Viaje a California — San Francisco

Probablemente,uno de mis via­jes mas anhela­dos des­de jovenci­ta, quizás porque Cal­i­for­nia rep­re­sen­ta a la per­fec­ción nues­tra idea del Esta­dos Unidos mas pro­fun­do. Ante­ri­or­mente, ya había esta­do en Nue­va York pero eso es como com­parar Por­tu­gal con Chi­na: inclu­so sien­do ambas de los lugares más emblemáti­cos del pais,son como la noche y el día. Así que era como un estreno en un pais nue­vo.

Nues­tra idea era volar en Navi­dades a San Fran­cis­co y alli alquilar un coche para recor­rer Cal­i­for­nia. El vue­lo, sor­pren­den­te­mente, nos salio tira­do pese a volver el mis­mo 31 de Diciem­bre: 600 euros con Amer­i­can Air­lines. La escala la real­izábamos en Philadel­phia y con­fiábamos en que las tres horas entre un avion y el pos­te­ri­or ser­ian mas que sufi­cientes para los tramites adu­aneros. Que ilu­sos fuimos. Casi 4 horas de espera inter­minable para pasar los trámites, per­di­en­do la conex­ión a San Fran­cis­co. Pero el trá­fi­co aéreo es tan inten­so en todo EEUU que nos ofre­cian la posi­bil­i­dad de volar a Los Ange­les y de alli a San Fran­cis­co, lle­gan­do solo una hora después de la hora pre­vista. Pues per­fec­to.

Esto nos per­mi­tio ver la inmen­si­dad de L.A. des­de el cielo,un espec­tac­u­lo impre­sio­n­ante, sobre todo si,como nosotros,lo pres­en­cias de noche. Yo ya habia esta­do hacia años en Mex­i­co DF,que con sus 23 mil­lones de habi­tantes es la ter­cera ciu­dad mas pobla­da del planeta,y pos­te­ri­or­mente en Tokio (34 millones,se dice pron­to). Pero la sen­sación de inabar­ca­bil­i­dad que nos ofre­ció L.A. a miles de met­ros de altura era algo inde­scriptible. 18 mil­lones de almas repar­tidas en mas de 10.000 kilo­met­ros cuadrados.Y es que L.A. en real­i­dad no es una ciu­dad, son dece­nas de mini­ci­u­dades conec­tadas por gigan­tescas autopis­tas de seis car­riles, con­for­man­do una urbe real­mente mon­stru­osa. Des­de alli arriba,daba has­ta vér­ti­go…

Cuan­do por fin ater­rizamos en el aerop­uer­to de San Fran­cis­co, eran las once de la noche y estábamos ago­ta­dos tras casi un dia entero de via­je y haber atrav­es­a­do el Atlanti­co y Esta­dos Unidos por com­ple­to, aparte de unas cuan­tas fran­jas horarias. Asi que bus­camos un motel cer­cano al aerop­uer­to y al dia sigu­iente ya iri­amos a la ciu­dad al hostal en el que teníamos reser­va. Fue nue­stro primer con­tac­to direc­to con Cal­i­for­nia: dormir en un motel de car­retera amer­i­cano. Y si,son exac­ta­mente igual­i­tos a los que siem­pre vemos en las pelícu­las. Con habita­ciones enor­mísi­mas que mas bien pare­cen aparta­men­tos, sus park­ings gigan­tescos… y su cartelito per­ti­nente de No Smok­ing. A fumar en la puer­ta de la habita­cion con la cha­que­ta enci­ma del pija­ma (aunque el cli­ma de Cal­i­for­nia sea pare­ci­do al del Mediter­ra­neo, recor­dad que era pleno Diciem­bre y San Fran­cis­co esta muy al norte, de hecho, en sus playas no te puedes bañar ni en ver­a­no a no ser que seas un temer­ario). Repa­so por la tele a los prin­ci­pales infor­ma­tivos yan­kees y la mis­ma sen­sación que en NY: en los tele­di­ar­ios de alli solo se habla de USA, de USA, de USA y a veces has­ta de Israel. El resto del mun­do no existe y si existe,a ellos les impor­ta un rábano.

Madrug­amos para coger tem­pra­no una de las vans (fur­gone­tas) que des­de el aerop­uer­to te acer­can a San Fran­cis­co. Teníamos reser­va en el hotel San Remo, que en real­i­dad es un hostal, pero fue uno de los acier­tos del via­je. Por que? pues porque para empezar no queríamos estar en la zona de Union Square, que es donde se sue­len ubicar los hote­les de la ciu­dad, porque pese a que durante el dia es una zona muy ani­ma­da de ofic­i­nas y tiendas,por la noche el panora­ma cam­bia com­ple­ta­mente y se con­cen­tran los miles de vagabun­dos y home­less de la ciu­dad. SF tiene el dudoso hon­or de alber­gar la may­or comu­nidad de sin techo de todo el pais (se rumorea que el Ayun­tamien­to de NY paga­ba a los vagabun­dos neoy­orki­nos un bil­lete de bus has­ta San Fran­cis­co para que se mudaran a vivir alli,argumentando que el cli­ma era mejor y no morirían de frío en invier­no). Es ver­gonzoso como el gob­ier­no se ha desen­ten­di­do de miles de personas,muchas de ellas alco­holi­cas y con prob­le­mas mentales,otros tan­tos antigu­os com­bat­ientes de la guer­ra de Viet­nam que lucharon por los intere­ses eco­nom­i­cos de un pais desagrade­ci­do con sus pro­pios ciu­dadanos, que vagan por las calles sin rum­bo en un espec­tácu­lo des­o­lador. Las dos caras de la mon­e­da de una ciu­dad y una nacion donde con­viv­en puer­ta con puer­ta los mas ricos con los mas deshau­ci­a­dos.

Otro de los motivos por lo que lo escogi­mos, aparte de su cer­ca­nia a Lit­tle Italy, Lom­bard Street y el embar­cadero, era que nos pare­cia mas agrad­able dormir en un lugar menos imper­son­al que un hotel y en cuan­to llegamos,nos encan­to. Es lo mas pare­ci­do que puedes encon­trar a vivir en una tipi­ca casa norteam­er­i­cana. Os dejo un par de fotos de Tripadvisor,ya que nosotros no hici­mos ningu­na. Nos salio bas­tante bara­to (unos 70 dolares la doble con baño com­par­tido, tenien­do en cuen­ta el alto pre­cio de los hote­les de la ciu­dad). Todo impo­lu­to y con un ambi­ente muy hogareño;ademas, en esa epoca no habia tan­tos clientes como en ver­a­no y ape­nas tuvi­mos que esper­ar para ducharnos. Enfrente tienes una cafe­te­ria bas­tante molona para desayu­nar y en la esquina un super­me­r­ca­do gigan­tesco pero con la ven­ta­ja de estar en una zona prac­ti­ca­mente res­i­den­cial.

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Tras un brunch rápi­do (qué gran inven­to lo del brunch! por qué no se implan­tará esta cos­tum­bre gas­tronómi­ca en Europa?) comen­zamos en un día nuboso, cli­ma habit­u­al en la ciu­dad por su curiosa situación geográ­fi­ca, nue­stro perip­lo por la míti­ca San Fran­cis­co. Jun­to a Nue­va York y Las Vegas, prob­a­ble­mente la ciu­dad más cin­e­matográ­fi­ca del mun­do. ¿Quién no evo­ca al oir su nom­bre esas per­se­cu­ciones de coches en las pelícu­las poli­ci­a­cas, a toda veloci­dad por las calles emp­inadísi­mas? O la silue­ta del puente Gold­en Gate en el hor­i­zonte, la isla de Alca­traz, las col­ori­das calles de Chi­na­town, los tran­vías de hace un siglo… San Fran­cis­co quizás para muchos de nosotros sig­nifique la ciu­dad más boni­ta y mág­i­ca de todo el ter­ri­to­rio norteam­er­i­cano. Y, por qué no, la más intere­sante en muchísi­mos otros aspec­tos.

A sólo diez min­u­tos andan­do de nue­stro hotel se encon­tra­ba la que segu­ra­mente sea la libr­ería más famosa del mun­do: la City Lights,esta que podéis ver en la parte derecha de la foto. De allí surgió la Beat Gen­er­a­tion, una cor­ri­ente de escritores naci­da en los años 50 que cam­bió rad­i­cal­mente el con­cep­to de lit­er­atu­ra esta­dounidense. Fun­cio­nan­do des­de 1953, este tem­p­lo lit­er­ario acogió en su seno a genios de la pluma como Jack Ker­ouac, Gre­go­ry Cor­so o Allen Gins­berg, y está con­sid­er­a­da un ref­er­ente para mil­lones de per­sonas en todo el mun­do. La gen­eración beat tuvo su máx­i­ma expre­sión en el libro “En el camino”, una nov­ela que ha sido la ref­er­en­cia abso­lu­ta para muchísi­mos via­jeros y del que se siguen edi­tan­do 100.000 ejem­plares al año.

Por cierto,ese edi­fi­cio pirami­dal que se aso­ma a la izquier­da es la torre Transamer­i­ca, el más alto de la ciu­dad, 246 met­ros dis­tribui­dos en 48 plan­tas… cer­radas a los visitantes,sólo se per­mite la entra­da a tra­ba­jadores de las empre­sas allí ubi­cadas. Pero tam­bién es un lujo admi­rar­lo des­de el exte­ri­or. Cer­ca de aquí se encuen­tra el Cafe Tri­este, donde Fran­cis Ford Cop­po­la escribió el guión de “El Padri­no”.

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A par­tir de dicho edi­fi­cio comien­za el dis­tri­to financiero, es decir, el que es cen­tro y vida de San Fran­cis­co. Al menos,hasta que dura el horario com­er­cial… Pero “nue­stro barrio”,donde se ubi­ca nue­stro hostal y la cita­da City Lights, es North Beach„ una especie de Lit­tle Italy, como un oasis entre los ras­ca­cie­los, con clubs de jazz, restau­rantes ital­ianos y tien­das pequeñi­tas, un reman­so de paz en el caos del bul­li­cio de una ciu­dad gigan­tesca. Cuan­do paseábamos por las noches,era como hac­er­lo por un pequeño pueblecito amer­i­cano que viviera al mar­gen de la gran ciu­dad.

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En North Beach se encuen­tra la que según el libro Gui­ness de los Records está con­sid­er­a­da la calle más sin­u­osa del mun­do: Lom­bard Street. Esta es sólo una de las 8 cur­vas que equi­li­bran el desniv­el del casi 30% que sufre la calle.

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Cuan­do logres lle­gar a la cima de Lom­bard Street, en el bar­rio de Russ­ian Hill ya, des­cubrirás que a sólo unas dece­nas de met­ros te esper­an una de las mejores vis­tas de la famosísi­ma isla de Alca­traz, aque­l­la que pop­u­lar­izó Clint East­wood. Cono­ci­da tam­bién como La Roca, fun­cionó como prisión fed­er­al has­ta el año 1963, y des­de 1972 la isla está cat­a­lo­ga­da como Par­que Nacional. Durante sus 29 años de vida, las autori­dades se jac­taron de no haber tenido ningu­na fuga. Has­ta que el 11 de Junio de 1962 tres pre­sos (Frank Mor­ris, John Anglin y Clarence Anglin) lograron escapar tras el éxi­to de un rebus­ca­do plan que maquinaron durante meses y que,como dije antes, el señor East­wood llevó al cine en “La fuga de Alca­traz”. Sus cuer­pos jamás se encon­traron (se dice que acabaron vivien­do escon­di­dos en Brasil) y la teoría de que no se podía lle­gar a tier­ra nadan­do se desmon­tó cuan­do comen­zaron a hac­erse tri­at­lones, aunque eso sí, los nadadores iban equipa­dos con tra­jes de neo­preno. La dis­tan­cia has­ta la cos­ta de San Fran­cis­co es de poco más de dos kilómet­ros.

Pese a su fama como prisión “dura”, en real­i­dad Alca­traz era en su época de las mejores del país. Tenía pocos pre­sos (poco más de doscien­tos), la comi­da era bue­na, las cel­das eran indi­vid­uales y tenían agua caliente, aparte de un mon­tón de activi­dades; por pon­er un ejem­p­lo, Al Capone, nada más lle­gar allí, for­mó un grupo musi­cal con el que toca­ba el ban­jo. Nun­ca llegó a ver una sen­ten­cia de muerte (de hecho, no tenían death row)

Algunos de sus “hués­pedes” más ilus­tres fueron Al Capone, George “Machine Gun” Kel­ly y James But­ler. Para vis­i­tar­la, has de coger uno de los fer­ries que salen del Pier (Muelle) 33. Toda la infor­ma­ción nece­saria la puedes encon­trar en Alca­traz Cruis­es .

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Una de las grandes atrac­ciones turís­ti­cas de SF, un autén­ti­co reduc­to del pasa­do, es el Cable Car. Hace más de un siglo, los habi­tantes de la ciu­dad, har­tos de subir las emp­inadas cues­tas con sus coches de cabal­los, pre­sion­aron al ayun­tamien­to para la insta­lación de sus famosos tran­vías. Fun­cio­nan­do des­de 1874 e inspi­ra­dos en las vie­jas vagone­tas de las minas cal­i­for­ni­anas, el tran­vía se ha vis­to rel­e­ga­do debido a la apari­ción de trans­portes más rápi­dos y efi­caces a un papel casi tes­ti­mo­ni­al. Actual­mente, sólo se mantienen tres líneas en acti­vo; la más famosa de ellas es la Pow­ell-Hyde. Es un espec­tácu­lo pre­cioso ver al final del trayec­to el cam­bio de direc­ción, un pro­ce­so que,como los viejos arte­sanos, aún se sigue hacien­do a mano,lo que provo­ca los aplau­sos para el con­duc­tor de turno, un artista en vías de extin­ción. Tradi­ción que esper­amos nun­ca se pier­da; no obstante, el Cable Car fue declar­a­do Pat­ri­mo­nio Históri­co Nacional en 1964 y uno de los museos más curiosos de San Fran­cis­co es el ded­i­ca­do pre­cisa­mente a este curioso medio de trans­porte.

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Y si hemos lle­ga­do has­ta el pun­to de sal­i­da de los tran­vías es porque nos encon­tramos ya en Mar­ket Street,en pleno del dis­tri­to financiero. Dig­amos que Mar­ket supone a SF lo que la 5ª Aveni­da a Nue­va YorK: es el corazón de la ciu­dad. En ella y sus aledaños se encuen­tran algunos de los com­er­cios más impor­tantes y caris­máti­cos, a destacar los impre­sio­n­antes Macy’s, una especie de ver­sión yan­kee de El Corte Inglés, siem­pre a rebosar de gente, con algunos de los restau­rantes más lujosos que con­viv­en, mano a mano, con los mendi­gos que arras­tran sus car­ri­tos mien­tras la gente gasta,gasta y gas­ta (es increible el amor de la gente de SF por las com­pras). Tuvi­mos la suerte, gra­cias a las fechas navideñas, de encon­trarnos el cen­tro dec­o­ra­do para la ocasión, ya sabéis que para estas cosas los esta­dounidens­es no reparan en gas­tos.

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Para los fans de Mac, recomen­daos que no os per­dais el increible mega­s­tore de Apple (a mi chico yo le tenía que sacar a ras­tras). Jus­to enfrente tienes la sede de Vir­gin Music, donde puedes encon­trar un buen sur­tido de dis­cos. Y el espec­tácu­lo calle­jero, con gente prac­ti­can­do break­dance, total­mente gra­tu­ito.

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Otra típi­ca estam­pa de las calles amer­i­canas: las escaleras en el exte­ri­or de los edi­fi­cios. ¿Cuán­tos miles de esce­nas se han roda­do a su cos­ta?

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Entra­da a los cita­dos almacenes Macy’s, has­ta arri­ba de clien­tela. ¡Es Navi­dad!

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La zona cen­tro de San Fran­cis­co da un juego inmen­so. En ella se encuen­tra la con­cur­ri­da Union Square, con sus edi­fi­cios de ofic­i­nas; muy cer­ca, el míti­co Hotel St. Fran­cis, inmor­tal­iza­do en “El Hal­cón Maltés”, los edi­fi­cios públi­cos del Civic Cen­ter (muy cer­ca se encuen­tra la plaza Hal­li­die, donde podrás recoger infor­ma­ción turís­ti­ca en su Cen­tro de Vis­i­tantes), el pre­cioso Ayun­tamien­to, inspi­ra­do en la Basíli­ca de San Pedro de Roma, el War Memo­r­i­al Opera House y el Vet­er­an’s Build­ing. Recor­daos que la zona al sur de Mar­ket es bas­tante peli­grosa por la noche; nosotros fuimos a un concier­to alli y agradec­i­mos muchísi­mo que unos ami­gos nos lle­varan de regre­so al hostal en coche:evita este area de madru­ga­da. Aun así,de dia merece la pena vis­i­tar­lo: es un bar­rio muy étni­co, con miles de tien­das­de barati­jas, y allí se ubi­ca el pres­ti­gioso SoMa, el Museo de Arte Mod­er­no.

Tiem­po para Chi­na­town, la comu­nidad chi­na más grande del mun­do (después de la propia China,claro). Aquí es muy común que haya chi­nos que pese a vivir en San Fran­cis­co des­de hace 30 o 40 años,no hablen ni una pal­abra de inglés (por eso un alto por­centa­je de los policías en este dis­tri­to son, pre­cisa­mente, chi­nos). Chi­na­town es un mun­do mági­co al que se entra a través de la bel­lísi­ma Chi­na­town Gate,la mis­ma que cruzaron los primeros chi­nos que lle­garon a mitad del siglo XIX para tra­ba­jar en la con­struc­ción del fer­ro­car­ril. La arte­ria prin­ci­pal de Chi­na­town es Grant Street, col­ori­da, ati­bor­ra­da de ten­deretes, her­bo­lar­ios y restau­rantes de cualquier tipo de gas­tronomía asiáti­ca. Aún parece olerse esa deca­den­cia que impreg­na­ba el bar­rio antiguamente,cuando era sede de fumaderos de opio y casi­nos ile­gales. En esta mis­ma calle se encuen­tra el tem­p­lo de Ching Chung y la igle­sia de Old St. Mary’s, la primera cat­e­dral católi­ca del país. En Ross Alley podreis encon­trar la Gold­en Gate For­tune Cook­ie Fac­to­ry, donde se elab­o­ran las afamadas gal­leti­tas de la for­tu­na. Chi­na­town es un clási­co den­tro de las vis­i­tas a San Fran­cis­co, tan­to que recibe más per­sonas que el Gold­en Gate.

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Los que gusteis de la comi­da chi­na, sobra recor­dar­lo, indis­pens­able que comais aqui. Comi­da chi­na autén­ti­ca que poco se parece a la que nos sir­ven en Occi­dente. Por suerte. Y por cierto,aunque menos cono­ci­do, en San Fran­cis­co tam­bién hay un Japan­town al sur de Fill­more Street con una pago­da de cin­co pisos,restaurantes japone­ses e inclu­so baños tradi­cionales.

Hablan­do de Japón, vámonos a uno de los par­ques más boni­tos del mun­do: el Gold­en Gate Park. En sus entrañas se esconde, como un tesoro secre­to, esto…

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Es el impre­sio­n­ante Japan­ese Tea Gar­den, un par­que japonés que se creó en 1894 para una exposi­ción… y para deleite nue­stro, aquí se quedó. La entra­da cues­ta 7 dólares que pagué encan­ta­da, no obstante era uno de los sitios que más ganas tenía de vis­i­tar, y vaya si mere­ció la pena. Si quereis vis­i­tar­lo, recor­dad que cier­ra las 18:00;si teneis la mis­ma suerte que tuvi­mos nosotros y pil­lais buen tiempo,os va a pare­cer deli­cioso pasear por alli. Las fotos describen mejor que yo cómo es el jardín…

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El resto de Gold­en Park es el pul­món de San Francisco,un lugar donde la gente va a mon­tar en bici­cle­ta y desconec­tar del tra­ba­jo. Alber­ga el Con­ser­va­to­rio de las Flo­res, un inver­nadero de fau­na trop­i­cal (vis­itable has­ta las 17:00, 9 dólares), la Acad­e­mia de Cien­cias de California,el Museo de Arte Asiáti­co y los Jar­dines Botáni­cos, todo ello entre col­i­nas, arboledas y lagos. Y has­ta una estat­ua que nos emo­cionó mucho, ded­i­ca­da a Miguel de Cer­vantes y sus Don Qui­jote y San­cho Pan­za… allí, en el USA pro­fun­da… pre­cioso detalle!

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Y para otro detalle boni­to, el que brin­da el ayun­tamien­to a sus ciu­dadanos. Pre­vio pago y en recuer­do a los seres queri­dos que ya no están (quizás te sen­taste con ellos en uno de estos ban­cos) puedes grabar su nom­bre en una plaqui­ta metáli­ca…

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Más vis­i­tas impre­scindibles: la del bar­rio de Cas­tro. No porque alo­je grandes mon­u­men­tos, al con­trario, sino porque fue de donde partieron todas las reivin­di­ca­ciones gay a medi­a­dos de los 60 y con­vir­tió a San Fran­cis­co en la ciu­dad líder en movimien­to homo­sex­u­al (George Bush, en su época de pres­i­dente, envi­a­ba aquí a su esposa Bár­bara a dar los discursos,ya que aquí su car­ac­ter con­ser­vador y retró­gra­do no es muy bien recibido, obvi­a­mente). Cas­tro en un prin­ci­pio era un bar­rio como otro cualquiera, fun­da­do por inmi­grantes irlan­deses. Pero cuan­do acabó la Segun­da Guer­ra Mundi­al, el ejérci­to se encon­tró con más de 10.000 sol­da­dos, tan­to hom­bres como mujeres, que declararon públi­ca­mente su homo­sex­u­al­i­dad. La may­oría de ellos vinieron a vivir a San Fran­cis­co, a la espera de un juicio mil­i­tar, y esco­gieron Cas­tro para quedarse a vivir. Una figu­ra clave den­tro de la reivin­di­cación de los dere­chos de los homo­sex­u­ales fue el con­ce­jal gay Har­vey Milk (recor­daréis la pelícu­la que pro­tag­o­nizó Sean Penn), quien tenía en Cas­tro su tien­da de fotografía y que acabó sien­do asesina­do jun­to al alcalde de la ciu­dad. Hoy la ciu­dad le rinde trib­u­to con una plaza que lle­va su nom­bre. Os acon­se­jamos que la vis­itéis, así como el Teatro Cas­tro, donde se proyectan muchas pelícu­las de temáti­ca LGTB. 

Cas­tro es un bar­rio muy bohemio que puedes com­bi­nar con la visi­ta a otro bar­rio míti­co, el de Mis­sion, donde se con­cen­tra gran parte de la población his­pana de la ciu­dad y donde comi­mos en un mex­i­cano fan­tás­ti­co. Aquí se encuen­tra el edi­fi­cio más antiguo de la ciu­dad, la Mis­ión Dolores, que fue de los pocos que quedó en pie tras el ter­re­mo­to de 1906. En Valen­cia Street encon­traréis un mon­tón de libr­erías y cafeterías (es un lugar con un mon­tón de ambi­ente) y merece la pena acer­carse a ver los murales de Clar­i­on Alley, donde un mon­tón de artis­tas des­de los años 70 han dec­o­ra­do las pare­des.

La prox­im­i­dad de nue­stro hostal a Fish­er­man’s Wharf, antiguo puer­to pes­quero y actual­mente un embar­cadero para mi gus­to demasi­a­do infes­ta­do de tien­das de sou­venirs, nos llevó a pasear por allí varias mañanas.Como curiosidad,comentaros que aquí se encuen­tra atra­ca­do el buque Jere­mi­ah O’Brien, que par­ticipó en el desem­bar­co de Nor­mandía y en cuya sala de máquinas se rodó la esce­na del choque con el ice­berg en la pelícu­la “Titan­ic”. En el Pier 39 podrás ver ele­fantes mari­nos y no olvidéis que está seri­amente penal­iza­do dar­les de com­er o molestar­les. Aquí tam­bién se hal­lan el Museo Marí­ti­mo de San Fran­cis­co y el USS Pam­pan­i­to, un sub­mari­no de la Segun­da Guer­ra Mundi­al.

 

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Ahí arri­ba me tenéis con el Gold­en Gate a mi espal­da, la ima­gen más cono­ci­da de San Fran­cis­co y has­ta 1964 la estruc­tura en sus­pen­sión más larga del mun­do. Curiosa­mente, se con­struyó en sólo cua­tro años y la inten­ción ini­cial era haber­lo pin­ta­do de amar­il­lo y negro. Los peatones y ciclis­tas pueden atrav­es­ar­lo durante las horas diur­nas por la acera este (los fines de sem­ana por la con­traria). Tris­te­mente cono­ci­do por las más de 1.500 per­sonas que se han sui­ci­da­do tirán­dose al vacío (entre ello Roy Ray­mond, el fun­dador de Vic­to­ri­a’s Secret), el ayun­tamien­to decidió insta­lar en el puente lo que aquí cono­ce­mos como “telé­fono de la esper­an­za”, para ver si podían hac­er cam­biar de opinión a los sui­ci­das, aunque fuera a últi­ma hora.

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Las ago­ta­do­ras cues­tas

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Típi­cos expende­dores de per­iódi­cos yan­kees

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Y si hay un bar­rio del que aún no he habla­do, en el que de un modo u otro acabábamos todas las tardes, éste es Haight Ash­bury. El bar­rio hip­pie por exce­len­cia, el pun­to de par­ti­da del Sum­mer of Love, una rev­olu­ción social que en el invier­no de 1967 (no en ver­a­no) atra­jo a más de 100.000 jóvenes que lle­garon de todos los pun­tos del país con la inten­ción de drog­a­rse y procla­mar el amor libre. Fue tam­bién el pun­to de des­ti­no de muchos músi­cos de la época como Janis Joplin (quien pin­tó las pare­des de su casa de negro), Jimi Hen­drix (en cuyo hom­e­na­je San Fran­cis­co cel­e­bra cada 13 de Sep­tiem­bre el día de Jimi Hen­drix) o Grate­ful Dead, que esco­gieron Haight para vivir.

Hoy en día, esas pre­ciosas casas vic­to­ri­anas (mar­avil­losas! espec­tac­u­lares!) aco­gen sin embar­go a gente de men­tal­i­dad lib­er­al pero de posi­ción más aco­moda­da y es aquí donde se pueden encon­trar las tien­das de ropa más alter­na­ti­va (qué vicio), restau­rantes que se salen de la nor­ma, mucho músi­co, tien­das de dis­cos y mer­chan­dise musi­cal por todos lados. Aun así,todavía se pasean por allí muchos hip­pies nos­tál­gi­cos y se mantiene la atmós­fera de aut­en­ti­ci­dad. Ya que estáis en esta zona, aprovechad para ir a ver las Paint­ed Ladies, unas pre­ciosas casas vic­to­ri­anas que se encuen­tran en Alamo Square. Des­de Market,puedes lle­gar has­ta aquí en los minibus­es 7 y 71, o el 37 des­de Twin Peaks.En el 710 de Ash­bury Street se con­ser­va el que fuera hog­ar de la ban­da Grate­ful Dead,en un edi­fi­cio que data de 1890. Para comer,os recomien­do el restau­rante caribeño Cha!Cha!Cha! y el Peo­ple’s Cafe, este últi­mo con unas vis­tas excep­cionales del movimien­to de la calle. Des­de allí podéis ir pase­an­do has­ta Bue­na Vista Park.

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Indis­pens­able para los meló­manos, ya en Haight, la visi­ta a Amoe­ba, la que está con­sid­er­a­da la tien­da de dis­cos más grande del mun­do. Entrar allí es vol­verse loco y dejar la VISA en números rojos. Tienen una sec­ción gigan­tesca de Cd’s de segun­da mano (a 1,99 dólares), mil­lones de vini­los, posters, libros… todo lo que imag­ines es poco. Nosotros todas las tardes volvíamos car­ga­dos de bolsas,hasta que opta­mos por tirar todas las cajas de los dis­cos y venirnos sólo con los Cd’s y las portadillas;de otro modo,hubiéramos paga­do en el aerop­uer­to un sobrepe­so desco­mu­nal.

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Nue­stros primeros días en San Fran­cis­co lle­ga­ban a su fin. A la deses­per­a­da bus­camos un coche de alquil­er para salir de la ciudad,ya que era casi Navi­dad y en casi todas las agen­cias nos recibían con un deses­per­ante “no nos quedan coches disponibles” (eso la que encon­trábamos abier­ta). Finalmente,logramos con­tratar en Hertz un Mus­tang guapísi­mo y con él, por esas cues­tas que nos oblig­a­ban a casi ni quitar el freno de mano,nos despedíamos de San Fran­cis­co.

Aquí te dejamos el pro­gra­ma que dedicamos a San Fran­cis­co en La Ruta 61 de Radio Via­jera…

Y si quieres saber más sobre Cal­i­for­nia, escucha nue­stros pro­gra­mas…


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