Errores a evitar al viajar a Estados Unidos

Viajar a Estados Unidos es uno de esos sueños que muchos viajeros guardan durante años. Hay algo casi mítico en la idea de recorrer las calles de Nueva York, contemplar los paisajes infinitos del Gran Cañón o conducir durante horas por carreteras interminables hasta llegar a ciudades tan icónicas como Las Vegas o San Francisco. Estados Unidos tiene ese poder: el de parecer familiar incluso antes de haber puesto un pie allí. Lo hemos visto tantas veces en películas, series o documentales que creemos conocer el país de antemano.

Sin embargo, esa sensación de familiaridad es también la causa de muchos problemas para los viajeros. Estados Unidos es un destino fascinante, sí, pero también es un país lleno de particularidades que pueden sorprender incluso a los viajeros más experimentados. Aspectos tan aparentemente simples como pagar en un restaurante, alquilar un coche, contratar un seguro médico o simplemente moverse por la ciudad pueden resultar muy diferentes a lo que estamos acostumbrados en Europa o en otros destinos del mundo.

Lo curioso es que muchos de los errores que se cometen al viajar a Estados Unidos no tienen que ver con falta de experiencia viajera, sino con suposiciones equivocadas. Pensamos que todo será fácil porque el país es moderno, desarrollado y está muy preparado para el turismo. Y aunque en muchos sentidos esto es cierto, también es verdad que hay normas, costumbres y sistemas que funcionan de manera muy distinta a lo que imaginamos.

Por ejemplo, algo tan básico como el transporte puede convertirse en una sorpresa. En muchas ciudades europeas el transporte público permite recorrer prácticamente cualquier rincón sin necesidad de coche. Pero en buena parte de Estados Unidos, si no alquilas un vehículo, tu movilidad puede quedar muy limitada. Lo mismo ocurre con el sistema de precios, donde los impuestos no suelen estar incluidos, o con el famoso sistema de propinas, que forma parte fundamental de la economía del sector servicios.

También hay cuestiones más serias que conviene tener muy claras antes de viajar. La sanidad estadounidense, por ejemplo, es una de las más caras del mundo, y no contratar un seguro médico puede convertirse en un error carísimo. Algo parecido ocurre con los requisitos de entrada al país, que incluyen autorizaciones electrónicas como el ESTA, controles migratorios bastante estrictos y normas que no siempre son evidentes para los visitantes.

Pero más allá de estos aspectos prácticos, viajar a Estados Unidos también implica entender ciertas diferencias culturales. Es un país donde las normas se aplican con bastante rigor en algunos ámbitos, donde las distancias son enormes y donde muchas cosas funcionan de forma distinta a lo que estamos acostumbrados. Comprender estas diferencias no solo evita problemas, sino que también permite disfrutar mucho más del viaje.

En este artículo voy a analizar los errores más comunes que comete la mayoría de la gente, yo incluida, cuando visita Estados Unidos, desde los fallos más habituales en la planificación hasta los pequeños detalles que pueden marcar la diferencia una vez que ya estás allí. Veremos problemas relacionados con la documentación, el transporte, el alojamiento, el presupuesto, las costumbres locales e incluso con la manera de interactuar con las autoridades o con el personal de los servicios turísticos.

También hablaré de errores que tienen que ver con la propia planificación del viaje: itinerarios demasiado ambiciosos, expectativas poco realistas o falta de información sobre cómo funcionan determinados lugares, especialmente en destinos muy populares como Los Ángeles, Miami o los grandes parques nacionales del país.

La idea no es asustar a nadie ni convertir el viaje en una lista interminable de precauciones. Al contrario. La intención es todo lo contrario: viajar con más tranquilidad y disfrutar mucho más del destino.  Porque si algo tiene Estados Unidos es precisamente eso: un país inmenso, diverso y lleno de contrastes donde cada viaje puede ser completamente distinto del anterior. Desde las grandes metrópolis hasta los pueblos perdidos en medio del desierto, desde las playas de California hasta los paisajes salvajes de Alaska, cada rincón ofrece una historia diferente.

Y para disfrutarlo de verdad, nada mejor que empezar por evitar algunos de los errores más comunes que cometen los viajeros cuando visitan este fascinante país. En las próximas secciones vamos a repasar todo lo que conviene saber antes de viajar a Estados Unidos para que tu experiencia sea lo más fluida posible.

No entender bien los requisitos de entrada

Uno de los errores más frecuentes —y también uno de los que puede causar más problemas— ocurre incluso antes de que empiece el viaje. Muchos viajeros no se informan bien sobre los requisitos de entrada a Estados Unidos o creen que el proceso será tan sencillo como viajar dentro de Europa. Sin embargo, Estados Unidos tiene uno de los sistemas de control migratorio más estrictos del mundo y no conocer sus normas puede provocar retrasos, situaciones incómodas en el aeropuerto o incluso la denegación de entrada al país.

La mayoría de los viajeros procedentes de países europeos pueden entrar en Estados Unidos sin visado tradicional gracias al programa conocido como Visa Waiver Program. Este programa permite viajar por turismo o negocios durante un máximo de 90 días sin necesidad de solicitar un visado en la embajada. Pero esto no significa que el proceso sea automático ni que simplemente baste con comprar un billete de avión y presentarse en el aeropuerto.

Pareja de turistas mostrando pasaporte y documentos de viaje mientras habla con un agente de inmigración en el aeropuerto de Estados Unidos.

Para poder utilizar este programa es obligatorio solicitar previamente una autorización electrónica llamada ESTA. Este sistema funciona como una preaprobación que permite a las autoridades estadounidenses comprobar los datos del viajero antes de que embarque en el avión. Aunque el proceso suele ser rápido, hay varios errores comunes que conviene evitar.

Uno de los más habituales es solicitar el ESTA en el último momento. Aunque muchas veces se aprueba en cuestión de minutos, en algunos casos puede tardar más tiempo o requerir revisiones adicionales. Si esto ocurre pocas horas antes del vuelo, el estrés puede ser considerable. Lo más recomendable es solicitarlo al menos unos días antes de viajar.

Otro problema frecuente es utilizar páginas web intermediarias que cobran tarifas mucho más altas de lo necesario. El ESTA tiene un coste oficial de 40,27 dólares pero existen muchas páginas que imitan la web oficial y cobran cantidades mucho mayores simplemente por tramitar la solicitud. Para evitarlo, lo mejor es utilizar siempre la página oficial del sistema.

También es importante revisar con atención los datos que se introducen en la solicitud. Un simple error en el número de pasaporte o en el nombre puede generar problemas en el aeropuerto. Las autoridades estadounidenses son muy estrictas con la correspondencia exacta entre la información del pasaporte y la del ESTA. Y ojo si os pasa como a Juan, que su pasaporte comienza por PAO y han sido varios los viajeros que han confundido esa O mayúscula con un 0 y les han dejado en tierra. Importantísimo: los pasaportes españoles se componen de 3 letras seguidas de 6 números (ej. PAO123456).

Pero incluso con el ESTA aprobado, el proceso de entrada en Estados Unidos no termina ahí. Cuando aterrizas en el país, debes pasar por un control de inmigración donde un agente revisará tu documentación y te hará algunas preguntas sobre el motivo de tu viaje. Este procedimiento puede resultar intimidante para algunos viajeros, especialmente si es su primera vez en el país. En mi caso, he tenido siempre suerte en ese aspecto cuando he viajado a USA pero por poner un ejemplo, la primera vez que estuve en Canadá, me tuvieron media hora en inmigración haciéndome todo tipo de preguntas…¡incluyendo si iba allí a buscar marido! 

En aeropuertos internacionales grandes como Aeropuerto Internacional JFK en Nueva York o el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles en Los Ángeles, las colas para el control de inmigración pueden ser largas, especialmente en horas punta. No es raro esperar entre treinta minutos y una hora antes de llegar al mostrador del agente de inmigración.

Durante esta entrevista breve, el agente puede preguntarte cosas como:

  • cuál es el motivo de tu viaje

  • cuánto tiempo planeas quedarte

  • dónde te alojarás

  • si tienes billete de regreso.

Estas preguntas son rutinarias y forman parte del proceso normal de entrada al país pero es importante responder con claridad y seguridad. Tener a mano información como la dirección del hotel o el itinerario del viaje puede facilitar mucho las cosas.

Otro aspecto que muchos viajeros desconocen es que las autoridades estadounidenses pueden revisar el contenido del equipaje e incluso pedir acceso a dispositivos electrónicos en determinadas circunstancias. Aunque esto no ocurre en la mayoría de los casos, es algo que conviene tener en cuenta.

Además, hay ciertas situaciones que pueden impedir utilizar el ESTA y obligar a solicitar un visado tradicional. Por ejemplo, si el viajero ha visitado determinados países en los últimos años o si ha tenido problemas previos con inmigración estadounidense. Estos casos requieren un proceso diferente que puede llevar más tiempo y que conviene investigar con antelación.

Cuándo puedes pasar inmigración antes de llegar a Estados Unidos

Aunque lo habitual es pasar el control de inmigración al aterrizar en el primer aeropuerto de Estados Unidos, existe una situación especial en la que este trámite se realiza antes de subir al avión. Este sistema se conoce como U.S. Preclearance y permite completar los controles migratorios y aduaneros estadounidenses en determinados aeropuertos fuera del país. Esto nos ocurrió cuando hicimos el viaje a la Ruta 61; volábamos a Chicagoy la ventaja la descubrí varias horas después, cuando aterrizamos en Estados Unidos. Mientras los pasajeros procedentes de otros países tenían que dirigirse a las siempre temidas colas de inmigración, quienes habíamos realizado el control en Irlanda entramos por la zona de vuelos nacionales. Nada de volver a enseñar el pasaporte, esperar delante de las cabinas de inmigración ni responder nuevamente a las preguntas del agente de turno. A efectos prácticos, era como si nuestro avión hubiera llegado desde otra ciudad estadounidense.

Este procedimiento continúa funcionando actualmente y recibe el nombre de US Preclearance, que se podría traducir como control previo de entrada en Estados Unidos. Se trata de un sistema mediante el cual los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos trabajan físicamente en determinados aeropuertos extranjeros. Allí realizan los mismos controles de inmigración, aduanas y productos agrícolas que normalmente se llevan a cabo al aterrizar en territorio estadounidense.

No es un simple control de documentación realizado por la compañía aérea. Quienes trabajan en estas instalaciones son agentes estadounidenses y la decisión sobre nuestra entrada en el país se toma antes de que embarquemos. Por eso, aunque el trámite se realice en Dublín, legalmente estamos pasando el control fronterizo de Estados Unidos.

¿Dónde se puede pasar inmigración estadounidense antes de volar?

En Europa solamente existen dos aeropuertos con este sistema y ambos se encuentran en Irlanda: Dublín y Shannon.

Para quienes viajamos desde España, el aeropuerto de Dublín es, con diferencia, el más interesante. Tiene conexiones frecuentes con Madrid, Barcelona y otras ciudades europeas y desde allí salen vuelos directos hacia numerosos destinos estadounidenses. Entre otros, es posible encontrar conexiones con Nueva York, Boston, Chicago, Washington, Miami, Orlando, San Francisco y Los Ángeles, aunque las rutas pueden variar dependiendo de la temporada y de la compañía aérea.

Shannon también dispone de US Preclearance pero tiene una oferta de vuelos considerablemente menor y llegar hasta allí desde España suele ser menos sencillo. Puede ser una alternativa interesante si estamos recorriendo Irlanda o encontramos una combinación especialmente barata pero para una simple escala Dublín resulta mucho más práctico.

Fuera de Irlanda, el sistema también funciona en varios aeropuertos de Canadá, Bahamas, Bermudas, Aruba y Abu Dabi. Sin embargo, salvo que estemos combinando nuestro viaje a Estados Unidos con alguno de estos destinos, no suelen ser escalas razonables para alguien que sale desde España. Volar primero hasta Abu Dabi para después cruzar el Atlántico, por ejemplo, supone dar un rodeo bastante considerable.

¿Cómo funciona el US Preclearance en el aeropuerto de Dublín?

El procedimiento no es complicado pero debemos calcular más tiempo del que necesitaríamos para una escala normal. Si hemos llegado a Dublín desde Madrid para continuar directamente hacia Estados Unidos, debemos seguir las indicaciones de Flight Connections y, posteriormente, los carteles de US Preclearance. Los vuelos con destino a Estados Unidos salen generalmente desde la Terminal 2.

Primero tendremos que pasar el control de seguridad ordinario del aeropuerto. Después nos dirigiremos a la zona estadounidense cuando aparezca anunciado nuestro vuelo en las pantallas. No siempre se permite entrar inmediatamente: dependiendo del horario, el aeropuerto puede ir llamando a los pasajeros de cada vuelo para evitar que la instalación se sature.

Una vez dentro del área de preclearance, pasaremos los controles de inmigración, aduanas y agricultura. Tendremos que presentar el pasaporte y el ESTA o visado correspondiente. El agente puede preguntarnos cuál es el motivo del viaje, cuántos días vamos a permanecer en Estados Unidos, dónde nos alojaremos, con quién viajamos o cuánto dinero llevamos.

Son básicamente las mismas preguntas que podrían hacernos al aterrizar en Nueva York, Miami o cualquier otro aeropuerto estadounidense. Haber llegado hasta Irlanda y tener una tarjeta de embarque no garantiza la entrada en Estados Unidos. Si el agente considera que necesita más información, puede enviarnos a una inspección adicional antes de autorizar nuestro viaje.

También tendremos que declarar si llevamos determinados alimentos, productos agrícolas o cantidades de dinero superiores a los límites establecidos. Conviene tomarse esta parte en serio. Estados Unidos mantiene controles muy estrictos sobre la entrada de carne, fruta, semillas, plantas y otros productos. Cuando tengamos dudas, es mejor declararlos y dejar que el agente decida si podemos llevarlos.

Después de superar el control, accedemos a una zona de embarque separada del resto del aeropuerto. A partir de ese momento ya no podemos regresar libremente a las demás zonas de la terminal. Hay algunos establecimientos, servicios y lugares donde comprar comida, pero la oferta es más limitada. No sería mala idea comer o comprar lo necesario antes de entrar, siempre prestando atención a la hora asignada a nuestro vuelo.

¿Qué ocurre con el equipaje?

Cuando los vuelos forman parte de una misma reserva, lo habitual es que la maleta se facture desde el aeropuerto de origen hasta el destino final. Los agentes estadounidenses pueden acceder a las imágenes del equipaje facturado y, si consideran que es necesario, solicitar una inspección.

Al llegar a Estados Unidos, si esa ciudad es nuestro destino final, recogeremos la maleta y podremos abandonar el aeropuerto sin pasar por el control ordinario de inmigración. Si tenemos una conexión hacia otra ciudad estadounidense y el equipaje está facturado hasta el destino final, normalmente continuará el recorrido indicado por la aerolínea sin que tengamos que realizar el procedimiento habitual de entrada de equipajes internacionales. De todos modos, siempre recomiendo preguntar en el mostrador de facturación hasta dónde viaja la maleta. Las normas pueden variar dependiendo de la compañía, el aeropuerto de llegada y de si los vuelos pertenecen o no a la misma reserva.

El asunto cambia bastante cuando hemos comprado los trayectos por separado. Si tenemos una reserva Madrid–Dublín y otra diferente Dublín–Nueva York, puede que tengamos que recoger la maleta en Dublín, salir a la zona pública, volver a facturar y pasar nuevamente por seguridad. En ese caso, no hablamos de una conexión protegida y cualquier retraso del primer vuelo podría hacernos perder el segundo.

¿Necesitamos igualmente el ESTA?

Sí. Pasar inmigración en Irlanda no cambia los requisitos para entrar en Estados Unidos. Los viajeros españoles que utilicen el Programa de Exención de Visado deben disponer de un ESTA aprobado antes de comenzar el viaje. El ESTA no es un visado y tampoco garantiza automáticamente que nos permitan entrar. Es una autorización necesaria para viajar y presentarnos ante el agente de inmigración. La decisión final sigue correspondiendo al personal de fronteras, tanto si el control se realiza en Dublín como si se hace al aterrizar en Estados Unidos.

Mobile Passport Control en Dublín

Actualmente, los viajeros españoles que entren con ESTA pueden utilizar Mobile Passport Control en la instalación de preclearance del aeropuerto de Dublín. Esta aplicación gratuita permite introducir previamente algunos datos del pasaporte, hacerse una fotografía y completar parte de la declaración de aduanas. No sustituye el control de inmigración ni evita que tengamos que hablar con un agente pero puede agilizar el procedimiento y reducir el tiempo de espera. La información debe enviarse cuando ya nos encontremos en el aeropuerto de Dublín y antes de presentarnos ante los agentes estadounidenses. No es obligatorio utilizarla pero puede ser bastante útil, sobre todo en los horarios con mayor número de vuelos.

Subestimar las distancias dentro de Estados Unidos

Uno de los errores más comunes entre quienes visitan Estados Unidos por primera vez es no darse cuenta de lo enorme que es el país. Cuando se mira un mapa puede parecer que muchas ciudades están relativamente cerca unas de otras pero en la práctica las distancias son enormes y los desplazamientos pueden ocupar buena parte del viaje.

Estados Unidos es un país gigantesco. Para hacerse una idea, la distancia entre la costa este y la costa oeste supera los 4.000 kilómetros. Incluso dentro de un mismo estado las distancias pueden ser sorprendentes. En lugares como California o Texas conducir durante varias horas sin salir del mismo territorio es algo completamente normal.

Muchos viajeros que preparan su primer itinerario por el país cometen el mismo error: intentar ver demasiados lugares en pocos días. Es habitual encontrar planes que incluyen ciudades como Los Ángeles, Las Vegas, San Francisco y el Gran Cañón en apenas una semana. Sobre el papel parece posible pero en la práctica ese tipo de itinerario implica pasar muchas horas en carretera o en aeropuertos. Y además, que ves las cosas deprisa y mal. Nosotros estuvimos 15 días recorriendo California en coche y alucinábamos cuando veíamos a gente que hacía el recorrido en la mitad de tiempo.

Chica rubia con mechones rosas y tatuajes conduciendo un descapotable rosa por la Ruta 66 en el desierto.

Un ejemplo bastante ilustrativo es el trayecto entre Los Ángeles y San Francisco. Aunque en el mapa parecen relativamente cercanas, la distancia es de unos 600 kilómetros. En coche, dependiendo de la ruta elegida y del tráfico, el viaje puede durar entre seis y ocho horas. Si además se quieren hacer paradas para disfrutar del paisaje de la costa de Big Sur (que sería una aberración no hacerlo porque os aseguro que las vistas son espectaculares), el trayecto puede ocupar fácilmente un día entero.

Algo parecido ocurre con otros desplazamientos populares. El trayecto entre Las Vegas y el Gran Cañón, por ejemplo, requiere varias horas de conducción dependiendo de la zona del parque que se quiera visitar. Y si hablamos de distancias entre regiones diferentes del país, las cifras se disparan aún más. Viajar entre Nueva York y Miami en coche supone más de veinte horas de conducción.

Este error de planificación suele tener varias consecuencias. La primera es que el viaje se vuelve agotador. Pasar demasiadas horas desplazándose significa tener menos tiempo para disfrutar realmente de los lugares que se visitan. En lugar de pasear por la ciudad o descubrir rincones interesantes, acabarás mirando constantemente el reloj para llegar a tiempo al siguiente destino.

La segunda consecuencia es que el itinerario pierde flexibilidad. Uno de los mayores placeres de viajar por Estados Unidos es la posibilidad de improvisar: parar en un pequeño pueblo, descubrir un restaurante curioso en medio de la carretera o desviarse hacia un parque natural que no estaba en el plan inicial. Cuando el itinerario está demasiado apretado, estas oportunidades desaparecen. También hay que tener en cuenta que conducir en Estados Unidos puede implicar tiempos mayores de lo esperado. Aunque muchas carreteras son amplias y están en buen estado, el tráfico en las grandes ciudades puede ser intenso. Lugares como Los Ángeles o San Francisco son conocidos por sus atascos, especialmente en horas punta.

Además, muchos viajeros no tienen en cuenta el tiempo necesario para entrar y salir de las ciudades, encontrar aparcamiento o realizar paradas durante el trayecto. Todo esto puede hacer que un desplazamiento que parecía sencillo en el mapa se convierta en una jornada bastante larga.

Por eso, al planificar un viaje por Estados Unidos es fundamental ser realista con las distancias. En lugar de intentar ver demasiados lugares en pocos días, suele ser mucho más recomendable concentrarse en una región concreta y explorarla con calma. Un viaje centrado únicamente en la costa oeste, por ejemplo, puede ofrecer una experiencia mucho más relajada y enriquecedora que intentar recorrer medio país en una sola visita.

Pensar que el transporte público funciona como en Europa

Otro de los errores más comunes entre quienes viajan por primera vez a Estados Unidos es asumir que el transporte público funcionará de forma parecida a como lo hace en muchas ciudades europeas. En Europa estamos acostumbrados a movernos fácilmente en metro, tranvía o tren entre prácticamente cualquier punto de una ciudad o incluso entre ciudades cercanas. Sin embargo, en gran parte de Estados Unidos la realidad es muy distinta.

Allí llama mucho la atención  la enorme dependencia del coche. El país fue diseñado, en buena medida, pensando en el automóvil. Durante décadas, la expansión de las ciudades estuvo ligada al desarrollo de autopistas y grandes avenidas, lo que favoreció un modelo urbano donde el coche es el medio de transporte dominante. Esto significa que en muchas ciudades estadounidenses el transporte público es limitado o simplemente no resulta práctico para el visitante. Las distancias son enormes. Esto significa que algo que en Europa haríamos caminando —como ir al supermercado o a un restaurante cercano— puede requerir conducir varios kilómetros. Para los viajeros que no alquilan coche, moverse puede resultar más complicado de lo que imaginaban.

Relacionado con esto está el tamaño de todo. Estados Unidos es un país enorme y eso se refleja en las carreteras, los supermercados, los centros comerciales y hasta en las raciones de comida. Las autopistas con seis u ocho carriles por sentido son algo habitual y los supermercados parecen casi hangares. A muchos viajeros también les sorprende el tamaño de los aparcamientos o de las gasolineras, que a veces parecen pequeñas ciudades.

Chica rubia platino con mechones fucsia dejando dinero de propina en un bote de tips en un café de Estados Unidos.

Hay excepciones, por supuesto. Ciudades como Nueva York cuentan con uno de los sistemas de metro más extensos del mundo y moverse sin coche allí es no solo posible, sino recomendable. Algo parecido ocurre en Chicago o en Washington D. C., donde el metro y los autobuses permiten recorrer gran parte de la ciudad con relativa facilidad. Pero fuera de estas grandes urbes, la situación cambia bastante. En muchas ciudades el transporte público tiene horarios limitados, pocas líneas o trayectos poco prácticos para los turistas. Incluso en lugares muy conocidos, como Los Ángeles, el sistema de transporte público no siempre permite desplazarse cómodamente entre los principales puntos de interés. Las distancias entre barrios pueden ser grandes y las combinaciones de transporte poco directas.

Esto se vuelve aún más evidente cuando se visitan zonas suburbanas o áreas turísticas alejadas del centro. Lugares como parques naturales, centros comerciales o determinadas atracciones suelen estar diseñados para ser accesibles en coche. Intentar llegar a ellos en transporte público puede implicar trayectos largos, varios transbordos o incluso la imposibilidad de hacerlo.

Por esta razón, muchos viajeros optan por alquilar un coche durante su estancia en Estados Unidos. Para quienes no están acostumbrados a conducir en el extranjero, esto puede parecer intimidante al principio pero lo cierto es que conducir en el país suele ser bastante sencillo. Las carreteras están bien señalizadas, los vehículos suelen ser automáticos y las normas de tráfico son relativamente fáciles de entender. Además, en general los conductores estadounidenses siempre nos han parecido más respetuosos con las normas que los europeos.

Además, tener coche ofrece una libertad enorme para explorar el país. Permite detenerse en lugares inesperados, cambiar la ruta sobre la marcha o descubrir pequeños pueblos y paisajes que no aparecen en las guías turísticas. Esta flexibilidad forma parte de la esencia de muchos viajes por Estados Unidos. Un buen ejemplo de ello es recorrer algunos tramos de la histórica Ruta 66, una de las carreteras más emblemáticas del país. Aunque hoy en día muchos de sus tramos originales han sido sustituidos por autopistas modernas, sigue siendo un símbolo del viaje por carretera estadounidense.

También hay que tener en cuenta que las estaciones de tren en Estados Unidos no suelen tener el mismo protagonismo que en Europa. La red ferroviaria existe y puede ser útil en algunos trayectos pero en general los trenes son menos frecuentes y más lentos que los vuelos internos o los desplazamientos por carretera.

Todo esto no significa que el transporte público sea inútil en Estados Unidos pero sí que conviene informarse bien antes de planificar el viaje. En algunas ciudades puede ser una opción excelente, mientras que en otras será poco práctico o directamente inexistente para ciertos trayectos

No contratar un seguro médico antes de viajar

Si hay un error que puede salir realmente caro al viajar a Estados Unidos, es no contratar un seguro médico. De hecho, muchos viajeros consideramos que este es el error más grave que se puede cometer al preparar un viaje al país.

En muchos destinos del mundo los sistemas sanitarios públicos permiten recibir atención médica básica sin costes desorbitados. En algunos países incluso existen acuerdos con sistemas de salud europeos que permiten recibir asistencia sanitaria con cierta facilidad. Pero en Estados Unidos la situación es completamente diferente.

El sistema sanitario estadounidense es mayoritariamente privado, lo que significa que cualquier atención médica tiene un coste elevado. Y cuando hablamos de elevado, no se trata de cifras simbólicas. Una simple visita a urgencias puede costar varios cientos de dólares, mientras que una hospitalización o una intervención médica puede alcanzar fácilmente cifras de miles o incluso decenas de miles.

Hay muchos ejemplos reales de viajeros que han tenido que pagar facturas médicas enormes por problemas relativamente pequeños. Una torcedura de tobillo, una infección o una simple apendicitis pueden generar gastos muy elevados si no se cuenta con un seguro que cubra esos costes.

Enfermeros trasladando en camilla a un viajero herido hacia la entrada de urgencias de un hospital en Estados Unidos.
Accidentarse en Estados Unidos y no llevar seguro médico puede llevarte a la ruina

Para entender mejor la magnitud del problema, basta con ver algunos precios aproximados del sistema sanitario estadounidense. Una consulta médica puede costar entre 150 y 400 dólares. Una noche de hospitalización puede superar los 3.000 dólares. Y si hablamos de cirugías o tratamientos más complejos, la cifra puede multiplicarse rápidamente.

Esta es la razón por la que contratar un seguro médico de viaje es prácticamente imprescindible antes de visitar el país. Afortunadamente, hoy en día existen muchas compañías que ofrecen seguros específicos para viajeros, con coberturas bastante amplias y precios razonables en comparación con los posibles gastos médicos. Además de cubrir los gastos médicos, muchos seguros incluyen también asistencia en caso de accidentes, repatriación sanitaria, pérdida de equipaje o cancelaciones de viaje. Aunque nadie quiere pensar en problemas cuando está planeando unas vacaciones, tener esa protección puede marcar una enorme diferencia si algo inesperado ocurre durante el viaje. Yo siempre recomiendo Intermundial: si quieres obtener un 10% en tu seguro de viaje a Estados Unidos (o a cualquier otro destino), pincha en esta foto de aquí abajo.

Otro aspecto que conviene tener en cuenta es que algunos hospitales estadounidenses pueden exigir una garantía de pago antes de proporcionar determinados tratamientos. En situaciones de emergencia siempre se prestará atención médica pero los costes deberán asumirse posteriormente si no se dispone de seguro. En ciudades grandes como Nueva York o Los Ángeles existen hospitales de primer nivel y centros médicos muy avanzados pero esa calidad tiene un precio muy elevado. Incluso una simple ambulancia puede suponer un dineral.

A veces los viajeros piensan que el seguro no será necesario porque el viaje es corto o porque se consideran personas sanas. Sin embargo, la realidad es que los accidentes o enfermedades pueden ocurrir en cualquier momento. Un resfriado fuerte, una intoxicación alimentaria o una caída durante una excursión pueden convertir un pequeño problema en una factura médica inesperada. Por eso, uno de los mejores consejos para cualquier persona que esté planificando un viaje a Estados Unidos es incluir el seguro médico como parte esencial del presupuesto del viaje. No se trata de un gasto opcional, sino de una medida básica de protección.

No entender cómo funcionan las propinas

Uno de los aspectos culturales que más sorprenden cuando llegas a Estados Unidos es el sistema de propinas. Para muchas personas que visitan el país por primera vez, la idea de tener que dejar una propina prácticamente obligatoria puede resultar extraña o incluso incómoda. Sin embargo, en Estados Unidos las propinas no son simplemente un gesto de cortesía: forman parte esencial del sistema salarial de muchos trabajadores. A mí este sistema me parece una jo-di-da aberración porque en la práctica, el dueño del restaurante está pagando al camarero de turno una miseria de 2,13 dólares la hora (sí, sí, menos que en muchos países de África o Asia), por lo que al final para el empresario todo son ganancias y el sueldo de los trabajadores se lo acabas pagando tú. Bienvenidos al fantástico mundo del capitalismo atroz.

En numerosos sectores del país —especialmente en la hostelería— los salarios base son relativamente bajos porque se supone que los trabajadores completarán sus ingresos gracias a las propinas. Esto significa que camareros, bartenders, taxistas o personal de hotel dependen en gran medida de estas gratificaciones para ganar un sueldo digno. Por esta razón, no dejar propina en un restaurante estadounidense puede interpretarse como una señal de que el servicio ha sido muy malo. En muchos casos, los propios empleados pueden pensar que el cliente ha quedado insatisfecho o incluso que ha cometido una falta de educación.

La norma general en restaurantes suele ser dejar entre un 15 % y un 20 % del total de la cuenta. En algunos lugares, especialmente en ciudades grandes como Nueva York o San Francisco, es bastante habitual que la propina ronde el 20 %, sobre todo si el servicio ha sido bueno. En bares la costumbre suele ser dejar aproximadamente un dólar por bebida o una pequeña cantidad adicional si se pide comida. En taxis o servicios de transporte privado también se espera una propina, normalmente entre el 10 % y el 15 % del trayecto. Así que ya sabes, llega la cuenta y entre la propina y el impuesto (lo que sería nuestro IVA), resulta que en vez de cuatro personas, al final habéis comido cinco.

Chica rubia platino con mechones fucsia dejando dinero de propina en un bote de tips en un café de Estados Unidos.

No tener en cuenta que los precios no incluyen impuestos

Otro detalle que suele sorprender a quienes viajan a Estados Unidos por primera vez es que los precios que aparecen en las tiendas o en los menús no incluyen impuestos. Esto puede resultar confuso para los visitantes acostumbrados a sistemas donde el precio final es el que aparece en la etiqueta.

En Estados Unidos el sistema funciona de forma diferente. Cuando ves el precio de un producto en una tienda —por ejemplo, 10 dólares— ese precio no suele incluir los impuestos de venta. El impuesto se añade en el momento de pagar en caja, lo que significa que el total final será algo mayor. El porcentaje de estos impuestos, conocidos como sales tax, varía según el estado e incluso según la ciudad. En algunos lugares puede ser relativamente bajo, mientras que en otros puede superar el 8 % o el 9 %. Esto significa que el precio final de una compra puede cambiar dependiendo de dónde te encuentres. Por ejemplo, comprar un mismo producto en Miami o en Los Ángeles puede implicar pequeñas diferencias en el precio final debido a los distintos impuestos locales.

Este sistema también se aplica en restaurantes y en muchos otros servicios. Por eso, cuando revisas una cuenta en Estados Unidos, es habitual ver varias líneas diferentes: el precio de los productos, el impuesto correspondiente y, en muchos casos, la propina.

Cuenta de un restaurante en Estados Unidos donde aparece el subtotal, el impuesto (sales tax) y el total a pagar junto a sugerencias de propina.

Intentar ver demasiado en un solo viaje

Uno de los errores más frecuentes al viajar a Estados Unidos es querer verlo todo en una sola visita. Es una reacción bastante comprensible: el país es enorme, está lleno de lugares famosos y muchos sentís que tal vez no volveréis en mucho tiempo. La tentación de incluir en el itinerario tantas ciudades y paisajes como sea posible es muy fuerte. El problema es que esta estrategia suele terminar convirtiendo el viaje en una carrera constante.

Muchos itinerarios que se ven en internet incluyen rutas que, sobre el papel, parecen muy atractivas. Por ejemplo, combinar en pocos días ciudades como Los Ángeles, Las Vegas y San Francisco, además de añadir el Gran Cañón o incluso algunos parques nacionales adicionales. Sin embargo, cuando se analiza con calma el tiempo necesario para desplazarse entre estos lugares, se descubre que buena parte del viaje se pasa en carretera o en aeropuertos.

Viajera con pelo rubio y mechones fucsia y brazos tatuados mirando un mapa de Estados Unidos con gesto de cansancio mientras planifica un viaje con demasiados destinos.

El resultado suele ser un itinerario agotador en el que apenas hay tiempo para disfrutar de cada lugar. Los viajeros pasan más horas desplazándose que explorando los destinos y muchas veces terminan con la sensación de haber visto todo de forma superficial.

Estados Unidos es un país donde merece la pena viajar con calma. Cada ciudad tiene barrios diferentes, museos, restaurantes interesantes y lugares inesperados que no aparecen en las guías más básicas. Incluso en destinos muy conocidos, como Nueva York, podrías pasar semanas descubriendo rincones nuevos sin llegar a conocerlo todo. Algo parecido ocurre con los parques naturales. Lugares como Yosemite o Yellowstone son tan extensos que intentar visitarlos en apenas unas horas puede resultar frustrante. Estos parques merecen al menos uno o dos días completos para poder explorar sus senderos, miradores y paisajes.

Una buena estrategia para evitar este error es centrarse en una región concreta del país. Por ejemplo, dedicar todo el viaje a recorrer la costa oeste, explorar el noreste o concentrarse en los parques nacionales del suroeste. Este tipo de enfoque permite conocer mejor cada destino y disfrutar más del viaje. Al menos yo es lo que he hecho cada vez que he viajado allí.

Además, dejar algo sin ver también puede ser positivo. Estados Unidos es un país al que muchos viajeros regresan varias veces a lo largo de su vida, como ha sido mi caso. Guardar algunos lugares para futuros viajes puede convertirse en una excusa perfecta para volver. Viajar no consiste en tachar destinos de una lista, sino en disfrutar de los lugares con tiempo suficiente para descubrirlos de verdad.

No reservar con antelación en lugares muy populares

Otro error bastante común al viajar por Estados Unidos es pensar que todo se puede organizar sobre la marcha. Aunque en algunos destinos esto puede funcionar, hay muchos lugares donde reservar con antelación es prácticamente imprescindible, especialmente durante las temporadas más turísticas. Esto ocurre sobre todo en parques nacionales y atracciones muy populares. En verano, por ejemplo, algunos de los parques más famosos del país reciben millones de visitantes. Lugares como Yosemite, Zion o el Gran Cañón pueden tener restricciones de acceso o requerir reservas anticipadas para determinadas actividades.

En algunos casos, incluso el acceso a ciertas carreteras panorámicas o rutas de senderismo puede estar regulado mediante sistemas de reserva previa. Esto se hace para evitar la saturación y proteger los espacios naturales pero puede sorprender a los viajeros que llegan sin haber investigado previamente. Y se encuentran con el cartel de «no hay billetes».

Viajera con pelo rubio y mechones fucsia y brazos tatuados mirando preocupada un cartel de “fully booked” en la entrada de una atracción turística en Estados Unidos.

Los alojamientos dentro de los parques nacionales también suelen llenarse con bastante rapidez, especialmente durante los meses de verano o en fines de semana largos. Quienes esperan hasta el último momento para reservar pueden encontrarse con que todos los hoteles o campings cercanos están completos. Algo parecido ocurre en ciudades muy turísticas como Nueva York o San Francisco. Aunque siempre hay opciones de alojamiento disponibles, reservar con tiempo suele permitir encontrar mejores precios y ubicaciones más interesantes. Y más teniendo en cuenta que en estas mismas ciudades el alojamiento ya es de por sí carísimo.

Las excursiones y atracciones también pueden agotarse con antelación. Actividades muy populares, como visitar ciertos miradores, realizar excursiones guiadas o acceder a determinados museos, pueden tener aforo limitado. Planificar con cierta antelación no significa que el viaje deba estar completamente cerrado desde el principio pero sí conviene investigar qué lugares requieren reserva previa. Dedicar un poco de tiempo a este aspecto puede evitar muchas frustraciones una vez que ya estás en el destino.

No informarse sobre las normas y leyes locales

Estados Unidos es un país muy diverso y esa diversidad no solo se refleja en los paisajes o en la cultura, sino también en sus normas y leyes.  Muchas reglas pueden cambiar de un estado a otro o incluso de una ciudad a otra. No conocer estas diferencias puede provocar situaciones incómodas o, en algunos casos, multas innecesarias.

Por ejemplo, algo tan simple como beber alcohol en la calle puede ser completamente legal en algunos lugares y estar estrictamente prohibido en otros. En ciudades como Nueva York beber alcohol en espacios públicos suele estar prohibido y hacerlo puede conllevar una multa. Las normas relacionadas con el consumo de alcohol también pueden resultar sorprendentes para algunos visitantes. En Estados Unidos la edad mínima para consumir alcohol es de 21 años, y los controles para verificar la edad suelen ser bastante estrictos. Incluso en bares o restaurantes es habitual que pidan identificación a personas que parecen mucho mayores de esa edad. Lo mismo ocurre con fumar en determinados espacios, donde las restricciones pueden ser más estrictas de lo que muchos viajeros imaginan.

Otro ejemplo curioso es el llamado jaywalking, que consiste en cruzar la calle fuera del paso de peatones o cuando el semáforo no lo permite. En muchos países esto se considera una infracción menor que rara vez se sanciona pero en algunas ciudades estadounidenses la policía puede multar a los peatones que crucen de forma incorrecta.

Viajera con pelo rubio y mechones fucsia y brazos tatuados hablando con un policía estadounidense en una calle de una ciudad de Estados Unidos.

Pensar que todo será como en las películas

Durante décadas, el cine y la televisión han construido una imagen muy particular de Estados Unidos. Muchas personas llegan al país con una idea muy clara de cómo serán las ciudades, los paisajes o incluso la forma en que se comportan sus habitantes. Pero la realidad suele ser mucho más compleja que la versión cinematográfica. Esto no significa que Estados Unidos no tenga lugares espectaculares o escenarios que parecen sacados directamente de una película. De hecho, algunos destinos cumplen perfectamente con esa imagen. Caminar por Times Square en Nueva York o recorrer el paseo marítimo de Miami puede resultar tan icónico como se imagina.

Sin embargo, también hay muchos aspectos de la vida cotidiana que no aparecen en las películas. Por ejemplo, muchas ciudades estadounidenses son mucho más extensas y menos caminables de lo que parecen en la pantalla. Los barrios pueden estar muy separados entre sí y desplazarse de un lugar a otro puede requerir bastante tiempo. También es frecuente que algunos viajeros se sorprendan al descubrir que determinados lugares no son exactamente como esperaban. Zonas que en el cine parecen glamourosas pueden ser más normales o incluso tener áreas menos atractivas. Por el contrario, otros lugares que apenas aparecen en las guías pueden resultar sorprendentemente interesantes.

Viajera posando junto a la estrella de Rod Stewart en el Paseo de la Fama de Hollywood en Los Ángeles.
Os aseguro que Hollywood tiene mucho menos glamour que el que la gente imagina…

La cultura estadounidense también es más diversa de lo que muchas personas imaginan. El país es una mezcla enorme de tradiciones, influencias y estilos de vida. Lo que se experimenta en Los Ángeles puede ser muy diferente de lo que se vive en Chicago o en pequeñas localidades del interior del país. Por eso, uno de los mejores consejos para viajar a Estados Unidos es hacerlo con la mente abierta. En lugar de intentar encontrar exactamente lo que se ha visto en películas o series, merece la pena observar el país tal como es realmente: diverso, complejo y lleno de contrastes. Muchas veces son precisamente esas diferencias inesperadas las que hacen que el viaje sea más interesante. Descubrir lugares fuera de los circuitos habituales, hablar con gente local o explorar barrios menos conocidos puede ofrecer una perspectiva mucho más rica del país.

Cosas que sorprenden a los viajeros 

Incluso quienes han visto innumerables películas, series o documentales sobre Estados Unidos suelen experimentar cierta sorpresa cuando llegan al país por primera vez. La imagen que tenemos del país está muy influida por la cultura popular pero la realidad cotidiana puede ser bastante diferente de lo que imaginábamos. De hecho, hay muchos pequeños detalles de la vida diaria que llaman la atención a los viajeros nada más aterrizar.

Uno de los primeros aspectos que sorprende es la escala de todo. Las avenidas son enormes, los coches son grandes, los supermercados parecen gigantescos y las porciones de comida en muchos restaurantes pueden resultar desproporcionadas para quienes están acostumbrados a las raciones europeas. En ciudades como Los Ángeles o Houston esta sensación de amplitud se vuelve aún más evidente, con carreteras de varios carriles y barrios que se extienden durante kilómetros.

Otra sorpresa habitual tiene que ver con el tamaño de los supermercados y tiendas. Entrar en un supermercado estadounidense puede ser toda una experiencia para un viajero europeo. Las secciones de productos son enormes, las marcas son muy variadas y muchos artículos se venden en tamaños familiares que parecen pensados para grandes hogares. Además, es bastante común encontrar supermercados abiertos las 24 horas. Cada vez que voy a USA y veo esas cajas de galletas que pesan 5 kilos, flipo.

También llama la atención la cultura del servicio al cliente. En muchos restaurantes o tiendas los empleados son especialmente amables y atentos. Es habitual que te pregunten varias veces si todo está bien o si necesitas algo más. Para algunos viajeros esta atención constante puede resultar un poco excesiva al principio pero forma parte de la cultura de servicio del país, muy vinculada al sistema de propinas.

Llama la atención, especialmente si lo comparas con España, lo temprano que cierran algunos comercios y restaurantes, especialmente fuera de las grandes ciudades. Aquí estamos acostumbrados a cenar tarde y a encontrar bares abiertos hasta altas horas pero en muchas zonas de Estados Unidos la vida nocturna termina bastante antes. No es raro que en pequeñas ciudades los restaurantes cierren a las nueve o incluso antes. Si  llegas tarde al hotel después de un día de excursión, puedes descubrir que ya no hay ningún sitio abierto para cenar.

El sistema de pago también puede resultar diferente. En Estados Unidos es muy habitual pagar prácticamente todo con tarjeta. De hecho, en muchos lugares el efectivo se utiliza cada vez menos. En restaurantes, por ejemplo, el camarero suele llevarse la tarjeta para procesar el pago y devolverla después con el recibo, un sistema que puede parecer extraño para quienes están acostumbrados a pagar directamente en la mesa.

Otro detalle que llama la atención es la cantidad de banderas estadounidenses que se ven en muchos lugares. En barrios residenciales, edificios públicos o incluso en jardines privados es bastante común ver la bandera del país. Este tipo de expresiones de patriotismo son mucho más visibles que en muchos países europeos.

Por último, mucha gente se sorprende al descubrir la enorme diversidad cultural del país. Estados Unidos es una mezcla de influencias procedentes de todo el mundo y esa diversidad se refleja en la gastronomía, los barrios y las tradiciones de cada ciudad. En lugares como Nueva York o San Francisco es posible encontrar comunidades de prácticamente cualquier parte del planeta.

Todas estas pequeñas diferencias hacen que viajar a Estados Unidos sea una experiencia muy interesante. Más allá de los lugares famosos o de los grandes paisajes, descubrir estas curiosidades de la vida cotidiana permite entender mejor cómo funciona el país y disfrutar mucho más del viaje


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