Rincones únicos e indispensables en la Ruta 66

En dos de nue­stros road trips por Esta­dos Unidos (el que hici­mos por Cal­i­for­nia y el de la ruta del Mis­sis­sip­pi) hemos tenido la suerte de poder dis­fru­tar de var­ios tramos de la que es con­sid­er­a­da la Moth­er Road of Amer­i­ca: la míti­ca Ruta 66. Casi 4.000 kilómet­ros que nacen en Chica­go y mueren en San­ta Móni­ca en Los Ánge­les, que atraviesan ocho esta­dos y que son parte impre­scindible de la his­to­ria de Esta­dos Unidos.

Icono pop­u­lar úni­co, aunque con el tiem­po fue reem­plaza­da por esa red de autopis­tas tan imper­son­al en la que pri­man los fac­tores prác­ti­cos, la Ruta 66 con­tinúa ocu­pan­do el corazón de muchos esta­dounidens­es pero tam­bién el de muchos via­jeros que hemos dis­fru­ta­do con pasión des­bor­da­da de sus rin­cones inolvid­ables. Su impor­tan­cia es tal que ha sido cat­a­lo­ga­da como Ruta Estatal Históri­ca, remem­o­ran­do unos tiem­pos en los que via­jar no era sólo trans­portarse de un sitio a otro sino dis­fru­tar de una expe­ri­en­cia total­mente irrepetible. Heren­cia latente de lo que supu­so en la icono­grafía pop­u­lar la déca­da de los años 50 y que está más viva que nun­ca, la Ruta 66 con­sti­tuye uno de esos via­jes míti­cos que uno ha de hac­er algu­na vez en la vida si quiere cono­cer la USA más vis­cer­al. Por dicho moti­vo, este artícu­lo será sin duda uno de los que más vamos a dis­fru­tar elab­o­ran­do: el que recorre algunos de los rin­cones indis­pens­ables en la que es, jun­to a la Ruta 61 (que tam­bién recor­ri­mos en su día), la car­retera más ama­da y ven­er­a­da del mun­do. Una road movie en la que los tres grandes pro­tag­o­nistas serán el coche, la car­retera y los fab­u­losos paisajes que te están esperan­do.

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Los Angeles

Que el coche es fun­da­men­tal para moverse por la may­or parte de Esta­dos Unidos, donde el trans­porte públi­co en muchas oca­siones es mera­mente tes­ti­mo­ni­al, es algo que hay que ten­er más que asum­i­do: via­jar a USA y no pon­erse tras un volante te va a pri­var dis­fru­tar de casi todo. Pero es en Los Ánge­les donde este fac­tor alcan­za sus nive­les más altos: una ciu­dad de casi 20 mil­lones de habi­tantes, con calles que se van has­ta los 40 kilómet­ros de lon­gi­tud, y donde el que depende de los bus­es munic­i­pales espera y deses­pera. Por tan­to, la ciu­dad idónea para sim­bolizar lo que es una road movie urbana y que tan bien retra­ta una pelícu­la como “Dri­ve”, pro­tag­on­i­za­da por Ryan Gosling.

El hog­ar de Hol­ly­wood, la Meca del cine, ha uti­liza­do infinidad de rin­cones de la ciu­dad para los roda­jes de muchas pelícu­las: des­de el Sixth Street Viaduct en “Ter­mi­na­tor 2” a la car­rera de coches en un cauce seco de “Grease” entre los puentes de la Primera y la Sép­ti­ma, des­de el bar­ro­co vestíbu­lo del Hotel Plaza en “Corazón Sal­va­je” de David Lynch a la primera esce­na que logró jun­tar a Robert de Niro y Al Paci­no en la his­to­ria del cine en el restau­rante Kate Man­till­i­ni (ya cer­ra­do) para “Heat” o el bar que en “Thel­ma y Louise” era el The Sil­ver Bul­let y que en real­i­dad es el Cow­boy Coun­try de Long Beach. En el corazón del mid­town angeli­no y rodea­do de ofic­i­nas nos encon­tramos tam­bién con el edi­fi­cio Brad­bury, que Rid­ley Scott uti­lizó en una de nues­tras pelícu­las favoritas, “Blade Run­ner”, y que era el hog­ar donde el inge­niero J.F. Sebas­t­ian vivía rodea­do de autó­matas y donde se desar­rol­la esa bel­lísi­ma esce­na final que aún nos sigue ponien­do los pelos de pun­ta y que dejó para la pos­teri­dad una de las fras­es míti­cas de la his­to­ria del cine: “todos esos momen­tos se perderán en el tiem­po como lágri­mas en la llu­via”.

La por­ta­da del dis­co “Mor­ri­son Hotel” de The Doors fue inmor­tal­iza­da en el hotel del mis­mo nom­bre, aunque aho­ra este se encuen­tre total­mente aban­don­a­do. Y para hotel famoso, el “Hotel Cal­i­for­nia” de los Eagles, cuya por­ta­da está pro­tag­on­i­za­da por el  Bev­er­ly Hills Hotel de Sun­set Boule­vard. Los Beach Boys tam­bién rindieron trib­u­to a su hog­ar en el tema “Fun,Fun,Fun” men­cio­nan­do al din­er (restau­rante de car­retera) Fos­ter’s Freeze. Muy cer­ca, en Ingle­wood, ten­emos otro local mem­o­rable, el Randy’s Donuts, con su donut gigan­tesco en el teja­do (diez met­ros de diámetro), que ha apare­ci­do en films como “Mars Attacks!” o “Iron Man 2”. En San­ta Mon­i­ca, más conc­re­ta­mente en la inter­sec­ción entre San­ta Mon­i­ca Boule­vard y Ocean Avenue, se encuen­tra la pla­ca con­mem­o­ra­ti­va que mar­ca el final de la Ruta 66 (o el prin­ci­pio si vas a hac­er el via­je a la inver­sa). Para mí San­ta Mon­i­ca es el lugar más encan­ta­dor de Los Ange­les y fue pre­cisa­mente donde dormi­mos: en su muelle encon­trarás un mon­tón de tien­decitas donde podrás com­prar sou­venirs de la ruta. Aquí han vivi­do per­son­ajes famosísi­mos como Randy Rhoads (el fal­l­e­ci­do gui­tar­rista de Ozzy Osbourne), Sean Penn, Christi­na Ric­ci o Chris­t­ian Bale. Venice, el bar­rio cer­cano cono­ci­do por sus casitas de col­ores y la gente hacien­do deporte al aire libre, fue esce­nario de la pelícu­la “Un día de furia”. Y uno de sus insti­tu­tos, el Venice High School, fue uno de los tres (jun­to al Hunt­ing­ton Park y el Mar­shall) que dió vida al Rydell High School de “Grease”, donde estu­di­a­ban las Pink Ladies y los T‑Birds.

Los ras­tros de la Ruta 66 pueden encon­trarse des­de San­ta Mon­i­ca, sigu­ien­do por Sun­set Boule­vard, has­ta lle­gar al esta­dio de los Dodgers y Chi­na­town. Al prin­ci­pio del camino, desvián­donos a la derecha, lle­gare­mos al edi­fi­cio Fox Plaza que aparecía, entre otras pelícu­las, en “La Jungla de Cristal”. “Pret­ty Woman” es otra de las pelícu­las que atrae a may­or número de mitó­manos, ansiosos por pasear por Rodeo Dri­ve (la aveni­da que recor­ría Julia Roberts para com­prarse un vesti­do) o fotografi­arse ante la facha­da del hotel Regent Bev­er­ly Wilshire, donde Richard Gere y la Roberts comen­z­a­ban su romance. En el cemente­rio Hol­ly­wood For­ev­er podremos vis­i­tar las tum­bas de John­ny Ramone, Rodol­fo Valenti­no o Cecil B. De Mille, jus­to antes de lle­gar a los Para­mount Stu­dios (cuya entra­da pop­u­lar­izó “El crepús­cu­lo de los dios­es”) y el Paseo de las Estrel­las en Hol­ly­wood Boule­vard.

No debe­mos tam­poco olvi­dar que en Sun­set Strip, la calle más rock­era del mun­do, dieron sus primeros pasos ban­das como Möt­ley Crüe, Guns N’ Ros­es, L.A. Guns o Faster Pussy­cat y se encuen­tran algunos de los clubs de rock más famosos del país como el Rain­bow, el Roxy o el Whisky a Go-go (a mí en real­i­dad es la parte de L.A. que más me gus­ta).  Cuan­do con­tin­ue­mos con el coche y llegue­mos a Pasade­na nos encon­traremos con otros locales clási­co de la Ruta 66 como el din­er Jake’s, que lle­va sirvien­do ham­bur­gue­sas des­de hace 70 años, o el Astro Motel .

El Grif­fith Obser­va­to­ry, inau­gu­ra­do en 1935, es uno de los lugares favoritos de los angeli­nos (y de los tur­is­tas) pues des­de aquí se dis­fru­tan de las mejores vis­tas de la ciu­dad. Dicho obser­va­to­rio ha apare­ci­do en mul­ti­tud de pelícu­las aunque la que lo hizo más pop­u­lar fue “Rebelde sin causa” de James Dean. Aquí tam­bién se hal­la el cono­cidísi­mo car­tel de Hol­ly­wood que habrás vis­to mil veces en el cine. Ya en Bur­bank, el bar­rio de Los Ange­les cono­ci­do por acoger a grandes com­pañías cin­e­matográ­fi­cas como Warn­er Bros, Uni­ver­sal o la Dis­ney, podrás reser­var vis­i­tas guiadas para ver in situ los estu­dios donde se rodó “Casablan­ca” o series como “The Big Bang The­o­ry” y “Friends”. Pre­cisa­mente cer­ca de la sede de Warn­er Bros se encuen­tra la cade­na de ham­bur­gue­serías Bob’s Big Boy, un icono de la Ruta 66, y sigu­ien­do nues­tra ruta cin­e­matográ­fi­ca, muy cerqui­ta, en Bloom­field Street ten­emos la casa del pro­tag­o­nista de “El dia­blo sobre ruedas”, el primer film de Spiel­berg (y para mí el mejor de su car­rera jun­to a “Tiburón”).

Estado de California

Aunque Los Ange­les se encuen­tre en Cal­i­for­nia, hemos tenido que hac­er un aparta­do espe­cial para la ciu­dad, por lo que en este otro aparta­do incluire­mos dis­tin­tos enclaves cal­i­for­ni­anos. Empezare­mos por un restau­rante cin­cuentero que me encan­tó, el Peg­gy Sue de Yer­mo, y seguire­mos en San­ta Clari­ta, donde se rodó “París-Texas” y donde se encuen­tra Beale’s Cut, una hen­didu­ra nat­ur­al que lo con­vir­tió en uno de los esce­nar­ios favoritos de los direc­tores de west­erns (aquí se rodó “La dili­gen­cia”, una pelícu­la a la que ten­go un car­iño espe­cial porque me tocó hac­er un tra­ba­jo sobre ella en la asig­natu­ra de Ima­gen y Sonido cuan­do estu­di­a­ba en el insti­tu­to).

Sigu­ien­do por la autopista I‑5 lleg­amos a otro de los esce­nar­ios de “Thel­ma y Louise”, el motel Econolodge  en Gor­man (esta cade­na tiene casi un mil­lar de mote­les por todo Esta­dos Unidos). De camino a Gor­man podemos hac­er una para­da en el par­que de atrac­ciones Six Flags Moun­tain, con sus car­ac­terís­ti­cas mon­tañas rusas: hay nada menos que diecio­cho. Y cer­ca tam­bién de Gor­man ten­emos Lan­cast­er, donde está la igle­sia que aparecía en “Kill Bill” de Taran­ti­no. En la car­retera que une Lan­cast­er con San­ta Clari­ta se encuen­tra el Par­que Nacional de Veasquez Rocks, que aparecía en “Los Picapiedra” o “Star­ship Troop­ers” pero que sobre todo pop­u­lar­izó la serie “Star Trek”.

Ya al norte de Los Ánge­les, te recomen­damos la visi­ta de Solvang, cono­ci­da como “la pequeña Dina­mar­ca del Oeste” ya que fue fun­da­da por inmi­grantes dane­ses y los edi­fi­cios, igle­sias luter­anas inclu­idas, pare­cen extraí­dos de cualquier ciu­dad del norte de Europa. Cer­ca, en el pueblo de Buell­ton, se encuen­tra el motel Days Inn, que sim­u­la un viejo moli­no, y el Hitch­ing Post II, uno de los steak­hous­es que aparecía en la pelícu­la “Entre copas”. Pero si hay un rincón míti­co den­tro de la parte cal­i­for­ni­ana de la Ruta 66, este es Black­well’s Cor­ner Gen­er­al Store, la últi­ma para­da de James Dean antes de estrel­larse con su coche en un fatal acci­dente: el actor tenía sólo 24 años. Actual­mente la gaso­lin­era y tien­da de ali­mentación se ha con­ver­tido en un gigan­tesco mau­soleo ded­i­ca­do a James Dean, con el reclamo de una enorme figu­ra del actor con su insep­a­ra­ble cazado­ra roja, la mis­ma que vestía en “Rebelde sin causa”. El Porsche de Dean col­i­sionó con otro coche en la inter­sec­ción de la High­way 46 y la 41, en Cholame más conc­re­ta­mente: una señal recuer­da el lugar del acci­dente y en el próx­i­mo Jack Ranch Cafe podrás com­er rodea­do de sou­venirs de James Dean.

Cer­ca, a las afueras de Was­co, Cary Grant grabó una de las esce­nas más pop­u­lares de la fil­mo­grafía de Alfred Hitch­cock, “Con la muerte en los talones”, en la que cor­ría acosa­do por una avione­ta. Y ya que esta­mos en este área, acerqué­monos al castil­lo Hearst, uno de los más extrav­a­gantes del mun­do y en el que se inspiró Orson Welles para la man­sión Xanadú de “Ciu­dadano Kane”.

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Algunos de los otros esce­nar­ios cal­i­for­ni­anos dig­nos de men­ción son Lone Pine, donde se han roda­do en las Alaba­ma Hills, unas col­i­nas cer­canas, pelícu­las como “Glad­i­a­tor”, “El últi­mo refu­gio” o “Iron Man”, así como Tra­cy, local­i­dad que se hizo tris­te­mente famosa cuan­do los Rolling Stones encabezaron el fes­ti­val de Alta­mont y los Ánge­les del Infier­no, encar­ga­dos de la seguri­dad del even­to, asesinaron a uno de los asis­tentes. En Palm Springs encon­traremos un curioso oasis en mitad del desier­to de Sono­ra, refu­gio de artis­tas como Eliz­a­beth Tay­lor o Mar­i­lyn Mon­roe des­de los años trein­ta; podremos vis­i­tar el cañón de la reser­va india de Aguas Calientes o el par­que de Joshua Tree, así como Twim Palms, la lujosa man­sión de Frank Sina­tra, o la de Robert Alexan­der State, donde pasaron su luna de miel Elvis Pres­ley y Priscil­la (y donde se dice que con­ci­bieron a su úni­ca hija Lisa Marie).

De camino des­de Los Ánge­les a Palm Springs podremos parar en el din­er Wheen Inn, con sus gigan­tescos dinosaurios que son su may­or reclamo, pese a que el restau­rante esté cer­ra­do. Aunque de vuelta a Los Ánge­les es com­pli­ca­do encon­trar los viejos restos de la Ruta 66, devo­ra­dos por las nuevas car­reteras, podremos recor­rer­los en Foothill Boule­vard y Hunt­ing­ton Dri­ve, de Pasade­na a Arca­dia, Mon­rovia, Azusa, Glen­do­ra, San Dimas, Clare­mont o Upland. Un tramo de poco más de 50 kilómet­ros en el que sobre­viv­en mote­les históri­cos como el Aztec, inspi­ra­do en los dis­eños aztecas, autocines como el Foothill Dri­ve-In de Azusa o din­ers como el Gold­en Spur de Glen­do­ra y el Buf­fa­lo Hill de Upland.

En Fontana ten­emos uno de los antigu­os puestos en for­ma de naran­ja gigante donde se servían zumos (en Foothill Boule­vard con Sul­tana Avenue) y en San Bernardi­no podremos dormir en el motel Wig Wam, cuyas habita­ciones son tip­is indios: aquí se encuen­tra tam­bién el primer McDon­ald’s de la his­to­ria, de 1940, ante­ri­or a la fran­qui­cia y que hoy en día se ha con­ver­tido en un museo ded­i­ca­do a la Ruta 66. Sigu­ien­do la car­retera I‑15, lle­gare­mos a otro de los establec­imien­tos orig­i­nales de la ruta, el Sum­mit Inn Cafe; muy cer­ca, en el cruce entre la US395 y Joshua Street, se encuen­tra otro din­er clási­co, el Out­post Cafe, y en cuyo park­ing se grabaron esce­nas de “Car­retera al infier­no”.

Vic­torville, con su atmós­fera de viejo pueblo del Oeste, fue esce­nario de west­erns de serie B en los años 50. Aquí tam­bién encon­traremos otro museo ded­i­ca­do a la ruta así como el New Cor­ral Motel. De camino a Barstow podremos ver muchos viejos establec­imien­tos de la 66, la may­oría de ellos en ruinas; en el pueblo tam­bién se encuen­tra un museo ded­i­ca­do a la cono­ci­da car­retera y en su calle prin­ci­pal (que coin­cide con el itin­er­ario orig­i­nal de la ruta) ten­emos mote­les históri­cos de la Ruta 66 como el Ran­cho o el Route 66. Des­de aquí coger­e­mos la Nation­al Trails High­way, atrav­es­an­do parte del desier­to de Mojave y pueb­los aban­don­a­dos. “Bag­dad Cafe”, la pelícu­la ale­m­ana, fue graba­da en los alrede­dores y sus local­iza­ciones se han con­ver­tido en lugar de ref­er­en­cia para los “ruteros”. Cer­ca de New­ber­ry Springs con­ta­mos con otro café famoso, el Lud­low que aparecía en la pelícu­la “Kali­for­nia”; tam­bién con­ta­mos con el Roy’s Motel & Cafe, abier­to des­de 1938 y uno de los establec­imien­tos más con­cur­ri­dos de la Ruta 66, y que hoy en día es sólo una pequeña gaso­lin­era con un dimin­u­to super­me­r­ca­do ady­a­cente. En Nee­dles encon­tramos otro pueblo que nació con la lle­ga­da del fer­ro­car­ril, que vivió su época de esplen­dor en los años 40 al atrav­es­ar la Ruta 66 el pueblo y que aún con­ser­va 15 kilómet­ros de la antigua car­retera.

Arizona

Se dice de Ari­zona que es uno de los esta­dos que mejor con­ser­va su tramo de la Ruta 66, pese a que es mundial­mente cono­ci­da por el Gran Cañón del Col­orado. Para seguir la antigua ruta, debe­mos tomar la inter­estatal I‑40, que des­de Cal­i­for­nia entra en Ari­zona por el pequeño pueblo de Topock, con su car­ac­terís­ti­co puente de 1916. Es hora de que pon­gas en el apara­to de músi­ca el “Born to be wild” de Step­pen­wolf y que fue ban­da sono­ra de la inolvid­able “Easy Rid­er”, que fue graba­da en estos para­jes (el puente se puede ver al fon­do cuan­do Den­nis Hop­per y Peter Fon­da con­ducen sus motos al rit­mo de uno de los grandes him­nos de la his­to­ria del rock).

Con­tin­uan­do por la I‑40 lleg­amos a King­man, otro de los pueb­los de la Ruta 66 que aún con­ser­va mote­les de la época con sus incon­fundibles carte­les de neón y donde en 1939 se casó Clark Gable con Car­ole Lom­bard. Cer­ca se encuen­tra Sel­ing­man, un pueblo que se ha con­ver­tido en un par­que temáti­co ded­i­ca­do a la Ruta 66, lleno de mote­les como el His­toric Route 66 o el Supai, tien­das de sou­venirs, museos al aire libre o el curioso Del­gadil­lo’s Snow Cap, un restau­rante con una colec­ción de coches cin­cuenteros que, según se cuen­ta, inspi­raron a John Las­seter para la creación de la pelícu­la “Cars” (hay otro museo de coches, el aparcamien­to del Selig­man Sun­dries). Yen­do hacia el Gran Cañón, cruzamos otro pueblo de la ruta, Williams, con mote­les y din­ers de los 50 como el Goldie’s Route y el Twisters, ambos muy turís­ti­cos. El mejor lugar para com­er es el Rod’s Steak­house, que lle­va abier­to des­de 1946, época dora­da de la Ruta 66.

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En Belle­mont encon­tramos las ruinas del Pine Breeze Inn (lo que era el Motel 76 en “Easy Rid­er”) y algo más allá, en Flagstaff, está el Mary’s Cafe; jun­to a él, el Muse­um Club, un honky­tonk en el que escuchar buen coun­try en direc­to. Sigu­ien­do la I‑40, podremos vis­i­tar la base del Sun­set Crater, un enorme cono de ceniza vol­cáni­ca, y el mon­u­men­to Wupat­ki, las ruinas de un antiguo asen­tamien­to de las tribus anaza­si y sinagua del siglo XII. Más ade­lante, en la car­retera 99 entre Leupp y Winslow, rodó Oliv­er Stone esce­nas de “Asesinos Natos” y en las ruinas de Twin Arrows, las fle­chas soli­tarias que son una de las road­side attrac­tions clási­cas de la ruta, se rodó “For­rest Gump”. Si quer­e­mos fotografi­arnos con una gigan­tesca señal de la Ruta 66 pin­ta­da en la calza­da, podremos hac­er­lo en Winslow; en la esquina del cruce la estat­ua de un gui­tar­rista hom­e­na­jea al tema “Take it easy” de los Eagles. En Lup­ton, ya en la fron­tera entre Ari­zona y Nue­vo Méx­i­co, está el Chief Yel­lowhorse Trad­ing Post, donde en la bue­na época de la 66 reposta­ban las camione­tas. Actual­mente lo regen­ta una famil­ia de indios nava­jos.

Nevada

El gran atrac­ti­vo turís­ti­co de Neva­da, obvi­a­mente, es Las Vegas. Pero la Ruta 66 tam­bién dejó su huel­la en este esta­do de tier­ras polvorien­tas. Aún así, uno de los pun­tos calientes de la ruta es pre­cisa­mente la ciu­dad de las luces, sobre todo si eres un buen amante del cine. Aquí situó Elvis una de sus mejores pelícu­las, “Viva Las Vegas” (la figu­ra de Elvis está inti­ma­mente uni­da a Las Vegas, se casó en el demoli­do Aladdin Hotel, actuó muchas veces en el Inter­na­tion­al Hotel y dedicó a la ciu­dad el dis­co “From Mem­phis to Las Vegas”), Scors­ese retrató como nadie el lado sór­di­do de la ciu­dad en “Casi­no” y se rodó una de las visiones más estrafalar­ias de la urbe del peca­do, “Miedo y asco en Las Vegas”. Es recomend­able vis­i­tar en la ciu­dad el Museo del Neón, con cen­tenares de señales lumi­nosas recopi­ladas a lo largo de los años, y pasar por algu­na de las capil­las donde se hacen bodas express: una de las más cono­ci­das es la Grace­land Wed­ding Chap­pel.

Dejamos Las Vegas atrás y lleg­amos a Death Val­ley Junc­tion, donde David Lynch rodó en el Arg­amosa Hotel parte de “Car­retera Per­di­da”. Al noreste de Death Val­ley ten­emos el mis­te­rioso Área 51, un cam­po de entre­namien­to al que sólo tienen acce­so los mil­itares y en el que se real­izan inves­ti­ga­ciones de alto secre­to (al pare­cer varias de ellas emparentadas con el fenó­meno OVNI). La car­retera que tran­si­ta jun­to al Área 51 es la 375, cono­ci­da colo­quial­mente como la Extrater­res­tial High­way: durante más de 150 kilómet­ros ape­nas te cruzarás con nadie y a duras penas encon­trarás el más mísero bar en las lin­des de la car­retera. Ahí se encuen­tra el Black Mail Box (un mis­te­rioso buzón que no se sabe para qué sirve, si no hay edi­fi­cios en kilómet­ros a la redon­da) y el excén­tri­co bar Lit­tle’A’Le’Inn en el minús­cu­lo pueblo de Rachel, un pub ded­i­ca­do a los ovnis y los extrater­restres y que tam­bién fun­ciona como motel, bajo el reclamo “los ter­rí­co­las son bien­venidos”. Al oeste del Área 51 ten­emos el pueblo semi­a­ban­don­a­do de Gold­field, un antiguo asen­tamien­to minero que llegó a ten­er una población de 20.000 per­sonas y que hoy ape­nas con­ser­va 200 habi­tantes.

Nuevo México y Texas

Estos dos esta­dos se encuen­tran a mitad de la ruta y se car­ac­ter­i­zan por una población en la que prevalece el mes­ti­za­je, tan­to étni­co como cul­tur­al. Una de las local­i­dades más impor­tantes de la Ruta 66 es Gallup, que se hal­la en pleno corazón de la nación de los nava­jos, por lo que es pun­to clave de los pueb­los indí­ge­nas (y, de hecho, bue­na parte de sus ingre­sos provienen de la ven­ta de arte­sanía, cerámi­ca, alfom­bra y bisutería). Tien­das con más de un siglo como la Richard­son’s Trad­ing Com­pa­ny en las que antigua­mente se podía com­prar de todo. Cer­ca pasa la car­retera US666, que en 2003 cam­bió su dia­bóli­co nom­bre por la US491 (y eso la ha hecho perder parte de su encan­to). En Gallup, entre 1930 y 1960, se rodaron infinidad de pelícu­las, entre ellas “El gran car­naval” de Bil­ly Wilder, pero actual­mente el úni­co ves­ti­gio de aque­l­la época es el motel El Ran­cho. Aquí era donde se alo­ja­ban las grandes estrel­las como Errol Fly­nn, Kather­ine Hep­burn o el pro­pio Ronald Rea­gan (cuan­do era actor antes de ini­ciar su car­rera políti­ca).

Si algo ha sabido dar fama a Albur­querque esto ha sido la serie “Break­ing Bad”, una de nues­tras favoritas de los últi­mos años. De hecho, hay empre­sas que ofre­cen vis­i­tas guiadas por los esce­nar­ios más cono­ci­dos: la casa de los White está en el 3828 de Pier­mont Dri­ve, el lavadero de coches — Octo­pus War Cash — en el 9516 de Snow Heights Cir­cle y el restau­rante Los Pol­los Her­manos (en real­i­dad la ham­bur­gue­sería Twisters) en el 4257 de Isle­ta Boule­vard. Pero en Albur­querque podremos vis­i­tar tam­bién su cen­tro históri­co, con sus casas de adobe, o ir en tele­féri­co a la Sier­ra de las Sandías.

Los restos de la Ruta 66 los encon­traremos en Cen­tral Avenue, donde aún sobre­vive el 66 Din­er con su blan­queci­na facha­da. Des­de allí, hacien­do antes una para­da a las afueras en el Lagu­na Burg­er, nos ire­mos has­ta San­ta Fe, hacien­do antes una breve para­da en Madrid, una comu­nidad min­era que se aban­donó al cer­rar las minas de car­bón y que resurgió en los años 70 al venir a vivir a las cabañas un mon­tón de artis­tas. Podremos dar una vuelta por el saloon Mine Shaft Tav­ern o vis­i­tar el museo ded­i­ca­do al car­bón, donde se guar­da una loco­mo­to­ra antiquísi­ma.

San­ta Fe es una de las ciu­dades más queri­das por los via­jeros esta­dounidens­es, ya que ha sabido con­ser­var todo su encan­to mes­ti­zo, fusión de las cul­turas yan­kees, indí­ge­nas e his­páni­cas. Ello la con­vir­tió hace décadas en pun­to de pere­gri­nación de muchas famil­ias hip­pies. Desta­ca la plaza de West Palace Avenue, con sus pequeños edi­fi­cios par­duz­cos y sus sopor­tales reple­tos de puestos de arte­sanía. En Taos y El Pra­do, dos pueb­los cer­canos, los fans de “Easy Rid­er” podrán vis­i­tar el Con­tenta Bar (que en real­i­dad es el Red Arrow Empo­ri­um) o la tum­ba de Den­nis Hop­per en el cemente­rio Jesús Nazareno. No olvides pasar a ver la igle­sia más famosa de Nue­vo Méx­i­co, aquí situ­a­da, la de San Fran­cis­co de Asís, que tan­tas veces habrás vis­to en fotos. Y ya de paso, hac­er senderis­mo por la gar­gan­ta del Río Grande, un cañón de casi 200 met­ros de altura. En otro minús­cu­lo pueblo, Las Vegas (no con­fundir con la ciu­dad), se grabó “No es país para viejos” y se encuen­tra la cár­cel (en el 170 de Bris­ge Street) donde en “Easy Rid­er” Hop­per y Fon­da conocían a Jack Nichol­son.

Volve­mos a la I‑40, la car­retera que dis­curre para­lela a lo que era la antigua Ruta 66. Y aquí ten­emos, en Tucum­cari, uno de los establec­imien­tos más impor­tantes de la ruta, el Blue Swal­low Motel: lo iden­ti­fi­carás por la gigan­tesca golon­d­ri­na de la entra­da. En Alam­ogor­do podremos mar­avil­larnos ante las White Sands, unas espec­tac­u­lares dunas blan­cas que ocu­pan una exten­sión de ochocien­tos kilómet­ros cuadra­dos. Y en Lin­coln podremos seguir los pasos de uno de los fora­ji­dos más famosos de la his­to­ria de Esta­dos Unidos, Bil­ly el Niño, a quien se dedicó la pelícu­la “Pat Gar­rett & Bil­ly The Kid” y en cuya ban­da sono­ra aparecía el cono­ci­do “Knockin’ on heav­en’s door” de Bob Dylan que pos­te­ri­or­mente ver­sion­earían Guns N’ Ros­es.

Entramos ya en Texas y a pocos kilómet­ros de la fron­tera ten­emos un dimin­u­to pueblo, Adri­an, situ­a­do en el pun­to inter­me­dio exac­to entre Chica­go y Los Ánge­les (a 1.833 kilómet­ros de cada ciu­dad). Tomem­os entonces un refres­co en el Mid­point Cafe, donde te ani­man a enviar postales a cualquier lugar del mun­do para vana­glo­ri­arte de haber pisa­do un local tan espe­cial. Y des­de allí ire­mos a Amar­il­lo, donde su cen­tro está dom­i­na­do por los ras­ca­cie­los y desta­can los enormes steak­hous­es, el más famoso el Big Tex­an Ranch donde se enorgul­le­cen de regalarte la comi­da si eres capaz de com­erte un chuletón de dos kilos en menos de una hora mien­tras amenizan la haz­a­ña unos mari­achis. En Amar­il­lo tam­bién se encuen­tra una de las grandes atrac­ciones de la ruta, el Cadil­lac Ranch, con diez Cadil­lacs semi­en­ter­ra­dos cubier­tos de graf­fit­tis. En Sham­rock, ya cer­ca de la fron­tera con Okla­homa, ten­emos otra de las gaso­lin­eras más fotogéni­cas de la Ruta 66, la Cono­co Gas Sta­tion.

San Anto­nio es otra de las boni­tas ciu­dades his­páni­cas que podemos vis­i­tar en el esta­do de Texas. Aquí ten­emos El Álamo, una mis­ión amu­ral­la­da en la que com­bat­ieron tex­anos y mex­i­canos durante la Guer­ra de Inde­pen­den­cia. Se pueden dar paseos en bar­co por el río San Anto­nio y así de paso recor­dar una de las pelícu­las más cono­ci­das de Steve McQueen, “La hui­da”. Nues­tra próx­i­ma para­da será una ciu­dad bien dis­tin­ta, Austin, la cap­i­tal del rock del sur de USA y famosa por su comi­da orgáni­ca. Hay can­ti­dad de concier­tos todas las noches y es muy destaca­ble el fes­ti­val de cine South by South­west, un claro com­peti­dor del de Sun­dance. La may­or parte de la pelícu­la “Death Proof” de Quentin Taran­ti­no fue graba­da en Austin, bue­na parte de ella en el restau­rante mex­i­cano Texas Chili Par­lor.

Missouri e Illinois

En el esta­do de Mis­souri, comen­zamos nue­stro itin­er­ario por la ciu­dad de Saint Louis, más conc­re­ta­mente en el Chains of Rock Bridge. Des­de aquí ire­mos al pequeño pueblo de Marl­bor­ough, donde en su momen­to estu­vo el Coral Court Motel, y a otras local­i­dades claves de la ruta como Crest­wood o Fen­ton (esta últi­ma con una pre­ciosa gaso­lin­era de los años 50). Pasare­mos el pueblo aban­don­a­do de Times Beach: jus­to al lado ten­emos el Route 66 State Park, donde el antiguo restau­rante Steiny’s Inn es aho­ra el Cen­tro de Vis­i­tantes y donde podrás obten­er fol­letos y mapas.

Lle­gare­mos a Eure­ka para ver el puente Mer­amec, la gaso­lin­era Phillips y seguire­mos has­ta Pacif­ic para com­er en el restau­rante históri­co Red Cedar Inn. La Ruta 66 pasa­ba por otros pueb­los como St. Clair, Stan­ton, Sul­li­van, Bour­bon, Hof­flins y uno de los más intere­santes, Cuba, con sus mar­avil­losos murales y el Whagon Wheel Motel. Con­tin­uare­mos por Rol­la, Doolit­tle, New­burg y Arling­ton has­ta lle­gar a Spring­field, con­sid­er­a­do el pueblo más impor­tante del esta­do a niv­el “rutasesen­tero”: aquí podremos ver la estación de ser­vi­cio Dan­ny’s, el teatro Gillioz, el din­er Steak N’ Shake o la pla­ca con­mem­o­ra­ti­va con el títu­lo “the birth­place of Route 66”. Por cier­to, en el Spring­field de Illi­nois os recomen­damos dormir en el hotel Route 66, que fue donde estu­vi­mos nosotros y que como veis en la fotografía de aba­jo, es una autén­ti­ca pasa­da. En Spring­field tam­bién puedes vis­i­tar la gaso­lin­era Shea’s Gas y otro establec­imien­to que es un clási­co, el Cozy Dog Dri­ve-In.

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Hotel Route 66 (Spring­field, Illi­nois)

Ya en Illi­nois, lleg­amos a Chica­go para encon­trarnos con la pla­ca que anun­cia el ini­cio de la Ruta 66 y donde tenéis que ir a ver sí o sí el Lou Mitchel­l’s, el restau­rante donde se desayun­a­ba antes de par­tir (con­tinúa abier­to), a nosotros nos encan­tó. Ya en Joli­et, os recomen­damos tam­bién com­er donde nosotros lo hici­mos, en otro de los míti­cos, el Joli­et Route 66 Din­er; además, en el pueblo hay un museo ded­i­ca­do a la ruta. Pero para museo intere­san­tísi­mo (gas­ta­mos una mañana allí) el de Pon­ti­ac, el Route 66 Hall of Fame. Además, podrás fotografi­arte con los fab­u­losos murales que inun­dan el pueblo.

En Dwight podrás vis­i­tar la Ambler’s Tex­a­co Gas Sta­tion, en Odell otra gaso­lin­era pre­ciosa (la Stan­dard Oil) y recomend­ables las paradas en Litch­field para ver los cafés Belvidere y Aris­ton, en el Hen­rys Rab­bit Ranch, así como la gaso­lin­era de Mt. Olive. Y una últi­ma curiosi­dad: en Collinsville tenéis la botel­la de ketchup más grande del mun­do. Que si de algo está sobra­da la Ruta 66 es de freakadas en sus alrede­dores.

Oklahoma y Kansas

En Okla­homa destacare­mos el Okla­homa Route 66 Muse­um en el pueblo de Clin­ton, con su curiosa colec­ción de obje­tos encon­tra­dos en la ruta a lo largo de los años, la Lucille’s Ser­vice Sta­tion en Weath­er­ford (que aunque no está en fun­cionamien­to, fue restau­ra­da), el Nation­al Route 66 Muse­um en Elk City, el teatro Cole­man en Mia­mi (en este pueblo tam­bién hay un din­er muy curioso, el Way­lan’s Ku-Ku Burg­er)y el Pops de Arca­dia, uno de los establec­imien­tos más pecu­liares de la ruta. En Arca­dia tam­bién está el OK Coun­ty con ver­siones en miniatu­ra de atrac­ciones de la Ruta 66. Además ten­emos la Blue Whale de Catoosa, esa gigan­tesca bal­lena de cemen­to azul, el Totem Pole Park de Chelsea en hom­e­na­je a los indios amer­i­canos y la Milk Bot­tle Gro­cery, la botel­la de leche más grande del mun­do.

Para acabar, lo hace­mos en Kansas, el esta­do con el tramo más cor­to de la Ruta 66, por eso lo hemos deja­do el últi­mo: aquí lo más intere­sante es la Kan­Otex Sta­tion, el Cars on the Route (imita­ciones a tamaño real de los coches de “Cars”) y los intere­santes edi­fi­cios aban­don­a­dos de Gale­na. Podemos vis­i­tar en River­ton la Williams Store y en Bax­ter Springs su boni­ta gaso­lin­era.


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3 Comments

  1. ¡Buenísi­mo post con can­ti­dad ingente de infor­ma­ción! Mira que he lei­do infinidad de cosas sobre la Ruta, un sueño pen­di­ente des­de ni me acuer­do, pero me has apor­ta­do muchísi­mos datos nuevos.

  2. Gra­cias mil! Me ale­gro que te haya servido…no lo dejes porque es un via­je inolvid­able!

  3. […] os hablam­os de él en nue­stro artícu­lo Rin­cones úni­cos e indis­pens­ables en la Ruta 66 pero no está de más volver a recor­dar­lo. Este edi­fi­cio de cin­co plan­tas cono­ci­do como Brad­bury es […]

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