Viajar a Venecia: rutas, consejos y sugerencias

Comen­zaré esta entra­da de blog con este resumen: por muchas veces que la hayas vis­to por tele­visión, en fotografías, por mucho que te hayan con­ta­do, la belleza de Vene­cia supera todo lo imag­in­able. Pero, sobre todo, es román­ti­ca has­ta unos nive­les insospecha­dos. Si puedes recor­rerla con tu pare­ja, como hici­mos nosotros, te ase­guro que la dis­fru­tarás el doble.

Veníamos des­de Roma y teníamos la posi­bil­i­dad de hac­er­lo en bus (muchas horas), tren (muy caro) y avión (lo más rápi­do y económi­co, poco más de 40 euros el trayec­to), asi que opta­mos por esta últi­ma opción. Hora y cuar­to de trayec­to con Ali­talia y ater­rizábamos en el aerop­uer­to de Mar­co Polo, donde mi con­se­jo es que antes de irte a la ciu­dad, pas­es por los mostradores de trans­porte públi­co y te hagas con la Trav­el Card. A pri­ori puede pare­cer cara (cogi­mos la de 3 días, 48 euros) pero a nosotros nos com­pen­só, ya que nos cubría el trayec­to des­de y hacia el aerop­uer­to, auto­bus­es y, sobre todo, vaporet­tos (los bar­co-bus­es), que fue lo que más usamos. Si tienes en cuen­ta que cada bil­lete indi­vid­ual sale por 7 euros, echa cuen­tas. Y por favor, no hagáis la insen­satez de colaros, que es algo muy habit­u­al entre los tur­is­tas: nosotros vimos un mon­tón de revi­sores en los vaporet­tos y la mul­ta que te cae no es pequeña.

Alo­jarse en Vene­cia es inclu­so más caro que Roma: un hotel muy nor­mal­i­to, tiran­do a viejo y con muchas caren­cias, no te va a bajar de 150 euros. Mi recomen­dación es que hagais como nosotros y busqueis alo­jamien­to en Mestre. Está a sólo diez min­u­tos de la isla de Vene­cia en auto­bús (no se tar­da nada) y es una zona muy agrad­able para quedarse, sin avalan­chas de tur­is­tas. En nue­stro hotel no se oía por la noche ni una mosca y teníamos a dos min­u­tos el auto­bús que nos llev­a­ba a Vene­cia (línea 12) y al aerop­uer­to (línea 15). Es muy bue­na opción aunque te sal­ga el vue­lo tem­pra­no ya que los bus­es para el aerop­uer­to a par­tir de las 06,30 ya están fun­cio­nan­do (si volvéis un domin­go, como nosotros, pasa a las 07,15, tar­das un cuar­to de hora al aerop­uer­to).

El hotel donde estu­vi­mos fue el Hotel Delle Rose (Via Mil­lo­se­vich 46). Nos sal­ió la habitación doble por 85 euros cada noche con desayuno buf­fet incluí­do. El per­son­al del hotel, ama­bilísi­mo, nos dieron un mon­tón de indi­ca­ciones. Todo muy limpio, ubi­cación estu­pen­da y además tienes muy cerqui­ta un super­me­r­ca­do enorme. Nosotros aprovechamos por ejem­p­lo para com­prar allí paque­tes de pas­ta ital­iana para traer­nos a España,a pre­cios nor­males, no como en las tien­das de Vene­cia, donde la bol­sa de medio kilo suele costar seis euros. Ese es otro tema que avi­so: en gen­er­al Vene­cia es una ciu­dad muy cara pero como veis, ya voy dan­do con­se­jos para que os vayáis ahor­ran­do diner­i­to.

Gran Canal Venecia

La may­oría de los auto­bus­es van a dejarte en Piaz­za­le Roma, el últi­mo lugar al que se puede lle­gar a Vene­cia por car­retera. A par­tir de ahí, mi con­se­jo es que lo primero, lleves un mapa porque Vene­cia es un laber­in­to de calle­jones y recov­ecos (muchas calles no tienen más de metro y medio de ancho). Lo segun­do, que aunque lleves una ruta más o menos traza­da, a menudo te olvides de ella y te dediques a dejarte lle­var. Calle­jear y perder­se fue lo que hici­mos durante todo el via­je: es la úni­ca man­era de encon­trarse con tesoros escon­di­dos que no te esperas.

Aunque Vene­cia ten­ga un total de 120 islas, sólo hay una que se denomine plaza, la de San Mar­cos, que es con la que comen­zare­mos el rela­to. Todo lo demás, plazas más o menos grandes, se denom­i­nan cam­pos o campiel­li pre­cisa­mente porque en la antigüedad se uti­liz­a­ban estos espa­cios abier­tos como cam­po de cul­ti­vo. Aún así, algunos son enormes y todos tienen en común la atmós­fera tan embria­gado­ra que los impreg­na: son rin­cones abso­lu­ta­mente úni­cos.

La Plaza de San Mar­cos es uno de los lugares que he esta­do a niv­el mundi­al donde más tur­is­tas lle­gan a con­cen­trarse por metro cuadra­do. Si Roma es turís­ti­ca, Vene­cia lo es aún más: suma a los tur­is­tas que van unos días a la ciu­dad los que lle­gan a la isla en uno de esos cruceros por el Mediter­rá­neo que tienen aquí su pun­to de sal­i­da y lle­ga­da y dejan a sus pasajeros unas horas en la ciu­dad. Por cier­to, que el ayun­tamien­to local en los últi­mos meses ha esta­do deba­tien­do con ahín­co la búsque­da de solu­ciones para este prob­le­ma, el de la can­ti­dad de bar­cos gigan­tescos, ciu­dades flotantes, que lle­gan a estas aguas. Los vene­cianos están har­tos del tema (había un mon­tón de pan­car­tas reivin­dica­ti­vas col­gan­do de las ven­tanas) y parece ser que la alter­na­ti­va será ampli­ar uno de los canales para que los bar­cos se agru­pen en dicha área.

Plaza San Marcos Venecia

La Plaza de San Mar­cos se com­prende que sea el pun­to más vis­i­ta­do de Vene­cia: es bel­lísi­ma. En ella además se encuen­tran tres de los edi­fi­cios más impor­tantes de la ciu­dad (la Basíli­ca, el Cam­panile de San Mar­cos y el Pala­cio Ducal), por lo que la foto jun­to a ellos es lo que todo el mun­do quiere lle­varse de recuer­do. Eso sí, no cometas el error de tomarte un café en algu­nas de sus ter­razas, que es en lo que muchos caen: diez euros un café, la con­sum­i­ción mín­i­ma. Aquí, al igual que os comen­té en Roma,se aprovechan del vis­i­tante todo lo que pueden y más, ahí luego está en cada uno si les sigue el juego o no, que hay muchas for­mas de evi­tar este tipo de abu­sos (el ejem­p­lo, una noti­cia de la que nos hici­mos eco hace no mucho, unos amer­i­canos a los que les habían cobra­do 48 euros por 3 hela­dos en Roma).

El Cam­panile, el cam­pa­nario de San Mar­cos, con sus 100 met­ros de altura es un pun­to de ref­er­en­cia den­tro de Vene­cia (es el más alto de la ciu­dad). Lo que hoy vemos es una recon­struc­ción, exac­ta a la orig­i­nal, ya que la torre se desplomó en el año 1902. En su inte­ri­or per­sis­ten cin­co cam­panas que, según la que se tocara, anun­cia­ba un suce­so u otro, des­de con­de­nas a muerte, las nueve en pun­to, ini­cio y fin de jor­na­da lab­o­ral, reuniones del Sena­do o lla­ma­da a los miem­bros del Con­se­jo.

Campanile Venecia

El Palaz­zo Ducale (Pala­cio Ducal) fue res­i­den­cia de los dux, los máx­i­mos respon­s­ables a niv­el gob­ier­no de Géno­va y Vene­cia. Su car­go desa­pare­ció cuan­do Napoleón Bona­parte y sus tropas invadieron ambas ciu­dades. El pala­cio, una de las más boni­tas rep­re­senta­ciones de la arqui­tec­tura góti­ca en el mun­do, está hecho de már­mol rosa y blan­co y su facha­da va cam­bian­do de col­or según la vaya dan­do el sol a lo largo del día.

Palazzo Ducale Venecia

La Basíli­ca de San Mar­cos, el tem­p­lo más impor­tante de Vene­cia, con más de cua­tro kilómet­ros cuadra­dos de mosaicos, retab­los con piedras pre­ciosas y el tesoro que se tra­jeron de tier­ras tur­cas tras la invasión de Con­stan­tino­pla (la ver­dad que a mí me recordó un mon­tón a la prin­ci­pal mezqui­ta de Estam­bul, San­ta Sofía). En la antigüedad, se oblig­a­ba a los mer­caderes ricos a realizar dona­ciones para dotar­la de más lujo si cabe. Den­tro se encuen­tra, entre obras de arte incon­ta­bles, la tum­ba de San Mar­cos, uno de los cua­tro evan­ge­lis­tas.

Basílica de San Marcos Venecia

Una de las imá­genes más cono­ci­das de Vene­cia: las colum­nas con el león ala­do y el gon­do­lero. El león sim­boliza la figu­ra de San Mar­cos y es el emble­ma más car­ac­terís­ti­co de Vene­cia. Está rep­re­sen­ta­do en un mon­tón de rin­cones vene­cianos, des­de el Cam­po Manin has­ta la facha­da del pro­pio Pala­cio Ducal.

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Te recuer­do que en los aledaños de la Plaza de San Mar­cos tam­bién puedes encon­trar el Museo Car­rer, el más impor­tante de la ciu­dad, el Arque­ológi­co y la Bib­liote­ca Nacional Mar­ciana. La entra­da con­jun­ta a los tres edi­fi­cios cues­ta 16 euros. Y otro apunte: varias veces al año se pro­duce el fenó­meno del acqua alta, que es cuan­do las aguas del mar Adriáti­co suben cer­ca de un metro. La Plaza de San Mar­cos es el primer lugar en verse inun­da­do, por lo que se colo­can pasare­las para que la gente pue­da atrav­es­ar­la: no está de más que traigas las botas de agua.

Vamos aho­ra a otro de los pun­tos más vis­i­ta­dos de Venecia:el Puente Rial­to. Es el más antiguo de los que cruzan el Gran Canal (los otros son el Puente de la Acad­e­mia, el Puente de los Descal­zos y el Puente de la Con­sti­tu­ción) . Jus­to a sus pies se encuen­tra el ani­ma­do Mer­ca­do Rial­to, con sus puestos de fru­tas y ver­duras, donde podrás acer­carte un poco más a la vida diaria de los vene­cianos y de paso tomarte un ombre con cichet­ti (vino con tapa). Y si quieres lle­varte un recuer­do curioso, te acon­se­jo que te acerques a la plaza de San Gia­co­mo, donde se encuen­tra la estat­ua de El joroba­do de Rial­to. Los ajus­ti­ci­a­dos de antaño eran oblig­a­dos a realizar una car­rera con­trar­reloj des­de San Mar­cos has­ta aquí, durante la cual los ciu­dadanos vene­cianos podían pegar­les todos los latiga­zos que se les anto­jara. Por eso cuan­do lle­ga­ban has­ta ella, se abraz­a­ban a la estat­ua, exhaus­tos tras var­ios min­u­tos de tor­tu­ra.

Puente Rialto Venecia

Durante el resto del rela­to, voy a ir saltan­do de unos pun­tos a otros de la geografía vene­ciana, unos más cono­ci­dos y otros no tan­to. Quiero, sin embar­go, comen­zar por un lugar un sitio muy espe­cial, muy sinie­stro y que mues­tra muy bien esa cara tan mis­te­riosa de Vene­cia. Porque nosotros como más dis­fru­ta­mos fue iden­ti­ficán­donos con esa Vene­cia ocul­ta, de intri­gas políti­cas, sociales y amorosas, de crímenes en esquinas oscuras, de cadáveres tira­dos a los canales, de fan­tas­mas, de casas encan­tadas y has­ta de vam­piros (en una fosa común se encon­tró el cadáver de una mujer enter­ra­do con un ladrillo en la boca hace cin­co sig­los, cuan­do la creen­cia pop­u­lar la cal­i­ficó de vam­pire­sa). De hecho, has­ta existe una calle del Dia­blo (la calle del Diavo­lo) donde se dice que eLu­cifer se aparece cada Nochebue­na en for­ma de gato negro. Pues bien, hablam­os del pala­cio maldito por exce­len­cia, el Palaz­zo Dario, cruzan­do el Gran Canal has­ta el dis­tri­to de Dor­so­duro.

El edi­fi­cio se con­struyó a finales del siglo XV sobre las tum­bas de un antiguo cemente­rio tem­plario, lo que le ha hecho arras­trar su fama de casa maldita. Pero claro, es que los suce­sos pos­te­ri­ores dan mucho que pen­sar. Sus primeros dueños, un mat­ri­mo­nio, murieron uno sui­cidán­dose y la otra en la pobreza más abso­lu­ta. La sigu­iente famil­ia que adquir­ió el pala­cio vió como uno de sus miem­bros era asesina­do. Después lle­garía el Mar­qués Abdoll, que tran insta­larse aquí perdió toda su for­tu­na y murió en la indi­gen­cia. Unos años después, los nuevos dueños se sui­cid­a­ban tras des­cubrir la moji­ga­ta sociedad de la época su ocul­ta relación homo­sex­u­al. Charles Brig­gs, un amer­i­cano que se con­vir­tió en el sigu­iente inquili­no, huyó de la casa al cono­cer su macabro pasa­do, lo que no le salvó de la maldición: su novio tam­bién acabó sui­cidán­dose. El tenor Mario de Mona­co inten­tó entonces com­prar­la pero al ten­er un acci­dente de coche, desis­tió. Los sigu­ientes serían otros dos homo­sex­u­ales: uno mató a otro y después se quitó la vida. Ven­dría después Chris­to­her Lam­bert, man­ag­er de The Who, quien tras hac­erse con el pala­cio, murió en otra res­i­den­cia al caerse por las escaleras. Fabri­cio Fer­rari, el sigu­iente dueño, fal­l­e­ció en un acci­dente de coche y su her­mana fue encon­tra­da muer­ta desnu­da en un descam­pa­do. Su actu­al dueño, un esta­dounidense, lo com­pró hace seis años… y de momen­to sigue viv­i­to y cole­an­do, lo que no ha evi­ta­do que los vene­cianos con­tinúen cono­cien­do al Palaz­zo Dario como el “Pala­cio Asesino”.

Palazzo Dario Venecia

Ya que estás por esta zona, te recomien­do que te acerques a ver la Basíli­ca de San­ta María del­la Salute. Es pre­ciosa tan­to por den­tro como por fuera. Se lev­an­tó para cel­e­brar el fin de la pla­ga de peste que azotó Vene­cia y en su inte­ri­or tiene pin­turas de Tiziano y Tin­toret­to.

Basílica de Santa María della Salute Venecia

Esta de aquí aba­jo es la igle­sia de San Nico­la de Tolenti­no, imi­tan­do a los antigu­os tem­p­los grie­gos, lo que ya le otor­ga una apari­en­cia de lo más pecu­liar. Sus pór­ti­cos cor­in­tios son una excep­ción úni­ca en Vene­cia. No muy lejos, a unos quince min­u­tos andan­do, te recomien­do que te pas­es por el Ponte dei Pug­ni (Puente de los Puños) que aunque en cuan­to a arqui­tec­tura no es nada espec­tac­u­lar, esconde detrás una his­to­ria muy pecu­liar. Si te fijas bien, en las cua­tro esquinas del puente hay cua­tro huel­las: esto señal­a­ba donde debían colo­carse los rivales, pertenecientes a los Nicolot­ti y los Castel­lani, que durante años arreglaron aquí sus prob­le­mas a puñe­ta­zo limpio, la may­oría de las veces con uno de los púgiles cayen­do al canal. A prin­ci­p­ios del siglo XVIII decidió pro­hibirse tan bár­bara cos­tum­bre.

Iglesia de San Nicola de Tolentino Venecia

Hablan­do de puentes, menu­da caga­da la de Cala­tra­va. Aquí el arqui­tec­to de moda, que cobra mil­lon­adas por obras que se caen luego a cachos, ha hecho una aber­ración de proyec­to que en abso­lu­to tiene que ver con la del­i­ca­da arqui­tec­tura vene­ciana. Feo y enci­ma se le ha denun­ci­a­do des­de el ayun­tamien­to por encar­e­cer el pre­supuesto final y hac­er mal el dis­eño, lo que ha provo­ca­do dece­nas de acci­dentes: el sue­lo es res­bal­adi­zo y a la que caen cua­tro gotas, súper peli­groso. La que aquí escribe una de las veces a poco se tuerce un tobil­lo al cruzar­lo y una chi­ca se pegó delante nues­tra un guan­ta­zo de campe­ona­to.

La igle­sia de San Barn­a­ba fue pop­u­lar­iza­da por “Indi­ana Jones y la últi­ma cruza­da” (¿cuán­tos miles de pelícu­las se habrán roda­do en Vene­cia?)

Iglesia de San Barnaba Venecia

Esta de aquí aba­jo es la Scuo­la Grande di San Roc­co, crea­da por una aso­ciación de vene­cianos con inten­ción de ayu­dar a los más pobres, espe­cial­mente en la época de la peste. Todo el inte­ri­or está dec­o­ra­do por Tin­toret­to.

Scuola Grande di San Rocco Venecia

Y jus­to al lado, la Igle­sia de San Roc­co

Iglesia de San Rocco Venecia

Los pre­ciosos canales vene­cianos

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Vamos a hac­er una pequeña para­di­ta para repon­er fuerzas. Puedes hac­er­lo comien­do piz­za al peso y para ello te recomien­do un local pequeñi­to que hay en Crosera San Pan­talon, jus­to al lado del puente. Sien­to no recor­dar el nom­bre pero esta­ban espe­cial­iza­dos en piz­zas sicil­ianas (de las mejores que he toma­do nun­ca) y con una ración ibas servi­do, eran el equiv­a­lente en tamaño a tres de las que te ponen en España.

Tam­bién te puedes ale­jar de los pun­tos más turís­ti­cos y bus­car en los calle­jones restau­rantes más ase­quibles de pre­cio, que era lo que hacíamos nosotros (aún así, cal­cu­la unos 18 euros por per­sona por un pla­to de pas­ta, bebi­da y algu­na ensal­a­da a com­par­tir). Uno de ellos fue el restau­rante Rio Freri, donde comi­mos unos estu­pen­dos tal­lar­ines negros con sepia y aprovechamos para catar el spritz, la bebi­da típi­ca de Vene­cia. Es un cock­tail a base de vino blan­co o seco (lo mejor es uti­lizar pros­ec­co, que es pre­cisa­mente ital­iano), soda y cam­pari o aper­ol: yo preferí el de aper­ol que es algo más dulce. Está riquísi­mo.

Spritz Venecia

La Basíli­ca de San­ta María Glo­riosa die Frari tiene el cam­pa­nario más alto de Vene­cia, por detrás del Cam­panile de San Mar­co. Aunque su exte­ri­or pue­da pare­cer algo aus­tero, en el inte­ri­or se encuen­tran mul­ti­tud de pin­turas y las tum­bas de muchos per­son­ajes impor­tantes de la sociedad vene­ciana.

Basílica de Santa María Gloriosa die Frari Venecia

Vene­cia es famosa por su Car­naval, el más impor­tante del mun­do. Tal vez asista más gente al de Río de Janeiro en lo que son unas cel­e­bra­ciones mucho más pop­u­lares pero el de Vene­cia es más elit­ista, de hecho en la antigüedad venían a dis­fru­tar­los aristócratas de toda Europa, atraí­dos por las prome­sas de diver­sión, plac­er y desen­freno (ya sabéis que Vene­cia es la ciu­dad del amor y aquí nació el seduc­tor más famoso de todos los tiem­pos, Gia­co­mo Casano­va). En real­i­dad, el orí­gen del Car­naval es alta­mente eróti­co: esta fes­tivi­dad nació para que la nobleza pudiera mezclarse con el resto de los ciu­dadanos… y tan­to que se mezclaron, era la excusa para ten­er aven­turas amorosas con quien te apeteciera y sin impor­tarte su sta­tus social. Pero no creais que los vene­cianos se dis­fraz­a­ban sólo en Car­naval, lo hacían en cualquier época del año y era habit­u­al que la gente saliera vesti­da así a la calle (aunque había que pedir pre­vi­a­mente un per­miso a las autori­dades).

Los dis­fraces más típi­cos son el de arle­quín (un per­son­aje que se burla­ba de los cod­i­ciosos), el pan­talone (un mer­cad­er que aca­ba en la pobreza), la polichinela (el per­son­aje más pos­i­ti­vo de todos y mi favorito, siem­pre salien­do de mil entuer­tos con una son­risa), el pier­rot, las colom­bi­nas con sus lujosos vesti­dos del siglo XVIII… Sobra decir que el mejor sou­venir que puedes traerte a casa es una más­cara. Las hay de difer­entes pre­cios y con unos dis­eños súper orig­i­nales, nosotros com­pramos una de una calav­era y otra de un gato. Hoy en día, venir a Vene­cia en época de car­navales supone hac­er la reser­va hotel­era con meses de antelación y enfren­tán­dose a pre­cios astronómi­cos.

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Vis­tas de la igle­sia de San Gior­gio Mag­giore

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El bar­rio judío de Vene­cia, cono­ci­do como Il Ghet­to y cuyo nom­bre se aplicó a otras jud­erías del mun­do, es un lugar mucho menos vis­i­ta­do que otras zonas de Vene­cia y, sin embar­go, a mí fue de lo que más me gustó. Se encuen­tra en el bar­rio de Cannare­gio. Aun quedan judíos vivien­do aquí (pocos aunque nos cruzamos algunos con sus bar­bas y sus car­ac­terís­ti­cos tirabu­zones). Te recomien­do que antes de vis­i­tar­lo, si no lo has hecho ya, veas la pelícu­la “El Mer­cad­er de Vene­cia” de Al Paci­no porque enten­derás mejor cómo era el modo de vida en esta jud­ería vene­ciana hace sig­los. Podrás encon­trar pastel­erías que venden dul­ces hebre­os y has­ta cin­co sin­a­gogas de las nueve que existían ini­cial­mente.

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En este bar­rio tam­bién se encuen­tra la Igle­sia de San Geremia, a sólo diez min­u­tos andan­do de la estación de tren de San­ta Lucia. Aunque su inte­ri­or es bas­tante sobrio, como Lour­des o Fáti­ma es un pun­to de pere­gri­nación para los devo­tos, que via­jan has­ta aquí para vener­ar a la san­ta.

Iglesia de San Geremia Venecia

Vene­cia y sus rin­cones de cuen­to

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La Igle­sia de la Madon­na del­l’Or­to esta­ba ded­i­ca­da en un prin­ci­pio a San Cristóbal, el patrón de todos nosotros los via­jeros, pero pos­te­ri­or­mente su cul­to se cam­bió a la Vír­gen María. La mandó con­stru­ir la órden reli­giosa de los Humil­iati, quienes años después fueron expul­sa­dos de la Igle­sia Católi­ca y con­de­na­dos a desa­pare­cer por sus “cos­tum­bres depravadas”.

Iglesia de la Madonna dell'Orto Venecia

Las gón­dolas, el medio de trans­porte que ha hecho famosa a Vene­cia en todo el mun­do. Estas pre­ciosas embar­ca­ciones de más diez met­ros hoy sólo tienen un papel sim­bóli­co y ori­en­ta­do al tur­is­mo (ojo que un via­je de media hora suele costar 80 euros) pero antigua­mente servían como trans­porte habit­u­al de mer­cancías y pasajeros. Hoy sólo quedan menos de 700 en fun­cionamien­to.

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Dos de las vis­i­tas que os recomien­do no os per­dais (mucha gente no las hace por fal­ta de tiem­po, en mi opinión a Vene­cia no deben dárse­le menos de tres días) es a las islas de Bura­no y de Mura­no, situ­adas a unos 45 min­u­tos en vaporet­to des­de Vene­cia. A nosotros fue de lo que más nos gustó del via­je.

Bura­no nos gustó espe­cial­mente. Muy pequeñi­ta, con sólo una igle­sia (que como vereis en las fotografías de aba­jo está total­mente tor­ci­da debido a que sus cimien­tos se hun­den en el agua), car­ac­ter­i­za­da por sus pre­ciosísi­mas casitas de col­ores y una tradi­ción ances­tral, la del gan­chil­lo (la leyen­da cuen­ta que fue una sire­na la que enseñó este arte a las mujeres de la isla). Hoy en día no viv­en en ella más de 4.000 per­sonas y es un lugar súper espe­cial, de los que se quedan en el corazón de por vida.

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Burano Venecia

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Burano Venecia

Mura­no es la segun­da isla más grande de la Lagu­na Vene­ciana, después de la propia Vene­cia. Aparte de por sus boni­tos canales, es famosa por su vidrio (el cristal de Mura­no es de los más caros del mun­do). Las pin­torescas calles están llenas de tien­das donde se expo­nen y venden todo tipo de obje­tos de cristal, autén­ti­cas obras de arte.

Murano Venecia

 

Aquí te dejamos el pro­gra­ma que dedicamos a Vene­cia en La Ruta 61 de Radio Via­jera

 


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2 Comments

  1. Emma

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    En Sem­ana San­ta me voy 4 días a Vene­cia. Tu rela­to me ha resul­ta­do muy útil. Gra­cias

  2. Me ale­gro mucho Emma. Si tienes algu­na duda, me comen­tas. Te va encan­tar la ciu­dad!

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