| Artículo actualizado en 2026: he vuelto a Vietnam 17 años después de mi primer viaje y he revisado y ampliado esta guía con información actualizada, precios, transportes, consejos prácticos y todo lo que he aprendido recorriendo de nuevo el país. |
¿Sabes de esos viajes que tienes siempre en mente pero que de repente llegan un día de casualidad cuando menos te lo esperas y que, para más inri, acaban siendo unos de los mejores que has hecho en la vida? Pues eso es lo que me ha ocurrido este año con el viaje que hemos hecho a Vietnam, un país en el que había estado hace ya 17 años (¡como corre el tiempo!) y al que tenía intención de regresar pero no justamente este verano. ¿Y por qué lo hice? Os lo cuento ahí abajo.
¿Por qué volver a Vietnam?
La vida es caprichosa y te depara este tipo de sorpresas. Resulta que este año teníamos preparado un viaje a Sri Lanka con una pareja amiga nuestra y, cuando digo preparado, es preparado con todas las de la ley: billetes de avión comprados, hoteles reservados, itinerarios ya confeccionados, habíamos contratado un coche con conductor para algunos de los días que pasaríamos en el país, habíamos comprado billetes de tren… En fin, lo que es un viaje completo al cien por cien y listo para degustar.
Pero seis días antes del viaje, uno de nuestros compis nos llamó para darnos la mala noticia. Había tenido un problema de salud y no iba a poder viajar ya que el médico le había recomendado no volar, por lo que tanto él como su pareja se veían obligados a tener que cancelar el viaje. Juan y yo nos quedamos súper descolocados ¡quedaban sólo seis días para irnos! Imaginaos en ese momento nuestro estado de incertidumbre. Pero he de reconocer que en general soy una persona bastante resolutiva en todos los aspectos de mi vida y cuando me aparece un acontecimiento con el que no contaba, enseguida me pongo en marcha para intentar solucionarlo.
Descartamos continuar con el viaje a Sri Lanka porque la idea era hacerlo con Mariángeles y Javi, ya que lo habíamos planeado con ellos. Y teníamos algo a favor: no volábamos a Colombo directamente sino que habíamos escogido Bangkok como base (una ciudad que me encanta), pasábamos una noche allí a la ida y otras dos a la vuelta (lo que se llama un stopover, ya os hablé de esta modalidad en este artículo sobre como volar a dos países por el precio de uno) y eso nos permitía perder los vuelos de Bangkok-Sri Lanka ida y vuelta, que tampoco era tanto dinero, 250 euros por cabeza (aunque nos devolvían las tasas aéreas, algo es algo) pero mantener intacto el vuelo Madrid- Bangkok.
Así que nuestra primera opción fue Vietnam. Con Air Asia (que ya os he dicho mil veces que es mi aerolínea de bajo coste favorita del mundo mundial) nos salían los billetes de Bangkok a Da Nang por 150 euros ida y vuelta. Lo cual era un chollazo teniendo en cuenta que no quedaba ni una semana para irnos y estábamos a las puertas del mes de Agosto, que es temporada baja en el sudeste asiático pero alta en Europa, por lo que nos temíamos que los vuelos hubieran podido subir. Pero no fue el caso. Así que Vietnam ¡allá vamos!
¿Es buen momento para viajar a Vietnam?
Si me preguntáis si actualmente es buena época para viajar a Vietnam, mi respuesta es sí. Y no lo digo únicamente porque haya regresado al país después de diecisiete años y me haya vuelto a encontrar con uno de esos destinos que justifican por sí solos un viaje al sudeste asiático. También lo digo porque Vietnam atraviesa un momento especialmente interesante desde el punto de vista turístico: viajar por el país resulta hoy muchísimo más sencillo que hace unos años, las comunicaciones han mejorado, existe una oferta de alojamientos enorme y, aunque los precios han subido, continúa siendo un destino bastante asequible para quienes viajamos desde España.

Eso sí, quien tenga en la cabeza la imagen de aquel Vietnam barato, algo caótico y todavía relativamente alejado de los grandes circuitos turísticos que muchos conocimos hace casi veinte años, debería ir preparado para encontrarse con un país diferente. Vietnam ha cambiado muchísimo. Y probablemente una de las cosas que más me sorprendió al regresar después de tanto tiempo fue precisamente comprobar hasta qué punto lo había hecho.
El turismo es una buena muestra de ello. Vietnam recibió 13,9 millones de visitantes internacionales solamente entre enero y julio de 2026, un 13,8 % más que durante el mismo periodo del año anterior. El Gobierno vietnamita se ha marcado además el ambicioso objetivo de alcanzar los 25 millones de turistas extranjeros. Son cifras que ayudan a entender algo que vais a percibir enseguida al viajar por el país: Vietnam ya no es ese destino asiático que parecía vivir a la sombra de Tailandia cuando se hablaba de turismo internacional.
Y esto tiene una parte buena y otra que, dependiendo de nuestra manera de viajar, puede gustarnos algo menos. La buena es evidente. Moverse por Vietnam ahora es bastante más fácil. Hay una enorme variedad de hoteles para prácticamente todos los presupuestos, aplicaciones que solucionan buena parte de los pequeños problemas cotidianos del viajero, vuelos internos, trenes, autobuses, servicios de transporte privado y una infraestructura turística que permite organizar buena parte del viaje sobre la marcha, de hecho nosotros lo comprobamos in situ al comprar vuelos internos estando en el propio Vietnam. El propio organismo oficial de turismo vietnamita atribuye el fuerte crecimiento de visitantes, entre otras razones, a la ampliación de las conexiones aéreas, una política de visados más favorable y la mejora progresiva de los servicios turísticos.
Pero para mí hay otra razón todavía más importante por la que Vietnam sigue mereciendo muchísimo la pena: continúa siendo un país en el que todavía se puede viajar de muchas maneras diferentes. Puedes gastarte bastante dinero si buscas hoteles de lujo, restaurantes sofisticados, excursiones privadas y traslados puerta a puerta, pero también puedes dormir estupendamente por muy poco, comer en un pequeño establecimiento familiar, desplazarte en transporte público y montarte un viaje bastante económico sin sentir que estás renunciando constantemente a caprichos.
De hecho, una de las grandes virtudes de Vietnam sigue siendo su relación calidad-precio. No voy a deciros que todo sea regalado porque no sería verdad. Los precios han aumentado, especialmente en las zonas más turísticas, y en lugares como Hoi An, Hanoi, Ho Chi Minh o determinados destinos de playa resulta perfectamente posible gastarse cantidades similares a las de otros países del sudeste asiático. Pero basta con alejarse un poco de los establecimientos pensados exclusivamente para extranjeros para volver a encontrarse con ese Vietnam donde comer bien cuesta muy poco y donde todavía podemos permitirnos pequeños lujos que en Europa supondrían un buen mordisco al presupuesto. Estuvimos a la vuelta unos días en Tailandia y la diferencia era abismal: lo que en Vietnam costaba un euro, en su país vecino valía el triple.

Además, el crecimiento turístico no se ha producido únicamente en los lugares que todos conocemos. Durante los últimos años Vietnam ha ido promocionando nuevos destinos y desarrollando experiencias relacionadas con el turismo rural, la naturaleza, la gastronomía y las comunidades locales. El país quiere atraer más visitantes pero también intenta que esos viajeros no se concentren exclusivamente en Hanoi, la bahía de Ha Long, Hoi An y Ho Chi Minh. Para 2026, las propias autoridades turísticas están hablando cada vez más de cultura, experiencias locales, turismo verde y destinos menos saturados como parte de su estrategia.
Precisamente ahí está, en mi opinión, una de las grandes contradicciones de viajar a Vietnam ahora. El país es ahora mucho más cómodo para el viajero pero algunos lugares han perdido parte de aquella espontaneidad que tenían hace años. Hay ciudades y monumentos donde tendremos que compartir espacio con muchísima gente, especialmente en determinadas épocas del año. Hoi An es probablemente uno de los ejemplos más evidentes: sigue siendo preciosa pero hay horas del día en las que el casco antiguo parece vivir prácticamente para el turismo. Os aseguro que nada que ver con lo que me encontré en Vietnam hace tantos años, donde los extranjeros éramos una especie en extinción.
No creo que eso sea necesariamente una razón para no ir. Creo que simplemente obliga a viajar de otra manera. Levantarse temprano, quedarse alguna noche más en los sitios, salir de las calles principales, buscar mercados locales, utilizar el transporte público cuando sea posible y, sobre todo, no intentar convertir Vietnam en una carrera de quince días para tachar veinte lugares de una lista. Cuanto más despacio se viaja por este país, más interesante se vuelve.
Hay momentos en los que una tiene la sensación de estar viajando por un país completamente volcado hacia el futuro y, apenas unos minutos después, aparece una escena que parece no haber cambiado en décadas: una señora preparando comida en una pequeña cocina abierta a la calle, alguien transportando una carga imposible sobre una motocicleta, un mercado donde todavía se compra y se vende como siempre o un grupo de hombres sentados en taburetes diminutos tomando café mientras el tráfico pasa a centímetros de ellos.
Vietnam se moderniza a una velocidad enorme pero esa modernización todavía convive con una vida cotidiana profundamente vietnamita. Para mí, esa mezcla es precisamente uno de los grandes atractivos de viajar ahora.

Documentación, visado y requisitos de entrada
Si hay algo que se ha simplificado muchísimo a la hora de preparar un viaje a Vietnam es todo lo relacionado con el visado. Quienes viajamos hace bastantes años recordamos que esta era una de esas cuestiones que había que mirar con tiempo, comprobar varias veces y añadir a la interminable lista de preparativos antes de marcharnos a Asia. A mí me tocó ir a la embajada de Vietnam, que se encontraba en una casita del Paseo de la Habana, a tramitar un visado que en el 2009 costaba 70 eurazos. Qué dolor.
Ahora los ciudadanos españoles podemos permanecer en Vietnam hasta 45 días sin necesidad de solicitar visado, una exención que está prevista que continúe vigente hasta el 14 de marzo de 2028. Además, no se limita exclusivamente a determinados tipos de viaje: la normativa establece la exención para estancias que no superen esos 45 días, independientemente del motivo de entrada, siempre que cumplamos las condiciones establecidas por las autoridades vietnamitas.
Para la inmensa mayoría de quienes estén leyendo este artículo y estén pensando en hacer un viaje de dos o tres semanas por Vietnam, esto significa algo tan sencillo como comprar el billete, comprobar el pasaporte y olvidarse de tramitar un visado. Y creedme, cuando una prepara un viaje largo por Asia y empieza a acumular vuelos, hoteles, trenes, traslados y excursiones, cualquier trámite que podamos quitarnos de encima se agradece bastante.
Hay, sin embargo, un detalle fundamental que conviene comprobar antes incluso de comprar los vuelos: el pasaporte debe tener una validez mínima de seis meses para acogernos a esta entrada sin visado. No deis por hecho que vuestro pasaporte está bien simplemente porque todavía no haya caducado. Mirad la fecha. Necesitamos nuestro pasaporte y, personalmente, yo siempre recomiendo llevar además una copia digital guardada en el teléfono y en algún servicio en la nube, además de una fotocopia separada del original. No sustituye al pasaporte, evidentemente, pero si lo perdemos o nos lo roban puede facilitarnos bastante las gestiones posteriores.
¿Qué ocurre si queremos permanecer más de 45 días en Vietnam? En ese caso sí necesitaremos visado. Vietnam dispone actualmente de un sistema de visado electrónico o e‑Visa con una validez máxima de 90 días, que puede concederse para una sola entrada o para entradas múltiples. El portal oficial de inmigración vietnamita indica actualmente un precio de 25 dólares para la e‑Visa de una entrada y 50 dólares para la de entradas múltiples.

Y aquí sí haría una advertencia importante porque, cuando buscamos «visado Vietnam» en Internet, aparecen multitud de páginas que parecen oficiales y que en realidad son intermediarios que cobran una comisión por realizar una gestión que podemos hacer nosotros mismos. Si necesitáis solicitar una e‑Visa, yo acudiría directamente al portal oficial de visados electrónicos del Departamento de Inmigración de Vietnam. Además de ahorrarnos intermediarios, evitamos introducir los datos de nuestro pasaporte en páginas cuya procedencia no tenemos demasiado clara.
El procedimiento de la e‑Visa es bastante sencillo: se completa la solicitud por Internet, se abona la tasa correspondiente y, una vez aprobada, se recibe el resultado electrónicamente. El visado permite permanecer en Vietnam hasta 90 días y puede solicitarse con entrada única o múltiple. Esta última opción puede resultar especialmente interesante si estamos haciendo un viaje largo por el sudeste asiático y queremos, por ejemplo, entrar en Vietnam, salir unos días hacia Camboya, Laos o Tailandia y regresar posteriormente al país.
Otra recomendación que puede parecer obvia pero que merece la pena recordar es revisar siempre los requisitos de entrada pocos días antes de viajar. Las normas migratorias cambian y lo que era válido cuando compramos el vuelo ocho meses antes puede haber sufrido alguna modificación. Para los viajeros españoles, una de las fuentes que yo consultaría antes de salir es la página de Recomendaciones de viaje a Vietnam del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Es mucho más fiable que quedarse únicamente con lo que diga un blog —incluido este— escrito meses antes del viaje.
Una vez en inmigración, mi experiencia es que todo resulta bastante rutinario. Pasaporte, control correspondiente y a seguir viaje. Aun así, yo llevaría accesible en el teléfono la reserva del primer alojamiento y los datos básicos del viaje por si nos los solicitan. También conviene saber que la legislación vietnamita establece que los extranjeros deben poder presentar su pasaporte y la documentación relacionada con su estancia cuando se la requieran las autoridades. Los propios alojamientos utilizan además nuestros datos para realizar la declaración de estancia correspondiente.
Hay además una novedad práctica que merece la pena conocer. El Departamento de Inmigración vietnamita recomienda a los viajeros cumplimentar antes de llegar el formulario de pre-arrival disponible en su sistema oficial, ya que puede agilizar los procedimientos de entrada. No lo confundiría con un visado: es simplemente una herramienta previa recomendada por Inmigración. Se puede rellenar 72 horas antes de entrar al país y genera un código QR que agiliza los trámites a la llegada.
Sanidad y seguro médico
En cuanto a los trámites sanitarios, viajar a Vietnam en 2026 no tiene nada que ver con hacerlo durante los años posteriores a la pandemia, cuando había que estar constantemente pendientes de certificados, pruebas y formularios. Aun así, antes de viajar siempre merece la pena consultar las recomendaciones sanitarias actualizadas y, sobre todo, contratar un buen seguro de viaje. Esto último para mí no es negociable en un viaje de estas características.
El Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda expresamente viajar a Vietnam con un seguro sanitario que pueda cubrir los gastos derivados de una enfermedad o un accidente, ya que la asistencia sanitaria española no nos cubre allí como lo haría dentro de la Unión Europea. No penséis solamente en una enfermedad grave. Un accidente de moto, una caída, una intoxicación alimentaria, una infección o cualquier problema que requiera atención hospitalaria puede acabar convirtiéndose en una factura considerable.
Cómo encontrar vuelos baratos a Vietnam
Una de las primeras cuestiones que tenemos que resolver cuando empezamos a organizar un viaje a Vietnam es, evidentemente, cómo llegar hasta allí sin que solamente el billete de avión se lleve una parte desproporcionada de nuestro presupuesto. Y mi primer consejo es precisamente que no os limitéis a buscar vuelos desde España directamente a Vietnam, porque muchas veces esa no tiene por qué ser la opción más barata. Cuando preparo un viaje por Asia intento ampliar bastante el mapa y jugar con diferentes ciudades de entrada a la región, y una de las que siempre merece la pena tener en cuenta es Bangkok. La capital tailandesa es uno de los grandes centros de conexiones aéreas del sudeste asiático y puede convertirse en una estupenda puerta de entrada para continuar posteriormente hacia Vietnam, Camboya, Laos, Malasia o prácticamente cualquier otro país de la zona.
Eso fue precisamente lo que hicimos nosotros en este segundo viaje a Vietnam. En lugar de comprar un billete desde España directamente hasta el país, volamos primero a Bangkok y desde allí continuamos por nuestra cuenta hasta Vietnam. En nuestro caso, además, queríamos comenzar el viaje por la zona central del país, por lo que encontramos una combinación que nos venía estupendamente: volar desde Bangkok directamente hasta Da Nang con AirAsia. De esta manera evitábamos tener que entrar por Hanói o por Ho Chi Minh City y coger después otro vuelo doméstico para llegar hasta el centro del país. Y aquí aparece una de las compañías que considero especialmente interesantes cuando viajamos por esta parte del mundo: AirAsia.
Es una aerolínea de bajo coste que cuenta con una enorme red de conexiones por todo el sudeste asiático y que puede permitirnos encontrar vuelos realmente económicos entre Bangkok y diferentes ciudades vietnamitas. Eso sí, como ocurre con prácticamente todas las compañías low cost, hay que fijarse en el precio final y no únicamente en esa tarifa tan estupenda que aparece inicialmente en la pantalla, porque tendremos que añadir equipaje facturado, elección de asiento o cualquier otro servicio que necesitemos.

Para mí, por tanto, una de las mejores estrategias para encontrar vuelos baratos a Vietnam consiste en no realizar una única búsqueda. Además de comprobar cuánto cuesta volar desde Madrid a Hanói, Ho Chi Minh City o Da Nang, merece muchísimo la pena mirar también cuánto cuesta llegar desde España a Bangkok y después buscar por separado el vuelo entre Bangkok y Vietnam. Incluso podemos ampliar todavía más la búsqueda y comprobar Kuala Lumpur, otra de las grandes bases de compañías de bajo coste del sudeste asiático. Puede suceder que un vuelo directamente hasta Vietnam resulte más barato y entonces no habrá nada más que pensar. Pero también podemos encontrarnos con que llegar hasta Bangkok cuesta considerablemente menos y que desde allí podemos continuar hasta Vietnam por muy poco dinero. En esos casos, comprar los trayectos por separado puede suponer un ahorro bastante interesante, especialmente si viajamos varias personas.
Además, esta manera de organizar el viaje ofrece una posibilidad que a mí personalmente me gusta mucho: aprovechar la conexión para quedarnos uno o dos días en Bangkok. De esta forma no solamente añadimos otra ciudad al viaje, sino que eliminamos uno de los principales inconvenientes de comprar los vuelos por separado. Y es que hay algo que debemos tener muy claro: si compramos un Madrid-Bangkok con una compañía y posteriormente un Bangkok-Da Nang con AirAsia, estamos ante dos reservas completamente independientes. Si nuestro primer vuelo llega con varias horas de retraso y perdemos el segundo, AirAsia no tiene ninguna obligación de recolocarnos gratuitamente porque para ellos nosotros simplemente no nos hemos presentado a nuestro vuelo. Por eso jamás organizaría una combinación de este tipo dejando únicamente dos o tres horas entre ambos aviones. Prefiero dejar un margen enorme y, si el precio merece la pena, pasar incluso una noche en Bangkok. Al fin y al cabo, tampoco es precisamente el peor lugar del mundo para quedarse atrapado durante unas horas.
También debemos recordar que Bangkok cuenta con dos grandes aeropuertos. Muchos vuelos internacionales procedentes de Europa llegan a Suvarnabhumi, mientras que AirAsia y otras compañías de bajo coste operan principalmente desde Don Mueang. Esto significa que podemos aterrizar en Bangkok y tener que recoger nuestro equipaje, pasar inmigración, desplazarnos hasta el otro aeropuerto, volver a facturar y superar nuevamente los controles de seguridad. No estamos hablando de cambiar de terminal, sino de atravesar una parte de una ciudad gigantesca, por lo que debemos calcular muy bien los tiempos y no intentar hacer conexiones imposibles por ahorrarnos una noche de hotel. Además, incluir una noche entre medias puede convertir un viaje tan largo en algo menos cansado.

Otra cuestión que recomiendo comprobar antes de comprar el billete es por qué ciudad nos interesa realmente entrar en Vietnam. El país es larguísimo y recorrerlo de norte a sur supone cubrir una distancia considerable, por lo que no siempre tiene sentido entrar y salir por el mismo aeropuerto. Si nuestra intención es hacer una ruta completa podemos buscar, por ejemplo, un vuelo Bangkok-Hanói, recorrer Vietnam hacia el sur y terminar en Ho Chi Minh City, desde donde podemos regresar nuevamente a Bangkok. Si solamente queremos conocer el centro del país, podemos hacer como nosotros y volar directamente hasta Da Nang. Lo importante es adaptar los vuelos al itinerario y no hacer lo contrario, porque regresar cientos o incluso más de mil kilómetros únicamente para coger el vuelo de vuelta puede hacernos perder tiempo y dinero.
Para realizar todas estas búsquedas suelo utilizar comparadores como Skyscanner, especialmente porque permiten jugar bastante bien con las fechas y consultar el calendario mensual para detectar rápidamente qué días son más económicos. A veces adelantar o retrasar la salida solamente uno o dos días supone una diferencia considerable. Una vez localizado el vuelo que me interesa, siempre compruebo cuánto cuesta exactamente el mismo trayecto en la página oficial de la compañía aérea y, si la diferencia es mínima, personalmente prefiero comprar directamente con la aerolínea. En caso de cambio de horario, cancelación o cualquier otra incidencia, normalmente resulta mucho más sencillo gestionar una reserva directa que tener que hacerlo a través de un intermediario.
También recomiendo activar alertas de precios si todavía faltan varios meses para el viaje. Más que intentar adivinar cuál es ese supuesto día mágico de la semana en el que los vuelos cuestan menos, algo en lo que personalmente no creo demasiado, lo verdaderamente útil es conocer cuál es el precio habitual de nuestra ruta. Si llevamos varias semanas comprobando que Madrid-Bangkok cuesta alrededor de 600 o 700 euros y de repente encontramos un billete considerablemente más barato, podremos reconocer inmediatamente que estamos ante una buena oportunidad. Sin esa referencia es mucho más difícil saber si lo que tenemos delante es realmente una oferta o simplemente el precio normal del vuelo.
Otra búsqueda que merece la pena realizar es la opción multidestino. En lugar de buscar Madrid-Hanói-Madrid podemos probar Madrid-Hanói y Ho Chi Minh City-Madrid, por ejemplo. Incluso aunque inicialmente el billete multidestino resulte ligeramente más caro, puede terminar compensando si nos evita tener que comprar otro vuelo interno y perder prácticamente un día regresando al punto de partida. Cuando comparéis precios no penséis únicamente en cuánto cuesta el avión internacional, sino también en todos los desplazamientos adicionales que ese billete va a obligaros a realizar una vez dentro de Vietnam.
Clima: diferentes estaciones
Una de las primeras cosas que hay que tener claras cuando empezamos a preparar un viaje a Vietnam es que hablar del clima vietnamita como si fuera igual en todo el país es un error. Y es un error bastante fácil de cometer. Miramos un mapa, vemos Vietnam como una franja estrecha de territorio y tendemos a pensar que, más o menos, hará el mismo tiempo en todas partes. Nada más lejos de la realidad. No existe una época perfecta para todo el país.
Vietnam se extiende durante más de 2000 kilómetros de norte a sur y eso hace que podamos encontrarnos con condiciones meteorológicas completamente diferentes dentro del mismo viaje. Mientras en Hanoi puede estar lloviendo y haciendo un calor húmedo bastante considerable, en Hoi An podemos encontrarnos con días de sol y playa y, al mismo tiempo, en el sur puede caer uno de esos chaparrones tropicales que parecen capaces de inundarlo todo en cuestión de minutos. De hecho, el propio organismo de turismo vietnamita insiste en que la mejor época para viajar depende fundamentalmente de las regiones que vayamos a visitar.
Por eso yo no me obsesionaría demasiado con encontrar “el mes perfecto para viajar a Vietnam”, porque realmente no existe. Si vamos a recorrer el país entero, probablemente en algún momento nos tocará calor, lluvia, humedad o incluso algo de fresco. La cuestión está más bien en saber qué podemos encontrarnos en cada zona y organizar el itinerario en consecuencia.
En el norte de Vietnam, donde están Hanoi, Ninh Binh, la bahía de Ha Long, Sapa o Ha Giang, las estaciones están bastante más diferenciadas de lo que solemos imaginar cuando pensamos en un país tropical. El invierno, aproximadamente entre diciembre y febrero, puede ser fresco e incluso bastante frío en las zonas montañosas. En Sapa las temperaturas pueden bajar de los 10 grados y no es extraño encontrarse niebla, mientras que Hanoi puede sorprender con días grises y húmedos en los que una chaqueta no sobra en absoluto. Yo estuve en Sapa un mes de Enero y os aseguro que en las montañas usas ropa de abrigo y por la noche duermes tapadita.

La primavera y especialmente el otoño son épocas estupendas para recorrer esta parte del país. Entre septiembre y noviembre disminuyen progresivamente las lluvias, las temperaturas son más agradables y las zonas montañosas ofrecen algunos de sus paisajes más espectaculares. El verano, por el contrario, es caluroso, muy húmedo y lluvioso. Entre Mayo y Septiembre llega el monzón y Julio y Agosto suelen encontrarse entre los meses con precipitaciones más abundantes.
Y aquí hago un pequeño inciso porque nosotros viajamos precisamente en Agosto. Si uno se limita a mirar las tablas climáticas antes de comprar los billetes puede acabar pensando que viajar a Vietnam en agosto es poco menos que una temeridad. Echamos un ojo a la previsión climatológica antes de ir y daba miedo: todos los días aparecían con nubes, rayos y lluvia. Menudo panorama.
Pero una cosa es la estadística y otra muy distinta lo que finalmente ocurra durante nuestros quince días de vacaciones. La temporada de lluvias no significa necesariamente despertarse lloviendo, pasar ocho horas bajo el agua y acostarse mientras continúa cayendo el diluvio universal. En muchas zonas las precipitaciones son tropicales: cae una cantidad de agua impresionante durante un periodo relativamente corto y después la vida continúa con absoluta normalidad. La mayoría de los días comenzaba a llover (a diluviar más bien) sin avisarte, a lo bestia; solía ser a las ocho de la tarde, se tiraba una hora jarreando (buen momento para cenar) y después regreso al buen tiempo. Incluso hubo unos cuantos días que no nos cayó ni una gota. Que eso no quita para que tengas mala suerte y si te toca, te toca. El otro día me contaba una vecina que a su nuera le cogió en época de monzón un tifón que la pasaron canutas para atravesar un río. Así que prepárate para cualquier cosa pero, sobre todo, tómatelo con humor.
Eso sí, la humedad en verano es otra historia. Para mí este es uno de los aspectos que conviene tener más en cuenta. El calor vietnamita no siempre es únicamente una cuestión de grados. Son la humedad, la sensación térmica y esa impresión de llevar la ropa pegada al cuerpo cinco minutos después de salir del hotel las que pueden terminar pasando factura. Si viajáis en Julio o Agosto (siendo españoles, tendrás muchas posibilidades de venir en dicha época) yo organizaría las jornadas dejando las visitas más largas para primera hora de la mañana, evitando en lo posible las horas centrales del día y asumiendo desde el principio que probablemente vais a sudar muchísimo. No contéis, eso sí, con que llueva y así de paso refresque. El agua lo único que consigue es levantar el calor del asfalto. Forma parte del viaje.
El centro de Vietnam, donde se encuentran Hue, Da Nang y Hoi An y donde estuvimos nosotros, funciona de manera diferente. Aquí los meses de verano pueden ser muy calurosos pero también bastante soleados. Entre Junio y Agosto las temperaturas pueden superar ampliamente los 30 grados y las jornadas de playa son perfectamente posibles, nosotros nos bañamos con un sol estupendo. Las lluvias más problemáticas suelen llegar después, especialmente entre Septiembre y Noviembre, cuando aumenta considerablemente el riesgo de lluvias intensas, inundaciones y tifones. Esto es importante porque mucha gente piensa automáticamente que Julio y Agosto son los peores meses para viajar a cualquier lugar del sudeste asiático debido al monzón, y en Vietnam no funciona exactamente así. Dependiendo de la ruta, Agosto puede incluso ser una época perfectamente razonable. En nuestro caso lo fue.
Nosotros centramos buena parte del viaje precisamente en Hoi An, Hue y Da Nang, y el calor fue importante. Mucho. Pero eso no impidió que pudiéramos hacer el viaje con normalidad. Evidentemente, hubo momentos en los que apetecía entrar en cualquier cafetería que tuviera aire acondicionado y quedarse allí a vivir pero también disfrutamos de días que nos permitieron hacer todo lo que habíamos previsto.
Y después tenemos el sur de Vietnam, donde se encuentran Ho Chi Minh, el delta del Mekong o islas como Phu Quoc. Aquí prácticamente podemos olvidarnos de las cuatro estaciones. Hay fundamentalmente dos: la seca y la lluviosa. La temporada seca suele extenderse aproximadamente desde noviembre hasta abril, mientras que entre mayo y octubre llegan las lluvias del monzón. Las temperaturas, sin embargo, permanecen altas prácticamente durante todo el año.
De nuevo, temporada de lluvias no significa necesariamente viaje arruinado. En el sur es bastante habitual que tengamos una mañana estupenda y que por la tarde el cielo se vuelva negro de repente, caiga una tormenta espectacular durante una hora y después vuelva la normalidad. Cuando cae agua, cae de verdad. Las calles cambian en cuestión de minutos, aparecen impermeables por todas partes, las motos siguen circulando como si no estuviera ocurriendo absolutamente nada y media hora después encontramos nuevamente gente sentada en las terrazas.
Por supuesto, una tormenta tropical tiene mucha gracia cuando estamos tomando un café bajo techo y bastante menos cuando estamos a tres kilómetros del hotel con unas sandalias y el teléfono en la mano. Por eso, si viajáis en temporada húmeda, yo llevaría siempre en la mochila una funda impermeable para el móvil y un chubasquero fino. No hace falta cargar desde España con medio equipo de montaña: allí encontraréis los típicos ponchos de plástico prácticamente en cualquier parte. En Ho Chi Minh si nos llovió algo más pero por suerte, casi siempre por la tarde-noche y cuando estábamos tan cansados de patear que casi apetecía irse a guarecerse a nuestro hotel.
Además, viajar fuera de los meses considerados meteorológicamente perfectos también tiene algunas compensaciones. Los paisajes están increíblemente verdes, los arrozales pueden encontrarse espectaculares y determinadas zonas reciben menos turismo. Hay algo muy especial en contemplar Vietnam después de una tormenta, cuando todavía queda agua sobre el asfalto, el cielo comienza a abrirse y ese verde exagerado de la vegetación parece todavía más intenso.
Al final, mi consejo sería bastante sencillo: no intentéis encontrar un Vietnam sin lluvia, sin calor y sin humedad, porque probablemente acabaréis volviéndoos locos mirando estadísticas. Elegid primero qué lugares queréis conocer, comprobad después cómo funciona el clima concretamente en esas regiones y preparad el viaje en consecuencia. Y, sobre todo, dejad cierto margen para improvisar.
Cuánto cuesta viajar a Vietnam en 2026
Una de las grandes preguntas antes de preparar el viaje es evidente: ¿sigue siendo Vietnam un país barato? Rotundamente sí. Vietnam sigue siendo un destino muy económico si lo comparamos con España y, sobre todo, ofrece una relación calidad-precio extraordinaria. Pero también os digo una cosa: ya no es aquel Vietnam donde prácticamente todo parecía costar una cantidad insignificante.
El país ha cambiado, el turismo ha crecido enormemente y los precios también han subido. Aun así, todavía podemos dormir en hoteles estupendos por lo que pagaríamos por un alojamiento bastante corriente en Europa, comer fenomenal por unos pocos euros y utilizar Grab continuamente sin tener la sensación de estar destrozando el presupuesto.

Y aquí creo que hay que diferenciar entre viajar barato y viajar incómodo, porque en Vietnam no hace falta hacer lo segundo para conseguir lo primero. Nosotros no viajamos como mochileros, ni dormimos en habitaciones compartidas, ni nos privamos de entrar en una cafetería porque el café cueste un euro más. Nos alojamos en buenos hoteles, utilizamos Grab, comemos donde nos apetece y hacemos las visitas que queremos. Y aun así el gasto cotidiano puede mantenerse en cifras sorprendentemente bajas.
| Producto / servicio | Precio en VND | Precio aprox. € |
|---|---|---|
| 🍜 COMIDA Y BEBIDA | ||
| Bánh mì (bocadillo) | 20.000 | 0,65 € |
| Phở (sopa) | 40.000–70.000 | 1,35–2,35 € |
| Plato de comida callejera | 25.000–70.000 | 0,85–2,35 € |
| Comida en restaurante local | 80.000–200.000 | 2,65–6,65 € |
| Restaurante turístico / gama media | 150.000–600.000 | 5–20 € |
| Café vietnamita | 20.000–50.000 | 0,65–1,65 € |
| Cerveza bia hơi | 8.000–15.000 | 0,25–0,50 € |
| Cerveza embotellada | 25.000–50.000 | 0,85–1,65 € |
| Cerveza artesanal | 70.000–120.000 | 2,35–4 € |
| Coco fresco | 15.000–50.000 | 0,50–1,65 € |
| Botella de agua | 10.000–15.000 | 0,35–0,50 € |
| 🛵 TRANSPORTES | ||
| Grab Bike corto | 15.000–30.000 | 0,50–1 € |
| Grab coche 3–5 km | 30.000–60.000 | 1–2 € |
| Grab coche 5–6 km | 50.000–120.000 | 1,65–4 € |
| Autobús larga distancia | 250.000–400.000 | 8–13 € |
| Vuelo doméstico barato | Desde 400.000 | Desde 13 € |
| Ho Chi Minh–Da Nang en avión | 680.000–910.000 | 40 € |
| Tren nocturno Hanói–Huế, litera | 1.100.000–1.300.000 | 36–43 € |
| 🏨 ALOJAMIENTO | ||
| Cama en hostel | 120.000–400.000 | 4–13 € |
| Hotel económico | 400.000–700.000 | 13–23 € |
| Hotel gama media | 600.000–1.800.000 | 20–60 € |
| Hotel 5 estrellas | Desde 1,800.000 | Desde 60 € |
| 💆 OTROS GASTOS | ||
| SIM turística | 150.000–400.000 | 5–13 € |
| Lavandería | 20.000 | 0,65 por kilo |
| Corte de pelo | 50.000–250.000 | 1,65–8,35 € |
| Masaje 1 hora | 180.000–425.000 | 6–14 € |
| Tour económico | 500.000–1.200.000 | 17–40 € |
| Clase de cocina | 650.000–2.000.000 | 22–67 € |
| 💰 CONVERSIÓN RÁPIDA DE DONGS A EUROS | ||
| 10.000 VND | — | 0,33 € |
| 50.000 VND | — | 1,67 € |
| 100.000 VND | — | 3,33 € |
| 500.000 VND | — | 16,67 € |
| 1.000.000 VND | — | 33,33 € |
| 3.000.000 VND | — | 100 € |
Alojamiento: donde Vietnam sigue dando mucho por muy poco
Aquí es probablemente donde más noto la diferencia con Europa. En Vietnam podemos encontrar habitaciones privadas sencillas desde aproximadamente 15–30 dólares, mientras que los hoteles económicos se mueven habitualmente alrededor de 20–40 dólares. En la gama media, un hotel de tres estrellas puede encontrarse aproximadamente entre 35 y 70 dólares por habitación, aunque Hanoi, Ho Chi Minh y las zonas más turísticas pueden ser bastante más caras. Para que te hagas una idea: nosotros pagamos en Hoi An en pleno mes de Agosto por un hotel de cuatro estrellas con piscina con camas balinesas y desayuno buffet 55 euros la noche. Algo impensable en España ni en temporada baja en un pueblo perdido en medio del monte.
Pero las cifras dicen solamente una parte de la historia. Lo interesante es qué recibimos a cambio de ese dinero. En ciudades como Hue o Da Nang podemos encontrar por 30, 40 o 50 euros habitaciones que en muchas capitales europeas fácilmente duplicarían o triplicarían ese precio. Y si subimos un poco el presupuesto aparecen hoteles boutique, piscinas, desayunos estupendos y establecimientos de cuatro estrellas a precios que todavía permiten darse algún capricho. Evidentemente, Vietnam también tiene hoteles de 200, 300 y 400 euros. Podemos gastarnos prácticamente lo que queramos. Pero lo bueno es que no necesitamos hacerlo para alojarnos muy, muy bien.

Comer en Vietnam: uno de los grandes regalos para el presupuesto
Si hay algo que continúa siendo maravillosamente barato es comer. Y aquí tenemos que quitarnos de la cabeza la idea de que para comer barato tendremos que sobrevivir a base de bocadillos del supermercado. Precisamente la comida local es una de las cosas más económicas del viaje.
Un plato en un puesto callejero puede costarnos aproximadamente entre 25.000 y 50.000 VND (menos de 2 euros), y en un restaurante local podemos comer perfectamente por cantidades que rondan los 80.000–150.000 VND (entre 3 y 5 euros). En establecimientos más cuidados o claramente orientados al turismo, evidentemente pagaremos bastante más pero puedes comer en restaurantes locales con menús igual de sabrosos.
Y después están los cafés, que en Vietnam son casi una categoría presupuestaria propia. Porque una empieza diciendo que va a tomarse un café y termina probando el café con huevo, el café de coco, el café salado y cualquier invento vietnamita que aparezca en la carta. Sólo os digo que yo no soy muy cafetera y me he he convertido en adicta después de regresar de Vietnam y traerme café Robusta y café de coco. Qué riquísimo. Un café sencillo puede rondar 25.000 VND (casi 1 euro) y uno preparado en una cafetería más moderna aproximadamente 55.000 VND, aunque en establecimientos especialmente turísticos encontraremos precios superiores.
Precisamente por eso yo no intentaría ahorrar demasiado en comida. Estamos hablando de uno de los países con una gastronomía más interesante de Asia, por no decir la que más, y la diferencia entre comer baratísimo y comer muy bien sigue siendo pequeña comparada con nuestros precios.
Moverse por las ciudades es muy barato
Otro apartado donde probablemente gastaréis bastante menos de lo que imagináis es el transporte urbano. Nosotros utilizamos muchísimo Grab, especialmente cuando hacía demasiado calor para caminar o cuando queríamos desplazarnos rápidamente entre dos lugares. Y esa es una de las cosas que hacen que viajar actualmente por Vietnam sea muchísimo más cómodo que hace años.
Los trayectos urbanos cortos en taxi suelen costar aproximadamente entre 35.000 y 100.000 VND (1 a 3 euros), así que en cuanto apretaba el calor, tirábamos de Grab. Y sinceramente, en Agosto, hay momentos en los que es dinero estupendamente gastado.
Los transportes entre ciudades tampoco disparan demasiado el presupuesto pero Vietnam es un país larguísimo y aquí sí tenemos que reservar una parte del presupuesto para desplazarnos.
Los autobuses nocturnos continúan siendo la alternativa más barata. En 2026 pueden encontrarse trayectos largos aproximadamente entre 250.000 y 400.000 VND (entre 8,30–13,30 €), aunque los servicios VIP o las furgonetas más cómodas cuestan algo más. El tren también sigue siendo una opción fantástica, especialmente si tenemos tiempo y queremos convertir el desplazamiento en parte del viaje. Y luego están los vuelos internos, que muchas veces compensan enormemente porque las distancias son mucho mayores de lo que parecen sobre el mapa. Un Hanoi-Ho Chi Minh en tren puede rondar las 30 horas y desde el centro del país hasta cualquiera de los extremos son habituales trayectos de unas 16 horas. Por eso, para viajes de dos semanas, volar determinados tramos puede ahorrarnos muchísimo tiempo.
Con aerolíneas de bajo coste podemos encontrar vuelos internos bastante económicos si reservamos con tiempo: entre 400.000 y 1.500.000 VND (entre 13,30 y 50 €), dependiendo de la ruta y la tarifa.
Entradas, excursiones y actividades
Aquí es donde el presupuesto puede empezar a variar enormemente dependiendo de nuestra manera de viajar.
Muchos templos, pagodas y lugares de interés cuestan muy poco o incluso son gratuitos. Una entrada sencilla puede rondar desde 20.000 dongs hasta aproximadamente 250.000 VND para algunas atracciones.
Después tenemos las grandes excursiones turísticas, que juegan en otra liga. Un crucero por la bahía de Ha Long, una excursión privada, determinadas actividades en Hoi An o una experiencia organizada pueden aumentar considerablemente el gasto diario. Y aquí es donde Vietnam deja de ser necesariamente «baratísimo». Si cada día hacemos una excursión organizada, nos alojamos en buenos hoteles y cogemos varios vuelos internos, podemos terminar gastando bastante dinero aunque la comida nos cueste cuatro euros.
Entonces, ¿cuánto dinero necesito al día? Te voy a poner de ejemplo que quitando alojamiento, nosotros nos hemos gastado una media de 35 euros por persona / día sin cortarnos absolutamente de nada: comidas, bebidas, entradas, masajes, tratamientos de belleza, compras, Grab, helados, alquiler de sombrillas en la playa y cualquier capricho que se os ocurra. Pero yo matizaría mucho estas cifras porque dependen de si estamos contando el alojamiento por persona o por habitación y de cuántas excursiones y transportes internos hagamos. Y todo esto sin incluir el vuelo internacional desde España, que es el gasto que más puede alterar el presupuesto final.
Dinero en Vietnam
Una de las cosas que más desconciertan al llegar por primera vez a Vietnam es convertirse de repente en millonario. Cambias cien euros, miras todos aquellos billetes llenos de ceros y durante las primeras horas necesitas detenerte unos segundos cada vez que vas a pagar algo para comprobar que no estás entregando diez veces más de lo que corresponde.

La moneda oficial es el dong vietnamita (VND) y el billete de mayor valor es el de 500.000 dongs. Actualmente no se utilizan monedas de manera habitual y prácticamente todo el efectivo que manejaremos serán billetes. Al principio, tanto cero resulta bastante confuso. Pero os aseguro que después de unos días vuestro cerebro empieza a pensar directamente en cientos de miles de dongs y llega un momento en el que pagar 80.000 por una comida o 35.000 por un café nos parece completamente normal.
Fijaos bien en los billetes antes de entregarlos. Algunos tienen colores relativamente parecidos y específicamente ojo a la similitud entre los billetes de 20.000 y 500.000 dongs. La diferencia es enorme, así que especialmente durante los primeros días conviene comprobar dos veces lo que estamos dando.
Tarjetas
¿Hay que llevar efectivo a Vietnam? Sí. Aunque Vietnam se ha modernizado muchísimo y cada vez resulta más sencillo pagar con tarjeta, yo no viajaría dependiendo exclusivamente de ella. Una de las grandes diferencias que he encontrado respecto a mi primer viaje es precisamente esta. Vietnam utiliza muchísimo más los pagos electrónicos que hace diecisiete años. En los hoteles, restaurantes de cierto nivel, supermercados, spas, agencias y comercios turísticos encontraremos con bastante frecuencia terminales para pagar con Visa o Mastercard. Pero Vietnam continúa siendo un país donde una parte importantísima de la vida cotidiana funciona con efectivo. Y precisamente muchos de esos sitios son los que probablemente más nos interesen durante el viaje. Un pequeño restaurante familiar, un puesto de comida callejera, un mercado, una tienda diminuta, un vendedor ambulante o determinadas compras en zonas rurales pueden requerir dongs. Por eso, mi sistema es muy sencillo: tarjeta para los gastos importantes y efectivo para el día a día.
No llevaría encima cantidades enormes. Sacaría o cambiaría dinero periódicamente y dejaría el resto, junto con una segunda tarjeta, guardado en el alojamiento. Podemos llevar euros y cambiarlos una vez lleguemos a Vietnam o utilizar nuestra tarjeta para sacar dongs directamente de un cajero. De hecho, probablemente lo más práctico sea combinar ambos sistemas.
Sin embargo, hay una peculiaridad curiosa: los vietnamitas utilizan muchísimo el pago mediante códigos QR, algo que veremos constantemente. En un restaurante diminuto, en una cafetería o incluso en pequeños negocios veremos el código colocado junto a la caja para que los clientes paguen directamente con el móvil. El problema es que muchos de estos sistemas están vinculados a cuentas bancarias y aplicaciones vietnamitas, por lo que como turistas extranjeros no siempre podremos utilizarlos de la misma manera que un residente. Por eso el efectivo continúa siendo nuestro gran comodín.
Yo viajaría con dos tarjetas Esta es una costumbre que tengo prácticamente para cualquier viaje fuera de Europa: nunca depender de una única tarjeta. Llevaría al menos dos y las guardaría separadas. Una puede ir conmigo durante el día y la otra quedarse en la caja fuerte del hotel. Porque una tarjeta puede bloquearse. Podemos perderla. Puede decidir misteriosamente que no quiere funcionar en un cajero vietnamita. Nos la pueden retener. O nuestro banco puede interpretar que intentar pagar una cena en Da Nang es una operación sospechosa y bloquear temporalmente el uso (a Juan le ocurrió una vez que intentó comprar unas botas mientras estábamos de viaje en Costa Rica). Y cuando estamos a diez mil kilómetros de casa, tener una segunda tarjeta convierte lo que podría ser un problema bastante serio en una simple molestia.

En las grandes ciudades y principales destinos turísticos existen multitud de cajeros y los encontraremos también en los aeropuertos internacionales. El problema no suele ser encontrar el cajero. El problema son las comisiones y los límites de retirada.
Dependiendo del banco, algunos cajeros permiten retirar solamente dos o tres millones de dongs por operación, nosotros nos encontramos con dicha limitación varias veces, mientras que determinadas entidades permiten extracciones de entre cinco y diez millones. Esto importa bastante porque, si nuestro banco cobra una comisión cada vez que sacamos dinero y además el cajero vietnamita aplica la suya, realizar muchas retiradas pequeñas puede terminar saliendo bastante caro.
Antes de viajar comprobaría qué condiciones tiene nuestra tarjeta para sacar dinero fuera de la zona euro. Algunas tarjetas pensadas para viajar ofrecen unas condiciones muchísimo mejores que las de la banca tradicional, especialmente en lo relativo a las comisiones por cambio de divisa.
Regla fundamental en los cajeros: siempre dongs
Hay una pequeña trampa que no es exclusiva de Vietnam y que encontramos cada vez más cuando viajamos. Al pagar con tarjeta o retirar dinero, el terminal puede ofrecernos hacer la conversión y mostrarnos directamente el importe en euros. Parece muy cómodo porque inmediatamente sabemos cuánto estamos pagando pero normalmente no nos interesa aceptar esa conversión.
Si nos preguntan si queremos que la operación se cargue en euros o en moneda local, yo elegiría siempre VND, dongs vietnamitas. De esta manera dejamos que sea nuestra tarjeta o nuestro banco quien realice la conversión según sus condiciones, en lugar de aceptar el tipo de cambio propuesto por el cajero o terminal. Las operaciones con tarjeta realizadas dentro de Vietnam se efectúan en dongs o se convierten a dongs, según las normas vietnamitas. Por supuesto, esto funciona especialmente bien si llevamos una tarjeta que no cobre una comisión elevada por cambio de divisa. Por eso merece la pena revisar estas condiciones antes de salir de España.
¿Dónde cambiar euros?
Cambiar euros en Vietnam tampoco resulta complicado. Podemos hacerlo en bancos y establecimientos autorizados de cambio, y los aeropuertos internacionales cuentan también con servicios donde conseguir nuestros primeros dongs al llegar. Yo no cambiaría una cantidad enorme en el aeropuerto sin comparar el tipo de cambio. Para salir del paso, pagar un transporte o disponer de dinero durante las primeras horas puede venir fenomenal, pero después podemos mirar tranquilamente otras opciones en la ciudad.
Y aquí haría otra recomendación: aunque durante muchos años se ha hablado muchísimo de cambiar dinero en joyerías vietnamitas, yo utilizaría bancos o puntos de cambio autorizados. La regulación vietnamita contempla expresamente bancos autorizados y agentes de cambio que operan bajo autorización para estas operaciones. No merece la pena complicarnos por conseguir unos pocos dongs más.
También llevaría algo de efectivo separado del dinero que utilizamos habitualmente. No hace falta esconder billetes en quince lugares diferentes, pero sí evitar tener todo nuestro dinero, las dos tarjetas y el pasaporte juntos en la misma cartera. Los billetes grandes pueden ser incómodos Otro pequeño problema práctico aparece cuando el cajero nos entrega varios billetes de 500.000 dongs. En un hotel o supermercado no tendremos ningún problema pero intentar pagar una botella de agua o un café con un billete grande puede ser bastante incómodo.
Yo aprovecharía los establecimientos grandes para cambiar los billetes de 500.000 y conseguir denominaciones pequeñas. Son las que terminaremos utilizando continuamente para pequeños pagos, mercados, puestos callejeros y transportes. Y antes de abandonar un comercio comprobaría siempre el cambio. No porque piense que estén intentando engañarnos, sino porque manejar cantidades como 500.000, 200.000, 50.000 y 20.000 durante nuestros primeros días puede resultar bastante confuso.
Yo llevaría el equivalente a unos 30–50 euros en dongs para los gastos cotidianos, además de una tarjeta. Con eso tendremos de sobra para comer, tomar cafés, hacer pequeñas compras y movernos durante buena parte del día, y si surge un gasto mayor, podemos pagar con tarjeta o sacar más dinero. Si vamos a desplazarnos a zonas rurales, hacer una excursión o pasar varios días alejados de grandes ciudades, sí aumentaría la cantidad. Precisamente porque allí podemos encontrar menos cajeros y establecimientos que acepten tarjetas.
Internet en Vietnam: SIM y wifi
Tener internet en Vietnam es facilísimo y, además, muy barato. Y precisamente por eso voy a empezar este apartado con una recomendación bastante clara: yo no compraría una eSIM internacional tipo Holafly para viajar a Vietnam. De verdad, no hagas caso a todos esos influencers que en TikTok o Instagram recomiendan Holafly porque es un jodido timo. Así, con todas las letras. ¿Por qué vas a pagar 40 euros por algo que en el país de destino te puede costar entre 5 y 10 euros? En un país donde una SIM local cuesta poquísimo, personalmente me parece una gilipollez pagar una cantidad desproporcionada simplemente por la comodidad de llegar con internet activado desde casa.
De hecho, Vietnam es uno de esos destinos donde menos sentido le veo a gastarse una cantidad importante en una eSIM internacional. Aquí podemos comprar una SIM local con 30, 60 e incluso más de 100 GB para un mes por aproximadamente 120.000–300.000 dongs, es decir, alrededor de 4–10 euros dependiendo del cambio y del paquete contratado. Que cada uno valore cuánto está dispuesto a pagar por esa comodidad pero personalmente prefiero dedicar la diferencia a comerme unos cuantos banh mi, tomarme veinte cafés vietnamitas o pagar unos cuantos Grab.
Por eso digo que las eSIM de este tipo me parecen un robo, aunque utilizo la palabra en sentido coloquial: no estoy diciendo que exista ningún engaño, porque el precio y las condiciones están perfectamente indicados. Lo que digo es que, para Vietnam, la diferencia de precio frente a una SIM local me parece difícil de justificar.
Mi recomendación: comprar una SIM vietnamita
Nada más llegar compraría una tarjeta de alguno de los tres grandes operadores del país: Viettel, Vinaphone o Mobifone. Las tres compañías disponen de redes 4G y 5G y funcionan perfectamente en las principales ciudades y destinos turísticos. Si vais a hacer una ruta bastante convencional por Hanoi, Hue, Da Nang, Hoi An o Ho Chi Minh, cualquiera de ellas puede serviros. Si vuestro viaje incluye zonas rurales, montañas del norte, Ha Giang, Cao Bang o lugares más apartados, yo elegiría Viettel, que actualmente es la compañía con mayor cobertura en áreas remotas.

Nosotros fue la que usamos. Los precios son realmente bajos. Nosotros pagamos por una SIM de 30 días con un máximo de 5 GB diarios (de sobra para dos personas) unos 250.000 dongs (unos 8 euros). Podemos utilizar Google Maps constantemente, pedir Grab, consultar restaurantes, enviar fotografías, utilizar redes sociales, hacer búsquedas y comunicarnos por WhatsApp sin estar mirando cada cinco minutos cuántos megas nos quedan. Además, muchas veces compramos esos supuestos «datos ilimitados» porque suena estupendamente cuando, en realidad, durante dos semanas de vacaciones no vamos a necesitar ni remotamente una cantidad ilimitada de datos.
Las SIM vietnamitas deben registrarse con los datos del usuario y necesitaremos presentar nuestro pasaporte original. Comprar en una tienda oficial nos asegura que la tarjeta queda correctamente registrada a nuestro nombre. Las SIM vendidas sin registrar correctamente pueden terminar bloqueadas.
Podemos comprarla nada más aterrizar en el aeropuerto y salir ya conectados. Es la opción más cómoda y probablemente la que elegiría si llego cansada después de muchas horas de viaje y simplemente quiero poner Grab y marcharme al hotel. Eso sí, en el aeropuerto normalmente pagaremos algo más pero estamos hablando de precios tan bajos que tampoco convertiría esto en una misión de ahorro extremo. Si por uno o dos euros más puedo salir del aeropuerto con el teléfono funcionando, probablemente los pagaría. Vamos, que nosotros los pagamos y nos quitamos de historietas.
“Pero mi móvil tiene eSIM y no quiero cambiar la tarjeta”. Perfecto. Comprar una SIM local no significa necesariamente comprar una tarjeta física. Los operadores vietnamitas también disponen de opciones eSIM. Es decir, podemos aprovechar la comodidad de una eSIM sin necesidad de pagar los precios de un intermediario internacional. Esta me parece una alternativa especialmente interesante para quienes quieren conservar su SIM española dentro del teléfono para recibir mensajes o códigos de verificación. Podemos mantener nuestra línea habitual y utilizar la línea vietnamita exclusivamente para los datos.
Eso sí, antes de viajar comprobad que vuestro teléfono admite eSIM y, si utilizáis dos líneas simultáneamente, aseguraos de que los datos móviles están asignados a la SIM vietnamita. Y desactivad la itinerancia de datos de la línea española para evitar una desagradable sorpresa en la factura.
El wifi en Vietnam funciona estupendamente. Y además probablemente utilizaremos menos datos de los que pensamos porque Vietnam está lleno de wifi. Prácticamente todos los hoteles ofrecen conexión gratuita y es habitual encontrarla también en cafeterías, restaurantes y otros establecimientos. En las grandes ciudades la conexión suele ser bastante buena y las redes móviles vietnamitas también ofrecen velocidades excelentes: en Hanoi y Ho Chi Minh el 5G puede alcanzar habitualmente velocidades de descarga próximas a los 100 Mbps.
En zonas rurales la situación cambia y el wifi puede ser bastante más lento o irregular. Precisamente por eso recomiendo disponer siempre de datos móviles y no confiar exclusivamente en las redes de hoteles y restaurantes. Para mí, internet móvil es casi imprescindible en Vietnam fundamentalmente por Grab y Google Maps. Grab nos va a solucionar muchísimos desplazamientos y necesitamos conexión para pedir el vehículo, localizar al conductor y comprobar el trayecto. Lo mismo ocurre cuando caminamos por una ciudad, buscamos nuestro hotel o intentamos encontrar aquel restaurante que alguien nos recomendó. También utilizaremos continuamente el traductor, WhatsApp, las reservas de hoteles, billetes electrónicos y aplicaciones de transporte. Por eso no viajaría dependiendo únicamente del wifi.
Cuidado con las redes públicas
Otra cosa diferente es conectarnos alegremente a cualquier wifi abierto que aparezca. Para consultar Google Maps o buscar dónde comer no me preocupa especialmente pero evitaría realizar operaciones bancarias, introducir datos sensibles o hacer determinadas compras utilizando una red pública desconocida. Para esas cosas prefiero utilizar los datos de mi propia SIM.
También descargaría antes de viajar los mapas sin conexión de las zonas que vayamos a visitar. No porque en Vietnam vayamos a quedarnos constantemente sin cobertura, sino porque puede ocurrir en una carretera, una zona montañosa o simplemente en el peor momento posible.
Cómo moverse por Vietnam
El uso de Grab
Si tuviera que recomendar una sola aplicación para instalar en el móvil antes de viajar a Vietnam, sería Grab. Para nosotros se ha convertido en una herramienta prácticamente imprescindible y, después de utilizarla continuamente durante el viaje, tengo bastante claro que prefiero Grab antes que coger un taxi convencional por la calle.
No estoy diciendo que todos los taxistas vietnamitas intenten engañar a los turistas, porque evidentemente no es así y existen compañías perfectamente fiables. Simplemente considero que, teniendo una aplicación que me dice cuánto voy a pagar, quién viene a recogerme, qué matrícula tiene el vehículo, saber por dónde me está llevando y que la empresa controle que me he montado en tal coche por lo que pueda pasar (insisto en que Vietnam es un país segurísimo), no encuentro demasiadas razones para complicarme negociando con un taxi. Y esto, cuando estamos en un país que no conocemos y donde además no hablamos el idioma, proporciona una tranquilidad enorme.
Grab nació en el sudeste asiático como una alternativa a los taxis tradicionales y actualmente está extraordinariamente implantada en Vietnam. La compañía anunció que ya tenía presencia con varios de sus servicios en las 34 provincias y ciudades administrativas del país. Esto no significa que vayamos a encontrar la misma cantidad de coches disponibles en una pequeña localidad que en Ho Chi Minh, evidentemente, pero en las principales ciudades turísticas funciona estupendamente.
Mi consejo sería descargar la aplicación antes de salir de España, crear la cuenta tranquilamente y dejarla preparada. Cuando lleguemos a Vietnam, colocamos nuestra SIM local, abrimos Grab y ya tenemos solucionada buena parte de los desplazamientos urbanos.

Nosotros lo hemos utilizado en Hoi An, Hue, Ho Chi Minh y Da Nang, y una de las cosas que más agradecí fue precisamente olvidarme de negociar cada desplazamiento. Abro la aplicación, escribo dónde quiero ir, veo el precio y decido si me interesa. Punto. Para mí la principal ventaja no es siquiera que pueda resultar más barato, sino saber de antemano cuánto me va a costar el trayecto. Con un taxi tradicional siempre aparece esa pequeña incertidumbre cuando estamos en un país extranjero. ¿Pondrá el taxímetro? ¿Será esta la tarifa correcta? ¿Me estará dando una vuelta innecesaria? ¿Tengo que negociar antes de subir? ¿Me ha entendido realmente cuando le he dicho dónde quiero ir?
Con Grab desaparece buena parte de todo eso. Indicamos el destino directamente en el mapa y la aplicación nos muestra el precio antes de confirmar el vehículo. También conocemos los datos del conductor y podemos seguir el recorrido mediante GPS.
Y hay otra cosa que para mí es importantísima: no necesitamos explicar la dirección. Esto parece una tontería hasta que intentamos pronunciar correctamente el nombre de una calle vietnamita delante de alguien que no habla inglés. Con Grab el conductor ya tiene nuestro destino en su teléfono. Podemos estar delante de un templo, de un restaurante o de un hotel cuyo nombre somos incapaces de pronunciar y no importa demasiado. Marcamos el lugar en la aplicación y listo. Por eso yo prácticamente he dejado de utilizar taxis tradicionales en aquellos países asiáticos donde funcionan bien este tipo de aplicaciones.
GrabCar: la opción que más utilizamos
La opción más parecida a un taxi convencional es GrabCar. Solicitamos un coche con conductor y la aplicación nos indica cuánto costará el trayecto. En Vietnam los desplazamientos urbanos pueden resultar sorprendentemente económicos. Como referencia, un recorrido corto de unos tres a cinco kilómetros puede rondar aproximadamente entre 0,80 y 2 euros, aunque evidentemente el precio cambia dependiendo de la ciudad, la distancia, la demanda y el tráfico.
Esto hace que una empiece el viaje diciendo aquello de «vamos andando, que solamente son veinte minutos» y termine unos días después mirando Grab para recorrer dos kilómetros. Y en nuestro caso hubo un motivo añadido: el calor. Vietnam en verano puede ser agotador. Hay momentos en los que esos veinte minutos andando bajo el sol y con una humedad tremenda dejan de parecer una idea estupenda. Cuando descubrimos que un coche con aire acondicionado cuesta poquísimo entre dos personas, la tentación de pedir un Grab se vuelve bastante difícil de resistir.
Además, no considero que utilizar Grab quite autenticidad al viaje. Nosotros caminamos muchísimo pero hay desplazamientos que sencillamente no aportan nada. Si tengo que recorrer cuatro kilómetros por una avenida llena de tráfico para llegar al siguiente lugar que quiero visitar, prefiero hacer ese trayecto en coche y guardar las piernas para recorrer después un mercado, un barrio antiguo o una zona donde realmente merece la pena caminar.
Después está GrabBike, que es exactamente lo que parece: en lugar de venir a buscarnos un coche, viene una moto con conductor. Si viajáis solos puede resultar una opción tremendamente barata y, además, bastante eficaz para atravesar el tráfico de Hanoi o Ho Chi Minh. Las motos pueden avanzar por lugares donde un coche queda completamente atrapado y el precio suele ser sensiblemente inferior al de GrabCar. Aquí cada uno tiene que decidir hasta dónde llega su amor por la aventura vietnamita.
Yo entiendo perfectamente que haya gente que vea el tráfico de Ho Chi Minh durante cinco minutos y decida que no piensa subirse a una moto ni aunque le paguen. También entiendo a quien considere que recorrer la ciudad detrás de un conductor vietnamita forma parte de la experiencia. La ventaja frente a alquilar nosotros mismos una moto es evidente: conduce alguien acostumbrado al tráfico local.
Además, desde junio de 2026 Grab dispone incluso de un servicio específico de GrabBike con conductores de habla inglesa en Hanoi y Ho Chi Minh, después de haberlo probado durante varios meses. No significa que necesitemos hablar demasiado con el conductor para utilizar un GrabBike normal —el destino ya aparece en la aplicación—, pero es una opción curiosa para quien se sienta más tranquilo pudiendo comunicarse en inglés.
Grab para ir y volver del aeropuerto
Otra utilización que me parece especialmente interesante es el traslado desde el aeropuerto. Cuando aterrizamos después de muchas horas de viaje es precisamente cuando somos más vulnerables a aceptar la primera oferta que aparece. Estamos cansados, llevamos las maletas, quizá no tenemos todavía demasiado claro cuánto vale la moneda local y lo único que queremos es llegar al hotel. Por eso yo comprobaría siempre cuánto cuesta Grab antes de aceptar un taxi del aeropuerto.
Grab dispone de servicios específicos desde determinados aeropuertos vietnamitas. En Hanoi, por ejemplo, existen actualmente opciones de GrabCar entre el aeropuerto y la ciudad, y la compañía también opera en los grandes aeropuertos turísticos del país. Eso sí, aquí hay que prestar atención a la zona de recogida. En algunos aeropuertos los vehículos de aplicaciones no pueden parar exactamente delante de cualquier puerta y tendremos que dirigirnos a un punto concreto. La propia aplicación suele indicarlo. Os lo digo porque nosotros tuvimos que dar un par de vueltas ya que no paran donde lo hacen los taxis. Y comprobad siempre la matrícula antes de subir. En lugares concurridos pueden aparecer varios vehículos prácticamente iguales y no sería la primera vez que alguien intenta entrar en el Grab de otra persona.
¿Hay que pagar Grab en efectivo?
Podemos utilizar efectivo o vincular determinados métodos de pago a la aplicación, aunque las posibilidades concretas pueden depender de nuestra tarjeta y de la configuración de la cuenta. Personalmente, llevaría siempre algo de efectivo aunque tengamos una tarjeta registrada. En Vietnam los dongs siguen siendo tremendamente útiles y así tampoco dependemos de que nuestra tarjeta extranjera decida funcionar perfectamente en cada momento. Las referencias actuales sobre Grab en Vietnam continúan señalando el efectivo como una de las formas de pago más fiables para viajeros.
Lo importante es que, aunque paguemos en efectivo, el precio ya está fijado en la aplicación. Esa es precisamente la diferencia fundamental respecto a negociar un vehículo en la calle.
Hay una precaución que aplicaría especialmente en aeropuertos, estaciones y lugares muy turísticos: no os subáis simplemente al coche de alguien que se acerque diciendo «Grab, Grab». Si hemos pedido un Grab, la aplicación nos muestra el vehículo, la matrícula y los datos del conductor. Comprobadlos. No necesitamos que aparezca espontáneamente alguien ofreciéndonos llevarnos diciendo que también trabaja para Grab (ocurre a menudo, os lo puedo asegurar). Si queremos utilizar la aplicación, hacemos la reserva dentro de la aplicación. Parece evidente, pero después de doce horas de avión, cargando con dos maletas y rodeados de gente ofreciendo transporte, no siempre pensamos con la misma claridad que cuando estamos tranquilamente leyendo este artículo desde casa.
Los precios pueden cambiar según la demanda. Grab no tiene siempre exactamente el mismo precio para un trayecto. Como ocurre con otras aplicaciones similares, la tarifa puede aumentar cuando existe mucha demanda, llueve, es hora punta o hay pocos conductores disponibles. Si veo que un trayecto que normalmente cuesta muy poco aparece de repente a un precio bastante superior y no tengo ninguna prisa, espero diez minutos y vuelvo a comprobarlo. Pero incluso cuando la tarifa aumenta sigo valorando una cosa: sé cuánto voy a pagar antes de subir.
Contratar el coche por horas
Grab ofrece además en Vietnam servicios que van más allá del simple desplazamiento de A a B. Por ejemplo, actualmente permite reservar un GrabCar por horas en ciudades como Hanoi, Ho Chi Minh y Da Nang. Esto puede resultar muy interesante si queremos visitar varios lugares alejados entre sí durante una mañana o una tarde y no nos apetece estar pidiendo un coche nuevo constantemente. Nosotros lo hicimos con un conductor que conocimos en Hue y nos cayó especialmente bien aunque reconozco que apalabramos con él directamente lo de estar con él toda la mañana y cerrar el precio sin depender de la aplicación.
También existen servicios de ida y vuelta durante cuatro u ocho horas en diferentes zonas del país, entre ellas Hanoi, Da Nang, Hue y Ninh Binh. Es una alternativa que yo compararía siempre con contratar un conductor privado a través del hotel o de una agencia. Algunas veces compensará Grab y otras conseguiremos mejor precio negociando un coche con conductor para toda la jornada.
Después de contaros todas sus maravillas, tampoco quiero dar la impresión de que recomiendo recorrer Vietnam mirando las ciudades desde la ventanilla de un coche. Todo lo contrario. Vietnam es un país para caminarlo. Hay que meterse por los mercados, entrar en callejones, detenerse delante de un puesto de comida, descubrir cafeterías escondidas y observar esa vida callejera que probablemente sea una de las cosas más fascinantes del país.
Pero las ciudades vietnamitas pueden ser enormes y las distancias engañan muchísimo sobre el mapa. En Ho Chi Minh podemos querer visitar dos lugares que parecen relativamente próximos y descubrir que tenemos por delante una caminata larga, con un tráfico tremendo y un calor sofocante. Da Nang se extiende muchísimo y determinados puntos turísticos están separados por varios kilómetros. Incluso en Hue hay desplazamientos para los que agradeceremos tener un vehículo.
Ahí es donde para mí entra Grab: no para sustituir los paseos, sino para eliminar los trayectos que no aportan nada al viaje.
Moverse entre ciudades
Una de las cosas que más me gustan de Vietnam es que resulta bastante fácil moverse por el país sin necesidad de alquilar un coche. De hecho, yo descartaría prácticamente desde el principio la idea de conducir por nuestra cuenta. Entre el tráfico, las motos, las normas de circulación que no siempre interpretamos de la misma manera que ellos y las dificultades relacionadas con los permisos de conducción, creo que existen alternativas muchísimo más cómodas. Y alternativas no faltan. Podemos movernos en avión, tren, autobús, autobuses cama, pequeñas furgonetas tipo limousine, barcos y, una opción que a mí me parece especialmente interesante, alquilar un coche con conductor.
Os comenté antes que Vietnam es larguísimo. Por eso yo no escogería un único medio de transporte para todo el viaje. Vietnam es uno de esos países donde lo inteligente es ir combinándolos. Avión para salvar grandes distancias, tren para determinados trayectos especialmente bonitos, autobús para conexiones donde no llega el ferrocarril y coche con conductor cuando queremos convertir el desplazamiento en una excursión.
Alquilar un coche con conductor
Cuando hablamos de alquilar un coche en Vietnam, yo no pensaría en recoger unas llaves en el aeropuerto y ponerme a conducir. Pensaría en alquilar coche y conductor juntos. Y no estamos hablando necesariamente de un servicio de lujo. Un coche privado con conductor puede costar aproximadamente entre 50 y 90 dólares por un día completo para un turismo, aunque naturalmente dependerá del recorrido, las horas, el vehículo y las paradas. Para un SUV o una furgoneta el precio será superior. Normalmente la tarifa se establece por vehículo y no por persona, de modo que si viajamos dos, tres o cuatro personas puede resultar mucho más razonable de lo que inicialmente parece. A mí me gusta especialmente para esos desplazamientos en los que tenemos que cambiar de ciudad pero hay varias cosas interesantes por el camino.
Por ejemplo, Hue-Hoi An pasando por el Hai Van Pass, haciendo paradas tranquilamente durante el recorrido. En lugar de considerar esas horas como un simple traslado, convertimos el cambio de hotel en un día más del viaje. Y aquí está para mí la principal ventaja: podemos decirle al conductor que queremos parar en un mirador, visitar un templo, comer en determinado lugar o detenernos para hacer fotografías. Llevamos las maletas en el coche y al terminar el recorrido nos deja directamente en el siguiente hotel. Un Hue-Hoi An con paradas por el Hai Van Pass puede rondar aproximadamente 55–95 dólares por vehículo, mientras que un trayecto sencillo Da Nang-Hoi An puede encontrarse aproximadamente entre 10 y 25 dólares por coche. Nosotros contratamos el trayecto de ida de Hoi An a Hue por 85 dólares, unos 70 euros al cambio.
Yo preguntaría siempre en el hotel, compararía con alguna agencia local y pediría el precio cerrado antes de salir, dejando claro qué está incluido: combustible, peajes, aparcamientos, número de horas y paradas. Para una pareja puede compensar en determinadas rutas y, si sois cuatro personas, haría números siempre antes de comprar cuatro billetes de otro transporte.
Aviones internos: imprescindibles si tenemos pocos días
Aquí reconozco que soy bastante práctica. Si tengo dos semanas para recorrer Vietnam, no voy a pasar 30 horas en un tren simplemente para poder decir que he atravesado el país por tierra.
Los vuelos internos son una de las grandes herramientas para organizar una ruta por Vietnam. Hanoi, Da Nang y Ho Chi Minh funcionan como los grandes nodos, pero existen muchos otros aeropuertos repartidos por el país, lo que permite saltarnos enormes distancias en una o dos horas. La aerolínea nacional es Vietnam Airlines y suele disponer de una enorme cantidad de frecuencias. Para buscar tarifas más económicas miraría especialmente VietJet Air, que tiene una extensa red de vuelos domésticos y es una de las grandes compañías de bajo coste vietnamitas (nosotros la usamos para volar de Da Nang a Ho Chi Minh y luego regresar). En cambio, no tendría demasiado sentido volar entre ciudades próximas simplemente porque exista un aeropuerto.
También dejaría cierto margen si el vuelo doméstico conecta después con nuestro vuelo internacional de regreso a España. Si los billetes son independientes, personalmente evitaría llegar a Hanoi o Ho Chi Minh dos horas antes del vuelo internacional confiando en que absolutamente todo salga perfecto.
Los trenes
Después tenemos el tren, que es casi el extremo contrario. Vietnam dispone de una red ferroviaria de aproximadamente 2.600 kilómetros que comunica el norte y el sur del país. Los trenes no son especialmente rápidos —la velocidad media ronda los 40 km/h— pero precisamente por eso hay trayectos en los que el ferrocarril se convierte en parte de la experiencia.
Tenemos diferentes categorías: asientos y literas, con distintas clases de comodidad. Para trayectos nocturnos yo elegiría una litera blanda, especialmente si vamos a pasar muchas horas dentro del tren. Las cabinas habituales de esta categoría cuentan con cuatro literas y ropa de cama sencilla.
Pero no utilizaría el tren simplemente porque sea más «auténtico». Un Hanoi-Ho Chi Minh de aproximadamente 30 horas puede ser maravilloso para alguien que tenga un mes y disfrute especialmente de los viajes ferroviarios. Si tenemos doce o quince días de vacaciones, para mí deja de tener demasiado sentido.
En cambio, hay recorridos que sí haría en tren sin pensarlo demasiado. Uno de ellos es Hue-Da Nang, porque la línea atraviesa el espectacular Hai Van Pass, pegándose durante buena parte del trayecto a la costa. Este es uno de esos casos en los que yo no considero que esté perdiendo tres horas desplazándome: considero que estoy haciendo una excursión mientras cambio de ciudad.
Nosotros precisamente elegimos el tren para este trayecto y creo que es una forma estupenda de llegar a Da Nang. Si podéis elegir asiento, intentad informaros previamente de qué lado ofrece las mejores vistas al mar según el sentido de vuestro recorrido, porque ahí está buena parte de la gracia del viaje. En el de Hue-Da Nang elegid el lado izquierdo en dirección a la marcha. Dedicaré un artículo completo a lo bonita que nos pareció la experiencia del Heritage Train porque es uno de los trayectos ferroviarios más impresionantes del mundo.

Los famosos autobuses cama vietnamitas
Y llegamos a uno de los transportes más característicos del país: los sleeper buses o autobuses cama. No estamos hablando simplemente de un autocar con asientos un poco más reclinables. En muchos de ellos encontramos auténticas literas o pequeñas cápsulas individuales donde viajamos prácticamente tumbados. Los veremos continuamente y constituyen uno de los principales medios de transporte de larga distancia tanto para vietnamitas como para viajeros extranjeros.
Los autobuses cama estándar pueden costar aproximadamente 7–12 dólares, los VIP entre 12 y 20 y las cabinas de categorías superiores pueden alcanzar los 30–50 dólares dependiendo de la ruta. Y aquí sí creo que merece la pena pagar un poquito más. En los modelos estándar las literas pueden resultar bastante estrechas, especialmente para una persona alta. Los VIP suelen tener menos pasajeros, literas algo más anchas, cortinas para tener cierta intimidad, luces individuales y conexiones USB. Después están los denominados cabin buses, donde encontramos pequeños compartimentos mucho más privados.
Una peculiaridad bastante vietnamita es que hay que quitarse los zapatos al subir. Normalmente nos proporcionan una bolsa para guardarlos y entramos al autobús en calcetines o descalzos. Otra peculiaridad es el aire acondicionado. Yo llevaría algo para abrigarme incluso aunque fuera haga 35 grados. Los autobuses asiáticos tienen esa maravillosa capacidad para convertir un trayecto por un país tropical en una expedición al Ártico.
Los autobuses cama funcionan especialmente bien para recorridos de seis, ocho o diez horas y permiten además viajar durante la noche y ahorrarnos una noche de hotel. Hay rutas habituales entre Hanoi y Sapa, Hanoi y Hue, Ho Chi Minh y Da Lat, Nha Trang y otras muchas ciudades. Eso sí, no reservaría cualquiera simplemente porque sea el más barato. La calidad de los vehículos y la conducción puede variar bastante entre compañías. Miraría opiniones recientes y, para un recorrido nocturno largo, escogería una empresa conocida aunque costara unos euros más.
Autobuses normales y los Open Bus
No todos los autobuses vietnamitas son autobuses cama. Para recorridos más cortos encontraremos autocares convencionales, baratos y con muchísimas conexiones entre ciudades. Son especialmente útiles para llegar a lugares donde no existe ferrocarril. También existe desde hace años el sistema de Open Tour Bus, muy popular entre viajeros que recorren Vietnam siguiendo la ruta clásica Hanoi-Hue-Hoi An-Nha Trang-Da Lat-Ho Chi Minh. Compramos diferentes tramos y vamos avanzando por el país utilizando autobuses orientados especialmente a turistas.
Estas rutas funcionan regularmente entre los principales destinos y recomienda reservar con uno o dos días de antelación en circunstancias normales. Si viajamos durante una gran festividad vietnamita, hacedlo incluso con un par de semanas de margen.
Las furgonetas limousine
Hay otra opción que cada vez encontramos más en Vietnam y que merece su propio apartado: las llamadas limousine vans. Que nadie imagine una limusina blanca de quince metros. Son pequeñas furgonetas acondicionadas con pocos asientos grandes y reclinables, aire acondicionado y bastante más comodidad que un autobús convencional. Algunas tienen solamente nueve u once plazas y ofrecen incluso recogida en determinados hoteles.
Se utilizan muchísimo en rutas de unas pocas horas como Hanoi-Ninh Binh, Hanoi-Sapa o determinados recorridos entre Hue y Hoi An. Cuestan más que un autobús normal, pero si la diferencia es pequeña yo las tendría muy en cuenta. Para un recorrido de cuatro o cinco horas, prefiero pagar unos euros más y viajar cómoda. Además, muchas evitan las grandes estaciones de autobuses o realizan recogidas en lugares más céntricos, lo que también nos ahorra desplazamientos adicionales.
Barcos y ferris
En determinados lugares de Vietnam, el barco no es una excursión sino un verdadero medio de transporte. Lo necesitaremos, por ejemplo, para acceder a algunas islas. Existen ferris y barcos rápidos hacia destinos como Phu Quoc, Con Dao o Cat Ba, dependiendo de nuestro punto de partida y de la ruta que estemos realizando. Después están todos esos recorridos donde el barco forma parte inseparable de la experiencia: la bahía de Ha Long, Lan Ha Bay, el delta del Mekong, Tam Coc o Trang An.
Aquí distinguiría entre ferri de transporte y excursión turística. Si simplemente necesitamos llegar a una isla, buscaría el barco regular y compraría directamente el billete. Si queremos navegar por Ha Long o recorrer los canales del Mekong, entonces ya estamos hablando de una actividad turística y compararía cuidadosamente qué incluye cada excursión. Y también tendría presente el clima. Los barcos son uno de los primeros transportes que pueden verse afectados cuando aparecen tormentas fuertes o tifones, especialmente durante determinadas épocas del año.
¿Dónde comprar los billetes?
Actualmente organizar estos desplazamientos es muchísimo más sencillo que hace años.
Los billetes de avión podemos comprarlos directamente en las páginas de las compañías. Para trenes, utilizaría preferentemente los canales oficiales de Vietnam Railways o plataformas de reserva conocidas, y para autobuses existen buscadores como Vexere, Baolau (que fue la que usamos nosotros, muy popular en Vietnam) o 12Go que permiten comparar horarios y compañías.
También podemos comprar muchísimos trayectos directamente en el hotel. Y esta es una opción que yo no descartaría. A veces nos obsesionamos con reservar absolutamente todo desde España y después descubrimos que en recepción pueden organizarnos la furgoneta del día siguiente, recogernos directamente en el hotel y cobrarnos prácticamente lo mismo. Mi consejo: combinar, combinar y combinar
No intentaría recorrer todo el país en tren porque alguien haya dicho que es la manera más auténtica. Tampoco cogería seis vuelos internos porque sean rápidos. Y mucho menos alquilaría un coche con conductor durante quince días si existe un tren estupendo entre dos de las ciudades que quiero visitar. Miraría cada desplazamiento individualmente. Para 800 kilómetros, probablemente avión. Para un trayecto especialmente bonito como Hue-Da Nang, tren. Para una ruta nocturna de ocho horas que no tenga buena conexión ferroviaria, autobús cama. Para cuatro horas entre dos destinos turísticos, quizá una limousine van. Para un desplazamiento donde quiero hacer tres visitas por el camino, coche con conductor. Y para moverme dentro de las ciudades, como os contaba anteriormente, Grab y mis propias piernas.
Mi ruta por Da Nang, Hoi An, Hue y Ho Chi Minh
A la hora de organizar este viaje había una cuestión que para nosotros era fundamental: yo ya conocía buena parte del norte de Vietnam de mi anterior viaje al país. En aquella ocasión había estado en Hanoi, había recorrido la bahía de Ha Long y había subido hasta los arrozales de Sapa, así que esta vez no tenía demasiado sentido repetir exactamente el mismo itinerario. Quería conocer otro Vietnam, uno que en aquel primer viaje se me había quedado pendiente, y por eso decidimos concentrar buena parte de la ruta en el centro del país y sumarle la capital, Ho Chi Minh, en el sur del país.
La elección terminó llevándonos a Hoi An, Hue y Da Nang, tres ciudades relativamente próximas entre sí y, sin embargo, completamente diferentes. Y esa fue precisamente una de las cosas que más me gustaron del recorrido. En pocos kilómetros pasamos de la imagen casi perfecta de las calles iluminadas por farolillos de Hoi An al pasado imperial de Hue y, después, a una Da Nang moderna, extensa, llena de edificios nuevos y abierta al mar. Era una Vietnam que tenía muy poco que ver con la que yo recordaba de Hanoi, Sapa y Ha Long. Además, como comenté antes, quisimos incorporar Ho Chi Minh y disfrutar de una de las ciudades míticas de Asia, la antigua Saigon.
Por eso nuestra ruta no pretende ser, ni mucho menos, el itinerario que recomendaría a alguien que visita Vietnam por primera vez y quiere llevarse una visión general del país. Si nunca hubiera estado allí, probablemente habría incluido Hanoi y algún destino del norte. Nuestra situación era diferente: precisamente porque esa parte ya la conocía, podía permitirme dedicar muchos más días al centro, viajar con bastante más calma y no caer en la tentación de intentar atravesar Vietnam entero en apenas dos semanas.

Queríamos quedarnos varios días en los lugares, poder improvisar, descansar cuando nos apeteciera y conocer algo más que los cuatro monumentos imprescindibles de cada ciudad. De ahí que acabáramos haciendo cinco noches en Hoi An, dos en Hue y cinco en Da Nang, introduciendo durante estos últimos días una escapada de dos noches a Ho Chi Minh.
¿Fue una distribución perfecta? Seguramente no existe una ruta perfecta que sirva para todo el mundo. Pero después de haberla hecho, sí puedo decir que volvería a elegir el centro de Vietnam como protagonista de un segundo viaje al país. Y, sobre todo, volvería a plantearlo de la misma manera: menos ciudades, más tiempo en cada una y la posibilidad de descubrir cómo es Vietnam cuando dejamos de correr detrás de una lista de imprescindibles.
Los hoteles en Vietnam
Una de las cosas que más fáciles me parecen a la hora de preparar un viaje a Vietnam es encontrar alojamiento. Hay muchísima oferta, para prácticamente cualquier presupuesto y, sobre todo, la relación calidad-precio continúa siendo extraordinaria. Podemos dormir en un hostel por muy poco dinero, alojarnos en una pequeña homestay familiar, buscar un hotel boutique con encanto o darnos el capricho de un cuatro o cinco estrellas que en Europa probablemente nos costaría varias veces más. La variedad es enorme.
Nosotros no viajamos buscando los hoteles más baratos posibles. Después de muchas horas caminando, calor, humedad y visitas, a mí me gusta volver a un hotel cómodo, con una buena habitación, aire acondicionado y, si puede ser, piscina. Y Vietnam es uno de esos países donde podemos permitirnos subir bastante el nivel del alojamiento sin disparar necesariamente el presupuesto. De hecho, aquí recomiendo hacer algo que no siempre hago en Europa: mirar hoteles de cuatro estrellas aunque inicialmente penséis buscar tres estrellas. La diferencia de precio puede ser sorprendentemente pequeña y, en cambio, podemos ganar una habitación mucho mejor, piscina, desayuno, gimnasio, spa o una ubicación estupenda.

Eso sí, para mí hay algo incluso más importante que las estrellas: la zona. En Vietnam podemos permitirnos coger Grab por muy poco dinero, pero tampoco tiene sentido elegir un hotel lejísimos de todo para ahorrar cinco euros por noche y después perder una hora diaria desplazándonos. Siempre miro primero dónde quiero pasar la mayor parte del tiempo y después busco alojamiento alrededor.
Hoi An: Cerca del casco antiguo pero no necesariamente dentro del meollo. En Hoi An tenemos que tomar una primera decisión: dormir prácticamente pegados al casco antiguo, alojarnos entre la ciudad y los arrozales o marcharnos hacia la zona de playa. Yo, para una primera estancia, buscaría una ubicación desde la que podamos llegar fácilmente al casco antiguo pero sin necesidad de estar en medio de las calles más turísticas.
Hoi An es pequeña y uno de sus grandes placeres consiste precisamente en recorrerla caminando o en bicicleta. El casco antiguo es muy compacto y, una vez allí, prácticamente todos sus principales lugares de interés están a poca distancia. Además, las carreteras que salen de la ciudad atraviesan arrozales y permiten llegar hacia la costa, por lo que existen alojamientos estupendos algo alejados del centro sin que tengamos la sensación de estar aislados.
Si el objetivo principal son unos días de playa, entonces podemos buscar hacia An Bang, pero yo no elegiría la costa como única base si nuestra prioridad es conocer Hoi An. Tendremos que desplazarnos cada vez que queramos acercarnos al centro y, personalmente, prefiero hacerlo al revés: alojarme relativamente cerca de la ciudad y acercarme a la playa cuando me apetezca.
- Nuestra elección fue el Anio Boutique Hotel, probablemente el que más nos gustó de todo el viaje. Nos encantó que no estuviera en pleno centro de Hoi An (que era agobiante de la de turistas que había) pero estábamos a apenas 20 minutos andando o 5 minutos de Grab.
Hue: Aquí sí elegiría una ubicación bastante céntrica. En Hue intentaría alojarme en la zona comprendida entre el río Perfume y el área más animada de la ciudad, aproximadamente alrededor de Phu Hoi y las calles próximas a Vo Thi Sau. Es una zona práctica para encontrar restaurantes, cafeterías y servicios y movernos después hacia los principales lugares de interés. La Ciudad Imperial queda al otro lado del río pero Hue no es una ciudad especialmente complicada para desplazarse y Grab nos soluciona perfectamente las distancias.
También podemos dormir cerca de la Ciudad Imperial si buscamos un ambiente mucho más tranquilo y nos interesa especialmente la parte histórica. Pero para una estancia de dos o tres noches yo prefiero estar en una zona donde pueda salir del hotel por la noche y tener restaurantes y algo de vida alrededor.
Hue tiene una ventaja añadida: suele ofrecer una relación calidad-precio buenísima. Podemos encontrar hoteles bastante elegantes por cantidades realmente razonables. Y aquí aparecen además algunos de esos hoteles históricos que a mí me gustan especialmente, edificios de época colonial o establecimientos con décadas de historia que forman casi parte del viaje.
- Nuestra elección fue el Saigon Morin, uno de los grandes hoteles coloniales vietnamitas. En pie desde 1901, ha acogido a grandes celebridades como Charles Chaplin (quien pasó aquí su luna de miel) o los reyes de Suecia. La ubicación es la mejor: a orillas del río Perfume y enfrente del puente Trường Tiên.

Da Nang: ¿Centro o playa? Da Nang plantea probablemente la decisión más interesante de las tres ciudades del centro porque podemos vivir dos experiencias bastante diferentes dependiendo del lado del río donde nos alojemos.
Por una parte tenemos el centro urbano, alrededor del río Han, con mercados, comercios, restaurantes y una vida mucho más local. Por otra, cruzando los puentes, encontramos toda la franja de My Khe Beach, llena de hoteles, apartamentos, restaurantes y cafeterías. Yo, si regreso, volvería a mirar la zona de My Khe, especialmente si voy a estar varios días.
Da Nang tiene kilómetros de playa y esta parte de la ciudad permite levantarnos por la mañana, cruzar la calle y estar prácticamente junto al mar. Al mismo tiempo, el centro queda suficientemente cerca para llegar rápidamente en Grab. La playa de My Khe se extiende hacia el sur desde la península de Son Tra y en toda esta zona se ha desarrollado una enorme oferta de alojamiento, desde pequeños hoteles hasta algunos de los resorts más lujosos del país.
Además, Da Nang es una ciudad muy extendida. Aquí sí asumiría desde el principio que vamos a utilizar Grab, independientemente de dónde durmamos. Lady Buddha, las Montañas de Mármol, el mercado Han, la playa o determinadas zonas de restaurantes no están todas concentradas alrededor de un mismo sitio. Por eso elegiría el hotel pensando más en dónde quiero despertarme cada mañana que intentando estar equidistante de todo.
Si queréis playa, My Khe. Si preferís mercados, vida urbana y estar en la parte más vietnamita de la ciudad, Hai Chau, al otro lado del río. Y si buscáis principalmente un resort donde descansar unos días, entonces miraría más al sur, en dirección a las Montañas de Mármol y Hoi An. Da Nang concentra precisamente algunos de los complejos hoteleros de lujo más importantes de Vietnam.
- Nuestra elección fue el Hadana Boutique Hotel. Situado en Pham Van Dong Street, en el barrio de An Hải, entre el centro de la ciudad y la zona de la playa de My Khe. Esa ubicación es bastante práctica porque permite tener relativamente cerca tanto el río Han y el centro como la playa. Tiene piscina exterior, spa, sauna, baño de vapor, gimnasio, restaurante y desayuno buffet, además de habitaciones bastante amplias
Ho Chi Minh: Para una primera visita, Distrito 1. Es la opción más cómoda si tenemos pocos días porque concentra una enorme cantidad de lugares que probablemente querremos conocer: el entorno de la antigua oficina de Correos, Notre Dame, la Ópera, Nguyen Hue, el mercado Ben Thanh y multitud de restaurantes, cafeterías, centros comerciales y edificios históricos. Ho Chi Minh es gigantesca y el tráfico puede ser tremendo, así que aquí la ubicación del hotel tiene bastante más importancia que en Hue o Hoi An. Alojarse muy lejos porque hemos encontrado una habitación diez euros más barata puede acabar significando bastante tiempo metidos en un coche.
Dentro del Distrito 1 también hay diferencias. La zona de Dong Khoi y Nguyen Hue es más elegante y encontramos muchos hoteles de categoría superior. Alrededor de Ben Thanh tenemos una ubicación tremendamente práctica y una oferta enorme. Y hacia Bui Vien y Pham Ngu Lao encontramos el tradicional barrio mochilero, con alojamientos económicos y muchísima vida nocturna.

En Ho Chi Minh optamos por un alojamiento bastante diferente a los hoteles que habíamos elegido en otras etapas del viaje. Nos quedamos en Charming A Little Saigon Apartment , un pequeño hotelito tipo apartamento situado en 145D Đường Đề Thám, en pleno Distrito 1. Y precisamente la ubicación fue una de las razones para elegirlo: queríamos estar en el centro, poder movernos fácilmente y tener restaurantes, comercios y buena parte del ambiente de la ciudad a mano, sin tener que depender continuamente de Grab.
Está muy cerca de la animadísima zona de Bùi Viện pero con una ventaja importante: el alojamiento se encuentra metido en uno de esos callejones tan característicos de Ho Chi Minh, por lo que queda algo protegido del ruido de las grandes avenidas. Esto es algo que conviene tener en cuenta cuando se busca alojamiento en el Distrito 1, porque estar demasiado cerca de las calles de bares puede convertirse en una experiencia bastante menos divertida cuando llega la hora de dormir.
¿Cómo son los hoteles vietnamitas?
Aquí viene una de las partes buenas. En general, son bastante mejores de lo que su precio nos hace imaginar. Por supuesto hay de todo y siempre debemos leer opiniones recientes pero en la gama media es habitual encontrar habitaciones amplias, aire acondicionado, baño privado, nevera, hervidor de agua, amenities, televisión y una recepción que funciona casi siempre las 24 horas.
En las zonas turísticas, el personal suele manejar suficiente inglés para solucionar las cuestiones habituales y además los hoteles son una auténtica agencia de viajes improvisada. Podemos preguntar en recepción por un coche con conductor, reservar un traslado, contratar una excursión, comprar un billete de autobús o pedir que nos organicen el transporte hasta la siguiente ciudad. Y eso en Vietnam resulta comodísimo.
Los desayunos también suelen ser bastante completos en los hoteles de categoría media y superior. Es habitual encontrar una mezcla curiosa entre desayuno occidental y vietnamita: fruta tropical, huevos preparados al momento, tostadas y bollería junto a arroz, noodles, verduras, platos calientes e incluso pho. A mí me encanta esa primera mañana en Asia en la que todavía estamos pensando en café y tostadas mientras en la mesa de al lado alguien se está tomando tranquilamente una sopa de noodles a las siete y media.
Piscina: en verano yo la tendría muy en cuenta Si viajáis en Julio o aAgosto, yo miraría seriamente que el hotel tenga piscina, especialmente en Hoi An y Da Nang. No porque vayamos a pasar las vacaciones tumbados en una hamaca, sino porque el calor y la humedad pueden resultar agotadores. Hay días en los que salimos temprano, visitamos cosas durante toda la mañana y a las dos de la tarde el cuerpo directamente nos pide una tregua.

Volver al hotel, meternos media hora en la piscina, ducharnos y salir nuevamente cuando empieza a bajar el sol puede cambiar completamente el ritmo del viaje. Y lo mejor es que en Vietnam tener piscina no significa necesariamente reservar un hotel de lujo. Muchos establecimientos de gama media cuentan con piscinas realmente agradables.
No os fiéis únicamente de las estrellas. Esto también lo tendría muy presente. La categoría hotelera no siempre equivale exactamente a lo que nosotros esperamos de un tres, cuatro o cinco estrellas europeo. Por eso yo miro muchísimo más las fotografías recientes y las opiniones de los últimos huéspedes. Me interesa saber si las habitaciones están realmente como aparecen en las fotos, si el aire acondicionado funciona bien, si hay ruido, si las camas son cómodas, cómo es el desayuno y, sobre todo, si hay problemas repetidos de limpieza o mantenimiento.
También comprobaría si la habitación tiene ventana exterior. Parece evidente pero en las grandes ciudades vietnamitas existen hoteles construidos en edificios muy estrechos donde algunas habitaciones interiores no tienen ventanas o tienen una pequeña abertura hacia un patio. Normalmente la descripción lo indica y esas habitaciones son más baratas. Yo prefiero pagar unos euros más y tener luz natural.
Las homestays las miraría especialmente en Hoi An, Ninh Binh, Sapa, el delta del Mekong o zonas rurales. Algunas son realmente familiares y otras se parecen cada vez más a pequeños hoteles boutique. Lo importante es leer bien qué estamos reservando.
Mi regla para elegir hotel en Vietnam sería no buscar el hotel más barato; buscaría el hotel que me dé más por mi dinero. Si por 22 euros tengo una habitación correcta y por 30 encuentro otra mucho mejor situada, con desayuno y piscina, probablemente escogeré la segunda. Ahorrar 8 euros para después pagar varios Grab, desayunar fuera y llegar agotada al hotel no me compensa. Vietnam es uno de esos países donde podemos permitirnos ser un poquito más exigentes con el alojamiento porque subir de categoría no siempre supone subir muchísimo el presupuesto. Y creo que merece la pena aprovecharlo.
Qué llevar en la maleta para Vietnam
Preparar la maleta para Vietnam no tiene demasiado misterio pero sí hay una idea que conviene tener clara desde el principio: cuanto menos carguemos, mejor. Sobre todo si vamos a movernos por varias ciudades, coger vuelos internos, trenes, autobuses o barcos. Vietnam es un país muy fácil para viajar ligero porque prácticamente cualquier cosa que olvidemos podremos comprarla allí y, en muchos casos, por bastante menos de lo que nos costaría en España.
Además, si viajamos en verano, como hicimos nosotros, probablemente terminaremos utilizando una y otra vez las prendas más ligeras que llevemos. Con el calor y, sobre todo, con la humedad, esa camiseta estupenda que parecía imprescindible cuando preparábamos la maleta en Madrid puede convertirse rápidamente en algo que no queremos volver a ponernos.
Ropa fresca, ligera y que se seque rápido
Si viajáis en los meses calurosos, priorizaría ropa muy fresca y transpirable. Camisetas ligeras, vestidos, pantalones amplios, shorts y tejidos que no tarden una eternidad en secarse. En Vietnam la humedad puede ser considerable y sudaremos más de lo habitual. Por eso tampoco llevaría únicamente prendas de algodón grueso que después necesitan medio día para secarse. Los tejidos finos y ligeros son muchísimo más prácticos. Yo la mayoría de los días llegaba al hotel con la camiseta literalmente empapada.
Eso sí, llevaría al menos un pantalón largo o falda larga y alguna prenda que cubra los hombros. Nos vendrá bien para entrar en determinados templos, pagodas y lugares religiosos. En los espacios de culto conviene vestir con cierto respeto, evitando prendas excesivamente cortas o descubiertas. Una solución que me parece comodísima es llevar en la mochila un pañuelo grande o una camisa muy fina. Ocupa poquísimo y nos puede sacar del apuro cuando necesitamos cubrirnos los hombros.
Un impermeable fino. Si viajamos durante la temporada de lluvias, metería un chubasquero muy fino y plegable. No hace falta llevar desde España un impermeable técnico capaz de sobrevivir a una expedición por el Himalaya.
En Vietnam encontraremos los típicos ponchos de plástico por todas partes y cuestan muy poco, al cambio unos 2 euros. Cuando empieza a caer una tormenta tropical, aparecen vendedores de impermeables casi por generación espontánea. Además, con el calor que hace, llevar una chaqueta impermeable gruesa puede ser bastante peor que mojarse.
Lo que sí protegería especialmente es el teléfono, el pasaporte y la documentación. Una pequeña bolsa impermeable o funda estanca ocupa poquísimo y puede venir fenomenal cuando el cielo decide abrirse de repente. Yo siempre las llevaba en el bolso.
Algo de abrigo aunque fuera haga 35 grados Esto puede parecer absurdo hasta que subimos a nuestro primer autobús vietnamita. Yo llevaría una sudadera fina, una chaqueta ligera o un pañuelo grande aunque viajemos en pleno agosto. No necesariamente para utilizarlo en la calle (que ahí no lo vais a usar), sino para los aviones, trenes, autobuses y determinados restaurantes y centros comerciales. En Asia existe una relación bastante peculiar con el aire acondicionado: podemos pasar de 35 grados y una humedad tremenda en la calle a sentir que hemos entrado en una cámara frigorífica.
Y si vais al norte durante el invierno, entonces la historia cambia completamente. En Hanoi puede refrescar bastante entre diciembre y febrero y en zonas montañosas como Sapa o Ha Giang necesitaremos auténtica ropa de abrigo. Vietnam no tiene un único clima y la maleta debe adaptarse a nuestra ruta y a la época del año.
Calzado: comodidad antes que estética
Aquí no tendría ninguna duda: unas zapatillas cómodas, unas sandalias y chanclas de piscina. Vamos a caminar muchísimo. Las ciudades vietnamitas no siempre tienen las aceras más cómodas del mundo y muchas veces estarán ocupadas por motos, mesas, pequeños negocios o puestos de comida, así que terminaremos subiendo, bajando, esquivando obstáculos y caminando por superficies bastante irregulares.
Para visitas largas utilizaría zapatillas cómodas y transpirables y, sobre todo, que se sequen rápido si llueve: las sandalias deportivas son ideales. Y llevaría también unas sandalias fáciles de quitar y poner. Son especialmente prácticas para determinados templos y alojamientos donde tendremos que descalzarnos. Si vamos a hacer senderismo serio por Sapa, Ha Giang o alguna zona montañosa, entonces sí valoraría llevar un calzado específico, especialmente durante la época de lluvias, cuando los caminos pueden convertirse en auténticos barrizales.
Protección solar: imprescindible
Vietnam tiene muchas horas de sol intenso y yo llevaría protector solar con un factor elevado (yo, que soy rubia y blanquísima, nunca uso nada inferior a 50), gafas de sol y alguna gorra o sombrero. Esto resulta especialmente importante si vamos a pasar días en Da Nang, Hoi An, Nha Trang, Phu Quoc o cualquier destino de playa, pero también durante las visitas urbanas. A veces no somos conscientes de cuánto sol estamos recibiendo porque estamos entrando y saliendo de templos, mercados y cafeterías. Cuando nos damos cuenta por la noche, ya es demasiado tarde. Muchas tardes, pese a embadurnarme de crema, llegaba con los hombros más rojos que Lucifer haciendo spinning.
Podemos comprar protector solar en Vietnam, evidentemente, pero este sí es uno de esos productos que prefiero llevar desde España porque utilizo uno que conozco, sé que me funciona y no me da alergia.
Repelente de mosquitos
También llevaría un buen repelente de mosquitos, tanto para cuerpo como ropa, especialmente si vamos a zonas rurales, arrozales, el delta del Mekong o lugares con mucha vegetación.En Vietnam existe riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos, entre ellas el dengue, y el Ministerio de Asuntos Exteriores español recomienda expresamente adoptar medidas para evitar las picaduras.
No se trata de vivir obsesionados con los mosquitos durante todo el viaje, sino de utilizar repelente, especialmente al amanecer y al atardecer y cuando nos encontremos en zonas donde haya muchos. Si vamos a hacer excursiones por áreas rurales también pueden resultar útiles los pantalones largos y las mangas finas.
Un pequeño botiquín
Yo siempre llevo un botiquín básico, pero básico significa exactamente eso. Analgésico, algún medicamento para problemas digestivos que sepamos que toleramos, tiritas, desinfectante, medicación habitual y poco más. Si necesitamos algo corriente durante el viaje, en las grandes ciudades vietnamitas encontraremos farmacias sin demasiada dificultad.
Lo que sí llevaría desde España es cualquier medicamento que tomemos habitualmente, en cantidad suficiente para todo el viaje y preferiblemente dentro de su envase original. Para determinados medicamentos puede ser conveniente llevar también la receta o un informe médico, especialmente si contienen sustancias sometidas a control (yo siempre llevo la hoja de medicación por si acaso). El Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda comprobar previamente las restricciones vietnamitas si viajamos con medicación específica.
Y, por supuesto, no olvidaría un buen seguro de viaje, del que ya os he hablado anteriormente.
Adaptador
Probablemente no lo necesitéis pero comprobadlo Vietnam utiliza principalmente 220 V y 50 Hz y podemos encontrarnos enchufes de tipos A, C y F. La buena noticia es que muchos hoteles disponen de enchufes compatibles con las clavijas europeas y en bastantes casos podremos conectar directamente nuestros aparatos. Aun así, yo llevo siempre un pequeño adaptador universal cuando viajo por Asia. Ocupa poquísimo y me evita encontrarme a las once de la noche con un 4 % de batería y descubrir que justo mi habitación tiene el enchufe que no esperaba.
Muchísimo más útil me parece llevar un cargador con varias salidas USB. Entre dos personas podemos terminar cargando dos teléfonos, una batería externa, reloj, cámara y cualquier otro aparato, y no siempre tendremos cinco enchufes junto a la cama.
Una batería externa
El teléfono se va a convertir en nuestro centro de operaciones. Lo utilizaremos para Grab, Google Maps, fotografías, WhatsApp, traductor, reservas, billetes y búsquedas constantes. Eso significa que la batería puede desaparecer muchísimo más rápido de lo habitual. Por eso llevaría una power bank suficientemente buena para cargar el teléfono al menos una vez. Nosotros a falta de una, llevamos dos.
Eso sí, recordad que las baterías externas deben viajar en el equipaje de mano y no dentro de la maleta facturada. Las normas internacionales de aviación exigen transportar las baterías de litio de repuesto y las baterías externas en cabina.
Mochila pequeña para el día a día
Además de la maleta, llevaría una mochila pequeña o bolso cómodo para las visitas. Ahí terminarán viviendo el teléfono, batería externa, botella de agua, gafas de sol, repelente, pañuelo, impermeable fino y probablemente alguna compra que hagamos por el camino. No llevaría una mochila enorme. Con el calor, cargar durante ocho horas con diez kilos a la espalda no tiene ninguna gracia.
Y si llevamos una mochila en lugares muy concurridos, aplicaría las mismas precauciones que en cualquier gran ciudad: documentación y dinero bien guardados y nada importante en bolsillos exteriores fácilmente accesibles.
Espacio libre para las compras
Y esta recomendación puede parecer poco seria, pero después no digáis que no os avisé: dejad espacio en la maleta. Vietnam es un país tremendamente peligroso para quienes nos gusta comprar. Ropa, artesanía, café, recuerdos, bolsos, objetos de decoración, seda, productos locales… Y si pasamos por Hoi An, además, podemos terminar encargando ropa, zapatos o cualquier otra cosa que no estaba prevista cuando salimos de España. Que fue lo que hicimos. Nosotros regresamos con bastante más de lo que llevábamos.
Por eso yo no saldría de casa con una maleta perfectamente llena hasta el último centímetro. Incluso puede compensar meter dentro una bolsa plegable que podamos utilizar como equipaje adicional al regreso si nuestra tarifa aérea lo permite.
No carguéis con cosas que podéis comprar allí. Esta sería probablemente mi principal recomendación. No hace falta viajar con quince camisetas, cuatro botes de champú, seis pares de zapatos y medicamentos suficientes para abrir una farmacia. Vietnam tiene supermercados, centros comerciales, mercados, tiendas de conveniencia, farmacias y absolutamente todo lo necesario para sobrevivir a unas vacaciones. Además, comprar allí alguna prenda ligera si nos hace falta puede costarnos muy poco. Cuanto más nos movamos durante el viaje, más agradeceremos haber hecho una maleta razonable.
Para unas dos semanas de viaje en época calurosa, yo llevaría ropa ligera para aproximadamente una semana y aprovecharía los servicios de lavandería. Esto es algo que en Vietnam funciona estupendamente. Muchos hoteles, homestays y pequeñas lavanderías lavan la ropa por kilos y los precios son muy económicos, a razón de 1 euro el kilo (e incluso menos). Dejamos una bolsa por la mañana y en muchas ocasiones la recuperamos limpia, seca y doblada ese mismo día o al siguiente.
Porque si hay algo que he aprendido después de muchos viajes es que nunca me he arrepentido de llevar una maleta demasiado ligera, pero sí muchas veces de haber cargado con cosas que han recorrido diez mil kilómetros para regresar a España exactamente igual de dobladas que cuando salieron de casa.
Comer en Vietnam
Si hay un apartado del presupuesto en el que resulta verdaderamente difícil gastar mucho dinero en Vietnam es la comida. Y lo mejor de todo es que comer barato aquí no significa alimentarnos mal, tirar de supermercados o sobrevivir a base de bocadillos durante dos semanas. Más bien ocurre lo contrario: muchas veces cuanto más local es el sitio, más barato comemos y más interesante resulta la experiencia. Recordad que ya escribí un artículo dedicado al tema, Vietnam: la mejor comida callejera del mundo por menos de un euro.
Vietnam es un país donde la comida sucede en la calle. Se cocina en las aceras, se desayuna en pequeños locales abiertos a la carretera, aparecen barbacoas cuando empieza a caer la tarde y vemos continuamente esos taburetes de plástico diminutos que parecen diseñados para niños de cinco años pero sobre los que se sienta tranquilamente medio país. Y mi primera recomendación sería precisamente esa: no tengáis miedo de comer en sitios locales.
Nosotros lo hicimos constantemente. Evidentemente también entramos en restaurantes más bonitos y caros cuando nos apetecía, pero algunas de las comidas que más recuerdo del viaje fueron precisamente en establecimientos sin ninguna decoración especial, con cuatro mesas, ventiladores dando vueltas en el techo y una carta que en ocasiones había que descifrar con ayuda del teléfono.
Comer por uno, dos o tres euros sigue siendo posible. Aunque Vietnam se ha encarecido y en las zonas más turísticas encontramos restaurantes con precios bastante más elevados, comer comida vietnamita continúa siendo extraordinariamente barato. Como referencia, un plato en un puesto callejero o restaurante local suele costar aproximadamente entre 30.000 y 80.000 dongs, alrededor de uno a tres euros. Una comida en un restaurante de gama media puede situarse entre 100.000 y 300.000 VND por persona, dependiendo naturalmente del lugar, de lo que pidamos y de si añadimos bebidas. Y no estamos hablando necesariamente de una pequeña ración.

Un buen bol de pho puede rondar los 40.000–60.000 VND; un banh mi, aproximadamente 20.000–40.000; un bun bo Hue, alrededor de 35.000–60.000, y un plato de com tam, unos 35.000–60.000 VND. Son precios orientativos y, como siempre, en las zonas más turísticas pagaremos algo más. Esto hace que ocurra algo bastante curioso durante el viaje. Al principio seguimos convirtiendo mentalmente todo a euros y pensamos: «¿Cómo puede costar esto euro y medio?». A los pocos días dejamos de hacer la conversión y empezamos a discutir si 70.000 dongs por un plato nos parece caro. Nos adaptamos muy rápido.
Yo utilizo un método bastante poco científico y que me suele funcionar estupendamente: si veo un pequeño establecimiento lleno de gente local, me da bastante más confianza que un restaurante vacío con una carta gigantesca traducida a cinco idiomas. Especialmente cuando hablamos de puestos callejeros.
Un sitio donde hay mucho movimiento tiene una rotación constante de ingredientes. La comida sale continuamente de la cocina y los productos no permanecen horas esperando clientes. Además, si hay diez vietnamitas comiendo allí y el puesto solamente prepara dos platos, probablemente esos dos platos los preparen bastante bien. De hecho, una de las características más interesantes de la comida callejera vietnamita es precisamente la especialización.
Y después están los quán, esos pequeños restaurantes vietnamitas donde come la gente del barrio. A mí me gustan muchísimo estos últimos. Pequeños negocios que llevan años haciendo prácticamente una sola cosa. Pho. Bun cha. Banh xeo. Arroz. Banh mi. No necesitan una carta de doce páginas porque su reputación depende de hacer bien ese plato concreto. Y esta es una de las cosas que más me gustan de comer en Asia.

A veces el mejor restaurante del día no tiene página web, no acepta reservas y probablemente tampoco sabríamos explicar exactamente dónde está. Simplemente pasamos por delante, vemos humo saliendo de una parrilla, diez personas sentadas alrededor de unas mesas minúsculas y pensamos: aquí tiene que comerse bien. No tengáis miedo de los puestos callejeros pero utilizad el sentido común. Sé que la comida callejera genera bastantes dudas antes de viajar. ¿Es segura? ¿Me voy a poner enfermo? ¿Puedo comer ensaladas? ¿Qué pasa con el hielo?
Yo no aplicaría ni la paranoia absoluta ni la filosofía de que nuestro estómago puede con absolutamente todo. Utilizaría el sentido común. Prefiero un puesto lleno de clientes donde están cocinando continuamente delante de mí que una bandeja de comida preparada que lleva quién sabe cuánto tiempo expuesta al calor. Buscaría alimentos recién cocinados y servidos calientes, observaría mínimamente la limpieza y evitaría carnes o mariscos crudos que hayan permanecido mucho tiempo a temperatura ambiente.
Con el agua sí sería mucho más clara: yo no bebería agua del grifo. Agua embotellada y asunto solucionado. Y no viviría obsesionada con cada cubito de hielo que aparece delante de mí. En establecimientos turísticos, hoteles, cafeterías y restaurantes normales se utiliza habitualmente hielo comercial. Otra cosa es que estemos en un lugar donde las condiciones higiénicas nos produzcan claramente desconfianza.
No existe una única cocina vietnamita
Esto me parece especialmente importante porque cuando pensamos en comida vietnamita desde España solemos reducirla a cuatro o cinco platos. Pho, rollitos, banh mi y poco más. Pero la gastronomía cambia muchísimo conforme avanzamos de norte a sur.
La cocina del norte, especialmente la de Hanoi, suele ser más delicada, con sabores menos dulces y menos picantes. Allí encontramos el pho en su versión más clásica, el bun cha, el cha ca o los bánh cuốn.
En el centro, y especialmente en Hue, la cocina se vuelve mucho más intensa. Hay más chile, sabores más potentes y una tradición gastronómica vinculada además a la antigua corte imperial. Aquí aparece uno de mis platos favoritos, el bun bo Hue, una sopa de fideos con carne, citronela y un caldo bastante más picante y rotundo que el del pho.
Y cuando llegamos al sur encontramos una cocina generalmente más dulce y una utilización enorme de hierbas frescas y productos tropicales. La diferencia entre regiones es tan marcada que incluso un mismo plato puede saber bastante diferente en Hanoi y en Ho Chi Minh.
Por eso mi consejo sería no esperar a llegar a una determinada ciudad para probar algo que nos apetece, pero sí buscar las especialidades de cada región. En Hue, bun bo Hue. En Hoi An, cao lau, white rose dumplings o mi Quang. En Hanoi, bun cha y pho. En Ho Chi Minh, com tam, hu tieu y toda esa comida callejera sureña que aparece prácticamente a cualquier hora.
El banh mi: probablemente la comida rápida perfecta
Y después está el banh mi, que merece una declaración de amor independiente. Pocas cosas me parecen más prácticas durante un viaje que esos bocadillos vietnamitas preparados en baguettes crujientes, herencia evidente de la época colonial francesa pero convertidos ya en algo absolutamente vietnamita. Los rellenan con paté, carnes, cerdo, encurtidos, pepino, cilantro, chile y distintas salsas, aunque existen multitud de versiones. Y cuestan poquísimo.

Podemos comprar uno por aproximadamente 15.000–30.000 VND (entre 50 céntimos y 1 euro) en muchos lugares, aunque naturalmente los establecimientos famosos y las zonas turísticas pueden cobrar más. Para una comida rápida durante un día de visitas me parecen perfectos. Y cuidado con decir «voy a probar uno» porque probablemente terminemos comiendo bastantes más durante el viaje.
Desayunar sopa deja de parecer extraño sorprendentemente rápido. Otra de esas pequeñas diferencias culturales que me encantan es el desayuno. En Vietnam el pho es perfectamente normal a primera hora de la mañana. También podemos encontrarnos bánh cuốn, arroz pegajoso, noodles o diferentes sopas cuando nosotros todavía estamos pensando en tostadas y café. Al principio puede resultar extraño sentarse delante de un enorme bol de caldo, carne y fideos a las siete y media de la mañana. Dos días después ya no tanto.
Si os gusta el picante, el centro es vuestro sitio. La cocina vietnamita no es necesariamente tan picante como la tailandesa. En muchos platos el chile se sirve aparte para que cada persona añada la cantidad que quiera. El norte suele ser bastante suave, el centro es claramente la región donde encontramos sabores más picantes y en el sur aparecen con más fuerza los sabores dulces. Así que quien no tolere bien el picante tampoco debería preocuparse demasiado.
La frase que conviene recordar es “không cay”, que significa «sin picante». Y quien sí disfrute del chile, como es mi caso, probablemente se lo pase especialmente bien comiendo por Hue y el centro del país.
Los mercados también son lugares para comer. Yo no entraría en un mercado vietnamita únicamente para comprar recuerdos. Los mercados son uno de los mejores lugares para probar comida local. En muchos encontramos una zona llena de pequeños puestos donde podemos sentarnos a comer noodles, arroz, sopas, marisco, zumos o postres. Además, tienen una ventaja estupenda para quien no entiende absolutamente nada de vietnamita: vemos la comida. Podemos observar qué están preparando, mirar los platos de otras personas y señalar.
En Hue, tenemos Dong Ba; en Da Nang, Han Market y Con Market; y en Ho Chi Minh existen innumerables mercados y zonas callejeras donde comer. Los mercados tradicionales llevan décadas funcionando precisamente como concentraciones de pequeños puestos especializados. Y yo me alejaría siempre que pudiera unos metros de las zonas diseñadas exclusivamente para turistas. Muchas veces basta con cruzar dos calles para encontrar exactamente el mismo plato a mitad de precio y rodeados de vietnamitas en lugar de grupos de extranjeros.
¿Hace falta dejar propina?
Vietnam no tiene una cultura de propina obligatoria comparable a la estadounidense. En un pequeño restaurante local o un puesto callejero no se espera que dejemos un porcentaje determinado de la cuenta. En establecimientos turísticos o restaurantes de categoría superior puede aparecer un cargo por servicio o podemos dejar algo adicional si hemos quedado especialmente contentos.
Yo no convertiría cada comida en el cálculo mental del 10 o el 15 %. Si el servicio ha sido estupendo y quiero dejar algo, lo hago. Si estoy tomando un bol de noodles en una mesa de plástico junto a la calle, pago lo que cuesta y listo.
Y después está el café…
Aunque hablaré del café vietnamita por separado porque se merece su propio apartado, es imposible hablar de comer en Vietnam sin mencionarlo. Vietnam no es únicamente un país donde se come bien. Es un país donde uno puede pasarse media vida entrando en cafeterías. Café con leche condensada y hielo, café de coco, café con huevo, café salado… Cada ciudad parece tener alguna nueva manera de conseguir que volvamos a sentarnos. Y además continúa siendo barato. Un café vietnamita sencillo puede costar alrededor de 15.000–30.000 VND en un establecimiento local, mientras que las preparaciones especiales y las cafeterías modernas cuestan algo más.
Mi consejo: no organicéis únicamente qué ver; organizad también qué comer
Y ahora sí: hablemos del café vietnamita
Podría escribir un apartado entero sobre esto porque Vietnam se toma el café muy en serio. Es uno de los mayores productores de café del mundo (el segundo después de Brasil) y buena parte de su producción corresponde a Robusta, una variedad con un sabor intenso y bastante más cafeína que la arábica.
El café tradicional vietnamita suele prepararse con un pequeño filtro metálico llamado phin, colocado directamente encima del vaso. El agua atraviesa lentamente el café y cae gota a gota. Y a partir de ahí empieza la diversión.
Ca phe sua da: café con leche condensada y hielo. Es dulce, potente y adictivo. La utilización de leche condensada tiene además una explicación histórica. Durante la época colonial resultaba complicado disponer de leche fresca de manera regular en el clima tropical vietnamita y la leche condensada se convirtió en una alternativa práctica. Con el tiempo terminó formando parte inseparable de la cultura cafetera del país. Después de caminar media hora con calor y humedad, sentarse delante de uno de estos vasos helados es una maravilla.
Café con huevo: Mucho mejor de lo que suena. El café con huevo o ca phe trung suele provocar una expresión bastante poco convencida cuando explicamos qué lleva. Café, yema de huevo y leche condensada batida hasta conseguir una crema espesa. Pero no sabe a tortilla con café.
La parte superior recuerda más a una crema dulce, casi a un postre, mientras debajo permanece el café intenso. Se originó en Hanoi en la década de 1940, cuando Nguyen Van Giang sustituyó la escasa leche por yema de huevo batida. Yo lo probaría aunque solamente fuera una vez.
Café de coco: Mi candidato para los días de calor. Y mi favorito. Pero es que claro, me flipa el coco. Y a los vietnamitas también, es increíble la de productos que hacen a base de coco. Mezcla café con coco y hielo hasta conseguir algo que se encuentra a medio camino entre una bebida y un postre. Es bastante dulce y probablemente los puristas del espresso italiano salgan corriendo, pero en Vietnam, con 35 grados y una humedad tremenda, funciona estupendamente.

Café salado. Y llegamos a uno de los más curiosos: el café salado o ca phe muoi, especialmente asociado a Hue. La combinación puede sonar extraña pero la sal no convierte aquello en un café salado como si hubiéramos confundido el azucarero. Se utiliza en una crema ligeramente salada que contrasta con el dulzor de la leche condensada y la intensidad del café. El resultado funciona muchísimo mejor de lo que una imagina.
Nuoc mia: zumo de caña de azúcar Cuando veáis una máquina que aplasta cañas verdes delante de vosotros, pedid un nuoc mia. Es zumo de caña de azúcar recién exprimido, normalmente servido con hielo y a veces con un poco de lima. Sí, es dulce. Evidentemente. Pero resulta sorprendentemente refrescante y cuesta muy poco. Lo encontraremos en mercados, puestos callejeros y carreteras por todo el país.
Sinh to: los batidos vietnamitas Batidos preparados con frutas tropicales. Mango, aguacate, fruta del dragón, maracuyá, coco… Y sí, el batido de aguacate es dulce. Esto puede resultar extraño para nosotros porque estamos acostumbrados a utilizar el aguacate en ensaladas, tostadas o guacamole, pero en Vietnam y otros países asiáticos se consume habitualmente como fruta dulce, mezclado con leche condensada y hielo.
Y dejad sitio para probar cosas cuyo nombre no recordaréis.
¿Es Vietnam un país seguro para viajar?
Esta es una de esas preguntas que me parece especialmente fácil responder después de haber vuelto a Vietnam: sí, Vietnam me parece un país muy seguro para viajar, también si vamos por libre. Y no es únicamente una percepción personal. El propio Ministerio de Asuntos Exteriores español define Vietnam como un país «muy seguro» y actualmente no señala ninguna zona del territorio como zona de riesgo o de riesgo medio.
Eso no significa, evidentemente, que podamos olvidarnos completamente de nuestras pertenencias o comportarnos como si nada pudiera ocurrirnos. Ningún país funciona así. Pero si lo que os preocupa antes de organizar el viaje es la delincuencia violenta, atracos, caminar por las ciudades o moveros de un lugar a otro sin un viaje organizado, yo no descartaría Vietnam por motivos de seguridad.
De hecho, durante nuestro viaje nos movimos con absoluta normalidad, caminamos por mercados, cogimos Grab, utilizamos trenes, salimos por la noche y en ningún momento tuvimos esa sensación de estar continuamente pendientes de quién venía detrás de nosotros.
Ahora bien, hay una cosa curiosa: después de hablar de seguridad en Vietnam durante unos cuantos párrafos, probablemente terminemos llegando a la conclusión de que uno de los mayores peligros para un turista no es que le atraquen, sino el tráfico. Los delitos violentos contra turistas son poco habituales. Esto es algo que se nota especialmente caminando por las ciudades. Podemos encontrarnos calles tremendamente caóticas, barrios donde prácticamente no vemos turistas o mercados abarrotados y, sin embargo, no tener necesariamente una sensación de inseguridad.
En mi caso, Vietnam no es uno de esos destinos en los que estaría calculando constantemente si puedo caminar por determinada calle cuando empieza a anochecer. Naturalmente aplicaría las precauciones que utilizo en cualquier gran ciudad. No llevaría cantidades enormes de efectivo encima, no dejaría el teléfono sobre una mesa junto a la calle mientras estoy despistada y tampoco caminaría de madrugada por un lugar completamente desconocido simplemente porque alguien me haya dicho que Vietnam es seguro. Pero no viajaría con miedo.
Lo que sí existe: hurtos y tirones. Donde sí debemos prestar más atención es en los pequeños robos. Una modalidad conocida es el tirón desde una moto. Vamos caminando cerca de la calzada mirando Google Maps o sujetando el teléfono con una mano, pasa una moto, alguien lo agarra y desaparece entre el tráfico. Por eso no caminaría pegada al borde de la carretera con el móvil extendido hacia fuera. Si necesito mirar Maps, me aparto un poco, compruebo la dirección y continúo. Lo mismo con el bolso. En zonas muy concurridas prefiero llevarlo hacia la parte interior de la acera, cruzado y, obviamente, cerrado. No hace falta ir abrazados a la mochila como si contuviera los diamantes de la Corona. Simplemente no debemos ponérselo demasiado fácil a alguien que busque una oportunidad rápida.
Cuidado al dormir en trenes y autobuses nocturnos
Esto sí lo tendría bastante presente si vamos a recorrer Vietnam utilizando transportes nocturnos. El Ministerio de Exteriores español advierte de robos de pasaportes, tarjetas y carteras durante viajes nocturnos tanto en autobuses como en compartimentos ferroviarios. Por tanto, si cogemos uno de esos sleeper buses de los que os hablaba anteriormente, no dejaría el pasaporte, el dinero y el teléfono alegremente dentro de una mochila mientras duermo.
La documentación y el dinero importante los llevaría conmigo. Lo mismo en un tren nocturno. Y tampoco pondría todo en el mismo lugar. Si desaparece una cartera, prefiero perder una tarjeta y algo de efectivo que perder simultáneamente las dos tarjetas, todo mi dinero y el pasaporte.
El pasaporte: no lo dejéis como garantía. Hay otra recomendación oficial que me parece especialmente importante: no entregar el pasaporte como depósito o garantía. Puede ocurrir, por ejemplo, al alquilar una moto. Algunos negocios pueden retenerlo posteriormente alegando daños en el vehículo. En los hoteles pueden necesitar nuestro pasaporte para registrar los datos. Eso es completamente normal. Pero hay que pedir que nos lo devuelvan inmediatamente una vez hayan anotado o fotocopiado la información necesaria.
Estafas: más que miedo, sentido común
Como en prácticamente todos los países muy turísticos del mundo, existen pequeñas estafas y situaciones en las que alguien puede intentar cobrarnos más de lo debido. Aquí volvemos a una de las razones por las que os recomendaba Grab en lugar de coger taxis por la calle. Con Grab sé quién viene a recogerme, veo la matrícula, marco yo misma el destino y conozco el precio antes de subir. Eliminamos de golpe buena parte de las discusiones que pueden surgir con un taxi.
En mercados ocurre algo diferente. Que un vendedor nos pida inicialmente un precio muy elevado no significa necesariamente que nos esté estafando. En determinados mercados el regateo forma parte de la compra, como os explicaba en el apartado anterior. Preguntamos, negociamos y, si no nos interesa, nos marchamos.
Las tarjetas también requieren cierta precaución. Se han producido casos de utilización fraudulenta de datos de tarjetas de crédito. Yo aplicaría aquí exactamente lo mismo que hago en otros viajes: utilizar tarjetas que me permitan recibir notificaciones inmediatas en el móvil. Pago 400.000 dongs y veo inmediatamente el cargo. Si aparece algo que no reconozco, puedo bloquear la tarjeta desde la aplicación. Y por eso también os recomendaba anteriormente llevar dos tarjetas diferentes y guardarlas separadas.
El tráfico: aquí sí prestaría muchísima atención
Y llegamos al punto que considero realmente importante. El tráfico vietnamita puede ser bastante más peligroso para un viajero que la delincuencia.
La circulación es intensa, hay una cantidad extraordinaria de motos y las normas de tráfico no siempre se respetan como esperaríamos. Existe un elevado índice de mortalidad en carretera y desaconsejo alquilar vehículos sin conductor. Y con las motos todavía sería más prudente.
Sé que existe esa imagen maravillosa de alquilar una moto y recorrer Vietnam con absoluta libertad. También sé que muchísima gente lo hace. Pero una cosa es conducir por una carretera vacía y otra muy diferente enfrentarnos al tráfico vietnamita sin estar acostumbrados a él. Además, hay un dato especialmente importante para los españoles: actualmente Vietnam no reconoce el permiso internacional expedido por la DGT española, porque España lo emite bajo una convención distinta de la reconocida por Vietnam. Los turistas españoles no pueden conducir legalmente motos ni otros vehículos en Vietnam con ese permiso. Así que yo, personalmente, no me complicaría.

Y después tenemos que aprender a cruzar la calle. Este merece casi un apartado propio porque cruzar una calle vietnamita es una experiencia iniciática. Especialmente la primera vez que llegamos a Hanoi o Ho Chi Minh. Nos situamos delante de un paso de peatones. Miramos a la izquierda. Miramos a la derecha. Vemos treinta motos, cuatro coches, un autobús, otras veinte motos y probablemente alguna bicicleta. Esperamos. Siguen pasando. Esperamos un poco más. Siguen pasando. Y entonces descubrimos que, si esperamos a que la calle quede completamente vacía, probablemente terminaremos nuestras vacaciones en esa misma acera.
Hay que aprender a cruzar. La clave suele ser avanzar de manera lenta, visible y predecible, observando siempre el tráfico y evitando cambios bruscos de dirección. Los motoristas están acostumbrados a calcular nuestra trayectoria y van pasando alrededor. Eso no significa lanzarnos alegremente delante de un autobús ni asumir que todos los vehículos van a detenerse.
Durante los primeros días, si una calle me parece especialmente complicada, utilizo una técnica infalible: buscar a un vietnamita que vaya a cruzar y cruzar cerca de él. Nosotros lo hacíamos cada dos por tres.
¿Es seguro viajar sola por Vietnam?
Sí, Vietnam me parece también un destino muy adecuado para mujeres que viajan solas. De hecho, esta vez he viajado con Juan pero en mi primer viaje, éramos tres amigas y no tuvimos ningún problema. Al contrario.
Aplicaría las precauciones normales que utilizaría viajando sola por cualquier otro país: controlar las bebidas, utilizar transportes identificados, evitar situaciones que me produzcan mala sensación y no caminar sola de madrugada por lugares completamente aislados. Pero no considero Vietnam un destino donde una mujer tenga que contratar un viaje organizado simplemente por motivos de seguridad.
Nosotros no tuvimos ningún problema moviéndonos por la noche. Hoi An, además, cobra vida precisamente cuando oscurece. Da Nang tiene muchísimo ambiente nocturno alrededor del río y de la playa, Hue cuenta con zonas llenas de restaurantes y Ho Chi Minh parece directamente una ciudad que no tiene demasiada intención de irse a dormir. De hecho, yo una de las noches fui sola a darme una vuelta por la zona de garitos de Ho Chi Minh, en la que proliferan algunos de dudosa reputación, y no tuve ninguna sensación de inseguridad. Otra cosa diferente sería meterme a las tres de la madrugada por un callejón completamente desierto que no conozco. Pero eso no lo haría tampoco en Madrid. Y si estoy cansada, el hotel está lejos o simplemente no me apetece caminar, pido un Grab y solucionado.
La legislación vietnamita: no asumamos que funciona como la española
Hay otro aspecto de la seguridad que muchas veces olvidamos: respetar las leyes del país en el que estamos.
Vietnam tiene una legislación bastante más estricta que España en determinadas cuestiones y el hecho de ser turista no nos exime de cumplirla. Un ejemplo muy concreto y además reciente: desde el 1 de enero de 2025 Vietnam prohíbe la producción, comercialización, importación, transporte y uso de cigarrillos electrónicos y productos de tabaco calentado. Esto significa que tampoco deberíamos llevar nuestro vapeador desde España pensando simplemente en utilizarlo durante las vacaciones.
Con las drogas sería todavía muchísimo más prudente. En determinados países asiáticos las consecuencias legales pueden ser extraordinariamente graves y no es un terreno donde merezca la pena experimentar.
Clima y tifones: otro tipo de seguridad
Si viajamos durante la época de lluvias debemos tener presente otro riesgo que no tiene absolutamente nada que ver con la delincuencia.
Entre aproximadamente Mayo y Octubre pueden producirse lluvias torrenciales, inundaciones y corrimientos de tierra, y Vietnam también puede verse afectado por tifones. Conviene consultar las previsiones y las alertas locales antes de realizar desplazamientos cuando existen episodios meteorológicos importantes. Esto cobra especial importancia si estamos viajando por carretera, en zonas montañosas o tenemos previsto coger barcos.
Si hay una alerta seria, yo no intentaría mantener el itinerario a toda costa simplemente porque tengamos una reserva. Vietnam seguirá allí al día siguiente.
Entonces, ¿Vietnam es seguro? Mi respuesta es claramente sí. Vietnam es caótico. Es ruidoso. Hay motos que aparecen desde direcciones que juraríamos que no existen. Los mercados pueden estar abarrotados y Ho Chi Minh puede resultar abrumadora durante las primeras horas. Pero caos y peligro no son necesariamente la misma cosa.
Nosotros nos sentimos seguros durante el viaje y creo que, aplicando unas precauciones bastante normales, la seguridad no debería ser un motivo para renunciar a viajar por Vietnam ni para pensar que necesitamos hacerlo mediante un circuito organizado.
¿Cuántos días hacen falta para esta ruta por Vietnam?
Nosotros hemos estado 15 días en este segundo viaje a Vietnam y, después de hacerlo, creo que fue una duración estupenda para el tipo de viaje que queríamos. No pretendíamos recorrer el país de norte a sur ni acumular ciudades simplemente para poder decir que habíamos estado en ellas.
Nuestra ruta tuvo como grandes protagonistas Hoi An, Hue y Da Nang, y añadimos además una escapada a Ho Chi Minh. Quince días nos permitieron hacerlo sin esa sensación de estar permanentemente haciendo la maleta. De hecho, las propuestas actuales para el centro de Vietnam suelen considerar unos siete días una duración cómoda para combinar Hue, Da Nang y Hoi An, mientras que cinco días obligan ya a llevar un ritmo bastante más intenso. Nosotros teníamos más tiempo y quisimos aprovechar precisamente para no viajar así.
Y aquí creo que está la clave: una cosa es cuántos días hacen falta para hacer la ruta y otra cuántos días hacen falta para disfrutarla como nosotros queríamos hacerlo. ¿Se puede hacer en menos de 15 días? Por supuesto Si alguien me dijera que solamente dispone de una semana, podría organizar Hoi An, Hue y Da Nang sin demasiados problemas. Haría aproximadamente tres días en Hoi An, dos en Hue y dos en Da Nang. Es una distribución bastante lógica y coincide con las rutas que actualmente plantean una semana como un buen equilibrio para conocer las tres ciudades.
Pero en ese caso yo eliminaría Ho Chi Minh. No intentaría meter un vuelo al sur simplemente para estar allí unas horas, porque acabaríamos perdiendo demasiado tiempo entre desplazamientos, aeropuertos, controles y hoteles. Los vuelos internos vietnamitas pueden ser cortos, pero un vuelo de hora y media nunca ocupa solamente hora y media de nuestro viaje.
Con 10 días, en cambio, ya podemos hacer una ruta estupenda por el centro y empezar a introducir alguna escapada. Tendríamos margen para pasar tres noches en Hoi An, dos en Hue y tres en Da Nang y todavía conservar algún día para una excursión, playa o simplemente para viajar con un poco menos de prisa.
De hecho, si alguien me pregunta cuál considero el mínimo para hacer una versión parecida a nuestro viaje, yo diría aproximadamente 10–12 días. Pero si tenemos 15, como nosotros, mucho mejor. ¿Por qué estuvimos cinco noches en Hoi An? Porque queríamos estar cinco noches. Así de sencillo. A veces parece que tenemos que justificar cada noche de un viaje en función del número de monumentos que existen en una ciudad. «Hoi An se ve en un día». Sí, probablemente podamos recorrer sus principales lugares históricos en un día. Pero estar en Hoi An no consiste únicamente en ver el Puente Japonés y cuatro casas antiguas y marcharse.
Nosotros queríamos pasear sin prisa, ir de compras, hacer nuestros encargos, disfrutar del hotel, probar restaurantes, asistir al Memories of Hoi An, acercarnos a otras zonas y vivir varias noches ese ambiente completamente diferente que adquiere la ciudad cuando se encienden los farolillos. Y cinco noches nos permitieron además improvisar. Si una tarde hacía un calor insoportable, no ocurría nada por volver al hotel. No teníamos esa sensación de «tenemos que verlo ahora porque mañana nos vamos».
Las rutas más pausadas suelen dedicar precisamente tres o cuatro días a Hoi An, porque es un destino que se presta especialmente a combinar visitas con gastronomía, playa y actividades. Nosotros añadimos algo más porque nos apetecía disfrutarla de esa manera.
Dos noches en Hue: para mí, la duración perfecta Aquí sí sería bastante tajante: dos noches en Hue me parecen estupendas. Nos permiten conocer la Ciudad Imperial sin correr, visitar algunas de las tumbas imperiales, acercarnos a la pagoda de Thien Mu, pasear por el río Perfume, entrar en Dong Ba y, algo que considero imprescindible, probar la gastronomía de Hue.
Un solo día puede servir si vamos muy justos de tiempo pero tendremos que seleccionar muchísimo. Dos días permiten combinar Ciudad Imperial y tumbas con bastante más lógica. Yo no quitaría una de nuestras dos noches de Hue.
Da Nang merece más que utilizarla como aeropuerto. Con Da Nang ocurre algo parecido a lo que os comentaba anteriormente. Muchísima gente aterriza allí y se marcha directamente a Hoi An. Nosotros quisimos quedarnos. Y me alegro. Da Nang nos permitió tener unos días bastante más relajados, disfrutar de My Khe, conocer Lady Buddha, recorrer mercados, salir a comer, utilizarla como base y ver una cara completamente diferente del Vietnam histórico de Hoi An y Hue.
Si vais justos, dos noches pueden ser suficientes. Si os gusta combinar turismo y descanso, yo le daría tres o cuatro. Y además tiene una enorme ventaja logística: desde allí podemos volar fácilmente a otras partes del país. Y nosotros añadimos Ho Chi Minh. Si nunca habéis estado, yo le daría al menos tres días para degustarla tranquilamente.
¿Quince días son demasiados para esta ruta? Para nosotros, en absoluto. Pero sí quiero matizarlo porque depende muchísimo de cómo viaje cada uno. Si vuestra idea de viajar consiste en levantaros a las siete, visitar monumentos hasta las siete de la tarde y cambiar de ciudad en cuanto habéis visto los principales lugares, probablemente 15 días entre estas ciudades os parezcan demasiados. Si os gusta hacer lo que hicimos nosotros —alternar visitas con mercados, cafés, compras, piscina, gastronomía, paseos y alguna tarde más tranquila—, 15 días pasan volando. Y esto es algo que cada vez valoro más. No necesito justificar un día de viaje diciendo que he visto ocho cosas. Puede haber sido un día estupendo aunque solamente haya visitado un mercado, comido fenomenal, recorrido un barrio, tomado un café y pasado un rato en la piscina.
Hacen falta quince días para viajar como nosotros queríamos viajar. Y esa diferencia me parece importante. Y disponer de 15 días nos permitió algo que cada vez considero más valioso: tener tiempo. Tiempo para cambiar un plan. Tiempo para sentarnos. Tiempo para que lloviera y no importara demasiado. Tiempo para entrar en una tienda. Tiempo para volver a un sitio que nos había gustado. Tiempo para pasar una tarde sin ningún gran monumento pendiente. Y tiempo para que Vietnam dejara de ser simplemente una lista de cosas que teníamos que ver y volviera a convertirse en un país en el que estábamos viajando.
Presupuesto final del viaje
Para que te hagas una idea de por cuánto te puede salir un viaje a Vietnam de estas características (15 días), te detallo nuestros gastos por persona.

Conclusión: ¿volvería a Vietnam una tercera vez?
¡¡Síiiiiiiiiiiiiii!! Volvería a Vietnam una tercera vez sin pensármelo. Y esto tiene todavía más mérito porque este segundo viaje llegaba diecisiete años después del primero y, por tanto, existía un riesgo bastante grande: que aquel Vietnam que yo conservaba en la memoria fuese mucho mejor que el Vietnam que iba a encontrarme en 2026.
Nos ocurre muchas veces cuando regresamos a un lugar después de tantos años. No volvemos solamente a un país. Volvemos también a nuestros propios recuerdos. A cómo éramos entonces, a las cosas que nos sorprendían, a una manera de viajar que probablemente ya no existe y a una imagen que hemos ido idealizando sin darnos cuenta con el paso del tiempo.
Y Vietnam había cambiado. Muchísimo. Había cambiado el país y había cambiado yo.
Hace diecisiete años viajé por un Vietnam que recuerdo bastante más complicado para moverse por libre, con mucha menos infraestructura turística y, por supuesto, sin llevar en el bolsillo todas esas herramientas que hoy nos parecen absolutamente normales. No había Grab esperando a que pulsáramos un botón, ni llevábamos un traductor instantáneo, ni resolvíamos una dirección enseñando Google Maps al conductor.
En 2026 me he encontrado con un Vietnam mucho más moderno, mucho más conectado y tremendamente sencillo para organizar por nuestra cuenta. Pero lo importante es que no he tenido la sensación de encontrarme con un país que hubiera perdido completamente aquello que me gustó la primera vez. Sigue existiendo ese Vietnam. Está en los mercados. En los pequeños restaurantes donde la gente desayuna un bol de sopa sentada en taburetes diminutos. En las motos que transportan objetos que desafían cualquier ley conocida de la física. En los vendedores ambulantes. En el café que cae lentamente a través de un phin. En los arrozales. En las pagodas. En ese caos que durante las primeras horas parece completamente incomprensible y que, unos días después, empezamos a aceptar como si fuera perfectamente normal.
Pero junto a todo eso ha aparecido otro Vietnam. El de las enormes ciudades que crecen a una velocidad espectacular, los rascacielos, los centros comerciales, las cafeterías de diseño, los hoteles estupendos, los jóvenes pegados al teléfono exactamente igual que en Madrid y una clase media que viaja, consume y está transformando el país.
Y precisamente esa convivencia entre ambos es una de las cosas que más interesantes me han parecido de este regreso. Este viaje ha sido completamente diferente al primero. Y creo que fue un acierto. Y ello pese a que existen lugares donde el desarrollo turístico está transformando el paisaje a una velocidad que no siempre me parece especialmente bonita. También me da cierta pena comprobar cómo algunos destinos que hace años parecían mucho más auténticos se están convirtiendo en productos turísticos perfectamente empaquetados. Pero tampoco quiero caer en esa nostalgia un poco absurda del viajero que pretende que los países permanezcan congelados para que nosotros podamos regresar veinte años después y encontrarlos exactamente como los dejamos.
Vietnam no existe para conservar mis recuerdos. El país ha cambiado porque quienes viven allí también han cambiado.¿Qué me queda pendiente para una tercera vez? Muchísimo. Y probablemente esa sea la mejor respuesta a la pregunta que da título a esta conclusión: volvería porque todavía existen demasiados Vietnams que no conozco.
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