Nuestro viaje a Toronto, la ciudad más vibrante de Canadá

Toronto skyline

Toron­to no es la cap­i­tal de Canadá. Ni fal­ta que le hace. Como en otros país­es como Aus­tralia, el tema de ser la cap­i­tal es algo anecdóti­co (ya os lo con­tare­mos cuan­do dedique­mos una entra­da a Ottawa, que seamos sin­ceros, nos pare­ció tremen­da­mente abur­ri­da). Y como dirían los británi­cos, son otras las ciu­dades donde se puede decir eso de “that’s where the action is!”. Es el caso de Toron­to. La may­or ciu­dad del país, corazón financiero de Canadá y una de las urbes más fasci­nantes del mun­do.

Nathan Phillips Square Toronto

Debo recono­cer que pese a que mi prin­ci­pal moti­vación en este via­je cana­di­ense era el tur­is­mo de nat­u­raleza, de bosques, lagos y cabañas per­di­das en medio de la nada, le tenía muchas ganas tam­bién a las ciu­dades que vis­i­taríamos. Ya en mi primer via­je a Canadá , cuan­do estuve en Van­cou­ver, regresé con la sen­sación de haber esta­do en la “Escan­di­navia de Norteaméri­ca”. Pese a que niv­el arqui­tec­tóni­co las ciu­dades cana­di­ens­es sean bas­tante pare­ci­das a las de sus veci­nos de Esta­dos Unidos, espe­cial­mente con esos down­towns de altísi­mos ras­ca­cie­los, en la prác­ti­ca gozan con la ven­ta­ja de ser ciu­dades segurísi­mas. Aquí no debes pre­ocu­parte de que tu com­pañero de asien­to en el auto­bús lleve una pis­to­la en la mochi­la o que vayas a acabar en cualquier bar­rio donde no se atre­va a entrar ni la policía. Canadá nos pare­ció uno de los país­es más seguros del mun­do. A cualquier hora del día o de la noche.

Guía de Toronto

Si estás preparan­do un via­je por la Cos­ta Este cana­di­ense, antes de que comiences a exprim­ir­le el jugo a Toron­to, te acon­se­jo que ech­es un ojo al artícu­lo pre­vio que pusi­mos a tu dis­posi­ción, Prepar­a­tivos para una ruta en coche por Canadá . Allí te damos todas las recomen­da­ciones que nece­si­tas y que incluyen la solic­i­tud del visa­do cana­di­ense. Es muy prob­a­ble que, como nosotros, Toron­to sea la ciu­dad donde ater­rices y deberás lle­var todos los pape­les en regla.

Toronto Mural Bufalo

Cómo ir del aerop­uer­to al cen­tro

Nosotros nada más bajar del avión nos fuimos a la zona de las ofic­i­nas de alquil­er de coche del aerop­uer­to Toron­to Pear­son ya que teníamos una reser­va hecha con Hertz. Pero si tú no dispones de vehícu­lo pro­pio, te avisamos que el aerop­uer­to se encuen­tra a unos 25 kilómet­ros de Toron­to. La for­ma más ráp­i­da de lle­gar al cen­tro es en el tren Union Pear­son Express, que por un pre­cio de 12,35 dólares te deja en una media hora en la estación Union. No te pre­ocu­pes si tu avión lle­ga a horas intem­pes­ti­vas: los trenes cir­cu­lan entre las 05:30 y la 01:00 y pasan cada 15 min­u­tos.

Otra opción bas­tante más económi­ca (aunque algo engor­rosa) es, pre­vio pago de 3 dólares, tomar la línea de bus 192 Air­port Rock­et, que en hora y cuar­to aprox­i­mada­mente os deja en la estación de Kipling, donde podéis enlazar con el metro. Desacon­se­jamos la opción del taxi por ser carísi­mos: unos 60 euros el trayec­to.

Cómo moverse en trans­porte públi­co

Pese a que des­de el primer momen­to teníamos coche, decidi­mos olvi­darnos de él el tiem­po que pasamos en Toron­to. La visi­ta a la ciu­dad la real­izamos en dos partes ya que estu­vi­mos tan­to a la ida como antes de regre­sar a España. Moverse en trans­porte públi­co era mucho más cómo­do y además nos evitábamos estar pagan­do park­ings. Los fines de sem­ana el aparcamien­to es gra­tu­ito en la estación de Finch, por lo que lo dejamos allí y nos movíamos en metro.

Si vas a hac­er var­ios via­jes en metro, com­pen­sa coger un pase diario (Day Pass) que cues­ta 12,50 dólares ya que el bil­lete sen­cil­lo cues­ta 3,25. Los fines de sem­ana ese mis­mo pase vale para dos per­sonas, por lo que os sal­drá por la mitad. Aunque los locales se que­jan de que el metro de Toron­to no es tan efi­ciente como el de otras ciu­dades del mun­do y anda bas­tante antic­ua­do, a nosotros nos resultó de lo más útil para ir a los pun­tos de más interés. Recuer­da, eso sí, que los domin­gos la fre­cuen­cia de paso es menor y el metro no comien­za a fun­cionar has­ta las 08:00; entre sem­ana empieza a las 06:00 y cier­ra a la 01:30.

Metro Toronto
Inte­ri­or del metro de Toron­to

En todas las esta­ciones pro­por­cio­nan gra­tuita­mente mapas de la red de metro para que te organ­ices. En algu­nas de estas esta­ciones tam­bién venden tokens. ¿Y que son los tokens? Unas pequeñas fichas de alu­minio, pare­ci­das a mon­edas, que equiv­alen a tick­ets indi­vid­uales y que tam­bién se pueden usar en auto­bus­es y tran­vías: tienen una validez de una hora. Los tran­vías (street­cars) los uti­lizamos para ir al Dis­tri­to de las Des­til­erías y te per­miten ir vien­do la ciu­dad. Pueden ir algo llenos y obvi­a­mente tar­dan más que el metro ya que están condi­ciona­dos por el trá­fi­co pero son otra bue­na for­ma de moverse por el cen­tro.

Nue­stro alo­jamien­to en Toron­to

Ya os comen­ta­mos en la eta­pa de los prepar­a­tivos que una opción estu­pen­da (y bara­ta) para alo­jarse en las ciu­dades cana­di­ens­es son las res­i­den­cias uni­ver­si­tarias. En Toron­to uti­lizamos una de ellas, la Res­i­dence Con­fer­ence Cen­tre, a un pre­cio medio de 60 euros por noche para cua­tro per­sonas. Son pequeños aparta­men­tos de dos habita­ciones con baño, coci­na y tele­visión en cada dor­mi­to­rio que cuen­tan además con tien­da, restau­rante y park­ing (este últi­mo de pago, unos 10 euros diar­ios).

Residence Centre Toronto

Qué ver en Toron­to

 

Casa Loma

Quién nos iba a decir que el primer lugar que íbamos a vis­i­tar era una bel­lísi­ma man­sión que parecía extraí­da de cualquier pueblo medieval europeo. Para lle­gar has­ta aquí podéis venir en metro (estación Dupont) y subir andan­do has­ta la col­i­na de Dav­en­port, en cuya cima se encuen­tra este castil­lo de cuen­to de hadas. De ahí viene el nom­bre de Casa Loma, de su situación sobre un mon­tícu­lo. No nos extraña que sea uno de los mon­u­men­tos más admi­ra­dos  de Toron­to, con 350.000 vis­i­tantes anuales: es fab­u­loso.

Su dueño, el gen­er­al Hen­ry Pel­latt, mandó con­stru­ir la casa a prin­ci­p­ios del siglo XX y en su época llegó a ser la may­or res­i­den­cia pri­va­da de Canadá. Pel­latt había hecho for­tu­na unos años antes fun­dan­do la Toron­to Elec­tric Light Com­pa­ny. Imag­i­nad la de dinero que acu­mu­la­ba (17 mil­lones de dólares de entonces): sus riquezas equiv­alían a una cuar­ta parte de la economía de Canadá. A Pel­latt le salían los bil­letes por las ore­jas y desea­ba ten­er una casa a la altura de su cuen­ta ban­car­ia. Por ello, no esca­timó en gas­tos y se dejó casi 4 mil­lones de dólares en la con­struc­ción del castil­lo de sus sueños. Para ello, nece­sitó a un rep­uta­do arqui­tec­to, E.J. Lennox, tres años inver­tidos y la mano de obra de 300 tra­ba­jadores. Casi un cen­te­nar de habita­ciones, 30 cuar­tos de baño y 25 chime­neas repar­tidas en un área de 6.000 met­ros cuadra­dos.

Toronto Casa Loma

La lás­ti­ma (para Pel­latt y su famil­ia) es que sólo pudieron dis­fru­tar de la man­sión durante ape­nas una déca­da. La cri­sis que azotó al país tras la Primera Guer­ra Mundi­al obligó al gob­ier­no a doblar los impuestos por la vivien­da y Pel­latt, que comen­z­a­ba a pasar apuros financieros pre­cisa­mente por la con­struc­ción de la res­i­den­cia, hubo de asumir que los gas­tos de man­ten­imien­to (que incluían los suel­dos de la servidum­bre) eran inase­quibles para su economía. No le quedó más reme­dio que mal­ven­der la infinidad de mobil­iario y obras de arte que había ido colec­cio­nan­do durante los últi­mos años y ni esto fue sufi­ciente para garan­ti­zar que la Casa Loma sigu­iera sien­do de su propiedad, por lo que pasó a manos del Ayun­tamien­to de Toron­to. A par­tir de 1937, se encar­gó de su gestión el Kiwa­nis West Club of Toron­to.

Toronto Casa Loma
Estab­los de la Casa Loma

Hoy la Casa Loma se ha con­ver­tido en el mejor esce­nario para muchos even­tos, des­de concier­tos de ver­a­no con músi­cos locales a la cel­e­bración del brunch del Día de Acción de Gra­cias. Tam­bién se le saca par­tido a su cara mis­te­riosa con tours guia­dos noc­turnos en los que se inten­ta ater­rorizar a los vis­i­tantes con his­to­rias de espec­tros y fan­tas­mas. La Casa Loma arras­tra, como tan­tas otras man­siones de Norteaméri­ca, la leyen­da de ser una casa embru­ja­da, lo que le hace más atrac­ti­va si cabe a ojos del vis­i­tante. Por sus pasadi­zos secre­tos y el túnel de casi un kilómetro que une casa y estab­los se cuen­ta que vagan las almas de cri­a­dos y cocineros que allí fal­l­ecieron. Por cier­to, los estab­los son pre­ciosísi­mos: pocos cabal­los en el mun­do han tenido un hog­ar tan ilus­tre.

¿Sabías que…?

. Hen­ry Pel­latt acabó tan arru­ina­do que ter­minó vivien­do en la casa de su chófer

. La Wind­sor Room fue una habitación des­ti­na­da a acoger a reyes y prince­sas, aunque ningu­na famil­ia real se alo­jó en la Casa Loma

. El mobil­iario de la Oak Room fue elab­o­ra­do por la mis­ma empre­sa que decoró el inte­ri­or del Titan­ic

. Aquí se han roda­do esce­nas de pelícu­las como “Chica­go” o “X‑Men”

. La Casa Loma tenía tan­tos telé­fonos (59) que se recibían más lla­madas que en toda la ciu­dad de Toron­to

. Fue la primera casa pri­va­da del país en ten­er elec­t­ri­ci­dad y ascen­sor pro­pio

Cuan­do acabéis vues­tra visi­ta en la Casa Loma, os acon­se­jo que paséis un rati­to en las escaleras de Bald­win Steps, que están muy cer­ca. Des­de allí ten­dréis unas vis­tas estu­pen­das de la CN Tow­er. El desayuno lo podéis hac­er en una encan­ta­do­ra cafetería donde estu­vi­mos lla­ma­da Coun­try Style.

Queen’s Park

Algo que me encan­ta de los cana­di­ens­es es la impor­tan­cia supre­ma que le dan a la nat­u­raleza. Nece­si­tan ten­er­la bien cer­ca inclu­so vivien­do en ciu­dad. Es por ello que aunque te encuen­tres rodea­do de ras­ca­cie­los, ten por seguro que a no mucha dis­tan­cia siem­pre habrá un gran espa­cio verde. El may­or de todos es High Park (lo que sería Cen­tral Park a Nue­va York) pero a lo largo y ancho de Toron­to hay otros muchos par­ques encan­ta­dores. Uno de ellos es el coque­to Queen’s Park, cer­ca de la Uni­ver­si­dad de Toron­to y con­stru­i­do en hon­or de la reina Vic­to­ria. Allí se encuen­tra la Asam­blea Leg­isla­ti­va de Ontario y algunos memo­ri­ales a bomberos, policías y vet­er­a­nos, entre otros. Sin embar­go, a nosotros lo que más nos llamó la aten­ción fue encon­trarnos a un mon­tón de asiáti­cos tira­dos en el césped prac­ti­can­do Falun Dafa, con­cen­tradísi­mos en su med­itación y ajenos al aje­treo de la gran ciu­dad.

Queen's Park Toronto

Queen's Park Toronto

Yonge Dun­das Square / Yonge Street / Nathan Phillips Square

Si quisiéramos irnos al ver­dadero corazón de Toron­to, como hace­mos cuan­do en España bus­camos la plaza may­or del pueblo, deberíamos comen­zar por aquí. De Yonge Street se decía que era la calle más larga del mun­do al unirse con la High­way 11 de Ontario, por lo que su lon­gi­tud se iba has­ta casi 2.000 kilómet­ros. Pero la real­i­dad es que “sólo” mide 56 kilómet­ros y aca­ba en Bar­rie, ciu­dad que vis­i­taríamos al final de nue­stro via­je.

Yonge-Dun­das Square nos pare­ció la ver­sión cana­di­ense del Times Square de Nue­va York pero algo más pequeñi­ta y sin tan­tos empu­jones de transeúntes. Y eso que es uno de los lugares más tran­si­ta­dos de Canadá debido a su atrac­ti­vo com­er­cial. Aún se puede ver en ella el sím­bo­lo de Sam the Record Man (la que fue la may­or tien­da de dis­cos del país y que des­gra­ci­ada­mente cer­ró sus puer­tas hace más de 15 años). Las fachadas de los edi­fi­cios más impor­tantes están cubier­tas por carte­les de neón, por lo que es aún más lla­ma­ti­va al caer la noche.

Yonge Dundas Square Toronto

 

Toronto Yonge

Sor­prende encon­trarse entre tan­tos ras­ca­cie­los y letreros lumi­nosos una igle­sia angli­cana como la Church of the Holy Trin­i­ty, famosa por la men­tal­i­dad abier­ta de sus feli­gre­ses, que apoy­an abier­ta­mente el mat­ri­mo­nio homo­sex­u­al.

Iglesia Holy Trinity Toronto

Si coge­mos des­de Dun­das Square la calle Bond, lleg­amos a la man­sión geor­giana que sirvió de res­i­den­cia a William Lyon McKen­zie, aquel escocés que fue el primer alcalde de Toron­to. En la mis­ma calle ten­emos el com­ple­jo de St. Michael (hos­pi­tal-escuela-cat­e­dral), donde se realizaron por primera vez algunos logros médi­cos como trans­fusión de san­gre o trasplantes de difer­entes órganos. Al lado la Unit­ed Church cuen­ta con un car­il­lón con más de 50 cam­panas.

Nathan Phillips Square es la plaza cuyo nom­bre hon­ra a un antiguo alcalde de Toron­to y donde el ayun­tamien­to, curiosa­mente, se ubi­ca en un ras­ca­cie­los, el Toron­to City Hall. El antiguo, el Old City Hall, se encuen­tra casi al lado en Bay Street y se car­ac­ter­i­za por las gár­go­las y su curiosa facha­da, con escul­turas car­i­ca­turescas de políti­cos de la época y del pro­pio arqui­tec­to con­struc­tor. La cam­pana de la torre prin­ci­pal pesa más de 5.000 kilos.

Nathan Phillips Square era un hervidero de gente. ¿Y por qué? Pues porque no sólo es la plaza con más activi­dad de Toron­to sino porque con el calo­razo que hacía (vuel­vo a insi­s­tir en que en Canadá en ver­a­no he pasa­do el mis­mo calor que en España), todo el mun­do quería pon­erse a remo­jo en esos chor­ros de agua tan estu­pen­dos. Espe­cial­mente los niños, que se lo esta­ban pasan­do bom­ba. Además, al ser fin de sem­ana se esta­ba cel­e­bran­do un fes­ti­val de comi­das del mun­do y esta­ba todo lleno de puestecitos gas­tronómi­cos: el flu­jo de aro­mas te abría el ham­bre aunque hubieras comi­do hace un par de horas. En invier­no el estanque se suele usar como pista de hielo.

Nathan Phillips Square Toronto
Nathan Phillips Square con el antiguo ayun­tamien­to

Ya que estábamos allí, aprovechamos para dar una vuelta por el Eaton Cen­tre. Un cen­tro com­er­cial gigante, con cer­ca de 300 tien­das, que recibe más vis­i­tantes que cualquier otro lugar de Toron­to: cer­ca de 50 mil­lones de per­sonas al año vienen aquí a hac­er sus com­pras. Paseamos un rato por el inte­ri­or (curiosa esa escul­tura de gan­sos volan­do) y como tenía que com­prarme un biki­ni ya que había olvi­da­do el mío en casa, me fui a ojear la tien­da de Hot Top­ic, que antaño era una de mis mar­cas favoritas pero ulti­ma­mente pare­cen enfo­car sus pro­duc­tos a los críos, con muchas his­to­ri­etas de Dis­ney y super héroes. Recuer­da que aquí en el Eaton tienes wifi gratis.

El Eaton Cen­tre se comu­ni­ca con una pasarela de cristal, para evi­tar salir al exte­ri­or en invier­no, con otro cen­tro com­er­cial, el Hud­son Bay. En Toron­to, debido al frío, existe una larga ciu­dad sub­ter­ránea, el PATH, de 30 kilómet­ros de lon­gi­tud, con mul­ti­tud de com­er­cios para que sus habi­tantes no muer­an con­ge­la­dos cuan­do quier­an ir de com­pras y las tem­per­at­uras sean de var­ios gra­dos bajo cero. Hay más de 125 entradas (seis de ellas conec­tadas con esta­ciones de metro).

Eaton Centro Toronto

Hablan­do de com­pras, si queréis ojear las tien­das más chic de la ciu­dad, con mar­cas como Guc­ci o Tiffany & Co., podéis acer­caros en este área al bar­rio de Bloor Yorkville. Es curioso que en los años 60 fuera un vecin­dario de lo más hip­pie, donde te encon­tra­bas un can­tante folk en cada esquina, y sin embar­go aho­ra esté lleno de bou­tiques pijísi­mas rodeadas de casas victorianas.Aún así, el ambi­ente bohemio han sabido con­ser­var­lo muchos artis­tas locales que expo­nen sus obras en infinidad de galerías. Tam­bién cuen­ta con la curiosi­dad de acoger el may­or museo del mun­do, el Bata Shoe Muse­um… ¡ded­i­ca­do a los zap­atos! Entre sus calza­dos-estrel­la, unas botas de John Lennon o unos zap­atos de tacón de agu­ja de Mar­i­lyn Mon­roe.

En Yonge Street tam­bién se encuen­tra una de las bib­liote­cas más impor­tantes de Canadá, la Toron­to Ref­er­ence Library, con más de mil­lón y medio de volúmenes, así como teatros como el Sony Cen­tre for the Per­form­ing Arts o el Elgin and Win­ter Gar­den The­atre. Este últi­mo es (según dicen ellos) el úni­co “teatro doble” del mun­do ya que tiene dos salas super­pues­tas.

Curiosos mon­u­men­tos

Toron­to se car­ac­ter­i­za por con­tar en su haber con mon­u­men­tos real­mente orig­i­nales. Te mostramos algunos de ellos.

The Pas­ture. Prob­a­ble­mente, el que más me gustó de todos. Se encuen­tra jun­to a la Cana­di­an Pacif­ic Tow­er, en pleno dis­tri­to financiero, rodea­do por los ras­ca­cie­los más altos de la ciu­dad (en un prin­ci­pio estu­vo jun­to a la IBM Tow­er, las pobres vacas no paran de moverse por Toron­to). Siete escul­turas de bronce que creó el artista Joe Fafard y que ado­ran los toron­tianos, que vienen a fotografi­arse con ellas con­tin­u­a­mente: cuan­do se casan, cuan­do cel­e­bran sus cumpleaños, cuan­do las mod­e­los quieren preparar un book orig­i­nal… Las siete vaquitas son entrañables.

The Pasture Toronto

La escul­tura Ris­ing del artista chi­no Zhang Huan se encuen­tra a las puer­tas del Shangri-La, uno de los hote­les más sofisti­ca­dos de Toron­to y donde no nece­si­tarás ser cliente para dis­fru­tar de su acoge­dor salón de té y degus­tar algu­na de sus 60 var­iedades.

Rising Shangri-La Hotel Toronto

Aquí podemos ver Still Danc­ing, un curioso mon­u­men­to inspi­ra­do en el alam­bique y el pro­ce­so de des­ti­lación.

Monumento Still Dancing Toronto

Araña gigan­tesca

Monumento Araña Toronto

Bar­rios étni­cos de Toron­to

Si por algo se car­ac­ter­i­za Toron­to (y Canadá en gen­er­al) es por su envidi­a­ble mul­ti­cul­tur­al­i­dad. Da gus­to via­jar por un país en el que viv­en gente de todas las razas y orí­genes geográ­fi­cos que se mez­clan entre ellos sin ningún tipo de prob­le­mas. La may­oría de los asiáti­cos con los que te cruzarás son más cana­di­ens­es que nadie, con famil­ias que lle­van un mon­tón de gen­era­ciones vivien­do aquí. Canadá ha inver­tido mil­lones de dólares en cam­pañas para luchar con­tra la xeno­fo­bia y no hay nada que les pro­duz­ca más rec­ha­zo que un racista. Se han cumpli­do 30 años des­de que se instau­rara la Ley del Mul­ti­cul­tur­al­is­mo, que garan­ti­za la no dis­crim­i­nación de las minorías étni­cas y que fomen­ta la tol­er­an­cia y el respeto. Y eso les engrandece como país. Mucho. Por ese moti­vo en Toron­to podrás encon­trar bas­tantes bar­rios étni­cos aparte de Chi­na­town. Vamos a recomen­darte algunos de los más intere­santes.

Greek­town: La comu­nidad grie­ga se agru­pa al este del cen­tro de Toron­to, más conc­re­ta­mente en Dan­forth. Los mejores restau­rantes para degus­tar unos riquísi­mos gyros o una mousak­ka y mul­ti­tud de tien­das donde venden que­so feta y paste­les ate­niens­es. Lejos han queda­do los tiem­pos en que se vivieron las protes­tas anti­grie­gos y hoy en día es uno de los gru­pos étni­cos más inte­gra­dos de la ciu­dad. A medi­a­dos de cada mes de Agos­to se cel­e­bra el fes­ti­val gas­tronómi­co Taste of the Dan­forth, donde aparte de la degustación de comi­das típi­cas, tocan gru­pos grie­gos y hay exhibi­ciones de dan­za y bailes folk­lóri­cos. Te lla­mará la aten­ción ver que las señales de las calles están escritas en griego y que, no podía ser de otra for­ma, los col­ores que pre­dom­i­nan son el blan­co y el azul.

Lit­tle India: A este bar­rio ubi­ca­do en Ger­rard Street se le conoce tam­bién como Ger­rard India Bazaar o Lit­tle Pak­istan y agru­pa más de un cen­te­nar de tien­das. Los hindúes comen­zaron a lle­gar a prin­ci­p­ios de 1970, cuan­do se empezaron a proyec­tar en el East­wood The­atre pelícu­las indias y pak­istaníes, y actual­mente viv­en cer­ca de 5.000 aquí. Se orga­ni­zan un par de fes­ti­vales al año (el Fes­ti­val of South Asia en Julio y el Diwali en Noviem­bre). Además, podrás com­prar Cds de músi­ca de Bol­ly­wood  en el Bol­ly­wood Music Cen­tre, espe­cias en Kohi­noor Foods o admi­rar obras de artis­tas locales en un par de galerías.

Kore­atown: Los core­anos comen­zaron a con­cen­trarse en Bloor Street a finales de los años 60 y hoy Toron­to cuen­ta con la may­or comu­nidad core­ana del mun­do: 50.000 almas. Aunque este vecin­dario tam­bién cono­ci­do como Lit­tle Korea ha vis­to como algunos de sus res­i­dentes se han muda­do a otras partes de la ciu­dad, los nego­cios core­anos siguen sien­do la tóni­ca habit­u­al. Hay pastel­erías espe­cial­izadas como Hodo Kwa­ja, tien­das donde hac­erte con posters de K‑Pop y papel­ería core­ana (des­de agen­das a bolí­grafos hort­eras, que hay que ver lo que les gus­ta a los core­anos el mate­r­i­al de ofic­i­na), el P.A.T. Cen­tral Super­mar­ket (espe­cial­iza­do en gas­tronomía de Corea ¿donde, si no, ibas a encon­trar kim­chi o sal­sa bul­go­gi?) e inclu­so karaokes. No obstante, podréis dis­fru­tar de otros “rin­cones core­anos” en la ciu­dad como el pub Miss Korea, espe­cial­iza­do en licor soju, el Cafe Princess o Gal­le­ria (los tres en Yonge Street) y la bar­ba­coa core­ana del Pig­gy’s Restau­rant.

Lit­tle Tehran: Su pro­pio nom­bre ya lo indi­ca, es aquí donde vive la comu­nidad iraní. Entre Finch y Stee­les, en la sec­ción de Yonge Street. Jus­to al ladi­to del norte de Kore­an Town. En este pequeño área de ape­nas un kilómetro todo gira en torno a la Iran­ian Plaza: jus­to ahí se encuen­tra Super Arzon, el super­me­r­ca­do abier­to las 24 horas donde venden todas las del­i­catessen traí­das expre­sa­mente de Irán (hay otro gran super­me­r­ca­do iraní, el Kho­rak). Podrás com­er allí mis­mo menús baratísi­mos que incluyen platos típi­cos como sabzi o bamieh. En el establec­imien­to de al lado, Altona Kabob, se espe­cial­izan en kebabs y en el BB Cafe en pastel­ería iraní, donde pre­dom­i­na el pis­ta­cho. En los alrede­dores tam­bién hay un buen puña­do de restau­rantes per­sas.

Por­tu­gal Vil­lage: Nos llamó mucho la aten­ción des­cubrir la can­ti­dad de por­tugue­ses que viv­en en Toron­to. La may­oría lo hacen al oeste del cen­tro, en Dun­das Street. Curiosa­mente tam­bién viv­en bas­tantes brasileños, suponemos que por la unión del idioma. A Oss­ing­ton Avenue los veci­nos la cono­cen como Rua Açores: más de 60.000 toron­tianos recono­cen el por­tugués como su idioma mater­no. En el pasa­do fueron muchos los inmi­grantes de las islas Azores que vinieron a Canadá y en el aerop­uer­to sor­prendía ver como Azores Air­lines era una de las com­pañías con más movimien­to. Cada vez son más los cana­di­ens­es que van a Por­tu­gal de vaca­ciones. En Por­tu­gal Vil­lage (o Lit­tle Por­tu­gal) abun­dan las chur­rasqueiras, los restau­rantes donde se sirve pulpo y sar­di­nas y las taber­nas donde el vino de Opor­to es el rey.

Lit­tle Poland: Si nos sor­prendió la pres­en­cia de tan­to por­tugués en Toron­to, más lo hizo la de pola­cos. La comu­nidad lle­ga­da de Polo­nia vive en el bar­rio de Ron­ces­valles, al este de High Park. Aquí tienen has­ta un mon­u­men­to en hon­or del Papa Juan Pablo II. Hay var­ios restau­rantes pola­cos donde la espe­cial­i­dad son los piero­gi (ya os con­ta­mos lo ricos que están en nue­stro via­je a Polo­nia ): los mejores son Cafe Polonez y Zaglo­ba. Buen sur­tido de pastel­erías pola­cas y super­me­r­ca­dos espe­cial­iza­dos como Starsky, donde los letreros  con el “mówimy po pol­sku” (se habla pola­co) son lo habit­u­al. En la bib­liote­ca munic­i­pal hay un mon­tón de libros en dicho idioma y cada año se cel­e­bra un Pol­ish Fes­ti­val, el may­or even­to pola­co de Norteaméri­ca.

Lit­tle Italy: En Col­lege Street nació el bar­rio ital­iano a prin­ci­p­ios del siglo XX. Actual­mente aquí se encuen­tran los mejores restau­rantes ital­ianos de Toron­to, como la Trat­to­ria Tav­er­ni­ti, Il Gat­to Nero o la Bir­re­ria Bolo, con muchas cervezas de importación. No podían fal­tar los hela­dos ital­ianos (en Dolce Gela­to e Cafe tienen 60 sabores difer­entes) ni el café ital­iano en el Sicil­ian Side­walk.  Como curiosi­dad, comen­tar que existe un Ital­ian Walk of Fame, con 25 estrel­las ded­i­cadas a per­son­ajes famosos ital­ianos, y que aquí se rodaron esce­nas de “Loca acad­e­mia de policía”.

Lit­tle Mal­ta: Aunque cueste creer­lo, en Toron­to tam­bién tienen un pequeño bar­rio maltés. Después de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, Toron­to recibió a miles de inmi­grantes mal­te­ses que bus­ca­ban ini­ciar una nue­va vida. La may­oría viv­en en este pequeño bar­rio cono­ci­do tam­bién como The Junc­tion y otros en un minús­cu­lo área cer­ca de Dun­das Street, por lo que en real­i­dad no hay un Lit­tle Mal­ta sino dos.

Chi­na­town

Ya hace un tiem­po dediqué un artícu­lo a los mejores bar­rios chi­nos del mun­do . El Chi­na­town de Toron­to es uno de los may­ores del plan­e­ta y se encuen­tra cer­ca de Spad­i­na Avenue (la para­da de metro más cer­cana es St. Patrick pero tam­bién pasan los tran­vías 504 y 506). Cada año viv­en dos de las cel­e­bra­ciones más mul­ti­tu­di­nar­ias de la ciu­dad, la del Toron­to Chi­na­town Fes­ti­val, que lle­va 18 edi­ciones y que en la últi­ma recibió 100.000 vis­i­tantes en sólo un fin de sem­ana, y la del Año Nue­vo Chi­no.

Barrio Chino Toronto

Chi­na­town nació en 1870 cuan­do una famil­ia chi­na instaló el primer nego­cio asiáti­co del bar­rio: una lavan­dería. Sam Ching era su propi­etario y tam­bién el primer chi­no que aparecía en el listín tele­fóni­co. Cin­cuen­ta años más tarde ya había más de cien restau­rantes chi­nos en esta zona, pese a que movimien­tos xenó­fo­bos habían inten­ta­do impon­er una ley que impi­diera a las mujeres blan­cas tra­ba­jar en ellos. Es lo que suele ocur­rir cuan­do alguien comien­za a ganar dinero: siem­pre habrá al lado un grupo de envidiosos tratan­do de evi­tar­lo con medioc­res argu­cias. Pero la lle­ga­da de asiáti­cos (y todo lo bueno que con ellos traían, que era mucho) era impa­ra­ble.

Aunque debe­mos mati­zar que aquel primer Chi­na­town se encon­tra­ba donde aho­ra está Nathan Phillips Square y que este segun­do Chi­na­town se trasladó aquí debido a los nuevos planes urbanís­ti­cos del ayun­tamien­to. Antes se encon­tra­ba aquí el antiguo bar­rio judío, como ates­tigua el hecho de que aún se puedan ver sin­a­gogas como la de aquí aba­jo, la sin­a­goga Anshei Mink, con­stru­i­da por judíos lle­ga­dos de Rusia.

Sinagoga Anshei Mink Toronto

Los judíos pos­te­ri­or­mente se mudaron a Bathurst Street, donde empezaron a lle­gar oleadas de judíos rusos, ucra­ni­anos y geor­gianos, sobre todo a par­tir de la dis­olu­ción de la Unión Soviéti­ca, por lo que se conoce al área como Lit­tle Moscow. En Chi­na­town poco a poco la población comen­zó a cre­cer (no sólo lle­ga­ban chi­nos sino tam­bién inmi­grantes de Sin­ga­pur, Tai­wan o Fil­ip­inas), has­ta el pun­to de que hoy en día es uno de los bar­rios más ani­ma­dos de Toron­to y espe­cial­mente los fines de sem­ana está has­ta arri­ba de gente. Prin­ci­pal­mente porque si hay algo que se les dé bien a los chi­nos es com­er­ciar y aparte de dos cen­tros com­er­ciales, el Drag­on City Mall y el Chi­na­town Cen­tre, las calles están inun­dadas de tien­das de todo tipo. Des­de sou­venirs (los más baratos de Toron­to, aquí: ya sabes donde com­prar los recuer­dos para ami­gos y famil­iares) a hier­bas med­i­c­i­nales, pro­duc­tos de ali­mentación, ropa, incien­so o libros y revis­tas escritos en chi­no. Y mucho salón de masajes y acupun­tu­ra. Pero locales y tur­is­tas no vienen a Chi­na­town sólo a com­prar sino tam­bién a com­er. La ofer­ta culi­nar­ia abru­ma: es un restau­rante detrás de otro.

Barrio Chino Toronto

Escaparates donde cuel­gan los patos laque­a­d­os y se expo­nen ban­de­jas rebosantes de dumplings. ¿El mejor dim sum de Toron­to? Aquí. ¿Las más sabrosas sopas viet­na­mi­tas? Aquí. ¿Ham­bur­gue­sas en baos como la ham­baoger? Aquí tam­bién. Nue­stro paraí­so gas­tronómi­co par­tic­u­lar pasó a ser el restau­rante Ajisen Ramen, donde fuimos inca­paces de con­tar la can­ti­dad de vari­antes de ramen que tenían. Nos gustó tan­to que fuimos a com­er un par de veces.

 

 

A oril­las del par­que Trin­i­ty Bell­woods (donde todos los martes por la tarde se orga­ni­za un mer­cadil­lo de comi­da ecológ­i­ca) ten­emos una de las zonas que más me gustó en Toron­to, la de Queen Street West. Un bar­rio que en los 80 goz­a­ba del mis­mo ambi­ente bohemio que se res­pira­ba en Haight-Ash­bury en San Fran­cis­co, con músi­cos calle­jeros y un mon­tón de clubs donde comen­z­a­ban a hac­er sus primeros pini­tos las nov­e­l­es ban­das de punk. Poco a poco empezaron a insta­larse aquí los estu­di­antes, que ayu­daron a man­ten­er el espíritu rockero de Queen y de hecho aún se mantienen los estu­dios de Much Music, la ver­sión cana­di­ense de la MTV (aunque esta cade­na nació bas­tante antes). Jus­to al lado se encuen­tran otros famosos estu­dios, los del City TV Com­plex, cuyo coche emergien­do de la facha­da ya es todo un clási­co.Queen Street West

City TV Complex Toronto

A Queen West se le con­sid­era el bar­rio más trendy de la ciu­dad, lleno de pequeñas tien­decitas regen­tadas por dis­eñadores locales. Fue uno de los lugares donde hici­mos más com­pras ya que yo llev­a­ba ano­tadas un par de tien­das y menudo des­cubrim­ien­to: camise­tas chulísi­mas de algu­nas de mis pelis favoritas de los 80 por ape­nas 6 dólares cada una. Vamos, que nos gustó tan­to el sitio que a la vuelta en Toron­to al final del via­je regre­samos para com­prar más. Hici­mos una para­da en el Bar Hop para pro­bar algu­nas de sus cervezas arte­sanales (muy recomend­able): increíble el ambi­en­ta­zo que había pese a que eran sólo las cua­tro de la tarde.

Kens­ing­ton Mar­ket

Sin lugar a dudas, uno de los rin­cones más encan­ta­dores de Toron­to. Con­sid­er­a­do Sitio Históri­co Nacional y uno de los vecin­dar­ios más antigu­os de Toron­to, Kens­ing­ton es un entrañable bar­rio de boni­tas casas vic­to­ri­anas, col­ori­dos edi­fi­cios de una plan­ta y pla­ga­do de murales en espa­cios públi­cos. Lo ide­al es recor­rer estos pequeños calle­jones el últi­mo domin­go del mes (de Mayo a Octubre), que es cuan­do se veta la entra­da a los coches y la zona se con­vierte en peaton­al.

Kensington Market Toronto

Si antigua­mente solían vivir aquí los inmi­grantes irlan­deses y tam­bién los judíos (quienes dejaron de heren­cia algu­nas sin­a­gogas), aho­ra lo hacen artis­tas y mat­ri­mo­nios jóvenes. Fueron pre­cisa­mente los judíos los que implan­taron la cos­tum­bre de situ­ar sus tien­das y nego­cios en los bajos de sus hog­a­res, tradi­ción que se ha man­tenido has­ta aho­ra. Son cien­tos las tien­das que venden des­de ropa de segun­da mano a bisutería, que­so fres­co o pan recién hecho. Su cara mul­ti­cul­tur­al que­da patente en las dece­nas de restau­rantes de gas­tronomía de todo el mun­do, com­pi­tien­do unos con otros por el pla­to más orig­i­nal. Has­ta hay un restau­rante, el Pow Wow, regen­ta­do por indí­ge­nas cana­di­ens­es que mues­tran a los clientes sus rec­etas. Hay un pequeño par­quecito, el Belle­vue Square Park, donde si el tiem­po acom­paña puedes mar­carte un pic­nic impro­visa­do, y un mer­cadil­lo, el Kens­ing­ton Mar­ket Air Fair, donde los arte­sanos venden sus últi­mas crea­ciones, por lo que podrás lle­varte un rega­lo de lo más orig­i­nal.

Hay un even­to bas­tante curioso a finales de Diciem­bre, el Win­ter Sol­stice Fes­ti­val, donde se cel­e­bra el sol­sti­cio de invier­no con un espec­tácu­lo que mon­tan la gente de Red Pep­per Spec­ta­cle Arts. Durante todo ese mes imparten cur­sil­los donde enseñan a fab­ricar lin­ter­nas de papel y la “noche grande” paya­sos, bailar­ines, con­tor­sion­istas y títeres gigantes toman las calles para cul­mi­nar con una per­for­mance de fuego en Alexan­dra Park.

Har­bourfront

El paseo marí­ti­mo de Toron­to, a oril­las del Lago Ontario, es ide­al para ir a pasear por la tarde. Es uno de los lugares más ani­ma­dos de la ciu­dad, con infinidad de tien­das, restau­rantes y cerve­cerías. En ver­a­no son comunes durante los fines de sem­ana los concier­tos gra­tu­itos al aire libre y en invier­no se insta­la una pista de hielo, tam­bién de uso gra­tu­ito. La Queen’s Quay Ter­mi­nal, un viejo almacén de mer­cancías, ha sido reha­bil­i­ta­da para con­ver­tir­la en un com­ple­jo com­er­cial y refle­ja bas­tante bien el aire mod­er­no que se le ha queri­do imprim­ir al puer­to (que, des­de luego, poco tiene que ver con esos viejos puer­tos donde imper­a­ba el olor a pesca­do). Todo des­ti­la un aro­ma chic, des­de los yates atra­ca­dos en la oril­la a los blo­ques de aparta­men­tos de lujo o las chi­cas que en biki­ni y pareo se pasean con una copa de vino en la mano.

Puerto Toronto

Al lado del puer­to se encuen­tra el HTO Park, una playa de are­na donde no está per­mi­ti­do el baño pero podrás regalarte un rati­to de relax bajo algu­na de sus som­bril­las. Otra playa sim­i­lar, no muy lejos, es Sug­ar Beach. En esta últi­ma durante una sem­ana en Agos­to se ofre­cen proyec­ciones gra­tu­itas de pelícu­las.

Jus­to enfrente del puer­to se encuen­tran las Toron­to Islands, un pequeño grupo de islas a las que se puede acced­er en fer­ry. Los bar­cos salen, con una fre­cuen­cia aprox­i­ma­da de uno cada 15 min­u­tos, des­de la ter­mi­nal Jack Lay­ton, cer­ca de Bay Street, y el tick­et de ida y vuelta cues­ta unos 8 dólares. Estos lle­van a tres islas (Cen­tre, Han­lan y Ward); las tres están conec­tadas entre sí por lo que podrás recor­rerlas sin prob­le­mas. Aquí ape­nas vive gente, sólo hay unas 300 casas, por lo que está con­sid­er­a­do un área res­i­den­cial. No hay mucho que hac­er aparte de pasear por sus par­ques, alquilar una bici­cle­ta o un kayak o darse un baño en las playas pero ofre­cen una de las mejores vis­tas del sky­line de Toron­to.

Vis­tas del sky­line

Otro de los lugares des­de donde puedes dis­fru­tar de esa mar­avil­losa silue­ta de ras­ca­cie­los que brin­da el down­town es des­de el Toron­to Har­bour Pier 35. Este de aquí aba­jo es el resul­ta­do.

Toronto skyline

Ya que estábamos allí, aprovechamos para com­er en el T&T Super­mar­ket, un super­me­r­ca­do asiáti­co gigan­tesco en el que tam­bién ofrecían comi­da prepara­da al peso que podías tomarte en una ter­raza al solecito. Nos pusi­mos tibios de sushi, gyozas y comi­da chi­na por unos 7 dólares por cabeza.

CN Tow­er

Es la torre más alta de Améri­ca y la quin­ta del mun­do. Sus 555 met­ros se pueden divis­ar des­de casi cualquier pun­to del down­town. En su parte supe­ri­or cuen­ta con un mirador y un restau­rante gira­to­rio, el 360, que tar­da hora y cuar­to en dar una vuelta com­ple­ta.

CN Tower Toronto

Cer­ca de la CN Tow­er se encuen­tra la igle­sia de St. Andrew, una de las más boni­tas de Toron­to

Iglesia Saint Andrew Toronto

En esta zona puedes acer­carte pase­an­do a ver el Roy Thom­son Hall, sede de la Orques­ta Sin­fóni­ca, con capaci­dad para más de 2.000 espec­ta­dores y donde se cel­e­bra anual­mente el Toron­to Film Fes­ti­val. Cer­ca está el Walk of Fame, al esti­lo de Hol­ly­wood, con estrel­las ded­i­cadas a cele­bri­dades cana­di­ens­es como Celine Dion, Jim Car­rey, Bren­dan Fras­er, James Cameron o Pamela Ander­son. No nos extraña que hayan ubi­ca­do aquí este paseo de la fama ya que es donde se con­cen­tran bue­na can­ti­dad de teatros como el Roy­al Alexan­dra o el Prince of Wales.

Dis­tillery Dis­trict

Otro de los lugares más encan­ta­dores de Toron­to es este viejo bar­rio en el que 50 edi­fi­cios de la des­til­ería Good­er­ham & Wots se trans­for­maron en una deli­ciosa zona peaton­al. Esta des­til­ería de whisky, que llegó a ser la más grande del mun­do, acabó cer­ran­do final­mente en los años 90. Pero era tan boni­ta a niv­el arqui­tec­tóni­co, con esos impac­tantes edi­fi­cios de esti­lo indus­tri­al vic­to­ri­ano, que se decidió preser­var­la, recu­per­ar­la en el año 2003 y con­ver­tir­la en un área com­er­cial donde no ten­drían cabi­da las fran­qui­cias y sí las bou­tiques y las cafeterías con encan­to ¡qué acer­ta­da elec­ción!

Distrito Destilerias Toronto

Su calle prin­ci­pal es Trin­i­ty Street, a cuyo alrede­dor se agru­pan las tien­decitas donde podrás adquirir des­de obras de arte indí­ge­na has­ta joyas. Como no podía ser de otra for­ma, tam­bién hay unos cuan­tos pubs con una bue­na selec­ción de cervezas y vinos e inclu­so uno espe­cial­iza­do en sake japonés. Hay además una dece­na de restau­rantes (con pre­cios algo ele­va­dos, eso sí) y has­ta un teatro, el Soulpep­per. Para tomaros un deli­cioso choco­late calen­ti­to, os recomen­damos el Cacao 70, qué lugar más acogedor.Y recuer­da que cada domin­go a mediodía se con­gre­gan unos cuan­tos arte­sanos locales para vender sus pro­duc­tos (miel, choco­late, mer­me­ladas…) y puedes recor­rer el Dis­tillery Dis­trict en un tour orga­ni­za­do de 60 min­u­tos donde te con­tarán con todo lujo de detalles la his­to­ria de este bar­rio.

Distrito Destilerias Toronto Canada

Tem­p­lo Shri Swami­narayan Mandir

Ya sabéis lo mucho que me gus­ta Asia. Por eso no puedo evi­tar bus­car rin­cones asiáti­cos escon­di­dos en las ciu­dades occi­den­tales. Y con la de gente con ascen­den­cia asiáti­ca que vive en Canadá, no lo teníamos com­pli­ca­do. Uno de los lugares que llev­a­ba apun­ta­do en la agen­da como “¡impre­scindible no irme sin ver­lo!” era el tem­p­lo hindú Shri Swami­narayan Mandir. No es muy pop­u­lar entre los tur­is­tas (la may­oría de ellos descono­cen su exis­ten­cia) y unido ello a que se encuen­tra a las afueras de la ciu­dad, com­prendi­mos al instante por qué allí sólo había hindúes ¡qué gua­pas ellas con sus saris de col­ores!

Templo Shri Swaminarayan Mandir Toronto

El may­or tem­p­lo hin­duista del país fue con­stru­i­do en un  tiem­po record (año y medio) con már­mol de Car­rara y roca rosa­da de la India. Y no se uti­liza sólo para rit­uales reli­giosos, tam­bién acoge even­tos como galas en las que se reco­gen fon­dos para actos de benef­i­cen­cia o fes­te­jos para cel­e­brar cada año el Día Inter­na­cional de la Mujer. Es uno de los lugares más curiosos de Canadá, así que te recomien­do que lo incluyas en tu itin­er­ario sí o sí. Se puede vis­i­tar de 09:00 a 18:30.

Round­house Park

Cer­ca del puer­to, en pleno cen­tro de Toron­to, está este pequeño par­que que ocu­pa los ter­renos de las antiguas Rail­way Lands, por lo que se ha aprovecha­do para insta­lar un museo que explo­ra la his­to­ria del fer­ro­car­ril cana­di­ense y expone vie­jas loco­mo­toras y colec­ciones de trenes en miniatu­ra. Tam­bién se ha con­ser­va­do una antiquísi­ma estación, la de Pacif­ic.

Trenes Toronto

Con­se­jos

😈 ¿Quieres ahor­rarte la entra­da a cier­tos museos? Entonces recuer­da que en la Art Gallery of Ontario, con una de las may­ores colec­ciones de arte mod­er­no de Canadá, el acce­so es gra­tu­ito de 18:00 a 20:30. Así mis­mo, el Roy­al Ontario Muse­um ofrece entra­da a pre­cio reduci­do los viernes (12 dólares) y el Tex­tile Muse­um tiene los miér­coles de 17:00 a 20:00 la opción de pay what you can (es decir, pagar la vol­un­tad).

😈  Si te gus­tan los mer­ca­dos, prue­ba a pasar un par de horas en St. Lawrence Mar­ket, al que en el año 2012 Nation­al Geo­graph­ic con­cedió el títu­lo de Mejor Mer­ca­do de Ali­men­tos del Mun­do. Era donde venían a com­er­ciar los granjeros y agricul­tores a prin­ci­p­ios del siglo XIX y doscien­tos años después la tradi­ción con­tinúa. Se encuen­tra en un pre­cioso edi­fi­cio de Front Street y se dice de él que es el mejor lugar de Toron­to para com­er marisco y pesca­do fres­co. Los domin­gos orga­ni­zan el Sun­day Antique Mar­ket, donde podrás hac­erte con bas­tantes antigüedades.

😈 ¿Via­jas a Toron­to en invier­no? Entonces estás de suerte porque podrás ir a ver algún par­tido de los Maple Leafs, el equipo de hock­ey sobre hielo, una autén­ti­ca insti­tu­ción. Los cana­di­ens­es ado­ran este deporte, has­ta el pun­to de que en Toron­to está el Hock­ey Hall of Fame, un museo ded­i­ca­do al hock­ey. Frente al esta­dio de los Maple Leafs, el Air Cana­da Cen­tre, se encuen­tra esta pre­ciosa escul­tura que les hom­e­na­jea.

Estatua Hockey Toronto

😈 En una esquina de Yonge-Dun­das Square tienes las taquil­las de ToTix, donde ofre­cen entradas con des­cuen­to para espec­tácu­los de ese mis­mo día. Eso sí, men­talízate que las colas son de órda­go.

😈 En los Botan­i­cal Gar­dens, de Mayo a Sep­tiem­bre, hay tours gra­tu­itos de 90 min­u­tos los martes a las 10:00 y los jueves a las 18:00.

😈 El equipo de base­ball de Toron­to son los Blue Jays: si tu visi­ta es a par­tir de otoño, podrás pil­lar algún par­tido en el Rogers Cen­tre, con capaci­dad para 53.000 espec­ta­dores. Tam­bién puedes acer­carte a Dia­mond Beach en Eto­bi­coke para que te den clases de base­ball por sólo 3,50 dólares la sesión.

😈 Entre finales de Junio y Sep­tiem­bre en Yonge-Dun­das Square se cel­e­bran los Indie Fri­days, con concier­tos gratis cada viernes.

😈 Si lo tuyo es la comi­da asiáti­ca, después de Chi­na­town la mejor se encuen­tra en Finch Avenue. Una calle larguísi­ma donde se amon­to­nan los restau­rantes viet­na­mi­tas, japone­ses, tai­wane­ses, chi­nos y core­anos. Una goza­da: cenaría allí cada noche.

😈 Dis­fru­ta del street art de Toron­to: la ciu­dad está llena de murales calle­jeros. Los mejores se encuen­tran en Graf­fi­ti Alley cer­ca de la calle Rich­mond, en Kens­ing­ton Mar­ket, en el park­ing de la Keele Sta­tion y en Park­dale.

Murales Toronto

😈 El mejor sou­venir que puedes lle­varte es un inuk­shuk, ese mon­tícu­lo de piedras tan típi­co de los indí­ge­nas y que podía servir para mar­car rutas de via­je o lugares de cul­to. En Toron­to inclu­so hay uno grandísi­mo en el Toron­to Inuk­shuk Park.

😈 ¿Te gus­tan los mer­cadil­los calle­jeros? En Toron­to hay bas­tantes. Algunos de los más intere­santes son el Dr. Flea’s Mar­ket en Eto­bi­coke (fines de sem­ana en High­way 27 y Albion Road), el Downsview Park Mer­chants Mar­ket (fines de sem­ana en Carl Hall Road), Toron­to West­on Flea Mar­ket (fines de sem­ana en Old West­on Road) y el Park­dale Flea Mar­ket (el segun­do domin­go de cada mes en Queen West Street).

😈 A los cana­di­ens­es les pir­ra com­er y por eso son tan pop­u­lares los fes­ti­vales gas­tronómi­cos en ver­a­no. Con un poco de suerte, tal vez coin­ci­das con el Taste of Asia, el Carib­ana o el Panamer­i­can Food Fes­ti­val. En Agos­to se cel­e­bra el Toron­to Food Truck Fes­ti­val, con un mon­tón de foodtrucks en el Wood­bine Park, y entre Julio y Sep­tiem­bre el World Café en el puer­to.

😈 Dis­fru­ta de los par­ques: hay muchísi­mos. El ver­a­no es el momen­to ide­al para tum­barse sobre la hier­ba o com­er al aire libre. El may­or de todos es High Park pero hay otros como Canoe Land­ing, Don Riv­er Val­ley  o Riverdale que bien deman­dan una visi­ta.

Parques Toronto

😈 Los que améis el cine, podréis recor­rer sobre la mar­cha algunos de los esce­nar­ios calle­jeros donde se han roda­do pelícu­las como “Las vír­genes sui­ci­das”, “Amer­i­can Psy­cho”, “El increíble Hulk” o “Hair­spray”.

😈 Con la tar­je­ta Toron­to City Pass te hacen un mon­tón de des­cuen­tos en entradas a mon­u­men­tos y atrac­ciones (por ejem­p­lo, en la visi­ta a la CN Tow­er te ahor­ras 10 dólares). Puede uti­lizarse durante 9 días a par­tir del primer uso. En la pági­na Attrac­tions Ontario tam­bién ofre­cen cupones.

😈 Los martes ver una pelícu­la en los cines Hum­ber o Car­leton sólo cues­ta 5 dólares.

😈 Ya te hablare­mos en su momen­to de la visi­ta a las Cataratas del Nia­gara, a las que fuimos en coche. Pero si quieres ir en trans­porte públi­co, tienes trenes direc­tos con ViaRail .

😈 Aunque la cade­na de cafeterías de Tim Hor­tons ya ha lle­ga­do a España, lo suyo es que vayas algún día a desayu­nar en alguno de sus establec­imien­tos en Canadá. Ten­drás para ele­gir ya que tienen más de 3.000 locales repar­tidos por todo el país.


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3 Comments

  1. Canadá es uno de mis sueños via­jeros, y me has deja­do claro que debo ir a Toron­to sí o sí. Qué pasa­da de ciu­dad.
    Lo de las vacas me ha deja­do muer­ta… XD

  2. Mil y un Viajes por el Mundo

    at

    En mi caso ha sido mi segun­do via­je a Canadá y a niv­el ciu­dades Toron­to, jun­to a Que­bec, fue lo que más me gustó. Es una ciu­dad que engan­cha ¡aní­mate a cono­cer­la cuan­to antes!

  3. Es una cuidad bel­lísi­ma

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