Road trip por la Ruta 61 — Saint Louis (Missouri)

La inclusión de Saint Louis en la ruta del via­je nos llegó casi de casu­al­i­dad. El 3 de Sep­tiem­bre debíamos estar ya en el sur del país, en Nue­va Orleans, porque era a par­tir de ese día cuan­do teníamos cer­ra­do el alquil­er de la casa. Asi que entre el 29 de Agos­to y esa fecha (con­tábamos con cin­co días com­ple­tos) había que meter Nashville, Mem­phis… y algu­na otra ciu­dad que nos estábamos plante­an­do cuan­do me saltó un avi­so en el Face­book de que uno de nue­stros can­tantes favoritos y autén­ti­co rey del coun­try-rock en USA, Brad Pais­ley, estaría tocan­do en Mary­land Heights, a las afueras de Saint Louis. Tenien­do en cuen­ta que Brad Pais­ley es un músi­co ape­nas recono­ci­do en Europa (por lo que no viene a tocar aquí casi nun­ca) era la ocasión per­fec­ta para ver­le bril­lan­do con luz propia en su país. Esa es una de las mejores cosas de via­jar a USA: puedes ten­er acce­so a giras que ni por aso­mo pasarían por España.

Como el concier­to iba a ser en Mary­land Heights, decidi­mos reser­var allí las dos noches del motel y ya nos acer­caríamos a Saint Louis con el coche (está a unos veinte min­u­tos). Esta vez nos decanta­mos por la cade­na Motel 6, una de las más pop­u­lares del país: 60 euros la habitación doble sin desayuno (eso sí, ofre­cen café gratis). Como enfrente teníamos un Den­nys, hacíamos los desayunos allí: por 9 dólares, te ponían un pla­to inmen­so con un mon­tón de cosas (huevos revuel­tos, bacon, tostadas…) y así pasa­ba, que a la hora de la comi­da ape­nas teníamos ham­bre. Den­nys es una cade­na que sue­lo uti­lizar bas­tante cuan­do via­jo a Esta­dos Unidos: tienen más de 2.500 restau­rantes repar­tidos por todo el país, la ven­ta­ja de abrir las 24 horas y una car­ta bas­tante amplia donde ¡sí, has­ta puedes encon­trar salmón de Alas­ka! Además, muy buen ser­vi­cio: una de las noches que fuimos a cenar allí se les pasó tomar nota de mi ensal­a­da y como me la tra­jeron con veinte min­u­tos de retra­so, me dijeron que me la regal­a­ban. Detalles así se agrade­cen.

Las deli­ciosas ham­bur­gue­sas del Den­nys…

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Como en Mary­land Heights tam­poco había mucho para hac­er, decidi­mos gas­tar el domin­go en Saint Louis, que aparte de ser bas­tante más grande, ofrecía algún atrac­ti­vo turís­ti­co más. Eso sí,nos hizo un calor de mil demo­ni­os. Si ya en muchas ciu­dades del inte­ri­or de USA es difí­cil ver gente por la calle en ver­a­no por dos motivos, el calor y las dis­tan­cias, por lo que todo el mun­do se mueve de un lugar a otro en coche, en Saint Louis esa mañana se llev­a­ban la pal­ma: parecíamos los úni­cos super­vivientes de un holo­caus­to zom­bie. Verse pase­an­do prác­ti­ca­mente solos entre aque­l­los ras­ca­cie­los era una sen­sación extrañísi­ma.

Saint Louis puede con­sid­er­arse el corazón del esta­do de Mis­souri, ya que pese a que la cap­i­tal estatal es Jef­fer­son y la ciu­dad más grande Kansas City, el área met­ro­pol­i­tana de Saint Louis es aún may­or ( se va has­ta dos mil­lones de per­sonas). Además, la ciu­dad ha sido clave en el desar­rol­lo históri­co de Mis­souri: des­de su fun­dación en 1763 (sí, en USA las ciu­dades son tan mod­er­nas com­para­das con otros lugares del mun­do) ha pasa­do por manos france­sas, españo­las, la cod­i­cia­ron los ingle­ses y acabó en pos­esión de Esta­dos Unidos a par­tir de 1803 (por aquel entonces pertenecía a la región de Louisiana). Des­de aquel momen­to, se con­vir­tió en una de las ciu­dades de donde partían explo­radores a la búsque­da de la con­quista del lejano Oeste y en las décadas sigu­ientes recibió a miles de emi­grantes europeos y, sobre todo, afroamer­i­canos de los esta­dos del sur: hoy en día la may­oría de la población de Saint Louis es negra. Tened­lo en cuen­ta los que aún ten­gais pre­juicios porque Saint Louis en los últi­mos años ha vis­to decre­cer en un 20% su número de crímenes. En los tele­di­ar­ios amer­i­canos, des­gra­ci­ada­mente, se sigue echan­do la cul­pa a la población de col­or de la alta crim­i­nal­i­dad en muchas ciu­dades, sin pararse a denun­ciar tam­bién la situación de pobreza y deses­per­an­za a la que los gob­er­nantes empu­jan a muchas famil­ias negras. Lo digo porque tam­bién en Saint Louis vimos muchos vecin­dar­ios “com­pli­ca­dos”, con mul­ti­tud de casas aban­don­adas y en ruinas. Algo que se repite en muchos de los esta­dos menos ricos y no sólo se ven casas par­tic­u­lares sino, aún más grave, muchos edi­fi­cios como escue­las, bib­liote­cas, teatros o polide­portivos. El sueño amer­i­cano tiene una cara mucho más oscu­ra que no se quiere mostrar al extran­jero. Y quizás por dicho moti­vo hemos dis­fru­ta­do mucho más este via­je, por salirnos muchas veces de los pun­tos turís­ti­cos y con­vivir con la Améri­ca pro­fun­da que ahí está y ahí existe.

El Gate­away Arch es la imá­gen más cono­ci­da de Saint Louis. 192 met­ros de arco que lle­van en pie des­de 1965 y del que se esper­a­ba que lo vis­i­taran tres mil­lones de per­sonas el primer año: las cifras fueron demasi­a­do opti­mis­tas, los vis­i­tantes ape­nas pasaron los 600.000. Sin embar­go, es un orgul­lo para los locales y lo con­sid­er­an el sím­bo­lo de la ciu­dad, pese a la de acci­dentes ocur­ri­dos en su inte­ri­or (se puede subir a un mirador) y sus alrede­dores. Se supone que esta gigan­tesca con­struc­ción rinde hon­ores a todos aque­l­los pio­neros, tan­to mujeres como hom­bres, que demostraron su valen­tía al inten­tar des­cubrir el Wild West (y de paso, aniquilar casi en su total­i­dad a las tribus indí­ge­nas, aña­do yo). Una obra abso­lu­ta de la inge­niería que puede divis­arse des­de numerosos pun­tos de la ciu­dad. Sin embar­go, nosotros nos perdi­mos con el GPS (la tec­nología tam­bién falla,chicos) y acabamos antes en un mer­cadil­lo de ver­du­ra y fru­ta ecológ­i­ca que se suele cel­e­brar los domin­gos, lo que nos vino bien para esti­rar un rato las pier­nas y char­lar con unos cuan­tos amer­i­canos (que, sigo insistien­do, son ama­bilísi­mos).

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Que a los yan­kees les encan­ta el deporte es una real­i­dad, sólo tenías que echar un ojo a la tele­visión de algún bar para per­catarte de que con­stan­te­mente están retrans­mi­tien­do algún even­to deporti­vo. Saint Louis es una de las ciu­dades de USA que con may­or fer­vor apoya a los equipos locales (de hecho, se la conoce como “la ciu­dad del base­ball”). Es la sede de algunos de los clubs más impor­tantes del país: los Rams (fút­bol amer­i­cano), los Car­di­nals (base­ball) y los Blues (hock­ey). Este de aquí aba­jo es el Edward Jones Dome, el esta­dio de los St. Louis Rams. No muy lejos se encuen­tra el Busch Sta­di­um de los Car­di­nals: estos has­ta tienen tam­bién un paseo de la fama y un museo en Ball­park Vil­lage.

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Los pre­ciosos bus­es urbanos…

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Esta estat­ua, lla­ma­da Forces y que sim­boliza la lucha entre las enti­dades financieras, es una de las más queri­das por los locales y suele com­parársela con el mon­u­men­to al Charg­ing Bull que hay en el bar­rio de Wall Street en Nue­va York.
 
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El Amer­i­ca’s Cen­ter (que, curiosa­mente, antes se llam­a­ba Cer­vantes) es el cen­tro de con­ven­ciones más impor­tante de la ciu­dad y aquí es donde se cel­e­bran los even­tos más reseñables. Entre ellos, la reunión anu­al de la Aso­ciación Nacional del Rifle, uno de los clubs más ama­dos y odi­a­dos del país y que con tan­to ahín­co defendía su pres­i­dente (ya fal­l­e­ci­do), el actor Charl­ton Hes­ton, en el doc­u­men­tal “Bowl­ing for Columbine” de Michael Moore. Esta aso­ciación, fun­da­da en 1871, ha sido la may­or defen­so­ra del dere­cho del ciu­dadano esta­dounidense a poseer armas de fuego y has­ta cuen­tan con su pro­pio museo en Wash­ing­ton D.C. Apoy­a­dos des­de siem­pre por los votantes repub­li­canos más con­ser­vadores y fuente con­stante de críti­cas (aún recor­damos las pal­abras de uno de sus más “ilus­tres” miem­bros, el gui­tar­rista Ted Nugent, instan­do a cor­tar la cabeza de Barak Oba­ma por su inten­to de con­tro­lar el uso de armas de fuego), la Aso­ciación Nacional del Rifle con­tinúa estando en entredi­cho debido a la can­ti­dad de tiro­teos, muchas veces pro­tag­on­i­za­dos por menores, que ocur­ren día sí, día tam­bién en la tier­ra del Tío Sam.
 
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Chuck Berry, uno de los gui­tar­ris­tas que más y mejor influyó en la his­to­ria del rock n’ roll, creador de him­nos como “John­ny B. Goode” o “Roll Over Beethoven”, es uno de los hijos predilec­tos de Saint Louis, has­ta el pun­to de que la ciu­dad decidió rendirle hom­e­na­je lev­an­tán­dole una estat­ua. La podéis encon­trar en Del­mar Loop. Os recor­damos que Chuck Berry suele tocar el ter­cer miér­coles de cada mes en el restau­rante cer­cano Blue­ber­ry Hill.
 
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Los que busquéis vis­i­tas algo difer­entes, tenéis la opción de ir al Museo de la Ciu­dad, donde se repasa toda la his­to­ria de Saint Louis, o acer­caros a Lafayette Square, donde aún se mantienen en pie 400 casas vic­to­ri­anas. Nosotros después de patearnos el cen­tro en un día de calor ter­rorí­fi­co, de esos que que­ma el asfal­to, acabamos reponien­do fuerzas en uno de los mejores pubs de la ciu­dad, el Tigin (333 Wash­ing­ton Avenue), muy recomend­able.

 
Ya para la tarde teníamos el concier­to de Brad Pais­ley en el Hol­ly­wood Casi­no Amphiteatre de Mary­land Heights. Y menudo ambi­en­ta­zo, es un recin­to enooooorme al aire libre donde la gente se trae sus sil­li­tas y sus man­tas y a ver los concier­tos tira­dos en la hier­ba. Aunque cuan­do lleg­amos, nos extrañó ver que, pese al calor, nadie bebía; cuan­do pre­gun­ta­mos en la bar­ra por los pre­cios, entendi­mos por qué: 12 dólares una lata de cerveza. Y nos que­jamos en España.
 
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El ambi­ente pre­vio al concier­to…
 
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Y la apo­teo­sis cuan­do sal­ió Brad Pais­ley… ¡qué bien lo pasamos!
 
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A con­tin­uación te dejamos el pro­gra­ma que dedicamos a Saint Louis, la comu­nidad amish y Nashville en nue­stro pro­gra­ma La Ruta 61 de Radio Via­jera…


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