Nashville (Tennessee): viaje al templo del country

Nues­tra sigu­iente eta­pa en este largo via­je por el inte­ri­or de USA era Nashville, la que está con­sid­er­a­da la cuna de la músi­ca coun­try. Cam­biábamos de esta­do y nos íbamos a Ten­nessee, uno de los más pequeños de Esta­dos Unidos (aunque allí ya sabéis que la pal­abra “pequeño” puede ser algo muy rel­a­ti­vo). Nashville no es una ciu­dad grande, poco más de 600.000 habi­tantes, y además lo más reseñable en cuan­to a vis­i­tas se encuen­tra en el cen­tro, por lo que íbamos a dar­la un par de días. Lo cier­to es que tuvi­mos más que sufi­ciente con ese tiem­po y tam­poco nos dio la sen­sación de quedarnos cor­tos.

De camino de Saint Louis a Nashville hici­mos una para­da a des­cansar en la reser­va de Rend Lake, con unas boni­tas vis­tas del lago, y acabamos comien­do en un pueblo lla­ma­do Pad­u­c­ah en el esta­do de Ken­tucky. La ver­dad que el sitio era red­neck a más no poder, con casas de madera des­perdi­gadas por aquí y por allá y la gente toman­do el sol en la mece­do­ra del porche. Nos comi­mos unas ham­bur­gue­sas en un bar de car­retera muy chulón, dec­o­ra­do en la más pura tradi­ción cin­cuentera, para que nos fuéramos ambi­en­tan­do con lo que nos íbamos a encon­trar los próx­i­mos días…

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Aunque Nashville es una ciu­dad rel­a­ti­va­mente mod­er­na (en el año 1800 tenía poco más de 350 habi­tantes, de los cuales casi la mitad eran esclavos), su impor­tan­cia a niv­el musi­cal es desco­mu­nal, no obstante se la conoce como la Ciu­dad de la Músi­ca. Cada año mil­lones de per­sonas via­jan has­ta aquí para dis­fru­tar de una urbe que vive vol­ca­da en el coun­try (y tam­bién en el rock n’ roll) y que tiene una eti­que­ta iden­ti­fica­ti­va cuyo nom­bre lo dice todo: el sonido Nashville. Aquí han venido a grabar sus álbums músi­cos tan impor­tantes como Elvis Pres­ley, Kansas, Bob Dylan, Ever­ly Broth­ers o Roy Orbin­son. Sólo un dato más: en Nashville se encuen­tra la Unit­ed Record Press­ing, la may­or fábri­ca de vini­los de toda Améri­ca y una de las cua­tro que aún están en acti­vo en Esta­dos Unidos.

 

Para ir con el primer dato prác­ti­co, que es el del alo­jamien­to, os advier­to que los hote­les en pleno cen­tro están muy caros por lo que la mejor opción es coger algún motel en las afueras. Nosotros opta­mos por el Econo Lodge North, super bien de pre­cio, de los más baratos del via­je (45 euros la doble con desayuno), habita­ciones amplias, pisci­na, park­ing, situ­a­do en un área res­i­den­cial bas­tante tran­qui­lo y a solo diez min­u­tos en coche del cen­tro.

 

Cuan­do uno se va acer­can­do a Nashville y ve des­de lejos el sky­line, el edi­fi­cio que más desta­ca (y prob­a­ble­mente al que más car­iño tienen los locales) es el AT&T Build­ing, cono­ci­do pop­u­lar­mente como el Edi­fi­cio Bat­man debido a que recuer­da a la más­cara del súper héroe. Es este de la derecha de la foto: 33 plan­tas que se van has­ta los casi 200 met­ros, con­vir­tién­do­lo en el ras­ca­cie­los más alto no sólo de Nashville sino de todo el esta­do de Ten­nessee.

 

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Para mover­nos por la ciu­dad nosotros fuimos en coche: es lo más recomend­able pese a que los park­ings sean muy caros pero si vais tres o cua­tro com­pen­sa, ya que esper­ar a que pase el bus con esos calores puede resul­tar bas­tante deses­per­ante.

 

El primer lugar donde hay que comen­zar a tomar­le el pul­so a Nashville es Broad­way Street. Y si es por la noche, mejor que mejor. Aunque los bares están en fun­cionamien­to des­de las diez o las once de la mañana (para los que somos amantes de la músi­ca, es un autén­ti­co paraí­so ¡ban­das tocan­do des­de horas tan tem­pranas!), cuan­do real­mente la ciu­dad se encuen­tra en su pun­to de ebul­li­ción es al caer el sol. Miles de locales y tur­is­tas, casi todos con sus gor­ros y sus botas de cow­boy cor­re­spon­di­entes, ates­tan esta calle llena de vida.

 

Con nue­stros som­breros “made in Nashville” cor­re­spon­di­entes…

 

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Broad­way no sólo es un cúmu­lo de bares uno detrás de otro (de ello hablaré en el próx­i­mo pár­rafo) sino tam­bién el paraí­so de las com­pras para los que como a nosotros les apa­sione la ropa gen­uina­mente yan­kee. Un mon­tón de tien­das de botas, som­breros, camise­tas, camisas de cow­boy, chale­cos de fle­cos… Salías de una y te metías en otra y así te podías tirar horas. Nosotros íbamos sobre todo a la bus­ca y cap­tura de botas de cow­boy. Aunque en casa ten­emos algunos pares de Sendra, lo cier­to es que a niv­el cal­i­dad las botas amer­i­canas las dan mil vueltas a las de España y enci­ma salen mejor de pre­cio. Me refiero al hecho de que aunque un par de botas suele ron­dar los 300–400 dólares (que tam­poco me pare­cen tan caras si tienes en cuen­ta que te pueden durar 20 años), la may­oría de las tien­das de Nashville ofre­cen ofer­tas y des­cuen­tos. Nosotros nos fuimos direc­ta­mente a Boot Coun­try ya que antes del via­je, habíamos vis­to que tenían una ofer­ta imbat­i­ble: com­pran­do un par, te regal­a­ban otros dos pares gratis. Vamos, que al final nos salieron los tres pares por 450 euros: estábamos como niños con zap­atos nuevos ¡y nun­ca mejor dicho! Cier­to es que luego tienes que car­gar con las botas el resto del via­je (tam­bién puedes estre­narlas allí mis­mo) pero yo por eso siem­pre que via­jo a USA dejo hue­co en la male­ta para las com­pras ya que al final siem­pre te traes un mon­tón de cosas. Y eso que como comenta­ba en ante­ri­ores eta­pas de esta ruta, esta vez no hemos com­pra­do tan­to por lo caro que esta­ba todo en com­para­ción con otros via­jes. Pero Nashville es la excep­ción: aparte de las tien­das de ropa, tienes otras de sou­venirs chulísi­mos donde encon­trar un mon­tón de frikadas para lle­var a famil­iares y ami­gos…

 

Botas, botas, botas… ¡y más botas!

 

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Las que nos tra­ji­mos para casa…

 

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En cuan­to al tema de la músi­ca en direc­to, como comenta­ba antes lo mejor es ir a Broad­way Street y a la Segun­da Aveni­da, que es donde más locales te encuen­tras. Quizás en Nashville y en Texas es donde se hal­lan algunos de los mejores honky tonks de todo el país. Los honky tonks tienen su ori­gen en los antigu­os salones y taber­nas sureños donde la gente iba a bailar coun­try y a tomarse una pin­ta de cerveza pero tam­bién muchos de ellos eran bur­de­les encu­bier­tos ani­ma­dos por el pianista de turno. A par­tir de los años 30 incre­men­taron su pop­u­lar­i­dad y comen­zaron a con­ver­tirse en refu­gio de miles de músi­cos que los veían los lugares idó­neos para dar el salto al éxi­to: ellos fueron los creadores del sonido honky tonk, cuyo prin­ci­pal expo­nente fue Hank Williams.

 

Típi­cos honky tonks de Nashville

 

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En Nashville hay un mon­tón de honky tonks por des­cubrir: Robert’s West­ern World, The Stage, Wild­horse Saloon, Bour­bon Street Blues… cada uno de ellos con una per­son­al­i­dad propia y clien­tela ase­gu­ra­da los 365 días del año (la may­oría de ellos no cier­ran nun­ca). Sin embar­go, el honky tonk por exce­len­cia, el autén­ti­co y gen­uino, es el Ryman Audi­to­ri­um en la 5th Avenue. Propiedad de Thomas Ryman, quien ya era dueño de otros tan­tos salones, y en fun­cionamien­to des­de 1892, lo curioso es que en sus ini­cios tenía una fun­ción reli­giosa, ya que servía como pun­to de reunión de creyentes. Sin embar­go, con el paso del tiem­po fue abrién­dose a otro tipo de espec­tácu­los como concier­tos y com­bat­es de box­eo has­ta que en 1925 se empezó a emi­tir allí el Grand Ole Opry, el pro­gra­ma de radio más famoso que haya exis­ti­do en toda la his­to­ria de Nashville y que atra­jo a músi­cos de todo Esta­dos Unidos (entre ellos un jovencísi­mo Elvis Pres­ley) pero tam­bién a miles de espec­ta­dores que querían pres­en­ciar las emi­siones en direc­to. El Grand Ole Opry pasó en poco tiem­po de ser un pro­gra­ma a niv­el local a ser escucha­do masi­va­mente en todo el país, lo que acabó con­vir­tién­do­lo en una insti­tu­ción e icono para los norteam­er­i­canos. Se emi­tió en el Ryman des­de 1943 has­ta 1974. Te recor­damos que tam­bién hay un museo ded­i­ca­do al pro­gra­ma (entra­da gra­tui­ta) en 2804 Opry­land Dr., jun­to a la Gran Ole Opry House.

 

Ryman Audi­to­ri­um: a día de hoy, no sólo la mejor sala de concier­tos de Nashville, tam­bién es un edi­fi­cio históri­co, orgul­lo abso­lu­to de la ciu­dad. Como veis en la fotografía, ese día lo esta­ban acondi­cio­nan­do para una gala que se cel­e­bra­ba por la noche.

 

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Volvien­do a los bares, el ambi­ente que se vive en el cen­tro de Nashville tan­to de día como de noche es fran­ca­mente espec­tac­u­lar. La músi­ca y las luces inun­dan el corazón de la ciu­dad y no sólo hay tocan­do gru­pos de coun­try, tam­bién muchas ban­das de rock n’ roll. A nosotros uno de los que más nos gustó fue el Leg­end’s Cor­ner, un local grandísi­mo inmejorable­mente dec­o­ra­do donde esta­ba tocan­do un grupo de ver­siones y no veais qué ambi­en­ta­zo había para ser un lunes (da la impre­sión que en Nashville lo mis­mo da que sea miér­coles o sába­do, el show está ase­gu­ra­do cualquier día de la sem­ana). Por cier­to, os recuer­do que a los músi­cos no les pagan los bares donde tocan sino que viv­en de las propinas que les da el públi­co, asi que no seas rácano y colab­o­ra deposi­tan­do unos dólares en el cubo que dejan en el sue­lo del esce­nario. Además, son muy majetes y agrade­ci­dos, a nosotros en otro bar que estu­vi­mos, el tipo que esta­ba tocan­do, al pre­gun­tarnos de donde éramos y ver­nos con camise­tas de Lynyrd Skynyrd, nos dedicó una ver­sión del “Sim­ple Man” que nos puso los pelos de pun­ta.

 

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La dec­o­ración inte­ri­or de los bares, como veis, es una autén­ti­ca pasa­da

 

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Ernest Tubb Records, abier­ta des­de 1947, es la tien­da de dis­cos más famosa de Nashville. Si lo tuyo es el coun­try, lo que no encuen­tres aquí, no lo encon­trarás en ningún sitio.

 

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Uno de los lugares más espe­ciales para mí en Nashville: el museo ded­i­ca­do al míti­co John­ny Cash, quien pese a que nació en Arkansas, fal­l­e­ció en Nashville hace aho­ra trece años. El “hom­bre de negro” es uno de los más geniales com­pos­i­tores y músi­cos que ha dado la his­to­ria de la músi­ca amer­i­cana, pese a su fama de dís­co­lo y adic­to al alco­hol y las dro­gas (estu­vo encar­ce­la­do en varias oca­siones, os recomien­do que os leáis su auto­bi­ografía y echéis un ojo a esa fan­tás­ti­ca pelícu­la que es “Walk the Line” basa­da en su vida). Pero era un autén­ti­co genio y can­ciones leg­en­darias como “Ring of Fire”, “Fol­som Prison Blues”, “Big River“o “A Boy Named Sue” ya jamás sal­drán de nue­stros cora­zones. A mí, sin­ce­ra­mente, me emo­cionó com­pro­bar como en Nashville John­ny Cash es con­sid­er­a­do un autén­ti­co héroe. No sólo por el museo sino porque en cualquier tien­da que entra­bas te encon­tra­bas todo tipo de mer­chan­dise en torno a su figu­ra y obra.

 

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El Scher­me­horn Sym­pho­ny Cen­ter no es sólo una de las salas de concier­tos con mejor rep­utación de Nashville sino tam­bién el hog­ar de la Orques­ta Sin­fóni­ca. Esta es su pre­ciosa entra­da.

 

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Uno de los lugares más vis­i­ta­dos de Nashville pese a lo cara que es la entra­da (cer­ca de 25 dólares): el Coun­try Music Hall of Fame Muse­um. Crea­do en 1961 por Jim­mie Rodgers, Fred Rose y Hank Williams, es el museo ded­i­ca­do a la músi­ca coun­try y sus deriva­dos más impor­tante del mun­do.

 

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El par­que Walk of Fame está ded­i­ca­do a mul­ti­tud de músi­cos que hicieron de este mun­do un lugar un poco mejor (entre ellos Lit­tle Richard, Jimi Hen­drix o Roy Orbin­son, quienes además dan nom­bre a muchas de las flo­res que cre­cen aquí).

 

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Bridge­stone Are­na, el hog­ar de los Nashville Preda­tors (el equipo de hock­ey de la ciu­dad) pero tam­bién sede de otro tipo de espec­tácu­los como concier­tos o par­tidos de balon­ces­to. Tiene capaci­dad para casi 20.000 espec­ta­dores.

 

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Impre­sio­n­ante ima­gen del Nashville Vis­i­tor Cen­ter. Abren de 8,30 a 17,00 y allí podrás con­seguir toda la infor­ma­ción turís­ti­ca que nece­sites, des­de mapas a cupones de des­cuen­to en atrac­ciones locales y entradas para espec­tácu­los.

 

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The Frist Cen­ter for the Visu­al Arts, uno de los museos más impor­tantes de Nashville, donde con­stan­te­mente se orga­ni­zan exposi­ciones de todo tipo.

 

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Emo­ti­vo mon­u­men­to ded­i­ca­do a los bomberos de Nashville

 

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El puente sobre el río Cum­ber­land, una de las imá­genes más boni­tas de la ciu­dad

 

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Aunque esté un poco a las afueras del down­town, recomien­do total­mente la visi­ta del Partenón, ya que mucha gente se va de Nashville sin haber­lo vis­to (no hay prob­le­ma en traer el coche ya que cuen­tan con park­ing pro­pio en mitad del Par­que del Cen­te­nario, donde se encuen­tra). La entra­da no es cara (6 dólares) y merece mucho la pena ya que es la úni­ca répli­ca a tamaño real en el mun­do del cono­ci­do Partenón ate­niense. Se con­struyó en 1897 para cel­e­brar la adhe­sión de Ten­nessee a los Esta­dos Unidos y tuvo tan­to éxi­to entre los locales y tur­is­tas que en vez de demol­er­lo, ya que la exposi­ción era tem­po­ral, deci­dieron recon­stru­ir­lo imi­tan­do el mod­e­lo griego.

 

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Den­tro se puede admi­rar (porque sí, es admirable) la gigan­tesca estat­ua de Ate­nea Partenos, que orig­i­nal­mente debería haberse con­ser­va­do en el Partenón de la Acrópo­lis ate­niense. Tiene una desco­mu­nal altura de 13 met­ros, está recu­bier­ta de oro y en su mano derecha sostiene a Niké, la diosa de la vic­to­ria.

 

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En la plan­ta baja hay una exposi­ción de pin­turas y además, tam­bién podrás con­tem­plar la répli­ca de los Már­moles de Elgin (que los ingle­ses arrebataron al Partenón de Gre­cia y se lle­varon al Museo Británi­co, donde actual­mente se expo­nen).

 

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Uno de los lugares que os recomien­do para com­er en Nashville, pese a que está bas­tante ale­ja­do del cen­tro y nece­si­tas coche sí o sí, es Caney Fork (direc­ción 2400 Music Val­ley Dr). Como veis en las fotografías, la dec­o­ración es autén­ti­ca a más no poder, el local es gigan­tesco y la car­ta espec­tac­u­lar. Nosotros aprovechamos para pro­bar la carne de coco­dri­lo, que es muy típi­ca de esta zona y sobre todo de Louisiana. Está riquísi­ma y muy jugosa, el sabor es una mez­cla entre el pol­lo y el pesca­do.

 

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La sabrosísi­ma carne de coco­dri­lo

 

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Y la mejor for­ma de des­pedirse de Nashville, como no, era con músi­ca. Tuvi­mos la suerte de que jus­to nos coin­ci­diera la gira de ZZ Top con Black­ber­ry Smoke. A los primeros ya los habíamos vis­to hace años en España y a los segun­dos les veríamos de nue­vo a la vuelta del via­je pero era una ocasión úni­ca para dis­fru­tar­les en tier­ras amer­i­canas y en un recin­to al aire libre, el Ascend Amphiteater, inau­gu­ra­do hace solo unos meses. Además, las entradas nos habían sali­do baratísi­mas, al cam­bio unos 30 euros. Asi que con los rit­mos de “La Grange”, “Gimme all your lov­ing”, “Sharp Dressed Man” y “Tush” decíamos adiós, con una son­risa en los labios, a la ciu­dad más musi­cal que hemos cono­ci­do jamás. Nashville…¡TE QUEREMOS!

 

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A con­tin­uación te dejamos el pro­gra­ma que dedicamos a Saint Louis, la comu­nidad amish y Nashville en nue­stro pro­gra­ma La Ruta 61 de Radio Via­jera…

 

 

 
 

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