30 lugares alucinantes de San Francisco de los que nada sabías

Haight San Francisco

En cua­tro pal­abras: me fli­pa San Fran­cis­co. Aca­so no sea una man­era muy ele­gante de definir mi amor por la ciu­dad pero, des­de luego, es la más sin­cera. Jun­to a Nue­va Orleans, es la ciu­dad que más me ha gus­ta­do en todos mis via­jes por Esta­dos Unidos: la que está con­sid­er­a­da la ciu­dad más euro­pea del país (y razón no le fal­ta al dicho) con­ser­va una atmós­fera de lo más espe­cial y que hace de ella una urbe úni­ca.

Aunque te hablé largo y ten­di­do de lo que puede dar de sí un primer via­je a la ciu­dad cal­i­for­ni­ana en el rela­to de nue­stro via­je a San Fran­cis­co, hoy quiero ampli­ar la infor­ma­ción pre­sen­tán­dote un buen puña­do de lugares curiosos, extraños y orig­i­nales que no sue­len apare­cer en los fol­letos. Una de las may­ores ciu­dades de Améri­ca guar­da en su haber un mon­tón de rin­cones extra­or­di­nar­ios, a veces sólo cono­ci­dos por los locales (y a menudo ni eso). Vente a dis­fru­tar­los.

Museo Rip­ley’s Believe it or Not!

Esta cade­na de museos extrañísi­mos extiende sus ten­tácu­los por un mon­tón de ciu­dades del mun­do, entre ellas Lon­dres, Copen­h­ague o Nue­va York. En Esta­dos Unidos, donde tan­to les gus­tan las freakadas, es donde tienen más sedes. La fran­qui­cia la fundó en 1918 Robert Rip­ley, un car­i­ca­tur­ista que bus­ca­ba acon­tec­imien­tos poco comunes o estrafalar­ios. Su lega­do puede adni­rarse en San Fran­cis­co en una curiosa exposi­ción  que encon­trarás en el 175 de Jef­fer­son Street.

Escaleras de col­ores

San Fran­cis­co es una ciu­dad de cues­tas y, por lo tan­to, de escaleras. Hay tan­tas para ele­gir en la ciu­dad (y tan vari­adas) que has­ta hay tours orga­ni­za­dos por los locales que te mues­tran algu­nas de las más lla­ma­ti­vas. La may­oría de ellas han sido dec­o­radas por los pro­pios artis­tas que viv­en en la ciu­dad y han pasa­do a con­ver­tirse en autén­ti­cas obras maes­tras.

Un museo ded­i­ca­do al vibrador

Se lla­ma Antique Vibra­tor Muse­um, se encuen­tra en la calle Polk y recorre la his­to­ria de los vibradores des­de el siglo XIX has­ta nue­stros días. El museo pertenece a la com­pañía Good Vibra­tions, espe­cial­iza­da en estos juguetes sex­u­ales, y es bas­tante didác­ti­co ya que no sólo se cen­tra en el aspec­to lúdi­co de estos aparatos sino en el uso médi­co que se hizo de ellos en el pasa­do: por pon­er un ejem­p­lo, se inven­taron para tratar una enfer­medad inex­is­tente y que injus­ta­mente se atribuía a las mujeres, la his­te­ria femeni­na.

Restau­rantes fuera de lo común

En Frisco (como la cono­cen los res­i­dentes) se rinde un cul­to exager­a­do al hecho de salir a com­er / cenar pero tam­bién al lugar que eli­jas para ello. En una ciu­dad donde las prop­ues­tas cada vez son más atre­v­i­das, tienes opciones tan dis­pares como com­er a oscuras en el restau­rante Opaque, reirte a car­ca­jadas con las camar­eras más chis­posas de la ciu­dad (las tran­sex­u­ales de Asia Fusion), tomarte algo en un café-lavan­dería (el Brain­wash Cafe & Laun­dro­mat), pro­bar platos imposi­bles como el bur­ri­to de sushi en Sushirri­to o piz­zas hindúes en Zante o sen­tirte en un teatro antiquísi­mo en el encan­ta­dor For­eign Cin­e­ma.

Foreign Cinema

Una tien­da para fans de los piratas

La Pirate Shop en el bar­rio de Mis­sion es uno de los establec­imien­tos más chu­los de SF: si via­jas con niños, no puedes dejar de vis­i­tar­lo. Está en el 826 de la calle Valen­cia y den­tro encon­trarás des­de garfios a parch­es para el ojo, patas de palo, dis­fraces, libros o ban­deras.

Muse­um of the African Dias­po­ra

Uno de los museos más intere­santes de la ciu­dad, cono­ci­do pop­u­lar­mente como MoAD, que se cen­tra en la migración de la población africana por el resto del mun­do. El museo nació recién estre­na­do el siglo XXI y no sólo abar­ca la fusión africana con otras cul­turas sino tam­bién la rel­e­van­cia que tiene el hecho de que los orí­genes del hom­bre actu­al surgier­an de África, es decir, que en nue­stro ADN todos ten­emos genes africanos.

Bien­venidos al club de la come­dia

Algo que les encan­ta a los esta­dounidens­es es salir a pasar la noche en clubs de mono­logu­is­tas. En ese sen­ti­do, San Fran­cis­co cuen­ta con algunos de los mejores del país, donde han actu­a­do muchos de los mejores humoris­tas amer­i­canos. La may­oría de ellos ofre­cen no sólo bebidas sino tam­bién cenas por lo que puedes hac­er un 2x1 para rematar la vela­da. Algunos de los más cono­ci­dos son Cob­b’s Com­e­dy Club (con aforo de 400 espec­ta­dores), el Punch Line (donde han actu­a­do gente tan cono­ci­da como Robin Williams o Rosie O’Don­nell) o el Secret Imrov Soci­ety.

La casa de los Picapiedra

Aunque no se encuen­tra en el mis­mo San Fran­cis­co sino a las afueras, en Hills­bor­ough, merece la pena una escapa­da para admi­rar esta curiosa vivien­da con­stru­i­da en 1976. Los cal­i­for­ni­anos la cono­cen car­iñosa­mente como la Casa de los Flin­stone por la entrañable serie de dibu­jos ani­ma­dos sobre una famil­ia pre­históri­ca.

Flinstones House
© Sergei Krupnov/Wikipedia

Cines en una ciu­dad de pelícu­la

¡La de roda­jes que se han lle­va­do a cabo en San Fran­cis­co! No es de extrañar que una ciu­dad que pop­u­lar­izó la meca del cine rin­da pleitesía a algu­nas salas míti­cas donde con­tinúan proyec­tán­dose films de todas las épocas. Ojea la pro­gra­mación y reser­va algu­na de las tardes para acer­carte a ver algu­na peli en el Rox­ie, el Cas­tro The­atre, el Bal­boa o el minús­cu­lo 4 Star, con capaci­dad para cin­cuen­ta espec­ta­dores. Y otro apunte: en ver­a­no en el Mis­sion Dolores Park echan pelícu­las gra­tu­itas mien­tras haces pic­nic.

El primer tem­p­lo hindú de Occi­dente

Hay que irse has­ta el vecin­dario de Mari­na para des­cubrir una de las joyas ocul­tas de San Fran­cis­co: el Vedan­ta Tem­ple. Con más de un siglo de vida, es el primer tem­p­lo hindú que se con­struyó en Occi­dente y su arqui­tec­tura pre­tende sim­bolizar los dos pilares de la Vedan­ta Soci­ety: respeto y unidad. Lo curioso de su estruc­tura es que mez­cla influ­en­cias de las igle­sias orto­doxas rusas, los tem­p­los ben­galíes y las cat­e­drales cris­tianas: inclu­so una de las cúpu­las es idén­ti­ca a una de las del Taj Mahal.

Vendata Temple

Tomar una cerveza en locales de lo más orig­i­nales

Si antes hablábamos de los estu­pen­dos restau­rantes con los que cuen­ta San Fran­cis­co, en cuestión de cafeterías y bares no se que­da atrás. Des­de el encan­ta­dor Love­joy’s Tea Room, con teteras col­gadas de los muros, a Urban Putt (con un minigolf en su inte­ri­or), el exager­ada­mente dec­o­ra­do Rain­for­est Cafe (que hará las deli­cias de los más pequeños), el White Chapel imi­tan­do a una capil­la o el vic­to­ri­ano Armory Club. Por cier­to, no olvides echar un ojo al artícu­lo en el que te hablábamos de los mejores bares tiki de San Fran­cis­co.

Armory Club
Foto: Armory Club

Un jardín japonés en el corazón de la ciu­dad

Fue uno de los rin­conci­tos que me enam­oraron de San Fran­cis­co: el jardín japonés (Japan­ese Tea Gar­den) que hay en Gold­en Park ¡Qué mar­avil­la! La Mid­win­ter Expo­si­tion de 1894 con­ta­ba con un lugar muy espe­cial, una casa de té. Una ochaya, como la cono­cen los japone­ses, la más antigua de Esta­dos Unidos. El arqui­tec­to Mako­to Haw­igara fue el respon­s­able de que el jardín se ampli­ara has­ta los cin­co acres y de que actual­mente aún se con­ser­ven den­tro del jardín pre­ciosi­dades como el Drum Bridge o esta extra­or­di­nar­ia pago­da con la que me veis posan­do aquí aba­jo.

Via­ja con el Mag­ic Bus al San Fran­cis­co de los hip­pies

Son muchos los que vienen a SF bus­can­do el espíritu del Sum­mer of Love y la estéti­ca hip­pie de los años 60 y 70 que preg­o­na­ba el amor libre y el no a la guer­ra. Aho­ra puedes revivir dichos tiem­pos en un tour de dos horas a bor­do del Mag­ic Bus, un col­ori­do auto­bús que recorre algunos de los lugares clave den­tro del movimien­to hip­pie.

Magic Bus

The Cheese School: para amantes del que­so

¿Eres tan “que­sero” como yo? Entonces no puedes regre­sar a casa sin pasar por la Cheese School, donde se ofre­cen degusta­ciones, clases de coci­na a base de todo tipo de que­sos, comi­das y cenas, una tien­da con dece­nas de var­iedades de que­so, con­fer­en­cias y un mon­tón de even­tos en torno a este pro­duc­to gourmet que tan­to nos gus­ta.

Cheese School
Foto: The Cheese School

Los murales de San Fran­cis­co

Esta es una de las ciu­dades amer­i­canas que más orgul­losa se siente de su street art. Y no es para menos. Cada pocas man­zanas puedes darte de bruces con murales a cual más espec­tac­u­lar.

Ghostbusters
© Jus­tice Boles

Cat­e­dral de Holy Vir­gin

Una de las may­ores igle­sias orto­doxas fuera de Rusia se encuen­tra pre­cisa­mente aquí, en el dis­tri­to de Rich­mond. Se hal­la en el 6219 de Geary Boule­vard, en lo que se conoce como “bar­rio ruso” por los muchos restau­rantes y tien­das de dicha nacional­i­dad exis­tentes en la zona.

Holy Virgin

Una ración de insec­tos cru­jientes

Don Bugi­to se define como una “snack­e­ria pre­his­páni­ca” en la que se sirve un menú muy espe­cial a base de insec­tos. Ya os con­té cuan­do los comi­mos en Cam­boya (¡y nos parecieron deli­ciosos!) así que te ani­mamos a que pruebes la expe­ri­en­cia. Se encuen­tra en Fol­som Street, en el bar­rio de Mis­sion, y venden des­de gril­los cubier­tos de choco­late a sal de gusano.

Los 130 cora­zones de San Fran­cis­co

Si tienes tiem­po de sobra, puedes ocu­par­lo bus­can­do algu­na de las 130 escul­turas en for­ma de corazón que hay repar­tidas por la ciu­dad. Fue un proyec­to que comen­zó en el año 2004, ini­cia­ti­va de la San Fran­cis­co Gen­er­al Hos­pi­tal Foun­da­tion, con la inten­ción de recau­dar fon­dos gra­cias a estas con­tribu­ciones “cora­zon­eras” de artis­tas de medio mun­do. Inspi­ra­dos por la can­ción de Tony Ben­nett “I left my heart in San Fran­cis­co”, pueden encon­trarse en lugares como Union Square, el City Hall o el Pier 39. Has­ta el momen­to la fun­dación ha recau­da­do más de diez mil­lones de dólares.

Corazones San Francisco
© Tony/Flickr

The Saloon: el bar más antiguo de la ciu­dad

En el dis­tri­to de North Beach aún sobre­vive el bar más antiguo de San Fran­cis­co, un lugar en el que puedes tomarte un cock­tail por algo más de tres dólares mien­tras dis­fru­tas de músi­ca en vivo. Abier­to en 1861 y con­ser­van­do bue­na parte de la dec­o­ración orig­i­nal, que sobre­vivió al ter­re­mo­to de 1906 gra­cias a las sól­i­das vigas de madera, y a difer­entes incen­dios en los edi­fi­cios veci­nos, acoge las actua­ciones de algu­nas de las mejores ban­das ama­teurs de blues-rock de Cal­i­for­nia.

Pan de masa fer­men­ta­da: tienes que catar­lo

Es uno de los ali­men­tos estrel­la de SF (en inglés se conoce como sour­dough bread), lo intro­du­jeron en la cos­ta cal­i­for­ni­ana los panaderos france­ses durante la época de la Fiebre del Oro y se vende en infinidad de establec­imien­tos. Nosotros te vamos a recomen­dar algu­nas de las tien­das donde mejor lo preparan. Entre ellas Tar­tine Bak­ery, Boudin (una de las más antiguas, abier­ta en 1849), Noe Val­ley Bak­ery y Acme Bread Com­pa­ny.

Recorre los esce­nar­ios de pelícu­las famosas

San Fran­cis­co ha servi­do de esce­nario para algu­nas de las pelícu­las más cono­ci­das de la his­to­ria del cine. Así que ¿por qué no pasear por algu­nas de las calles que hemos vis­to mil veces en la gran pan­talla? Antes del via­je, bue­na opor­tu­nidad para volver a ver “Vér­ti­go”, “Har­ry el Sucio”, “Blue Jas­mine”, “La fuga de Alca­traz”, “Instin­to bási­co”, “La seño­ra Doubt­fire”, “El club de la bue­na estrel­la” o “Mi nom­bre es Har­vey Milk”.

Acude a algún Food Fes­ti­val

Los fes­ti­vales culi­nar­ios son una con­stante en San Fran­cis­co, por lo que ojea la agen­da para ver si en tu visi­ta te coin­cide alguno. A la Carte & Art se cel­e­bra en el bar­rio de Cas­tro y com­bi­na los puestos de comi­da con las activi­dades artís­ti­cas, el Taco Fes­ti­val of Inno­va­tion se cel­e­bra en una local­i­dad cer­cana, San José, y reune a 30 food trucks elab­o­ran­do deli­ciosos tacos mex­i­canos y el San Fran­cis­co Choco­late Salon es ide­al para los fans del dulce. Además, el San Fran­cis­co Street Food Fes­ti­val ha cre­ci­do mucho en los últi­mos años: aho­ra se cel­e­bra en el Pier 70 y reúne a dece­nas de vende­dores.

Tómate un bowl de açai bien fres­qui­to

El açai es uno de los pro­duc­tos más deman­da­dos cuan­do lle­ga el calor. Estas deli­ciosas bayas, cono­ci­das tam­bién como pal­ma man­aca, sue­len mezclarse con fru­tas y hela­do y con­sti­tuyen uno de los mejores refres­cos en ver­a­no. Haz como los locales y acér­cate a algu­na de las tien­das donde se preparan los más sabrosos. Nues­tras recomen­da­ciones son Bowl d’A­cai (todo orgáni­co y pura­mente brasileño), BeBe­Bar, Blue Hawaii y el Basik Cafe. Se nos hace la boca agua sólo de pen­sar­lo.

Acai

Alar­ma los martes a mediodía

No te asustes si escuchas una sire­na los martes a las doce de la mañana. En 1942 se insta­laron dis­tribuidas por la ciu­dad 50 sire­nas para avis­ar de posi­bles bom­bardeos debido a la Segun­da Guer­ra Mundi­al: hoy en día hay más de un cen­te­nar y servirían para pre­venir de catástro­fes como incen­dios o ese gran ter­re­mo­to que se espera sacu­da Cal­i­for­nia en el futuro.

Dis­fru­ta del Fes­ti­val de las Flo­res del Bar­rio Chi­no

Jus­to una sem­ana antes del Año Nue­vo Chi­no, se cel­e­bra el Fes­ti­val de las Flo­res, que atrae cada año a miles de vis­i­tantes. Aquí no sólo se pueden com­prar flo­res de tem­po­ra­da sino tam­bién otros muchos pro­duc­tos fres­cos. Algu­nas de las flo­res más pop­u­lares son los nar­cisos, aso­ci­a­dos a la pros­peri­dad, las orquídeas (abun­dan­cia), crisan­te­mos (longev­i­dad y bue­na suerte) y las flo­res de ciru­elo (per­se­ver­an­cia). Además cer­ca de Grant Avenue y Wash­ing­ton Street se mon­ta un gran esce­nario donde se suce­den actua­ciones de arte tradi­cional chi­no. Por las calles tam­bién verás reunidos a muchos hom­bres tocan­do instru­men­tos antigu­os como la pipa o la suona.

Una pista de pati­na­je den­tro de una igle­sia

En lo que antigua­mente era la Igle­sia del Sagra­do Corazón se ha mon­ta­do una dis­cote­ca la mar de curiosa, la Church of 8 Wheels. Al rit­mo de funky y músi­ca dis­co y bajo las luces de neón, podrás bailar-pati­nar en una expe­ri­en­cia real­mente reli­giosa y mís­ti­ca.

A la rica sopa de alme­jas

Otro de los platos impre­scindibles de San Fran­cis­co es la sopa de alme­jas: está deli­ciosa. Sobre todo en invier­no, cuan­do la tomas calen­ti­ta mien­tras la ciu­dad es cubier­ta por esa niebla suya tan car­ac­terís­ti­ca. Curiosa­mente, la sopa de alme­jas orig­i­nal, que comen­zó a hac­erse en los pequeños pueb­los pes­queros de la cos­ta france­sa, no incluía alme­jas (estas se usa­ban para ali­men­tar a los cer­dos) pero sí cualquier otro tipo de marisco o pesca­do, espe­cial­mente anguila.

Con el cor­rer de los años, la rec­eta se pop­u­lar­izó tam­bién entre los ingle­ses y fueron los colonos los que lle­varon esta tradi­ción gas­tronómi­ca a Esta­dos Unidos. Aún se usa­ba la anguila como ingre­di­ente prin­ci­pal, jun­to a las patatas y el apio. De hecho fueron los pro­pios nativos amer­i­canos los que intro­du­jeron la variación de las alme­jas ya que estas forma­ban parte de su dieta. San Fran­cis­co fue una de las ciu­dades donde mejor se acep­tó este nue­vo pla­to y fue aquí donde se intro­du­jo la cos­tum­bre de servir la sopa den­tro de un tazón de pan de masa fer­men­ta­da (el mis­mo pan del que os hablábamos antes). Actual­mente los locales donde sir­ven las mejores sopas están en Fish­er­man’s Wharf.

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Relá­jate a los pies del Palace of Fine Arts

En 1906 San Fran­cis­co sufrió el peor suce­so de su his­to­ria: un ter­re­mo­to de cua­tro min­u­tos de duración que provocó 10.000 muer­tos y un pos­te­ri­or incen­dio que dejó sin casa a 300.000 de los 400.000 habi­tantes de la ciu­dad. Durante var­ios años, SF tra­ba­jó a desta­jo para resur­gir de sus cenizas y en 1915 orga­nizó la Pana­ma Pacif­ic Expe­di­tion, que con­mem­o­ra­ba la con­struc­ción del Canal de Panamá.

Esta exu­ber­ante exposi­ción creó para la ocasión fron­dosos jar­dines y edi­fi­cios de inspiración clási­ca. Sin embar­go, sólo uno de ellos se salvó cuan­do dicha expo fue des­man­te­la­da, el Palace of Fine Arts (y aún así, en el año 1964 volvió a recon­stru­irse). Actual­mente, rodea­do de estanques donde antaño las damas hacían nat­ación sin­croniza­da y aho­ra viv­en cisnes y tor­tu­gas, es uno de los lugares más encan­ta­dores de San Fran­cis­co.

Palace Fine Arts San Francisco

Date un paseo por West Por­tal

Es uno de los sub­ur­bios de San Fran­cis­co que muchos via­jeros pasan por alto y que en los últi­mos tiem­pos está bril­lan­do con luz propia. Aquí han comen­za­do a abrirse algunos de los locales más molones de las afueras, des­de clubs a restau­rantes o bou­tiques. Desta­ca además el CinéArts at the Empire, un cine old school con mucho encan­to, con sólo cua­tro salas y fre­cuen­ta­do por estu­di­antes.

Explo­ra espa­cios y edi­fi­cios aban­don­a­dos

Los hay a mon­tones. Es algo que hemos vis­to en muchas ciu­dades amer­i­canas: el aban­dono que sufren muchos lugares que en el pasa­do fueron obras de arte de la arqui­tec­tura. San Fran­cis­co cuen­ta con muchos lugares así, entre ellos Cos­son Hall (una antigua base naval), el par­que de atrac­ciones J’s Amuse­ment  Park, la 16th Street Sta­tion (que en su día fue el gran orgul­lo de Oak­land) o el Byron Hot Springs Hotel.


👉 Nota impor­tan­tísi­ma. Antes de via­jar a Esta­dos Unidos es impre­scindible que tramites el asun­to del ESTA. Y te pre­gun­tarás ¿y qué es el ESTA? Pues un per­miso de via­je que exige el gob­ier­no esta­dounidense a cualquier via­jero extran­jero, el doc­u­men­to impre­scindible para pasar la adu­a­na y que te dejen mon­tar en el avión. Porque sin el ESTA USA aproba­do, direc­ta­mente no te dejarán volar. Por ello, antes de com­prar cualquier vue­lo,arregla el tema del ESTA (aquí te sug­e­r­i­mos el modo más cómo­do de solic­i­tar el visa­do para EE. UU.). Cuan­do te den la con­fir­ma­ción de que final­mente tu ESTA ha sido autor­iza­do (tran­qui­lo, es raro que lo sue­lan dene­gar), comien­za a preparar el resto del via­je. Pero este es el primer paso que debes dar.

Por últi­mo, te acon­se­jo que ech­es un ojo a la sec­ción que la Ofic­i­na de Tur­is­mo de Esta­dos Unidos ha ded­i­ca­do a Cal­i­for­nia ya que pro­po­nen opciones bas­tante intere­santes para sumar a tu via­je a San Fran­cis­co otras vis­i­tas impre­scindibles por uno de los esta­dos más fasci­nantes del país.


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