Mi segundo viaje a Vietnam: guía práctica

 

Artícu­lo actu­al­iza­do en 2026: he vuel­to a Viet­nam 17 años después de mi primer via­je y he revisa­do y ampli­a­do esta guía con infor­ma­ción actu­al­iza­da, pre­cios, trans­portes, con­se­jos prác­ti­cos y todo lo que he apren­di­do recor­rien­do de nue­vo el país.

 

¿Sabes de esos via­jes que tienes siem­pre en mente pero que de repente lle­gan un día de casu­al­i­dad cuan­do menos te lo esperas y que, para más inri, aca­ban sien­do unos de los mejores que has hecho en la vida? Pues eso es lo que me ha ocur­ri­do este año con el via­je que hemos hecho a Viet­nam, un país en el que había esta­do hace ya 17 años (¡como corre el tiem­po!) y al que tenía inten­ción de regre­sar pero no jus­ta­mente este ver­a­no. ¿Y por qué lo hice? Os lo cuen­to ahí aba­jo.

Con­tenido de este artícu­lo

¿Por qué volver a Vietnam?

La vida es capri­chosa y te depara este tipo de sor­pre­sas. Resul­ta que este año teníamos prepara­do un via­je a Sri Lan­ka con una pare­ja ami­ga nues­tra y, cuan­do digo prepara­do, es prepara­do con todas las de la ley: bil­letes de avión com­pra­dos, hote­les reser­va­dos, itin­er­ar­ios ya con­fec­ciona­dos, habíamos con­trata­do un coche con con­duc­tor para algunos de los días que pasaríamos en el país, habíamos com­pra­do bil­letes de tren… En fin, lo que es un via­je com­ple­to al cien por cien y lis­to para degus­tar.

Pero seis días antes del via­je, uno de nue­stros com­p­is nos llamó para darnos la mala noti­cia. Había tenido un prob­le­ma de salud y no iba a poder via­jar ya que el médi­co le había recomen­da­do no volar, por lo que tan­to él como su pare­ja se veían oblig­a­dos a ten­er que can­ce­lar el via­je. Juan y yo nos quedamos súper des­colo­ca­dos ¡qued­a­ban sólo seis días para irnos! Imag­i­naos en ese momen­to nue­stro esta­do de incer­tidum­bre. Pero he de recono­cer que en gen­er­al soy una per­sona bas­tante res­o­lu­ti­va en todos los aspec­tos de mi vida y cuan­do me aparece un acon­tec­imien­to con el que no con­ta­ba, ensegui­da me pon­go en mar­cha para inten­tar solu­cionarlo.

Descar­ta­mos con­tin­uar con el via­je a Sri Lan­ka porque la idea era hac­er­lo con Mar­ián­ge­les y Javi, ya que lo habíamos planea­do con ellos. Y teníamos algo a favor: no volábamos a Colom­bo direc­ta­mente sino que habíamos escogi­do Bangkok como base (una ciu­dad que me encan­ta), pasábamos una noche allí a la ida y otras dos a la vuelta (lo que se lla­ma un stopover, ya os hablé de esta modal­i­dad en este artícu­lo sobre como volar a dos país­es por el pre­cio de uno) y eso nos per­mitía perder los vue­los de Bangkok-Sri Lan­ka ida y vuelta, que tam­poco era tan­to dinero, 250 euros por cabeza (aunque nos devolvían las tasas aéreas, algo es algo) pero man­ten­er intac­to el vue­lo Madrid- Bangkok.

Así que nues­tra primera opción fue Viet­nam. Con Air Asia (que ya os he dicho mil veces que es mi aerolínea de bajo coste favorita del mun­do mundi­al) nos salían los bil­letes de Bangkok a Da Nang por 150 euros ida y vuelta. Lo cual era un chol­la­zo tenien­do en cuen­ta que no qued­a­ba ni una sem­ana para irnos y estábamos a las puer­tas del mes de Agos­to, que es tem­po­ra­da baja en el sud­este asiáti­co pero alta en Europa, por lo que nos temíamos que los vue­los hubier­an podi­do subir. Pero no fue el caso. Así que Viet­nam ¡allá vamos!

¿Es buen momento para viajar a Vietnam?

Si me pre­gun­táis si actual­mente es bue­na época para via­jar a Viet­nam, mi respues­ta es sí. Y no lo digo úni­ca­mente porque haya regre­sa­do al país después de diecisi­ete años y me haya vuel­to a encon­trar con uno de esos des­ti­nos que jus­ti­f­i­can por sí solos un via­je al sud­este asiáti­co. Tam­bién lo digo porque Viet­nam atraviesa un momen­to espe­cial­mente intere­sante des­de el pun­to de vista turís­ti­co: via­jar por el país resul­ta hoy muchísi­mo más sen­cil­lo que hace unos años, las comu­ni­ca­ciones han mejo­ra­do, existe una ofer­ta de alo­jamien­tos enorme y, aunque los pre­cios han subido, con­tinúa sien­do un des­ti­no bas­tante ase­quible para quienes via­jamos des­de España.

En Sapa, en el norte de Viet­nam, en mi primer via­je en Enero de 2009

Eso sí, quien ten­ga en la cabeza la ima­gen de aquel Viet­nam bara­to, algo caóti­co y todavía rel­a­ti­va­mente ale­ja­do de los grandes cir­cuitos turís­ti­cos que muchos conoci­mos hace casi veinte años, debería ir prepara­do para encon­trarse con un país difer­ente. Viet­nam ha cam­bi­a­do muchísi­mo. Y prob­a­ble­mente una de las cosas que más me sor­prendió al regre­sar después de tan­to tiem­po fue pre­cisa­mente com­pro­bar has­ta qué pun­to lo había hecho.

El tur­is­mo es una bue­na mues­tra de ello. Viet­nam recibió 13,9 mil­lones de vis­i­tantes inter­na­cionales sola­mente entre enero y julio de 2026, un 13,8 % más que durante el mis­mo peri­o­do del año ante­ri­or. El Gob­ier­no viet­na­mi­ta se ha mar­ca­do además el ambi­cioso obje­ti­vo de alcan­zar los 25 mil­lones de tur­is­tas extran­jeros. Son cifras que ayu­dan a enten­der algo que vais a percibir ensegui­da al via­jar por el país: Viet­nam ya no es ese des­ti­no asiáti­co que parecía vivir a la som­bra de Tai­lan­dia cuan­do se habla­ba de tur­is­mo inter­na­cional.

Y esto tiene una parte bue­na y otra que, depen­di­en­do de nues­tra man­era de via­jar, puede gus­tarnos algo menos. La bue­na es evi­dente. Moverse por Viet­nam aho­ra es bas­tante más fácil. Hay una enorme var­iedad de hote­les para prác­ti­ca­mente todos los pre­supuestos, apli­ca­ciones que solu­cio­nan bue­na parte de los pequeños prob­le­mas cotid­i­anos del via­jero, vue­los inter­nos, trenes, auto­bus­es, ser­vi­cios de trans­porte pri­va­do y una infraestruc­tura turís­ti­ca que per­mite orga­ni­zar bue­na parte del via­je sobre la mar­cha, de hecho nosotros lo com­pro­bamos in situ al com­prar vue­los inter­nos estando en el pro­pio Viet­nam. El pro­pio organ­is­mo ofi­cial de tur­is­mo viet­na­mi­ta atribuye el fuerte crec­imien­to de vis­i­tantes, entre otras razones, a la ampliación de las conex­iones aéreas, una políti­ca de visa­dos más favor­able y la mejo­ra pro­gre­si­va de los ser­vi­cios turís­ti­cos.

Pero para mí hay otra razón todavía más impor­tante por la que Viet­nam sigue mere­cien­do muchísi­mo la pena: con­tinúa sien­do un país en el que todavía se puede via­jar de muchas man­eras difer­entes. Puedes gas­tarte bas­tante dinero si bus­cas hote­les de lujo, restau­rantes sofisti­ca­dos, excur­siones pri­vadas y trasla­dos puer­ta a puer­ta, pero tam­bién puedes dormir estu­pen­da­mente por muy poco, com­er en un pequeño establec­imien­to famil­iar, desplazarte en trans­porte públi­co y mon­tarte un via­je bas­tante económi­co sin sen­tir que estás renun­cian­do con­stan­te­mente a capri­chos.

De hecho, una de las grandes vir­tudes de Viet­nam sigue sien­do su relación cal­i­dad-pre­cio. No voy a deciros que todo sea regal­a­do porque no sería ver­dad. Los pre­cios han aumen­ta­do, espe­cial­mente en las zonas más turís­ti­cas, y en lugares como Hoi An, Hanoi, Ho Chi Minh o deter­mi­na­dos des­ti­nos de playa resul­ta per­fec­ta­mente posi­ble gas­tarse can­ti­dades sim­i­lares a las de otros país­es del sud­este asiáti­co. Pero bas­ta con ale­jarse un poco de los establec­imien­tos pen­sa­dos exclu­si­va­mente para extran­jeros para volver a encon­trarse con ese Viet­nam donde com­er bien cues­ta muy poco y donde todavía podemos per­mi­tirnos pequeños lujos que en Europa supon­drían un buen mordis­co al pre­supuesto. Estu­vi­mos a la vuelta unos días en Tai­lan­dia y la difer­en­cia era abis­mal: lo que en Viet­nam costa­ba un euro, en su país veci­no valía el triple.

viaje a vietnam 2026

Además, el crec­imien­to turís­ti­co no se ha pro­duci­do úni­ca­mente en los lugares que todos cono­ce­mos. Durante los últi­mos años Viet­nam ha ido pro­mo­cio­nan­do nuevos des­ti­nos y desar­rol­lan­do expe­ri­en­cias rela­cionadas con el tur­is­mo rur­al, la nat­u­raleza, la gas­tronomía y las comu­nidades locales. El país quiere atraer más vis­i­tantes pero tam­bién inten­ta que esos via­jeros no se con­cen­tren exclu­si­va­mente en Hanoi, la bahía de Ha Long, Hoi An y Ho Chi Minh. Para 2026, las propias autori­dades turís­ti­cas están hablan­do cada vez más de cul­tura, expe­ri­en­cias locales, tur­is­mo verde y des­ti­nos menos sat­u­ra­dos como parte de su estrate­gia.

Pre­cisa­mente ahí está, en mi opinión, una de las grandes con­tradic­ciones de via­jar a Viet­nam aho­ra. El país es aho­ra mucho más cómo­do para el via­jero pero algunos lugares han per­di­do parte de aque­l­la espon­tanei­dad que tenían hace años. Hay ciu­dades y mon­u­men­tos donde ten­dremos que com­par­tir espa­cio con muchísi­ma gente, espe­cial­mente en deter­mi­nadas épocas del año. Hoi An es prob­a­ble­mente uno de los ejem­p­los más evi­dentes: sigue sien­do pre­ciosa pero hay horas del día en las que el cas­co antiguo parece vivir prác­ti­ca­mente para el tur­is­mo. Os ase­guro que nada que ver con lo que me encon­tré en Viet­nam hace tan­tos años, donde los extran­jeros éramos una especie en extin­ción.

No creo que eso sea nece­sari­a­mente una razón para no ir. Creo que sim­ple­mente obliga a via­jar de otra man­era. Lev­an­tarse tem­pra­no, quedarse algu­na noche más en los sitios, salir de las calles prin­ci­pales, bus­car mer­ca­dos locales, uti­lizar el trans­porte públi­co cuan­do sea posi­ble y, sobre todo, no inten­tar con­ver­tir Viet­nam en una car­rera de quince días para tachar veinte lugares de una lista. Cuan­to más despa­cio se via­ja por este país, más intere­sante se vuelve.

Hay momen­tos en los que una tiene la sen­sación de estar via­jan­do por un país com­ple­ta­mente vol­ca­do hacia el futuro y, ape­nas unos min­u­tos después, aparece una esce­na que parece no haber cam­bi­a­do en décadas: una seño­ra preparan­do comi­da en una pequeña coci­na abier­ta a la calle, alguien trans­portan­do una car­ga imposi­ble sobre una moto­ci­cle­ta, un mer­ca­do donde todavía se com­pra y se vende como siem­pre o un grupo de hom­bres sen­ta­dos en tabu­retes dimin­u­tos toman­do café mien­tras el trá­fi­co pasa a cen­tímet­ros de ellos.

Viet­nam se mod­ern­iza a una veloci­dad enorme pero esa mod­ern­ización todavía con­vive con una vida cotid­i­ana pro­fun­da­mente viet­na­mi­ta. Para mí, esa mez­cla es pre­cisa­mente uno de los grandes atrac­tivos de via­jar aho­ra.

Documentación, visado y requisitos de entrada

Si hay algo que se ha sim­pli­fi­ca­do muchísi­mo a la hora de preparar un via­je a Viet­nam es todo lo rela­ciona­do con el visa­do. Quienes via­jamos hace bas­tantes años recor­damos que esta era una de esas cues­tiones que había que mirar con tiem­po, com­pro­bar varias veces y añadir a la inter­minable lista de prepar­a­tivos antes de mar­charnos a Asia. A mí me tocó ir a la emba­ja­da de Viet­nam, que se encon­tra­ba en una casita del Paseo de la Habana, a trami­tar un visa­do que en el 2009 costa­ba 70 eura­zos. Qué dolor.

Aho­ra los ciu­dadanos españoles podemos per­manecer en Viet­nam has­ta 45 días sin necesi­dad de solic­i­tar visa­do, una exen­ción que está pre­vista que con­tinúe vigente has­ta el 14 de mar­zo de 2028. Además, no se limi­ta exclu­si­va­mente a deter­mi­na­dos tipos de via­je: la nor­ma­ti­va establece la exen­ción para estancias que no super­en esos 45 días, inde­pen­di­en­te­mente del moti­vo de entra­da, siem­pre que cumplam­os las condi­ciones estable­ci­das por las autori­dades viet­na­mi­tas.

Para la inmen­sa may­oría de quienes estén leyen­do este artícu­lo y estén pen­san­do en hac­er un via­je de dos o tres sem­anas por Viet­nam, esto sig­nifi­ca algo tan sen­cil­lo como com­prar el bil­lete, com­pro­bar el pas­aporte y olvi­darse de trami­tar un visa­do. Y creedme, cuan­do una prepara un via­je largo por Asia y empieza a acu­mu­lar vue­los, hote­les, trenes, trasla­dos y excur­siones, cualquier trámite que podamos quitarnos de enci­ma se agradece bas­tante.

Hay, sin embar­go, un detalle fun­da­men­tal que con­viene com­pro­bar antes inclu­so de com­prar los vue­los: el pas­aporte debe ten­er una validez mín­i­ma de seis meses para acoger­nos a esta entra­da sin visa­do. No deis por hecho que vue­stro pas­aporte está bien sim­ple­mente porque todavía no haya cad­u­ca­do. Mirad la fecha. Nece­si­ta­mos nue­stro pas­aporte y, per­sonal­mente, yo siem­pre recomien­do lle­var además una copia dig­i­tal guarda­da en el telé­fono y en algún ser­vi­cio en la nube, además de una foto­copia sep­a­ra­da del orig­i­nal. No susti­tuye al pas­aporte, evi­den­te­mente, pero si lo perdemos o nos lo roban puede facil­i­tarnos bas­tante las ges­tiones pos­te­ri­ores.

¿Qué ocurre si quer­e­mos per­manecer más de 45 días en Viet­nam? En ese caso sí nece­sitare­mos visa­do. Viet­nam dispone actual­mente de un sis­tema de visa­do elec­tróni­co o e‑Visa con una validez máx­i­ma de 90 días, que puede con­ced­er­se para una sola entra­da o para entradas múlti­ples. El por­tal ofi­cial de inmi­gración viet­na­mi­ta indi­ca actual­mente un pre­cio de 25 dólares para la e‑Visa de una entra­da y 50 dólares para la de entradas múlti­ples.

Y aquí sí haría una adver­ten­cia impor­tante porque, cuan­do bus­camos «visa­do Viet­nam» en Inter­net, apare­cen mul­ti­tud de pági­nas que pare­cen ofi­ciales y que en real­i­dad son inter­me­di­ar­ios que cobran una comisión por realizar una gestión que podemos hac­er nosotros mis­mos. Si nece­sitáis solic­i­tar una e‑Visa, yo acud­iría direc­ta­mente al por­tal ofi­cial de visa­dos elec­tróni­cos del Depar­ta­men­to de Inmi­gración de Viet­nam. Además de ahor­rarnos inter­me­di­ar­ios, evi­ta­mos intro­ducir los datos de nue­stro pas­aporte en pági­nas cuya proce­den­cia no ten­emos demasi­a­do clara.

El pro­ced­imien­to de la e‑Visa es bas­tante sen­cil­lo: se com­ple­ta la solic­i­tud por Inter­net, se abona la tasa cor­re­spon­di­ente y, una vez aproba­da, se recibe el resul­ta­do elec­tróni­ca­mente. El visa­do per­mite per­manecer en Viet­nam has­ta 90 días y puede solic­i­tarse con entra­da úni­ca o múlti­ple. Esta últi­ma opción puede resul­tar espe­cial­mente intere­sante si esta­mos hacien­do un via­je largo por el sud­este asiáti­co y quer­e­mos, por ejem­p­lo, entrar en Viet­nam, salir unos días hacia Cam­boya, Laos o Tai­lan­dia y regre­sar pos­te­ri­or­mente al país.

Otra recomen­dación que puede pare­cer obvia pero que merece la pena recor­dar es revis­ar siem­pre los req­ui­si­tos de entra­da pocos días antes de via­jar. Las nor­mas migra­to­rias cam­bian y lo que era váli­do cuan­do com­pramos el vue­lo ocho meses antes puede haber sufri­do algu­na mod­i­fi­cación. Para los via­jeros españoles, una de las fuentes que yo con­sul­taría antes de salir es la pági­na de Recomen­da­ciones de via­je a Viet­nam del Min­is­te­rio de Asun­tos Exte­ri­ores de España. Es mucho más fiable que quedarse úni­ca­mente con lo que diga un blog —inclu­i­do este— escrito meses antes del via­je.

Una vez en inmi­gración, mi expe­ri­en­cia es que todo resul­ta bas­tante ruti­nario. Pas­aporte, con­trol cor­re­spon­di­ente y a seguir via­je. Aun así, yo lle­varía acce­si­ble en el telé­fono la reser­va del primer alo­jamien­to y los datos bási­cos del via­je por si nos los solic­i­tan. Tam­bién con­viene saber que la leg­is­lación viet­na­mi­ta establece que los extran­jeros deben poder pre­sen­tar su pas­aporte y la doc­u­mentación rela­ciona­da con su estancia cuan­do se la requier­an las autori­dades. Los pro­pios alo­jamien­tos uti­lizan además nue­stros datos para realizar la declaración de estancia cor­re­spon­di­ente.

Hay además una novedad prác­ti­ca que merece la pena cono­cer. El Depar­ta­men­to de Inmi­gración viet­na­mi­ta recomien­da a los via­jeros cumpli­men­tar antes de lle­gar el for­mu­la­rio de pre-arrival disponible en su sis­tema ofi­cial, ya que puede agilizar los pro­ced­imien­tos de entra­da. No lo con­fundiría con un visa­do: es sim­ple­mente una her­ramien­ta pre­via recomen­da­da por Inmi­gración. Se puede rel­lenar 72 horas antes de entrar al país y gen­era un códi­go QR que agiliza los trámites a la lle­ga­da.

Sanidad y seguro médico

En cuan­to a los trámites san­i­tar­ios, via­jar a Viet­nam en 2026 no tiene nada que ver con hac­er­lo durante los años pos­te­ri­ores a la pan­demia, cuan­do había que estar con­stan­te­mente pen­di­entes de cer­ti­fi­ca­dos, prue­bas y for­mu­la­rios. Aun así, antes de via­jar siem­pre merece la pena con­sul­tar las recomen­da­ciones san­i­tarias actu­al­izadas y, sobre todo, con­tratar un buen seguro de via­je.  Esto últi­mo para mí no es nego­cia­ble en un via­je de estas car­ac­terís­ti­cas.

El Min­is­te­rio de Asun­tos Exte­ri­ores recomien­da expre­sa­mente via­jar a Viet­nam con un seguro san­i­tario que pue­da cubrir los gas­tos deriva­dos de una enfer­medad o un acci­dente, ya que la asis­ten­cia san­i­taria españo­la no nos cubre allí como lo haría den­tro de la Unión Euro­pea. No pen­séis sola­mente en una enfer­medad grave. Un acci­dente de moto, una caí­da, una intox­i­cación ali­men­ta­ria, una infec­ción o cualquier prob­le­ma que requiera aten­ción hos­pi­ta­lar­ia puede acabar con­vir­tién­dose en una fac­tura con­sid­er­able.

Cómo encontrar vuelos baratos a Vietnam

Una de las primeras cues­tiones que ten­emos que resolver cuan­do empezamos a orga­ni­zar un via­je a Viet­nam es, evi­den­te­mente, cómo lle­gar has­ta allí sin que sola­mente el bil­lete de avión se lleve una parte despro­por­ciona­da de nue­stro pre­supuesto. Y mi primer con­se­jo es pre­cisa­mente que no os lim­itéis a bus­car vue­los des­de España direc­ta­mente a Viet­nam, porque muchas veces esa no tiene por qué ser la opción más bara­ta. Cuan­do preparo un via­je por Asia inten­to ampli­ar bas­tante el mapa y jugar con difer­entes ciu­dades de entra­da a la región, y una de las que siem­pre merece la pena ten­er en cuen­ta es Bangkok. La cap­i­tal tai­lan­desa es uno de los grandes cen­tros de conex­iones aéreas del sud­este asiáti­co y puede con­ver­tirse en una estu­pen­da puer­ta de entra­da para con­tin­uar pos­te­ri­or­mente hacia Viet­nam, Cam­boya, Laos, Mala­sia o prác­ti­ca­mente cualquier otro país de la zona.

Eso fue pre­cisa­mente lo que hici­mos nosotros en este segun­do via­je a Viet­nam. En lugar de com­prar un bil­lete des­de España direc­ta­mente has­ta el país, volam­os primero a Bangkok y des­de allí con­tin­u­amos por nues­tra cuen­ta has­ta Viet­nam. En nue­stro caso, además, queríamos comen­zar el via­je por la zona cen­tral del país, por lo que encon­tramos una com­bi­nación que nos venía estu­pen­da­mente: volar des­de Bangkok direc­ta­mente has­ta Da Nang con AirA­sia. De esta man­era evitábamos ten­er que entrar por Hanói o por Ho Chi Minh City y coger después otro vue­lo domés­ti­co para lle­gar has­ta el cen­tro del país. Y aquí aparece una de las com­pañías que con­sidero espe­cial­mente intere­santes cuan­do via­jamos por esta parte del mun­do: AirA­sia.

Es una aerolínea de bajo coste que cuen­ta con una enorme red de conex­iones por todo el sud­este asiáti­co y que puede per­mi­tirnos encon­trar vue­los real­mente económi­cos entre Bangkok y difer­entes ciu­dades viet­na­mi­tas. Eso sí, como ocurre con prác­ti­ca­mente todas las com­pañías low cost, hay que fijarse en el pre­cio final y no úni­ca­mente en esa tar­i­fa tan estu­pen­da que aparece ini­cial­mente en la pan­talla, porque ten­dremos que añadir equipa­je fac­tura­do, elec­ción de asien­to o cualquier otro ser­vi­cio que nece­site­mos.

Para mí, por tan­to, una de las mejores estrate­gias para encon­trar vue­los baratos a Viet­nam con­siste en no realizar una úni­ca búsque­da. Además de com­pro­bar cuán­to cues­ta volar des­de Madrid a Hanói, Ho Chi Minh City o Da Nang, merece muchísi­mo la pena mirar tam­bién cuán­to cues­ta lle­gar des­de España a Bangkok y después bus­car por sep­a­ra­do el vue­lo entre Bangkok y Viet­nam. Inclu­so podemos ampli­ar todavía más la búsque­da y com­pro­bar Kuala Lumpur, otra de las grandes bases de com­pañías de bajo coste del sud­este asiáti­co. Puede suced­er que un vue­lo direc­ta­mente has­ta Viet­nam resulte más bara­to y entonces no habrá nada más que pen­sar.  Pero tam­bién podemos encon­trarnos con que lle­gar has­ta Bangkok cues­ta con­sid­er­able­mente menos y que des­de allí podemos con­tin­uar has­ta Viet­nam por muy poco dinero. En esos casos, com­prar los trayec­tos por sep­a­ra­do puede supon­er un ahor­ro bas­tante intere­sante, espe­cial­mente si via­jamos varias per­sonas.

Además, esta man­era de orga­ni­zar el via­je ofrece una posi­bil­i­dad que a mí per­sonal­mente me gus­ta mucho: aprovechar la conex­ión para quedarnos uno o dos días en Bangkok. De esta for­ma no sola­mente añadi­mos otra ciu­dad al via­je, sino que elim­i­namos uno de los prin­ci­pales incon­ve­nientes de com­prar los vue­los por sep­a­ra­do. Y es que hay algo que debe­mos ten­er muy claro: si com­pramos un Madrid-Bangkok con una com­pañía y pos­te­ri­or­mente un Bangkok-Da Nang con AirA­sia, esta­mos ante dos reser­vas com­ple­ta­mente inde­pen­di­entes. Si nue­stro primer vue­lo lle­ga con varias horas de retra­so y perdemos el segun­do, AirA­sia no tiene ningu­na obligación de recolo­carnos gra­tuita­mente porque para ellos nosotros sim­ple­mente no nos hemos pre­sen­ta­do a nue­stro vue­lo.  Por eso jamás orga­ni­zaría una com­bi­nación de este tipo dejan­do úni­ca­mente dos o tres horas entre ambos aviones. Pre­fiero dejar un mar­gen enorme y, si el pre­cio merece la pena, pasar inclu­so una noche en Bangkok. Al fin y al cabo, tam­poco es pre­cisa­mente el peor lugar del mun­do para quedarse atra­pa­do durante unas horas.

Tam­bién debe­mos recor­dar que Bangkok cuen­ta con dos grandes aerop­uer­tos. Muchos vue­los inter­na­cionales proce­dentes de Europa lle­gan a Suvarn­ab­hu­mi, mien­tras que AirA­sia y otras com­pañías de bajo coste oper­an prin­ci­pal­mente des­de Don Mueang. Esto sig­nifi­ca que podemos ater­rizar en Bangkok y ten­er que recoger nue­stro equipa­je, pasar inmi­gración, desplazarnos has­ta el otro aerop­uer­to, volver a fac­turar y super­ar nue­va­mente los con­troles de seguri­dad. No esta­mos hablan­do de cam­biar de ter­mi­nal, sino de atrav­es­ar una parte de una ciu­dad gigan­tesca, por lo que debe­mos cal­cu­lar muy bien los tiem­pos y no inten­tar hac­er conex­iones imposi­bles por ahor­rarnos una noche de hotel. Además, incluir una noche entre medias puede con­ver­tir un via­je tan largo en algo menos cansa­do.

Otra cuestión que recomien­do com­pro­bar antes de com­prar el bil­lete es por qué ciu­dad nos intere­sa real­mente entrar en Viet­nam. El país es larguísi­mo y recor­rerlo de norte a sur supone cubrir una dis­tan­cia con­sid­er­able, por lo que no siem­pre tiene sen­ti­do entrar y salir por el mis­mo aerop­uer­to. Si nues­tra inten­ción es hac­er una ruta com­ple­ta podemos bus­car, por ejem­p­lo, un vue­lo Bangkok-Hanói, recor­rer Viet­nam hacia el sur y ter­mi­nar en Ho Chi Minh City, des­de donde podemos regre­sar nue­va­mente a Bangkok. Si sola­mente quer­e­mos cono­cer el cen­tro del país, podemos hac­er como nosotros y volar direc­ta­mente has­ta Da Nang. Lo impor­tante es adap­tar los vue­los al itin­er­ario y no hac­er lo con­trario, porque regre­sar cien­tos o inclu­so más de mil kilómet­ros úni­ca­mente para coger el vue­lo de vuelta puede hac­er­nos perder tiem­po y dinero.

Para realizar todas estas búsquedas sue­lo uti­lizar com­para­dores como Sky­scan­ner, espe­cial­mente porque per­miten jugar bas­tante bien con las fechas y con­sul­tar el cal­en­dario men­su­al para detec­tar ráp­i­da­mente qué días son más económi­cos. A veces ade­lan­tar o retrasar la sal­i­da sola­mente uno o dos días supone una difer­en­cia con­sid­er­able. Una vez local­iza­do el vue­lo que me intere­sa, siem­pre com­prue­bo cuán­to cues­ta exac­ta­mente el mis­mo trayec­to en la pági­na ofi­cial de la com­pañía aérea y, si la difer­en­cia es mín­i­ma, per­sonal­mente pre­fiero com­prar direc­ta­mente con la aerolínea. En caso de cam­bio de horario, can­celación o cualquier otra inci­den­cia, nor­mal­mente resul­ta mucho más sen­cil­lo ges­tionar una reser­va direc­ta que ten­er que hac­er­lo a través de un inter­me­di­ario.

Tam­bién recomien­do acti­var aler­tas de pre­cios si todavía fal­tan var­ios meses para el via­je. Más que inten­tar adiv­inar cuál es ese supuesto día mági­co de la sem­ana en el que los vue­los cues­tan menos, algo en lo que per­sonal­mente no creo demasi­a­do, lo ver­dadera­mente útil es cono­cer cuál es el pre­cio habit­u­al de nues­tra ruta. Si lle­va­mos varias sem­anas com­pro­ban­do que Madrid-Bangkok cues­ta alrede­dor de 600 o 700 euros y de repente encon­tramos un bil­lete con­sid­er­able­mente más bara­to, podremos recono­cer inmedi­ata­mente que esta­mos ante una bue­na opor­tu­nidad. Sin esa ref­er­en­cia es mucho más difí­cil saber si lo que ten­emos delante es real­mente una ofer­ta o sim­ple­mente el pre­cio nor­mal del vue­lo.

Otra búsque­da que merece la pena realizar es la opción mul­ti­des­ti­no. En lugar de bus­car Madrid-Hanói-Madrid podemos pro­bar Madrid-Hanói y Ho Chi Minh City-Madrid, por ejem­p­lo. Inclu­so aunque ini­cial­mente el bil­lete mul­ti­des­ti­no resulte lig­era­mente más caro, puede ter­mi­nar com­pen­san­do si nos evi­ta ten­er que com­prar otro vue­lo inter­no y perder prác­ti­ca­mente un día regre­san­do al pun­to de par­ti­da. Cuan­do com­paréis pre­cios no pen­séis úni­ca­mente en cuán­to cues­ta el avión inter­na­cional, sino tam­bién en todos los desplaza­mien­tos adi­cionales que ese bil­lete va a obligaros a realizar una vez den­tro de Viet­nam.

Clima: diferentes estaciones

Una de las primeras cosas que hay que ten­er claras cuan­do empezamos a preparar un via­je a Viet­nam es que hablar del cli­ma viet­na­mi­ta como si fuera igual en todo el país es un error. Y es un error bas­tante fácil de come­ter. Miramos un mapa, vemos Viet­nam como una fran­ja estrecha de ter­ri­to­rio y ten­demos a pen­sar que, más o menos, hará el mis­mo tiem­po en todas partes. Nada más lejos de la real­i­dad. No existe una época per­fec­ta para todo el país.

Viet­nam se extiende durante más de 2000 kilómet­ros de norte a sur y eso hace que podamos encon­trarnos con condi­ciones mete­o­rológ­i­cas com­ple­ta­mente difer­entes den­tro del mis­mo via­je. Mien­tras en Hanoi puede estar llovien­do y hacien­do un calor húme­do bas­tante con­sid­er­able, en Hoi An podemos encon­trarnos con días de sol y playa y, al mis­mo tiem­po, en el sur puede caer uno de esos chap­ar­rones trop­i­cales que pare­cen capaces de inun­dar­lo todo en cuestión de min­u­tos. De hecho, el pro­pio organ­is­mo de tur­is­mo viet­na­mi­ta insiste en que la mejor época para via­jar depende fun­da­men­tal­mente de las regiones que vayamos a vis­i­tar.

Por eso yo no me obse­sion­aría demasi­a­do con encon­trar “el mes per­fec­to para via­jar a Viet­nam”, porque real­mente no existe. Si vamos a recor­rer el país entero, prob­a­ble­mente en algún momen­to nos tocará calor, llu­via, humedad o inclu­so algo de fres­co. La cuestión está más bien en saber qué podemos encon­trarnos en cada zona y orga­ni­zar el itin­er­ario en con­se­cuen­cia.

En el norte de Viet­nam, donde están Hanoi, Ninh Binh, la bahía de Ha Long, Sapa o Ha Giang, las esta­ciones están bas­tante más difer­en­ci­adas de lo que sole­mos imag­i­nar cuan­do pen­samos en un país trop­i­cal. El invier­no, aprox­i­mada­mente entre diciem­bre y febrero, puede ser fres­co e inclu­so bas­tante frío en las zonas mon­tañosas. En Sapa las tem­per­at­uras pueden bajar de los 10 gra­dos y no es extraño encon­trarse niebla, mien­tras que Hanoi puede sor­pren­der con días gris­es y húme­dos en los que una cha­que­ta no sobra en abso­lu­to. Yo estuve en Sapa un mes de Enero y os ase­guro que en las mon­tañas usas ropa de abri­go y por la noche duer­mes tapa­di­ta.

La pri­mav­era y espe­cial­mente el otoño son épocas estu­pen­das para recor­rer esta parte del país. Entre sep­tiem­bre y noviem­bre dis­min­uyen pro­gre­si­va­mente las llu­vias, las tem­per­at­uras son más agrad­ables y las zonas mon­tañosas ofre­cen algunos de sus paisajes más espec­tac­u­lares. El ver­a­no, por el con­trario, es caluroso, muy húme­do y llu­vioso. Entre Mayo y Sep­tiem­bre lle­ga el monzón y Julio y Agos­to sue­len encon­trarse entre los meses con pre­cip­ita­ciones más abun­dantes.

Y aquí hago un pequeño inciso porque nosotros via­jamos pre­cisa­mente en Agos­to. Si uno se limi­ta a mirar las tablas climáti­cas antes de com­prar los bil­letes puede acabar pen­san­do que via­jar a Viet­nam en agos­to es poco menos que una temeri­dad. Echamos un ojo a la pre­visión cli­ma­tológ­i­ca antes de ir y daba miedo: todos los días aparecían con nubes, rayos y llu­via. Menudo panora­ma.

Pero una cosa es la estadís­ti­ca y otra muy dis­tin­ta lo que final­mente ocur­ra durante nue­stros quince días de vaca­ciones. La tem­po­ra­da de llu­vias no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente des­per­tarse llovien­do, pasar ocho horas bajo el agua y acostarse mien­tras con­tinúa cayen­do el dilu­vio uni­ver­sal. En muchas zonas las pre­cip­ita­ciones son trop­i­cales: cae una can­ti­dad de agua impre­sio­n­ante durante un peri­o­do rel­a­ti­va­mente cor­to y después la vida con­tinúa con abso­lu­ta nor­mal­i­dad. La may­oría de los días comen­z­a­ba a llover (a dilu­viar más bien) sin avis­arte, a lo bes­tia; solía ser a las ocho de la tarde, se tira­ba una hora jar­re­an­do (buen momen­to para cenar) y después regre­so al buen tiem­po. Inclu­so hubo unos cuan­tos días que no nos cayó ni una gota. Que eso no qui­ta para que ten­gas mala suerte y si te toca, te toca. El otro día me con­ta­ba una veci­na que a su nuera le cogió en época de monzón un tifón que la pasaron canu­tas para atrav­es­ar  un río. Así que prepárate para cualquier cosa pero, sobre todo, tómate­lo con humor.

Eso sí, la humedad en ver­a­no es otra his­to­ria. Para mí este es uno de los aspec­tos que con­viene ten­er más en cuen­ta. El calor viet­na­mi­ta no siem­pre es úni­ca­mente una cuestión de gra­dos. Son la humedad, la sen­sación tér­mi­ca y esa impre­sión de lle­var la ropa pega­da al cuer­po cin­co min­u­tos después de salir del hotel las que pueden ter­mi­nar pasan­do fac­tura. Si via­jáis en Julio o Agos­to (sien­do españoles, ten­drás muchas posi­bil­i­dades de venir en dicha época) yo orga­ni­zaría las jor­nadas dejan­do las vis­i­tas más largas para primera hora de la mañana, evi­tan­do en lo posi­ble las horas cen­trales del día y asum­ien­do des­de el prin­ci­pio que prob­a­ble­mente vais a sudar muchísi­mo. No con­téis, eso sí, con que llue­va y así de paso refresque. El agua lo úni­co que con­sigue es lev­an­tar el calor del asfal­to. For­ma parte del via­je.

El cen­tro de Viet­nam, donde se encuen­tran Hue, Da Nang y Hoi An y donde estu­vi­mos nosotros, fun­ciona de man­era difer­ente. Aquí los meses de ver­a­no pueden ser muy calurosos pero tam­bién bas­tante solea­d­os. Entre Junio y Agos­to las tem­per­at­uras pueden super­ar ampli­a­mente los 30 gra­dos y las jor­nadas de playa son per­fec­ta­mente posi­bles, nosotros nos bañamos con un sol estu­pen­do. Las llu­vias más prob­lemáti­cas sue­len lle­gar después, espe­cial­mente entre Sep­tiem­bre y Noviem­bre, cuan­do aumen­ta con­sid­er­able­mente el ries­go de llu­vias inten­sas, inun­da­ciones y tifones. Esto es impor­tante porque mucha gente pien­sa automáti­ca­mente que Julio y Agos­to son los peo­res meses para via­jar a cualquier lugar del sud­este asiáti­co debido al monzón, y en Viet­nam no fun­ciona exac­ta­mente así. Depen­di­en­do de la ruta, Agos­to puede inclu­so ser una época per­fec­ta­mente razon­able. En nue­stro caso lo fue.

Nosotros cen­tramos bue­na parte del via­je pre­cisa­mente en Hoi An, Hue y Da Nang, y el calor fue impor­tante. Mucho. Pero eso no impidió que pudiéramos hac­er el via­je con nor­mal­i­dad. Evi­den­te­mente, hubo momen­tos en los que apetecía entrar en cualquier cafetería que tuviera aire acondi­ciona­do y quedarse allí a vivir pero tam­bién dis­fru­ta­mos de días que nos per­mi­tieron hac­er todo lo que habíamos pre­vis­to.

Y después ten­emos el sur de Viet­nam, donde se encuen­tran Ho Chi Minh, el delta del Mekong o islas como Phu Quoc. Aquí prác­ti­ca­mente podemos olvi­darnos de las cua­tro esta­ciones. Hay fun­da­men­tal­mente dos: la seca y la llu­viosa. La tem­po­ra­da seca suele exten­der­se aprox­i­mada­mente des­de noviem­bre has­ta abril, mien­tras que entre mayo y octubre lle­gan las llu­vias del monzón. Las tem­per­at­uras, sin embar­go, per­manecen altas prác­ti­ca­mente durante todo el año.

De nue­vo, tem­po­ra­da de llu­vias no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente via­je arru­ina­do. En el sur es bas­tante habit­u­al que teng­amos una mañana estu­pen­da y que por la tarde el cielo se vuel­va negro de repente, caiga una tor­men­ta espec­tac­u­lar durante una hora y después vuel­va la nor­mal­i­dad.  Cuan­do cae agua, cae de ver­dad. Las calles cam­bian en cuestión de min­u­tos, apare­cen imper­me­ables por todas partes, las motos siguen cir­cu­lan­do como si no estu­viera ocur­rien­do abso­lu­ta­mente nada y media hora después encon­tramos nue­va­mente gente sen­ta­da en las ter­razas.

Por supuesto, una tor­men­ta trop­i­cal tiene mucha gra­cia cuan­do esta­mos toman­do un café bajo techo y bas­tante menos cuan­do esta­mos a tres kilómet­ros del hotel con unas san­dalias y el telé­fono en la mano. Por eso, si via­jáis en tem­po­ra­da húme­da, yo lle­varía siem­pre en la mochi­la una fun­da imper­me­able para el móvil y un chubas­quero fino. No hace fal­ta car­gar des­de España con medio equipo de mon­taña: allí encon­traréis los típi­cos pon­chos de plás­ti­co prác­ti­ca­mente en cualquier parte. En Ho Chi Minh si nos llovió algo más pero por suerte, casi siem­pre por la tarde-noche y cuan­do estábamos tan cansa­dos de patear que casi apetecía irse a guare­cerse a nue­stro hotel.

Además, via­jar fuera de los meses con­sid­er­a­dos mete­o­rológi­ca­mente per­fec­tos tam­bién tiene algu­nas com­pen­sa­ciones. Los paisajes están increíble­mente verdes, los arroza­les pueden encon­trarse espec­tac­u­lares y deter­mi­nadas zonas reciben menos tur­is­mo. Hay algo muy espe­cial en con­tem­plar Viet­nam después de una tor­men­ta, cuan­do todavía que­da agua sobre el asfal­to, el cielo comien­za a abrirse y ese verde exager­a­do de la veg­etación parece todavía más inten­so.

Al final, mi con­se­jo sería bas­tante sen­cil­lo: no inten­téis encon­trar un Viet­nam sin llu­via, sin calor y sin humedad, porque prob­a­ble­mente acabaréis volvién­doos locos miran­do estadís­ti­cas. Elegid primero qué lugares queréis cono­cer, com­pro­bad después cómo fun­ciona el cli­ma conc­re­ta­mente en esas regiones y preparad el via­je en con­se­cuen­cia. Y, sobre todo, dejad cier­to mar­gen para impro­vis­ar

Cuánto cuesta viajar a Vietnam en 2026

Una de las grandes pre­gun­tas antes de preparar el via­je es evi­dente: ¿sigue sien­do Viet­nam un país bara­to? Rotun­da­mente sí. Viet­nam sigue sien­do un des­ti­no muy económi­co si lo com­para­mos con España y, sobre todo, ofrece una relación cal­i­dad-pre­cio extra­or­di­nar­ia. Pero tam­bién os digo una cosa: ya no es aquel Viet­nam donde prác­ti­ca­mente todo parecía costar una can­ti­dad insignif­i­cante.

El país ha cam­bi­a­do, el tur­is­mo ha cre­ci­do enorme­mente y los pre­cios tam­bién han subido. Aun así, todavía podemos dormir en hote­les estu­pen­dos por lo que pagaríamos por un alo­jamien­to bas­tante cor­ri­ente en Europa, com­er fenom­e­nal por unos pocos euros y uti­lizar Grab con­tin­u­a­mente sin ten­er la sen­sación de estar destrozan­do el pre­supuesto.

viajar a hoi an

Y aquí creo que hay que difer­en­ciar entre via­jar bara­to y via­jar incó­mo­do, porque en Viet­nam no hace fal­ta hac­er lo segun­do para con­seguir lo primero. Nosotros no via­jamos como mochileros, ni dormi­mos en habita­ciones com­par­tidas, ni nos pri­va­mos de entrar en una cafetería porque el café cueste un euro más. Nos alo­jamos en buenos hote­les, uti­lizamos Grab, comem­os donde nos apetece y hace­mos las vis­i­tas que quer­e­mos. Y aun así el gas­to cotid­i­ano puede man­ten­erse en cifras sor­pren­den­te­mente bajas.

Pro­duc­to / ser­vi­cio Pre­cio en VND Pre­cio aprox. €
🍜 COMIDA Y BEBIDA
Bánh mì (bocadil­lo) 20.000 0,65 €
Phở (sopa) 40.000–70.000 1,35–2,35 €
Pla­to de comi­da calle­jera 25.000–70.000 0,85–2,35 €
Comi­da en restau­rante local 80.000–200.000 2,65–6,65 €
Restau­rante turís­ti­co / gama media 150.000–600.000 5–20 €
Café viet­na­mi­ta 20.000–50.000 0,65–1,65 €
Cerveza bia hơi 8.000–15.000 0,25–0,50 €
Cerveza embotel­la­da 25.000–50.000 0,85–1,65 €
Cerveza arte­sanal 70.000–120.000 2,35–4 €
Coco fres­co 15.000–50.000 0,50–1,65 €
Botel­la de agua 10.000–15.000 0,35–0,50 €
🛵 TRANSPORTES
Grab Bike cor­to 15.000–30.000 0,50–1 €
Grab coche 3–5 km 30.000–60.000 1–2 €
Grab coche 5–6 km 50.000–120.000 1,65–4 €
Auto­bús larga dis­tan­cia 250.000–400.000 8–13 €
Vue­lo domés­ti­co bara­to Des­de 400.000 Des­de 13 €
Ho Chi Minh–Da Nang en avión 680.000–910.000 40 €
Tren noc­turno Hanói–Huế, lit­era 1.100.000–1.300.000 36–43 €
🏨 ALOJAMIENTO
Cama en hos­tel 120.000–400.000 4–13 €
Hotel económi­co 400.000–700.000 13–23 €
Hotel gama media 600.000–1.800.000 20–60 €
Hotel 5 estrel­las Des­de 1,800.000 Des­de 60 €
💆 OTROS GASTOS
SIM turís­ti­ca 150.000–400.000 5–13 €
Lavan­dería 20.000 0,65 por kilo
Corte de pelo 50.000–250.000 1,65–8,35 €
Masaje 1 hora 180.000–425.000 6–14 €
Tour económi­co 500.000–1.200.000 17–40 €
Clase de coci­na 650.000–2.000.000 22–67 €
💰 CONVERSIÓN RÁPIDA DE DONGS A EUROS
10.000 VND 0,33 €
50.000 VND 1,67 €
100.000 VND 3,33 €
500.000 VND 16,67 €
1.000.000 VND 33,33 €
3.000.000 VND 100 €
💡 Tru­co rápi­do: pien­sa que 30.000 VND son aprox­i­mada­mente 1 €, 300.000 VND unos 10 € y 3.000.000 VND alrede­dor de 100 €.

Alojamiento: donde Vietnam sigue dando mucho por muy poco

Aquí es prob­a­ble­mente donde más noto la difer­en­cia con Europa. En Viet­nam podemos encon­trar habita­ciones pri­vadas sen­cil­las des­de aprox­i­mada­mente 15–30 dólares, mien­tras que los hote­les económi­cos se mueven habit­ual­mente alrede­dor de 20–40 dólares. En la gama media, un hotel de tres estrel­las puede encon­trarse aprox­i­mada­mente entre 35 y 70 dólares por habitación, aunque Hanoi, Ho Chi Minh y las zonas más turís­ti­cas pueden ser bas­tante más caras. Para que te hagas una idea: nosotros pag­amos en Hoi An en pleno mes de Agos­to por un hotel de cua­tro estrel­las con pisci­na con camas bali­ne­sas y desayuno buf­fet 55 euros la noche. Algo impens­able en España ni en tem­po­ra­da baja en un pueblo per­di­do en medio del monte.

Pero las cifras dicen sola­mente una parte de la his­to­ria. Lo intere­sante es qué recibi­mos a cam­bio de ese dinero. En ciu­dades como Hue o Da Nang podemos encon­trar por 30, 40 o 50 euros habita­ciones que en muchas cap­i­tales euro­peas fácil­mente dupli­carían o trip­li­carían ese pre­cio. Y si subi­mos un poco el pre­supuesto apare­cen hote­les bou­tique, pisci­nas, desayunos estu­pen­dos y establec­imien­tos de cua­tro estrel­las a pre­cios que todavía per­miten darse algún capri­cho. Evi­den­te­mente, Viet­nam tam­bién tiene hote­les de 200, 300 y 400 euros. Podemos gas­tarnos prác­ti­ca­mente lo que quer­amos. Pero lo bueno es que no nece­si­ta­mos hac­er­lo para alo­jarnos muy, muy bien.

En Viet­nam puedes dormir en hote­les pre­ciosos por muy poco dinero

Comer en Vietnam: uno de los grandes regalos para el presupuesto

Si hay algo que con­tinúa sien­do mar­avil­losa­mente bara­to es com­er. Y aquí ten­emos que quitarnos de la cabeza la idea de que para com­er bara­to ten­dremos que sobre­vivir a base de bocadil­los del super­me­r­ca­do. Pre­cisa­mente la comi­da local es una de las cosas más económi­cas del via­je.

Un pla­to en un puesto calle­jero puede costarnos aprox­i­mada­mente entre 25.000 y 50.000 VND (menos de 2 euros), y en un restau­rante local podemos com­er per­fec­ta­mente por can­ti­dades que ron­dan los 80.000–150.000 VND (entre 3 y 5 euros). En establec­imien­tos más cuida­dos o clara­mente ori­en­ta­dos al tur­is­mo, evi­den­te­mente pagare­mos bas­tante más pero puedes com­er en restau­rantes locales con menús igual de sabrosos.

Y después están los cafés, que en Viet­nam son casi una cat­e­goría pre­supues­taria propia. Porque una empieza dicien­do que va a tomarse un café y ter­mi­na proban­do el café con hue­vo, el café de coco, el café sal­a­do y cualquier inven­to viet­na­mi­ta que aparez­ca en la car­ta. Sólo os digo que yo no soy muy cafetera y me he he con­ver­tido en adic­ta después de regre­sar de Viet­nam y traerme café Robus­ta y café de coco. Qué riquísi­mo. Un café sen­cil­lo puede ron­dar 25.000 VND (casi 1 euro) y uno prepara­do en una cafetería más mod­er­na aprox­i­mada­mente 55.000 VND, aunque en establec­imien­tos espe­cial­mente turís­ti­cos encon­traremos pre­cios supe­ri­ores.

Pre­cisa­mente por eso yo no inten­taría ahor­rar demasi­a­do en comi­da. Esta­mos hablan­do de uno de los país­es con una gas­tronomía más intere­sante de Asia, por no decir la que más, y la difer­en­cia entre com­er baratísi­mo y com­er muy bien sigue sien­do pequeña com­para­da con nue­stros pre­cios.

Moverse por las ciudades es muy barato

Otro aparta­do donde prob­a­ble­mente gas­taréis bas­tante menos de lo que imag­ináis es el trans­porte urbano. Nosotros uti­lizamos muchísi­mo Grab, espe­cial­mente cuan­do hacía demasi­a­do calor para cam­i­nar o cuan­do queríamos desplazarnos ráp­i­da­mente entre dos lugares. Y esa es una de las cosas que hacen que via­jar actual­mente por Viet­nam sea muchísi­mo más cómo­do que hace años.

Los trayec­tos urbanos cor­tos en taxi sue­len costar aprox­i­mada­mente entre 35.000 y 100.000 VND (1 a 3 euros), así que en cuan­to apreta­ba el calor, tirábamos de Grab.  Y sin­ce­ra­mente, en Agos­to, hay momen­tos en los que es dinero estu­pen­da­mente gas­ta­do.

Los trans­portes entre ciu­dades tam­poco dis­paran demasi­a­do el pre­supuesto pero Viet­nam es un país larguísi­mo y aquí sí ten­emos que reser­var una parte del pre­supuesto para desplazarnos.

Los auto­bus­es noc­turnos con­tinúan sien­do la alter­na­ti­va más bara­ta. En 2026 pueden encon­trarse trayec­tos lar­gos aprox­i­mada­mente entre 250.000 y 400.000 VND (entre 8,30–13,30 €), aunque los ser­vi­cios VIP o las fur­gone­tas más cómodas cues­tan algo más. El tren tam­bién sigue sien­do una opción fan­tás­ti­ca, espe­cial­mente si ten­emos tiem­po y quer­e­mos con­ver­tir el desplaza­mien­to en parte del via­je. Y luego están los vue­los inter­nos, que muchas veces com­pen­san enorme­mente porque las dis­tan­cias son mucho may­ores de lo que pare­cen sobre el mapa. Un Hanoi-Ho Chi Minh en tren puede ron­dar las 30 horas y des­de el cen­tro del país has­ta cualquiera de los extremos son habit­uales trayec­tos de unas 16 horas. Por eso, para via­jes de dos sem­anas, volar deter­mi­na­dos tramos puede ahor­rarnos muchísi­mo tiem­po.

Con aerolíneas de bajo coste podemos encon­trar vue­los inter­nos bas­tante económi­cos si reser­va­mos con tiem­po: entre 400.000 y 1.500.000 VND (entre 13,30 y 50 €), depen­di­en­do de la ruta y la tar­i­fa. 

Entradas, excursiones y actividades

Aquí es donde el pre­supuesto puede empezar a vari­ar enorme­mente depen­di­en­do de nues­tra man­era de via­jar.

Muchos tem­p­los, pago­das y lugares de interés cues­tan muy poco o inclu­so son gra­tu­itos. Una entra­da sen­cil­la puede ron­dar des­de 20.000 dongs has­ta aprox­i­mada­mente 250.000 VND para algu­nas atrac­ciones.

Después ten­emos las grandes excur­siones turís­ti­cas, que jue­gan en otra liga. Un crucero por la bahía de Ha Long, una excur­sión pri­va­da, deter­mi­nadas activi­dades en Hoi An o una expe­ri­en­cia orga­ni­za­da pueden aumen­tar con­sid­er­able­mente el gas­to diario. Y aquí es donde Viet­nam deja de ser nece­sari­a­mente «baratísi­mo». Si cada día hace­mos una excur­sión orga­ni­za­da, nos alo­jamos en buenos hote­les y coge­mos var­ios vue­los inter­nos, podemos ter­mi­nar gas­tan­do bas­tante dinero aunque la comi­da nos cueste cua­tro euros.

Entonces, ¿cuán­to dinero nece­si­to al día? Te voy a pon­er de ejem­p­lo que qui­tan­do alo­jamien­to, nosotros nos hemos gas­ta­do una media de 35 euros por per­sona / día sin cor­tarnos abso­lu­ta­mente de nada: comi­das, bebidas, entradas, masajes, tratamien­tos de belleza, com­pras, Grab, hela­dos, alquil­er de som­bril­las en la playa y cualquier capri­cho que se os ocur­ra. Pero yo mati­zaría mucho estas cifras porque depen­den de si esta­mos con­tan­do el alo­jamien­to por per­sona o por habitación y de cuán­tas excur­siones y trans­portes inter­nos hag­amos. Y todo esto sin incluir el vue­lo inter­na­cional des­de España, que es el gas­to que más puede alter­ar el pre­supuesto final.

Dinero en Vietnam

Una de las cosas que más desconcier­tan al lle­gar por primera vez a Viet­nam es con­ver­tirse de repente en mil­lonario. Cam­bias cien euros, miras todos aque­l­los bil­letes llenos de ceros y durante las primeras horas nece­si­tas deten­erte unos segun­dos cada vez que vas a pagar algo para com­pro­bar que no estás entre­gan­do diez veces más de lo que cor­re­sponde.

La mon­e­da ofi­cial es el dong viet­na­mi­ta (VND) y el bil­lete de may­or val­or es el de 500.000 dongs. Actual­mente no se uti­lizan mon­edas de man­era habit­u­al y prác­ti­ca­mente todo el efec­ti­vo que mane­jare­mos serán bil­letes. Al prin­ci­pio, tan­to cero resul­ta bas­tante con­fu­so. Pero os ase­guro que después de unos días vue­stro cere­bro empieza a pen­sar direc­ta­mente en cien­tos de miles de dongs y lle­ga un momen­to en el que pagar 80.000 por una comi­da o 35.000 por un café nos parece com­ple­ta­mente nor­mal.

Fijaos bien en los bil­letes antes de entre­gar­los. Algunos tienen col­ores rel­a­ti­va­mente pare­ci­dos y  especí­fi­ca­mente ojo a la simil­i­tud entre los bil­letes de 20.000 y 500.000 dongs. La difer­en­cia es enorme, así que espe­cial­mente durante los primeros días con­viene com­pro­bar dos veces lo que esta­mos dan­do.

Tarjetas

¿Hay que lle­var efec­ti­vo a Viet­nam? Sí. Aunque Viet­nam se ha mod­ern­iza­do muchísi­mo y cada vez resul­ta más sen­cil­lo pagar con tar­je­ta, yo no via­jaría depen­di­en­do exclu­si­va­mente de ella. Una de las grandes difer­en­cias que he encon­tra­do respec­to a mi primer via­je es pre­cisa­mente esta. Viet­nam uti­liza muchísi­mo más los pagos elec­tróni­cos que hace diecisi­ete años. En los hote­les, restau­rantes de cier­to niv­el, super­me­r­ca­dos, spas, agen­cias y com­er­cios turís­ti­cos encon­traremos con bas­tante fre­cuen­cia ter­mi­nales para pagar con Visa o Mas­ter­card.  Pero Viet­nam con­tinúa sien­do un país donde una parte impor­tan­tísi­ma de la vida cotid­i­ana fun­ciona con efec­ti­vo. Y pre­cisa­mente muchos de esos sitios son los que prob­a­ble­mente más nos intere­sen durante el via­je. Un pequeño restau­rante famil­iar, un puesto de comi­da calle­jera, un mer­ca­do, una tien­da dimin­u­ta, un vende­dor ambu­lante o deter­mi­nadas com­pras en zonas rurales pueden requerir dongs. Por eso, mi sis­tema es muy sen­cil­lo: tar­je­ta para los gas­tos impor­tantes y efec­ti­vo para el día a día.

No lle­varía enci­ma can­ti­dades enormes. Sacaría o cam­biaría dinero per­iódica­mente y dejaría el resto, jun­to con una segun­da tar­je­ta, guarda­do en el alo­jamien­to. Podemos lle­var euros y cam­biar­los una vez llegue­mos a Viet­nam o uti­lizar nues­tra tar­je­ta para sacar dongs direc­ta­mente de un cajero. De hecho, prob­a­ble­mente lo más prác­ti­co sea com­bi­nar ambos sis­temas.

Sin embar­go, hay una pecu­liari­dad curiosa: los viet­na­mi­tas uti­lizan muchísi­mo el pago medi­ante códi­gos QR, algo que ver­e­mos con­stan­te­mente. En un restau­rante dimin­u­to, en una cafetería o inclu­so en pequeños nego­cios ver­e­mos el códi­go colo­ca­do jun­to a la caja para que los clientes paguen direc­ta­mente con el móvil. El prob­le­ma es que muchos de estos sis­temas están vin­cu­la­dos a cuen­tas ban­car­ias y apli­ca­ciones viet­na­mi­tas, por lo que como tur­is­tas extran­jeros no siem­pre podremos uti­lizar­los de la mis­ma man­era que un res­i­dente. Por eso el efec­ti­vo con­tinúa sien­do nue­stro gran comod­ín.

Yo via­jaría con dos tar­je­tas Esta es una cos­tum­bre que ten­go prác­ti­ca­mente para cualquier via­je fuera de Europa: nun­ca depen­der de una úni­ca tar­je­ta. Lle­varía al menos dos y las guardaría sep­a­radas. Una puede ir con­mi­go durante el día y la otra quedarse en la caja fuerte del hotel. Porque una tar­je­ta puede blo­quearse. Podemos perder­la. Puede decidir mis­te­riosa­mente que no quiere fun­cionar en un cajero viet­na­mi­ta. Nos la pueden reten­er. O nue­stro ban­co puede inter­pre­tar que inten­tar pagar una cena en Da Nang es una operación sospe­chosa y blo­quear tem­po­ral­mente el uso (a Juan le ocur­rió una vez que inten­tó com­prar unas botas mien­tras estábamos de via­je en Cos­ta Rica). Y cuan­do esta­mos a diez mil kilómet­ros de casa, ten­er una segun­da tar­je­ta con­vierte lo que podría ser un prob­le­ma bas­tante serio en una sim­ple moles­tia.

Dinero en Vietnam

En las grandes ciu­dades y prin­ci­pales des­ti­nos turís­ti­cos exis­ten mul­ti­tud de cajeros y los encon­traremos tam­bién en los aerop­uer­tos inter­na­cionales. El prob­le­ma no suele ser encon­trar el cajero. El prob­le­ma son las comi­siones y los límites de reti­ra­da.

Depen­di­en­do del ban­co, algunos cajeros per­miten reti­rar sola­mente dos o tres mil­lones de dongs por operación, nosotros nos encon­tramos con dicha lim­itación varias veces, mien­tras que deter­mi­nadas enti­dades per­miten extrac­ciones de entre cin­co y diez mil­lones. Esto impor­ta bas­tante porque, si nue­stro ban­co cobra una comisión cada vez que sacamos dinero y además el cajero viet­na­mi­ta apli­ca la suya, realizar muchas reti­radas pequeñas puede ter­mi­nar salien­do bas­tante caro.

Antes de via­jar com­pro­baría qué condi­ciones tiene nues­tra tar­je­ta para sacar dinero fuera de la zona euro. Algu­nas tar­je­tas pen­sadas para via­jar ofre­cen unas condi­ciones muchísi­mo mejores que las de la ban­ca tradi­cional, espe­cial­mente en lo rel­a­ti­vo a las comi­siones por cam­bio de divisa.

Regla fun­da­men­tal en los cajeros: siem­pre dongs

Hay una pequeña tram­pa que no es exclu­si­va de Viet­nam y que encon­tramos cada vez más cuan­do via­jamos. Al pagar con tar­je­ta o reti­rar dinero, el ter­mi­nal puede ofre­cer­nos hac­er la con­ver­sión y mostrarnos direc­ta­mente el importe en euros. Parece muy cómo­do porque inmedi­ata­mente sabe­mos cuán­to esta­mos pagan­do pero nor­mal­mente no nos intere­sa acep­tar esa con­ver­sión.

Si nos pre­gun­tan si quer­e­mos que la operación se car­gue en euros o en mon­e­da local, yo ele­giría siem­pre VND, dongs viet­na­mi­tas. De esta man­era dejamos que sea nues­tra tar­je­ta o nue­stro ban­co quien real­ice la con­ver­sión según sus condi­ciones, en lugar de acep­tar el tipo de cam­bio prop­uesto por el cajero o ter­mi­nal. Las opera­ciones con tar­je­ta real­izadas den­tro de Viet­nam se efec­túan en dongs o se con­vierten a dongs, según las nor­mas viet­na­mi­tas. Por supuesto, esto fun­ciona espe­cial­mente bien si lle­va­mos una tar­je­ta que no cobre una comisión ele­va­da por cam­bio de divisa. Por eso merece la pena revis­ar estas condi­ciones antes de salir de España.

¿Dónde cambiar euros?

Cam­biar euros en Viet­nam tam­poco resul­ta com­pli­ca­do. Podemos hac­er­lo en ban­cos y establec­imien­tos autor­iza­dos de cam­bio, y los aerop­uer­tos inter­na­cionales cuen­tan tam­bién con ser­vi­cios donde con­seguir nue­stros primeros dongs al lle­gar. Yo no cam­biaría una can­ti­dad enorme en el aerop­uer­to sin com­parar el tipo de cam­bio. Para salir del paso, pagar un trans­porte o dispon­er de dinero durante las primeras horas puede venir fenom­e­nal, pero después podemos mirar tran­quil­a­mente otras opciones en la ciu­dad.

Y aquí haría otra recomen­dación: aunque durante muchos años se ha habla­do muchísi­mo de cam­biar dinero en joy­erías viet­na­mi­tas, yo uti­lizaría ban­cos o pun­tos de cam­bio autor­iza­dos. La reg­u­lación viet­na­mi­ta con­tem­pla expre­sa­mente ban­cos autor­iza­dos y agentes de cam­bio que oper­an bajo autor­ización para estas opera­ciones. No merece la pena com­pli­carnos por con­seguir unos pocos dongs más.

Tam­bién lle­varía algo de efec­ti­vo sep­a­ra­do del dinero que uti­lizamos habit­ual­mente. No hace fal­ta escon­der bil­letes en quince lugares difer­entes, pero sí evi­tar ten­er todo nue­stro dinero, las dos tar­je­tas y el pas­aporte jun­tos en la mis­ma cartera. Los bil­letes grandes pueden ser incó­mo­d­os Otro pequeño prob­le­ma prác­ti­co aparece cuan­do el cajero nos entre­ga var­ios bil­letes de 500.000 dongs. En un hotel o super­me­r­ca­do no ten­dremos ningún prob­le­ma pero inten­tar pagar una botel­la de agua o un café con un bil­lete grande puede ser bas­tante incó­mo­do.

Yo aprovecharía los establec­imien­tos grandes para cam­biar los bil­letes de 500.000 y con­seguir denom­i­na­ciones pequeñas. Son las que ter­minare­mos uti­lizan­do con­tin­u­a­mente para pequeños pagos, mer­ca­dos, puestos calle­jeros y trans­portes. Y antes de aban­donar un com­er­cio com­pro­baría siem­pre el cam­bio. No porque piense que estén inten­tan­do engañarnos, sino porque mane­jar can­ti­dades como 500.000, 200.000, 50.000 y 20.000 durante nue­stros primeros días puede resul­tar bas­tante con­fu­so.

Yo lle­varía el equiv­a­lente a unos 30–50 euros en dongs para los gas­tos cotid­i­anos, además de una tar­je­ta. Con eso ten­dremos de sobra para com­er, tomar cafés, hac­er pequeñas com­pras y mover­nos durante bue­na parte del día, y si surge un gas­to may­or, podemos pagar con tar­je­ta o sacar más dinero. Si vamos a desplazarnos a zonas rurales, hac­er una excur­sión o pasar var­ios días ale­ja­dos de grandes ciu­dades, sí aumen­taría la can­ti­dad. Pre­cisa­mente porque allí podemos encon­trar menos cajeros y establec­imien­tos que acepten tar­je­tas.

Internet en Vietnam: SIM y wifi

Ten­er inter­net en Viet­nam es facilísi­mo y, además, muy bara­to. Y pre­cisa­mente por eso voy a empezar este aparta­do con una recomen­dación bas­tante clara: yo no com­praría una eSIM inter­na­cional tipo Holafly para via­jar a Viet­nam. De ver­dad, no hagas caso a todos esos influ­encers que en Tik­Tok o Insta­gram recomien­dan Holafly porque es un jodi­do timo. Así, con todas las letras. ¿Por qué vas a pagar 40 euros por algo que en el país de des­ti­no te puede costar entre 5 y 10 euros?  En un país donde una SIM local cues­ta poquísi­mo, per­sonal­mente me parece una gilipollez pagar una can­ti­dad despro­por­ciona­da sim­ple­mente por la como­di­dad de lle­gar con inter­net acti­va­do des­de casa.

De hecho, Viet­nam es uno de esos des­ti­nos donde menos sen­ti­do le veo a gas­tarse una can­ti­dad impor­tante en una eSIM inter­na­cional. Aquí podemos com­prar una SIM local con 30, 60 e inclu­so más de 100 GB para un mes por aprox­i­mada­mente 120.000–300.000 dongs, es decir, alrede­dor de 4–10 euros depen­di­en­do del cam­bio y del paque­te con­trata­do. Que cada uno val­ore cuán­to está dis­puesto a pagar por esa como­di­dad pero per­sonal­mente pre­fiero dedicar la difer­en­cia a com­erme unos cuan­tos banh mi, tomarme veinte cafés viet­na­mi­tas o pagar unos cuan­tos Grab.

Por eso digo que las eSIM de este tipo me pare­cen un robo, aunque uti­li­zo la pal­abra en sen­ti­do colo­quial: no estoy dicien­do que exista ningún engaño, porque el pre­cio y las condi­ciones están per­fec­ta­mente indi­ca­dos. Lo que digo es que, para Viet­nam, la difer­en­cia de pre­cio frente a una SIM local me parece difí­cil de jus­ti­ficar.

Mi recomendación: comprar una SIM vietnamita

Nada más lle­gar com­praría una tar­je­ta de alguno de los tres grandes oper­adores del país: Viet­tel, Vina­phone o Mob­i­fone. Las tres com­pañías dispo­nen de redes 4G y 5G y fun­cio­nan per­fec­ta­mente en las prin­ci­pales ciu­dades y des­ti­nos turís­ti­cos. Si vais a hac­er una ruta bas­tante con­ven­cional por Hanoi, Hue, Da Nang, Hoi An o Ho Chi Minh, cualquiera de ellas puede servi­ros. Si vue­stro via­je incluye zonas rurales, mon­tañas del norte, Ha Giang, Cao Bang o lugares más aparta­dos, yo ele­giría Viet­tel, que actual­mente es la com­pañía con may­or cober­tu­ra en áreas remo­tas.

Nosotros fue la que usamos. Los pre­cios son real­mente bajos. Nosotros pag­amos por una SIM de 30 días con un máx­i­mo de 5 GB diar­ios (de sobra para dos per­sonas) unos 250.000 dongs (unos 8 euros). Podemos uti­lizar Google Maps con­stan­te­mente, pedir Grab, con­sul­tar restau­rantes, enviar fotografías, uti­lizar redes sociales, hac­er búsquedas y comu­ni­carnos por What­sApp sin estar miran­do cada cin­co min­u­tos cuán­tos megas nos quedan. Además, muchas veces com­pramos esos supuestos «datos ilim­i­ta­dos» porque sue­na estu­pen­da­mente cuan­do, en real­i­dad, durante dos sem­anas de vaca­ciones no vamos a nece­si­tar ni remo­ta­mente una can­ti­dad ilim­i­ta­da de datos.

Las SIM viet­na­mi­tas deben reg­is­trarse con los datos del usuario y nece­sitare­mos pre­sen­tar nue­stro pas­aporte orig­i­nal. Com­prar en una tien­da ofi­cial nos ase­gu­ra que la tar­je­ta que­da cor­rec­ta­mente reg­istra­da a nue­stro nom­bre. Las SIM ven­di­das sin reg­is­trar cor­rec­ta­mente pueden ter­mi­nar blo­queadas.

Podemos com­prar­la nada más ater­rizar en el aerop­uer­to y salir ya conec­ta­dos. Es la opción más cómo­da y prob­a­ble­mente la que ele­giría si llego cansa­da después de muchas horas de via­je y sim­ple­mente quiero pon­er Grab y mar­charme al hotel. Eso sí, en el aerop­uer­to nor­mal­mente pagare­mos algo más pero esta­mos hablan­do de pre­cios tan bajos que tam­poco con­ver­tiría esto en una mis­ión de ahor­ro extremo. Si por uno o dos euros más puedo salir del aerop­uer­to con el telé­fono fun­cio­nan­do, prob­a­ble­mente los pagaría. Vamos, que nosotros los pag­amos y nos quita­mos de his­to­ri­etas.

“Pero mi móvil tiene eSIM y no quiero cam­biar la tar­je­ta”. Per­fec­to. Com­prar una SIM local no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente com­prar una tar­je­ta físi­ca. Los oper­adores viet­na­mi­tas tam­bién dispo­nen de opciones eSIM. Es decir, podemos aprovechar la como­di­dad de una eSIM sin necesi­dad de pagar los pre­cios de un inter­me­di­ario inter­na­cional. Esta me parece una alter­na­ti­va espe­cial­mente intere­sante para quienes quieren con­ser­var su SIM españo­la den­tro del telé­fono para recibir men­sajes o códi­gos de ver­i­fi­cación. Podemos man­ten­er nues­tra línea habit­u­al y uti­lizar la línea viet­na­mi­ta exclu­si­va­mente para los datos.

Eso sí, antes de via­jar com­pro­bad que vue­stro telé­fono admite eSIM y, si uti­lizáis dos líneas simultánea­mente, ase­gu­raos de que los datos móviles están asig­na­dos a la SIM viet­na­mi­ta. Y desac­ti­vad la itin­er­an­cia de datos de la línea españo­la para evi­tar una desagrad­able sor­pre­sa en la fac­tura.

El wifi en Viet­nam fun­ciona estu­pen­da­mente. Y además prob­a­ble­mente uti­lizare­mos menos datos de los que pen­samos porque Viet­nam está lleno de wifi. Prác­ti­ca­mente todos los hote­les ofre­cen conex­ión gra­tui­ta y es habit­u­al encon­trar­la tam­bién en cafeterías, restau­rantes y otros establec­imien­tos. En las grandes ciu­dades la conex­ión suele ser bas­tante bue­na y las redes móviles viet­na­mi­tas tam­bién ofre­cen veloci­dades exce­lentes: en Hanoi y Ho Chi Minh el 5G puede alcan­zar habit­ual­mente veloci­dades de descar­ga próx­i­mas a los 100 Mbps.

En zonas rurales la situación cam­bia y el wifi puede ser bas­tante más lento o irreg­u­lar. Pre­cisa­mente por eso recomien­do dispon­er siem­pre de datos móviles y no con­fi­ar exclu­si­va­mente en las redes de hote­les y restau­rantes. Para mí, inter­net móvil es casi impre­scindible en Viet­nam fun­da­men­tal­mente por Grab y Google Maps. Grab nos va a solu­cionar muchísi­mos desplaza­mien­tos y nece­si­ta­mos conex­ión para pedir el vehícu­lo, localizar al con­duc­tor y com­pro­bar el trayec­to. Lo mis­mo ocurre cuan­do cam­i­namos por una ciu­dad, bus­camos nue­stro hotel o inten­ta­mos encon­trar aquel restau­rante que alguien nos recomendó. Tam­bién uti­lizare­mos con­tin­u­a­mente el tra­duc­tor, What­sApp, las reser­vas de hote­les, bil­letes elec­tróni­cos y apli­ca­ciones de trans­porte. Por eso no via­jaría depen­di­en­do úni­ca­mente del wifi.

Cuida­do con las redes públi­cas

Otra cosa difer­ente es conec­tarnos ale­gre­mente a cualquier wifi abier­to que aparez­ca. Para con­sul­tar Google Maps o bus­car dónde com­er no me pre­ocu­pa espe­cial­mente pero evi­taría realizar opera­ciones ban­car­ias, intro­ducir datos sen­si­bles o hac­er deter­mi­nadas com­pras uti­lizan­do una red públi­ca descono­ci­da. Para esas cosas pre­fiero uti­lizar los datos de mi propia SIM.

Tam­bién descar­garía antes de via­jar los mapas sin conex­ión de las zonas que vayamos a vis­i­tar. No porque en Viet­nam vayamos a quedarnos con­stan­te­mente sin cober­tu­ra, sino porque puede ocur­rir en una car­retera, una zona mon­tañosa o sim­ple­mente en el peor momen­to posi­ble.

Cómo moverse por Vietnam

El uso de Grab

Si tuviera que recomen­dar una sola apli­cación para insta­lar en el móvil antes de via­jar a Viet­nam, sería Grab. Para nosotros se ha con­ver­tido en una her­ramien­ta prác­ti­ca­mente impre­scindible y, después de uti­lizarla con­tin­u­a­mente durante el via­je, ten­go bas­tante claro que pre­fiero Grab antes que coger un taxi con­ven­cional por la calle.

No estoy dicien­do que todos los taxis­tas viet­na­mi­tas inten­ten engañar a los tur­is­tas, porque evi­den­te­mente no es así y exis­ten com­pañías per­fec­ta­mente fiables. Sim­ple­mente con­sidero que, tenien­do una apli­cación que me dice cuán­to voy a pagar, quién viene a recogerme, qué matrícu­la tiene el vehícu­lo, saber por dónde me está lle­van­do y que la empre­sa con­t­role que me he mon­ta­do en tal coche por lo que pue­da pasar (insis­to en que Viet­nam es un país segurísi­mo), no encuen­tro demasi­adas razones para com­pli­carme nego­cian­do con un taxi. Y esto, cuan­do esta­mos en un país que no cono­ce­mos y donde además no hablam­os el idioma, pro­por­ciona una tran­quil­i­dad enorme.

Grab nació en el sud­este asiáti­co como una alter­na­ti­va a los taxis tradi­cionales y actual­mente está extra­or­di­nar­i­a­mente implan­ta­da en Viet­nam. La com­pañía anun­ció que ya tenía pres­en­cia con var­ios de sus ser­vi­cios en las 34 provin­cias y ciu­dades admin­is­tra­ti­vas del país. Esto no sig­nifi­ca que vayamos a encon­trar la mis­ma can­ti­dad de coches disponibles en una pequeña local­i­dad que en Ho Chi Minh, evi­den­te­mente, pero en las prin­ci­pales ciu­dades turís­ti­cas fun­ciona estu­pen­da­mente.

Mi con­se­jo sería descar­gar la apli­cación antes de salir de España, crear la cuen­ta tran­quil­a­mente y dejar­la prepara­da. Cuan­do llegue­mos a Viet­nam, colo­camos nues­tra SIM local, abri­mos Grab y ya ten­emos solu­ciona­da bue­na parte de los desplaza­mien­tos urbanos.

Nosotros lo hemos uti­liza­do en Hoi An, Hue, Ho Chi Minh y Da Nang, y una de las cosas que más agradecí fue pre­cisa­mente olvi­darme de nego­ciar cada desplaza­mien­to. Abro la apli­cación, escri­bo dónde quiero ir, veo el pre­cio y deci­do si me intere­sa. Pun­to. Para mí la prin­ci­pal ven­ta­ja no es siquiera que pue­da resul­tar más bara­to, sino saber de ante­mano cuán­to me va a costar el trayec­to. Con un taxi tradi­cional siem­pre aparece esa pequeña incer­tidum­bre cuan­do esta­mos en un país extran­jero. ¿Pon­drá el taxímetro? ¿Será esta la tar­i­fa cor­rec­ta? ¿Me estará dan­do una vuelta innece­saria? ¿Ten­go que nego­ciar antes de subir? ¿Me ha enten­di­do real­mente cuan­do le he dicho dónde quiero ir?

Con Grab desa­parece bue­na parte de todo eso. Indicamos el des­ti­no direc­ta­mente en el mapa y la apli­cación nos mues­tra el pre­cio antes de con­fir­mar el vehícu­lo. Tam­bién cono­ce­mos los datos del con­duc­tor y podemos seguir el recor­ri­do medi­ante GPS. 

Y hay otra cosa que para mí es impor­tan­tísi­ma: no nece­si­ta­mos explicar la direc­ción. Esto parece una ton­tería has­ta que inten­ta­mos pro­nun­ciar cor­rec­ta­mente el nom­bre de una calle viet­na­mi­ta delante de alguien que no habla inglés. Con Grab el con­duc­tor ya tiene nue­stro des­ti­no en su telé­fono. Podemos estar delante de un tem­p­lo, de un restau­rante o de un hotel cuyo nom­bre somos inca­paces de pro­nun­ciar y no impor­ta demasi­a­do. Mar­camos el lugar en la apli­cación y lis­to. Por eso yo prác­ti­ca­mente he deja­do de uti­lizar taxis tradi­cionales en aque­l­los país­es asiáti­cos donde fun­cio­nan bien este tipo de apli­ca­ciones.

GrabCar: la opción que más utilizamos

La opción más pare­ci­da a un taxi con­ven­cional es Grab­Car. Solici­ta­mos un coche con con­duc­tor y la apli­cación nos indi­ca cuán­to costará el trayec­to. En Viet­nam los desplaza­mien­tos urbanos pueden resul­tar sor­pren­den­te­mente económi­cos. Como ref­er­en­cia, un recor­ri­do cor­to de unos tres a cin­co kilómet­ros puede ron­dar aprox­i­mada­mente entre 0,80 y 2 euros, aunque evi­den­te­mente el pre­cio cam­bia depen­di­en­do de la ciu­dad, la dis­tan­cia, la deman­da y el trá­fi­co.

Esto hace que una empiece el via­je dicien­do aque­l­lo de «vamos andan­do, que sola­mente son veinte min­u­tos» y ter­mine unos días después miran­do Grab para recor­rer dos kilómet­ros. Y en nue­stro caso hubo un moti­vo aña­di­do: el calor. Viet­nam en ver­a­no puede ser ago­ta­dor. Hay momen­tos en los que esos veinte min­u­tos andan­do bajo el sol y con una humedad tremen­da dejan de pare­cer una idea estu­pen­da. Cuan­do des­cub­ri­mos que un coche con aire acondi­ciona­do cues­ta poquísi­mo entre dos per­sonas, la tentación de pedir un Grab se vuelve bas­tante difí­cil de resi­s­tir.

Además, no con­sidero que uti­lizar Grab quite aut­en­ti­ci­dad al via­je. Nosotros cam­i­namos muchísi­mo pero hay desplaza­mien­tos que sen­cil­la­mente no apor­tan nada. Si ten­go que recor­rer cua­tro kilómet­ros por una aveni­da llena de trá­fi­co para lle­gar al sigu­iente lugar que quiero vis­i­tar, pre­fiero hac­er ese trayec­to en coche y guardar las pier­nas para recor­rer después un mer­ca­do, un bar­rio antiguo o una zona donde real­mente merece la pena cam­i­nar.

Después está Grab­Bike, que es exac­ta­mente lo que parece: en lugar de venir a bus­carnos un coche, viene una moto con con­duc­tor. Si via­jáis solos puede resul­tar una opción tremen­da­mente bara­ta y, además, bas­tante efi­caz para atrav­es­ar el trá­fi­co de Hanoi o Ho Chi Minh. Las motos pueden avan­zar por lugares donde un coche que­da com­ple­ta­mente atra­pa­do y el pre­cio suele ser sen­si­ble­mente infe­ri­or al de Grab­Car.  Aquí cada uno tiene que decidir has­ta dónde lle­ga su amor por la aven­tu­ra viet­na­mi­ta.

Yo entien­do per­fec­ta­mente que haya gente que vea el trá­fi­co de Ho Chi Minh durante cin­co min­u­tos y deci­da que no pien­sa subirse a una moto ni aunque le paguen. Tam­bién entien­do a quien con­sidere que recor­rer la ciu­dad detrás de un con­duc­tor viet­na­mi­ta for­ma parte de la expe­ri­en­cia. La ven­ta­ja frente a alquilar nosotros mis­mos una moto es evi­dente: con­duce alguien acos­tum­bra­do al trá­fi­co local

Además, des­de junio de 2026 Grab dispone inclu­so de un ser­vi­cio especí­fi­co de Grab­Bike con con­duc­tores de habla ingle­sa en Hanoi y Ho Chi Minh, después de haber­lo proba­do durante var­ios meses. No sig­nifi­ca que nece­site­mos hablar demasi­a­do con el con­duc­tor para uti­lizar un Grab­Bike nor­mal —el des­ti­no ya aparece en la apli­cación—, pero es una opción curiosa para quien se sien­ta más tran­qui­lo pudi­en­do comu­ni­carse en inglés.

Grab para ir y volver del aeropuerto

Otra uti­lización que me parece espe­cial­mente intere­sante es el trasla­do des­de el aerop­uer­to. Cuan­do ater­rizamos después de muchas horas de via­je es pre­cisa­mente cuan­do somos más vul­ner­a­bles a acep­tar la primera ofer­ta que aparece. Esta­mos cansa­dos, lle­va­mos las male­tas, quizá no ten­emos todavía demasi­a­do claro cuán­to vale la mon­e­da local y lo úni­co que quer­e­mos es lle­gar al hotel. Por eso yo com­pro­baría siem­pre cuán­to cues­ta Grab antes de acep­tar un taxi del aerop­uer­to.

Grab dispone de ser­vi­cios especí­fi­cos des­de deter­mi­na­dos aerop­uer­tos viet­na­mi­tas. En Hanoi, por ejem­p­lo, exis­ten actual­mente opciones de Grab­Car entre el aerop­uer­to y la ciu­dad, y la com­pañía tam­bién opera en los grandes aerop­uer­tos turís­ti­cos del país. Eso sí, aquí hay que prestar aten­ción a la zona de recogi­da. En algunos aerop­uer­tos los vehícu­los de apli­ca­ciones no pueden parar exac­ta­mente delante de cualquier puer­ta y ten­dremos que diri­girnos a un pun­to con­cre­to. La propia apli­cación suele indi­car­lo. Os lo digo porque nosotros tuvi­mos que dar un par de vueltas ya que no paran donde lo hacen los taxis. Y com­pro­bad siem­pre la matrícu­la antes de subir. En lugares con­cur­ri­dos pueden apare­cer var­ios vehícu­los prác­ti­ca­mente iguales y no sería la primera vez que alguien inten­ta entrar en el Grab de otra per­sona.

¿Hay que pagar Grab en efectivo?

Podemos uti­lizar efec­ti­vo o vin­cu­lar deter­mi­na­dos méto­dos de pago a la apli­cación, aunque las posi­bil­i­dades conc­re­tas pueden depen­der de nues­tra tar­je­ta y de la con­fig­u­ración de la cuen­ta. Per­sonal­mente, lle­varía siem­pre algo de efec­ti­vo aunque teng­amos una tar­je­ta reg­istra­da. En Viet­nam los dongs siguen sien­do tremen­da­mente útiles y así tam­poco depen­demos de que nues­tra tar­je­ta extran­jera deci­da fun­cionar per­fec­ta­mente en cada momen­to. Las ref­er­en­cias actuales sobre Grab en Viet­nam con­tinúan seña­lan­do el efec­ti­vo como una de las for­mas de pago más fiables para via­jeros.

Lo impor­tante es que, aunque pague­mos en efec­ti­vo, el pre­cio ya está fija­do en la apli­cación. Esa es pre­cisa­mente la difer­en­cia fun­da­men­tal respec­to a nego­ciar un vehícu­lo en la calle.

Hay una pre­cau­ción que apli­caría espe­cial­mente en aerop­uer­tos, esta­ciones y lugares muy turís­ti­cos: no os sub­áis sim­ple­mente al coche de alguien que se acerque dicien­do «Grab, Grab». Si hemos pedi­do un Grab, la apli­cación nos mues­tra el vehícu­lo, la matrícu­la y los datos del con­duc­tor. Com­pro­bad­los. No nece­si­ta­mos que aparez­ca espon­tánea­mente alguien ofre­cién­donos lle­varnos dicien­do que tam­bién tra­ba­ja para Grab (ocurre a menudo, os lo puedo ase­gu­rar). Si quer­e­mos uti­lizar la apli­cación, hace­mos la reser­va den­tro de la apli­cación. Parece evi­dente, pero después de doce horas de avión, car­gan­do con dos male­tas y rodea­d­os de gente ofre­cien­do trans­porte, no siem­pre pen­samos con la mis­ma clar­i­dad que cuan­do esta­mos tran­quil­a­mente leyen­do este artícu­lo des­de casa.

Los pre­cios pueden cam­biar según la deman­da. Grab no tiene siem­pre exac­ta­mente el mis­mo pre­cio para un trayec­to. Como ocurre con otras apli­ca­ciones sim­i­lares, la tar­i­fa puede aumen­tar cuan­do existe mucha deman­da, llueve, es hora pun­ta o hay pocos con­duc­tores disponibles. Si veo que un trayec­to que nor­mal­mente cues­ta muy poco aparece de repente a un pre­cio bas­tante supe­ri­or y no ten­go ningu­na prisa, espero diez min­u­tos y vuel­vo a com­pro­bar­lo. Pero inclu­so cuan­do la tar­i­fa aumen­ta sigo val­o­ran­do una cosa: sé cuán­to voy a pagar antes de subir.

Contratar el coche por horas

Grab ofrece además en Viet­nam ser­vi­cios que van más allá del sim­ple desplaza­mien­to de A a B. Por ejem­p­lo, actual­mente per­mite reser­var un Grab­Car por horas en ciu­dades como Hanoi, Ho Chi Minh y Da Nang. Esto puede resul­tar muy intere­sante si quer­e­mos vis­i­tar var­ios lugares ale­ja­dos entre sí durante una mañana o una tarde y no nos apetece estar pidi­en­do un coche nue­vo con­stan­te­mente. Nosotros lo hici­mos con un con­duc­tor que conoci­mos en Hue y nos cayó espe­cial­mente bien aunque reconoz­co que apal­abramos con él direc­ta­mente lo de estar con él toda la mañana y cer­rar el pre­cio sin depen­der de la apli­cación.

Tam­bién exis­ten ser­vi­cios de ida y vuelta durante cua­tro u ocho horas en difer­entes zonas del país, entre ellas Hanoi, Da Nang, Hue y Ninh Binh. Es una alter­na­ti­va que yo com­para­ría siem­pre con con­tratar un con­duc­tor pri­va­do a través del hotel o de una agen­cia. Algu­nas veces com­pen­sará Grab y otras con­seguire­mos mejor pre­cio nego­cian­do un coche con con­duc­tor para toda la jor­na­da.

Después de con­taros todas sus mar­avil­las, tam­poco quiero dar la impre­sión de que recomien­do recor­rer Viet­nam miran­do las ciu­dades des­de la ven­tanil­la de un coche. Todo lo con­trario. Viet­nam es un país para cam­i­narlo. Hay que meterse por los mer­ca­dos, entrar en calle­jones, deten­erse delante de un puesto de comi­da, des­cubrir cafeterías escon­di­das y obser­var esa vida calle­jera que prob­a­ble­mente sea una de las cosas más fasci­nantes del país.

Pero las ciu­dades viet­na­mi­tas pueden ser enormes y las dis­tan­cias engañan muchísi­mo sobre el mapa. En Ho Chi Minh podemos quer­er vis­i­tar dos lugares que pare­cen rel­a­ti­va­mente próx­i­mos y des­cubrir que ten­emos por delante una cam­i­na­ta larga, con un trá­fi­co tremen­do y un calor sofo­cante. Da Nang se extiende muchísi­mo y deter­mi­na­dos pun­tos turís­ti­cos están sep­a­ra­dos por var­ios kilómet­ros. Inclu­so en Hue hay desplaza­mien­tos para los que agrade­cer­e­mos ten­er un vehícu­lo.

Ahí es donde para mí entra Grab: no para susti­tuir los paseos, sino para elim­i­nar los trayec­tos que no apor­tan nada al via­je.

Moverse entre ciudades

Una de las cosas que más me gus­tan de Viet­nam es que resul­ta bas­tante fácil moverse por el país sin necesi­dad de alquilar un coche. De hecho, yo descar­taría prác­ti­ca­mente des­de el prin­ci­pio la idea de con­ducir por nues­tra cuen­ta. Entre el trá­fi­co, las motos, las nor­mas de cir­cu­lación que no siem­pre inter­pre­ta­mos de la mis­ma man­era que ellos y las difi­cul­tades rela­cionadas con los per­misos de con­duc­ción, creo que exis­ten alter­na­ti­vas muchísi­mo más cómodas. Y alter­na­ti­vas no fal­tan.  Podemos mover­nos en avión, tren, auto­bús, auto­bus­es cama, pequeñas fur­gone­tas tipo lim­ou­sine, bar­cos y, una opción que a mí me parece espe­cial­mente intere­sante, alquilar un coche con con­duc­tor.

Os comen­té antes que Viet­nam es larguísi­mo. Por eso yo no escogería un úni­co medio de trans­porte para todo el via­je. Viet­nam es uno de esos país­es donde lo inteligente es ir com­binán­do­los. Avión para sal­var grandes dis­tan­cias, tren para deter­mi­na­dos trayec­tos espe­cial­mente boni­tos, auto­bús para conex­iones donde no lle­ga el fer­ro­car­ril y coche con con­duc­tor cuan­do quer­e­mos con­ver­tir el desplaza­mien­to en una excur­sión.

Alquilar un coche con conductor

Cuan­do hablam­os de alquilar un coche en Viet­nam, yo no pen­saría en recoger unas llaves en el aerop­uer­to y pon­erme a con­ducir. Pen­saría en alquilar coche y con­duc­tor jun­tos. Y no esta­mos hablan­do nece­sari­a­mente de un ser­vi­cio de lujo. Un coche pri­va­do con con­duc­tor puede costar aprox­i­mada­mente entre 50 y 90 dólares por un día com­ple­to para un tur­is­mo, aunque nat­u­ral­mente depen­derá del recor­ri­do, las horas, el vehícu­lo y las paradas. Para un SUV o una fur­gone­ta el pre­cio será supe­ri­or. Nor­mal­mente la tar­i­fa se establece por vehícu­lo y no por per­sona, de modo que si via­jamos dos, tres o cua­tro per­sonas puede resul­tar mucho más razon­able de lo que ini­cial­mente parece. A mí me gus­ta espe­cial­mente para esos desplaza­mien­tos en los que ten­emos que cam­biar de ciu­dad pero hay varias cosas intere­santes por el camino.

Por ejem­p­lo, Hue-Hoi An pasan­do por el Hai Van Pass, hacien­do paradas tran­quil­a­mente durante el recor­ri­do. En lugar de con­sid­er­ar esas horas como un sim­ple trasla­do, con­ver­ti­mos el cam­bio de hotel en un día más del via­je. Y aquí está para mí la prin­ci­pal ven­ta­ja: podemos decir­le al con­duc­tor que quer­e­mos parar en un mirador, vis­i­tar un tem­p­lo, com­er en deter­mi­na­do lugar o deten­er­nos para hac­er fotografías. Lle­va­mos las male­tas en el coche y al ter­mi­nar el recor­ri­do nos deja direc­ta­mente en el sigu­iente hotel. Un Hue-Hoi An con paradas por el Hai Van Pass puede ron­dar aprox­i­mada­mente 55–95 dólares por vehícu­lo, mien­tras que un trayec­to sen­cil­lo Da Nang-Hoi An puede encon­trarse aprox­i­mada­mente entre 10 y 25 dólares por coche. Nosotros con­trata­mos el trayec­to de ida de Hoi An a Hue por 85 dólares, unos 70 euros al cam­bio.

Yo pre­gun­taría siem­pre en el hotel, com­para­ría con algu­na agen­cia local y pediría el pre­cio cer­ra­do antes de salir, dejan­do claro qué está inclu­i­do: com­bustible, pea­jes, aparcamien­tos, número de horas y paradas. Para una pare­ja puede com­pen­sar en deter­mi­nadas rutas y, si sois cua­tro per­sonas, haría números siem­pre antes de com­prar cua­tro bil­letes de otro trans­porte.

Aviones internos: imprescindibles si tenemos pocos días

Aquí reconoz­co que soy bas­tante prác­ti­ca. Si ten­go dos sem­anas para recor­rer Viet­nam, no voy a pasar 30 horas en un tren sim­ple­mente para poder decir que he atrav­es­a­do el país por tier­ra.

Los vue­los inter­nos son una de las grandes her­ramien­tas para orga­ni­zar una ruta por Viet­nam. Hanoi, Da Nang y Ho Chi Minh fun­cio­nan como los grandes nodos, pero exis­ten muchos otros aerop­uer­tos repar­tidos por el país, lo que per­mite saltarnos enormes dis­tan­cias en una o dos horas. La aerolínea nacional es Viet­nam Air­lines y suele dispon­er de una enorme can­ti­dad de fre­cuen­cias. Para bus­car tar­i­fas más económi­cas miraría espe­cial­mente Viet­Jet Air, que tiene una exten­sa red de vue­los domés­ti­cos y es una de las grandes com­pañías de bajo coste viet­na­mi­tas (nosotros la usamos para volar de Da Nang a Ho Chi Minh y luego regre­sar).  En cam­bio, no ten­dría demasi­a­do sen­ti­do volar entre ciu­dades próx­i­mas sim­ple­mente porque exista un aerop­uer­to.

Tam­bién dejaría cier­to mar­gen si el vue­lo domés­ti­co conec­ta después con nue­stro vue­lo inter­na­cional de regre­so a España. Si los bil­letes son inde­pen­di­entes, per­sonal­mente evi­taría lle­gar a Hanoi o Ho Chi Minh dos horas antes del vue­lo inter­na­cional con­fian­do en que abso­lu­ta­mente todo sal­ga per­fec­to.

Los trenes

Después ten­emos el tren, que es casi el extremo con­trario. Viet­nam dispone de una red fer­roviaria de aprox­i­mada­mente 2.600 kilómet­ros que comu­ni­ca el norte y el sur del país. Los trenes no son espe­cial­mente rápi­dos —la veloci­dad media ron­da los 40 km/h— pero pre­cisa­mente por eso hay trayec­tos en los que el fer­ro­car­ril se con­vierte en parte de la expe­ri­en­cia.

Ten­emos difer­entes cat­e­gorías: asien­tos y lit­eras, con dis­tin­tas clases de como­di­dad. Para trayec­tos noc­turnos yo ele­giría una lit­era blan­da, espe­cial­mente si vamos a pasar muchas horas den­tro del tren. Las cab­i­nas habit­uales de esta cat­e­goría cuen­tan con cua­tro lit­eras y ropa de cama sen­cil­la.

Pero no uti­lizaría el tren sim­ple­mente porque sea más «autén­ti­co». Un Hanoi-Ho Chi Minh de aprox­i­mada­mente 30 horas puede ser mar­avil­loso para alguien que ten­ga un mes y dis­frute espe­cial­mente de los via­jes fer­roviar­ios. Si ten­emos doce o quince días de vaca­ciones, para mí deja de ten­er demasi­a­do sen­ti­do.

En cam­bio, hay recor­ri­dos que sí haría en tren sin pen­sar­lo demasi­a­do. Uno de ellos es Hue-Da Nang, porque la línea atraviesa el espec­tac­u­lar Hai Van Pass, pegán­dose durante bue­na parte del trayec­to a la cos­ta. Este es uno de esos casos en los que yo no con­sidero que esté per­di­en­do tres horas desplazán­dome: con­sidero que estoy hacien­do una excur­sión mien­tras cam­bio de ciu­dad.

Nosotros pre­cisa­mente elegi­mos el tren para este trayec­to y creo que es una for­ma estu­pen­da de lle­gar a Da Nang. Si podéis ele­gir asien­to, inten­tad infor­maros pre­vi­a­mente de qué lado ofrece las mejores vis­tas al mar según el sen­ti­do de vue­stro recor­ri­do, porque ahí está bue­na parte de la gra­cia del via­je. En el de Hue-Da Nang elegid el lado izquier­do en direc­ción a la mar­cha. Dedi­caré un artícu­lo com­ple­to a lo boni­ta que nos pare­ció la expe­ri­en­cia del Her­itage Train porque es uno de los trayec­tos fer­roviar­ios más impre­sio­n­antes del mun­do.

Heritage Train Vietnam
El Her­itage Train es la ver­sión viet­na­mi­ta del Ori­ent Express

Los famosos autobuses cama vietnamitas

Y lleg­amos a uno de los trans­portes más car­ac­terís­ti­cos del país: los sleep­er bus­es o auto­bus­es cama. No esta­mos hablan­do sim­ple­mente de un auto­car con asien­tos un poco más reclin­ables. En muchos de ellos encon­tramos autén­ti­cas lit­eras o pequeñas cáp­su­las indi­vid­uales donde via­jamos prác­ti­ca­mente tum­ba­dos. Los ver­e­mos con­tin­u­a­mente y con­sti­tuyen uno de los prin­ci­pales medios de trans­porte de larga dis­tan­cia tan­to para viet­na­mi­tas como para via­jeros extran­jeros.

Los auto­bus­es cama están­dar pueden costar aprox­i­mada­mente 7–12 dólares, los VIP entre 12 y 20 y las cab­i­nas de cat­e­gorías supe­ri­ores pueden alcan­zar los 30–50 dólares depen­di­en­do de la ruta. Y aquí sí creo que merece la pena pagar un poquito más. En los mod­e­los están­dar las lit­eras pueden resul­tar bas­tante estre­chas, espe­cial­mente para una per­sona alta. Los VIP sue­len ten­er menos pasajeros, lit­eras algo más anchas, corti­nas para ten­er cier­ta intim­i­dad, luces indi­vid­uales y conex­iones USB. Después están los denom­i­na­dos cab­in bus­es, donde encon­tramos pequeños com­par­ti­men­tos mucho más pri­va­dos.

Una pecu­liari­dad bas­tante viet­na­mi­ta es que hay que quitarse los zap­atos al subir. Nor­mal­mente nos pro­por­cio­nan una bol­sa para guardar­los y entramos al auto­bús en cal­cetines o descal­zos. Otra pecu­liari­dad es el aire acondi­ciona­do. Yo lle­varía algo para abri­garme inclu­so aunque fuera haga 35 gra­dos. Los auto­bus­es asiáti­cos tienen esa mar­avil­losa capaci­dad para con­ver­tir un trayec­to por un país trop­i­cal en una expe­di­ción al Árti­co.

Los auto­bus­es cama fun­cio­nan espe­cial­mente bien para recor­ri­dos de seis, ocho o diez horas y per­miten además via­jar durante la noche y ahor­rarnos una noche de hotel. Hay rutas habit­uales entre Hanoi y Sapa, Hanoi y Hue, Ho Chi Minh y Da Lat, Nha Trang y otras muchas ciu­dades. Eso sí, no reser­varía cualquiera sim­ple­mente porque sea el más bara­to. La cal­i­dad de los vehícu­los y la con­duc­ción puede vari­ar bas­tante entre com­pañías. Miraría opin­iones recientes y, para un recor­ri­do noc­turno largo, escogería una empre­sa cono­ci­da aunque costara unos euros más.

Autobuses normales y los Open Bus

No todos los auto­bus­es viet­na­mi­tas son auto­bus­es cama. Para recor­ri­dos más cor­tos encon­traremos auto­cares con­ven­cionales, baratos y con muchísi­mas conex­iones entre ciu­dades. Son espe­cial­mente útiles para lle­gar a lugares donde no existe fer­ro­car­ril. Tam­bién existe des­de hace años el sis­tema de Open Tour Bus, muy pop­u­lar entre via­jeros que recor­ren Viet­nam sigu­ien­do la ruta clási­ca Hanoi-Hue-Hoi An-Nha Trang-Da Lat-Ho Chi Minh. Com­pramos difer­entes tramos y vamos avan­zan­do por el país uti­lizan­do auto­bus­es ori­en­ta­dos espe­cial­mente a tur­is­tas.

Estas rutas fun­cio­nan reg­u­lar­mente entre los prin­ci­pales des­ti­nos y recomien­da reser­var con uno o dos días de antelación en cir­cun­stan­cias nor­males. Si via­jamos durante una gran fes­tivi­dad viet­na­mi­ta, haced­lo inclu­so con un par de sem­anas de mar­gen. 

Las furgonetas limousine

Hay otra opción que cada vez encon­tramos más en Viet­nam y que merece su pro­pio aparta­do: las lla­madas lim­ou­sine vans. Que nadie imag­ine una limusi­na blan­ca de quince met­ros. Son pequeñas fur­gone­tas acondi­cionadas con pocos asien­tos grandes y reclin­ables, aire acondi­ciona­do y bas­tante más como­di­dad que un auto­bús con­ven­cional. Algu­nas tienen sola­mente nueve u once plazas y ofre­cen inclu­so recogi­da en deter­mi­na­dos hote­les.

Se uti­lizan muchísi­mo en rutas de unas pocas horas como Hanoi-Ninh Binh, Hanoi-Sapa o deter­mi­na­dos recor­ri­dos entre Hue y Hoi An. Cues­tan más que un auto­bús nor­mal, pero si la difer­en­cia es pequeña yo las ten­dría muy en cuen­ta. Para un recor­ri­do de cua­tro o cin­co horas, pre­fiero pagar unos euros más y via­jar cómo­da. Además, muchas evi­tan las grandes esta­ciones de auto­bus­es o real­izan recogi­das en lugares más cén­tri­cos, lo que tam­bién nos ahor­ra desplaza­mien­tos adi­cionales.

Barcos y ferris

En deter­mi­na­dos lugares de Viet­nam, el bar­co no es una excur­sión sino un ver­dadero medio de trans­porte. Lo nece­sitare­mos, por ejem­p­lo, para acced­er a algu­nas islas. Exis­ten fer­ris y bar­cos rápi­dos hacia des­ti­nos como Phu Quoc, Con Dao o Cat Ba, depen­di­en­do de nue­stro pun­to de par­ti­da y de la ruta que este­mos real­izan­do. Después están todos esos recor­ri­dos donde el bar­co for­ma parte insep­a­ra­ble de la expe­ri­en­cia: la bahía de Ha Long, Lan Ha Bay, el delta del Mekong, Tam Coc o Trang An.

Aquí dis­tin­guiría entre fer­ri de trans­porte y excur­sión turís­ti­ca. Si sim­ple­mente nece­si­ta­mos lle­gar a una isla, bus­caría el bar­co reg­u­lar y com­praría direc­ta­mente el bil­lete. Si quer­e­mos nave­g­ar por Ha Long o recor­rer los canales del Mekong, entonces ya esta­mos hablan­do de una activi­dad turís­ti­ca y com­para­ría cuida­dosa­mente qué incluye cada excur­sión. Y tam­bién ten­dría pre­sente el cli­ma. Los bar­cos son uno de los primeros trans­portes que pueden verse afec­ta­dos cuan­do apare­cen tor­men­tas fuertes o tifones, espe­cial­mente durante deter­mi­nadas épocas del año.

¿Dónde comprar los billetes?

Actual­mente orga­ni­zar estos desplaza­mien­tos es muchísi­mo más sen­cil­lo que hace años.

Los bil­letes de avión podemos com­prar­los direc­ta­mente en las pági­nas de las com­pañías. Para trenes, uti­lizaría pref­er­ente­mente los canales ofi­ciales de Viet­nam Rail­ways o platafor­mas de reser­va cono­ci­das, y para auto­bus­es exis­ten bus­cadores como Vexere, Bao­lau (que fue la que usamos nosotros, muy pop­u­lar en Viet­nam) o 12Go que per­miten com­parar horar­ios y com­pañías. 

Tam­bién podemos com­prar muchísi­mos trayec­tos direc­ta­mente en el hotel. Y esta es una opción que yo no descar­taría. A veces nos obse­sion­amos con reser­var abso­lu­ta­mente todo des­de España y después des­cub­ri­mos que en recep­ción pueden orga­ni­zarnos la fur­gone­ta del día sigu­iente, recoger­nos direc­ta­mente en el hotel y cobrarnos prác­ti­ca­mente lo mis­mo. Mi con­se­jo: com­bi­nar, com­bi­nar y com­bi­nar

No inten­taría recor­rer todo el país en tren porque alguien haya dicho que es la man­era más autén­ti­ca. Tam­poco cogería seis vue­los inter­nos porque sean rápi­dos. Y mucho menos alquilaría un coche con con­duc­tor durante quince días si existe un tren estu­pen­do entre dos de las ciu­dades que quiero vis­i­tar. Miraría cada desplaza­mien­to indi­vid­ual­mente. Para 800 kilómet­ros, prob­a­ble­mente avión. Para un trayec­to espe­cial­mente boni­to como Hue-Da Nang, tren. Para una ruta noc­tur­na de ocho horas que no ten­ga bue­na conex­ión fer­roviaria, auto­bús cama. Para cua­tro horas entre dos des­ti­nos turís­ti­cos, quizá una lim­ou­sine van. Para un desplaza­mien­to donde quiero hac­er tres vis­i­tas por el camino, coche con con­duc­tor. Y para moverme den­tro de las ciu­dades, como os con­ta­ba ante­ri­or­mente, Grab y mis propias pier­nas.

Mi ruta por Da Nang, Hoi An, Hue y Ho Chi Minh

A la hora de orga­ni­zar este via­je había una cuestión que para nosotros era fun­da­men­tal: yo ya conocía bue­na parte del norte de Viet­nam de mi ante­ri­or via­je al país. En aque­l­la ocasión había esta­do en Hanoi, había recor­ri­do la bahía de Ha Long y había subido has­ta los arroza­les de Sapa, así que esta vez no tenía demasi­a­do sen­ti­do repe­tir exac­ta­mente el mis­mo itin­er­ario. Quería cono­cer otro Viet­nam, uno que en aquel primer via­je se me había queda­do pen­di­ente, y por eso decidi­mos con­cen­trar bue­na parte de la ruta en el cen­tro del país y sumar­le la cap­i­tal, Ho Chi Minh, en el sur del país.

La elec­ción ter­minó lleván­donos a Hoi An, Hue y Da Nang, tres ciu­dades rel­a­ti­va­mente próx­i­mas entre sí y, sin embar­go, com­ple­ta­mente difer­entes. Y esa fue pre­cisa­mente una de las cosas que más me gus­taron del recor­ri­do. En pocos kilómet­ros pasamos de la ima­gen casi per­fec­ta de las calles ilu­mi­nadas por faro­lil­los de Hoi An al pasa­do impe­r­i­al de Hue y, después, a una Da Nang mod­er­na, exten­sa, llena de edi­fi­cios nuevos y abier­ta al mar. Era una Viet­nam que tenía muy poco que ver con la que yo record­a­ba de Hanoi, Sapa y Ha Long. Además, como comen­té antes, quisi­mos incor­po­rar Ho Chi Minh y dis­fru­tar de una de las ciu­dades míti­cas de Asia, la antigua Saigon.

Por eso nues­tra ruta no pre­tende ser, ni mucho menos, el itin­er­ario que recomen­daría a alguien que visi­ta Viet­nam por primera vez y quiere lle­varse una visión gen­er­al del país. Si nun­ca hubiera esta­do allí, prob­a­ble­mente habría inclu­i­do Hanoi y algún des­ti­no del norte. Nues­tra situación era difer­ente: pre­cisa­mente porque esa parte ya la conocía, podía per­mi­tirme dedicar muchos más días al cen­tro, via­jar con bas­tante más cal­ma y no caer en la tentación de inten­tar atrav­es­ar Viet­nam entero en ape­nas dos sem­anas.

Queríamos quedarnos var­ios días en los lugares, poder impro­vis­ar, des­cansar cuan­do nos apeteciera y cono­cer algo más que los cua­tro mon­u­men­tos impre­scindibles de cada ciu­dad. De ahí que acabáramos hacien­do cin­co noches en Hoi An, dos en Hue y cin­co en Da Nang, intro­ducien­do durante estos últi­mos días una escapa­da de dos noches a Ho Chi Minh.

¿Fue una dis­tribu­ción per­fec­ta? Segu­ra­mente no existe una ruta per­fec­ta que sir­va para todo el mun­do. Pero después de haber­la hecho, sí puedo decir que volvería a ele­gir el cen­tro de Viet­nam como pro­tag­o­nista de un segun­do via­je al país. Y, sobre todo, volvería a plantear­lo de la mis­ma man­era: menos ciu­dades, más tiem­po en cada una y la posi­bil­i­dad de des­cubrir cómo es Viet­nam cuan­do dejamos de cor­rer detrás de una lista de impre­scindibles.

Los hoteles en Vietnam

Una de las cosas que más fáciles me pare­cen a la hora de preparar un via­je a Viet­nam es encon­trar alo­jamien­to. Hay muchísi­ma ofer­ta, para prác­ti­ca­mente cualquier pre­supuesto y, sobre todo, la relación cal­i­dad-pre­cio con­tinúa sien­do extra­or­di­nar­ia. Podemos dormir en un hos­tel por muy poco dinero, alo­jarnos en una pequeña home­s­tay famil­iar, bus­car un hotel bou­tique con encan­to o darnos el capri­cho de un cua­tro o cin­co estrel­las que en Europa prob­a­ble­mente nos costaría varias veces más. La var­iedad es enorme.

Nosotros no via­jamos bus­can­do los hote­les más baratos posi­bles. Después de muchas horas cam­i­nan­do, calor, humedad y vis­i­tas, a mí me gus­ta volver a un hotel cómo­do, con una bue­na habitación, aire acondi­ciona­do y, si puede ser, pisci­na. Y Viet­nam es uno de esos país­es donde podemos per­mi­tirnos subir bas­tante el niv­el del alo­jamien­to sin dis­parar nece­sari­a­mente el pre­supuesto. De hecho, aquí recomien­do hac­er algo que no siem­pre hago en Europa: mirar hote­les de cua­tro estrel­las aunque ini­cial­mente pen­séis bus­car tres estrel­las. La difer­en­cia de pre­cio puede ser sor­pren­den­te­mente pequeña y, en cam­bio, podemos ganar una habitación mucho mejor, pisci­na, desayuno, gim­na­sio, spa o una ubi­cación estu­pen­da.

Eso sí, para mí hay algo inclu­so más impor­tante que las estrel­las: la zona. En Viet­nam podemos per­mi­tirnos coger Grab por muy poco dinero, pero tam­poco tiene sen­ti­do ele­gir un hotel lejísi­mos de todo para ahor­rar cin­co euros por noche y después perder una hora diaria desplazán­donos. Siem­pre miro primero dónde quiero pasar la may­or parte del tiem­po y después bus­co alo­jamien­to alrede­dor.

Hoi An: Cer­ca del cas­co antiguo pero no nece­sari­a­mente den­tro del meol­lo.  En Hoi An ten­emos que tomar una primera decisión: dormir prác­ti­ca­mente pega­dos al cas­co antiguo, alo­jarnos entre la ciu­dad y los arroza­les o mar­charnos hacia la zona de playa. Yo, para una primera estancia, bus­caría una ubi­cación des­de la que podamos lle­gar fácil­mente al cas­co antiguo pero sin necesi­dad de estar en medio de las calles más turís­ti­cas.

Hoi An es pequeña y uno de sus grandes plac­eres con­siste pre­cisa­mente en recor­rerla cam­i­nan­do o en bici­cle­ta. El cas­co antiguo es muy com­pacto y, una vez allí, prác­ti­ca­mente todos sus prin­ci­pales lugares de interés están a poca dis­tan­cia. Además, las car­reteras que salen de la ciu­dad atraviesan arroza­les y per­miten lle­gar hacia la cos­ta, por lo que exis­ten alo­jamien­tos estu­pen­dos algo ale­ja­dos del cen­tro sin que teng­amos la sen­sación de estar ais­la­dos.

Si el obje­ti­vo prin­ci­pal son unos días de playa, entonces podemos bus­car hacia An Bang, pero yo no ele­giría la cos­ta como úni­ca base si nues­tra pri­or­i­dad es cono­cer Hoi An. Ten­dremos que desplazarnos cada vez que quer­amos acer­carnos al cen­tro y, per­sonal­mente, pre­fiero hac­er­lo al revés: alo­jarme rel­a­ti­va­mente cer­ca de la ciu­dad y acer­carme a la playa cuan­do me apetez­ca.

  • Nues­tra elec­ción fue el Anio Bou­tique Hotel, prob­a­ble­mente el que más nos gustó de todo el via­je. Nos encan­tó que no estu­viera en pleno cen­tro de Hoi An (que era ago­b­iante de la de tur­is­tas que había) pero estábamos a ape­nas 20 min­u­tos andan­do o 5 min­u­tos de Grab. 

Hue: Aquí sí ele­giría una ubi­cación bas­tante cén­tri­ca. En Hue inten­taría alo­jarme en la zona com­pren­di­da entre el río Per­fume y el área más ani­ma­da de la ciu­dad, aprox­i­mada­mente alrede­dor de Phu Hoi y las calles próx­i­mas a Vo Thi Sau. Es una zona prác­ti­ca para encon­trar restau­rantes, cafeterías y ser­vi­cios y mover­nos después hacia los prin­ci­pales lugares de interés. La Ciu­dad Impe­r­i­al que­da al otro lado del río pero Hue no es una ciu­dad espe­cial­mente com­pli­ca­da para desplazarse y Grab nos solu­ciona per­fec­ta­mente las dis­tan­cias.

Tam­bién podemos dormir cer­ca de la Ciu­dad Impe­r­i­al si bus­camos un ambi­ente mucho más tran­qui­lo y nos intere­sa espe­cial­mente la parte históri­ca. Pero para una estancia de dos o tres noches yo pre­fiero estar en una zona donde pue­da salir del hotel por la noche y ten­er restau­rantes y algo de vida alrede­dor.

Hue tiene una ven­ta­ja aña­di­da: suele ofre­cer una relación cal­i­dad-pre­cio buenísi­ma. Podemos encon­trar hote­les bas­tante ele­gantes por can­ti­dades real­mente razon­ables. Y aquí apare­cen además algunos de esos hote­les históri­cos que a mí me gus­tan espe­cial­mente, edi­fi­cios de época colo­nial o establec­imien­tos con décadas de his­to­ria que for­man casi parte del via­je.

  •  Nues­tra elec­ción fue el Saigon Morin, uno de los grandes hote­les colo­niales viet­na­mi­tas. En pie des­de 1901, ha acogi­do a grandes cele­bri­dades como Charles Chap­lin (quien pasó aquí su luna de miel) o los reyes de Sue­cia. La ubi­cación es la mejor: a oril­las del río Per­fume y enfrente del puente Trường Tiên.

Da Nang: ¿Cen­tro o playa? Da Nang plantea prob­a­ble­mente la decisión más intere­sante de las tres ciu­dades del cen­tro porque podemos vivir dos expe­ri­en­cias bas­tante difer­entes depen­di­en­do del lado del río donde nos alo­je­mos.

Por una parte ten­emos el cen­tro urbano, alrede­dor del río Han, con mer­ca­dos, com­er­cios, restau­rantes y una vida mucho más local. Por otra, cruzan­do los puentes, encon­tramos toda la fran­ja de My Khe Beach, llena de hote­les, aparta­men­tos, restau­rantes y cafeterías. Yo, si regre­so, volvería a mirar la zona de My Khe, espe­cial­mente si voy a estar var­ios días.

Da Nang tiene kilómet­ros de playa y esta parte de la ciu­dad per­mite lev­an­tarnos por la mañana, cruzar la calle y estar prác­ti­ca­mente jun­to al mar. Al mis­mo tiem­po, el cen­tro que­da sufi­cien­te­mente cer­ca para lle­gar ráp­i­da­mente en Grab. La playa de My Khe se extiende hacia el sur des­de la penín­su­la de Son Tra y en toda esta zona se ha desar­rol­la­do una enorme ofer­ta de alo­jamien­to, des­de pequeños hote­les has­ta algunos de los resorts más lujosos del país.

Además, Da Nang es una ciu­dad muy exten­di­da. Aquí sí asumiría des­de el prin­ci­pio que vamos a uti­lizar Grab, inde­pen­di­en­te­mente de dónde dur­mamos. Lady Bud­dha, las Mon­tañas de Már­mol, el mer­ca­do Han, la playa o deter­mi­nadas zonas de restau­rantes no están todas con­cen­tradas alrede­dor de un mis­mo sitio. Por eso ele­giría el hotel pen­san­do más en dónde quiero des­per­tarme cada mañana que inten­tan­do estar equidis­tante de todo.

Si queréis playa, My Khe. Si prefer­ís mer­ca­dos, vida urbana y estar en la parte más viet­na­mi­ta de la ciu­dad, Hai Chau, al otro lado del río. Y si buscáis prin­ci­pal­mente un resort donde des­cansar unos días, entonces miraría más al sur, en direc­ción a las Mon­tañas de Már­mol y Hoi An. Da Nang con­cen­tra pre­cisa­mente algunos de los com­ple­jos hotele­ros de lujo más impor­tantes de Viet­nam.

  • Nues­tra elec­ción fue el Hadana Bou­tique Hotel. Situ­a­do en Pham Van Dong Street, en el bar­rio de An Hải, entre el cen­tro de la ciu­dad y la zona de la playa de My Khe. Esa ubi­cación es bas­tante prác­ti­ca porque per­mite ten­er rel­a­ti­va­mente cer­ca tan­to el río Han y el cen­tro como la playa. Tiene pisci­na exte­ri­or, spa, sauna, baño de vapor, gim­na­sio, restau­rante y desayuno buf­fet, además de habita­ciones bas­tante amplias

Ho Chi Minh: Para una primera visi­ta, Dis­tri­to 1. Es la opción más cómo­da si ten­emos pocos días porque con­cen­tra una enorme can­ti­dad de lugares que prob­a­ble­mente quer­re­mos cono­cer: el entorno de la antigua ofic­i­na de Corre­os, Notre Dame, la Ópera, Nguyen Hue, el mer­ca­do Ben Thanh y mul­ti­tud de restau­rantes, cafeterías, cen­tros com­er­ciales y edi­fi­cios históri­cos. Ho Chi Minh es gigan­tesca y el trá­fi­co puede ser tremen­do, así que aquí la ubi­cación del hotel tiene bas­tante más impor­tan­cia que en Hue o Hoi An. Alo­jarse muy lejos porque hemos encon­tra­do una habitación diez euros más bara­ta puede acabar sig­nif­i­can­do bas­tante tiem­po meti­dos en un coche.

Den­tro del Dis­tri­to 1 tam­bién hay difer­en­cias. La zona de Dong Khoi y Nguyen Hue es más ele­gante y encon­tramos muchos hote­les de cat­e­goría supe­ri­or. Alrede­dor de Ben Thanh ten­emos una ubi­cación tremen­da­mente prác­ti­ca y una ofer­ta enorme. Y hacia Bui Vien y Pham Ngu Lao encon­tramos el tradi­cional bar­rio mochilero, con alo­jamien­tos económi­cos y muchísi­ma vida noc­tur­na.

En Ho Chi Minh opta­mos por un alo­jamien­to bas­tante difer­ente a los hote­les que habíamos elegi­do en otras eta­pas del via­je. Nos quedamos en Charm­ing A Lit­tle Saigon Apart­ment , un pequeño hotelito tipo aparta­men­to situ­a­do en 145D Đường Đề Thám, en pleno Dis­tri­to 1. Y pre­cisa­mente la ubi­cación fue una de las razones para ele­girlo: queríamos estar en el cen­tro, poder mover­nos fácil­mente y ten­er restau­rantes, com­er­cios y bue­na parte del ambi­ente de la ciu­dad a mano, sin ten­er que depen­der con­tin­u­a­mente de Grab.

Está muy cer­ca de la ani­madísi­ma zona de Bùi Viện pero con una ven­ta­ja impor­tante: el alo­jamien­to se encuen­tra meti­do en uno de esos calle­jones tan car­ac­terís­ti­cos de Ho Chi Minh, por lo que que­da algo pro­te­gi­do del rui­do de las grandes avenidas. Esto es algo que con­viene ten­er en cuen­ta cuan­do se bus­ca alo­jamien­to en el Dis­tri­to 1, porque estar demasi­a­do cer­ca de las calles de bares puede con­ver­tirse en una expe­ri­en­cia bas­tante menos diver­ti­da cuan­do lle­ga la hora de dormir.

¿Cómo son los hoteles vietnamitas?

Aquí viene una de las partes bue­nas. En gen­er­al, son bas­tante mejores de lo que su pre­cio nos hace imag­i­nar. Por supuesto hay de todo y siem­pre debe­mos leer opin­iones recientes pero en la gama media es habit­u­al encon­trar habita­ciones amplias, aire acondi­ciona­do, baño pri­va­do, nev­era, hervi­dor de agua, ameni­ties, tele­visión y una recep­ción que fun­ciona casi siem­pre las 24 horas.

En las zonas turís­ti­cas, el per­son­al suele mane­jar sufi­ciente inglés para solu­cionar las cues­tiones habit­uales y además los hote­les son una autén­ti­ca agen­cia de via­jes impro­visa­da. Podemos pre­gun­tar en recep­ción por un coche con con­duc­tor, reser­var un trasla­do, con­tratar una excur­sión, com­prar un bil­lete de auto­bús o pedir que nos organ­i­cen el trans­porte has­ta la sigu­iente ciu­dad. Y eso en Viet­nam resul­ta comod­ísi­mo.

Los desayunos tam­bién sue­len ser bas­tante com­ple­tos en los hote­les de cat­e­goría media y supe­ri­or. Es habit­u­al encon­trar una mez­cla curiosa entre desayuno occi­den­tal y viet­na­mi­ta: fru­ta trop­i­cal, huevos prepara­dos al momen­to, tostadas y bollería jun­to a arroz, noo­dles, ver­duras, platos calientes e inclu­so pho. A mí me encan­ta esa primera mañana en Asia en la que todavía esta­mos pen­san­do en café y tostadas mien­tras en la mesa de al lado alguien se está toman­do tran­quil­a­mente una sopa de noo­dles a las siete y media.

Pisci­na: en ver­a­no yo la ten­dría muy en cuen­ta Si via­jáis en Julio o aAgos­to, yo miraría seri­amente que el hotel ten­ga pisci­na, espe­cial­mente en Hoi An y Da Nang. No porque vayamos a pasar las vaca­ciones tum­ba­dos en una hamaca, sino porque el calor y la humedad pueden resul­tar ago­ta­dores. Hay días en los que sal­imos tem­pra­no, visi­ta­mos cosas durante toda la mañana y a las dos de la tarde el cuer­po direc­ta­mente nos pide una tregua.

Volver al hotel, meter­nos media hora en la pisci­na, ducharnos y salir nue­va­mente cuan­do empieza a bajar el sol puede cam­biar com­ple­ta­mente el rit­mo del via­je. Y lo mejor es que en Viet­nam ten­er pisci­na no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente reser­var un hotel de lujo. Muchos establec­imien­tos de gama media cuen­tan con pisci­nas real­mente agrad­ables.

No os fiéis úni­ca­mente de las estrel­las. Esto tam­bién lo ten­dría muy pre­sente. La cat­e­goría hotel­era no siem­pre equiv­ale exac­ta­mente a lo que nosotros esper­amos de un tres, cua­tro o cin­co estrel­las europeo. Por eso yo miro muchísi­mo más las fotografías recientes y las opin­iones de los últi­mos hués­pedes. Me intere­sa saber si las habita­ciones están real­mente como apare­cen en las fotos, si el aire acondi­ciona­do fun­ciona bien, si hay rui­do, si las camas son cómodas, cómo es el desayuno y, sobre todo, si hay prob­le­mas repeti­dos de limpieza o man­ten­imien­to.

Tam­bién com­pro­baría si la habitación tiene ven­tana exte­ri­or. Parece evi­dente pero en las grandes ciu­dades viet­na­mi­tas exis­ten hote­les con­stru­i­dos en edi­fi­cios muy estre­chos donde algu­nas habita­ciones inte­ri­ores no tienen ven­tanas o tienen una pequeña aber­tu­ra hacia un patio. Nor­mal­mente la descrip­ción lo indi­ca y esas habita­ciones son más baratas. Yo pre­fiero pagar unos euros más y ten­er luz nat­ur­al.

Las home­s­tays las miraría espe­cial­mente en Hoi An, Ninh Binh, Sapa, el delta del Mekong o zonas rurales. Algu­nas son real­mente famil­iares y otras se pare­cen cada vez más a pequeños hote­les bou­tique. Lo impor­tante es leer bien qué esta­mos reser­van­do.

Mi regla para ele­gir hotel en Viet­nam sería no bus­car el hotel más bara­to; bus­caría el hotel que me dé más por mi dinero. Si por 22 euros ten­go una habitación cor­rec­ta y por 30 encuen­tro otra mucho mejor situ­a­da, con desayuno y pisci­na, prob­a­ble­mente escogeré la segun­da. Ahor­rar 8 euros para después pagar var­ios Grab, desayu­nar fuera y lle­gar ago­ta­da al hotel no me com­pen­sa. Viet­nam es uno de esos país­es donde podemos per­mi­tirnos ser un poquito más exi­gentes con el alo­jamien­to porque subir de cat­e­goría no siem­pre supone subir muchísi­mo el pre­supuesto. Y creo que merece la pena aprovechar­lo.

Qué llevar en la maleta para Vietnam

Preparar la male­ta para Viet­nam no tiene demasi­a­do mis­te­rio pero sí hay una idea que con­viene ten­er clara des­de el prin­ci­pio: cuan­to menos car­gue­mos, mejor. Sobre todo si vamos a mover­nos por varias ciu­dades, coger vue­los inter­nos, trenes, auto­bus­es o bar­cos. Viet­nam es un país muy fácil para via­jar ligero porque prác­ti­ca­mente cualquier cosa que olvidemos podremos com­prar­la allí y, en muchos casos, por bas­tante menos de lo que nos costaría en España.

Además, si via­jamos en ver­a­no, como hici­mos nosotros, prob­a­ble­mente ter­minare­mos uti­lizan­do una y otra vez las pren­das más lig­eras que lleve­mos. Con el calor y, sobre todo, con la humedad, esa camise­ta estu­pen­da que parecía impre­scindible cuan­do preparábamos la male­ta en Madrid puede con­ver­tirse ráp­i­da­mente en algo que no quer­e­mos volver a pon­er­nos.

Ropa fres­ca, lig­era y que se seque rápi­do

Si via­jáis en los meses calurosos, pri­orizaría ropa muy fres­ca y tran­spirable. Camise­tas lig­eras, vesti­dos, pan­talones amplios, shorts y teji­dos que no tar­den una eternidad en secarse. En Viet­nam la humedad puede ser con­sid­er­able y sudare­mos más de lo habit­u­al. Por eso tam­poco lle­varía úni­ca­mente pren­das de algo­dón grue­so que después nece­si­tan medio día para secarse. Los teji­dos finos y ligeros son muchísi­mo más prác­ti­cos. Yo la may­oría de los días lle­ga­ba al hotel con la camise­ta lit­eral­mente empa­pa­da.

Eso sí, lle­varía al menos un pan­talón largo o fal­da larga y algu­na pren­da que cubra los hom­bros. Nos ven­drá bien para entrar en deter­mi­na­dos tem­p­los, pago­das y lugares reli­giosos. En los espa­cios de cul­to con­viene vestir con cier­to respeto, evi­tan­do pren­das exce­si­va­mente cor­tas o des­cu­bier­tas.  Una solu­ción que me parece comod­ísi­ma es lle­var en la mochi­la un pañue­lo grande o una camisa muy fina. Ocu­pa poquísi­mo y nos puede sacar del apuro cuan­do nece­si­ta­mos cubrirnos los hom­bros.

Un imper­me­able fino. Si via­jamos durante la tem­po­ra­da de llu­vias, metería un chubas­quero muy fino y ple­gable. No hace fal­ta lle­var des­de España un imper­me­able téc­ni­co capaz de sobre­vivir a una expe­di­ción por el Himalaya.

En Viet­nam encon­traremos los típi­cos pon­chos de plás­ti­co por todas partes y cues­tan muy poco, al cam­bio unos 2 euros. Cuan­do empieza a caer una tor­men­ta trop­i­cal, apare­cen vende­dores de imper­me­ables casi por gen­eración espon­tánea. Además, con el calor que hace, lle­var una cha­que­ta imper­me­able grue­sa puede ser bas­tante peor que mojarse.

Lo que sí pro­te­gería espe­cial­mente es el telé­fono, el pas­aporte y la doc­u­mentación. Una pequeña bol­sa imper­me­able o fun­da estanca ocu­pa poquísi­mo y puede venir fenom­e­nal cuan­do el cielo decide abrirse de repente. Yo siem­pre las llev­a­ba en el bol­so.

Algo de abri­go aunque fuera haga 35 gra­dos Esto puede pare­cer absur­do has­ta que subi­mos a nue­stro primer auto­bús viet­na­mi­ta. Yo lle­varía una sudadera fina, una cha­que­ta lig­era o un pañue­lo grande aunque via­je­mos en pleno agos­to. No nece­sari­a­mente para uti­lizar­lo en la calle (que ahí no lo vais a usar), sino para los aviones, trenes, auto­bus­es y deter­mi­na­dos restau­rantes y cen­tros com­er­ciales. En Asia existe una relación bas­tante pecu­liar con el aire acondi­ciona­do: podemos pasar de 35 gra­dos y una humedad tremen­da en la calle a sen­tir que hemos entra­do en una cámara frig­orí­fi­ca.

Y si vais al norte durante el invier­no, entonces la his­to­ria cam­bia com­ple­ta­mente. En Hanoi puede refres­car bas­tante entre diciem­bre y febrero y en zonas mon­tañosas como Sapa o Ha Giang nece­sitare­mos autén­ti­ca ropa de abri­go. Viet­nam no tiene un úni­co cli­ma y la male­ta debe adap­tarse a nues­tra ruta y a la época del año.

Calza­do: como­di­dad antes que estéti­ca

Aquí no ten­dría ningu­na duda: unas zap­atil­las cómodas, unas san­dalias y chan­clas de pisci­na. Vamos a cam­i­nar muchísi­mo. Las ciu­dades viet­na­mi­tas no siem­pre tienen las aceras más cómodas del mun­do y muchas veces estarán ocu­padas por motos, mesas, pequeños nego­cios o puestos de comi­da, así que ter­minare­mos subi­en­do, bajan­do, esquivan­do obstácu­los y cam­i­nan­do por super­fi­cies bas­tante irreg­u­lares.

Para vis­i­tas largas uti­lizaría zap­atil­las cómodas y tran­spirables y, sobre todo, que se sequen rápi­do si llueve: las san­dalias deporti­vas son ide­ales. Y lle­varía tam­bién unas san­dalias fáciles de quitar y pon­er. Son espe­cial­mente prác­ti­cas para deter­mi­na­dos tem­p­los y alo­jamien­tos donde ten­dremos que descalzarnos.  Si vamos a hac­er senderis­mo serio por Sapa, Ha Giang o algu­na zona mon­tañosa, entonces sí val­o­raría lle­var un calza­do especí­fi­co, espe­cial­mente durante la época de llu­vias, cuan­do los caminos pueden con­ver­tirse en autén­ti­cos bar­riza­les.

Pro­tec­ción solar: impre­scindible

Viet­nam tiene muchas horas de sol inten­so y yo lle­varía pro­tec­tor solar con un fac­tor ele­va­do (yo,  que soy rubia y blan­quísi­ma, nun­ca uso nada infe­ri­or a 50), gafas de sol y algu­na gor­ra o som­brero. Esto resul­ta espe­cial­mente impor­tante si vamos a pasar días en Da Nang, Hoi An, Nha Trang, Phu Quoc o cualquier des­ti­no de playa, pero tam­bién durante las vis­i­tas urbanas. A veces no somos con­scientes de cuán­to sol esta­mos reci­bi­en­do porque esta­mos entran­do y salien­do de tem­p­los, mer­ca­dos y cafeterías. Cuan­do nos damos cuen­ta por la noche, ya es demasi­a­do tarde. Muchas tardes, pese a embadurn­arme de cre­ma, lle­ga­ba con los hom­bros más rojos que Lucifer hacien­do spin­ning.

Podemos com­prar pro­tec­tor solar en Viet­nam, evi­den­te­mente, pero este sí es uno de esos pro­duc­tos que pre­fiero lle­var des­de España porque uti­li­zo uno que conoz­co, sé que me fun­ciona y no me da aler­gia.

Repe­lente de mos­qui­tos

Tam­bién lle­varía un buen repe­lente de mos­qui­tos, tan­to para cuer­po como ropa, espe­cial­mente si vamos a zonas rurales, arroza­les, el delta del Mekong o lugares con mucha vegetación.En Viet­nam existe ries­go de enfer­medades trans­mi­ti­das por mos­qui­tos, entre ellas el dengue, y el Min­is­te­rio de Asun­tos Exte­ri­ores español recomien­da expre­sa­mente adop­tar medi­das para evi­tar las pica­duras.

No se tra­ta de vivir obse­sion­a­dos con los mos­qui­tos durante todo el via­je, sino de uti­lizar repe­lente, espe­cial­mente al amanecer y al atarde­cer y cuan­do nos encon­tremos en zonas donde haya muchos. Si vamos a hac­er excur­siones por áreas rurales tam­bién pueden resul­tar útiles los pan­talones lar­gos y las man­gas finas.

Un pequeño botiquín

Yo siem­pre lle­vo un botiquín bási­co, pero bási­co sig­nifi­ca exac­ta­mente eso. Anal­gési­co, algún medica­men­to para prob­le­mas diges­tivos que sep­a­mos que tol­er­amos, tir­i­tas, desin­fec­tante, med­icación habit­u­al y poco más. Si nece­si­ta­mos algo cor­ri­ente durante el via­je, en las grandes ciu­dades viet­na­mi­tas encon­traremos far­ma­cias sin demasi­a­da difi­cul­tad.

Lo que sí lle­varía des­de España es cualquier medica­men­to que tomem­os habit­ual­mente, en can­ti­dad sufi­ciente para todo el via­je y preferi­ble­mente den­tro de su envase orig­i­nal. Para deter­mi­na­dos medica­men­tos puede ser con­ve­niente lle­var tam­bién la rec­eta o un informe médi­co, espe­cial­mente si con­tienen sus­tan­cias someti­das a con­trol (yo siem­pre lle­vo la hoja de med­icación por si aca­so). El Min­is­te­rio de Asun­tos Exte­ri­ores recomien­da com­pro­bar pre­vi­a­mente las restric­ciones viet­na­mi­tas si via­jamos con med­icación especí­fi­ca.

Y, por supuesto, no olvi­daría un buen seguro de via­je, del que ya os he habla­do ante­ri­or­mente.

Adap­ta­dor

Prob­a­ble­mente no lo nece­sitéis pero com­pro­bad­lo Viet­nam uti­liza prin­ci­pal­mente 220 V y 50 Hz y podemos encon­trarnos enchufes de tipos A, C y F. La bue­na noti­cia es que muchos hote­les dispo­nen de enchufes com­pat­i­bles con las clav­i­jas euro­peas y en bas­tantes casos podremos conec­tar direc­ta­mente nue­stros aparatos. Aun así, yo lle­vo siem­pre un pequeño adap­ta­dor uni­ver­sal cuan­do via­jo por Asia. Ocu­pa poquísi­mo y me evi­ta encon­trarme a las once de la noche con un 4 % de batería y des­cubrir que jus­to mi habitación tiene el enchufe que no esper­a­ba.

Muchísi­mo más útil me parece lle­var un car­gador con varias sal­i­das USB. Entre dos per­sonas podemos ter­mi­nar car­gan­do dos telé­fonos, una batería exter­na, reloj, cámara y cualquier otro apara­to, y no siem­pre ten­dremos cin­co enchufes jun­to a la cama.

Una batería exter­na 

El telé­fono se va a con­ver­tir en nue­stro cen­tro de opera­ciones. Lo uti­lizare­mos para Grab, Google Maps, fotografías, What­sApp, tra­duc­tor, reser­vas, bil­letes y búsquedas con­stantes. Eso sig­nifi­ca que la batería puede desa­pare­cer muchísi­mo más rápi­do de lo habit­u­al. Por eso lle­varía una pow­er bank sufi­cien­te­mente bue­na para car­gar el telé­fono al menos una vez. Nosotros a fal­ta de una, lle­va­mos dos.

Eso sí, recor­dad que las baterías exter­nas deben via­jar en el equipa­je de mano y no den­tro de la male­ta fac­tura­da. Las nor­mas inter­na­cionales de aviación exi­gen trans­portar las baterías de litio de repuesto y las baterías exter­nas en cab­i­na.

Mochi­la pequeña para el día a día

Además de la male­ta, lle­varía una mochi­la pequeña o bol­so cómo­do para las vis­i­tas. Ahí ter­mi­narán vivien­do el telé­fono, batería exter­na, botel­la de agua, gafas de sol, repe­lente, pañue­lo, imper­me­able fino y prob­a­ble­mente algu­na com­pra que hag­amos por el camino. No lle­varía una mochi­la enorme. Con el calor, car­gar durante ocho horas con diez kilos a la espal­da no tiene ningu­na gra­cia.

Y si lle­va­mos una mochi­la en lugares muy con­cur­ri­dos, apli­caría las mis­mas pre­cau­ciones que en cualquier gran ciu­dad: doc­u­mentación y dinero bien guarda­dos y nada impor­tante en bol­sil­los exte­ri­ores fácil­mente acce­si­bles.

Espa­cio libre para las com­pras

Y esta recomen­dación puede pare­cer poco seria, pero después no digáis que no os avisé: dejad espa­cio en la male­ta. Viet­nam es un país tremen­da­mente peli­groso para quienes nos gus­ta com­prar. Ropa, arte­sanía, café, recuer­dos, bol­sos, obje­tos de dec­o­ración, seda, pro­duc­tos locales… Y si pasamos por Hoi An, además, podemos ter­mi­nar encar­gan­do ropa, zap­atos o cualquier otra cosa que no esta­ba pre­vista cuan­do sal­imos de España. Que fue lo que hici­mos. Nosotros regre­samos con bas­tante más de lo que llevábamos.

Por eso yo no sal­dría de casa con una male­ta per­fec­ta­mente llena has­ta el últi­mo cen­tímetro. Inclu­so puede com­pen­sar meter den­tro una bol­sa ple­gable que podamos uti­lizar como equipa­je adi­cional al regre­so si nues­tra tar­i­fa aérea lo per­mite.

No car­guéis con cosas que podéis com­prar allí. Esta sería prob­a­ble­mente mi prin­ci­pal recomen­dación. No hace fal­ta via­jar con quince camise­tas, cua­tro botes de cham­pú, seis pares de zap­atos y medica­men­tos sufi­cientes para abrir una far­ma­cia. Viet­nam tiene super­me­r­ca­dos, cen­tros com­er­ciales, mer­ca­dos, tien­das de con­ve­nien­cia, far­ma­cias y abso­lu­ta­mente todo lo nece­sario para sobre­vivir a unas vaca­ciones. Además, com­prar allí algu­na pren­da lig­era si nos hace fal­ta puede costarnos muy poco. Cuan­to más nos mova­mos durante el via­je, más agrade­cer­e­mos haber hecho una male­ta razon­able.

Para unas dos sem­anas de via­je en época calurosa, yo lle­varía ropa lig­era para aprox­i­mada­mente una sem­ana y aprovecharía los ser­vi­cios de lavan­dería. Esto es algo que en Viet­nam fun­ciona estu­pen­da­mente. Muchos hote­les, home­s­tays y pequeñas lavan­derías lavan la ropa por kilos y los pre­cios son muy económi­cos, a razón de 1 euro el kilo (e inclu­so menos). Dejamos una bol­sa por la mañana y en muchas oca­siones la recu­per­amos limpia, seca y dobla­da ese mis­mo día o al sigu­iente.

Porque si hay algo que he apren­di­do después de muchos via­jes es que nun­ca me he arrepen­ti­do de lle­var una male­ta demasi­a­do lig­era, pero sí muchas veces de haber car­ga­do con cosas que han recor­ri­do diez mil kilómet­ros para regre­sar a España exac­ta­mente igual de dobladas que cuan­do salieron de casa.

Comer en Vietnam

Si hay un aparta­do del pre­supuesto en el que resul­ta ver­dadera­mente difí­cil gas­tar mucho dinero en Viet­nam es la comi­da. Y lo mejor de todo es que com­er bara­to aquí no sig­nifi­ca ali­men­ta­rnos mal, tirar de super­me­r­ca­dos o sobre­vivir a base de bocadil­los durante dos sem­anas. Más bien ocurre lo con­trario: muchas veces cuan­to más local es el sitio, más bara­to comem­os y más intere­sante resul­ta la expe­ri­en­cia. Recor­dad que ya escribí un artícu­lo ded­i­ca­do al tema, Viet­nam: la mejor comi­da calle­jera del mun­do por menos de un euro.

Viet­nam es un país donde la comi­da sucede en la calle. Se coci­na en las aceras, se desayu­na en pequeños locales abier­tos a la car­retera, apare­cen bar­ba­coas cuan­do empieza a caer la tarde y vemos con­tin­u­a­mente esos tabu­retes de plás­ti­co dimin­u­tos que pare­cen dis­eña­dos para niños de cin­co años pero sobre los que se sien­ta tran­quil­a­mente medio país. Y mi primera recomen­dación sería pre­cisa­mente esa: no tengáis miedo de com­er en sitios locales.

Nosotros lo hici­mos con­stan­te­mente. Evi­den­te­mente tam­bién entramos en restau­rantes más boni­tos y caros cuan­do nos apetecía, pero algu­nas de las comi­das que más recuer­do del via­je fueron pre­cisa­mente en establec­imien­tos sin ningu­na dec­o­ración espe­cial, con cua­tro mesas, ven­ti­ladores dan­do vueltas en el techo y una car­ta que en oca­siones había que descifrar con ayu­da del telé­fono.

Com­er por uno, dos o tres euros sigue sien­do posi­ble. Aunque Viet­nam se ha encar­e­ci­do y en las zonas más turís­ti­cas encon­tramos restau­rantes con pre­cios bas­tante más ele­va­dos, com­er comi­da viet­na­mi­ta con­tinúa sien­do extra­or­di­nar­i­a­mente bara­to. Como ref­er­en­cia, un pla­to en un puesto calle­jero o restau­rante local suele costar aprox­i­mada­mente entre 30.000 y 80.000 dongs, alrede­dor de uno a tres euros. Una comi­da en un restau­rante de gama media puede situ­arse entre 100.000 y 300.000 VND por per­sona, depen­di­en­do nat­u­ral­mente del lugar, de lo que pidamos y de si añadi­mos bebidas. Y no esta­mos hablan­do nece­sari­a­mente de una pequeña ración.

En Viet­nam puedes com­er un hot pot de marisco en primera línea de playa por cin­co euros por per­sona…

Un buen bol de pho puede ron­dar los 40.000–60.000 VND; un banh mi, aprox­i­mada­mente 20.000–40.000; un bun bo Hue, alrede­dor de 35.000–60.000, y un pla­to de com tam, unos 35.000–60.000 VND. Son pre­cios ori­en­ta­tivos y, como siem­pre, en las zonas más turís­ti­cas pagare­mos algo más. Esto hace que ocur­ra algo bas­tante curioso durante el via­je. Al prin­ci­pio seguimos con­vir­tien­do men­tal­mente todo a euros y pen­samos: «¿Cómo puede costar esto euro y medio?». A los pocos días dejamos de hac­er la con­ver­sión y empezamos a dis­cu­tir si 70.000 dongs por un pla­to nos parece caro. Nos adap­ta­mos muy rápi­do.

Yo uti­li­zo un méto­do bas­tante poco cien­tí­fi­co y que me suele fun­cionar estu­pen­da­mente: si veo un pequeño establec­imien­to lleno de gente local, me da bas­tante más con­fi­an­za que un restau­rante vacío con una car­ta gigan­tesca tra­duci­da a cin­co idiomas. Espe­cial­mente cuan­do hablam­os de puestos calle­jeros.

Un sitio donde hay mucho movimien­to tiene una rotación con­stante de ingre­di­entes. La comi­da sale con­tin­u­a­mente de la coci­na y los pro­duc­tos no per­manecen horas esperan­do clientes. Además, si hay diez viet­na­mi­tas comien­do allí y el puesto sola­mente prepara dos platos, prob­a­ble­mente esos dos platos los pre­paren bas­tante bien. De hecho, una de las car­ac­terís­ti­cas más intere­santes de la comi­da calle­jera viet­na­mi­ta es pre­cisa­mente la espe­cial­ización.

Y después están los quán, esos pequeños restau­rantes viet­na­mi­tas donde come la gente del bar­rio. A mí me gus­tan muchísi­mo estos últi­mos. Pequeños nego­cios que lle­van años hacien­do prác­ti­ca­mente una sola cosa. Pho. Bun cha. Banh xeo. Arroz. Banh mi. No nece­si­tan una car­ta de doce pági­nas porque su rep­utación depende de hac­er bien ese pla­to con­cre­to.  Y esta es una de las cosas que más me gus­tan de com­er en Asia.

A veces el mejor restau­rante del día no tiene pági­na web, no acep­ta reser­vas y prob­a­ble­mente tam­poco sabríamos explicar exac­ta­mente dónde está. Sim­ple­mente pasamos por delante, vemos humo salien­do de una par­ril­la, diez per­sonas sen­tadas alrede­dor de unas mesas minús­cu­las y pen­samos: aquí tiene que com­erse bien. No tengáis miedo de los puestos calle­jeros pero uti­lizad el sen­ti­do común. Sé que la comi­da calle­jera gen­era bas­tantes dudas antes de via­jar. ¿Es segu­ra? ¿Me voy a pon­er enfer­mo? ¿Puedo com­er ensal­adas? ¿Qué pasa con el hielo?

Yo no apli­caría ni la para­noia abso­lu­ta ni la filosofía de que nue­stro estó­ma­go puede con abso­lu­ta­mente todo. Uti­lizaría el sen­ti­do común. Pre­fiero un puesto lleno de clientes donde están coci­nan­do con­tin­u­a­mente delante de mí que una ban­de­ja de comi­da prepara­da que lle­va quién sabe cuán­to tiem­po expues­ta al calor. Bus­caría ali­men­tos recién coci­na­dos y servi­dos calientes, obser­varía mín­i­ma­mente la limpieza y evi­taría carnes o mariscos crudos que hayan per­maneci­do mucho tiem­po a tem­per­atu­ra ambi­ente. 

Con el agua sí sería mucho más clara: yo no bebería agua del gri­fo. Agua embotel­la­da y asun­to solu­ciona­do. Y no viviría obse­sion­a­da con cada cubito de hielo que aparece delante de mí. En establec­imien­tos turís­ti­cos, hote­les, cafeterías y restau­rantes nor­males se uti­liza habit­ual­mente hielo com­er­cial. Otra cosa es que este­mos en un lugar donde las condi­ciones higiéni­cas nos pro­duz­can clara­mente descon­fi­an­za.

No existe una úni­ca coci­na viet­na­mi­ta

Esto me parece espe­cial­mente impor­tante porque cuan­do pen­samos en comi­da viet­na­mi­ta des­de España sole­mos reducir­la a cua­tro o cin­co platos. Pho, rol­li­tos, banh mi y poco más. Pero la gas­tronomía cam­bia muchísi­mo con­forme avan­zamos de norte a sur.

La coci­na del norte, espe­cial­mente la de Hanoi, suele ser más del­i­ca­da, con sabores menos dul­ces y menos picantes. Allí encon­tramos el pho en su ver­sión más clási­ca, el bun cha, el cha ca o los bánh cuốn.

En el cen­tro, y espe­cial­mente en Hue, la coci­na se vuelve mucho más inten­sa. Hay más chile, sabores más potentes y una tradi­ción gas­tronómi­ca vin­cu­la­da además a la antigua corte impe­r­i­al. Aquí aparece uno de mis platos favoritos, el bun bo Hue, una sopa de fideos con carne, cit­ronela y un cal­do bas­tante más picante y rotun­do que el del pho.

Y cuan­do lleg­amos al sur encon­tramos una coci­na gen­eral­mente más dulce y una uti­lización enorme de hier­bas fres­cas y pro­duc­tos trop­i­cales. La difer­en­cia entre regiones es tan mar­ca­da que inclu­so un mis­mo pla­to puede saber bas­tante difer­ente en Hanoi y en Ho Chi Minh.

Por eso mi con­se­jo sería no esper­ar a lle­gar a una deter­mi­na­da ciu­dad para pro­bar algo que nos apetece, pero sí bus­car las espe­cial­i­dades de cada región. En Hue, bun bo Hue. En Hoi An, cao lau, white rose dumplings o mi Quang. En Hanoi, bun cha y pho. En Ho Chi Minh, com tam, hu tieu y toda esa comi­da calle­jera sureña que aparece prác­ti­ca­mente a cualquier hora.

El banh mi: prob­a­ble­mente la comi­da ráp­i­da per­fec­ta

Y después está el banh mi, que merece una declaración de amor inde­pen­di­ente. Pocas cosas me pare­cen más prác­ti­cas durante un via­je que esos bocadil­los viet­na­mi­tas prepara­dos en baguettes cru­jientes, heren­cia evi­dente de la época colo­nial france­sa pero con­ver­tidos ya en algo abso­lu­ta­mente viet­na­mi­ta. Los rel­lenan con paté, carnes, cer­do, encur­tidos, pepino, cilantro, chile y dis­tin­tas sal­sas, aunque exis­ten mul­ti­tud de ver­siones. Y cues­tan poquísi­mo.

Podemos com­prar uno por aprox­i­mada­mente 15.000–30.000 VND (entre 50 cén­ti­mos y 1 euro) en muchos lugares, aunque nat­u­ral­mente los establec­imien­tos famosos y las zonas turís­ti­cas pueden cobrar más. Para una comi­da ráp­i­da durante un día de vis­i­tas me pare­cen per­fec­tos. Y cuida­do con decir «voy a pro­bar uno» porque prob­a­ble­mente ter­minemos comien­do bas­tantes más durante el via­je.

Desayu­nar sopa deja de pare­cer extraño sor­pren­den­te­mente rápi­do. Otra de esas pequeñas difer­en­cias cul­tur­ales que me encan­tan es el desayuno. En Viet­nam el pho es per­fec­ta­mente nor­mal a primera hora de la mañana. Tam­bién podemos encon­trarnos bánh cuốn, arroz pega­joso, noo­dles o difer­entes sopas cuan­do nosotros todavía esta­mos pen­san­do en tostadas y café. Al prin­ci­pio puede resul­tar extraño sen­tarse delante de un enorme bol de cal­do, carne y fideos a las siete y media de la mañana. Dos días después ya no tan­to.

Si os gus­ta el picante, el cen­tro es vue­stro sitio. La coci­na viet­na­mi­ta no es nece­sari­a­mente tan picante como la tai­lan­desa. En muchos platos el chile se sirve aparte para que cada per­sona aña­da la can­ti­dad que quiera. El norte suele ser bas­tante suave, el cen­tro es clara­mente la región donde encon­tramos sabores más picantes y en el sur apare­cen con más fuerza los sabores dul­ces. Así que quien no tol­ere bien el picante tam­poco debería pre­ocu­parse demasi­a­do.

La frase que con­viene recor­dar es “không cay”, que sig­nifi­ca «sin picante». Y quien sí dis­frute del chile, como es mi caso, prob­a­ble­mente se lo pase espe­cial­mente bien comien­do por Hue y el cen­tro del país.

Los mer­ca­dos tam­bién son lugares para com­er. Yo no entraría en un mer­ca­do viet­na­mi­ta úni­ca­mente para com­prar recuer­dos. Los mer­ca­dos son uno de los mejores lugares para pro­bar comi­da local. En muchos encon­tramos una zona llena de pequeños puestos donde podemos sen­tarnos a com­er noo­dles, arroz, sopas, marisco, zumos o postres. Además, tienen una ven­ta­ja estu­pen­da para quien no entiende abso­lu­ta­mente nada de viet­na­mi­ta: vemos la comi­da. Podemos obser­var qué están preparan­do, mirar los platos de otras per­sonas y señalar.

En  Hue, ten­emos Dong Ba; en Da Nang, Han Mar­ket y Con Mar­ket; y en Ho Chi Minh exis­ten innu­mer­ables mer­ca­dos y zonas calle­jeras donde com­er. Los mer­ca­dos tradi­cionales lle­van décadas fun­cio­nan­do pre­cisa­mente como con­cen­tra­ciones de pequeños puestos espe­cial­iza­dos. Y yo me ale­jaría siem­pre que pudiera unos met­ros de las zonas dis­eñadas exclu­si­va­mente para tur­is­tas. Muchas veces bas­ta con cruzar dos calles para encon­trar exac­ta­mente el mis­mo pla­to a mitad de pre­cio y rodea­d­os de viet­na­mi­tas en lugar de gru­pos de extran­jeros.

¿Hace fal­ta dejar propina?

Viet­nam no tiene una cul­tura de propina oblig­a­to­ria com­pa­ra­ble a la esta­dounidense. En un pequeño restau­rante local o un puesto calle­jero no se espera que deje­mos un por­centa­je deter­mi­na­do de la cuen­ta. En establec­imien­tos turís­ti­cos o restau­rantes de cat­e­goría supe­ri­or puede apare­cer un car­go por ser­vi­cio o podemos dejar algo adi­cional si hemos queda­do espe­cial­mente con­tentos.

Yo no con­ver­tiría cada comi­da en el cál­cu­lo men­tal del 10 o el 15 %. Si el ser­vi­cio ha sido estu­pen­do y quiero dejar algo, lo hago. Si estoy toman­do un bol de noo­dles en una mesa de plás­ti­co jun­to a la calle, pago lo que cues­ta y lis­to.

Y después está el café…

Aunque hablaré del café viet­na­mi­ta por sep­a­ra­do porque se merece su pro­pio aparta­do, es imposi­ble hablar de com­er en Viet­nam sin men­cionarlo. Viet­nam no es úni­ca­mente un país donde se come bien. Es un país donde uno puede pasarse media vida entran­do en cafeterías. Café con leche con­den­sa­da y hielo, café de coco, café con hue­vo, café sal­a­do… Cada ciu­dad parece ten­er algu­na nue­va man­era de con­seguir que volva­mos a sen­tarnos. Y además con­tinúa sien­do bara­to. Un café viet­na­mi­ta sen­cil­lo puede costar alrede­dor de 15.000–30.000 VND en un establec­imien­to local, mien­tras que las prepara­ciones espe­ciales y las cafeterías mod­er­nas cues­tan algo más.

Mi con­se­jo: no organ­icéis úni­ca­mente qué ver; orga­ni­zad tam­bién qué com­er

Y aho­ra sí: hable­mos del café viet­na­mi­ta

Podría escribir un aparta­do entero sobre esto porque Viet­nam se toma el café muy en serio. Es uno de los may­ores pro­duc­tores de café del mun­do (el segun­do después de Brasil) y bue­na parte de su pro­duc­ción cor­re­sponde a Robus­ta, una var­iedad con un sabor inten­so y bas­tante más cafeí­na que la arábi­ca.

El café tradi­cional viet­na­mi­ta suele prepararse con un pequeño fil­tro metáli­co lla­ma­do phin, colo­ca­do direc­ta­mente enci­ma del vaso. El agua atraviesa lenta­mente el café y cae gota a gota. Y a par­tir de ahí empieza la diver­sión.

Ca phe sua da: café con leche con­den­sa­da y hielo. Es dulce, potente y adic­ti­vo. La uti­lización de leche con­den­sa­da tiene además una expli­cación históri­ca. Durante la época colo­nial resulta­ba com­pli­ca­do dispon­er de leche fres­ca de man­era reg­u­lar en el cli­ma trop­i­cal viet­na­mi­ta y la leche con­den­sa­da se con­vir­tió en una alter­na­ti­va prác­ti­ca. Con el tiem­po ter­minó for­man­do parte insep­a­ra­ble de la cul­tura cafetera del país.  Después de cam­i­nar media hora con calor y humedad, sen­tarse delante de uno de estos vasos hela­dos es una mar­avil­la.

Café con hue­vo: Mucho mejor de lo que sue­na. El café con hue­vo o ca phe trung suele provo­car una expre­sión bas­tante poco con­ven­ci­da cuan­do expli­camos qué lle­va. Café, yema de hue­vo y leche con­den­sa­da bati­da has­ta con­seguir una cre­ma espe­sa. Pero no sabe a tor­tilla con café.

La parte supe­ri­or recuer­da más a una cre­ma dulce, casi a un postre, mien­tras deba­jo per­manece el café inten­so. Se orig­inó en Hanoi en la déca­da de 1940, cuan­do Nguyen Van Giang susti­tuyó la escasa leche por yema de hue­vo bati­da. Yo lo pro­baría aunque sola­mente fuera una vez.

Café de coco: Mi can­dida­to para los días de calor. Y mi favorito. Pero es que claro, me fli­pa el coco. Y a los viet­na­mi­tas tam­bién, es increíble la de pro­duc­tos que hacen a base de coco. Mez­cla café con coco y hielo has­ta con­seguir algo que se encuen­tra a medio camino entre una bebi­da y un postre. Es bas­tante dulce y prob­a­ble­mente los puris­tas del espres­so ital­iano sal­gan cor­rien­do, pero en Viet­nam, con 35 gra­dos y una humedad tremen­da, fun­ciona estu­pen­da­mente.

¡Me declaro fan abso­lu­ta del café de coco!

Café sal­a­do. Y lleg­amos a uno de los más curiosos: el café sal­a­do o ca phe muoi, espe­cial­mente aso­ci­a­do a Hue. La com­bi­nación puede sonar extraña pero la sal no con­vierte aque­l­lo en un café sal­a­do como si hubiéramos con­fun­di­do el azu­carero. Se uti­liza en una cre­ma lig­era­mente sal­a­da que con­trasta con el dul­zor de la leche con­den­sa­da y la inten­si­dad del café. El resul­ta­do fun­ciona muchísi­mo mejor de lo que una imag­i­na.

Nuoc mia: zumo de caña de azú­car Cuan­do veáis una máquina que aplas­ta cañas verdes delante de vosotros, pedid un nuoc mia. Es zumo de caña de azú­car recién exprim­i­do, nor­mal­mente servi­do con hielo y a veces con un poco de lima. Sí, es dulce. Evi­den­te­mente. Pero resul­ta sor­pren­den­te­mente refres­cante y cues­ta muy poco. Lo encon­traremos en mer­ca­dos, puestos calle­jeros y car­reteras por todo el país.

Sinh to: los bati­dos viet­na­mi­tas Bati­dos prepara­dos con fru­tas trop­i­cales. Man­go, agua­cate, fru­ta del dragón, maracuyá, coco… Y sí, el bati­do de agua­cate es dulce. Esto puede resul­tar extraño para nosotros porque esta­mos acos­tum­bra­dos a uti­lizar el agua­cate en ensal­adas, tostadas o gua­camole, pero en Viet­nam y otros país­es asiáti­cos se con­sume habit­ual­mente como fru­ta dulce, mez­cla­do con leche con­den­sa­da y hielo.

Y dejad sitio para pro­bar cosas cuyo nom­bre no recor­daréis.

Aplicaciones imprescindibles

Hace diecisi­ete años via­jé por Viet­nam sin apli­ca­ciones, sin Grab, sin Google Maps en el bol­sil­lo y depen­di­en­do bas­tante más de mapas de papel, recep­ciones de hote­les y de pre­gun­tar por la calle. Se podía via­jar per­fec­ta­mente, claro que sí. Pero después de regre­sar en 2026 ten­go que recono­cer que un telé­fono con conex­ión a inter­net sim­pli­fi­ca el via­je de una man­era enorme.Eso tam­poco sig­nifi­ca que teng­amos que salir de España con trein­ta apli­ca­ciones insta­l­adas. Yo soy par­tidaria jus­to de lo con­trario: descar­gar unas cuan­tas que real­mente vayamos a uti­lizar y olvi­darnos del resto. Entre trans­porte, mapas, tra­duc­ción y reser­vas, con media doce­na podemos ten­er prác­ti­ca­mente resuel­to el viaje.Y esta es tam­bién una de las razones por las que ante­ri­or­mente os recomend­a­ba com­prar una SIM local viet­na­mi­ta. No quiero depen­der del wifi de un restau­rante pre­cisa­mente cuan­do estoy en mitad de una calle inten­tan­do encon­trar mi hotel o nece­si­to pedir un coche.

Grab: la mejor de todas

Si sola­mente pudiera recomen­dar una, prob­a­ble­mente sería Grab. Ya os he habla­do de ella con bas­tante detalle en el aparta­do ded­i­ca­do a cómo mover­nos por las ciu­dades, pero merece apare­cer de nue­vo aquí porque la vais a uti­lizar con­stan­te­mente.Grab es el equiv­a­lente del sud­este asiáti­co a Uber y nos per­mite solic­i­tar coches y motos des­de el telé­fono. Mar­camos dónde esta­mos, indicamos nue­stro des­ti­no y cono­ce­mos el pre­cio antes de subir. .Además, no sirve úni­ca­mente para desplazarnos. Grab ofrece en Viet­nam otros ser­vi­cios, entre ellos repar­to de comi­da, aunque como tur­is­tas prob­a­ble­mente Grab­Car y Grab­Bike sean los que más util­ice­mos.

Google Maps

La segun­da apli­cación que con­sidero prác­ti­ca­mente impre­scindible es Google Maps.No sola­mente para saber cómo lle­gar a un sitio. Yo la uti­li­zo muchísi­mo antes y durante los via­jes para guardar lugares.Hote­les, mer­ca­dos, restau­rantes, cafeterías que he vis­to recomen­dadas, tem­p­los, esta­ciones, tien­das, lugares curiosos… Voy colo­can­do pun­tos en el mapa y después, cuan­do estoy recor­rien­do una zona, puedo ver qué ten­go cer­ca.

Esto en Viet­nam fun­ciona espe­cial­mente bien porque muchas ciu­dades tienen mon­tones de pequeños lugares intere­santes repar­tidos entre los grandes mon­u­men­tos. Tam­bién descar­garía los mapas sin conex­ión de las zonas por las que vamos a via­jar. Prob­a­ble­mente ten­dremos cober­tu­ra la inmen­sa may­oría del tiem­po pero cues­ta poquísi­mo hac­er­lo y puede sal­varnos si nos quedamos momen­tánea­mente sin datos. Eso sí, con los horar­ios de pequeños nego­cios viet­na­mi­tas uti­lizaría Google Maps como ori­entación, no como pal­abra sagra­da. En establec­imien­tos pequeños la infor­ma­ción puede no estar com­ple­ta­mente actu­al­iza­da.

Google Translate

Otra apli­cación que lle­varía prepara­da es Google Trans­late.En las prin­ci­pales zonas turís­ti­cas encon­traremos bas­tante gente que habla algo de inglés, espe­cial­mente en hote­les, restau­rantes y agen­cias. Pero en cuan­to sal­g­amos de esos ambi­entes, la situación puede cam­biar muchísimo.Y aquí el tra­duc­tor resul­ta fantástico.No sola­mente podemos escribir una frase y enseñársela a alguien. Podemos uti­lizar la cámara para tra­ducir carte­les, car­tas de restau­rantes o instruc­ciones. Esto es espe­cial­mente útil cuan­do entramos en establec­imien­tos locales donde no existe menú en inglés.

Tam­bién podemos descar­gar viet­na­mi­ta para dispon­er de algu­nas fun­ciones sin conexión.No esper­aría con­ver­sa­ciones filosó­fi­cas per­fec­tas entre español y viet­na­mi­ta gra­cias al telé­fono pero para pre­gun­tar «¿cuán­to cues­ta?», «sin picante», «quiero ir aquí», «¿a qué hora sale?» o explicar una necesi­dad conc­re­ta fun­ciona estupendamente.Y hay algo que apren­demos ráp­i­da­mente via­jan­do por Asia: una pan­talla con una frase tra­duci­da, un poco de pacien­cia y unas cuan­tas señas solu­cio­nan muchísi­mas cosas.

Vexere: útil si vamos a utilizar autobuses

Si vais a moveros bas­tante en auto­bús, apun­taría Vexere Es una platafor­ma viet­na­mi­ta de reser­va de trans­porte y  reúne más de 3.000 oper­adores de auto­bús y más de 5.000 rutas por todo el país, además de ofre­cer trenes, vue­los y alquil­er de vehícu­los. Lo que me parece espe­cial­mente prác­ti­co es que podemos com­parar horar­ios, pre­cios, tipos de auto­bús, lugares de recogi­da y lle­ga­da e inclu­so, en deter­mi­na­dos ser­vi­cios, ele­gir asien­to o lit­era.

La platafor­ma mues­tra además opin­iones de otros pasajeros y algunos vehícu­los per­miten con­sul­tar su ubi­cación medi­ante GPS. Esto tiene bas­tante util­i­dad cuan­do empezamos a des­cubrir el pecu­liar uni­ver­so de los auto­bus­es viet­na­mi­tas: sleep­er bus, VIP, cab­i­nas, lim­ou­sine vans… En lugar de lle­gar a una estación y tratar de averiguar qué com­pañía nos intere­sa, podemos com­parar tran­quil­a­mente las opciones des­de el telé­fono.

12Go: muy práctica para comparar transportes

Tam­bién cono­cería 12Go, espe­cial­mente si esta­mos hacien­do un via­je por var­ios país­es del sud­este asiáti­co. Per­mite bus­car trenes, auto­bus­es, fur­gone­tas, fer­ris y deter­mi­na­dos trasla­dos. Yo la uti­lizaría sobre todo como her­ramien­ta de com­para­ción. Intro­duci­mos ori­gen y des­ti­no y podemos hac­er­nos ráp­i­da­mente una idea de qué opciones exis­ten, cuán­to tar­dan y aprox­i­mada­mente cuán­to cues­tan. Después no nece­sari­a­mente ten­emos que com­prar siem­pre allí. Si encuen­tro un tren, por ejem­p­lo, puedo com­pro­bar después el pre­cio en el canal ofi­cial. Lo mis­mo ocurre con deter­mi­na­dos auto­bus­es. 

Vietnam Railways para los trenes

Si vamos a uti­lizar bas­tante el fer­ro­car­ril, guardaría tam­bién el acce­so a Viet­nam Rail­ways.Y aquí hago una dis­tin­ción impor­tante: una cosa es uti­lizar una platafor­ma para bus­car opciones y otra com­prar direc­ta­mente al oper­ador. Para nue­stros trayec­tos en tren com­pro­baría siem­pre los horar­ios y disponi­bil­i­dad de Viet­nam Rail­ways. Espe­cial­mente si quer­e­mos una deter­mi­na­da lit­era en un tren noc­turno o via­jamos durante fechas de mucha deman­da, no dejaría la reser­va para el últi­mo momen­to. Tam­bién exis­ten inter­me­di­ar­ios que facil­i­tan muchísi­mo el pro­ce­so pero con­viene com­parar el pre­cio final porque pueden añadir su propia comisión.

Google Lens

Aunque muchas de sus fun­ciones están ya integradas den­tro de otras apli­ca­ciones de Google, Google Lens merece que sep­a­mos que existe. Yo lo uti­li­zo muchísi­mo para algo muy sen­cil­lo: apun­tar con el telé­fono a aque­l­lo que no entien­do. Una car­ta. Un car­tel. Un pro­duc­to del super­me­r­ca­do. Una eti­que­ta. Un pla­to. Inclu­so algo que esta­mos vien­do y no sabe­mos exac­ta­mente qué es. En un país que uti­liza un idioma com­ple­ta­mente difer­ente al nue­stro, esta fun­ción puede resul­tar tremen­da­mente prác­ti­ca. Y espe­cial­mente cuan­do comem­os en establec­imien­tos muy locales. Aque­l­lo de mirar una car­ta com­ple­ta­mente en viet­na­mi­ta y escoger al azar sigue tenien­do su encan­to, pero reconoz­co que saber pre­vi­a­mente si estoy pidi­en­do pol­lo o intesti­nos tam­bién tiene sus ven­ta­jas.

Las aplicaciones de las aerolíneas

Si nues­tra ruta incluye vue­los inter­nos, sí descar­garía las apli­ca­ciones de las com­pañías con las que vayamos a volar. Espe­cial­mente si hemos com­pra­do algún trayec­to con Viet­Jet Air o Viet­nam Air­lines. Nos servirán para con­sul­tar reser­vas, com­pro­bar horar­ios, recibir posi­bles cam­bios y ges­tionar el check-in cuan­do esté disponible .No insta­laría las apli­ca­ciones de seis aerolíneas antes de salir de España. Sola­mente la de aque­l­la con la que real­mente teng­amos un bil­lete.

Booking, Trip o Agoda

Tam­bién lle­varía en el telé­fono la apli­cación con la que hayamos reser­va­do nue­stros alo­jamien­tos. Yo quiero ten­er las reser­vas, direc­ciones, telé­fonos y condi­ciones del hotel disponibles inmedi­ata­mente, sin ten­er que bus­car un correo elec­tróni­co per­di­do entre doscien­tos men­sajes. Además, durante un via­je largo pueden venir muy bien si cam­bi­amos de planes y nece­si­ta­mos bus­car alo­jamien­to sobre la mar­cha. Yo son las tres apps que más uso para reser­vas. Con­viene com­parar pre­cios entre las tres para ahor­rar dinero.

Compras, mercados, regateo y precios

Viet­nam es uno de esos país­es en los que resul­ta bas­tante difí­cil regre­sar con la male­ta exac­ta­mente igual que llegó. Y no nece­sari­a­mente porque todo sea baratísi­mo, porque aquí quiero desmon­tar des­de el prin­ci­pio una idea que nosotros mis­mos llevábamos antes del via­je. Nos habían dicho que com­prar pla­ta en Viet­nam era muchísi­mo más bara­to que hac­er­lo en España y, al menos por lo que nosotros vimos, no fue así en abso­lu­to. Íbamos con la idea de que encon­traríamos joy­ería de pla­ta a pre­cios casi ridícu­los y estu­vi­mos miran­do en difer­entes sitios. La real­i­dad fue bas­tante menos emo­cio­nante: había piezas boni­tas, por supuesto, pero cuan­do com­parábamos pre­cios no encon­trábamos ese supuesto chol­lo del que nos habían habla­do. 

A eso hay que añadir algo que a veces olvi­damos cuan­do alguien nos dice que «la pla­ta es bara­ta» en deter­mi­na­do país: una cosa es el pre­cio inter­na­cional del met­al y otra com­ple­ta­mente difer­ente el pre­cio de una joya ter­mi­na­da, donde esta­mos pagan­do dis­eño, mano de obra, mar­gen com­er­cial y, en las zonas turís­ti­cas, posi­ble­mente tam­bién un mar­gen aña­di­do para extran­jeros. Así que, si vues­tra inten­ción es via­jar a Viet­nam pen­san­do que vais a volver car­ga­dos de pla­ta por cua­tro duros, yo al menos no orga­ni­zaría demasi­a­do espa­cio en la male­ta para ello. Mirad, com­parad y com­prad si encon­tráis una pieza que os guste, pero no daría por sen­ta­do que nece­sari­a­mente será más bara­ta que en España. Con otras com­pras, en cam­bio, Viet­nam puede resul­tar muchísi­mo más intere­sante. Pero en lo que a pla­ta se refiere, al final úni­ca­mente acabé com­pran­do una pulsera (muy boni­ta y orig­i­nal, eso sí, con dis­eño de faro­lil­los). 

Los mer­ca­dos son parte del via­je

Yo entraría en los mer­ca­dos aunque no tuviera inten­ción de com­prar abso­lu­ta­mente nada. Para mí for­man parte de la expe­ri­en­cia de via­jar por Viet­nam tan­to como una pago­da o un tem­p­lo. Además, no todos son iguales. Están los enormes mer­ca­dos turís­ti­cos, los mer­ca­dos noc­turnos, los mer­ca­dos de bar­rio donde prác­ti­ca­mente no vemos extran­jeros y los mer­ca­dos cubier­tos donde se vende de todo: comi­da, ropa, zap­atos, café, uten­sil­ios domés­ti­cos, telas, recuer­dos, joy­ería, fru­ta, pescado…Y es pre­cisa­mente en estos lugares donde vemos una parte de la vida cotid­i­ana que desa­parece cuan­do nos limi­ta­mos a recor­rer los mon­u­men­tos.

Pero cuan­to más turís­ti­co sea el mer­ca­do, más impor­tante será recor­dar una cosa: el primer pre­cio que nos dicen puede ten­er muy poco que ver con el pre­cio por el que final­mente nos venderán el pro­duc­to. En mer­ca­dos muy turís­ti­cos los pre­cios ini­ciales pueden ser dos, tres o inclu­so más veces supe­ri­ores a los locales.Y aquí comien­za el rega­teo.

En Viet­nam se regatea  pero no se regatea abso­lu­ta­mente todo. En un mer­ca­do tradi­cional, un puesto calle­jero, una tien­da de recuer­dos sin pre­cios mar­ca­dos o deter­mi­na­dos pequeños com­er­cios inde­pen­di­entes, nego­ciar for­ma parte del pro­ce­so de com­pra. En cam­bio, no tiene ningún sen­ti­do entrar en un super­me­r­ca­do, una tien­da con pre­cios fijos, un cen­tro com­er­cial, una far­ma­cia o un restau­rante y empezar a dis­cu­tir el pre­cio.

La pista más sen­cil­la suele ser pre­cisa­mente esa: si no aparece ningún pre­cio y ten­emos que pre­gun­tar cuán­to cues­ta, prob­a­ble­mente exista cier­to mar­gen de nego­ciación. Aho­ra bien, tam­poco con­ver­tiría el rega­teo en una com­peti­ción olímpi­ca. A veces hablam­os de difer­en­cias de 10.000 o 20.000 dongs, que para nosotros rep­re­sen­tan unos pocos cén­ti­mos. Me parece absur­do pasar diez min­u­tos dis­cutien­do acalo­rada­mente con una seño­ra por una can­ti­dad que después nos gas­ta­mos sin pes­tañear en un café. Yo entien­do el rega­teo como una especie de juego entre com­prador y vende­dor. Pre­gun­to el pre­cio, hago una ofer­ta bas­tante infe­ri­or, el vende­dor pone cara de que estoy inten­tan­do lle­var a su famil­ia a la ruina, yo pon­go cara de que el pre­cio que me ha dicho provo­cará mi ban­car­ro­ta inmedi­a­ta y, poco a poco, vamos acer­cán­donos. Y todo ello con una son­risa.

Las recomen­da­ciones actuales serían empezar aprox­i­mada­mente alrede­dor del 50–60 % del primer pre­cio y nego­ciar des­de ahí; en mer­ca­dos más locales, donde los pre­cios de par­ti­da sue­len estar menos infla­dos, tiene sen­ti­do comen­zar bas­tante más cer­ca de la can­ti­dad solic­i­ta­da .Pero no con­ver­tiría esa cifra en una ley matemáti­ca. Lo mejor es pre­gun­tar primero en var­ios puestos. Si tres vende­dores tienen el mis­mo bol­so y uno nos pide 600.000, otro 400.000 y otro 350.000 dongs, ya ten­emos bas­tante más infor­ma­ción que si empezamos a nego­ciar en el primero que encon­tramos.

Hay una téc­ni­ca uni­ver­sal de los mer­ca­dos asiáti­cos que con­tinúa fun­cio­nan­do extra­or­di­nar­i­a­mente bien: mar­charse.No enfada­dos. No hacien­do aspavien­tos. Sim­ple­mente damos las gra­cias y empezamos a cam­i­nar. En muchas oca­siones escuchare­mos inmedi­ata­mente detrás de nosotros una nue­va cifra. Y entonces sabe­mos que todavía había mar­gen. Aho­ra bien, si el vende­dor acep­ta final­mente el pre­cio que nosotros hemos prop­uesto, yo com­praría el artícu­lo. Com­prar varias cosas en el mis­mo puesto tam­bién suele ser una her­ramien­ta muchísi­mo mejor que dis­cu­tir cén­ti­mo a cén­ti­mo. Si quer­e­mos tres camise­tas, dos bol­sos o var­ios recuer­dos, pre­gun­taría direc­ta­mente cuán­to nos deja el con­jun­to.

¿Qué merece la pena comprar?

Aquí Viet­nam sí puede con­ver­tirse en un pequeño peli­gro .Encon­traremos arte­sanía, obje­tos de bam­bú y ratán, cerámi­ca, laca­dos, tex­tiles, seda, bor­da­dos, bol­sos, ropa, café, té, espe­cias, recuer­dos rela­ciona­dos con la pro­pa­gan­da viet­na­mi­ta y una can­ti­dad infini­ta de pequeños obje­tos que pare­cen costar tan poco que ter­mi­namos com­prán­do­los sin pen­sar demasi­a­do. El prob­le­ma aparece cuan­do repeti­mos aque­l­lo de «total, son dos euros» trein­ta veces.

Yo ten­dría espe­cial cuida­do con la seda. Viet­nam pro­duce seda y podemos encon­trar pro­duc­tos pre­ciosos pero que un vende­dor diga que algo es «100 % silk» no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente que lo sea. En los mer­ca­dos turís­ti­cos cir­cu­lan mul­ti­tud de teji­dos sin­téti­cos ven­di­dos como seda autén­ti­ca. Si quer­e­mos com­prar una pieza impor­tante y no sim­ple­mente un pañue­lo bara­to que nos gus­ta, bus­caría una tien­da espe­cial­iza­da y fiable. Lo mis­mo apli­caría a las per­las y las piedras pre­ciosas. Si esta­mos com­pran­do algo por su val­or mate­r­i­al y no sim­ple­mente porque nos parece boni­to, nece­si­ta­mos cier­tas garan­tías sobre lo que esta­mos com­pran­do.

Hoi An es un caso aparte

Y después está Hoi An. Aquí el peli­gro para la cartera cam­bia com­ple­ta­mente porque la ciu­dad es famosa por sus sas­tres, zap­a­teros y arte­sanos del cuero. Y esto sí me parece mucho más intere­sante que ir bus­can­do pla­ta bara­ta. Podemos entrar con una fotografía de una cha­que­ta, un vesti­do, un tra­je, unos zap­atos o un bol­so y pre­gun­tar si pueden hacérnoslo. Muchas veces la respues­ta será sí.

Nosotros pre­cisa­mente aprovechamos Hoi An para hac­er encar­gos de cuero, y esta es una de esas expe­ri­en­cias de com­pra que sí con­sidero muy vin­cu­ladas al des­ti­no. No esta­mos com­pran­do sim­ple­mente un recuer­do fab­ri­ca­do en serie, sino algo que elegi­mos y per­son­al­izamos allí. Eso sí, no iría al primer establec­imien­to que aparez­ca delante de nosotros. En Hoi An hay muchísi­mos nego­cios ori­en­ta­dos a este tipo de encar­gos y la cal­i­dad varía enorme­mente. Com­para­ría var­ios, tocaría los mate­ri­ales, miraría tra­ba­jos ter­mi­na­dos y dejaría muy claro qué quiero.

Y, sobre todo, no dejaría el encar­go para nues­tra últi­ma tarde.Si vamos a hac­er­nos ropa o calza­do a medi­da, intere­sa dispon­er de tiem­po para prue­bas y posi­bles cor­rec­ciones. Un vesti­do que parece per­fec­to cuan­do nos lo enseñan puede nece­si­tar ajus­tar un hom­bro, una cin­tu­ra o un largo, y pre­cisa­mente una de las ven­ta­jas de hac­er­lo allí es poder pedir esos cam­bios. Nosotros encar­g­amos, hacien­do nue­stro pro­pio dis­eño, cazado­ras de cuero, zue­cos de piel de cebra, bol­sos y botas de cow­boy. En el artícu­lo ded­i­ca­do a Hoi An os los enseño.

Los super­me­r­ca­dos son tam­bién un sitio fan­tás­ti­co para com­prar recuer­dos. Esto es algo que hago muchísi­mo cuan­do via­jo por Asia: entrar en super­me­r­ca­dos. No sola­mente porque me encan­ta cotil­lear qué com­pra la gente en otros país­es, sino porque son estu­pen­dos para lle­varnos pro­duc­tos gas­tronómi­cos sin pagar pre­cios turís­ti­cos. Café, té, noo­dles, sal­sas, dul­ces, snacks, especias…Además, aquí ten­emos una ven­ta­ja fun­da­men­tal: los pre­cios están mar­ca­dos. No nece­si­ta­mos averiguar cuán­to debería costar aque­l­lo ni pre­gun­tarnos si nos están cobran­do el doble por ser extran­jeros. Y podemos des­cubrir pro­duc­tos bas­tante más curiosos que los típi­cos recuer­dos prepara­dos expre­sa­mente para tur­is­tas.

Cuidado con las falsificaciones

En los mer­ca­dos viet­na­mi­tas ver­e­mos ropa, zap­atil­las, bol­sos y com­ple­men­tos de grandes mar­cas a pre­cios mila­grosos. El mila­gro tiene una expli­cación bas­tante sen­cil­la. Son fal­si­fi­ca­ciones. No asumiría que unas zap­atil­las son autén­ti­cas porque alguien nos diga que han sali­do de «la mis­ma fábri­ca». Es uno de esos relatos que apare­cen por medio mun­do. Si esta­mos com­pran­do una camise­ta de imitación porque nos gus­ta y sabe­mos per­fec­ta­mente qué esta­mos com­pran­do, es una decisión per­son­al. Pero no pagaría un pre­cio ele­va­do creyen­do que hemos encon­tra­do un pro­duc­to autén­ti­co a una déci­ma parte de su pre­cio europeo. 

¿Es Vietnam un país seguro para viajar?

Esta es una de esas pre­gun­tas que me parece espe­cial­mente fácil respon­der después de haber vuel­to a Viet­nam: sí, Viet­nam me parece un país muy seguro para via­jar, tam­bién si vamos por libre. Y no es úni­ca­mente una per­cep­ción per­son­al. El pro­pio Min­is­te­rio de Asun­tos Exte­ri­ores español define Viet­nam como un país «muy seguro» y actual­mente no señala ningu­na zona del ter­ri­to­rio como zona de ries­go o de ries­go medio.

Eso no sig­nifi­ca, evi­den­te­mente, que podamos olvi­darnos com­ple­ta­mente de nues­tras perte­nen­cias o com­por­tarnos como si nada pudiera ocur­rirnos. Ningún país fun­ciona así. Pero si lo que os pre­ocu­pa antes de orga­ni­zar el via­je es la delin­cuen­cia vio­len­ta, atra­cos, cam­i­nar por las ciu­dades o moveros de un lugar a otro sin un via­je orga­ni­za­do, yo no descar­taría Viet­nam por motivos de seguri­dad.

De hecho, durante nue­stro via­je nos movi­mos con abso­lu­ta nor­mal­i­dad, cam­i­namos por mer­ca­dos, cogi­mos Grab, uti­lizamos trenes, sal­imos por la noche y en ningún momen­to tuvi­mos esa sen­sación de estar con­tin­u­a­mente pen­di­entes de quién venía detrás de nosotros.

Aho­ra bien, hay una cosa curiosa: después de hablar de seguri­dad en Viet­nam durante unos cuan­tos pár­rafos, prob­a­ble­mente ter­minemos lle­gan­do a la con­clusión de que uno de los may­ores peli­gros para un tur­ista no es que le atraquen, sino el trá­fi­co. Los deli­tos vio­len­tos con­tra tur­is­tas son poco habit­uales.  Esto es algo que se nota espe­cial­mente cam­i­nan­do por las ciu­dades. Podemos encon­trarnos calles tremen­da­mente caóti­cas, bar­rios donde prác­ti­ca­mente no vemos tur­is­tas o mer­ca­dos abar­ro­ta­dos y, sin embar­go, no ten­er nece­sari­a­mente una sen­sación de inse­guri­dad.

En mi caso, Viet­nam no es uno de esos des­ti­nos en los que estaría cal­cu­lan­do con­stan­te­mente si puedo cam­i­nar por deter­mi­na­da calle cuan­do empieza a anochecer. Nat­u­ral­mente apli­caría las pre­cau­ciones que uti­li­zo en cualquier gran ciu­dad. No lle­varía can­ti­dades enormes de efec­ti­vo enci­ma, no dejaría el telé­fono sobre una mesa jun­to a la calle mien­tras estoy despis­ta­da y tam­poco cam­i­naría de madru­ga­da por un lugar com­ple­ta­mente descono­ci­do sim­ple­mente porque alguien me haya dicho que Viet­nam es seguro. Pero no via­jaría con miedo.

Lo que sí existe: hur­tos y tirones. Donde sí debe­mos prestar más aten­ción es en los pequeños robos. Una modal­i­dad cono­ci­da es el tirón des­de una moto. Vamos cam­i­nan­do cer­ca de la calza­da miran­do Google Maps o suje­tan­do el telé­fono con una mano, pasa una moto, alguien lo agar­ra y desa­parece entre el trá­fi­co.  Por eso no cam­i­naría pega­da al bor­de de la car­retera con el móvil exten­di­do hacia fuera. Si nece­si­to mirar Maps, me aparto un poco, com­prue­bo la direc­ción y con­tinúo. Lo mis­mo con el bol­so. En zonas muy con­cur­ri­das pre­fiero lle­var­lo hacia la parte inte­ri­or de la acera, cruza­do y, obvi­a­mente, cer­ra­do. No hace fal­ta ir abraza­dos a la mochi­la como si con­tu­viera los dia­mantes de la Coro­na. Sim­ple­mente no debe­mos ponérse­lo demasi­a­do fácil a alguien que busque una opor­tu­nidad ráp­i­da.

Cuidado al dormir en trenes y autobuses nocturnos

Esto sí lo ten­dría bas­tante pre­sente si vamos a recor­rer Viet­nam uti­lizan­do trans­portes noc­turnos. El Min­is­te­rio de Exte­ri­ores español advierte de robos de pas­aportes, tar­je­tas y carteras durante via­jes noc­turnos tan­to en auto­bus­es como en com­par­ti­men­tos fer­roviar­ios. Por tan­to, si coge­mos uno de esos sleep­er bus­es de los que os habla­ba ante­ri­or­mente, no dejaría el pas­aporte, el dinero y el telé­fono ale­gre­mente den­tro de una mochi­la mien­tras duer­mo.

La doc­u­mentación y el dinero impor­tante los lle­varía con­mi­go. Lo mis­mo en un tren noc­turno. Y tam­poco pon­dría todo en el mis­mo lugar. Si desa­parece una cartera, pre­fiero perder una tar­je­ta y algo de efec­ti­vo que perder simultánea­mente las dos tar­je­tas, todo mi dinero y el pas­aporte.

El pas­aporte: no lo dejéis como garan­tía. Hay otra recomen­dación ofi­cial que me parece espe­cial­mente impor­tante: no entre­gar el pas­aporte como depósi­to o garan­tía. Puede ocur­rir, por ejem­p­lo, al alquilar una moto. Algunos nego­cios pueden reten­er­lo pos­te­ri­or­mente ale­gan­do daños en el vehícu­lo. En los hote­les pueden nece­si­tar nue­stro pas­aporte para reg­is­trar los datos. Eso es com­ple­ta­mente nor­mal. Pero hay que pedir que nos lo devuel­van inmedi­ata­mente una vez hayan ano­ta­do o foto­copi­a­do la infor­ma­ción nece­saria.

Estafas: más que miedo, sentido común

Como en prác­ti­ca­mente todos los país­es muy turís­ti­cos del mun­do, exis­ten pequeñas estafas y situa­ciones en las que alguien puede inten­tar cobrarnos más de lo debido. Aquí volve­mos a una de las razones por las que os recomend­a­ba Grab en lugar de coger taxis por la calle. Con Grab sé quién viene a recogerme, veo la matrícu­la, mar­co yo mis­ma el des­ti­no y conoz­co el pre­cio antes de subir. Elim­i­namos de golpe bue­na parte de las dis­cu­siones que pueden sur­gir con un taxi.

En mer­ca­dos ocurre algo difer­ente. Que un vende­dor nos pida ini­cial­mente un pre­cio muy ele­va­do no sig­nifi­ca nece­sari­a­mente que nos esté estafan­do. En deter­mi­na­dos mer­ca­dos el rega­teo for­ma parte de la com­pra, como os explic­a­ba en el aparta­do ante­ri­or. Pre­gun­ta­mos, nego­ci­amos y, si no nos intere­sa, nos mar­chamos.

Las tar­je­tas tam­bién requieren cier­ta pre­cau­ción. Se han pro­duci­do casos de uti­lización fraud­u­len­ta de datos de tar­je­tas de crédi­to. Yo apli­caría aquí exac­ta­mente lo mis­mo que hago en otros via­jes: uti­lizar tar­je­tas que me per­mi­tan recibir noti­fi­ca­ciones inmedi­atas en el móvil. Pago 400.000 dongs y veo inmedi­ata­mente el car­go. Si aparece algo que no reconoz­co, puedo blo­quear la tar­je­ta des­de la apli­cación. Y por eso tam­bién os recomend­a­ba ante­ri­or­mente lle­var dos tar­je­tas difer­entes y guardar­las sep­a­radas.

El tráfico: aquí sí prestaría muchísima atención

Y lleg­amos al pun­to que con­sidero real­mente impor­tante. El trá­fi­co viet­na­mi­ta puede ser bas­tante más peli­groso para un via­jero que la delin­cuen­cia.

La cir­cu­lación es inten­sa, hay una can­ti­dad extra­or­di­nar­ia de motos y las nor­mas de trá­fi­co no siem­pre se respetan como esper­aríamos. Existe un ele­va­do índice de mor­tal­i­dad en car­retera y desacon­se­jo alquilar vehícu­los sin con­duc­tor.  Y con las motos todavía sería más pru­dente.

Sé que existe esa ima­gen mar­avil­losa de alquilar una moto y recor­rer Viet­nam con abso­lu­ta lib­er­tad. Tam­bién sé que muchísi­ma gente lo hace. Pero una cosa es con­ducir por una car­retera vacía y otra muy difer­ente enfrentarnos al trá­fi­co viet­na­mi­ta sin estar acos­tum­bra­dos a él. Además, hay un dato espe­cial­mente impor­tante para los españoles: actual­mente Viet­nam no reconoce el per­miso inter­na­cional expe­di­do por la DGT españo­la, porque España lo emite bajo una con­ven­ción dis­tin­ta de la recono­ci­da por Viet­nam. Los tur­is­tas españoles no pueden con­ducir legal­mente motos ni otros vehícu­los en Viet­nam con ese per­miso. Así que yo, per­sonal­mente, no me com­pli­caría.

Y después ten­emos que apren­der a cruzar la calle. Este merece casi un aparta­do pro­pio porque cruzar una calle viet­na­mi­ta es una expe­ri­en­cia ini­ciáti­ca. Espe­cial­mente la primera vez que lleg­amos a Hanoi o Ho Chi Minh. Nos situ­amos delante de un paso de peatones. Miramos a la izquier­da. Miramos a la derecha. Vemos trein­ta motos, cua­tro coches, un auto­bús, otras veinte motos y prob­a­ble­mente algu­na bici­cle­ta. Esper­amos. Siguen pasan­do. Esper­amos un poco más. Siguen pasan­do. Y entonces des­cub­ri­mos que, si esper­amos a que la calle quede com­ple­ta­mente vacía, prob­a­ble­mente ter­minare­mos nues­tras vaca­ciones en esa mis­ma acera.

Hay que apren­der a cruzar. La clave suele ser avan­zar de man­era lenta, vis­i­ble y pre­deci­ble, obser­van­do siem­pre el trá­fi­co y evi­tan­do cam­bios brus­cos de direc­ción. Los motoris­tas están acos­tum­bra­dos a cal­cu­lar nues­tra trayec­to­ria y van pasan­do alrede­dor. Eso no sig­nifi­ca lan­zarnos ale­gre­mente delante de un auto­bús ni asumir que todos los vehícu­los van a deten­erse.

Durante los primeros días, si una calle me parece espe­cial­mente com­pli­ca­da, uti­li­zo una téc­ni­ca infal­i­ble: bus­car a un viet­na­mi­ta que vaya a cruzar y cruzar cer­ca de él. Nosotros lo hacíamos cada dos por tres.

¿Es seguro viajar sola por Vietnam?

Sí, Viet­nam me parece tam­bién un des­ti­no muy ade­cua­do para mujeres que via­jan solas. De hecho, esta vez he via­ja­do con Juan pero en mi primer via­je, éramos tres ami­gas y no tuvi­mos ningún prob­le­ma. Al con­trario.

Apli­caría las pre­cau­ciones nor­males que uti­lizaría via­jan­do sola por cualquier otro país: con­tro­lar las bebidas, uti­lizar trans­portes iden­ti­fi­ca­dos, evi­tar situa­ciones que me pro­duz­can mala sen­sación y no cam­i­nar sola de madru­ga­da por lugares com­ple­ta­mente ais­la­dos. Pero no con­sidero Viet­nam un des­ti­no donde una mujer ten­ga que con­tratar un via­je orga­ni­za­do sim­ple­mente por motivos de seguri­dad.

Nosotros no tuvi­mos ningún prob­le­ma movién­donos por la noche. Hoi An, además, cobra vida pre­cisa­mente cuan­do oscurece. Da Nang tiene muchísi­mo ambi­ente noc­turno alrede­dor del río y de la playa, Hue cuen­ta con zonas llenas de restau­rantes y Ho Chi Minh parece direc­ta­mente una ciu­dad que no tiene demasi­a­da inten­ción de irse a dormir. De hecho, yo una de las noches fui sola a darme una vuelta por la zona de gar­i­tos de Ho Chi Minh, en la que pro­lif­er­an algunos de dudosa rep­utación, y no tuve ningu­na sen­sación de inse­guri­dad. Otra cosa difer­ente sería meterme a las tres de la madru­ga­da por un calle­jón com­ple­ta­mente desier­to que no conoz­co. Pero eso no lo haría tam­poco en Madrid. Y si estoy cansa­da, el hotel está lejos o sim­ple­mente no me apetece cam­i­nar, pido un Grab y solu­ciona­do.

La legislación vietnamita: no asumamos que funciona como la española

Hay otro aspec­to de la seguri­dad que muchas veces olvi­damos: respetar las leyes del país en el que esta­mos.

Viet­nam tiene una leg­is­lación bas­tante más estric­ta que España en deter­mi­nadas cues­tiones y el hecho de ser tur­ista no nos exime de cumplir­la.  Un ejem­p­lo muy con­cre­to y además reciente: des­de el 1 de enero de 2025 Viet­nam pro­híbe la pro­duc­ción, com­er­cial­ización, importación, trans­porte y uso de cig­a­r­ril­los elec­tróni­cos y pro­duc­tos de taba­co calen­ta­do. Esto sig­nifi­ca que tam­poco deberíamos lle­var nue­stro vapeador des­de España pen­san­do sim­ple­mente en uti­lizar­lo durante las vaca­ciones.

Con las dro­gas sería todavía muchísi­mo más pru­dente. En deter­mi­na­dos país­es asiáti­cos las con­se­cuen­cias legales pueden ser extra­or­di­nar­i­a­mente graves y no es un ter­reno donde merez­ca la pena exper­i­men­tar.

Clima y tifones: otro tipo de seguridad

Si via­jamos durante la época de llu­vias debe­mos ten­er pre­sente otro ries­go que no tiene abso­lu­ta­mente nada que ver con la delin­cuen­cia.

Entre aprox­i­mada­mente Mayo y Octubre pueden pro­ducirse llu­vias tor­ren­ciales, inun­da­ciones y cor­rim­ien­tos de tier­ra, y Viet­nam tam­bién puede verse afec­ta­do por tifones. Con­viene con­sul­tar las pre­vi­siones y las aler­tas locales antes de realizar desplaza­mien­tos cuan­do exis­ten episo­dios mete­o­rológi­cos impor­tantes. Esto cobra espe­cial impor­tan­cia si esta­mos via­jan­do por car­retera, en zonas mon­tañosas o ten­emos pre­vis­to coger bar­cos.

Si hay una aler­ta seria, yo no inten­taría man­ten­er el itin­er­ario a toda cos­ta sim­ple­mente porque teng­amos una reser­va. Viet­nam seguirá allí al día sigu­iente.

Entonces, ¿Viet­nam es seguro? Mi respues­ta es clara­mente sí. Viet­nam es caóti­co. Es rui­doso. Hay motos que apare­cen des­de direc­ciones que juraríamos que no exis­ten. Los mer­ca­dos pueden estar abar­ro­ta­dos y Ho Chi Minh puede resul­tar abru­mado­ra durante las primeras horas. Pero caos y peli­gro no son nece­sari­a­mente la mis­ma cosa.

Nosotros nos sen­ti­mos seguros durante el via­je y creo que, apli­can­do unas pre­cau­ciones bas­tante nor­males, la seguri­dad no debería ser un moti­vo para renun­ciar a via­jar por Viet­nam ni para pen­sar que nece­si­ta­mos hac­er­lo medi­ante un cir­cuito orga­ni­za­do.

¿Cuántos días hacen falta para esta ruta por Vietnam?

Nosotros hemos esta­do 15 días en este segun­do via­je a Viet­nam y, después de hac­er­lo, creo que fue una duración estu­pen­da para el tipo de via­je que queríamos. No pre­tendíamos recor­rer el país de norte a sur ni acu­mu­lar ciu­dades sim­ple­mente para poder decir que habíamos esta­do en ellas. 

Nues­tra ruta tuvo como grandes pro­tag­o­nistas Hoi An, Hue y Da Nang, y añadi­mos además una escapa­da a Ho Chi Minh. Quince días nos per­mi­tieron hac­er­lo sin esa sen­sación de estar per­ma­nen­te­mente hacien­do la male­ta. De hecho, las prop­ues­tas actuales para el cen­tro de Viet­nam sue­len con­sid­er­ar unos siete días una duración cómo­da para com­bi­nar Hue, Da Nang y Hoi An, mien­tras que cin­co días oblig­an ya a lle­var un rit­mo bas­tante más inten­so. Nosotros teníamos más tiem­po y quisi­mos aprovechar pre­cisa­mente para no via­jar así.

Y aquí creo que está la clave: una cosa es cuán­tos días hacen fal­ta para hac­er la ruta y otra cuán­tos días hacen fal­ta para dis­fru­tar­la como nosotros queríamos hac­er­lo. ¿Se puede hac­er en menos de 15 días? Por supuesto Si alguien me dijera que sola­mente dispone de una sem­ana, podría orga­ni­zar Hoi An, Hue y Da Nang sin demasi­a­dos prob­le­mas. Haría aprox­i­mada­mente tres días en Hoi An, dos en Hue y dos en Da Nang. Es una dis­tribu­ción bas­tante lóg­i­ca y coin­cide con las rutas que actual­mente plantean una sem­ana como un buen equi­lib­rio para cono­cer las tres ciu­dades.

Pero en ese caso yo elim­i­naría Ho Chi Minh. No inten­taría meter un vue­lo al sur sim­ple­mente para estar allí unas horas, porque acabaríamos per­di­en­do demasi­a­do tiem­po entre desplaza­mien­tos, aerop­uer­tos, con­troles y hote­les. Los vue­los inter­nos viet­na­mi­tas pueden ser cor­tos, pero un vue­lo de hora y media nun­ca ocu­pa sola­mente hora y media de nue­stro via­je.

Con 10 días, en cam­bio, ya podemos hac­er una ruta estu­pen­da por el cen­tro y empezar a intro­ducir algu­na escapa­da. Ten­dríamos mar­gen para pasar tres noches en Hoi An, dos en Hue y tres en Da Nang y todavía con­ser­var algún día para una excur­sión, playa o sim­ple­mente para via­jar con un poco menos de prisa.

De hecho, si alguien me pre­gun­ta cuál con­sidero el mín­i­mo para hac­er una ver­sión pare­ci­da a nue­stro via­je, yo diría aprox­i­mada­mente 10–12 días. Pero si ten­emos 15, como nosotros, mucho mejor. ¿Por qué estu­vi­mos cin­co noches en Hoi An? Porque queríamos estar cin­co noches. Así de sen­cil­lo. A veces parece que ten­emos que jus­ti­ficar cada noche de un via­je en fun­ción del número de mon­u­men­tos que exis­ten en una ciu­dad. «Hoi An se ve en un día». Sí, prob­a­ble­mente podamos recor­rer sus prin­ci­pales lugares históri­cos en un día. Pero estar en Hoi An no con­siste úni­ca­mente en ver el Puente Japonés y cua­tro casas antiguas y mar­charse.

Nosotros queríamos pasear sin prisa, ir de com­pras, hac­er nue­stros encar­gos, dis­fru­tar del hotel, pro­bar restau­rantes, asi­s­tir al Mem­o­ries of Hoi An, acer­carnos a otras zonas y vivir varias noches ese ambi­ente com­ple­ta­mente difer­ente que adquiere la ciu­dad cuan­do se encien­den los faro­lil­los. Y cin­co noches nos per­mi­tieron además impro­vis­ar. Si una tarde hacía un calor inso­portable, no ocur­ría nada por volver al hotel. No teníamos esa sen­sación de «ten­emos que ver­lo aho­ra porque mañana nos vamos».

Las rutas más pau­sadas sue­len dedicar pre­cisa­mente tres o cua­tro días a Hoi An, porque es un des­ti­no que se pres­ta espe­cial­mente a com­bi­nar vis­i­tas con gas­tronomía, playa y activi­dades. Nosotros añadi­mos algo más porque nos apetecía dis­fru­tar­la de esa man­era.

Dos noches en Hue: para mí, la duración per­fec­ta Aquí sí sería bas­tante tajante: dos noches en Hue me pare­cen estu­pen­das. Nos per­miten cono­cer la Ciu­dad Impe­r­i­al sin cor­rer, vis­i­tar algu­nas de las tum­bas impe­ri­ales, acer­carnos a la pago­da de Thien Mu, pasear por el río Per­fume, entrar en Dong Ba y, algo que con­sidero impre­scindible, pro­bar la gas­tronomía de Hue.

Un solo día puede servir si vamos muy jus­tos de tiem­po pero ten­dremos que selec­cionar muchísi­mo. Dos días per­miten com­bi­nar Ciu­dad Impe­r­i­al y tum­bas con bas­tante más lóg­i­ca.  Yo no quitaría una de nues­tras dos noches de Hue.

Da Nang merece más que uti­lizarla como aerop­uer­to. Con Da Nang ocurre algo pare­ci­do a lo que os comenta­ba ante­ri­or­mente. Muchísi­ma gente ater­riza allí y se mar­cha direc­ta­mente a Hoi An. Nosotros quisi­mos quedarnos. Y me ale­gro. Da Nang nos per­mi­tió ten­er unos días bas­tante más rela­ja­dos, dis­fru­tar de My Khe, cono­cer Lady Bud­dha, recor­rer mer­ca­dos, salir a com­er, uti­lizarla como base y ver una cara com­ple­ta­mente difer­ente del Viet­nam históri­co de Hoi An y Hue.

Si vais jus­tos, dos noches pueden ser sufi­cientes. Si os gus­ta com­bi­nar tur­is­mo y des­can­so, yo le daría tres o cua­tro. Y además tiene una enorme ven­ta­ja logís­ti­ca: des­de allí podemos volar fácil­mente a otras partes del país. Y nosotros añadi­mos Ho Chi Minh. Si nun­ca habéis esta­do, yo le daría al menos tres días para degus­tar­la tran­quil­a­mente. 

¿Quince días son demasi­a­dos para esta ruta? Para nosotros, en abso­lu­to. Pero sí quiero mati­zar­lo porque depende muchísi­mo de cómo via­je cada uno. Si vues­tra idea de via­jar con­siste en lev­an­taros a las siete, vis­i­tar mon­u­men­tos has­ta las siete de la tarde y cam­biar de ciu­dad en cuan­to habéis vis­to los prin­ci­pales lugares, prob­a­ble­mente 15 días entre estas ciu­dades os parez­can demasi­a­dos. Si os gus­ta hac­er lo que hici­mos nosotros —alternar vis­i­tas con mer­ca­dos, cafés, com­pras, pisci­na, gas­tronomía, paseos y algu­na tarde más tran­quila—, 15 días pasan volan­do. Y esto es algo que cada vez val­oro más. No nece­si­to jus­ti­ficar un día de via­je dicien­do que he vis­to ocho cosas. Puede haber sido un día estu­pen­do aunque sola­mente haya vis­i­ta­do un mer­ca­do, comi­do fenom­e­nal, recor­ri­do un bar­rio, toma­do un café y pasa­do un rato en la pisci­na.

Hacen fal­ta quince días para via­jar como nosotros queríamos via­jar. Y esa difer­en­cia me parece impor­tante. Y dispon­er de 15 días nos per­mi­tió algo que cada vez con­sidero más valioso: ten­er tiem­po. Tiem­po para cam­biar un plan. Tiem­po para sen­tarnos. Tiem­po para que lloviera y no impor­tara demasi­a­do. Tiem­po para entrar en una tien­da. Tiem­po para volver a un sitio que nos había gus­ta­do. Tiem­po para pasar una tarde sin ningún gran mon­u­men­to pen­di­ente. Y tiem­po para que Viet­nam dejara de ser sim­ple­mente una lista de cosas que teníamos que ver y volviera a con­ver­tirse en un país en el que estábamos via­jan­do.

Presupuesto final del viaje

Para que te hagas una idea de por cuán­to te puede salir un via­je a Viet­nam de estas car­ac­terís­ti­cas (15 días), te detal­lo nue­stros gas­tos por per­sona.

Presupuesto viaje a Vietam

Conclusión: ¿volvería a Vietnam una tercera vez?

¡¡Síi­i­i­i­i­i­i­i­i­i­i­i­ii!! Volvería a Viet­nam una ter­cera vez sin pen­sárme­lo. Y esto tiene todavía más méri­to porque este segun­do via­je lle­ga­ba diecisi­ete años después del primero y, por tan­to, existía un ries­go bas­tante grande: que aquel Viet­nam que yo con­serv­a­ba en la memo­ria fuese mucho mejor que el Viet­nam que iba a encon­trarme en 2026.

Nos ocurre muchas veces cuan­do regre­samos a un lugar después de tan­tos años. No volve­mos sola­mente a un país. Volve­mos tam­bién a nue­stros pro­pios recuer­dos. A cómo éramos entonces, a las cosas que nos sor­prendían, a una man­era de via­jar que prob­a­ble­mente ya no existe y a una ima­gen que hemos ido ide­al­izan­do sin darnos cuen­ta con el paso del tiem­po.

Y Viet­nam había cam­bi­a­do. Muchísi­mo. Había cam­bi­a­do el país y había cam­bi­a­do yo.

Hace diecisi­ete años via­jé por un Viet­nam que recuer­do bas­tante más com­pli­ca­do para moverse por libre, con mucha menos infraestruc­tura turís­ti­ca y, por supuesto, sin lle­var en el bol­sil­lo todas esas her­ramien­tas que hoy nos pare­cen abso­lu­ta­mente nor­males. No había Grab esperan­do a que pul­sáramos un botón, ni llevábamos un tra­duc­tor instan­tá­neo, ni resolvíamos una direc­ción enseñan­do Google Maps al con­duc­tor.

En 2026 me he encon­tra­do con un Viet­nam mucho más mod­er­no, mucho más conec­ta­do y tremen­da­mente sen­cil­lo para orga­ni­zar por nues­tra cuen­ta. Pero lo impor­tante es que no he tenido la sen­sación de encon­trarme con un país que hubiera per­di­do com­ple­ta­mente aque­l­lo que me gustó la primera vez. Sigue existien­do ese Viet­nam. Está en los mer­ca­dos. En los pequeños restau­rantes donde la gente desayu­na un bol de sopa sen­ta­da en tabu­retes dimin­u­tos. En las motos que trans­portan obje­tos que desafían cualquier ley cono­ci­da de la físi­ca. En los vende­dores ambu­lantes. En el café que cae lenta­mente a través de un phin. En los arroza­les. En las pago­das. En ese caos que durante las primeras horas parece com­ple­ta­mente incom­pren­si­ble y que, unos días después, empezamos a acep­tar como si fuera per­fec­ta­mente nor­mal.

Pero jun­to a todo eso ha apare­ci­do otro Viet­nam. El de las enormes ciu­dades que cre­cen a una veloci­dad espec­tac­u­lar, los ras­ca­cie­los, los cen­tros com­er­ciales, las cafeterías de dis­eño, los hote­les estu­pen­dos, los jóvenes pega­dos al telé­fono exac­ta­mente igual que en Madrid y una clase media que via­ja, con­sume y está trans­for­man­do el país.

Y pre­cisa­mente esa con­viven­cia entre ambos es una de las cosas que más intere­santes me han pare­ci­do de este regre­so. Este via­je ha sido com­ple­ta­mente difer­ente al primero. Y creo que fue un acier­to. Y ello pese a que exis­ten lugares donde el desar­rol­lo turís­ti­co está trans­for­man­do el paisaje a una veloci­dad que no siem­pre me parece espe­cial­mente boni­ta. Tam­bién me da cier­ta pena com­pro­bar cómo algunos des­ti­nos que hace años parecían mucho más autén­ti­cos se están con­vir­tien­do en pro­duc­tos turís­ti­cos per­fec­ta­mente empa­que­ta­dos. Pero tam­poco quiero caer en esa nos­tal­gia un poco absur­da del via­jero que pre­tende que los país­es per­manez­can con­ge­la­dos para que nosotros podamos regre­sar veinte años después y encon­trar­los exac­ta­mente como los dejamos.

Viet­nam no existe para con­ser­var mis recuer­dos. El país ha cam­bi­a­do porque quienes viv­en allí tam­bién han cambiado.¿Qué me que­da pen­di­ente para una ter­cera vez? Muchísi­mo. Y prob­a­ble­mente esa sea la mejor respues­ta a la pre­gun­ta que da títu­lo a esta con­clusión: volvería porque todavía exis­ten demasi­a­dos Viet­nams que no conoz­co.


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