recreación de un pueblo de 1800 con más de 40 casas de época. Una de las vis­i­tas más intere­santes es al pueblo de Salem, donde se cel­e­braron los juicios con­tra la bru­jería que dio a la local­i­dad fama mundi­al, y podrás com­ple­men­tar­lo con el avis­tamien­to de bal­lenas en Stell­wa­gen Bank. Hablan­do de ani­males mari­nos ¿eres, como yo, un fan de la saga de las pelícu­las de “Tiburón”? Recuer­da entonces que en Martha’s Vine­yard se rodó la mejor de todas, la primera dirigi­da por Spiel­berg, y que cuarenta años después de su estreno, con­tinúa atrayen­do aquí a ciné­fi­los de todo el mun­do: la ciu­dad es pijísi­ma, uno de los lugares de USA más caro para vivir.

Cape Cod es una encan­ta­do­ra penín­su­la car­ac­ter­i­za­da por sus largas playas de are­na blan­ca (muy cer­ca se encuen­tra Nan­tuck­et, una isla en la que desta­ca su ambi­ente marinero y sus casas del siglo XVIII, así como sus faros), en Worces­ter se encuen­tran algunos de los mejores museos del esta­do, en la región de Berk­shires podrás ver la cas­ca­da más alta de Mass­a­chu­setts y en Northamp­ton, una ciu­dad uni­ver­si­taria, podrás encon­trar algu­nas tien­das y galerías de arte de lo más sug­er­entes.

Massachusetts

 

Alabama

Alaba­ma es otro de esos esta­dos que está pro­fun­da­mente lig­a­do al mun­do rur­al, a los pueb­los pequeños y gran­jas soli­tarias en mitad de las lla­nuras. Pero si la ima­gen que aso­ci­amos a Alaba­ma es la de un esta­do ári­do y polvorien­to, esta­mos muy equiv­o­ca­dos ya que aquí se hal­lan reser­vas nat­u­rales tan exu­ber­antes como las cas­cadas de Des­o­to, el par­que de Lit­tle Riv­er Canyon y el de Oak Moun­tain o las Noc­calu­la Falls.

Alaba­ma a niv­el históri­co ha tenido una impor­tan­cia vital ya que fue uno de los esta­dos más cas­ti­ga­dos por el ver­gonzoso fenó­meno de la esclav­i­tud y las huel­las de este pasa­do se res­pi­ran en cada uno de sus rin­cones. Hay un mon­tón de museos en los que se repasan las penurias que pasaron los afroamer­i­canos para con­seguir que se reconocier­an sus dere­chos como ciu­dadanos (uno de los más intere­santes es el Nation­al Vot­ing Rights Muse­um en Sel­ma); en este sen­ti­do, es recomend­able tam­bién la visi­ta del museo ded­i­ca­do a Rosa Parks en Mont­gomery (la cap­i­tal de Alaba­ma), la mujer de col­or que se negó a ced­er su asien­to a un blan­co en un auto­bús y que fue la chis­pa des­en­ca­denante del lev­an­tamien­to de la comu­nidad negra.

Dauphin Island es una de las mejores islas del sur para avis­tamien­to de aves, en Mobile se encuen­tra el úni­co puer­to de agua sal­a­da de todo el esta­do y en Huntsville, cono­ci­da como “la ciu­dad de los cohetes”, se lanzó el primer satélite al espa­cio en 1958. En Birm­ing­ham, la ciu­dad más grande Alaba­ma, podréis vis­i­tar el Muse­um of Art, el museo de arte más impor­tante del sur de Esta­dos Unidos.

Alabama

 

Minnesota

El Medio Oeste es cono­ci­do como el Corazón de Améri­ca y Min­neso­ta es uno de los esta­dos que mejor rep­re­sen­ta esta zona del país. A Min­neso­ta se le conoce como el Lugar de los Diez Mil Lagos, que ya dice mucho de cuál es uno de sus prin­ci­pales atrac­tivos nat­u­rales. Cer­ca de la fron­tera con Canadá ten­emos el Voyageurs Pak, con los lagos Kabetoga­ma y Rainy.  El par­que más grande del esta­do es el Itas­ca, ide­al para cono­cer en otoño, y si queréis dis­fru­tar de inmejorables paisajes, acer­caos has­ta la ciu­dad por­tu­ar­ia de Duluth en el lago Supe­ri­or.  Ya que estás aquí, recomen­daros que vayáis en coche por la North Shore Scenic Dri­ve, de casi doscien­tos kilómet­ros y que os pro­por­cionará unas vis­tas impre­sio­n­antes. En Bloom­ing­ton, para los adic­tos al shop­ping, está el cen­tro com­er­cial más grande del país, el Mall of Amer­i­ca: podrás pasarte horas y horas de tien­da en tien­da. Dejamos para el final Min­neapo­lis, la may­or ciu­dad de Min­neso­ta, cono­ci­da por su ani­ma­do ambi­ente musi­cal y sus salas de concier­tos.

Minnesota


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9 Comments

  1. Wow, her­mosos lugares y her­mosas fotografías. El pasa­do diciem­bre hice un road­trip por Cal­i­for­nia y me enam­ore de sus ciu­dades. Espero cono­cer estas tam­bién algún día.

    Salu­dos 😀

  2. Toma nota entonces de estos esta­dos porque son mucho menos turís­ti­cos, fijo que te inspi­ran. ¡Un abra­zo!

  3. algun año me acer­care por ahi.…este no me toca.…

  4. No lo dejes!

  5. Que intere­sante artícu­lo, me encan­tó. Muchas gra­cias por tomarte el tiem­po de recopi­lar la info de estas local­i­dades.

  6. gra­cias a ti por seguirnos!

  7. Mar

    at

    ¡Lugares para soñar, muchas gra­cias por la infor­ma­ción! Nosotros volvi­mos enam­ora­dos de Wyoming: los par­ques nacionales, las grandes lla­nuras, los ran­chos de gana­do, pueb­los del ver­dadero oeste amer­i­cano… Y además nos pare­ció un esta­do más bara­to que su veci­no Utah, por ejem­p­lo. Esper­amos volver algún día y com­bi­na­rlo con Dako­ta del Sur, que tam­bién debe de ser espec­tac­u­lar.

  8. Mar la ver­dad que lo bueno de estos esta­dos es que ape­nas tienen tur­is­tas y como bien dices, enci­ma sue­len ser bas­tante más baratos que otros más pub­lic­i­ta­dos…

  9. Gran artícu­lo, mar­avil­la de lugares bien resum­i­dos, me ha encan­ta­do, me dan un mon­tón de ganas poder vis­i­tar cada uno de esos mar­avil­losos lugares

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