Cinque Terre: los pueblos más coloridos de Italia

La bel­lísi­ma región ital­iana de Cinque Terre (Las Cin­co Tier­ras) ha ocu­pa­do los últi­mos días las pági­nas de muchos per­iódi­cos debido a que las autori­dades, alar­madas ante la can­ti­dad de tur­is­tas que la vis­i­tan, dos mil­lones y medio anuales (muchos de ellos cruceris­tas), han toma­do la decisión de lim­i­tar en ver­a­no el número de vis­i­tantes. Cuan­do se llegue al mil­lón y medio de per­sonas, se cor­tarán las car­reteras y se impedirán los acce­sos, todo ello con la inten­ción de preser­var un área que no sólo es Par­que Nat­ur­al y Pat­ri­mo­nio de la Humanidad de la UNESCO sino que si por algo se ha car­ac­ter­i­za­do es por ser has­ta no hace mucho tiem­po, medi­a­dos de los años sesen­ta, un reman­so de tran­quil­i­dad, algo que cues­ta imag­i­nar vien­do la can­ti­dad de gente que en la actu­al­i­dad se aglom­era en sus calles. Por este moti­vo, el gob­ier­no ha anun­ci­a­do que sólo se podrá acced­er medi­ante un pase que se podrá con­seguir vía inter­net y que además mostrará qué pueb­los son los que se encuen­tran más con­ges­tion­a­dos. En las car­reteras col­in­dantes se insta­larán dis­pos­i­tivos que con­tro­larán el número de vis­i­tantes has­ta que se alcance el cupo estable­ci­do.

Cinque Terre se encuen­tra en el norte de Italia, en la provin­cia de La Spezia, baña­do por el Mar de Lig­uria y con unas car­ac­terís­ti­cas geográ­fi­cas que han hecho de él un lugar úni­co en el mun­do: las mon­tañas caen al mar de for­ma abrup­ta, en for­ma de escarpa­dos acan­ti­la­dos, lo que no ha fre­na­do al hom­bre a lo largo de la His­to­ria para con­stru­ir allí pre­ciosos pueb­los que se adap­tan como un guante a rocas y riscos, ofre­cién­doles a cam­bio un ais­lamien­to que aho­ra ya no lo es tan­to y algunos de los más bel­los atarde­ceres que se pueden dis­fru­tar en aguas mediter­ráneas. Esta sin­gu­lar­i­dad ha atraí­do des­de hace años a tur­is­tas de todo el mun­do y no es para menos: las col­ori­das casas de col­ores que con­for­man los cin­co pueb­los (Man­aro­la, Riomag­giore, Ver­naz­za, Corniglia y Mon­terosso) ofre­cen una postal tan román­ti­ca que cues­ta creer que pobla­ciones tan bel­las exis­tan de ver­dad.

Cinque Terre Italia

 

Cómo lle­gar

Comence­mos con los datos prác­ti­cos. Para via­jar a Cinque Terre, cuen­tas con dos aerop­uer­tos cer­canos, el Galileo Galilei de Pisa  y el Cristo­foro Colom­bo de Géno­va: ambos se encuen­tran a poco más de cien kilómet­ros. El mejor comu­ni­ca­do es el de Pisa ya que des­de el pro­pio aerop­uer­to salen trenes has­ta Cinque Terre, el recor­ri­do dura aprox­i­mada­mente una hora y el pre­cio del trayec­to es de unos 16 euros. En cuan­to a Géno­va, si ater­rizais allí debéis coger un bus que os lle­va des­de el aerop­uer­to a la estación cen­tral, Piaz­za Principe, y tomar el tren has­ta La Spezia Cen­trale, en este caso el via­je dura algo más de hora y media y cues­ta 11 euros.

Una recomen­dación a la hora de via­jar por Cinque Terre es hac­er­lo en trans­porte públi­co: olví­date del coche y así evi­tarás atas­cos en las vías de acce­so y ahor­rarás dinero ya que los pocos park­ings exis­tentes son carísi­mos. Por ello te acon­se­jamos que te muevas en los trenes regionales que unen los cin­co pueb­los y te hagas con la Cinque Terre Card: el pre­cio por el pase de un día es 12 euros, bas­tante ase­quible si tienes en cuen­ta que te per­mite via­jes ilim­i­ta­dos, acce­so a wifi y des­cuen­to en la entra­da al Museo de La Spezia. Además, el pro­pio trayec­to en tren es una deli­cia ya que los con­voys ser­pen­tean por la cos­ta y ofre­cen unos paisajes inolvid­ables.
 
Hay que ten­er en cuen­ta que la adquisi­ción de esta tar­je­ta tam­bién per­mite el acce­so gra­tu­ito a lugares como la antigua Almazara del Grop­po en Man­aro­la o la Sala Mul­ti­me­di­al en Levan­to (os recor­damos que la línea fér­rea que usareis es la de La Spezia-Levan­to). Y una opción más, la de moverse en bar­co. Tienes var­ios ser­vi­cios des­de La Spezia y Por­tovenere (gen­eral­mente el trayec­to, sólo de ida, sale por unos 15 euros) pero hay que ten­er en cuen­ta que en invier­no la may­oría de los días no oper­an los bar­cos debido al fuerte olea­je.
 

 

Dónde dormir

Para el tema alo­jamien­to, malas noti­cias ya que al ser Cinque Terre tan turís­ti­co, los pre­cios de los hote­les están por las nubes si quieres dormir en alguno de los cin­co pueb­los: no sue­len bajar de 100 euros la habitación doble y hablam­os de hote­les bas­tante modestos y sin desayuno (insis­ti­mos en que ape­nas hay hostales). Por lo que una bue­na alter­na­ti­va es insta­lar el cam­pa­men­to base en La Spezia o Por­tovenere, ya que están cer­ca y los hote­les son más económi­cos. No obstante, si aún así quieres dormir en Cinque Terre, la mejor opción es alo­jarse en Mon­terosso, ya que es el más grande de los cin­co pueb­los y el que ofrece may­or ofer­ta hotel­era.

Dónde com­er

En cuan­to a com­er, ya sabéis que en gen­er­al los restau­rantes ital­ianos son caros para lo que ofre­cen (y esa cos­tum­bre que tienen de cobrarte, como quien no quiere la cosa, tres euros por el uso de los cubier­tos) y en Cinque Terre aún más ya que son con­scientes de la deli­cia que supone degus­tar pesca­do o marisco con esas fab­u­losas vis­tas, un menú de pla­to prin­ci­pal más bebi­da no suele bajar de los 25 euros. Por ello, si tu pre­supuesto es ajus­ta­do, es bue­na idea que tires de la infinidad de pizzerías que hay en la zona, ya que las piz­zas son caseras, llenan un mon­tón y salen bien de pre­cio, aprox­i­mada­mente unos 10 euros por comen­sal.

 
Rutas por Cinque Terre

 

Si os gus­ta el senderis­mo (a nosotros nos parece que es uno de los may­ores plac­eres que te puedes auto­pro­por­cionar cuan­do se via­ja fuera) estás de suerte porque Cinque Terre ofrece rutas mag­ní­fi­cas para hac­er cam­i­natas larguísi­mas. Hay que ten­er en cuen­ta que durante muchos años estos sin­u­osos senderos con­sti­tuían las úni­cas vías de comu­ni­cación entre los pueb­los, por muy com­pli­ca­do que fuera el ter­reno. Adver­ti­mos que algunos de estos caminos no son fáciles pero ofre­cen como rec­om­pen­sas unas vis­tas impre­sio­n­antes. El más famoso de ellos es la Vía del Amor, un tramo de aprox­i­mada­mente un kilómetro que aunque no es gra­tu­ito (2,50 euros), brin­da unas boni­tas panorámi­cas a más de 30 met­ros de altura y hace hon­or a su nom­bre, ya que es el lugar predilec­to para pasear cogi­dos de la mano de muchas pare­jas de enam­ora­dos.

Otro camino muy recomend­able es el Sendero Azul, que se puede hac­er por tramos ya que tiene una lon­gi­tud total de 12 kilómet­ros: se nece­si­ta la Cinque Terre Card para poder recor­rerlo pero pasa por esce­nar­ios idíli­cos: puente­cil­los de la Edad Media, cam­pos en pen­di­ente de higueras y olivos o la minús­cu­la aldea de Pre­vo, con no más de una doce­na de casas de col­orines. Tienes otros senderos tam­bién recomend­ables, como el de la Cres­ta o la Vía de los San­tu­ar­ios, pero, además, hay un laber­in­to de sendas menores por las que perder­se en ple­na nat­u­raleza: lo mejor que puedes hac­er es acer­carte a las Ofic­i­nas de Infor­ma­ción Turís­ti­ca de los respec­tivos pueb­los y que allí te infor­men sobre ellos.

 
 
Mon­terosso
 

Mon­terosso, como comen­tábamos antes, es el may­or de los cin­co pueb­los y el que se encuen­tra más al norte, por lo que es bue­na idea que comiences por él tu recor­ri­do. Tiene una muy bue­na playa, Fegi­na, pero ojo porque hay que pagar por las tum­bonas y si quieres exten­der la toal­la, tam­bién te cobran. Al final de la playa se encuen­tra la ima­gen más cono­ci­da de Mon­terosso, la de la estat­ua de El Gigante, que data de 1910 y fue encar­ga­da por dos veci­nos del pueblo que regre­saron de Argenti­na tras haber hecho for­tu­na en tier­ras amer­i­canas.

 
Otro de los mon­u­men­tos impre­scindibles es la Torre Auro­ra, situ­a­da en la col­i­na de San Cristo­foro, que se lev­an­tó hace cin­co sig­los con la inten­ción de repel­er los ataques de los piratas. Además, la torre ejerce como “fron­tera” entre el cas­co viejo y el pueblo nue­vo de Mon­terosso. Aquí se encuen­tra tam­bién la abadía e igle­sia de los mon­jes capuchi­nos y la igle­sia de San Francesco (con un cuadro de Van Dick en su inte­ri­or), jun­to a las ruinas del antiguo castil­lo, hoy con­ver­tido en cemente­rio. El San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de Sov­iore, del año 643 y donde se cel­e­bran cada 15 de Agos­to las fies­tas locales, el Ora­to­rio de la Cofradía de los Neri y la boni­ta igle­sia de San Juan Bautista, con sus car­ac­terís­ti­cas rayas blan­cas y negras de esti­lo gen­ovés y su cam­pa­nario, el cam­panile que surgió de una antigua torre medieval, con­sti­tuyen el resto de vis­i­tas que no deberías perderte.
 
 
Ver­naz­za
 
 
Ver­naz­za, el segun­do pueblo bajan­do hacia el sur, es el que mejor ha sal­va­guarda­do su iden­ti­dad marinera y está con­sid­er­a­do uno de los pueb­los más boni­tos de pescadores de toda Italia. En su cas­co históri­co desta­ca la igle­sia de San­ta Mar­gari­ta de Antio­quía, con su cam­pa­nario octog­o­nal, el castil­lo Doria en lo alto del pueblo (se puede entrar a la torre del Belforte, pre­vio pago de 2 euros, y es donde se obtienen las mejores vis­tas), el Tor­rione de Ver­naz­za (donde antigua­mente se encon­tra­ban tam­bién las mural­las) y el San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de Reg­gio, con su vir­gen negra y a la que car­iñosa­mente se la conoce como La Africana. En el san­tu­ario tam­bién se cel­e­bran las fies­tas patronales a medi­a­dos de Agos­to.
 

Vernazza

 
Corniglia
 

Con­tin­u­amos nues­tra ruta de norte a sur por Corniglia, el pueblo más pequeño de Cinque Terre pero no por ello menos encan­ta­dor. Esta vil­la de ori­gen romano, para que seáis con­scientes de la antigüedad de sus raíces, cuen­ta con los atrac­tivos prin­ci­pales de la igle­sia de San Pedro, el Ora­to­rio de los Dis­ci­plina­dos y el San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de las Gra­cias. La estación de trenes se encuen­tra 377 escalones por deba­jo del pueblo, que se encuen­tra situ­a­do en lo alto de un promon­to­rio, por lo que te tocará ejerci­tar los geme­los. Hay un bus que te lle­va a la plaza prin­ci­pal des­de la estación pero lo boni­to es subir cam­i­nan­do. Las playas tam­poco son fácil­mente acce­si­bles (hay que bajar varias escaleras) pero a cam­bio regalan a la vista las aguas más turque­sas de todo el litoral de Cinque Terre.

 
 
Man­aro­la
 

Lleg­amos a Man­aro­la, el que en mi opinión es el pueblo más boni­to de todos (es el de la foto de arri­ba del artícu­lo). Se cree que su ori­gen tam­bién es romano y es el paraí­so para los amantes de la fotografía, con sus casas de col­ores asomán­dose al mar, atra­padas por col­i­nas rocosas. Si vienes en invier­no, ten­drás como extra una fab­u­losa estam­pa, la del Belén más grande del mun­do (que, prác­ti­ca­mente, englo­ba a todo el pueblo), con más de 300 fig­uras a tamaño nat­ur­al y 17.000 bom­bil­las.

Manarola

Quedan tam­bién algunos restos de antiguas for­ti­fi­ca­ciones como un balu­arte y podrás vis­i­tar el San­tu­ario de Nues­tra Seño­ra de la Salud y la Igle­sia de la Nativi­dad. Aprovecha ya que estás aquí para catar el vino típi­co, el Sci­ac­chestrá, si vienes en ver­a­no, darte un cha­puzón en su pisci­na nat­ur­al y acer­carte a ver cómo los pescadores han de subir a pul­so sus bar­quitas al care­cer de embar­caderos. Es pre­cisa­mente des­de Man­aro­la donde se ini­cia la Vía del Amor de la que te hablábamos ante­ri­or­mente.

 
Riomag­giore
 
Acabamos en el pueblo situ­a­do más al sur, Riomag­giore. Como suponemos que lle­garás en tren, te acon­se­jamos que te deleites con el túnel que te lle­va des­de la estación al cen­tro del pueblo, ya que sus muros están cubier­tos de lla­ma­tivos mosaicos. La igle­sia prin­ci­pal es la de San Juan Bautista, ubi­ca­da en la parte supe­ri­or de Riomag­giore, y tam­bién cuen­tan con un pequeño castil­lo, aunque el lugar más fotografi­a­do es el minús­cu­lo puer­to, jun­to a la plaza de Vig­nalo­lo. Ejem­p­lo ide­al de por qué los lin­dos pueb­los de Cinque Terre son con­sid­er­a­dos como unos de los más pin­torescos del mun­do.

 


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