Diez excursiones apasionantes que puedes hacer desde Roma

Florencia

Roma, ese museo al aire libre que tan­to tiene que ofre­cer, a veces puede resul­tar demasi­a­do “abru­mado­ra” para el que lle­ga por primera vez: se te que­da siem­pre la sen­sación de todo lo que te que­da por ver. Por dicho moti­vo, son muchos los via­jeros que con el paso de los años deci­den regre­sar. Nosotros ya sabéis que somos fans acér­ri­mos de dis­fru­tar con más cal­ma lugares que ya cono­ce­mos: ya os lo con­ta­mos en el artícu­lo Las ven­ta­jas de vis­i­tar un lugar más de una vez . Y aho­ra que ya te has empa­pa­do a fon­do de las calles romanas y tienes tiem­po sufi­ciente para realizar excur­siones cer­canas, donde la aflu­en­cia de tur­is­tas no es tan exager­a­da ¿qué te parece alquilar un coche y lan­zarte a la aven­tu­ra? Aquí te damos diez prop­ues­tas que podrás incluir en el itin­er­ario.

Roma

 


 

Florencia Ponte Vecchio
Vernazza
Bomarzo Italia
Pisa Italia

 

Ostia Anti­ca

A ape­nas trein­ta min­u­tos de Roma, se encuen­tra el que fue el más impor­tante puer­to com­er­cial en época romana, ya que por aquí entra­ban los ali­men­tos y mer­cancías lle­gadas de todo el Mediter­rá­neo que abastecían a la ciu­dad. Tenien­do en cuen­ta lo capri­chosos que eran los romanos, lo que les gusta­ba el lujo y lo mucho que gasta­ban orga­ni­zan­do fes­tines, por no hablar de esas majes­tu­osas man­siones que se acu­mu­la­ban en los bar­rios ricos, imag­i­na la de bar­cos que podían lle­gar a diario a estas costas. Esto orig­inó que alrede­dor del puer­to creciera una ciu­dad que daba cobi­jo a los tra­ba­jadores de los difer­entes gremios y que llegó a alcan­zar las 50.000 per­sonas.

Ostia Antica Roma

Aunque Ostia Anti­ca no sea tan cono­ci­da como otros yacimien­tos arque­ológi­cos, supone un buen acer­camien­to a lo que era una “vil­la obr­era”, es decir, a la Roma de la clase humilde. Las excava­ciones que a par­tir del siglo XIX sac­aron a la luz las ruinas de esta vibrante urbe per­miten dis­fru­tar de unos edi­fi­cios impeca­ble­mente con­ser­va­dos, entre los que desta­ca el mon­u­men­tal teatro de Agri­pa con capaci­dad para 4.000 espec­ta­dores. Los Baños de Nep­tuno (con sus bel­lísi­mos mosaicos en blan­co y negro), la Decumanus Max­i­mum (cuyo kilómetro de lon­gi­tud la con­vir­tió en una de las vías prin­ci­pales más impor­tantes del impe­rio), el Capi­to­lio o el Castil­lo de Julio II son algu­nas de las joyas de la coro­na de este intere­sante enclave. Y un dato a ten­er en cuen­ta: la entra­da sólo cues­ta 10 euros, una gan­ga vien­do lo intere­sante de la mues­tra.

Tivoli

A ape­nas 30 kilómet­ros de Roma se encuen­tra esta antigua vil­la de vaca­ciones donde los romanos escapa­ban del calor de la ciu­dad en ver­a­no. Aunque no son muchos los restos recu­per­a­dos (algunos pequeños tem­p­los, reta­zos de mural­las y diver­sas puer­tas, la may­oría sin nom­bre cono­ci­do), merece la pena la visi­ta por dos lugares fran­ca­mente espec­tac­u­lares: la Vil­la Adri­ana y la Vil­la de Este. Ambas Pat­ri­mo­nio de la Humanidad, pese a lo poco que se pare­cen entre ellas.

Vil­la Adri­ana, a las afueras de Tivoli y con­stru­i­da por el emper­ador Adri­ano como res­i­den­cia impe­r­i­al, con­ta­ba con tem­p­los, ter­mas, bib­liote­cas, pala­cios… Hubiera podi­do dar cobi­jo a miles de per­sonas, dada su exten­sión.  Sin embar­go, Adri­ano bus­ca­ba aquí cal­ma y tran­quil­i­dad, por lo que sólo vivía él con sus famil­iares más cer­canos y unos cuan­tos sirvientes. Adri­ano, que era un via­jero emped­ernido, rindió hom­e­na­je a lo que había vis­to en lugares como Gre­cia o Egip­to y real­izó répli­cas de diver­sos mon­u­men­tos, enam­ora­do como esta­ba de las influ­en­cias extran­jeras. Otra de las curiosi­dades de la vil­la es que recien­te­mente se ha des­cu­bier­to que existía una inmen­sa red de túne­les sub­ter­rá­neos  por la que se movían esclavos y cri­a­dos, para evi­tar cruzarse con­tin­u­a­mente con la famil­ia real y sus invi­ta­dos adin­er­a­dos.

Tivoli Roma

En cuan­to a Vil­la de Este, esta es mucho más reciente y aún así, fue con­stru­i­da hace casi 500 años. Se nutrió sin poder ninguno de la cer­cana Vil­la Adri­ana, arrebatán­dole már­mol y estat­uas, y así pasó a con­ver­tirse en una de las obras más impac­tantes de la arqui­tec­tura rena­cen­tista. La man­sión, divi­di­da en dos plan­tas, está dec­o­ra­da en su inte­ri­or con vis­tosos murales y pin­turas con motivos reli­giosos (no obstante, su dueño era un poderoso car­de­nal). Pero aún más atrac­tivos son sus exu­ber­antes jar­dines, por donde ser­pen­tean ele­gantes escaleras entre arbus­tos, bal­conadas, fuentes y cas­cadas.

Nápoles

Aunque a Nápoles le pre­ce­da su fama de ciu­dad pen­denciera y peli­grosa, lo cier­to es que son muchos los que dicen sen­tirse fasci­na­dos por el caos que les atra­pa nada más pis­ar la ciu­dad. Esas calles laberín­ti­cas donde la ropa cuel­ga de los bal­cones es una de las estam­pas que mejor retra­ta cómo es la vida en el sur de Italia (y que tan­to se parece a nue­stro pro­pio sur de España ¿no crees?) y perder­se por ellas, entre los gri­tos de los vende­dores y Ves­pas a toda veloci­dad, puede ser una expe­ri­en­cia inigual­able.

Napoles

La Gal­le­ria Umber­to I (que tan­to recuer­da a la famosísi­ma de Milán), la inmen­sa Piaz­za del Plebisc­i­to, el Cas­tel del­l’O­vo con esas fan­tás­ti­cas vis­tas del Mediter­rá­neo o el Duo­mo, donde los napoli­tanos rinden una devo­ción que lin­da con el éxta­sis a su patrón San Genaro o el sim­ple y a la vez inmen­so plac­er que da devo­rar algu­nas de las mejores piz­zas del mun­do son motivos sufi­cientes para escaparse aquí un par de días.

Pom­peya y Her­cu­lano

Ya que has lle­ga­do has­ta a Nápoles (recuer­da que estás a más de 200 kilómet­ros de Roma pero alqui­lan­do coche esto son poco más de dos horas de trayec­to), sería un peca­do que te fueras de esta región, Cam­pa­nia, sin vis­i­tar Pom­peya y Her­cu­lano. Y es que pese a que Pom­peya sea mucho más cono­ci­da, sin embar­go las ruinas de Her­cu­lano (ciu­dad mucho más pequeña pero igual de intere­sante) están mejor con­ser­vadas, por ello lo de recomen­dar ambas vis­i­tas. El caso es que las dos ciu­dades (jun­to a otra menor, Estabia) quedaron sepul­tadas en el año 79 por la fuerza del vol­cán Vesubio, acti­vo aún a día de hoy.

Pompeya Napoles

Tan­to Pom­peya como Her­cu­lano quedaron detenidas en el tiem­po tras la erup­ción y así han per­maneci­do has­ta la actu­al­i­dad, sal­va­guardadas por toneladas de cenizas que lle­ga­ban a alcan­zar los 25 met­ros de altura. Las pos­te­ri­ores excava­ciones destaparon rin­cones tan fasci­nantes como el Jardín de los Fugi­tivos, donde se recu­per­aron trece cuer­pos en pos­turas espeluz­nantes, inten­tan­do escapar de la furia del vol­cán, o el Lupanare (de ahí viene la pal­abra lupa­nar), el bur­del que acabó sien­do tes­ti­go eter­no de las cos­tum­bres sex­u­ales de entonces. Aún se pueden ver en su inte­ri­or los fres­cos con esce­nas eróti­cas, situ­a­dos sobre las puer­tas de las habita­ciones: las difer­entes pos­turas especi­fi­ca­ban cuáles eran las “espe­cial­i­dades” de quien esper­a­ba den­tro.

Las ruinas de Her­cu­lano están en mejor esta­do ya que al encon­trarse más cer­ca del Vesubio, cayó sobre ellas más ceniza, por lo que la may­oría de casas, mon­u­men­tos, ter­mas y taber­nas se encuen­tran en un esta­do espec­tac­u­lar. ciu­dad aún más rica que Pom­peya, con­ser­va así mis­mo numerosos edi­fi­cios públi­cos como los almacenes por­tu­ar­ios, el gim­na­sio, las ter­mas sub­ur­banas, la ter­raza del senador Non­io Bal­bo o la Vil­la de los Papiros.

Orvi­eto

A poco más de 100 kilómet­ros de Roma nos encon­tramos con un gran descono­ci­do entre el tur­is­mo extran­jero: Orvi­eto. Este pueblo de la región de Umbria situ­a­do sobre una col­i­na des­de la que se obtienen esplén­di­das vis­tas de la provin­cia de Terni es acce­si­ble medi­ante una car­retera que va atrav­es­an­do miles de viñe­dos (¡esta es tier­ra de vinos!), por lo que el via­je en sí ya es una expe­ri­en­cia.

Orvieto Italia

¿Qué podemos vis­i­tar en Orvi­eto? Nues­tra recomen­dación es que comiences el itin­er­ario por su Duo­mo, uno de los más boni­tos de Italia y con­sid­er­a­do uno de los mejores expo­nentes góti­cos del país. Increíble­mente orna­men­ta­do tan­to por den­tro como por fuera (los mosaicos exte­ri­ores te dejarán sin habla), es el mon­u­men­to más vis­i­ta­do de la ciu­dad. Puedes con­tin­uar la ruta por el curioso Pozo de San Patri­cio, de más de 60 met­ros de pro­fun­di­dad y con dos escaleras de cara­col que te lle­van a las pro­fun­di­dades, y seguir­la por el Pozo de la Cava y sus gru­tas: os recor­damos que bajo Orvi­eto existe una inmen­sa ciu­dad sub­ter­ránea llena de pasadi­zos y túne­les. Sólo se puede recor­rer en vis­i­tas guiadas orga­ni­zadas por el ayun­tamien­to. Puedes com­ple­men­tar la visi­ta en la necrópo­lis etr­usca (con una antigüedad de más de 2.500 años) o toman­do el funic­u­lar, que por euro y medio te brindará unas panorámi­cas mar­avil­losas.

Pisa

Pisa Italia

A Pisa ya le dedicamos un artícu­lo que te será de lo más útil: Cómo aprovechar 48 horas en Pisa . Como te con­ta­mos en el repor­ta­je, la ciu­dad tiene bas­tante que ofre­cer, aparte de su cono­cidísi­ma torre incli­na­da, y puede ser un buen pun­to de par­ti­da para explo­rar en coche una de las regiones más boni­tas de Italia: la Toscana.

Flo­ren­cia

Jun­to a Roma y Vene­cia es una de las tres per­las ital­ianas y cod­i­ci­a­da has­ta la saciedad por los amantes del arte. No nos extraña ya que todo su cen­tro históri­co está con­sid­er­a­do Pat­ri­mo­nio de la Humanidad y de aquí han sali­do algunos de los artis­tas más impor­tantes de Italia como Leonar­do Da Vin­ci, Dante, Miguel Angel Bot­ti­cel­li, Rafael, Boc­cac­cio o Maquiavelo, entre otros. Su Ponte Vec­chio (esta mar­avil­la que veis aquí aba­jo), el úni­co de los puentes que sobre­vivió a los bom­bardeos de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, con­tinúa sien­do el gran sím­bo­lo flo­renti­no: su belleza es incom­pa­ra­ble.

Florencia Ponte Vecchio

Flo­ren­cia es una ciu­dad a la que deberíamos dedicar como mín­i­mo tres días (y que podemos com­bi­nar con Pisa ya que ambas ciu­dades están sep­a­radas por sólo una hora de trayec­to en coche). Com­er y dormir es bas­tante más bara­to que en Roma y no sólo podrás dis­fru­tar de la arqui­tec­tura a pie de calle sino tam­bién de la can­ti­dad de museos que acoge la ciu­dad: impre­scindible la Galería de los Uffizi, la pina­cote­ca más impor­tante de Italia, y tam­bién la Galería de la Accad­e­mia, donde se expone el David de Miguel Angel.

Bomar­zo

Para cono­cer uno de los lugares más mis­te­riosos de Italia, el Par­que de Bomar­zo, no ten­drás que ale­jarte demasi­a­do de Roma, sólo unos 90 kilómet­ros. Aquí se encuen­tra el Par­co dei Mostri (Par­que de los Mon­stru­os), un sobrecoge­dor jardín que sal­ió de la cabeza del conde Pier Francesco Orsi­ni, quien roto de dolor por el fal­l­ec­imien­to de su esposa, con­trató al arqui­tec­to Pir­ro Lig­o­rio y le hizo con­stru­ir este lugar lleno de escul­turas naci­das de sus delirios. Un rincón mági­co del que se enam­oró el pro­pio Sal­vador Dalí, quien inten­tó com­prar las escul­turas pero se las negaron.

Bomarzo Italia

Durante 30 años se esculpieron estas fan­tás­ti­cas fig­uras en roca: ani­males mitológi­cos, esfin­ges, héroes como Hér­cules, tor­tu­gas, bal­lenas, una colos­al fuente de Nep­tuno o una casa incli­na­da en cuyos muros puede leerse ““inten­ta tran­quil­izarte en esta mora­da, entra, ¡a ver si encuen­tras la paz!” Drag­ones ata­ca­dos por leones, per­ros y lobos, sire­nas con alas de mur­ciéla­gos, ele­fantes de piedra o esta boca de ogro de arri­ba que parece invi­tarnos al mis­mo infier­no. Una excur­sión de las que no se olvi­dan nun­ca.

Mat­era

Nos vamos de nue­vo al sur de Italia para dejarnos encan­di­lar por Mat­era, un pueblo fran­ca­mente espec­tac­u­lar: sólo hay que ver la fotografía. Y es que nos recuer­da muchísi­mo a nue­stro via­je por la Capado­cia tur­ca , pues aquí hay gente que aún vivía has­ta hace 50 años en casas-cue­va que tienen casi 10.000 años de antigüedad (algunos de estos inquili­nos aho­ra ya son sólo “moradores de fin de sem­ana”). Son las cav­er­nas cono­ci­das como sas­si, amon­ton­adas unas sobre otras: aquí con­vivían humanos y ani­males en condi­ciones real­mente espar­tanas, has­ta que el ayun­tamien­to los recolocó en vivien­das con elec­t­ri­ci­dad y agua cor­ri­ente en la parte mod­er­na de la ciu­dad.

Matera Italia

Se con­ser­van más de 160 igle­sias rupestres tal­ladas en roca y muchas de las casas han acaba­do con­ver­tidas en museos, mostran­do cómo los antigu­os habi­tantes se iban adap­tan­do a las necesi­dades del ter­reno durante más de nueve mile­nios en la que es una de las ciu­dades más antiguas del mun­do. Lo curioso es que algu­nas de estas cuevas tam­bién han acaba­do con­ver­tidas en hote­les, dán­dole al vis­i­tante la opor­tu­nidad de dormir en una habitación de piedra. Expe­ri­en­cia que, como os con­tábamos, nosotros vivi­mos en la Capado­cia y que nos dejó total­mente impacta­dos.

Cinque Terre

Acabamos nues­tra lista de recomen­da­ciones con Cinque Terre, región a la que dedicamos el artícu­lo Los pueb­los más col­ori­dos de Italia . Quizás es la excur­sión más ale­ja­da de Roma (cin­co horas en coche) pero merece mucho la pena vien­do la espec­tac­u­lar­i­dad de estos pueblecitos que pare­cen saca­dos de una juguetería antigua. Cin­co pueb­los dis­puestos a dejarte con la boca abier­ta y que recomen­damos vis­i­tar mejor en invier­no para dis­fru­tar­los sin tan­to tur­ista jun­to.

Cinque Terre

 


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2 Comments

  1. Muy intere­sante y para ten­er en cuen­ta, gra­cias.

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    Gra­cias a ti, Estela!

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